AGLI

Recortes de Prensa     Sábado 15 Marzo  2003
Dignidad es nombre de mujer
JOSÉ MARÍA CALLEJA La Voz 15 Marzo 2003

STALIN VIVE
Ignacio SÁNCHEZ CÁMARA ABC 15 Marzo 2003

La cruzada vasca
TONIA ETXARRI/ El Correo 15 Marzo 2003

Ibarretxe y Kastro: amigos para siempre
Víctor Llano Libertad Digital  15 Marzo 2003

De las «consecuencias sombrías» al compromiso con los amenazados
J. BASTANTE ABC 15 Marzo 2003

EL NUEVO COMPROMISO DE LA IGLESIA
Edurne URIARTE ABC 15 Marzo 2003

Un diputado del PP denuncia que se siente acosado por los nacionalistas
La Voz 15 Marzo 2003

Totorica asegura que es «imposible» que tras las elecciones haya acuerdo entre socialistas y nacionalistas
M. ALONSO ABC 15 Marzo 2003

La campaña de Atutxa por Egunkaria deja al descubierto a los que no quieran colaborar
Libertad Digital  15 Marzo 2003

Reivindicación de la política
JOSEBA ARREGI / El Correo 15 Marzo 2003

Dignidad es nombre de mujer
JOSÉ MARÍA CALLEJA La Voz 15 Marzo 2003

SI YO FUERA militante de una organización feminista eligiría para el póster de mis próximas campañas la foto de tres mujeres: Pilar Ruiz, Garbiñe Garmendia y Maite Pagazaurtundua, madre, viuda y hermana, respectivamente, de Joseba Pagazaurtundua. La madre que parió a Joseba Pagazaurtundua, la mujer que se casó con él y le dio dos hijos y la hermana con la que compartió ilusiones y militancias en el PSE-PSOE y en ¡Basta Ya! simbolizan no sólo lo mejor del País Vasco, también posiblemente lo más cabal de las mujeres que hay en España.

Me llama la atención cómo ni una sola de las organizaciones feministas que hay en España, cómo ni una sola de las decenas de colectivos en defensa de los derechos de la mujer que trabajan en nuestro país, cómo ninguna parlamentaria progresista, ha salido en defensa de estas tres mujeres; cómo no han dicho ni una sola palabra en respuesta a las declaraciones machistas, profundamente reaccionarias, despectivas y clasistas perpetradas por el máximo dirigente del PNV, Xabier Arzalluz.

Esa forma de escupir palabras, tan propia del gran timonel cuando dijo, lleno de desprecio, «esta pobre mujer, a la que le han escrito lo que tenía que decir», debía de haber espoleado las reacciones de tantas mujeres que hacen de su vida diaria una forma de militancia por mejorar las condiciones de vida de la mujer y por acabar con la situación de discriminación que padecen muchas mujeres, entre ellas la madre del asesinado, respecto de los hombres. Ni siquiera la cercanía de la fecha del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, ha servido como percha pintiparada para colocar una declaración que incluyera una denuncia de la agresión, o, como mínimo, un apoyo a la reacción de Pilar.La madre del asesinado tiene la calidad humana suficiente para enfrentarse al asesinato de su hijo con un temple, con una claridad de ideas y con una tenacidad, realmente encomiables.

Sus demoledoras palabras en réplica a Arzalluz, cuando dijo «no ha nacido todavía nadie que me diga a mi lo que tengo que escribir», y retándole a tener con ella un debate en cualquier televisión, son todo un alegato en favor de la consideración de la mujer como lo que en realidad es: un ser capaz de jugar de tú a tú -y en este caso, como en otros, con notable superioridad-, contra un hombre, por muy ducho que éste esté, que lo está, en decir animaladas y en hablar ante los medios de comunicación, siempre con ese deje de chulería y prepotencia profundamente machista, irreparablemente carca.

Una madre de más de setenta años no está entrenada en que le asesinen a los hijos, no sabe por tanto qué es lo que hay que hacer en estos casos, tampoco está habituada a hablar ante los medios de comunicación, menos aún con el dolor hirviendo. Pilar decidió escribirse lo que iba a decir en un papel y eso ha salvado a Arzalluz de recibir más estopa. Porque las críticas de Pilar son fáciles de entender, se basan en la falta de piedad, se fundan en la falta de compasión que la dirección de los nacionalistas -políticos con corazón de hielo- han exhibido tras el brutal asesinato de un vasco. No es fácil actualizar el dolor después de un crimen, como se ven obligadas a hacer estas tres mujeres cada vez que salen a la palestra, y encima mantenerse íntegras.

