AGLI

Recortes de Prensa     Domingo 9 Febrero  2003
La gangrena nacionalista carcome la UPV
EDITORIAL Libertad Digital 9 Febrero 2003

TERROR TOTALITARIO
BENIGNO PENDÁS ABC 9 Febrero 2003

ETA NO SE VA Y SIGUE MATANDO, LENDAKARI
Editorial ABC 9 Febrero 2003

Otro demócrata asesinado
Editorial La Razón 9 Febrero 2003

MÁS NUECES
Jaime CAMPMANY ABC 9 Febrero 2003

SIMPLEMENTE, TERROR
José Antonio ZARZALEJOS ABC 9 Febrero 2003

No a ETA
ROBERTO L. BLANCO VALDÉS La Voz 9 Febrero 2003

Rebelión contra la dictadura

Editorial El Correo 9 Febrero 2003

La bestia no duerme
JOSEBA ARREGI El Correo 9 Febrero 2003

Vuelta a lo nuestro
JOSÉ LUIS ZUBIZARRETA El Correo 9 Febrero 2003

Hijos de...
Pilar Cernuda La Razón 9 Febrero 2003

El vía crucis de Pagaza
ÓSCAR B. DE OTÁLORA./SAN SEBASTIÁN El Correo 9 Febrero 2003

La «nueva ETA» contra los hermanos
CHARO ZARZALEJOS ABC 9 Febrero 2003

Jon Juaristi: «El nacionalismo vasco es un proyecto de guerra civil»
IGNACIO CAMACHO ABC 9 Febrero 2003

Increpan a los concejales radicales de Andoain en un pleno cargado de tensión
J. GARCÍA/ANDOAIN El Correo 9 Febrero 2003

«Con el PNV, alcalde de Batasuna»
J.J. SALDAÑA ABC 9 Febrero 2003

Basta Ya hace responsable al Gobierno vasco por su «desidia»
BILBAO EL CORREO 9 Febrero 2003

La gangrena nacionalista carcome la UPV
EDITORIAL Libertad Digital 9 Febrero 2003

Cuando un jovencito proetarra hizo entrega en noviembre de 2001 de una tarta de excrementos a Xabier Arzallus en el Salón de Grados de la UPV, exigiendo una universidad “sólo en euskera”, el sumo sacerdote del PNV la retiró hacia un lado con ademán parsimonioso –poniéndola bajo la nariz de uno de los profesores que le flanqueaban en la mesa– y, sonriendo, le dijo al cachorro de ETA que “compartía sus deseos” y “esperaba pronto verlos realizados”.

Ni qué decir tiene que la exigencia del portador de la inmundicia no se limitaba únicamente al ámbito lingüístico. Se refería en realidad a la intensificación de la purga sistemática de profesores no nacionalistas a través de la coacción, las amenazas y, en último término, el asesinato; que ya había obligado a abandonar la UPV a Jon Juaristi, a Mikel Azurmendi, Francisco Llera y a otros muchos.

La intensificación de esa campaña de “depuración” emprendida por “Ikasle Abertzaleak” (sindicato estudiantil del entorno de ETA) se ha desarrollado sin que el rector de la UPV, Manuel Montero –que cuando intentaron asesinar a Edurne Uriarte en diciembre de 2000, nueve meses después de que lo nombraran rector, reconoció con lágrimas en los ojos que tenía miedo– haya hecho gran cosa por evitarla; antes al contrario, ha procurado minimizarla y ocultarla. Sobre todo cuando Carmelo Landa, el dirigente batasuno, llamó a principios de 2001 a movilizarse “de forma democrática y pacífica pero muy firme ante el desembarco reaccionario de rectores” La oposición a cátedra de Edurne Uriarte, que después de haberla ganado, le fue retirada ilegalmente a instancias de la reclamación que formuló Francisco Letamendia, quien encabezó una campaña de acoso y desprestigio contra ella, es un ejemplo palmario de esa “purga” que ha puesto en marcha la división universitaria de ETA ante la pasividad de Montero, como denunciaron entonces públicamente treinta y ocho profesores de la UPV. Meses después, Uriarte pudo recuperar su cátedra de Ciencia Política, aunque para ello necesitó el concurso de los tribunales.

La reciente concesión de una plaza de profesor de Economía Aplicada al gestor de las Herriko Tabernas, Joseba Garmendia –actualmente en prisión preventiva– gracias a la misteriosa retirada de los otros dos candidatos no es sino un jalón más de ese proceso de “depuración” por el que ETA-Batasuna, en la mejor tradición marxista-leninista, quiere tomar el control de la Universidad y silenciar las ya escasas voces que se oponen abiertamente al modelo totalitario de enseñanza y al nacionalismo obligatorio preconizados tanto por ETA-Batasuna como por el PNV.

Con todo, los profesores de la UPV no se resisten a tirar la toalla en silencio y sin luchar. Más de 250 de ellos han creado una Plataforma por la Libertad ante “el deterioro moral de la UPV”. Un deterioro moral que los obligó a comparecer encapuchados, como si ellos fueran los delincuentes y que les lleva a afirmar que la UPV se ha consagrado como “una Universidad anormal, de difícil regeneración”, sobre todo cuando un procesado por pertenencia a ETA ha accedido a los cuerpos docentes con el beneplácito del rector Montero, que muy bien podría haber declarado desierta la plaza ante los evidentes indicios de coacción que impulsaron a los otros candidatos a abandonar la oposición.

Sin embargo, lo que ocurre en la UPV no es muy diferente a lo que está sucediendo en el resto del País Vasco, una sociedad carcomida y envilecida por el miedo que en su mayoría –y salvo muy honradas excepciones que todavía mantienen viva la llama de la libertad– se siente incapaz de sacudirse el yugo totalitario del nacionalismo, bien en su versión “moderada” o en su vertiente criminal; quizá porque, en el fondo, ya se ha empezado a acostumbrar a él.

TERROR TOTALITARIO
Por BENIGNO PENDÁS. Profesor de Historia de las Ideas Políticas ABC 9 Febrero 2003

DE nuevo, el asco, la rabia y la moral herida. El asesinato con premeditación y alevosía de un semejante deshonra la condición humana. Todo terrorista es un ser repulsivo, frustrado y cobarde: basta leer, desde perspectivas muy diferentes, a Theodor W. Adorno y a H. Arendt. Son muchos miles los ciudadanos ejemplares que sienten con naturalidad la plena condición de vascos y de españoles. Héroes de la democracia y del pluralismo social. Humillados a veces por sus propios verdugos. Desdeñados otras, por culpa de cobardes disfrazados de asepsia y neutralidad. Indignación, sin duda. Firmeza, más que nunca. ¿Miedo? Miedo, jamás. De ahí el fracaso reiterado de autores, cómplices y encubridores de los crímenes sanguinarios. Joseba no tenía miedo: quiso exhibir con orgullo su militancia constitucionalista y su valentía personal en un terreno sembrado de espías y «chivatos». Nosotros tampoco tenemos miedo. Somos más y ganaremos la guerra contra el terror. Somos mejores y ya hemos ganado la batalla moral. Batasuna será ilegal dentro de poco. Asesinos y activistas cumplirán las penas de modo íntegro y efectivo. Sin alterar las reglas del Estado de derecho, la España constitucional va a consumar su triunfo inapelable frente al terror totalitario. Te lo prometemos, «Pagaza».

Dice bien F. Furet que existe un misterio del mal en la dinámica de la teoría política contemporánea. El totalitarismo hace imposible el juego de las ideas: es ideología cerrada y excluyente combinada con poder absoluto. Nazismo puro. Régimen soviético en versión estalinista. En su origen está la cobardía de los resentidos; el odio ávido de provocaciones inexistentes; el mito tenebroso surgido de sedicentes brumas prehistóricas. Mezcla tortuosa de Satán con Iscariote, vía que conduce tan sólo al abismo... Han matado a un hombre de bien. ¿Análisis? ¿Contexto? No es fácil mantener la cabeza fría. Es notorio que llegan las elecciones locales y conviene intimidar. Perdidas las portadas a causa del «Prestige» y de la guerra en Irak, procede recordar que aquí siguen ellos. Si no hay disparos, no hay nada. Peor que nada: comentarios ridículos sobre el festival de Eurovisión y opiniones que nadie escucha sobre alta política internacional. ¿Análisis? ¿Contexto? Oigamos a Basta Ya: «ETA, culpable. Gobierno vasco, responsable». Así de claro.

El terrorismo totalitario pervierte el uso del lenguaje. Hay dos libros muy recomendables al respecto: uno, más antiguo, de J. P. Faye y otro, reciente, «La lengua del Tercer Reich. Apuntes de un filólogo», de Victor Kemperer. Quien domina los conceptos construye el mundo a su medida. En este ámbito ya hemos ganado: ni lucha armada, ni tregua, ni pacificación, ni diálogo, ni organización separatista. Sólo animales con apariencia humana y gentuza asquerosa que los comprende y apoya.

El terrorismo totalitario degrada la conciencia. Los peores son los tibios, indiferentes ante el dolor ajeno; los hipócritas, que pagan tributo al vicio en nombre de la virtud; los neutrales, en busca de la equidistancia entre víctimas y verdugos. Mientras domine esa mayoría, la sociedad vasca (y, por tanto, la española) estará enferma por falta de calidad moral. El personaje de J. Conrad siente que la ilusión de la dignidad se desvanece ante la cruda realidad de la existencia. Es cierto, pero bien dice Unamuno que acostumbrarse es ya empezar a no ser. El nacionalismo aplica la lógica dramática de la exclusión: nosotros y ellos; el amigo y el enemigo; los «de aquí» y los «de fuera». ¿Por qué tanta mentira?

El terrorismo totalitario ignora el sentido común. Un tipo de origen austriaco y aspecto semilatino se calificó a sí mismo como prototipo de la raza aria. Un georgiano de rasgos caucásicos casi consigue rusificar el imperio soviético, mediante la deportación de millones de personas. No es probable que el asesino de Andoaín pueda exhibir pruebas de «limpieza de sangre» tan rotundas como el apellido del buen policía y ciudadano honesto. Lo vamos a saber pronto, dicho sea de paso. Puede estar seguro. Hitler dijo que él decidía sobre quién era judío y quién no. Stalin ahogó cualquier disidencia en purgas sangrientas. ¿Adónde quieren llevarnos ETA y sus acólitos? El odio a la burguesía (cito de nuevo a Furet) es el motor de la violencia antidemocrática. Buen motivo de reflexión para quienes comparten fines con los mal llamados «radicales», aunque dicen aborrecer sus medios.

El terrorismo totalitario odia a la sociedad civil, porque es fuente de contradicciones y pluralidad. El Estado total encarna el Espíritu Objetivo, integra los conflictos, expresa el paso firme de la Historia sobre la tierra. Lectura errónea, creo, de Hegel, pero vigente por desgracia por culpa de Marx y de los nazis. En el País Vasco, el enemigo se llama Basta Ya, Fundación para la Libertad, Víctimas del Terrorismo, Gesto por la Paz... Dicen siempre lo que piensan, combaten la mansedumbre... Ni siquiera son homogéneos: hay mezcla de populares y socialistas y también muchos ajenos a la política de partido. Hablan de Constitución, de derechos y libertades, de la España moderna y democrática. Lo peor de todo: exigen la igualdad ante la ley como una conquista de la civilización y rechazan ventajas y privilegios. Enemigo patente: ellos se lo han buscado.

