AGLI

Recortes de Prensa     Domingo 23 Marzo  2003
«El desafío nacionalista es más grave que las diferencias ante la guerra de PP y PSOE»
ALBERTO SURIO/SAN SEBASTIÁN El Correo 23 Marzo 2003

DEL 11 DE SEPTIEMBRE A HOY
César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 23 Marzo 2003

¿Y si la guerra fuera corta
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  23 Marzo 2003

La caída de la dictadura
PEDRO ARIAS VEIRA La Voz 23 Marzo 2003

LA DEGENERACIÓN DE LA PROTESTA

Editorial ABC 23 Marzo 2003

Violencia descontrolada
Editorial Libertad Digital  23 Marzo 2003

No son pacifistas
Editorial La Razón 23 Marzo 2003

Terroristas de Al Qaida se infiltran en Iraq para lanzar ataques suicidas
Pedro Canales - Rabat.- La Razón 23 Marzo 2003

Guerra mesurada
Editorial Libertad Digital 23 Marzo 2003

¿No a la paz
Cartas al Director ABC  23 Marzo 2003

Exclusión nacionalista
Cartas al Director ABC 23 Marzo 2003

Gotzone Mora: «Si Maragall cree que hay torturas, que lo denuncie en comisaría»
ABC 23 Marzo 2003

La radio televisión vasca veta una campaña en defensa de la Constitución y el Estatuto
J. J. S. ABC 23 Marzo 2003

Compasión samaritana
REYES MATE El Correo 23 Marzo 2003

El edil del PP en Tolosa Ángel Yáñez culmina hoy su ayuno voluntario para buscar candidatos electorales
JUANMA GOÑI/TOLOSA El Correo 23 Marzo 2003

JAIME MAYOR PRESIDENTE DEL PP EN EL PARLAMENTO VASCO
«El desafío nacionalista es más grave que las diferencias ante la guerra de PP y PSOE»
Pide «gestos» a los socialistas para afianzar «sin complejos» una alternativa constitucionalista
ALBERTO SURIO/SAN SEBASTIÁN El Correo 23 Marzo 2003

Jaime Mayor reclama tenacidad. Reconoce que el PP vive un momento muy difícil tras el inicio de la guerra en Irak. Pero confía en que el conflicto no desbarate la puesta en marcha de la alternativa constitucionalista en el País Vasco tras las elecciones municipales. Pase lo que pase.

- Parece que la guerra con Irak puede causar al PP un fuerte desgaste electoral en las próximas elecciones municipales. ¿Lo teme?
-Todavía es pronto para hacer una evaluación de las consecuencias políticas y electorales que tiene la posición del Gobierno de España. Debemos ser todos muy prudentes. En estos momentos no hay ni encuesta ni análisis político sólido capaz de anticipar exactamente lo que va a suceder en la opinión pública española en un año. A medida que pasen los meses nos alejaremos más de un escenario de conflicto bélico y nos acercaremos más a un proyecto político de fondo del Gobierno de España en el ámbito internacional. Tiempo al tiempo.

-Algo querrá decir la gran contestación social contra la guerra.
-Significa que se ha producido un fenómeno nuevo que es la movilización de la izquierda. Después de la caída del Muro de Berlín, la izquierda democrática se había quedado sin referentes propios y sigue sin ellos. Y es evidente que se ha movilizado. Es verdad que en España habíamos tenido un anticipo con lo que había sido la reacción ante el 'caso Prestige'. Pero está en la lógica de los hechos. Eso no significa que sea lo mejor para los partidos democráticos de la izquierda.

-Usted ha hablado de la 'batasunización' de las movilizaciones.
-No, eso es el Nunca máis, que es crear un movimiento radical alrededor de un tema social conflictivo, como ha hecho el BNG.

-¿Cree que la guerra va a cambiar la dinámica de la política vasca?
-Menos que en otros sitios, porque aquí ya conocemos los resultados que ha dado la radicalización. Estamos más vacunados. El desafío nacionalista es mucho más grave que las diferencias entre PP y PSOE ante la guerra.

- ¿La guerra no abre una fisura en el mundo constitucionalista, al poner de relieve el enfrentamiento entre el PP y los socialistas?
-A mí me parece que es más circunstancial que otra cosa. Todo depende del desenlace bélico. Estoy seguro de que en poco tiempo vamos a volver a tener el problema de siempre, nuestra guerra particular, y ese tema volverá a centrar nuestro interés político. Haríamos mal si con este acontecimiento internacional, del que con todo el derecho se puede discrepar del Gobierno, cayésemos en una demonización mutua. Tenemos que ser humildes a la hora de valorar un conflicto tan complejo como el que se produce en Irak, que tiene muchas zonas que desconocemos. Desde el punto de vista ético y moral, la descalificación del adversario es un disparate. Porque es la proximidad ante un problema lo que te hace diferenciar a las personas decentes de las indecentes, a las personas con conciencia de las que no tienen conciencia. ¿Por qué voy a descalificar hoy a una persona por su actitud ante la guerra? Ni yo creo que tengo el conocimiento suficiente como para abordar la complejidad de una zona del mundo como aquella, ni creo que nadie tiene el derecho de cuestionar nuestras posiciones en el País Vasco por nuestra postura ante la guerra.

-¿Estas elecciones municipales pueden frenar la marea soberanista en el País Vasco?
-Debemos hacerlo. Hay claramente un desafío nacionalista en otra versión. La versión primera es un nacionalismo con una ETA en la vanguardia y con un proyecto de coincidencia entre ETA y PNV. Vanguardia y retaguardia se entendían, ETA era la protagonista, dejaba de matar en la tregua-trampa. Fracasa ese modelo, ETA ya no está en la vanguardia, pero está en la garantía del plan Ibarretxe, que es una sustitución del protagonismo de ETA por el PNV y el Gobierno Vasco. Ibarretxe está en la vanguardia y ETA está en la garantía. Antes era el PNV el que garantizaba la negociación y ETA estaba en la vanguardia. El desafío nacionalista hay que derrotarlo en las urnas. Estas elecciones, más allá de la gestión municipal que evidentemente hay que valorar, deben frenar este desafío nacionalista.

-Pero veo que se repite el mismo discurso que en las pasadas autonómicas...
-Es que mientras el PNV no haga una transición democrática estaremos en un desafío. Hasta que no transite, no cambie sustancialmente, como lo ha hecho la izquierda española o la derecha española, no cejará en su desafío. Buscarán el instrumento, la fórmula. ¿Hasta qué momento? Hasta que no sean definitivamente sustituidos democráticamente en el País Vasco.

-¿Sólo cambiará el nacionalismo si pierde el poder?
-Hay otra fórmula, que hicieran la transición, que es la aceptación de la Constitución y de la idea de España, desde el poder. Entonces podremos compartir el proyecto con ellos. Pero no creo que lo vayan a hacer así.

-Pero la comunidad nacionalista se siente muy soliviantada en general. Por ejemplo, tras el cierre de 'Egunkaria'. ¿No se le está dando cancha precisamente?
-Las decisiones judiciales, como el cierre de 'Egunkaria', son decisiones judiciales. Unas se producen, además, en el momento oportuno político y otras a lo mejor no. Pero hay que saberlas respetar todas. Se ha visto la diferencia entre el cierre del diario y la ilegalización de Batasuna. Ha habido más reacción a lo primero. La explicación es muy sencilla. El conjunto del nacionalismo vasco está en el monte, en la ruptura. Cuando hay un instrumento que afecta al movimiento, hay más reacción virulenta.

