AGLI

Recortes de Prensa     Jueves 27 Febrero  2003
El CGPJ obliga a escribir en español las provincias vascas en el papel de oficio de los tribunales
EUROPA PRESS/MADRID El Correo 27 Febrero 2003

Implacables
RAFAEL AGUIRRE / El Correo 27 Febrero 2003

Anasagasti y el vicio de calumniar
EDITORIAL Libertad Digital  27 Febrero 2003

Un desprecio compartido
Editorial ABC 27 Febrero 2003

El verdadero miedo del PNV
Iñaki Ezkerra La Razón 27 Febrero 2003

La poca gracia de Anasagasti
Editorial El Ideal Gallego 27 Febrero 2003

ETA diseña cartas bomba con remites «no sospechosos»
J. M. Z. - Madrid.- La Razón 27 Febrero 2003

Los detenidos de «Egunkaria» siguieron «al dedillo» el «manual» de ETA sobre torturas, según Interior
R. L. Vargas / A. García - Madrid / Vitoria.- La Razón 27 Febrero 2003

La AVT se querella contra el diario por su pertenencia a la estructura de ETA
N. COLLI ABC 27 Febrero 2003

Postulados de ETA
Cartas al Director El Correo 27 Febrero 2003

Dolor
Cartas al Director El Correo 27 Febrero 2003

El CGPJ obliga a escribir en español las provincias vascas en el papel de oficio de los tribunales
EUROPA PRESS/MADRID El Correo 27 Febrero 2003

El Pleno del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) acordó ayer que el nombre de las provincias que integran la Comunidad Autónoma del País Vasco «figure en castellano en el papel de oficio de la Administración de Justicia al hacer mención del órgano judicial del que emana el documento», aunque también aprueba que el nombre aparezca en las dos lenguas oficiales: castellano y euskera.

El acuerdo del Pleno responde a una consulta de la Sala de Gobierno del Tribunal Superior vasco, en relación a una denuncia del delegado del Gobierno Enrique Villar, que consideró contrario a la legalidad que en los membretes del papel de oficio de la Administración de Justicia en Euskadi se emplease para designar la provincia de Vizcaya la expresión «Bizkaia».

Implacables
RAFAEL AGUIRRE / El Correo 27 Febrero 2003

Al poco tiempo de que se firmase el pacto de Estella escribí una artículo titulado 'Giro hacia el abismo'. Después vinieron más cosas, la declaración programática etnicista aprobada por unanimidad por la asamblea nacional del PNV ('Ser para decidir'), su pacto con ETA, el plan soberanista de Ibarretxe. Se camina implacablemente, es decir, sin piedad y con obstinación. Todo condicionado y tutelado por la sombra omnipresente de ETA que -es un hecho- amenaza y atenta contra quienes no condividen la vía emprendida por el nacionalismo vasco. Estamos cada vez más cerca del abismo. Da la impresión de que, como en los deportes de riesgo, su cercanía segrega adrenalina, que impulsa a acelerar el paso y cerrar los ojos, en este caso los del corazón.

Cuando lo que se propone es la configuración de la población según un modelo étnico preestablecido, que abarca todos los aspectos, surge una ideología totalizante de todas las dimensiones humanas y, por tanto, tendencialmente totalitaria, es decir, con vocación de eliminar a todas las demás (aunque haya que tolerarlas como mal menor algún tiempo). Hoy estamos mucho más lejos que en 1978 de poder hablar en Euskadi de una nación vasca de ciudadanos, no sólo porque se han roto los consensos básicos, sino porque se promueve desde el poder un proyecto no integrador, sino asimilacionista y excluyente que define lo vasco de una forma restrictiva y empobrecedora. La polarización extrema de la vida política ha penetrado y roto la convivencia en la sociedad vasca. Hace pocos días le oía explicar a Drinka Gojkovic lo que había sucedido en la ex Yugoslavia y me aterrorizaban las semejanzas con lo que puede estar pasando entre nosotros. Ante una situación tan grave no caben exhortaciones angelicales, discursos melifluos ni falsas equidistancias.

