AGLI

Recortes de Prensa     Jueves 20 Marzo  2003
La guerra, fracaso y éxito
JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS. Director de ABC 20 Marzo 2003

El futuro de Zapatero
Pablo Izquierdo La Razón 20 Marzo 2003

El coche de López
Germán Yanke Libertad Digital  20 Marzo 2003

La eclosión de los violentos
Cristina Losada Libertad Digital  20 Marzo 2003

Los kamikazes, a punto de perder a su mecenas iraquí
E. Zaldívar/T. B - Jerusalén.- La Razón 20 Marzo 2003

1. ¿Quién le ayudó a conquistar el poder
César Vidal Libertad Digital  20 Marzo 2003

¿Quién ayudó a Sadam Husein a conquistar el poder (2)
César Vidal Libertad Digital 20 Marzo 2003

El niño horrendo
Iñaki Ezkerra La Razón 20 Marzo 2003

La libertad del PNV
Carmen Gurruchaga La Razón 20 Marzo 2003

Orgulloso
Cartas al Director ABC 20 Marzo 2003

Proetarras dañan el Bosque de Oma y realizan pintadas contra Ibarrola y Basta Ya
AGENCIAS (BILBAO) La Voz 20 Marzo 2003

 

La guerra, fracaso y éxito
Por JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS. Director de ABC 20 Marzo 2003

TODA guerra es un fracaso estrepitoso de la condición humana y un testimonio trágico y permanente de la imperfección esencial de todas las formas de convivencia que han ensayado las sucesivas civilizaciones. Ninguna ha logrado evitar que las diferencias entre comunidades o sociedades de distinta concepción se dirimiesen, en último término, por la razón de la fuerza. El progreso material e intelectual no ha tenido el corolario de la deposición definitiva de las armas. Incluso, el denominado orden internacional -el vigente y el anterior a la II Guerra Mundial- se ha erigido sobre el concepto dual de vencedores y vencidos. El hecho incontrovertible de que nadie quiere la guerra no deja de ser un voluntarismo. Los hay que la pretenden o la provocan despiadadamente. Y no han sido las democracias las que la han azuzado en las últimas décadas. Por el contrario, siempre han sido los regímenes de libertades los que se han convertido en víctimas sistemáticas de las concepciones de poder dictatoriales que en su negación de la democracia adquieren un temperamento agresivo y belicista como forma de perpetuarse. Así fue con el nazismo y el fascismo; así fue con el comunismo estalinista que sojuzgó sin miramientos a pueblos y naciones; como lo hizo el maoísmo al que no le tembló el pulso represor. Más aún: fueron el apego a la paz, el ánimo apaciguador, el sentido moral de la política y del valor de la vida en los regímenes democráticos, los instrumentos de los que se valieron los belicistas para culminar sus catástrofes. La historia de los últimos ciento cincuenta años es un muestrario pavoroso de que las dictaduras que arrasan los derechos humanos conducen a la guerra como consecuencia de su injusticia ontológica.

El caso de Irak no es distinto, en su esencia, a otros anteriores en los que las democracias han tenido que acudir como última ratio a la intervención armada, tras un agónico debate ético y político en el que, al final, como ha ocurrido ahora, cabe un profundo disenso social, pero al que se sobrepone la responsabilidad de los que, depositarios del mandato popular en las urnas, deben adoptar la decisión de emplear la fuerza para salvar otros valores prevalentes al de una paz estética y superficial que, de aceptarse como mal menor, conduciría a la precariedad y la amenaza constante al sistema de valores que rige la convivencia en libertad.

Cuando el Gobierno de un Estado acumula armas químicas de destrucción masiva que, previamente, ha empleado contra su propio pueblo; se permite invadir a sus vecinos; incumplir las resoluciones de los organismos internacionales y atentar de forma sistemática contra los derechos y libertades individuales y colectivas, se está constituyendo en una amenaza intolerable. Más allá de la discrepancia sobre la cobertura política y legal de la intervención militar contra el régimen de Sadam Husein, es lo cierto que las tropelías del dictador iraquí resultan circunstancias objetivas. Y lo son también los insólitos y crudelísimos ataques contra las Torres Gemelas y el Pentágono en las capitales económica y política, respectivamente, de los Estados Unidos el 11 de septiembre de 2001. La potencia que tanto en la guerra de 1914-18 como en la de 1939-45 coadyuvó a librar al mundo de las peores dictaduras que jamás se hayan alumbrado, no es atacable ya por medios convencionales. No lo son, en realidad, ninguno de los países que, en la órbita de la cultura occidental, han desarrollado un paraguas defensivo perfectamente preparado para evitar la agresión. Pero los Estados Unidos y cualquier otro país es vulnerable al terrorismo en sus formas más sofisticadas o burdas, a gran o pequeña escala. Y esa no es una aseveración deductiva, sino -de nuevo- un hecho histórico y objetivo que ha dejado un reguero sangriento de miles de víctimas inocentes. Ese terrorismo multiforme está enraizado en una concepción cultural y religiosa que, en su versión fanatizada, pretende imponerse a toda costa porque, acaso con un sentido turbiamente trascendente, hace que la autoinmolación de los terroristas se convierta en una forma de heroísmo que introduce en nuestras sociedades un inconsciente complejo de inferioridad y, acaso, de miedosa compasión.

Los denominados «Estados gamberros» -ninguno democrático- financian, jalean, amparan y justifican el terrorismo de signo credencial para, desde el victimismo corrupto de sus dirigentes, seguir oprimiendo a millones de hombres y mujeres. La integridad de dictadores como Sadam Husein se convierte así en un efecto-llamada, en un estímulo emulativo verdaderamente suicida para la civilización occidental. El ciclo histórico es rítmico y, con una frecuencia fatal, produce paranoides de la catadura de Hitler o Stalin que, en su dimensión, no son posible en Europa ni en América, pero resultan muy reales en otros lugares del mundo, adaptados, en su agresividad, a formas diferentes de hostilidad criminal. Sadam Husein es uno de ellos, aunque no el único. Lo fue Milósevic y surgirán otros.

