AGLI

Recortes de Prensa     Miércoles 19 Febrero  2003
¿Un nacionalismo democrático
Gabriel Albendea La Razón 19 Febrero 2003

Política trampa
Editorial ABC 19 Febrero 2003

Idiotas perdidos
TONIA ETXARRI/ EL Correo 19 Febrero 2003

Garantizar la libertad
Editorial El Correo 19 Febrero 2003

Un vecino evita un atentado al advertir cómo dos etarras colocaban una bomba
BILBAO. M. ALONSO ABC 19 Febrero 2003

La Policía detiene a trece terroristas de la cantera de ETA en el País Vasco y Navarra
Agencias Libertad Digital  19 Febrero 2003

Los profesores no nacionalistas de la UPV dicen que revelar sus nombres es facilitar objetivos a ETA
Agencias Libertad Digital  19 Febrero 2003

«Pido a ETA que no venda chatarra mental»
R. L. V. - Madrid.- La Razón  19 Febrero 2003

Memento
MIKEL BUESA El Correo 19 Febrero 2003

Sobre Basta Ya
Cartas al Director ABC 19 Febrero 2003

El baúl de los recuerdos
Aleix Vidal-Quadras La Razón 19 Febrero 2003

¿Un nacionalismo democrático?
Gabriel Albendea La Razón 19 Febrero 2003

No hay peor cosa que negarse a ver la realidad para aplazar sine die la solución de un problema. Porque esa ceguera constituye parte del problema y también causa la lenidad del Estado de Derecho a la hora de perseguir conductas que rozan la ilegalidad o caen de bruces en ella, so pretexto de que la libertad de expresión política lo aguanta todo (hay sentencias judiciales en tal sentido), ya que aquélla debe protegerse antes que nada bajo el paraguas de la democracia.

También esa ceguera aprovecha la miopía política de los ciudadanos que no advierten la demagogia, que contamina ya más como categoría que como anécdota el discurso político. A nuestro propósito se concreta en el uso abusivo de la palabra «democrático» para referirse a actitudes y conductas que no lo son, amparándose en que el sujeto al que se atribuyen goza intrínsecamente o por su larga historia del ser o el talante democráticos, con lo cual ya sobran para el que así opina explicaciones o justificaciones de otra índole que no sea esa abstracción. Al parecer la antigüedad de un partido da, no se sabe por qué, un plus de legitimidad democrática, incluso, como ocurre en el caso del nacionalismo vasco cuando la propia circunstancia histórica de su fundación impedía hablar de democracia propiamente. De acuerdo con lo dicho, ¿hacen falta muchas pruebas de que el PNV y EA, en contra de la opinión políticamente correcta, no se muestran precisamente como partidos democráticos? Voy a dar algunos de las razones, entre las muchas que podrían aducirse, para demostrar mi aserción:

1.- Un partido que se opone con la terquedad con la que lo ha hecho el PNV a la ilegalización de Batasuna, un partido no demócrata, no puede llamarse un partido democrático. Los subterfugios con que intentan camuflar las verdaderas razones de tan tenaz oposición sólo pueden valer para una crédula clientela, la de Batasuna, o para los corifeos nacionalistas que surgen por el resto de España. Las libertades que dicen defender, como argumento, no pueden existir para los grupos proterroristas que pretenden aniquilar la vida y la libertad de los demás. Son cosas tan obvias que a uno le cuesta trabajo creer que un partido que se dice democrático no les entienda, si no es por una clara inclinación antidemocrática que se lo impida o porque, como alguien ha dicho sin tapujos, su fervor nacionalista esté muy por encima de su conciencia democrática.

2.- Un partido que se empeña en identificar, o al menos comparar a un partido democrático estatal con una organización terrorista no puede ser un partido democrático. Desde que el PNV decidió pactar con ETA la avalancha de declaraciones en tal sentido es incontable. A ello se añade la utilización del conocido mecanismo exculpatorio freudiano de proyección: acuso al otro de lo que temo ser acusado. Así Arzallus que no se mira al espejo, habla de «la fiereza de Aznar», tranquilamente. Cualquier observador imparcial ve que el multiplicado rostro de Arzallus en los medios, desde que rompió con su estrategia de alianza con los constitucionalistas destila odio a lo español. Este odio es el que le lleva a equiparar al PP con ETA.