Es una hora para hablar con claridad, de denunciar no ya a los violentos y a sus cómplices, sino también a los que no consideran una prioridad el enfrentamiento político e ideológico con ellos. Es un hecho que ETA mata, amenaza, extorsiona y chantajea en nombre del nacionalismo vasco. Quienes profesan esta ideología y son demócratas son quienes más contundentemente deberían reaccionar. Pero nadie, tampoco ETA, percibe que esto suceda. Es injusto y hasta desvergonzado considerar demonización a cualquier crítica al nacionalismo, por razonada que sea, y no caer en la cuenta de que lo verdaderamente demoníaco (o idolátrico, puesto a usar términos teológicos pues son equivalentes) lo tienen en casa.

La violencia de ETA, lo repetiré una vez más, responde a una ideología absolutizada, con la que ha habido no sólo excesiva tolerancia, sino complacencia y afinidades, también entre quienes rechazaban sinceramente sus métodos, pero comparten sus objetivos y postulados ideológicos esenciales. La impunidad con que ha campado por sus respetos la ideología de los violentos y su entramado social ha tenido efectos letales en el País Vasco. Las levas de nuevos etarras son el resultado de una educación manipulada, de un ambiente fanatizado, de la naturalización de una visión mítica de lo vasco y de una distorsión radical de los valores morales. Ante esta degradación y sus terribles consecuencias no pueden lavarse las manos quienes nos gobiernan desde hace más de veinte años.

La violencia de ETA y su entorno corrompe toda la vida social y política y el último episodio lo tenemos en lo sucedido con el periódico 'Egunkaria'. Cerrar un diario -que va mucho más allá que la detención de algunos de sus responsables por importantes que sean- es una medida extrema y muy grave en una sociedad democrática, que un juez sólo debería tomar si puede presentar con rapidez pruebas de mucho peso y con la disposición a que el medio de comunicación afectado pueda volver a su cita con sus lectores, en situación justa, cuanto antes. Es inadmisible que el cierre cautelar se prolongue indefinidamente como en el caso de 'Egin'. Estas exigencias deben formularse con claridad y apremio.

Dicho esto tengo que añadir que hemos asistido a reacciones que bien poco tienen que ver con la defensa de la democracia. Es indudable que se ha tejido todo un entramado social de cobertura del proyecto político de la violencia y que hay que acabar con su impunidad y su instrumentalización de la democracia. El Gobierno vasco, como suele, ha reaccionado airada y precipitadamente en contra del juez que se atreve a meter mano a tan peligrosa e inaplazable tarea. Es una confusión interesada proclamar que detrás de esta decisión judicial lo que hay es un ataque al euskera. Propongo una doble reflexión. La primera, la continua manipulación del euskera, que en vez de ser un patrimonio común de todos los vascos se monopoliza como signo distintivo de la comunidad nacionalista; más aún, se enarbola como el gran signo distintivo del rupturismo social. La segunda, el Gobierno vasco, que ha subvencionado generosamente a 'Egunkaria', debería haber exigido como condición un mayor pluralismo ideológico en el único diario en euskera. ¿No es hoy el mayor atentado contra el euskera, porque impide su aceptación social, su extensión y el encariñamiento con él, su politización indebida, su utilización partidista y discriminatoria?

No parece posible detener esta carrera alocada hacia el abismo por la vía de la convicción de quienes dirigen la nave. Se necesitan voces claras, indignadas (la indignación es el reverso de la piedad) y razonadas. Mientras unos alimentan sentimientos y hasta pasiones, otros tenemos que dirigirnos a la capacidad de razonar de la gente. Ya sé que es mucho más difícil. Pero sobran insultos y descalificaciones, como también sobran exhortaciones para la fiera por no querer enfrentarse con ella. El nacionalismo vasco ha endurecido sus formulaciones, elevado sus reivindicaciones y optado por un proyecto asimilacionista y no integrador. Hay quienes están amenazados por las pistolas y por el exilio interior (o exterior, que pueden elegir). La vergüenza de sostener al alcalde de Batasuna de Andoain pone de manifiesto un proyecto en el que los vínculos de la tribu son más importantes que las relaciones de ciudadanía. Estoy preconizando la firmeza de una ideología abierta, porosa e integradora, bien distante del dogmatismo y afán uniformizador que impera en el actual nacionalismo vasco. La firmeza basada en la defensa de la dignidad y de la libertad es absolutamente resistente, pero nada dogmática y tiene siempre tendida la mano.

