AGLI

Recortes de Prensa     Miércoles 26 Marzo  2003
Más allá de los Estatutos
Editorial El Ideal Gallego 26 Marzo 2003

Soberanismo a toda vela
Lorenzo Contreras La Estrella 26 Marzo 2003

Tonterías electorales
JAIME CAMPMANY ABC 26 Marzo 2003

La batasunización de la vida política
EDITORIAL Libertad Digital  26 Marzo 2003

Las izquierdas y la guerra
JOSÉ MARÍA CALLEJA La Voz 26 Marzo 2003

Ayuda, involuntaria, a ETA

Editorial La Razón 26 Marzo 2003

¿Es Maragall el «hereu»
MARÍA ANTONIA PRIETO ABC 26 Marzo 2003

Fernando Savater: «El nacionalismo es la enfermedad senil de la izquierda»
Juan Carlos Rodríguez - Madrid.- La Razón 26 Marzo 2003

Fernando Savater: «El nacionalismo es la enfermedad senil del izquierdismo en España»
A. ASTORGA ABC 26 Marzo 2003

Zapatero confirma a Uriarte la buena salud del pacto contra ETA
El Correo 26 Marzo 2003

Arenas alerta sobre el peligro de la carrera desenfrenada entre CiU, ERC y Maragall
EFE Libertad Digital  26 Marzo 2003

Mas se queda solo en la inauguración de su oficina en Casablanca
LUIS DE VEGA, CORRESPONSAL ABC 26 Marzo 2003


 


Más allá de los Estatutos
Editorial El Ideal Gallego 26 Marzo 2003

La inminente vorágine electoral vuelve a ventilar los afanes soberanistas de algunos sectores políticos dispuestos a sobreponer sus intereses particulares al orden soberano establecido por la Constitución. Al plan secesionista que aguarda su momento en el cajón principal de la mesa de Juan José Ibarretxe se suma ahora la propuesta empuñada desde Cataluña por Convergencia i Unió. Ambas teorías, cada una particular y divergente con la otra, proponen como cobertura la reforma de los Estatutos para dotar a sus respectivos territorios de mayor autogobierno. Escondido tras un millar de nombres más o menos eufemísticos, se esconde la intención de promover una reforma de la Carta Magna, en cuyas páginas quedan claros y transparentes los límites del Estado de las Autonomías, refrendado en su día por el pueblo a través de las urnas.

No se trata de cerrar de un portazo el paso a una futura revisión del texto soberano, pero da la impresión de que el asunto se aborda, desde las atalayas nacionalistas, con demasiada ligereza, como si reescribir la Constitución fuese una mera cuestión literaria. En medio de tanta turbulencia, flota por méritos propios la prudencia con que se contempla la materia desde Galicia. La estrategia de intentar el pleno desarrollo dentro de las normas pactadas en el Estatuto es, además de una lección magistral de madurez política, un as que mata los “treses” que intentan jugar Emilio Pérez Touriño o Anxo Quintana, ambos rendidos a las modas que llegan desde Vitoria o Barcelona. Derribar la actual estructura para reconstruirla en una clave diferente a la que hoy por hoy garantiza la unidad de España no es ilícito, pero sí es una postura deudora de un tacto y una seriedad que hasta el momento nadie ha sabido aportar a sus proyectos pseudo progresistas.

Soberanismo a toda vela
Lorenzo Contreras La Estrella 26 Marzo 2003

Inexorablemente, poco a poco, entre réplicas de sentido contrario por parte de quienes condenan la iniciativa, nacionalistas vasos y catalanes van convergiendo en las actitudes soberanistas. El Plan Ibarretxe, ya perfilado en todos sus extremos esenciales, se vuelve modelo del proyecto catalán de reforma del Estatuto, con un tridente que forman Artur Mas (el hereu de Pujol), Pasqual Maragall como líder del PSC (antes PSC-PSOE, pero ya menos) y Josep Lluís Carod por Esquerra Republicana de Catalunya (RRC). El tiempo dirá cuál es la rapidez de este proceso, su ritmo, pero difícilmente desmentirá que el proceso esté en curso.

El señor Maragall preparó perfectamente su asalto al poder, preciso es admitir que ha comprado bastantes papeletas para su lotería política. Este pasado lunes, en el Club Siglo XXI, ha sido contundente. No es que sólo haya profetizado el “estallido” de España si el aznarismo mantiene su vigencia política, sino que para él existe una inevitable deriva de identificación entre los pequeños países, como Lituania, Malta y, auqnue no lo haya dicho expresamente, cualquier otro de los que conforman el marco europeo, y Escocia, y, sin necesidad de citarla, Cataluña. E incluso se ha permitido ponerle plazo a la realización de ese proceso: entre veinte y veinticinco años.