El terrorismo totalitario aborrece la democracia reflejada en las urnas. Es la manifestación plástica de la libre expresión y difusión del pensamiento, e incluso del relativismo de la verdad cotidiana, como explicaba H. Kelsen. De las elecciones surge el Parlamento, síntoma de todos los males que trae consigo la sociedad abierta. Ellos prefieren quemar el Reichstag y sustituirlo por el sano sentimiento del pueblo, por la «fragua tenebrosa» donde buscaban sus orígenes los más rancios historicistas. Eso sí que da miedo. Es la lucha contra la razón ilustrada y contra el Estado Constitucional. Algunos deberían tener cuidado: destruido el Parlamento, querrán asaltar el «Palacio de Invierno» instaurado por la burguesía dominante y entonces ya no serán tan sólo ovejas descarriadas.

Querido «Pagaza»: hace pocos meses, compartías con la gran mayoría la tristeza del doble asesinato de Torrevieja. Desde hace tiempo, muchos consideramos que hay que razonar y actuar en función de la legitimidad que otorgan la soberanía nacional y el éxito del proyecto histórico común. Hasta ahora, siempre nos hemos preguntado: ¿qué van a pensar ellos si...? Sin embargo, la cuestión real es: ¿qué va a ser de nosotros si no...? Ya no vas a preparar pancartas y repartir pegatinas en los actos de Basta Ya. Aquí mismo tengo una: «Para la libertad, sangro, lucho, pervivo...» Descansa tranquilo. También allí se va a completar la transición. A lo mejor no vemos a todos los actores que claman últimamente contra otras guerras lejanas. No hay que ser optimistas acerca de qué van a decir ciertos pastores de almas sólo nacionalistas. Pero muchos sabemos que la gente honrada va a continuar en primera línea. Porque, para terminar con Miguel Hernández, «donde unas cuencas vacías amanezcan, ella pondrá dos piedras de futura mirada, y hará que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan...». Para la libertad, Joseba, que tanto has merecido.

ETA NO SE VA Y SIGUE MATANDO, LENDAKARI
Editorial ABC 9 Febrero 2003

EN el momento de las valoraciones políticas, tras el atentado cometido por ETA contra el jefe de la Policía Local de Andoain, Joseba Pagazaurtundua, sería un grave error olvidar la trayectoria reciente de la acción antiterrorista, para caer en un súbito sentimiento de derrota. El Estado ha encadenado de forma ininterrumpida una serie de éxitos sólo posibles gracias a la solidez de una política legislativa, judicial e internacional, que no ha dado tregua al terrorismo y ha utilizado todos los resortes legítimos de un sistema democrático. El dolor por la muerte brutal de Joseba Pagazaurtundua puede eclipsar el debilitamiento real de ETA, pero no debe anular el diagnóstico sobre una banda terrorista que sigue seriamente mermada, logística y operativamente. El asesinato cometido ayer en Andoain no demuestra un resurgimiento cualificado de ETA, sino la voracidad asesina incrementada por el acoso policial. El crimen siguió el patrón de la alevosía empleado en otros asesinatos muy similares -Froilán Elespe, Juan Priede, Juan Ramón Jáuregui-, marcados por el ambiente social favorable y la red de chivatos locales, cooperadores en la ejecución del crimen y en su encubrimiento. En Andoain, ETA no necesita coche bomba. Esta es la dolorosa realidad de muchas localidades vascas.

La sociedad española debe confiar en las palabras del ministro Acebes, quien aseguró que los terroristas serían detenidos más pronto que tarde. Así está siendo desde la terminación de la tregua, por el esfuerzo de las instituciones democráticas, que nuevamente pueden comprobar que nada tienen que agradecer al nacionalismo vasco en la lucha contra ETA. La inmediata presencia del lendakari Ibarretxe en el centro hospitalario, sus condenas al atentado y su participación en la manifestación convocada por el Partido Socialista serían creíbles como expresión de un sentimiento sincero si estuvieran refrendadas por un acción política inequívoca contra ETA. Pero el nivel máximo de enfrentamiento del nacionalismo con ETA es la condena de cada atentado y una pancarta oportunista. Nada más. A pesar del «ETA kanpora» que presidió la manifestación de Bilbao, el PNV ha mantenido inalterada su política de oposición a las reformas legislativas contra ETA -rechazo en el Parlamento, querella contra Garzón, recurso ante el Constitucional contra la Ley de Partidos-; ha expresado públicamente, a través de su presidente, Xavier Arzalluz, el apoyo a la participación electoral de la suspendida Batasuna, y sigue queriendo rentabilizar la situación de coerción que viven los no nacionalistas, con reformas electorales fraudulentas que socaven sus posiciones políticas más sólidas. Y, por supuesto, mantiene el gran llamamiento a la unidad abertzale que es el plan soberanista de libre adhesión, cuyo fondo ideológico, basado en el «conflicto» histórico con el Estado español, encuentra un nuevo argumento en el atentado de ayer.

El PNV tiene que asumir que ETA mata por los mismos principios de autodeterminación, soberanía y territorialidad que defiende el lendakari en su propuesta de nación libre asociada y que todo espacio del que ETA se apropia en el campo del constitucionalismo aprovecha directamente al nacionalismo. ETA ha atentado contra una vida y ha golpeado todo aquello que está entorpeciendo el proyecto soberanista: los movimientos cívicos y los partidos constitucionalistas. «ETA kanpora», dijo Ibarretxe, pero ETA no se va y el lendakari no está dispuesto a echarla. Con esta realidad inapelable, cabe preguntarse qué significado puede tener la presencia del lendakari Ibarretxe en la manifestación convocada por el PSE, sino es el de un ejercicio de cinismo depurado y consentido por quienes le acogen y, de forma inconsciente, dibujan un espejismo de normalidad en la convivencia con el nacionalismo, una caricatura del principio de solidaridad. El movimiento cívico «¡Basta Ya!» decidió no compartir nuevamente manifestación con Ibarretxe y ha convocado su propio acto, que tendrá lugar, muy significativamente, frente a Ajuria Enea, sede la Presidencia del Gobierno Vasco. Sin embargo, no todos han aprendido esta lección.

Otro demócrata asesinado
Editorial La Razón 9 Febrero 2003

«El alcalde de mi pueblo es de HB con la aquiescencia de PNV y EA, y la Policía de Andoain está muy atada de pies y manos. Mi sentimiento ¬ante el juicio por el asesinato de su amigo López de la Calle¬ es el de querer terminar de una vez por todas con los autores del crimen porque sé, además, que los violentos, los batasunos y los etarras tienen especial cariño a los que estamos comprometido en la lucha por las libertades». Son palabras recogidas de las últimas declaraciones realizadas a Radio Nacional por Joseba Pagazaurtundua, el sargento de la Policía Local de Andoain asesinado ayer por ETA, por la espalda y a bocajarro. Y ayudan a explicar por qué ETA ha querido callar a este hombre, afiliado al PSOE y a UGT, miembro de la plataforma «Basta Ya» y auténtico pilar de la resistencia democrática, que había hecho frente ya a tres ataques con cócteles Molotov contra sus propiedades y, pese a todo, quiso permanecer en su pueblo. Joseba no llevaba escolta, como los concejales constitucionalistas de su municipio y era un blanco fácil para una banda de criminales que ha recibido durísimos golpes por parte de la Justicia en España y Francia, y lucha ahora por mantener una estructura que ya sólo mata donde puede, y no donde quiere.

Andoain es uno de esos ejemplos del doble rasero que el nacionalismo emplea ante el terrorismo. Ayer, representados por el lendakari Ibarreche y Begoña Errazti, PNV y EA condenaron el atentado y recordaron que ETA mata sin tener en cuenta otros intereses que los suyos. No dudamos de la veracidad de los sentimientos de Ibarreche, pero sí conviene releer la denuncia del sargento asesinado y recordar que no se puede gritar contra ETA y apoyar a su brazo político para que presida un Ayuntamiento; que no es legítimo manifestarse contra la banda mafiosa y defender después, práctica y moralmente, a su estructura política con acciones para frenar la legislación contra Batasuna o el endurecimiento de las penas para los terroristas y, además, impugnar al juez que más eficazmente combate la trama política y financiera de la banda. El PNV tiene que demostrar verdadero interés en acabar con estos asesinos, defender las libertades para todos y probar, con hechos, que no recoge los frutos del árbol agitado por crimenes como el de ayer.

La muerte de Joseba Pagazaurtundua no sirve para otra cosa que para sumir en el dolor a otra familia más y, con ella, a toda la sociedad. No sirve ni siquiera para convencer a los proetarras de que la banda mafiosa no está acabada cuando, uno tras otro, todos y cada uno de los simpatizantes que asumen responsabilidades en las organizaciones batasunas acaban entre rejas y queda claro que el cerco en torno a la banda se cierra cada día un poco más. A pesar de los asesinatos.

MÁS NUECES
Por Jaime CAMPMANY ABC 9 Febrero 2003

EN Irak no ha empezado todavía la guerra de Bush. Pero aquí, en España, sigue la guerra de Arzallus, este rayo que no cesa y que parecía haberse tomado un descanso. Los estalinistas de la banda etarra han vuelto a agitar el árbol para que Arzallus recoja las nueces. El jefe de la Policía municipal de Andoain, Joseba Pagazaurtundua, ha pagado con su vida el hecho de pertenecer a «Basta ya», el hecho de decir «No a la guerra» de aquí, no a la guerra de su pueblo, que es el nuestro, y permanece en este momento clínicamente muerto después de haber sido tiroteado por unos pistoleros del comando Donosti.

No parece sino que este crimen, después de unos días de respiro sin bombas ni disparos, haya venido a dejar en ridículo esas protestas, airadas en unos y afligidas en otros, pidiendo paz para las tierras donde se prepara la guerra contra los pacíficos, contra la civilización, contra los países que viven en democracia y contra los hombres que viven en libertad. Esta tarde quisiera ver gritar contra los etarras y sus cómplices por las calles de Madrid a Javier Bardem y quisiera ver gimotear con la mejor técnica interpretativa a Pilar Bardem y a todos esos Bardem que viven angustiados por lo que pueda sucederles a Sadam Husein y a sus generales de bigotes clónicos. El tiroteo y seguramente la muerte de un español vasco llamado Joseba Pagazaurtundua no se le puede achacar a Bush. Políticamente, no interesa.

Ya sé, ya sé. La consigna es esta: «No a la guerra» y «No a Sadam». Y a lo mejor, ahora añaden «No al terrorismo». Pero que expliquen cómo se logra todo eso a un tiempo. Cuando Sadam invadió Kuwait o cuando masacraba a sus propios paisanos iraquíes con armas de exterminio masivo, ¿cómo lograr estar contra él y al mismo tiempo contra la guerra? ¿Utilizando pegatinas, pancartas, gritos, palomas y lágrimas de actor? En este mundo de hoy, ¿quién viene con bombas, con armas, con la ambición y la prepotencia que engendran las dictaduras militares? ¿Quién viene sobre nosotros con los instrumentos imprevisibles del terror, con los suicidas embutidos de explosivos? ¿Quién anda por ahí con la pistola del tiro por la espalda o con la bomba contra los indefensos?

Ayer, Eduardo Haro Tecglen, conocido como la Momia, el que escribió en «Informaciones» un 20 de noviembre aquello de «se nos murió un capitán pero Dios misericordioso nos envió a Francisco Franco, y hoy sobre la tumba de José Antonio», etcétera, hablaba desde el nicho donde le tiene Polanco de los actores de camiseta y eslogan, y decía que son los mismos que en las postrimerías del franquismo hicieron una huelga de protesta. Y añadía que un presidente del Sindicato del Espectáculo que hoy escribe en ABC, o sea, yo mismo, llamó a la policía contra ellos. No cita mi nombre. Dispara con vileza, cobardía y también por la espalda. No es verdad. Viven los protagonistas de aquello. Miente el bellaco. Miente por mitad de la barba. Naturalmente, en «El País». ¿Dónde si no?