Coleccionar los improperios que el líder del PNV ha dirigido a Aznar, al PP, al Estado español o a los españoles en general darían para un libro tan sustancioso como alguno de Sabino Arana, su mentor. Basten algunos ejemplos: «El PNV nunca se ha mezclado con la violencia de ETA ni con la del Estado español». Pensábamos que para un demócrata el Estado tenía el monopolio legítimo de la violencia pero Arzallus debe tener otra teoría: la represión legal del Estado equivale al crimen terrorista. También hace advertencias veladas al estilo Batasuna: «la ilegalización de este partido prolongará el sufrimiento de muchos» (olvida decir «de los mismos»). Quien defiende a los terroristas de Batasuna y lleva veinte años dirigiendo la política nacionalista acusa al Gobierno español de tener «una política autocrática y retrógrada y una democracia de baja calidad». Otra metáfora muy propia de un dic- tador endiosado: «El PNV está como Cristo entre dos ladrones».

Ese mecanismo freudiano de proyección exculpatoria a que aludí antes alcanza su apoteosis en un artículo del consejero vasco de justicia, Joseba Azcárraga. Es un ejemplo eminente del grado en que pueden deformar la realidad las peligrosas anteojeras nacionalistas. «La ley de partidos amenaza a cualquier idea o aspiración nacionalista por muy demócratas que sean». No es verdad. Pero el problema es si cabe en España un nacionalismo democrático que no admite una Constitución democráticamente votada y que quiere eliminarla sin el consenso democratico de quienes la votaron.

Según Azcárraga, el PP siempre «dócilmente secundado por el PSOE», presenta la situación del País Vasco como «un conflicto cuya solución son los decretos totalitarios, la criminalización de todo lo vasco y la amenaza de utilizar otras viís que nos llevan a las más oscuras noches del régimen franquista». Ya es hora de decir que no es demócrata quien se permite identificar al partido elegido por una mayoría de los españoles para gobernar con el régimen franquista. Luego viene la retahíla de insultos al presidente del Gobierno a la que los nacionalistas se han acostumbrado con total impunidad: «Aznar emplea su discurso de intolerancia e involución, su lenguaje es totalitario, excluyente y bélico. Sus carencias personales, su falta de ima- ginación trata de compensarlos con un carisma inexistente. Este discurso debería ocupar un puesto de honor en la antología del disparate político.

3.- Un partido racista no es un partido democrático.Y las muestras de racismo del PNV desde su fundador hasta el actual presidente son incontables. No hay que olvidar, además, que el racismo está castigado en el Código Penal vigente. Pero estamos tan acostumbrados a ello que ese delito se comete con total impunidad. Las declaraciones de Arzallus sobre el Rh negativo de los vascos se han repetido varias veces, otras ponderando la inteligencia y laboriosidad de los vascos respecto a la de los españoles también. Hace poco el PNV consideraba un insulto que Batasuna le llamara «español». Alzar la bandera española en una plaza madrileña les parece una provocación a nacionalistas catalanes y vascos.

4.- Un partido que aprovechándose del juego democrático que le ha dado el poder pretende saltarse, por medio de un plebiscito ilegal, las reglas de la democracia no es un partido democrático.Y esto es lo que pretende el PNV. El proyecto de Ibarreche se sitúa inmediatamente fuera de la legalidad constitucional, ya que es claramente un proyecto de secesión de parte del territorio nacional, por lo que sólo en un país como el nuestro, dentro de Occidente, ocurre que los poderes públicos centrales permanezcan impasibles ante semejante propuesta defectiva y delirante. El PNV y sus socios han advertido que los hechos consumados les dan buen rendimiento y actúan en consecuencia. ¿Es posible que Ibarreche, Arzallus y compañía no adviertan que pretenden jugar a un juego para el que no han silo elegidos: aprovechar la legalidad para conculcarla? Lo saben perfectamente, pero les da lo mismo.

Sería bueno que leyeran la sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos en la que recuerda que un partido puede auspiciar el cambio de legalidad bajo dos condiciones: que los medios utilizados sean legales y democráticos; y, segundo, que el cambio propuesto sea compatible con las reglas democráticas, que no pretendan destruir o anular las libertades. En España, como en los países de su entorno, esas reglas democráticas están en la Constitución, la cual señala los métodos democráticos para su reforma.

Los nacionalistas llamados moderados se han quitado la careta y se han transformado en radicales, las apariencias no engañan. A todos se nos hiela la sangre cuando vemos los apretones de manos de Arzallus a los presuntos terroristas batasunos, esas sonrisas cómplices entre Egibar y Otegi, como diciendo: «nos repartimos los papeles, pero en el fondo nos entendemos bien porque vamos al mismo sitio».

