AGLI

Recortes de Prensa     Miércoles 12 Febrero  2003
Zapatero, o los “ políticos de corazón de hielo”
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 12 Febrero 2003

Unidad de principios
Editorial ABC 12 Febrero 2003

Uriarte, ABC y la libertad
JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS ABC 12 Febrero 2003

Hielo en la sangre
Aleix Vidal-Quadras La Razón 12 Febrero 2003

Manos quietas
Román Cendoya La Razón 12 Febrero 2003

Gracias, Ardanza
TONIA ETXARRI/ El Correo 12 Febrero 2003

Pedro Zapatero
Editorial El Ideal Gallego 12 Febrero 2003

Contra el PP antes que contra el PNV
EDITORIAL Libertad Digital 12 Febrero 2003

El precio de la paz
KEPA AULESTIA / El Correo 12 Febrero 2003

Como si nada
FERNANDO SAVATER/ El Correo 12 Febrero 2003

El PSOE y el PNV, a cara de perro
José Cavero El Ideal Gallego 12 Febrero 2003

Pagazaurtundua
JOSÉ MARÍA CALLEJA La Voz 12 Febrero 2003

Zapatero dinamita la propuesta de Redondo Terreros de elaborar listas conjuntas con el PP

E. Mejuto/ D. Mazón - Vitoria/ Madrid.- La Razón 12 Febrero 2003

La Policía de Andoain se rebela contra el alcalde y se encierra para que condene el asesinato
Redacción - Andoain.- La Razón 12 Febrero 2003

Edurne Uriarte disecciona el resurgir del patriotismo tras años de «no España»
ALMUDENA MARTÍNEZ-FORNÉS ABC 12 Febrero 2003


 

Zapatero, o los “ políticos de corazón de hielo”
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 12 Febrero 2003

Apenas unas horas después de que el testimonio desgarrador de Maite Pagaza y Rosa Díez conmoviera hasta el tuétano a cualquier español que no tenga sangre de horchata, cuando aún estremece la maldición de la hermana del socialista asesinado contra los “políticos de corazón de hielo”, el secretario general del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, ha demostrado que la víscera helada, la falta de sentimientos y de escrúpulos, no son una exclusiva del nacionalismo vasco. Que en el socialismo llamado español, aunque no siempre lo sea y aunque vaya camino de no serlo nunca, hay dirigentes para los que ni los muertos, ni el terror, ni el acoso de los terroristas y sus cómplices a sus propios compañeros de partido son argumentos superiores a las miopes consideraciones electoreras, a los rácanos cálculos sectarios o, simplemente, a las imposiciones de los poderes fácticos que dominan la izquierda española, con Polanko a la cabeza.

El rechazo a la generosa y razonable propuesta de Mayor Oreja para que PP y PSOE vayan en listas conjuntas o mediante otras fórmulas flexibles que refuercen la presencia de los representantes de España y su Constitución en los ayuntamientos vascos prueban que cuando Zapatero sacrificó a Redondo Terreros en el ara del polanquismo y al dictado de González y Cebrián, lo hizo con plena conciencia de su fechoría, dispuesto a seguir manteniendo el discurso y los acuerdos formales contra el terrorismo, pero también a trabajar implacablemente en la estrategia de la vieja guardia del GAL: todo vale contra el PP, incluido el acuerdo con el PNV aunque no rompa con ETA.

Zapatero tiene menos votos que Aznar en el País Vasco. No puede, por tanto, argüir que el PP trata de pegarse a un socio más poderoso para arrimarse al poder. Por otra parte, la vida municipal en el País Vasco para los que no son nacionalistas es cualquier cosa menos un chollo. Y los disgustos, vale más compartirlos, como de hecho hacen las bases de PP y PSE. Y si los matan juntos, si los acosan juntos, si los persiguen juntos, si los aterrorizan juntos, ¿por qué no defenderse juntos?

Zapatero no ha sido capaz de responder a tan sencilla pregunta, que está implícita en el reciente artículo de Redondo Terreros en ABC. Y ello por una razón: le da vergüenza reconocer la verdad, no se atreve a decir que si no hay listas conjuntas de los dos partidos españoles en el País Vasco es sólo porque así no discutirán su frágil liderazgo González en el PSOE y Polanko y/o Cebrián en El País. Y es que no sólo en el PNV hay políticos de “corazón de hielo”. Ni politiquillos con sangre de horchata.

Unidad de principios
Editorial ABC 12 Febrero 2003

ENTRE el Partido Popular y el PSOE se ha producido una discrepancia en torno a la oferta de alianza electoral formulada ayer por Mayor Oreja, que ha ido, por parte socialista, más allá de lo que realmente significaba la propuesta del PP. Como cuestión de principio tiene razón Zapatero al defender la pluralidad política en la sociedad vasca, pero su desarrollo argumental falla porque ignora que el nacionalismo y el terrorismo han reducido el debate político vasco a la pervivencia de las bases del Estado de Derecho y de la democracia. Por eso, la pluralidad ideológica en el País Vasco no tiene los espacios normales de contradicción democrática y se ve abocada a unas disyuntivas primarias entre legalidad y ruptura, unidad y separatismo, libertad y sumisión. Lo que ha propuesto Mayor Oreja es la expresión de esta simplificación obligatoria de la vida política en el País Vasco en torno a valores primarios, que, por su propia esencialidad, acaban agrupando a los ciudadanos que los comparten por encima -muy por encima- de sus ideologías. Además, la iniciativa popular se diferencia en dos aspectos muy importantes de otras propuestas anteriores ya descartadas. Por un lado, es coherente porque deja fuera al nacionalismo gobernante, cuya coparticipación electoral con PP y PSE sería una opción imposible y, en las actuales circunstancias, indeseable, por lo que pudiera tener de inducción al engaño. Por otro lado, es pragmática porque está abierta a diversas fórmulas -coalición electoral, siglas nuevas o candidatos independientes- en función de las circunstancias de cada municipio, con un compromiso unilateral de apoyar siempre gobiernos locales constitucionalistas. Con estas directrices, la propuesta popular no merecía ser calificada como «oportunista» por la Ejecutiva de los socialistas vascos, pues responde al ánimo de muchos militantes del PSE -como ayer lo reflejó Redondo Terreros en estas páginas- y pone letra política a una comunidad de objetivos bien visible durante estos trágicos días.