Complicidades
-Ibarretxe sostiene que la ilegalización de Batasuna «nos aleja de la paz».
-Todo lo contrario, nos la acerca con seguridad. Los que tenemos la certeza moral de que Batasuna es ETA disponemos ahora de las pruebas jurídicas. Eso nos aproxima a la verdad y aproximarse a la verdad es la solución del problema. El problema del País Vasco es una mentira histórica, con cómplices del presente, unos que asesinan y otros que mienten. Todo lo que sea acercarse a la verdad es aproximarse a la solución.

-Pero hacer invisible políticamente a Batasuna no supone que desaparezca el problema del radicalismo y del odio...
-Bien, pero hay que explicar a un sector de este país que así no se convive. La raíz del problema vasco sigue siendo la mentira.

-Pero hay un trasfondo histórico.
-Por eso he hablado de la mentira histórica que se ha contado en este país en momentos claves, siempre con el sentimiento de la derrota detrás de lo que ha sido España en el País Vasco. Esa mentira tiene cómplices que matan y asesinan, que son los de ETA, y otros que mienten, que es el PNV. El nacionalismo es parte del problema, no la solución, ni siquiera del terrorismo.

-Sin embargo, sus llamamientos al PSE no parecen fructificar; más aún, se interpretan como una injerencia interna.
-Yo no he hecho nunca un emplazamiento de listas conjuntas al Partido Socialista. Nosotros creemos en lo que hicimos el 13 de mayo de 2001. Entonces, en aquella campaña y en el Palacio del Kursaal, explicitamos una alternativa democrática Savater, Redondo y yo, y entendimos que los proyectos políticos debían ser duraderos. El pecado nuestro es entender que este proyecto tiene que ser duradero, que no eterno. Tendríamos que hacer un gesto anterior a las municipales, el que sea, para explicitar sin complejos una alternativa constitucionalista. Los proyectos no se tienen que esconder. El primer gesto entonces fue el acto del Kursaal, el segundo fue no aceptar por parte mía el debate con Ibarretxe. No lo acepté por lealtad con Redondo. Me temo que en el PSOE está primando la idea de que hay que vencer al PP en España y también en el País Vasco. Cada vez que hablo me descalifican personalmente. Ya sé que el constitucionalismo es plural, que los socialistas y los del PP somos diferentes, que Recalde y yo somos distintos. Pero pido tenacidad y coherencia.

-El PSE ha dicho que usted no está autorizado para avalar la alternativa por haber llegado tarde a la votación de los Presupuestos.
-Sí, han dicho eso para desgastarme. Lo que no han dicho es que tengo el derecho a creer en el proyecto del 13 de mayo. ¿Por qué en estas elecciones municipales no hay un gesto para demostrar que este proyecto está vivo? Yo he planteado una mesa de trabajo en la que estén PSOE, PP, Basta ya, la Fundación para la Libertad y el Foro Ermua para que hagan una reflexión ayuntamiento a ayuntamiento con gestos para demostrar que la alternativa sigue presente. No todos en el PSOE creen en ese proyecto. Hay socialistas que sí y hay quienes lo defienden después de las elecciones. Pero hay quienes no creen en este proyecto, que están en las posiciones de Maragall, que son una síntesis de la izquierda y del nacionalismo para hacer una segunda transición en España, a mi juicio, desde una visión acomplejada.

-¿Está usted dispuesto a competir por la sucesión de Aznar?
-No es el momento del debate de la sucesión. Por razones obvias, hoy ya la gente habla mucho menos de estas cuestiones. Siempre he dicho que estoy a disposición del partido, pero no para ser candidato a presidente sino para todo. En la política lo importante no es la trayectoria personal, sino el proyecto político que está detrás. Y primero hay que ver cuál es la radiografía de España que dan las elecciones.

DEL 11 DE SEPTIEMBRE A HOY
Por César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 23 Marzo 2003

LA reacción antiamericana que, paradójicamente, provocaron los atentados del 11-S contenía ya las claves de la que se está dando hoy contra la política -de guerra- de Estados Unidos. El terrorismo se descubrió como un nuevo tipo de guerra no sólo capaz de hacer vulnerable al país más poderoso de la tierra sino encajonarlo en los márgenes del derecho internacional a pesar de su manifiesta obsolescencia. En una palabra: era posible maniatar al Gobierno norteamericano mediante un nuevo tipo de guerra.

A partir del 11 de septiembre surgiría una extraña alianza entre los Gobiernos competidores de Estados Unidos, las fuerzas antisistema de los regímenes occidentales y los propios terroristas. Entre todos exigen a Estados Unidos unos comportamientos de orden internacional propios de los tiempos anteriores al terrorismo internacional. Una asimetría imposible de aceptar. Porque si las formas de la nueva guerra no se ajustaban a los modelos de los tiempos de Clausewitz, la naturaleza de ésta seguía siendo la misma. Lo que no valía ya era el orden jurídico internacional. Y como sucede siempre, el terrorista y el amigo del terrorista (el totalitario diría Hanna Arendt) se agarran a la permisividad que les da el orden que se trata de destruir. Para los terroristas cuenta la esperanza del vuelco del sistema, para los segundos el desplazamiento del liderazgo norteamericano. En el «régimen» francés, Chirac representa las dos actitudes.

Unos y otros se aprovechan de la nueva estrategia que supone el terrorismo: Ambos pretenden que Estados Unidos no pueda dar su respuesta defensiva frente a un Estado concreto y convencional en función del peligro terrorista ya que ninguno aparece como responsable de aquel. Por tanto invalidan toda respuesta basada en los términos de las guerras clásicas. ¡Qué encuentren a Bin Laden si son tan eficaces. Qué no hagan pagar a países determinados su ineficacia defensiva!

Al asumir la estrategia del terrorismo los antisistema pretenden que EE.UU. acepte las reglas de juego impuestas por aquel y de esa manera sea impotente y aparezca en toda su fragilidad. Al fin se ha vencido la superioridad del Imperio. Cambiada la naturaleza de la guerra, vuelve a ser posible la revolución. La Historia no ha terminado. Por esa razón cuando Bush concreta su objetivo en Afganistán y vuelve a la guerra clásica, los antisistema levantan el griterío mundial. ¿Acaso había sido Afganistán el responsable de los atentados? ¿Acaso se podía probar tal acusación? Si los servicios de espionaje americanos eran incapaces de dar con Bin Laden no deberían pagarlo con la invasión de un pueblo martirizado. La guerra fue rápida y quedó claro que el régimen afgano era un montaje del terrorismo islamista. Pero había más: la victoria no aseguraba la paz. Seguía vivo el enemigo sin fronteras, sin territorio, sin rostro estatal y no obstante favorecido por Estados convencionales. Una muy flexible vinculación no permitía descartar nuevos ataques a Estados Unidos y a cualquier plan que pretendiera instalar la paz en Oriente Medio (el fin del conflicto árabe-israelí). Así que los estrategas americanos pusieron los ojos en Irak, régimen por el que pasa la estrategia antisistema occidental pero además los intereses de los competidores de Estados Unidos. La coalición exigió pruebas de la connivencia de Irak y el terrorismo. La protesta iba a tener esta vez una virulencia y una extensión incomparablemente mayores. En esta ocasión los herederos de todos los fracasos revolucionarios desde el 17... podían contar con unos referentes «respetables»: Chirac y Schröder.

