AGLI

Recortes de Prensa     Domingo 13 Abril  2003
Algo más que unas municipales
JAVIER GUEVARA. ABOGADO El Correo 13 Abril 2003

Nacionalismo y lenguaje
Gabriel Albendea La Razón 13 Abril 2003

Pánfilos y cínicos
Alberto Míguez Libertad Digital  13 Abril 2003

Llamémosle doctrina Aznar
VALENTÍ PUIG ABC 13 Abril 2003

Ganan la libertad y el trío de Azores, pierden la dictadura y el terrorismo
H. Montero - Madrid.- La Razón 13 Abril 2003

La revitalización de la relación transatlántica
HENRY A. KISSINGER ABC 13 Abril 2003

Se rinde el asesor científico de Sadam mientras los aliados cercan la única ciudad en poder iraquí
EFE Libertad Digital  13 Abril 2003

Dos frentes en Irak
Editorial El Ideal Gallego 13 Abril 2003

El PP alerta de la estrategia nacionalista para reeditar Estella con tregua trampa incluida
EFE Libertad Digital  13 Abril 2003

Poder sindical
KEPA AULESTIA/ EL Correo  13 Abril 2003

El partido de la calle
CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC 13 Abril 2003

Chávez, patrocinador de la extrema izquierda
EDITORIAL Libertad Digital  13 Abril 2003

Pagazaurtundua critica al Gobierno vasco por dejarles «desamparados»
O. B. DE OTÁLORA LAGUARDIA EL Correo 13 Abril 2003

Algo más que unas municipales
Por JAVIER GUEVARA. ABOGADO El Correo 13 Abril 2003

No han sido otros. Son los candidatos del Partido Socialista vasco a diputados generales por las tres provincias vascas los que, desde el mismo momento de su designación, vienen proclamando reiteradamente como eje fundamental de su programa, como norte de su proyecto de acción de gobierno, la promoción del llamado «plan Ibarretxe», esa iniciativa de estatus de soberanía compartida para el que se nos anuncia una consulta popular en el próximo otoño. Son, pues, los candidatos nacionalistas los que plantean las elecciones municipales de mayo como una especie de plebiscito, de refrendo, esperando que su hipotético triunfo electoral avale, justifique y dote de legitimidad popular el citado plan. Así, se está marcando el campo de juego para los comicios de mayo, en los que habrán de competir los que defendemos la vigencia del actual marco jurídico-político -Constitución y Estatuto de Guernica- y los que desean superar ese marco para emprender un camino que nadie sabe muy bien por dónde transcurre y dónde acaba. De esta forma, las elecciones en Euskadi cobran una especial relevancia. Está en juego algo más que la elección de los próximos alcaldes, junteros y diputados. Siendo ello así, convendría que los electores estuvieran muy bien informados sobre el verdadero contenido, espíritu y finalidad del proyecto del lendakari. Y, como quiera que la versión de su promotor ha sido ya ampliamente difundida, buzoneada y propagada, no estará de más que, en virtud de un elemental principio de pluralidad y en ejercicio de la libertad de opinión, valoremos el proyecto desde otros puntos de vista.

El «plan Ibarretxe» no se entiende ni se explica sin el antecedente del pacto de Lizarra. En realidad, ambos vienen a ser la misma cosa, diferentes versiones del mismo criterio. Lizarra, en sustancia y de forma muy resumida, fue un acuerdo entre nacionalistas, entre el nacionalismo gobernante y el radical, por el cual el primero asumía al menos parte de las reivindicaciones del segundo a cambio de una supuesta paz, un supuesto cese de la violencia como instrumento de acción política, y todo ello con exclusión expresa de los partidos «estatalistas», no nacionalista, es decir, con exclusión de al menos la mitad de los ciudadanos vascos. En otras palabras: se trataba de pagar un peaje, un precio político por la paz. De paso, la clase dirigente nacionalista pensaba cerrar el círculo haciendo de la necesidad virtud: conseguir la paz y, al mismo tiempo, lograr su programa de máximos.

Todos sabemos cómo acabó Lizarra. Lo que se anunció a bombo y platillo como el «fin de la guerra», -la «legislatura de la paz» en palabras del lendakari-, acabó bruscamente con la ruptura unilateral de la tregua por parte de ETA, y la reanudación del terror y del sufrimiento. ETA demostraba que no se iba a contentar con objetivos parciales. Quería todo, una Euskal Herria reunificada, independiente y euskaldún. Y quiere el poder en esa futura nación independiente y soberana. El fracaso fue tremendo y de graves consecuencias porque, además de volver a la situación anterior, se ahondó aún más en la división social y política que padecemos en el País Vasco.

