AGLI

Recortes de Prensa     Lunes 31 Marzo  2003
La guerra doméstica
José María Carrascal La Razón 31 Marzo 2003

Irak y el antibelicismo ocasional
CARLOS MARTÍNEZ GORRIARÁN ABC 31 Marzo 2003

«El eje del mal»
Carlos Semprún Maura La Razón 31 Marzo 2003

La guerra de Fierabrás
Iñaki Ezkerra La Razón 31 Marzo 2003

La relación franco-española y el conflicto de Irak
Editorial ABC 31 Marzo 2003

Cuidado con el techo de cristal
Antonio Pérez Henares El Ideal Gallego 31 Marzo 2003

Las torres y el moro
JAIME CAMPMANY ABC 31 Marzo 2003

El Gobierno y la opinión
Alejandro Muñoz Alonso La Razón 31 Marzo 2003

Alarma social
CARLOS DÁVILA ABC 31 Marzo 2003

Mayor Oreja: «Se está gestando una ofensiva nacionalista»
Redacción - Madrid.- La Razón 31 Marzo 2003

Carlos Iturgáiz: «Un concejal de IU en Sanlúcar me llamó asesino y terrorista»
Carmen Gurruchaga La Razón 31 Marzo 2003

La Fundación para la Libertad era el objetivo del «comando Baader Meinhof» de ETA
J. M. Zuloaga - Madrid.- La Razón 31 Marzo 2003

«Siento algo de miedo, pero estoy tranquilo», dice el cura de Trucíos amenazado
J. GARCÍA/TRUCÍOS El Correo 31 Marzo 2003

PP y PSE salvan sus diferencias en Álava para frenar el plan soberanista de Ibarretxe
J. J. SALDAÑA ABC 31 Marzo 2003

Una ruptura pactada
MARÍA ANTONIA PRIETO ABC 31 Marzo 2003

La guerra doméstica
José María Carrascal La Razón 31 Marzo 2003

Tan entretenidos estamos con la guerra de fuera que nos hemos olvidado de la de dentro. No me refiero a la de ETA, que ésa nunca se olvida al menos por parte de los que viven permanentemente amenazados por ella. Me refiero a la guerra sorda, latente, interminable que los nacionalismos periféricos sostienen con la nación española. La última ofensiva la capitaneó, como siempre, el PNV, punta de lanza de los mismos. Ibarreche sigue decidido a convocar su referéndum, contra viento y marea, con la Constitución o contra la Constitución, sea legal o ilegal. No le importa que esté autorizado para ello ni que se den los requisitos necesarios ni que los resultados tengan vigencia. Incluso como simple encuesta oficiosa a nivel territorial le sirve. ¿Y tanto que le sirve! ¿Como que la convertiría, o convertirá, en «expresión de la voluntad del pueblo vasco»! A ver quién es el guapo que se atreve luego con ello.

Y eso no es lo peor. Lo peor es que el resto de los nacionalismos le siguen. Le sigue CiU, que quiere también para Cataluña un nuevo Estatuto de «nación libremente asociada con España» según anuncia Artur Mas. Y por si ello fuera poco, Maragall propone lo mismo aunque dándole nombre distinto. Quiere una reforma del Estatuto, cambios en la Ley electoral, sustitución de las provincias por veguerías y otras modificaciones substanciales en la propia Constitución. Lo que puede ser más grave. Porque lo que quieren los nacionalistas ya lo sabemos, una separación clara de España. Pero que lo quiera también el líder del partido socialista en esa comunidad es dejar al Estado español sin uno de los pilares en los que se sustenta. O sea que menos atención a la guerra de Iraq y más cuidado con la que tenemos en casa, que es bastante más peligrosa para nosotros.

Con más de un cuarto de siglo de andadura en el Estado autonómico, aquí nos conocemos todos. Los nacionalistas han usado el Estado de las Autonomías para lograr a través de él no sólo un máximo de competencias, sino también una conciencia nacional. Una vez logrado todo eso, cuando el Estatuto se ha quedado exprimido como un limón, reclaman otro, ya como Estado Libre Asociado con España. No es legal ni honesto, pero es lo que hay, aparte de ser lo que muchos se temían: que los nacionalistas no se contentasen con el Estado de las Autonomías como estación final de trayecto del nuevo mapa territorial español, sino que lo usasen como estación intermedia hasta su verdadero destino, que no es otro que la independencia o quasi independencia. En otras palabras, que no se contentaran con ser la «nacionalidad» que les concede la Constitución, y reclamasen categoría de Nación, al mismo nivel y prácticamente las mismas prerrogativas que la española. Y a todo ello, Aznar del brazo de Bush, y Zapatero, del de Llamazares. Así nos luce el pelo.

Irak y el antibelicismo ocasional
Por CARLOS MARTÍNEZ GORRIARÁN. Profesor de Filosofía Universidad del País Vasco ABC 31 Marzo 2003

UNA amiga me cuenta que una conocida militante de Batasuna, que brinda con cava para festejar cada asesinato de ETA, viajó a Bagdad para servir de «escudo humano» contra «la agresión imperialista» (eso sí, se volvió antes de la guerra). Parece que su gesto humanitario ha sido muy admirado. En fin: un verdugo voluntario doméstico travestido en pacífica paloma antiglobal. Tales cosas comienzan a ser frecuentes. También UGT y CCOO han promovido paros y manifestaciones contra la guerra (incluso con LAB, sindicato abertzale empeñado, con ELA, en echar al «sindicalismo español», cuando nunca han querido compromisos semejantes contra ETA, ni para defender a las decenas de miles de vascos amenazados. Tampoco hubo ningún representante oficial de CCOO en la reciente concentración de protesta y solidaridad con Agustín Ibarrola, fundador y afiliado histórico de Comisiones, agredido una y otra vez con la destrucción de su obra y seriamente amenazado de muerte por el delito de «ser español». Tampoco fue nadie de la ejecutiva de los socialistas vascos, empeñados en huir de cualquier foto conjunta con miembros del PP vasco, aunque bien dispuestos a hacérselas con los nacionalistas o con Madrazo, si es «contra la guerra». Fuera, las cosas tampoco son muy distintas: en las docenas de agresiones contra sedes y políticos del PP, en especial en Cataluña, han participado grupos que en Barcelona encabezaron las recientes agresiones contra Fernando Savater, Gotzone Mora y el colectivo catalán Profesores por la Democracia.

El frente español contra la guerra está cobijando y dando alas a un pacifismo humanitario muy peculiar, capaz de albergar a Batasuna pero no a sus víctimas, intolerante con el gobierno de Aznar pero transigente con las agresiones contra personas sometidas desde hace años a una guerra doméstica unilateral, cruel e implacable. Tenemos que preguntarnos qué está pasando para que tantos líderes oficiales de la izquierda política y sindical se acerquen a quienes acusan a Blair y Aznar de una voluntad criminal que no reprochan a ETA ni a Sadam Hussein, olvidando a los miles de ciudadanos privados de libertad en su propia casa por algunos de estos antibelicistas ocasionales.

La opinión antibelicista denuncia la guerra de Irak como un conflicto cuyas verdaderas causas -controlar el petróleo, derrocar a Sadam- pretendería encubrir cierta retórica mendaz que justifica la agresión como una ayuda a la población iraquí masacrada por un régimen sanguinario. Sin duda es una denuncia plausible para los millones de personas que van a las grandes movilizaciones contra la guerra, pero para evitar que el «no a la guerra de Irak» se convierta en otra cosa muy distinta conviene recordar que algunos también utilizan aquel lamentable conflicto para encubrir tragedias muy próximas. Hay gente para quien la importancia de una violación de los derechos humanos es directamente proporcional a la distancia geográfica y cultural, de modo que rehuyen las violaciones cercanas mientras ponen el grito en el cielo por las más remotas. Hay quien corre a la foto en la manifestación contra la guerra pero siempre llega tarde, si llega, a la manifestación contra el terrorismo doméstico.