En esta ocasión no están solos los islamistas y los críticos internos del sistema cuando quieren un EE.UU. maniatado por un orden internacional injusto en estos tiempos del terrorismo: los acompañan Chirac, Schröder, Zapatero... Todos ellos insensibles, en su momento, a la tragedia del 11 de septiembre.

¿Y si la guerra fuera corta?
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  23 Marzo 2003

La administración norteamericana insiste en que la guerra podría ser más larga y más dura de lo que puede pensarse. Es difícil saber si Bush se cura en salud, si previene a su propia opinión pública contra un exceso de optimismo o si realmente está convencido de que la toma de Bagdad puede ser una cruenta y larga carnicería, en el caso de que los sicarios de Sadam deciden morir matando, es decir, haciendo que mueran con ellos miles y miles de civiles, utilizados como "escudos humanos". La cautela de Bush, sea sincera o no, está plenamente justificada. Desde Vietnam, todas las guerras de Occidente se libran ante su opinión pública y generalmente contra ella, porque los medios de comunicación parecen dedicados a socavar las bases del consenso social sin el que resulta difícil que una democracia mantenga un prolongado conflicto militar fuera de sus fronteras. Y casi todos los conflictos que los USA ha librado en los últimos tiempos y librará con toda probabilidad en el futuro tendrán lugar lejos, a veces demasiado lejos de su país como para sentirse cerca de su Gobierno. Ayer Afganistán, ahora Irak, mañana quién sabe dónde lucharán los "marines", pero sabemos seguro contra quién: los terroristas islámicos... y sus aliados occidentales, que no son pocos ni débiles.

Desde que empezó esta guerra, el 11 de septiembre de 2001, hemos sostenido en Libertad Digital que estábamos ante un largo conflicto de alcance mundial y que era preciso mentalizarse para su duración, para sus dificultades y para los obstáculos que tropezaría en su camino, que básicamente son de tres tipos: los comunistas y demás nostálgicos del Muro, los enemigos religiosos de la libertad en Oriente y los miserables oportunistas de todos los colores y tendencias que han hecho de la crítica radical del sistema democrático en el que habitan una comodísima forma de vivir... y de no dejar vivir ni gobernar. Los tres se han dado cita ya en esta guerra y están bien a la vista: los totalitarios de izquierda, agrupados bajo el cartelito de la antiglobalización y el pacifismo, con sus saramagos; los islamistas de casi cualquier tendencia, porque casi ninguna parece compatible con la democracia; y esa progresía occidental que desde gobierno tan corruptos como el de Chirac hasta oposiciones tan rastreras como la española pasando por la movilización de los antiamericanos y antijudíos de derecha, centro e izquierda, han colocado aparentemente contra las cuerdas a la inmensa mayoría de los gobiernos democráticos y occidentales, alineados con los tres históricos protagonistas del Pacto de las Azores. Contra esos enemigos, más que contra Sadam Hussein, tiene lugar esta guerra y por eso su duración es casi tan importante como su desenlace.

La opinión pública que apoya el esfuerzo militar y político de los Aliados se siente cautamente esperanzada ante la posibilidad de que la guerra termine en dos semanas, con el aplastamiento del régimen de Sadam y un mínimo de bajas civiles. No obstante, aunque las noticias no pueden ser más alentadoras, no cabe confiar en que la guerra sea corta. Ojalá lo fuera, porque además de reducir el sufrimiento inocente acabaría con las posibilidades demagógicas de los pacifistas violentos que padecemos. Pero vale más ponerse en lo peor, porque, aún si sucediera lo mejor, una guerra breve, hemos de ser conscientes de que la Gran Guerra del siglo XXI, la lucha planetaria contra el terrorismo antiamericano, antijudío y antioccidental, continúa y continuará. Con los mismos enemigos por delante; y los mismos enemigos por detrás: los peores.

La caída de la dictadura
PEDRO ARIAS VEIRA La Voz 23 Marzo 2003

NO TENGO la experiencia vital de asistir a la caída de una dictadura. En España no fuimos capaces de traer la libertad por la movilización del pueblo. La democracia llegó tras la muerte física de Franco. En Portugal tampoco pudieron con Salazar, y solo un golpe militar alumbró su democracia. Para restaurarla en la arrogante Francia fue necesaria toda una invasión extranjera, de ingleses y americanos, como siempre, que murieron en sus tierras para liberarla de la Alemania nazi. La propia Alemania le debe su federalismo actual al sacrificio de vidas norteamericanas , inglesas y aliadas. Que aún encima les dieron miles de millones para ayudarlos en la reconstrucción de postguerra; en lugar de pedirle indemnizaciones y responsabilidades por los daños de su belicismo.

En Rusia y todo su imperio comunista, las dictaduras cayeron de pura ruina económica. Todavía hoy produce menos que España. Un gigantesco derrumbe. En Sudáfrica la dictadura del apartheid se hundió por la lucha interna reforzada por el inflexible boicot internacional. En América Latina las transiciones de la dictadura a la democracia son muy variadas, desde el sorprendente referéndum perdido por el dictador Pinochet en Chile -sorprendente por no manipulado-, a la pérdida de una aventura militar como en el caso de Argentina.Pero en todo el mundo la norma, la regla general, es que nunca un dictador abandona voluntariamente el poder. No hay vías pacíficas a la democracia.

Y si la dictadura es suficientemente cruel y totalitaria, como en el caso de Corea del Norte, ni la quiebra económica, ni siquiera la muerte del dictador acaba con ella. Le sucede la familia. Ese era el modelo previsto para Irak por Sadam Huseín. Voraz lector de Stalin, aplicó en su país el modelo estalinista al pie de la letra, pero incluso con mayor crueldad. No dio pie a campos de concentración masivos, al Gulag. Simplemente torturó primero y asesinó después a enemigos, oponentes, vecinos y competidores. Pero Sadam no captó las claves del siglo XXI. El petróleo lo hizo tan rico que se convirtió en un megalómano que primero invadió Irán y después Kuwait.

Ensayó la guerra química con su propio pueblo kurdo y amparó el terrorismo internacional. Pensó que dando concesiones petrolíferas a franceses y rusos, con derecho a veto en el Consejo de Seguridad de la ONU, estaba a salvo, con suficiente cobertura diplomática. Y que rearmándose se haría tan peligroso que nadie se atrevería con él. Se reiría de todos. Podría provocar un holocausto en cualquier parte de su mundo más odiado. Y en medio de la catástrofe recordaría a su madre de Tikrit: «Mamá yo he hecho esto», como James Cagney en Al Rojo Vivo.

Satisfaría todos sus complejos. Pero después del 11 de septiembre del 2001 se había convertido en una amenaza palpable, en el terror inadmisible. Sadam se confió, se arriesgó y siguió adelante porque no había precedentes de la situación. Quizás nadie reaccionase hasta el final. Sería un caso único, diferente, el de la caída de una dictadura para prevenir el gigantesco mal que podría ocasionar. No había referencias, podía salir bien. Pero se equivocó. Solo por una razón. Sadam nunca se puso en la piel de los amenazados ni de sus posibles víctimas. Siempre fue verdugo, nunca sufrió el terror en su propia carne. Ahora se le han anticipado.

