AGLI

Recortes de Prensa     Lunes 10 Marzo  2003
Síntomas ignorados
FLORENCIO DOMÍNGUEZ/ El Correo  10 Marzo 2003

ETA acusa los golpes
Editorial La Razón 10 Marzo 2003

Zapatero concede crédito a Estella
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  10 Marzo 2003

Nacionalismo vasco, nacionalismo español
Gabriel Albendea es catedrático y escritor La Razón 10 Marzo 2003

La silla en las Ramblas
Iñaki Ezkerra La Razón 10 Marzo 2003

El club de los dictadores
Editorial La Razón 10 Marzo 2003

EL PSOE TIENE UN ESLOGAN
CARLOS DÁVILA ABC 10 Marzo 2003

Borreguismo
Carlos Semprún Maura La Razón 10 Marzo 2003

La Ertzaintza y el carnaval
IÑAKI EZKERRA/ La Razón 10 Marzo 2003

Apoyo a Gotzone Mora
Cartas al Director ABC 10 Marzo 2003

El presidente del Gobierno asegura que no quiere «vivir de rodillas» ante los terroristas
Redacción - Madrid.- La Razón 10 Marzo 2003

El PP y el PSE critican la alianza nacionalista porque «impulsa la ruptura de la sociedad vasca»
BILBAO EL CORREO  10 Marzo 2003

Síntomas ignorados
FLORENCIO DOMÍNGUEZ/ El Correo  10 Marzo 2003

Considerar a ETA como la expresión de un problema político, más que un problema en sí mismo, forma parte de las concepciones tradicionales del nacionalismo. Es la fiebre que avisa al organismo de la existencia de una enfermedad de fondo que hay que tratar. Este esquema de análisis político tan asentado no se utiliza en cambio para interpretar la aparición de movimientos sociales constitucionalistas en Euskadi. El nacionalismo oficial no considera a Basta Ya, al Foro Ermua o a la Fundación para la Libertad como síntomas de ningún proceso social de fondo. Para explicar su presencia pública se recurre a teorías conspiratorias, igual de asentadas en algunos dirigentes políticos: esas organizaciones, se dice, son apéndices del PP -a pesar del peso que la izquierda tiene en estos grupos- o submarinos del rebautizado CESID.

Al optar por estas interpretaciones, el nacionalismo evita plantearse preguntas sobre el significado de la aparición de estos grupos y rehúsa considerarlos interlocutores políticos válidos. Ibarretxe, que en sus famosas rondas de contactos se ha reunido a veces con peregrinas entidades, no ha citado nunca a representantes de estas organizaciones cuya capacidad de movilización en la calle ha quedado acreditada.

El nacionalismo ha elegido el camino de la confrontación, no el del diálogo, para conseguir neutralizar a este movimiento social. Ahí están como ejemplo las intervenciones de destacados dirigentes del PNV contra Basta Ya o las críticas de significados nacionalistas. Luis María Retolaza, junto a otros, la semana pasada reprochaba a los miembros de esta plataforma haber ido a gritar ante las puertas de Ajuria Enea y no haberlo hecho antes ante la verja de El Pardo. Obvía que muchos miembros de este grupo no estaban en edad de protestar ante el dictador y que otros que sí lo estaban no podían ir a menudo hasta El Pardo porque en la cárcel no daban permiso para esos menesteres. Hasta es posible que algunos prefirieran ver a Franco en la Plaza de Oriente, pero en eso no se diferenciarían mucho de los padres de destacados dirigentes del PNV o de HB.

Pero, sobre todo, se obvia que hoy la pregunta central no es dónde estabas cuando asesinaron a Kennedy ni cuando gobernaba Franco, sino qué hacías el día que mataron a Joseba Pagazaurtundua. Y los días anteriores y los posteriores. Ese es el interrogante realmente comprometido aquí y ahora.

Cuando Basta Ya se concentra ante Ajuria Enea está mostrando su reconocimiento a las instituciones autonómicas, al sistema del que nace la legitimidad del lehendakari, aunque se exprese con voz airada para conseguir que cambie su línea de actuación. El problema serio aparecerá el día que fracasen las organizaciones constitucionalistas y se extienda un sentimiento de frustración en la franja social que ellas representan, el día que se sientan excluidas del sistema. Entonces, los nuevos grupos que surjan tal vez no vayan a Ajuria Enea porque este nombre no signifique nada para ellos. Por lo menos, nada respetable.