Se puede alegar que no hay comparación entre llevar escolta o sufrir amenazas terroristas y padecer un bombardeo. Es verdad, pero no porque lo primero sea menos grave que lo segundo, sino porque el apoyo a un vecino amenazado es sin duda mucho más influyente y comprometido, sobre todo si el verdugo es peligroso y vive en el portal de al lado. Ciertamente, no hay ninguna razón para no manifestarse en solidaridad con los amenazados en el País Vasco y manifestarse también contra los bombardeos de Irak, pero nadie negará que media una pequeña diferencia: en lo primero no hay mucho riesgo, pero enfrentarse a ETA implica un peligro cierto y directo. Esto explica ciertas ausencias muy prudentes y ciertas concurrencias tumultuosas, pero resulta inaceptable que una parte de la izquierda quiera creer que ambas opciones no sólo no son complementarias, o paralelas o adicionales, sino en realidad excluyentes, como si manifestarse contra la guerra conllevara dejar de hacerlo, por ejemplo, contra el terrorismo y sus aliados, o motejar de terroristas ... precisamente a las víctimas.

Es obvio que esta especie de antibelicismo ocasional sólo adopta aquellos compromisos morales que considera útiles para ganar votos o erosionar a los rivales. Por eso reserva su solicitud para aquellas víctimas que puede arrojar contra el rival a batir. Una actitud que invierte a la perfección la máxima kantiana: utiliza al otro siempre como un medio que te permita conseguir otro fin menos confesable.

De manera que el debate sobre la guerra parece embarrancado en dos obviedades: una, que el ataque contra Irak no persigue exclusivamente intereses humanitarios y altruistas; otra, que muchos «no a la guerra» tampoco tienen ningún fin ético y sólo persigue criminalizar a ciertos gobiernos democráticos. Parece que la única forma de justificar políticamente esta guerra sería demostrar, de modo razonable (sin referencia a secretos que no pueden desvelarse y cosas así), que soportar un régimen como el de Sadam es peor y más peligroso que suprimirlo por la fuerza. Como no se han aportado pruebas decisivas en este sentido, los gobiernos involucrados no han convencido a la opinión pública de que el ataque era inevitable y justificado. Pero si el único argumento para oponerse al derrocamiento del régimen iraquí es que ello beneficia a Bush, Blair y Aznar, entonces no se trata de pacifismo ni de ética, sino del ventajismo amoral de quien sólo aspira a hundir a sus rivales. Mucha retórica falsamente moralizante de estos días se parece demasiado a la que se ha opuesto y sigue oponiéndose a luchar contra el terrorismo porque eso puede favorecer al PP; por eso es natural que sea Llamazares, mudo muy aprovechado en la guerra nacionalista vasca, quien lleve la voz cantante del orfeón antibelicista. El pacifismo genuino debería huir de semejantes cantos de sirena. De lo contrario habrá que concluir que, aunque no hayan sabido explicarse ni convencer, algunos gobiernos cuestionados tenían más razón de lo que parece.

Dejemos otras reflexiones para otro día. Entre tanto, los estudiantes de mi campus, grandes ausentes en tantas luchas por la libertad y contra el salvajismo etarra, han organizado un ruidoso macroconcierto para decir, claro, que «no a la guerra imperialista». Total, es inofensivo, divertido y sin otro riesgo que el del exceso etílico.

«El eje del mal»
Carlos Semprún Maura La Razón 31 Marzo 2003

De la misma manera que sobre las operaciones militares en Iraq tenemos demasiada propaganda y poca información, sobre la crisis europea se pretende mantener un tupido velo sobre la realidad. Chirac y Blair se hablan por teléfono se nos dice, por lo tanto todo bajo control. Y el «eje del mal» franco-alemán, motor de Europa y baluarte de la paz, ya ni existe. Desde luego, en Alemania jamás hubo algo parecido a la patriotera unanimidad francesa. Angela Merkel, presidenta de la CDU, siempre ha mantenido una línea próxima a la de Blair o Aznar, pongamos.

Tampoco los medios alemanes han sufrido ese gigantesco lavado de cerebro de la Prensa gala, hay debate. Y el propio Gobierno, Schröder y Fischer en primer lugar, han decidido no servir más en bandeja las alucinadas ambiciones de Chirac, quien pretende liderar un Imperio «anti-Imperio», con Europa, Rusia y los países árabes contra los USA. Es cierto que en Alemania existe un profundo sentimiento de «nunca más»; nunca más una Wermacht lanzada a la conquista del mundo, y, por lo tanto, nunca más guerras. Pero si Schröder declaró que Alemania se había liberado de su pasado nazi, los hechos demuestran que no es así, y ese violento rechazo a la guerra, a cualquier guerra, demuestra que el fantasma de Hitler sigue presente en las mentes. Pero, si por oportunismo electoral se han servido de estas zozobras, ya que su balance económico era malo, su pragmatismo les impide llegar a la ruptura con los USA.

Tampoco con los países recién liberados del comunismo, con quienes Alemania tiene lazos económicos y políticos importantes, pero que están en abierta rebeldía contra la postura nacionalista francesa. Esta flexibilidad alemana también se explica porque corren el riesgo de que los países ex comunistas europeos, que han sufrido la «izquierda» en sus carnes, prefieran una relación directa con los USA en detrimento de los intereses alemanes. O sea, que «el eje del mal» ya pasó a la historia, y Francia se está quedando muy sola. Bueno, con Zapatero. Otra diferencia entre Francia y Alemania es que este país no ha conocido la oleada de antisemitismo francesa, hasta el punto que sectores de la izquierda se preocupan, y es así como el desfile del sábado 29, una pancarta denunciaba el antisemitismo. ¿Será por eso que no hubo casi nadie?

La guerra de Fierabrás
Iñaki Ezkerra La Razón 31 Marzo 2003

Lo ha dicho muy bien Jaime Mayor: «La guerra de Iraq no puede servir para ocultar todo porque cuando se termine esta guerra los vascos tendrán los mismos problemas que hace semanas». Los vascos y el resto de los españoles, cabe añadir. Porque después de esta guerra los valencianos y los murcianos tendrán que vérselas con la falta de agua y el aplazamiento del Plan Hidrológico causado por los socialistas y los nacionalistas catalanes; IU tendrá que pagar los vidrios ideológicos rotos de su batasunización; Zapatero tendrá que enfrentarse a la dura y desalentadora realidad de un partido desmembrado por su proceso de maragallización y odonización galopantes así como por ese acercamiento oportunista y electoralista a Llamazares ¬que es idéntico al acercamiento del PNV a Otegui¬ y los gallegos tendrán que volver al chapapote o a las demás secuelas del «Prestige», a contarnos qué ha pasado finalmente con el «Prestige» y con el chapapote porque Zapatero ya se ha olvidado de ellos por irse a otra pancarta políticamente más rentable.

En los libros de caballerías había un gigante que poseía un ungüento maravilloso que servía para curarlo todo, desde la gonorrea, hasta los dolores del parto: el famoso bálsamo de Fierabrás. Aquí hay quienes dicen detestar la guerra de Iraq pero que con una inquietante expresión de alegría la han convertido en ese bálsamo mágico. Aquí hay quienes usan la guerra como el bálsamo de Fierabrás: para taparlo todo.

Un entusiasta del bálsamo, de la guerra de Fierabrás, es José Luis Bilbao, el aspirante del PNV a diputado de Vizcaya que llamo «guarros y guarras» a la gente del «¿Basta Ya!» que tuvo la paciencia de acudir a la insincera manifestación de Ibarreche contra ETA el 22 de diciembre. José Luis Bilbao tiene una cara de bruto que da miedo hasta cuando habla de paz porque te amenaza con ella. Anteayer presentó su candidatura preguntando qué dice el personal de los «foros y foritos» constitucionalistas sobre la guerra. Hace una semana hacía esa misma pregunta, que le debe parecer la repera, en un artículo del Deia encabezado por una cita de Ana Belén: «Sólo le pido a Dios que la guerra no me sea indiferente». Ésas son sus referencias culturales. José Luis Bilbao cree que Ana Belén es Schopenhauer, pero, por si acaso, no le pide a Dios que no le sean indiferentes los escoltados de Euskadi a los que insulta, ni las víctimas a las que otra acémila del PNV, Iñaki Azkuna, acaba de negar la calle bilbaína que fue aprobada en un pleno de septiembre. José Luis Bilbao es uno de esos raros pacifistas a los que la guerra les alegra el ojillo. Y no lee a Savater ni lo que Savater ha dicho de la guerra. El sólo lee a Ana Belén.

