AGLI

Recortes de Prensa     Domingo 30 Marzo  2003
Guerra entre democracias
JEAN FRANÇOIS REVEL ABC 30 Marzo 2003

Calendario soberanista
Editorial El Correo 30 Marzo 2003

¿Sin controles
ÁLVARO DELGADO-GAL ABC 30 Marzo 2003

En nombre de la paz
José Clemente La Razón 30 Marzo 2003

La espera
FERNANDO SAVATER/ El Correo 30 Marzo 2003

Los españoles y la violencia democrática
EMILIO LAMO DE ESPINOSA ABC 30 Marzo 2003

El tiovivo vasco
Iñaki Ezkerra La Razón 30 Marzo 2003

Tensión o dignidad
Cartas al Director El Correo 30 Marzo 2003

El régimen de Iraq recurre a las amenazas y las coacciones para presionar a la población
Reuters/Ep - Basora/Bagdad/ Teherán.- La Razón 30 Marzo 2003

Aznar en ABC: «Hay una operación política para derribar al PP»
JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS ABC 30 Marzo 2003

Sabotean el coche y amenazan a uno de los sacerdotes que integran las listas del PSE
LOURDES PÉREZ/BILBAO El Correo 30 Marzo 2003

Mayor Oreja pide apoyo a los constitucionalistas para hacer frente al desafío nacionalista
EFE Libertad Digital  30 Marzo 2003

Las trampas del nacionalismo
JAVIER ROJO El Correo 30 Marzo 2003

Guerra entre democracias
Por JEAN FRANÇOIS REVEL ABC 30 Marzo 2003

Sadam Husein -o, al menos, «el efecto» Sadam Husein- ha provocado una grave división entre Estados Unidos y algunos de sus importantes aliados europeos, ha echado por tierra toda esperanza de ver a Europa convertirse próximamente en un centro de decisión coherente en las cuestiones diplomáticas y estratégicas y, por último, ha paralizado, sin duda por mucho tiempo, el funcionamiento de la OTAN. Así, lo que la poderosa Unión Soviética no logró en 50 años, un miserable dictadorzuelo lo ha logrado en 10. A esta serie de masacres se añade el hecho de haber puesto de manifiesto la impotencia, o casi, de Naciones Unidas. Se puede deplorar la entrada en guerra de Estados Unidos, pero a condición de no olvidar que esta guerra es resultado directo de la incapacidad de la ONU, desde 1991, para hacer que Irak respetara sus múltiples resoluciones. Sadam ha podido violarlas sin ser sancionado, al menos militarmente. Incluida la última, la célebre resolución 1.441, que no sólo le obligaba a readmitir las visitas de los inspectores de la ONU sino a proporcionar las pruebas de que Irak había destruido todas las armas presentes en su suelo en 1998. Pero no las ha proporcionado, burlándose una vez más de la ONU, aunque contraríe el optimismo eufórico de la representación francesa en el Consejo de Seguridad. Como si la destrucción de unos cuantos misiles, imposibles de ocultar, dispensase de cualquier otra comprobación.

Juristas y políticos, incluso el propio Jacques Chirac, califican de ilegal la intervención estadounidense. Es defendible. Pero, este argumento tendría un mayor peso si se pudiese demostrar que la ONU, durante su larga historia, ha sabido imponer realmente el respeto a la legalidad internacional. Pero sólo lo ha logrado en contadas ocasiones. ¡Cuántas guerras, mucho más «ilegales» que la que hoy es incriminada, cuántos genocidios, pasados y presentes, no han suscitado o no suscitan ninguna reacción de Naciones Unidas! Así, ésta sólo desempeña de forma débil su principal cometido: garantizar la seguridad colectiva. ¿Y cómo perdonarle que su Comisión de Derechos Humanos esté actualmente presidida por una dictadura terrorista, Libia? En realidad, cada vez que ha prevalecido lo que se denomina, con más condescendencia que autoridad, el derecho internacional, lo ha sido menos a causa de Naciones Unidas en su conjunto que a iniciativa del grupo de Estados democráticos que la integran. Y es precisamente esta cohesión entre las democracias la que se ha roto en los últimos meses por una crisis más profunda, parece ser, y de mayor alcance que la mayoría de las disensiones anteriores. Es cierto que la hostilidad contra la intervención en Irak no procede únicamente de una minoría de gobiernos. En Europa y EE. UU., las poblaciones también se manifiestan contra la guerra. Nada más comprensible que este rechazo; pero, en realidad, no equivale a la elaboración de una política capaz de resolver el problema iraquí y otros. Además, los manifestantes, aunque sean numerosos, pueden equivocarse. Si las muchedumbres que en 1950 se manifestaron contra la OTAN hubiesen logrado su propósito, Stalin habría podido extender sus anexiones a algunos países occidentales sin disparar un solo tiro. Si quienes se manifestaron contra los euromisiles en 1982 hubiesen logrado impedir el despliegue, probablemente no habríamos tenido un Gorbachov, ni la perestroika, ni la desmembración del imperio soviético. Con todo el respeto hacia los manifestantes, al menos para aquellos que expresan su opinión de forma sincera, recordemos que vivir en democracia es disponer siempre de la libertad, no tener siempre razón.

Por lo demás, desde hace una semana, los acontecimientos demuestran que esta guerra moral y diplomática entre las democracias no ha sido el mejor modo de evitar la guerra a secas. La obstinación estadounidense no es el único factor. Los gobiernos y los manifestantes que han excluido, ocurra lo que ocurra, el recurso a la fuerza, han reforzado la obstinación de Sadam. Esa no era su intención, clamarán. Sin duda. Pero la política obedece a alternativas sencillas. Al ver a tanta gente oponerse a EE. UU., ¿cómo podía evitar el dictador sentirse alentado a perseverar en su obsesión exterminadora? Por el contrario, la firmeza de un frente sólido en su contra habría incrementado las posibilidades de obligarle a desarmarse, incluso a eclipsarse. La guerra habría sido superflua. Vista la psicología del personaje, no es una certeza; pero era una posibilidad que ha sido cortada de raíz. Cada uno de los dos clanes en los que se han escindido las democracias y sus opiniones públicas tenía buenas razones que esgrimir. Pero ambos se han lanzado solamente las malas a la cara con un sectarismo tan envenenado, tanto a escala trasatlántica como en el teatro europeo, que es un mal augurio de cara a su aptitud para dirigir una diplomacia común y resolver de forma concertada las crisis futuras, que serán abundantes.

© Le Point

Calendario soberanista
Editorial El Correo 30 Marzo 2003

Distintas voces del nacionalismo gobernante han reiterado en los últimos días su intención de llevar a término el Plan Ibarretxe convocando una consulta popular después del verano. Probablemente, tanto los dirigentes del EBB como el lehendakari han tratado de reverdecer con sus declaraciones un proyecto soberanista cuya viabilidad ha sido puesta en entredicho. El hecho de que sus palabras evidencian significativas incógnitas sobre los pasos propuestos atestigua que los promotores de un «estatus de libre asociación con España» para el País Vasco son conscientes de que sus intenciones no cuentan ni con la mayoría parlamentaria ni con la anuencia social para iniciar su andadura. De ahí que la insistencia en su inquebrantable compromiso resulte especialmente deplorable. Su pretensión de conjugar la necesidad de un cambio de paradigma en el autogobierno, requerida al parecer de forma dramática por la sociedad vasca, con la constatación de que esa misma sociedad se muestra satisfecha de lo que hasta ahora ha logrado, representa la gran contradicción en que se mueve el nacionalismo gobernante, y cuyos efectos pretende transferir al conjunto de la ciudadanía. No es otra la desazón que mostraba recientemente la vicelehendakari Zenarruzabeitia, afirmando que el Estatuto era algo políticamente «non nato» al tiempo que subrayaba la constitucionalidad del Plan Ibarretxe. Así es como se logra falsear ambos extremos, porque tan falto de verdad se halla el aserto de que el Estatuto no constituye una realidad política de indudable dimensión histórica como la aseveración de que el texto presentado por Ibarretxe en septiembre enlaza perfectamente con las previsiones constitucionales.

