AGLI

Recortes de Prensa     Sábado 1 Marzo  2003

Tres mujeres
JUAN MANUEL DE PRADA ABC 1 Marzo 2003

 Nacionalismos excluyentes
JUAN CARLOS RODRÍGUEZ IBARRA ABC 1 Marzo 2003

Otamendi e Ibarretxe
Germán Yanke Libertad Digital  1 Marzo 2003

Los derechos históricos como derechos naturales
Gabriel Albendea  La Razón 1 Marzo 2003

Mala fe
IGNACIO SÁNCHEZ CÁMARA ABC 1 Marzo 2003

Tres Mujeres (eig)
Fermín Bocos El Ideal Gallego 1 Marzo 2003

Desbordamiento
Editorial El Correo 1 Marzo 2003

El chalé de Fujimori
FERNANDO SAVATER/ El Correo 1 Marzo 2003

La ley del silencio
G. L. A. ABC 1 Marzo 2003

El peligro de ser «ertzaina»
Lorenzo Contreras La Razón 1 Marzo 2003

¿Por qué no se habla del jamón
Julián Lago La Razón 1 Marzo 2003

Palabra de vasco
TONIA ETXARRI/ El Correo 1 Marzo 2003

Basta Ya
Cartas al Director El Correo 1 Marzo 2003

Vuelve a prisión el etarra Etxebarria, excarcelado sin fundamento por la juez Ruth Alonso
EFE Libertad Digital  1 Marzo 2003

El PSE pide que se investigue la indefensión de Pagaza ante ETA
M. ALONSO ABC 1 Marzo 2003

La desaparición del nacionalismo «moderado»
ABC 1 Marzo 2003

«Es terrible pensar que quisieron hacerme picadillo»
LUIS SALA/PORTUGALETE El Correo 1 Marzo 2003

El Gobierno ve «inmoral» la subvención de PNV y CiU a «Egunero» y estudia ya vías legales para evitarla
C. Morodo - Madrid.- La Razón 1 Marzo 2003

Ridículo nacionalista
Redacción - Barcelona.- La Razón 1 Marzo 2003

Hispanos en Estados Unidos
Jesús Fonseca La Razón 1 Marzo 2003

Tres mujeres
Por JUAN MANUEL DE PRADA ABC 1 Marzo 2003

Tres mujeres solas. Son la madre que acaba de quedarse huérfana de hijo, la viuda que aún no ha asimilado el hueco que el marido asesinado ha dejado en su existencia, la hermana valerosa que ha cargado sobre sus hombros el desvalimiento de una familia cercenada para siempre. La madre, la viuda y la hermana de Joseba Pagazaurtundua nos han revelado unos documentos que hielan la sangre en las venas; son las cartas que la última víctima de la vesania terrorista dirigió al Gobierno autónomo que niega su protección a quienes no se resignan a callar, a quienes no acatan el chantaje del miedo. Aseguran los destinatarios de esas cartas que nunca les fueron remitidas; pero basta imaginar la angustia que cercaba al hombre que las redactó para que se nos encoja el ánimo. No importa tanto que Joseba Pagazaurtundua echara o dejara de echar esas cartas en un buzón; importa, sobre todo, que las escribiera, acorralado por la indefensión, perseguido de presagios que finalmente se cumplieron. Importa saber que en el País Vasco nadie se encarga de proteger a los ciudadanos acogotados por las amenazas; importa saber que las víctimas son abandonadas a su suerte, arrojadas a la intemperie del ostracismo. Importa saber que existen ciudadanos a quienes se les niega el derecho a vivir.

La impiedad del nacionalismo vasco alcanza cúspides insoportables. Su impavidez ante el sufrimiento ajeno, su desdeñoso abstencionismo ante las demandas de una parte nada exigua de la sociedad vasca proclaman el triunfo rampante de la alegalidad. Ya no se trata tan sólo de que, bajo los ropajes de una democracia ficticia, se esté favoreciendo la consolidación de una dictadura. Se trata de algo más sibilinamente cruel: es la pura denegación de auxilio, el encierro de los disidentes en un gueto de marginación donde pueden ser tranquilamente diezmados, tachados de la vida, enmudecidos por el plomo. Se está favoreciendo que los asesinos campen por sus fueros, que se pavoneen chulescamente, que ejerzan sin cortapisas el proselitismo y la administración del miedo. A quienes se atreven a rebelarse contra ese designio exterminador, no les queda otra salida que el exilio o el silencio; y, si aún se obstinan en seguir emitiendo su voz, si aún se empeñan en seguir ocupando sus lares, saben que su sentencia ya ha sido dictaminada: hoy quizá reciban una amenaza telefónica; mañana quizá se tropiecen con su nombre escrito en una pared, a modo de epitafio anticipado; pasado mañana quizá se desangren en una acera, como lastres excedentes de una depuración demográfica.

Tres mujeres bendecidas por el coraje acaban de lanzar su grito de sereno dolor, rebelándose contra una dictadura que quiere dejar afónica a sus víctimas. Mientras la madre, la viuda y la hermana de Joseba Pagazaurtundua vindican al hombre que murió desasistido por quienes debieron ampararlo, el Gobierno vasco se muestra mucho más preocupado por denunciar torturas fantasmagóricas de la Guardia Civil, por subvencionar periodiquitos o libelos donde los apóstoles del terror desembuchan su odio. Un Gobierno que no garantiza la vida de sus ciudadanos y propicia su confinamiento en las mazmorras de la clandestinidad se preocupa, en cambio, de otorgar coartadas y asistencia a los verdugos. Todo resulta demasiado abyecto, demasiado sórdido y abismal; es el triunfo sin ambages de la sinrazón, la subversión de los más elementales principios de humanidad. Es la entronización de la barbarie, amparada por un simulacro de democracia. Pero al menos nos queda el testimonio lastimado de tres mujeres solas, refutando tanta obscenidad, alimentando la llama de una maltrecha, casi agónica, esperanza. A ese testimonio nos aferramos, para seguir respirando.

Nacionalismos excluyentes
Por JUAN CARLOS RODRÍGUEZ IBARRA. Presidente de la Junta de Extremadura ABC 1 Marzo 2003

«LA violencia con que usted reacciona ante una información es inversamente proporcional a la exactitud de la misma». Este es el postulado de Weathermax y la sensación que tengo, después de las declaraciones que hice, días pasados, sobre la presencia de los partidos nacionalistas en el Congreso de los Diputados y las reacciones producidas, es que el postulado es cierto. Ha bastado que diera mi opinión sobre el nivel de representación parlamentaria de algunos partidos para que las reacciones hayan sido virulentas e insultantes. La que más gracia me ha hecho ha sido aquella que pronunciada por dirigentes nacionalistas me han acusado de nacionalista español. Yo no me declaro como tal y tampoco me tengo por nacionalista, pero supongamos que fuera cierto que soy un nacionalista español. En ese caso la discrepancia la esperaría de quien no se tiene por nacionalista pero no de quien hace gala de esa doctrina ideológica ya que estaríamos ante dos primos hermanos que profesan la misma ideología. En ese caso los nacionalistas deberían aplaudirme y criticarme los no nacionalistas.

En cualquier caso, lo que se deduce de los comentarios habidos es: 1) un nacionalista regional es enemigo declarado de un nacionalista español. 2) un nacionalista regional puede insultar y descalificar a un nacionalista español pero no al contrario. 3) un nacionalista regional cree que su ideología es moral y éticamente superior a la ideología de los demás, hasta el punto que cuando llega al misticismo nacionalista, no tiene ningún inconveniente en matar a los que no piensan de la misma manera que él. Por el contrario, y es mi caso, yo no estoy en contra de la existencia de nacionalistas ni soy enemigo de ellos. Mi ideología de izquierdas me sitúa más en una tradición descentralizadora e internacional que en una tradición nacionalista. Pero no ser enemigos no significa renunciar a mi derecho a combatir políticamente aquellas ideologías que considero retardatarias para el proyecto político que defiendo. Y aunque los nacionalistas no lo entiendan, el nacionalismo es una apuesta política -y bastante reciente por cierto- y no un resultado fatal de la diversidad cultural española. Como es sabido, los nacionalismos que hoy conocemos en España son, al menos en parte, el resultado de la transformación, o si queremos ser más precisos, de la secularización y modernización del foralismo o fuerismo que caracterizó al tradicionalismo español en el siglo XIX. Este, a su vez, era la expresión de la resistencia que se opone, desde distintas zonas de España a los sucesivos intentos de centralización política y al proceso de laicización de la vida política que se produce en España en ese siglo. Al asumir el nacionalismo como la ideología con que englobar sus demandas, se estaba dando entrada a lo que , desde la Revolución Francesa, es el rasgo distintivo de todo nacionalismo: la transformación de la nación en Estado, con todos los atributos de éste.