No cabe negar que una oferta electoral conjunta de PP y PSE tiene graves obstáculos, tanto externos como internos. Y el primero de todos ellos es que la dirección del socialismo vasco sigue pensando, aunque ahora no lo expresa, que no hay gobierno posible en la comunidad vasca sin participación nacionalista. Pero por encima de este análisis táctico, ya desfasado, erróneo y pernicioso, ETA y el nacionalismo han impuesto una realidad que coarta por igual a socialistas y populares, que les marca los mismos objetivos vitales y políticos y que les emplaza a redefinir y fortalecer sus posiciones comunes, cualquiera que sea el formato que elijan.

Uriarte, ABC y la libertad
Por JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS ABC 12 Febrero 2003

«España, patriotismo y nación» (Espasa) constituye la consagración de Edurne Uriarte, catedrática de Ciencia Política de la Universidad del País Vasco, como una auténtica referencia en el mundo académico. La colaboradora de ABC, logra un texto coherente y documentado que enlaza con las teorías más adelantadas en torno a los conceptos nacionales, proyectándolos sobre la realidad española con brillantez y sobriedad.

Conozco a Edurne Uriarte desde hace muchos años. Y he tenido su colaboración -siempre valiente y entregada- cada vez que se la he requerido. La ha prestado contantemente y con una generosidad extraordinaria. Desde ABC contemplamos la presentación de su libro ayer en la Fundación Ortega y Gasset, conducida por un elenco de personajes de la política y el pensamiento de primera fila, como un reconocimiento expreso a su labor intelectual y cívica y nos enorgullecemos de tenerla entre nuestros colaboradores. En ella, igualmente, queremos homenajear a todos aquellos que con la palabra, las ideas y el valor democrático están dando un histórico ejemplo en el País Vasco. ABC, estará con ellos, al margen de ideologías, preferencias, tácticas o estrategias. Porque este es un periódico para la libertad. Esa por la que luchan Edurne Uriarte y tantos otros vascos sin más armas que la razón y la palabra.

Hielo en la sangre
Aleix Vidal-Quadras La Razón 12 Febrero 2003

Aunque todos sabemos que el ser humano es capaz de descender a los abismos morales más tenebrosos, en las ocasiones en que nos vemos obligados a asistir a exhibiciones de maldad que sobrepasan lo imaginable la impresión recibida nos sorprende como un ataque imprevisto. Cuando el pasado lunes el eurodiputado de Batasuna Koldo Gorostiaga pidió la palabra después de la condena por el presidente Cox del asesinato de Joseba Pagazaurtundua, los presentes en el hemiciclo esperábamos su típica intervención en penoso inglés para hacer propaganda de sus planteamientos independentistas. Sin embargo, al escuchar cómo se permitía lamentar la muerte de la última víctima de ETA, expresar sus condolencias a la familia y hacer una exhortación al diálogo para traer la paz al País Vasco, un manto de gélido horror cayó sobre el salón de plenos de Estrasburgo. El nivel de cinismo que requiere semejante actuación a las pocas horas de un crimen tan execrable cometido por la banda terrorista de la que el partido de Koldo Gorostiaga es el brazo institucional, sobrepasa cualquier límite de perversidad abyecta.

Ni una hiena hambrienta mostraría la crueldad que este perfecto ejemplar de nacionalista radical desplegó ante los ojos y los oídos estupefactos de los representantes de la ciudadanía europea que ocupaban los escaños en ese momento de oprobio. El poder soltar un discurso así mientras el cadáver aún caliente del heroico miembro de «¿Basta ya!» yacía en el hospital revela la naturaleza profunda del mal al que nos enfrentamos en España desde hace un cuarto de siglo. Pero siendo repulsivo el comportamiento de semejante escoria, aún lo es más el de los que autocalificándose de demócratas propiciaron con sus decisiones sectarias que Joseba se viera obligado a volver a Andoain contra su voluntad y posibilitaron con sus votos en el Ayuntamiento que quedara a merced de un alcalde cómplice de sus verdugos. La carga de ignominia que pesa ya sobre el PNV es muy alta, pero la trágica interrupción de la vida de Joseba Pagazaurtundua ha añadido a su pestilente masa un peso adicional que sólo conciencias tan encallacidadamente envilecidas como las de Xabier Arzallus, Juan José Ibarreche y Joseba Eguibar pueden soportar sin romperse de arrepentimiento y de vergüenza. No es extraño que los hombres de bien que militan en la centenaria formación, porque alguno les queda, se hayan dado de baja o se hayan apartado de su actual cúpula, y la aceptación de su presencia en el velatorio por parte de la familia Pagazaurtundua ha reconocido justamente este testimonio de sensibilidad ética.

ETA ha apretado el gatillo que ha acabado con la noble existencia de Joseba, pero los proyectiles que perforaron su cuerpo desprevenido e indefenso hace tiempo que se venían fabricando por los seres de sangre helada que pululan por los despachos y pasillos de la Sabin Etxea.

Manos quietas
Román Cendoya La Razón 12 Febrero 2003

Cada vez que el PNV y Eta se echan un órdago alguien es asesinado. El PNV se lanzó a la modificación-trampa con el acuerdo de Eta. Lanzada la propuesta, Eta dijo que la apoyaría dentro de un «acuerdo más amplio». Órdago, no quiero. El PNV anunció que podía haber otras fórmulas. ¿Qué o quiénes son las «otras fórmulas»? ¿Cómo pensaban volver al gobierno de Álava sin el riesgo de la trampa? Eta siempre asesina cada vez que detecta que el PNV puede prescindir de su imprescindible apoyo, a través de un posible acercamiento a fórmulas de gobierno ya conocidas. El asesinato es parte del vínculo entre Eta y el PNV. Arzallus ha amenazado a Zapatero y eso que éste sólo habló de ETA. Arzallus dice que es de largo recorrido. ¿De cuántos muertos más? El drama es que Joseba ha sido asesinado, que al alcalde lo mantiene el PNV y que las «otras fórmulas», que no son los políticos de corazón de hielo, ni las plañideras de las pancartas, lo volverán a intentar. Y ETA asesinará otra vez. Y las «otras fórmulas», como en Andoain, seguirán sin aplaudir a Rosa Díez cada vez que arremeta contra los nacionalistas. Manos quietas, no como las de Redondo o Múgica. Besos, Maite. Bravo, Rosa.