Miren, por ejemplo, la madre del guardia civil asesinado en diciembre en Madrid, poniendo también el dedo en la llaga de los culpables, pero lógicamente desarbolada por el dolor. Pero es que en el guión del régimen nacionalista no esta previsto que los familiares de las victimas se subleven; tienen derecho a llorar un ratito, pero no a hacer análisis políticos y mucho menos si en ellos ponen a los nacionalistas del PNV en su sitio.La madre de Joseba Pagazaurtundua ha denunciado, además de otras muchas cosas, una agresión machista y lo ha hecho con el valor añadido de tener un hijo recién asesinado.

Las tres mujeres han hecho desde el ocho de febrero, día del crimen, un despliegue de entereza, de dignidad, de capacidad para poner en pie un discurso inédito, que resulta conmovedor. Las decenas de colectivos de mujeres que existen en España, deben de estar orgullosas de contar entre las suyas con personas de esa valía. Lo que han hecho estas tres mujeres abre una vía para otras víctimas del terrorismo y marca también un camino para las miles de mujeres que en España sufren cada día el maltrato de las palabras (por no hablar de otros peores), el maltrato de las expresiones cargadas de odio, de desprecio, de machismo; la agresión de frases que establecen que una mujer, por el hecho de ser tal, tiene que ser pobre, pobre intelectualmente, tiene que ser incapaz de hilvanar dos palabras seguidas y está negada para la dignidad, un estadio que el insultador de la mandíbula mussoliniana desconoce.

STALIN VIVE
Por Ignacio SÁNCHEZ CÁMARA ABC 15 Marzo 2003

CINCUENTA años después de su muerte, Stalin vive. Por lo que se ve, también se logra la inmortalidad a través de la muerte ajena. El crimen político, como vía hacia la inmortalidad histórica. El panteón de la historia no repele a los monstruos. Stalin gozó del triunfo en la vida y lo goza después de su muerte. Su victoria consistió en hacer reales las peores pesadillas de Lenin. Primero aliado, se convirtió luego en vencedor del nazismo. Pero acaso su mayor victoria fue la derrota que infligió a su propio pueblo. También salió vencedor en Yalta, junto a los defensores de la libertad, eso sí, adulterando y pervirtiendo el sentido genuino de la democracia y tomando su nombre en vano. Después de su muerte, proyectó su sombra siniestra sobre la guerra fría.

Pero no quedó ahí su triunfo. Vive hoy en todos los países sometidos a las satrapías comunistas de nuestro tiempo, como China, Cuba, Corea del Norte y tantas otras. Vive también en nuestro País Vasco, en ETA, cuya naturaleza no es fascista sino estalinista. Venció también en la batalla de la propaganda, pues aunque hoy pocos le disputan su condición criminal, la comparación con Hitler sigue siendo odiosa. Baste mencionar el desigual destino que han merecido sus respectivos símbolos. Por no hablar de la actitud de tantos intelectuales occidentales que justificaron sus crímenes, los minimizaron o simplemente miraron hacia otro lado. Su victoria también afectó al ámbito de las conciencias críticas. Desde entonces los mismos crímenes cambian de valoración según las opiniones de sus autores y «matar» es una palabra ambivalente.

Acaso su más perdurable triunfo se haya cebado con las mentalidades y los tópicos. Stalin vive en la multitud de sus jóvenes renuevos, en un conjunto de residuos «benignos» que apenas difuminan las huellas de donde proceden. No matan los cuerpos pero aspiran a suprimir ideas y conciencias. Respetan la vida pero destruyen la libertad de la palabra. Vive en las mentalidades y acciones que se plasman en manifiestos y libelos injuriosos y en falsas acusaciones, en las voces e insultos de quienes no dejan hablar a los que no piensan (perdón por el eufemismo) como ellos, en las actitudes de negación y vejación del discrepante, en los desprecios y atentados contra la democracia representativa. Vive en las vidas de quienes piensan que la verdad política y la justicia se encierran en los límites de una ideología o de un partido. Y vive también en el renacido antisemitismo y en toda forma de odio a la libertad y al capitalismo, y en la devoción a las concentraciones masivas que pretenden suplantar a la voluntad popular. También desliza su influjo en las palabras de quienes lo definen como una personalidad compleja y contradictoria, cuando acaso fue un prodigio de linealidad y coherencia. Ha dejado su profunda huella en los estalinistas de todos los partidos, pero especialmente en los de la izquierda radical y en los comunistas, a pesar de camuflajes y reconversiones más o menos sinceras. Vive en todas las actitudes que nacen de la suplantación de la aspiración a la verdad por las mentiras de la ideología, en quienes denigran a los dirigentes, por supuesto falibles, de las democracias, y simpatizan y toleran los desmanes de los tiranos, siempre que sean los de su bando, sobrevive en esos sutiles discernidores de tiranías. No faltan quienes aborrecen sus crímenes pero imitan sus actitudes.