Es posible que el nacionalismo gobernante precise recargar las tintas de su obstinación de cara a la convocatoria electoral del 25 de mayo. Pero sería conveniente que sus dirigentes terminaran por admitir dos evidencias: que ni cuentan con la representatividad suficiente como para que el Parlamento vasco dé vía libre a su iniciativa -a no ser que opten por modificar su contenido para lograr los apoyos de la ilegalizada Batasuna- ni su proyecto está sustentado en un clamor social que les permita la organización de una consulta popular que, al margen de la legalidad, les ofrezca un porcentaje plausible de apoyo ciudadano.

El hecho de que en vísperas de sus comicios autonómicos las formaciones políticas catalanas -excepto el PP- hayan decidido situar en un primer plano de sus aspiraciones la reforma del Estatuto podrá acomodar en apariencia las pretensiones del nacionalismo gobernante en Euskadi. Pero las vicisitudes por las que atraviesa la política en Cataluña, condicionadas por la eventualidad de la alternancia en la Generalitat, no pueden soslayar la seria quiebra que en términos de convivencia significa para el País Vasco la mera persistencia del Plan Ibarretxe. La siempre ambigua mención a que el mismo sólo se aplicaría en «ausencia de violencia» no consuela a la sociedad vasca, muchos de cuyos ciudadanos consideran que la división y la fractura son precios excesivos en el pretendido trueque por una más que incierta paz.

¿Sin controles?
Por ÁLVARO DELGADO-GAL ABC 30 Marzo 2003

España está entrando en una fase de turbulencias emocionales que yo, a serles sincero, no había previsto. No sólo está desquiciada la calle. Están desquiciadas muchas cabezas. Hay momentos en que la gente suma dos y dos, y extrae veintisiete o el número pi. Son momentos caracterizados por una febril, maravillosa suspensión de la inteligencia. Quienes equiparan a Bush con Hitler, no sólo no piensan seriamente en prescindir de los USA, sino que confían en ellos para tener resuelta la defensa. Y así de corrido.

Aparte de esto, se está zarandeando a políticos del PP, rompiendo escaparates, y asaltando sedes. La variable política se ha complicado con la lúdico/social, con consecuencias potencialmente graves. En el cóctel desgraciado intervienen muchos elementos. Empezaré por Aznar, que es el ingrediente de mayor formato.

En la línea seguida por el presidente, hay cosas que no se explican. Su postura -inicial- ha sido tan arriesgada, que resultaba inevitable preguntarse qué sabía él, que no supiéramos los demás. Mi tesis favorita -frágil y con intercadencias- era que estaba buscando para España un lugar de privilegio en el nuevo orden internacional. Un orden que le constaba con mayor precisión que al español de a pie.

Ahora malicio que se ha dedicado a defender las causas que le parecían mejores, sin calibrar las repercusiones en política doméstica. Sean cuales fueren sus visiones, Aznar debería haberlas explicado antes. Tendría que haber hecho un esfuerzo -me temo que inútil- para participarlas a Zapatero.

Por añadidura, está su condición de presidente saliente. Si uno inicia algo histórico, y lo inicia en clave casi personal, no puede dejar el petate a un tercero. Pero les estoy hablando del Aznar que se estira hasta la cumbre de las Azores. El Aznar subsiguiente agacha la cabeza y reduce la implicación de España en Irak a proporciones inferiores a las de Alemania, o incluso Francia. La oposición quiere convertir el buque con enfermeros que va hacia el Golfo en un barco pirata. Esto es una bobada. En rigor, España se ha evaporado del conflicto. Ha ocurrido algo análogo a lo que ya pasó cuando la Huelga General. Aznar aceptó el choque frontal, y una vez librado éste, y no desastrosamente para el Gobierno, enterró la reforma del mercado laboral. ¿Sensibilidad tardía a lo que dicen las encuestas? Vaya usted a saber.

Paso a la oposición, que comienza a provocarme una inquietud profunda. Podemos ver ahora, con mucha mayor perspicuidad que hace un año, que la huelga de junio no se pareció nada a la que los sindicatos le organizaron al PSOE en el 88.

La asimetría fundamental es ésta: mientras que la del 88 constituyó un ajuste de cuentas dentro de la izquierda, en la del 2002 marcharon, hombro con hombro, sindicatos, PSOE, e IU. Dicho en plata: la del 2002 fue una huelga general política en toda regla. Es posible que los convocantes no apreciaran esta circunstancia con nitidez, o sólo la apreciara IU. No siempre se hace lo que se sabe que se hace, o incluso, lo que se quiere hacer. Pero la de junio fue la primera huelga general política de la democracia.

La izquierda, que carece de agenda, sentía la necesidad de armarse, de organizarse, y el escenario fue el pavés callejero. Por todo ello, creo que habría resultado muy difícil al Gobierno evitar la huelga. Otra cosa es que lo intentara. No lo intentó.

El caso es que la izquierda adquirió velocidad. El chapapote engrasó los ejes. Y con lo de Irak, se llegó al paroxismo. He dicho hace un momento que Aznar se ha explicado tarde. Y he sugerido también que las explicaciones debidas, y no aprontadas, habrían resultado inútiles. Mantengo la suspicacia. Desde el instante en que el equipo socialista rehusó reunirse con el embajador americano, se hizo patente que había elegido la estrategia de la confrontación, no del diálogo.

En caso contrario, no se habría invitado a los actores a que montaran el número en el Congreso. Si Bush es Hitler, Aznar, ídem de ídem: cuando se corean consignas, no se pueden desarrollar argumentos. El resultado objetivo, es que ha cambiado, o se ha transmutado espontáneamente, la estrategia socialista. Hasta hace unos meses, ésta consistía en ganar el centro. Ahora se busca agregar protestas, vengan de donde vengan. Aunque parezca anacrónico, ridículo, bien mirado, increíble, el proceso apunta a una suerte de frentepopulismo añejo.

En más de un aspecto, están sucediendo hechos similares a los que alumbraron el Frente Popular francés de los años treinta. No hay lucha de clases. No existen Hitler ni Stalin. Pero la curva dibuja una forma familiar.

Rodríguez Zapatero intentará quebrar esta dinámica. En particular, hará cuanto puede por evitar acuerdos a cielo abierto con los nacionalistas. Pero podría no resultar tan sencillo resistirse a la inercia adquirida, o suspender alianzas implícitas. Está en el interés electoral de los socialistas presentarse sin hipotecas a las elecciones. Y en el de los populares, demostrar que las amistades peligrosas terminan teniendo un precio. Hace tiempo que no se veía al sistema tan en el aire.

En nombre de la paz
José Clemente La Razón 30 Marzo 2003

En nombre de la paz se han escrito las páginas más brillantes de la historia, pero también las más negras. Sé de qué color son las páginas escritas por Sadam Husein con sus vecinos iraníes, kuwaitíes o kurdos, incluso se adivina el color de dichas páginas con su propio pueblo. Que pregunten, por ejemplo, en Basora, la ciudad natal de Simbad, o, en Tikrit, donde nació Sadam, aldea en la que no quedan opositores, porque todos están muertos. En nombre de la paz se vulnera la democracia, el respeto a las ideas del contrario, la libertad de expresión, el derecho a la discrepancia, la pluralidad. «O estás contra la guerra, o eres una puta mierda», se comenta en determinados cenáculos. En nombre de la paz se usa a los niños para hacer política, se les intoxica con ideas lejanas al respeto y el espíritu de convivencia, se manipulan los hechos para presentarlos contra algo o contra alguien y se dicen barbaridades que sólo esconden el puro interés electoral. En nombre de la paz se agrede a policías, se ataca a políticos honrados como Alberto Fernández, se saquean supermercados o se queman determinados libros.
En nombre de la paz se atacan sedes de partidos políticos, se altera la paz ciudadana, se machacan vehículos aparcados en la calle, se queman contenedores o se arrasa con el mobiliario urbano que pagamos todos los ciudadanos. En nombre de la paz el miedo se adueña de las calles, la libertad de pensamiento queda atenazada, los principios se pierden confundidos entre el vociferio y la cohesión social queda hecha añicos entre buenos y malos. En nombre de la paz se insulta, se agrede, se señala a quien no piensa como uno, se pintan dianas a lo «kale borroka» con nombres de gente honesta, se incendian telediarios, periódicos y radios. En su nombre, en el de la paz, se obtienen réditos electorales, se crispa al votante, se enfrenta a la sociedad. Pero quien todo eso hace no puede esperar la otra mejilla. Que no me busquen entre ellos.

