AGLI

Recortes de Prensa     Domingo 2 Marzo  2003
No contaban con ¡Basta ya!
Editorial ABC 2 Marzo 2003

Las distintas Españas del PSOE
CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC 2 Marzo 2003

El Carnaval vasco
Editorial El Ideal Gallego 2 Marzo 2003

Nacionalismo y violencia
El Correo  2 Marzo 2003

La bandera
ALFONSO USSÍA ABC 2 Marzo 2003

Morir y pedir perdón
Cartas al Director El Correo 2 Marzo 2003

Libertades
Cartas al Director El Correo 2 Marzo 2003

Un poco de justicia
Cartas al Director El Correo 2 Marzo 2003

España en dos frentes
JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS ABC 2 Marzo 2003

Detenido en Pakistán uno de los cerebros del 11-S, que será extraditado a EE.UU.
ISLAMABAD. ABC 2 Marzo 2003

Peces-Barba recuerda a los nacionalistas vascos que participaron en la redacción de la Constitución y reclama que acaben con su «canturreo hipócrita»
Redacción - Madrid.- La Razón 2 Marzo 2003

Los “argumentos” del PSOE contra la guerra
Redacción - Madrid.- La Razón 2 Marzo 2003

El PP presenta las candidaturas de Alonso y Rabanera como freno al soberanismo del PNV
ABC 2 Marzo 2003

Elocuencia
JOSÉ MARÍA ROMERA/ El Correo 2 Marzo 2003

No contaban con ¡Basta ya!
Editorial ABC 2 Marzo 2003

En mayo de 2001, después de ganar las elecciones autonómicas vascas, Xabier Arzalluz, presidente del PNV, declaró al semanario mejicano «Progreso» que «eso está pagado con fondos reservados». Se refería a «¡Basta ya!» y demás movimientos cívicos no nacionalistas, como «Foro de Ermua» o la Fundación Miguel Ángel Blanco, surgidos a partir de 1997, tras el atroz asesinato de este joven concejal de Ermua. Hace poco más de una semana acusó nuevamente a «¡Basta ya!» de propiciar un clima en el que «la guerra sucia tendría su lógica», afirmación a la que precedió, días después del asesinato de Joseba Pagazaurtundua, la equiparación de «¡Basta ya!» con los que apoyan a ETA.

Las obsesiones de Arzalluz con este movimiento no es una cuestión personal, sino la percepción compartida en su partido de que «¡Basta ya!» es, como dice Savater, «el enemigo público número uno del nacionalismo». Todo tiene su explicación, incluso la peligrosa siembra de calumnias e injurias que está haciendo Arzalluz. El PNV se obsesiona con todo aquello que puede poner en peligro su hegemonía. La táctica es siempre la misma: el uso intensivo de la difamación y de la amenaza velada para lograr el desistimiento. Sin embargo, el PNV no contaba con la fibra especial que conforma a «¡Basta ya!», porque no es un partido político al que se le pueda arrinconar en el Parlamento por su condición de minoría; tampoco se le puede tapar la boca señalando las tupidas redes de servidumbre económica tejidas durante veinte años de gobierno nacionalista. Y, por si fuera poco, como bien describe Carlos Martínez Gorriarán hoy en «Los Domingos de ABC», sus militantes resisten a ETA, ese último recurso homicida para quebrantar el ánimo de los no nacionalistas. El repertorio de tácticas habituales del nacionalismo ha fallado con «¡Basta Ya!» y sólo queda la injuria, la calumnia y la amenaza. El panorama inquieta aún más al PNV, al comprobar que el Acuerdo por las Libertades y contra el Terrorismo sigue adelante, que las Fuerzas de Seguridad y los Tribunales, españoles y extranjeros, ganan terreno a ETA diariamente y que el discurso nacionalista pierde audiencia en una Europa enfrascada en superar sus fronteras y no en crear otras nuevas.

Tampoco contaba el nacionalismo con el caudal de pensamiento que los profesores, políticos, intelectuales, profesionales y periodistas de «¡Basta ya!» están aportando a la realidad vasca. En sus discursos, manifiestos y actos públicos se está normalizando de forma constante el uso de símbolos y palabras proscritos del lenguaje impuesto por el temor a ETA y al nacionalismo. Ideas como España, signos como la bandera española, leyes como la Constitución y el Estatuto y valores como la unidad nacional ya no circulan como expresiones de un nacionalismo españolista, sino como los argumentos de personas muy valerosas, nada sospechosas de patrioterismo rancio, que ven en España, en la bandera, en la Constitución, en el Estatuto y en la unidad nacional sinónimos de libertad y de democracia y, lo que es más importante, los asumen como materiales de una identidad personal vasca, en la que conviven, sin contraindicaciones ni efectos secundarios, con la ikurriña, el euskera o el deseo del más amplio autogobierno. Es lógico que el nacionalismo esté preocupado con un grupo de personas que ya no son resistentes sino activistas de unas ideas que rompen los moldes nacionalistas, ideas que complican la hegemonía abertzale porque son atractivas para el sentido común y que irán sumando adeptos cuanto más se radicalice el PNV, opción cada vez más evidente -en el caso «Egunkaria», por ejemplo- que lo hace ya casi indiferenciable de Batasuna.

Las distintas Españas del PSOE
Por CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC 2 Marzo 2003

AYER dos dirigentes socialistas publicaron sendos artículos sobre la llamada «cuestión nacional»: Rodríguez Ibarra en ABC y Pascual Maragall en «El País». Al margen de las preferencias de cada lector (las mías van por el texto de Ibarra), cabe preguntarse si estos dos políticos pueden caber en el mismo partido. Tan radicales son sus diferencias.

Para el extremeño no son asumibles los objetivos inmediatos del PNV, esto es, la conversión de la Comunidad Vasca en un Estado Libre Asociado. La única reforma que admitiría sería la de reservar el Parlamento para «los partidos que representan al conjunto de la ciudadanía» mientras los partidos que aspiran a representar «una parte del territorio» deberían tener su sede en los Parlamentos autonómicos y en el Senado.

Resumir la tesis del artículo de Maragall es un desafío. Es demasiada su incapacidad expresiva y excesiva su confusión mental. Cabe deducir, no obstante, que es partidario de cambiar el modelo de Estado, una España «distinta»... «conforme a lo que entendemos que promete la Constitución», una España que reconozca plenamente la especificidad catalana y que, como el Reino Unido o la República Federal, «se abra en su interior a una mayor movilidad de los pueblos o regiones que los componen y a una cierta presencia de los mismos en el escenario europeo». Únicamente en estas condiciones de «comodidad» Cataluña podría contribuir de forma eficaz a resolver el «drama que está viviendo Euskadi».