Cincuenta años después de su muerte, y a pesar de las necrológicas y las condenas, vive y goza de buena salud. Su descendencia ha sido numerosa; su semilla, fértil. Acaso haya que concluir que el mal ejerce un poderoso hechizo, una irresistible fascinación.

La cruzada vasca
TONIA ETXARRI/ El Correo 15 Marzo 2003

En Euskadi, que se sepa, no tenemos Papa propio; aunque lo parezca, a juzgar por las declaraciones de la 'número dos' del Gobierno vasco. Ella ve expediciones guerreras contra los infieles, que no eran otra cosa que las cruzadas enviadas por Su Santidad, a las que tanto solía apelar el dictador de otros tiempos. Y es que Zenarruzabeitia considera que el aval del Tribunal Constitucional a la Ley de Partidos refuerza la «cruzada antivasca». Quiere, con esto, decir que el PP y PSE, que apoyaron la ley que permitirá ilegalizar a Batasuna, no son vascos, según la criba que realiza el Gobierno. El Ejecutivo está en su derecho de recurrir una ley que no le gusta. ¡Faltaría más! Lo preocupante son sus declaraciones, que revelan su paso decidido a reforzar la fractura política instalada en Euskadi desde 1998, con el Pacto de Lizarra, que ha provocado que el Parlamento se rompiera en dos pedazos. Todo un récord para el currículo personal del lehendakari.

Qué cara se les ha debido quedar a los ciudadanos (vascos, con perdón) que votaron al PP y PSE -nada importante, una minucia de 575.000 votos- al oír decir a la 'número dos' que la Ley de Partidos es 'antivasca' y que nada dijo cuando ETA amenazó de muerte a todos aquellos que no se opusieran a esta ley. Claro que poco más se puede esperar de una vicelehendakari que, en vez de hablar de víctimas y cómplices de los verdugos, clasifica a los grupos de la oposición como «ilegalizadores e ilegalizados». No hay nada ya, en fin, que sorprenda a quienes han seguido la trayectoria de este Gobierno que, desde que llegó Ibarretxe con la ruptura del consenso democrático contra ETA, quiere implantar un 'nuevo orden' que pivote, exclusivamente, en torno a la acumulación de fuerzas nacionalistas. Lo demás, no importa.

A veces, la realidad supera la imaginación de quienes dicen que el Gobierno hace de abogado de Batasuna. Entremos en el Parlamento y que, cada cual, saque su conclusión. Ayer, el grupo de Goirizelaia tuvo que abandonar el pleno porque Atutxa no le permitió alterar el orden. Así es que, en su ausencia, el tripartito sacó adelante la propuesta de Batasuna contra el endurecimiento de las penas de los presos. ¿Empezaremos a ver alianzas 'por poderes', como los matrimonios de antaño?

Atravesamos unos momentos tan delicados que bueno será recuperar el pincel de trazo fino. De la misma forma que el Tribunal Supremo acelera su proceso de deliberación sobre la Ley de Partidos, el juez Del Olmo tiene que mostrar idéntica diligencia con el rotativo 'Egunkaria'. No se puede extender el manto de la sospecha sobre un colectivo durante mucho tiempo.

Basta Ya debatió sobre las condiciones de «anormalidad» en las que se van a celebrar las elecciones. El PP, con Mayor, participó. Y como el PSE sigue teniendo reparos escénicos, Totorika y Gotzone Mora, que no se mueven en clave electoral, estuvieron a título personal.

Ibarretxe y Kastro: amigos para siempre
Víctor Llano Libertad Digital  15 Marzo 2003

No pasa un mes sin que se conozcan nuevas inversiones vascas en Kuba. Ibarretxe insiste en apuntalar lo que para su Consejero de Asuntos Sociales es un “modelo referencial”. Hace apenas unos días, el presidente del Cluster de Energía del País Vasco, Baltasar Errazti, y el ministro de la Industria Sideromecánica de Kuba, subscribieron tres protocolos por valor de 156 millones de euros destinados a financiar el intercambio de operaciones comerciales entre la tiranía kastrista y la autonomía vasca. A estos 26.000 millones de pesetas hay que sumar otros 12 millones de euros que el Gobierno vasco le regaló a Kastro para, supuestamente, informatizar el sistema judicial robolucionario, y los 2.050 millones de una línea de créditos blandos que Madrazo, Azcarraga y el lehendakari han puesto a disposición del que parece su Comandante en Jefe.