Política trampa
Editorial ABC 19 Febrero 2003

LAS últimas manifestaciones de lo que se supone que es la actividad política en el País Vasco están demostrando la falta absoluta de un proyecto serio para el gobierno de una sociedad definida por la pluralidad ideológica y traumatizada por la violencia terrorista de ETA. Si la iniciativa política corresponde a quienes reciben el mandato democrático de gobernar, parece evidente que el nacionalismo vasco ha sustituido la responsabilidad de atender con buen criterio el interés general por una sucesión de trampas y ocurrencias que le permiten sobrevivir a su propio fracaso. El reproche que merece esta forma de entender la dirección de una sociedad y de sus instituciones no es suficiente si se queda en lo meramente político, porque debe tener -y tiene- un carácter fundamentalmente moral, en la medida en que desprecia lo evidente: que el interés mayoritario de los ciudadanos vascos es la erradicación del terrorismo y la deslegitimación activa de las tramas políticas de ETA. El nacionalismo vasco aspiraba a ser un forjador de naciones libremente asociadas y se ha quedado reducido a un consumado artesano de trapacerías. Aprueba los presupuestos por fascículos en contra de la legalidad constitucional y ordinaria o aprovechando ausencias que acrecen momentáneamente su exigua mayoría. Pretende cambiar las reglas del juego electoral en Álava para descabezar Vitoria y premiar con una representación inflada a las circunscripciones más afines. Y, como método constante, teje discursos benéficos sobre el diálogo y la paz que luego no traslada, en sus propios términos, a un Ayuntamiento donde consiente la inmoralidad de un gobierno proetarra que no condena el asesinato de Joseba Pagazaurtundua, ni a las leyes que persiguen la derrota incondicional de ETA.

De aquel nacionalismo que, con mayor sinceridad y lealtad en unos -los que se han ido o tienen un pie fuera del PNV- que en otros -los que siguen y les han echado-, pactó el Estatuto que dio al País Vasco la primera unidad política de su historia y formó parte de un consenso contra ETA en el pacto de Ajuria Enea; de ese nacionalismo -del que quedan los que tienen la conciencia tranquila para asistir al funeral de Pagazaurtundua- se ha pasado a otro que ha embutido el futuro del País Vasco en el camino inviable del soberanismo autodeterminista, disfrazado de libre asociación, y de la desnudez de sus coincidencias de fondo -muy intensas y muy de fondo- con ETA y sus entramados políticos.

Idiotas perdidos
TONIA ETXARRI/ EL Correo 19 Febrero 2003

Lo dijo el lehendakari. Tras emplazar a mantener el respeto a las instituciones (¿quién las está despreciando?), a respetar las decisiones adoptadas en el pasado (es decir: el Estatuto, ¿no?), en el presente (no se ha llegado todavía a un consenso tan amplio como el del Pacto de Ajuria Enea) y en el futuro (de momento sólo se avista confrontación), Ibarretxe invita a seguir el ejemplo de sus antecesores en el gobierno. «Si no somos idiotas perdidos», dice. Y tiene razón. Pero de nuevo se abre una gran brecha entre lo que dice y lo que hace. De momento su Ejecutivo y la dirección de su partido no están siguiendo, precisamente, los pasos de los gobiernos de Ardanza: más plurales y de mayor consenso. Así es que, según su propia reflexión, él no está siendo muy avispado. Es lo que suele ocurrir cuando no tiene intención alguna de poner el freno al 'espíritu de Lizarra' (el frente nacionalista por encima de cualquier prioridad).

A las víctimas del terrorismo, cualquier discurso institucional sobre la «recuperación de la concordia» les suena a vacío, recurrente y, sobre todo, poco real. Es como decir (Ibarretxe suele utilizar a menudo este 'latiguillo') que ETA no tiene sitio en nuestra sociedad. No debería tenerlo, desde luego, pero , resulta evidente que, más que sitio, tiene un trono; el de la intimidación y el del acoso. ETA mató a Joseba Pagazaurtundua, y en su pueblo, Andoain, sigue gobernando el alcalde de Batasuna cuyo partido, por cierto, es minoritario, pero maneja el timón municipal porque así lo permiten el PNV y EA. El lehendakari tendrá que reaccionar, con gestos, si quiere que toda la ciudadanía le crea. Con la misma autoridad con la que se movió para lograr la coalición electoral entre el PNV y EA debería demostrar que quiere liderar la lucha contra ETA.

Los socialistas vascos, aunque pierden energías en criticar al PP, no se fían del PNV. Todavía no han oído a los dirigentes nacionalistas decir que quieren derrotar a ETA. Por eso agradecen que el juez Baltasar Garzón haya dicho que los que guardan un silencio culpable están destruyendo Euskadi. Y les reconforta que el filósofo francés Henri Levy se haya percatado de que las víctimas están solas en su lucha contra el terrorismo porque el Gobierno no les apoya.

Resulta inquietante este manto de acusaciones, procedentes del nacionalismo gobernante y sus funcionarios ilustrados, contra el colectivo Basta Ya. Es lógico que al PNV y a EA les preocupe el ascenso de esta plataforma, pero no deberían temer al germen de una rebelión democrática contra ETA que ellos deberían haber liderado hace tiempo. Qué indignidad, y qué miedo, que se presten a comparar a Basta Ya con los terroristas que un buen día quisieron socializar el miedo. Si Ibarretxe no se desmarca de Arzalluz y del jelkide Juaristi no logrará que las víctimas le crean. Ese podría ser un gesto «por encima de los intereses partidarios», como él mismo suele predicar.