Alguien decía en estas mismas páginas que sólo oscuros intereses pueden explicar que gentes tan distintas se junten en Basta Ya. Las explicaciones conspirativas, siempre simplistas, son propias de quien etiqueta al prójimo y ve muy sesgadamente la realidad. Establecer un parangón, como han hecho prebostes del PNV, entre Basta Ya y ETA, como las adherencias antidemocráticas del constitucionalismo y del nacionalismo, atenta contra la razón y es un grave insulto. Se podrá estar en desacuerdo con algunas o con todas las movilizaciones y formas de Basta Ya, pero sospecho que lo que molesta es que los no nacionalistas salgan a la calle, den la cara y se expresen públicamente. ¿Cómo es posible que se increpe con más fuerza a Basta Ya que a ETA? ¿Cómo es posible que se comparta manifestación tranquilamente con Batasuna y no se acepte la presencia de Basta Ya?

La democracia es un sistema flexible en el que tiene que estar más claro lo que no puede ser en el presente que lo que debe ser en el futuro. Y lo que no puede ser es que la libertad de los amenazados no sea la prioridad absoluta del Gobierno vasco; no puede ser que implacablemente -sin piedad y sin pausa- se siga adelante con un plan que destroza la convivencia hasta en sus aspectos más cotidianos y se beneficia del sufrimiento de quien piensa de otra forma. Simplemente lo que reivindico es que en la política, como en todo, la indignación ante lo que no puede ser en el presente, la piedad como capacidad de ponerse en la piel del otro, prevalezca sobre las utopías de futuro, siempre funestas cuando se está muy seguro de ellas.

Anasagasti y el vicio de calumniar
EDITORIAL Libertad Digital  27 Febrero 2003

Como buenos totalitarios, los nacionalistas nunca han vacilado en recurrir a la mentira, la calumnia y la intoxicación contra sus adversarios con tal de justificar y llevar adelante sus tesis y sus proyectos. Es más, podría decirse que la mentira, la calumnia y la falsificación de la Historia son sus principales “armas” políticas, especialmente cuando se trata de desacreditar las instituciones del Estado de Derecho o de ensuciar el buen nombre de todos aquellos que las sirven con lealtad y eficacia.

Durante más de veinticinco años, con la falsa excusa de ser el valladar contra el nacionalismo terrorista, al PNV le han salido gratis la constante puesta en entredicho de las instituciones democráticas cuando éstas no se plegaban estrictamente a sus deseos y las descalificaciones hacia quienes se atrevían a poner en duda el pensamiento único nacionalista. Y es preciso reconocer que con esa táctica les ha ido bastante bien todo este tiempo. Han conseguido expulsar o arrinconar en el País Vasco, con ayuda de las pistolas de ETA, a todos aquellos que no quieren comulgar con las ruedas de molino nacionalistas sin que ningún gobierno central se haya atrevido hasta tiempos muy recientes a poner coto a los excesos verbales y materiales de los portavoces nacionalistas.

Tan grande es ya la fuerza de la costumbre de algunos nacionalistas que la intoxicación y la calumnia son en ellos una especie de segunda naturaleza, que emerge como acto reflejo ante cualquier iniciativa del Estado de Derecho que pudiera dañar o poner en peligro alguno de los sectores de su tinglado. Es el caso de Iñaki Anasagasti, portavoz del PNV en el Congreso, quien no tiene ningún empacho o rubor en insultar al juez Juan del Olmo –que ordenó el precinto de Egunkaria y la detención de sus responsables– acusándole indirectamente de falta de independencia y de obedecer órdenes del Gobierno, o en acusar a la Guardia Civil de torturar a ciudadanos (los responsables de Egunkaria) “por el mero hecho de ser vascos y por eso ya ser sospechosos”; es decir, exactamente la misma estrategia de inventar patrañas sobre torturas y malos tratos que emplea ETA.

Nada nuevo, por cierto; sobre todo si se tiene en cuenta la larga trayectoria de Anasagasti. Sin embargo, lo que sí resulta novedoso es que la habitual impunidad de la que ha gozado el portavoz del PNV en sus excesos verbales podría tocar a su fin. El ministro de Interior, Ángel Acebes, justamente indignado por las acusaciones de Anasagasti –quien afirma que da crédito antes al detenido director de Egunkaria que al juez o a la Guardia Civil sobre las torturas–, las cuales considera “delictivas”, ha ordenado a los servicios jurídicos de su ministerio que inicien las acciones legales que al respecto crean oportunas.