ETA acusa los golpes
Editorial La Razón 10 Marzo 2003

Nadie discute que ETA tiene hoy capacidad para matar, para asesinar a inocentes, puesto que todos nosotros somos víctimas potenciales de esta cuadrilla de criminales. Pero es igualmente cierto que la banda mafiosa de ultraizquierda ya no disfruta de las grandes facilidades que tuvo en el pasado y que la ofensiva del Estado de Derecho ha asestado gravísimos golpes a la estructura mafiosa. El último año ha sido especialmente favorable, y no sólo por el gran número de etarras detenidos y de comandos desarticulados, tanto en España como en la vecina Francia. Ha sido, ante todo, un año especialmente fructífero en la colaboración con las autoridades francesas. Hasta tal punto han caído los etarras en las redes de las policías gala y española, que los «capos» de ETA están seriamente preocupados y, para explicar el desastre, creen tener un «topo» entre sus filas, como informa hoy LA RAZÓN. Sólo desde la supuesta existencia de un traidor, de un «soplón» infiltrado en la dirección de la banda, se explican los cabecillas la sucesiva concatenación de desastres que sufren y por eso han emprendido una caza de brujas en sus filas para encontrar, y asesinar, al presunto traidor.

La cacería interna se suma a los varapalos judiciales y legales que la banda ha sufrido en paralelo a los golpes policiales. No sólo Batasuna, su brazo político, esta a punto de ser deslegalizada, sino que los sumarios contra sus organizaciones paralelas se acumulan y, por no poder contar, no cuentan con la ayuda de un terrorismo callejero claramente derrotado por la aplicación estricta de las nuevas leyes apobadas por el Congreso. La mala situación que atraviesa la banda, obligada a cambiar una y otra vez sus sistemas de seguridad interna y a reclutar a novatos como pistoleros, no supone su final. Aunque recibe injustificables apoyos y cuenta incluso con la «comprensión» del nacionalismo, su socio secreto en Estella, podemos respirar un poco más tranquilos y adivinar la luz en el fondo de un túnel que parecía no tener fin.

Zapatero concede crédito a Estella
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  10 Marzo 2003

El PSOE vuelve al 81. Todo vale para echar a la derecha del poder, cualquier aliado es bueno para alcanzar el Gobierno de España, incluso los peores enemigos de España. Ayer, los pactos con la Unión Soviética y hasta los coqueteos con los militares golpistas. Hoy, los pactos con los separatistas del PNV y hasta los coqueteos con los terroristas y asimilados. Zapatero ni siquiera ha querido acotar o puntualizar la repugnante complicidad de Maragall con los presuntos que denuncian falsas torturas de la Guardia Civil. Por usar la fórmula de Rato, que a Carmen Chacón le pareció más aceptable que la de “cobertura“, Zapatero concede crédito al Pacto de Estella en la medida en que respalda el crédito que Maragall le concede a ETA. Pero si hay un dato nuevo en la política española que permite abrigar esperanzas de éxito a los artificieros del Pacto de Estella, ése es el de la deriva demagógica y disparatada del PSOE. Zapatero prefiere cualquier cosa al PP. Y cualquier cosa, es decir, Llamazares, Beiras, Pujol, Arzallus, Madrazo, Ibarreche y demás cuadrilla sólo puede significar una cosa: Estella.

Además de señalar la fecha del 25 de mayo (y la hora: las ocho de la tarde) para el relanzamiento, segunda parte o repetición ampliada de ese plan separatista-terrorista para romper España y Francia e instaurar un estado totalitario y racista sobre los escombros del País Vasco, Mayor Oreja ha creído necesario alertar muy seriamente sobre el peligro que para el futuro de nuestra democracia supone este socialismo de Zapatero y Maragall, González y Odón Elorza, instalado en la equidistancia entre ETA y “la guerra” (ese eslogan-fetiche del antiamericanismo a cualquier precio, incluso contra la ONU si respalda a Bush, Aznar y Blair) y que en el Parlamento Vasco ya sólo critica al PNV si antes ataca al PP bajo la jaculatoria grotesca del “no a la guerra“, mamarrachada demagógica en la que anda de la mano con ETA, Batasuna, Madrazo, Anasagasti y Arzallus.

En buena lógica, al PSOE debería espantarle compartir pancarta, barricada y enemigo con quienes han desatado una guerra terrorista contra España, incluida la parte española del PSOE. Pero está visto que no. El oportunismo enloquecido, el sectarismo ciego, el rencor revanchista pueden más que el sentido común, ya que el más elemental sentido patriótico parece reñido con el socialismo. ¿Veremos a Benegas otra vez junto a los nacionalistas y tras una pancarta pidiendo la autodeterminación del País Vasco, como hace veinte años? Hace veinte meses hubiéramos asegurado que no. Dentro de veinte días, quién sabe.

Con Zapatero y compañía, ya no hay seguridad de nada. De nada bueno, se entiende. Veremos lo que tarda la brunete mediática de Polanko en pedir una “lectura progresista” del Pacto de Estella el 25 de Mayo, a las ocho en punto de la tarde.