Menos duración atribuye Carod, el nacionalista republicano catalán, a ese trayecto: sólo cinco años para la cristalización del independentismo. Eso sí, en línea provisional con Ibarretxe, “un Estado Libre Asociado al Reino de España, dentro de la UE”. Y para que no parezca una simple imitación del proyecto vasco, ha manifestado con bastante simpleza que “no es que hayamos copiado de la propuesta análoga del lehendakari Ibarretxe”. Su argumento consiste en recordar que en 1979, ellos, los republicanos independentistas catalanes, ya defendían esta fórmula. Lo que no dice es que luego la olvidaron y ahora la actualizan con solemnidad resonante. Habría hecho falta otro Tarradellas para poner coto a esta atomización de naciones con Estado (a plazo) dentro de la Unión Europea.

El Plan Ibarretxe no pierde el ritmo que le corresponde. Y para darle consistencia doctrinal en cuanto proyecto de “pacto político con el Estado”, utiliza las instituciones a su alcance, como por ejemplo ha sido el caso de la Universidad del País Vasco, donde “reina” como rector ese personaje ambiguo llamado Manuel Montero. Recientemente se han celebrado allí unas jornadas para examinar la cuestión “desde el rigor científico y la pluralidad”. Y los nacionalistas lo han organizado todo ello con habilidad, dándole ese cariz de pluralismo y diversidad de puntos de vista, aunque haciendo primar la “doctrina” de que “la Unión Europea ha transformado por completo el concepto de soberanía”. De este modo, la idea de “soberanía compartida” resplandeció en las palabras de Michael Keating, profesor del European University Institute de Italia, defensor de la democracia plurinacional. Más o menos igual que el catedrático catalán Enric Argullol, aunque éste se inclinara por “recuperar la esencia preautonomista de la Constitución de 1978”, garantía del engarce constitucional del Plan Ibarretxe. De renovación profunda del pensamiento nacionalista habló el profesor Demetrio Loperena, en armonía con José Ramón Bengoechea, letrado del Tribunal de Justicia de las Comunidades Europeas, para quién el mérito de Ibarretxe consiste en la noción de “libre asociación con españa frente a fórmulas de ruptura”.

Todo muy biensonante, lo mismo que la intervención de Herrero de Miñón, capaz de sostener que “el Plan Ibarretxe cabe en un 90 por ciento en la Constitución”. De la que Herrero, precisamente, fue padre-ponente.

Cercanos al anfitrión nacionalista se mostraron los catedráticos Gurutz Jáuregui y ferrán Requejo, no así el catedrático Javier Corcuera, que ve en el Plan un proyecto que profundiza la división existente en la sociedad vasca. Para Marc Carrillo y José Solozábal, el proyecto supondría necesariamente una reforma constitucional.

Tonterías electorales
Por JAIME CAMPMANY ABC 26 Marzo 2003

DE las elecciones sale la verdad de las urnas, que es una verdad relativa, la verdad del pueblo, pero antes de que las urnas alumbren su verdad, los partidos políticos y sus candidatos deben parir las tonterías electorales. Este momento de las elecciones es el tiempo que los políticos consumen en decir tonterías, lanzarse acusaciones mutuas, hacer las promesas que jamás se cumplen, arriesgar propuestas disparatadas, interpretar la Historia caprichosamente, administrar jarabe de pico y, sobre todo, asegurar que van a ganar. Y ganan. Terminadas las elecciones y conocidos los resultados, todos los partidos han ganado y ninguno ha perdido. No sabemos cómo se las apañan, pero es así, oh, nuevo y sorprendente milagro de los panes y los peces.

Estamos en vísperas de las elecciones municipales y autonómicas y ya se barruntan las generales del 2004. Esa cercanía se echa de ver porque el aire se puebla de las sansiroladas electorales. De aquí a las urnas, tendremos que acostumbrar nuestros oídos a escuchar una competición de sandeces. «Hay un tiempo para cada cosa», reza la frase más repetida del Eclesiastés, y nos encontramos en el tiempo marcado para que los políticos se empeñen en una dura batalla de despropósitos. Ya verán ustedes las tonterías electorales que vierten sobre las cabezas del sufrido electorado los componentes del Tricolor, o sea, el Rojo, el Rosa y el Verdegay, que ya acarician la probabilidad de alcanzar entre los tres la Luna con la mano.