SIMPLEMENTE, TERROR
Por José Antonio ZARZALEJOS ABC 9 Febrero 2003

HA querido -ha malquerido- la casualidad que coincidan hoy en las páginas de ABC los relatos crueles de dos episodios terroristas que, en circunstancias geográficas e históricas diferentes, remiten a la misma tragedia: la eliminación bestial de la vida de unos hombres a manos de otros en esa forma de «guerra» desigual que es el terrorismo. En Bogotá las víctimas se cuentan por decenas y en Andoain (Guipúzcoa), Joseba Pagazaurtundua ha sido asesinado. Y ha querido la casualidad y el instinto periodístico de los redactores de este periódico que la agenda informativa que ABC ofrece a sus lectores incluya igualmente unas declaraciones de Jon Juaristi, director del Instituto Cervantes, que le ha puesto en suerte a su entrevistador, Ignacio Camacho, un titular rotundo: «El nacionalismo vasco es un proyecto de guerra civil». En Múnich, Ramón Pérez-Maura ha entrevistado, en exclusiva para España, a Donald Rumsfeld, secretario de Estado norteamericano, uno de los actores fundamentales en la estrategia bélica del Gobierno de George Bush que ha identificado el terrorismo como una gravísima amenaza contra la seguridad de los hombres libres. El Ejecutivo norteamericano no quiso el 11-S mostrar al mundo los cuerpos destrozados de centenares de víctimas del atentado contra las Torres Gemelas en Nueva York. Le bastaría enseñarlas ahora para lograr una pieza de convicción visual definitiva y argüir con éxito la necesidad de descabezar regímenes totalitarios como los de Sadam Husein que de forma directa o indirecta contribuyen al suministro material e ideológico de los que ejercen el terror. Desde luego, esas fotografías -que están en poder de la Casa Blanca- evitarían los esfuerzos de Colin Powell ante el Consejo de Seguridad de la ONU para justificar una acción bélica contra Irak.

El terror sólo convence de su esencial perversión cuando es percibido pegado a la piel. Más allá, desde luego, de esos debates supuestamente glamurosos en los que un determinado ámbito de la cultura se hace un traje argumental a su estricta medida. No es mi intención, sin embargo, entrar en el territorio de la crítica menor a actitudes incomprensibles por sectarias. Joseba Pagazaurtundua y lo que él representa de socialismo auténtico, de militancia democrática comprometida, de civismo activo y de nitidez moral, resulta sideralmente más pedagógico que las idas y venidas argumentales de los que jerarquizan sectariamente y conforme a patrones sedicentes de «progresismo» los problemas de la sociedad contemporánea. España sufre de manera lacerante y recurrente el terrorismo que se despliega en función de sus posibilidades criminales en un escenario moralmente degradado que protagoniza el nacionalismo vasco, prestatario de ayudas morales, apoyos políticos efectivos y amparos estratégicos a las personas y grupos que, conectados directamente con la banda terrorista, esparcen la basura argumental de los que matan en nombre de una patria fingida. La náusea que provoca contemplar como algunos personajes de éxito han distinguido al genocida de los kurdos porque le odian menos que al presidente de Estados Unidos es de menor intensidad que la que causan los discursos, actitudes e imposturas de ese nacionalismo vasco al que Jon Juaristi pone en su lugar en las páginas que siguen a ésta. Le agradezco a mi paisano que me evite tener que reiterar la explicación de lo que sentimos los españoles del País Vasco cuando nos enfrentamos -y ya van años de hacerlo- ante una monstruosidad como la que los terroristas han perpetrado en la persona de Joseba Pagazaurtundua.

No a ETA
ROBERTO L. BLANCO VALDÉS La Voz 9 Febrero 2003

PORQUE ETA sigue ahí. Sí, agazapada, perseguida como nunca por el Estado de derecho, asustada por una presión internacional sin parangón, ETA sigue ahí dispuesta a hacer lo único que sabe: asesinar a cualquiera que no haya proclamado que se pliega a sus delirantes objetivos. Ayer volvió a demostrarlo en Andoain, descerrajando cuatro tiros a un buen hombre, Joseba Pagazaurtundua, guardia municipal afiliado al PSE y miembro del foro ¡Basta ya!, que entró en un bar a tomarse el desayuno.

¡Que gran error! Un gran error porque en Euskadi los no nacionalistas no pueden olvidar, ¡ay! a riesgo de su vida, que entrar en un bar cualquier mañana puede ser como entrar en un patíbulo. ETA lo recuerda a tiro limpio por si algunos lo habían olvidado en las últimas semanas. Que nadie se engañe, dice ETA disparando a la cabeza de un buen hombre: aquí estamos y aquí seguiremos mientras el Estado de derecho no se ponga de rodillas y, entregado, nos dé lo que queremos. Y, en efecto, mermada hasta el extremo su capacidad operativa, ahí están los matarifes, como siempre desde hace treinta años.

Y ahí estarán, mientras no se rompan definitivamente los canales de reproducción que hacen que la banda renazca una y otra vez. Mientras algunos mantengan vivita y coleando entre miles de jóvenes de las tres provincias vascas la convicción de que es legítimo aspirar a lo mismo que ETA aspira y que es posible conseguir lo que ETA exige a punto de pistola.

Porque sí, la situación del País Vasco se parece cada vez más a aquélla que para la Alemania de 1933 describía Lion Feuchtwanger en el primer gran testimonio ( Los hermanos Oppermann ) de lo que acabaría por ser la pesadilla del nazismo: «Desde fuera el país parecía el mismo de siempre. Los tranvías, los coches, circulaban, las tiendas, restaurantes, el teatro mantenían -obligados en su mayoría- sus puertas abiertas, los periódicos tenían las mismas cabeceras, los mismos tipos de letra. Pero interiormente asilvestrado, acanallado, podrido, el país degeneraba cada día más, la brutalidad y la mentira le roían, la vida entera se convertía en un maloliente maquillaje».

Nada más útil para arrancar de cuajo, y de una vez, ese indecente maquillaje que convertir el No a ETA en la consigna de moda en que una semana se ha convertido ese justo y razonable No a la guerra . No a ETA , también, en el pecho de los actores en el Parlamento de Vitoria. No a ETA , también, en los trajes de las modelos que desfilan por las pasarelas Cibeles o Gaudí. Y No a ETA , también, como piden los líderes de los partidos democráticos, en todas las plazas y en todas las escuelas. Sí, con la misma convición y valentía, No a ETA .

Rebelión contra la dictadura
Editorial El Correo 9 Febrero 2003

El asesinato de Joseba Pagazaurtundua, sargento de la Policía Municipal de Andoain, militante socialista y miembro de '¡Basta Ya!', volvió ayer a llenar de luto el ánimo de cuantas personas anhelan, dentro y fuera del País Vasco, la paz para esta tierra. De nuevo la vida de un hombre joven fue segada por quienes han decidido empujar a la sociedad vasca hacia el abismo mediante la persecución y el asesinato de aquellos que más abiertamente se oponen a su pretensión liberticida. De nuevo una familia, significada por su franqueza a la hora de señalar a los culpables de tanta ignominia, se ve rota y desamparada ante la irreparable pérdida de un ser querido. De nuevo dos niños se verán obligados a portar en su orfandad la memoria de los episodios más tenebrosos de la reciente historia de éste que consideran su país.

Nada permitía esperar que la aparente inactividad de ETA pudiera prolongarse indefinidamente. Pero esa letal cadencia con que el terrorismo va marcando su sádico calendario había vuelto a inducir una falsa sensación de normalidad en Euskadi. Como si bastase con contener la respiración para ahuyentar los peores presagios. El riesgo inmediato estriba en que, terminadas las exequias y las movilizaciones en repulsa por el asesinato de Pagazaurtundua, la sociedad vasca y sus instituciones traten de volver cuanto antes a esa falsa normalidad rota en la mañana de ayer. Porque es esa falsa normalidad lo que hoy necesitan más que nunca quienes, tras haber visto cómo se les han reducido sus espacios de impunidad tradicionales, tratan de aferrarse a las dobleces morales que les brindan los vascos y a la inconsecuencia política de los dirigentes nacionalistas para procurar su pervivencia.

ETA no podía haber provocado un episodio más elocuente que el asesinato del jefe de la Policía local de un Ayuntamiento gobernado en minoría por Batasuna. Joseba Pagazaurtundua no era únicamente una víctima de la violencia de persecución cuyo nombre había aparecido además entre los objetivos de la banda terrorista. Joseba Pagazaurtundua se hallaba acorralado entre quienes ostentan el gobierno del Ayuntamiento andoaindarra y quienes seguían sus pasos para acosarle primero y acabar con su vida después. Ese alcalde y esos mismos concejales de Batasuna que ayer pretendieron exculpar a los asesinos de una persona que llevaba más de dos décadas al servicio de sus conciudadanos no merecen otro calificativo que el de cómplices. Al remitirse a la consabida fórmula de transferir hacia las instituciones de la democracia la responsabilidad de un acto tan execrable, los ediles radicales de Andoain no sólo intentaron ofrecer una cobertura moral a ETA sino que la cobijaron materialmente en su propia acción política. Pero la respuesta a que obliga el asesinato de Pagazaurtundua tampoco puede reducirse a elevar el tono de los calificativos de repudio. La respuesta a que obliga tanto este asesinato como la conversión de Andoain en una ciudad sin ley es la consecuente censura hacia su alcalde. Porque mientras los partidos democráticos nacionalistas soporten por omisión la continuidad de Batasuna al frente del Ayuntamiento ninguna acción de protesta frente al terrorismo servirá más que para enjuagar la conciencia de quienes se resisten a ir a más.

Resulta incongruente condenar el terror mientras, al mismo tiempo, se expresa el «apoyo moral» a Batasuna ante su posible ilegalización -como hizo hace unos días Xabier Arzalluz-. Porque si las palabras leídas ayer por el portavoz de Batasuna, en medio de la más que comprensible indignación de los asistentes al pleno, tienen cabida en un sistema democrático, el propio sistema se vuelve indefenso ante el acoso que padece por parte de los violentos. De ahí que el mensaje de ayer del lehendakari -el mismo que reitera como un ritual en circunstancias análogas- volviera a resultar insuficiente. Entre otras razones porque, lejos de contribuir a que se reavive la rebelión popular contra la dictadura terrorista, su exigencia dirigida a ETA en nombre de la sociedad vasca ya no suscita más que impotencia o apatía. De igual forma que ante la promulgación de la Ley de Partidos el PNV insistió en que a Batasuna había que derrotarla en las urnas, son las urnas del próximo 25 de mayo las que se vislumbran en el horizonte jeltzale como una poderosa razón disuasoria respecto a cualquier eventual implicación del nacionalismo gobernante en el restablecimiento de la unidad democrática frente al terrorismo. La actividad de ETA ha de ser combatida con cuantos esfuerzos policiales, judiciales y legales contribuyan a reducir al máximo su operatividad y dificultar su perpetuación. Pero todos esos esfuerzos serán insuficientes mientras la legalidad institucional esté siendo ocupada, siquiera parcialmente, por una trama capaz de justificar desde la tribuna pública todo lo injustificable. No hay más que fijarse en Andoain para percatarse de cómo una localidad puede llegar a ser tomada por una minoría que se asienta sobre el acoso a los perseguidos y el desistimiento de la mayoría. Joseba Pagazaurtundua no fue ayer víctima de un simple comando, sino de todo un sistema totalitario frente al que todas las instituciones han de actuar aplicando la Ley en su totalidad.