Pues bien, con la transformación del regionalismo y foralismo en nacionalismo, la adquisición de la condición estatal se convirtió en el horizonte último de estos partidos nacionalistas. El gobierno vasco ha convertido el programa máximo de su partido, el PNV, en programa de gobierno y, ya sin tapujos, ha proclamado su deseo de que el País Vasco se convierta en un Estado Libre Asociado. Cuando otros partidos nacionalistas insisten en definir a su territorio como nación, no será sólo por una cuestión semántica, sino como la necesidad de dar el paso previo para transitar después al Estado.

Para un nacionalista español, ese planteamiento es inasumible por razones históricas o sentimentales. Para un socialista ese planteamiento debe ser combatido por razones de eficacia, porque la España actual, no el Estado español en abstracto, sino la España de ahora, democrática casi por primera vez en nuestra historia y fruto de tantos esfuerzos, es el instrumento territorial para plasmar su proyecto de transformación política. Para marcar una importante diferencia de sensibilidades en este punto, diré que para un nacionalista la historia relevante es la de los conflictos centro-periferia que han tenido como escenario el suelo peninsular. Mientras que para un socialista español, lo importante son las luchas que han permitido la emancipación del pueblo español en su historia reciente. En los planteamientos reformistas de que el PSOE es el heredero entre nosotros, ese Estado (España) era la clave de la transformación. Por eso, muchos en la izquierda española tenemos dificultades en comprender cualquier deslegitimación, no de España en abstracto, sino de esta España de ahora, democrática, plural, diversa y descentralizada, donde por primera vez un socialista puede plantear y llevar a cabo un proyecto político de igualdad, libertad y solidaridad para todos y entre todos. En ese proyecto caben todos, se llamen como se llamen, hayan nacido donde hayan nacido, se sientan o no españoles. La condición es que respeten a los que se llamen de una forma distinta, piensen distinto o se sientan distintos, y estén dispuestos a colaborar en un proyecto de solidaridad para todos.

Por eso, mientras haya partidos que su objetivo no sea ése, tengo el legítimo derecho a proponer fórmulas que den asiento en el Congreso de los Diputados a los partidos que representan al conjunto de la ciudadanía, si bien desde perspectivas ideológicas diferentes, reservando los Parlamentos autonómicos y el Senado reformado para los partidos que sólo aspiran a representar a una parte del territorio, porque o bien su aspiración explícita o tácita es conseguir hacer de sus territorios un Estado o bien porque, como se ha demostrado hasta ahora, su interés no radica en ayudar a la gobernación de España sino a obtener beneficios para sus territorios, sin importarles el destino del resto de los españoles.

Invito desde estas líneas a quienes han tenido la oportunidad de negociar con nacionalistas la estabilidad de legislaturas sin mayorías absolutas a que me desmientan la última aseveración. ¡Que hablen Suárez, Felipe González, Calvo Sotelo o Aznar!

Otamendi e Ibarretxe
Germán Yanke Libertad Digital  1 Marzo 2003

A Marcelo Otamendi (Martxelo, dice él en un idioma raro, que no es vascuence) le conozco hace tiempo. Es un tipo con aire sumiso y evasivo y yo creía que lo que le pasaba era que no acertaba a mostrarse como realmente es. Soy un inocente. Lo curioso es que fue el PNV el que me puso sobre la pista cuando denunció que Egunkaria era parte del entramado batasuno-etarra, es decir, que Otamendi, más que desacertado en las formas, realmente no quería mostrarse como es y ahora hemos certificado judicialmente. Que el PNV quiera ampararle, a él y a su periódico, es, más que una paradoja, una prueba: es ya larga la tradición de colaboración del partido fundado por Sabino Arana y del Gobierno que sostiene con ese entramado que antes, ante la galería, repudiaba.

Lo que sigue siendo es sumiso y, tras su detención, no ha hecho otra cosa que obedecer a sus jefes sin una pizca de imaginación, aunque con todo el cinismo que acompaña el totalitarismo etarra. Como manda el manual, suma a su absurda e indignante denuncia de torturas la petición a Ibarretxe de que la Policía Autonómica le proteja, cuando sea menester, de la Guardia Civil. Lo que pide, aunque lo haga con esos trazos burdos de cómic fascista, es lo que quieren e intentan con las armas del terrorismo sus colegas: subvertir el orden constitucional, acabar con el Estado de Derecho e imponer su dictadura acabando con los instrumentos que garantizan las libertades y los derechos de los ciudadanos.

Habrá quien crea todavía que estamos hablando, en el asunto Egunkaria, de periodismo. El inocente soy yo, quienes sigan haciéndolo son patanes o malintencionados. Otamendi ha demostrado que no es sino un desgraciado agente de la dictadura etarra y, como sabe el juez Del Olmo, el custodio, en Egunkaria, de sus operaciones financieras. Está tan en el ajo terrorista que, sumiso y evasivo, sabe a quién acudir, como si siguiese leyendo el manual del terrorista: al amigo, a Ibarretxe, el que les financiaba, el que no quiere quitarles el poder, el que les defiende, el que les jalea, el que les protege. El tristemente famoso Otegi, detenido en Francia, tenía un manojo de llaves de pisos para ayudar a terroristas. A Otamendi, al parecer, le basta con el teléfono de Ajuria Enea.

Los derechos históricos como derechos naturales
Gabriel Albendea es catedrático de Filosofía y escritor La Razón 1 Marzo 2003

Conocida es la polémica que el positivismo jurídico ha mantenido con el iusnaturalismo al exponer aquel las dificultades que el derecho tiene para ser derecho y para ser natural. Lo primero por la ausencia de eficacia a la hora de obtener su respeto. El derecho natural es un derecho desarmado, en palabras de Norberto Bobbio. Lo segundo, por la falta de acuerdo acerca de lo que sea natural. Aunque sobre un carácter de lo natural sí ha habido acuerdo entre los iusnaturalistas: lo natural debe ser inmutable y universal. Sin embargo, hace tiempo que el historicismo, que constituye el clima de nuestro pensar, nos ha enseñado que el hombre no tiene naturaleza sino historia. Por tanto, que los derechos son históricos, cambiantes, y que se adquieren y se pierden con el tiempo.
Pues bien, cuando el nacionalista reivindica su nacionalidad independiente arguye que hubo un tiempo en que disfrutó de unos determinados derechos nacionales y que, por tanto, el resto del mundo está obligado a restituirle tales derechos. Es claro que semejante reivindicación carecería de sentido si no se fundara en la creencia de que lo que fue en el pasado tiene que seguir siendo en el presente, de que los mismos derechos se perpetúan a lo largo del tiempo y que la historia no les afecta. O sea, que los llamados derechos históricos, que, lógicamente, al denominarse así, se han adquirido en un momento determinado, atraviesan intangibles la historia, no pueden perderse, sino que permanecen inmutables, válidos para siempre. Es decir, el nacionalista pretende convertir los derechos históricos en derechos naturales, permanentes, asumiendo tranquilamente la contradicción indicada. Da lo mismo la antigüedad que tengan tales derechos puesto que por ellos no pasa el tiempo.

Evidentemente al nacionalista le interesan sus derechos, no los que hayan podido adquirir los demás respecto a ellos. Y ello porque los considera propios de su naturaleza, naturales. Si se tomara en serio la historia y los considerara realmente históricos, no le quedaría otro remedio que admitir que los derechos se adquieren y se pierden, que ello depende de múltiples causas, entre ellas, la fuerza que ellos denostan, pero que están dispuestos a emplear para lograr su reivindicación. La aristocracia perdió sus derechos en la revolución francesa, la Iglesia ha perdido muchos derechos medievales, la aristocracia y la burguesía los perdieron en la revolución rusa.

Peor aún es cuando, como en el caso vasco o catalán, se utiliza la historia para reivindicar lo que nunca ha existido, ni nación ni Estado. Muy bien podrán decir los nacionalistas: dejemos la historia en paz. Dejemos argumentos históricos de cualquier tipo, razones de lengua, raza o cultura. Aunque hay que advertir que esto no suele hacerlo. Es probable que se acojan a la definición de Renan, al famoso «plebiscito cotidiano». Pero seguramente mal interpretado. Porque lo que hace Renan con esta idea es situarse en las antípodas tanto de un voluntarismo irracionalista que funde la nación en lo arbitrario como de cualquier base genética, lingüística o cultural.
Renan dice: «El principio fundamental es que el hombre es un ser razonable y moral, antes de estar instalado en cualquier lengua, raza o cultura», «porque antes de la cultura francesa, alemana o italiana está la cultura humana». «Por tanto una nación supone un pasado. Pero se resume en el presente por un hecho tangible: el consenso, el deseo claramente expresado de continuar la vida en común. La existencia de una nación es un plebiscito cotidiano». Aquí se abandona toda fundamentación histórica de índole naturalista, porque el hombre no es un trozo de la naturaleza, sino un ser racional y moral. Por ello, el plebiscito cotidiano no es el capricho diario de los individuos, una voluntad irracional, sino el consentimiento de una voluntad guiada por la razón.