La espera
FERNANDO SAVATER/ El Correo 30 Marzo 2003

Según nos han contado los cronistas antiguos, el filósofo cínico Diógenes se paseaba por las calles de Corinto con una lámpara encendida en pleno día y escrutando los rostros de los que se encontraban con él. «Busco un hombre», dicen que decía. A los que se burlaban de su actitud, señalándole que se estaba cruzando con muchos, les respondía que sólo encontraba esclavos o bárbaros ('bárbaro', en aquel tiempo, no era el extranjero sino el que vivía sometido a un déspota). Es decir, que Diógenes buscaba hombres libres y no lograba ver ninguno a su alrededor. No precisamente por cinismo, sino más bien por idealismo, el concejal Ángel Yáñez ha mantenido cuarenta horas de ayuno y soledad en el centro de Tolosa a la espera de encontrar personas libres de su localidad que completaran la lista municipal del PP cara a las próximas elecciones de mayo. No ha obtenido muchos apoyos, sólo uno o dos, pero es que la gente libre no abunda tanto como suelen creer los ingenuos o los optimistas. Ya no hay esclavos como en la época de Diógenes, pero me parece que bárbaros -y lo que es peor, bárbaros voluntarios- tenemos todavía para dar y tomar.

La espera solitaria de Ángel Yáñez (aliviada según parece en las largas horas de la noche por tres indigentes que se acercaron a hacerle compañía) puede servir como ilustración patente de toda una situación política pero es también sin duda un acto de coraje cívico. El otro día me preguntaban unos periodistas si yo no creía que las manifestaciones contra la guerra de Irak demuestran un renacer de la conciencia ciudadana entre muchos jóvenes españoles, hasta ahora apáticos y desentendidos de la política. Les contesté que ojalá sea así, pero que en cualquier caso al menos en el País Vasco había desde hace tiempo jóvenes con un claro y arriesgado compromiso contra la violencia injusta. Conozco concejales (y concejalas, claro) del PP y del PSOE que con venticinco años recién cumplidos ya hace cuatro que llevan obligadamente escolta policial. O que dedican muchas horas a preparar manifestaciones y actos públicos a favor de la Constitución -es decir, de la legalidad antiterrorista- que implican peligros notablemente mayores que el llevarse un porrazo de algún antidisturbios desmandado. Aunque su labor no sea tan espectacular ni multitudinaria como la de otros manifestantes, demuestran un espíritu de ciudadanía militante admirable. Los que se han desentendido de la lucha política por la libertad son otros, escudados en esa variante de la razón de Estado que es el 'conflicto político': quizá entre ellos haya que contar a algunos de los periodistas que me interrogaban, clarividentes respecto a la guerra de Irak pero miopes en lo tocante a otra más disimulada que tienen mucho más cerca.

El concejal Yáñez no es un joven de éstos, pero comparte con ellos la claridad de su conciencia cívica. Y digo 'conciencia' porque en esta palabra no sólo cabe el sentimiento de indignación ante lo injusto sino también la luz reflexiva que pone en evidencia el trasfondo de miedo y complicidad de que se alimenta la injusticia. Más allá de los apoyos políticos que su insólita vigilia haya podido conseguirle, ha impartido una lección de pedagogía política. Y yo creo que también los políticos tienen que colaborar en la educación democrática, no sólo maestros y catedráticos. Su espera de cuarenta horas transformó la plaza de Tolosa en un aula de libertades públicas.

Uno de los muchos efectos desdichados de la obcecada actitud del Gobierno de Aznar ante la abusiva intervención americana en Irak es que ha convertido a todos los candidatos municipales populares en blanco de la indignación de exaltados o de oportunistas. Ya ocurrió algo parecido hace años, cuando cargos socialistas irreprochables de cualquier localidad española se veían insultados como 'asesinos' y 'chorizos' a cuenta de las revelaciones judiciales sobre Filesa o los GAL. Ahora lo mismo le ocurre a personas decentes del PP como Carlos Iturgaiz, Alberto Fernández Díaz y bastantes más. No contenta con masacrar a civiles, minar la autoridad del Consejo de Seguridad de la ONU y socavar la Unión Europea, esta maldita guerra está contribuyendo a que los orates que nunca faltan deslegitimen en nuestro país la democracia constitucional. Esta indignación extrapolada es selectiva, desde luego: pese a la ola represiva que se ha producido estos días en Cuba contra los disidentes de la dictadura, con numerosas encarcelaciones, aún está por ver que nadie haya calificado a Madrazo y compañía (ya saben, los que dijeron que Cuba era un modelo a seguir por el País Vasco) de 'carceleros' o 'represores'.

Esperemos que la guerra en Irak no obnubile del todo a quienes se preocupan de verdad por la democracia en el País Vasco y favorezca a los 'aprovechateguis' que se apuntan literalmente a un bombardeo con tal de vender su averiada mercancía. La espera de Ángel Yáñez en Tolosa sigue urgiendo a la población a plantearse lo posible y lo imposible de las próximas elecciones municipales. Ahí está la denuncia cercana del terror, de la coacción bélica, del bloqueo de opciones democráticas legítimas y pacíficas, de la tendencia de tantos a mirar para otro lado y llamar normalidad a la simple y llana apuesta por el caballo de antemano vencedor, que critican en otras ocasiones. Aunque me temo que de poco sirva, envío desde una opción política en parte diferente mi abrazo fraternal a Ángel Yáñez, junto a mi sincera admiración.

Los españoles y la violencia democrática
Por EMILIO LAMO DE ESPINOSA. Director del Real Instituto Elcano ABC 30 Marzo 2003

LOS españoles salimos de la dictadura del general Franco con un más que justificado horror a la violencia como mecanismo de resolución de conflictos. Sobre la violencia reposó la dictadura más de cuarenta años, herencia ella misma de una terrible guerra civil que fue la tercera o la cuarta (depende de cómo las contemos) en poco más de dos siglos. Incluso el franquismo tuvo que aceptar ese rechazo para hacer de los «cuarenta años de paz» la legitimidad fundamental de un régimen que reposaba en la conquista y la guerra. Y en más de alguna ocasión he argumentado que fue el rechazo a la violencia, basado en el recuerdo persistente del horror, la causa principal del consenso que animó la transición a la democracia. Contra lo que sostienen algunos ahora, no se construyó la democracia española sobre el olvido y la desmemoria sino todo lo contrario, sobre el recuerdo obsesivo de algo que no se puede olvidar. De modo que, como tantas otras democracias que emergieron después de una terrible guerra civil (la inglesa, la francesa, en cierto modo la americana, la italiana o la alemana), el motivo subyacente de nuestra transición pacífica fue el never more: nunca jamás aquella violencia, nunca jamás los paseos, los asesinatos, la zozobra, el miedo y la angustia. Nunca jamás la violencia.

Así pues, a nadie puede sorprender que los españoles sean más pacifistas que otros muchos pueblos que han visto cómo la violencia les libraban de enemigos externos en lugar de enfrentarles entre ellos. Y eso, qué duda cabe, es muy buena cosa.

Pero todo tiene sus límites y así los españoles llevamos más de 25 años descubriendo lentamente cuándo, por el contrario, es la misma democracia la que tiene que defenderse mediante el uso de la violencia. Violencia legítima, por supuesto, controlada, medida, fiscalizada, pero violencia al fin. Pues todo Estado (y no sólo el democrático) reposa en el monopolio de la violencia física legítima, una idea atribuida usualmente a Max Weber pero cuyo crédito él cede generosamente a Trotsky.

Y así, pronto descubrimos que el orden público interno exige unas fuerzas de seguridad (policía, Guardia Civil) sin las cuales la vida ciudadana es imposible. Y durante muchos años, la seguridad ciudadana ha sido (y aún es) uno de los principales problemas de los españoles, usualmente precedido por el desempleo. Pues no hay vida cívica sin orden público y a quien más afecta la inseguridad es a los pobres, los marginados y los débiles. De modo que tardamos algunos años, pocos por fortuna, en descubrir la necesidad del uso de la violencia legítima contra la delincuencia.