Hacer la guerra -y lograr la paz- es, en consecuencia, también una principal cuestión cultural, entendido el término más allá de su acepción elemental, porque requiere de estadistas responsables, de fuerte convicción en los principios que defienden y de sociedades y Estados consolidados que tengan una correcta percepción de las situaciones de fondo que la provocan. Desde una posición solidaria y protagonista en el compromiso democrático y civilizador occidental, en esta tesitura histórica no es posible compartir criterio con los dirigentes de Rusia y China, y si es de lamentar no poder disponer del acompañamiento, por razones de plazo o táctica, de las grandes democracias francesa y alemana, no por ello España debe renunciar a protagonizar, en la medida que le corresponde, un papel para el que desde hace siglos no estuvo preparada. Ahora, también en función de circunstancias sobrevenidas, es dueña de un discurso democrático pleno e influyente, que, aunque discutido legítimamente en todas las instancias sociales e institucionales representativas, le corresponde al Gobierno formular. Y lo ha hecho con la misma convicción, al menos, con la que sus contradictores lo impugnan.

En el umbral de la guerra, cuando ya el presidente Bush ha dado la orden a sus generales de intervenir en Irak, la gran cuestión no es si unos perderán las elecciones y otros las ganarán. La cuestión es si el fracaso colectivo que siempre es la guerra logra el éxito de civilidad que pretende. De alcanzarlo, los principios que inspiran el uso de la fuerza se encadenarán a la única eficacia posible que debe deducirse de la utilización de las armas: más libertad y la asunción sincera por los más poderosos de que un mundo mejor sólo es posible si la justicia rescata a todos los hombres de la indignidad de la opresión, el hambre, la pobreza, la incultura y la desesperanza.

El futuro de Zapatero
Pablo Izquierdo La Razón 20 Marzo 2003

Hemos asistido estos años a un intento sistemático y desesperado para poner palos en la rueda de un Gobierno que ha relanzado con eficacia y decisión la política Iberoamericana, ha colocado a España entre los grandes de Europa y reforzado ese vínculo trasatlántico, que es un compromiso por la libertad y la democracia que está en la esencia de la Europa que hoy conocemos.

El PSOE es un partido donde la estrategia política suele ser más importante que las convicciones. Arrastra consigo esa vieja y perversa idea asentada en la rancia izquierda europea y que también comparte alguna derecha igualmente rancia, antigua, localista y nacionalista, de que la democracia es un sistema eficaz para alcanzar el poder sin violencia. Ésta es la cuestión clave. Poder y futuro es lo que se juega Zapatero y algunas preguntas se deslizan inevitables ante esta cuestión. ¿Quién diseña y dirige la política exterior del PSOE? ¿Por qué González apenas interviene en el debate?. González sabe que Aznar no está trabajando para la guerra y tampoco lo hacen Blair o el presidente de los Estados Unidos.

González sabe que la posición de Francia y Alemania responde a intereses internos. González sabe que la paz internacional no es posible sin un marco de seguridad y legalidad. González sabe que Aznar, Blair y Bush trabajan por la libertad y la seguridad de los ciudadanos de hoy y del futuro. González sabe que Sadam Hussein ha asesinado a un millón de irakíes, amenaza la libertad y la paz de todos, y viola diaria y sistemáticamente los derechos humanos, como ya lo hicieran Hitler, Milosevic y los talibanes. González sabe que el principal problema de España y la principal preocupación de los españoles es el terrorismo. González sabe que Aznar está haciendo lo correcto, lo responsable, lo mejor para España, para la comunidad internacional y para el pueblo irakí. González sabe que el gobierno de Aznar tiene razón y sabe, incluso, que al margen del desgaste, la posición internacional de España saldrá fortalecida. González sabe que la Comunidad Internacional y especialmente España, tienen que ganar la batalla contra el terrorismo para asegurar el futuro en paz, libertad y democracia. González sabe que no existe otro medio para ello que la firmeza, la unidad y la presión internacional de los países libres. González sabe que el único responsable de la situación, de las víctimas, de todas las víctimas, es el tirano Sadam, que en árabe significa «el que se enfrenta».

Pero a lo peor yo estoy equivocado y González no sabe estas cosas y como Zapatero las supedita también a su futuro. Si esto fuera así, deberíamos estar preocupados, todos, dada la innegable influencia que el ex presidente tiene en el principal partido de la oposición.

Lo que si sabemos, es que González ha escogido estos días un escenario discreto para expresar, en algunos artículos de prensa y contadas declaraciones, lo «políticamente correcto» y ayudar a Zapatero, pero rápidamente ha desaparecido. No le hemos visto en las manifestaciones. Estuvo fugazmente en el Congreso.
¿Y Rodríguez Zapatero?. González le ha dejado a Zapatero la estrategia para el consumo interno. González le ha dejado a Zapatero la pancarta y el manifiesto. Pero el manifiesto es un manifiesto de vergüenza, se olvida del tirano, de los que torturan y asesinan, desprecia a los que sufren, justifica a los terroristas... Yo estoy seguro que veremos a niños, ancianos, hombres y mujeres en Irak saludar con esperanza a la libertad, como ya sucediera en Francia, Italia o Alemania o como acabamos de ver en Afganistán o en Kosovo. ¿Cuál será entonces la pancarta de Zapatero?, ¿la de Llamazares?, ¿la de esa izquierda antigua, agresiva, rancia, antiamericana, esa que González rebautizó como «roja»...? ¿Qué hará, entonces, González con Zapatero?.

El presidente del Gobierno ha anunciado que España no participará militarmente en el conflicto. No enviará tropas como hiciera antaño González. El presidente del Gobierno ha anunciado que España desplegará todo su esfuerzo en una gran operación de ayuda humanitaria para el pueblo iraquí. Sobre esto, claro, ni una palabra. Cuando reaccionen lo pondrán en duda, lo matizarán, limitarán su alcance. Pero no arrimarán el hombro. Ahora es más rentable el manifiesto. Pero el futuro puede ser sólo la pancarta.

El coche de López
Germán Yanke Libertad Digital  20 Marzo 2003

Los dirigentes del socialismo vasco actual son como aquel anodino ministro británico del que las crónicas parlamentarias contaban, con el particular humor inglés, que, cuando su automóvil llegaba a la sede del Parlamento, se abría la puerta del vehículo y no bajaba nadie.