La bestia no duerme
JOSEBA ARREGI El Correo 9 Febrero 2003

La bestia no duerme.Y cuando digo bestia no quiero expresar que ETA sea algo puramente animal, algo totalmente irracional. Al contrario: creerse en posesión de la racionalidad total, estar convencidos de hallarse en posesión de la lógica perfecta es lo que les lleva a matar. Saben perfectamente lo que hacen. No como la sociedad y muchos políticos, quienes en cuanto pasan algunas semanas sin atentados se lanzan inmediatamente a especular sobre el significado del supuesto silencio de ETA.

Pero la bestia no duerme. Está activa. Y está activa como voluntad total: o la sociedad vasca se pliega al diseño que ella ha decidido, o seguirá habiendo muertos por asesinato. ETA es voluntad subjetiva total y desde ella decide quién es y quién no es, quién tiene derecho a la vida y quién no, quién pertenece al pueblo vasco y quién no.

En estos momentos en los que el sargento de la Guardia Municipal de Andoain acaba de morir no estaría de más pararse a reflexionar sobre el hecho de la figura de la víctima y la localidad en la que se ha producido el atentado. Un sargento de la Guardia Municipal, euskaldun según la definición que por tradición ha sido válida hasta que un determinado nacionalismo la ha sustituido por otra, por la voluntad de pertenecer a una comunidad entendida de una forma determinada, es decir, por un sentimiento de pertenencia; proveniente de la izquierda no nacionalista, hermano de una ex parlamentaria del PSE-EE, concejala por dicho partido en Urnieta, colaborador de 'Basta Ya'.

Y la localidad: Andoain, con alcalde de Batasuna, con un Ayuntamiento en el que Batasuna cuenta con 5 concejales, el PSE-EE con otros 5, PNV-EA con 5 también y el PP con 2. Un pueblo en el que Batasuna tiene una presencia muy fuerte y en el que los concejales, también los nacionalistas, pero sobre todo los del PSE-EE, están sometidos a una persecución permanente, no sólo por parte de ETA sino por la cultura de calle del entorno de Batasuna.

La base de la política, el fundamento de una sociedad que merezca ese nombre está en la capacidad de crear un espacio de derecho y de libertad, de garantía para los derechos fundamentales: la vida, la protección de los bienes, la seguridad para poder ser libre y pensar en libertad. Lo que tantas veces se denuesta como lo policial en contraposición a lo político es el mínimo necesario sin lo cual la política deja de serlo para pasar a ser la imposición de la ley del más fuerte. Lo que representan la Policía y la Justicia, el llamado aparato represivo del Estado de Derecho, es el núcleo inicial e imprescindible de la política entendida como espacio de desarrollo de los derechos y las libertades.

Y ese espacio de la política adquiere forma en las instituciones políticas, en los marcos jurídicos en los que se fundamentan, en su estabilidad, en su solidez. Cuando las instituciones son débiles, cuando las instituciones no se legitiman, cuando las instituciones se tambalean, cuando las instituciones están sometidas a un cuestionamiento permanente, cuando las instituciones son puestas entre paréntesis, desalojadas a un limbo de insignificancia, no es que crezca el espacio de libertad, sino que la libertad y el derecho se vuelven imposibles, puesto que cuanto menos institución, cuanto menos sólidas y legitimadas las instituciones, más amplio es el campo para que impere la ley del más fuerte, la violencia ilegítima.

ETA sabe perfectamente lo que hace, a quién tiene que matar, cuál es la señal que emite cada vez que actúa: los que no se someten al proyecto de sociedad que ETA ha definido para su Euskal Herria no tienen sitio en la sociedad vasca, están excluidos radicalmente. Y todo lo que representa a las instituciones del Estado en Euskadi, las instituciones vascas, está cuestionado, su falta de legitimidad y su falta de solidez deben ser puestas de manifiesto permanentemente, y de la forma más radical.

ETA habla con meridiana claridad por medio de sus actos, por medio de sus asesinatos. Es la sociedad vasca y son muchos políticos vascos los que tienen dificultades para entender ese mensaje claro. Si lo entendieran estaría clara la estrategia política a seguir en la lucha contra ETA: deslegitimación de los planteamientos de ETA y legitimación, defensa y consolidación de lo que ETA ataca con toda la virulencia de que es capaz, las instituciones de las que nos hemos dotado.

Si hacemos lo contrario, lo haremos con la mejor intención del mundo, condenaremos de todo corazón a ETA, estaremos sentimentalmente muy cerca de las víctimas, pero objetivamente estaremos creando un espacio en el que ETA puede actuar, puede respirar algún grado de legitimidad social, y por lo tanto puede reforzarse.

ETA se entiende a sí misma como el núcleo en el que se resume lo que es y puede ser la historia vasca y el pueblo vasco. ETA es la manifestación de una voluntad subjetiva totalitaria, una voluntad que no admite lo que no es engullido por ella misma. Lo que no está incorporado a esa voluntad totalitaria es negado como lo extraño, como lo no vasco, como lo no perteneciente a la sociedad vasca.

Este subjetivismo voluntarista totalitario no está reducido exclusivamente al mundo de ETA y de Batasuna. Es como un cáncer cuyas metástasis se han ido difundiendo por todo el cuerpo social. También se refleja cuando se habla de sindicatos que no son vascos -como CC OO y UGT de Euskadi-, también se pone de manifiesto cuando alguien escribe que si ganan en determinado municipio los constitucionalistas ganarán los enemigos de la libertad de Euskal Herria, queda patente cuando quienes no comulgan con determinada concepción de Euskadi son considerados elementos extraños al país.

Es cierto que la agenda política vasca no puede caer presa de la existencia de ETA. Pero también es cierto que es obsceno pretender hacer política en Euskadi como si ETA no estuviera presente con la violencia y su significado. La gran victoria sobre ETA sería la consolidación de unas instituciones que reflejan la pluralidad y complejidad de sentimientos de pertenencia presentes en la sociedad vasca, la voluntad de la mayoría de vascos de vivir participando en plurales y diversos ámbitos de decisión. Lo demás es hacer el juego a ETA, no en el plano de la intención subjetiva, seguro, pero sí en el plano de las consecuencias objetivas.

Vuelta a lo nuestro
JOSÉ LUIS ZUBIZARRETA El Correo 9 Febrero 2003

En otras estábamos -en cosas que creíamos de mayor momento- cuando un vulgar pistolero nos devuelve, por enésima vez, a esta asquerosa realidad nuestra, de la que, como si de un chicle pegado al zapato se tratara, nunca logramos despegarnos. Diríase que ETA, celosa de su exclusividad, no soportara que desviáramos de ella nuestra atención ni por un segundo. ¡Como el niño malcriado y perverso que sólo vive cuando se sabe centro de las miradas de toda la concurrencia!

En las últimas semanas, Euskadi había comenzado a adquirir la apariencia de un país normal. Un país como todos los demás. Habían desaparecido de nuestros medios de comunicación las noticias de 'lo nuestro', desplazadas por titulares y comentarios que podían intercambiarse con los de cualquier otro periódico del mundo. El debate sobre la más que probable guerra contra Irak, con sus implicaciones éticas y políticas, llenaba, como en cualquier otro país, las páginas de la prensa escrita y las ondas de las emisoras de radio. Aunque el asunto fuera serio y preocupante en extremo, tenía, al menos, la ventaja de habernos sacado de un prolongado ensimismamiento y puesto en sintonía con las preocupaciones y zozobras del resto de la Humanidad. Hablábamos, en última instancia, de lo mismo que hoy hablan las gentes de Europa, de América, de todo el mundo. Era un consuelo. Habíamos constatado que ETA no había logrado robarnos todavía toda nuestra capacidad de comprensión, de simpatía y de compasión. Seguíamos estando en el mundo, abiertos a él y a sus miserias, y no totalmente encerrados en la pequeñez de este conflicto nuestro al que ETA querría reducir nuestra existencia.

Hoy, sin embargo, todo volverá a ser lo mismo. La sangre de uno de los nuestros salpicará, una vez más, las portadas de nuestros periódicos y los disparos de un asesino resonarán de nuevo en las ondas de nuestras radios. Nuestra realidad lo llenará otra vez todo. ETA habrá conseguido su objetivo de erigirse en centro de nuestra atención y de convertirse en esa pesadilla nuestra, obsesiva, que no podemos sacudirnos ni quitarnos de encima.

¿Qué hacer? ¿Cómo deshacernos de esta pegajosa sustancia con que ETA quiere mantenernos adheridos a 'lo nuestro'? ¿Cómo vivir en el mundo, compartir las preocupaciones de toda la Humanidad, sin dejar de parecer sensibles al sufrimiento de nuestros más próximos? ¿Cómo, sin evadirse ni inhibirse, seguir el consejo evangélico de 'dejar que los muertos entierren a los muertos'? Es el dilema, la contradicción, en que ETA querría mantenernos encerrados. Porque, cuanto ETA más nos empequeñece, cuanto más férreamente nos aherroja en esta pequeña y asfixiante cosa nuestra, más ella misma se engrandece y más importancia adquieren sus acciones.

En teoría, sabemos muy bien que ETA ya no es hoy entre nosotros el debate que un día fue. ETA no existe ya entre nosotros como objeto de debate. De ninguna manera debería suplantar, por tanto, el otro mundial en que estos días estábamos enfrascados. Su existencia no es hoy más que el atávico y trágico residuo de un debate de otros tiempos que ya tenemos o deberíamos tener superado. Nos debería ser ya posible, en consecuencia, enterrar y llorar hoy a nuestros muertos, mostrar hoy sincera piedad por nuestras víctimas, y volver a enfrascarnos mañana, sin olvidarnos de ellos, en los asuntos que preocupan a todo el mundo. Sabemos además que, si no lográramos hacerlo, si permitiéramos que el debate sobre ETA centrara de nuevo nuestra atención en exclusiva, habríamos perdido esta batalla. Porque eso es, en efecto, lo que, en gran parte, pretendía el desalmado pistolero que ayer disparó a un honrado ciudadano por la espalda.

Y, sin embargo, el hecho incuestionable es que ETA ha abierto una fosa entre nosotros y el resto de la Humanidad. Ha logrado hacer de nosotros un recinto cerrado del que nos resulta casi imposible escabullirnos sin que se nos acuse de escapismo. Y, así, hoy es el día en que todavía no sabemos qué hacer para que nuestra apertura al gran mundo no se confunda con una hipocrita evasión de este pequeño y miserable mundo nuestro, y para que nuestra preocupación por todo lo humano parezca algo más que el cómodo cinismo de quien oculta su insensibilidad por lo que le concierne más de cerca. Es la pregunta con que la persistencia de ETA todavía inquieta nuestras conciencias. ETA ha conseguido que, cuando miramos al mundo entero, parezca que sólo queremos mirar hacia otra parte.

Hijos de...
Pilar Cernuda La Razón 9 Febrero 2003

¿Qué ganan con el atentado de Andoain, qué ganan con los centenares de atentados que han cometido a lo largo de los últimos cuarenta años? El Gobierno ¬el central, el de todos los españoles¬ no va a ceder, ningún gobierno decente va a ceder al chantaje del terrorismo, y los etarras, hijos de mala madre, lo saben sobradamente. Están cercados y acorralados, pero se empeñan en continuar con su reguero de sangre como si de esa forma fueran a alcanzar su objetivo. Y no lo van a lograr, aunque tienen engañados a sus militantes diciéndoles que la batalla está ganada a medio plazo, y tienen engañados a los presos, rehenes de su propia historia delictiva. Y hasta tienen engañados a infinidad de militantes peneuvistas que todavía creen las patrañas de Ibarreche cuando les cuenta que con su famoso proyecto soberanista podrán vivir en paz y tranquilidad. Es mentira. ETA sólo dejaría de atentar si se crea un País Vasco independiente y gobernado por esa panda de asesinos según les salga de sus malditas y perversas cabezas. Que no nos vengan Ibarreche, Eguíbar o Arzallus con historias: en su mano está que ETA se acabe y en su mano está darle oxígeno como le están dando.