Garantizar la libertad
Editorial El Correo 19 Febrero 2003

El artefacto explosivo con el que ETA quiso ayer llevar la muerte a la localidad vizcaína de Murueta ha demostrado que la banda asesina continuaba en activo en territorio vizcaíno. Independientemente de la identidad de las personas cuya vida pretendía segar ETA, el intento de atentado indica que ninguno de los sectores sociales sobre los que el terrorismo tiene puesto su punto de mira está a salvo de tan bárbaro acecho. Junto a los frutos que ha dado la colaboración internacional contra ETA y la eficacia demostrada en su actuación por la Ertzaintza, la Guardia Civil y la Policía, es indudable que han sido las medidas de protección de personas las que han contribuido a desbaratar los planes de ETA en los últimos años. En los periodos de aparente inactividad de ésta, tanto la sociedad como las instituciones tienden a bajar en exceso la guardia. Por eso, tras el asesinato de Joseba Pagazaurtundua, el atentado frustrado de Murueta obliga a una especial llamada de atención a cuantas instituciones y responsables tienen como cometido no sólo perseguir a ETA sino impedir que logre sus objetivos.

Ello es particularmente importante en estos momentos, en los que sin duda ETA tratará de hacer patente su poder fáctico, a sabiendas de la profunda fractura que separa a las formaciones democráticas y a los gobiernos que presiden Aznar e Ibarretxe. Perturbar todo proceso electoral es una de las obseiones del terrorismo. Por eso mismo, la instituciones de la democracia han de redoblar en estos momentos sus esfuerzos para garantizar la seguridad de todos y la libertad de opción política ante las urnas.

Un vecino evita un atentado al advertir cómo dos etarras colocaban una bomba
BILBAO. M. ALONSO ABC 19 Febrero 2003

La Unidad de Explosivos de la Ertzaintza desactivó ayer un artefacto, compuesto por 7 kilos de titadine, colocado en un camino vecinal de la localidad vizcaína de Murueta.

Un testigo observó cómo de un vehículo, en el que viajaban dos individuos, se bajó uno de ellos para colocar el explosivo. A continuación abandonaron la zona. El lugar elegido es un camino vecinal situado en las proximidades de la carretera BI-2235, a la altura de Murueta, entre Guernica y Bermeo. Los siete kilos de dinamita estaban reforzados con tornillería para que actuara como metralla. El artefacto estaba preparado para ser accionado a distancia con un radiomando, que fue abandonado en el lugar -lo que podría indicar que los terroristas huyeron al percatarse de algo-, y orientado para que la onda expansiva se dirigiera hacia el camino, al paso de un posible objetivo. El camino en cuestión da acceso a varios caseríos, en los que viven varios ertzainas, así como algún empresario y político. Sin embargo, los investigadores, sin descartar otras hipótesis, creen que los terroristas planeaban atentar contra una patrulla de la Ertzaintza.

Por otra parte, la Policía autónoma detuvo ayer en San Sebastián y en Ondárroa a nueve individuos, tres de ellos menores de edad, acusados de cometer numerosos actos de «kale borroka» en Guipúzcoa durante los últimos años, incluidos ataques a viviendas y vehículos particulares, entidades bancarias y autobuses urbanos. Siete de los arrestados tienen antecedentes por los mismos delitos y uno de ellos logró darse a la fuga en una actuación policial llevada a cabo el pasado mes de septiembre.

Tras la operación, el Departamento del Interior anunció su intención de contrastar «la campaña de falsas acusaciones de malos tratos y torturas» contra la Ertzaintza con un reconocimiento médico previo a la incomunicación de los detenidos. También se comprometió a «ponerse en contacto con los familiares de los arrestados», con el objetivo de comunicarles el «estado y situación de los mismos». La Ertzaintza va a solicitar además al juez que acuerde una mayor frecuencia en los exámenes de los forenses del Instituto de Medicina Legal «a fin de que se cuente con revisiones médicas periódicas que certifiquen el estado de los detenidos en diversos momentos de su detención». El Gobierno vasco explicó que «ante la presencia de menores entre los detenidos, se ha puesto en marcha un protocolo de actuación para asegurar el respeto a los derechos del menor con aplicación rigurosa de las previsiones específicas contenidas en la ley».

Esta actitud fue calificada de «extravagante» por el PP, que instó a Balza a querellarse contra las acusaciones de torturas, en vez de justificarse.