Nacionalismo vasco, nacionalismo español
Gabriel Albendea es catedrático y escritor La Razón 10 Marzo 2003

Con frecuencia el nacionalista vasco se compara con el nacionalista español en un acto de legítima defensa, a la vez exculpatorio y agresivo. ¿Pero resultan equiparables hoy ambos nacionalismos? Los argumentos del nacionalista vasco suelen reducirse a éste: el nacionalista español ¬para aquél todo español es nacionalista, aunque no lo confiese¬ se encuentra en una situación cómoda y por eso no necesita reivindicar especialmente su nacionalidad. Sin negar cierto peso al argumento, niego que el español sea por ello nacionalista per se. Sin quererlo, el nacionalista vasco enseguida tiene in mente al nacionalista español de extrema derecha de la época franquista. Prueba de ello es que está dispuesto a utilizar ese artilugio como argumento, pues para él el cambio de la dictadura a la democracia no ha significado un hecho fundamental desde su perspectiva soberanista.

Esencias patrias
A su argumento se pueden oponer otros de más enjundia. En primer lugar, la base social de la extrema derecha española, que adoraba las esencias patrias, ha quedado tan reducida que carece de representación parlamentaria, lo que no ocurre con el nacionalismo vasco en general, que desempeña por su concepción totalitaria la misma función en el País Vasco que la extrema derecha en el franquismo.

Entre otras posibles, advierto dos causas en la desmovilización del nacionalismo español. La primera, la reacción democrática antifranquista que equiparó franquismo y nacionalismo y tuvo como efecto que la sola mención de España y de sus símbolos pareciera poco progresista.

La segunda, que el propio Estado democrático desde sus comienzos reprimió con dureza a la extrema derecha española por miedo a que propiciara una involución, como efectivamente ocurrió con el intento de golpe de Estado del 23-F.
Otra razón por la que se devaluó el nacionalismo español y por la que no puede compararse con el nacionalismo vasco se refiere al pacto constitucional del 78. No se quiso advertir a la hora de redactar la Constitución que el centralismo estatal era una idea democrática tan legítima como el autonomismo.

Huyendo del centralismo franquista, se confundió la democracia con el «café para todos». Si no hubiera sido así, el derecho, siempre supuesto de las torpemente llamadas comunidades históricas, se habría asegurado y no habrían tenido motivo para reclamar el reconocimiento de más hechos diferenciales. Hipótesis que en todo caso no debió de parecer nada democrática. De todos modos, la mayoría de los españoles no tenía ningún interés en una estructura autonómica del Estado, que sólo era exigida por los territorios con lengua propia. Y como al centralismo no se le dio ninguna oportunidad constitucional, frente a la visión autonomista, los nacionalistas pudieron albergar la idea de que la autonomía, camino de la soberanía, les pertenecía histórica y hasta naturalmente, obviando el hecho de que sólo era el fruto de un pacto político que mediaba entre la posible pretensión centralista y la independentista. Así, el centralismo español, democrático, se vio como algo execrable. No se escenificó debidamente el acuerdo autonómico como una cesión de soberanía del Estado que no admitía ulteriores concesiones. Ello permite a los nacionalistas vascos ignorar ese pacto democrático refrendado por los vascos, como si el autonomismo no se distinguiera esencialmente del centralismo.

Declarar «concluido el proceso de transferencias a las comunidades autónomas» equivale, según J. Tusell, a volver «al nacionalismo español de la derecha nacional católica, reaccionario y autoritario» (El País, 15/10/2002). ¿Increíble! Es caer otra vez en el burdo error de ver el Estado de las autonomías como un remedo del centralismo franquista, que creíamos cosa del peor nacionalismo y no propio de un catedrático imparcial de historia.
Por otra parte, las masacres europeas provocadas por el nacionalismo intransigente no favorecen la visión que éste pueda tener de la solución de los problemas políticos. El nacionalismo aparece a la mayoría de los europeos como una rémora para la construcción de un Estado federal europeo. Este proceso consiste en la cesión de competencias de sus Estados miembros a la Unión y es contradictorio con un proceso de partición territorial que cediera competencias a sus regiones. Si tal fuera el caso, no sólo desaparecerían los Estados constituidos sino también el propio proyecto de construcción europea. La construcción de la Europa de los pueblos de que hablan los nacionalistas es inviable, ya que supondría una especie de regresión medieval, tras un proceso de convulsiones sociales de consecuencias imprevisibles.

Estado federal europeo
¿Están dispuestos los nacionalistas periféricos a crear un Estado federal español lo mismo que el resto de españoles no tiene inconveniente en favorecer un Estado federal europeo? La segura negativa de aquellos nacionalistas demuestra la enorme distancia que hay entre el nacionalismo vasco y el supuesto nacionalismo español.