No puede decirse que haya algo en común entre estos dos dirigentes socialistas. Quizá tan sólo en llamar «nacionalistas españoles» a la derecha constitucionalista. Pero dejando a un lado esta obsesión (que comparten con Pujol y Arzalluz), cabe preguntarse si puede funcionar bien un partido con contradicciones tan radicales en el modelo de Estado. Porque aun cuando se pudiera llegar al milagro de un compromiso entre las tesis de Maragall y las de Ibarra ¿cómo encajaríamos en ese «arreglo» las de Patxi López, Eguiguren, Redondo, Pérez Touriño, Paco Vázquez, José Bono, Chaves...? Sin problemas, diría Rodríguez Zapatero. ¿Quién habla de contradicciones?

Vengo diciendo desde hace mucho tiempo que la gravedad del problema de España no viene fundamentalmente de los nacionalistas sino de la incapacidad de los demás -especialmente la izquierda- para oponerse a las concepciones y a las estrategias de aquéllos. La izquierda no sólo se comporta de forma condescendiente con los nacionalismos -una especie de servidumbre teórica y moral- sino que es incapaz de tener un pensamiento mínimamente coherente. Ni siquiera se puede decir que los socialistas piensen España de un modo similar. El grado de combinaciones entre las actitudes de unos y otros puede ser interminable si vamos refiriendo éstas ya a Cataluña, ya al País Vasco, ya a Galicia o bien a los nacionalismos o bien a la reforma de la Constitución o a las relaciones con Europa, etcétera. Ni siquiera manejan un lenguaje común. Hay, sí, una línea «constitucionalista», dialogante con el PP, a veces identificada con éste que va desde el mencionado Ibarra a José Bono, Nicolás Redondo y Paco Vázquez. En minoría podría haber sido la hegemónica si Bono hubiera llegado a la secretaría general. Quizá por eso perdió. Ahora estamos en el caos pícaramente gestionado por Zapatero y que podemos definir como la utilización partidaria y ventajista de la situación en función de las relaciones de fuerzas entre nacionalistas y «populares» en cada Comunidad. De ese modo la dirección del PSOE convierte la confusión y la incoherencia en una gran virtud... práctica. A costa ciertamente del modelo constitucional y en provecho propio: el partido por encima de la Nación, el partido/Estado.

Quizá un día los Vázquez, los Bono, los Redondo, los Ibarra... tengan que levantarse. Quizá el día en el que el PNV, con todos los «suyos» detrás, intente imponer el Plan Ibarretxe, el Estado-Vasco-Libre-Asociado.

El Carnaval vasco
Editorial El Ideal Gallego 2 Marzo 2003

Cuando lo normal es que el Carnaval sea el momento de ocultarse tras una careta y dar rienda suelta al humor, en el País Vasco ocurre todo lo contrario; las máscaras se caen y quedan al descubierto los verdaderos rostros, lo que confirma que aciertan quienes aseguran que el huso horario de Euskadi se rige por un meridiano diferente al de Greenwich. Lo único que no está claro es si el tiempo lleva detenido muchos años -desde la época de los totalitarismos- en esa comunidad autónoma o si corre tan rápido que ya han pasado los días en los que tiene sentido disfrazarse. Pero ésa es la cuestión menos importante de lo que ha ocurrido desde el comienzo de la operación antiterrorista que ha desembocado en el cierre del diario “Egunkaria”, lo realmente decisivo es que se han descubierto muchas falsedades disimuladas hasta ahora. El ropaje democrático del PNV ha quedado hecho jirones al sumarse Anasagasti a la denuncia de las supuestas torturas a las que la Guardia Civil ha sometido a los proetarras y al proponer el propio partido de Arzalluz que Udalbiltza (la asamblea de cargos electos del País Vasco) apoye económicamente al periódico de ETA. Uno y otro hecho ponen a la formación fundada por Sabino Arana a la altura de Otegi, cuyas acusaciones al Rey no merecen el menor comentario, y de Otamendi, ex director de “Egunkaria”, quien ha tenido el cuajo de ir a Andoain, el lugar donde los terroristas asesinaron a Joseba Pagazaurtundua, para pedir a Ibarretxe que lo defienda de las Fuerzas de Seguridad españolas. La degradación del PNV es tal que le importa más un periódico que la libertad.

Nacionalismo y violencia
El historiador Juan Pablo Fusi analiza en 'La patria lejana' el nacionalismo como realidad histórica fundamental para comprender el siglo XX
Juan Pablo Fusi: (San Sebastián, 1945) es catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad Complutense.
Obra reciente: 'España: la evolución de la identidad nacional', 'España: sociedad, política y civilización (siglos XIX y XX)'.
El libro, Título: 'La patria lejana. Nacionalismo en el siglo XX'. Editorial: Taurus. Páginas: 408. Precio: 21 euros.
El Correo  2 Marzo 2003

«El nacionalismo no es un problema: es una realidad histórica». Con esta frase comienza Juan Pablo Fusi su último libro, un ambicioso estudio que recorre el siglo XX subrayando los principales acontecimientos en los que el nacionalismo, en sus múltiples vertientes, ha sido factor determinante. De las tres partes que componen este volumen, EL CORREO adelanta un pasaje de la primera, concretamente, el capítulo dedicado al 'triunfo de la nacionalidad' y la deriva violenta de un movimiento que vivió su apogeo a nivel mundial en los años de entreguerras.

El presente estudio ha sido escrito -decían en 1939 los autores de 'Nationalism', libro preparado por el prestigioso Royal Institute of International Affairs de Londres- porque el desarrollo contemporáneo del nacionalismo parece amenazar el futuro mismo de la civilización». Los autores, un grupo de expertos dirigidos por el historiador E. H. Carr, se referían sobre todo al nacionalismo de Estado, a los regímenes totalitarios de Mussolini y Hitler, formas extremas, efectivamente, del nacionalismo; podían haber añadido el militarismo japonés, un fascismo desde arriba. Pero advertían contra toda distinción entre nacionalismos. Su tesis era que, por la exaltación de la idea de nación y por su emocionalidad particularmente intensa como forma de sentimiento de grupo, el nacionalismo, aún asociado en el siglo XIX a lucha por la emancipación nacional, era por definición agresivo, y difícilmente compatible, por ello, con la libertad individual y la democracia liberal.

Retengamos, por ahora, lo esencial: en 1900 el nacionalismo era, como filosofía política, como emoción de masas, como organización (movimientos, partidos, asociaciones), una realidad social y política insoslayable; en 1939 era, en tanto que componente fundamental de regímenes fascistas y autoritarios, una amenaza para la civilización. En esa evolución las circunstancias históricas -las consecuencias políticas y sociales de la I Guerra Mundial (1914-1918), los acuerdos de paz que de ella se derivaron, la gran depresión económica mundial que se extendió a partir de 1929- fueron ciertamente determinantes. La guerra propició, en efecto, el auge del fascismo y de la dictadura, la crisis del orden colonial y el fracaso de las nuevas naciones creadas en Europa en 1919, hechos fundamentales, como iremos viendo, e inseparables de la propia historia del nacionalismo.