En el polo opuesto el nacionalista vasco. Otegui: «Ya somos independientes». O Pujol: Somos una nación. La afirmación subjetiva y simple de una voluntad irracional, característica típica del terrorismo. Así lo quiero, así lo afirmo. Ni el País Vasco ni Cataluña son una nación y aún menos independientes. La razón nacionalista es ideológica, en sentido marxiano, falsa conciencia de la realidad. Cuando sobran los argumentos es que se carece de ellos. Dejar los argumentos historicistas es lo que hace el nacionalista Krutwig, que basa «el derecho del pueblo vasco a la independencia en la existencia de una etnia con conciencia propia y voluntad de ser libre» (Vasconia, Norbait, Bs.As., p.33). Sin embargo, no sólo se trata, como argumenta Jon Juaristi, de que a la etnia le falle la lengua, la conciencia o la voluntad y que, en último término esos caracteres sólo se den en el propio Krutwig, cuya definición de lo nacional puede ser la de Renan o la de Stalin, sino que se trata de que ninguna etnia, sea «en sí» o «para sí», posee derecho a constituirse por ello en Estado, sin caer en la falacia naturalista. Además de que no hay etnias puras ni en el País Vasco ni en el resto de España.

Aurelio Arteta en un denso artículo dice algo que no parece políticamente correcto a tenor de la airada respuesta de todos los partidos sin excepción contra las declaraciones de Jiménez de Parga, presidente del TC, sobre todo de los nacionalistas. Porque lo que dice éste es que no hay comunidades históricas privilegiadas que merezcan unos derechos que no tengan las demás. Y ésa es la reflexión de Arteta. Que desde el momento en que admitimos que el País Vasco tiene derechos especiales que no deben tener las demás regiones «ya hemos tragado el anzuelo». Y eso es lo que ha pasado con los redactores de la Constitución del 78, añado yo, que tragaron el anzuelo (Aurelio Arteta: No hay derecho; «El País», 26-11-2002). Otro argumento que entra en la discusión que nos ocupa se refiere a la posible diferencia entre los derechos históricos colectivos e individuales. Parece que los primeros se reivindican con absoluta convicción, mientras que no se advierte que nadie reclame sus derechos individuales.

¿Alguien imagina que por mala fortuna o peor cabeza su bisabuelo se arruinara y ahora exigiera la devolución del patrimonio de su antepasado? Entonces, ¿en virtud de qué principio jurídico o moral se puede pretender que los derechos históricos colectivos merecen un trato distinto que los individuales? ¿No es porque de nuevo se cree que los derechos colectivos tienen algo de natural de que carecen los individuales? No sólo con el paso de las generaciones los individuos pierden sus derechos, sino que incluso en la propia vida de una persona puede ocurrir que pierda sus derechos debido a un cambio legislativo. ¿Por qué entonces hay que pensar que en el caso de los derechos colectivos las varias legislaciones positivas que han transformado la sociedad no pueden afectar a los supuestos derechos históricos de un pueblo?

El concepto de derechos históricos, que esconde muchas veces la reivindicación de estatus privilegiado antiguo, es claramente incompatible con el justo principio democrático de la igualdad. Es claro que la democracia pretende romper con privilegios particulares, estamentales, de clase y de grupo y con las profundas discriminaciones existentes. Desde entonces, desde la declaración de los derechos del hombre y del ciudadano, ésa ha sido la tendencia uniformadora de la democracia del bienestar que ha prevalecido hasta el presente. El nacionalismo actual sólo se explica en aquellos lugares en donde no ha sido resuelto el problema de la modernidad, a través de un culto consciente de la cultura moderna. El nacionalismo añora una cultura étnica, arcaica.

Los nacionalistas pretenden usar la democracia para su conveniencia, como cuando se habla del marco vasco de decisión, sin respetar el marco español, más amplio, en que se hallan insertos. La tendencia totalitaria y centralizadora de que acusan con frecuencia al Estado español las que se consideran naciones sin Estado, le sirve a los nacionalistas para negar, paradójicamente, los derechos a la secesión de cualquier parte de su territorio ideal, no legal,o sea el que incluye Álava, Navarra e Iparralde.

Mala fe
Por IGNACIO SÁNCHEZ CÁMARA ABC 1 Marzo 2003

La buena fe siempre debe ser presumida hasta que la evidencia imponga su inexistencia. Incluso en el caso del PNV. Por enormes que sean sus disparates, hay que presuponer que obran de buena fe mientras sea posible hacerlo. Y no cabe duda de que sus dirigentes suelen ponerlo difícil. Subordinar la moral y el respeto a la verdad a la estrategia política o a los intereses secesionistas del nacionalismo abre la puerta a la mala fe.

El Gobierno vasco y el partido que lo sustenta se han opuesto a la decisión judicial que ordenó el cierre del diario «Egunkaria». Están en su derecho a hacerlo porque las decisiones judiciales, en una democracia, son criticables. Pero a lo que no tienen derecho es a no acatarlas y a actuar de manera que se dificulte su aplicación. Por ejemplo, colaborando a la publicación de un sucedáneo del diario clausurado, o apoyándola de cualquier manera. Eso entraña una deslealtad o, si se prefiere, traición, más al Estado de Derecho. Por lo demás, el argumento invocado de la defensa de la libertad de expresión sólo puede imputarse a ignorancia o a mala fe. El diario no ha sido clausurado por emitir determinadas opiniones sino por presunta participación material en el entramado criminal de ETA. Invocar aquí la libertad de expresión es tan pertinente como hacerlo en un caso de asesinato. Algo parecido cabe decir del otro argumento aducido para justificar su actitud favorable a los intereses etarras: la presunción de inocencia. No pocas bobadas se han emitido en su justo nombre. Se trata de un principio procesal, consustancial a un sistema penal civilizado, que obliga a que quien impute la comisión de un delito deba probarlo, de manera que el acusado es considerado inocente hasta que sea probada su culpabilidad, mediante sentencia firme. Pero eso no significa que no puedan tomarse medidas contra el acusado sobre el que existan indicios racionales de criminalidad. Por esta vía argumental, la detención de un sospechoso vulneraría la presunción de inocencia. El encarcelamiento de un sospechoso o el cierre cautelar de un periódico no entrañan violaciones del principio de la presunción de inocencia. Una vez más, invocarla en este caso sólo puede ser obra de la ignorancia y de la mala fe.

Las presunciones de buena fe sobre la conducta del PNV y del Gobierno vasco requieren una obstinación a prueba de toda evidencia. A la vez que protegen a los responsables del diario clausurado, acusados de colaborar con ETA y formar parte de su entramado económico, invierten toda su argumentación, beatíficamente defensora de una noción equivocada de la presunción de inocencia, para amparar las acusaciones de malos tratos por parte de los detenidos. Una denuncia absolutamente inverosímil, sobre la que no existe el menor indicio y que, por otra parte, forma parte del manual de instrucciones de la organización terrorista. Los detenidos son para el PNV presuntos inocentes y los guardias civiles presuntos culpables. La presunción de buena fe se viene abajo. E incluso cabe hacer una conjetura más que probable. La raíz de su mala fe se encuentra en un interés político, en otro tiempo sometido a la disciplina de la ambigüedad, pero hoy notorio: la coincidencia de fines separatistas con la organización terrorista y una discrepancia de medios que, no obstante, no le impide beneficiarse de los crímenes ajenos. Y lo peor de todo es que están llevando al País Vasco por la senda de la división y del enfrentamiento social y de la quiebra de la legalidad constitucional. Aspirar a destruir la Constitución aprovechándose de sus beneficios sólo puede ser obra de la mala fe.

Tres Mujeres (eig)
Fermín Bocos El Ideal Gallego 1 Marzo 2003

Joseba Pagaza, el jefe de la Policía Local de Andoain asesinado hace unas semanas por ETA acusa desde la tumba. Por unas cartas suyas hemos sabido que había advertido al gobierno vasco de que temía por su vida y criticaba que le hubieran trasladado a Andoain, un pueblo cuyas peculiaridades sentía que acrecían su inseguridad.

Por desgracia los hechos de dieron la razón. Tuvo el presentimiento de que iba a ser asesinado y su profecía se cumplió. La denuncia que hemos conocido en palabras de su madre, de su mujer y de su hermana es conmovedora. Esas tres mujeres rotas por la pena y el dolor, pero agigantadas por la dignidad de quien exalta una causa justa nos han dado un ejemplo de dignidad.