El proceso de cesión de competencias en que consiste la construcción europea es incompatible con la obsesiva reivindicación competencial de los nacionalistas. Hay que preguntar a éstos qué ventaja obtendrían por pertenecer a un nuevo Estado, una vez desposeídos de las competencias correspondientes a Europa. De acuerdo a la lógica nacionalista, ¿no reclamarían a Europa las competencias que su antiguo Estado había cedido? Aquí tal lógica estalla en una serie de absurdos. A no ser que lo único que les produjera satisfacción fuese la desaparición de España como Estado-nación.

Añado, ¿estarían los nacionalistas periféricos dispuestos a integrarse en Europa como simples ciudadanos europeos como estoy seguro de que el resto de los españoles lo haría sin problema?

Otro argumento más para la distinción de nacionalismos. Pero también es la prueba de fuego de una diferencia sustancial, en que tanto se ha insistido ya entre dos conceptos de ciudadanía, y de humanidad, me atrevería a decir.
Uno, el del nacionalismo vasco, fundado en la separación y exclusión del otro, del diferente, y en la identidad con el de la tribu. Un concepto primitivo y reaccionario. El otro, un concepto contemporáneo de ciudadano: el libre e igual, sujeto de derechos y deberes al margen de su procedencia racial o cultural.

Identidad nacional
Por último, en la pobre polémica intelectual en que se ejercita el nacionalista periférico acudese a veces, al sentimiento de identidad nacional, que se limita con frecuencia a no sentirse español u odiarlo. Tal sentimiento no es recíproco por parte de éste, de lo contrario lo mandaría a hacer gárgaras con su soberanía. Ello señala otra diferencia interesante.

¿Entonces el nacionalista vasco se siente europeo? Ya que acusa de imperialista al español, ¿con qué imperialista europeo se identifica él? ¿Con el francés, inglés, alemán...? ¿No! ¿En dónde radica, pues, su europeísmo? Sus sentimientos tienen que entrar en contradicción con los del resto de Europa, porque realmente sólo se siente vasco.
Tampoco se dice exactamente en qué consiste esa sensación tan especial, que parece vacía de contenido, reducido al «narcisismo de las pequeñas diferencias», de que hablaba Freud, a propósito de los pueblos limítrofes. La mitad de la lengua ¬la otra es el castellano¬, algunas costumbres y folclore, lo aldeano incorporado a lo urbano, como una boina antiquísima en los pueblos de España, y poco más.

Jon Juaristi se pregunta con razón en qué medida el nacionalismo vasco es deudor del españolismo o casticismo más cazurro (La tribu atribulada, Espasa). La construcción de un Estado depende de más cosas que de un haz de sentimientos patrios. No se sabe por qué se han de privilegiar éstos respecto de otros sentimientos, ni por qué pueden producir una identificación superior con las personas respecto de la que causen otros sentimientos.
Pero la diferencia más profunda entre todas es que el sentimiento nacionalista es excluyente, hasta el punto de que con él se mata, lo que no se hace con el sentimiento español, que resulta, por el contrario, prohibitivo expresar en las «autonomías radicales», sin que se considere «una provocación intolerable».

La silla en las Ramblas
Iñaki Ezkerra La Razón 10 Marzo 2003

Gotzone Mora ha dicho que si el Rector de la Universidad de Barcelona no le deja dar su conferencia en un aula la dará «subida a una silla en Las Ramblas». Gotzone Mora es una okupa de la libertad de expresión en ese vecindario nacionalista en el que cuando se habla de libertades siempre sale el presidente de escalera o la señora con rulos del quinto preguntando «¿qué diantre es eso?» Gotzone Mora, además de profesora de la Universidad del País Vasco, ha sido miembro de la Ejecutiva del PSE-EE y de las Juntas Generales de Vizcaya por ese partido, pero no se ha maleado ni se ha quedado en la superficie tonta de la política sino que cree de verdad que ésta aún sirve para cambiar las cosas. Gotzone Mora es un diamante en bruto del constitucionalismo vasco y todavía no ha nacido un Rector de Lejona ni de Barcelona que le pueda parar a ella los pies.

No voy a entrar a rebatir esas comparaciones que el Rector Joan Tugores ha hecho entre Gotzone Mora y esa ETA que ella denuncia. Hay descalificaciones que descalifican a quien las hace. A mí sencillamente me emociona esa silla que Gotzone está dispuesta a clavar en medio de Las Ramblas para decir lo que tiene que decir a los ciudadanos de Cataluña; esa silla que ya pertenece a nuestro mobiliario docente, al museo viviente de la democracia, a la sentimentalidad civil de los censurados de siempre en el País Vasco y fuera de él; esa silla que ya no hará falta porque Josep Ramoneda y Francisco Caja, presidente de Profesores para la Democracia, le han ofrecido el aula de Cultura Contemporánea. Para mí esa silla que por suerte se ha quedado en figurada y simbólica ya tiene un rincón en el saloncito de mi corazón. En esa silla está toda la dignidad de la universidad vasca, Rector Tugores, ¿a ver si se entera!