(...)

La I Guerra Mundial supuso, pues, el triunfo de la nacionalidad, de la pequeña nación, del nacionalismo, si se quiere: «Wilson y muchos de quienes negociaron los tratados de paz -escribía en 1939 el ya mencionado E.H. Carr en 'The Twenty Years Crisis, 1919-1939'- vieron en la autodeterminación nacional la clave para la paz mundial». Fue un error. Aún aplicada muy parcialmente, la autodeterminación contribuiría a hacer el mundo más inestable. El nuevo orden creado por la I Guerra Mundial nació en realidad bajo el signo de la inestabilidad y los conflictos. En París, las potencias europeas buscaron ante todo satisfacer sus propias reivindicaciones (Francia, recuperar Alsacia y Lorena; Italia, la Italia irredenta), apoyar a sus aliados en la guerra (serbios, rumanos, checos...) y no hacer un uso generalizado del principio de la autodeterminación. Éste se prestaba además a interpretaciones muy distintas, si no antagónicas. La idea de autogobierno no se aplicó ni a los pueblos colonizados, ni a muchas minorías internas de los nuevos países del centro y del este europeos, cuyo destino quedó, en el mejor de los casos, vagamente encomendado a la protección de la recién creada Sociedad de Naciones. El triunfo de la nacionalidad se produjo, de hecho, en las peores condiciones históricas posibles.

Las nuevas naciones del centro y este de Europa, especialmente, nacieron condicionadas por el doble peso de la herencia de la guerra (gravísimos daños materiales, fuerte endeudamiento exterior, inflación, inestabilidad monetaria, pago de reparaciones en el caso de los países derrotados, sostenimiento de ex combatientes, viudas y huérfanos, desempleo) y por las casi insalvables dificultades que los problemas de tipo étnico y los conflictos fronterizos plantearían en cada caso a la propia construcción nacional: el problema de la integración nacional, concretamente, iba a ser en todas y cada una de ellas, como tendremos ocasión de ver, formidable (tal fue la causa de que se pensara en la conveniencia de mantener como factor de estabilidad algunos pequeños estados multinacionales como Checoslovaquia y el reino yugoslavo).

El futuro de la región quedó hipotecado por el legado de la guerra. Polonia se vio de inmediato -de abril a octubre de 1920- implicada en una durísima guerra con la Rusia soviética y en una agria disputa con Lituania en torno a Vilna. En Hungría, el fin del imperio dio paso a una república democrática (noviembre de 1918-marzo de 1919) y ésta, a una revolución comunista (marzo-agosto de 1919), abortada por la intervención de unidades del ejército rumano en apoyo de las fuerzas contrarrevolucionarias del almirante Horthy, que entre 1920 y 1944 estableció una dictadura personal, un régimen autoritario, anti-semita y contrarrevolucionario, bajo la fórmula de una regencia de una monarquía que nunca restauró.

En Austria, constituida como república en 1920, los años 1919-1921 fueron años de crisis, de desmoralización colectiva, de inflación y hambre. El gobierno del canciller cristiano-social Ignaz Seipel hubo de apelar a la Sociedad de Naciones para negociar la concesión de un crédito internacional que financiase la reconstrucción del país: la economía austríaca quedó bajo control de un delegado de la SND desde octubre de 1922 a julio de 1926. En el Reino de los serbios, croatas y eslovenos -el nombre de Yugoslavia no se adoptó oficialmente hasta octubre de 1929-, los conflictos étnico-nacionalistas debidos sobre todo a la oposición croata a la constitución de 1921, estallaron pronto. En 1928, el principal dirigente croata, Stjepan Radic, sería asesinado en el propio parlamento nacional por un diputado serbio.

Además, el reconocimiento por los aliados del derecho a la autodeterminación de las nacionalidades centroeuropeas reforzó en todas partes las aspiraciones de los movimientos nacionalistas e independentistas. (...) En Gran Bretaña, coincidió con el resurgimiento del nacionalismo irlandés. En las elecciones de diciembre de 1918, el partido independendista Sinn Fein logró setenta y tres de los ciento siete escaños de Irlanda (frente a seis de los nacionalistas moderados y veintiséis de los unionistas protestantes del Ulster): el 21 de enero de 1919, los parlamentarios electos del Sinn Fein se constituyeron en Dublín en Parlamento irlandés y proclamaron la independencia de Irlanda. Disueltos el Parlamento irlandés y el Sinn Fein por las autoridades británicas y detenidos (o exiliados) sus principales dirigentes, Michael Collins reorganizó en la clandestinidad el Ejército Republicano Irlandés (IRA). No habría ya barricadas al estilo del levantamiento de Pascua de 1916: Collins inventó el terrorismo nacionalista. Bajo su dirección, el IRA desencadenó a partir de principios de 1920 una violentísima campaña de atentados terroristas contra objetivos ingleses, a la que la policía anglo-irlandesa y las fuerzas auxiliares reclutadas (entre ex combatientes) para reforzarla -los llamados 'Black and Tans' (Negros y Marrones), por el color de sus uniformes- respondieron con una durísima política de represalias que incluyó atentados y asesinatos igualmente brutales. Irlanda vivió dos años de virtual guerra abierta. El 21 de noviembre de 1920, el IRA asesinó en Dublín, a sangre fría, en sus casas, a once oficiales del ejército inglés. Como venganza, los 'Black and Tans' abrieron fuego contra el público que asistía a un encuentro de fútbol gaélico y mataron a doce personas; poco después, incendiaron el ayuntamiento de la localidad de Cork, uno de los enclaves sinnfeinieristas. Sólo en 1920, el IRA dio muerte a ciento setenta y seis policías y a cincuenta y cuatro militares ingleses y a otros doscientos veintitrés policías y noventa y cuatro militares en los seis primeros meses de 1921. Entre enero de 1919 y julio de 1921, la organización irlandesa y sus simpatizantes sufrieron setecientas cincuenta y dos bajas mortales.