Habrá que oír sus jeremiadas contra el chapapote del Prestige y contra la guerra de Iraq. El discurso común versará sobre la acusación de que Aznar y su partido son los responsables primeros, si no los únicos, del hundimiento del petrolero, la ruina de los percebeiros, las redes vacías y las rías desiertas, y de los desastres de la guerra, los bombardeos de los B-52, el destrozo de los misiles, los muertos, los heridos, los «daños colaterales», el incendio de los pozos petrolíferos y la destrucción de Bagdad, la ciudad sagrada. Y eso que el Rojo y el Rosa están de uñas, porque Zapatero no se ha llevado a Llamazares a ver al Rey. Y es que Llamazares quería ir a la Zarzuela para recordarle a Don Juan Carlos el destino de los Romanov. Simpático, el líder.

Toda esa «apocalipse now» vendrá con el añadido nacionalista. Esperen ustedes las propuestas «constitucionales» de Juan José Ibarreche por el lado del Jauría Enea, el pacto de Lizarra, la ilegalización de Batasuna y demás florecillas vascas. Y estén atentos a las propuestas de Pasqual Maragall y su «federalismo asimétrico», quien ya ha dicho que con el «lenguaje Aznar», en cuatro años estallará España, toma nísperos, cuando lo que hay que lograr es que no la haga estallar él con sus petardazos verbales. Y no se pierdan de vista al hereu, que este viene con el intento de llevarse Cataluña a su partido y traerla después para agregarla a España, tóquese usted el donciruelo, don Arturo. Pero de todo esto tendremos tiempo de hablar, porque la ofensiva empieza ahora. Se acercan las urnas y llueven tonterías como misiles.

La batasunización de la vida política
EDITORIAL Libertad Digital  26 Marzo 2003

Las condenas retóricas de Llamazares y Caldera –quien afirmó que era preferible tirar huevos a las sedes del PP que tirar bombas en Irak– respecto de la campaña de acoso contra los cargos y candidatos del PP se parecen demasiado a las del PNV respecto de la kale borroka. Sobre todo si se tiene en cuenta que a renglón seguido exigen a los populares la condena de las muertes que se han producido en la guerra contra Sadam –como si los diputados del PP se alegraran ellas– y acusan al Gobierno de excesos en la represión de los brotes de terrorismo callejero que han tenido lugar en las últimas manifestaciones pacifistas –ya en coordenadas batasunas, Llamazares responsabiliza al Gobierno de la violencia, por “provocar y criminalizar al movimiento pacifista. Todo ello con el fin de desviar la atención sobre sus responsabilidades directas e indirectas respecto de los disturbios y de las agresiones contra las sedes y candidatos del PP.

Con todo, la campaña de deslegitimación y amedrentamiento hacia los cargos y candidatos del partido del Gobierno auspiciada por IU y apoyada por el PSOE, hasta ahora se había “limitado” al acoso, al insulto, al boicot de los actos públicos de los cargos y candidatos del PP o al destrozo de las sedes populares. Sin embargo, la agresión física que sufrió el martes el candidato a la alcaldía de Barcelona por el PP Alberto Fernández Díaz –quien, además de ser recibido con la ya habitual lluvia de huevos y tomates con que los “pacifistas” obsequian a los candidatos populares, fue después pateado y herido en la cabeza– cuando se disponía a participar en la presentación del programa del candidato popular a la alcaldía de Reus, Miguel Ángel Mallol, supone un gravísimo salto cualitativo hacia las mismas tácticas batasunas de eliminación del adversario que el PSOE sí condena en el ámbito vasco.

Es preciso recordar una vez más que en la agenda de movilizaciones contra la guerra del Foro Social Europeo –donde Izquierda Unida está representada, entre otros, por Ángeles Maestro, Pedro Montes Fernández, Milagros Hernández Calvo (números 4, 7 y 8 respectivamente de la lista de IU por Madrid al Congreso en las elecciones de 2000) y por Rosa María Cañadell Pascual (número 1 por Barcelona)– están previstas las ”presiones masivas sobre parlamentarios” y una advertencia a “los gobiernos que están preparando la guerra de que si ignoran la opinión del mundo y lanzan un nuevo ataque contra Irak, se encontrarán con la más firme resistencia”. En el lenguaje de la extrema izquierda, “la más firme resistencia” suele ir más allá de las manifestaciones pacíficas o de corear eslóganes, como ha podido comprobarse en los últimos días.

Ya no sólo en interés del PP, sino en el de la defensa de las instituciones y libertades democráticas, es imperativo que los populares pongan en conocimiento de la Justicia –o al menos hagan públicos– los nombres de quienes, parapetados tras la inmunidad que les confieren sus cargos públicos, instigan y participan en las agresiones a los candidatos y las sedes del partido del Gobierno; pues nada indica –al menos de momento– que la “coalición radical de izquierda”, en palabras de Javier Arenas, formada por IU y el PSOE, esté dispuesta –si es que ya no se le ha ido de las manos– a frenar la deriva violenta y totalitaria de sus simpatizantes en contra del PP con el pretexto del “no a la guerra”; no en vano, José Luis Rodríguez Zapatero anunció hace unos días que el PSOE respaldaría cualquier tipo de iniciativa en contra de la guerra.

