AGLI

Recortes de Prensa     Viernes 11 Abril  2003
El PNV aprueba por sorpresa un plan de euskera en la Sanidad que premia el idioma sobre la profesión
Pablo G. Perdigón - Madrid.- La Razón 11 Abril 2003

Fotocopias «bajo cuerda»
ABC 11 Abril 2003

El Gobierno vasco modifica los contenidos mínimos fijados para la enseñanza de la Historia
R. B. ABC 11 Abril 2003

El nuevo libro de Germán
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  11 Abril 2003

La vuelta al escenario
LEOPOLDO CALVO-SOTELO BUSTELO. ABC  11 Abril 2003

Pues nada, ¡viva la revolución!
CARLOS HERRERA ABC   11 Abril 2003

Miserable campaña
JAIME CAMPMANY ABC 11 Abril 2003

La estatua
ALFONSO USSÍA ABC 11 Abril 2003

El cierre del Estado de las Autonomías del PP choca con el auge soberanista
La Voz 11 Abril 2003

UN PROYECTO POLÍTICO PARA ESPAÑA: EL FORTALECIMIENTO DEMOCRÁTICO.
Jaime Mayor Oreja -Conferencia en el Club Siglo XXI 7 Abril 2003

El PNV aprueba por sorpresa un plan de euskera en la Sanidad que premia el idioma sobre la profesión
El consejero, con dificultad para hablar vascuence, acelera los plazos en contra de todos los sectores
El gobierno vasco ha aprobado un Decreto de Normalización del Uso del Euskera en el sistema sanitario que pretende ser implantado en un período de seis años, para establecer una mejora en la relación médico-paciente. Desde los partidos políticos y sectores sociales han mostrado su rechazo ante el desconocimiento de la propuesta y el perjuicio por su prontitud. El Sindicato Médico de Euskadi teme que la implantación del Decreto pueda repercutir en la atención y calidad al paciente. Según el decreto aceptado, se premiará el conocimiento del vasco a la calificación profesional.
Pablo G. Perdigón - Madrid.- La Razón 11 Abril 2003

El Consejo del Gobierno vasco aprobó, el día 18 de marzo, el Decreto de Normalización del Uso del Euskera en la sanidad vasca (Osakidetza), en una propuesta de los Departamentos de Cultura y de Sanidad, los sindicatos ELA y LAB, la Mancomunidad de Municipios Vascos (UEMA) y la Organización para la Euskaldunización de la Sanidad (OEE).

Ante la aprobación por el Gobierno vasco, muchas han sido las reacciones en los diferentes partidos de la oposición y sectores sociales, como en el Sindicato de Médicos de Euskadi. Según su secretario general, Kepa Urigoitia, expone un alto grado de indefinición en el diseño del mapa sanitario: el período de implantación se concreta en seis años cuando en la primera propuesta se fijó en 15 años, se exigirá un perfil lingüístico excesivamente alto y «se valorará con mayor puntuación el lenguaje que la profesionalidad así como las publicaciones del médico». Además, «queda afectado el derecho del propietario a poder trasladarse, ya que sus posibilidades se limitarán a las plazas carentes del perfil exigido».

Asimismo, temen que la implantación pueda repercutir en la calidad al paciente. El sindicato denuncia «que el Decreto ha sido aprobado sin tener en cuenta nuestras aportaciones, y lo que es más grave, sin que se hubieran dignado a facilitarnos el borrador enviado al Consejo de Gobierno para su aprobación».

El consejero de Sanidad, Gabriel Inclán, ha calificado el plan de «posibilista y real» y que «pretende garantizar los derechos lingüísticos de la ciudadanía, mejorar la calidad de los servicios sanitarios y favorecer la formación de los profesionales y personales».

Su finalidad fundamental es, según el consejero, «lograr que el vasco se utilice en las relaciones orales y escritas que los facultativos tienen habitualmente con la población en la prestación de los servicios sanitarios y que se convierta en una forma normal de relacionarse dentro del trabajo».

Desde los partidos políticos de la oposición también se han pronunciado al respecto; el responsable de Sanidad del Partido Socialista, Jesús Loza, quien analiza la propuesta del Gobierno vasco como «precipitada» y «arriesgada», ya que no «no ha habido consenso» y «se ha producido de la noche a la mañana». Hace un símil del Decreto en Sanidad con el firmado en Educación y apunta a que se recuerde las carencias, defectos y coste educativo que el plan antiguo produjo, tanto en profesores como en alumnos, para evitar en éste efectos mayores. El PSOE ofrece su apoyo a la propuesta, pero exigen una transparencia en las resoluciones, una prolongación del período y la voluntariedad que implica un estado democrático en la atención sanitaria.

Por su parte, el responsable de Sanidad del Partido Popular, Ricardo Bueso, valora el plan como «partidista» y que creará unos «baremos conformes al sesgo que delimita». También, el Decreto producirá «unos agravios comparativos» que serán difíciles de superar, y no se apoya en la finalidad principal que es la calidad. Añadió que el consejero de Sanidad tiene dificultades graves para comunicarse en el Parlamento en vasco, y que la euskaldunización hay que inculcarla desde la educación, por que en la Facultad de Medicina, las clases se imparten en castellano y no existen autores de manuales de estudio médico en vasco.

En los últimos años, el gobierno vasco ha actuado en el desarrollo del Plan de Normalización Lingüística con una inversión de 2 millones de euros anuales para ofrecer cursos intensivos de formación, cifra que este año ha aumentado a 7 millones.

Fotocopias «bajo cuerda»
ABC 11 Abril 2003

La delicada situación de la enseñanza en el País Vasco ha sido también denunciada por los editores de libros de texto que desde hace tiempo vienen criticando que el Gobierno vasco ejerce una complejísima censura sobre los contenidos que es calificada como «dura, rigurosa y arbitraria». Pero lo cierto es que la realidad resulta mucho más compleja y aseguran que uno de los más graves problemas es «la falta de control de las autoridades educativas de los libros que son utilizados en algunas ikastolas -muchos de los cuales no han sido autorizados- y que circulan bajo un sistema de fotocopias». El último informe de la Alta Inspección también constaba que los libros de texto vascos resaltan lo que nos separa, todo aquello que en el pasado nos ha enfrentado a unos con otros y que la enseñanza de España en las escuelas vascas se tergiversa a favor de valores y acontecimientos de tipo nacionalista, promoviendo una educación sesgada hacia la idea de construcción nacional.

El Gobierno vasco modifica los contenidos mínimos fijados para la enseñanza de la Historia
R. B. ABC 11 Abril 2003

Los primeros homínidos en euskal Herria o las tribus vasconas, serán las lecciones iniciales a las que se enfrentan los alumnos vascos en Historia

MADRID. La modificación que el Gobierno vasco ha realizado de los Reales Decretos de enseñanzas mínimas de Bachillerato incumple la normativa básica fijada por Educación y modifica los mínimos establecidos en los decretos de Humanidades. Este hecho es confirmado por el Ministerio de Educación, que en estos momentos se encuentra realizando un análisis de los contenidos establecidos por esta Comunidad para su remisión, en breve, al Gobierno vasco.

El Boletín Oficial del Estado de 21 de marzo establece los currículos de Historia, Filosofía, Griego y Dibujo Técnico a los que tendrán que hacer frente los alumnos de esta Comunidad. No obstante, es la materia de Historia la que sufre mayores alteraciones. Si las advertencias de la Real Academia de la Historia sobre la «tergiversación» que de esta materia hacían los centros educativos del País Vasco levantaron hace tiempo no pocas ampollas, parecen todavía hoy seguir quedando en saco roto. Por aquel entonces, el año 2000, la Academia instaba a acabar con la transmisión al alumnado de una imagen distornionada del País Vasco como pueblo «oprimido por los Estados español y francés».