Ni Hugo Chávez se ha atrevido a tanto. Quizás algún día conozcamos los motivos de tanta generosidad con un régimen que no es capaz de amortizar ni uno sólo de sus muchos créditos. ¿Qué pagan los empresarios vascos en la isla de las doscientas cárceles? ¿Por qué se empeñan en auxiliar a un gobierno corrupto y asesino que justifica los crímenes de ETA y acoge con gusto a sus pistoleros? ¿Qué busca Ibarretxe en Kuba? Un futuro e improbable reconocimiento internacional a su sueño independentista no justifica tanto riesgo. Tiene que haber algo más.

Cuando desaparezca el régimen de los hermanos Kastro, ¿respetarán los cubanos las empresas mixtas que con capital extranjero han servido para esclavizarlos? No creemos que Ibarretxe se haga este tipo de preguntas. Los millones de euros que regala al sátrapa caribeño no son suyos, salen de los impuestos que pagan muchas de las víctimas de ETA que ven con asombro e impotencia cómo su dinero sirve para financiar los crímenes del mejor amigo de sus verdugos.

Desde 1992 a 1998, las exportaciones de empresas vascas a la isla cárcel han aumentado en un 167% hasta llegar a alcanzar los 13.441 millones de pesetas; sin embargo, jamás hemos oído a un responsable de la autonomía vasca exigirle a Kastro que respete los derechos humanos. El sufrimiento de los cubanos no importa. Los favores de Ibarretxe a la tiranía se multiplican en la misma proporción que crece el apoyo de Granma a Batasuna. Quizás Dios los críe, pero de lo que no cabe la menor duda es de que el diablo los junta.

De las «consecuencias sombrías» al compromiso con los amenazados
J. BASTANTE ABC 15 Marzo 2003

MADRID. La voluntad de los cuatro sacerdotes vizcaínos de aparecer en las listas de socialistas y populares, a la que en los próximos días se sumarán otras candidaturas de intelectuales católicos, vuelve a poner sobre el papel el compromiso de la Iglesia vasca con las víctimas del terrorismo, una polémica que arrancó a finales del pasado mes de mayo, cuando los obispos de las diócesis vascas hicieron pública la pastoral «Preparar la paz». En la misma, tras solidarizarse con «los concejales del PP y del PSOE, quienes se encuentran en el punto de mira de los atentados», criticaban la ilegalización de Batasuna por las «consecuencias sombrías» para la paz que acarrearía, «sean cuales fueren las relaciones existentes entre Batasuna y ETA».

Al momento, tanto el Gobierno como las asociaciones de víctimas protestaron por lo que consideraron una «toma de postura de la Iglesia con los asesinos», exigiendo a los obispos vascos una rectificación que nunca se produjo. La polémica se agrandó cuando 358 sacerdotes, pertenecientes a la Coordinadora de Sacerdotes de Euskal Herria, publicaron un escrito en el que reivindicaban el derecho a la autodeterminación, aunque pareció aplacarse tras la llamada a consultas al Nuncio de Su Santidad, Manuel Monteiro de Castro, quien reconoció «aspectos de inoportunidad» en la pastoral.

Por su parte, el Foro El Salvador (que aglutina a sacerdotes y religiosos no nacionalistas), tras las amenazas a su presidente, Jaime Larrínaga, acusó a los obispos vascos de «ser pieza en el engranaje del programa soberanista y excluyente del nacionalismo» y de no hacer más clara la frontera entre víctimas y verdugos.

A finales de noviembre, casi seis meses después de la polémica pastoral, la Conferencia Episcopal aprobaba la instrucción pastoral «Valoración moral del terrorismo en España, de sus causas y de sus consecuencias», donde condenaba el terrorismo como estructura de pecado y descalificaba «a quienes arropan, encubren o silencian los crímenes terroristas», al tiempo que pedía un compromiso preferencial por las víctimas, en todas las facetas de la vida social. Incluso, como acaban de demostrar Luis Mari Vega, Pablo Villaroel, Jesús Sánchez Maus y Antón Basagoiti (y antes Larrínaga, invitado por su obispo a no asumir protagonismos de este tipo), en la política.

EL NUEVO COMPROMISO DE LA IGLESIA
Por Edurne URIARTE ABC 15 Marzo 2003

La decisión de cuatro sacerdotes de sumarse a las listas del PSE y del PP tiene un gran valor simbólico, sobre todo en lo que se refiere al papel de la Iglesia en el problema vasco, pero también en relación con toda la movilización social contra el terrorismo.