Los estudiantes de la Alemania de entreguerras acuñaron la expresión «Schöngeist» (espíritus bonitos) para los profesores que no querían ver la gravedad del nazismo y se refugiaban en las estratosferas teóricas y académicas. Pues bien, la silla de Gotzone Mora no está hecha para los espíritus bonitos ni de la universidad vasca ni de la catalana. A estos últimos yo les aconsejo que, aunque sólo sea por egoísmo, le dimitan a Tugores pues, con tanta cancha que da a Otegi, a Pepe Rei y al tejido social del totalitarismo nacionalista, toda ETA puede acabar matriculada en Barcelona. Les aconsejo que escuchen a Gotzone con silla o sin ella. Les dirá cómo creció el entramado totalitario en una universidad. Escuchen porque dejarlo crecer es fácil pero deshacerlo, movilizar a los profesores honestos, a los que no lo son, a los miedosos y a la Fiscalía del Estado es una labor titánica. Para eso necesitarían otra Gotzone Mora.

El club de los dictadores
Editorial La Razón 10 Marzo 2003

Sadam Husein y Fidel Castro son dos destacados socios, los más longevos en sus respectivos tronos, del club de los dictadores más sangrientos del mundo. Ambos se mantienen en el poder gracias a una crueldad innata, que se mide por las víctimas inocentes asesinadas, por la falta de las libertades más esenciales, por las cárceles repletas, por la tortura sistemática, por las carencias que debe soportar la población mientras ellos se enriquecen, y por tantas otras infamias en las que coinciden todos los dictadores.

Castro comparte con Sadam a su masajista personal y le provee de puros habanos, pero el lazo principal es que ambos tienen a Estados Unidos como enemigo común desde los tiempos en que Irak y Cuba estaban bajo la tutela del ya desaparecido imperio soviético. Por eso la larga mano de Castro llega hasta Irak, por más que hoy, ante la determinación de Bush demostrada primero en Afganistán y ahora en Irak, se limite a recomendar a su amigo Sadam que destruya sus armas químicas y colabore con la ONU.

Se sabe que Cuba ha colaborado antes con Irak en la fabricación de armas de destrucción masiva, y que sus técnicos han trabajado en Bagdad para mejorar los procesos de obtención de armamento biológico. Como también se sabe que los agentes iraquíes han sido auxiliados, y no sólo con datos sobre los aliados en la primera Guerra del Golfo, por los servicios secretos de la misma isla caribeña donde gozan de acogida los asesinos de la banda terrorista ETA.

Sadam y Fidel tienen otras muchas cosas en común, entre ellas el disfrutar del incomprensible y constante apoyo de una izquierda política huérfana de auténticos líderes presentables. Los nostálgicos del Muro siempre acaban por hallar la forma de no condenar a estas dos sangrientas dictaduras, de no mover un solo dedo para acabar con ellos, aunque sólo sea por la vía de atacar a sus enemigos: por eso se echa en falta que en estos días, cuando el deseo de paz es tan generalizado como sincero, la virulencia de algunos en su crítica al Gobierno y a una nación democrática como Estados Unidos, se aplique aunque sólo sea un poco contra Sadam. Es justo no resignarse a una guerra, exigir que se aproveche hasta la última posibilidad de paz, y sublevarse ante la posibilidad de la muerte de víctimas inocentes bajo las bombas. Pero no es lógico que, para estos fustigadores de los enemigos de Sadam, tampoco ahora sea el momento oportuno para recordar a los que han muerto o van a morir bajo la bota del sátrapa de Bagdad. La lucha por la paz pasa, lógicamente, por oponerse a la guerra, por dar todas las oportunidades a la diplomacia, pero también por exigir la resolución de los conflictos y el fin de dictaduras exportadoras de violencia como la Cuba de Castro o el Irak secuestrado por Sadam.