Por ello, urge que el PSOE condene con toda energía y sin ambages las agresiones a los cargos y candidatos populares, que se desmarque de Izquierda Unida e inicie una investigación interna para depurar responsabilidades; pues de otro modo, si no aclaran qué “iniciativas” contra la guerra son aceptables y cuáles no lo son, los socialistas serán responsables de la batasunización de la vida política, como ya lo es Izquierda Unida en el País Vasco.

Las izquierdas y la guerra
JOSÉ MARÍA CALLEJA La Voz 26 Marzo 2003

LA IZQUIERDA española, con perdón, está sacando músculo gracias a la guerra de Irak; mejor dicho, gracias a la actitud del Gobierno de José María Aznar respecto del ataque contra aquel país.

Golpeada electoralmente en las últimas citas, con dificultades para enhebrar un discurso diferenciado en relación a un Gobierno con vocación de no dejar flancos vulnerables por el costado izquierdo -especialmente en la primera legislatura del PP-, con tropezones para encontrar un líder que sustituyera al padre de todos los líderes, el caso es que la izquierda posibilista se barruntaba que tendrían que esperar otra legislatura para llegar al poder. Pero ha ocurrido que desde que se anunció de forma oficial que Aznar no pugnaría por un tercer mandato, las cosas han empezado a rodar mal para los populares. La avería a cámara lenta del chapapote y la actitud flamígera y urgente respecto de la guerra han colocado al Gobierno en una situación delicada -dosifican los actos electorales con cuentagotas para evitar el boicot- y han aupado a las izquierdas a una posición de protagonismo que ni los más optimistas podían imaginar hace tan sólo unos meses.

En este revival afloran las ventajas y los inconvenientes de las izquierdas. En primer lugar, y tal y como señala el profesor Gustavo Bueno, no se puede hablar de izquierda como un concepto homogéneo. Al socaire de la izquierda acampan tal cantidad de siglas y diferencias que resulta más adecuado hablar de izquierdas, en plural, que de una izquierda sin matices. Diferencias que van desde una izquierda templada, que sabe que necesita el voto del centro para ganar, hasta una izquierda radicalísima, pero que luego pacta con un partido xenófobo y derechista, o hasta una autotitulada izquierda, que aplaude y promueve sin empacho el asesinato también de gentes de izquierda.Pese a las diferencias, la guerra ha permitido ofrecer algo parecido a un frente común, en el que todo se amalgama, y ahí es donde reside el problema del Gobierno respecto de la opinión pública.

A la hora de sumar cabreo y de aumentar la temperatura social computan igual los manifestantes convocados por el PSOE, por IU o por los simpatizantes de ETA -que, por cierto, han justificado, apoyado y jaleado el asesinato de militantes socialistas, el último el pasado 8 de febrero. La guerra de Irak ha permitido al PSOE mostrarse como alternativa real de Gobierno y ha hecho creer, en primer lugar a los propios socialistas, que tienen posibilidades de ganar las próximas elecciones. IU no se ha visto en otra en su vida: vuelve a la política grandilocuente, pero con masa crítica en la calle, y pasa de matute su pacto vergonzoso con un partido homologable a la derecha más xenófoba y reaccionaria de Europa y que ha puesto en marcha un mecanismo para separar al País Vasco de España y de paso ciscarse en las víctimas del terrorismo. Y de los que tienen como programa político la socialización del sufrimiento, sólo se puede decir que chapotean en este drama para cultivar su victimismo mientras actúan como verdugos el resto del año. Está en su absoluto derecho el PSOE de intentar liderar el cabreo generalizado de miles de españoles, entra en el juego de la oposición, que quiere dejar de serlo cuanto antes, que trate de aprovechar el viaje contra la guerra en Irak para perfilarse como alternativa, pero bien haría Zapatero diferenciándose nítidamente de unos compañeros de barricada que demuestran con hechos que no son precisamente progresistas, por ejemplo, y entre otros, defendiendo a fecha de hoy la existencia de regímenes autoritarios en los que se cercenan cada día los derechos humanos.

Ayuda, involuntaria, a ETA
Editorial La Razón 26 Marzo 2003

La Audiencia Nacional recibirá, en breve, una relación de 300 empresarios que han pagado a ETA, y que figuraba entre la documentación incautada por la Policía francesa tras la captura del cabecilla Ibón Fernández, alias «Susper». Corresponde ahora a la Justicia española determinar qué hace con el documento y si llama, o no, a declarar a los presuntos pagadores del chantaje etarra.