La Policía detiene a trece terroristas de la "cantera de ETA" en el País Vasco y Navarra
Agencias Libertad Digital  19 Febrero 2003

Agentes de la Policía Nacional han detenido durante esta madrugada a al menos trece personas en Vizcaya y Guipúzcoa por colaboración con ETA, según informaron fuentes policiales. Parte de los detenidos han sido trasladados a Madrid. La operación, dirigida por el juez Garzón y que continúa abierta, se ha desarrollado gracias a la documentación incautada el 19 de diciembre en Bayona. Los detenidos son miembros de la "cantera de ETA" y ya habían concertado citas con la cúpula de la banda criminal para integrarse en su estructura.

La operación policial, que se encuentra abierta desde la pasada medianoche, se ha desarrollado en Vizcaya, Guipúzcoa, Álava y Navarra. Cuatro han sido detenidas en Guipúzcoa, otras tantas en Navarra, tres en Vizcaya y otras dos en Álava. En Vizcaya, las detenciones se produjeron en las localidades de Baracaldo y Zalla y en el barrio bilbaíno de Deusto. Los detenidos en Navarra han sido identificadas como Unai Redin Sánchez, Tomás Insausti Echarri, Mikel Pardo Segovia y Ainara Calvo Mugueta, según ha informado la delegación del Gobierno.

Al parecer, se trata de personas seleccionadas por la banda terrorista como futuros miembros. Algunos de los arrestados ya habían concertado una primera cita con ETA para pasar a integrar la banda. La policía tuvo acceso a esta información gracias a una serie de códigos encontrados en el ordenador del jefe de comandos de ETA, Ibon Fernández Iradi "Susper". Algunas fuentes señalan que el número de detenidos podría aumentar. El dispositivo sigue abierto y no se descarta nuevos registros. Durante la operación se han efectuado varios registros de inmuebles y los agentes del Cuerpo Nacional de Policía se han incautado de diversa documentación.

"Susper" fue detenido por la Policía francesa el 19 de diciembre del año pasado junto a otras nueve personas en cinco localidades galas. Entre los papeles incautados entonces por la Gendarmería a los arrestados había nombres de objetivos de ETA y documentos de la propia banda terrorista. Ibón Fernández Iradi, "Susper", que huyó dos días después de la comisaría de Bayona y que, desde entonces, se encuentra en paradero desconocido. Además, la Policía gala localizó un coche-bomba preparado para atentar de forma inminente y 160 kilos de explosivos y armas.

Los profesores no nacionalistas de la UPV dicen que revelar sus nombres es facilitar objetivos a ETA
Agencias Libertad Digital  19 Febrero 2003

La profesora de la UPV, Gotzone Mora, ha expresado el "malestar" de la plataforma “Profesores para la Libertad” con las declaraciones de Manuel Montero en las que criticaba que el comunicado que habían emitido estos profesores, "no incluyera ni una sola firma que lo avalara y que los docentes se mantuvieran en el absoluto anonimato". Es, sencillamente, facilitar listas de objetivos a ETA.

Ante dichas afirmaciones, los promotores de Profesores por la Libertad, a través de su portavoz Gotzone Mora, han querido precisar que hacer públicos dichos apoyos supondría un acto de irresponsabilidad porque sería facilitar un listado de potenciales objetivos y lamentan que el rector "castigue y critique" a los profesores de esta plataforma en lugar de sumarse a ellos.

En este sentido, la portavoz Gotzone Mora reiteró, en declaraciones a Europa Press, "la necesidad de mantener de momento el nombre de los docentes en el anonimato". Una cuestión, que, puntualizó, "no hace más que poner de manifiesto la situación de falta de libertad, miedo y una anormalidad académica que se vive en la UPV".

La citada plataforma de Profesores considera que "hacer públicos dichos apoyos constituiría en la actualidad una absoluta irresponsabilidad ya que podía suponer el facilitar a la banda terrorista ETA un listado de 253 potenciales objetivos". Por ello, Gotzone Mora asegura que "resultan incomprensibles las declaraciones del rector respecto a este punto y más cuando el mismo, como lo recuerda continuamente, es una persona amenazada y conoce las posibles consecuencias de publicitar un listado de nombres".

La portavoz de Profesores para la Libertad añade que, "de cualquier forma le comunicamos el incremento continuo de adhesiones, no sólo de la UPV, sino del resto de las universidades españolas, el cual se dará a conocer en el momento oportuno".

Finalmente, explica que los profesores "lamentan profundamente que, cuando en tres días se han recogido 253 firmas entre el profesorado de la UPV y a día de hoy, prácticamente se han duplicado, demostrando, por parte de los firmantes un valor encomiable por el riesgo personal que ello implica, la máxima autoridad académica de la institución universitaria del País Vasco, castigue y critique a los promotores de Profesores por la Libertad en lugar de solidarizarse y sumarse a dicha plataforma".