En una intervención televisiva, su secretario general, Patxi López trata de distanciarse del PP con la guerra como argumento: quiere, asegura, alcaldes y concejales que defiendan la libertad y combatan a ETA y quiere, al mismo tiempo, alcaldes y concejales que digan no a la guerra. Se habrá quedado muy a gusto López pero, abierta la puerta, no ha bajado nadie. ¿Qué significa esa ocurrencia? ¿Con quién van a pactar? Nada queda claro.

El PSOE vasco no quiere tratos, ni fotografías, ni contacto alguno con el PP. En los últimos días, se desdijeron a si mismos y no asistieron al debate sobre las elecciones municipales convocado por ¡Basta Ya! Y prohibieron a sus representantes en el ayuntamiento de Bilbao que participaran en una plataforma pública en defensa de las víctimas del terrorismo junto al candidato popular en el municipio. Quieren hacer compatible esta actitud con el mensaje, siempre privado, de que, tras los próximos comicios, pactarán, allí donde se pueda, con el PP. Pero, del mismo modo, pretenden compaginar la negativa, también privada, a pactar con los nacionalistas con el gusto con que se fotografían con ellos (Prestige, crisis de Irak, etc) para conseguir el objetivo de “dejar solo al Gobierno”.

Al margen del éxito de esta estrategia (de la que dudo: a lo mejor, como quieren, consiguen dejar solo al PP con una nueva mayoría absoluta), parecen no haberse dado cuenta de lo que los ciudadanos se juegan en el País Vasco. Y si son conscientes de ello, como creo, su actitud me parece rastrera. El objetivo debería ser la conquista de espacios de libertad con la suma de populares y socialistas y, si ese es el objetivo, debería darse a conocer a los ciudadanos y animarles a votar para conseguirlo. De esto, hasta el momento, nada. Conversaciones privadas, contradicciones públicas. Lograrán que el voto constitucional, que está harto de ambigüedades, sea para el PP.

La eclosión de los violentos
Cristina Losada Libertad Digital  20 Marzo 2003

Hace más de un año se me ocurrió discrepar en voz alta de lo que vociferaban unos estudiantes que protestaban contra la LOU. Se quedaron un poco atónitos de que alguien se saliera del guión y durante unos largos segundos me miraron como si acabara de bajar de un platillo volante. Entonces, uno de ellos tuvo una iluminación, abrió la boca y gritó: ¡Facha! Y allá se lanzaron los demás por el tobogán de la consigna, jubilosos de haber resuelto tan felizmente la contrariedad y ahogado a gritos la incertidumbre. Nadie quiso escuchar ni se animó a discutir. Donde basta la consigna, que es un gran silenciador de las mentes, sobran los argumentos.

Se equivocan los que creen que sólo los ministros y los dirigentes son privados de la palabra por los agresivos “anti”, una especie en eclosión. Si no hay más incidentes en el día a día es porque los que no están de acuerdo con esa minoría callan y rehuyen la bronca: porque renuncian a su derecho de expresión. Y entre sus –nuestras– claudicaciones hay que contar la aceptación de la presión propagandística en centros públicos: los carteles contra la guerra, añadidos en Galicia a los de “Nunca máis”, que tapizan escuelas, institutos, hospitales, bibliotecas, etcétera, en una muestra de falta de respeto a los ciudadanos de opinión distinta que acuden a esos lugares –públicos, repito– y a quienes seguro que se les impediría colocar allí carteles de Eta no o Sadam asesino. Aunque no se trata de eso, pues no queremos vivir agobiados por la propaganda política, rasgo común a los regímenes totalitarios con los que tan emparentados están los de la agit-prop, habrá que exigirlo para defender la libertad frente a las coacciones: ya sabemos a dónde lleva callarse.

También se equivocan quienes prefieren ver diferencias y no similitudes entre los matones independentistas de la Universidad de Barcelona que impidieron hablar a Savater y lograron que se proscribiera a Gotzone Mora y los antiguerra violentos –esquizofrenia galopante y preocupante– que en Madrid reventaron un acto público de Gallardón. Las dos pandillas hicieron lo mismo: privar de la posibilidad de expresarse a quienes piensan de forma distinta a ellos. Y el camino que empieza por silenciar la palabra del “otro” termina en la justificación del silenciamiento definitivo. Se le niega la palabra al adversario porque se le ha convertido en enemigo, perversión legitimadora del asesinato que practican desde hace décadas los terroristas y sus compinches en el País Vasco (veáse Vocabulario democrático del lenguaje político vasco, p.18).

Esos actos y otros del mismo cariz, como el asalto a la sede del PP en Getafe o a la de Falange en Vigo –¿qué pasaría si se tomaran la revancha?– no son meros incidentes, desagradables pero pasajeros. Son síntomas de una enfermedad: la incapacidad para aceptar el pluralismo, un mal que los nacionalistas llevan en la sangre y la izquierda española en su tradición. Y que le rebrota con virulencia cuando la lejanía del poder le altera las hormonas.

Las minorías agresivas se crecen cuando se sienten legitimadas o protegidas, y que la izquierda parlamentaria se haya inclinado por la manifestación, la consigna y el grito, les abre un paraguas. Si quienes deben conocer mejor que nadie las reglas del juego democrático hacen del Congreso un manifestódromo –¿tan poco creen en el valor de sus argumentos?– y proclaman la legitimidad de la calle frente a la de las urnas, si reputados juristas dicen que puede juzgarse a Aznar por crímenes de guerra, ¿qué no dirán y harán unos jóvenes criados en un sistema educativo que no les enseña ni a pensar ni a ser responsables de sus actos? ¿Y qué harán los que hoy están siendo adoctrinados por profesores cuyo fanatismo ideológico les permite manipular a los alumnos con la conciencia tranquila? ¡Que le llaman educar en la paz a incitar a los más pequeños a dibujar a Bush o Aznar comiendo niños o les hacen votar sobre si están de acuerdo con “la masacre del pueblo iraquí”!

