AGLI

Recortes de Prensa     Lunes 7 Abril  2003
¿QUÉ HACER
BENIGNO PENDÁS ABC 7 Abril 2003

La historia que comienza
LAURA RUIZ DE GALARRETA Y PABLO HISPÁN/ El Correo 7 Abril 2003

Los vínculos entre Fidel Castro y Sadam Husein
Alberto Recarte Libertad Digital  7 Abril 2003

La cortina de humo
FLORENCIO DOMÍNGUEZ/ El Correo 7 Abril 2003

Negocios etarras que vuelan
Luis María ANSON La Razón 7 Abril 2003

Narcoterrorismo etarra
Editorial La Razón 7 Abril 2003

La fractura social
Editorial El Ideal Gallego 7 Abril 2003

Oleadas de pacifismo
Eusebio Murillo La Razón 7 Abril 2003

Huevos y bombas
Pío Moa Libertad Digital  7 Abril 2003

Un problema llamado López
Germán Yanke Libertad Digital  7 Abril 2003

Dos Euskadis
PABLO MOSQUERA La Voz 7 Abril 2003

La izquierda vasca

Iñaki Ezkerra La Razón 7 Abril 2003

Un «arrepentido» de la Mafia identifica a los etarras que iban a comprar armas a la «Camorra» a cambio de droga
F. Velasco/ J. M. Zuloaga / J. Prats - Madrid.- La Razón 7 Abril 2003

Vuelve «Kili-Kili»
Breverías ABC 7 Abril 2003

Derecho a expresarse en libertad
Cartas al Director ABC 7 Abril 2003

Jaime Mayor Oreja, presidente del Partido Popular en el País Vasco: «Lo más preocupante es lo de Maragall»
CHARO ZARZALEJOS ABC 7 Abril 2003

IRAQ O IRAK
Jaime CAMPMANY ABC 7 Abril 2003
 

¿QUÉ HACER?
Por BENIGNO PENDÁS. Profesor de Historia de las Ideas Políticas ABC 7 Abril 2003

SE acerca el final de la tiranía en Irak. Tiempo para aprender las lecciones y medir las consecuencias. El primer dato concierne, por desgracia, a la inmadurez colectiva. Mensaje captado. Es abrumador el éxito en las encuestas del sencillo «no a la guerra». Paradojas de la sociedad española, ahora postmoderna sin haber sido «moderna» en puro rigor histórico, porque desconoce el esfuerzo valioso de las clases medias, el capitalismo industrial y los espíritus ilustrados. Hemos quemado etapas, por fortuna, desde la transición. La última es también la mejor: se acabó el complejo ante el terror totalitario y sus cómplices por acción o por omisión. Quizá era pedir demasiado; así, de repente, un debate razonado sobre geoestrategia, equilibrio entre el Atlántico y el Pacífico, la Europa empírica y la Europa cartesiana. Es más fácil mostrar una pancarta y publicar una redacción escolar: «otro mundo es posible», faltaría más. Aznar intuyó el sentido de la Historia y ganó plaza en las Azores para sorpresa general: España juega de alfil y con las piezas blancas. Pero no supo advertir la onda expansiva del pensamiento débil que impregna nuestra realidad sin pulso: exceso de «movida», defecto de responsabilidad, inercia frente al riesgo. Europa raptada, con maneras bizantinas.

No es hora de lamentos, pero la continuidad del proyecto hacia el exterior aconseja revisar algunos puntos: entre ellos, la dotación de medios eficaces para las Fuerzas Armadas o el enfoque de la política cultural, complaciente y generosa con muchos impostores. De momento, aquí siguen los mismos personajes insustanciales que simulan una comedia prefabricada. Hace ya casi dos siglos, Larra denunciaba el triste «saber a medias» de muchos intelectuales sedicentes. El asunto es muy serio. Si no se consolida el nuevo rumbo, la Historia seguirá su curso y España la verá pasar de lejos: para eso sí estamos entrenados, desde Westfalia hasta Basora. A medio plazo, paciencia: discutir sobre política internacional, aunque sea a gritos, es remedio sano contra el localismo ridículo, nuestra enfermedad endémica. Buena dosis también de perseverancia. Era difícil ganar la batalla moral y política contra el chantaje terrorista y lo hemos conseguido. Ánimo, pues, para practicar la pedagogía de la libertad en el universo globalizado del siglo XXI. Por cierto: ¿cuándo van a notarse los frutos de la trabajosa reforma del sistema educativo? Mientras tanto, alivia ciertos pesares contemplar las penurias ajenas. Atención a París y Berlín: quienes incumplen el pacto de estabilidad no pueden sacrificar su Estado de bienestar, plagado de privilegios, para pagar la factura de Defensa. También Rusia inicia el repliegue. Ahora, Turquía. Continuarán por esta senda, que nadie lo dude.

Sobre el terreno, los aliados avanzan con firmeza. Donde había críticas a los jefes militares proliferan los elogios. No va a ser Vietnam, aunque algunos lo lamentan. Tampoco Líbano. Ni siquiera Afganistán, victoria insípida, evasión del culpable. Sadam no será recordado entre las leyendas del islamismo: es una buena noticia. Supongo que todos los demócratas nos alegramos del final de una tiranía sanguinaria. Eso dice últimamente el respetable Villepin, aunque -de nuevo las encuestas- no todos sus compatriotas opinan lo mismo. Aquí nadie ha hecho la pregunta, todavía. Casi es mejor no enterarse. Guste o no, la sociedad internacional ha cambiado de raíz después del 11-S. Esta ONU y esta OTAN no van a resistir la crisis irreversible del modelo bipolar. Estados Unidos (no Bush; no los halcones; no la extrema derecha: grave error de percepción) está fundando las bases del próximo nomos de la tierra. Nunca el hegemón ha gozado de simpatías. No siempre las merece. Pero los amantes de la libertad tenemos muy clara la distinción entre democracia y totalitarismo. Sólo nos falta R. Aron para denunciar a quienes prestan oídos a la seducción del enemigo.

Balance de situación. Aznar puso a España en el lugar apropiado. La guerra sigue su curso imparable. Estalla la convivencia política, porque los «cristales de masa» (léase a Elías Canetti, formidable, en Masa y poder) buscan fines muy determinados. Cuando el Gobierno se torna indeciso, revolotean viejas especies ya conocidas: pescadores en río revuelto; oportunistas y desleales varios; fugitivos del sistema y espíritus vulgares que respiran entre rencores y miseria. Nos vamos conociendo, después de algunos milenios juntos. Nada que ver, por supuesto, con la competencia legítima por el poder, esencia del pluralismo democrático. Conviene decirlo porque -volveré a citar a Fígaro- «no hay hombres como los batuecos para eso de entender alusiones».

¿Qué hacer? En pleno fragor de la batalla, esa era la pregunta de Lenin, ideólogo temible, estratega carente de escrúpulos. Primero y decisivo, creo, mantener los principios y cumplir los compromisos. El Gobierno no debe vacilar ni ofrecer un perfil bajo en busca de una tregua social con sabor a derrota. Gana la coalición y la razón práctica se pone de parte del vencedor. Bien está la distinción entre fase diplomática y fase bélica. Por múltiples razones, ahora toca esperar. Pero mucho cuidado porque el futuro llegará mañana y sería triste extraviar la «hoja de ruta». Es un acierto despedir a Richard Perle. El camino lo marcan ahora la Tercera reciente de Colin Powell y las reflexiones de ayer de Tony Blair. Cuidado con Francia, Alemania, Rusia: no es admisible introducir mercancía averiada por la puerta del Consejo de Seguridad. Restablecer en su plenitud las instituciones comunes, por supuesto; pero sin olvidar qué hizo cada cual en aquellos días dramáticos, antes de la primera bomba, cuando Sadam agradecía su apoyo a millones de manifestantes occidentales. La memoria es frágil, de acuerdo, pero no tanto.