La extorsión pura y dura, el clásico sistema mafioso del pago de «protección», del cobro de dinero a cambio de no atentar contra los negocios o la vida de los propietarios, que los terroristas prefieren ocultar bajo el pomposo nombre de «impuesto revolucionario», supone uno de los principales ingresos de ETA. Gracias a esta fuente de financiación, obtienen dinero para pagar a sus pistoleros y comprar armas y explosivos con los que seguir asesinando. Conviene por ello esforzarse al máximo en impedir que los etarras puedan recaudar sus cuotas de «protección».

Pagar a ETA no deja de ser una fórmula de colaboración involuntaria con una banda armada, aunque justificada en el miedo, en el terror que es capaz de generar una organización criminal que ha asesinado ya a cerca de un millar de personas, y que amenaza con claridad incluso a las familias de los chantajeados. Por eso, aunque no se puede criminalizar a quienes son también víctimas, a personas que se ven despojadas a la fuerza del fruto de su trabajo, sí se debe luchar contra una red de pagos que ayuda a mantener viva a ETA.

Es responsabilidad de las autoridades judiciales y policiales hallar un sistema que permita a las víctimas mantener su anonimato, y por tanto su seguridad, pero siempre que su colaboración sea eficaz y ayude a desarticular y detener a toda la trama de cobradores de ETA, que es tanto como cortar de raíz una de las fuentes de financiación gracias a las que siguen matando.

¿Es Maragall el «hereu»?
Por MARÍA ANTONIA PRIETO ABC 26 Marzo 2003

La propuesta soberanista de Artur Mas revela, sobre todo, el estado de ánimo de Convergència i Unió. Acorralado por unas expectativas electorales desalentadoras y por una crisis -la de las encuestas - que empieza a dilapidar su imagen de político gris pero inmaculado, el candidato de CiU a la presidencia de la Generalitat intenta ganar tiempo mostrando a su electorado un proyecto inviable. Se trata, por todos los medios, de intentar evitar lo que, según los sondeos, parece inevitable: el trasvase de votos de CiU hacia ERC. Ayer mismo, el que fuera secretario general de Convergència y padre del discurso soberanista, Pere Esteve, anunció que concurrirá en las listas de los republicanos. Un mal presagio, por el efecto de arrastre que pueda tener entre el sector más radical de la federación nacionalista.

Salvando las distancias, el Estatuto de Artur Mas se asemeja a la difunta Declaración de Barcelona, que tanto irritó en su día al presidente de la Generalitat, Jordi Pujol, y al líder de Unió Democràtica, Josep Duran Lleida. Este último ya ha matizado la propuesta de Mas. Pujol calla, pero es el primer descontento por los palos de ciego que está dando su delfín. El presidente de la Generalitat lleva años manteniendo una postura suficientemente ambigua (para satisfacción de su electorado), y a la vez suficientemente clara (para tranquilidad de las dos grandes fuerzas nacionales) sobre lo que debe ser el encaje de Cataluña en España. Deliberadamente, ha evitado conceptos tan estrafalarios como el de «soberanía compartida» y en numerosas ocasiones ha dejado claro que su objetivo no ha sido ni es la independencia de Cataluña. Su discurso de fondo ha sido casi siempre el mismo, en los buenos y en los malos tiempos.

Artur Mas, en cambio, ha tirado por la calle de en medio en cuanto le han venido mal dadas, dejando así el camino despejado a su rival, el socialista Pasqual Maragall, quien -en un arrebato inusual de oportunidad- ha subrayado que su proyecto para Cataluña sí que pasa porque esta comunidad siga formando parte de España. A ver si al final, después de tantas vueltas, Pujol tenía al «hereu» sentado en los bancos de la oposición.

Fernando Savater: «El nacionalismo es la enfermedad senil de la izquierda»
El filósofo presenta sus esperadas memorias, «Mira por dónde. Autobiografía razonada»
«Son una memorias sobre todo literarias». Con esa declaración de lo que fueron sus intenciones a la hora de escribir sus memorias presentó ayer el filósofo Fernando Savater (San Sebastián, 1947) «Mira por dónde. Autobiografía razonada» (Taurus). «Tal vez estas páginas no sean nada más que otro mensaje de uno que se va», escribe. Ayer recordó, entre otras cosas, que no se debe olvidar el pasado, que él es un pesimista activo, que está en contra de la guerra, pero que «el petróleo es una de las causas de guerra más justas».
Juan Carlos Rodríguez - Madrid.- La Razón 26 Marzo 2003