«Pido a ETA que no venda chatarra mental»
R. L. V. - Madrid.- La Razón  19 Febrero 2003

Matías Antolín, escritor y periodista de la Cadena Cope, y el etarra «arrepentido» Juan Manuel Soares Gamboa presentaron ayer en Madrid el último volumen de la trilogía que Antolín ha escrito sobre ETA y su mundo: «El olor del miedo». Un libro, según su propio autor, que trata de «romper el mito romántico que quieren atribuirse los terroristas de ETA para dejarlos desnudos, en pañales, como simples asesinos sin ideología» ofreciendo, para ello, algunos conocimientos de como funciona el submundo de la banda. Las escapadas de los terroristas a Francia, la vida de los «comandos» en el país vecino o las relaciones con el PNV y Batasuna son algunos de los asuntos que trata el ejemplar.

Durante la presentación del libro, Soares Gamboa, que cumple condena por varios asesinatos en la prisión de Logroño pero que pudo acudir al acto con un permiso de la institución carcelaria, afirmó que de su «triste» militancia en ETA sólo ha sacado un conclusión: que los terroristas «sólo son capaces de matar, porque no aspiran a ninguna victoria. Para ellos, lo más importante es entrar en combate por entrar en combate, porque no tienen expectativas de nada».

Para sostener esta lucha, el etarra «arrepentido» aseguró que la banda «vende chatarra mental», lanzando términos como conflicto, patria invadida...; que, según aseguró, «causan estragos» en la juventud vasca, que se ve negativamente influida y, en cierto modo, empujada a «luchar» en favor del autodenominado Movimiento de Liberación Nacional Vasco (MLNV). «Si Otegui o Pakito [Francisco Múgica Garmendia, ex jefe etarra] me escuchan, les diría que no vendan chatarra mental, porque no beneficia a nadie», añadió.

Según Soares Gamboa, el fin de ETA «no será ni político ni militar, sino que será como el de una llama parpadeante que, al final, se apaga», porque se está quedando sin sustento físico ni ideológico.

Matías Antolín, por su parte, valoró positivamente el arrepentimiento de este ex miembro de ETA y afirmó que la política antiterrorista «debe ser generosa con los que muestran arrepentimiento, pues podría ser la punta de lanza para otros que sigan estos pasos». Una opinión que respaldó la hija de una víctima que asistió al acto y que se cartea con Soares Gamboa.

Memento
MIKEL BUESA /CATEDRÁTICO DE LA UNIVERSIDAD COMPLUTENSE El Correo 19 Febrero 2003

Asistimos, en los últimos meses, a un rosario de homenajes a las víctimas del terrorismo en los que se deja testimonio de su memoria, en los que se evocan los paisajes de su tragedia. Son ya tantas, que podrían llenarse todas las hojas del calendario con un memento interminable en el que cada día recordara sus nombres, uno tras otro, desde el de José hasta el de Joseba, y dejara constancia de su inocencia. Ellas, en los pocos casos en los que lograron sobrevivir al atentado, y sus familiares asisten con dolor a esas manifestaciones y tal vez perciben un momentáneo alivio a esa profunda sensación de desamparo que se instala en quienes han visto cómo se rompían los lazos que les unían a los demás seres humanos y han perdido su confianza en el mundo. Están presentes a pesar del torbellino de emociones que embarga su pensamiento, de la tristeza y el llanto que dificulta su expresión de agradecimiento a los que ofrecen consuelo.

La evocación, la memoria, es para la mayoría de los que han sufrido los devastadores efectos del terrorismo motivo de dolor y angustia. Una vieja amiga a quien ETA le arrebató la vida de su padre veinte años atrás me confesó que, desde entonces, no había podido volver a pisar el suelo de Gernika. El terrorismo se llevó así no sólo la existencia de su ser más preciado, sino también el recuerdo de la geografía de su infancia y adolescencia. Este caso no es excepcional. De hecho, ocurre de la misma manera con la mayor parte de las víctimas. Un estudio de la Asociación de Víctimas del Terrorismo, con fría y precisa expresión estadística, señala que «tras el atentado, sólo el 23,6% del total de afectados siguió viviendo en el lugar del mismo»; y añade que «el 67,8% no ha vuelto más a ese lugar». Mi amiga también me decía que no podía leer los periódicos cuando sus noticias hacían referencia a las muertes ocasionadas por el terror y que, para evitarlas, ejercía una férrea autocensura sobre los medios de comunicación a los que tenía acceso. Tampoco en esto su comportamiento se aparta de la regla. El mismo trabajo nos dice que «la mayoría de la población afectada no quiere tener información sobre el terrorismo, la situación de los juicios o cualquier otro problema relacionado»; y ello hasta el punto de que cuatro de cada cinco «no saben si están detenidos los terroristas que cometieron el atentado y desconocen si han sido juzgados».