LA DEGENERACIÓN DE LA PROTESTA
Editorial ABC 23 Marzo 2003

LA expresión política de la discrepancia no es un monopolio institucional. Las opiniones sociales pueden rebasar ese ámbito y trasladarse a la calle. Por eso, las libertades de expresión y de manifestación son signos de identidad esenciales de cualquier democracia digna de tal nombre. Y hasta hace unos días, cientos de miles de ciudadanos españoles han concurrido en concentraciones y manifestaciones contra el apoyo político y logístico prestado por el Gobierno a la intervención bélica contra Irak. Algunas de estas protestan han sido de gran dimensión y, sin perjuicio de aspectos radicalizados en los eslóganes y el disparatado contenido de los mensajes finales protagonizados por Pedro Almodóvar y José Saramago, nada cabría objetar. Pero el derecho de manifestación, como todo otro, está inmerso en una sinergia de límites y fronteras que no deben rebasarse. Y, lamentablemente, en no pocos casos se han rebasado.

Para empezar, los disturbios ocurridos en Madrid la noche del pasado viernes, no son, como se ha pretendido, responsabilidad de la actuación de la Policía. Las concentraciones fueron reprimidas, no por tales, sino, porque además de no estar debidamente autorizadas, atentaban contra los derechos de otros ciudadanos -impidieron el tráfico de personas y vehículos- y contra bienes protegibles que las fuerzas policiales deben amparar. Una actitud agresiva y violenta como la exhibida por los radicales el pasado viernes, enlaza, además, con lo que parece ser una estrategia ilegítima de presión sobre cargos gubernamentales y del Partido Popular. Comparecencias reventadas; discursos boicoteados; sedes apedreadas, amenazas e insultos están resultando el cortejo lógico de la degeneración de una protesta que, aparentemente conducida por organizaciones y asociaciones, se ha hecho autónoma y amenaza ya con no reconducirse a la expresión de una discrepancia.

La intervención de las fuerzas de orden público es, habitualmente, discutible. Debe atemperarse al principio de proporcionalidad y reducirse a medidas estrictamente necesarias. Vistas las calles de Madrid el pasado viernes, las fachadas de los edificios de las sedes del Partido Popular, conocidos los boicoteos a los actos y candidatos populares, es muy fácil llegar a la conclusión de que la Policía no se excedió en modo alguno y que si alguien lo hizo fueron los que protagonizaron las manifestaciones no autorizadas.

ES desalentador que los dirigentes del Partido Socialista y de Izquierda Unida -aunque menos en el caso de la formación de LLamazares, que deriva preocupantemente hacia un discurso antisistema- se hayan alineado con el vandalismo y contra la Policía y el Ministerio del Interior. Acaso consciente de su cuota de responsabilidad por la incapacidad de liderar la protesta pública, y cedido ese liderazgo a personajes más allá de su organización la argumentación antibélica, persisten en una actitud impropia de una formación con aspiraciones de Gobierno que, por si fuera poco, lo fue durante trece años en un periodo comprensivo de episodios y acontecimientos que aconsejarían al PSOE un poco más de responsabilidad.

LA degeneración de la protesta en las calles es, en muchas ocasiones, la culminación de una táctica habitual de los radicales. Cuando los partidos políticos democráticos se sitúan en el mismo plano de acción político que las organizaciones marginales, sin fuerza representativa y con opciones que rebasan el marco democrático, se convierten en rehenes de los irresponsables. Es seguro que el Partido Socialista no puede observar ni con complacencia ni con agrado estos capítulos -que se creían olvidados- de agresión y coacción. Pero un confundido amor propio parece llevar a sus dirigentes a no reprochar lo que objetivamente es incompatible con los usos y maneras de una sociedad democrática. El silencio, en este caso, es la no política, la no alternativa, la irrelevancia y, a medio plazo, el descrédito. Criticar al Gobierno siempre es compatible con proyectar unas pautas de conducta que, en el futuro, se reconozcan como responsables.

Más dificultad encierra el análisis del comportamiento de los dirigentes de Izquierda Unida. Sin freno verbal, están -estos sí- alentando unos planteamientos que llevan directamente esta cuestión extramuros de las instituciones y de la propia sociedad democrática. Quizás -piensan- obtienen en la calle lo que las urnas no le conceden, ni, a este paso, le concederán en el futuro.

Violencia descontrolada
Editorial Libertad Digital  23 Marzo 2003

La violenta demagogia de la extrema izquierda en contra de la guerra contrasta estridentemente con la eficacia y la moderación que hasta ahora han mostrado –nada indica por el momento que vayan a dejar de hacerlo– los aliados en los tres días de reanudación de las hostilidades contra el régimen de Sadam. Resulta chocante que, en España, quienes dicen defender la paz, la libertad y la democracia, se hayan propuesto coaccionar y amordazar al partido del Gobierno –al más puro estilo batasuno y siguiendo fielmente las directrices del Foro Social Mundial– para que no pueda escucharse su voz.

Desde que empezaron los ataques a los candidatos (Ruiz Gallardón) y las sedes (Getafe), en este diario defendimos la necesidad de una firme reacción por parte del PP. Es de todo punto intolerable, además de suicida, permitir que la extrema izquierda introduzca impunemente los métodos batasunos en la política nacional; pues los resultados de la tolerancia con la intolerancia son bien palpables en el País Vasco. Por fin el PP, de la mano de Pío García Escudero, el coordinador de organización del PP, se ha decidido a denunciar más de cincuenta agresiones físicas y verbales contra sedes, cargos electos y candidatos; perpetradas en muchos casos con la colaboración activa de cargos electos del PSOE e IU; aunque los populares no han creído conveniente citar sus nombres.

Ya hemos señalado en varias ocasiones que Zapatero, con sus urgencias electorales combinadas con una absoluta falta de ideas y proyectos creíbles de gobierno, ha decidido engancharse al carro de la demagogia antisistema para recorrer más aprisa la senda que conduce al poder. Como quien juega con fuego, cree que en el momento oportuno, después de haber cosechado los votos, podrá controlar las llamas del incendio demagógico que ha provocado Izquierda Unida y al que el líder del PSOE añade leña de muy buen grado. Pero la situación se le empieza a ir de las manos, como ha podido comprobarse con el ataque a los candidatos y las sedes del PP –en cumplimiento de uno de los puntos de la agenda del Foro Social–, con la manifestación que en la mañana del viernes tuvo lugar en Madrid ante el Congreso –los agitadores, encabezados por Llamazares y Caldera, pretendían romper el cordón policial que rodeaba el edificio– o con el corte, el viernes por la noche, del Paseo de la Castellana de Madrid; donde en los aledaños de la sede central del PP se vivieron episodios de violencia callejera sobrecogedoramente semejantes a los que protagonizan los jóvenes proetarras en la llamada kale borroka.

Tan grave es la situación que Su Majestad el Rey ha creído necesario hacer una llamada al orden para que la lucha política retome los cauces que marca la Constitución. Aun a pesar de ello, ni Llamazares ni Zapatero han condenado todavía las intolerables agresiones físicas y verbales –tan similares a las que padecen el PP vasco y el PSE a manos de los proetarras– que han sufrido los cargos y candidatos del PP. Ebrio por el momentáneo y aparente triunfo de su estrategia conjunta con Llamazares de aislar coactiva y violentamente al Gobierno, Zapatero cree que el éxito final en las urnas justificará sus prácticas.

Sin embargo, es probable que la mayoría de los ciudadanos, partidarios del orden, la moderación y la mesura, acaben pasándole factura electoral al PSOE (y quizá también a IU) por sus excesos, sus carencias programáticas y sus indefiniciones y ambigüedades en la cuestión nacional. Pero, sobre todo, por sus recientes malas compañías y por su incitación directa a la algarada callejera ruidosa y permanente contra el Gobierno, la cual empieza a degenerar rápidamente en violencia descontrolada contra el Gobierno y el PP.