Realidades independientes
No obstante, el nuevo currículo de Bachillerato introduce, de nuevo, una «peculiar» visión de la historia de España. Así, se señala que «en el estudio de los procesos históricos, la fuente sociológica más cercana del currículo es Euskal Herria, que se presenta con una conciencia de identidad espacial». Y se fija como objetivos generales la identificación y el análisis del desarrollo histórico «en el ámbito de Euskal Herria y de España», tratándolas como dos realidades diferentes. Además, se rebasa el ámbito político y administrativo marcado por la Constitución al incorporar «a su realidad» territorios con entidad jurídica propia, como Navarra. Esta diferenciación entre España y País Vasco se repite en los argumentos de todos los contenidos, objetivos y criterios de evaluación.

En relación a los contenidos, introduce tergiversaciones en múltiples enunciados, como en la «Conquista del Reino Nazarí e incorporación del Reino de Navarra», en donde se prefiere hablar de «anexión de Navarra». Asimismo, se sustituye «el gobierno y la administración de América» por «colonización y explotáción del imperio colonial» y «la cuestión foral» por «abolición del régimen foral».

Dentro de los contenidos que establece la propia Comunidad, los alumnos estudiarán las primeras evidencias humanas en Euskal Herria; el origen y la diversidad de las tribus vasconas; las repercusiones de la Revolución Francesa en Euskal Herria; la génesis y desarrollo del nacionalismo vasco o la violencia y dificultades para la normalización política y de la convivencia. Además, el Gobierno vasco señala que los bloques de contenido conceptuales se han estructurado para su presentación según un «criterio diacrónico, que no debe entenderse como una secuencia lineal clásica en unidades didácticas, y toman como referencia el estudio de los aspectos económicos, sociales, políticos y culturales de los distintos ámbitos espaciales propios de la materia». De manera que no se sigue el estricto sentido cronológico de la historia, recomendado por Educación.

En los criterios de evaluación también se insiste en señalar que no se puede olvidar que «el entorno cultural del alumno es el de Euskal Herria» y se pone especial interés en que el estudiante sepa analizar «la evolución en las relaciones de articulación de los territorios de Euskal Herria con España y explorar las causas, dificultades y las soluciones dadas a los conflictos que se han planteado en diferentes periodos históricos. sobre todo en los más recientes».

Requerimiento inmediato
Por todo ello, el Gobierno vasco tendrá que hacer frente, según ha adelantado a ABC el Ministerio de Educación, a un requerimiento para que modifique todos aquellos puntos que incumplen la normativa. De no hacerlo, la cuestión llegará al Tribunal de lo contencioso-administrativo. La defensa del cumplimiento de la normativa educativa es una tarea de la Alta Inspección, que ya ha tratado la cuestión educativa vasca en diversas ocasiones.

Así, durante una reunión de directores de alta inspección, el delegado del Gobierno en el País Vasco, Enrique Villar, señalaba que se trata de «una clara demostración de hasta qué extremos pueden llevar la perversidad de un nacionalismo excluyente, xenófobo e intransigente». En este sentido puntualizaba que, aunque existen problemas en todas las Comunidades, «el estrellato se lo llevan País Vasco y Cataluña, donde la exagerada regionalización de las materias hace olvidar la generalización de los temas para toda España» e insistía en que se educa a las generaciones en «falsas referencias como Euskal Herria».

Por otra parte, el Parlamento catalán expresó ayer su «rechazo contundente» al proyecto de decreto de desarrollo de la ley de Calidad que prepara el Gobierno y que prevé doblar las horas de clases de castellano en los cursos de Primaria.

El nuevo libro de Germán Yanke
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  11 Abril 2003

La presentación del último libro de Germán Yanke Euskal Herria, hora cero. La dictadura de Ibarreche, además de suponer un emocionante acto cívico en la Casa de América, me confirmó en la tesis de que uno de los rasgos distintivos del nacionalismo antiespañol frente a los españoles antinacionalistas es que ellos carecen por completo de lo único que realmente nos sobra: sentido del humor. El libro versa sobre ese inminente proyecto totalitario de Ibarreche que, si los españoles amigos de la libertad no lo remedian, acabará con el Estado nacional y constitucional. Y tiene en cada uno de sus breves capítulos una estampa de la vida cotidiana tras el triunfo del separatismo bizcaitarra y un análisis de las razones de fondo que han llevado a esa tragedia individual y a esa ruina colectiva. Hay un humor sutil y forzosamente negro en los cuadros costumbristas de esa dictadura nacionalista en ciernes a la que le falta sólo el último capítulo de la tragedia, el que ojalá nunca se escriba, pero también hay pena y melancolía, un lamento de la razón ante los monstruos que, cuando la razón no se defiende, acaban devorándola.

Creo que el libro de Germán Yanke, además de un logro literario indiscutible, contiene los dos ingredientes necesarios para vencer al totalitarismo: la razón y la voluntad de defenderla contra los fanáticos liberticidas y frente a los frívolos dispuestos a pagar el chantaje de la comodidad aunque suponga la fuente de infinitos crímenes futuros. Las dos especies son abundantes en España: los ibarreches y los miñones, los tussellones y los pujolines. O lo que es lo mismo: los maragállidos y los piquétidos. El nacionalismo antiespañol está interiorizado entre sus víctimas y legitimado por ellas mismas. Libros como éste ayudan a ver de frente al enemigo político e intelectual. Y el que lo lea, mirará.

La vuelta al escenario
Por LEOPOLDO CALVO-SOTELO BUSTELO. Ex Presidente del Gobierno ABC  11 Abril 2003

LA comunidad internacional contemporánea se constituye en Westfalia en 1648 y uno de los factores que hacen posible su fundación es el final de la preponderancia española en Europa. Nace el concierto europeo en el momento en que España abandona el primer plano de la escena internacional, al que no volverá en varios siglos.

En efecto, en el siglo XVIII España sólo tiene importancia como potencia colonial y durante el siglo siguiente pasa a formar parte de las que la diplomacia británica llamaba «cortes secundarias». En 1898, el desastre de Cuba pone de manifiesto hasta qué punto España ha quedado desconectada de las redes por las que discurre la alta tensión de las relaciones internacionales.

Nuestra irrelevancia internacional continúa a lo largo de la mayor parte del pasado siglo XX. Quedamos así al margen de las dos guerras mundiales (por una neutralidad de dimisión, no de decisión), fuera de la fundación de las Naciones Unidas, de la construcción europea y de la OTAN. Sólo la instauración democrática de 1977 nos permite pensar en la recuperación del tiempo perdido.

La recuperación democrática alcanza sus éxitos más vistosos en las protegidas aguas de esa organización regional próspera, estable, democrática y pacífica que hoy llamamos Unión Europea. Permítaseme subrayar que la entrada en la OTAN fue el umbral crítico decisivo, porque situó a España en el ámbito mucho más profundo, bronco y peligroso de la seguridad y la defensa.

Pero, con todo, la verdadera vuelta de España al escenario internacional ha tenido lugar este año 2003 al revuelo del segundo conflicto del Golfo que ha enfrentado a los aliados con el Irak de Sadam Husein. Los aliados son aquellos Estados que se coaligan para poner fin a una situación de violación repetida del Derecho internacional. El ejemplo clásico, sin duda, es el de los aliados contra Alemania, Italia y Japón en la Segunda Guerra Mundial.

(Volver no es nunca fácil. En política exterior estamos volviendo, intentando volver a donde solíamos, desde el principio de la Transición. Y no lo habíamos conseguido del todo hasta la crisis de Irak. ¿Responsables de este ritmo lento? Francia, la Francia de Giscard y de Chirac, y el PSOE. Francia demorando nuestra adhesión al Mercado Común. El PSOE negando de entrada y obstaculizando luego de hecho nuestra entrada en la OTAN).

Los Estados que se opusieron a Hitler aprendieron una lección que hoy forma parte inseparable del acervo político: intentar el apaciguamiento de los dictadores es inútil y contraproducente. No tiene sentido retrasar la reacción sancionadora contra quien infringe sistemáticamente las normas.