Mucho me temo que ese será también el desenlace del proyecto Ibarretxe. Porque se vuelve a incurrir en los mismos errores, en la grave equivocación de pensar que la paz, la libertad, la justicia, tienen un precio; en considerar que el problema de la violencia se soluciona con más nacionalismo. El propio lendakari, el día 12 de octubre del pasado año, en su tradicional recepción a representantes de la sociedad alavesa en Ajuria Enea, decía textualmente que su plan tenía como finalidad «erradicar la violencia de ETA de una vez por todas». Pero ETA ya le ha contestado al calificar el proyecto, textualmente, «como una apuesta por la prolongación de la guerra». No es, por tanto, aventurado pronosticar que el plan soberanista nace muerto, fracasará como fracasó Lizarra, con el añadido de que ello conllevará un mayor deterioro de la ya maltrecha convivencia en el País Vasco, la apertura de una brecha aún más profunda entre los ciudadanos de este país. En consecuencia, tenemos derecho a dudar seriamente de lo que los candidatos nacionalistas anuncian como base de su programa electoral y centro de su futura acción política. Creo que los electores deberían tener esto muy en consideración a la hora de decidir su voto el próximo mes de mayo.
En mi opinión, la violencia totalitaria que sufrimos sólo acabará cuando quienes la practican como instrumento político lleguen al total y definitivo convencimiento de que no tienen la más mínima posibilidad de ganar, que la violencia no dará, nunca, rédito político alguno. En consecuencia, es evidente que el camino de la libertad pasa inevitablemente por la firmeza en la defensa del Estado de Derecho, por la tozudez en el mantenimiento de las convicciones y principios democráticos. A la inversa, la puesta en cuestión permanente de las instituciones, la invocación constante de un conflicto histórico sin resolverlo como origen de la violencia política no ayuda a eliminar ésta. Por todo ello, a mi juicio, hoy en día, en Euskadi, defender la Constitución y defender el Estatuto es, también, defender la libertad, la justicia, la convivencia en paz que tanto anhelamos la inmensa mayoría de los ciudadanos vascos.

Nacionalismo y lenguaje
Gabriel Albendea La Razón 13 Abril 2003

Las cuestiones de uso del lenguaje me parecen esenciales en el debate entre nacionalistas y no nacionalistas, aunque no se tengan en cuenta como sería de desear. Aunque, a veces, tengo la impresión de que sus vocabularios son inconmensurables, en el sentido de impedir la expresión de sus argumentos en términos inteligibles para ambos, no quiero creer que haya motivo para pensar que ello sea así. Lo que entiendo más bien es que el interés político ideologiza en exceso, en sentido marxiano. Estando de acuerdo con Rorty en que «la complacencia y la tolerancia no deben llevarnos a aceptar el vocabulario que quiere usar nuestro interlocutor para abordar en serio cualquier tema», no lo estoy en que el no nacionalista mantenga una posición cerrada de acuerdo a su postura política e ignore la crítica del nacionalista o deba desesperar de intentar conven- cerle. De acuerdo a lo dicho, creo poder resumir mi método en dos reglas de juego que mi interlocutor nacionalista no debería tener inconveniente en admitir:

1.- En la medida posible, hacer uso ordinario de los términos antes que político.

2.- Utilizar el lenguaje para entenderse antes que para mantener la posición del punto de partida.

Siguiendo estas reglas, sólo al final del debate lingüístico los términos debieran quedar suficientemente clarificados. Para empezar, tengo que reconocer la aparente superioridad del nacionalista en el uso del lenguaje, tal como se planteó el escaso debate a partir de la llamada «tregua» de ETA. Digo aparente, porque en el análisis que voy a hacer de su vocabulario al respecto parece criticable por faltar a las dos reglas. Parece que de antemano el nacionalista le ha ganado la partida al no nacionalista al adoptar éste, con frecuencia, ingenuamente el vocabulario de aquél sin someterlo casi a escrutinio. No cabe duda de que ya en la discusión sobre el uso de este vocabulario van implícitas ideas fundamentales sobre el problema que nos ocupa. Pero para no enturbiar el hilo de la argumentación convendría tratarlas posteriormente al debate sobre los usos lingüísticos. Creo que el uso ordinario de términos como pacificación, tregua, lucha armada, lucha callejera, presos políticos y semejantes debe ser el correcto. El nacionalista hace un uno no ordinario, no normal, sino claramente político faltando a la primera regla.