El vía crucis de 'Pagaza'
Joseba Pagazaurtundua se enfrentó al acoso y las amenazas radicales con todas sus fuerzas, tanto en su trabajo como desde su militancia socialista
ÓSCAR B. DE OTÁLORA./SAN SEBASTIÁN El Correo 9 Febrero 2003

«La agrupación socialista de Andoain sigue funcionando por cinco personas, y una de ellas era 'Pagaza'. Él subía la persiana a las once de la mañana y la bajaba a las siete», recordaba ayer Estanis Amutxastegi, concejal del PSE e íntimo amigo de Joseba Pagazaurtundua. Abrir la verja metálica que protege la sede socialista supone un gesto de esperanza en un pueblo en el que los socialistas viven como los judíos en la Alemania nazi, según su propia descripción.

Militante hasta la médula del PSE y de Basta Ya, Joseba sabía perfectamente lo que significaba ese desafío de libertad, pero lo sufría con mayor intensidad que otras personas. «Ha soportado un auténtico vía crucis hasta que lo han matado», recordaba ayer un amigo. Como jefe de la Policía Municipal trabajaba a las órdenes del alcalde de Batasuna, Joxan Barandiaran, quien no condenó ni uno sólo de los repetidos ataques que sufrió su subordinado y, por supuesto, tampoco su asesinato. Los dieciséis policías locales también guardaron un silencio sepulcral sobre el crimen.

Nacido hace 45 años en Hernani, Joseba Pagazaurtundua nunca perdió ni el coraje «ni las ganas de pelear por la libertad y las ideas de izquierda». «Era un luchador antifranquista. No podía abandonar», rememoraba Amutxastegi. Una de sus últimas iniciativas consistió en buzonear por el pueblo un panfleto en el que pedía a los vecinos apoyo a los amenazados.

'Pagaza' conocía mejor que nadie cómo, en Andoain, una vida normal se convierte en un infierno por el simple hecho de enfrentarse a los violentos. A finales de agosto del pasado año, plantó cara a una treintena de simpatizantes de Batasuna que intentaban empapelar la sede socialista con carteles con el lema «precintado», imitando el cierre de las sedes de la coalición abertzale dictado por Garzón. En aquella ocasión le aporrearon con un palo de escoba, agresión que sólo se detuvo ante la llegada de la Ertzaintza.

Constantes ataques
La paliza era la culminación de constantes ataques. El 9 de marzo de 2001, un grupo de encapuchados intentó incendiar su casa con cuatro 'cócteles molotov' que alcanzaron la terraza. Seis meses después, los violentos quemaron su coche. Las calles de Andoain estaban empapeladas con carteles contra su persona y cada vez que salía a pasear tenía que soportar una lluvia de insultos.

Bajo este acoso se escondía algo peor. En 1997, las fuerzas de seguridad detuvieron a un informador del 'comando Donosti' que se había dedicado a facilitar información a los pistoleros para que le matasen. Por motivos de seguridad, Pagazaurtundua fue trasladado a la comisaría de la Ertzaintza de Laguardia y se fue a vivir a la localidad alavesa de Navaridas. En 1998, a raíz de la tregua de ETA, 'Pagaza' fue destinado de nuevo a Andoain. Según sus más allegados, el Departamento de Interior consideró que su vida ya no corría peligro por el alto el fuego. Los portavoces de la consejería aseguran, sin embargo, que él mismo decidió no pedir una prórroga del traslado.

La ruptura de la tregua volvió a cambiar la vida de Pagazaurtundua. En mayo de 2000, ETA asesinó a su amigo y vecino José Luis López de Lacalle. Fue testigo de la huida del asesino, el etarra José Ignacio Guridi, y el año pasado declaró en la Audiencia Nacional contra el pistolero. A raíz de este atentado, empezó a solicitar bajas para evitar las rutinas y mejorar su seguridad. Sus dos hijos, de 13 y 9 años, también comenzaron a sentir la amargura que acompaña al terror. Hasta que le quemaron el coche era habitual que les llevase al colegio con sus compañeros de clase, para así ahorrar el viaje a los otros padres. Tras el sabotaje, 'Pagaza' tuvo que pasar el trago de decir a los amigos de sus hijos que no les llevaría más, puesto que no podía garantizar su seguridad.

Desde entonces sus dos niños comenzaron a viajar solos. El mayor al colegio de Ondarreta de San Sebastián y a los entrenamientos del equipo de fútbol Euskalduna de Andoain. El pequeño, a uno de los colegios del pueblo. Su mujer, Estíbaliz -que trabaja como limpiadora en el hospital Donostia de San Sebastián y ayer le acompañó en su última agonía-, era testigo del dolor que sentía Joseba por la vida a la que debían enfrentarse sus hijos.

Este no era el futuro por el que llevaba años luchando. Fue militante de la CNT en la Transición, desde donde pasó a Euskadiko Ezkerra y luego al PSE-PSOE. En este partido se reunió con sus hermanos -Maite, ex parlamentaria y concejal en Urnieta, e Iñaki, también policía local en Andoain-, que ya tenían el carné socialista.

De la CNT a la Policía
Su ingreso en la Policía Municipal, a finales de los setenta, sorprendió a sus amigos del colegio, que le recuerdan como «algo 'anarco' y muy despierto». Una de sus primeras acciones fue una misión casi épica para una pequeña fuerza local. Mediante largas investigaciones consiguió desmantelar una trama de ultraderecha, con vínculos con el Batallón Vasco-Español. Dos hombres ingresaron en prisión acusadas de matar a cinco personas.

En 1990 dedicó todas sus fuerzas a acabar con una red que traficaba con drogas en la comarca. Su esfuerzo personal dio sus frutos y consiguió detener al jefe de la red. El arresto tuvo lugar en Hernani y fue muy violento. El traficante le rompió la nariz a puñetazos y él le disparó con su arma reglamentaria, hiriéndole. A raíz de estos hechos, el alcalde de Hernani, el miembro de Batasuna Agustín Ezponda, pidió que se investigara la actividad de Pagazaurtundua y le recriminó el uso del arma.

«No soportaba las injusticias. Su pérdida es terrible», se dolía Amutxastegi. Los militantes socialistas de Andoain, que volvieron a contener su rabia como otras tantas veces, se preguntaban ayer quien sustituirá a 'Pagaza' para que la persiana de su sede no se cierre.

La «nueva ETA» contra los hermanos
CHARO ZARZALEJOS ABC 9 Febrero 2003

Los nuevos terroristas suplen la falta de entrenamiento con la perversión de tomar un café y luego matar. De entre los detenidos las últimas semanas, catorce son alumnos de la UPV y algunos más se han matriculado, pero no han pisado las aulas.

MADRID. Ayer por la mañana, como casi siempre, Joseba Pagazaortundua entró en el bar Daitona para desayunar y leer el periódico que acababa de comprar. Coincidió con algunas personas y, a muy escasa distancia de él, un joven pidió un cortado. Se lo tomó y cuando comprobó que Joseba y él estaban prácticamente solos, le descerrajó tres tiros que le dieron de lleno, porque pese a su condición de policía municipal nada le sugirió la más mínima alarma. Quien le disparó era uno más.

Quien no es uno más es la víctima. Era un hombre marcado en un territorio -Andoain- escaso de libertad. No sólo no es nacionalista, que ya es un punto, sino que además y desde las filas socialistas es miembro activo de «Basta Ya». Para culminar su biografía, es hermano de Maite, ex parlamentaria y actualmente concejal socialista, además de miembro fundador del citado movimiento pacifista. Todo un referente del saber estar ante el terror.

Joseba Pagazaortundua colaboró de manera cualificada con la Ertzaintza durante una etapa de su vida profesional -justamente lo que duró la tregua- y luego volvió a su cuerpo de origen, siendo actualmente sargento del mismo en una localidad gobernada en minoría por Batasuna con el apoyo de PNV y EA.

La víctima trabajaba mucho de puertas adentro. Realizó buena parte de las pancartas de la última manifestación de «Basta Ya». Siempre se había ocupado de extremos referentes a la seguridad de los actos convocados por esta asociación y, en concreto, el convocado para el próximo fin de semana en el Kursaal de San Sebastián. En estos días, ultimaba un «buzoneo» convocando en Andoain movilizaciones ciudadanas en defensa de los amenazados. El concejal de este Ayuntamiento Mikel Arregui, hermano de Joseba Arregui, afirmaba ayer que «hay más escoltas que concejales».

Antecedentes
Y es que en Andoain han matado a José Luis López de Lacalle y quemaron el coche a Joseba Pagazaortundua. La llave del domicilio de otro concejal socialista llegó a manos de los amigos más directos de los asesinos y, recientemente, dieron un aviso en forma de bomba a Mikel Arregui. En Andoain, los «hermanos» están marcados.

Horas antes de este atentado, el secretario de Estado de Seguridad, el vasco Ignacio Astarloa, comentaba a un grupo de periodistas la preocupación que suscitaba un nuevo atentado de ETA. Por el propio atentado y por su influencia en el ánimo colectivo. «No podemos, como sociedad, bajar la guardia ni relajarnos, porque es verdad que a ETA le hemos dado muy fuerte, pero ETA está y no puede ser que un atentado hunda más el ánimo colectivo que cuando mataban a siete ciudadanos en una semana». El ánimo colectivo se acostumbra enseguida a la tranquilidad, que sólo ETA rompe.

Fue la extraordinaria pericia policial la que evitó que el 31 de diciembre fuera una jornada especialmente sangrienta en Madrid. Esta pericia policial y las permanente y muy cuidadas relaciones Madrid-París están haciendo de ETA una organización vulnerable y alocada con su propia seguridad. Pero ETA vive y ETA está agazapada en el joven que entra a tomar un cortado, confundiéndose con el ambiente y el paisanaje y puede estar en el ciudadano normal que coincide con uno en el paso de peatones, bien en el Paseo de la Concha, en la Gran Vía de Bilbao o en cualquiera de las muchas calles de Madrid. Una llamada perdida a un móvil basta para decir que todo está listo.

Ayer reapareció al estilo de la vieja ETA. A cara descubierta y disparando en la cabeza. Reapareció en un terreno para ellos conocido. Apenas dos horas después del atentado, llegaba a las puertas del Hospital el rumor de que el comando había caído. Se trataba de cinco personas detenidas en un «mercedes» rojo. Estos datos bastaron para saber a alguno que no era ETA. Ni van de cinco en cinco, ni mucho menos en «mercedes» rojo.

Para entonces Maite Pagazaortundua, que estaba en Madrid, emprendía viaje a San Sebastián en el coche de Ángel Acebes y Aznar telefoneaba a Rodríguez Zapatero. En Bilbao, la profesora Gotzone Mora se disponía a colgar en la red el manifiesto presentado el viernes en contra de la entrada en la Universidad de un miembro de ETA. En tres días han recogido 253 firmas, que no las han dado a conocer para que no lleguen los nombres a manos de los terroristas; pero cuando tengan muchas más, que las van a tener, el listado de firmantes se hará publico.

Nueva amenaza
¿Cómo airear firmas de profesores cuando de los detenidos en los últimas semanas 14 de ellos son alumnos de la UPV?. ¿Cómo dar a conocer nombres cuando se tiene constancia de que no pocos matriculados a comienzo de curso no han pisado las aulas? Toda prudencia es poca, máxime cuando en «Basta Ya», PP y PSE se dispone de información relativa al aumento considerable de los recibos de agua y luz en muchas viviendas de Hendaya y zonas próximas.