La reacción de Acebes ante las intoxicaciones de Anasagasti –las cuales le merecen “el mayor desprecio tanto personal como político”– es un soplo de aire fresco que, de repente, hace tomar conciencia de la hediondez moral a la que nos ha acostumbrado el nacionalismo después de tantos años de mentiras, intoxicaciones y calumnias. Es una lástima que respuestas como la de Acebes ante la insidia en estado puro hayan sido la excepción, y no la regla. Pues de haber sido la tónica habitual, el llamado “problema vasco” no habría adquirido, ni mucho menos, las proporciones que hoy tiene.

Un desprecio compartido
Editorial ABC 27 Febrero 2003

EL caso «Egunkaria» se ha convertido en un filón para la visceralidad del nacionalismo vasco, que está dando rienda suelta a todo su prontuario de arengas contra el Estado, los jueces y la policía. Tras denunciar que las decisiones del juez del Olmo constituyen un ataque al euskera y a la cultura vasca, ahora lanzan contra la Guardia Civil no las sospechas sino las condenas por supuestas torturas infligidas a los detenidos en relación con «Egunkaria». Los mismos dirigentes nacionalistas que salieron a la calle a pedir respeto a la presunción de inocencia de quienes el juez ha imputado por colaboración o pertenencia a banda armada, ahora no dudan en sentenciar contra las Fuerzas de Seguridad del Estado, con la única prueba de lo que ha declarado un sujeto sobre el que pesa la acusación de haber sido designado por ETA director de «Egunkaria». Incluso la consejera de Cultura del Gobierno vasco se ha manifestado a favor de presentar recursos y querellas, deseo coherente con la práctica de Ibarretxe, quien sólo acude a los Tribunales para querellarse contra los jueces que persiguen a ETA y para impugnar las leyes que acorralan a Batasuna. Ibarretxe y el PNV han asumido lo que parecía inasumible por un partido democrático, el liderazgo del nacionalismo más radical, dejando a Otegi y compañía sin discurso con una previsible intención electoralista. El lendakari dirá lo que quiera sobre ETA, pero por sus hechos se le conoce, como al portavoz del PNV en el Congreso de los Diputados, Iñaki Anasagasti, quien ha dado por ciertas las torturas denunciadas. La respuesta del Ministro del Interior, Ángel Acebes, a Anasagasti ha reflejado el sentimiento general que provoca esta doble moral del nacionalismo, dedicando al portavoz nacionalista «el mayor desprecio personal y político». Un desprecio que suscribe una gran y harta mayoría de los españoles.

El verdadero miedo del PNV
Iñaki Ezkerra La Razón 27 Febrero 2003

Considerar el miedo a las represalias violentas como la gran explicación de la cobertura que el PNV ha dado siempre al mundo de ETA con mayor o con menor disimulo, según el momento y la táctica conveniente, es un puro acto de caridad cristiana. Y no porque uno descarte ese miedo a los tiros como una de las causas sino porque hay otro miedo que es mucho menos presentable que ése y que tiene más visos de ser real: el miedo a que ese entorno de ETA cuente todo lo que sabe del PNV, a que lo delate y destape todas sus complicidades, sus apoyos y sus connivencias que como poco son políticas y económicas pero que previsiblemente van bastante más lejos.

En su lúcido ensayo «Dostoievski en Manhattan», André Glucksmann evoca un caso que le inspiró mucho al célebre escritor ruso: el asesinato de un estudiante, acusado de chivato, a manos de cinco discípulos de Bakunin. Con ese ejemplo nos recuerda la fuerza cohesionadora que tiene el delito, cómo éste une, estrecha los lazos entre los implicados y funda una compacta comunidad criminal: «Basta (y sobra) con que corra la sangre ¬escribe Glucksmann¬ para que la complicidad ligue a comanditarios, ejecutores, testigos pasivos y consentidores». Y, acto seguido, toma una cita de Los demonios, la novela de Dostoievski que se inspiró en este asunto: «Empuje a cuatro miembros de su grupo a matar al quinto con el pretexto de que es un soplón; en cuanto hayan vertido la sangre, estarán ligados. Los habrá convertido en sus esclavos, ya no se atreverán a rebelarse ni a pedir cuentas».