De vuelta a casa, la opinión que no grita exige un ejercicio común de patriotismo. Populares y socialistas deben cortar juntos el paso a cualquier tentación antisistema. Razones para la tristeza cívica: insultos y groserías en el Parlamento; agresión a los candidatos y daños a las sedes del partido mayoritario; ofensas al Rey, aunque el sabio refranero no permite que ofenda quien quiere, sino quien puede; violencia callejera y banderas antediluvianas; zafiedad lamentable tomando en vano la hermosa palabra Cultura. Ya lo dijo Tales de Mileto, el primer filósofo: «la falta de educación es insoportable». Ni una sola broma: el pueblo español, titular único y legítimo del poder constituyente, adoptó en 1978 una decisión firme a favor del Estado Constitucional, el pluralismo y la libertad. Nos ha costado mucho que España se incorpore al Espíritu de la Época y ésta es la mejor herencia para nuestros hijos. No vamos a ceder ante nadie. Si algún irresponsable quiere obtener provecho electoral del ambiente de caos hobbesiano que pretende adueñarse de la sociedad española se va a llevar la sorpresa de su vida. Postmoderna, quizá, pero (¿será por eso mismo?) prudente y amante de la seguridad como pocas. Buen motivo de reflexión para Zapatero y su equipo.

Otro asunto mayor. El mundo se juega su destino y los nacionalistas, mientras tanto, demuestran la naturaleza telúrica, miope y obsesiva de su doctrina. Continúa en el País Vasco el desafío contra el Estado de Derecho, con el ánimo mezquino de atraer los votos de quienes ya son ilegales. Decepcionan los protagonistas de la política catalana, incapaces -en sentido genuino- de gobernar, sea en primavera o en otoño, y sólo pendientes de aspirar al poder prometeico que desea superar sus propios límites. ¿Qué hacer? Hablar muy claro: la Constitución es un proyecto de futuro y no una estación de tránsito. Así, quien pretenda su ruptura ya sabe a qué atenerse.

La historia que comienza
LAURA RUIZ DE GALARRETA Y PABLO HISPÁN/ El Correo 7 Abril 2003

Resulta difícil, en medio de las actuales circunstancias y del torbellino informativo, sustraerse de las imágenes y las noticias del conflicto bélico en Irak y tratar de analizar qué es exactamente lo que está sucediendo y cuáles serán sus consecuencias para el futuro de la Humanidad.

La caída del Muro de Berlín constituyó un punto de inflexión en el devenir de la historia. Con la derrota del Estado soviético, la Humanidad escapaba a la amenaza de una conflagración mundial, de la que tantas veces estuvimos al borde y cuyas consecuencias ya conocíamos. Concluían las disputas y divisiones que habían asolado la historia del mundo y una nueva época, construida sobre las bases de la democracia y los derechos humanos, parecía comenzar en 1989. Esto no significa que desde entonces no se hayan producido conflictos. En el mismo corazón de Europa asistimos con impotencia a la desmembración de Yugoslavia por las luchas intestinas entre serbios, croatas, bosnios, macedonios y kosovares, que reprodujeron los odios y matanzas de la guerra en su versión más sangrienta.

Sin embargo, con el fin de la Guerra Fría, la amenaza de una contienda dejó de preocupar a las sociedades occidentales, ávidas de seguridad interna y equilibrio en el exterior. En cierto modo era algo lógico. Pero la historia no se detuvo en 1989: con un nuevo requiebro, los adelantos técnicos, los cambios económicos, sociales y culturales nos situaron en un mundo globalizado.

El 11 de septiembre de 2001, un espectacular atentado terrorista despertó a Occidente del sueño efímero en el que se había sumido. El bloque occidental, más o menos homogéneo hasta entonces, se resquebrajó. La fractura más profunda no fue la de las distintas percepciones sobre la necesaria respuesta, sino la desorientación de los ciudadanos respecto a la forma de afrontar la realidad que les rodeaba.

Tras el estupor y el horror iniciales, Europa ha continuado instalada en su aparente situación de paz y ha seguido trabajando por hacer realidad el proyecto kantiano de unión. Simultáneamente, los ciudadanos americanos han conformado un juicio hobbesiano del mundo, como un lugar peligroso en el que determinados países y colectivos podían utilizar el terrorismo para saldar viejas cuentas pendientes. Desde el 11-S, Estados Unidos ha declarado la guerra a este enemigo real, aunque difuso. En cualquier caso, las dos percepciones pueden ser de algún modo correctas, pero ambas resultan incompletas. Desde 1989 el mundo es indudablemente más habitable, pero las amenazas no han desaparecido, se han transformado. Desgraciadamente, los europeos no hemos sabido dar una respuesta más allá de la consternación solidaria.

Quizá en Euskadi, más que en ningún otro sitio de Europa, somos capaces de valorar los diferentes aspectos del problema. En carne propia, hemos comprobado que la paz no es ausencia de violencia. Sabemos que la seguridad es independiente de las percepciones. Hemos visto cómo el terrorismo, que en principio -sólo en principio- arremete contra los constitucionalistas, ha marcado con su huella sangrienta también a aquellos que, por sus posiciones personales, se consideraban invulnerables. Muchos vascos que no padecían directamente la amenaza del terror se permitieron soñar que ésta no existía. Y aún hay muchos que continúan viviendo en la quimera de la invulnerabilidad.

La movilización ciudadana en el País Vasco es una realidad desde que, tras el asesinato de Miguel Ángel Blanco, el espíritu de Ermua se extendió como un torbellino imparable. Y, desde todas las instancias, desde todos los puntos de vista, la movilización ciudadana se considera un éxito, un avance fundamental en la lucha contra el terror y la amenaza terrorista.

En Europa, son ya demasiados años de desmovilización ciudadana. Vimos al Viejo Continente desangrarse por la herida abierta en los Balcanes y contemplamos con satisfacción la intervención de los ejércitos europeos y norteamericanos -incluso sin el mandato de la ONU en el caso de Kosovo-. Sin embargo, carecemos de una postura clara, la postura ciudadana, ante las políticas de seguridad. La política de defensa tiene un coste y, hasta ahora, los europeos no hemos sido capaces de asumirlo. La crisis económica de Alemania y la postura que mantiene Francia a este respecto no auguran ningún avance en esta materia.

La movilización por la paz, que todos ansiamos y demandamos de un modo sincero, resulta incompleta y puede llegar a ser estéril y contraproducente. Francia y Gran Bretaña recordarán siempre la vergüenza de la actitud pasiva de sus dirigentes y ciudadanos ante la amenaza que suponía Hitler. La experiencia de la II Guerra Mundial demuestra que la paz no se alcanza consintiendo que la injusticia quede impune.

Sadam Hussein o Kim Il Sung han constituido un riesgo cierto para la paz mundial al que hay que hacer frente desde instancias internacionales, de una manera firme y creíble. La opinión pública occidental se ha venido manifestando para exigir a los líderes internacionales que agotaran todos los caminos para la paz. Pero los ciudadanos de las naciones democráticas debemos asimismo ser solidarios con los habitantes de aquellos países que, tanto en Asia como en Oriente Medio, están gobernados por tiranos que les coartan la libertad e incluso amenazan su integridad física. Son también iraquíes los cuatro millones de personas que se han visto obligados a huir de su país en los últimos veinte años. Son también iraquíes los que han sido torturados, gaseados o aniquilados por el régimen de Sadam.

Los retos a los que nos enfrentamos son nuevos, las circunstancias han cambiado: para las realidades que afrontamos hoy, los libros de historia y las experiencias pretéritas sirven de modo muy relativo. Por poner un ejemplo, la sensibilidad actual de la opinión pública por la ecología y el medio ambiente no se reduce a simples manifestaciones después de una tragedia, sino que hay un compromiso diario desde todos los ámbitos de la sociedad por hacer un entorno sostenible.

En cuanto a la seguridad interna, la ciudadanía de los países occidentales se rebela contra los gobiernos que descuidan la protección policial en las calles. A nadie escapa que el problema de la seguridad es uno de los asuntos más importantes de las campañas electorales. No ocurre así con la política exterior de seguridad y defensa. Una política que, en el marco de los foros internacionales, puede ser una política de solidaridad, como quedó claro, por poner un ejemplo, en el caso de Kosovo y la derrota del tirano Slodovan Milosevic. Tampoco la solidaridad con el pueblo afgano fue la de contemplar pasivamente las violaciones de los derechos humanos. La solidaridad real consistió en exigir a los dirigentes firmeza y decisión para acabar con esas tiranías.