Cuenta Fernando Savater cómo su abuelo Antonio ¬«el amigo perfecto que nunca me defraudó»¬ le dijo el día antes de morir: «¿Que nadie te haga nunca callar! ¿No te dejes que te hagan callar!». Décadas después, Fernando Savater, quizá en homenaje a su abuelo, es la viva imagen de alguien que, ante todo, no ha dejado de llamarle a las cosas por su nombre: «Últimamente ¬dice en «Mira por dónde. Autobiografía razonada» (Taurus)¬ me he ganado un prestigio absurdo de valentón por mis actividades contra el terrorismo vasco y hasta héroe me llaman los más ingenuos. Claro que pertenezco a un gremio en el que basta con no ser invariablemente oportunista y frecuentemente rastrero para merecer ya laureles heróicos». Y es que Savater entiende su activa vinculación a «Basta ya», contra Eta y los sectores más recalcitrantes del nacionalismo vasco como, simplemente, un deber cívico: «Hacer política cuando la democracia está amenazada es la primera obligación de una conciencia sana».

«Del nacionalismo»
Las «memorias bastante desmemoriadas», según su incesante ironía, que publica Savater retratan, sobre todo, «cómo me ha cambiado el paso del tiempo» y cómo hoy «me siento más libre que nunca porque puedo decir lo que pienso». Filósofo con guardaespaldas y agenda marcada por las amenazas de una pistola. «No soy menos libre ahora que antes ¬aclaró ayer¬, lo que cambia es sólo el uso de la libertad, se deja de ser libre cuando uno no se atreve a hacer lo que quiere por miedo a las circunstancias, pero en mi caso la necesidad de guardaespaldas sería como una enfermedad, un límite de los muchos que te marca la vida».

Con la crudeza que siempre supone hablar del terror de Eta ¬los capítulos en los que narra la muerte de Gregorio Ordóñez, López Lacalle o Fernando Buesa son de dura tristeza¬, Savater se interna también en lo que ha sido su trayectoria por el nacionalismo vasco desde el inicio de la democracia: «Yo quería que el País Vasco fuese la avanzada en la radicalización democrática del resto del Estado... Por eso asistí también a mítines de Herri Batasuna y colaboré ocasionalmente con el periódico Egin ». Pero abrió los ojos y llamó a Eta lo que era: «banda torturadora», «los peores enemigos de la democracia». De ahí vino el «Movimiento por la paz y la no violencia», «Gesto por la Paz» y «Basta ya»: «Decidimos ¬recuerda en el libro¬ que había llegado la hora de intentar actividades no ya de mera protesta ante los atentados sino de abierta intervención política». Interesante y revelador es conocer, por lo que escribe Savater, cómo se cruzan hasta correr hacia polos opuestos los caminos del filósofo y de los nacionalistas: «Marx y Engels estarían sorprendidísimos de que el nacionalismo radical sea de izquierdas por la vocación internacionalista con la que nació el socialismo». Por eso proclamó ayer que «el nacionalismo es la enfermedad senil de la izquierda». Curiosa es, en este sentido, la descripción que hace Savater en su libro del «descrédito injusto de quien menos lo merecía», Nicolás Redondo Terreros.

Savater es, sin embargo, mucho más que un activista de la paz en el País Vasco, epopeya que recorre un tercio de las memorias. Es un escritor de hondura, un filósofo criado a la sombra lúcida de Cioran que mira hacia atrás con ternuda, ironía, melancolía de la infancia ¬«la etapa más feliz de mi vida»¬ y cierta timidez que le impide hablar, por ejemplo, de «mis amores». Todo lo demás está: la familia, los caballos, las lecturas...

Fernando Savater: «El nacionalismo es la enfermedad senil del izquierdismo en España»
A. ASTORGA ABC 26 Marzo 2003

Con ironía, humor, ternura, pasión, inteligencia, acidez, pero nunca desánimo, ha escrito Fernando Savater sus esperadas memorias «contra el tiempo»

MADRID. «Mira por dónde» (libro editado por Taurus) arranca con una carta que Fernando Savater le dirige a su madre en un momento de conmoción familiar. Puestas las emociones en claro, Savater empezó a pensar en hacer un panorama completo de su vida, de la alegría de vivir. Para Juan Cruz, «Savater ha escrito las memorias más importantes de nuestra generación». Principian esas páginas evocando la nostalgia de la infancia, la «mísera posguerra» vista por un niño, los combativos años 60 en la Universidad -«aunque ahora estoy metido en más combates que entonces», dice el autor- y su encarcelamiento: «¿Qué podía hacer yo, vástago de una familia moderadamente de derechas y biográficamente franquista, contra la dictadura de Franco»? Sus apodos policiales eran «El foca» y «El gorrión» y en la ficha figuraba como «anarquista moderado». Recuerda que en la cárcel encontró representantes de todas las corrientes... menos nacionalistas vascos: «Por lo visto, el PNV había decidido echarse una siesta entre la rendición de Santoña y la muerte de Franco».