Su “yo acuso” debería resonar en la conciencia de cuantos desde el lehendakari, al consejero Balza -pasando por el alcalde de Andoain- tuvieron la posibilidad de proteger a Pagaza y no lo hicieron. La voz de ultratumba acusa a sus verdugos y señala a quienes miraron para otra parte cuando tuvo la premonición de que iban a matarle. Todo lo que dice en sus cartas forma parte de la realidad. Incluido el silencio miserable del alcalde de Andoain, incapaz de condenar el asesinato.

Los destinatarios de las cartas se han quitado de encima el caso alegando que no las habían recibido. Menos en la Consejería de Interior, todo Euskadi sabía que Pagaza estaba amenazado. Estos hechos son vergonzosos. Incompatibles con la normalidad democrática y con la decencia. Ninguna otra prioridad debería tener el gobierno vasco que no fuera extirpar el terrorismo. Su movilización ante el cierre de un periódico contrasta con la indiferencia que han demostrado ante el caso Pagaza. El estremecedor “yo acuso” de esas tres mujeres pesará sobre la conciencia de quienes por miedo, sectarismo o dureza de corazón, nada hicieron para impedir el asesinato de Pagaza. Su voz les acusa desde la tumba.

Desbordamiento
Editorial El Correo 1 Marzo 2003

La detención y encausamiento de los editores y responsables del periódico 'Egunkaria' y la clausura cautelar de éste han desatado una escalada de reacciones que han terminado por desbordar los cauces de la sensatez y las reglas de conducta que han de seguir las instituciones en democracia. La actuación del Juzgado Central de Instrucción número 6, plasmada por ahora en el auto hecho público el pasado 25 de febrero, se ha basado al parecer en el contenido de documentos que obraban en manos de la banda terrorista ETA y que revelan que hasta 1993 ésta presentaba el nacimiento y los primeros pasos de 'Egunkaria' como parte de una estrategia general en la que la banda se arrogaba la supervisión del diario en euskera. Dado que la documentación incautada ofrece el contenido de reuniones y consultas establecidas dentro de la propia ETA, a la instrucción corresponde desvelar si los encausados han seguido activa y conscientemente las directrices de la cúpula etarra; si las finanzas de la sociedad editora se han vinculado -en una u otra dirección- con las arcas de la banda terrorista; y en qué punto el contenido informativo o editorial de 'Egunkaria' ha respondido al explícito mandato de ETA. Es de suponer que para adoptar tan drásticas decisiones el juez Del Olmo poseía indicios más elocuentes que los que contiene el texto del citado auto. De lo contrario, si el procedimiento abierto no se sustancia en evidencias y pruebas más inequívocas y actuales, cabrá concluir que nos encontramos ante una ejecutoria de convicción carente del rigor preciso.

Es cierto que la instrucción judicial requiere condiciones de confidencialidad y secreto para cumplir con su finalidad. Pero los jueces no pueden pretender realizar su tarea bajo una campana de cristal cuando sus actos generan consecuencias como las suscitadas por el cierre de 'Egunkaria'. Porque también forma parte de su cometido evitar en la medida de lo posible los equívocos, la incertidumbre o las situaciones conflictivas -que la opacidad, la lentitud en la instrucción o eventuales contradicciones pudieran suscitar- a través de una puntual y precisa información que permita aproximar a la opinión pública a la verdad de los hechos.

Dos han sido los efectos que más han destacado en relación al caso 'Egunkaria': la significativa coincidencia por la que el nacionalismo gobernante ha secundado al más radical a la hora de interpretar la actuación del juez Del Olmo como un ataque al euskera, y la pública denuncia de haber sufrido tortura y malos tratos por parte de algunos de los interrogados por la Guardia Civil. El hecho de que el propio lehendakari Ibarretxe hiciera suya -en nombre del Consejo Asesor del Euskera- una versión de los hechos prejuiciosa e interesada denota hasta qué punto los responsables de la autonomía vasca han preferido dejarse llevar por tan peligrosa corriente antes que hacer frente al mensaje de los más extremistas, deslindando desde el primer momento el euskera de los motivos que recoge el auto judicial. La apropiación indebida del euskera y su identificación exclusivista con lo abertzale constituye no sólo el mayor lastre que padece dicha lengua de cara a la normalización de su uso, sino que además comporta una peligrosa carga simbólica, propicia a la división de la sociedad vasca en comunidades enfrentadas. Es seguro que la opinión pública vasca está deseosa de que el juez instructor no encuentre motivo alguno para prolongar la clausura cautelar de 'Egunkaria'. Pero a medida que transcurren los días, es fácil reconocer entre las demandas de quienes editan 'Egunero' y en sus aledaños el deseo de valerse del revés sufrido para apuntalar sus propias posiciones en el llamado 'universo del euskera' y reorientar a su favor la política lingüística y la acción de las instituciones vasca en tan delicada materia.

La mera denuncia pública de que se hayan infligido torturas a algunos de los detenidos por el caso 'Egunkaria' ha de constituir un motivo de preocupación ciudadana y de celo institucional. Pero la presunción de inocencia -que también ha de proteger el quehacer de los guardias civiles encargados de la custodia de los detenidos- ha sido soslayada por cuantos responsables del Gobierno vasco no han dudado un ápice en asumir como única verdad las palabras pronunciadas por Martxelo Otamendi. Máxime cuando éste incurrió en la desfachatez de parangonar la actuación de los poderes públicos en el País Vasco con el Chile de Pinochet. El hecho de que el Gobierno vasco, uno de cuyos cometidos es actuar al servicio de la Justicia, decida alimentar así los estigmas del pasado, representa un auténtico despropósito que, lejos de reforzar las instituciones de la autonomía, contribuye a deslegitimarlas ante los ojos de aquellos que no persiguen otra cosa que su definitiva ruina.

El chalé de Fujimori
FERNANDO SAVATER/ El Correo 1 Marzo 2003

Me lo contó un amigo, cooperante español en Perú que padeció bajo el autoritarismo de Fujimori. Vivía en Cuzco, en el interior del país, y se desesperaba porque allí los mayores atropellos del Gobierno apenas suscitaban reacciones populares, como las que tenían lugar en Lima y otras poblaciones. Cierto día se convocó por fin una enorme manifestación de protesta, en la que se echó a la calle media Cuzco. Pero la felicidad de mi amigo no fue perfecta, rara vez suele serlo. El motivo de la algarada era la especie, difundida por algún disidente político tan astuto como desaprensivo, de que Fujimori pensaba privatizar las célebres ruinas de Machu Pichu para hacerse en ellas una fastuosa residencia particular. Como gran parte de Cuzco vive de las visitas turísticas al ilustre enclave arqueológico, la misma gente que no había reaccionado ante abusos y crímenes perfectamente documentados se movilizó indignada con motivo de ese rumor infundado y francamente absurdo. Mi amigo se quedó en casa, mordiéndose los puños.

No he podido por menos de recordar este espejismo sublevatorio al ver la manifestación donostiarra provocada por el cierre cautelar de 'Egunkaria'. Desde luego, es perfectamente comprensible que algunos se inquieten por una medida tan grave como interrumpir la publicación de un periódico y es lógico que se reclamen pruebas contundentes de vinculación al terrorismo contra sus responsables empresariales para justificar tal medida. También es indudable que bastantes de los participantes en la protesta estuvieron en ella no porque dudasen de tales conexiones con ETA sino porque las aceptaban con militante desfachatez. Pero creo que la mayoría de los asistentes se manifestaron nada menos que en defensa del euskera y de la cultura vasca, que suponían agredida. Es decir, en defensa del Machu Pichu amenazado por el chalé de Fujimori.

Hay simples bobadas que por el contexto en que se producen se convierten en bobadas criminales: ésta es una de ellas. Sea acertado o desacertado el cierre de 'Egunkaria', lo único evidente es que no se produce por razones lingüísticas sino por supuestas conexiones mafiosas. Lo mismo pasó años atrás con 'Egin', publicado casi todo en castellano. Quienes desean leer un periódico en euskera pueden deplorar este cierre, pero muchos de ellos también se han venido quejando de que el único existente no reflejase convenientemente el pluralismo de opiniones de la sociedad vasca. Y desde luego aún hay más que muy gustosos leerían noticias en euskera pero se niegan a dar ni un céntimo a ETA, a quienes la legitiman, la comprenden o la promocionan. Y se niegan precisamente por amor al euskera y a una cultura vasca que es injusto asimilar a la vesania terrorista o al nacionalismo depredador. Tan risibles e incultos son los que maldicen al castellano por la lengua de Franco como los que consideran que el vascuence es el idioma de los comunicados de ETA y nada más. Pero este último disparate lo promocionan los que permiten al terrorismo (o a sus abogados defensores) monopolizar esa lengua o protagonizar en exclusiva sus objetivos culturales. Si se cree conveniente criticar la actuación del juez por deficiencias en su procedimiento o actuaciones, adelante: pero sin extender un cheque en blanco a cualquiera que se escude en el amor al euskera para odiar a muerte y hasta la muerte a sus convecinos.