La lección, sin embargo, no se aprendió fácilmente. El pacifismo europeo de los años treinta, hábilmente explotado por Hitler, fue tan fuerte e influyente como el actual. Chamberlain, el primer ministro británico que promovió la política del apaciguamiento, ha sido muy severamente juzgado por la historia. Pero en 1938, cuando volvió de capitular ante Hitler en Munich, fue recibido en Inglaterra como un héroe: era el estadista prudente que había conseguido la paz con honor y había salvado a su país de los horrores de la guerra. Nadie discute hoy la grandeza y la clarividencia de Churchill. Pero en los años del apaciguamiento fue una figura aislada en la política británica, considerado por muchos como un peligroso halcón belicista.

No cabe dudar de la buena fe de Chamberlain y de los pacifistas de su época; pero tampoco hay duda de que se equivocan. Tampoco cabe dudar de la buena fe de los pacifistas del momento presente; pero hay sólidas razones para temer que se equivocan.

El problema es que la lección de Munich no se aprendió en España. Es verdad que en 1938 los españoles teníamos otras lecciones igualmente importantes que aprender; lecciones que, por cierto, quedaron bien aprendidas y se pusieron en práctica con éxito en la Transición, cuya clave estuvo en evitar cuidadosamente enfrentamientos civiles.

Pero el hecho es que nos faltó aquella experiencia política decisiva del periodo de entreguerras, y quizá sea esa carencia (que no es sino parte de una más amplia bisoñez en materia internacional) la que explique la profunda incomprensión que hoy existe en amplios sectores de la ciudadanía española respecto de la política del Gobierno en relación con el conflicto de Irak.

A mi juicio, la política del Gobierno es acertada, como lo fue la de Churchill frente a Hitler. Se me dirá que el peligro derivado del Irak de Sadam Husein no es de la misma magnitud que el que representaba la Alemania nazi. Pero en todo caso es un peligro muy grave. Y además, existe un factor adicional de suma importancia: el carácter disuasorio que va a tener la sanción que la comunidad internacional está imponiendo a Irak.

No hay que olvidar que hay ahora en el planeta muchos Estados que están entrando en la adolescencia política, y que algunos de sus líderes (incluso democráticamente elegidos) se verán tentados a dejar su marca y ejercitar su nueva musculatura económica y militar. Como escribió José María de Areilza, nunca se sabe en qué rincón está un aprendiz de tirano ensayando el gesto megalómano ante el espejo. Todos esos aprendices ven hoy lo que le sucede al infractor contumaz del Derecho Internacional.

Cabe terminar pidiéndole al Partido Socialista que reflexione. Se equivocó en 1981 con su «OTAN de entrada no» y se ha vuelto a equivocar ahora. El problema es que esta vez no sólo está olvidando la lección de Munich. Al no separarse claramente de quienes atizan la ira contra el Partido Popular, corre también el riesgo de olvidar las lecciones de la Transición, que todos creíamos arraigadas para siempre en nuestra conciencia ciudadana.

Pues nada, ¡viva la revolución!
Por CARLOS HERRERA ABC   11 Abril 2003

EN fin, no hubo suerte. Ha pasado una semana y apenas unos cuantos columnistas y un puñado de políticos han expresado su contrariedad por la redada y condena de opositores al régimen de Castro que ha liderado en persona este fascinante y barbudo líder. Ni un puñetero actor, ni un triste escritor, ni uno sólo de esos intelectuales que erigen su figura en la de garantes de nuestra seguridad y pureza ideológica han abierto la boquita para decir, al menos, mecachis. Mira que se les ha puesto el trapo; mira que se les ha centrado el balón. Sólo tenían que apuntar un tanto el gesto de embestida, tan sólo arrancarse; sólo tenían que meter un poco la cabeza y el remate iba a gol. Pues tararí que te vi. Jódete y baila, mariloli. Si acaso hemos sabido hoy que el Partido Socialista propone promover un documento conjunto con el partido del Gobierno en el que se manifieste la disconformidad con las condenas a los disidentes cubanos. Lo ha manifestado López Garrido, lo que me da de pensar que debe estar trinando por tener que activar una protesta en contra de un régimen al que tantas veces ha defendido. Ni que decir tiene que el bravo Llamazares calla ante lo que debe considerar una lógica y justa aplicación de la ley (puede disimular con algún comunicado ambiguo en el que brinde por la libertad de los pueblos y esas cosas, pero poco más): en el fondo, al máximo responsable de los comunistas españoles no le va a parecer mal que el máximo responsable de los comunistas cubanos garantice su régimen eliminando disidentes. No digamos Madrazo: al socio sandio de Batasuna le preocupa que encarcelen poetas cubanos exactamente lo mismo que la suerte que puedan correr los constitucionalistas en el País Vasco, es decir, nada. Saramago, por supuesto, no ha aparecido. No se sabe nada del tío de la camiseta de «Egunkaria», aquél de las manos en las cartucheras en el numerito de los premios Max ante Gallardón. No ha abierto la boca ninguno de los habituales visitantes políticos de la isla, no la ha abierto Fraga, ni ningún columnista de los que trinan por el trato dado a los presos de Guantánamo -injusto e inhumano y por el que elevo mi protesta más ruidosa-, ni ninguno de los alcaldes que dedican buena parte de su tiempo a enviar autobuses viejos a La Habana, ni actor alguno, repito, ni director de cine alguno, ni ningún pacifista reconocido o anónimo. Nadie. No ha abierto la boca nadie. Todos callados como putas: ¿será que tienen razón y la verdad de lo que ocurre es que todo se reduce a unos cuantos contrarrevolucionarios obsesionados por derribar un régimen independiente acosado por la garra norteamericana? A ver si al final va a ser eso y llevamos media vida sin caer en la cuenta.

Los que también decimos que el Rey de Marruecos es un sultancito miserable y tirano, que la guerra de Iraq nos parecía, cuando menos, evitable, o que los mangantes políticos argentinos han asolado un país al que han desgraciado no pocos militares canallas y asesinos -por poner tres ejemplos inmediatos-, creíamos que podíamos elevar nuestra voz contra un régimen que fusila o encarcela a individuos que cometen la osadía de pedir elecciones libres. Pero no. Estamos, por lo visto, equivocados. O estamos solos, que no sé qué es peor.

Prometo no volver más al tema, tranquilos: no se imaginan ustedes lo que es mirar alrededor y ver que los que creías que iban a estar contigo se han ido todos al baile y están silbando esperando que escampe.

Nada, nada: ¡Viva Castro!, ¡Viva la Revolución! Y los disidentes, al trullo, que se jodan. A ver qué se habían creído.    cherrera@andalucia.net

Miserable campaña
Por JAIME CAMPMANY ABC 11 Abril 2003

Se acaba la guerra. Bush y Blair han dirigido mensajes al pueblo iraquí en los que anuncian el final de una larga etapa de opresión, injusticia y falta de libertad. Si la posguerra se administra sin egoísmos y con generosidad, Iraq, con su riqueza en petróleo, puede tener la esperanza de comenzar un tiempo de reconstrucción, de prosperidad y de libertades. La guerra siempre es terrible y trae consigo pérdidas que no admiten tasa o cálculo ni tienen reparación posible. Pero en este caso una guerra de veinte días puede haber terminado -debe terminar- con la pobreza y la esclavitud de un pueblo durante décadas. Así sea.

Durante las vísperas y los congojosos veinte días de guerra, hemos padecido la exaltación delirante y en algunos casos frenética y agresiva de la izquierda española. Esperemos que ahora se alegre y congratule con entusiasmo del fin de un régimen bestialmente dictatorial y de la liberación de un pueblo empobrecido y sojuzgado durante varios años bajo un sistema militarista y totalitario. Ya no vale oponer el reparo de que las Naciones Unidas, ese organismo internacional que Felipe González y sus socialistas consideran obsoleto y periclitado en sus fórmulas actuales, no apoyó con la unanimidad anterior la liberación inmediata de Iraq. Hágase el milagro y hágalo el diablo. Iraq se encuentra liberado, Sadam ha sido derribado de su siniestro pedestal, y la guerra aquella se ha ganado en sólo veinte días con víctimas y destrozos muy inferiores a los cálculos más optimistas. No es el momento para una marcha triunfal, pero sí el de una victoria sobre la barbarie, sobre la injusticia y sobre el despotismo. Pues, señores exaltadísimos de la izquierda, manifestantes, huelguistas, contestatarios y profesionales del debate político callejero a golpes y a gritos: ahí os quiero yo ver, escopeta.