El puritanismo del desenfreno
El hilo de su vida continúa con el tardofranquismo, la transición «y las libertades sindicales, sociales, humanas, sexuales», los años de la movida -«¡bueno, los viví!, no he sido nunca un juerguista profesional», admite- y la lucha contra el terror: «En este momento tiene mucha importancia que personas con cierta repercusión social lo pongamos todo al servicio de los valores democráticos. La democracia está amenazada en el País Vasco y eso exige una reacción fuerte». Desmenuza Savater sus luchas para intentar derribar los cimientos del pacatismo y puritanismo de entonces: «Lo que hay ahora es un puritanismo del desenfreno. Es decir, cualquier mención de una restricción o de que debe haber algún límite al deseo individual frente a los demás es visto como un atropello».

Las falsas identidades
Savater (para quien «los pensadores del pienso son insoportables») confiesa que es fruto «del más denodado mestizaje hispánico» (padre granadino, madre madrileña, abuela bonaerense y tatarabuelos catalanes): «Con una ascendencia tan heterogénea como la mía, los partidarios de las «raíces» y las «identidades» bien perfiladas lo tienen difícil para reclutarme», advierte el autor de «Ética para Amador», que apuntilla las «pseudoidentidades»: «Las «identidades» son mentiras; con ellas se crea una imagen unitaria y excluyente que es falsa. Convertir eso en una obsesión vital es el problema que pasa en los nacionalismos». O lo que es lo mismo: «En la enseñanza se da la hipertrofia (desarrollo excesivo, especialmente si tiene efectos perjudiciales) del localismo, es decir, una de esas cosas esquizofrénicas» que tiene que ver con las «identidades culturales».

Si don Miguel de Unamuno albergaba el sentimiento trágico de la vida, Fernando Savater tiene el sentimiento cómico de la vida. Movido por una especie de pesimismo activo, en «Mira por dónde» no habla de los libros que ha escrito porque «cuentan mucho menos en mi vida que los que he leído». Además de sus lecturas, los tebeos o las carreras de caballos, en sus memorias evoca a sus hermanos, que han sido sus mejores cofrades lúdicos -«cuando el 23-F, a uno de ellos, que estaba en Italia, le comunicaron que en España estaba dando un golpe de Estado «¡un señor vestido de torero!»-; evoca a su madre, gran lectora y excepcional polemista, su padre, que sacrificó su vocación literaria y poética para sacar a la familia adelante, y su abuelo Antonio, que le dijo: «¡Que nadie te haga nunca callar!». Pero calla algo de una «importancia atroz» para él: el amor. Lo explica: «La desproporción en mi vida entre los amores y lo demás es tanta que en esta crónica de negocios hablaré de lo demás y no de los amores. Sólo diré que acerca de contratiempos amorosos tendría tanto que contar... que prefiero no contar nada».

Su valiente lucha contra el terrorismo, contra los torturadores y los asesinos etarras hizo que viviera episodios tragicómicos, como cuando dibujaron ataúdes en su despacho en la Facultad de Filosofía de la Universidad del País Vasco: «Resulta imprescindible derrotar a ETA, policial pero también socialmente. Por eso ¡Basta Ya! hoy sigue empeñada en romper los moldes plácidos del juego político en Euskadi».

Confiesa estar impresionado por la «estupidez» de los gritos «¡Esto nos pasa por un gobierno facha!» en las manifestaciones contra la guerra: «El Gobierno puede ser democrático y equivocarse enormemente. Habría que explicarles a los que gritan qué es un gobierno facha». Reflexiona Savater sobre el papel de los intelectuales de izquierda en los primeros años de la Transición y su condescendencia hacia las posiciones nacionalistas. Habla de «una cierta deuda histórica» que fue cancelada al descubrirse que «el nacionalismo era como una llaga: no evolucionaba. Se abría un agujero que terminaba amenazando el fundamento de la democracia y se convertía en el entretenimiento político para la izquierda sin ideas». Y concluye: «El nacionalismo es la enfermedad senil del izquierdismo en España».

Zapatero confirma a Uriarte la buena salud del pacto contra ETA
El líder del PSOE se reunió ayer con miembros de la Fundación para la Libertad
El Correo 26 Marzo 2003

La presidenta de la Fundación para la Libertad, Edurne Uriarte, afirmó ayer tras reunirse durante más de dos horas con el secretario general del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, que el líder de la oposición le transmitió que «a pesar de lo complicado de la situación de España en estos momentos, la salud del Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo es tan buena como siempre».

En una entrevista similar a la que hace dos semanas miembros de este colectivo mantuvieron con el presidente del Gobierno, Zapatero les transmitió que «va a trabajar y está trabajando porque haya una mayoría constitucional en el País Vasco y para oponerse frontalmente al 'plan Ibarretxe'».