Son muchos los retos que enfrentamos hoy los ciudadanos. Por encima de las terribles imágenes que golpean estos días nuestra conciencia, es tiempo de asumir responsabilidades y participar activamente en la exigencia de firmeza gubernamental y de actualizar, de acuerdo con los nuevos tiempos, no sólo estas políticas sino también la labor y las competencias de las organizaciones internacionales. Se trata de buscar su máxima eficacia en la actuación frente a una serie de crisis y amenazas para las que no habían sido creadas, tarea en la que lo que está en juego es nuestra libertad y la de los demás. En Nueva York o en el País Vasco. O en Irak.

Los vínculos entre Fidel Castro y Sadam Husein
Alberto Recarte Libertad Digital  7 Abril 2003

Por enésima vez desde que se apoderó del gobierno de Cuba, traicionando los pronunciamientos revolucionarios previos, en el sentido de que el derrocamiento de Batista significaría elecciones libres y estado de derecho, Castro ha iniciado una nueva ola represiva, dirigida contra los disidentes que se han atrevido a proponer –eso ha sido todo– reformas democráticas, que incluso cabrían dentro de la totalitaria constitución cubana actual.

Carlos Alberto Montaner ha puesto de manifiesto en sus artículos de los últimos días en ABC, La Gaceta de los Negocios, y la propia Libertad Digital, las constantes de la represión castrista, desde el mismo comienzo de la tiranía. El régimen castrista intenta lograr la desaparición de toda una nueva clase política, la de los disidentes, que han optado, hace mucho, por plantar cara a la dictadura desde dentro del país, evitando el exilio y oponiéndose a la expulsión. Éstos, precisamente, son los objetivos de Castro en estos momentos, porque no se encuentra lo suficientemente fuerte para asesinarlos, como ha hecho en ocasiones anteriores con otros opositores. Entre los encarcelados se encuentran Raúl Rivero y Martha Beatriz Roque, patronos de la Fundación Hispano-Cubana y Oscar Espinosa Chepe y Ricardo González Alfonso contra los que se esgrime que colaboran y escriben en las revistas –editadas en Madrid– Encuentro y la de la Fundación Hispano-Cubana, organización a la que tachan de terrorista, lo que les supone condenas de entre veinte años y cadena perpetua.

Por otra parte, ha escogido el momento en el que Estados Unidos y sus aliados están librando la guerra de Irak, confiando en que, políticamente, a nadie, en ninguno de esos países, le interese abrir un nuevo frente de lucha contra las dictaduras, por la dura oposición que se están encontrando, internamente, por parte de los partidarios de los regímenes marxistas, encabezados, en el caso de España, por Rodríguez Zapatero y su aliado Llamazares, o viceversa.

Poco le importa a Castro, como a Sadam Husein, lo que le ocurra a la inmensa mayoría de la población. Un mayor empobrecimiento, unas penosas perspectivas, mayores reticencias de la comunidad internacional –si se producen– ceden ante el deseo de conservar íntegro el poder para la nomenklatura cubana. En 1959 y antes, cuando se firmó el acuerdo con los Estados Unidos y el Vaticano, Franco cedió el poder absoluto pensando en el bienestar de la mayoría. Ni hoy ni nunca, desde esa misma fecha, el bienestar de los cubanos ha sido una consideración que ha tenido en cuenta el dictador cubano. Como Sadam Husein.

Y como no podía menos de ocurrir, las similitudes entre el régimen de Castro y el de Sadam son llamativas. La Cuba castrista como el Irak de Sadam, protegen y promueven el terrorismo internacional, tienen programas de desarrollos químicos y bacteriológicos –que en el caso de Cuba se disimulan con la investigación en el campo de los productos farmacológicos–, y ambos han intentado tener armas nucleares, a través de la construcción de centrales térmicas atómicas, y alternativa, o simultáneamente, comprando materiales fuera del país en el caso de Irak, y oponiéndose a que la Unión Soviética retirase los misiles nucleares durante la crisis con Estados Unidos. El partido, baas o comunista, juega el mismo papel vigilante, delator y corruptor en ambos países. Ambos se han copiado el perfeccionamiento del régimen represivo en sus larguísimos años de dictadura. Y ambos han contado con el apoyo de las Naciones Unidas, que sólo en contadas ocasiones ha condenado la violación de derechos humanos en el régimen castrista y sólo en última instancia acordó la resolución 1441 en el caso de Irak, permitiendo la burla de las anteriores diecisiete resoluciones, sin reaccionar ante la expulsión de los inspectores a mediados de los noventa.

Durante toda la guerra fría el comunismo promocionó y protegió la aparición de dictaduras en todo el mundo, que se integraban en las Naciones Unidas, contando, –cada vez que se apoderaban de un país–, con un nuevo voto en defensa de sus intereses. La doctrina histórica afirmaba que nadie podía oponerse a la comisión de atrocidades dentro de cualquier país, porque en sus fronteras eran soberanos. Era la doctrina soviética, aceptada, en el equilibrio del terror, por sucesivos gobiernos norteamericanos, y sólo puesto en duda a partir de algunas intervenciones internacionales de Ronald Reagan. Hoy, Francia pretende sustituir a la Unión Soviética y convertirse en el protector interesado de algunas dictaduras, pero Francia no es la Unión Soviética y no debe tolerarse por más tiempo el funcionamiento defensor de las tiranías que constituyen las actuales Naciones Unidas.

Es preciso comenzar a organizar un nuevo orden internacional, en el que jueguen un papel diferente los países democráticos que quieren defender el estado de derecho en todo el mundo. Que ese nuevo orden llegue a existir es la principal preocupación de las tiranías, de Castro en lugar prominente. Quizá la respuesta a la represión castrista tenga que aplazarse, pero la desaparición de ese régimen debería ser uno de los objetivos de un nuevo orden internacional. La derrota de Sadam Husein es parte de la derrota del castrismo, y los mismos países que han defendido la desaparición del régimen baasista tienen que enfrentarse, tan pronto sea posible, al régimen de Castro, que continúa siendo un peligro internacional por su apoyo al terrorismo.

Alberto Recarte, presidente de Libertad Digital, es vicepresidente de la Fundación Hispano Cubana.

La cortina de humo
FLORENCIO DOMÍNGUEZ/ El Correo 7 Abril 2003

El espectro del Pacto de Lizarra ha flotado durante los últimos días sobre la política vasca a raíz del juego de ofertas y contraofertas protagonizado por Joseba Egibar, Rafael Larreina y Arnaldo Otegi. Las insinuaciones del portavoz de Sozialista Abertzaleak sobre la posibilidad de una tregua de ETA en caso de un acuerdo entre partidos nacionalistas para enfrentarse al Estado ha alimentado la idea de un nuevo Acuerdo de Estella que llevara aparejado el cese de las actividades terroristas.

Se ha vuelto a recordar la declaración suscrita en la localidad navarra entre los nacionalistas e IU como si aquel papel hubiera sido la razón de la tregua etarra del 98. Esta interpretación es un error sólidamente asentado que algunos han cultivado de forma interesada para presentar aquel proyecto nacionalista como si fuera un proyecto pacificador, igual, por cierto, que se está haciendo ahora con el plan de Ibarretxe.

Si alguien todavía cree que el cese de atentados se gestó en Estella debería leerse lo que escribe ETA en su boletín interno 'Zutabe' de marzo de 1999, todavía en plena tregua: «La iniciativa de ETA no es consecuencia del Acuerdo de Lizarra (...). La decisión y el comunicado de ETA (en el que se anunciaba la tregua) son anteriores al 12 de septiembre (fecha del acuerdo de Estella), desde luego, y no constituyen la respuesta a lo firmado en Lizarra, sino a la idea y la realidad del 'alto el fuego compartido'», afirma la organización terrorista.

Estella no fue sino una cortina de humo para enmascarar la auténtica razón de la tregua que en aquel momento era un secreto: aquel documento sellado por ETA, el PNV y Eusko Alkartasuna en el que la organización terrorista se comprometía a interrumpir temporalmente sus atentados a cambio de que los dos partidos pusieran en marcha una política de frente nacionalista que marginara a los constitucionalistas, convertidos en enemigos de la nueva Euskal Herria. Eso era el 'alto el fuego compartido' del que hablaba ETA. La tregua se basó en este documento y nada más. Se hubiera producido igual, aunque no existiera el Acuerdo de Lizarra. A la inversa, con un Pacto de Estella, pero sin el compromiso secreto de PNV y EA no hubiera habido tregua.