¿Por qué el PNV se niega sistemáticamente a pedir cuentas a ETA y a su brazo político de sus tramas? ¿Por qué obstaculiza cualquier paso de la Justicia? ¿Por qué pone el grito en el cielo ante el Pacto por las Libertades, ante la Ley de Partidos, ante el auto de Garzón y ahora ante la investigación abierta al diario «Egunkaria»? ¿Por qué el PNV se niega de un modo tan pertinaz a destituir en Andoain al alcalde del brazo político de ETA tras el asesinato de Pagazaurtundua? ¿Por qué un lehendakari da dinero a una empresa y recibe a sus responsables el mismo día en que la Prensa publica las pruebas que la vinculan con una banda terrorista? ¿Hasta dónde llegan sus implicaciones? ¿Son más que políticas o morales? ¿Hay un miedo viscoso de la misma naturaleza que el señalado por Glucksmann que explique este desafío no ya al Gobierno central sino al Estado de Derecho? Es verdad que el PNV busca los votos de un electorado que puede quedarse sin siglas. Es verdad que ha hecho una lectura muy optimista del 13-M. Pero eso no explica el papelón que está haciendo ante sus votantes. ¿Y si el PNV nunca ha dicho lo que sabe de Batasuna para que Batasuna no diga lo que sabe del PNV?

La poca gracia de Anasagasti
Editorial El Ideal Gallego 27 Febrero 2003

El “pope” Arzalluz sólo predica los domingos, el resto de la semana deja que sean otros miembros del episcopado del PNV los que se encarguen del sermón; ayer le tocó a Anasagasti, quien, como si padeciese el mismo grado de enajenación mental que su jefe, afirmó sin rubor que los detenidos en la operación antiterrorista que desembocó en el cierre del diario “Egunkaria” habían sido torturados por la Guardia Civil. El primero en asegurar que había sufrido malos tratos fue el “valiente gudari” Martxelo Otamendi, ex director del periódico y que intentó suicidarse en el hospital en el que estaba ingresado tras su arresto. Que Otamendi haga semejante denuncia es lógico, puesto que una de las estrategia de ETA es la “kantada”, que consiste en contárselo todo a la Policía en el momento del apresamiento y a continuación, en cuanto termina el período de incomunicación, informar a una persona de confianza de lo que se ha declarado para que quienes han sido delatados puedan escapar o para evitar que alguien caiga en uno de los objetivos que han quedado “quemados” a causa de la confesión. Sin embargo, que Anasagasti dé crédito a las palabras los proetarras y, por lo tanto, acuse de torturadores a los guardias civiles supone un ataque en toda regla al Estado de Derecho, actitud inadmisible cuando el que perpetra esa acción es uno de los máximos dirigentes de un partido que presume de ser la encarnación de los valores democráticos. Casi sería mejor que el iluminado Arzalluz oficiase misa a diario, porque sus disparates tienen más gracia que los de sus acólitos.

ETA diseña cartas bomba con remites «no sospechosos»
La banda terrorista tenía previsto enviar una remesa a partir del mes de marzo
ETA tenía previsto remitir, a partir de marzo, paquetes bomba a diversas personas que forman parte de los objetivos habituales de la banda, según señalaron fuentes antiterroristas, que precisaron que, en la documentación en la que se hablaba de este asunto, no se concretaban los nombres.
J. M. Z. - Madrid.- La Razón 27 Febrero 2003

El pasado día 22, en una operación realizada por la Gendarmería francesa en colaboración con la Policía Judicial, fueron detenidos, en un piso de la localidad de Estialesq, Laurence Guimon e Ismael Berasategui, que había conseguido fugarse de una prisión gala mientras su hermano, de un gran parecido, se quedaba en el interior.
Fuentes antiterroristas francesas informaron entonces a LA RAZÓN de que el citado piso constituía el «centro neurálgico» del «aparato de logística» de la banda. En su interior, además de numerosas armas, cortas y largas, fueron hallados documentos de identidad dispuestos para ser falsificados, como los que utilizan los «comandos» cuando operan en España o los etarras cuando se esconden en Francia.

Instrucciones
Asimismo, según se ha sabido ahora, fueron encontradas las instrucciones que los cabecillas de la banda habían preparado para enviar, a partir del próximo mes de marzo, paquetes bomba sin que sus destinatarios pudieran detectarlos con facilidad.