La relación franco-española y el conflicto de Irak
Editorial ABC 31 Marzo 2003

ESPAÑA y Francia han mantenido y mantienen posiciones discrepantes, que no antagónicas, en el conflicto de Irak. Ello ha repercutido en el clima de entendimiento que marca sus relaciones bilaterales, pero no en los sólidos fundamentos en que éstas se sustentan, como pusieron de manifiesto en su última reunión en París Jacques Chirac y José María Aznar. Ambos dirigentes expresaron entonces su firme voluntad de ratificar su grado de compromiso y solidaridad respecto a la lucha conjunta contra ETA, dentro de la postura común aprobada por los Quince para coordinar las legislaciones y las acciones policiales antiterroristas. Francia es el principal destino de las exportaciones españolas (20 por ciento), mientras que más del 17 por ciento de nuestras importaciones provienen de la nación vecina. Ejemplo del buen estado de las relaciones comerciales es el hecho de que los productos agroalimentarios españoles suponen una cuota de mercado del 11 por ciento sobre el total de las importaciones francesas. Asimismo, más de medio millar de empresas españolas operan en Francia, cuya inversión directa en nuestro país, especialmente intensa en los últimos veinte años, ha permitido crear 1.200 filiales españolas de sociedades galas, que emplean a más de 200.000 personas.

Las diferencias entre Madrid y París respecto al conflicto de Irak se visualizaron nítidamente en la preguerra: lo que les separa, más allá de las discrepancias en torno al modo de hacer cumplir a Sadam Husein con las resoluciones de la ONU y sus criterios enfrentados sobre si la resolución 1.441 autorizaba o no el uso de la fuerza, es una percepción distinta en torno al atlantismo como instrumento para la seguridad europea dentro del nuevo panorama estratégico impulsado por Estados Unidos tras el 11-S.

LA dura condena de Francia al «unilateralismo» de EE.UU., expresada por boca de su ministro de Exteriores, Dominique de Villepin -que ha aplazado a última hora su viaje a Madrid y otras capitales europeas- ha repercutido negativamente en el consenso comunitario. En este sentido, el Gobierno español, en contra de lo que parece creer París, no entiende que la Unión Europea pueda hacerse a espaldas de Estados Unidos; ni acepta que el eje franco-alemán se erija en representante de la UE; ni que marque distancias con el sur y el este de Europa. En definitiva, España no acepta que Francia se convierta en referencia de un modelo europeísta que prefiere alinearse con China o con Rusia manteniendo una posición beligerante con Washington. Esa postura del Gobierno español es compartida también por un significado grupo de intelectuales y políticos franceses, más influyente que mayoritario y, lo que es más importante, plural en su adscripción ideológica: los filósofos André Glucksmann o Pascal Bruckner, el ex ministro socialista Bernard Kouchner o el diputado Pierre Lellouche, durante muchos años consejero de Chirac para temas de defensa y estrategia militar, han advertido del peligro de un enfrentamiento franco-norteamericano y criticado el «antiamericanismo primario» que se desprende de algunos comportamientos de Francia ante el conflicto iraquí.

FRANCIA está llamada a jugar un papel relevante en la posguerra; pero su contribución en el «día después», indispensable para recuperar el consenso perdido y restañar las heridas, pasa por recomponer las maltrechas relaciones con Washington. Y en esa labor , España - que junto a Estados Unidos y Gran Bretaña ha mostrado su disposición a abanderar una nueva coalición atlantista- debe jugar un importante papel mediador. El grado de implicación de nuestro país en el conflicto iraquí y el alto perfil exhibido por Aznar podrían ser de gran utilidad para desatascar, en los comienzos de un nuevo orden mundial, esta situación insoportable de desencuentro. Porque Chirac debe ser consciente de que habrá un momento en que ya no pueda ir más lejos en su distanciamiento con Estados Unidos y que la debilitada legalidad internacional, simbolizada por Naciones Unidas, tiene que recomponerse, precisamente, sobre los cimientos de la restauración de Irak. Si París quiere, y debe, participar en la reconstrucción, también tendrá que asumir su cuota de responsabilidad y abandonar criterios maximalistas en aras de un nuevo y sólido panorama estratégico en las relaciones internacionales.

Cuidado con el techo de cristal
Antonio Pérez Henares El Ideal Gallego 31 Marzo 2003

El rechazo a la guerra entre los españoles es masivo. También lo es a la política mantenida por el Gobierno con respecto al conflicto. No lo dice la oposición. Lo dice el CIS. Es, pues, normal que se exijan responsabilidades política a quienes han decidido tal rumbo. Para eso están las urnas y hasta que ésas se abran la protesta, la manifestación y cualquier acto de rechazo siempre que sea pacífico y no conculque libertades ajenas es, no sólo lícito, sino deseable.

Pero hay una raya que no se debe traspasar y que los españoles tras ya casi treinta años de democracia deberíamos tener clara. La amenaza, la intimidación y la agresión no son admisibles y suponen la ruptura de la convivencia pacífica y del respeto a las normas de juego democrático.

Hay hechos a los que estamos asistiendo que pueden resultar peligrosos para el futuro. La critica al PP no significa golpear a sus candidatos, atacar sus sedes e intentar boicotear cualquier acto público en que participen. La libertad existe también para ellos y los que tan llena tienen la boca del insulto por antonomasia, ¡fascista!, tal vez debieran recapacitar si no están incurriendo en lo que tanto gritan contra los otros. El PP, y resulta vergonzoso tenerlo que recordar, es un partido democrático y es triste tener que recordar que no son pocos sus militantes asesinados por ETA que han dado su vida por la libertad y por los derechos civiles.

Por ello cuando algún descerebrado grita “asesino” a Iturgaiz y cuando una página de Internet se llena de rostros de diputados, cargos elegidos por el pueblo, con la misma gravísima imputación deben encenderse las alarmas. Suena eso y mucho a la misma táctica con la que los cómplices de ETA pretenden echar de la vida publica a los populares y socialistas en Euskadi y no creo que ni los partidos ni las gentes que están contra la guerra estén en absoluto dispuesto a parecer ni siquiera en detalle a semejante gentuza. Algunas cosas han ido demasiado lejos y otras se han escapado de las manos.

Así que cuidado. Cuidado con el techo de cristal de nuestra convivencia. Los líderes tienen que reflexionar y actuar contra ello. Ahí están ya las condenas a estos métodos. Es bueno. Pero todos deberán hacer algo más. Habrá que tomar medidas sino queremos que otra nefasta consecuencia de esta guerra, y ésta sí que nos amenaza de manera grave, sea que ese cristal de libertad que a todos nos cobija se resquebrajarse hecho añicos por las pedradas.

Las torres y el moro
Por JAIME CAMPMANY ABC 31 Marzo 2003

HAY dos episodios en la Historia última especialmente relevantes en las relaciones de amistad y de alianza entre España y Estados Unidos. Eran relaciones tradicionalmente buenas y sin peripecias negativas desde el 98 de la pérdida de Cuba y la explosión del «Maine», pero esos dos episodios vienen a reforzarlas y hacerlas más estrechas. Es obvio que me refiero al derribo el 11 de septiembre de 2001 de las Torres Gemelas de Nueva York y a la invasión marroquí del islote Perejil el 11 de julio de 2002.