Respecto a la Iglesia, quizá uno de los lamentos más repetidos en los últimos años ha sido el de la decepción de muchos ciudadanos por las posiciones de una buena parte de la Iglesia vasca. Por su silencio frente al terrorismo, o, lo que es peor, por algunas posturas «dialogantes» y comprensivas hacia el entramado del terror.

Pero la decisión de estos sacerdotes nos indica que también en la Iglesia vasca hay una reacción frente al silencio y las comprensiones. La labor del Foro El Salvador, o la postura de Jaime Larrinaga han representado en los últimos meses el sentido de esa reacción, y la decisión de Jesús Sánchez Maus, Pablo Villaroel, Antón Basagoiti y Luis María Vega supone una confirmación de esa nueva movilización de la Iglesia, tan esperada, sobre todo entre los creyentes vascos.

Por otra parte, hay que entender este nuevo compromiso en el contexto de la evolución de la movilización social contra el terrorismo. Y es que el rasgo más significativo de esa movilización es que gana adeptos día a día. La radicalización del nacionalismo, o la extensión de los mecanismos del terror al conjunto de la sociedad, tiene sus contrapartidas esperanzadoras. Muy especialmente, la creciente fortaleza de los movimientos cívicos, movimientos en los que la Iglesia, antes casi ausente, comienza a tener el protagonismo que tanto se echaba de menos.

Un diputado del PP denuncia que se siente acosado por los nacionalistas
-Aparecen en O Barco pasquines recriminando a Carlos Revuelta su postura sobre Irak
-El también portavoz municipal barquense asegura que está cuestionado por su origen castellano
La Voz 15 Marzo 2003

«Este suxeito quere guerra. ¡Démoslle-la en paz». Este el mensaje que aparece en un pasquín con la fotografía de Carlos Revuelta, diputado del PP y portavoz de esta formación en el Concello de O Barco. Este hecho ha colmado la paciencia del afectado, hasta tal punto que denuncia sentirse acosado por los nacionalistas. Considera que esta manifestación de rechazo a su apoyo a la postura de Aznar en el conflicto iraquí «está violentando mi intimidad personal y familiar».

Y es que en esta ocasión no ha sido un correo electrónico al Congreso sino un pasquín que llegó a manos de su esposa en O Barco. Un municipio de quince mil habitantes, en el que estar en el ojo del huracán por un conflicto internacional no se puede llevar desde el anonimato y -a entender de Revuelta- afecta a la familia. Tanto que cuando el jueves llegó a su domicilio procedente de Madrid decidió ocultárselo a sus dos hijos. No porque pudieran avergonzarse «de ver a su padre cuestionado», sino para evitarles un mal trago.Son las desventajas de la política en una villa. Porque igual que todos conocen a Carlos Revuelta, él también conoce a los que han convocado la manifestación de esta tarde, han recogido firmas por la paz o han celebrado un referéndum escolar. Les echa en cara que lo censuren sin haberse dejado explicar. Porque se define como un antibelicista declarado y convencido. Incluso «tanto o más antiamericanista».

«Yo no voté sí a la guerra»
«Yo no voté sí a la guerra; estoy, como todo el mundo, contra ella, pero algo hay que hacer además de decir no; estoy a favor de la paz, del desarme de Irak y de la legalidad internacional y el cumplimiento de las resoluciones de la ONU», insiste repitiendo el discurso menos belicista del PP.

Nada más conocer la existencia de los pasquines, en una entrevista en Radio Nacional respondió que sí se sentía acosado por los nacionalistas. Ayer lo siguió manteniendo. Aunque, más reflexivo y tranquilo, aseguró no querer entrar con ellos en más polémicas de las que ya tiene abiertas, en especial por su labor como portavoz del grupo mayoritario de la oposición.«No sé si los han hecho o no -dice en relación a los pasquines-, pero me he sentido acosado, echándoseme en cara no ser de aquí», indicó en referencia su origen vallisoletano. «Algunos me tuercen la cara en la calle», agrega. Defiende que, en el conflicto de Irak o en cualquier otro asunto de cualquier ámbito de la política, todas las posturas son «como mínimo igual de respetables».Y lo que no está dispuesto a tolerar es que «se intente utilizar la buena voluntad de la gente» para convertir demandas como el no a la guerra o catástrofes como la del Prestige en un no al Gobierno y utilizando en ocasiones -matiza- «métodos mafiosos».    B. Barbosa (o barco)

Totorica asegura que es «imposible» que tras las elecciones haya acuerdo entre socialistas y nacionalistas
M. ALONSO ABC 15 Marzo 2003

Carlos Totorica, Mayor Oreja, Alfonso Alonso y Gotzone Mora, en un acto de ¡Basta Ya!, defienden que los constitucionalistas se presenten a las elecciones

SAN SEBASTIÁN. El alcalde de Ermua, el socialista Carlos Totorica, aseguró ayer en San Sebastián, donde participó en un debate organizado por ¡Basta Ya! sobre las condiciones de falta de libertad en las que se celebrarán las próximas elecciones en el País Vasco, que «es imposible que el día siguiente de las elecciones haya un acuerdo entre nacionalistas y socialistas, porque el PNV va a seguir con su proyecto de autodeterminación y el PSE no va a apoyarlo. Además, aunque algún socialista quisiera pactar con los nacionalistas, como no sea arrastrándose, no lo va a conseguir».