Ese mismo aprendizaje, aunque con mayor lentitud, hemos realizado para hacer frente al segundo (o tercero) de los problemas que las encuestas reiteran como prioridad de los españoles: el terrorismo. Y durante muchos años intentamos solventar el terrorismo vasco mediante el dialogo y la negociación. La amnistía de 1976, el Estatuto de Gernika, la comprensión hacia las reclamaciones del PNV e incluso de EH, la transferencia a Euskadi de las competencias sobre la policía, todo ello apuntaba en la misma dirección: en lugar de la violencia democrática, utilicemos la negociación y el pacto. Nótese que es el mismo método comunitario, pero hacia abajo: compartamos soberanía en lugar de encelarnos en un juego de suma cero. El método comunitario como mecanismo de generación de paz ha funcionado en Europa, desgraciadamente no en Euskadi. Pero era tanto el rechazo que nos causaba utilizar la violencia democrática y pública contra el terrorismo que esta acabó encauzándose por vías indirectas y subterráneas dando lugar a uno de los más oscuros episodios de la democracia, aun no cerrado del todo, que llevó nada menos que al disparate de pretender encarcelar a un presidente del gobierno, disparate que algunos pretenden repetir.

Pues bien, creo que estamos en los dolores de parto de otro aprendizaje aún más difícil: el del uso legítimo de la violencia democrática en las relaciones internacionales. Y diré de entrada que es un infortunio para ese imprescindible aprendizaje que la guerra de Irak se haya desatado en las peores condiciones de legitimidad. Con un presidente americano de escaso prestigio, apoyado por la derecha de la derecha del partido republicano, sostenido por una sociedad atemorizada tras el 11 S, con una diplomacia muy desafortunada (y que, sospecho, ha arrastrado en sus errores a los gobiernos británico y español), con una Europa dividida y, por supuesto, sin el respaldo explícito del Consejo de Seguridad. Que la gran mayoría de los españoles se opongan a esta guerra y la consideren no sólo ilegal sino ilegítima es, no sólo comprensible, sino casi inevitable. Sin embargo, y en contra de lo que puede parecer, la posición de los españoles sobre el complejo tema de la guerra de Irak y la violencia democrática dista de ser ingenua y merece un breve análisis.

Y así, los datos del último barómetro del Instituto Elcano (pueden verse en www.realinstitutoelcano.org) ponen de manifiesto dos actitudes que, aunque no incompatibles, no dejan de ser de difícil conciliación. De una parte, los españoles no albergan la más mínima esperanza sobre el régimen de Sadam Hussein. Mayoritariamente consideran que es un dictador que oprime a su pueblo (85 por ciento) y se ha burlado de la legalidad internacional (73 por ciento). Es más, piensan también que está relacionado con el terrorismo internacional (67 por ciento) y tiene armas de destrucción masiva (58 por ciento), lo que no es poco si consideramos que buena parte de los comentaristas rechazarían estas dos últimas afirmaciones. La peligrosidad que los españoles otorgan a Sadam Husssein es tal que, contra lo que todo pronóstico, lo consideran una amenaza mayor que el conflicto entre palestinos e israelíes (39 por ciento frente a un 18 por ciento). Y sin embargo su pacifismo es casi radical: ante la pregunta de si está justificado desarmar por la fuerza a un país que no respeta la legalidad internacional y desarrolla armas de destrucción masiva casi dos de cada tres (el 59 por ciento) contestan que no. Incluso con acuerdo del Consejo de Seguridad de la ONU, sólo un 27 por ciento hubiera estado a favor de esta guerra.

¿Es esto incoherente? No necesariamente pues siempre cabe la posibilidad, por remota que sea, del desarme pacífico de Irak. Pero el rechazo de los españoles a la violencia se extiende incluso a aquellos casos donde estaba plenamente justificada, tanto legal como moralmente. Y así, la mayoría valora negativamente la intervención militar de la comunidad internacional tanto en la primera guerra del Golfo (45 por ciento frente a 35 por ciento) como en Kosovo (41 por ciento frente a 37 por ciento), en Bosnia (42 por ciento frente a 37 por ciento) y en Afganistán (47 por ciento frente a 29 por ciento). Sólo cuando se pregunta por la participación española en estos conflictos las respuestas positivas superan a las negativas, pero sólo en dos casos (Bosnia y Kosovo) y por muy poco. La conclusión (provisional como todas), es que casi uno de cada dos españoles se opone al uso de la fuerza democrática en las relaciones internacionales en todo caso.

El rechazo a gastar en defensa pero también en diplomacia (uno de cada dos considera que el volumen actual es suficiente), e incluso la oposición al proyecto de hacer de Europa un polo equilibrador de la hegemonía americana (47 por ciento en contra; 31 por ciento a favor de la «hipótesis francesa»), todo ello pone de manifiesto que el mundo en el que muchos españoles creen vivir está, por desgracia, muy alejado de la realidad. ¿Tendremos que recordar que, según datos de Freedom House del 2003, sólo 89 de 192 países del mundo son democráticos? Las condiciones del uso legítimo de la violencia en las relaciones internacionales son siempre discutibles. Como se ha repetido hasta la saciedad, la guerra es la última solución. Pero excluirla siempre y en todo caso sólo será p.... ???

El tiovivo vasco
Iñaki Ezkerra La Razón 30 Marzo 2003

A Juan Manuel de Prada debo el descubrimiento del Chulo de Santa Teresa, un personaje entre simpático y patético perteneciente a aquella España a caballo entre la bohemia y la picaresca, entre el idealismo y la delincuencia, que él retrató en Las máscaras del héroe y que se llevó para siempre la Guerra Civil. El Chulo de Santa Teresa era un tipo que sólo escribió una conferencia en toda su vida y que vivía de repetirla por todos los barrios, pueblos, salones y rincones del solar patrio. Vivía de Santa Teresa en definitiva. Y de ahí ese alias que a alguien pudiera parecerle irreverente pero que resulta justificable una vez que queda explicado. A menudo, leyendo los artículos que publica la prensa sobre la actualidad vasca, me acuerdo del Chulo de Santa Teresa. A menudo, mientras escribo un artículo sobre esa tautológica actualidad, yo mismo me siento identificado con ese pintoresco personaje. Y es que viviendo en Euskadi uno está condenado a escribir siempre el mismo artículo sobre la violencia de ETA, sobre el fin de la violencia de ETA, sobre el regreso de la violencia de ETA, sobre la responsabilidad del nacionalismo en la violencia de ETA o en los avales políticos que tiene esa violencia.

Esa actualidad política es tan reiterante, tan vieja, tan poco actual; ofrece tan escasas variaciones, que no queda más remedio que repetir lo que se ha dicho mil veces para glosar la más terrible repetición: la del crimen y su justificación, que en el País Vasco es incansable. Las variaciones del problema terrorista son tan contadas como los caballitos de un carrusel de feria. De repente y merced al efecto de marco que produce fijar la vista en dicho carrusel, se puede tener la errónea sensación de que el número de caballitos es infinito y de que es nuevo cada uno de ellos. Falso. Basta fijarse bien en uno de los purasangres (o en uno de los burros o los cerdos, que también los suele haber siempre en los carruseles) para comprobar cómo vuelve a reaparecer en menos de un minuto.

A veces uno se fija en un poni o en un jamelgo o en lo que parece un ejemplar de raza árabe pero la atracción gira demasiado rápidamente. A veces donde aparecía Udalbiltza se ha colocado de repente la corriente Aralar o el Plan Ardanza o el Plan Ibarreche. A veces a uno el artículo que estaba escribiendo se le queda viejo de pronto. A veces ese artículo era sobre el asesinato de un concejal pero ahora toca hablar del modelo Stormont para primavera o verano, de una tregua anunciada... Y entonces es de mal gusto sacar el tema de los asesinados, es querer aguar la fiesta de la esperanza, es incurrir en el inmovilismo, el insulto más grave que se le puede lanzar a un vasco de pro. Estaríamos en un caso opuesto al de ese otro artículo humorístico y dicharachero que de pronto también puede quedarse viejo gracias a un atentado.

Pero, desgraciadamente, ese artículo sobre una víctima del terrorismo que había quedado vertiginosamente olvidada por la comparación con Puerto Rico o con Quebec volverá a rejuvenecer, a resucitar, a hacerse actual. En el trágico tiovivo vasco no sólo hablar de los asesinatos se pasa de moda. También se pasan de moda las vías Ollora y Eguiguren o las declaraciones de Estella y de Barcelona como potros o percherones coloreados de cartonpiedra que suben y bajan, atravesados por una sospechosa y metálica barra vertical.