EL PSOE TIENE UN ESLOGAN
CARLOS DÁVILA ABC 10 Marzo 2003

La «factoría Rubalcaba» ha producido un eslogan, y Zapatero está como niño con mocasines nuevos. Ussía dixit. La factoría ha puesto en boca del secretario un «¡Déjenos en paz, señor Aznar!» que, en opinión de los periodistas más entusiastas, es similar en oportunidad y eficacia a aquel «¡Márchese, señor González!» que Aznar lanzó cuando, al ahora pacifista, le rebosaba la corrupción y le brotaban los muertos del GAL por los bolsillos. También el apoyo a Bush padre. El impagable ejercicio de memoria subversiva que ayer realizó el director de ABC, junto con el recuerdo somero de las circunstancias históricas que rodearon los últimos años de González en la Moncloa, revientan esa falacia de «democracia feliz» que dice añorar Zapatero. Es afortunadamente joven Zapatero, y quizá ello le disculpe por no acordarse que la época del golpe no era precisamente un paradigma de democracia feliz, ni tampoco lo era aquella otra en que casi todas las instituciones del Estado, desde el Gobierno de la Nación al BOE, quedaron cuarteadas por la rapiña, cuando no por el crimen organizado.

En estas semanas se aprecia ya un mínimo, pequeñísimo si se quiere, reflujo que está colocando las cosas en su sitio. El PP no se ha quedado quieto y no parece dispuesto a cargar con el mochuelo de «belicista» que el secretario socialista le ha adjudicado. Rememorar la historia debería ser un acicate para dotar de crédito, o quitárselo, a las posturas de cada quien. ¡Es curiosa la Historia! Y no sólo la de González enviando soldados de reemplazo (él nunca fue partidario de la «mili» profesional) al Golfo; también la de algunos otros. Durante los seis bombardeos que, desde el 93 y hasta ahora, Estados Unidos ha realizado contra Irak, todos hemos tomado partido y adquirido opinión. Lo terrible es que tampoco los periódicos resistan sus propias hemerotecas. Un ejemplo o, mejor, dos. Los dos diarios de Madrid que están abanderando ese otro eslogan de «Guerra, no» se publicaban naturalmente en el 98. ¡Fíjense que año más cercano! El primero, órgano de cabecera del felipismo, escribía cuando se desató la operación «Zorro del desierto»: «Consumada ya la opción militar por la única superpotencia del planeta, cabe exigir en esta hora al presidente estadounidense no sólo un táctica -la legítima de acorralar a un dictador azote de su propio pueblo y de probadas ambiciones expansionistas- sino también una estrategia. Washington, y también Londres, deben tener claro qué hacer con Sadam Hussein y qué con los sufridos iraquíes». El segundo, alineado en este momento por presiones redaccionales con Echanove y Bardem, era aún más contundente: «Sadam practica un juego, entre bufo y macabro, que ya ha hecho escuela: también lo hemos visto en el maltratado territorio de la vieja Yugoslavia de la mano de Slobodan Milosevic. Consiste en que el tirano de turno tira de la cuerda de la tensión hasta el límite y, cuando ya amenaza con romperse y dar paso a las represalias armadas de la comunidad internacional, la afloja. A partir de lo cual, vuelta a empezar».

Muy significativo todo. Claro está que entonces aún gobernaba Clinton que, para gran parte de la progresía española, era el americano tolerable, era un demócrata en resumen, y ahora manda Bush, objeto de mil sarcasmos, bromas chuscas sobre su cociente intelectual y apodos crueles. Ningún artista orgánico de los que el PP tanto ha cuidado se echó a la calle en aquellas ocasiones y Zapatero no hizo uso de eslogan alguno porque entonces no divisaba, ni de lejos, la explosión actual de la izquierda social que llevaba agazapada desde los años de la putrefacción y las fechorías de Estado. Como aconsejaba Marcuse en el 68, lo que ha venido haciendo esta izquierda es intentar aprovecharse del sistema sin contaminarse con él; lo que están haciendo ahora retratándose con Zapatero cercado por banderas republicanas es forzar el sistema para obtener más beneficios.

Pero la gente en España no es mema y las piezas comienzan a reinsertarse. Cada sesión parlamentaria es nueva ocasión para constatar la inanidad política y moral de Zapatero, de forma que bien haría el PSOE en no empeñarse en repetir más suertes de tal estilo en las que crece sin parar Rajoy, y se aprecia con irritación creciente a dónde nos puede conducir el dúo de la pancarta formado por Zapatero y Llamazares. Es difícil predecir qué va a ser de todos nosotros tras la guerra que se prevé inevitable. No es imposible sin embargo que la aplicación de la consigna fabricada «¡Déjenos en paz, señor Aznar!» afecte más a su propalador, el fabricante es otro, que al sujeto receptor. Sería, en definitiva, una versión desdeñosa que en nada convendría al predicador de frases tópicas. Sería algo así como esto: «¡Déjenos en paz, señor Zapatero, ya está bien de monsergas y de tanta trapacería!». Algo así como el tiro por la culata que no le vendría bien al entusiasta antiyanki.