Porque con ocasión de esta guerra cuya razón fundamental es benéfica e indiscutible y tarde o temprano inevitable, la izquierda española ha desencadenado contra José María Aznar y contra el Partido Popular una campaña injusta, feroz, miserable, desaforada y violenta, la más mezquina, rastrera y oportunista de todas cuantas campañas políticas se han desarrollado en esta democracia. Socialistas y comunistas se han saltado, juntos y al unísono, todas las reglas del juego democrático cuando ha llegado hasta sus narices el tufo del poder. Y ahora, ¿saldrán nuestros queridos actores con una pegatina que rece: «Sí a Sadam»?

En sus nuevos discursos desde la tribuna del Congreso de los Diputados o desde el Senado, ¿pondrán los oradores de la izquierda entre comillas, como hicieron antes, la «ayuda humanitaria» de España al pueblo iraquí? ¿Seguirán llamando «asesinos» a todos los dirigentes del Partido Popular de Aznar abajo? ¿Se atreverán a utilizar en las campañas electorales los argumentos que han esgrimido hasta ahora? Zapatero, con su disfraz de «bambi» ha dejado a Alfonso Guerra y sus desplantes dialécticos como un caballero medieval, y Llamazares ha hecho honor a su apellido. (Llamazares=pantanales, ciénagas). Lo siento, pero esto es lo que hay.

La estatua
Por ALFONSO USSÍA ABC 11 Abril 2003

Algunos monumentos atemorizan. Cayó el muro de Berlín y Gorbachov se abrió al pragmatismo, pero los rusos no se creyeron la libertad hasta que fue derribada la primera estatua de Lenin. Después siguieron otras, y ahora Lenin es sólo momia en su mausoleo, atracción turística. La he visitado en dos ocasiones y la corbata era diferente. De cuando en cuando le cambian la corbata. Fea en invierno, y horrorosa en verano. Pero está bien conservado, con la urna acondicionada a una temperatura perfecta y parece que en cualquier momento se va a incorporar. A muchos les parecería de perlas, pero me temo que se van a quedar en la mera ilusión.

Los húngaros, antes de ser aplastados por las tropas soviéticas en 1956, arrancaron a un monumento la cabeza de Pepito Stalin, y la escupían, la pisoteaban y la usaban como urinario público. Aquello les dio fuerza para resistir, y centenares de ellos murieron en la defensa de una libertad que la Unión Soviética les negaba.

El pasado miércoles vimos cómo los iraquíes de Bagdad, ayudados por una tanqueta americana, se cargaban el monumento a Sadam Husein. Tuvo el acto la grandeza de lo improvisado. Primero le ataron una cuerda al cuello, y la soga se rompió. Mucho bronce. Después le cubrieron la cabeza con una bandera americana, pero entendieron, tanto americanos como iraquíes, que aquello podía dividir los sentimientos. Es Iraq la que se libera del asesino, y cuando sustituyeron las barras y estrellas por una bandera iraquí, todo funcionó mejor.

Con ella al cuello, el tirano de Bagdad inmortalizado en bronce se quebró para, finalmente, caer al suelo. Le colgaban unos tubos amarillos sorprendentes, que interpreté como soportes del monumento, y que quedaron ridículos a la vista de la muchedumbre. Parecían mangas de riego y ese detalle humilló aún más a la figura de Sadam y envalentonó a los iraquíes subyugados. Pero tienen trabajo si quieren borrar de las ciudades de Iraq todas las estatuas, bustos, retratos, murales y demás chorradas con la efigie del criminal.

Me figuro que aquellas imágenes resultaron durísimas para Llamazares y Zapatero. Ver la caída del ídolo siempre desconcierta. La devastación de un régimen tirano se inicia cuando la efigie del dictador se convierte en una parte del suelo. Y yo, ahora, con la mejor intención posible, y desde aquí, envío a Llamazares y Zapatero mi más sincera condolencia por los hechos ocurridos en Bagdad, y les animo a sobreponerse, a no dejarse llevar por la melancolía, a luchar contra la honda tristeza que, sin duda, les ha producido el desmoronamiento del símbolo preferido de Sadam Husein, que estaba encantado con la escultura y tuvo el detalle de no mandar fusilar al artista cuando examinó su trabajo.

Pensé en la primera ventana de libertad para los iraquíes. Pero me concentré, especialmente, en la tragedia anímica de Llamazares y Zapatero. Nada me satisface el sufrimiento de mis semejantes, y esa visión del derrumbamiento de una tiranía tan mimada y defendida por algunos de nuestros políticos se me antojó excesivamente desconsoladora para dos hombres que se han tragado de la mano tantas manifestaciones, guateques y recitales en beneficio de la causa del forajido derribado. A partir de ahora, Zapatero intentará desmarcarse de Llamazares, pero no es fácil la separación después de tantas horas y esperanzas compartidas. Más aún, cuando parece que la guerra, como tal guerra, está a punto de terminar, e Iraq, como dictadura, ha traspasado el umbral de la desaparición. Y no fueron los americanos los protagonistas del espectáculo, sino los propios iraquíes.

Reciban Llamazares y Zapatero mi más sentido pésame y el deseo de que superen con entereza la caída de Sadam Husein.

El cierre del Estado de las Autonomías del PP choca con el auge soberanista
La Voz 11 Abril 2003

Las pretensiones de los nacionalistas de lograr más autogobierno para Cataluña y País Vasco se han convertido en el gran obstáculo para la culminación del Estado de las Autonomías proclamada por el PP. El Gobierno admitió que existe «un alto grado de satisfacción» entre los gobernantes de las comunidades sobre el nivel de autonomía que gozan con las dos excepciones mencionadas, que pretenden «abrir un segundo proceso de descentralización» para asumir todas las competencias del Estado.

«Con el texto constitucional en la mano, el Estado de las Autonomías está prácticamente cerrado». El diagnóstico del ministro de Administraciones Públicas no es aplicable para el País Vasco y Cataluña, que mantienen abierto el frente reivindicativo con dos propuestas de autogobierno que «no caben dentro del marco constitucional» y «no son aceptables» porque exigen su reforma, algo que el Gobierno de Aznar no va a permitir.

Javier Arenas admitió que en el Ejecutivo existe «preocupación» por la integridad territorial de España, ya que los proyectos soberanistas de PNV y CiU afectan a «la cohesión y vertebración» nacional. Es más, agregó, no se va a dialogar sobre las modificaciones estatutarias planteadas porque no son «una prioridad» para la población vasca y catalana ni de la de España. El ministro advirtió a los nacionalistas que no caigan en la tentación de desarrollar de forma «unilateral» sus propuestas porque no es posible, aunque cuenten con el respaldo mayoritario en sus Parlamentos, ya que requiere la autorización de Las Cortes.Arenas detalló que desde 1978 hasta ahora se acordaron 1.767 traspasos de competencias, el 96% de las recogidas en los 17 estatutos de autonomía, y quedan pendientes de transferir 80 (4%), que son de una relevancia política y económica menor.

El resultado de este proceso de descentralización es que si en 1982 la Administración central consumía el 79,7% del gasto público; las autonomías, el 7,7%; y los ayuntamientos, el 12,7%; ahora gastan el 48,7%, el 35,5% y el 15,8%, respectivamente. Hace 21 años, el 82,6% de los funcionarios dependía de Madrid, ahora sólo el 24,4%.Arenas justificó el cierre del modelo autonómico porque no puede ser «un proceso sin final» y ha llegado el momento de culminarlo para abrir una nueva etapa basada en la cooperación entre las administraciones.