En el tiovivo vasco un articulista escribe al comienzo de su columna, pongo por caso: «No hay derecho a que maten a Montxo», y dentro de un año no tiene más que cambiar ese nombre por el de Koldo, y el artículo sigue siendo de eso que algunos periodistas llaman «de una rabiosa actualidad». En el carrusel sangriento de nuestra vida política, otro columnista escribe desde el lado nacionalista: «Vuelve la violencia porque el Gobierno no ha sabido valorar la tregua de Argel». Y no hay peligro de que no se publique esa columna y de que pase diez largos años metida en el congelador. Llegará el día en que pueda aprovechar el texto reemplazando Argel por Estella.

Escribir en Euskadi y sobre Euskadi es encarnar ese famoso mito pitagórico del eterno retorno que fascinaba a Nietzsche y que horrorizaba, con mejor y más sano criterio ¬todo hay que decirlo¬ a los antiguos hebreos, quienes veían encarnado de ese modo cargantemente ferial el propio infierno.

En algún momento uno acusó cierta mala conciencia porque el artículo que no le publicaron hace diez años se volviera actual de repente y encontrara su momento para ver la luz. En algún momento uno pensó si debía moverse también subiéndose al carrusel o girando alrededor por el pavimento como esos niños que tienen que aguardar su vez y jalean a los afortunados que ya disfrutan del viaje. En algún momento uno pensó si se podía hacer otra cosa ante los atentados de ETA o los órdagos del nacionalismo que escribir sobre su indecencia con la misma constancia con la que éstos seguían sucediéndose y marcando la vida política del País Vasco. Y entonces uno reparó en que ante la pertinacia del crimen y el chantaje no cabía más que la pertinacia de su denuncia y en que es ETA el primero y verdadero Chulo de Santa Teresa, el sanguinario pelmazo que no conoce más que un solo discurso maquinal de pistolas y bombas lapa, el que lleva viviendo toda la vida de matar a los otros. Y entonces uno llegó a la conclusión de que quien está viviendo durante años de dar la misma conferencia de paz es literalmente Elkarri y todo el nacionalismo vasco que repite ese mismo rollo aprendido. Y uno comprendió que no está en su mano el que un día se haga viejo de verdad y para siempre el artículo dedicado a Montxo y a Koldo.

'Tensión' o dignidad
María Monasterio/Getxo-Vizcaya Cartas al Director El Correo 30 Marzo 2003

Señor Zarraoa: leemos con indignación su negativa reiterada a erigir un monumento a las víctimas del terrorismo en Getxo. Dice que «estos monumentos crean tensiones». Tensión, y mucha, es la que viven todos los amenazados, que son obligados a vivir con escolta, algo más que tensión es lo que han sufrido los familiares de los secuestrados y asesinados por ETA y no fue tensión sino terror lo que sufrieron cientos de vecinos ante los cuatro coches bomba. No existe más tensión en aquellos municipios en los que se ha erigido un monumento y se han realizado homenajes a las víctimas del terrorismo. Lo que existe, señor Zarraoa, es más dignidad, menos silencio cómplice y una recuperación de los valores y de la realidad moral. Cuanto más luchemos a favor de las víctimas, más estaremos luchando contra el terrorismo.

El régimen de Iraq recurre a las amenazas y las coacciones para presionar a la población
Los fieles a Sadam obligan a luchar a los soldados e intimidan a los que quieren dejar las ciudades
Desde la Segunda Guerra Mundial, las poblaciones civiles son las que reciben directamente el dolor de la guerra. Iraq no es una excepción. Los habitantes de las poblaciones de Iraq tienen que hacer frente a los bombardeos y al hambre, pero también tienen que soportar las amenazas que el régimen de Sadam está empleando para evitar cualquier impulso de motín de los iraquíes. Los ciudadanos de las poblaciones son obligadas a permanecer en su interior, se les intimida con la confiscación de sus bie- nes si se van, y se usa la religión y la fe como otra forma de coacción.
Reuters/Ep - Basora/Bagdad/Teherán.- La Razón 30 Marzo 2003

Una de las bazas con la que cuentan los aliados para ganar la guerra es la sublevación de la población Iraquí contra el régimen de su país, sobre todo en el sur. Sadam lo sabe, por eso, desde el principio ha usado dos herramientas: la propaganda y la intimidación de la población para evitar que se produzca un levantamiento que le debilitaría. Para eso, ha recurrido a tretas religiosas o directamente a la fuerza que imponen las armas.

De las amanezas se pasó el viernes a los hechos cuando Ejército de Iraq disparó contra la población civil que huía del hambre, la sed y las penurias que impone el asedio en Basora, como confirmaron ese mismo las fuerzas británicas. Pero éste no es el único caso.

También el viernes un Imán de Bagdad, pertrechado con un kalashnikov, hizo una llamada al mundo islámico durante la característica oración del viernes. «Dirigimos nuestro llamamiento a todos los musulmanes y a todos los árabes, donde quiera que se encuentren, para decirles la hora de la Yihad ha llegado y que es el deber de cada creyente», declaró el imán Abdel Ghafur Al Qaisi, quien añadió: «No participar en la Yihad será como desobedecer a Alá». Lo que es una forma de coacción para quien los fieles que lo escucharon.

Lucha a la fuerza
El jueves, el diario «New York Times» informaba de que los soldados iraquíes son obligados a luchar contra las tropas británicas y estadounidenses por los hombres leales al presidente Sadam Husein, de acuerdo con los relatos de algunos de los combatientes iraquíes hechos prisioneros por las fuerzas aliadas. «Los oficiales nos amenazaban con disparar contra nosotros a menos que lucháramos», relata un soldado iraquí herido y que se encuentra atendido en un hospital de campaña estadounidense.

«Sacaban sus armas, nos apuntaban y nos decían que lucháramos», decía un soldado iraquí. Estos testimonios están confirmados por las heridas que presentan algunos de los soldados iraquíes muertos o heridos hallados por las tropas estadounidenses en su avance hacia la capital de la nación. Un ejemplo más reciente de la constancia de estas prácticas por parte del régimen de Sadam se pudo ver ayer sábado cuando las fuerzas iraquíes obligaron a salir a una familia y a cruzar el campo de batalla que les separaba de los aliados, mientras que ambas partes intercambiaban fuego.

La CIA advirtió en un informe que los «fedayín» serían la mayor amenaza contra las fuerzas de Estados Unidos y el Reino Unido, y de que estas unidades irregulares pueden disparar contra civiles iraquíes para chantajear a las fuerzas aliadas o emplearlas en acciones de propaganda en las que culpar a los soldados de EE UU y el Reino Unido.

El secretario de Defensa de Estados Unidos, Donald Rumsfeld, contó que los «escuadrones de la muerte» que dirige Udai, el hijo mayor de Sadam Husein, amanezan, torturan y ejecutan a soldados y hombres para obligarles a hacer frente a las tropas aliadas. Respaldó sus palabras afirmando que existen constancia de un hombre en Bagdad que se resitió a luchar y le cortaron la lengua: «Lo dejaron en el suelo hasta que murió luego desangrado. Entran en las ciudades y disparan y amanezan a la gente, a la que insisten de que no se rindan ni se subleven».

En Bagdad, mientras, la guardia personal de Sadam Husein está impidiendo a la aterrorizada población que abandone la capital con el fin de utilizarles como escudos humanos, según informó un corresponsal de la agencia iraní IRNA, quien, además, afirma que el régimen iraquí ha colocado parte de sus unidades militares, incluidas sus plataformas para lanzamientos de misiles, en las zonas residenciales y en los hospitales con el fin de utilizar la muerte de inocentes como propaganda en caso de un ataque aliado.

Los miembros del partido Baas también han prevenido a los habitantes de la capital iraquí de que si abandonan la ciudad no podrán volver a ella, y sus casas y sus propiedades serán confiscadas por el Gobierno. Mientras, un líder chií, el jefe de la Asamblea de la Revolución Islámica iraquí, Mohamed Bakr Al Hakim, declaró que si las tropas iraquíes no salían al campo de batalla era porque pretendían refugiarse en las ciudades y usar a la población civil como escudos.

Aznar en ABC: «Hay una operación política para derribar al PP»
Por JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS ABC 30 Marzo 2003

Aznar mantiene una tranquilidad aparente ante el huracán político que azota a su gobierno y al PP por las decisiones en la crisis de Irak. En la entrevista con el director de ABC, la primera a un medio escrito tras el estallido de la guerra, denuncia lo que valora como una operación política para derribar a los populares

-¿Es usted un «halcón» o una «paloma»?
- Nada más que un gobernante responsable. Tampoco aspiro a ser otra cosa.