En 1968, Theodor Roszak, en su famoso ensayo “El nacimiento de una contracultura”, se felicitaba de que los neoizquierdistas de entonces hubieran mostrado “un precoz y sabio temor a utilizar la violencia contra otros”, pero detectaba “un desplazamiento ideológico hacia la violencia abierta”, lo cual era “particularmente cierto entre los jóvenes europeos, que presentan una inclinación al parecer invencible a identificarse con ideas estereotipadas sobre la revolución”. La irresistible propensión a imponerse por la violencia se ha vuelto hoy el más genuino rasgo de los movimientos y grupos “anti”: ya no hay nada que construir, basta con destruir. Lo irracional, los instintos, el puro activismo, que nutrieron al fascismo en sus albores, ahora sirven al vientre de una nueva-vieja izquierda que despliega su poder de coacción bajo la complaciente mirada de quienes, como el PSOE, creen poder usarlo en su beneficio.

Los kamikazes, a punto de perder a su mecenas iraquí
Sadam donaba 25.000 euros a las familias de los hombres-bomba palestinos de Gaza
Los planes de EE UU de derrocar a Sadam Husein están más cerca que nunca de cumplirse, pero la desaparición del dictador también se hará notar en Gaza. Hasta ahora, el mecenas de Bagdad «premiaba» a las familias de los kamikazes con la nada despreciable suma de 25.000 euros.
E. Zaldívar/T. B - Jerusalén.- La Razón 20 Marzo 2003

El dictador iraquí, Sadam Husein, comenzó de forma oficial su mecenazgo de la causa y el terror palestino el 21 de abril del pasado año. Durante una reunión del Consejo de Ministros en Bagdad prometió ofrecer 25.000 euros a cada familia palestina que perdió su casa en el campo de refugiados de Jenin durante la actual ofensiva militar israelí en Cisjordania. El anuncio se produjo dos días después de que el Gobierno iraquí decidiera apoyar «la lucha del pueblo palestino contra la ocupación» israelí con diez millones de euros. Aquella iniciativa se extendió a los parien- tes de todo kamikaze que se inmolara en suelo israelí, tal y como adelantó REPORTER en junio de 2002.

Las familias de suicidas que se inmolaron en ataques reciben un cheque por 25.000 euros, 500 euros los parientes de primer grado de los heridos y 5.000 aquellos a los que el Ejército israelí les destruye su vivienda, según ha reconocido el propio secretario del Frente de Liberación Árabe (FLA) en Gaza, Ibrahim al Sanin.

Hay incluso una tabla diseñada por Sadam, en que aparecen especificadas las gratificaciones debidas en función del sacrificio. Es así como por una herida reciben aproximadamente 550 euros, por quedar inhabilitados 1.000, por la muerte como un mártir 10.000 y por un atentado suicida la máxima gratificación, los mencionados 25.000 euros. Desde el inicio de la segunda Intifada en septiembre de 2000 más de 12 millones de euros han sido transferidos por el régimen iraquí a la franja de Gaza. En el caso de Kuwait, la Sociedad para el Renacimiento de la Heredad Islámica concede 500 dólares a las familias de los suicidas, designados como «mártires», y 200 dólares por cada palestino herido.

El principal agente de Bagdad en los territorios ocupados se llama Mahmood Besharat y es uno de los responsables del FLA. Su misión, encomendada por el sátrapa, es distribuir en Gaza y Cisjordania los millones de euros destinados a los militantes palestinos y sus familias. Ahora que la caída del «benefactor» de los palestinos parece inminente, muchos parientes de los «mártires» dejarán de percibir el cheque de Bagdad, pero también lo harán las decenas de familias que se quedan sin vivienda tras las más que frecuentes demoliciones de casas por parte de las excavadoras hebreas.

Lo cierto es que si hay alguna promesa incumplida por Bagdad hasta la fecha es la creación de un «Ejército para liberar Palestina», que debía estar integrado, según altos responsables iraquíes, por más de seis millones de voluntarios. Por el momento, el pasado lunes 17 de marzo, varios familiares de «mártires» procedentes de Rafah, al sur de la franja de Gaza, recibieron la donación del «amigo» iraquí. ¿Podrían ser los últimos afortunados?
Al cierre de esta edición, el Ejército israelí ordenó a toda la población que abra los equipos de emergencia que les ha repartido estos últimos meses en pre- visión de un ataque inminente por parte de Estados Unidos contra Iraq. La orden fue impartida a las 21.00 hora local (19.00 GMT) por los medios de comunicación, y en ella se dice que la población debe abrir el equipo personal de protección y probarse las máscaras antigás. En las últimas semanas el Gobierno israelí ha asegurado que Washington le adelantaría la hora del ataque. Efe

1. ¿Quién le ayudó a conquistar el poder?
César Vidal Libertad Digital  20 Marzo 2003

Al igual que en el caso de Osama ben Laden, no son pocas las voces que han repetido la tesis de que Sadam Husein es tan sólo una creación de Occidente, especialmente de los Estados Unidos, que, finalmente, se ha vuelto en contra suya. La teoría tiene apariencia de ser plausible en la medida en que permite culpar una vez más a la política exterior norteamericana de todos los males existentes en el mundo pero, en realidad, ¿quién ayudó a Sadam Husein a conquistar el poder?

El camino que llevó Sadam Husein de ser un joven huérfano nacido en 1937 en la aldea de Al-Uja (El Giro) situada a las afueras de Tikrit a convertirse en dictador casi omnipotente de Irak fue largo y dilatado. Aún más. Puede decirse con toda justicia que había pocas razones para esperar semejante éxito. Irak se convirtió en monarquía el 23 de agosto de 1922 por voluntad expresa de los británicos. Su primer monarca, Faisal, fue débil y cuando falleció en 1933 fue sucedido por su hijo Gazim, un homosexual populista que obstaculizaba la continuidad de la dinastía y que, a pesar de caldear los ánimos con afirmaciones nacionalistas, se mostró incapaz de evitar la influencia extranjera. En 1941, el primer ministro iraquí Rashid Alí decidió aliarse con Hitler para expulsar a los británicos de Irak pero el Führer no respondió a sus demandas de ayuda con suficiente rapidez y la revuelta fue aplastada. A pesar de todo, la idealización de los nazis caló en algunos sectores de la población y entre ellos se encontraba un tío de Sadam, Jairallah, que se ocupó del muchacho una vez que su padre desapareció de su vida por razones que no son fáciles de discernir y que, según algunos, apuntarían a la ilegitimidad del futuro dictador. Jairallah tuvo una enorme influencia en el destino de Sadam Husein ya que no sólo le inoculó su peculiar visión política sino que además le presentó a Ahmad Hassan al-Bakr, un oficial del movimiento Baaz que tendría una enorme influencia en la política iraquí.