Cuando los americanos recogen los cadáveres y los escombros de las Torres Gemelas adquieren conciencia de que los hombres hemos inventado una nueva -ya vieja- manera de hacer la guerra en la que los pequeños pueden vencer a los grandes. Es la honda de David que descalabra al gigante Goliat. Y desde ese momento, deciden aplicarse al castigo y exterminio de David y a terminar con todos los davides, o al menos, a atarles las manos y a quitarles las hondas. Ahí, y no antes, empieza una persecución universal y seria del terrorismo. Es lógico que España reciba esa decisión con alborozo, porque nuestro problema con el terrorismo vasco es largo y sangriento, y para colmo, Francia ha sido durante muchos años refugio y santuario de etarras. Cuando Felipe González afirma que la ayuda contra el terror no hay que buscarla en Estados Unidos sino en Francia, olvida los años de su calvario como presidente del Gobierno, cuando recurrió desesperadamente al crimen de Estado. Y olvida también que quizá los buenos éxitos de la Gendarmería francesa y la Policía española frente a la banda etarra estén fundados en una información facilitada por los servicios americanos. Bueno, la verdad es que Felipe González anda muy olvidadizo esta temporada.

La invasión de Perejil no es una operación de conquista. Perejil no vale una invasión. Se trata de algo más importante: tantear la reacción española ante la provocación, y sobre todo comprobar hasta qué punto Europa se muestra solidaria con España y considera la ocupación del islote como un atentado al territorio de la propia Unión. Europa, encabezada también esta vez por Francia, estima que ese suceso no va con ella, que es un asunto bilateral hispano-marroquí, y hace de Pilatos. Es Norteamérica, el poderoso aliado de Mohamed, quien le manda volver el acero a su vaina. Y ya sabemos que las intenciones del moro no se detienen en Perejil. Sus sueños confesados alcanzan Ceuta y Melilla y tal vez acarician el delirio de gozar el paraíso canario. También ellos han inventado otro modo de guerra. La Marcha Verde fue un ensayo triunfal. Es una invasión pacífica en la que echan por delante a los niños y a las mujeres, preferiblemente preñadas.

Al primero de los episodios ha hecho referencia Aznar en la entrevista que ayer publicó este periódico. En cambio, no menciona el segundo. Tal vez lo calla por prudencia y para no estorbar la restauración de nuestras amistosas relaciones con Marruecos. Aznar explica muy claramente su posición en el conflicto de Iraq. Se puede coincidir o discrepar. Pero no se pueden despachar sus razones con un simple y platónico «No a la guerra».

El Gobierno y la opinión
Alejandro Muñoz Alonso La Razón 31 Marzo 2003

En estos tiempos nuestros en los que la televisión sirve a domicilio las imágenes más sorprendentes, chocantes o terribles de cualquier acontecimiento, tiene plena lógica que los pueblos ¬que siempre se han opuesto a las guerras, salvo cuando se ven forzados a defender su territorio¬ sean más antibelicistas que, probablemente, en ningún otro momento histórico. La globalización de las comunicaciones ha creado un sentimiento nuevo de solidaridad con todos los pueblos del mundo y, más que nunca, resulta cierto el viejo dicho de Terencio, nihil humanum mihi alienum puto, nada humano me es ajeno. Cualquier persona sensible se estremece ante las imágenes de destrucción y sufrimiento que penetran en nuestras salas de estar presentándonos los más desasogantes segmentos de esa terrible realidad que es siempre una guerra. Por eso no puede extrañar que las gentes se echen a la calle para expresar su rechazo de la guerra o que, ya empezada, se vocee el deseo de que sea corta y produzca pocas víctimas, que, tratándose de vidas humanas, siempre serán demasiadas. Seguramente todas las guerras son evitables y, cualquiera que haya seguido con atención todo el proceso, sabe que, en este caso de la guerra de Iraq, Sadam Husein ha tenido todas las oportunidades de evitarla.

Pero el dictador de Bagdad prefirió desafiar abiertamente a la comunidad internacional, jugando al ratón y al gato con los inspectores, hasta hacer del trabajo de éstos una burla bochornosa, que nunca podría llegar a buen término. ¿Alguien duda, a estas alturas, de que Sadam posee armas de destrucción masiva y que las utilizará o no según convenga a sus planes e intereses? A partir del reiterado fracaso de los inspectores, la guerra, con todos sus horrores y dolores, se hizo inevitable porque la alternativa, ceder ante el tirano, achantarse ante su arrogancia, habría sido nefasta para la seguridad y la estabilidad de aquella región y de todo el mundo. Haber permitido que Sadam se saliera con la suya habría enviado, no sólo a él sino a todo el mundo árabe, un equívoco mensaje de blandura y cobardía. Ese hipotético pacifismo a ultranza habría descorazonado a los muchos árabes que aspiran a la libertad y la democracia, convenciéndoles de que no hay esperanza para su situación. Y habría llenado de júbilo a los fundamentalistas que han declarado la guerra al Occidente «capitalista y corrupto», al que creen capaces de derrotar. Quienes temen que la guerra estimule el terrorismo islamista deberían pensar que la contención ante la bravuconería de Sadam habría sido interpretada por Al Qaida, sus sicarios y sus socios, como un patente síntoma de pusilanimidad, de cobardía y de impotencia que daría alas a su planes criminales. Los radicales árabes bromean a diario por lo que consideran miedo de los occidentales a la muerte ¬síntoma patente, según ellos, de decadencia¬ y lo contraponen a su disponibilidad a convertirse en asesinos suicidas por la causa del Islam.

Pero si no tenía sentido achantarse ante las provocaciones de Sadam, lo tiene aún menos pedir ahora que la guerra se detenga, es decir que los EE UU pidan perdón al tirano y se retiren del Golfo. ¿Alguien puede pensar en serio que algo de ese estilo contribuiría a la seguridad del mundo y a la paz ¬la paz auténtica y a largo plazo¬ que tantos desvelos produce a esos pacifistas, que, por cierto, parecen monopolizar los buenos sentimientos? Siempre en política cabe la diversidad de opiniones y son posibles las equivocaciones, pero, de buena fe, no se puede ignorar que son muy sólidas las razones de Aznar para adoptar esta decisión tan incómoda y poco rentable en términos de opinión pública, que tan acerbamente se lo critica. Sólidas, tanto en términos de seguridad colectiva y de nuestros compromisos internacionales, como desde el punto de vista de nuestras relaciones bilaterales con EE UU y hasta de nuestra posición en la UE. Una posición ésta, por cierto, que algunos sólo entienden situándonos dócilmente en la estela del vecino del norte como si, de los Pactos de Familia a la isla Perejil pasando por el ingreso en la CE, no hubiéramos acumulado suficientes experiencias al respecto.

Lo más escandaloso de todo esto es que la oposición, a lomos de la demagogia, se ha atrincherado en las «exigentes» posiciones de Zapatero en un inaudito esfuerzo por crispar aún más una situación ya de por sí difícil como es una guerra. Buena diferencia con el Partido Demócrata de EE UU que ha cerrado filas con su presidente. La izquierda y los sindicatos han desenterrado el rousseaniano sueño de la democracia plebiscitaria y aspiran a que el Gobierno se acomode a las manifestaciones, pacíficas o menos pacíficas. O que sustituyamos nuestro régimen representativo y parlamentario por una especie de oscilante encuestocracia. Cuando el Gobierno socialista de Felipe González decidió ¬con el apoyo del PP, en la oposición¬ participar en la I Guerra del Golfo, las encuestas eran contrarias e IU ya organizó sus peculiares festejos en el Congreso. Y, en el ámbito europeo, cuando a principios de los ochenta la OTAN y Reagan decidió instalar en cinco países europeos los misiles Pershing II, en respuesta de los SS 20 soviéticos que apuntaban a las ciudades occidentales, incluida Madrid, media Europa se echó a la calle para protestar, porque no se quería provocar a los soviéticos. Los gobiernos siguieron adelante con sus planes y, andando el tiempo, los expertos afirmaron que aquel gesto de firmeza fue el principio del fin de la URSS. Pero ¿qué difícil es explicar esto a la opinión pública cuando la oposición sólo busca la rentabilidad electoral a corto plazo! Y ¿qué decir de los que aducen argumentos éticos? Desde ese punto de vista y con todos los respetos para las conciencias, ¿se haría la guerra más aceptable, como algunos mantienen, si hubiera contado con el voto favorable y contingente de un variopinto Consejo de Seguridad?