Los documentos intervenidos explican las características que debe tener esta nueva campaña de atentados. Por un lado, se detalla el modo de proceder para ganarse la confianza de los destinatarios de los envíos explosivos y, al mismo tiempo, se ofrecen indicaciones para ocultar con mayor eficacia los artefactos.

Frente a las cartas bomba tradicionales, generalmente incluidas en el interior de libros, en esta ocasión se recomienda utilizar formatos más grandes, de tipo envoltorios de dossiers y de similares características. Además, estos envíos deberían ir con logotipos y distintivos de instituciones públicas, empresas e, incluso, remites de personas que estuviesen vinculadas con los destinatarios para estos consideraran habitual el envío.

Con el objetivo de lograr que los destinatarios abrieran el sobre con los explosivos, la banda había previsto, además, enviar previamente cartas complementarias indicando que en fechas próximas iban a recibir un envío, que ocultaría la carga explosiva.

ETA ya ha utilizado un sistema parecido en las cartas que manda para exigir el pago del chantaje terrorista conocido eufemísticamente como «impuesto revolucionario». Al comprobar que muchos empresarios rompían, sin abrirlas, las misivas cuyo origen desconocían, empezaron a poner en el remite el nombre de familiares o amigos del industrial al que querían extorsionar. Las fuentes antiterroristas consultadas por LA RAZÓN aseguraron que, en el piso de Estialescq, no se han encontrado listas de las personas o empresas a los que las que los etarras pensaban enviar las bombas. Tan solo las instrucciones para iniciar esta nueva e innovadora campaña criminal.
El ministro del Interior, Ángel Acebes, confirmó ayer que los cabecillas del «aparato logístico» iban a dar instrucciones para que se iniciara en marzo una campaña de envío de expedientes o dossier con explosivos a «potenciales y posibles» víctimas.

En una conferencia de prensa conjunta con la ministra de Defensa de Colombia, Marta Lucía Ramírez, con quien Acebes suscribió ayer una declaración para fortalecer la cooperación antiterrorista, el ministro aseguró que la documentación incautada en esa operación del mes de enero ha permitido constatar que ETA pretendía comenzar una campaña como «las que habitualmente viene haciendo».

Aunque los terroristas que iban a dar estas instrucciones han sido detenidos, el ministro aconsejó a las posibles víctimas que extremen «todas las medidas de precaución y seguridad cuando reciban cualquier tipo de paquete que pueda resultar sospechoso». A la pregunta de si esta campaña iba dirigida contra algún colectivo concreto, el ministro contestó que las posibles víctimas no eran distintas a las habituales.

Los detenidos de «Egunkaria» siguieron «al dedillo» el «manual» de ETA sobre torturas, según Interior
El ministro estudia acciones legales contra quienes han acusado de malos tratos a la Benemérita
El ministro del Interior, Ángel Acebes, negó ayer que la Guardia Civil haya torturado al director del diario «Egunkaria», Marcelo Otamendi, tal y como éste denunció. El titular de este departamento aseguró que el responsable del periódico en euskera se ha limitado a «aplicar el manual de ETA», que, según explicó, obliga a los militantes y colaboradores de la banda que son capturados por las Fuerzas de Seguridad a denunciar torturas. Acebes ha ordenado tomar las medidas jurídicas necesarias para que el Ministerio se querelle contra los que han hecho estas acusaciones.
R. L. Vargas / A. García - Madrid / Vitoria.- La Razón 27 Febrero 2003

«La Guardia Civil no tortura». Con esta contundente afirmación despachó ayer el ministro del Interior, Ángel Acebes, las denuncias que hizo el director del diario «Egunkaria», Marcelo Otamendi, sobre supuestos malos tratos contra su persona por parte de la Benemérita. El responsable del periódico clausurado por el juez Del Olmo denunció que él y al menos otro compañero detenido en la operación contra el diario euskaldun sufrieron malos tratos, y pidió una «mayor implicación por parte de todos para acabar con la tortura, porque no podemos vivir en Euskal Herria como si estuviéramos en la época de Pinochet». Acebes negó estas acusaciones y aseguró que Otamendi se ha limitado al hacerlas a «aplicar el manual de ETA», que, según explicó, obliga a sus miembros o colaboradores a que denuncien torturas cuando sean detenidos por la Policía. El ministro del Interior afirmó que en cada operación que realizan contra la banda, las Fuerzas de Seguridad encuentran documentos donde se ordena este procedimiento. «La única que viola los derechos fundamentales de los ciudadanos es ETA, que mata y tortura», añadió Acebes.