Gracias, Ardanza
TONIA ETXARRI/ El Correo 12 Febrero 2003

No hay nada peor en democracia, cuando se padece el terrorismo ideológico, que el sentimiento de orfandad política. Quizá por eso, Maite Pagazaurtundua, agradeció la presencia del lehendakari Ardanza, a quien había invitado expresamente, en la capilla ardiente de su hermano Joseba. Y se fundió con él en un emocionado abrazo porque ella, como tantos otros ciudadanos vascos (esos 200.000 acosados mientras otros dos millones miran hacia otro lado) se siente huérfana. Como todos los que se sienten desprotegidos por el actual Gobierno (cuya vicelehendakari clasifica a la oposición entre «ilegalizadores» e «ilegalizados», en vez de hablar de víctimas y cómplices de los victimarios).

Esa falta de sensibilidad democrática se ha visto en los desprecios de Arzalluz, que brindó un «apoyo moral» a Batasuna que no ha sido capaz de ofrecer a la familia de Pagazaurtundua. Y ese mismo desprecio, que le movió a decir después de una manifestación multitudinaria de Basta Ya que «nosotros (el PNV) somos más que esos» y que Anasagasti dijera que este colectivo estaba financiado por los fondos reservados, ha provocado esta vez que Arzalluz haya comparado a Basta Ya con «la otra cara de la moneda» de ETA. Ese es el político de «corazón de hielo» que denunciaba Maite. ¡Cómo se puede decir, con el cuerpo caliente del último asesinado, que el PNV juega 'a largo' plazo! Cuánta frialdad.

Ibarretxe tendrá que pararse y pensar. Después de este último atentado, no es que la familia (que no está manipulada por nadie que no sea la propia Maite ¿o es que la hermana del asesinado también está manipulada?), no quiera contar con sus condolencias. Hay más. Ciudadanos que tuvieron responsabilidades de gobierno y parlamento, como el nacionalista Javier Guevara o el socialista Jáuregui, fueron a la verja de Ajuria Enea para protestar por su pasividad. En tiempos de Ardanza se gobernaba con otro estilo. Después del asesinato de Ermua, él promovió un texto en el que se decía que nunca se podría compartir acuerdos institucionales con quienes no condenen la violencia. Este texto, retocado, sirvió de base para desalojar de la alcaldía a HB en Mondragón y en pocos ayuntamientos más.

Ahora volvemos a lo mismo. Pero el actual lehendakari no adopta la misma actitud. A este gobierno, que rompió la unidad democrática contra la violencia y rompió el consenso del estatuto, le preocupan otras cosas. En Andoain no habrá moción de censura contra el alcalde de Batasuna porque el PNV lo ha impedido. Estamos tan fracturados desde el 98 que muchos ciudadanos ni se imaginaban que terminarían por añorar a Ardanza. Así está el ambiente. Por tener clara la prioridad de la libertad sobre los proyectos políticos, por haber escrito que el conflicto no es entre Euskadi y España sino entre nosotros mismos, por algunas cosas más y por ese abrazo a Maite, gracias Ardanza.

Pedro Zapatero
Editorial El Ideal Gallego 12 Febrero 2003

De la misma manera que Pedro -príncipe de los apóstoles, primer Papa de los cristianos- negó por tres veces a Jesús de Nazaret, José Luis Rodríguez Zapatero acaba de rechazar por tercera vez una oferta del PP para acudir a las elecciones municipales en el País Vasco confeccionando listas conjuntas. Agosto de 2001 y enero del año pasado. Redondo Terreros podría escribir un libro contando por qué fue defenestrado por la ventana de la política. Mientras, Batasuna gobierna en minoría en diecisiete municipios de Euskadi (dos en Álava, tres en Vizcaya y doce en Guipúzcoa), entre ellos, Andoain, donde uno de sus vecinos, Joseba Pagazaurtundua, ya no podrá elegir porque lo han matado. La complicidad del PNV en esta constante violación de los derechos básicos pulveriza cualquier otro argumento de los nacionalistas. Cada vez es más borrosa la línea que separa a los que se dicen demócratas de los asesinos. Por eso, porque la situación es excepcional, las negaciones de Zapatero -y los argumentos con que pretende sostenerlas- son una puñalada trapera a la esperanza. El líder socialista demuestra que muerde en política todavía con dientes de leche. Su partido tiene el suficiente poso como para que alguien le haga ver que hay cuestiones que trascienden de la pauta que marca el afán electoral, y sin duda la anemia de libertad que ETA provoca en el País Vasco es una de ellas. Debería tener presente Zapatero la lección de los Evangelios. Que no olvide que tras la tercera negación cantó el gallo y Pedro, al mirar a los ojos al Nazareno, lloró amargamente su error.

Contra el PP antes que contra el PNV
EDITORIAL Libertad Digital 12 Febrero 2003

Si algo distingue a un partido responsable de una bandería que no repara en medios para conseguir sus fines –sean cuales sean– es el respeto a las reglas del juego político consensuadas con el resto de los partidos y refrendadas por los ciudadanos. O en otras palabras, lo que distingue a un régimen democrático de una despiadada lucha por el poder entre facciones –que suele conducir a enfrentamientos civiles– es el firme compromiso de la sociedad política de marginar a quienes antepongan sus objetivos al mínimo denominador común de la vida en democracia: la defensa de la vida y la libertad de todos los ciudadanos, al margen de cuáles sean sus convicciones políticas.

En el País Vasco hoy no se dan las condiciones mínimas para el desarrollo del juego político democrático porque los constitucionalistas no se encuentran en igualdad de condiciones con los nacionalistas. Esto es así desde el momento en que defender las libertades recogidas en la Constitución –ese mínimo denominador común de la convivencia pacífica– implica la marginación y la coacción política por parte del nacionalismo gobernante, y el riesgo de ser asesinado por quienes –con la connivencia del nacionalismo “moderado”– se jactan de su irrespeto de la legalidad vigente y no se molestan siquiera en disimular que su objetivo es el exilio o la eliminación física del adversario.