Alrededor del Acuerdo de Estella se tejió en su día una segunda cortina de humo para que el gato soberanista se tomara por liebre pacificadora, aunque uno de sus máximos valedores, José Elorrieta, secretario general de ELA, hace tiempo que reconoció ('El Diario Vasco' 8-12-00) que el pacto «creaba las condiciones para hacer un proceso en clave soberanista.(...) La parte positiva de Lizarra es que pretendía crear las condiciones para un proceso de acumulación de fuerzas soberanistas». Exactamente eso fue Lizarra.

Negocios etarras que vuelan
Luis María ANSON La Razón 7 Abril 2003
de la Real Academia Española

Aseguran que la mafia italiana llegó a disponer de diecinueve diputados en el Parlamento. Hoy tiene menos. Sigue controlando, en todo caso, numerosas alcaldías. No es Italia un caso único. La mafia, es decir, la delincuencia organizada, comprendió hace mucho tiempo que el gran negocio era la política. Desde la gestión de las alcaldías y otros cargos, los negocios de especulación, recalificación, encubrimiento del narcotráfico, prostitución y blanqueo de dinero se pueden potenciar copiosamente.

En España siempre hubo mucha delincuencia. Pero no delincuencia organizada. No mafia. Hasta Eta. Eta es ya una banda mafiosa. Es otras cosas más, ciertamente. Pero es, sobre todo, mafia, aunque de otro estilo que las organizaciones gallegas, montadas sobre el narcotráfico.

Ahora empieza a desvelarse, con más miedo que vergüenza, que los brazos políticos de Eta se dedican en las alcaldías que controlan a organizar pingües negocios para colmar las arcas de la banda. Pues ¿qué otra cosa se esperaba que ocurriera? Una mirada al mundo europeo y americano deja las cosas bien claras. Sobre las más flagrantes irregularidades municipales se hacen operaciones económicas con suculentos beneficios. A quien se atreva a denunciarlos en el País Vasco, estacazo y tente tieso. Aquí, pues, ni primero paz ni después gloria. Y los proetarras batasunos atónitos ante la deslegalización, porque si no pueden presentarse a las municipales, ni siquiera indirectamente, muchos pingües negocios pueden volar.

Narcoterrorismo etarra
Editorial La Razón 7 Abril 2003

Los investigadores españoles e italianos han confirmado la denuncia de un «arrepentido» de la mafia italiana que puso al descubierto que ETA trafica con drogas al por mayor. El hecho, adelantado el pasado año en exclusiva por LA RAZÓN, se confirma ahora con la identificación de los narcoterroristas que se encargaban de vender cocaína, y también hachís, a los mafiosos de la «Camorra» napolitana. Tal y como se pensaba, el mafioso dijo la verdad a los jueces italianos y eran dos miembros de ETA, Gracia Morcillo y José Miguel Arrieta, quienes llevaban el peso de las negociaciones con el llamado clan de los Genovese. Arrieta, que huyó a México, está entre rejas por asesinato, pero su compañera, a quien se encuadra en el «aparato logístico» de la mafia etarra, está en paradero desconocido y ha logrado hasta el momento eludir una persecución policial que, en todo el mundo, tendrá ahora un nuevo cargo contra ella que sumar al de su pertenencia a un grupo terrorista: el de narcotráfico.

La investigación hispanoitaliana ha documentado lo que era más que una sospecha entre los expertos antiterroristas españoles y que pone al descubierto otra de la capas de la mafia etarra. No importa cuáles fueron los comienzos de ETA, ni lo que de aquellos días queda hoy en la mente de sus cabecillas. Cuando una mafia se consolida, y ETA también es una mafia, no tarda en desarrollar las habilidades y las prácticas que identifican a todos estos grupos de asesinos en cualquier lugar del mundo: el tráfico de armas; el pago de «protección» o la extorsión a cambio de no atacar a sus víctimas; los secuestros; el narcotráfico o, entre otros rasgos identificativos, el establecimiento de empresas «tapadera», dentro y fuera de su país de origen, para blanquear» el dinero sucio obtenido por métodos criminales.

A la vista de las relaciones amistosas entre el clan de los «Genovese» y los narcoterroristas etarras, se rompe otro de los mitos que la banda ha intentando crear en el País Vasco. Así, las «ejecuciones» de «camellos» se revelan ahora como un método para controlar el mercado de la droga y obtener suculentos beneficios. A ETA no le sobraban los pequeños traficantes porque «hiciesen daño a la juventud vasca»; a ETA le sobraba la competencia y se la quitó de encima como sólo sabe a hacer: a tiros en la nuca y a bocajarro.

La pista de la cocaína no se agota con la identificación de dos de los etarras encargados del negocio de los estupefacientes. Se trata ahora de averiguar los canales de distribución y, ante todo, determinar quién o quienes suministraban la cocaína y el hachís a los etarras. No hay que olvidar que ETA ha mantenido durante años redes de apoyo en Iberoamérica y que, entre otros lugares, dispone en Cuba de una envidiable base logística gracias a la protección del régimen comunista de Castro.

La fractura social
Editorial El Ideal Gallego 7 Abril 2003

A Aznar, recientemente, se le acusó de demagogo por asegurar que las condenas de la oposición contra la violencia que está padeciendo el Partido Popular se hacían con la boca pequeña. No había la contundencia en el rechazo que era de esperar, puesto que con la excusa del pacifismo se estaba sometiendo al PP a un acoso insoportable e injustificable. Ayer mismo, sin ir más lejos, otras cuatro oficinas populares sucumbieron a la acción de los vándalos que utilizaron cócteles molotov y piedras para mostrar su malestar por la postura que el Ejecutivo mantiene frente al conflicto bélico de Irak.

Estos actos son obra de descerebrados, de fascistas que parecen dispuestos a todo con tal de imponer sus ideas, de malnacidos que se escudan en una principio más que loable para demostrar su estupidez. Es casi normal, puesto que el género humano está compuesto de individuos de toda calaña, que haya que convivir con semejantes parásitos. Sin embargo, lo que ya no es de recibo es que un diputado insinúe que los ataques contra el PP proceden del propio entorno del partido de Aznar.

El ideólogo de semejante sinrazón no es otro que el nacionalista Francisco Rodríguez y basa su descabellado planteamiento en que son los populares los que se benefician de padecer la violencia. Llevando esta sesuda tesis hasta su punto último, es posible que sean también PP y PSOE los que asesinan a sus propios militantes en Euskadi, dado que, supuestamente, esas muertes también les beneficiarían electoralmente. Incluso es posible que esté tirando piedras a su propio tejado y puesto que, según todas las encuestas, la catástrofe del “Prestige” ha beneficiado al BNG, hasta es probable que Apostolos Mangouras, el capitán del maldito petrolero, fuera militante de la UPG o que los fletadores del buque sean simpatizantes del Bloque.

Oleadas de pacifismo
Eusebio Murillo es filólogo La Razón 7 Abril 2003

Una primera impresión de las masivas manifestaciones exigiendo el «No a la guerra» es que a la gente se le ha metido el miedo en el cuerpo, con el fantasma del belicismo aireado como bandera partidista para promover movilizaciones. ¿Qué fácil resulta señalar al malo de la película, al primo de Zumosol que exhibe impúdico su fuerza, sin darnos cuenta de que es más disuasoria que ofensiva! Parece que se nos ha olvidado la causa de esta situación. Sadam Husein lleva doce años negándose al desarme tras la derrota en la guerra por la usurpación de Kuwait, ¿se acuerda alguien de que la legalidad internacional se negó entonces a su destitución? Pues aquella crisis, cerrada en falso, junto a la expulsión en 1998 de los inspectores internacionales de Iraq; la sistemática negativa de Sadam a cumplir la resolución 1441 de la ONU de hace unos meses; el asesinato de cinco mil kurdos al norte del país con gases letales, ¿para ensayar de paso sus armas químicas y bacteriológicas? (por cierto, silenciado por toda la Prensa y pacifistas de última generación); el regodeo de Sadam ante la catástrofe de las torres gemelas, y su incondicional alineamiento con las tesis de Ben Laden, ¿no son causa suficiente, todas juntas, para la destitución del dictador por la fuerza internacional?