A la vista de la situación y de la creciente oposición de la opinión inglesa a la guerra y a los métodos de los auxiliares, el gobierno británico, presidido por Lloyd George, aprobó en diciembre de 1920 una Ley del gobierno de Irlanda que dividía la isla en dos regiones autónomas, el Ulster o Irlanda del Norte (seis condados) e Irlanda del Sur (veintiséis condados), cada una con su propio parlamento -el del Sur, copado literalmente por el Sinn Fein en las elecciones regionales que tuvieron lugar en mayo de 1921 -y bajo la autoridad de un Consejo de Irlanda. Luego, el gobierno fue atrayendo a los líderes irlandeses (De Valera, Griffith, Collins), primero hacia una tregua, que se acordó en julio de 1921, y posteriormente, a la firma de un acuerdo definitivo, que, merced a la habilidad negociadora de Lloyd George y al pragmatismo de la delegación irlandesa, encabezada por Michael Collins, se suscribió el 6 de diciembre de 1921: Irlanda del Sur se convertía en el estado libre de Irlanda, con categoría de dominio, equiparable a Canadá, dentro de la Comunidad británica de Naciones. Irlanda del Norte, donde en las elecciones de mayo de 1921 se habían impuesto los unionistas bajo el liderazgo de James Craig, quedaba como región autónoma dentro de Gran Bretaña. El acuerdo tuvo, sin embargo, contrapartidas. El parlamento de Dublín aceptó el tratado, pero una parte del Sinn Fein, encabezada por De Varela, la rechazó. Collins, elegido primer ministro de la nueva Irlanda, fue asesinado en agosto de 1922: la guerra civil entre las dos facciones del Sinn Fein se prolongó hasta la primavera de 1923.

En 1921, el secretario de Estado norteamericano, Robert Lansing, tenía, por tanto, ya buenas razones para decir, como dijo, que la autodeterminación era un principio «cargado con dinamita»: «Levantará -añadió- esperanzas que nunca podrán ser satisfechas. Costará, me temo, miles de vidas...».

La bandera
Por ALFONSO USSÍA ABC 2 Marzo 2003

A doña Trini, por la que siento una gran simpatía, no le gusta la bandera de España que ondea en la madrileña plaza de Colón. No ha llegado a calificarla de «polémica» como su aspirante a socio Mendiluce, pero no termina de comprender su significado. Se lo podrían explicar, y además con brillantez y tino, algunos compañeros de partido con mucha más experiencia que ella. Quizá el presidente de Extremadura, Juan Carlos Rodríguez Ibarra -admirable su «Tercera» sobre los nacionalismo excluyentes-; el presidente de Castilla-La Mancha, José Bono; el alcalde de La Coruña, Francisco Vázquez, y algunos más. Doña Trini, que es moderna, cree todavía que los desafectos a la bandera de España garantizan progreso, cuando en realidad lo que determinan es trasanteayer superado. Tampoco tiene toda la culpa, porque la indefinición socialista ante el concepto de España no ayuda a las claridades. Se cierra un periódico etarra y los socialistas de San Sebastián se unen a Otegui y Arzallus para protestar por el atropello. Ahí estaba, en la manifestación de La Concha, la chica Zabaleta representando a Odón Elorza. Y Pascual Maragall, en Cataluña, se declara totalmente partidario de «Egunkaria». Y en Galicia, Francisco Vázquez es desoído, y sus compañeros de partido se unen con ardor a los nacionalistas gallegos de Beiras. Y Caldera opina en cierta ocasión que «esa bandera de España de Colón origina enfrentamientos». Y claro, doña Trini cae en la trampa de la confusión y suelta la tontería.

Lo que es España y el respeto que merece su simbología lo puede estudiar en los comportamientos, actitudes y palabras de muy fundamentales socialistas. Socialistas, por otro lado, cultivados, y además de ello, con una larga experiencia en la gobernación y la política. Mendiluce, el ayer socialista y hoy «verde», ha ido más allá que doña Trini y ha prometido que, en el caso de obtener una concejalía en el Ayuntamiento de Madrid, luchará por arriar la «polémica» bandera para sustituirla por la enseña «gay». Y nadie le ha dicho que además de una gilipollez, lo suyo es de juzgado de guardia, además de electoralismo barato y pipa, o bardaje, o nefandario, o monflorita, o mariconzuelo. Dice representar a los homosexuales y les niega de principio su derecho a sentirse españoles, como si tuvieran algo que ver los culos con las témporas.

Doña Trini no ha llegado a tanto, pero sus reconocidas intenciones justifican los recelos. No tiene edad doña Trini para llevar sobre sus hombros la caspa del resentimiento. Doña Trini ha crecido en una nación libre y democrática con una Constitución, un sistema y unos símbolos comunes que amparan su libertad. Considerar que es aliciente electoral retirar la bandera de España de la plaza de Colón es una estupidez que me desconcierta en quien nada tiene de estúpida.

Esa bandera representa a una nación, y no a un nacionalismo. Nación es la que abraza a todos los suyos y a todas sus culturas, no la que excluye por motivos étnicos, raciales o culturales. Nación es el conjunto de pueblos que se reúnen desde la Historia y respetan las peculiaridades de los demás. Decir nacionalismo español es un contrasentido, porque el nacionalismo es túnel por horizonte, regodeo de aldea, exclusión de ombligos ajenos e imposición de culturas locales. Nación es otra cosa, más grande, más amplia, más generosa y más rotunda. Y esa nación, ese Reino, España, tiene una bandera. Y en la capital del Reino existe una plaza que resume en su nombre lo que España ha significado para sí y para el mundo. Y en esa plaza ondea una hermosísima bandera que a mí se me antoja pequeña para lo que esa bandera representa. Y doña Trini nos la quiere guardar en el armario del que ha salido recientemente Mendiluce. Pues no, doña Trini. En su partido tiene algunos magníficos profesores. Acuda a ellos, siéntese en el pupitre y aplíquese.

Morir y pedir perdón
José María López/Vitoria-Gasteiz Cartas al Director El Correo 2 Marzo 2003

Las acciones y manifestaciones llevadas a cabo por la plataforma Basta Ya están consiguiendo sacar de quicio a los acomodados y consentidores jerifaltes del EBB. Han tenido la osadía de comparar a esta asociación, formada por personas que han sufrido en sus carnes la barbarie terrorista, con la gentuza de la 'kale borroka'. ¿Cuántos autobuses ha quemado Basta Ya? ¿Cuántos cajeros ha saboteado? ¿En cuántos de sus actos se han quemado banderas o jaleado a grupos terroristas? Ha bastado que un grupo de ciudadanos se haya manifestado en Ajuria Enea para perder los nervios y lanzar veladas amenazas sobre la plataforma ciudadana; y ojo, que las amenazas en este país no suelen salir gratis. Los nacionalistas no aguantan que el paisaje idílico de fiestas populares con ikurrinas, talo, sidra y mucho nacionalismo se vea empañado por la realidad de un grito de rebelión y protesta contra el chantaje, el asesinato, la persecución ideológica y la tolerancia cómplice del PNV. Vamos por el buen camino para volver a la libertad e igualdad, cada acción en contra el terror y sus cómplices es respondida con la ira de los nacionalistas. Estamos poniendo la realidad sobre las calles. Basta Ya de morir y además tener que pedir perdón

Libertades
Diego Zumárraga/Getxo-Vizcaya Cartas al Director El Correo 2 Marzo 2003

Deberían ser más prudentes el señor Olabarria y sus compañeros, políticos profesionales nacionalistas al criticar a Basta Ya y a sus simpatizantes. Hay mucha gente que simpatiza con Basta Ya y con sus actuaciones en defensa de las libertades ciudadanas. Entre dichos simpatizantes hay gente nacionalista que ha votado y que considera que hay una situación de desamparo para aquellos que no son nacionalistas dentro de la sociedad vasca, y que esta situación debería cambiar. Los ciudadanos vascos expresan su voluntad a la hora de las votaciones en las que pueden elegir a quién votar, votar en blanco o no votar. Para muchos ésta es la única manera de expresarse, dada la dificultad que tienen para hacerlo públicamente por miedo a ser violentados o, dentro de algunos partidos, por miedo a ser repudiados por los mismos. No juzgue por el número de gente que asiste a las iniciativas de Basta Ya; hay miedo a significarse contra el nacionalismo entre todos los ciudadanos, nacionalistas y no nacionalistas. Gracias a Dios, el voto es secreto.