Del mismo modo que antes de decidir el rumbo de un barco, antes es preciso taponar las vías de agua que amenazan con su hundimiento; nada más lógico y natural que quienes luchan por defender las condiciones mínimas que hacen posible la vida en democracia en el País Vasco dejen en un segundo plano sus siglas, sus intereses y sus objetivos políticos para aunar esfuerzos en la tarea –necesariamente común– de mantener a flote la nave de las libertades.

El PP vasco, liderado por Jaime Mayor Oreja, ha vuelto a ofrecer al PSE la presentación de listas conjuntas, más allá de las siglas, para las elecciones municipales. Un primer paso para recuperar –si es que alguna vez la hubo– la normalidad política en el País Vasco, que sólo podrá conseguirse cuando los nacionalistas pasen a la oposición. Plenamente conscientes de ello, destacados socialistas vascos como Nicolás Redondo Terreros –el martes en ABC–, Carlos Totorika y Rosa Díez –quien el lunes, con una elocuencia y claridad desusadas, responsabilizó al PNV de los asesinatos de ETA–, se han mostrado –como lo hicieron en otras ocasiones– favorables o abiertos a un acuerdo en este sentido.

Sin embargo, Rodríguez Zapatero y Patxi López –los liquidadores de Redondo Terreros, al dictado de González, Cebrián y Polanco–, han rechazado una vez más el responsable y generoso ofrecimiento de Mayor Oreja que, indudable y lógicamente, apoya la mayoría de las bases de ambos partidos, pues son quienes comparten a diario la marginación e indiferencia del PNV y las amenazas y los asesinatos de ETA-Batasuna. Prisionero de González, para quien todo vale en contra del PP con tal de reeditar los rancios atavismos antiespañoles de la izquierda –conservados en formol desde la guerra civil– que le llevaron al poder hace veinte años y que tanto han favorecido al nacionalismo y a todos aquellos que, neciamente, esperan su medro personal o político de la desmembración oficial u oficiosa de España –la cual llevaría aparejada la pérdida efectiva de las libertades en los fragmentos que de ella resultaran–, Zapatero ha vuelto a dar muestras de su irresponsabilidad y de su escasa talla política al rechazar la única vía segura para llevar a la oposición a los nacionalistas, pues le preocupa más la reacción de González y Polanco que las amenazas y los asesinatos que sufren los militantes del PSE.

Decir, como Zapatero, que la presentación de listas conjuntas con el PP sería “un triunfo de los violentos”, ya que no hay que dejar que “la estrategia del terror mate la libertad y la pluraridad” es estar fuera de la realidad o, aun peor, encubrirla con eufemismos pues, efectivamente, la estrategia del terror ya ha matado en gran medida “la libertad y la pluralidad” en el País Vasco, como muy bien saben los militantes y concejales del PP y del PSE.

Pero afirmar, como hace Patxi López que “el Partido Popular pretende con esta iniciativa correr un velo sobre sus propios problemas políticos” y alimentar “una dinámica frentista que los socialistas jamás vamos a secundar” es un acto de puro cinismo y cobardía. En primer lugar, porque los problemas que pueda tener el PP en el País Vasco son en esencia exactamente los mismos que tiene el PSE. Y en segundo lugar, porque fueron precisamente los socialistas quienes inventaron el “frentismo” político en la izquierda; aunque, eso sí, al servicio de la ruptura revolucionaria de la legalidad institucional que acabó provocando la guerra civil. De momento, salvo honradísimas excepciones, no se les ha ocurrido aplicar su invención a la defensa de la vida, de la libertad y de la democracia.

El precio de la paz
KEPA AULESTIA / El Correo 12 Febrero 2003

La confrontación política en torno al terrorismo ha dado lugar en Euskadi a un vocabulario propio en el que las palabras no encierran un mismo significado para todos los que las emplean. Durante los meses de Lizarra fue habitual la discusión sobre el precio de la paz. Hubo quien defendió con naturalidad la idea de que, inevitablemente, la paz requeriría un precio. Pero por lo general la mera mención al precio de la paz suponía que quien así se expresaba estaba abiertamente en contra de semejante supuesto. Atrás habían quedado los tiempos en los que se debatía sobre la negociación política directa con ETA. Descartada ésta, surgió la idea de atajar el camino restando argumentos a la izquierda abertzale o, visto de otro modo, concibiendo el futuro del país como la transposición política del universo simbólico común al nacionalismo.

El aserto de que cuanto más dueña sea Euskal Herria de sí misma más se emancipará de la dictadura del terror ha llegado a tranquilizar las conciencias del nacionalismo democrático. Frente a él se eleva la fundamentada convicción de que toda salida basada en la satisfacción de las aspiraciones exclusivas del nacionalismo, lejos de propiciar que la sociedad vasca se vea libre del cautiverio del terror, terminará lastrada por éste. Pero el fragor del debate sobre lo que ha de ser no debería hacernos olvidar lo fundamental, lo que es: que la sociedad vasca ya está pagando un precio por la paz o, por ser más preciso, lo está pagando a causa de la violencia.

El precio mayor lo han pagado más de mil personas que nunca quisieron dar su vida sino, simplemente, vivirla. Lo están pagando sus deudos, que no pueden evitar el dolor que les produce cada nuevo asesinato. A diario abonan ese precio los ciudadanos perseguidos por lo que son o representan. Pero tras ellos, y aunque a mucha distancia, sigue buena parte de la sociedad vasca, por no decir que toda ella. Puesto que cuando se paga hay quienes se dedican a cobrar. No sólo aquellos que han convertido la violencia en su ideología y en un recurso de poder. También quienes pretenden obtener de la muerte ajena un valor para especular en el bullicioso corro de los beneficios políticos.