Totorica participó a título personal en el debate, junto con su compañera de partido Gotzone Mora, después de que la dirección del PSE-EE rechazara hacerlo. El PP aceptó desde el primer momento la invitación de ¡Basta Ya! y estuvo representado por Jaime Mayor Oreja y el alcalde de Vitoria, Alfonso Alonso.
Estos cuatro dirigentes políticos y el portavoz de ¡Basta Ya! Fernando Savater coincidieron en el análisis de que las elecciones vascas se van a celebrar en unas condiciones de desventaja de los partidos no nacionalistas, si bien Mayor Oreja matizó que otras convocatorias, como las primeras municipales de la democracia, en 1979, tuvieron lugar en condiciones aún peores.

A pesar de ello, los cuatro políticos coincidieron de nuevo en que las elecciones hay que celebrarlas y en que el debate sobre las circunstancias de desigualdad debe ser breve para centrarse en obtener el mayor número posible de votos para ganar «espacios de libertad» en el País Vasco y porque el escenario alternativo es «mucho más negro».
Carlos Totorica explicó que las dificultades de los partidos nacionalistas no eran una cuestión abstracta, sino que en Ermua, donde las condiciones no son las más duras para los constitucionalistas, no había conseguido todavía llenar dos puestos «de los que salen» de la candidatura socialista, por lo que se preguntaba cómo estarían las cosas en el resto del País Vasco.

Fernando Savater llamó la atención sobre el hecho de que en las elecciones en el País Vasco «unos se juegan un puesto y los otros se juegan la vida». Planteó como novedad el hecho de que unos concejales aceptan permanecer en las listas para seguir con la escolta que les protege de las amenazas, que continuarían aunque se produjera una retirada, y otros lo rechazan para no tener que vivir protegidos.

Mayor reiteró su llamamiento al diálogo entre los constitucionalistas, por entender que frente a ellos se planteaba un desafío de los nacionalistas, con una coalición que sumaría todo tipo de votos de esa esfera, desde los radicales a los moderados, que además tienen un plan, el de Ibarretxe, y a ETA «como garantía». Propuso al PSE la creación de una «mesa de trabajo» que estudie en cada ayuntamiento cómo «mejorar la alternativa democrática al nacionalismo». Totorica planteó que no hacía falta un acuerdo entre su partido y el PP porque ya había unidad en temas como el Pacto por las libertades.

La campaña de Atutxa por Egunkaria deja al descubierto a los que no quieran colaborar
Libertad Digital  15 Marzo 2003

La iniciativa de Atutxa para aportar donativos al diario Egunkaria –cerrado por su relación con ETA, no por motivos económicos– además de paradójica es peligrosa. El dinero recaudado llega a una cuenta de Kontseilua junto a una lista con los nombres y apellidos de los trabajadores del Parlamento que han pagado. Por defecto, aparecen los que no lo han hecho.

Si este jueves era noticia que el presidente del Parlamento vasco donara 30 euros de sus sueldo a un diario que, once años atrás consideraba etarra, ahora trasciende que los métodos para dirigir ese dinero –el de Atutxa y el de los trabajadores del Parlamento que se sumen– suponen un peligro real para quienes se nieguen a hacerlo.

Desgraciadamente, cualquier lista en la que figuren nombres y apellidos en el País Vasco puede caer en manos de ETA como ya ha ocurrido en muchas ocasiones. Para apoyar a Egunkaria, la iniciativa de Atutxa consiste en que los funcionarios de la Cámara vasca que libremente quieran aportar parte de su sueldo diario lo harán identificándose en una lista que se remitirá, junto al dinero, a una cuenta bancaria del Kontseilua (paraguas bajo el que actúan todas las organizaciones y fundaciones relacionadas en teoría con la defensa del euskera) a la que pertenece Egunkaria.

El problema se le plantea a los que no figuren en esa lista. Esos no han pagado y se sabe por mera eliminación. Por lógica, tratándose del País Vasco, entra en juego la intimidación y el miedo. La técnica recuerda a otros episodios puestos en práctica por Batasuna y su entorno.