¿Por qué, entonces, tanta reivindicación de la memoria de las víctimas? ¿No sería preferible dejar de remover los recuerdos y evitar esas horas de tristeza a los que las lloramos? Muchas veces me hago estas preguntas y me respondo que no; que tengo, y tenemos, que soportar ese padecimiento porque es necesario gritar al mundo que a los nuestros los asesinaron sin ninguna culpa, que se cometió sobre ellos la más extrema de las injusticias, que fueron moneda de cambio en la más ilegítima de las formas que puede revestir la lucha por el poder político. Porque, en efecto, ETA persigue ejercer el poder asaltándolo desde la destrucción de la sociedad. Sus acciones terroristas buscan quebrantar la solidaridad entre los ciudadanos -ese sentimiento que emerge de la conciencia de nuestros límites individuales para poder afrontar los retos de nuestra propia vida, y que nos impele a cooperar con los demás hombres- y, con ello, la posibilidad misma de la libertad. Una quiebra que se fundamenta en el miedo y la incertidumbre, y que corrompe hasta lo más recóndito las relaciones interpersonales. ETA trata de diluir así a la sociedad para asentar su poder sobre las ruinas de la democracia; y, en esta tarea, quiéranlo o no, les acompañan todos los que creen que unos supuestos derechos originarios del pueblo -o de la sociedad vasca, como gusta decir al actual inquilino del palacio de los Ajuria en Vitoria- son anteriores y se encuentran por encima de nuestros derechos individuales, de los derechos que nos definen como seres humanos.

Por eso, al recordar a las víctimas del terrorismo, al rendirles homenaje y reconocimiento, no sólo expresamos un sentimiento de compasión con éste o el otro de sus familiares, no sólo nos dejamos empapar por su apenado llanto, no sólo cargamos sobre nuestros hombros su dolor. No, ese memento es también el testimonio de que la violencia no nos ha rendido y no vamos a ceder a su embate. Afirmamos así nuestro deseo y compromiso de preservar el sistema democrático y repudiamos el abandono de la sociedad al poder perverso que nace del mal. Ello implica la exigencia a quienes nos gobiernan de que empleen toda la fuerza y los medios de las administraciones públicas para acabar de una vez por todas con los portadores del terror; y que lo hagan sin quiebra del derecho -pues si fuera así estaríamos negando la libertad misma que defendemos- y sin concesiones a un oportunismo que acaba mermando la voluntad de proseguir en tan ardua tarea.

Restablecer la memoria de las víctimas es también una denuncia de todo proyecto político que oculte la injusticia cometida sobre ellas e ignore su vigencia. Porque no es moralmente aceptable una organización de la sociedad cuyo precio sea el olvido, incluso bajo la apariencia de paz. Por eso, le digo al lehendakari Ibarretxe que su proyecto secesionista, cuyo único condicionante es, al parecer, la «ausencia de violencia», no es una solución al problema que enfrentamos y no puede cerrar el vergonzante capítulo de la Historia en el que vivimos. No se sorprenda entonces cuando, como acaba de ocurrir en estos días, no es bienvenido en las capillas ardientes, en las manifestaciones de repulsa contra ETA o en los actos de homenaje a quienes ésta ha sacrificado. Porque él nos dice que dejemos de recordar el pasado para poder seguir vivos. Y, sin embargo, yo -como desde el abismo del campo de Westerbork, poco antes de su viaje mortal a Auschwitz, dejó escrito Etty Hillesum- sólo «puedo seguir viviendo en este lugar precisamente porque recuerdo el pasado, pues no importa seguir vivo a costa de lo que sea, sino la manera en que se continúa con vida; y si nos abandonamos a la suerte de las crudas realidades a las que debemos enfrentarnos irrevocablemente, entonces nuestra generación no está preparada para la vida».

Sobre Basta Ya
Getxo-Vizcaya/ Cartas al Director ABC 19 Febrero 2003

A raíz de la reciente protesta de la plataforma cívica Basta Ya señalando al Gobierno vasco como responsable de la situación en que nos encontramos los ciudadanos vascos, después de más de 25 años del fin de la dictadura, hemos tenido que oír y leer disparates tales como, entre otros, que la plataforma está financiada por el Cesid, que, a su debido tiempo, habrá que neutralizarla y que es el reverso de la moneda de la intolerancia en este país. Comprendo la irritación de los dirigentes nacionalistas ante la irrupción de esta plataforma cívica, no solamente porque les molesta que alguien les contradiga, sino porque la forman ciudadanos y no políticos profesionales, personas que están actuando en la vida social sin vocación política especial, y muy a su pesar, sencillamente por sentido de la responsabilidad y de la dignidad.