Como dice Mario Onaindia, al tratar del problema vasco: «Las palabras significan a menudo todo lo contrario de lo que aparece en el diccionario como si alguien hubiera decidido que las lenguas no son para entenderse sino para ocultar la realidad» (Guía para orientarse en el laberinto vasco, Temas de hoy.) Si bien la carga semántica de vocablos como nación y democracia es discutida y discutible por su índole especialmente política, por lo que deben ser objeto de análisis independiente, no debiera caber duda sobre el uso correcto de los primeros términos señalados. El uso abusivo de éstos pretende darles un contenido tal que tergiversa su sentido ordinario. No se puede hablar de «proceso de paz» porque no hay estado de guerra, ni precedente ni actual. El uso abrumador del término pacificación por parte de los nacionalistas no tiene otro objeto que reforzar la idea de que el supuesto conflicto vasco, que no es causado por los terroristas, y la tragedia que ha provocado entre los no nacionalistas, se debe a una lucha igual, de la que son simétricamente responsables los nacionalistas verdugos y sus víctimas, lo que sólo acabaría con la negociación o paz entre ellos, o sea, mediante la abdicación del Estado español de su soberanía sobre el País Vasco.

Jon Juaristi denuncia con razón el uso del pacifismo en sus cuatro versiones: «El de Madrazo, el de Gesto por la Paz , el de Elkarri y el del PNV». Añade: «el pacifismo persigue el desarme del Estado. Es el pacifismo de la equidistancia, que plantea la violencia terrorista como un conflicto entre dos extremismos, el de ETA y el del PP». (La tribu atribulada, Espasa). Sólo puede hablarse de guerra entre dos Estados soberanos o entre facciones del mismo Estado (guerra civil). Si el derecho de guerra pertenece a los Estados soberanos, igualmente el derecho de establecer paces o treguas. Tampoco el País Vasco se ha levantado en armas, de modo que pueda hablarse de guerra civil o de revolución.

El lenguaje militarista que gusta utilizar a ETA desde sus comienzos, pero también a sus secuaces y sus altruistas defensores, no puede confundir al no nacionalista hasta el punto de usarlo él mismo, ni siquiera guiándose por un mimetismo conductista. En nada puede considerarse a ETA una organización militar que pueda estar en guerra con la institución militar del Estado español. Como los nacionalistas permanecen aún en el franquismo, inconscientemente tienden a confundir la patria española con su ejército. También la guerra tiene sus procedimientos y sus límites, que nada tienen que ver con las tácticas de la organización terrorista, que ha escrito una de las páginas más sombrías de la historia de España desde el punto de vista de la cobardía.

El derecho internacional de guerra prohíbe el asesinato, la tortura, el secuestro, la extorsión y toda la panoplia de crueldades de la banda. El lenguaje politizado de la pacificación pretende poner al mismo nivel institucional a la democracia española y a una cuadrilla de asesinos. Por las razones apuntadas, las expresiones lucha armada y tregua unilateral no son aplicables a la organización. Igualmente la expresión organización separatista, en vez de terrorista, utilizada por medios de comunicación extranjeros no tiene explicación alguna, pues se puede ser separatista sin ser terrorista. La traducción correcta de tregua unilateral es cese del asesinato. Lógicamente, el Estado no tiene que dejar de perseguir ni premiar a quienes dejan de matar, como parece que pretendieron en ese momento los nacionalistas. En cuanto a la expresión presos políticos por definición no existen en una democracia que reconoce la libertad de asociación. Si se admitiera la motivación política del crimen sería para hacer a éste más execrable aún, al carecer de cualquier eximente pasional. Igualmente lucha armada y lucha callejera son términos incorrectos para aludir a la actividad terrorista. Pretenden tales términos darle a ésta un carácter popular y heroico de que carecen por completo.