El vicepresidente primero del Gobierno, Mariano Rajoy ha pedido a Atutxa que retire "lo antes posible" la iniciativa: "No se le puede decir a unos funcionarios que aporten una determinada cantidad para Egunkaria y a continuación decirles que se hará público el nombre de los funcionarios que hayan hecho esta aportación".

Una práctica conocida
El 5 de octubre de 2001, la ilegalizada Gestoras Pro Amnistía recaudó dinero de una forma similar. La campaña consistía en un reparto de folletos en comercios del País Vasco para invitar a efectuar domiciliaciones bancarias para hacer frente a los gastos de “la represión”

La iniciativa fue presentada hace dos años en conferencia de prensa en San Sebastián por los miembros de Gestoras Juan María Olano y Jagoba Terrones. Con una lista de comercios y otra de benefactores, aparecían por defecto los que no aportaban donativos a la causa de Gestoras, bien conocida. Olano explicaba entonces que con la iniciativa Gestoras Pro-Amnistía proponía que los vascos "paguen a escote" lo que consideran "una auténtica extorsión económica al conjunto de Euskal Herria", que se materializa, en su opinión, a través de la política de dispersión penitenciaria, la "desasistencia" médica a los reclusos y las dificultades de defensa jurídica a los detenidos.

Otamendi, en la comisión de Derechos Humanos del Parlamento
El director del "Euskaldunon Egunkaria", Marcelo Otamendi, comparecerá el próximo lunes ante la Comisión de Derechos Humanos del Parlamento Vasco a petición de los grupos que sustentan al Gobierno Vasco, PNV, EA e IU-EB, para informar sobre la operación judicial y policial contra este periódico.

Será otro de los escenarios, después de pasar por varios medios de comunicación y tres universidades catalanas, en los que el director del diario relatará sus versiones sobre la tortura. El manual de ETA de 1998 lo dejaba claro y se está cumpliendo, como indicó Acebes, todo lo que en él se decía sobre la estrategia de denunciar torturas.

Reivindicación de la política
JOSEBA ARREGI / El Correo 15 Marzo 2003

En la década de los sesenta del pasado siglo se repetía con mucha frecuencia la frase de que «aunque tú pases de la política, la política no va a pasar de ti». Se quería decir que la política influye demasiado en la vida de cada persona como para poder ignorarla. A partir de ese convencimiento, política se confundió demasiado fácilmente con ideología, entendiendo por ésta una visión completa de la historia y de la sociedad. Por desgracia también se confundió con demasiada facilidad con ideologías que legitimaron el uso de la violencia como medio político.

En los últimos años se ha escuchado con cierta frecuencia el planteamiento de que era preciso atraer a la política a quienes se movían en la órbita de la violencia. Pero el entendimiento de política que yacía en esa voluntad de atracción era el de la política como ideología en el peor sentido del término: un planteamiento total de la sociedad y de la historia, la posibilidad de la realización en y para el conjunto de la sociedad vasca de un sentimiento particular de pertenencia, a Euskadi como nación y de forma exclusiva.

Frente a esta concepción de política como ideología total, es preciso reivindicar la política más en el sentido de Zygmunt Baumann: como el espacio que hay que descubrir y crear después de superar el estadio en el que la nación ha ocupado el vacío dejado por Dios; es preciso reivindicar la política más en el sentido de Richard Sennet: como el espacio de la civilización, la ciudad -polis, política- en el que se da la posibilidad de la convivencia entre desconocidos gracias al comportamiento impersonal basado en gramáticas y códigos sociales compartidos.

Reivindicar la política implica reivindicar un espacio público construido por la renuncia a verdades últimas, delimitado por unos pocos derechos básicos, un espacio público constituido objetivamente por marcos jurídicos, instituciones públicas, procesos y reglas formales que limitan las expresiones de las subjetividades particulares, sean estas expresiones sentimientos de pertenencia, identidades culturales o intereses económicos.

Ese espacio público es el espacio de la responsabilidad política. Siendo el de la política un espacio público alejado de las verdades últimas y de las pretensiones exclusivas de las subjetividades, es un espacio que se extiende entre el límite de la responsabilidad penal personal y el límite de la buena intención y de la buena conciencia. Los culpables penados se han colocado momentáneamente fuera de la sociedad y de sus instituciones. La buena intención y la buena conciencia se hallan fuera del límite del espacio público de la política, en el ámbito de la moralidad personal.