Un poco de justicia
Enrique Delfabor Gracia/Getxo-Vizcaya Cartas al Director El Correo 2 Marzo 2003

Lo que los familiares de víctimas del terrorismo queremos es no volver a contemplar por nuestros pueblos a asesinos multiples, en la calle tras cortas penas y que, protegidos por el ayuntamiento o por Batasuna, esconden su dinero para no pagar indemnizaciones; que en los juicios se dejen de oír risotadas y griterío de los amigos que llegan en autobuses que les fleta nuestro gobierno autonómico o local; que el que la haga la pague. Pero los que están trincados, que lo paguen, y lo paguen bien. Ya se han reído de nosotros demasiadas veces y demasiados años.

España en dos frentes
Por JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS ABC 2 Marzo 2003

LA larga travesía en la oposición, primero, y siete años ya en el ejercicio del poder, ahora, han ido cincelando en José María Aznar una determinada, personal e intransferible forma de hacer política y de tomar decisiones. No creo que el presidente del Gobierno deje de escuchar consejos, puntos de vista discrepantes ni desprecie las corrientes mayoritarias de la opinión pública. Las absorbe, las metaboliza y, eso sí, las subordina a un esquema muy rígido en el que manda su propio convencimiento. Y una vez que ha llegado, mediante un proceso personal de reflexión y cálculo, a determinadas conclusiones, es difícil que se apee de ellas. Eso es lo que está ocurriendo estas semanas. Su Gobierno y su partido están conteniendo la respiración, suponiendo que si anteriores apuestas presidenciales han culminado con éxito, Aznar merece ahora un amplio margen de confianza. Hasta donde se me alcanza, ese es el clima que se respira en su partido, en su Gobierno y en el grupo parlamentario popular. Arrecia la tempestad pero, suponen, volverá la calma. El riesgo mayor, dicen, es el tiempo, el calendario apretado en el que se ha colado el estallido posible de una guerra, en puertas de unas elecciones municipales y autonómicas que sin el conflicto bélico no movilizarían el voto ideologizado de los jóvenes, el sector social más crítico con las posiciones que asumen Estados Unidos, Gran Bretaña y España en relación con Irak.

El desafío internacional en el que se ha involucrado el presidente del Gobierno, que tiene enfrente a toda la oposición, a la izquierda social y a una parte de su electorado, convive, además, con otro interno que, progresivamente, alcanza más dimensión: el pautado avance de las posiciones radicales del nacionalismo vasco que, tras el asesinato de Joseba Pagazaurtundua y la clausura judicial de «Egunkaria», están adquiriendo unos perfiles en extremo preocupantes aunque, quizás, difuminados por la magnitud de la crisis internacional a propósito de Irak. El Gobierno vasco y los partidos nacionalistas están llevando sus actitudes hasta la provocación de tal modo que los más lúcidos analistas de la cuestión vasca -aunque no necesariamente los más conocidos- comienzan a barruntarse que lo que en realidad buscan Ibarretxe y los suyos es generar tal grado de insoportabilidad que obligue a la adopción de medidas excepcionales. Esta reflexión tiene su lógica: la inviabilidad del plan soberanista precisan endosársela al Estado y al Gobierno para así no tener que asumir ellos una rectificación en toda regla. El PNV sabe que el País Vasco no aguanta el vapuleo sectario a que le somete, pero sigue apurando la jugada. El Gobierno conoce cuáles son los límites que puede permitir a esa estrategia, pero confía en que sea la sociedad vasca la que encauce la situación y haga innecesaria cualquier excepcionalidad. La convocatoria ilegal de un referéndum por Ibarretxe marcaría el punto de inflexión quizá irreversible.

España y el Gobierno se encuentran, pues, sometidos a la presión de dos frentes justo en el tramo final de la legislatura, a pocos meses del relevo del presidente del Gobierno y a escasas semanas de unas elecciones municipales y autonómicas -en mayo-, seguidas después por las muy importantes en Cataluña. En estas circunstancias, el espíritu de responsabilidad, la moderación en el juicio y la conciencia de que son, ambos, asuntos de Estado de largo alcance y graves consecuencias, tendría que sugerir una disposición general sensata que sin excluir la crítica, por dura y contundente que pueda y deba ser, eluda el acoso y derribo. La política exterior y la cohesión nacional de España son asuntos, que en la pluralidad de enfoques y perspectivas, no pueden dejar de constituir un mínimo común denominador que haga reconocible el interés del Estado más allá de opciones concretas que tienen en las urnas su última y definitiva referencia.

Detenido en Pakistán uno de los cerebros del 11-S, que será extraditado a EE.UU.
ISLAMABAD. ABC 2 Marzo 2003

El FBI, que le tenía incluido en su lista de terroristas más buscados, le acusa también de estar tras los atentados en las embajadas de Kenia y Tanzania

Jaled Shaik Mohamed, sospechoso de ser uno de los «cerebros» de los atentados del 11 de septiembre de 2001 y uno de los cabecillas de la red terrorista Al Qaida, fue capturado ayer en la localidad paquistaní de Rawalpindi en una operación coordinada entre las fuerzas paquistaníes y de Estados Unidos.

Mohamed, de nacionalidad kuwaití, figura en la lista de los «terroristas más buscados» del FBI, que había ofrecido 25 millones de dólares por su captura. Según algunos analistas, Mohamed ocuparía el tercer escalafón en la negra jerarquía de Al Qaida, tras Bin Laden y el egipcio Al Zawahiri. Sin embargo, no estaba procesado por los ataques del 11-S sino por otras acciones terroristas anteriores.