Ya es un poco raro que tantos que han guardado un ambiguo silencio ante asesinatos de euskaldunes y de quienes no lo eran se sientan encendidos de justa cólera ante el cierre de un periódico y unas detenciones cuyo fundamento aún no conocemos del todo. Pero aún es más notable la claridad de ideas que tienen sobre el asunto los prohombres nacionalistas, por lo común tan brumosos y equidistantes ante otros atentados. Si Martxelo Otamendi denuncia formalmente torturas (aunque sean tan escolares como repetir 500 veces no se qué dogma geográfico, lo que debe de ser tan inaguantable para el torturado como para el propio torturador), el juez tiene obligación de aclarar esa imputación y cualquiera semejante. Pero resulta raro que Anasagasti clame contra que se detenga y torture «por ser vascos» (¿por qué no nos detienen y torturan entonces a él y a mí, o al Athletic?), que el consejero Azkarraga conceda de pronto «valor supremo a la palabra del director de un medio de comunicación» (¿también al director de 'ABC' o al de 'La Razón'?), o que el vicario general de la diócesis de San Sebastián -sucesor de aquel otro que nos explicó que los etarras eran muy «desinteresados»- llame ahora a la movilización contra la injusticia de la tortura, después de no haberse movilizado contra la injusticia del secuestro o del asesinato. ¿Es que se han acabado ya las reservas y matices que tanto nos viene prodigando últimamente?

A quien le apetezca manifestarse por la independencia, por la justificación de la violencia en nombre del supuesto 'conflicto', por el nacionalismo étnico, contra el Gobierno español, contra la Constitución o contra lo que le apetezca -incluso a favor de ETA, si se atreve- por mí que no se prive. Pero que no intente engañarse y engañarnos invocando al euskera, a la cultura o al pueblo vasco, porque no son suyos. Que no intente vendernos el chalé de Fujimori.

La ley del silencio
G. L. A. ABC 1 Marzo 2003

MADRID. «Sería preciso disparar el cañonazo dentro del oído de cada español para lograr que la sociedad española se enterase de que ahí fuera había tiros». Esta radiografía hecha en el año 1921 por José Ortega y Gasset, que definió España como una sociedad de «compartimentos estancos», un siglo después tiene plena validez para el diagnóstico de la sociedad vasca.

Si fuera una realidad social que la mayoría de sus habitantes se sienten amenazados -lo es moral y políticamente porque, como explicó Bertold Brecht de manera insuperable, basta que un prójimo se sienta amenazado para que lo estemos todos- la revolución contra el terrorismo hace tiempo que habría estallado como una marea imparable. Pero la «realidad social», según quienes se atreven a ir más allá del discurso políticamente correcto, es que el terrorismo sólo es una amenaza cierta para la minoría -básicamente los militantes del Partido Popular y del Partido Socialista- que exterioriza su compromiso con las libertades.

No sienten esa amenaza los políticos nacionalistas ni tampoco la masa que, aun estando en las antípodas de sus planteamientos, cumple la «ley del silencio» y no habla de lo «políticamente inconveniente» fuera de las cuatro paredes de su casa, algo que no deja de ser especialmente perverso en un pueblo para el que el bar es un lugar natural de encuentro y diálogo con sus convecinos.

Poder y dinero
Los líderes no nacionalistas están persuadidos de que el cambio en el País Vasco pasa por los sillones y por los bolsillos, porque requiere conjugar lo político con lo social. El cambio político exige un giro del PNV que, según criterio generalizado, no se producirá hasta que no pierda el poder; y el social no se producirá mientras que la sociedad vasca disponga de un nivel de calidad de vida superior a la media del conjunto de España. Un consejero del Gobierno autonómico lo expresó no hace mucho con toda crudeza: «Nadie se siente amenazado si puede salir los viernes a cenar y pasar el fin de semana esquiando en Candanchú». Dicho con otras palabras, «es más fácil soportar una hora de terrorismo que veinticuatro sin bienestar».

Mientras, bajo el manto del silencio, crece la fractura humana. Si hubo un tiempo en que el desencuentro político no impedía a nacionalistas y no nacionalistas tomarse juntos unos «chiquitos» , ahora cada uno se los toma con los suyos.

El peligro de ser «ertzaina»
Lorenzo Contreras La Razón 1 Marzo 2003

Las cartas que Joseba Pagazaurtundua, jefe de la Policía Municipal de Andoain, dejó escritas como una especie de adiós a la vida, es uno de esos testimonios patéticos capaces de descalificar a una Administración, a un Gobierno, en este caso el Gobierno nacionalista que preside Juan José Ibarreche. El anuncio de la muerte propia con la misma certeza que un desahuciado por la medicina certifica lo inevitable, coloca fuera de la ética a los responsables de ese desamparo. Habría que decir también que los coloca fuera de la ley, pero es inútil invocar esa denegación de auxilio que el teórico «sheriff» del lugar plantea en sus escritos... póstumos. Esta historia se parece a esas películas del Oeste en las que un hombre legitimado para administrar la autoridad local se ve abandonado por la colectividad que le rodea y por los superiores que le designaron. Con algunas variantes de circunstancias, Pagazaurtundua recuerda al héroe de «Solo ante el peligro». Pero no solo frente a los asesinos llegados de fuera, sino inerme frente a los que están dentro de la localidad, acechando sus pasos y esperando el momento idóneo para hacer de la impunidad una obra maestra de la cobardía.

La infiltración de la Ertzaintza no es de ahora ni de ayer. Existe desde el primer momento en que fue creada. Por consiguiente, al enemigo etarra lo tienes al lado. Estás a su merced. Ni siquiera, si han decidido aniquilarte, necesitan tomarse la molestia de ejecutarte ellos mismos como tales agentes y supuestos compañeros. Les basta trasladar «a quien proceda» la información que poseen.

La metástasis nacionalista ha invadido el entero organismo del Estado en la Comunidad Autónoma vasca. El Gobierno central acredita impotencia para hacer valer su propio sistema de protección. Hoy ser «ertzaina» puede ser más peligroso o arriesgado en Euskadi que ser guardia civil, por ejemplo. O policía nacional. A Pagazaurtundua lo acusaron «desde dentro», por pertenecer como militante a un partido de ámbito nacional (el PSOE en su dimensión autonómica), de colaborar con las fuerzas de seguridad del Estado. El Gobierno de Ajuria Enea sabe perfectamente que estas situaciones se dan. Y no es que, por cobardía, se encoja de hombros, o como suele decirse «mire para otro lado». No hay hombros que encoger ni miradas que desviar. Es que esa realidad está orquestada, forma parte de una estrategia de «dejar hacer», dentro de un entramado conspirativo cuyo último concepto definidor e inconfesado es la desobediencia civil, la violación de las normas constitucionales y la protección encubierta del «patriota». Ése es el verdadero terrorismo vasco, el que alardea de incruento porque no necesita matar. Otros lo hacen por él. Es el asesinato de las conciencias, la anestesia de las sensibilidades. Consuela decir de vez en cuando cosas tan obvias.

¿Por qué no se habla del jamón?
Julián Lago La Razón 1 Marzo 2003

Al grito de ¿que nos quitan el jamón!, Arzallus ha tocado a rebato, que es como si tocara a misa pero en plan supermercado, que lo que los nacionalistas vascos se juegan en las municipales es el control del jamón, ése que llevan comiéndose hace más de veinte años, solos y con los dedos. Es decir, que los Partidos-Nación, y el PNV lo es, encuentran en la patrimonialización del poder su porqué, su aquel, por lo cual el control económico-financiero constituye el objetivo prioritario, aunque no se diga, en paralelo con el proyecto ideológico, que eso no mata el hambre, después de todo.

Desde luego, resulta espectacular el entramado de intereses montado por los peneuvistas en todo ese tiempo, mucho más a lo bestia que la Filesa que montó González para engrasar al socialismo, que estaba mojama, pues. A nadie, que esté al loro, le extrañará de lo que hablamos, o, lo que es lo mismo, del manejo descarado de los presupuestos públicos, autonómicos, municipales y de las diputaciones generales por parte del PNV/EA, a favor de cuanto resulta afín al soberanismo, lo cual explicaría además las complicidades de quienes, sin ser de los del carné, manifiestan su fe soberanista, no sea que les quiten el jamón, también a ellos.