Quien cree que entre la culpabilidad penal y la buena conciencia no existe ningún espacio intermedio, está negando el espacio propiamente político. Está negando aquello que permite la crítica política. Está negando lo que hace que la política sea democrática: la posibilidad de la crítica de todas las posiciones que se encuentran dentro del limitado espacio público de la política. Quien se enfrenta al nacionalismo exclusivamente desde la perspectiva de la culpabilidad penal o de la responsabilidad moral en la violencia está negando el espacio de la política, aquél en el que se pueden pedir responsabilidades políticas. Quien, escudándose en la ilegitimidad de la criminalización, inmuniza el nacionalismo en nombre de la licitud de cualquier planteamiento político sin tener en cuenta si directa o indirectamente algunos de éstos coadyuvan a la legitimación de los planteamientos de ETA, está negando el espacio propio de la política, el espacio de la responsabilidad política.

En el espacio propio de la política, en ese espacio público en el que se pueden plantear las responsabilidades políticas, en ese recinto de la polis surgido gracias a la pacificación, gracias al monopolio legítimo de la fuerza, no gracias a su erradicación -pacificación necesaria para que puedan crecer las débiles plantas de la libertad y el derecho-, no se debaten ni las intenciones subjetivas, ni las buenas conciencias individuales. Lo que se precisa es la disposición a asumir las consecuencias de los propios actos llevados a cabo en ese espacio, y lo que se debate son precisamente las consecuencias que los actos de los ciudadanos tienen en ese espacio público. Las palabras, los discursos, las opiniones expresadas son actos sociales que conllevan responsabilidades políticas.

La reivindicación de la política implica la limitación institucional objetivada en procesos y reglas de los sentimientos, identidades e intereses subjetivos. La reivindicación de la política como algo distinto a la moral impide protegerse en la coraza de la buena intención, en el refugio de la buena conciencia. Porque en una democracia la moral y los derechos fundamentales, al igual que los grandes sentimientos subjetivos, existen en la medida en que son traducidos a políticas concretas, en la medida en que son negociados, pactados, limitados, acordados en políticas concretas.

Como analizó Hegel, la Historia sólo se va realizando en la objetividad institucionalizada en la que toma cuerpo el espacio público que es la política. Colocarse fuera de cualquier objetividad institucionalizada -que implica pacto, compromiso, negociación, aceptación de procesos y reglas, renuncia a verdades últimas y a subjetividades enteras- implica, en el mejor de los casos, pasar al limbo de una intrahistoria estéril que termina anulándose a sí misma. Y en el peor de los casos implica una violencia fundacional al querer construir una Historia a partir de cero, una Historia no condicionada, una Historia que fuera reflejo perfecto de una subjetividad todopoderosa. («Ésta -la teoría del terror de Hegel- nos enseña a entender el terror como un fenómeno moral -como una práctica de la virtud-. No se trata de barbarie ni de salvajismo: el ser humano en la realización de sus posibilidades extremas es el sujeto del terror». H. Lübbe, 'Libertad y terror').

Muchos analistas de la realidad política vasca empiezan a describirla en términas de choque: entre obcecaciones, entre identidades, entre extremos opuestos. Sería absurdo pretender analizar la película vasca desde el prisma de buenos y malos. No cabe duda de que, aparte de la condena cada vez más unánime de la violencia terrorista -¡cuánto tiempo se ha tardado en llegar a ello!-, resulta necesario criticar todas las posiciones que se dan en el espectro político y reclamar responsabilidades a todos. En ello consiste el espacio de la política en democracia: en poder y en deber hacerlo.

Pero no se termina por encontrar el espacio de la política que es preciso reivindicar cuando se dejan de lado las concretas responsabilidades de la Historia y se atiene a la foto fija de los útlimos sucesos, confundiendo la exigencia de responsabilidades políticas a todos los que participan en el espacio público con la construcción de equidistancias y paralelismos, sin negar que pueden existir. Las situaciones concretas nacen de historias concretas, que existen en hechos concretos, en apuestas concretas, en decisiones concretas adoptadas por actores políticos concretos, de lo que se derivan responsabilidades muy concretas y asimétricas como la Historia misma.

Para hablar con responsabilidad política de que hoy se puede producir en Euskadi un choque de identidades, un choque de obcecaciones, es preciso recordar que hubo un nacionalismo que llegó a acuerdos con ETA, que se produjo el acuerdo de Estella/Lizarra, que se dio la voluntad de definir la sociedad vasca -Euskalherria, o por lo menos las tres provincias que conforman la comunidad autónoma- desde la hegemonía nacionalista (E. López Adán), y todo ello bajo el señuelo y el chantaje de la paz, apuesta que quebró dando paso a un terrorismo tremendamente selectivo, y, si cabe, mucho más odioso. No es posible borrar la Historia y empezar de cero. Significaría la negación de la política.

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