¿Es que los dirigentes nacionalistas creen de verdad que se les ha perdido algo en el PP y en el Cesid a personas como Mario Vargas Llosa, Antonio Muñoz Molina, Arcadi Espada, Vicente Molina Foix, Mira Milosevich, Juan Pablo Fusi, Drinka Gojkovic, Hermann Tertsch o Bernard-Henri Levy, que participaron de manera totalmente desinteresada en las jornadas celebradas los días 14 y 15 de febrero en San Sebastián organizadas por Basta Ya? Y no cito a los participantes vascos, todos ellos dignos de admiración y de especial respeto por su coraje, porque ya han sido ampliamente descalificados y moralmente linchados por una burda propaganda política, y temo que muchas personas, con toda buena fe, hayan podido alimentar prejuicios contra ellos en este país donde el que intenta pensar con frialdad y juzgar con criterio ecuánime no puede fácilmente conseguirlo debido a las contradicciones de la información que recibe.

El día que el lehendakari Ibarretxe consiga congregar en defensa de su proyecto político, en unas jornadas de tipo similar, a personas de tanta altura intelectual y moral como las que arriba cito, empezaré a pensar que tal vez estoy equivocado y que mi razón está sufriendo una alucinación que le impide cumplir normalmente con su función. Y, por último, ¿qué hay de extraño en que un grupo de ciudadanos pida responsabilidades a su Gobierno por la falta de solución, después de tantos años, de los más graves problemas que tenemos? ¿No tienen derecho esos ciudadanos a quejarse de que el ímpetu de los gobernantes al defender sus proyectos partidistas no se emplee con la misma determinación cuando el objetivo es la defensa, en el sentido más literal del término, de toda la ciudadanía vasca independientemente de partidos e ideologías? ¿No es el hecho de poder protestar ante el propio Gobierno una de las bases de la democracia? ¿A qué tanto escándalo?            José Gortázar Azaola

El baúl de los recuerdos
Aleix Vidal-Quadras La Razón 19 Febrero 2003

No hace falta fijarse en los sondeos, muy pesimistas respecto a sus expectativas, para darse cuenta de que Artur Mas lo tiene muy crudo de cara a octubre. Basta observar las cosas qué dice y hace para llegar a la conclusión de que va directo al fracaso. Dos de sus últimos movimientos resultan reveladores del absoluto agotamiento de ideas en el que está sumergido el pobre Conseller en cap. El viaje ritual a Quebec podía tener su gracia realizado por un Pujol en buena forma hace diez o quince años, con su liturgia de equívocos deliberados, analogías forzadas y paralelismos implícitos, terrenos en los que tan hábilmente se desenvuelve el President. El mismo periplo a cargo del bisoño candidato convergente desprende un aburrido aire de déjà vu que inspira a lo sumo una cierta compasión. Si lo único que se le ocurre al aspirante es repetir los números escénicos de su padrino político, aunque sin sus tablas y sin sus dotes de comunicador, no parece que su porvenir en las urnas sea demasiado halagüeño.

Además, la peregrinación a la Meca del soberanismo revela en el fondo un papanatismo nacionalista de corte pueblerino del que la coalición gobernante en Cataluña nunca ha sabido liberarse a pesar de los intentos de su líder máximo por jugar la carta de la modernización y la internacionalización. La visita a Montreal viene a ser un remedio a las frustraciones domésticas mediante el paseo triunfal por un estado federado que ya ha intentado dos veces sin éxito separarse de Canadá, como si se buscase proyectar en la osadía del otro la pusilanimidad propia, en una especie de voyeurismo tímidamente anhelante. En cuanto al anuncio de la creación del pseudoministerio de Exteriores, es lógico que no haya suscitado ninguna reacción del auténtico. En estos días prebélicos la disponibilidad que hay en el Palacio de Santa Cruz para perder el tiempo con estupideces es escasa.

Y el segundo descubrimiento del portaestandarte del pospujolismo es otro remake sobado, nada menos que la propuesta de suprimir las actuales cuatro provincias del Principado para crear la famosa provincia única y poder así suprimir las Diputaciones, esos focos inexpugnables de influencia socialista. Esta cuestión fue objeto de una polémica muy viva hace nada menos que dos décadas y ya quedó sentenciada como inviable en términos constitucionales, administrativos, económicos y sociológicos. La reanimación de semejante espantajo denota lo perdido que deambula el hereu o lo incapaces que son sus asesores. Además, el propósito explícito de implantar un fraude de ley ¬en este caso de Ley de leyes¬ estableciendo una macro-Diputación vacía de contenidos en una ceremonia de la confusión cara y disfuncional, no es probable que suscite el entusiasmo de los votantes. La tapa del baúl polvoriento que Mas ha abierto en busca de inspiración se cerrará sobre él para no volverse a abrir.

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