Las semanas anteriores al asesinato de Joseba Pagazaurtundua permitieron -dada la aparente ausencia de ETA- soñar con la posibilidad de que el terrorismo se hallara en franco retroceso. Como si se tratase nuevamente de ese mecanismo de compensación de la presión que demanda la caldera vasca, la carencia de atentados había puesto más en evidencia la imposible coexistencia de proyectos políticos que apuntan en direcciones divergentes. Así, el sueño de un pronto final de la violencia despertaba a la certeza, cada día más arraigada, de que tras el terror no vendrá una era de normalidad y concordia, sino de división y fractura. Hubo un tiempo en el que cada atentado unía, aunque a un precio excesivo y terriblemente injusto. Se posponían las diferencias durante días, e incluso parecían soportables. Pero, especialmente desde la ruptura de la tregua, todo eso terminó. Ahora cada atentado es motivo de división, y su rotunda irrupción en la escena política no llega a postergar lo más mezquino de ésta ni siquiera para las exequias.

Éste es el 'precio de la paz', que es una manera de expresarse. Nunca, desde que se restableció la democracia, se mostró esta sociedad tan dividida. Nunca los silencios resultaron más espesos e incómodos. Nunca la libertad de conciencia y opción se había sentido más constreñida. Porque junto al miedo impuesto por el terror se ha extendido ese otro miedo a confrontar pareceres con quienes nos rodean: temor a incomodar y a sentirnos interpelados. Es probable que se trate del vértigo que surge al borde del abismo. Pero resulta especialmente preocupante la naturalidad con la que estamos asumiendo la herencia que nos han dejado nuestros particulares 'años de plomo'.

El asesinato de Joseba Pagazaurtundua ha dado lugar a un sinnúmero de actos de condena y homenaje, sin que ninguno en particular ni todos juntos puedan ser calificados de multitudinarios. La posición adoptada por los ediles de Batasuna de Andoain ha sido repudiada «por falta de coraje cívico», y pocos se han planteado la hipótesis de que, simplemente, esos concejales estuviesen de acuerdo con la 'ejecución' de su jefe de Policía. La moción de censura propuesta por socialistas y populares para desalojar a Barandiaran de la Alcaldía ha recibido una negativa coral por parte de dirigentes nacionalistas, muchos de los cuales operan a kilómetros de distancia del río Oria. Especialmente elocuentes y prolijas han sido las razones dadas para explicar tal negativa, en un claro intento de ocultar la incoherencia por acumulación de argumentos insostenibles cada uno de ellos en solitario. Pero lo más significativo del caso es que el nacionalismo no ha dudado ni un instante; ni se ha oído la más tímida voz de discrepancia o mera preocupación entre sus dirigentes. Incluso mi buen amigo Josu Jon Imaz ha llegado a objetar que el anterior intento por desbancar a HB de determinadas alcaldías tuvo como efecto el fortalecimiento de la izquierda abertzale, olvidándose de que esto último fue precisamente -en 1998 y 1999- consecuencia de la tregua y de Lizarra.

Esta misma tarde Basta Ya se concentrará delante de Ajuria-Enea con un lema en el que entre el 'ETA asesina' y el 'PNV responsable' no habrá más que un punto de separación. Ni siquiera una frase explicativa. El lehendakari, de viaje, se volverá a sentir insultado; con lo que concluirá que la razón está de su parte. De su parte no sólo ante esos que según él le insultan, sino ante todo aquel que ose dirigir alguna crítica de fondo a su Plan. De igual forma que a las veinticuatro horas nos habíamos olvidado del asesino, antes de que termine la semana el recuerdo de Pagazaurtundua habrá desaparecido de los medios de comunicación, y no volverá a importunar a una sociedad impaciente por regresar a la normalidad de la anormalidad. En siete días habremos pagado un precio exorbitante a cambio de cualquier cosa menos la paz sin que nadie haya mostrado especial queja por la cuantía de la factura. Y el abismo resultante de la insensibilidad y la obstinación política volverá a suscitar tanto vértigo y temor que nadie se atreverá a sugerir otra cosa que la habitual en estos casos: que hablen las urnas. Y vuelta a empezar. No es cierto que estemos cumpliendo con los designios de división y enfrentamiento a que supuestamente nos empujaría ETA. Esa sería una imputación excesivamente generosa e ingenua. Estamos cumpliendo con los designios de quienes nos gobiernan. En definitiva, con nuestros propios designios: mejor pagar el precio que sea -siempre en nombre de la paz- que enfrentarse a la inercia de la insensatez.

Como si nada
FERNANDO SAVATER/ El Correo 12 Febrero 2003

Este lunes, en Polloe, asistí a la cremación de mi compañero Joseba Pagazaurtundua. En esos momentos en que ninguna palabra basta ni consuela, las de los clásicos parecen quizá algo menos insuficientes. Por ejemplo, Shakespeare: «El cobarde muere cien veces, el valiente solo una». Los que detestamos la muerte haremos bien en intentar ser valientes, para no menudearla. Ésta fue la opción de Joseba. A pesar de que padeció villanías traicioneras de quienes debían haberle protegido y cayó finalmente por obra de un sicario descerebrado, su vida no estuvo llena de pequeñas muertes timoratas. Sólo murió una vez, con coraje: lo demás fue vida limpia y no diarrea perpetua como es habitual por estos lares.

Y luego ¿qué? Para la familia, el verdadero dolor empieza ahora porque la ausencia sólo se constata de veras cuando se reanuda la cotidianidad. Pero para el resto de los ciudadanos ¿cae ya el telón de la tragedia? ¿Todos a vivir como si no hubiera pasado nada? A las víctimas se les ha dejado desfogarse un par de días; han tenido su pésame, ¿qué mas quieren? El tripartito gobernante lo siente mucho y se acabó. Volvamos ya a la rutina, a la impugnación de la Ley de Partidos, a criticar el endurecimiento de penas a los terroristas, al plan Ibarretxe y a la descalificación habitual de los constitucionalistas. Para Arzalluz, Basta Ya es el reverso de ETA, otro fanatismo letal. De modo que el asesinato de Joseba, que pertenecía a Basta Ya, viene a ser algo así como el ajuste de cuentas entre bandas rivales... La canallada del especialista no se ha hecho esperar: justo cuarenta y ocho horas.