Borreguismo
Carlos Semprún Maura La Razón 10 Marzo 2003

Cuando los medios franceses y sus corresponsales citan a «El Mundo», siempre le ponen: (conservador). «El Mundo» será «italiano», «amarillo», «valiente», lo que ustedes quieran, pero de conservador no le veo nada. Claro que la corresponsal de «Le Figaro» sólo lee «El País», traduce algunos párrafos, los envía por e-mail y luego se va de copas. Son detalles que demuestran que siguen sin querer enterarse de lo que ocurre en España. Con el sarampión nacionalista actual las cosas han empeorado considerablemente, y nos enteramos, por ejemplo, de que si Aznar «está con Bush» es porque su familia fue franquista.

Esta unanimidad chovinista ha convertido a Francia en un país sin debate, y un país sin debate es siniestro. Todos detrás de Chirac, que se toma por Napoleón IV. Comenzaba uno a desesperar y a prepararse a emigrar a Nueva York, cuando, de pronto, aparecen lucecitas en estas espesas tinieblas de unanimidad borreguil.

Hasta ahora, muy solos, en la clase política, Bernard Kouchner, socialista, y Alain Madelin, ex presidente de Democracia Liberal, criticaban la postura oficial y mayoritaria en su país, recordando la sangrienta tiranía de Sadam y su peligrosidad pasada, presente y futura, si no se le tumba.

Los amigos políticos de Kouchner le insultan de manera clásicamente estalinista, y algunos explican sus posiciones de sentido común, por su desmedida ambición: fue delegado de la ONU en Kosovo,quiere serlo en Irak. Más sintomática me parece la incipiente rebeldía en el seno de la mayoría actual.

Después de Madelin, varios diputados del DL manifiestan públicamente su inquietud, ante la polémica franco-norteamericana, recordando su solidaridad democrática, su rechazo de la tiranía iraquí, y lamentando la grave crisis europea debida en parte a las ínfulas de protagonismo autoritario de Chirac. Hasta en el seno del núcleo duro del «chiraquismo», gentes como Pierre Lelloche, dicen lo mismo: la polémica Francia-USA sólo favorece a Sadam Husein, el tirano, mientras que los USA son una democracia aliada, cosa que, evidentemente, enfurece a «la calle».
Cara a los nuevos trapicheos que se preparan en la ONU, vale la pena recordar que Rusia opuso su veto a los bombardeos contra Serbia. No se tuvo en cuenta, se bombardeó, se tumbó a Milosevic, y el veto ruso se esfumó como «pluma al vento». No es arriesgado suponer que con más motivos, ocurrirá lo mismo con el veto francés, si es que se atreven.

La Ertzaintza y el carnaval
IÑAKI EZKERRA/ La Razón 10 Marzo 2003

Lo siento, amigos, pero poner esvásticas sobre la Ertzaintza no es humor festivo ni parodia irreverente ni transgresión jocosa por más que lo diga el Alto Comisionado de la Super Comparsa Mayor del Oráculo de Barrencalle o ése de la careta de bruja piruja que saca la lengua pastosa de la resaca por unos dientes recortados de goma. Poner esvásticas sobre unos ciudadanos que cualquier día pueden recibir un tiro o volar por los aires es una villanía. Es algo tan original y graciso como pegar estrellas de David en las espaldas de ciertos alemanes que no lo pasaron bien en los años treinta. Hay símbolos que, por dramáticos, les pasa como al pariente muerto: hay que mentarlos con tacto pues ofrecen una rara resistencia a la francachela. Una parodia que va a entenderse como incitación al odio hacia el parodiado no es una parodia. O sea que hay gracias que maldita la gracia.

Un carnaval no es un cheque en blanco para marcar a ciudadanos. Pienso en un montón de gremios (nacionalistas, periodistas, charcuteros...) a los que no les parecería propio que les llamaran 'nazis' en el carnaval. Llamar 'nazis' a los ertzainas no es una broma como no lo es disparar bengalas contra un balcón y quemar un piso que tuvimos que pagar a escote todos los bilbaínos. Entre el coro de Santa Águeda y la Revolución de Octubre hay una tercera vía. Y en llamar 'nazi' a la Ertzaintza no hay imaginación ni humor sino la maquinal repetición del discursete tedioso que tiene ese grupo político todos los putos días del año; no hay 'transgresión de carnaval' sino agresión verbal. Lo transgresor en ellos sería parecer normales. Confieso que si en un carnaval los viera saludando amables a los niños me entraría un ataque de risa.

Lo inadmisible no es que interviniera la Ertzaintza en el Carnaval de Bilbao sino que éste lo mangoneen siempre los que tienen una ideología incivil que sin la careta de carnaval no es nada. Durante años a la hora de responder el Estado de Derecho a las provocaciones de esa ideología ha funcionado mucho en el medio democrático la famosa consigna de «que no puedan acusarnos de represores y fascistas». Pero hace tiempo que muchos ciudadanos hemos entrado en una nueva fase, la del hartazgo, y ya nos importa poco que los de siempre nos acusan de lo que les dé la gana. Quizá es hora de que sea esa peña la que antes de hacer una de las suyas se lo piense y diga: «Que no puedan acursarnos...».