En paradero desconocido hay unas cuantas docenas de jóvenes. Interior, que sabe que ETA no ha dejado de trabajar en su reorganización, trata ahora de impedirla. ETA lo sabe y por eso en el País Vasco, entre gentes expertas en ETA, existe el temor de que se esté larvando una «nueva» ETA, en el sentido de que estaría formada por gente desconocida para la Policía, con un escaso nivel de entrenamiento. Suplen esta carencia con la perversión suficiente como para tomarse un café con la víctima y luego matarla.

Pero, además, otra reflexión está en el ambiente. Fue esbozada ayer por el ministro de Interior, cuando habló de «familia comprometida», refiriéndose a la víctima y sugerida abiertamente por Javier Madrazo cuando afirmó que «a ETA no le basta con amenazar, sino que mata a los familiares de los amenazados».

ETA va a intentar matar todo lo que pueda. El atentado de ayer ha confirmado los temores de Interior del Gobierno Vasco, en el sentido de que el «comando» Donosti había iniciado su reconstrucción. Hay también la convicción de que en Vizcaya puede haber un grupo dispuesto a retomar la actividad terrorista. Y se tiene la certeza, aunque indemostrable, que en Madrid funciona una red de informadores, que no se conocen entre ellos, hasta ahora intacta, porque ETA en cualquiera de sus versiones trata siempre de confundirse con el paisaje.

Jon Juaristi: «El nacionalismo vasco es un proyecto de guerra civil»
IGNACIO CAMACHO ABC 9 Febrero 2003

Provocador, brillante, polemista acerado e incansable, Jon Juaristi se ha convertido en uno de los principales azotes intelectuales del nacionalismo vasco. Director del Instituto Cervantes, admite su evolución desde el radicalismo abertzale a la actual complicidad con el Gobierno del PPMADRID. La voz de Jon Juaristi (Bilbao, 1951), suena dolorida al teléfono. «Estoy abatido, las condenas no sirven de nada». Los disparos de Andoain reclaman un estrambote improvisado a la entrevista, realizada a media semana cuando Joseba Pagazaurtundua era un activo miembro vivo de «Basta Ya». Juaristi habla de «una pérdida enorme para la resistencia», en términos estrictamente bélicos, y se frena; «es que no quiero decir ninguna barbaridad, pon que al fascismo hay que plantarle cara». Desde su libro «El bucle melancólico», escrito al calor del movimiento que surgió tras el asesinato de Miguel Ángel Blanco, Jon Juaristi lleva años dedicado a desmontar los mitos teóricos fundacionales del aranismo, y a un activismo político y social articulado en torno a la plataforma «Basta ya» y al Foro de Ermua. Director del Instituto Cervantes, tras un breve paso por la Biblioteca Nacional, reconoce sin tapujos que ha evolucionado desde el radicalismo abertzale de los años sesenta a la complicidad política y ética con el Gobierno del Partido Popular.

>-Usted comenzó militando en la primera ETA, la de los años sesenta. ¿Se le puede considerar un terrorista reinsertado?
-Nunca he tenido la menor conciencia de ser algo parecido. En primer lugar, yo no fui un terrorista, yo estuve en una ETA que comenzó a practicar la violencia cuando ya se estaba deshaciendo. Y además, la violencia embrionaria de aquella generación de los sesenta tuvo un carácter aleatorio, que sirvió para plantearse las consecuencias que tenía la adscripción a un nacionalismo que necesariamente iba a llevar a una confrontación. Por otro lado, en aquellos años la extrema izquierda estaba abocada a la violencia. Y había una dictadura. Sería deshonesto hacer un paralelismo con lo de ahora.

-Pero aquel error histórico que usted ha admitido con frecuencia, ¿tuvo importancia en la creación de esta mística de la violencia actual?
-Creo que hay un hilo conductor entre esa mística y el planteamiento fundacional de ETA y de toda la constelación de la extrema izquierda de la época, pero la violencia ha pasado por varias fases. Un nacionalismo revolucionario bastante clásico, una fase similar a la del IRA o los terroristas bretones, que se ha alimentado también de la mística violenta de los movimientos italianos de los setenta, y luego ha habido una evolución interna de la estrategia, que incluso ha sido teorizada en los términos de filósofos como Deleuze; el concepto de guerra infinita, de guerra interminable...

-Eso suena poco tranquilizador.
-La literatura de los medios radicales abertzales abunda en la idea de la política como continuación de la guerra. Se invierte el famoso aforismo de Clausewitz para negar la posibilidad de pacificación. El poder no se ve más que como relación de fuerzas, que puede retorcerse en un sentido o en otro. Esas ideas son nuevas respecto al pobre bagaje teórico de la ETA inicial.

-¿Pero hay un cuerpo intelectual en ETA?
-Sí, por supuesto, verdaderas resmas de papel...

-Eso no significa una elaboración profunda.
-No son categorías intelectuales importantes, obviamente. En todo el nacionalismo, que nunca ha producido grandes pensadores. Pero sí hay una especie de división del trabajo en el ámbito del terrorismo; los que hemos pasado por la Universidad del País Vasco lo sabemos con certeza. Hay intelectuales, departamentos con mayoría abertzale en los que se elabora una ideología de confrontación y de deslegitimación de la democracia. Intelectuales orgánicos del nacionalismo radical.

-¿Para usted hay una continuación inevitable entre nacionalismo democrático o moderado y nacionalismo radical y terrorismo?
-Hmmm... En la medida en que el nacionalismo ha sido incapaz de construir una identidad democrática. El nacionalismo acude a una definición autorreferencial de la identidad vasca, y establece en términos más o menos tácitos que es vasco solamente el que impugna la legitimidad del Estado español. Eso abre una vía al terrorismo. Por muy moderado que se presente, el vasco es un nacionalismo de la exclusión, del apartheid.

-¿Y no cree en la existencia, siquiera teórica, de un nacionalismo moderado?
-Un nacionalismo sedicentemente moderado. En su conjunto, el nacionalismo vasco tiene poca moderación.

-Pero es un nacionalismo esencialmente burgués.
-Es que hay nacionalismos burgueses insaciables, ésa es la paradoja. El mismo terrorismo de ETA es de clases medias, y el de la «kale borroka».

-Pues a veces se habla de una proletarización del terrorismo callejero.
-Creo que era Fernando Reinares quien comentaba que ahora mismo lo que se encuentra en ETA son, fundamentalmente, estudiantes. Con un alto porcentaje de fracaso escolar. Las filas de ETA se abastecen ahora de jóvenes de clase media procedentes de institutos y universidades, con un descenso apreciable de clases trabajadoras.

-Hablaba antes de insaciabilidad nacionalista. ¿No existe posibilidad de etapas intermedias?
-No, porque su utopía es una utopía inalcanzable, que está en el pasado. Es una edad de oro, ellos hablan de la independencia originaria... Yo creo que en el subconsciente del nacionalismo está la añoranza de su época dorada más reciente, que fueron los años sesenta, cuando todo el ahorro español se invertía en el País Vasco y Cataluña. Luego empezó un reparto más equitativo de la renta española, y ése es uno de los factores que explican la aparición de ETA. No el único, porque hay una tradición muy larga de particularismo vasco, más el fragmento integrista original del nacionalismo. Pero hay que tener en cuenta la crisis general del modelo económico e industrial vasco; eso lo vio muy bien Julio Caro Baroja. Antes incluso de que apareciese ETA.

-Y ese proceso regresivo lo invirtió la autonomía.
-Hay mucho dinero público y una población relativamente pequeña, lo que permite organizar programas del Estado del bienestar clásico, pero sigue habiendo notables bolsas de atraso social. Economistas como Mikel Buesa hacen análisis distintos del discurso oficial nacionalista. Las cifras cantan.

-¿Su pasión antinacionalista es hija de una pasión nacionalista previa?
-En absoluto. Además, no soy demasiado pasional...

-Pues su lenguaje sí lo parece. Y cada vez más: su último libro, «La tribu atribulada», es claramente apasionado.
-En todo caso, matizado por la ironía. Yo no soy antinacionalista en sentido estricto, sino antinacionalista vasco, porque el nacionalismo vasco es un proyecto de guerra civil.

-¿Genéricamente, o se refiere al actual proyecto político?
-Este proyecto se mantiene sobre un espíritu de guerra civil. Su lenguaje es de guerra civil, y hay una evocación contínua del imaginario de la guerra civil en el discurso nacionalista. Alcanzar esa utopía nacionalista pasa inevitablemente por la guerra civil.

-¿Entre vascos?
-Obviamente. Entre españoles, en general, y entre vascos, en concreto.

-Le decía sobre el origen freudiano de su crítica...
-Bueno, pues puede haber algo... Me he psicoanalizado con intención didáctica, y creo que debo bastante en lo que pueda pensar, en mi bagaje intelectual, al psicoanálisis. No lo tomo de un modo demasiado dogmático, jeje.

-Su padre, al que dedica su último libro, ¿lo ha entendido?
-Sí. Mejor de lo que yo podía esperar.

-¿Su padre es un nacionalista clásico?
-Es un nacionalista de una familia que lo era en los tiempos de Sabino Arana. Un nacionalismo adscriptivo. Mi padre es una excelente persona, a quien yo respeto profundamente. El libro no es tanto ajuste de cuentas con él como con una tradición familiar.

-Hay un poema suyo que dice: «¿Te preguntas, viajero, por qué hemos muerto jóvenes, / y por qué hemos matado tan estúpidamente? / Nuestros padres mintieron: eso es todo».
-Sí, pero al personaje que escribió ese poema, y a ese poema mismo, ya le he hecho una autocrítica profunda. Hay que desterrar el fariseísmo. Ese intento de salvarse triturando cabezas ajenas ya no tiene sentido. Ese poema es una obra perfecta de mala fe.

-No está mal como autocrítica... ¿Y no se han pasado ustedes, los intelectuales vascos antinacionalistas, Azurmendi, usted mismo, no se han pasado en la pólvora con un efecto contraproducente?
-Yo creo que no.

-Azurmendi dijo aquello de que el euskera es una lengua que mata...
-Obviamente las lenguas no matan, pero se mata en nombre del euskera, y de la utopía del País Vasco independiente y monolingüe, y en nombre de tantas cosas... Yo creo que, contando con que siempre puede haber un exceso retórico, hemos intentado reflexionar, razonar, plantear una posible identidad democrática donde quepamos todos. Este es el problema, que el nacionalismo vasco necesita siempre una pauta de exclusión.

-¿Y los demás nacionalismos?
-Hay una anécdota que contaba un escritor escocés, sobre Pujol, que no sé si es verdadera, pero define muy bien la diferencia entre un nacionalismo de integración y uno de exclusión. Parece que el presidente de Estonia le preguntó una vez a Pujol: ¿Cuántos catalanes hay en Cataluña? Y él contestó: aproximadamente, un cincuenta por ciento. Entonces el otro le dijo, ¿y el cincuenta por ciento restante, qué son? Y Pujol respondió: el otro cincuenta por ciento son catalanas. Bien, pues una afirmación semejante en labios de Arzalluz es impensable. La pauta de exclusión es elemento constitutivo del nacionalismo vasco desde Sabino Arana. Azurmendi, por ejemplo, ha encontrado en los tratadistas vascos del antiguo régimen un designio muy claro de limpieza étnica.

-¿Echa de menos un Pujol en el País Vasco?
-Al lado de Arzalluz, Pujol es una maravilla, jajaja. El nacionalismo catalán no tiene ese carácter acendradamente excluyente y persecutorio.