No son pacifistas
Editorial La Razón 23 Marzo 2003

Violencia y pacifismo son dos conceptos que encuentran una repudiable y sorprendente unidad en las últimas algaradas callejeras donde la destrucción de mobiliario urbano, la agresión a los transeúntes y el ataque planificado a las Fuerzas de Seguridad son elementos claramente reconocibles en los manuales de agitación urbana, cuyos resultados merecen un amplio abanico de calificativos, pero en modo alguno el de pacifistas. Por el contrario, la legítima protesta contra el Gobierno, donde el sincero rechazo a la guerra fue ejercido de forma ejemplar por nutridas manifestaciones, sigue todavía vigente, como pudo verse ayer en Madrid, Barcelona y otras ciudades. Y lo seguirá mientras se produzcan concentraciones de personas que, democráticamente, es decir, respetando las libertades de los demás, se reúnan en las calles para hacer uso de su derecho a expresarse libremente.

Cosa muy distinta es lo que sucede últimamente en Madrid y otras ciudades, donde se insulta a los representantes del PP, se les acosa al grito de «asesinos» o «terroristas», se les niega el uso de la palabra y se atacan las sedes de su partido. Es la cara fea de una izquierda que tenía su propio «dóberman» oculto, la que sale en las refriegas callejeras y protesta por principio contra la Policía. Cuando se llega a este tipo de situaciones, de triste recuerdo en España, conviene extremar las medidas de precaución pues una vez desatado el perro de la violencia juvenil nunca se sabe lo que puede provocar.

Es, sin duda, responsabilidad del Gobierno mantener la convivencia y la seguridad, pero también corresponde al líder del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, rectificar antes de que sea demasiado tarde. Porque no es de recibo que oculte en la confusión de la algarada sus fracasos parlamentarios y, en lugar de condenar el uso de la violencia, sobre todo cuando se ejerce en nombre de la paz, su partido se limite a poner en duda la actuación policial y a reclamar una demagógica libertad de expresión que hoy sólo se niega a los representantes y candidatos del PP que intentan llevar a cabo su campaña electoral.

Terroristas de Al Qaida se infiltran en Iraq para lanzar ataques suicidas
EE UU ataca posiciones de Ansar al Islam, grupo ligado a Ben Laden
Varios miles de muyahidines árabes que participaron en la guerra de Afganistán han penetrado en los últimos tiempos en territorio iraquí con el fin de organizar la resistencia contra las tropas angloestadounidenses. La elite de estos combatientes está formada por un grupo de cuadros de la red terrorista Al Qaida, dirigida por el multimillonario saudí Osama Ben Laden, especializados en ataques suicidas y en atentados.
Pedro Canales - Rabat.- La Razón 23 Marzo 2003

La nebulosa islamista se encuentra actualmente en efervescencia. «La batalla en Iraq contra los estadounidenses y sus aliados será la última, pero la decisiva», sostiene el dirigente islamista libio Naaman Ben Othman, que afirma que los muyahidines árabes han alcanzado un «pacto entre caballeros» con el régimen iraquí para organizar la resistencia en el país contra las tropas angloestadounidenses lanzando ataques suicidas.

Ben Othman, citado por el diario saudí «Asharq Al Awsat», precisa que 2.500 islamistas libaneses y al menos 700 argelinos han penetrado en Irak «vía Siria y Jordania», provistos de armamento y material para perpetrar sus atentados. Según diversas fuentes árabes, los ex combatientes de Afganistán llevan varios meses entrenándose en campos iraquíes especialmente reservados para extranjeros.

La columna vertebral de estos muyahidines la constituyen sin embargo los comandos de Al Qaida, especialmente llegados en las últimas semanas a Iraq para «dirigir las operaciones de sus discípulos islamistas». El ministro saudí del Interior, el Príncipe Nayef Ben Abdulaziz, reconoció hace unos días que «varios ciudadanos saudíes han podido viajar recientemente a Iraq para combatir la invasión de EE UU».

Nayef admitió que los supuestos terroristas saudíes han podido penetrar en Iraq por la frontera jordana. El «número dos» del Frente Islámico de Salvación argelino, el imán Alí Benhadj, habría pedido, según otras fuentes, que le permitan viajar a Iraq «para organizar la resistencia a la invasión estadounidense».

Incitación a la sublevación
Sin embargo, el actual máximo responsable del FIS, Murad Dhina, afirma en un comunicado llegado a esta redacción que «nuestra condena de la agresión estadounidense no significa de ningún modo el apoyo a Sadam Husein», al tiempo que conmina a la oposición iraquí «a sublevarse contra un régimen que no ha cesado de masacrar y humillar al pueblo (iraquí)». Los servicios de inteligencia árabes alertan contra «la llamarada terrorista en ciernes».

Por otra parte, las fuerzas estadounidenses lanzaron cerca de cincuenta misiles de crucero en la madrugada del sábado contra posiciones del grupo terrorista Ansar al Islam, formación islamista supuestamente relacionada con la red terrorista Al Qaida, en el Kurdistán iraquí causando «varios muertos y heridos», según indicó a la Prensa un responsable militar kurdo.

Mustafá Sayed Jader, un alto responsable militar de la Unión Patriótica del Kurdistán (UPK), precisó que el ataque comenzó poco después de medianoche y duró dos horas. «Las posiciones de Ansar al Islam fueron bombardeadas por entre 40 y 50 misiles de crucero. Los misiles alcanzaron zonas controladas por Ansar. Hay varios muertos y heridos, pero no sabemos cuántos con exactitud», declaró este responsable a la Prensa desde Halabja, una ciudad controlada por el UPK y situada junto a algunos pequeños reductos de los islamistas.

Por su parte, Irán negó las informaciones que aseguran que está dando cobijo a los militantes de Ansar al Islam heridos en el ataque de la coalición angloestadounidenses. El jefe adjunto de la célula de crisis para el Kurdistán iraní, Bahran Nasrolahizzde, denunció estos «rumores sin fundamento». Según este funcionario, los rumores tienen como objetivo «involucrar a la República Islámica en el conflicto» a pesar de su declaración de neutralidad, añadió este oficial, citado por la agencia IRNA.

Guerra mesurada
Editorial Libertad Digital 23 Marzo 2003

Después de tres días de guerra en Irak, las apocalípticas masacres –se ha llegado a hablar de 200.000 muertos– profetizadas por la extrema izquierda internacional congregada en torno al Foro Social Mundial, siguen sin producirse. Los bombardeos se han limitado a objetivos exclusivamente militares (20 instalaciones gubernamentales y palacios de Sadam Husein en Bagdad, y otros objetivos militares en Mosul, Kirkuk y Tikrit, la ciudad natal del tirano). Pese a la intensidad y la aparatosidad de los bombardeos, gracias a la precisión de las bombas inteligentes sólo han muerto cuatro militares iraquíes, resultando heridos algunos civiles. En cambio, por parte de los aliados, las bajas se elevan a doce (4 estadounidenses y 8 británicos), a resultas de un accidente de helicóptero.