El PSOE discrepa
El PSOE sin embargo discrepa de esta visión porque, en primer lugar, el Estado de las Autonomías no se completó y, en segundo, las reformas de los estatutos no deben rechazarse de entrada. El responsable socialista de desarrollo autonómico, Juan Fernando López Aguilar, sostuvo que hay tramos que pueden ser desarrollados. Advirtió, además, que la oposición a los cambios planteados desde el País Vasco y Cataluña sin sentarse antes a dialogar no es la respuesta adecuada, porque ni la Constitución ni los estatutos son piezas «intangibles», sino que tienen mecanismos de modificación en sus textos.     (r.g. | madrid)

UN PROYECTO POLÍTICO PARA ESPAÑA: EL FORTALECIMIENTO DEMOCRÁTICO.
Jaime Mayor Oreja -Conferencia en el Club Siglo XXI 7 Abril 2003

Excelentísimas autoridades, señoras y señores:

25 AÑOS DE CONSTITUCION
Como todos ustedes saben, este año se cumple el veinticinco aniversario de
la aprobación de la Constitución Española de 1978. Veinticinco años de éxito
político, económico y social de la sociedad española. Un capítulo como pocos
en nuestra historia contemporánea, un motivo de orgullo legítimo y de
bienestar interior para todos los españoles que, por fin, fuimos capaces de
iniciar un proceso de convivencia y crecimiento sin precedentes en nuestra
historia reciente.

He querido comenzar con ese recordatorio porque lo primero que yo quisiera
decir aquí, en este prestigioso club siglo XXI, es poner en valor aquella
obra: lo que los españoles supimos y fuimos capaces de poner en marcha y sus
contenidos, sus principios, sus valores. Y quisiera traer al recuerdo de
todos ustedes las convicciones que nos llevaron a iniciar aquella obra
política. La convicción en España. La convicción en la libertad. La
convicción en un proyecto democrático capaz de superar las tensiones y los
desencuentros políticos históricos entre españoles.

Y sin embargo, veinticinco años después, parece como si hubiese sectores
políticos y personas que estuvieran frivolizando con aquello que fuimos
capaces de construir. Con el Estado de las Autonomías; con la forma política
del Estado; con la moderación y con el civismo políticos. Nunca desde
entonces se habían vivido algunos de los acontecimientos que ahora, con
motivo del conflicto de Iraq, estamos viviendo. Parecían olvidados ya los
insultos, las violencias, las llamadas a la desobediencia civil del poder
democrática y legítimamente constituido. Era inconcebible que unos partidos
llamaran asesinos a los miembros de un Gobierno o de un partido democrático.
Era inimaginable el asalto a las sedes de un partido político. Y era no
menos imaginable que aquello que aún existía como un reducto de lo peor de
nuestra historia en el País Vasco, la violencia, la intolerancia, el odio,
el radicalismo, corriera el riesgo de extenderse por el resto de España.
Primero fue la catástrofe del Prestige, que inició un proceso de
batasunización de Galicia, con insultos, agresiones, apedreamientos y la
pérdida de la más elemental sensatez y mesura política. Después ha sido el
papel de España en el conflicto de Iraq lo que ha servido de excusa para que
actitudes y comportamientos que creíamos ya superados, hayan aflorado con
una violencia insospechada.

Yo diría que esta situación viene determinada por dos variables y que esas
dos variables pueden llegar a situar a nuestro país ante un escenario
enormemente delicado y complejo, un escenario de riesgo democrático y de
debilidad constitucional. La primera variable radica en ciertas actitudes de
parte de la izquierda; la segunda en la estrategia del nacionalismo.

LA MOVILIZACION POLITICA Y SOCIAL DE LA IZQUIERDA
La primera variable se refiere a lo que podría llamarse la radicalización
de parte de nuestra izquierda política y social. Hace ya varias semanas
realicé unas declaraciones en ese sentido, y algunos se echaron las manos a
la cabeza, y otros hablaron de cierto alarmismo. También señalé que cada
vez se clarificaba más la existencia de dos izquierdas bien diferenciadas.
En mi opinión, en el fondo, lo que está también ocurriendo es que la
izquierda española está atravesando una profunda crisis, una crisis de
proyecto común para España que se oculta creando un adversario exterior al
que hay que derribar a toda costa; la exaltación de la catástrofe, la
imputación de la culpa, la criminalización del Partido Popular y del
Gobierno, el fomento de la radicalidad. Pero lo cierto es que hay dos
izquierdas hoy en España, incluso dentro del socialismo español: por un lado
la izquierda moderada, que tiene importantes discrepancias con el
centro-derecha español, pero que tiene también coincidencias básicas en la
Constitución, que tiene sentido y modelo de Estado, y por otro lado la
izquierda radicalizada que ha decidido anteponer a cualquier proyecto
político la eliminación del Gobierno y del PP. Y si esta existencia de dos
socialismos y de dos izquierdas se ve nítidamente en algún lugar de España,
ese lugar es el País Vasco.

El riesgo que, hoy en día, tiene esa izquierda democrática y de convivencia,
es el riesgo de iniciar una deriva en la que, bien por falta de confianza en
sí misma, bien por una ausencia de proyecto político propio definido y
asentado, asista, en unos casos en silencio, en otros casos con
complecencia, al acoso, a la agresión a veces, en todo caso a la dificultad
a la que la otra izquierda, la izquierda radical, quiere llevar al Partido
Popular. Y lo pongo de manifiesto por experiencia propia. Porque yo he
conocido y sufrido también el juego macabro de los dos nacionalismos vascos
hacia los no nacionalistas: El moderado, que asiste impasible a la
persecución, como si no pasara nada, y el radical, que lleva a cabo la
persecución. Y no quiero yo acusar a la izquierda democrática de esa deriva:
digo que corre el riesgo cierto de terminar en ella. Y digo también que, en
esos juegos, quien siempre, inevitablemente pierde, es la mayoría, la
convivencia y la libertad.

Esa división y radicalización, además, no afecta tanto a planteamientos
ideológicos de fondo cuanto a planteamientos estratégicos y tácticos, a
gestos, a comportamientos, a maneras de actuar, a lenguaje político si se
quiere, y sobre todo, a que parte de esa izquierda ha llegado a la
conclusión -democráticamente inaceptable- de que “el fin justifica los
medios” y de que, en consecuencia, todo vale para tomar el poder. Y eso por
una parte se traduce en los pactos y los proyectos políticos de fondo con
los nacionalismos, y por otro lado se traduce en una movilización que
pretende que los movimientos de masas, la toma de las calles, es un
instrumento de deslegitimación de las Instituciones y del Gobierno
democráticamente elegido. Se trata de sustituir las urnas por las
manifestaciones, y los hábitos de la corrección y de la cortesía democrática
más elemental por la agresión física y verbal, por el asalto de las sedes
políticas y por el insulto.

No es propio de un partido que aspira al Gobierno perder toda serenidad
democrática. Al radicalizar los mensajes y las formas se pierde la
moderación, que es consustancial a toda democracia y, al perderse
moderación, se corre el riesgo de dividir, de enfrentar, de partir a la
sociedad española –una sociedad que ha sabido conquistar de manera ejemplar
la concordia- en dos mitades. Pero además, esa actitud debilita la
democracia española, sus Instituciones, su Estado de derecho, en la hora
difícil de afrontar los retos y las dificultades históricas internas del
modelo constitucional y del desafío que la ofensiva del nacionalista ha
puesto en marcha.

En definitiva, la radicalización de esa izquierda constituye un
debilitamiento de la democracia en España y un riesgo para nuestro sistema
constitucional. Exactamente el mismo debilitamiento y el mismo riesgo que
constituiría la radicalización de la derecha. Y si algo necesita la sociedad
española, hoy y en todo tiempo, ese algo se llama moderación, templanza,
mesura, serenidad y sentido común.