Además de ser sospechoso de haber organizado los atentados contra las Embajadas norteamericanas en Kenia y Tanzania, que dejaron cientos de muertos, es acusado también de planear un ataque a la aviación civil estadounidense en Filipinas en 1995. También se le investiga por su presunta participación en el secuestro y asesinato -por decapitación- del periodista norteamericano Daniel Pearl. En su oscuro currículum se cuenta se cuenta ser el ideólogo de varios ataques a intereses extranjeros en Pakistán, entre ellos el que causó la muerte a 11 franceses y varios paquistaníes en Karachi el año pasado contra un autobús y otro a una iglesia en Islamabad que dejó cinco muertos, dos de ellos, estadounidenses. Según CNN, que citó fuentes de Inteligencia de Estados Unidos, a mediados de 2002 las autoridades norteamericanas identificaron a Mohamed como uno de los probables «cerebros» de los atentados cometidos el 11 de septiembre.

Según esas mismas fuentes, Mohamed es pariente de Ramzi Ahmed Yousef, que cumple cadena perpetua en Estados Unidos por su participación en el primer atentado de hace diez años contra las Torres Gemelas.

Extradición casi inmediata

El ministro de Información paquistaní confirmó en la tarde de ayer que junto a Mohamed fueron detenidos otros dos individuos, y que el «ideólogo» del 11-S sería extraditado muy pronto a Estados Unidos. «No sé si será mañana (por hoy) o en unos días, pero será extraditado lo más rápidamente posible», dijo el ministro.

La Casa Blanca saludó la detención de Mohamed como un «gran éxito» en la lucha por derrotar a la red de Al Qaida que, tras la caída del régimen talibán, encontró refugio en las zonas montañosas de Pakistán fronterizas con Afganistán.

Pakistán, donde la población tiene un gran predicamento por los islamistas, se encuentra estos días pendiente de su decisión en el Consejo de Seguridad -en el que ocupa un puesto como miembro no permanente- para decidir si apoya a Estados Unidos (el gran aliado del Gobierno militar de Pervez Musharraf) o la rechaza o se abstiene.

«Arzallus asustó a una mujer que iba a misa al creer que era un violador»
Peces-Barba recuerda a los nacionalistas vascos que participaron en la redacción de la Constitución y reclama que acaben con su «canturreo hipócrita»
Gregorio Peces-Barba, uno de los «padres» de la Constitución, recuerda, en una entrevista a la revista «Temas», que Javier Arzallus participó en la redacción de la Carta Magna y que, cuando se enteró la Prensa de que estaba en las reuniones, el líder del PNV se quedó a dormir en su despacho de la calle Conde de Xiquena. Al salir de allí, según cuenta Peces-Barba, asustó a una señora y «pensó que podía ser hasta un violador».
Redacción - Madrid.- La Razón 2 Marzo 2003

A continuación, reproducimos un extracto de la entrevista concedida por Gregorio Peces-Barba a la revista «Temas».

¬¿Se puede señalar alguna insuficiencia en el balance general de la Constitución?
¬ En una línea crítica, las posibilidades de aplicar una política de izquierda con la Constitución se desarrollaron en un 70 por ciento durante el periodo de Gobierno socialista (1982-1996), pero dejaron de desarrollarse en un 30 por ciento. Debido a los planteamientos de la Iglesia católica y la peculiaridad de la relación de la Iglesia con el Estado español, algunas dimensiones, como la enseñanza de la religión en las escuelas, la financiación de la Iglesia y el propio estatutos jurídico de la Iglesia, no están bien resueltos. Los Gobiernos socialistas fueron en la buena dirección, pero no remataron la tarea, y eso ha permitido una reacción de nuevo que, a mi juicio, hace que en este campo hoy estemos bordeando lo inconstitucional.

¬ Por razones de consenso, se formuló un modelo de representación que primaba más a la derecha. ¿Esto supone un hándicap para la representación de las fuerzas más progresistas?
¬ Es verdad que puede darse una descompensación, en teoría, si aplicamos los cánones estrictos de proporcionalidad. No rematamos bien el tema electoral: no teníamos que haber dejado sin uso los cincuenta diputados del tope de cuatrocientos que fija la Constitución. Esos escaños debieron ser aprovechados para establecer un «resto» estatal único donde se aplicasen los restos de todos los partidos.

Propuesta electoral
¬ Esa posibilidad también reflejaría mejor las posiciones de los electores en general
¬ Aunque sólo beneficiaría a Izquierda Unida, aunque sólo sea para compensar todo lo que le perjudica a Izquierda Unida el señor Madrazo, yo creo que hubiese valido la pena. Pero, en realidad, beneficiaría sobre todo a los grandes partidos nacionales, PP y PSOE, y, por supuesto, a Izquierda Unida.

¬ ¿Hubo momentos en que pareció que todo estaba a punto de naufragar en el momento de la redacción de la Constitución?
¬ La experiencia histórica, de los fracasos continuos, condicionó muchísimo todos los planteamientos. Tuvimos momentos delicados. Hay que decir que la Corona y lo que podríamos llamar el entorno de la Zarzuela lo que hizo fue facilitar las cosas, mientras que otras instituciones pusieron dificultades. Sólo hay un caso que a mí me parece que es excesivo y reiterativo: el artículo segundo, cuando se habla de la indisoluble Patria. Salvo en eso, los condicionamientos se superaron.

¬ ¿Hubo algún momento especialmente delicado, o algún conflicto, en el proceso?
¬ Los socialistas nos tiramos un farol muy serio cuando yo abandoné la ponencia constitucional. El objetivo fue evitar que UCD y AP, que vieron a comunistas y socialistas integrados, intentaron decir «vamos a hacer lo de siempre». Aquel momento fue el momento más delicado y el pulso más serio que se echó. Fraga dice en sus memorias que UCD no fue capaz de aguantar el tirón y cedieron; fue cuando Fernando Abril sustituyó a Landelino Lavilla. Al final salió una Constitución basada en el núcleo UCD-PSOE, al que se adhirieron los demás.

¬ Y las discrepancias en ese momento de retirada, ¿cuáles fueron?
¬ Fueron dos. Una de ellas en relación con el cierre patronal que proponía AP y que UCD aceptaba y la otra la ruptura del consenso en el artículo 27 sobre la educación.

¬ ¿Por qué no cedieron los nacionalistas vascos? ¿en qué no cedieron?
¬ Hay varias mentiras que han contado. La de que no participaron es mentira porque estuvieron en todas las reuniones a partir del momento en que se reanudó el consenso, incluso hacían propuestas de mejora, algunas de ellas muy interesantes e incorporadas.
Había además un segundo nivel de intervención de los vascos, a base de decir: «Hombre, si metierais esto nos pensaríamos votarla», y eso hizo que se introdujera el artículo 150.2 sobre la posibilidad de transferir o delegar competencia estatales a Comunidades históricas. Se metió. Si no, no se hubiera metido tampoco lo de los derechos históricos. En ese segundo nivel, siempre que se hacía lo que ellos querían, ponían otra exigencia más. Al final, los nacionalistas vascos, habiendo participado en mejoras técnicas y en la obtención de beneficios que no tenían antes, sin embargo, no apoyaron la Constitución, porque, según decían, no era de ellos (...) En ese momento inicial todos cedimos mucho. Ellos no han cedido nada, ellos han mantenido incólumes todas sus peticiones y reclamaciones.