La nacionalización de Suez, un toque de atención. A mediados de los años cincuenta, Estados Unidos comenzó a preocuparse por la situación en Oriente Medio fundamentalmente a raíz de la política llevada a cabo por el egipcio Nasser, teñida de un nacionalismo árabe profundamente anti-occidental. En 1955, se concluyó el pacto de Bagdad entre Estados Unidos, Gran Bretaña, Turquía, Irán y Pakistán, cuya finalidad era asegurar la tranquilidad en la zona y evitar una mayor influencia soviética. Nasser respondió al acuerdo llegando a un pacto con la URSS y nacionalizando al año siguiente el canal de Suez, un paso que desencadenaría una guerra. A la sazón, Nasser era un referente para el mundo árabe —de manera sorprendente así lo sigue considerando en la actualidad algún arabista español— y su influencia, en general nefasta, se manifestó, por ejemplo, en el golpe de 14 de julio de 1958 en Irak. Considerado con toda razón como uno de los episodios más sangrientos de la considerablemente cruenta historia de Oriente Próximo, el golpe comenzó con el derrocamiento del monarca y el asesinato de toda la familia real —sólo la esposa del regente se salvó y eso porque la dieron por muerta— y continuó con una purga de dimensiones difíciles de calcular. De esa manera, desapareció la monarquía y llegó al poder el general Abdul Karim Qassem, dirigente de un grupo denominado de los Oficiales libres. Qassem había contado con la ayuda del partido nacional-socialista Baaz pero, por supuesto, no estaba dispuesto a verse fiscalizado por él. Llegado el momento, no tuvo ningún problema en tomar algunas medidas en contra suya y esta circunstancia llevó a un joven llamado Sadam Husein, miembro del Baaz pero sin papel alguno en el golpe, a exiliarse en 1959.

Los tres años y medio siguientes los pasó Sadam Husein, primero, en Damasco y luego en El Cairo. Posiblemente, allí hubiera permanecido indefinidamente de no ser por la evolución seguida por el general Qassem. En 1959 abandonó el pacto de Bagdad —lo que preocupó enormemente a los Estados Unidos— y comenzó a depender de manera creciente de la ayuda soviética. Sin embargo, lo que acabó provocando la intervención norteamericana fue el plan de Qassem para invadir Kuwait. En febrero de 1963 Qassem fue derribado mediante un golpe planeado por la CIA. Sadam Husein, que tampoco había tenido nada que ver en este golpe, se apresuró a regresar a Bagdad, donde volvió a relacionarse con Bakr. No pudo hacer mejor elección porque, a la sazón, el nuevo presidente, Abdul Salam Arif, lo había recomendado como primer ministro por su papel en el derrocamiento de Qassem. El partido Baaz había garantizado a la CIA que habría juicios justos y que no se producirían excesos. En realidad, sucedió todo lo contrario. Los casos de detenidos, torturados y asesinados pronto se sumaron por millares y en ellos intervino de manera directa Sadam Husein. Ciertamente, sobre el organigrama del nuevo poder su papel era insignificante pero ya se estaba situando dentro del partido en relación con los servicios de inteligencia aunque, de momento, no pasara de ocuparse de tareas como la tortura o la visita a campos de concentración.

El golpe del Baaz. En noviembre de 1963, Arif decidió deshacerse de los ministros del Baaz reemplazándolos por oficiales de confianza. Semejante medida apartó a Bakr, el mentor de Sadam Husein, del poder, pero su peso en el partido Baaz se acrecentó al ocupar los vacíos dejados por la represión. A esas alturas, Sadam Husein —que había estudiado con verdadera fruición la vida y la obra de Stalin mientras estaba en El Cairo— se dedicó a colaborar con Bakr en la reestructuración del partido. El partido Baaz dedicó buena parte del año 1964 a barajar planes para asesinar al general Arif. No tuvieron éxito y además, entre otras consecuencias, se tradujeron en el encarcelamiento de varios de sus miembros entre los que se hallaban Sadam Husein y su tío. Sadam fue bien tratado en la cárcel entre 1964 y 1966 hasta el punto de que llegó a sospecharse que fuera un delator al servicio del gobierno. Finalmente, el 23 de julio de 1966 logró huir con dos baazíes. No estuvo mucho tiempo en la clandestinidad. En 1967, durante la guerra de los seis días, Irak representó un patético papel frente a las fuerzas israelíes, circunstancia que fue aprovechada por el Baaz para agitar a las masas. El 17 de julio de 1968, el partido Baaz dio un golpe de estado que derribó a Arif.

El episodio resultó incruento porque Arif aceptó retirarse del poder a cambio de que se le asegurara su integridad física. Lo que vino a continuación era fácil de prever. Siguiendo fielmente el manual leninista, el partido Baaz se convirtió en el estado a la vez que iba eliminado a las restantes fuerzas políticas. Por lo que se refiere a Sadam Husein, su papel fue muy limitado hasta el punto de que fue el único de los conspiradores que no recibió un cargo gubernamental. A esas alturas, sin embargo, tenía más que decidido su ascenso por la escalera del poder y no deja de ser significativo que su primer peldaño fue la articulación de macro-juicios que recordaban, seguramente no por casualidad, los que tuvieron como escenario Moscú en los años treinta. La primera de las ejecuciones tuvo lugar el 27 de enero de 1969 en el centro de Bagdad. De entre los ahorcados por espías —un cargo más que dudoso y que recuerda nuevamente a las víctimas de Stalin— nueve eran judíos.