LA OFENSIVA DEL NACIONALISMO: SUS TRES MODALIDADES
La segunda variable a la que me refería antes, es la ofensiva del
nacionalismo. Y es que, en la medida en que el nacionalismo detecte
problemas para el Gobierno de España, y enfrentamientos y divisiones
radicales y profundas entre los dos principales partidos de ámbito estatal,
en esa medida, el nacionalismo desplegará, como está haciendo ahora, una
nueva ofensiva para alterar el marco político de ésta, terminar con nuestra
Constitución y poner en riesgo esa convivencia tan trabajosamente lograda
desde la Constitución del 1978.

El problema es que eso el nacionalismo lo sabe, y que, en consecuencia, a
mayor radicalización de la izquierda, a menor moderación política en los
comportamientos, mayor debilitamiento democrático de España, mayor división
social, menor cohesión a la hora de afrontar los grandes problemas internos,
y mayores facilidades y márgenes para que la ofensiva nacionalista de
destrucción del orden constitucional salga adelante.

Y permítanme que me detenga brevemente en la descripción de esa ofensiva.
Quiero aclarar que cuando me refiero a “ofensiva nacionalista” me refiero a
los esfuerzos, a las estrategias, a las conjunciones políticas que tienen
por finalidad la modificación del actual marco jurídico y político de
España. Y en esa materia los datos de las últimas semanas son, en mi modesta
opinión, inequívocos.

Se han producido tres fenómenos, en ese sentido, que se refieren al país
Vasco y a Cataluña, a los que me gustaría dedicar alguna reflexión, y que
afectan como es natural al conjunto de España, porque uno de los equívocos
del lenguaje, una de las perversiones políticas de este momento es hablar de
proyectos para Cataluña o para el País Vasco como queriendo ocultar que esos
proyectos son sobre todo proyectos para España o, en ocasiones, para no
España.

1.- En primer lugar, quiero referirme al nacionalismo vasco. No voy a
detenerme en los orígenes de esta ofensiva, que ustedes reconocerán
perfectamente con sólo citar dos nombres: Ermua, o la rebelión democrática
de las víctimas del terrorismo; y Estella, o el pacto y el proyecto
político del PNV con ETA.

Estos dos sustantivos, esos dos nombres de ciudades, que marcan la
trayectoria de esa ofensiva del nacionalismo vasco, se acentúan ahora con un
verbo: salvar; salvar a Batasuna. Un verbo que tiene otras acepciones.
Salvar significa también, aquí: heredar, compadrear, cobijar. Si la rebelión
democrática de las víctimas tras el asesinato de Miguel Angel Blanco produjo
pánico en un nacionalismo que veía emerger, por vez primera en el País
Vasco, un movimiento social ni alumbrado ni controlado por el nacionalismo;
si la reacción a Ermua fue el pacto de convergencia con ETA en Estella;
ahora, ante la decisión democrática de la Ley de Partidos y de la
ilegalización de Batasuna, el nacionalismo vasco ha puesto en marcha su
respuesta y su ofensiva final de incumplimiento del estado de Derecho, de
desobediencia civil desde la perversión de las instituciones, de ruptura de
las reglas del juego democrático y del marco jurídico y político.

La presentación formal de esa ofensiva se llama Plan Ibarretxe. Pero la
realidad de esa ofensiva se traduce en una suma, una síntesis y una
convergencia territorial entre ETA y el PNV ante las próximas elecciones: el
PNV en las ciudades y ETA en el ámbito rural. Son dos escenarios, dos
ambientes del nacionalismo y también dos maneras de escenificar la ruptura
común. No es, en consecuencia, únicamente una suma de PNV y EA: hay mucho
más: hay un reparto de país y hay también un reparto de papeles en una misma
estrategia: en un país independiente, los ghetos, las aldeas y los pueblos,
serían para ETA; en tanto las ciudades serían para el PNV. Este es el futuro
mapa político que tendría el País Vasco si el Plan Ibarretxe saliera
adelante, y en eso consistirá el ensayo general de reparto del país que
quieren plantear en las próximas eleciones. Y esta es también una de las
razones por las que, pese a los asesinatos, pese a la ilegalización de
Batasuna, pese al clamor ético y moral, el PNV ha decidido mantener en los
Ayuntamientos como Andoaín a alcaldes de Batasuna, es decir, ETA.

2.- En segundo lugar, quisiera referirme al Pacto de Barcelona. Como ustedes
saben, simultáneamente al acuerdo entre el PVN y ETA escenificado
parcialmente en Estella, se puso en marcha el Pacto de Barcelona suscrito
por CIU, PNV y el BNG.

ETA, estaba en aquel momento en la vanguardia de una ofensiva nacionalista,
y el PNV y su Gobierno en la retaguardia. Finalmente, a la espera, a
rebufo, del resultado de la misma, se encontraban el resto de formaciones
nacionalistas. ¿Y que está ocurriendo hoy con los firmantes de ese pacto?

Comencemos por el BNG. El BNG está intentando colonizar todos los sectores
de acción o de interés social. En una burda imitación de todas las
plataformas sociales que ETA fue creando, ante determinados problemas, en el
País Vasco, como la plataforma antinuclear de Deba y de la Costa Vasca, el
comité antinuclear de Lemoniz, la coordinadora Lurraldea -hoy Elkarri- a
raiz de la construccion de la autovía Leizarán, en una burda emulación del
peor nacionalismo vasco, el BNG ha hecho exactamente lo mismo ante la
catástrofe del Prestige. Esta es su modalidad de ofensiva. Algo así como un
intento de Batasunización de Galicia que trata de provocar, al final,
incomodidad política y social, vergüenza, dificultad de pertenecer,
simpatizar o colaborar con una opción como el Partido Popular. En
definitiva, un tipo de presión nada democrática.

Respecto de CIU, que ha presentado recientemente su proyecto, es cierto, que
hay mas moderación por el momento en las formas y –en menor medida- en los
contenidos de esa ofensiva de CIU. Es cierto que no plantean una ruptura
tan bronca y abrupta como la del PNV, pero he de recordar que el Sr. Mas ha
presentado un nuevo modelo de Estatuto que está más en la radicalidad que en
el seny, que es mas vasco que catalán, que es en cierta medida la
contaminación de Convergencia por el PNV a través del referido Pacto de
Barcelona.

Y al final lo que se produce es una alteración de la estabilidad, un cambio
de marco constitucional y político, una ruptura del pacto constituyente, un
intento de abrir una segunda transición. Eso no es contribuir a la
gobernabilidad y a la modernización de España sino acentuar sus problemas y,
por lo tanto, también, los de Cataluña.

3.- Pero existe, además, en tercer lugar, otro proyecto de alteración de la
estabilidad política de España. Me refiero al denominado “modelo Maragall”.
El líder de los socialistas catalanes ha dado a conocer en estos últimos
días, en este mismo foro y ante el secretario general del PSOE su nuevo
modelo de Estado: ha planteado su proyecto de reforma del Estatuto y su
correspondiente propuesta de referéndum; ha planteado la plasmación jurídica
y política de la nación catalana, y ha planteado, en definitiva, la
inevitable reforma del marco constitucional.

El problema es que ese “modelo Maragall” no es únicamente una singularidad o
una extravagancia o una “nota de color” del partido socialista en y para
Cataluña. El problema es que, por un lado, suponga una alteración del modelo
político constitucional, y por otro lado, se extienda a determinados
sectores de otros partidos socialistas de España, muy especialmente a
determinados sectores del Partido Socialista en el País Vasco. Y el mejor
ejemplo de esa extensión y de ese contagio está en las declaraciones que
ayer mismo realizó el secretario general del PSE, cuando acusó al PP de
estar protagonizando “un choque de patrias”. Y nos acusaba de “enfrentar
Euskadi con España, como si uno fuera el problema y otro la solución”. Y
esto es un auténtico disparate. Primero porque, buscando la equidistancia
entre PNV y PP, equipara el nacionalismo vasco con el constitucionalismo,
cuando son, precisamente, antitéticos. Segundo, porque está identificando de
manera subconsciente el País Vasco con el nacionalismo, y ese es el error
que creíamos que el PSE había superado. El problema radica en si se cree o
no en el constitucionalismo vasco, es decir, en si el País Vasco debe o no
ser gobernado desde un proyecto distinto del nacionalismo.