¬ ¿Hay alguna anécdota, algún aspecto del proceso de elaboración de la Constitución que no hayas contado?
¬ Arzallus, cuando estaba en las reuniones, no quería que se supiera que estaba, y una vez que nos descubrieron los periodistas se quedó a dormir en mi despacho en Conde de Xiquena y, por cierto, por la mañana cuando salió creo que asustó a una señora que iba a escuchar la Misa y pensó que podía ser hasta un violador. Y otra concierne a Fraga, que realizó una tarea positiva apoyando en algunos momentos posiciones de izquierda que luego fueron definitivas, como en el asunto del Defensor del Pueblo, que UCD no quería. Nos reunimos en Gredos porque un día Santiago Carrillo nos dijo, en un Pleno: «Ustedes lo que tienen que hacer se irse a un convento hasta que acaben la Constitución, porque están tardando mucho». En lugar de un convento, nos fuimos a un parador. Allí, Fraga se movía a sus anchas, como es lógico, como pez en el agua y en uno de los paseos que dimos (él iba en cabeza, con sus zancadas) se clavó un clavo roñoso. Le tuvieron que poner la antitetánica, lo que le impidió jugar uno de los días al dominó, donde fue batido por mi contundencia.

Rigidez constitucional
¬ Empieza a plantearse un cierto debate sobre si nuestra Constitución es demasiado rígida. ¿Se puede pensar que este carácter de la Carta Magna de 1978 supone un cierto «hándicap»?
¬ No, yo creo que no, porque todavía hay dos circunstancias que exigen mantener ese alto grado de consenso, que son el terrorismo y el separatismo. Mientras esas circunstancias existan el consenso tiene que ser muy grande. En realidad, la interpretación de determinadas dimensiones del consenso está fallando en estos momentos por parte del Partido Popular. Creo que el Partido Popular no acepta la idea de España como nación de naciones, no acepta que hay naciones culturales dentro de España. Y, por consiguiente, no acepta que el Senado tenga que ser una Cámara de Autonomías de tipo federal.
También hay una difusa pretensión de mutación constitucional en algunos sectores del socialismo, sobre todo el catalán, y también un poco el vasco, donde muchas veces no se utiliza con precisión el término de federalismo asimétrico. En la Constitución el sistema es funcionalmente federal y es asimétrico.

Los “argumentos” del PSOE contra la guerra
EDITORIAL Libertad Digital  2 Marzo 2003

La norma básica de las relaciones internacionales es el principio de no injerencia en los asuntos internos de otro país. Tanto es así que regímenes atroces como los de Cuba, Zimbabwe o Corea del Norte, por poner algunos ejemplos, subsisten y se perpetúan apoyados en él, de tal forma que los países que tienen la desgracia de soportarlos vienen a ser en la práctica una suerte de gigantescas fincas particulares donde la vida y los bienes de sus habitantes están a merced del déspota que ejerce de propietario del “latifundio”.

Es muy triste que apenas una tercera parte de la población mundial, como mucho, pueda disfrutar de los beneficios de una auténtica democracia y de un verdadero estado de derecho basado en el respeto a los derechos humanos elementales. Y aunque pudiera parecer justo –e incluso un imperativo moral– intervenir militarmente en los países que sufren el yugo del despotismo para imponer formas de gobierno más civilizadas, esto sólo se ha hecho –y no siempre– cuando, como en Yugoslavia, el déspota de turno se ha entregado al genocidio o la “limpieza étnica”. Por desgracia, el mundo libre ya tiene bastante con defenderse de sus enemigos interiores y exteriores como para acometer una cruzada mundial por la libertad y la democracia.

Sin embargo, cuando uno de esos tiranos se convierte en una amenaza para la paz y la seguridad internacional, el mundo libre no puede sencillamente cruzarse de brazos y mirar hacia otro lado sin sufrir las consecuencias a corto o medio plazo. Fue el caso de la agresión de Irak contra Kuwait en 1991, cuyas secuelas llegan hasta el día de hoy. La brillante victoria de la coalición internacional en la Guerra del Golfo restauró la situación previa a la invasión de Kuwait, pero no extirpó la raíz del mal: el régimen genocida de Sadam Hussein, que además de respirar odio contra Israel, EEUU y sus aliados –favoreciendo, financiando y cobijando a los terroristas sedientos de sangre “infiel”– encarcela, tortura y asesina a los iraquíes que se le oponen.

El precio para que la coalición internacional no depusiera a Sadam por la fuerza de las armas –como en estos casos aconsejan la tradición, la lógica y el sentido común– fue que éste ofreciera garantías de que no volvería a ser una amenaza para sus vecinos ni para la seguridad internacional; garantías que habían de concretarse en la demostración de que había prescindido de sus armas de destrucción masiva, dejándole mano libre, por terrible que esto sea, para seguir masacrando a sus propios súbditos. Pero Sadam Hussein se ha negado reiteradamente a satisfacerlas, vulnerando así el único principio que justifica la no injerencia en los asuntos internos de un país.

Precisamente por esto, la oposición frontal y por principio a una intervención militar en Irak supone eliminar el único obstáculo que evita que los tiranos megalómanos extiendan su despotismo fuera de sus fronteras. La condescendencia con Sadam Hussein no puede sino exacerbar los apetitos de otros tiranos, que sólo esperan muestras de debilidad de Occidente para empezar a hacer de las suyas fuera de los límites de sus fincas, así como los de los terroristas internacionales a quienes estos cobijan, financian, arman y entrenan.

No es extraño que, en España, Izquierda Unida se oponga a la reanudación de las hostilidades contra Sadam. Después de todo, el modelo de gobierno que quiere Llamazares para nuestro país es el de Cuba, prototipo de “gobierno canalla” que reprime sistemáticamente a la oposición y que ha entrenado, armado y asesorado a las “guerrillas” que ensangrentaron África e Iberoamérica en los años setenta y ochenta. Sin embargo, la negativa de Zapatero a apoyar al Gobierno en la continuación de una guerra en la que su propio partido comprometió a España es un acto de puro cinismo, demagogia e irresponsabilidad, inspirado exclusivamente por motivos electorales. No cabe duda de que, afortunadamente, la guerra es muy impopular, y abrazar la bandera de la paz puede otorgar a corto plazo grandes beneficios políticos.