-¿Por qué el protagonismo de España en este conflicto?
-Por el interés de España que está en ser solidarios en la lucha contra el terrorismo en el mundo, lo que contribuye a la seguridad de los españoles. El interés de España está en que seamos solidarios para que haya solidaridad con nosotros. También el cumplimiento de la legalidad internacional en contribución a la paz. Si la norma del mundo es la impunidad, el mundo será mucho más inseguro, España tendrá muchos más riesgos, y los españoles tendrán muchos más problemas de futuro. Esas son mis convicciones.

- ¿Se arrepiente de alguna de sus decisiones?
-No. Estoy absolutamente convencido de que hemos tomado las decisiones correctas, aunque comprendo que, efectivamente, haya gente que pueda discrepar de esas posiciones. Creo que lo correcto es defender la legalidad internacional y hacer frente a los riesgos que hoy tiene el mundo como el terrorismo, las armas de destrucción masiva... Y en esas razones está la coherencia y la convicción de la posición del Gobierno.

-¿Muchos impugnan que la guerra esté amparada en la legalidad internacional y de hecho usted era partidario de una segunda resolución adicional a la 1.441?
-Si hay alguien que ha peleado por otra resolución más del Consejo de Seguridad, ha sido España. Si eso no se ha podido conseguir, no ha sido por nuestra responsabilidad. Cuando el Consejo de Seguridad se bloquea resulta, al final, que no ha podido cumplir correctamente sus obligaciones. Pero es que, además, en esta situación hay un acervo de legalidad que ampara la intervención. Venimos de la legalidad establecida en 1990, con motivo de la crisis del Golfo, de la invasión de Kuwait, la resolución 678 de las Naciones Unidas... Venimos de la resolución 687 de 1991, y venimos de diecisiete resoluciones consecutivas de las Naciones Unidas que determinan el flagrante incumplimiento por Irak de la legalidad internacional y que culminan en la resolución 1.441.

Si algunos insistimos en otra resolución además de la 1.441, fue advirtiendo que legalmente no era necesaria, pero que políticamente pudiera ser deseable. ¿Para qué? Para fortalecer aún más el papel central del Consejo de Seguridad. Esa ha sido estrictamente la posición española.

- Su posición entonces estaba del lado de los multilateralistas
-Yo creo en el papel del Consejo de Seguridad para la política de paz y de seguridad del mundo. Y por eso hemos trabajado en el marco del Consejo de Seguridad, como creemos que el Consejo de Seguridad tiene que tener un papel relevante, y las Naciones Unidas, en la era post-Sadam. Lo que ocurre es que hace falta hacer funcionar al Consejo de Seguridad, y eso es lo que se ha intentado. Las continuas amenazas de veto, los bloqueos en el Consejo de Seguridad, nos llevan a una conclusión, y es que, la legalidad internacional, o se aplica, o no se aplica. Si la legalidad internacional no se aplica, lo que prevalece es la impunidad. Y no quiero que la regla del mundo sea la impunidad en el futuro.

-¿Qué ha fallado en la posición del Gobierno? Porque algo ha tenido que fallar para que los ciudadanos no entiendan estas razones.
-Siempre se cometen errores y siempre se logran aciertos. Pero la cuestión en este momento es la de valorar la coherencia de nuestra posición.

-¿Y es coherente?
-En la política exterior española hay, desde la Transición, dos líneas: una de coherencia y otra de incoherencia. La línea de coherencia es la de partidos como el PP, como la UCD, que en el año 81 defendieron el ingreso de España en la Alianza Atlántica; que eran partidarios del mantenimiento de España en la Alianza Atlántica sin correr aventuras en el año 1986; que respaldaron la intervención en la crisis del Golfo del año 1990-91; que supieron interpretar las necesidades de la comunidad internacional en el año 98 en Kosovo, y que ahora son también coherentes ante los nuevos riesgos y la amenaza de desafío de la legalidad internacional. Hay otra línea, coherente también, que es la del Partido Comunista, que se oponía a la entrada de España en la OTAN, que se oponía al mantenimiento de España en la OTAN, que se oponía a la intervención del Golfo, que se oponía también a la intervención en Kósovo, y que se opone ahora a la intervención en Irak. No comparto esa línea, pero digo que es coherente. Y hay otra que es profundamente incoherente, que es la que defendía el «OTAN, de entrada, no» en 1981, la que defendía la «OTAN, sí» en 1986, la que justifica la intervención en la crisis del Golfo en 1990-91, la que no lo justifica en el año 2003. Sí justifica Kósovo porque, en aquel entonces, el secretario general de la OTAN era socialista, como era el Gobierno de España en el año 90-91. La diferencia es que ahora los socialistas están en la oposición. Y, del mismo modo que en el año 1981 se llamaba poco menos que asesinos al Gobierno democráticamente elegido por los españoles, que quería que España ingresase en la Alianza Atlántica, ahora se llama asesinos al Gobierno democráticamente elegido por los españoles y que quiere que se cumpla la legalidad internacional. Esa es la posición profundamente incoherente en política exterior de España, que es la posición que ha mantenido y mantiene el Partido Socialista

-¿Calculó usted la reacción de rechazo a la guerra de la opinión pública ?
-Que en un país como España, en un país democrático haya un porcentaje muy elevado de ciudadanos que, si se les pregunta si están a favor de la guerra o de la paz, digan que están a favor de la paz, es absolutamente normal. Es lógico. Me preocuparía muchísimo que la contestación fuese la contraria, porque todos estamos a favor de la paz. El problema es que la paz hay que garantizarla, la paz hay que construirla, la paz hay que asegurarla. Lo que sí me preocupa es la operación política que hay detrás de todo esto, la de intimidar al Partido Popular, la de derribarlo. Esos vientos que se han sembrado en la política española han producido consecuencias de agresiones que son democráticamente inaceptables e incalificables. Eso sí que me preocupa.

-¿Cómo es esa operación a la que se refiere?
-Cuando se cuestiona la legitimidad del Gobierno; cuando se rechaza y se cuestiona el derecho del Gobierno a tomar determinadas decisiones constitucionalmente amparadas para ello; cuando se cuestiona la legitimidad del Gobierno para representar a España en el exterior; cuando se llama asesinos a miembros del Gobierno o a dirigentes o representantes parlamentarios o políticos desde algunos escaños del Congreso de los Diputados o desde manifestaciones; cuando se llama asesinos a Gobiernos aliados, a los dirigentes de Gobiernos aliados de España...es que hay una operación política. Y todo eso se jalea y se participa en ella, aunque luego se diga que se condena. El problema no es solamente condenar las agresiones; el problema es que no hay que sembrar vientos que produzcan esas consecuencias porque eso afecta a bases fundamentales de la convivencia entre todos. Son actitudes irresponsables.

-Pero debe admitirse la discrepancia
-Entiendo perfectamente que no se esté de acuerdo con el Gobierno, pero en ningún sitio está pasando lo que ha pasado en España. Y hay que preguntarse por qué. La única pregunta posible es que hay una combinación de intereses que dicen: señores, ha llegado el momento de expulsar al Partido Popular de la normalidad democrática en este país. A mí eso me parece extraordinariamente grave y preocupante.

-¿Asume que esta situación puede pasar factura electoral al PP?
-Nosotros tenemos acreditado que somos un partido de convicciones. En muchas ocasiones, no porque lo buscásemos, sino para responder ante nuestras convicciones, hemos tenido que actuar en solitario. Los españoles nos han comprendido. Afrontamos las reformas de las políticas de inmigración; abordamos la reforma de las Humanidades, que era fundamental para la recuperación de la calidad del sistema educativo; pusimos en marcha el Plan Hidrológico Nacional, ejemplo de lo que es una política de solidaridad en España; la reforma fiscal, los cambios económicos, la rebaja de impuestos... Todo eso quiere decir que el PP es un partido de convicciones, que no nos dejamos llevar por el viento del oportunismo político. Estamos cumpliendo el programa electoral que los españoles votaron.