Querellas
El titular de Interior no está dispuesto a que estas acusaciones mancillen la honorabilidad de la Guardia Civil y, por ello, anunció que ha ordenado a los servicios jurídicos de su departamento iniciar los trámites para querellarse por falsedad contra los que han hecho estas acusaciones. Más aún, Acebes está dispuesto a ir al Parlamento a dar explicaciones sobre el asunto, tal y como le reclamó el portavoz en la Cámara Baja del PNV, Iñaki Anasagasti, quien ha dado por ciertas las acusaciones de Otamendi y, en un comunicado, calificó de «incomprensible» que se «incomunique y torture a ciudadanos por el mero hecho de ser vascos y, por tanto, ya ser sospechosos».

Las declaraciones del parlamentario vasco irritaron sobremanera al ministro del Interior, quien mostró su «desprecio personal y político» hacia las mismas. «Son una indecencia desde el punto de vista moral, ético y político», subrayó. Para Acebes, Anasagasti, antes de redactar la nota, debería haber tenido en cuenta dos aspectos. El primero, que los jóvenes detenidos por la Ertzaintza en la última operación realizada contra el terrorismo callejero también denunciaron, siguiendo el manual de ETA, torturas, y el PNV no reaccionó contra la Policía vasca. Y el segundo, «que los nacionalistas vascos, que tanto se preocupan ahora por Egunkaria », fueron los primeros que a principios de la década de los 90, consideraron al diario como parte de ETA. Ambos hechos, en su opinión, desacreditan todavía más las palabras de Anasagasti. «La Guardia Civil no tortura, sino que en este caso ha aplicado todas las garantías» y derechos que asisten a los ciudadanos, especialmente en el caso del primer director de «Egunkaria», Peio Zubiria, «a quien la salvaron la vida cuando intentó suicidarse», concluyó. El Gobierno vasco, como Anasagasti, tampoco sospecha de las palabras de Otamendi. El consejero de Justicia del Ejecutivo de Vitoria, Joseba Azkarraga, aseguró que no pone en duda las palabras del director de «Egunkaria». «No pongo en duda en estos momentos esa manifestación del señor Otamendi», dijo. Además, calificó de «sagrada» la palabra de un periodista, en este caso, del director de un medio de comunicación. «Tenemos que decir que nadie, ni los poderes públicos, pueden mirar hacia otro lado», sentenció el consejero, que se preguntó «qué habría pasado si el señor Vargas Llosa o el señor Saramago hubieran sido objeto de presuntos malos tratos». «Imagino que la comunidad internacional y el colectivo de escritores habrían hecho una revolución», declaró.

«España empieza en Irún y termina en Algeciras»
El diario proetarra «Gara» publicó en su edición de ayer que una de las supuestas torturas a las que sometieron los agentes de la Guardia Civil al director de «Egunkaria», Marcelo Otamendi, fue repetir «más de 500 veces» que «España se extiende desde Irún a Algeciras y de Finisterre a Cabo de Rosas». El periódico sostiene que Otamendi denunció este episodio al juez, así como otros supuestos malos tratos, pero que no se le creyó. «No me hizo caso», sostiene el director de la publicación clausurada la semana pasada por su presunta vinculación con el entramado de la banda terrorista ETA.
El responsable de «Egunkaria» hasta su clausura hace estas afirmaciones en un artículo en el que también figuran otras declaraciones sobre supuestas torturas infligidas por el Instituto Armado a las personas detenidas por el juez Juan Del Olmo, que fue quien ordenó la operación desde la Audiencia Nacional. En este sentido, Otamendi manifiesta que a él y a los otros directivos de su periódico les han tratado «como ratas» y que fueron torturados «con total impunidad».

A este respecto, el director de «Egunkaria» asegura que los miembros de la Benemérita le sometieron a dos sesiones de la «bolsa», y que le amenazaron e insultaron constantemente. «Ha sido un trato cruel, vejatorio y despiadado desde el principio».
El artículo de «Gara» añade que también han denunciado torturas Juan María Torrealdai y Javier Alegría, presunto enlace del periódico con la banda terrorista; quienes, supuestamente, también sufrieron sesiones de la «bolsa» y fueron golpeados.