Pero esta vez las cosas no van a ser tan sencillas. Algunos estamos dispuestos a que no se vuelva a una supuesta 'normalidad' que sólo lo es para quienes están de acuerdo (o fingen estarlo) con el nacionalismo establecido. No queremos más pésames de las autoridades, sino un cambio de rumbo, de tal modo que en Euskadi deje de dar miedo estar contra ETA y empiece a dar miedo estar a favor de ETA. Para eso, el Gobierno vasco debe asumir su parte de responsabilidad, con gestos significativos. Y también debe asumirla la militancia nacionalista, que podría pedir por ejemplo el cese de Arzalluz por sus repugnantes declaraciones con el mismo ahínco con que ha solicitado el de Jiménez de Parga. Si esto no ocurre, habrá que denunciar la complicidad pasiva con la violencia de quienes tanto lloriquean de cuando en cuando por ella para luego favorecer a quienes la practican y vilipendiar a los que la sufren. Y esa denuncia tiene que ser pública, incesante y ubicua. Seguro de que se nos acusará de 'desestabilizadores'... ¡como si lo que hay en el País Vasco fuese ni de cerca ni de lejos algo parecido a la estabilidad democrática!

Procuraremos estar con nuestra protesta en todas partes y pensamos estropearle la buena digestión a los que ya están deseando mirar para otro lado. Para hacerse el despistado todos los pretextos son buenos: ahora no se debe protestar porque estamos en fiestas patronales (y sólo pueden verse las pancartas de los presos), ahora no toca protestar porque estamos de festival, o de concurso de quesos, o hay partido de la Real (que no quiso guardar un minuto de silencio en el campo por Joseba: un gol en propia meta), o llueve, o hace sol o... lo que sea. Pues bien, nosotros insistiremos a pesar de tantas cosas urgentes y divertidas que impiden acordarse de los asesinados y repudiar a los asesinos. Y si con ello molestamos a la gente que ante todo quiere tranquilidad, lo sentimos mucho. Aquí ya no va a haber tranquilidad para nadie hasta que no la haya de veras para todos. Y a los sinvergüenzas de siempre que nos acusan de hacer electoralismo, les diremos que a mucha honra: mejor es hacer electoralismo por la alternativa constitucional como nosotros, que aprovecharse electoralmente de que no todos tienen la misma libertad política o de que los votantes adversos se han visto forzados a emigrar como hacen los nacionalistas para seguir ganando.

Ante Pavelic, el lider croata de la Ustacha fascista que llevó a cabo la limpieza étnica de serbios durante la Segunda Guerra Mundial, definía su tarea así: «Un tercio muertos, un tercio expulsados y un tercio convertidos». En el País Vasco tenemos a bastantes admiradores de Pavelic que quieren aplicar la misma receta. Pero algunos estamos dispuestos a luchar con todas las armas legales a nuestro alcance contra los que matan, no pensamos irnos y desde luego no vamos a convertirnos a la mermelada ideológica del nacionalismo. De modo que los Pavelic de turno lo van a tener pero que muy crudo.

Cuando terminó la cremación de Joseba, me rondaba la cabeza un verso: «Serán ceniza, pero tendrán sentido». Las cenizas de Joseba tienen sentido de libertad, de coraje, de pluralismo y de ciudadanía frente a aberrantes imposiciones étnicas. Y nosotros, sus amigos y compañeros, seremos los guardianes de ese sentido: lo prometemos.

El PSOE y el PNV, a cara de perro
José Cavero El Ideal Gallego 12 Febrero 2003

El asesinato del jefe de Policía de Andoain, Joseba Pagazaurtundua, ha tenido la virtud de replantear con la mayor virulencia la esquizofrenia de los nacionalistas vascos. Saben como nadie, los dirigentes del PNV, que ETA y Batasuna son idénticos perros con distintos collares, con papeles diferentes en la misma comedia y en la representación escénica que toca. Pero, fieles al “mantenella y no enmendalla”, los nacionalistas vascos se niegan a retirar el apoyo que concede la alcaldía y concejalías a los batasunos que, a la hora del crimen, no condenan los asesinatos etarras.

Así acaba de suceder en Andoain, donde un alto cargo municipal ha sido asesinado, y donde sólo un concejal de Batasuna tuvo agallas para condenar el crimen. Los restantes callaron y asintieron, empezando por el alcalde, también batasuno. Y cuando se ha reclamado al PNV que dedique la tarea de gobernar a terminar con ETA, y que apoye una moción de censura que desbancaría a Batasuna de una alcaldía que calla ante el crimen de uno de sus más destacados funcionarios públicos, Arzalluz tiene la desfachatez de recriminar a Zapatero, advirtiéndole de que alguna vez se arrepentirá de lo que ha dicho y ha hecho.

De manera que el tono de la discrepancia se ha elevado sin remedio, y la combativa y valiente Rosa Díez ha participado con el combate calificando a Arzalluz de colaborador de Batasuna y de ETA, y responsable político de los crímenes etarras. No suele Rosa Díez morderse la lengua, y esta vez tampoco lo hizo al proclamar: “Arzalluz es un cobarde. Él no cogerá una pistola, pero si alguien la coge, que sepan que él es el responsable del asesinato”. Nada menos...

Desde luego, no pasará a la historia Arzalluz como el hombre sabio, prudente y coherente que pacificó Euskadi y puso a cada cual en su lugar. A su retirada, que ojalá se produzca pronto, será preciso hacer un balance tétrico de sus contradicciones y de los daños que causó a los demócratas vascos por sus pactos indefendibles con los batasunos y proetarras, coincidentes con él mismo en la búsqueda de autogobierno, soberanismo o independencia euskalduna “caiga quien caiga”. Y habrán caído mil. Sobre ese millar de muertos tendrá una indudable responsabilidad, por su indolencia, insensibilidad ante los crímenes, pasividad ante los criminales, cuando no compromisos y acuerdos con los etarras y sus socios sin pistola, pero siempre mudos a la hora de condenar asesinatos vergonzosos.

Pagazaurtundua
JOSÉ MARÍA CALLEJA La Voz 12 Febrero 2003

POLÍTICOS de corazón de hielo, pocas veces el nacionalismo vasco ha recibido semejante catálogo de andanadas en tan poco tiempo. Las palabras de Maite Pagazaurtundua, hermana de Joseba, el último asesinado por ETA, quitándose de encima a los habituados a saldar con unas palmadas en la espalda su mala conciencia, se suman al gesto de la familia de impedir el acceso al tanatorio de aquellos políticos que abrieron la espita del abismo con el pacto de Lizarra, y rematan la insurrección civil puesta en pie el sábado en el Ayuntamiento de Andoain. Tengo la sensación de que, después de Ermua -ese pueblo vasco poblado de leoneses y gallegos-, no vivíamos en el País Vasco tamaño despliegue de indignación, coraje cívico y enfrentamiento con el nacionalismo gobernante.