-¿Por qué no ha acordado la posición española con el Partido Socialista?
-He ofrecido cuatro consensos al señor Rodríguez Zapatero: un consenso en los mismos términos en los cuales se estableció la relación entre el Gobierno y la oposición durante la Guerra del Golfo de 1990-91, y fue rechazado; he ofrecido un consenso en torno a la articulación de los puntos en común de la política europea: fue también rechazado; he ofrecido otro consenso en lo que era, respetando las diferencias, abrir unos espacios de entendimiento para el futuro, ha sido también rechazado; he ofrecido otro consenso, que es tomar el ejemplo de lo que hizo el Consejo Europeo de Bruselas hace muy pocas fechas, en donde, constatadas unas discrepancias, nos poníamos de acuerdo en las líneas de futuro: también ha sido rechazada. La única conclusión a la que puedo llegar es que al Partido Socialista sólo le interesa una acción desestabilizadora de la situación. No le importa la situación en Irak, lo que le importa es el aprovechamiento electoral, buscar el mayor desgaste posible, buscar la mayor desestabilización posible del Gobierno.

- En esta situación ¿se siente usted solo, o aislado, o incomprendido?
-No, me siento acompañado sólidamente por mis convicciones, me siento acompañado masivamente por mi partido -tengo que recordar que es el principal partido de España-, y me siento muy arropado y acompañado por nuestros aliados, que son, en gran medida, algunas de las principales democracias del mundo. Por lo tanto, no siento soledad, siento preocupación por la situación en general, porque deseo que termine cuanto antes y que haya el menor número de víctimas posibles. Y me siento preocupado también por las consecuencias de algunas actitudes internas que intentan perturbar la convivencia estable en la vida española desde hace muchos años.

-¿Eso es compatible con el hecho de que el Partido Popular y el Gobierno estén atravesando por su momento más difícil desde el 96?
-Podríamos haber hecho lo contrario, podríamos haber dicho: señores españoles, queridos compatriotas, no nos importa nada, no vamos a ocuparnos de nuestra seguridad, nos vamos a ocupar de ser simpáticos delante de la opinión pública. Pero he dicho muchas veces que a los ciudadanos no hay que pedirles una responsabilidad que no tienen; a los dirigentes políticos, sí. Y a nosotros nos han elegido para cumplir con nuestras obligaciones de garantizar la seguridad de los españoles, de evitar que los españoles tengan un riesgo de futuro, y que los intereses del país estén legítimamente salvaguardados y custodiados de cara al futuro.

-¿Todo eso tiene un coste?
-Si eso tiene un coste, pues asumimos razonablemente ese coste. Ya hemos asumido otros costes en las políticas que hemos desarrollado como antes le he dicho.

-Pasemos a otra cuestión. ¿Existe un deterioro en nuestras relaciones con Francia y Alemania?
-No. Hay un punto de divergencia, pero no de deterioro. No hay ninguno de los asuntos de relación bilateral, ni en el ámbito europeo, en la relación entre España y Francia, que esté siendo perturbado por esta situación. Ninguno.

-¿Hemos asumido algún compromiso en la solución del conflicto israelo-palestino? Así pareció en sus palabras en las Azores.
-Claramente. Nosotros llevamos hablando con la Administración norteamericana sobre la necesidad de poner en marcha el proceso de paz entre Israel y Palestina, y en las últimas semanas, con respecto a ese proceso de paz hay unos compromisos muy serios, no solamente de poner en marcha el proceso, sino también de desarrollarlo. España ha hecho un papel y ha trabajado intensamente para que eso sea así, y me alegro mucho de que, finalmente, la posición del Gobierno de los Estados Unidos haya sido favorable a un compromiso para implementar y para ejecutar el llamado itinerario de los compromisos de paz entre Israel y Palestina. Eso me parece fundamental. Creo que es un elemento de credibilidad política muy importante.

-En la crisis de Kósovo ya se planteó la crisis del orden mundial, el anacronismo del veto en la ONU, su mal funcionamiento...¿vamos a un nuevo orden mundial? ¿cómo se está perfilando?...
-Desde el punto de vista moral, lo que sucedió a finales de los años noventa y a principios de este siglo XXI fue toda la doctrina del derecho de injerencia humanitaria, que todas las organizaciones internacionales respaldaron. Ese mismo derecho de injerencia humanitaria, coherentemente, tiene que valer para evitar víctimas, matanzas y asesinatos en Irak. En el futuro inmediato surgen dos cuestiones esenciales: una es tender puentes sólidos en las relación de Europa con los Estados Unidos, puentes que están ahora dañados. Y eso es vital, porque cuando Europa y los Estados Unidos actúan conjuntamente, el mundo es mucho más seguro. Y, en segundo lugar, poner en marcha todo el proceso de Oriente Medio. Tercero, una última consideración: el mundo, después de la caída del Muro de Berlín y el 11-S, ha variado de una manera profunda. Esto tendrá que tener su significado en los organismos internacionales multilaterales. ¿Cómo será eso? Con lo que tenemos que tener cuidado en este momento es con mantener la vigencia, la virtualidad, el valor de esos organismos multilaterales, en particular, en este caso, de las Naciones Unidas. Y para eso el compromiso de trabajar en las Naciones Unidas y de hacer posible el funcionamiento de las Naciones Unidas, es muy importante. Lo curioso es que los que nos hemos dedicado a eso aparecemos de alguna manera como acusados de actitudes unilaterales, y los que han evitado el funcionamiento correcto de Naciones Unidas aparecen como los campeones del multilateralismo. Son las paradojas de la vida política.

Sabotean el coche y amenazan a uno de los sacerdotes que integran las listas del PSE
Varias pintadas aparecen en la iglesia donde oficia el párroco de Trucíos, que anunció el día 14 su candidatura
LOURDES PÉREZ/BILBAO El Correo 30 Marzo 2003

El cura de la localidad vizcaína de Trucíos, Pablo Villaroel, decidió hace apenas quince días sumarse a la listas del PSE como gesto de solidaridad hacia los amenazados por ETA. Ayer, fue el sacerdote el que tuvo que recibir el apoyo de sus feligreses y convecinos, tras sufrir un sabotaje contra su coche y descubrir, sobresaltado, varias pintadas contra él y la Iglesia realizadas sobre el vehículo y en la entrada de la propia parroquia. El ataque constituye así no sólo una advertencia a los ciudadanos sin adscripción política que han dado el paso de respaldar las candidaturas de los constitucionalistas, sino también un acto de intimidación casi inédito hacia el clero vasco.

Aunque miembros de la Iglesia como el cura de Maruri llevan escolta, ninguno había padecido hasta ahora destrozos en sus bienes. Según fuentes consultadas por este periódico, Villaroel presentó ayer por la mañana una denuncia ante la Ertzaintza después de encontrarse su automóvil con las cuatro ruedas pinchadas y mensajes insultantes y amenazadores como 'hijo puta del PSE' o 'muerte al clero'. Hace unos días, grupos de radicales habían pintado ya un 'Gora ETA' en la entrada del templo, mensaje al que han unido ahora una diana con las siglas del PP. Durante la mañana, «numerosos» feligreses y el alcalde de Trucíos, Juan Hernandorena (EA), transmitieron su solidaridad al cura. El Ayuntamiento cuenta con siete concejales, todos de Eusko Alkartasuna y del PNV.

Presentación pública
Villaroel era un sacerdote anónimo más en la Iglesia vasca hasta que el pasado día 14 hizo pública, junto a tres compañeros, su inclusión en las listas de los partidos constitucionalistas como un símbolo de respaldo a quienes más soportan la presión de la violencia. El párroco de Trucíos forma parte, en una posición testimonial, de la plancha del PSE en Leioa. Según los medios consultados, los cuatro religiosos eran conscientes cuando decidieron participar en las candidaturas de que se enfrentaban al eventual riesgo de convertirse en perseguidos. Tras el ataque sufrido en las últimas horas, Villaroel no habría pedido protección especial.

Ayer, los socialistas agradecieron públicamente el «coraje cívico» de todos aquellos que han decidido acompañarles en las elecciones, «sobreponiéndose al miedo» que supone hacerlo. En la rueda de prensa ofrecida durante el comité nacional del PSE, Patxi López desveló que algunos de los independientes -evitó citarlos con nombre y apellidos- que integran las planchas de su formación habían recibido ya coacciones «simplemente por dar muestras de un comportamiento democrático impagable».

López interpretó esas amenazas como un nuevo intento de evitar que el PSE pueda presentarse en igualdad de condiciones a los comicios, pero advirtió a «los cobardes y los fascistas» de que son ellos «los que están más acogotados que nunca». Pese a las dificultades, los socialistas formalizarán 26 candidaturas más en Vizcaya, 15 en Álava y 5 en Guipúzcoa en relación a hace cuatro años, para representar al 97% de la población vasca.