Las muertes, que tuvieron lugar en un día declarado fiesta nacional y con una afluencia masiva preparada por el partido en el poder, estuvieron envueltas en soflamas contra Israel y los Estados Unidos, incluida una alocución de Radio Bagdad señalando que aquel era “un primer paso en la liberación de Palestina”. Se trataba únicamente de la primera de una dilatada lista de ejecuciones públicas. Durante los meses siguientes, Sadam Husein demostró una habilidad fuera de lo común en las tareas de represión. Fueran comunistas —miembros de un partido especialmente peligroso en periodo de revuelta—, posibles golpistas o kurdos, Sadam se mostró cruelmente despiadado. Sin embargo, su conquista del poder no iba a venir tanto determinada por su capacidad para la lucha interna como por el apoyo internacional.

¿Quién ayudó a Sadam Husein a conquistar el poder? (2)
César Vidal Libertad Digital 20 Marzo 2003

Tras el golpe de estado de 1968 contra Arif, el papel político de Sadam Husein fue muy limitado. De hecho, fue el único de los conspiradores que no recibió un cargo gubernamental. Durante los años siguientes, Sadam iba a entrar en contacto con unos valedores internacionales que, en buena medida, decidirían su conquista del poder absoluto.

El primero fue la URSS. En enero de 1970, Sadam visitó Moscú en busca de ayuda para combatir a los kurdos. Los soviéticos estuvieron de acuerdo en dejar de apoyar a los kurdos con la condición de que se acabara la represión contra los comunistas y además se concediera la autonomía al Kurdistán. Sadam aceptó, pero con escasa voluntad de cumplir lo pactado. No obstante, había captado hasta qué punto la URSS podría resultarle útil y en febrero de 1972 regresó a Moscú. Esta vez firmó un tratado en el que se incluía, como pago por el apoyo soviético, la concesión a la URSS del uso de las bases aéreas iraquíes. La relación —como tendremos ocasión de ver— se mantendría durante los años venideros.

El segundo gran valedor fue Francia. La razón para el acercamiento derivó del deseo iraquí de nacionalizar el petróleo. Dado que éste se hallaba bajo el control de compañías norteamericanas, británicas y francesas, era de esperar una reacción de las tres potencias. Sin embargo, Valery Giscard d´Estaing, a la sazón ministro de Comercio francés, aseguró a Irak que Francia no participaría en un boicot mientras los intereses galos no se vieran afectados. El 1 de junio de 1972, el Baaz nacionalizó el crudo iraquí y antes de que concluyera el mes Sadam Husein viajó a París pactando con el presidente Pompidou que Francia aceptaría el paso dado por Irak a cambio de participar en la futura industria petrolífera iraquí y de comprar el crudo a un precio más bajo. Tanto la ayuda soviética como la francesa permitieron a Irak duplicar la capacidad de su ejército entre 1970 y 1975 y contribuyeron enormemente a fortalecer la posición de Sadam.

No resulta extraño, por lo tanto, que cuando Londres y Washington anunciaron su propósito de pedir cuentas a Francia, Sadam Husein afirmara públicamente que “cualquier intento de dañar los intereses franceses se consideraría un acto de hostilidad contra Irak”. Este crecimiento de su poder debido a la baza internacional vino acompañado por un vuelco de la situación interior cuando en 1973, Nadhim Kazzar, el especialista en tortura del régimen, orquestó un golpe contra Bakr. Sadam Husein logró desarticularlo y, por primera vez, se abrieron para él las puertas de las prebendas. A partir de entonces, Sadam iniciaría una hábil política de relaciones públicas en la que representarían un papel muy importante su esposa e hijos, que aparecían como prototipo de familia modelo.

La caída de Kazzar convirtió a Sadam prácticamente en el segundo hombre del país a continuación del presidente Bakr. Embarcados ambos en una política que pretendía establecer una “economía socialista”, Sadam siguió reforzando su peso en la seguridad del estado mediante un acuerdo suscrito con Yuri Andrópov, a la sazón jefe de operaciones del KGB. En paralelo, acometió la firma de contratos con la URSS y Francia, seguidos muy de lejos por Brasil (ferrocarriles), Bélgica (fábricas de fosfatos), Yugoslavia, Bulgaria, la RDA y Japón. Durante los años setenta, el prestigio de Sadam subió como la espuma, en parte, por sus relaciones internacionales y, en parte, porque la política económica estaba en sus manos. En enero de 1977 se permitió incluso dar el primer paso para debilitar a Bakr al conseguir que se eligieran diez nuevos miembros para el Mando regional del Baaz —entre ellos Tarek Aziz—, lo que le permitió contar con catorce partidarios de un total de veintiún componentes. Al concluir el año 1977, la posición de Sadam era casi inexpugnable. A partir de ese momento, Sadam desarrolló una política armamentística que dejaron pequeño el crecimiento militar del lustro anterior. El principal proveedor de armas fue la URSS —tanques T-52; bombarderos Tu-22; helicópteros Mi-24; aviones de transporte II-76, etc—, pero también Francia firmó jugosos contratos para suministrar Mirage F-1 y helicópteros Gazelle. De hecho, si a inicios de los setenta Moscú suministraba a Sadam el noventa y cinco por ciento del armamento, a finales de esa década su cuota de venta había disminuido hasta el sesenta y tres por ciento.

Durante los años setenta, Sadam comenzó a desarrollar también diversos programas de armamento no convencional. En 1974 se dieron los primeros intentos de comprar armas químicas y biológicas junto con la creación del Comité de planificación estratégica. En noviembre de ese año, concretamente el Instituto Merieux llegó a un acuerdo para instalar el primer laboratorio bacteriológico de Irak. En 1975, Sadam decidió adquirir gas venenoso. Guiado por una curiosa semejanza histórica, acudió en esta ocasión a Alemania oriental en busca de gas tabún y gas sarín. El contacto vino facilitado por terroristas palestinos y en el curso de una entrevista con Karl Heinz Lohs, el director del Instituto de productos químicos venenosos de Leipzig, en la RDA, uno de los iraquíes expresó con total claridad lo que su gobierno tenía en mente: “Ustedes, los alemanes, tienen mucha experiencia en matar judíos con gas. Esto es algo que nos interesa por la misma razón. ¿Cómo se puede utilizar su experiencia para destruir a Israel?”