Y de la misma manera que el nacionalismo vasco está contaminando al
nacionalismo catalán, en un camino de vuelta, el socialismo catalán de
Maragall está contaminando al socialismo vasco de López. Y por esa doble
vía, se corre el riesgo final de alterar totalmente el modelo de Estado.

El problema radica en que el proyecto Maragall es exactamente la antítesis
de la alternativa democrática al nacionalismo en el País Vasco, es lo
contrario del constitucionalismo y es, en consecuencia, un cambio de rumbo,
un giro de 180 grados respecto del proyecto que presentamos en Mayo de 2001
entre el PP y el PSOE. Es una frívola asociación entre el socialismo y el
nacionalismo. Es heredar y confirmar un ambiente político y social
establecido por el nacionalismo en los últimos años. Y puede que llegue
antes al poder, puede que electoralmente le sea más rentable a más corto
plazo, pero entonces no estará cambiando nada, no estará resolviendo y
afrontando los problemas políticos de fondo, la raíz del desencuantro y las
dificultades de convivencia generados por ese ambiente que se trata de
conservar. Es, en definitiva, heredar la ambigüedad, sustituir a un
nacionalismo que ha decidido apostar por la Declaración de Barcelona, por
un nacionalismo que se contenta con la reforma del Estatuto. Cambiar de
partido y de dirigentes políticos para que las cosas continúen igual. No es
un proyecto de alternativa sino de continuidad.

Es verdad que Maragall pretende legitimar su proyecto diciendo que es
distinto del de Convergencia; pero es verdad también que Convergencia
intenta dar un plus de seriedad y de legitimidad a su proyecto diciendo que
es distinto del de el Sr. Ibarretxe; y es verdad que el BNG intenta
legitimar sus plataformas sociales negando el carácter de batasunizacion; y
es finalmente verdad también que el Sr. Ibarretxe intenta legitimar su
proyecto presentándolo como un proyecto distinto del de ETA. Pero al final,
todos y cada uno de esos proyectos, distintos -claro está- entre sí, con
ritmos y modos diferentes, al final producen la apertura de una segunda
transición, de un segundo proceso constituyente para España y de una ruptura
del pacto constitucional.

Y el problema es que, ante esas derivas del socialismo hacia el
nacionalismo, hay también silencios muy significativos, muy preocupantes,
silencios que se produjeron en esta misma sala, silencios elocuentes de la
dirección del partido socialista ante las tesis y proyectos del Sr.
Maragall. Unos silencios que quizás escondan el tremendo error político de
pensar que un gran desafío nacionalista se detiene con un desafío
social-nacionalista menor: es decir, que la pretensión de un nuevo modelo de
Estatuto y de relación con España planteado por los nacionalistas catalanes,
se responde y se pretende neutralizar o contrarrestar con un desafío de
reforma del Estatuto.

Y, parafraseando a Ortega y Gasset, permítanme que recuerde aquel
diagnóstico suyo: no es esto, no es esto.

LOS RIESGOS.
Antes decía que, a mayor radicalización de algunas de las izquierdas en que
ahora se divide y subdivide la izquierda española, mayor ofensiva de un
nacionalismo que intenta ganar terreno por la brecha de la desunión entre
los partidos estatales. Pero el problema es también que, a mayor ofensiva
nacionalista, mayor radicalización de una parte de la izquierda que ha
creído que todo vale para tomar el poder, incluso el debilitamiento
democrático y constitucional de España. Y es cierto que hay una parte de
esa izquierda que está cómoda en su radicalización, porque forma parte de su
propia esencia, y me estoy refiriendo a IU, pero también es cierto que no
tiene sentido que otros sectores de la izquierda ligados al socialismo estén
en esas posiciones. Y voy a detenerme en esta idea para no ser mal
interpretado.

Lo que quiero decir no es sólo que parte de la izquierda entiende que la
única manera de sustituir al Gobierno del Partido Popular consiste en su
debilitamiento a toda costa, y que en esa tarea puede haber confluencias
tácticas con los nacionalismos, sino también, y esto es lo más preocupante,
que parte de esa izquierda entiende que la única manera de recuperar el
poder en España es hacerlo mediante una unión temporal de toda la izquierda
con esos nacionalismos. El pacto con los nacionalismos, el pacto con los
contenidos del nacionalismo, con la superación del marco constitucional –que
es mucho más que un pacto puntual de Gobierno- es la estrategia de un sector
cada vez más preocupante del PSOE. Esa es la estrategia Maragall a la que
antes me referí, y la estrategia Elorza, y la estrategia en Baleares, y la
estrategia en Galicia. Y será la estrategia de todos aquellos lugares y
Comunidades en los que la única manera de desbancar al PP del poder consista
en una unión del socialismo con el nacionalismo. Y la tragedia es que
entonces aparecen dos partidos socialistas, uno, el que emula al
nacionalismo en sus propuestas de federalismo asimétrico o de confederación,
y otro, el partidario del modelo constitucional del Estado Autonómico que
pactamos entre todos en 1978. Y tenemos que el principal partido de la
oposición, que debería tener la capacidad política de presentar una
alternativa de gobierno única y coherente para toda España, carece de modelo
de Estado y es de una incertidumbre sin precedentes en ese terreno.

Y eso tiene varios riesgos.

En primer lugar, un riesgo para la propia izquierda, que como siempre ocurre
en todo proceso de radicalización, se aboca a su fractura interna, a la
proliferación de pequeños partidos, a la atomización, a la presentación –y
lo vamos a ver en las próximas elecciones municipales- de nuevas
candidaturas de izquierda más o menos radical, más o menos anti-sistema, más
o menos antiamericana, pero siempre a la izquierda del socialismo moderado,
y siempre independiente de él. Y este, que fue un sarampión democrático de
nuestra Transición, está volviendo a emerger, como es natural, en paralelo a
la demanda, precisamente, de abrir una segunda transición. Pero el problema
es que no responde a una demanda social. El sentimiento de ruptura y de
radicalidad no es que sea malo, o bueno: es que, hoy por hoy, es
históricamente falso. Es una mentira política. Y es una irresponsabilidad.

El segundo riesgo, mucho más preocupante y grave que el anterior, la segunda
deriva a la que me estoy refiriendo alcanza niveles muy preocupantes cuando,
por ejemplo, la sociedad española asiste atónita a un intento de voladura
–no sé si consciente o inconsciente- de algunos de los consensos
constitucionales más elementales. Es el caso del ataque del PNV, del BNG y
de IU a la Corona; es el caso de la falta de respeto al Rey; del empeño
increíble de iniciar un proceso de contabilizar muertos de uno u otro bando
de la guerra civil, de instrumentalizar política y partidísticamente la
tragedia de las fosas comunes, que son comunes a todos los españoles y no ya
de un bando o de otro, que eso significó la Transición.

Y el momento es especialmente grave porque todos esos elementos que
permitieron la Transición política y el mayor período de prosperidad y de
concordia entre los españoles, esos elementos, están en riesgo gracias a ese
doble y confluyente proceso al que me refiero: la radicalización de una
parte de la izquierda –con atomización de la misma- y la ofensiva del
conjunto del nacionalismo. Es fácil unirse contra Aznar. Lo difícil es
extraer, de ese maremágnum, de esa amalgama del anti, de ese caos, un
proyecto político posible para España.