Alarma social
Por CARLOS DÁVILA ABC 31 Marzo 2003

Los síntomas apuntan a que el centroderecha español está entendiendo mejor a la calle, lo que pasa en la calle, que el propio Gobierno. Éste silencia sus contradicciones -que las tiene- a golpe de lealtad y de coherencia, mientras el partido que lo sostiene ha recaído en que su rival no está dentro, sino enfrente, lo cual es insólito en la historia de este sector político español históricamente más capacitado para devorarse a sí mismo que para combatir democráticamente los embates de la izquierda. Ya es sugerente en todo caso que esto ocurra por reacción -primero pusilánime, luego decidida- a las demasías de los oponentes y no por convicción doméstica. En el centroderecha español no habitan, precisamente, muchos émulos del mítico Capitán Trueno, pero como al parecer, y según denuncian el PP, IU y, en menor medida el PSOE, se han pasado veintisiete pueblos (aquellos en los que ha habido incidentes) en sus algaradas contra los seguidores de Aznar, el centroderecha español está reaccionado vivamente.

Sus representantes que se consideran agredidos empiezan a asomarse, aún con timidez, a los micrófonos de las emisoras a los que pueden acceder, que son pocos, y exponen allí su alerta ante la alarma social que ha creado la protesta callejera. En el PSOE -dicen- se ha vislumbrado el peligro de esta reiterada alteración del orden público y Zapatero ha sugerido morigeración. «Mesura» pedía el sábado José Blanco, eso sí, veinticuatro horas después de que el diputado Álvaro Cuesta acusara al PP en el Parlamento de «estar en guerra con el pueblo de Irak», versión sólo un poco más dura que la consigna palpable que lleva a muchos simpatizante del socialismo a decir, no se sabe con qué pruebas, que «el Gobierno español ha declarado la guerra a Irak».

Al PSOE no le viene nada bien que sus acompañantes en las manifestaciones porten banderas republicanas o llenen las paredes de Madrid con pintadas a favor de la «guerra social» y que los gestores de «Barcelona Independent Media Center», que confiesan no haberse perdido ni una de las protestas, de las grandes y las pequeñas, escriban en la Red que «Ejecutar al asesino Aznar es legítima defensa». Nada bien. Los estragos que están causando al PSOE y a su secretario general estos dislates son ya constatables y se traducen en el enojo y nerviosismo de muchos dirigentes cuando escuchan, por ejemplo, a un candidato municipal por Valencia dudar de la entereza mental de la esforzada ministra de Asuntos Exteriores, Ana Palacio. Hay signos de que la izquierda más sensata del país está apreciando preocupadamente la reacción, aún tenue, del electorado de centroderecha, y quizá ello explique que Comisiones Obreras se haya «caído» de la huelga general que pretendía reeditar UGT. Ahora deberá decidir el PSOE si secunda el paro general decretado por su sindicato, al que un paro parcial de únicamente dos horas le resulta parco e insuficiente.

Han sido muy fuertes, muy dolorosas, las imágenes que han llegado estos días de un Irak al que su dictador lleva condenando a muerte desde hace veinte años, pero tampoco han resultado edificantes las que retrataron el saqueo de un supermercado en Barcelona, con algún mangante robando un jamón que, con certeza, no estará destinado a la ayuda humanitaria al pueblo iraquí. Es cierto, en todo caso, que los gruesos calificativos que sobrellevan, con creciente irritación, los dirigentes y militantes del PP (también los que discrepan con Zapatero o, mucho más, con Llamazares) no son nuevos en la plaza. Aznar recordaba ayer en ABC que algo parecido tuvieron que sufrir Leopoldo Calvo Sotelo y su ministro de Exteriores, Pérez Llorca, cuando en el 81 condujeron a España a la OTAN, la organización entonces adjetivada, es textual, de «genocida», y a la que descalificaron, con poca previsión dados los posteriores acontecimientos, González, Guerra y Javier Solana, años después secretario general de la propia Alianza Atlántica.

Todo eso es cierto y sólo hace falta un átomo de memoria subversiva para recordarlo, pero no lo es menos que la crispación evidente que ha destrozado sedes populares en toda España, desde Grazalema, en Cádiz, a Guadalajara, no se había visto jamás en todos los años de nuestra democracia. Como en política y termodinámica se cumple el principio de acción y reacción, está siendo inevitable que los que se sienten acosados salgan de sus calientes madrigueras y se nieguen a ser tildados, sin más, de «cómplices de asesinatos». Cuando a un héroe como Iturgaiz se le dice «asesino», no es de esperar que sus amigos se queden quietos a esperar el próximo y agraviante denuesto. La alarma social ha despertado a un centroderecha que no tiene por qué ser preso de cualquier complejo de legitimidad. Eso queda para los malos vinos y para los que no hace tanto tiempo bendecían al padrecito Stalin.

Mayor Oreja: «Se está gestando una ofensiva nacionalista»
Redacción - Madrid.- La Razón 31 Marzo 2003

El vicesecretario general del PP y responsable del Programa Marco, Jaime Mayor Oreja, advirtió ayer que «la guerra no puede enmascarar lo que está ocurriendo en la política española» y aseguró que se está gestando una «ofensiva nacionalista» simultánea, desde el País Vasco y Cataluña. Mayor Oreja, que hizo estas afirmaciones en un acto ante responsables del Programa Marco para las elecciones, subrayó que esas ofensivas nacionalistas (que resumió en el «Plan Ibarreche, la reforma del Estatuto de Autonomía de Cataluña de CiU y el proyecto de los socialistas catalanes) «al final apuntan a un mismo proyecto de transición puesto en marcha, de un modo u otro, en la política española» y «al esfuerzo que hacen unos y otros por modificar el marco político y jurídico de España».
El vicesecretario general del PP se preguntó «cómo van a afrontar los partidos constitucionalistas esta simultánea ofensiva y la nueva expresión de violencia de la izquierda radical» y consideró que mientras el PP ofrece, «sin escándalo», «estabilidad constitucional», el PSOE «no acepta la realidad».

Mayor Oreja acusó a los socialistas de no reconocer esa ofensiva nacionalista y de no reconocer lo que puede hacer un piquete violento, y consideró que «si no hay ofensiva, no hay toma de posición, y si no hay problema no hay que tomar posición respecto al problema, que es lo mismo que hizo la izquierda española respecto de ETA hace 25 años».

«Lo más fácil ¬añadió el vicesecretario general del PP¬ es abrir el melón de la reforma constitucional pero es seguro que eso no detendrá la ofensiva nacionalista y eso no provocará ninguna satisfacción a ningún proyecto nacionalista». Y, al mismo tiempo, puntualizó, «es muy difícil que esa apertura del melón no acabe buscando una síntesis entre el proyecto de Maragall, el Plan de Ibarreche y el proyecto del señor Mas».

Por ello, dijo, «frente a todo eso, sin escándalo, ofrecemos las instituciones, un partido que defienda la Constitución, la estabilidad constitucional y la ratificación de nuestros principios» y, añadió, «tenemos que saber desempeñar ese papel» en las próximas elecciones municipales y autonómicas. Mayor Oreja insistió en que es fácil «articular una mayoría para oponerse al señor Bush y para decir no a la guerra, pero es más difícil articular una mayoría para gobernar españa, y es mucho más difícil articular una mayoría para dar respuesta a los problemas reales de los españoles». El vicesecretario general del PP se mostró «orgulloso» de que su partido no reaccione «desde la radicalización y no reaccione con descalificaciones» a lo que considera un «intento de división permanente».

Carlos Iturgáiz: «Un concejal de IU en Sanlúcar me llamó asesino y terrorista»
Presidente del PP vasco
Lleva más de 12 años siendo uno de los dirigentes vascos más populares. ETA ha intentado matarle varias veces y paradójicamente, hace escasos días, a él le llamaron asesino
Carmen Gurruchaga La Razón 31 Marzo 2003

Cómo se sintió al oír que a 1.000 kilómetros de su tierra le llamaban asesino y terrorista?
¬Es absolutamente mezquino y no tiene perdón que a nosotros, que estamos luchando por la libertad y hemos tenido que enterrar a 14 compañeros asesinados por ETA nos estén llamando terroristas y asesinos. Quiero denunciar que hay una guerra sucia clarísima contra el PP por parte de los socialistas y de IU que con el «no a la guerra» pretenden decir no al PP y creen que les vale todo: ir a amenazar, insultar, apedrear las sedes del PP y a pegar a los candidatos del PP. Pero hasta aquí hemos llegado y hay que decir ¿basta ya!