Apoyo a Gotzone Mora
Cartas al Director ABC 10 Marzo 2003

Me pregunto dónde se esconden los demócratas catalanes, dónde están los periódicos catalanes, dónde la TV3 y Catalunya Radio, que tan callados están estos días después de la que le liaron a Savater en la Universidad de Barcelona, donde entre otras lindezas le llamaron fascista, «español» y provocador. Pero peor aún ha sido lo de Gotzone Mora, a quien el rector Tugores, el mismo que no tuvo inconveniente en invitar a Otegi e Ibarretxe, y que próximamente recibirá con todos los honores al supuestamente torturado Otamendi, del diario demócrata y pacifista «Egunkaria», no le ha dado ni siquiera la oportunidad de empezar a hablar. Y todo por pertenecer a ¡BastaYa!, la conocida organización terrorista. La tortura que padece Gotzone no es supuesta, sino muy real, y la sufre todos los días de su vida como bien saben Otegi, Ibarretxe y Otamendi, pues ha sido condenada a muerte por ETA, y el hecho de estar en el corredor de la muerte no es supuesto, sino real y, sin duda, insoportable. Aún así, esta mujer, valiente donde las haya, tuvo lo que no tiene Tugores, y salió en la tele a cara descubierta, rodeada de compañeros suyos encapuchados de la UPV.    Endika Arana.    San Sebastián.

El presidente del Gobierno asegura que no quiere «vivir de rodillas» ante los terroristas
Redacción - Madrid.- La Razón 10 Marzo 2003

El presidente del Gobierno, José María Aznar, justificó, en una entrevista que publicará en su próxima edición la revista «Newsweek», la implicación de España en el conflicto iraquí porque no desea que España «se quede al margen de la Historia» y porque no quiere «vivir en un futuro que se coloque de rodillas, impotente, ante los terroristas». «Tenemos la responsabilidad de garantizar que esto no suceda. Nunca me perdonaría no haber hecho nada por evitar el riesgo. España sabe lo que es el terrorismo y lo que significa luchar contra el terrorismo», aseguró el jefe del Ejecutivo. Sobre las consecuencias electorales que podría tener esta implicación en el conflicto, subrayó que «los españoles no me eligieron para estar al frente de una manifestación callejera, sino para garantizar su seguridad», informa Ep.

El PP y el PSE critican la alianza nacionalista porque «impulsa la ruptura de la sociedad vasca»
«No tienen un programa común; sólo les guía la sed de poder», denuncian los socialistas
BILBAO EL CORREO  10 Marzo 2003

El PP y el PSE coincidieron ayer en señalar que el acuerdo de coalición suscrito entre el PNV y EA representa una apuesta decidida por «la soberanía y la ruptura del orden constitucional». Los socialistas fueron muy críticos al afirmar que estas formaciones nacionalistas carecen de un programa electoral común, y sólo les une «la sed de poder; su ansia por mantener la hegemonía política en Euskadi».

«Lo único que preocupa al PNV y a EA es seguir dando pasos equivocados hacia la independencia, hacia la división de la sociedad vasca; no hay más», valoró el portavoz parlamentario del PSE, Rodolfo Ares. «El hecho de que hayan pactado la formación de grupos políticos separados en las diputaciones y en los ayuntamientos es el ejemplo más clarificador de que no tienen un proyecto unitario para los territorios históricos ni para los municipios del País Vasco», apostilló.

«Escenario sombrío»
A su juicio, una eventual victoria electoral de esta alianza mantendría a Euskadi sumida en un escenario «sombrío, falto de libertad». Para superar esa posibilidad, Ares propone un proyecto socialista que se convierta en «alternativa de progreso»; un plan basado en «el autonomismo y en las políticas de igualdad». Para el portavoz del PSE, en la Euskadi actual se hace «imprescindible luchar en primera línea contra el terrorismo para consolidar la paz y la libertad lo antes posible».

Por su parte, los populares también censuraron el acuerdo de coalición entre el PNV y EA con dureza. El presidente del PP vasco, Carlos Iturgaiz, consideró que esta alianza para las próximas elecciones municipales y forales supone «poner en marcha de nuevo el frente de Estella».

El mismo portavoz indicó que la coalición es «la vanguardia independentista y de la ruptura» y consideró que su objetivo es «desafiar a la Justicia y al Estado de Derecho convocando referendos separatistas con el objetivo independentista». Otro dirigente del Partido Popular, Jaime Mayor Oreja, apeló también el pasado sábado a la unidad constitucional para «derrotar a la reedición del fatídico pacto de Estella».

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