La AVT se querella contra el diario por su pertenencia a la estructura de ETA
N. COLLI ABC 27 Febrero 2003

MADRID. La Asociación Víctimas del Terrorismo (AVT) ha presentado en la Audiencia Nacional una querella por presunto delito de pertenencia a banda armada contra los diez directivos del periódico vasco Euskaldunon Egunkaria detenidos la pasada semana por el juez Juan del Olmo. La AVT, a través del letrado Pedro Cerracín, quiere personarse como acusación popular en la causa abierta a raíz de la clausura de dicho diario y de la suspensión de las empresas que lo sustentan (Egunkaria S.A. y Egunkaria Sortzen, S. L.).

La querella coloca al periódico Euskaldunon Egunkaria y a las dos sociedades dentro del sistema económico de ETA y asegura que ambas empresas «tienen caja común con la cúpula de la estructura de la banda terrorista y están dirigidas a los mismos fines: la manutención de la estructura terrorista en su conjunto y de sus propios miembros, con medios absolutamente mafiosos».

«Cualquier otro periódico y editora -señala la AVT- tiene unos sistemas de financiación, reunión y designación de cargos totalmente distintos a los impuestos desde arriba por la banda criminal. En definitiva, en estas entidades no existe verdadera vida societaria, sino que prima el carácter de órgano de una entidad superior, que en este caso es la banda criminal ETA».

Un negocio redondo
El escrito explica que la ETA de hoy en día poco tiene que ver con la de hace años. Con el paso del tiempo, ha ido aumentando su aparato administrativo y financiero y reduciendo el estrictamente militar. «Hoy ETA-EKIN asesina menos de lo que hacía ETA-KAS, y mucho menos de lo que ETA hacía en la época anterior a KAS». «Hoy -añade- es una organización de carácter puramente mafioso, que asesina lo imprescindible para continuar extorsionando al empresariado vasco a través de su «hacienda paralela», nutrida por el mal llamado impuesto revolucionario».

La importante fuente de ingresos que constituye la extorsión, permite a ETA crear entidades formalmente legales (asociaciones, empresas, partidos políticos, etcétera) «con las que incluso llegan a obtener subvenciones públicas de las instituciones gobernadas por partidos afines. El negocio del crimen, como se ve, es redondo».

Postulados de ETA
Elisabete Pirris Rekalde/Noja-Cantabria Cartas al Director El Correo 27 Febrero 2003

Algunas personas ya han dejado por escrito lo que es un clamor, incluso entre los nacionalistas menos radicales: 'Egunkaria' ha sido hasta ahora un eficaz adelantado de las ideas y postulados más afines a ETA. Pero claro, se publica en una lengua desconocida para el 90% de la población y con el espantajo de la protección de un idioma minoritario, las buenas gentes que nunca han podido leer en euskera se lanzan hoy a escribir en los periódicos reivindicaciones a favor de este medio de comunicación, que es otro 'Egin', pero sin el aporte en castellano de aquél. Cualquiera ha podido oír durante todo el año pasado, y por la noche, a su director en la tertulia nocturna de la radio vasca en amor y compañía ideológica con el más conspicuo redactor del 'Gara'. Allí ha expresado en castellano sus radicales opiniones políticas. Esperemos pues que la Justicia coloque a cada uno en su sitio y no hablemos de lo que ni siquiera entendemos.

Dolor
Irantzu Benítez Garai/Bilbao Cartas al Director El Correo 27 Febrero 2003

Me duele Euskadi. Me duele que a las madres no les duela educar a sus hijos en la mentira de una historia que nunca ha existido y que les ofrecen como cierta. Me duele porque si los hijos son mínimamente sanos les creerán. Me duele porque de mayores verán que la historia que les han contado no es cierta y van a querer hacerla cierta. Me duele porque se meterán en grupos violentos para conseguir lo que nadie les ha contado que se podría conseguir si se respetaran las ideas de los otros y les dejaran ser como son. Me duele porque asesinarán al hijo de una madre que educó a su hijo en la realidad de este país, que siempre ha sido habitado por gente diferente con toda libertad. Me duele porque puede ser su vecino. Me duele porque los hijos del asesinado no entenderán por qué su vecino ha matado a su padre. Me duele porque no sé si sabrán perdonar, ni vivir. Me duele porque a nuestros dirigentes no les duele todo este dolor que están permitiendo por culpa de una gran mentira originaria.

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