¬ ¿Cree que la responsabilidad de la crispación que se está generando es de PSOE y de IU?
¬ Sin duda alguna el señor Zapatero y el señor Llamazares son responsables de la crispación, son responsables, en parte, de estos actos porque han creado una fractura social y están intentando hacer una división entre los españoles con lo que están diciendo en los últimos días.

¬ «Prefiero huevos a bombas» y «se molestan por unos huevos de nada»; ¿qué le parecen estas dos frases?
¬ Quienes las dicen se descalifican por sí solos. Yo no le acepto al señor Caldera que diga que es el PP el que está echando las bombas en Iraq. En cuanto al señor Frutos, lo que ha dicho es un reflejo de la política que esta haciendo IU en los últimos días y semanas, de confrontación directa. Es terrible que un partido político que se llama democrático como es IU esté mandando a sus concejales, afiliados, simpatizantes a boicotear al PP y a hacer la vida imposible a los responsables del PP.

¬ PSOE e IU niegan las acusaciones y retan al PP a que, en caso de ser ciertas, las denuncien ante la Fiscalía
¬ El secretario general del PP, Javier Arenas, ha mandado a esos dos partidos una carta diciendo que tenemos los nombres y apellidos y, si lo niegan, yo no descarto que se hagan públicos. Yo lo he vivido en mis propias carnes y puedo asegurar que en Sanlúcar de Barrameda había un concejal de IU llamándome terrorista y asesino. Por tanto los nombres y apellidos existen.

¬ El PSOE se indigna al oír estas acusaciones y recuerdan que ellos acaban de enterrar a un compañero asesinado por ETA.
¬ Ésa es la doble vara de medir que tiene el PSOE. Estoy de acuerdo con que ellos sufren la violencia, pero por eso tenían que haber aprendido que lo que no quieren para ellos no lo quieran para los demás y lo digo porque hay militantes socialistas que están introducidos en estos ataques a las sedes del PP y en estas amenazas e insultos contra los dirigentes del PP de toda España.

¬ Pero quienes actúan de esa manera son una minoría.
¬ Sí, es una minoría. Respeto a toda esa gente que se quiere manifestarse diciendo «no a la guerra» y, por supuesto, tienen todo mi respeto, pero no olvidemos que en esas manifestaciones hay personas que van tras las pancartas de PSOE e IU que están quemando contenedores, atacando las sedes, o golpeando a Alberto Fernández y al candidato de mi partido en Reus.

¬ Perdone que insista, pero ¿usted dice que PSOE e IU actúan como «batasunos» en la «kale borroka»?
¬ No, yo digo que hay gente que está en las manifestaciones convocadas por PSOE e IU que usan las mismas tácticas que los «batasunos» de la «kale borroka». Eso es indiscutible porque lo hemos visto en Cataluña, en Madrid y en tantos y tantos lugares de España. En el Parlamento de Extremadura un diputado de IU ha llamado asesinos a Aznar y al Rey.

¬ El PSOE dice que los altercados le sirven al Gobierno para ocultar la indignación social por el apoyo a la intervención militar en Iraq. De hecho, la encuesta del CIS dice que un 91% está en contra.
¬ A mí me sorprende que haya un 9% de españoles que esté a favor de la intervención, porque nadie quiere la guerra y tampoco el presidente del Gobierno. Lo que sucede es que no se puede permitir que un Hitler del siglo XXI esté al frente de un país que sea una amenaza terrorista, y como bien recordó el presidente hay países que dicen que están en contra de la guerra pero mandan unidades contra las armas biológicas, como son Francia y Alemania. Esto significa que también ellos son conscientes de la amenaza que es Sadam Husein, lo mismo que una parte importante de los españoles, según ese sondeo.

¬ El conflicto de Iraq ha pasado a ser uno de los problemas de los españoles, lo que ha generado una gran crispación social de la que se acusan mutuamente ustedes y la oposición.
¬ Es insostenible que si a la oposición no le gusta una decisión adoptada por un Gobierno avalado por 10 millones de votos, eche a la gente a la calle y que, además, hagan discursos de confrontación, frentistas y radicales.

¬ ¿Cómo se supera esta situación?
¬ Lo primero que tienen que hacer los partidos de izquierda es ser responsables y estar a la altura de las circunstancias; tienen que rebajar de alguna manera esta situación porque son ellos los creadores y los que la han provocado. El PP ha hecho lo que tenía que hacer. Nos hemos puesto en contacto con PSOE e IU para denunciar esta situación.

¬ PSOE e IU condenan los ataques al PP, pero al mismo tiempo responsabilizan al Gobierno del PP por no lograr que la Policía impida estos actos.
¬ Decir que la Policía no cumple con su obligación cuando el otro día hubo 36 policías heridos en Madrid mientras les llamaban asesinos, les insultaban, etcétera. La Policía, sin duda alguna, está haciendo todo lo que puede y lo que no es de recibo es que cuando el ministro del Interior va al Congreso a informar sobre los graves sucesos que han ocurrido en la vía pública tras las manifestaciones de la izquierda, la oposición crea más a los saboteadores y a los violentos que a la Policía.

¬ Vamos al País Vasco. La única manera de ganar al PNV democráticamente es con una alternativa conjunta de PP y PSOE. ¿En las actuales circunstancias va a ser posible?
¬ Las circunstancias siguen siendo complicadas y si están difíciles en España imagínese en el País Vasco donde tenemos encima la guerra de ETA. Si en estas circunstancias el PP tampoco tiene las mismas condiciones en el resto de España donde no puede hacer una campaña democrática, libre, normalizada, en el País Vasco es peor. Sin embargo, según las encuestas del Gobierno vasco, los constitucionalistas podemos seguir arrebatando al nacionalismo cotas de poder y creo que eso es lo importante.

¬ ¿Cómo van a municipalizar la alternativa con las relaciones crispadas que mantienen en este momento?
¬ Bueno, en el País Vasco se da la circunstancia de que el PP siempre ha defendido el mismo discurso, el de firmeza democrática y aunque en muchas ocasiones nos hemos quedado solos, el tiempo nos ha dado la razón. El PSOE, en cambio, tiene varios discursos. No es lo mismo lo que dice Rosa Díez, Nicolás Redondo y Carlos Totorika que Odón Elorza, Patxi López o Jesús Eguiguren. El PSOE tiene varios frentes abiertos en su propio seno y yo creo que muchos ciudadanos perciben como poco fiable a un partido que no se sabe cuál va a ser su planteamiento de cara al futuro. Yo creo que la actual Ejecutiva es proclive a firmar pactos con el nacionalismo, mientras que otros no lo son. Conseguir la libertad está por encima de las siglas y eso lo tenemos que hacer juntos socialistas, populares y las asociaciones como «¿Basta Ya!», el Foro de Ermua, la Fundación por la Libertad o el Foro Salvador.
¬ Los nacionalistas plantean las elecciones del 25 de mayo como un plebiscito, ¿ustedes también?

¬ Más que un plebiscito esto va a servir para los nacionalistas. Si ganan en los tres territorios y ven que siguen ganando posiciones, van a ir de cabeza a convocar un referéndum independentista. Por eso, no sé si será o no un plebiscito, pero van a ser unas elecciones transcendentales para el futuro del País Vasco y para el futuro del resto de España.