El nacionalista empobrece su lenguaje porque ve todo con las anteojeras de un halo místico patrio, convirtiendo la historia en naturaleza, a semejanza de lo que hace el mito. Estoy viendo la televisión vasca. En cada uno de los espacios libres entre programas, el nacionalismo inserta propaganda algo más que subliminal. Montañas, valles, bosques, riachuelos, caminos, animales, rincones más o menos origina- les que uno admira en cualquier parte como paisaje de una naturaleza universalmente sentida adquieren para el nacionalista los rasgos irrepetibles de un paisaje único. La anécdota, lo cotidiano son exaltados a categoría. La melancolía pretende el regreso al pasado. El nacionalista padece la nostalgia de una pérdida irrecuperable, que se empeña, no obstante, en recuperar. La psicología nos enseña que esta pérdida no es verdaderamente real porque la memoria deforma inevitablemente los recuerdos, aureolándolos de una pátina de sueño y esplendor. Por eso no es casual que la reivindicación nacionalista coincidiera con el romanticismo. Y en la medida en que el romanticismo no es sólo una etapa histórica sino un tono vital no es rara la repetición de las exigencias sentimentales y políticas asociadas a él.

Si el lenguaje autóctono vehicula pensamientos, sensaciones, sentimientos, reacciones, puntos de vista intransferibles, toda traducción sería ya una traición. Según el nacionalismo, alkartasuna no puede traducirse por solidaridad, porque algo tiene que haber de peculiar en la solidaridad vasca. El caserío vasco no es cualquier caserío, sino el caserío originario, de cuyas transformaciones históricas que lo han convertido en un pueblecito cualquiera hay que hacer abstracción. La democracia vasca no es como las demás, sino como la sueña el nacionalista. Aunque ignoremos en qué consiste. Por ejemplo, con motivo del cierre judicial de «Egunkaria» los nacionalistas han levantado una polvareda de declaraciones en defensa de la libertad de expresión de los acusados de terrorismo, como hacen con la ilegalización de Batasuna.

La democracia vasca no entiende de la separación de poderes, porque todo es achacable al Gobierno español, y más concretamente a Aznar, aunque sean los jueces los que toman medidas de acuerdo a la legalidad vigente. Concentrando en un solo punto sus dardos creen hacer más daño a la democracia española, porque, al parecer, el PSOE no ha intervenido en la aprobación de las nuevas leyes antiterroristas. Además, el cierre del periódico les ha servido, una vez más, para mostrar abiertamente su intento de secuestrar la lengua vasca, como si fuera la seña de identidad no del vasco, sino del nacionalista, y el cierre de «Egunkaria» se debiera no a su relación con ETA, sino al odio de los jueces españoles al euskera. Ya el intento de resucitar lenguas o dialectos rurales moribundos que existieron antes de que el uso escrito y la evolución gramatical configuraran el mapa de las lenguas románicas modernas tiene el significado reaccionario de suprimir la historia y volver al medievo. Lo artificioso de la empresa nacionalista resulta delirante en casos como el de la decisión legal de convertir la fabla ¬un castellano rudimentario¬ en lengua oficial de la comunidad aragonesa.

La palabra mágica ritual del nacionalista produce la realidad o su silencio sobre ella la aniquila. Si evita pronunciar el nombre tabú de España la televisión vasca y habla de Estado, España dejará de existir. Euskalerria, un ente imaginario nacionalista, navega por el mundo, según la televisión independentista, sin ubicación concreta, sin países limítrofes, como algo fantasmal. Los Anasagasti y compañía son parlamentarios exóticos de un Congreso imaginario en tierra de nadie. Bueno, la de los enemigos suprimidos por arte de birlibirloque, porque ya está muy claro que para el nacionalista vasco, el no nacionalista no es un simple adversario político, sino, en el lenguaje de Karl Smith, un enemigo.

Pánfilos y cínicos
Alberto Míguez Libertad Digital  13 Abril 2003

Era de sobra conocido que los inspectores de la ONU carecían de fuerza, medios y convicciones para investigar a fondo si Sadam Husein tenía o no armas de destrucción masiva químicas, biológicas o atómicas. Todo el mundo sabía que aquellas peregrinaciones orquestadas con un despliegue mediático tan infantil como inútil estaban condenadas al fracaso y que Sadam no se desarmaba simplemente porque no le daba la gana.

El descubrimiento de los laboratorios subterráneos en Al-Tuwaitha y de los bidones con plutonio confirman las sospechas de los expertos avisados y de los políticos escépticos, para quienes el tirano sólo abandonaría sus programas de rearme y amenaza cuando fuese desalojado del poder “manu militari”, como finalmente así ha sucedido.