La delegación de la Fundación para la Libertad entregó al líder socialista un documento en el que pide al PSOE un «esfuerzo» de entendimiento con el PP en el País Vasco, que permita «derrotar electoralmente a los nacionalistas, formar otra opción de gobierno y una alternativa». El texto subraya la «gravísima situación» de falta de libertad y la necesidad de que los partidos constitucionalistas vayan a las elecciones «a pesar de que no haya condiciones de libertad e igualdad».

Sobre si en la entrevista se había concretado alguna fórmula para llegar a ese entendimiento, Teo Uriarte explicó que, como Fundación, «respetamos las lógicas estrategias electorales de los partidos políticos y no nos entrometemos en el discurso político de los partidos ante las elecciones y las tácticas electorales que planteen».

El documento de la Fundación para la Libertad ante las elecciones municipales asegura que «no existe otra región en Europa occidental donde la falta de libertad, a causa de la persecución terrorista y la falta de responsabilidad e insolidaridad por parte de las opciones nacionalistas, limiten de tal manera la necesaria igualdad a la hora de acudir a un proceso electoral».

Arenas alerta sobre el peligro de la "carrera desenfrenada" entre CiU, ERC y Maragall
EFE Libertad Digital  26 Marzo 2003

El secretario general del PP subrayó que las propuestas políticas que plantea CiU "nada tienen que ver" con lo acordado al principio de la Legislatura y "son ajenas a cualquier acuerdo con el PP", partido que nunca entrará en pactos que supongan romper con la Constitución. Las bases del nuevo Estatuto de Autonomía que propone el PSC afirman que "Cataluña es una nación".

Arenas considera que la propuesta de reforma del Estatuto planteada por CiU no es sino reflejo de "esa carrera desenfrenada por superar a Maragall y a ERC". Así, el ministro advirtió de que estos planteamientos políticos "nada tienen que ver con los que nos hicieron en la investidura y son ajenos a cualquier acuerdo con el PP, y el PP nunca va a alcanzar acuerdos que signifiquen romper con la Constitución española".

Arenas también reprochó al secretario general del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, que "avale permanentemente" al líder del PSC, Pasqual Maragall, cuando "hace planteamientos completamente ajenos a la Constitución" como parte de esa "ofensiva nacionalista".

Tras subrayar que el PP "va a mantener su compromiso permanente con la Constitución y la cohesión de España", el dirigente popular pidió a los ciudadanos que reflexionen "sobre qué garantías hay de esa cohesión y estabilidad constitucional si quienes toman las decisiones son Rodríguez Zapatero y Llamazares con la ayuda de Maragall y Odon Elorza, que está pidiendo que se abran caminos para que Batasuna se presente a las elecciones".

Mas se queda solo en la inauguración de su oficina en Casablanca
LUIS DE VEGA, CORRESPONSAL ABC 26 Marzo 2003

CASABLANCA. Obligado por las circunstancias y las cámaras, el jefe del gobierno catalán, Artur Mas, sonreía, pero la procesión iba por dentro. No era para menos, al acto inaugural de la Oficina de la Generalidad en Casablanca -que no Delegación del Gobierno, por mucho que insistieran los organizadores en la tarjeta del menú- no asistió ayer ni representación diplomática española ni ninguno de los miembros del Gobierno de Marruecos que habían confirmado su asistencia. Ni el embajador, ni el cónsul, ni el ministro de Economía marroquí, ni el Gobernador de Casablanca.

No se trató de un acto de descortesía, sino de dejar claro que tanto Madrid como Rabat siguen sin tener claro hasta dónde quiere llegar el Ejecutivo de Jordi Pujol. Fuentes diplomáticas españolas mostraron su «desconcierto» ante todo lo que rodea a esta oficina.

Al vendaval de polémicas levantadas por lo que Madrid considera una intromisión en su exclusividad competencial en materia de relaciones exteriores e inmigración, se sumó ayer el malestar generado por las declaraciones hechas al diario marroquí «Aujourd´hui le Maroc» por Ángel Colom, director de la nueva oficina catalana, en las que insistía en mostrarse ante el Gobierno de Marruecos como delegado del Gobierno de Cataluña.

Las palabras de Mas en el acto de apertura de la nueva oficina dejan claro el carácter que se le quiere dar a esta sede. «Las relaciones Gobierno-Gobierno han quedado establecidas», dijo refiriéndose a Cataluña y Marruecos. El consejero jefe comentó que «no vamos a renunciar a llevar a cabo nuestros objetivos, al igual que tampoco renunciaremos a cambiar el marco competencial». Sentenció que «en el futuro vamos a querer hacer más de lo que estamos haciendo ahora».

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