Mayor Oreja pide apoyo a los constitucionalistas para hacer frente al desafío nacionalista
EFE Libertad Digital  30 Marzo 2003

El presidente del grupo del PP en el Parlamento Vasco ha hecho un llamamiento a “los constitucionalistas del País Vasco” para que se sumen a las listas electorales de su formación, con el fin de formar una “alternativa que haga frente al desafío de la ofensiva nacionalista”.

Además, en la inauguración de “La Escuela de Nuevas Generaciones del País Vasco”, dejó claro que “la ofensiva nacionalista se detiene con estabilidad institucional” y “no reformando el Estatuto y la Constitución”, en alusión a la propuesta realizada por el presidente del PSC, Pascual Maragall, a quien reprochó que lidere un “proyecto de síntesis entre la izquierda y el nacionalismo”.

Mayor Oreja comenzó su intervención estimando que “lo que sucede en Irak no puede ocultarlo todo” porque, según dijo, “cuando termine, los vascos tendremos los mismos problemas, probablemente agravados”. Por ello, defendió la necesidad de conformar una “alternativa democrática” para hacer frente al “movimiento nacionalista” y al “ambiente macabro y perverso del País Vasco” y precisó que, para hacerlo, “no es suficiente con una ideología, un partido o una sigla”.

En este sentido, explicó que el camino pasa por “la capacidad de sumar y unir desde los principios y valores constitucionales a personas que tienen ideologías distintas, pero que hacen una misma fotografía del País Vasco”. Precisó que “no es lo mismo estar en una lista del PP que en la del PSE-EE, por lo que significa una diferente manera de entender el constitucionalismo en el País Vasco”, por lo que pidió a los constitucionalistas que, “primero hagan una reflexión de dónde deben estar”.

“Evidentemente, primero les pido que estén en las listas del PP, pero, si quieren estar que estén en las de los partidos constitucionalistas”, señaló. En la misma línea, incidió en que la “ofensiva nacionalista” no podrá frenarse con “un nacionalismo light”, como el que, en su opinión, propugna Maragall, “con un proyecto de síntesis entre la izquierda y los nacionalistas”.

Patxi López vuelve a centrar sus ataques en Mayor Oreja
El líder del PSE-EE reiteró que “todos los socialistas vascos” quieren que el nacionalismo pase a la oposición y, según aclaró, lo quieren hacer “liderando la alternativa” con sus propuestas y planteamientos. En ese sentido, precisó que “no ser sumisos a la estrategia de Mayor Oreja no quiere decir que no tengamos muy claro cuales son los principios y la prioridades en este país”.

También pidió a Mayor Oreja que deje de acusar “infundadamente” al PSE-EE de “no se sabe qué caminos no hemos emprendido ni vamos a emprender”.

Las trampas del nacionalismo
JAVIER ROJO /SECRETARIO GENERAL DE LOS SOCIALISTAS ALAVESES Y CANDIDATO A DIPUTADO GENERAL DE ÁLAVA  El Correo 30 Marzo 2003

La plana mayor del nacionalismo vasco se dio cita días atrás en la localidad alavesa de Salvatierra. Hablaron allí de muchos e importantes asuntos. Pero, en mi humilde opinión y dicho sea con el mayor de los respetos, se escucharon dos clamorosos silencios. En primer lugar, ninguno de los candidatos alaveses dijo una palabra sobre el Plan Ibarretxe. En segundo lugar -y sobre este aspecto quisiera insistir- no se mencionó el hecho de que el nacionalismo solicitará el voto a los vitorianos para hurtárselo más tarde, para menguar su valor o, en el mejor de los casos, para sustraerle peso e influencia políticos.

El cambio de la ley electoral en Álava que retomará el nacionalismo tras las elecciones municipales constituye una propuesta para segregar a los alaveses y persigue directamente el enfrentamiento entre Vitoria-Gasteiz y el resto del territorio. Por ello, esta contrarreforma de la ley constituye no sólo un desprecio a toda la sociedad vitoriana -incluso a los que se sienten y votan nacionalistas-, sino que es un insulto a la inteligencia del resto de alaveses, a quienes se pretende trasladar el mensaje de que su voto y su dignidad tienen un precio.

El movimiento nacional sustentado por PNV-EA no tolera la pluralidad que enriquece la comunidad vasca e insiste en utilizar trampas para uniformar Álava. A costa, esta vez, del peso electoral del voto de Vitoria-Gasteiz. Más aún, después del 25 de mayo, Ibarretxe seguirá precisando de la colaboración de quienes apoyan a ETA para cambiar la legislación, haciéndonos menos iguales ante la ley. El lehendakari sigue poniendo por encima de los derechos de la ciudadanía una pretensión particular y partidista, que no hace sino ahondar en la división social, la crispación y el conflicto.

Olvida este lehendakari que la función última de todo gobierno no es otra que garantizar la cohesión social, desde la igualdad y la justicia. En cambio, el Gobierno vasco opta por crispar y dividir; opta por no buscar puntos de encuentro entre demócratas. Y lo hace menospreciando a los ciudadanos y ciudadanas de Vitoria y Álava con una acción política que no busca sino el ventajismo y la imposición.

La elección a las Juntas Generales de Álava, como todo proceso electoral para elegir representantes a las instituciones más cercanas a la ciudadanía, ha de estar sujeta al principio constitucional de 'una persona, un voto'. Es cierto que Álava está sobrerrepresentada en el Parlamento vasco. Pero el hecho de que alaveses y alavesas tuviéramos un trato de discriminación positiva constituyó una condición 'sine qua non' para que nuestro territorio pasara a formar parte de la Comunidad Autónoma del País Vasco. Este acuerdo se alumbró desde el consenso de todas las fuerzas políticas.

Estamos, por tanto, ante un requisito constituyente no sujeto a coyunturas, por más que Arzalluz recurra a esta amenaza de modo recurrente. En aquel momento estatuyente los alaveses exigimos un tercio de la representación parlamentaria vasca. No puede utilizarse este hecho como jurisprudencia en este momento, salvo que se quieran poner en cuestión las condiciones de nuestra incorporación a Euskadi, reabriendo de modo irresponsable una disputa estéril. Aunque he de decir que, como alaveses, tampoco tememos a ese debate.

Lo que pretenden los nacionalistas una vez celebradas las elecciones de mayo no constituye una novedad. En Udalbiltza -la asociación de municipios nacionalistas vascos- se trocaba el principio de 'una persona, un voto' por el de 'una hectárea, un voto'. Así, por ejemplo, la localidad de Legorreta tiene idéntica representación en votos en el plenario que Bilbao.

Los nacionalistas argumentan que en 1987 se produjo el cambio de esta misma ley a tres meses de las elecciones. Lo que no nos cuentan es que aquella reforma era necesaria y urgente, porque el sistema de representación de 1983 era un auténtico 'apartheid' electoral, dado que el 80% de los alaveses -los vitorianos- tenían una representación del 49% en las Juntas Generales.

El PNV, que de números sabe, propone para después del 25 de mayo esta contrarreforma. Y lo hace en la medida que se le antoja imposible recuperar el poder institucional en Álava si no es perpetrando un pucherazo de este calibre. Saben que Álava no está para cuentos y que es y será el muro de contención de las propuestas maximalistas del soberanismo excluyente y visionario de Ibarretxe.

La singladura que emprendió el nacionalismo desde Lizarra hace pensar en que asistimos al final del trayecto; al último intento por conducirnos al desistimiento o al gulag. Los socialistas, hoy más que nunca, representamos la centralidad política y social en el País Vasco. Estamos donde estábamos en 1987: en la defensa apasionada de la Constitución y del Estatuto, como garantía de la permanencia de Álava en Euskadi y de ésta en la España europea. En la lucha tenaz por el entendimiento y el consenso como pilares constituyentes de Euskadi.

Los nacionalistas no debieran auspiciar el enfrentamiento entre alaveses, ni confundir nuestra proverbial paciencia con la indiferencia. La indignación ciudadana se manifestará, no me cabe duda alguna, en forma de 'zapatazo' electoral contra el uso de la patraña y la trampa como herramientas políticas; por la dignidad y contra el afán de compra de voluntades ya utilizado con profusión en el pasado.

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