Norteamericanos y británicos han manifestado desde el principio que su objetivo no era masacrar a la población civil o destruir el país, sino acabar con el régimen de Sadam como único medio eficaz de eliminar la amenaza que para la paz y la seguridad en el mundo constituyen sus arsenales convencionales, químicos y bacteriológicos. Y para ello, dado el carácter brutal e inhumano del régimen, que no vacila en asesinar y torturar a los disidentes o en practicar el genocidio con las minorías, los aliados confían en que la vía más corta es apartar a Sadam del poder; ya sea vivo o muerto. Es posible que los aliados lo hayan conseguido en el primer bombardeo de la guerra, dirigido al búnker donde celebraba consejo con la cúpula del régimen, incluidos sus hijos. Pero en cualquier caso, la oleada de misiles lanzada el viernes sobre Bagdad, que con precisión matemática ha demolido los edificios gubernamentales (shock and awe), está destinada a infundir “conmoción y pavor” en la cadena de mando iraquí de tal forma que sean los propios jefes militares iraquíes los que destruyan el régimen de Sadam negándose a cumplir sus órdenes.

De momento, ya se han producido varias rendiciones; en especial la de la 51ª división de infantería cerca de Basora (8.000 hombres), una vez que los aliados se han hecho con el control de las salidas de Irak al mar y el de la mayor parte de los campos petrolíferos del sur. La espectacularidad de los bombardeos y, sobre todo, la precisión con la que se ejecutan, está empezando a producir el poderoso efecto psicológico entre los mandos militares iraquíes que buscan los norteamericanos. Un efecto intensificado por la circunstancia de que hace muchas horas que Sadam Husein no se pone en contacto con sus generales, lo cual hace pensar que podría estar muerto o mal herido.

Nada tiene que ver, pues, la II Guerra del Golfo con la II Guerra Mundial o con la Guerra de Vietnam; donde fue la población civil la que sufrió la peor parte en los bombardeos. Los agitadores de la extrema izquierda olvidan –o tratan de hacerlos olvidar– que la tecnología ha hecho posible pasar de la “guerra total”, donde no se distingue apenas entre objetivos civiles o militares, a lo que podría llamarse la “guerra quirúrgica” –en la I Guerra del Golfo ya pudieron verse algunos ejemplos–, que trata de extirpar el absceso amenazador con certeros golpes de bisturí sin dañar, o dañando mínimamente, el resto del organismo. En definitiva, se trata por ahora –ojalá pueda continuar así– de una guerra mesurada, civilizada –si es que puede llamarse así–, como las del siglo XIX, en las que población civil –salvo desgraciados accidentes– era un mero espectador.

¿No a la paz?
Cartas al Director ABC  23 Marzo 2003

¿De verdad cree alguno de esos abanderados de símbolos trasnochados y palomas blancas que alguien en su sano juicio prefiere la guerra? Parece que hay una equiparación de pacifistas con «los buenos» y bélicos con «los malos» y, como casi todas las generalizaciones, es errónea. Yo, por norma, suelo estar del lado contrario al que preconiza Llamazares; y no deja de sorprenderme que una persona capaz de salir hombro con hombro al lado de la felizmente ilegalizada Batasuna en manifestaciones, sea visto como uno de los pilares pacifistas de España. Lo que hay es oportunismo, estrechez de miras y cobardía de elegir el camino correcto. Nadie quiere la guerra, pero nadie debiera de querer una paz basada en el chantaje, la tiranía y la soberbia de un dictador contra el resto del mundo.  M. Ángeles Lera García.  Alicante.

Exclusión nacionalista
Cartas al Director ABC 23 Marzo 2003

Leo en la prensa regional libre del País Vasco que 2.312 profesores vascos-vascos, pero no lo suficiente, que aspiraban a obtener plaza en las próximas oposiciones del gobiernito (Azaña dixit) de Vitoria, han quedado excluidos de la convocatoria con carácter previo por no alcanzar no sé qué nivel de vascuence, y que otros 1.645 profesores no llegaron a presentarse al examen. Flaco favor están haciendo los nacionalistas al idioma y a la gran mayoría de la sociedad vasca: la lengua por encima de las personas y como elemento de exclusión. Aquí casi nadie usamos el vascuence en la vida diaria; sólo el uno por mil presenta su declaración de la renta en ese idioma, jamás nadie firmaría el contrato de compra de su vivienda en vascuence, y no digamos oír el diagnóstico y la prescripción de un médico si uno padece cualquier enfermedad... Pero ellos, erre que erre, 3.957 excluidos más del sistema, casi 4.000 docentes con los que no quieren contar; el empleo público convertido en reparto de prebendas nacionalistas y sólo para los nacionalistas. Van camino del pleno empleo euscaldún para los «morroskos abertzales»; la Administración se creen que es de ellos, sólo de ellos y nada más que para ellos, y lo peor del asunto es que... ejercen.    Fernando Sánchez.    Bilbao.

Gotzone Mora: «Si Maragall cree que hay torturas, que lo denuncie en comisaría»
ABC 23 Marzo 2003

Profesora de la Universidad del País Vasco y miembro de la plataforma «¡Basta ya!»

La Universidad de Barcelona ha invitado a Gotzone Mora a unas jornadas sobre la paz, después de que se negara a acoger una conferencia de esta profesora amenazada por ETA. Mora advierte de que «hoy por hoy, la situación de terror existente en la universidad no está solucionada»

-¿Se considera recompensada con la invitación que le ha hecho la Universidad de Barcelona (UB)?
-Esto no soluciona el problema existente en la universidad. Esa universidad ha dejado hablar a los violentos, mientras que el martes, en la Universidad del País Vasco, yo tuve que ver cómo se permitían las manifestaciones en contra de la ilegalización de Batasuna y cómo arrancaban el rótulo con mi nombre y el horario de las tutorías de mi despacho. Parece mentira que la universidad esté jugando este papel.

-¿Esperaba que el rector de la UB se negara a cederle el Aula Magna para impartir su conferencia?
-Él había concedido el permiso, pero modificó su decisión tras los incidentes sufridos por Fernando Savater. ¿Cómo me lo iba a esperar? El primer comunicado, en el que informaba de que tenía que volver a estudiar la petición, era el preludio de una muerte anunciada. Y se nos negó el permiso. Pero la mayor torpeza que puede cometer un demócrata que además es universitario es el tercer comunicado, donde equiparaba víctimas con verdugos y él se situaba en una equidistancia que, en su caso, no hay. La UB ha dado voz a Arnaldo Otegi y a Pepe Rei. Si a esos señores, que tienen otros apoyos, se les permite hablar y a nosotros, que sólo tenemos como arma la palabra, se nos niega, muy mal nos deja la UB.

-El rector aseguraba en su carta abierta que el entorno de «¡Basta ya!» se ha contagiado de la violencia de ETA. ¿Cómo encaja eso?
-Quiero pensar que el rector en ese momento desconocía lo que es «¡Basta ya!». Cuando vemos cómo están cayendo constantemente nuestros compañeros, cuando vemos cómo vivimos nosotros mismos, con escolta las 24 horas, sin libertad, llega un momento en el que decimos eso, ¡basta ya!. ETA mata y lo único que nosotros intentamos hacer es exponer lo que es el Estado de derecho. Y el Estado de derecho no mata, defiende a los ciudadanos.

-¿Cree que hay miedo o un nacionalismo mal entendido?
-Hay varios factores. El miedo está presente. Piense a qué han llevado determinados nacionalismos. Tenemos una época muy reciente, la de los nacionalismos hitlerianos, donde determinados intelectuales miraron hacia otro lado, lo cual ayudó a ese movimiento.

-¿Cómo está la situación en la universidad en el País Vasco?
-En mi conferencia intenté transmitir cómo vivimos entre insultos y pancartas, donde se magnifica el entorno más radical, donde se nos amenaza, donde «ellos» viven en la absoluta impunidad. Es durísimo. A eso se añaden los posicionamientos mordaces del nacionalismo gobernante.