Me contaba Maite en pleno dolor que su hermano Joseba le había enseñado a cantar la Internacional en euskera. Algo que muy poquitas personas saben hacer en el País Vasco. Ese espíritu capaz de sintetizar el euskera y el español, lo local del pueblo y lo internacional de una ideología solidaria, la valentía para aguantar el tirón del día a día en el País Vasco y la necesidad de disfrutar con la familia, cenar con los amigos y hacer risas en medio del horror, define a los Pagaza; genéticamente predestinados a ponerse en el lugar más incómodo, ése cuyo mérito sólo se reconoce con el paso del tiempo. El ejercicio de dignidad con el que Maite Pagazaurtundua ha hecho frente al asesinato de su hermano, el discurso certero, lleno de inteligencia y de emoción, que ha sido capaz de enhebrar en medio de la sangre de su hermano, la claridad de ideas respecto de quiénes son sus amigos de siempre y quiénes los oportunistas de la foto, marca un antes y un después en la historia de la muerte con la que ETA ha embadurnado la vida de este país. A pesar del dolor, Maite no ha cedido y ha hecho las cosas como le hubiera gustado hacerlas a su hermano. ¡Qué horror! ¡Qué macabro resulta qué muchas veces hablemos entre nosotros -las gentes del ¡Basta ya!- sobre cómo queremos que se hagan las cosas en el caso de que alguno de nosotros caiga! Joseba lo había hecho. Esa bandera pirata que aparecía el lunes en lo que él quiso que fuera una fiesta de despedida, habla de esa veta festiva y anárquica imprescindible para sobrevivir en el manglar de odios en el que el nacionalismo ha convertido al País Vasco. El discurso de Maite Pagazaurtundua es un pedazo de coherencia y un modelo. Muchas víctimas se han sentido reconfortadas con sus palabras y muchos buitres han salido escaldados. Queda por saber ahora cuál será la respuesta a las demoledoras críticas lanzadas contra los responsables del departamento de Interior del Gobierno vasco. ¿Por qué ordenaron a Joseba que saliera de la Rioja Alavesa, donde no le conocía nadie, y le devolvieron a la cueva del lobo de Andoain, gran densidad de chivatos por metro cuadrado? Hay más preguntas que con el tiempo iremos formulando.

Por otra parte, tal y como habíamos anunciado, el PNV y EA se han fumado un puro y no han movido un dedo por desplazar de la alcaldía de Andoain al etarra en comisión de servicios municipales que lo gobierna gracias a su apoyo. Es la tercera vez que PNV y EA rechazan la propuesta socialista para desbancar a los filoetarras y la forma en que lo han hecho expresa una mezcla de prepotencia, desprecio a la víctima y, sobre todo, responde a una táctica muy profundamente arraigada en el nacionalismo.

El tono y el contenido de las declaraciones realizadas por diferentes dirigentes del PNV y EA traducen hasta qué punto ambos están anclados en una estrategia en la que fuera de ETA no ven salvación. No van a acercarse al PSOE -no digamos ya al PP-, ni siquiera en los momentos más dolorosos para estos partidos, y están dispuestos a mantener sus vínculos con el mundo violento incluso cuando éste ofrece su cara más feroz. Saben, además de otras cosas, que ahí tienen un caladero de votos en el que pueden echar las redes y no parece importales que esté lleno de chapapote... de sangriento chapapote.

Zapatero dinamita la propuesta de Redondo Terreros de elaborar listas conjuntas con el PP
Los propios «barones» del PSE tumban la idea e imponen las tesis del sector de Patxi López
El PSOE rechazó ayer las propuestas de Nicolás Redondo Terreros y del Partido Popular para elaborar listas conjuntas de cara a las próximas elecciones municipales. El presidente del Grupo Popular Vasco, Jaime Mayor Oreja, presentó ayer en Bilbao un iniciativa dirigida al PSOE para que ambos partidos concurran juntos de cara a los próximos comicios de mayo, con el fin de derrotar al PNV. La propuesta fue rechazada casi de inmediato por el secretario general del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, que aseguró que «debemos respetar que cada cual comparezca con sus listas».
E. Mejuto/ D. Mazón - Vitoria/ Madrid.- La Razón 12 Febrero 2003

Diferentes líderes socialistas rechazaron ayer la iniciativa planteada por el ex secretario general de los socialistas vascos, Nicolás Redondo Terreros, que planteaba el martes en las páginas del diario ABC la elaboración de listas conjuntas entre PP y PSOE de cara a los próximos comicios municipales de mayo. El secretario general del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, afirmaba ayer que «debemos respetar que cada cual comparezca con sus listas. Ya habrá tiempo de hacer gobiernos que sean gobiernos decididamente para la defensa de la libertad y del fin del terror». Asimismo, precisó que la alternativa al nacionalismo en el País Vasco pasa por estar encabezada por el PSOE. En una línea más crítica se postuló el líder de los socialistas alaveses, Javier Rojo, que arremetió contra el modo que había tenido Redondo de publicar su propuesta.

En declaraciones a LA RAZÓN, Rojo señaló que la situación en el País Vasco «es lo suficientemente importante para no expresarlo en los medios», y abogó por usar otros foros «como el Pacto por las Libertades».En esta línea se manifestó Manuel Huertas, líder de los socialistas guipuzcoanos, que aseguró que «PP y PSOE tenemos que defender lo que es el Estado de Derecho, pero a la hora de elaborar listas, cada partido presenta sus programas, y las diferencias políticas municipales son iguales en el País Vasco que en cualquier punto de España».

Propuesta del PP
En la misma dirección que Redondo Terreros, el presidente del Grupo Popular en el Parlamento vasco, Jaime Mayor Oreja, realizaba ayer una propuesta a los partidos y foros sociales que defienden la Constitución para afrontar de una manera distinta las próximas elecciones municipales y forales de forma que el valor de la libertad «esté por encima de las siglas y las opciones partidistas». Tal y como explicó el líder popular en una rueda de prensa en Bilbao en la que también estuvieron el presidente del PP vasco, Carlos Iturgaiz, y Antonio Basagoiti, Alfonso Alonso y María San Gil, su partido lleva a cabo este llamamiento con el objetivo de «lograr el mayor número de ayuntamientos presididos por alcaldes que defiendan la libertad».