Lejos de intentar minimizar el alcance de esta protesta pacifista multitudinaria, me pregunto ¿por qué, inmediatamente al 11 de septiembre de 2001 no se convocaron manifestaciones que habrían sido masivas como en esta ocasión? Y la respuesta surge diáfana: porque los convocantes de ahora, entonces no lo creyeron oportuno. Francia, hace pocas semanas, comenzó su disidencia pidiendo una segunda resolución condenatoria de la ONU antes de atacar Iraq y encontró el apoyo del alemán Schröder, que acababa de ganar unas elecciones (que tenía perdidas de antemano por su fiasco económico) con el eslogan pacifista antiestadounidense. Pues bien, el eje franco-alemán que quiere seguir «cortando el bacalao» ha roto el consenso internacional, provocando la protesta del resto. Esta posición discordante con la bandera supuestamente pacifista ha conseguido el apoyo de la opinión pública. Pero ya veremos si es la más sensata. De momento Francia, en sus maniobras dilatorias pidió una segunda resolución de la ONU, y al cabo de una semana se vuelve atrás y se opone a ella «en estos momentos» (dice la Prensa el día 18).

¿Qué significa la postura de Francia?, ¿por qué abandona el apoyo aliado con el subterfugio de dar todo el tiempo que haga falta a Iraq?, ¿es que no son bastantes doce años de incumplimiento y de veladas amenazas del dictador?, ¿hay que parar ahora de cerrar conflictos, cuando tan exitosamente se resolvieron Kuwait, y después Bosnia y Kosovo, y recientemente la eliminación en Afganistán del régimen de los talibán, con la intervención de todos? No es adecuado tampoco hablar de guerra unilateral ni tan sólo preventiva, sino de la respuesta a la amenaza terrorista, ante cuyos asesinatos masivos indiscriminados no podemos quedarnos indiferentes. El terrorismo internacional es la «guerra de guerrillas» moderna y la causa de los atacantes no es la de un único loco llamado Ben Laden, sino de un bloque común de países islámicos que lo financian y que, naturalmente no dan la cara; bueno, a veces sí, el ministro de Exteriores de Sadam, Tarey Kasis, se permitió el otro día amenazar a España como objetivo de atentados terroristas por su apoyo a Estados Unidos. Yo estoy seguro de que se avecina un gran período de paz para la humanidad, pero siempre que la comunidad internacional se haga respetar y sepa imponerse a cualquier país que pretenda vulnerar el orden establecido; llámese Iraq, Marruecos o Israel.

Huevos y bombas
Pío Moa Libertad Digital  7 Abril 2003

Aunque las izquierdas y los nacionalistas han tenido que “tragar” –pues ya se ve que lo han hecho a disgusto– una transición y una democracia organizadas desde el franquismo, y una Constitución hecha, por primera vez, por consenso, siempre han estado al acecho de la ocasión de romper los pactos. Cada poco recordaban cómo habían aceptado “olvidar” los crímenes del régimen anterior, dando a entender que la democracia no sería completa en tanto no se “aclarase el pasado” y se les diese plena satisfacción. Mientras el PSOE gobernó, la cosa se mantuvo como un chantaje sobre el PP, sometido a constantes alusiones a su legado franquista. Tales referencias provocaban en la derecha el reflejo condicionado de una bajada de pantalones.

Pero desde la subida del PP al gobierno, esas majaderías, tan típicas y peligrosas, han cuajado en una campaña permanente, destinada a socavar la legitimidad de la derecha para gobernar. La satanización absoluta y obsesiva del franquismo, desvirtuando salvajemente la historia –con la colaboración del propio PP–, recuerda a la campaña sobre la represión de Asturias en los años 30, que tanto ayudó a crear el clima de guerra civil. Su objetivo directo es paralizar al PP, como en los años 30 paralizaban a la CEDA con la acusación de “fascista”; y el indirecto desacreditar la transición como una salida impuesta desde el régimen anterior, salida provisional pero necesitada de “superación”. Habría llegado el momento de “superar la Constitución” y entrar en la “legitimidad” de un régimen al estilo de la catastrófica II República, cuyas loas no se cansan de entonar las izquierdas… y parte de las derechas.

El pretexto soñado se lo ha dado la guerra de Irak. Como un solo hombre han saltado al ruedo los Ibarreche y Anasagasti, los Llamazares, los Mas y los Maragall, los Elorza y los Zapatero. Juntos, como en las grandes ocasiones del pasado. Complicados directa o indirectamente en guerras, genocidios y dictaduras, los comunistas, los socialistas, los protectores del terrorismo y causantes de la gran merma de los derechos y libertades cívicos en Vascongadas y, en medida menor, pero grave, en Cataluña, salen hombro con hombro a rentabilizar las víctimas del ataque a Sadam y embestir no sólo al PP, sino a la estabilidad de la democracia y la unidad de España. Siempre les ha pedido el cuerpo el aplastamiento de la libertad ajena mediante la “toma de la calle”, la huelga política, los apedreamientos y cócteles molotov, mediante el clima de opresión y temor que han logrado imponer en Vasconia. La guerra contra Sadam, les ha traído la gran oportunidad. O eso creen.

Nada más indicativo que la argucia batasunesca con que ha respondido el PSOE a las denuncias del PP: “se quejan de los huevos que les han tirado, pero ¿y las bombas que matan a niños y víctimas inocentes?” La demagogia grosera de la comparación se intuye a la primera, pero no es tan fácil de entender su mecanismo y replicarle. ¿Es que sólo hay víctimas en Irak? Las hay en gran parte del mundo, ¿por qué no protestan igualmente? Las hay aquí mismo, incluidos numerosos niños, asesinadas a cientos por el terrorismo nacionalista vasco. ¿Dónde está el sentimiento y la furia que despiertan los muertos de Irak? ¿Cómo es que Zapatero grita al lado de Anasagasti o Llamazares, encubridores y protectores del terrorismo nacionalista vasco? En Irak hay guerra y hay dictadura, ¿es que quieren traer ambas aquí, con su demagogia histérica, los socialistas, comunistas y nacionalistas –juntos como en las grandes ocasiones– ?

Los huevos y las pedradas han cedido el paso a las botellas de gasolina y las bombas. La derecha casi nunca ha sabido responder a estas oleadas de demagogia y victimismo, de las que está cuajada la historia de los juntos-en-las-grandes-ocasiones; no ha sabido desenmascarar ante la opinión pública el fondo y el trasfondo de ellas. Su reacción más habitual ha sido acoquinarse frente al griterío. Su falta de energía en estos casos equivale a complicidad con los liberticidas, y eso es mucho más grave que las simples pérdidas materiales o en votos. Es más, sólo con una réplica enérgica, insistente y bien razonada ganará esos votos que el vocerío parece quitarle de momento. De otro modo, en la historia de España volverían a triunfar la histeria y la violencia. El PP tiene ahora mismo una responsabilidad histórica de primer orden.

Un problema llamado López
Germán Yanke Libertad Digital  7 Abril 2003

Los socialistas vascos, para distinguirse del PP, enarbolan la guerra en Irak. Para ello, por ejemplo, su secretario general, Patxi López, levanta un cartel en una lengua que no conoce, el vascuence. Si el Gobierno argumenta que su posición en este conflicto se encuadra en la decisión de combatir el terrorismo internacional, López no se siente con fuerzas para contradecirle. Simplemente asegura que “no lo tolerará”. No es muy profundo, pero la diferencia está clara.

Pero no le basta. Es decir, las opciones llamadas “constitucionales” que van a presentarse en las próximas elecciones (primero las locales; después las generales) no se diferencian sólo, en el análisis del líder de los socialistas vascos, en su posición sobre el conflicto de Irak. Si alguien piensa que es lógico, que una representa la socialdemocracia y otra la derecha liberal, seguramente se equivoca porque López no hace hincapié en ningún contenido ideológico –quizá para evitar equivocarse–, y ya se sabe que la posición ante la guerra no es precisamente lo que distingue a las derechas de las izquierdas (piénsese en Chirac, Le Pen, etc.).