-¿Cuántas personas apoyan a Profesores por la Libertad?
-Se han adherido más de 500 profesores del País Vasco. Se está recogiendo el apoyo de universitarios de toda España a nuestro documento. Yo animo mucho a mis compañeros a que resistan, porque en esta resistencia está el futuro en positivo del País Vasco. No hemos tenido mucho apoyo del rector del País Vasco, Manuel Montero.

-¿Alguna vez ha tenido la tentación de tirar la toalla?
-A veces me viene el bajonazo, y una de ellas ha sido esta semana. Pero por suerte he tenido gente al lado que me ha dicho: «¡adelante!, esto merece la pena». Cuando veo que cada día hay más resistentes, o como la gente me para por la calle y me arropa, o cuando mis alumnos, de forma anónima, porque tienen miedo, me escriben cartas en las que me piden que no me vaya porque soy su referencia... ¿cómo me voy a ir?

-Los socialistas catalanes apoyaron el encierro en Barcelona contra el cierre de «Egunkaria»...
-Yo soy garantista y defiendo el Estado de Derecho. A la Justicia hay que dejarle hacer, que investiguen y que investiguen hasta las últimas consecuencias. Y los demócratas debemos esperar ese posicionamiento.

-El presidente del PSC, Pasqual Maragall, dio credibilidad a la denuncia sobre torturas del director de «Egunkaria»...
-El señor Maragall y yo estamos en la misma onda porque somos socialistas. Yo le pediría que si verdaderamente cree que ha habido torturas, se vaya a la comisaría más cercana del lugar donde vive y que lo denuncie. No se puede lanzar una opinión sin fundamento, por el bien de la ciudadanía y por el Estado de Derecho.

La radio televisión vasca veta una campaña en defensa de la Constitución y el Estatuto
J. J. S. ABC 23 Marzo 2003

VITORIA. Los servicios jurídicos de la Diputación de Álava, en manos no nacionalistas, estudian llevar a EITB -la radio televisión vasca- a los tribunales por no emitir una campaña institucional de defensa de la Constitución y el Estatuto frente a los «cuentos» del plan soberanista de Ibarretxe.La campaña, que durará un mes y está promovida por el ejecutivo alavés, que integran PP y UA con el apoyo del PSE, fue aprobada por las juntas generales de Álava -el parlamento foral- sin que hasta el momento ni la televisión, ni la radio pública la hayan emitido. Con ella, los partidos constitucionalistas, que cuentan con la mayoría absoluta en el territorio alavés, buscaban hacer frente al «plan de Ibarretxe», publicitando en los medios audiovisuales su compromiso con el actual marco legal «de convivencia».

En su día, la campaña institucional, con un presupuesto de 200.000 euros, fue acogida con «indignación» por los nacionalistas, e incluso por el lendakari del ejecutivo vasco, Juan José Ibarretxe, que la consideró «un insulto». En medio de la ofensiva del lendakari con su «plan de libre adhesión», el anuncio televisivo muestra a una joven que ojea un libro en el que se ven imágenes de infraestructuras de Álava. Al cerrar las tapas se ve que se trata de la Constitución y del Estatuto de Guernica, volumen con el que se queda, tras apartar otro titulado «cuentos». Se da la circunstancia de que los estatutos del ente público recogen como «principios generales y ámbito de aplicación» de EITB, «el respeto, al principio de igualdad, al pluralismo político, religioso, social, cultural y lingüístico», así como «la defensa y promoción de los valores cívicos de convivencia reconocidos en la Constitución y el Estatuto de Autonomía, en defensa del interés general».

Sin embargo, la campaña no ha sido emitida ni por la radio ni por la televisión públicas. La «comisión de publicidad» de EITB, con mayoría de consejeros nacionalistas y de IU, acordó a primeros de este mes solicitar un informe jurídico para dictaminar si la campaña publicidad promovida por las juntas generales está «en el límite» de la «publicidad ideológica».

Este informe no será analizado por el consejo de administración, que preside el ex director del departamento de asuntos exteriores del gobierno vasco, el peneuvista Andoni Ortuzar, hasta el 1 de abril, fecha en la que la campaña en el resto de medios de comunicación esté a punto de finalizar y las instituciones alavesas serán disueltas, como requisito legal, ante las elecciones del 25 de mayo. Para el PP y el PSE, esto supone «prohibir de facto» la emisión de esta campaña. La Diputación de Álava emprenderá las acciones legales que estime oportunas contra EITB en caso de que que no emita el anuncio.

Compasión samaritana
REYES MATE/FILÓSOFO El Correo 23 Marzo 2003

Cuatro curas vascos irán en las listas municipales de socialistas y populares para hacer visible la cercanía de la Iglesia católica con esa mitad del País Vasco amenazada por la violencia terrorista en virtud de sus creencias políticas. Algo excepcional tiene que ocurrir en el País Vasco para que la misión de la Iglesia, que hasta ahora tomaba la forma de una distancia crítica respecto a los partidos políticos, se encarne ahora en la presencia testimonial de determinadas candidaturas políticas. La compasión samaritana, que hace suya la causa del amenazado, ha primado sobre la clásica prudencia política.

Nadie dirá que estamos ante un caso de politización de la religión. Es un gesto moral de solidaridad con tantos ciudadanos que han sido asesinados por no pensar en nacionalista o que se presentan a concejales con la congoja de saberse amenazados de muerte. Que unas elecciones dejen de ser el momento gozoso de explosión de las propias convicciones, de crítica desenfadada al adversario, de búsqueda de complicidades para llevar a cabo un programa de acción en el barrio o en el pueblo, para convertirse en una angustia en el estómago que atenaza también a familiares y a amigos de los candidatos, es la prueba más palmaria de la excepcionalidad en que se encuentra el País Vasco.

La excepcionalidad no se debe a que para muchos el figurar en una modesta lista de candidatos municipales se asocie a la muerte -eso es sólo el efecto- sino a la propia realidad del País Vasco. No es lo mismo, en efecto, la vida y, por tanto, la significación de las cosas que ahí ocurren, en un lugar sometido al terror que en otro sin él. Hay un hecho diferencial que altera totalmente la comprensión y la valoración de las cosas: las víctimas inocentes.

Las víctimas del terror no son caídos en una batalla. Son mutilaciones de una sociedad que queda disminuida en su integridad sociológica y, lo que es más grave, en su humanidad. Los crímenes contra tantos militantes socialistas o populares han privado ya a la sociedad vasca de la vitalidad y riqueza que podrían significar unas organizaciones políticas forzadas de momento a economizar sus gestos. La sociedad vasca queda así privada de iniciativas culturales, empresariales, humanitarias o políticas en espera de tiempos mejores. Lo más grave sin embargo es el atentado a la humanidad de la sociedad en la que se produce el crimen. Elie Wiesel, el premio Nobel de la Paz, superviviente del campo de exterminio de Auschwitz, se pregunta si no murió el hombre civilizado en las cámaras de gas; y el teólogo Johan Baptist Metz suele decir que en esas mismas cámaras fue asesinada la capacidad de memoria y de compasión del hombre occidental. Con cada víctima asesinada muere algo de las virtudes y capacidades humanitarias que el hombre ha ido conquistando a lo largo de los siglos. No se puede explicar que ante el crimen unos respondan con el silencio, otros con la indiferencia y los de más allá con el cálculo político, más que constatando la atrofia de algún órgano humanitario en el ser humano. Ante la excepcionalidad violenta en que se encuentra este país sólo cabe la respuesta de una excepcionalidad humanitaria que ponga como objetivo prioritario no sólo la defensa de la vida sino la defensa del patrimonio en humanidad que nos está abandonando a todos: a los verdugos, por supuesto, pero también a los espectadores.