La Fundación para la Libertad era el objetivo del «comando Baader Meinhof» de ETA
J. M. Zuloaga - Madrid.- La Razón 31 Marzo 2003

Etarras provenientes de Jarrai formaron el «comando» «Mari eta Baader Meinhofen Printza», que fue desarticulado en octubre por la Guardia Civil, y uno de cuyos objetivos eran miembros de la Fundación para la Libertad, que encabeza la profesora Edurne Uriarte. Según las manifestaciones de uno de los integrantes de esta célula criminal, Jon Minteguiaga Oyarbide, que se encuentra en prisión, la persona contra la que pretendían atentar en primer lugar era Ignacio Martínez Churique, secretario general de dicha Fundación. Minteguiaga, en las declaraciones que hizo a la Guardia Civil y que obran en poder de la Audiencia Nacional, informó que había sido captado para ETA en abril de 2002, a través de una cita que tuvo con otro individuo en la Herriko Taberna de la calle Ronda de Bilbao. La contraseña para la reunión era llevar un ejemplar del diario «Gara» en la mano. En una segunda cita, que se produjo en la Herriko Taberna de Villabona (Guipúzcoa), este individuo (al que Minteguiaga comunicó entonces que había aceptado entrar a formar parte de ETA) le indicó que debía cambiar de indumentaria y abandonar el terrorismo callejero, con el fin de «no llamar la atención». En septiembre, Minteguiaga estableció contacto con la «liberada» de ETA Ohiane Baquedano, que formaba, junto con Aitzol Iriondo, «Gurbitz», el «comando Zelataun», y a la que ETA había encargado que montara una red de informadores en Vizcaya y Guipúzcoa. Antes de ser arrestada por la Guardia Civil, en la misma operación, esta pistolera había conseguido formar varios «comandos legales», entre ellos el de Minteguiaga, que además de llevar el nombre de la banda terrorista alemana ya desaparecida también se llamaba «Rasta», y otros a los que denominaba «Pendejo», «Urko» y «Muxarra».

Baquedano indicó al nuevo pistolero que «tienes que cuidar tu forma de vestir, así como tu peinado y aspecto físico para mezclarte mejor con la gente de la calle y no llamar la atención». Estas recomendaciones eran necesarias porque los militantes de Jarrai se caracterizan por una forma de vestir y peinarse totalmente desaliñada, lo que vulgarmente se conoce como «cutre». Baquedano, que se hacía llamar «Ane», encargó a Minteguiaga y a una chica que había captado para el «comando», que realizara informaciones sobre el secretario general de la Fundación para la Libertad (les entregó una fotografía en la que figuraban todos los dirigentes de la Fundación) y sobre dos empresas, una de ellas Elecnor, ya que no habían cedido al chantaje del «impuesto revolucionario». Asimismo, les facilitó una relación de matrículas, que supuestamente pertenecían a vehículos camuflados de las Fuerzas de Seguridad, para que pudieran comprobar si eran sometidos a algún tipo de vigilancia. Minteguiaga propuso a Baquedano, que actuaba como responsable máxima del «comando», una serie de atentados, entre ellos el lanzamiento de granadas contra una sede de Iberdrola y uno similar contra el cuartel de la Guardia Civil de Bilbao. El nuevo pistolero no se andaba con «chiquitas» y le dijo a Baquedano y a Iriondo que podía ser una buena idea secuestrar un autobús para colocarlo cargado de explosivos en la Plaza de España de la capital vizcaína, junto a la sede central del BBVA. La propuesta «no agradó demasiado» a los dos «liberados». En el momento de ser detenido, Minteguiaga realizaba gestiones para alquilar una casa de agroturismo en la que iban a recibir un cursillos sobre el funcionamiento de armas y explosivos.

«Siento algo de miedo, pero estoy tranquilo», dice el cura de Trucíos amenazado
El párroco criticó ayer en su homilía la intolerancia, la violencia y a «las serpientes que envenenan al hombre»
J. GARCÍA/TRUCÍOS El Correo 31 Marzo 2003

«Siento un poco de miedo, pero estoy tranquilo». Pablo Villaroel, uno de los cuatro curas vascos que, en un gesto simbólico, decidieron recientemente integrar las listas electorales del PSE y el PP, no ocultaba ayer la «confusión» y la relativa inquietud generada por la aparición de varias pintadas intimidatorias contra su persona y el sabotaje perpetrado contra su vehículo particular. El pasado sábado, varios desconocidos pincharon las ruedas de su coche y dejaron varios mensajes amenazantes escritos sobre la pared trasera de la iglesia y su propio turismo. 'Muerte al clero', 'hijo puta del PSE' o 'puto clero español' fueron algunos de los insultos.

Pese a sentirse «mal» porque el hecho de que «alguien te ponga en la diana lo asocias al tema de la violencia», Villaroel no tira la toalla y se mantiene firme en su compromiso de completar las planchas de los socialistas en la localidad de Leioa. Es más, el sacerdote quiere olvidar cuanto antes lo sucedido, «porque, seguramente, se trata de una gamberrada de algunos jóvenes». La presencia de vidrios rotos de botella en la zona y los rasgos infantiles de algunos de los dibujos que acompañan las amenazas parecen avalar esta hipótesis. «Al menos, así me lo ha comunicado la Ertzaintza», se tranquilizaba Villaroel ayer en la sacristía, poco antes de iniciar su misa dominical.

«Circo mediático»
El párroco considera que «no hay que darle más importancia de la que tiene: es un hecho aislado». Por ese motivo, ayer pidió a los periodistas que acudieron a Trucíos, un tranquilo pueblo rural, que «no monten un circo mediático de todo esto».

Tras el repicar de las campanas, la presencia de tres cámaras y un fotógrafo sorprendió a la treintena de feligreses que acudieron a misa. La mayoría, sin embargo, no dudó en arropar públicamente a su párroco. De hecho,Villaroel elogió «la valentía» de su comunidad, de quien dijo, «se ha portado de manera ejemplar»

El oficio religioso comenzó sin retraso. Durante su sermón, el oficiante no se refirió de manera explícita a lo sucedido, pero citó el pasaje de la Biblia en el que los judíos atraviesan el desierto y son mordidos por las víboras para criticar a «las serpientes que envenenan» al hombre. «La ponzoña que fluye por las venas de esta sociedad es la intolerancia, la violencia y la guerra, entre otras lacras», proclamó.

Para superar esta situación, el cura pidió a su comunidad que aplique «la misericordia cristiana» a su quehacer cotidiano y permanezca cercana a «quien sufre». Y recordó una parábola de las Sagradas Escrituras en la que un seguidor de Jesús se acercaba a éste sólo de noche y a escondidas para evitar ser descubierto. En este sentido, reclamó honradez y sinceridad para quien necesita apoyo.

De buen humor
Al término de la homilía, Villaroel abandonó la iglesia de buen humor e incluso bromeó sobre la «tribulación» de no poder hacer uso de su coche. «Me lo están reparando, así que ahora tengo que ir de prestado», afirmó antes de despedirse de los fieles.

Por su parte, el alcalde convocará hoy a la junta de portavoces del Ayuntamiento con la intención de redactar un escrito de condena sobre las amenazas vertidas contra el párroco, que será buzoneado en todos los hogares del municipio. Asimismo, el Consistorio tiene previsto «limpiar las pintadas y gestionar ayudas económicas para el arreglo de la pintura del vehículo del párroco». La Ertzaintza informó durante la tarde de ayer de que continúa con la investigación del suceso.

PP y PSE salvan sus diferencias en Álava para frenar el plan soberanista de Ibarretxe
J. J. SALDAÑA ABC 31 Marzo 2003

Pese a los augurios nacionalistas, la llegada del PP a la Diputación Foral y a la alcaldía de Vitoria hace cuatro años no supuso ni más violencia ni más crispación

VITORIA. El próximo 25 de mayo Álava, en manos de los constitucionalistas, jugará un papel clave en el futuro político del País Vasco. El PNV necesita controlar este «territorio traidor», que le dio la espalda tras el pacto de Estella, para hacer viable su plan soberanista. Para ello, deberá sumar más representantes que los que obtengan PP y PSE, unidos en este territorio, de forma excepcional, por la libertad y el Estatuto.