Así que López, para perfilar su oferta, quiere oponer a la ofensiva nacionalista el “entendimiento” porque la oposición democrática a ese cúmulo de barbaridades le parece, que es lo que achaca al PP, “antinacionalismo visceral”. No es sólo simplismo, es otra manifestación de la incapacidad de López para diferenciarse del PP sin acomplejarse ante el PNV. Así quiere evitar lo que llama, el pobre, un “choque de patrias”.

Claro que, para solucionar el caos mental de López, viene Zapatero y explica lo que une a todos los que están contra la guerra (socialistas, comunistas, “nacionalistas democráticos”): todos son españoles. Para diferenciarse del PP, la fórmula no está nada más. Y para unir a los pacifistas, tampoco: desde luego no es la defensa de la libertad lo que les une. Como tampoco es la defensa de la libertad, claro, lo que hace que López tenga urticaria a cualquier entendimiento con el PP en el País Vasco.

Dos Euskadis
PABLO MOSQUERA La Voz 7 Abril 2003

HAY DOS Euskadis: la que disfruta de mejor renta, mayores pensiones, excelentes equipamientos, famosa gastronomía, ayudas para el desarrollo industrial y tecnológico, y puede pasear por la incomparable Concha de Donosti, sin problemas. Pero, al lado, está la Euskadi del miedo al fundamentalismo de quien ha decidido que su revolución consiste en quitar de en medio al disidente con la construcción de la nación-estado vasca. Aun así, ante las elecciones de mayo, los rebeldes de Ermua, Vitoria, y tantos lugares donde se da la cara, a riesgo de que te la partan, se presentan en las listas municipales y forales, para que los ciudadanos puedan disfrutar de la excelencia del sistema democrático.

Conviene que las gentes de Galicia sepan que los partidos constitucionalistas, entre ellos el mío, de siempre, Unidad Alavesa, están haciendo listas para poder estar presentes en las votaciones que deben dar la oportunidad a la paz, a la dignidad de los ciudadanos, al cambio, o a la ratificación de lo que hay. Mientras en Galicia se habla de programas electorales, en Euskadi se habla de libertad, que sigue siendo una conquista social por conseguir.Tengo que agradecer a gentes de Cantabria, como el vicepresidente del Gobierno de la comunidad hermana, que haya optado por ir en la candidatura de UA para dar ejemplo de solidaridad.Lo mismo puedo decir de Daniel Portero, hijo del fiscal general de Andalucía, asesinado por ETA, y que también es candidato solidario por Unidad Alavesa.Así es como transcurren las cosas en esa comunidad de ciudadanos vascos, que trata de lograr un punto de encuentro. Mientras EA y PNV ofrecen espacios en sus listas a los militantes de EH, los constitucionalistas tienen que recurrir a gentes del resto de España para poder superar las dificultades del terror a dar pistas que luego sean de utilidad para los profetas de la noche y el tiro en la nuca.

La izquierda vasca
Iñaki Ezkerra La Razón 7 Abril 2003

Cuando lo digo hay quien se cree que lo hago sólo por provocar. Pero la verdad es que nunca he hablado tan en serio: «El PP es hoy el único partido de izquierdas que queda en el País Vasco». Y lo es por la misma razón por la que un republicano procapitalista y de derechas podía ser y era considerado izquierdista en el franquismo: por el contexto y por su reacción frente a ese contexto; porque su ideología se presentaba como una opción progresista dentro de un medio dictatorial. Quien no podrá ser nunca de izquierdas, aunque lo pretenda con la bendición de IU y aunque lo persiguieran mil franquismos juntos, es un partido racista y fundamentalista como el PNV cuyo lema es «Dios y leyes viejas». ¿Qué hace Arzalluz con ese lema jugando a marxista-leninista?

Sí. En el contexto de un «sistema nacionalista» que oscila entre el integrismo y el nazi-fascismo, el PP es el único partido de izquierdas que queda. ¿Qué pasa cuando un partido en el que hay conservadores y liberales se enfrenta con coraje al totalitarismo, cuando abandera no ya la causa de la libertad sino de todos los derechos ciudadanos que se están negando en ese rincón de España y la Unión Europea? ¿Qué pasa cuando los miembros de ese partido arriesgan todos los días sus vidas, durante años por romper la desigualdad, el sectarismo, el nepotismo y el ventajismo político, económico, social y laboral de un nacionalismo constituido en régimen así como apoyado en la violencia? ¿Qué pasa cuando ese partido es el único que propone nítidamente un modelo de sociedad en el que cada individuo tenga las mismas oportunidades y pueda desarrollar todas sus potencialidades o cuando para ser de ese partido se requieren extraordinarias dosis de romanticismo?

El PP es la única izquierda vasca porque el nacionalismo, valiéndose de medios antidemocráticos, no ha permitido ser de derechas ni de centro ni de nada en realidad; no nos ha dejado a los vascos ser nosotros hasta hoy. Porque vivimos una situación en teoría democrática pero predemocrática en la práctica; porque la izquierda está donde está la bandera de la libertad, la igualdad y la dignidad; por los valores de la izquierda que ya han sido asumidos por todos los partidos democráticos sólo son defendidos de modo inequívoco en el País Vasco por el PP en un momento en el que los nacionalistas reniegan de ellos y no sabe encarnarlos esa izquierda que hoy se pelea por sacarse la foto con el PNV antes que con las víctimas del terrorismo o esa otra que directamente se ha subido al ignominioso carro de Lizarra, de un nacionalismo que pacta con ETA y de un Plan Ibarretxe que amenaza a todos los españoles por lo que tiene de gravísimo precedente.

Un «arrepentido» de la Mafia identifica a los etarras que iban a comprar armas a la «Camorra» a cambio de droga
Raffaele Spinello reconoció a José Miguel Arrieta Llopis y a Gracia Morcillo como los enlaces de la banda con el «clan Genovese» La declaración la realizó el pasado 27 de marzo en Roma ante un fiscal de la Audiencia Nacional
Los etarras José Miguel Arrieta Llopis, alias «Kócteles», y Gracia Morcillo Torres, han sido reconocidos fotográficamente como los enlaces de la banda terrorista con el clan mafioso de los «Genovese» de la «Camorra» napolitana. El reconocimiento, en presencia de representantes de la Justicia italiana y de la Fiscalía de la Audiencia Nacional, fue efectuado por el «arrepentido» de la mafia Raffaele Spinello, el pasado 27 de marzo, en las dependencias de la División Nacional Antimafia, en Roma. Spinello, en manifestaciones a las que ha tenido acceso LA RAZÓN, señaló que la banda criminal española pretendía comprar armas a la organización delictiva italiana y que el pago se debería realizar con drogas.
F. Velasco/ J. M. Zuloaga / J. Prats - Madrid.- La Razón 7 Abril 2003

El citado reconocimiento fotográfico, que, según fuentes antiterroristas consultadas por este periódico, marca un hito en la investigación de la relación de ETA con la Mafia, es consecuencia de las pesquisas que la Fiscalía de la Audiencia Nacional inició tras tener conocimiento de la declaración que realizó Raffaele Spinello en dependencias de la Dirección de distrito Antimafia de Nápoles, sobre cuyo contenido informó LA RAZÓN en exclusiva el pasado 16 de septiembre.

En aquella declaración, el «arrepentido» señaló que miembros de ETA se habían puesto en contacto con el «Clan Genovese» con el fin de comprar armas, en concreto lanzamisiles y explosivos.
Para el pago de esas armas, el clan mafioso exigía la entrega de cocaína y hachís, ya que disponía de heroína, procedente de Turquía, Pakistán y Uzbekistán.

En función de la calidad de la droga que entregaran los etarras se fijaría el precio de las armas.
Una vez que la Fiscalía de la Audiencia Nacional recibió la traducción autentificada de las manifestaciones de Spinello, abrió diligencias y solicitó la cooperación de agentes especializados de la Guardia Civil.

Comisión rogatoria a Roma
El pasado 27 de marzo, un representante de dicha Fiscalía, a quien acompañaban dos oficiales del Servicio Central de Información de la Benemérita, se desplazaron a Roma en comisión rogatoria para ampliar la declaración de Spinello.
La Fiscalía pretendía, ante todo, que el «arrepentido» identificase fotográficamente a los miembros de ETA que actuaban como enlaces con el clan mafioso y que había citado en su anterior declaración. Para ello, llevaban las fotografías de numerosos miembros de la banda.