La Policía de Andoain se rebela contra el alcalde y se encierra para que condene el asesinato
El hermano y compañero de Pagazaurtundua apoyó el gesto, pero no acudió por su estado anímico
Los efectivos de la Policía de Andoain se encerraron en el Consistorio de la localidad para exigir al alcalde de la localidad, el proetarra José Antonio Barandiaran, que rectifique su actitud y que condene el último atentado de la banda terrorista ETA en el que fue asesinado su compañero y superior, Joseba Pagazaurtundua. Los agentes exigieron al regidor, en el mismo lugar en el que él se negó a condenar el asesinato, que, si mantiene su actitud, dimita «como jefe directo de la plantilla». El encierro, en el que participa casi toda la plantilla, durará hasta la madrugada de hoy.
Redacción - Andoain.- La Razón 12 Febrero 2003

Los agentes de la Policía municipal de la localidad guipuzcoana de Andoain están secundando un paro de 24 horas para reclamar al alcalde que rectifique y condene el asesinato el sábado del jefe de la guardia local, Joseba Pagazaurtundua, o que de lo contrario, dimita.

Antes de comenzar su encierro en el salón de plenos del Ayuntamiento de la localidad a las seis de la mañana de ayer, un portavoz de los agentes procedió a leer un comunicado de tres puntos en el que muestran su indignación por la actitud mantenida por el alcalde, José Antonio Barandiaran, «al no condenar el asesinato de un integrante de su plantilla» por lo que han exigido «su rectificación inmediata o en su defecto, su dimisión como jefe directo de la plantilla».

Los agentes condenaron «enérgicamente y sin paliativos el asesinato de nuestro compañero y jefe» y mostraron su solidaridad con la familia de Pagazaurtundua, y especialmente con su hermano Iñaki, integrante también de la plantilla de la Policía local de Andoain.

La práctica totalidad de la plantilla tiene previsto mantener el encierro hasta las seis de la madrugada de hoy y ha elegido, según precisó un policía municipal, el salón de plenos para llevar a cabo su protesta como un «lugar simbólico» porque fue allí donde el alcalde, José Antonio Barandiaran, «se negó a condenar el atentado».

Por su parte, Iñaki Pagazaurtundua, hermano del militante socialista y jefe de la Guardia Urbana asesinado por ETA el pasado sábado, acudió ayer al Consistorio de la localidad sobre las once de la mañana acompañado por su cuñado, para trasladar personalmente y en privado su agradecimiento a los componentes de la plantilla de la Guardia Urbana de la localidad, de los que se despidió entre abrazos, por el encierro que estan llevando a cabo.
Además, explicaron que, de los tres que no participan, uno es el hermano del fallecido, Iñaki Pagazaurtundua, debido a la situación anímica en la que se encuentra tras el asesinato. Por último, dijeron que, pese al «golpe recibido, la Policía local continuará llevando a cabo su labor, intentando dar el mejor servicio posible a todos los ciudadanos del pueblo de Andoain».

Los policías de Andoain ya habían exigido previamente al regidor proetarra de la localidad que condene el atentado o dimita. Se da la circunstancia de que el propio asesinado había denunciado en numerosas ocasiones que el Consistorio le «ataba las manos». El teléfono de la policía local de esta localidad tenía puesta ayer, tanto en euskera como en español, una grabación que informaba de que «la policía local de Andoain se encuentra en asamblea permanente hasta las seis del miércoles día 12», para facilitar posteriormente el teléfono de la comisaría de la Ertzaintza de Hernani.

Edurne Uriarte disecciona el resurgir del patriotismo tras años de «no España»
ALMUDENA MARTÍNEZ-FORNÉS ABC 12 Febrero 2003

MADRID. «La idea de España se está transformando. O quizá habría que decir que comienza a existir alguna idea de lo que es España tras años de desaparición». Así empieza el último libro de la catedrática de Ciencia Política de la Universidad del País Vasco, Edurne Uriarte, «España, Patrotismo y Nación» (Editorial Espasa), que fue presentado ayer en la Fundación Ortega y Gasset de Madrid. Un libro que surge, según su autora, «de la percepción de que hasta muy recientemente hablar de patriotismo o de nación española no era posible en España y, menos aún, en el País Vasco, y también de mi propia experiencia de lo que significa la No-España».

Sin embargo, tras 25 años de negación de España, en los que esta palabra se asociaba con el franquismo y con tiempos pasados, el concepto ha renacido, pero asociado a un elemento nuevo de libertad. El cambio ha venido precisamente desde el País Vasco, «desde la tragedia vasca», donde «la reivindicación de la identidad española, o el simple recordatorio del carácter español del País Vasco, lleva a ser objetivo de ETA y a ser asesinado por ETA». Para la profesora Uriarte, es una idea de nación que «aparece tras largos años de crímenes y persecución del terrorismo etarra, que mata contra España».

Tal y como recordó Jaime Mayor Oreja, presidente del Grupo Popular en el Parlamento vasco, durante la presentación del libro, el régimen nacionalista vasco nace sobre una mentira histórica basada en el odio a España y «en esas circunstancias se aprende a apreciar la libertad, una libertad que va asociada a la idea de España. Allí es donde uno comprende que la falta de España produce, al final, una terrible falta de libertad».

La profesora Uriarte analiza, en su libro, el llamado «complejo» de la Transición, que durante años ha convertido en «políticamente incorrecto» hablar de España y que todavía provoca polémicas ante homenajes a la bandera. La catedrática reflexiona sobre el «insaciable nacionalismo étnico» imperante en el País Vasco y defiende «un patriotismo constitucional, capaz de generar sentimientos de lealtad y cohesión».

En la presentación del libro intervinieron, además de Mayor Oreja, el presidente de la Fundación Ortega y Gasset, Antonio Garrigues-Walker;,los historiadores Juan Pablo Fusi y José Varela Ortega, y el director de Espasa, Luis Suñé.

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