Por supuesto, Sadam Husein no tuvo siempre suerte a la hora de tratar con compañías extranjeras. Por ejemplo, mediante intermediarios franceses, Irak entró en contacto con la Pfaulder Company de Rochester, Nueva York, para montar una fábrica de pesticidas en Bagdad. Sin embargo, la compañía sospechó lo peor y no se llegó a un acuerdo. Algo similar sucedió con la Babcock and Wilcox y la ICI, ambas británicas. De hecho, la ICI llegó a poner el asunto en conocimiento de los servicios de inteligencia de su país.

Mención especial merece, desde luego, el apartado de las armas nucleares. En 1975, Sadam —todavía segundo hombre de Irak— había establecido el objetivo de contar con armas nucleares en una década. El inicio del programa se debió a la ayuda soviética que permitió a los iraquíes contar con un reactor de agua ligera IRT 200 y con la formación de un centenar de físicos nucleares iraquíes. Sin embargo, la URSS no tenía especial interés en convertir Irak en una potencia y se negó a seguir apoyando el programa nuclear de Sadam. Entonces vino en su ayuda su aliado preferente: Francia.

El niño horrendo
Iñaki Ezkerra La Razón 20 Marzo 2003

Todos hemos conocido a este tipo de niños con los que te tiras una tarde entera satisfaciendo sus caprichos y de pronto, si les niegas algo, comienzan a berrear como si los estuvieras degollando y a mentir asegurando que les has pegado cuando acude su madre sobresaltada ante tales reclamos. Eso es lo que tradicionalmente se llama «la táctica del niño horrendo». El niño horrendo es un arquetipo en el que se funden el crío consentido con el cínico, el insaciable con el ingrato, el llorica con el perverso, el tiránico con el farsante y manipulador. Es el modelo de conducta que ha adoptado el nacionalismo vasco para salirse siempre con la suya. Es el que dice que el cierre de «Egunkaria» responde a «una ofensiva estatal para destruir el euskera» cuando se trata justo de lo contrario: de proteger a esa lengua de la gentuza que la instrumentaliza políticamente y que hace lo indecible para que el euskera sea identificado con el terrorismo y el nacionalismo más antidemocrático.

El problema con el niño horrendo es que siempre hay algún mayor que le cree y le mira como si lo estuvieses degollando en efecto. Los tres rectores catalanes que le han invitado a Marxelo Otamendi a sus universidades para que cuente cómo le torturaron no comprándole palomitas ni globos ni helados nos miran a los constitucionalistas vascos como si de verdad fuéramos enemigos del euskera. Hasta ahí llega la falta de respeto y reconocimiento, la infamia y el escarnio. Pues no es ya que los constitucionalistas no seamos enemigos del euskera sino que nos jugamos la vida por él, por el derecho a hablarlo y todos los demás derechos que recoge la Constitución. Sin la Constitución el euskera no sería lengua oficial ni puntuaría en ninguna oposición. Sería sólo una reivindicación políticamente populista y socialmente ameboide pero carente de legitimidad jurídica ni administrativa. Fue el constitucionalismo el autor de la Ley de Perfiles Lingüísticos y la discriminación positiva que hoy echa de Euskadi a los profesores castellanoparlantes.

Esa es la paradoja dolorosa y sangrante que delata toda la obscenidad del eterno llanto por el euskera: que la gratitud y el reconocimiento que el nacionalismo debe a las concesiones constitucionalistas se salda históricamente con los atentados contra sus consejeros de Educación, con el asesinato de Buesa y el tiro a la boca de Rekalde. Se salda con las flexiones de Martxelo Otamendi en el Parlamento Vasco mientras muere Domingo Durán, el auténtico torturado de la democracia, policía nacional que pasó ocho años inmóvil y postrado por defender la Constitución. ¿Pero de verdad hay alguien que cree que hay una ofensiva constitucionalista contra el euskera?

La libertad del PNV
Carmen Gurruchaga La Razón 20 Marzo 2003

Aunque se presentía ¬ni siquiera ha extrañado la unanimidad de los 16 magistrados¬ el Supremo ha definido el «alea jacta est» respecto a la ilegalización de Batasuna, Herri Batasuna y Euskal Herritarrok. Cabe recurso ante el Constitucional, pero si este máximo Tribunal avaló la Ley de Partidos el día 12 de este mes, ya se conoce de antemano cuál sería su resolución en caso de petición de amparo por parte del entorno de ETA. No obstante, y cargados de «sus razones», parece que van a recurrir semejante «tropelía» al dejarles fuera de la Ley por connivencia con el terrorismo, a través del Convenio Europeo para los Derechos Humanos. Largo, cínico e inútil lo fían, pero si es por patalear, están en su derecho.

Ahora les queda a los batasunos el buscar resquicios por donde poder burlar su desaparición como entidad política y colar sus votos a través de organizaciones o plataformas electorales que no necesiten pasar por la ventanilla de registro de partidos. Tarea nada fácil al ser privados legalmente de estructura organizativa y al contemplar la Ley de Partidos esta posibilidad como fraude de Ley. Hay trucos o alternativas como asociaciones o plataformas electorales constituidas con listas de firmantes aunque costosas de trabajar. Algo intentarán. Y ya les han echado un cable por si pican para que en lugar de enfrascarse en alambicados procedimientos para conducir sus votos y meterse en gastos con los ahorros (deben haberse acabado las subvenciones que recibían de las instituciones vascas) entren por la fraternal senda que sus hermanos nacionalistas les ofrecen. Así se canalizaría el voto hacia la coalición PNV- EA lo que les resultaría mucho más práctico y mucho más barato. Que digo barato, gratis. Por eso PNV y EA se han subido al tablao y se han apresurado a mesarse los cabellos y rasgarse las vestiduras ante la ilegalización batasuna, con Madrazo ¬el de IU¬ haciendo coro. «Recorte de libertades públicas y retroceso de la democracia sin precedentes» (EA). «Atropello a una libertad fundamental» (PNV). Solemne contundencia. Y de tapadillo pensando cómo pueden aprovecharse de la situación. Es lo suyo.