-Usted provoca cuando escribe que los vascos son unos cobardicas.
-Es un intento de situar a la gente frente a sus espejos reales. Quitar las imágenes autocomplacientes, meliorativas o tranquilizadoras: somos el mejor pueblo del mundo, el más antiguo, que por cierto no sé qué mérito es ése... Yo quería hacer ver que una sociedad que sucumbe al miedo, que no tiene resortes para enfrentarse a un nuevo tipo de fascismo, pues no es precisamente una sociedad valiente.

-¿Qué opina usted de la polémica sobre las nacionalidades históricas que abrió Jiménez de Parga?
-No hay que rasgarse las vestiduras porque afirme lo contrario que Ibarretxe o Artur Mas. No estoy de acuerdo, en cambio, en que los andaluces vengan directamente de las rodillas de Almanzor. La nación española viene del hirsuto Don Pelayo, no del perfumado Abderramán. Pero fuera de lo de las fuentes de colorines, estoy de acuerdo con sus declaraciones.

-¿Usted cree en el hecho diferencial vasco?
-Creo en el hecho diferencial vasco como en el riojano o en el madrileño. Es obvio que vivir en una determinada región con determinadas tradiciones influye en la idiosincrasia de una comunidad, pero no pienso que eso tenga que ver con lo que se entiende como construcción democrática de una nación. Es mucho más lo que nos une a los vascos con el resto de los españoles que lo que nos diferencia de ellos. Mikel Azurmendi suele usar un concepto freudiano, que es el del narcisismo de las pequeñas diferencias, que ciertos nacionalismos excluyentes, como el vasco o los balcánicos, han elevado a criterios absolutos de enfrentamiento social y étnico. Eso es intolerable. Por ejemplo, que los vascos, desde luego no todos, hablen y entiendan determinada lengua alejada del castellano, no me parece óbice para un entendimiento democrático en un conjunto nacional más amplio. Estamos ante modalidades de subjetividad infantil, no maduras.

-¿Usted alcanza a pensar si el español será alguna vez lengua extranjera en Euskadi? ¿Habrá que poner un Instituto Cervantes en Bilbao?
-No. Eso lo decimos algunas veces como chiste. La lengua nacional de los vascos es el español.

-¿Considera el español su lengua materna?
-Sí. El español de Bilbao, que es una ciudad castellanófona. En El País Vasco no se da un fenómeno como el de Barcelona, que tiene una población catalófona muy importante. Las principales ciudades vascas son castellanófonas, y es la lengua real de la totalidad de los vascos.

-Pero como filólogo le interesará la recuperación del euskera.
-He tenido en el euskera un interés muy grande, y he escrito en euskera. Pero trato de situarlo en sus justos términos, y no creo que pueda llegar a ser la lengua de todos los vascos, salvo por imposición. Aun el caso de la independencia, que le vendría muy mal al euskera. El euskera tiene ahora mismo una pujanza que no ha tenido nunca. Y, por cierto, las grandes figuras de la literatura euskérica del siglo pasado nunca fueron nacionalistas. Estoy pensando, por ejemplo, en Gabriel Aresti.

-En Cataluña sí hay un proyecto de unificación lingüística.
-Lo que sucede en Cataluña es que se trata de lenguas románicas bastante cercanas, cuyas dificultades de comprensión son menores que las que supone el euskera respecto del castellano. En todo caso, una politica impositiva del catalán no sería democrática.

-¿El mito español del euskera como lengua muerta ha desaparecido?
-El euskerea es una lengua con pocos hablantes, sin difusión internacional, y que ni siquiera es hablada por un porcentaje mayoritario de población vasca. Como vehículo cultural no ha servido demasiado. El mundo cultural al que da acceso el euskera es más reducido que el del catalán o el español. El purismo lingüístico es una perversión nacionalista.

-¿Usted comparte la idea del carácter imperialista del español?
-El español ha sido una lengua koinética, de relación, que garantiza la comunicación entre pueblos que hablan distintas lenguas. Así ha sido también en América, y no ha habido una práctica imperial destinada a imponer el español a las poblaciones. Los misioneros no enseñaban español a los indígenas, aprendían sus lenguas.

-¿Hay que defender el español también en España?
-Hay generaciones de españoles que utilizan el español como segunda lengua, en el caso catalán. Hay que insistir en el carácter de lengua de relación, que da cohesión a una comunidad política, a una identidad democrática.

-Me refería al mal uso del idioma.
-El Instituto Cervantes no es una instancia normativa, y además no tiene competencias en España. Eso es tarea de las academias.

-Hace poco salió el dato de que en USA hay 36 millones de hispanos. Si eso ocurriera respecto al francés, sería un potencial cultural tremendo.
-No existe una política semejante a la de la francofonía, una acción mancomunada similar. Se está avanzando bastante, con todo.

-¿Es un problema de estrategia o de dinero?
-De las dos cosas. Hay que ir a una acción concertada de apoyos con los gobiernos de los países de lengua española, pero sobre todo es un problema de recursos. Los que se destinan a la promoción española en el exterior son escasos. Hay que tener en cuenta que el español es una lengua fácil de aprender, con posibilidades de situarse en posición ventajosa como instrumento de comunicación internacional. Nosotros constatamos, paradójicamente, que en aquellos países en que el inglés es la lengua oficial, el español se abre paso como segundo idioma, en detrimento, sobre todo, del francés. Hay que dar la batalla por el reconocimiento del español como lengua priorizada en la construcción europea.

-¿Cómo lleva usted la cercanía, la complicidad con el PP?
-Yo he sido nombrado director del Cervantes por un Gobierno del PP, con el que tengo muchos puntos de acuerdo, aunque en otros el PP está más a la izquierda que yo, jajaja, qué le vamos a hacer. Sin bromas, hay un principio básico de lealtad al Gobierno, no sólo a esta institución.

-Pero el Gobierno le nombra a usted partiendo de un principio de aproximación previa.
-Esta ha sido para mí una experiencia interesante. Yo no he pedido jamás un cargo político a nadie. Me pareció en su momento una propuesta conmovedora, que demostraba una confianza emocionante por parte del presidente que me nombró. Cuando me propusieron dirigir la Biblioteca Nacional, llamé a Juan Pablo Fusi, que había ocupado el cargo, y le pedí su opinión. Me dijo que lo aceptara para demostrar que los vascos somos buenos administradores, que tenemos un cromosoma burocrático que se dispara.

-Los nacionalistas le considerarán un traidor.
-Ellos piensan que he venido a hacerme rico; gano menos dinero que cuando podía dedicarme a escribir best-sellers. En serio, mi complicidad con el PP la llevo muy bien, hay zonas de acuerdo amplísimas...

-Sobre todo en el conflicto vasco.
-No sólo, también en la gestión cultural y en la política. Yo creo que este Gobierno tiene unos niveles de honestidad muy superiores a lo que ha sido habitual en la España contemporánea.

-¿Eso tuvo que ver con su alejamiento del PSOE?
-Yo estuve en el PSOE sólo dos años. Desde luego, en la política vasca estoy más cerca del PP que del PSOE. Esta deriva hacia posiciones liberal-conservadoras pertenece a una trayectoria bastante larga. Mi amigo Fernando Savater dice que nosotros hemos tratado de ser revolucionarios sin odio, y nos vamos a conformar con ser conservadores sin vileza.

-¿Cómo ve la línea del PSOE en el País Vasco?
-Con preocupación. Creo que el objetivo no puede ser atraer al nacionalismo a posiciones moderadas, sino sacarlos del gobierno vasco.

-Esa estrategia fracasó.
-Un fracaso relativo. Emergió por primera vez un sector social que estaba detrás de una alternativa clara de alternancia.

-¿Qué cree que va a pasar con la deriva soberanista del PNV?
-Sinceramente, creo que nada. En el peor escenario posible, esa consulta, si hacen algo parecido, no sería legítima desde el punto de vista demográfico. No me imagino a un sector mayoritario de la sociedad vasca acudiendo a esa consulta. Creo que se trata sólo de ganar tiempo, de intentar recuperar una situación en la que su hegemonía política quede salvaguardada. Pero para ello necesita manifestar un pacto con el Partido Socialista, y eso elimina de forma básica la deriva soberanista. Con sus socios de EA, las ambigüedades no van a ser posibles. Los nacionalistas siempre ponen el huevo en una parte y el grito en otra. Todo esto me parece maquiavelismo de aldea, sin calcular las consecuencias de deslegitimación democrática que supone.

-Usted suele protestar contra la condición de exiliado.
-Es que no soy un exiliado. En todo caso, un desterrado. Tuve que salir por los problemas del terrorismo y las amenazas, pero no me considero un exiliado en ningún sitio de España, porque es mi país. Y Madrid me parece una ciudad más acogedora, menos extraña, más agradable que Bilbao.

-¿Cuál es la patria de un vasco?
-Para mí está muy claro: España. Luego está la patria chica, la «terra patria» de los romanos, que es el lugar donde uno ha nacido. Esas dos lealtades para mí no entran en contradicción.

-¿Y las patrias morales? O religiosas, porque usted, por ejemplo, se ha convertido al judaísmo.
-La cuestión del judaísmo se complica por el peso de la cultura judía, por la conciencia del legado de Sion, de Israel. Lo característico del judaísmo es el desasimiento de la tierra. Yo pienso en él como un sistema ético, de convicciones. Pero me gusta mantener esto dentro de la privacidad, de la búsqueda personal.

Increpan a los concejales radicales de Andoain en un pleno cargado de tensión
Un edil de la desaparecida Batasuna, José María Olazabal, se desmarcó de la abstención de su grupo y condenó el asesinato de ETA «sin paliativos»
J. GARCÍA/ANDOAIN El Correo 9 Febrero 2003

«No nos resignamos a vivir sojuzgados por los liberticidas». Así rezaba el comunicado aprobado ayer por los concejales del PSE-EE, PNV-EA y PP en un pleno municipal marcado por la crispación y los gritos incesantes contra los ediles de la suspendida Batasuna. El grupo radical -con el alcalde, José Antonio Barandiarán, a la cabeza- decidió abstenerse, pero uno de sus miembros, Jesús Mari Olazabal, se desmarcó y condenó, «a título personal», el asesinato de Joseba Pagazaurtundua «sin paliativos». Apenas pudo escucharse su voz en el salón de plenos debido a los abucheos. Al terminar su alocución se quitó las gafas y ni siquiera votó.

La tensión en el Ayuntamiento de Andoain fue extrema. Simpatizantes de Basta Ya increparon una y otra vez a los concejales radicales, que tuvieron que abandonar el edificio por la puerta de atrás con escolta de la Policía local. «¿Por qué no llamas a Joseba para que nos disuelva?», le llegaron a espetar al alcalde en el pleno. «Vamos a darles», «Que se vayan calientes», corearon los miembros de la plataforma. También invitaron a los antidisturbios de la Ertzaintza, desplegados en la calle, a no molestarse en socorrer a los ediles abertzales, porque -argumentaban- ellos no dudarían en matarles. Los agentes les hicieron un pasillo. Una persona, cuya filiación no trascendió, fue arrestada por desórdenes.

El pleno arrancó de forma tempestuosa. El grupo de Batasuna entró en último lugar mientras cerca de un centenar de personas prorrumpía a coro: «¡Asesinos!», «¡Fascistas!», «¡Chivatos!», «¡Sin pistolas no sois nada!». La gente, colérica, les arrojó pegatinas con la leyenda 'ETA No-ETA Ez' y les mostró carteles con idéntico eslogan y una paloma de la paz. En el público se encontraban el filósofo Fernando Savater, la profesora Gotzone Mora y el sindialista de CC OO Juan Luis Fabo. Junto a ellos, y en silencio, les acompañaban el portavoz del Gobierno vasco, Josu Jon Imaz, y el diputado general de Guipúzcoa, Román Sudupe, entre otros dirigentes y cargos públicos de los partidos vascos.