En la declaración de Raffaele Spinello, que se realizó a partir de las 11,30 de la mañana, estaban presentes, además del representante de la Fiscalía de la Audiencia Nacional y los dos oficiales de la Guardia Civil, un juez y un fiscal italianos así como el abogado defensor del «arrepentido», Sergio Luceri, del Foro di Lecce. Spinello reconoció, sin ningún género de duda, a José Miguel Arrieta Llopis y a Gracia Morcillo Torres como los enlaces de ETA con la Mafia. Además, ofreció más datos que los que dio en su primera declaración sobre unas negociaciones de diez días de duración, que tuvieron lugar en un hotel de Milán con miembros del «Clan Genovese», según informaron a LA RAZÓN fuentes de la investigación. Durante estas reuniones, los etarras, que eran conocidos por los mafiosos como «la llave española», negociaron la adquisición de armas «de gran calibre», como lanzamisiles y explosivos ya que los fusiles de asalto no les hacían falta.

Denuncia ante el juez
Ante estos reconocimientos, la Fiscalía de la Audiencia Nacional tiene previsto presentar, en las próximas semanas, una denuncia contra Arrieta y Morcillo por los delitos de pertenencia a banda armada y depósito de armas para organización terrorista. También estudia la posibilidad de incluir en dicha denuncia el delito de tráfico de estupefacientes.

José Miguel Arrieta Llopis, alias «Kueta», «Kócteles» y «Sagu», nació en San Sebastián el 10 de septiembre de 1960. En su día se benefició de la Ley de Amnistía de 1977.
En 1981, cuando era conducido por la Policía tras ser detenido, saltó del vehículo y se arrojó por un terraplén. Aunque se escondía habitualmente en México, fuentes antiterroristas le relacionaban con el «aparato de logística» de la banda, para lo que realizaba algunos viajes, con documentación falsa, a Europa. Fue entregado por las autoridades aztecas el 17 de enero de 2000 y fue condenado por la Audiencia Nacional por asesinato. En la actualidad se encuentra, en primer grado, en el centro penitenciario de Jaén.

Gracia Morcillo Torres, nacida el 15 de marzo de 1967 en San Sebastián, huyó a Francia en marzo de 1996, tras la detención del pistolero Valentín Lasarte Oliden. Las Fuerzas de Seguridad le vinculan a EKIN y creen que en la actualidad pertenece al «aparato de logística». Está incluida en la lista de terroristas más buscados aprobada por la UE en 2001.

Fuentes jurídicas han subrayado la importancia que en esta investigación, desde el punto de vista de la agilización de los trámites, ha tenido Eurojust, organización europea de cooperación judicial, que fue impulsada por el entonces ministro de Justicia Ángel Acebes, hoy titular de Interior, y por Ignacio Astarloa, actual secretario de Estado para la Seguridad.
La investigación de la Fiscalía de la Audiencia Nacional se inició en el segundo semestre de 2002 después de que la Dirección Nacional Antimafia de Italia pusiese en conocimiento de la Justicia española las confesiones del «arrepentido» de la «Camorra».

Primera declaración
En su primera declaración éste aseguró que dos chicas jóvenes, «correos» «españoles», «mandan la cocaína todas las semanas a los grupos criminales italianos; después llega una persona, una mujer, que representa al grupo, que recoge el dinero de las distintas familias y toma nota de más encargos». «Estas personas -añadió- vendían la droga y tenían necesidad de armas (...) porque preferían, bajando el precio de la droga, armas en vez de dinero». «¡Pero armas grandes! No les servían los kalashnikov, sino los lanzamisiles, las bombas...».

Respecto a la mujer que contactaba con el «Clan» tras realizarse las entregas, que ahora ha identificado como Gracia Morcillo, Spinello recordó que la conoció en una reunión que tuvo lugar a principios de 1999 en un restaurante de Milán. Allí estuvieron presentes el dirigente del «Clan Genovese» Felice Bonetti, un tal Carmine Taccone, la mujer y sus guardaespaldas. «Podría reconocerla si la viera», dijo entonces. «Estuvo invitada por Bonetti en Montemarano, durante siete, ocho o diez días». Según él, se hacía llamar «María» o «Lucía», y puso de manifiesto que «era una mujer muy bella, bien vestida y de modos refinados». En el interrogatorio, la Fiscalía le preguntó de nuevo si había estado en alguna «negociación importante respecto a grandes cantidades de armas», y el «arrepentido» señaló que «con los españoles, con la señora española». El ex mafioso mantuvo que los etarras «sólo venden cocaína y hachís; la heroína llega de Turquía, de Pakistán y de Uzbequistán; de esta parte pueden suministrar la heroína y las armas, mientras que de esta otra, los de la ETA, la cocaína y el hachís».

También dio detalles de la entrega de droga que realizaron los «correos españoles» y que motivó la reunión en Milán. «Felice Bonetti me dijo: me tienen que llegar ocho kilos de cocaína de España. Él la llamaba “ala de mosca” a la cocaína que tenía que llegar de España». «Tenía que ir a Milán a una cita en la zona militar, y dicha zona está cerca de Taccone. Tenía una cita en un hotel, en la provincia de Milán. (...) Llegaron dos correos españoles que tenían la droga (...); se trataba de dieciséis paquetes de medio kilo cada uno». Respecto a esta entrega, Spinello subrayó que Taccone llamó a Amedeo Genovese diciéndole «que la cocaína no era buena, que no era apta para su mercado, y que traería problemas». Por otra parte, aseguró que Bonetti le propuso ir a España «a formar parte de esta organización durante ocho o nueve meses; me traería a Italia cuatro o cinco mil millones (de liras), pero debería cometer actos terroristas».

Vuelve «Kili-Kili»
Breverías ABC 7 Abril 2003

A la consejera de Educación del Gobierno vasco, Ángeles Iztueta, le compete investigar la vuelta de la revista «Kili-Kili» -un tebeillo separatista y aventador de odio hacia España- a las manos de los escolares vascos. Este panfleto era financiado por el Ejecutivo vasco y se repartía en los colegios hasta que a finales de 2002 salieron a la luz pública los peligrosos despropósitos que contenía. El PP denuncia que ha aparecido de nuevo a través de un extraño juego de suscripciones que parte de los colegios de Vizcaya. Vuelta a las andadas.

Derecho a expresarse en libertad
Cartas al Director ABC 7 Abril 2003

Tanto hablar de la falta de libertad en las Vascongadas y resulta que ya pasa lo mismo en Cataluña. La falta de libertad es la que padecemos las personas que tenemos una opinión diferente del «No a la guerra» que está de moda ahora gracias al PSOE e IU, hoy por hoy ninguna persona se atrevería aquí en Barcelona a llevar por ejemplo una gorra o similar del PP, y mucho menos aún a participar en una manifestación con una pancarta que dijese «No a Sadam». Esto último lo probé junto a otra persona en una de las manifestaciones y tuvimos que desistir antes de empezar, ¿saben por qué? Porque al ir a entrar en la manifestación empezaron a insultarnos y tuvimos que salir «volando» antes de que fuera la cosa a mayores. Además en los pueblos del cinturón, los cuales están en manos de los socialistas desde que empezó la «democracia», los simpatizantes del PP no se atreven ni a decir lo que piensan sobre lo que está ocurriendo, ya que los empleos pueden peligrar aunque a ustedes que están tan lejanos de esto les pueda parecer que estoy exagerando.

Mi persona es una muestra de lo que digo y estoy en posición de poder decirlo con la conciencia tranquila, porque soy una más de las «víctimas» del poder «socioprogre» que «reina» en estos pueblos en los que desde el colegio enseñan a los niños a odiar a España.    Feliciano González Gutiérrez.    Viladecans (Barcelona).

Jaime Mayor Oreja, presidente del Partido Popular en el País Vasco: «Lo más preocupante es lo de Maragall»
CHARO ZARZALEJOS ABC 7 Abril 2003

El ex ministro del Interior sabe que ahora la guerra lo oscurece todo. Pero acabará «y veremos claramente el problema que tenemos encima de la mesa» con las distintas propuestas nacionalistas de Ibarretxe, Artur Mas y Maragall. «Ojo... quieren una segunda transición»

Lo suyo son siempre asuntos complicados y ahora no iba a ser distinto. Cuando hace ya algún tiempo se le designó coordinador de campaña, Jaime Mayor Oreja no contaba con Irak ni con Artur Mas. Sabía lo de Ibarretxe y podía intuir algún movimiento de Pasqual Maragall, pero todo a la vez, «para qué nos vamos a engañar..., no estaba previsto».