El ministro Michavila, al conocer la noticia de la ilegalización, comentó que a partir de hoy en el País Vasco habrá mucha gente que se sienta más libre. En una acción de portentosos reflejos, el portavoz del Gobierno vasco y aspirante a la más alta magistratura del PNV, Josu Jon Imaz, replicó que él no se siente más libre. ¿Qué «boutade»! ¿Naturalmente! Es imposible que este hombre pueda gozar de más libertad de la que ha tenido desde el santo advenimiento de la democracia a España. Mil veces más libertad que tantas personas como los profesores, empresarios y cargos públicos, por modestos que sean de PP o del PSOE, que tienen que ir escoltados. Lo que le falta al político nacionalista como a tantos de sus colegas dirigentes, no es libertad. Es otra cosa.

Orgulloso
Cartas al Director ABC 20 Marzo 2003

Señor presidente: soy andaluz, español, y vivo en EE.UU, país al que quiero, respeto y acepto, y en el que he creado una familia. Hemos vivido el horror del 11-S y el estremecedor sufrimiento de los americanos.

Pues bien, señor Aznar, esta última semana he visitado varias ciudades españolas y he comprobado, con consternación, la oposición a su decisión de apoyo a EE.UU. Me parece que el pueblo español, endurecido por la criminal monotonía del terrorismo etarra, se olvida, con rapidez, de la trágica historia inmediata que ha cambiado, de una forma global, el comportamiento de personas inocentes y pacíficas; de los más de 3.000 muertos en este atentado y de los cientos de inocentes asesinados por el terrorismo etarra. También parece que se olvidan de la vergüenza y frustración que los españoles sufrimos cuando varios cargos de anteriores gobiernos fueron procesados y condenados o cuando se produjo el fallido intento de golpe de Estado. Todo esto fue negativo para la imagen de España y afectó a trabajadores, empresas y empresarios españoles.

Pues bien, señor presidente, los españoles en el extranjero, o al menos este humilde andaluz, no se olvida del terrorismo etarra e internacional que mata sin discriminación y tampoco se puede olvidar de la humillación que la falta de entereza de sus antecesores ha supuesto para España.
Le escribo para decirle que el que suscribe se siente orgulloso de ser español; orgulloso de que su presidente haya puesto a nuestro país en el lugar que le pertenece y orgulloso de que en EE.UU. me feliciten, a mi, como español, por su comportamiento valiente, ejemplar y sincero.
Ni a usted ni a nadie le gusta la guerra, pero le doy las gracias por tomar la decisión correcta, sé que la historia reconocerá su acierto y entereza y espero que, a corto plazo, los españoles también lo hagan.   José Tena. Nueva York

Proetarras dañan el Bosque de Oma y realizan pintadas contra Ibarrola y Basta Ya
AGENCIAS (BILBAO) La Voz 20 Marzo 2003

-'El bosque pintado', una de las obras de mayor proyección internacional del artista vasco Ibarrola amaneció con diversos daños provocados por un grupo de proetarras.

Unos 30 árboles del Bosque de Oma, situado en la localidad vizcaína de Kortezubi, sufrieron pintadas con textos amenazantes contra el artista -como 'Ibarrola español. ETA mátalo'- y la plataforma pacifista ¡Basta Ya!. Ya en noviembre de 2001 cerca de cien árboles aparecieron pintados de gris y el 19 de mayo de 2000, desconocidos talaron dos de ellos a hachazos, además de causar destrozos en otros ochenta.

Según informó la mujer de Agustín Ibarrola, en el panel informativo de la entrada del bosque se ha realizado una pintada que dice 'Ibarrola español. ETA mátalo' y, además de lanzar pintura 'a baldes' en las diversas obras de este enclave, se ha hecho también una pintada con el nombre de ¡Basta Ya! en una diana.

La esposa del artista explicó que su marido está pidiendo que sea la Diputación la que informe de lo ocurrido porque es la que se ha encargado de restaurar el bosque en anteriores ataques de este tipo.

Además, manifestó que Ibarrola conoció lo ocurrido después de que un fotógrafo que estaba haciendo un trabajo les informara de los diversos daños y consideró que este ataque es 'algo tremendo'.

'Es la primera vez que ponen 'Ibarrola español. ETA mátalo', me parece tremendo que esto se consienta en este país y que se diga esto a Ibarrola, es muy duro, es un artista. Estamos muy disgustados', manifestó.

Ataque contra la cultura vasca
El portavoz de ¡Basta Ya!, Carlos Martínez Gorriarán, denunció las 'agresiones, hostigamiento y acoso' que sufren los miembros de esta plataforma y agregó que 'ahora vamos a tener la oportunidad de ver también si la gente que estaba tan indignada con todo el asunto de 'Egunkaria' considera también si esto es o no un ataque contra la cultura vasca'.

'Ha habido montones de agresiones contra esta obra y nunca han sido capaces de detener a nadie, ni de encontrar a responsables. Esto es ya asunto del Gobierno vasco y de la Ertzaintza', concluyó.

De hecho, el primero de noviembre de 2001 los proetarras pintaban de gris cerca de cien árboles y escribían diferentes consignas a favor de los presos en la obra de Agustín Ibarrola, coincidiendo entonces con la apertura al público de 'Los cubos de la memoria', ubicado en la escollera del puerto de Llanes.

Casa apedreada
Agustín Ibarrola ha sufrido otros ataques en los últimos años, entre ellos el apedreamiento de su casa, un caserío de estilo vasco situado en el valle de Oma. 'El bosque pintado' ya fue atacado en otra ocasión, el 19 de mayo de 2000, cuando desconocidos talaron dos árboles del conjunto artístico a hachazos y causaron destrozos en otros ochenta.

En esa ocasión, en el cartel informativo de una de las entradas al bosque aparecieron pintadas frases como: 'Los abertzales quieren la muerte del Foro de Ermua', 'Ibarrola, facha de honor' y otras contra el PP y en favor de los presos de ETA.

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