En el Chicago de los años treinta, que es más o menos como hoy funciona arriba la cosa, pertenecer a Cossa Nostra suponía la mejor garantía para un buen pasar, siempre y cuando uno no se saliera de la obediencia de la «familia», como es natural. Así hoy exhibir en Euskadi credenciales nacionalistas no sólo significa una póliza de vida, que no es poco, pese a que el alcalde bilbaíno Azkuna manifieste lo contrario en un gesto máximo de cinismo, sino mayormente una fuente de ingresos segura que el Partido-Nación renueva mientras te comportes como Dios manda, ya me entienden.

Vamos, que en el País Vasco mercado, lo que se dice mercado libre, hay más bien poco, por no decir nada, ya que allí la libertad resulta un bien escaso y sólo al alcance de los independentistas. Lo que en el País Vasco se da, sobre todo, es clientelismo puro y duro, tal cual demuestra la creciente diáspora laboral observada entre quienes emigran en busca de un futuro económico que se les niega por su condición de no nacionalistas, que eso sí que allí es un pecado mortal, o lo que es igual, que puede producir la muerte.

La burguesía de Neguri, que bien que se hartó de jamón con Franco, espera que ayuntamientos como el de Bilbao, donde comparece el popular Antonio Basagoiti, apunten este nombre, no cambie de mano o, como mal menor, que los socialistas acaben mamoneando con el nacionalismo, a fin de no perder la silla de la reina en la que están sentados de toda la vida. O sea, que debajo de tanta ideología, tanta territorialidad y tantas leches, está el jamón, su reparto, y en eso andan Arzallus y demás.

Palabra de vasco
TONIA ETXARRI/ El Correo 1 Marzo 2003

Las mujeres más importantes de la corta vida de Pagazaurtundua, tuvieron que recurrir a mostrar sus cartas manuscritas en las que denuncia supuestas amenazas recibidas por parte de personas que trabajan «a las órdenes del consejero de Interior». Como Joseba ya no puede entablar polémicas, ha tenido que ser su propia madre quien ha aclarado que su hijo regresó a Andoain, donde fue asesinado, en contra de su voluntad. Palabra de vasca, señores y señoras del Gobierno vasco. Una vasca a la que ETA ha matado a su hijo por ¿ser vasco, señor Anasagasti? Lo de menos es si las cartas llegaron a su destinatario. Lo esencial es que, en ellas, se refleja la angustia de quien se sabía acosado por ETA, desprotegido del Gobierno y, tras un vía crucis de persecución, finalmente, asesinado. ¿Cabe imaginar mayor tortura, lehendakari? La denuncia de estas cartas es tan grave que el consejero Balza, además de exculparse por no tener noticia de esta situación, tendrá que abrir una investigación interna para averiguar qué tipo de 'perlas' tiene incrustradas en su departamento que amenazan a un ciudadano con pasar información a ETA.

En vez de tapar la realidad hay que airear nuestra anormalidad política. ¿O es que parece normal que un bertsolari se permita llamar criminales a los amenazados que van con escolta y a los responsables institucionales de este país no se les caiga la cara de vergüenza? «Cómo hemos llegado a esto», se preguntan y exclaman, en su magnífico libro los periodistas Unzueta y Barbería, y se responden: «mirando hacia otro lado». Y al oír al director general de EITB, Ortuzar, decir que retransmitió el acto de los bertsolaris en el que Amuriza llamó «criminales» a los escoltados porque no está en sus manos «censurar una muestra de la cultura vasca», la oposición se pregunta escandalizada ¿hasta dónde hemos llegado? ¿Quién está mezclando el euskera con la violencia? Demasiada indignidad. ¿De qué sirve un gobierno que no puede proteger a los más débiles? En realidad ¿quiénes son los más débiles aquí?

Lo terrible es que no todos muestran, con su actitud, que haya que defender el derecho a la vida como el prioritario. Otra cosa es la política de salón. Anasagasti dice, en la presentación del libro de Morán que hay que recuperar el diálogo con el PSE. Podría empezar por frenar la campaña de acoso contra Basta Ya en donde hay, entre otros, un buen puñado de socialistas. Es la hora de los gestos.

Si los detenidos de 'Egunkaria' han recibido malos tratos, se deberá aclarar cuanto antes. A los consejeros del Gobierno no les hace falta la justicia española. Creen, a priori, a Otamendi. Les cae mejor, porque su palabra es la de un vasco y periodista. Como tantos otros colegas que sufrieron atentados y recibieron cartas-bomba pero que no gozaron del mismo 'ardor guerrero' de estos consejeros. Dicho esto, ¿por qué no se reabre la cabecera de 'Egunkaria' bajo tutela judicial hasta que finalice la instrucción del caso?

Basta Ya
Pedro Echevarria Arana/Llodio-Álava Cartas al Director El Correo 1 Marzo 2003

A juzgar por las reacciones que provoca, no debe de ser poco el daño político que Basta Ya ocasiona al movimiento nacionalista. Si Arzalluz decía que es el reverso de ETA, Emilio Olabarria dice analizar con dolor sus «características» y pretende demostrar que los objetivos de Basta Ya, lucha contra la violencia, apoyo a las víctimas y denuncia del nacionalismo etnicista, «no sirven para comprender su existencia». Dice Olabarria que al PNV y a los demás partidos «no les crispan menos los atentados que a Basta Ya, y por ello no necesitamos su existencia». No se trata de crispación, se trata de lucha. De eso que el PNV no hace. ¿O acaso se lucha contra ETA oponiéndose a cualquier medida policial, judicial o política que desde el Estado de Derecho se toma contra el terrorismo? Para asegurar que no existen «lagunas institucionales» en relación a las víctimas, debiera haberse fijado en lo que ellas dicen o hacen. Se han sentido marginadas, olvidadas, vilipendiadas. La reacción de la familia Pagazaurtundua es todo un símbolo. Niega Olabarria la existencia del nacionalismo etnicista. El nacionalismo etnicista es el que se muestra inmisericorde con el que no es de los suyos, aunque éste se vea perseguido por ello; el que se ríe de los peligros que corren los otros; el que acuerda con los que asesinan «romper con los partidos que persiguen la destrucción del País Vaco y la construcción de España». No. Basta Ya no es el 'negativo' de nada, es el positivo de una sociedad que se revela contra el terrorismo y la falta de libertad que genera.

Vuelve a prisión el etarra Etxebarria, excarcelado sin fundamento por la juez Ruth Alonso
EFE Libertad Digital  1 Marzo 2003

La Audiencia Nacional ha revocado el tercer grado penitenciario que la juez de Vigilancia Penitenciaria de Bilbao Ruth Alonso concedió el pasado marzo al etarra Francisco Javier Etxebarria González. Queda anulada su libertad condicional y vuelve a la cárcel. Por segunda vez, un auto de la juez queda desautorizado.

Se trata de la segunda resolución de estas características que decreta la Audiencia Nacional, después de que el pasado 28 de enero ordenara el reingreso en prisión del ex colaborador de ETA Pedro Narbarte Gil, a quien Ruth Alonso concedió la libertad condicional el pasado junio y al que restaban tres meses para liquidar definitivamente su condena.

No obstante, en esta ocasión, al contrario que ocurrió con Narbarte, ni la Fiscalía ni el tribunal al que ha correspondido revisar la concesión de este beneficio penitenciario ordenaron, antes de que se celebrara la vista, la detención de Etxebarria, quien no habrá liquidado definitivamente su condena hasta 2008.

La sección tercera de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional adoptó esta decisión respecto a Etxebarria en un auto en el que estima que Alonso no debió acordar el pasado junio la libertad condicional para éste sin estar todavía resuelto el recurso que interpuso la Fiscalía contra la concesión del tercer grado el mes anterior. Según la Sala, si el recurso contra la progresión al tercer grado penitenciario fuera estimado "carecería de razón de ser la continuación" del recurso contra el auto en el que la juez aprobó la propuesta de libertad condicional.

Por contra, explica el tribunal, de ser desestimado el recurso del fiscal y se ratificara así el auto de progresión del tercer grado "habría que plantearse si concurren o no otros requisitos" para la concesión de la libertad condicional, que debe basarse en la buena conducta del preso y en un pronóstico individualizado y favorable a su reinserción social.

A este respecto, recuerda la Sala que el pasado mayo la Junta de Tratamiento del Centro Penitenciario de Bilbao "emitió por mayoría" un pronóstico desfavorable de comportamiento futuro sobre Etxebarria y añade que "no consta que el Juzgado haya confrontado ese informe con los otros técnicos, sino que ha atendido a los dictámenes del jurista y de la psicólogo en minoría".