Decía que no es lo mismo la realidad de un país con víctimas que otro sin ellas. No es lo mismo, en efecto, una sociedad mutilada que otra funcionando en su integridad. Pero existe otra diferencia mucho más importante. Me refiero al hecho de que una sociedad con víctimas tiene un vacío, unas ausencias, que forman parte de esa realidad. Ésa es su terrible novedad: que no basta ver lo que hay para enterarse de lo que es ese país. Quien quiera saber qué es, cómo es el País Vasco; quien quiera hacer una oferta de futuro a esa comunidad, marrará en sus propósitos si se atiene a lo que piensan, dicen, desean o temen sus habitantes. Esos son supervivientes. De la realidad del País Vasco también forman parte los que fueron apartados violentamente. Mientras los vivos no hagan suyos los sueños de felicidad, los proyectos de vida y los ideales de los que fueron aplastados, esa comunidad seguirá amenazada. La prueba más contundente del poder de los terroristas no está en sus pistolas, ni en el número de efectivos o en la determinación de matar, sino en el olvido, es decir, en esta especie de consenso social según el cual 'hay que pasar página', 'hay que seguir viviendo', 'hay que hacer que todo siga con normalidad'. Esa frivolización de las vidas de los muertos es el mayor triunfo de las pistolas; un triunfo que es una batalla interpretativa del pasado. Primero se mata físicamente a la víctima y luego se la hace hermenéuticamente irrelevante. En la relación entre esas dos muertes es donde se produce el desencuentro entre nacionalistas y no nacionalistas. Todos están de acuerdo en condenar los asesinatos pero difieren en la significación para hoy de esas muertes. Para los no nacionalistas hay una relación entre una muerte física y la interpretativa, pues si se olvida o se minimiza políticamente el crimen pasado nada impide que se repita; para los nacionalistas, sin embargo, la interpretación del crimen es un asunto de estrategia política, convencidos de que para vivir hay que olvidar o pasar página.

Quien quiera saber lo que pasa y lo que es el País Vasco tiene que contar con las víctimas, en el sentido de que tiene que ver estas tierras y sus gentes con la mirada de las víctimas. Las víctimas no ven lo mismo que los demás. Ante un desastre cualquiera -por ejemplo, las cifras semanales de muertos en las carreteras- los demás entendemos que son estadísticas, el precio del progreso, algo matemáticamente inevitable. Para las víctimas, sin embargo, el progreso es una escalada de muertes y escombros, algo injustificable por mucho futuro que prometa. La mirada de las víctimas es fundamental pues nos da una perspectiva de la realidad que los demás no podemos tener: lo que para nosotros es progreso, para ellas es muerte; las muertes que para unos son inconvenientes de un proceso hacia la plena realización como país, para ellas son negación de todos los valores -llámense libertad, respeto, reconocimiento- que se persiguen. Como su mirada no es el resultado de una tesis doctoral sino la expresión de su propia experiencia, lo que nos dice esa mirada es que o paramos drásticamente la lógica de ese proceso en el que nos hemos metido o el crimen acabará alcanzando a todos. Lo que aproxima tanto el terror al fascismo no es el discurso político -que puede ser hasta opuesto- sino la racionalización del asesinato. Y una forma extrema de racionalización es explicar cada atentado o asesinato en función de una clave política o histórica, es decir, desviando la mirada de los ojos del asesinado.

La decisión de estos curas vascos es un gesto moral, un acto de solidaridad con la parte más expuesta de la sociedad vasca. Han reconocido una excepcionalidad en su tierra según la cual unos pueden enfocar unas elecciones como lo que deberían ser, un momento de fiesta y de poder popular, mientras que otros lo tienen que vivir como un duelo. Y se han puesto del lado vulnerable. Pero el gesto moral tiene también una dimensión política innegable. Cualquier proyecto de futuro de la sociedad vasca tiene que tener presente el vacío de las víctimas, es decir, la fractura social existente y, por tanto, la necesidad de una reconciliación. Para atacar esa inmensa tarea la sociedad necesita la guía moral de la mirada de las víctimas, pues el sufrimiento que ellas pueden desvelar escapa al análisis de los políticos. Con su gesto, estos curas quieren indicar a todos que no se dan las condiciones para unas elecciones normalizadas y que la tarea de los demócratas es responder a la excepcionalidad violenta con una excepcionalidad moral. Decía Walter Benjamin, hablando de amores, que la soledad no consiste en estar solo, sino en saber que el ser querido anda con otro. Lo mismo se puede decir en política: lo que más duele es que, mientras unos tienen que salir con escolta, otros se vayan de copas sin preocupación alguna. Algunos han decidido ponerse al paso de los amenazados, como deberían hacer todos los demócratas.

«Espero que sirva para algo»
El edil del PP en Tolosa Ángel Yáñez culmina hoy su ayuno voluntario para buscar candidatos electorales
JUANMA GOÑI/TOLOSA El Correo 23 Marzo 2003

«Espero que sirva para algo lo que estoy haciendo. He tenido que tragarme el pudor, pero mantengo firme la esperanza de lograr mi propósito». Ángel Yáñez, concejal del PP en el Ayuntamiento de Tolosa, culminará hoy sus dos días de ayuno voluntario en plena calle, una iniciativa «desesperada», según sus propias palabras, cuyo principal objetivo es lograr candidatos residentes en la villa que deseen formar parte de la lista electoral de su partido.

A las siete de la mañana, Yáñez ocupó su lugar en el pórtico de la iglesia San Francisco. Una silla, una mesa y una pancarta con el lema 'Ayuno 40 horas por 40 firmas de personas libres' serán sus compañeras de movilización hasta las doce de la noche de hoy, momento en que pondrá punto final a su período de abstinencia.

«¿Que cómo reacciona la gente? Bien, algunos se paran y me miran curiosos, otros me expresan su solidaridad y, de momento, nadie se ha encarado conmigo», asegura el edil. Yáñez recibió las visitas de varios compañeros de partido, como María San Gil; y también de políticos de otras formaciones. Fue el caso del ex alcalde de Tolosa José Gurrutxaga (EA); el candidato a alcalde por el PNV, Jokin Bildarratz; o el portavoz del PSE-EE en la localidad guipuzcoana, Óscar Renedo.

Visita del alcalde de SA
Incluso el alcalde de la villa, Antton Izagirre, de Sozialista Abertzaleak -grupo creado antes de la ilegalización de Batasuna-, le visitó por la mañana y le transmitió ánimos. El edil popular está anotando en un cuaderno, a modo de diario, todo lo que acontece a su alrededor durante las cuarenta horas de ayuno. «Escribo mis vivencias, cuento lo que me dice la gente, desgrano mis impresiones personales; es una manera de entretenerme y de aguantar aquí, al pie del cañón».

Yáñez cuenta, por ejemplo, que ya ha recibido tímidos amagos de apoyo y se muestra esperanzado por ello. Incluso ha quedado citado mañana con algunas personas que podrían estar interesadas en formar parte de la plancha electoral. «Es lógico que no quieran firmar en público, pero yo les agradezco en el alma que, por lo menos, hayan mostrado interés», enfatiza el edil popular.

«¿Y cómo afrontará la noche a la intemperie?», le preguntaron algunos transeúntes. «Ningún problema; tengo una radio para distraerme y a mí mismo para conversar», respondió convencido.

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