En medio de la guerra que lo ocupa todo, Mayor Oreja logró espacios no despreciables tras su discurso en la calle Génova ante la dirección nacional de su partido, el PP. Habló de la izquierda y de los nacionalismos «y la verdad es que ha habido un intento claro de ridiculizar el discurso. Pero no. Ni eso ni envolvernos en la bandera española. En ese discurso no hablé ni de la ruptura de España ni de su unidad. Creo que lo que dije se ajusta muy mucho a la realidad. Otra cosa es que haga daño al PSOE, que no les guste».

Esa realidad, a la que Mayor Oreja cree aproximarse con acierto, está marcada, a su juicio, por dos circunstancias: la movilización de la izquierda y los planteamientos nacionalistas. «Sobre la mesa hay tres propuestas: la de Ibarretxe, la de Mas y la que propugna Maragall, que son distintas entre sí pero llevan a lo mismo, que no es otra cosa que la reforma de la Constitución. Por eso hablo de la segunda transición... No es algo que me invento porque los nacionalistas, en el fondo, lo que están planteando es una nueva transición porque con la que ya hicimos no tienen suficiente».

«Lo de Ibarretxe es tan bárbaro...»
Desde ahora mismo tiene un diagnóstico claro y es que «de las tres propuestas, la de Maragall es, con diferencia, la propuesta más sutil y políticamente la más complicada. Lo de Ibarretxe es tan bárbaro que se desacredita por sí mismo; la propuesta de Mas no es otra cosa que ir a rebufo de Ibarretxe, pero lo de Maragall, ojo... Es tan sutil que la gente se puede preguntar ¿y por qué no?. Bueno, la gente se puede preguntar eso y otros nos podemos preguntar cómo va a administrar todo eso José Luis Rodríguez Zapatero».

Sin quitar la mirada de Cataluña, Mayor Oreja reitera que «lo más preocupante es la propuesta de Maragall. Además de sutil va a tener la credencial del ganador y cuando se celebren las elecciones catalanas vamos a ver cómo es el que más apoyo social tiene. En el fondo, Maragall hace en Cataluña lo que en el País Vasco podrían hacer el PNV más el PSE, aunque hoy esa suma es imposible. Pasqual Maragall reúne la suma de nacionalismo y de izquierda y ya verá cómo el centro de gravedad político se va a desplazar del País Vasco a Cataluña».

Así las cosas, «el problema es muy de fondo y aunque haya quien considere que soy un visionario o que en el PP nos hemos vuelto locos, pues, bueno... Pero me parece que es un hecho muy objetivo, muy constatable, que justamente en el momento en el que la izquierda está más movilizada es cuando surgen Mas y Maragall con sus propuestas. Esto no me lo invento; pero cuando lo digo, algunos se enfadan y otros me ridiculizan. Además, no se trata de meter miedo, que no... que lamentablemente vamos a tener razón los que decimos que quieren una segunda transición».

Gestionar el «post-pujolismo»
«Ahora la guerra, que es algo terrible, lo enmascara todo, pero la guerra se acabará y será entonces cuando comenzaremos a percibir las dimensiones del problema que tenemos encima de la mesa, cuyas consecuencias van a ser muy complicadas. Las tentaciones de reforma constitucional van a ser fuertes y, además, van a ser aplaudidas por algunos sectores de opinión, que van a decir eso de ¿y por qué no?. No sé qué va a hacer Zapatero con Maragall, no sé cómo va a gestionar su triunfo en Cataluña».

«El «post-pujolismo» -reflexiona en voz alta- va a ser sin duda un elemento de mayor inquietud, porque el problema de Cataluña, en términos políticos, es más complicado que el vasco, que es más brutal y por eso mismo está más desacreditado, pero ¡ojo¡ a Maragall».

En los últimos tiempos Mayor Oreja enfada especialmente a los socialistas. Le achacan, entre otras cosas, un cierto tremendismo y «me dicen que siempre estoy con lo mismo, que me gusta el tremendismo, que me gusta provocarles; pero no veo porque no puedo plantear qué va a hacer Zapatero con Maragall y con tantas otras cosas».

De todo esto ha hablado con Aznar y el diagnóstico es compartido. «A mí me ha encargado que hable de todo esto, que vaya a Cataluña, que ... En fin, la guerra es terrible, pero no podemos perder de vista nuestra propia realidad». Forma parte de esta realidad la traída y llevada sucesión de Aznar, «pero eso es otro cantar. Y no sé..., pero creo que las actuales circunstancias por las que atravesamos no van a hacer que el presidente cambie sus planes. Es seguro que se va, de eso estoy convencido».

IRAQ O IRAK
Por Jaime CAMPMANY ABC 7 Abril 2003

PERO, bueno, ese país que están invadiendo, conquistando o liberando los ejércitos aliados, que eso lo dejo a gusto del lector, ¿es Iraq o Irak? No es que la opción de elegir un nombre u otro, con la terminación en q o en k, me atormente ni quite el sueño, pero cuando escribo un vocablo de ortografía dudosa o varia, me gusta saber por qué he escogido una forma y no la otra.

Yo siempre he escrito Iraq, así, con cu, creo que incluso desde la escuela y el colegio, y no me había hecho problema de ello. Tampoco me importaría haber escrito alguna vez Irak, con ka, porque es grafía ampliamente admitida y no constituye falta ni prueba ignorancia. Pero un lector de este papel llamado Carlos Prats nos acusa a Ussía y a mí de usar «Iraq» y en cambio -dice- «critican a aquellos que usan topónimos perfectamente válidos como A Coruña o Lleida». Los topónimos A Coruña o Lleida me parecen perfectamente válidos, pero a mí, cuando escribo en castellano, me da la gana escribir La Coruña y Lérida, digan lo que digan las autoridades políticas o cualesquiera otras. Si escribo alguna vez en gallego, usaré A Coruña, y si escribo en catalán, usaré Lleida.

Respecto a escribir Iraq y no Irak, afirma don Carlos Prats que el término Irak es el que usan los redactores de ABC y que es el único que aparece en el «Libro de estilo» del periódico, mientras Iraq no aparece ni en el «Libro de estilo» ni en el Diccionario de la RAE. En cuanto al «Libro de Estilo», tiene razón nuestro comunicante. Recomienda la forma «Irak», aunque no el gentilicio «irakí», sino «iraquí». Exactamente igual hace el «Libro de estilo de El País», pero de ese no puede uno fiarse mucho porque por allí anda El Nebrija y vaya usted a saber.

Mas ¿de dónde saca don Carlos Prats que Iraq no aparece en el Diccionario de la RAE? Me parece que nuestro atento lector anda un poco atrasado de noticias. Seguramente es que consulta una edición anterior a la de 2001. En esta última edición de la Academia, encontrará «iraquí» definido como «natural de Iraq». Vamos ahora, si quiere, a los Diccionarios de uso. El de doña María Moliner juega a los dos paños y define iraquí como «de Irak». El «Clave», patrocinado por García Márquez, hace lo mismo. Y el de Manuel Seco admite también «irakí», pero al registrar esa voz remite a «iraquí», definido como «del Irak».

Como verá el lector, aquí hay de todo como en botica y bendiciones para todos los gustos. Podemos escribir a capricho, iraquí o irakí, Iraq o Irak. Pero la última palabra de la Academia Española invita a escribir iraquí e Iraq, así que deja sin fundamento el reproche de don Carlos Prats a Alfonso Ussía y a este pobrecito escribidor. La Academia, por fin, olvida la «k» de su anterior veleidad y la deja para que puedan utilizarla los vascos al escribir bizkaitarra, Gaizka o Pakito, y los húngaros al escribir Puskas, Kubala y Kocsis. Por tanto, y como hay donde elegir, el señor Prats que escriba Iraq como quiera, pero que permita que yo lo siga escribiendo como me dé la gana, o sea, correctamente y como siempre. Y por esta vez el «Libro de estilo», hala, a la hoguera.

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