«Andoain, despierta»
El alcalde tuvo grandes dificultades para iniciar la sesión extraordinaria. Durante al menos diez minutos, y cada vez que tomaba la palabra, fue interrumpido con frases como «¡Alcalde, chivato, dimisión!». No faltaron las críticas al PNV, que fue instado a apoyar una moción de censura para apartar a Batasuna del gobierno municipal. Los eslóganes de «PNV, échalos», «Andoain, despierta», «Ibarretxe, hasta cuándo vamos a tener este alcalde fascista», rebotaban en las paredes del salón de plenos y en los soportales de la casa consistorial.

El comunicado de las fuerzas democráticas fue leído por el edil socialista, y ex alcalde del municipio, José Antonio Pérez Gabarain. Resaltó que el jefe de la Policía local fue abatido a tiros «porque nunca ha mirado hacia otro lado ante lo que está sucediendo en Euskadi y Andoain, y por defender los ideales de la libertad y la justicia». «No renunciamos a ser personas libres», proclamó Pérez Gabarain.

A los habitantes de Andoain les invitó a sacudirse el miedo, que definió como una «espesura del terror» alimentada por incesantes atentados y sabotajes. «Forman parte de un círculo infernal de odio y miedo a la libertad», dijo el concejal. Batasuna lamentó el atentado y formuló un llamamiento a la construcción nacional. Su comunicado apenas se escuchó, solapado por una catatara de reproches.

Al termino del pleno, simpatizantes de Basta Ya y socialistas se congregaron junto al Ayuntamiento, en grupos separados, a los que se sumaron el ministro del Interior, Ángel Acebes, y miembros de otros partidos. Tras leerse un comunicado, partieron hacia la cafetería donde Pagazaurtundua fue asesinado.

«Con el PNV, alcalde de Batasuna»
J.J. SALDAÑA ABC 9 Febrero 2003

Dirigentes de PSE, PP y de «Basta ya», increparon a los nacionalistas y llamaron asesinos a los concejales batasunos de Andoain, que salieron protegidos por la Policía autonómica. La localidad está gobernada por la coalición proetarra con el visto bueno del PNV

ANDOAIN (GUIPÚZCOA). En un Pleno lleno de tensión, el alcalde de Andoain, José Antonio Barandiarán, y los cuatro ediles de Batasuna tuvieron que ser protegidos por la Policía Municipal y abandonar la Sala de Plenos por la puerta de atrás, ante los gritos de «cobardes», «chivatos» y «asesinos» del público. A la condena del asesinato del jefe de la Policía Municipal de esta localidad por parte del PSE, del PP y del PNV-EA se sumó a título individual uno de los concejales de Batasuna, Jesús María Olazábal. Los asistentes al acto exigieron la dimisión del alcalde y denunciaron, primero en el Ayuntamiento y luego en la manifestación, la situación del municipio que gobierna Batasuna en minoría. «Con el PNV, alcalde de Batasuna», coreaban insistentemente, a la vez que reclamaban «moción de censura, ya».

Al iniciarse el Pleno, los concejales de Batasuna fueron recibidos con el lanzamiento de pegatinas con el lema «ETA, no» y gritos de repulsa por parte de los asistentes, que abarrotaban la sala, entre los que se encontraban numerosos políticos del PSE, como los dirigentes del PSOE o Rosa Díez, y del PP, como María San Gil, además de miembros de «Basta Ya», entre ellos Fernando Savater y Carlos Martínez Gorriarán, así como el diputado de Guipúzcoa Román Sodupe, y, en representación del Ejecutivo vasco, Josu Jon Imaz, que aguantó en silencio los reproches hacia PNV y EA.

Acebes y Caldera
Tras el Pleno extraordinario, en el que se vivieron momentos de tensión, tuvo lugar la concentración de repulsa, en la que se podían ver dos pancartas: por un lado, una con el lema «ETA, no», que portaban compañeros socialistas de Pagazaurtundua, y, por otro, otra en la que se podía leer «Por la libertad. ETA kampora», de los miembros de ¡Basta Ya! Al acto se sumó, en representación del Gobierno, el ministro de Interior, Ángel Acebes, así como el portavoz del grupo parlamentario socialista, Jesús Caldera. La concentración reunió a representantes de todas las fuerzas políticas, salvo de la extinguida Batasuna, a los que arroparon cientos de ciudadanos anónimos. Al término de la misma, el concejal socialista de Andoain, Estanislao Amuchastegui, se dirigió a los presentes calificando de «cobardes» y «cómplices» a los ediles de Batasuna, y denunciando la actitud de los que apoyan a ETA y de todos los que miran hacia otro lado.

Finalizada la concentración, se inició una breve manifestación hasta el lugar del atentado. El recorrido se realizó en un silencio que sólo fue roto por el grito de «libertad» y de «¡basta ya!». Cuando concluyó la misma, el portavoz del Gobierno vasco, Josu Jon Imaz, y el consejero de Justicia, Joseba Azkárraga, presentes en la misma, abandonaron el lugar siendo abucheados por los manifestantes, que les increparon con gritos de «cobardes». A pesar de que no se produjeron altercados, más allá de los enfrentamientos verbales, un amplio número de agentes antidisturbios de la Ertzaintza, con la cara tapada, se desplegaron para proteger a los miembros del Gobierno vasco del público mientras abandonaban el lugar.

En la declaración de condena aprobada por el Ayuntamiento con los votos de todas las formaciones políticas, salvo los de los ediles proetarras, el Ayuntamiento pide a los vecinos de Andoain que «pierdan el miedo» y que «hagan saber a los violentos que no nos vamos a dejar doblegar».

Esta firmeza contrastaba con el miedo y el derrotismo que se respiraba en Andoain inmediatamente después del atentado contra el Joseba Pagazaustundua, colaborador activo de la plataforma ¡Basta Ya! -en la diana de ETA- y militante del PSE, pero sobre todo un «referente en la lucha por la libertad».

Al igual que el periodista José Luis López de la Calle, vecino de esta localidad y que fue asesinado por ETA a cinco minutos del bar Daytona, donde ayer tuvo lugar el atentado, el sargento de la Policía Municipal también acababa de comprar la prensa antes de acudir al bar donde habitualmente desayunaba y ayer le esperaba un pistolero. Joseba Pagazaurtundua, hermano de la ex parlamentaria socialista Maite Pagazaurtundua y natural de Urnieta, llevaba varios meses de baja. En un pueblo «tomado por el miedo», según la concejala del PP en Andoain Vanesa Vélez, y en el que, desde que Batasuna gobierna en minoría, ha crecido de forma notable la presión de los terroristas y de los «chicos de la gasolina», como les definió Javier Arzalluz.

Los vecinos de Andoain -una población eminentemente industrial, de 14.138 habitantes- recibieron la noticia del atentado con incredulidad y silencio. Pagazaurtundua lleva años viviendo en esta localidad junto a su mujer, Estíbaliz, y sus dos hijos pequeños y ejerciendo de policía -antes había sido ertzaina- . En el pueblo, ninguno de los vecinos querían hacer comentarios acerca de la familia, quizás para que no se supiera su grado de afinidad. Sin negar conocerle, ya que «era jefe de la Policía», según los testimonios recogidos por ABC, casi nadie hizo referencia a su condición de luchador comprometido por la libertad como miembro de «Basta Ya». Algunos sí sabían que no disponía de escolta.

Ikurriña y «ETA, no»
En los bajos del Ayuntamiento, donde en un lateral ondea la ikurriña junto al cartel de «Euskal Presoak, Euskal Herrira» («Presos, a Euskal Herría»), al que, paradójicamente, le acompaña la pancarta con el lema «Bakea. ETA ez» («Paz. ETA no»), se encuentra la oficina de la Policía Municipal, lugar de trabajo de Pagazaurtundua. En total, dieciséis agentes locales que ayer rehusaron opinar de forma colectiva o anónima el asesinato de su compañero y, ante dicha solicitud, emplazaron a la decisión que, en próximos días, puede adoptar el Comité de Trabajadores. «Se hará en su momento», indicó uno de los portavoces policiales. Un compañero del jefe de la Policía Local, cuyos ojos no ocultaban el dolor por lo ocurrido, reconoció a ABC que Pagazaurtundua «era consciente de lo que le podía pasar en cualquier momento».

Enfrente del lugar del atentado, uno de los bares próximos al local donde un pistolero descerrajó tres tiros a Pagazaurtundua, una de sus empleadas comentó que «a nadie le gusta que pasen estas cosas, pero aquí cada uno va a lo suyo». Esta mujer, que no presenció lo ocurrido, supo cuando se encontraba en su casa que algo había pasado por el ruido del helicóptero de la Policía y de las sirenas, si bien indicó que pensó «que había ocurrido algún accidente de tráfico». Como si no se tratara del País Vasco, otra vecina, también pensó al oír el ruido de las ambulancias en que «alguien hubiera sufrido un ataque al corazón».

Basta Ya hace responsable al Gobierno vasco por su «desidia»
Exige al Ejecutivo de Ibarretxe que apoye la lucha judicial y política contra las organizaciones que apoyan a ETA El PSE-EE y UGT llaman a manifestarse hoy en Andoain
BILBAO EL CORREO 9 Febrero 2003

El colectivo Basta Ya, del que Joseba Pagazaurtundua era militante muy activo, emitió anoche un duro comunicado en el que responsabiliza de su muerte al Gobierno vasco por su «flagrante incompetencia y desidia» en la lucha en todos los frentes contra el terrorismo y sus cómplices. La plataforma ciudadana exige a Ibarretxe que «apoye decididamente la lucha judicial y política» contra Batasuna y «postergue toda reivindicación partidista que implique la puesta en cuestión del orden constitucional vigente» hasta que la violencia terrorista desaparezca.

Además, Basta Ya sugiere una serie acciones concretas como que la radiotelevisión pública vasca incorpore el lema 'ETA ez- ETA kampora' en sus programas, y medidas de apoyo a los candidatos socialistas y populares en las próximas elecciones municipales. «Exigimos el cese inmediato e inequívoco de cualquier clase de connivencia o 'apoyo moral' a los servicios auxiliares del terrorismo, es decir, Euskal Herritarrok o Batasuna», concluye el texto.

La plataforma cívica realizará hoy su propio acto de protesta por el atentado. Será una concentración frente al Palacio de Ajuria Enea, en Vitoria, a las doce. Allí, miembros del colectivo darán a conocer los detalles de otras protestas, como la manifestación que pretenden organizar el próximo miércoles a las siete de la tarde en Andoain bajo el lema 'ETA culpable, Gobierno vasco responsable'.

'Perded toda esperanza'
Ayer, el colectivo ya realizó una primera concentración en la plaza Moyúa de Bilbao, convocada de manera conjunta con el Foro Ermua, a la que asistieron alrededor de 200 ciudadanos. Los concentrados guardaron quince minutos de silencio tras una pancarta con el lema 'Perded toda esperanza. Asesinar no os servirá de nada'.

Por su parte, PSE-EE y UGT han convocado para este mediodía en Andoain una manifestación en repulsa por el asesinato. A la marcha se sumará el Gobierno autónomo, que realizó ayer un llamamiento expreso a la sociedad vasca para que participe en la convocatoria, así como Eudel y todos los partidos democráticos.

La manifestación partirá a las doce de la plaza del Ayuntamiento de Andoain y recorrerá las principales calles de la localidad. Entre los asistentes estarán el lehendakari Ibarretxe, José Luis Rodríguez Zapatero y Cándido Méndez.

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