La sección tercera, tiene también en cuenta que, "como afirma el jurista, la conducta en prisión ha de ser ponderada proyectándola a una situación posterior de libertad" y en este sentido destaca que Etxebarria, quien ingresó en prisión el 27 de junio de 1986, ha sido sancionado en 54 ocasiones desde diciembre de 1998. Por ello considera que "no cabe aseverar, desde la perspectiva de la reinserción social (...) que Etxebarria haya modificado, dentro de las posibilidades a su alcance, el comportamiento que le llevó a ser condenado" por lo que concluye que "la evolución no se percibe". "A ello debe agregarse -prosigue el auto- que Etxebarria nunca se ha dirigido a Instituciones Penitenciarias para solicitar permisos de salida, por lo que no se encuentran datos comparativos que permitan aseverar tal evolución" y estima que "el contar con apoyos familiares y con recursos materiales no resulta trascendente".

Además, la exhibición en la cárcel de carteles sobre la reagrupación de los presos de ETA, que "no sería necesariamente antisocial de ser llevada a cabo fuera de un establecimiento penitenciario", "no es síntoma de que el condenado haya reorientado su actitud social hasta el punto de que pueda razonablemente predecirse que, en el exterior, vaya a respetar el sistema normativo encaminado a la justa y pacífica convivencia". En cuanto a la enfermedad que alega padecer Etxebarria, el tribunal explica que no figura entre los requisitos establecidos para la concesión del tercer grado y por ello indica que deberá ser atendida por Instituciones Penitenciarias.

Extebarria fue condenado en 1986 por pertenencia a banda armada, -en concreto al "comando Orbaiceta"-, dos asesinatos, dos delitos de atentado, otros dos de estragos, tenencia ilícita de armas, terrorismo, depósito de armas, tenencia de explosivos y utilización ilegítima de vehículo de motor. En 1981, Etxebarria mató al comisario del Cuerpo Superior de Policía José Luis Raimundo Moya y a su compañero en el "comando Orbaiceta" José Luis Oliva; en 1985 atentó contra un cuartel de la Guardia Civil en las cercanías de Bilbao, donde causó daños materiales, y en 1986 disparó a un joven creyendo que era miembro de la Policía y que resultó herido.

El PSE pide que se investigue la indefensión de Pagaza ante ETA
M. ALONSO ABC 1 Marzo 2003

BILBAO. El secretario general del PSE de Álava, Javier Rojo, pidió ayer a Javier Balza que abra una investigación sobre el asesinato de Joseba Pagazaurtundua, tras conocerse el contenido de las cartas dirigidas al propio consejero del Interior.

Rojo aseguró que las gravísimas acusaciones de los familiares de Pagazaurtundua, avaladas por las cartas, «no van a quedar sólo en sus palabras», sino que «se va a ir más lejos». Así, hizo hincapié en el hecho de que el Departamento del Interior obligara a Joseba Pagazaurtundua a volver a Andoain.

El PSE rechazó las acusaciones de la Consejería de Interior, en el sentido de que desde este partido no se había pedido medidas especiales para su militante. Los socialistas consideraron que «Interior tenía amplio conocimiento de cuál era la situación de falta de libertad y de amenazas que sufría Joseba Pagazaurtundua desde, al menos, el año 1995, en el que su hermana y el entonces secretario general de los socialistas vascos, Ramón Jáuregui, realizaron las gestiones oportunas para que fuera trasladado a la Comisaría de la Ertzaintza en Laguardia».
El PSE señala que no es necesario estar permanentemente recordando a los responsables institucionales la situación en la que viven los amenazados para que estos cumplan con sus responsabilidades y su obligación de garantizar al máximo su seguridad».

La secretaria general de UA, Enriqueta de Benito, pidió también ayer a la Fiscalía que «actúe para ver si hay indicios de dejación por parte del Gobierno vasco por no haber dado cobertura a una persona amenazada». A Enriqueta de Benito le gustaría que el Gobierno vasco tuviera el mismo interés con «la la mitad de la población vasca que estamos sufriendo el acoso terrorista», que el que ha mostrado con el diario «Egunkaria».

Ambigüedad del PNV contra ETA
Por otra parte, el PNV y EA mantuvieron ayer la ambigüedad en el rechazo a ETA, al aprobar sólo un punto de la moción presentada por el PSE en el Ayuntamiento de Rentería para condenar el asesinato de Pagazaurtundua. Los nacionalistas se abstuvieron en el punto en el que se insta a los partidos a que «se posicionen contra el terrorismo y se comprometan a encarar, como objetivo prioritario, la lucha contra ETA, sin hipocresía, utilizando para ello todos los medios existentes en el marco de la legalidad democrática».

La desaparición del nacionalismo «moderado»
ABC 1 Marzo 2003

El llamado «sector moderado» del PNV, en cuya presión confiaban los constitucionalistas como un freno a las aspiraciones independentistas, ha desaparecido por completo desde que Ibarretxe impuso la estrategia de su proyecto soberanista.

Si en algún momento hubo representantes de ese «sector» que se atrevieron a discrepar públicamente y más tarde esas discrepancias se manifestaban sólo en marcos de absoluta privacidad, ahora el silencio es absoluto, salvo alguna excepción, de carácter absolutamente individual, como la de Joseba Arregi.

Esta completa «desaparición» de los «moderados» del PNV obedece, según políticos vascos, a tres razones: Ibarretxe ha dejado de ser un «hombre de paja» y ha impuesto su «apuesta personal» del «Estado asociado» como el proyecto del partido; la labor interna de «convencimiento» desplegada por el «aparato» peneuvista ha funcionado con la extrema eficacia que acostumbra; y la proximidad de la convocatoria electoral ha activado también el factor «clientelar», ya que discrepar en víspera de elecciones suele acarrear la pérdida de cargos.

El escenario más previsible es que para el otoño Ibarretxe lleve al Parlamento un texto articulado de su propuesta de «Estado asociado» a modo de Estatuto alternativo al de Guernica, sin llegar a formalizar aún la convocatoria de un referéndum.

La expectativa del PNV es que, para entonces, su respaldo electoral se habrá ampliado en los comicios municipales, sobre todo si Batasuna no logra presentar candidaturas propias.

ESTHER CABEZUDO , CONCEJALA SOCIALISTA DE PORTUGALETE
«Es terrible pensar que quisieron hacerme picadillo»
«No voy a tirar la toalla porque los que intentaron quitarme de en medio habrían ganado la partida», dice la edil socialista que sobrevivió a un atentado «Cuando te quieren hacer un mal tan grande no debes olvidar»
LUIS SALA/PORTUGALETE El Correo 1 Marzo 2003

Hace un año ETA intentó matarla con una potente bomba colocada a su paso. La explosión le produjo heridas físicas y psíquicas de las que todavía se recupera. Pero Esther Cabezudo, una veterana socialista de Portugalete, salvó la vida y está aquí para contarlo.

-¿Cómo se encuentra?
-Estos días un poco más nerviosa, la verdad. Se cumple un año del atentado y te vienen muchos recuerdos, aunque una cosa así no se olvida. Cuando te quieren hacer un mal tan grande no debes olvidar.

-¿Tiene un recuerdo claro de lo que ocurrió aquella mañana?
-Perfecto. Estuve consciente todo el tiempo, desde la explosión hasta que nos llevaron en la ambulancia.

-¿Consigue quitárselo de la cabeza?
-A veces procuras quitártelo, pero no es fácil. Lo más duro es pensar lo que pretendieron hacer conmigo. Es terrible pensar que quisieron hacerme picadillo.

-¿Se sigue preguntando: 'Por qué a mí'?
-Claro. ¿Qué he hecho yo en esta vida para merecer algo así? Ser socialista, pelear, trabajar, ser concejala dieciséis años, hacer las cosas lo mejor que una sabe y ayudar a todo el mundo en lo que he podido. Nada más. Y que sólo porque piensas distinto te quieran matar... Así estamos en este país.

-¿Se siente vigilada?
-No, ni ahora ni antes. En ningún momento me he sentido vigilada. Lo que pasa es que ahora, a raíz del atentado, tomo más precauciones. Me han doblado la escolta, pero yo misma miro más por mi seguridad. Quieras o no, después de sufrir un atentado siempre queda algo de psicosis.

-¿Ha pensado en marcharse?
-No, porque eso es lo que ellos quisieran. No voy a tirar la toalla porque ese día ellos habrían ganado la partida. En ningún momento he estado tentada de marcharme. Es verdad que ahora es más duro encontrarte con ciertas personas en el Ayuntamiento, pero no se puede tirar la toalla, porque entonces, ¿qué hacemos? ¿Nos vamos todos y que se queden ellos? Pues no. Por ahí no paso.

-Parece estar bien de ánimo.
-Tengo mis días. Unos días bien, otros más bajito...

-¿Quién o quiénes han sido durante este año sus principales apoyos?
-Mi familia y mis compañeros del partido socialista me han apoyado realmente en todo. También el alcalde, que es una de las personas que desde el primer momento más me ha ayudado. Siempre han sido muy buena gente conmigo, porque llevo muchos años en el partido, pero desde que ocurrió el atentado están más pendientes. Lo noto.