Sin el control de esta provincia, el plan Ibarretxe, que propugna la ruptura del marco constitucional y estatutario, resultará inviable además de alegal. El carácter «plebiscitario» que el PNV ha dado a estos comicios hace que Álava, el territorio mas conservador, menos vasquista y menos poblado de las tres provincias vascas -280.000 habitantes, concentrados en un 80 por ciento en la capital-, juegue un papel determinante en el futuro del País Vasco. Para el diputado general alavés, el popular Ramón Rabanera, el triunfo de la coalición PNV-EA supondría «someter a Álava al nacionalismo dominante de Vizcaya y Guipúzcoa», y advierte que Álava es «la pieza que le falta al puzzle de la independencia con el que juega Ibarretxe».

Buena muestra de que la batalla en este territorio va más allá de las siglas, que se trata de la disyuntiva entre la «reedición» del frente nacionalista de Estella o de la pervivencia de las actuales reglas de juego, la Constitución y el Estatuto, es la «criba» que el PNV realizó para escoger a sus cabezas de lista y, finalmente, presentar por este territorio a dos aspirantes anodinos pero acérrimos defensores de la propuesta de Ibarretxe.

En el camino
En su radicalización, el PNV ha dejado en el camino a los que, en su día, ayudaron a forjar el pacto estatutario. Son los casos de Emilio Guevara, expulsado del partido y que se presentará en las listas del PSE como independiente, y del que fue alcalde de Vitoria desde los inicios de la democracia hasta las elecciones de 1995, el «invicto» José Ángel Cuerda. Sus críticas al plan Ibarretxe y al pretendido cambio del actual marco político le sitúan en una posición incómoda dentro del partido en el que todavía milita.

En este contexto, resulta significativo que el PP y PSE consideren a Álava una «excepción» en la batalla política y hayan anunciado que posibilitarán gobiernos constitucionalistas, a pesar de que la dirección socialista haya rechazado la oferta de Jaime Mayor para formalizar pactos preelectorales.

Aunque los socialistas alaveses aspiran a arrebatar las instituciones al PP, a su secretario general, Javier Rojo, no le duelen prendas en reconocer, en declaraciones a ABC, que «ante ese plan que no encaja en la Constitución y quiebra la convivencia, nosotros apostamos por el modelo que garantiza los principios constitucionales y el ordenamiento jurídico».

El Ejecutivo de Ibarretxe ha hecho público un sondeo que da a la coalición nacionalista el triunfo en Álava y en el Ayuntamiento de Vitoria, donde se produciría, prácticamente, un empate técnico con el PP. Aún dándose este vuelco, Ibarretxe y el PNV no tendrían el control de Álava a no ser que, en las actuales circunstancias, obtuvieran más número de representantes que las opciones constitucionalistas. En la actualidad, éstas suman 27 junteros (16 del PP; 9 del PSE y 2 de UA) frente a los 16 de PNV-EA y otros seis de la ilegalizada Batasuna. Resulta significativo que la pérdida de las instituciones por los nacionalistas se produjera tras la firma del pacto de Estella, lo que evidencia el carácter poco dado a aventuras de los alaveses.

Ni más violencia ni más crispación
Hace cuatro años que el PP, que gobierna en coalición con UA y con el apoyo externo del PSE, se alzó con la Diputación Foral y la Alcaldía de Vitoria y, a pesar de los augurios nacionalistas, ello no trajo ni más violencia, ni más crispación. En estos cuatro años, sin contar con mayoría absoluta, el gobierno de PP y UA ha logrado sacar sus presupuestos a diferencia de lo que ha ocurrido en las instituciones en manos del PNV. Además de no pactar con los representantes proetarras iniciativa alguna, las instituciones alavesas han sido las primeras, y únicas, en acatar los fallos contra Batasuna desde que se suspendieron sus actividades.

Desde la diputación de Álava se ha apoyado la colaboración institucional, tanto con el Ejecutivo vasco como con el Gobierno. Ha forzado la firma del Concierto Económico y de la Ley de Aportaciones. El diputado general de Álava, el popular Ramón Rabanera, llegó, incluso, a amenazar al lendakari del PNV con no pagar la parte correspondiente de Cupo -las aportaciones forales con las que se financia el Ejecutivo vasco- si el gabinete Ibarretxe cumplía con su amenaza y asumía, de forma unilateral, las competencias pendientes de transferir. Ello hubiera roto el consenso estatutario.

Además, la mayoría constitucionalista en las Juntas Generales de Álava -el parlamento territorial- pidió al lendakari la retirada de su propuesta y lanzó una campaña en defensa del Estatuto y la Constitución, cuya difusión fue censurada de facto por la radio y televisión vascas, EITB.

Una ruptura pactada
Por MARÍA ANTONIA PRIETO ABC 31 Marzo 2003

La ruptura entre CiU y PP en Cataluña se pactó hace más de tres años. Ni unos ni otros contemplaban entonces que, a seis meses de las autonómicas, el liderazgo de Mas sería tan débil

BARCELONA. CiU y el PP rompieron la pasada semana unas relaciones que nunca llegaron a oficializarse. Durante los últimos tres años y medio, Jordi Pujol ha gobernado gracias a los votos de los 12 diputados del PP, pero la federación nacionalista nunca ha admitido que existiera un acuerdo con los populares, más allá de agradecer el apoyo prestado por esta formación a la gobernabilidad.

En teoría, los primeros en romper la baraja fueron los diputados del PP al apoyar una comisión que investigue la manipulación de encuestas por parte de la Generalitat. El PP, según se comenta, se vengaba así de Artur Mas y de su proyecto de Estatuto, que propone convertir Cataluña en una nación voluntariamente asociada a España. En CiU, en cambio, sostienen que son ellos quienes han roto con el PP al no tolerar las «presiones» del Gobierno por su postura contraria a la guerra en Irak.

Tras esta ruptura, sólo se esconde una razón: la proximidad de las elecciones autonómicas. A siete meses de su celebración, populares y nacionalistas han llegado al convencimiento de que ya no pueden ir de la mano y deben acentuar sus propios perfiles. En esa tesitura, la «crisis de las encuestas» se ha convertido en la coartada perfecta para teatralizar el desencuentro. Todo estaba perfectamente calculado desde hacía años, desde el comienzo de la legislatura. CiU se desmarca del PP acentuando su perfil nacionalista -con una inviable propuesta de Estatuto que el propio Pujol califica de «electoralista»-, y el PP se aleja de los nacionalistas dejando constancia de su deseo de transparencia. Pero es una ruptura suave. Ni CiU ni PP están interesados en precipitar un adelanto electoral, con las encuestas en contra.

El proyecto de reforma del Estatuto y el anuncio de ruptura con el PP deben interpretarse como un intento de Artur Mas de congratularse con el sector de su electorado que, previsiblemente, le abandonará por Esquerra Republicana de Catalunya. Como hizo Pere Esteve, en su día uno de los dirigentes de Convergència que defendió con más entusiasmo el liderazgo de Mas. Cada vez más alejado de Pujol, el «delfín» lleva semanas enlazando una desdicha tras otra. Los últimos días han sido especialmente aciagos y ha cundido el desánimo en CiU, que arrastra moral de derrota.

Quienes defendían que, poco a poco, Mas adquiría consistencia como líder admiten ahora en privado que todo se está complicando. La negativa de Mas a cesar a su secretario general de Comunicación y mano derecha, David Madí, por el escándalo de las encuestas manipuladas le ha enfrentado a la oposición y al propio Pujol, para quien las manipulaciones «son obra de un tonto o un inútil».

Plantón en Rabat
Su falta de liderazgo se puso también de manifiesto en su reciente viaje a Marruecos. Un Artur Mas abochornado soportó como pudo que la diplomacia española y marroquí le plantaran en la inauguración de la oficina de la Generalitat en Casablanca. Ese mismo día su antiguo valedor, Pere Esteve, anunció que concurrirá como independiente en la lista de ERC.

Entre tanto, el socialista Pasqual Maragall intenta aparecer ante la opinión pública como el «heredero natural» de Pujol. El proyecto soberanista de Mas le ha brindado la ocasión de presentarse ante los catalanes como el garante de la estabilidad y el defensor de una Cataluña plenamente integrada en España. Más de uno en CiU está dispuesto a firmar un gobierno de gran coalición con el PSC.

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