A tal efecto, Manuel Marín ha elaborado un chusco argumentario contra la guerra con razones tan “sólidas” como las alusiones al viaje de Aznar al rancho de Bush (González hubiera dado su mano derecha por una invitación similar, que permite a España volver a ocupar el alto lugar que le corresponde en el concierto internacional después de más de cien años de aislamiento); la “marginación” del Parlamento en la decisión de apoyar la presentación de una nueva resolución ante el Consejo de Seguridad junto a EEUU y Gran Bretaña (González sólo compareció ante el Parlamento después de declarar la guerra a Irak); la “destrucción” de la política exterior española en relación con Europa (quizá prefiera Marín el “seguidismo” de Francia, que casi siempre nos ha traicionado en nuestro principal “asunto exterior”, Marruecos, y que hoy mantiene una sangrienta guerra colonial en África Occidental sin permiso de la ONU, para apoyar a uno de sus dictadores favoritos) y con el mundo árabe (el embajador de Marruecos volvió a Madrid en cuanto Mohamed VI se dio cuenta de que España es un aliado de EEUU tanto o más importante que el reino alauí; y en cuanto a la OLP, un mínimo rasgo de coherencia en un gobierno que lucha contra el terrorismo es no mantener buenas relaciones con una organización que lo apoya y lo practica).

Pero Marín ha olvidado incluir en ese “argumentario” el precio del “no a la guerra”, que no es lo mismo que un “sí a la paz”: aparte de no hacer mención de la criminal naturaleza del régimen de Sadam Hussein, que tortura y asesina a sus opositores, que emplea los recursos del programa “petróleo por alimentos” para desarrollar armas de destrucción masiva, condenando al hambre a sus súbditos, y que ha practicado el genocidio contra las minorías kurda y chiíta –motivos que ya de por sí justificarían una intervención humanitaria como la de Yugoslavia–, Marín olvida señalar que las Naciones Unidas se juegan su ya escaso prestigio y poder disuasorio contra futuros aventureros megalómanos precisamente en Irak. Si el Consejo de Seguridad da por bueno el juego del gato y el ratón que Sadam ha venido practicando durante los últimos doce años con la comunidad internacional, el valor de sus resoluciones en el futuro no será mayor que el del papel mojado. Será entonces cuando, si se quiere proteger la paz y la seguridad mundial de amenazas como la que ya está planteando Corea del Norte, no habrá más remedio que recurrir a las armas.

El PP presenta las candidaturas de Alonso y Rabanera como freno al soberanismo del PNV
ABC 2 Marzo 2003

VITORIA. El Partido Popular presentó ayer de manera oficial a sus dos candidatos a ser reelegidos en las próximas elecciones como alcalde de Vitoria y diputado general de Álava, Alfonso Alonso y Ramón Rabanera, quienes pidieron el apoyo del electorado para ser el «freno» y el «contrapeso» a la soberanía. El acto se celebró ante las bases del PP en un hotel de la capital alavesa y, durante el mismo, los dos candidatos estuvieron arropados por diversos dirigentes de este partido en el País Vasco, así como por varios senadores y diputados.

Tanto Alonso como Rabanera acusaron al Gobierno vasco de no haber apoyado a este territorio en estos casi cuatro años de legislatura y le reprocharon que su «prioridad» sea una propuesta que «ahonda en la división», (en alusión al plan de libre asociación del lendakari). Por contra, Alonso aseguró que «la responsabilidad del Partido Popular es la de seguir siendo la garantía» para que no sólo Álava, sino el conjunto del País Vasco, «sea una esperanza para la convivencia ciudanana».

«Somos la garantía de que este país no quiebre», afirmó. Por ello, pidió la confianza y el apoyo de los vitorianos en el proyecto del PP y aseguró que tras la llegada del Partido Popular a la Alcaldía de Vitoria, «la ciudad está registrando su mayor proceso de crecimiento desde hace décadas».

Por su parte, el candidato a la reelección como diputado general de Álava, Ramón Rabanera, pidió el apoyo de quienes creyeron en el Partido Popular en los anteriores comicios y de quienes ahora también «ya lo hacen» y les recordó que «el PP ha cumplido con su promesa de gobernar por la libertad y la democracia».

En este sentido, puso a su equipo de gobierno como ejemplo de lo que debe ser gobernar de manera «limpia» y afirmó que «ahí están los presupuestos (forales), sin trampa ni artimaña, aprobados a base de diálogo». «Por el contrario, otros han tenido que pactar con HB y eso no es diálogo, ni es ético, ni es moral», denunció, en referencia a anteriores Presupuestos del Gobierno vasco.

Elocuencia
JOSÉ MARÍA ROMERA/ El Correo 2 Marzo 2003

Hasta el más cerril de los tiranos bananeros de aquellas tierras habla un español bastante más fluido que el de nuestros catedráticos. Es muy probable que la lengua de Cervantes se esté pudriendo en algunos suburbios de Medellín y entre los ejecutivos bancarios de México D.F., pero si ustedes quieren saber de verdad cómo se habla un castellano limpio pónganse a charlar con el ecuatoriano o la dominicana cuyos servicios han contratado para que le cambien los pañales al abuelo.

En Latinoamérica la miseria y la riqueza -incluidas la miseria y la riqueza lingüística- están repartidas al azar. Eso hace que detrás de un atildado ministro pueda haber un criminal sin escrúpulos, pero también permite que los analfabetos de aldea más escondida trinen un español tan musical como el de Garcilaso.

Por encima de los vapuleos históricos que han hecho del continente un volcán, un polvorín o una charca, corre el viento incontaminado de la lengua pura. Cuando los primeros colonizadores entraron a saco entre aquellos indígenas con taparrabos, firmaron un pacto según el cual el invasor arramblaba con el oro y los tomates refulgentes y a cambio el invadido se quedaba con el cofre de las palabras.

Han tenido que pasar cinco siglos para entender que era un canje equitativo. A este lado del Atlántico vivimos como reyes, pero cada día nos resulta más difícil recordar cómo se pide un café en el bar, cómo se hace una declaración de amor, cómo se saluda a un desconocido o con qué términos hay que expresarse cuando nos apuntan con un micrófono. Será que la opulencia atonta. Sin embargo nos quedamos pasmados ante la elocuencia de cualquiera de esos futbolistas sacados de los arrabales que ponen los adjetivos exactos para explicar el partido. Muchos de ellos no han pisado la escuela. Tampoco lo ha hecho el campesino testigo del último terremoto que, desde la bruma de su desolación por la pérdida de varios familiares, suelta dos frases tan sencillas como impresionantes y con ello nos toca la fibra precisa del corazón.

Es una forma de sabiduría más valiosa que la que supuestamente deriva de ir a la facultad. El capital humano que está llegando desde aquellas tierras ha empezado a tapar nuestros agujeros de mano de obra en la construcción, la limpieza doméstica, la recogida de fruta y la tabla de goleadores. Cuando nos demos cuenta de que hemos perdido definitivamente la facultad de hablar con un mínimo de decoro, ese flujo migratorio llegará hasta los estrados de las aulas para enseñar a nuestros hijos a completar las oraciones gramaticales, a hilar un discurso sin necesidad de trufarlo de tacos y a devolver al castellano esa antigua dignidad de la que tan concienzudamente le hemos despojado.

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