Porque, ¿cuál fue el gran mérito político de nuestra democracia desde 1975?
El esfuerzo de todos los partidos democráticos de apartar del terreno
político todos aquellos asuntos que en el pasado habían enfrentado a los
españoles y que, potencialmente, podían dividirles ante el porvenir. Se
soltaron lastres y dogmas ideológicos. Se apartaron los muertos y las
tragedias de la guerra civil del debate político; se apartó la controversia
monarquía-república; se pactó un modelo de Estado que zanjaba la cuestión
territorial, se pasó del centralismo político a la autonomía de
nacionalidades y regiones, y, sobre todo, se introdujo un nivel mínimo de
civismo en el debate político.

Y esa superación de nuestra historia no fue cerrar en falso nuestro pasado,
sino que fue la mejor manera de asegurar el porvenir.

Y ahora que se cumplen veinticinco años de nuestro aniversario
constitucional, hay que recordar más que nunca, a una determinada izquierda
y al nacionalismo, todas estas cosas.

El FUTURO INMEDIATO
Hay que recordarles que, en el momento en que termine el conflicto de Iraq,
los grandes problemas de España vendrán de su articulación interna. El
desafío nacionalista será la primera gran cuestión política nacional después
de las elecciones municipales del 25 de Mayo próximo, hasta el punto que
serán los resultados electorales del País Vasco los que determinen los
ritmos de esa ofensiva nacionalista. Álava, es cierto, se configurará como
el elemento territorial clave en esa decisión de precipitar o no el proceso
de ruptura, pero, en cualquier caso, como ya he apuntado antes, el proyecto
de la autodeterminación será defendido por el PNV en las ciudades y por ETA
en los pueblos, especialmente en los de Guipúzcoa. El impulso de la
autodeterminación vendrá determinado por la convergencia de ETA y PNV, y esa
convergencia, esa suma llena de vasos comunicantes, será la protagonista de
la ofensiva del nacionalismo vasco.

En Cataluña, se abrirá muy probablemente un compás de espera ante la
celebración de las elecciones autonómicas del próximo año, y allí el
protagonismo, la clave, la esencia política de la ofensiva nacionalista no
recaerá afortunadamente en la unión del nacionalismo moderado con el otro
nacionalismo, el radical, como en el Pais Vasco. El protagonismo recaerá en
la síntesis o en la intersección del nacionalismo y del socialismo
catalanes.

En Galicia, el grado del crecimiento –o del retroceso- del BNG marcará el
elemento determinante en los ritmos de esa ofensiva nacionalista.

Pero en los tres lugares, en País Vasco, en Cataluña, en Galicia, está en
riesgo el marco constitucional que garantiza la convivencia entre españoles
de todas las Comunidades Autónomas y de uno y otro signo.

Y permítanme que me pregunte ahora: ¿cuál debe ser el papel, la función
política y constitucional de los partidos políticos de ámbito estatal en
cuyas manos, ya en el Gobierno ya en la oposición, se encuentra el porvenir
de nuestra sociedad?

DOS CAMINOS PARA AFRONTAR LA SITUACION
Hay una manera de cómo no se frena una ofensiva nacionalista como la
descrita. Y el mejor ejemplo, el más actual, nos los ofrece la dirección del
PSOE.

No se frena la ofensiva del nacionalismo negando la realidad, negándose a
aceptar el estado real de las cosas, ocultando la realidad, echando tierra
sobre los problemas, eludiendo los compromisos. Y de esa manera, cuando se
niega la existencia de una ofensiva nacionalista no hay que tomar posición
respecto de la misma ante los electores. Si se niega la radicalización y
violencia de sectores de la izquierda, no hay que poner coto a ellos. La
consecuencia de esta posición de autismo en relación con los problemas
reales del presente y del porvenir de los españoles, consiste en inventar un
enemigo exterior: la clave es echarle la culpa al Partido Popular y al
Gobierno. El problema de España deja de ser uno y se convierte en otro. No
es ya la ofensiva de los nacionalismos, ni la radicalización de parte de la
izquierda, lo que pone en riesgo el sistema político, sino el Partido
Popular y su Gobierno. Y entonces se afirma que España no aguanta cuatro
años más el discurso de Aznar sobre España. El PP es el problema, no los
violentos, no los radicales, no los nacionalismos excluyentes. Con cuatro
años más de gobierno popular, se dice, España arderá.

En definitiva hay dos caminos para afrontar la ofensiva nacionalista desde
los partidos constitucionalistas.

El primero de ellos, ya lo hemos visto, es el proyecto Maragall, es decir,
la reforma del Estatuto y la reforma constitucional. Pero una ofensiva como
la del nacionalismo vasco no se detiene anunciando la reforma de la
Constitución o la de los Estatutos. Quienes defienden estas formulas están
en, en el fondo, propugnando la necesidad de una segunda transición. Ya
hemos visto que esta segunda transición tiene hoy tres formulaciones: El
proyecto Ibarreche, el Proyecto Mas y el Proyecto Maragall. Son caminos
distintos, con distintos acentos, con distintos matices pero con un mismo
objetivo común: una segunda transición y una modificación de los marcos
jurídicos y políticos de España .

En mi opinión ese objetivo supone no haber entendido nada de nuestra
transición democrática; nada del Pacto Constitucional y nada del esfuerzo
político realizado por la sociedad española en los últimos veinticinco años.

La Transición española fue una oportunidad histórica, una demanda social,
una realidad política. Fue, en fin, si ustedes me permiten la expresión, una
verdad histórica y una necesidad.

Hoy las cosas son bien distintas.

La reforma constitucional, en la medida en que continúe la ofensiva
nacionalista, constituye una inoportunidad histórica para España. No
responde a una necesidad social sino a una ficción política que los
nacionalismos –cuando su ciclo empieza a declinar- pretenden crear
artificialmente para subsistir, y es por todo ello una falsedad histórica.
Es, además, un error estratégico de primera magnitud: no es posible abrir
una reforma constitucional del modelo político para dar nuevamente,
veinticinco años después, satisfacción a los nacionalismos.

No cabe abrir una reforma constitucional en la medida en que ésta no se haga
para dar respuesta a las necesidades del conjunto de la sociedad española. A
sus necesidades históricas reales.

Es muy fácil articular una mayoría social de oposición ante un conflicto
bélico. Lo difícil, pero también lo necesario, es articular una mayoría
social para afrontar y resolver los proyecto políticos pendientes en España.

En definitiva, iniciar un proceso de reformas constitucionales, de cambios
del sistema político y de alteraciones en el modelo de Estado en un momento
en el que la ofensiva nacionalista alcanza su punto álgido, y en un momento
en el que la izquierda social y política está movilizada frente a un
conflicto bélico, es además un disparate monumental.

La segunda vía, el segundo camino para hacer frente a los riesgos de la
ofensiva de los nacionalismos está en el fortalecimiento democrático de
España, en su fortalecimiento constitucional, no solo porque ese
fortalecimiento sea la consecuencia lógica del pacto constitucional del 78 y
del camino recorrido desde entonces, sino porque es la mejor garantía para
superar con éxito nuestros problemas colectivos.

EL FORTALECIMIENTO DEMOCRATICO
Y qué significa el fortalecimiento democrático de España y cuál es su
sentido y su significado en la historia contemporánea de España.

Si ustedes me lo permiten, recurriré para explicarlo gráficamente, a tres
verbos, a tres infinitivos: transitar, cambiar, fortalecer.

La sociedad española tenía la necesidad de sustituir un régimen por otro, un
modelo de Estado por otro; existía la necesidad histórica de sustituir una
dictadura por una democracia, pero esa necesidad se refería no sólo al fin
que había que conseguir –la democracia- sino también a la manera de hacerlo:
desde la concordia, sin grandes rupturas, mediante la reforma: es decir:
haciendo una transición.

Una vez que la sociedad española supo llevar a cabo esa transición, España
necesitaba iniciar un proceso de cambios, de modernización de sus
estructuras económicas y sociales, de introducción de un mayor dinamismo, de
una mayor competitividad, de un crecimiento más estable, más equilibrado y a
mayor ritmo. Y se cambió y se modernizó España, y este proceso –que empieza
si se quiere en 1982- es especialmente intenso y especialmente fructífero a
partir de 1996, y .....??

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