-¿Y gente del pueblo?
-Muchísima. Los primeros días que salí a la calle no podía dar dos pasos sin que me pararan. Mucha gente me ha expresado su solidaridad personalmente, por carta, telegrama, correo electrónico... Se puede hablar de cientos.

-¿Algún gesto de la gente de Batasuna en el Consistorio?
-Nada. Ellos por su lado y yo por el mío.

Chivatos del pueblo
-¿Ha llegado a pensar que pudieron pasar información a los terroristas?
-Pues no sé. Si no ellos, alguien cercano a ellos. Porque los chivatos son del pueblo, eso está claro. Los que te controlan y te siguen son de aquí. Luego el ejecutor puede ser otro, pero que no está muy lejos de aquí.

-¿Volverá a presentarse en las listas del PSE al Ayuntamiento?
-Llevo ya bastantes años en la política municipal y mi idea, antes del atentado, era dejarlo y dar paso a otra gente. Ésa es la idea que tenía y tengo. Lo que pasa es que si el partido me pidiera un esfuerzo, lo haría. Pero de momento es un tema que esta por decidir.

-Seguro que se lo piden...
-El alcalde me ha dicho que en lo primero que tengo que pensar es en mí.

-¿Se ve con fuerzas?
-Estoy con ganas de dejarlo, pero no sé... La verdad es que tengo un pequeño dilema. Por un lado, los que me quisieron quitar de en medio tienen que ver que no van a poder conmigo, pero por otro lado estoy cansada después de tanto tiempo. Ya veremos.

-¿Hay problemas para llenar las listas electorales del PSE?
-En Portugalete no tenemos problemas. En esta agrupación hay mucha gente dispuesta a luchar, no sólo aquí, sino donde haga falta.

-¿Tiene la impresión de que la situación en Euskadi ha empeorado este último año?
-Suelo decirlo muy a menudo. El otro día mataron al compañero 'Pagaza' y la impresión es que éstos no tienen intención de parar nunca, hagas lo que hagas y digas lo que digas. Lo que espero es que las urnas, porque de alguna forma se presentarán a las elecciones, terminen por ponerlos un día en su sitio.

-También la relación entre los partidos democráticos parece estar muy deteriorada.
-Claro, porque los nacionalistas siguen ahí con sus cositas, haciendo planes que no van a ningún sitio, dando palmaditas en el hombro a los batasunos y dando una de cal y otra de arena. Y ahí están. Nunca sabes por dónde van a salir.

-Tras el cierre de 'Egunkaria', un escritor vasco aseguró que estamos peor que en el franquismo.
-¡A mí me lo van a decir! Con Franco me dieron muchos palos y ahora éstos me quieren matar. Es una cosa muy curiosa.

-Casi un año después del congreso que eligió secretario general a Patxi López, ¿cómo ve a su propio partido?
-Yo creo que Patxi está haciendo lo que tiene que hacer. Lo está haciendo muy bien.

-¿Y las elecciones municipales?
-Van a estar muy reñidas y espero que los partidos constitucionalistas tengamos un buen resultado.

-¿Se dan condiciones para celebrarlas?
-Hombre, está claro que la situación no es igual para unos y para otros. No es lo mismo ir a votar alegremente que ir con dos personas detrás, como es mi caso. Ahora bien, las elecciones al final se tienen que celebrar como en toda España. Lo que tenemos que intentar es que los que se presenten del entorno de Batasuna saquen los menos votos posibles.

-¿Con eso se da por satisfecha?
-Así es.

El Gobierno ve «inmoral» la subvención de PNV y CiU a «Egunero» y estudia ya vías legales para evitarla
C. Morodo - Madrid.- La Razón 1 Marzo 2003

Los servicios jurídicos del Estado estudian ya fórmulas legales para intentar paralizar la nueva subvención del Gobierno vasco al diario «Egunero», tras el cierre de su antecesor, «Egunkaria», por su presunta relación con ETA.
El vicepresidente primero, Mariano Rajoy, tachó ayer de «inmoral»la actitud del PNV, a la que se ha adherido CiU, al proponer que el Ayuntamiento y la Diputación de Barcelona se anuncien en el citado diario.

«Desde el punto de vista moral es ciertamente lamentable que se subvencione a un medio de estas características, sobre todo cuando miembros del Gobierno vasco y del PNV reconocieron sus vínculos con ETA», señaló. Aludía, en concreto, a manifestaciones realizadas en su día por Juan María Atucha, en su calidad de consejero de Interior, y por el portavoz del partido, Joseba Eguíbar. Éste último, llegó a ratificar ante el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco, en noviembre de 1993, que ETA intervino para designar al director de «Egunkaria». Rajoy extendió sus críticas a los nacionalistas catalanes, cuya postura calificó, cuando menos, de «sorprendente».

Además, el vicepresidente primero, como ya había hecho el ministro del Interior, Ángel Acebes, negó «absoluta y categóricamente» las acusaciones de haber sufrido torturas realizadas por algunos de los detenidos relacionados con la operación del cierre de «Egunkaria», y puso de manifiesto su sorpresa ante la decisión de «miembros cualificados» de Ajuria Enea de avalar esas denuncias, «cuando el consejero de Interior del Gobierno vasco se quejaba hace una semana de que cuando la Ertzaintza practicaba una detención, iba seguida a la media hora de una acusación de tortura».

Entretanto, el director de «Egunkaria», Marcelo Otame, afirmó que sacarán pronto al mercado un nuevo periódico en euskera que incluya todas las secciones informativas, e instó al Gabinete de Vitoria a mantener un «enfrentamiento con el Estado», informa Ep.

Ridículo nacionalista
El PPC y AVT critican con contundencia la intención de CiU de insertar publicidad en el «Egunero»
Redacción - Barcelona.- La Razón 1 Marzo 2003

La propuesta vertida desde CiU para que la Diputación y el Ayuntamiento de Barcelona se anunciaran en el diario «Egunero» ha levantado ampollas en la clase política. La postura de la federación nacionalista de ayudar económicamente mediante publicidad al sucesor de la cabecera «Egunkaria», clausurada por orden judicial, fue criticada por el candidato del PPC a la alcaldía de Barcelona, Alberto Fernández, que pidió al candidato nacionalista Xavier Trias que «deje de hacer de Arzallus». Para el dirigente popular, esta propuesta es «un escalón más en la actitud irresponsable de CiU». En este sentido, Alberto Fernández recordó que la federación nacionalista «no firmó el Pacto Antiterrorista y rechazó la deslegalización de Batasuna». Alberto Fernández advirtió que «Trias comenzó siendo una persona moderada y cada vez es más radical».

Con respecto a los motivos esgrimidos por CiU para poner publicidad en «Egunero», Alberto Fernández replicó que «este diario ha sido cerrado por una decisión judicial, que hay que respetar, pero decir que se ha cerrado por estar escrito en vasco es un argumento miserable». El dirigente popular también pidió a Trias y a la federación que no «traslade a Cataluña la irracionalidad del País Vasco» y que adquiera «más compromiso con la lucha antiterrorista y menos comprensión con el PNV». En esta misma línea se manifestó horas más tardes el presidente del Partido Popular catalán, Josep Piqué, y calificó la propuesta de CiU de «frívola e irresponsable». Piqué añadió que es «difícil caer más bajo» que «financiar de manera indirecta una entidad que, según los jueces, está vinculada a ETA.
Para Piqué, hay barreras que «no se pueden sobrepasar» y «CiU las sobrepasa cada día de la mano de Artur Mas y Xavier Trias». Ante el cariz que está tomando esta iniciativa, el candidato popular exigió al presidente de la Generalitat de Cataluña, Jordi Pujol, que «diga si apoya» la propuesta de su grupo en el Ayuntamiento de Barcelona.

Hispanos en Estados Unidos
Jesús Fonseca La Razón 1 Marzo 2003

Por encima de los negros, los hispanos somos ya la minoría más grande de los Estados Unidos. Casi 45 millones. Más que habitantes tiene España, hablan, piensan, aman en español, en los Estados Unidos. Y lo hacen con un estilo vibrante, con voluntad de permanencia, desde la patria común del idioma. Claro que, esto no quiere decir que influyamos conforme a ese peso. Al contrario, los hispanos ocupamos allí los trabajos peor pagados y apenas estamos en puestos de mando político o económico. Y, sin embargo, estas cifras convierten a la primera potencia en el segundo país hispano del mundo, después de México. El aliento de lo hispano sopla en todos los rincones de Norteamérica. Es nuestra simiente. Me pregunto qué papel juega España en esta plausible hora. Qué estamos haciendo para favorecer, desde el más atento, sagaz y valeroso respeto, tan prometedora dinámica. Es sólo una pregunta.

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