Durante estas tres semanas de combates hemos asistido a un curioso proceso de descrédito para uso y disfrute de pánfilos y cínicos. Lo cosa funcionaba o funciona así: alguien encuentra escondido o disimulado un tonel con insecticida y se anuncia –algún pánfilo– que podría tratarse de armas químicas. Horas después, el Mando norteamericano se ve obligado a desmentir que tal material pudo utilizarse para usos letales. Ergo... todo cuanto pueda presentarse posteriormente como tecnología o material de “doble uso” (las armas químicas se fabrican con componentes susceptibles de ser utilizados para otros objetivos) es un invento, una exageración o simplemente una maniobra de desinformación de Bush y sus muchachos. Todo mentira, todo manipulación.

En el futuro, la técnica de inventar lo que no existe y posteriormente desmentir el embuste seguirá funcionando a tope, aunque resulte más antiguo que orinar de pie. No sería de extrañar que dentro de unos días u horas se anunciara a bombo y platillo que ese plutonio localizado en los subterráneos del complejo para “usos pacíficos de la energía nuclear” se encontraba en una despensa para guardar el queso y las cocacolas.Y que quienes lo almacenaban querían utilizarlo para sus experimentos de mecánica popular.

Cosas veredes en esta posguerra que harían palidecer al muy honorable Sr. Blix.

Llamémosle doctrina Aznar
Por VALENTÍ PUIG ABC 13 Abril 2003

UNA mudanza en el horizonte de la política exterior requiere, a inicios del siglo XXI, de tanta complejidad como de pedagogía. Esas mudanzas no se hacen con quimeras ni con improvisaciones porque es en este terreno donde las naciones se juegan sus intereses económicos, su seguridad y su prestigio cultural. Casi siempre lo más aconsejable es el evolucionismo, el contraste de la experiencia histórica con los escenarios futuribles. De forma dramática, en estos instantes la experiencia del pasado parece insuficiente para abarcar la totalidad del nuevo panorama planetario, todavía más agitado por el derrocamiento del régimen de Sadam Husein. En un mundo de terrorismo global y de armas de destrucción masiva, el requerir una hegemonía competente se contradice con la mitología del multilateralismo, del mismo modo que resulta incómodo que la paz también tenga costes.

En casos así, el deber de los gobernantes no pocas veces vive el dilema entre seducir y cumplir, entre aparecer o actuar. En la opinión pública de repente se producen estampidas capaces de desmoronar trayectorias y liderazgos. Entonces uno puede optar por atarse al mástil de la nave o dejarse llevar a donde sea. La impresión es que, ya desde antes del 11 de Setiembre, José María Aznar estuvo sedimentando una reorientación sustantiva de la política exterior de España. Esa sedimentación no avanzaba por efecto de contradicción con el «continuum» generado desde la transición por los gobiernos de la UCD y del PSOE, sino por asumirlo e incrementar su exigencia. Dicho de otro modo: el crecimiento económico y político de la sociedad española necesitaba una política exterior adecuada a la nueva magnitud de sus intereses. Al mismo tiempo, los escenarios internacionales estaban también cambiando, con una Europa ampliándose hacia el Este, con los mercados cada vez más globalizados y con unas instituciones transnacionales que asimilaban lentamente los significados del final de la guerra fría.

El posicionamiento de España en la Alianza Atlántica y en la Unión Europea era el fruto más vitamínico de aquel «continuum». Con la nueva etapa del centro-derecha en la Moncloa, los objetivos de convergencia económica instalaron a España en la eurozona. Ahora Aznar pretende afianzar la penetración económica del empresariado español en Iberoamérica y para tales empeños no es de orden menor entenderse bien con Washington, como tampoco lo será para invertir en Oriente Medio.

Mientras tanto, ETA no ha dejado de matar. Cuando Aznar sopesa una reconsideración de la política exterior es perceptible que intenta abarcar cuantos factores puedan contribuir a eliminar la amenaza que ETA constituye para la sociedad española. En la Unión Europea, las iniciativas españolas han sido continuas, al igual que un entendimiento bilateral con Francia. En ese capítulo, el 11 de Setiembre marca un antes y un después en la fluidez hispano-norteamericana. Entonces quedan aún más claros los trazos de lo que llamaríamos doctrina Aznar en política exterior. También sus posibles riesgos.

Al margen de los procesos institucionales y morales de la sociedad española, el pasado geopolítico preserva arcaicamente intacto el viejo problema norteafricano. Previos rifirrafes diplomáticos y el episodio de Perejil podían resultar pintorescos para una opinión pública que se ha acostumbrado a mirar más hacia el norte: aún así, las fronteras cuentan y permanecen. Esas cuestiones de vecindario han marcado la política exterior española durante siglos. En cualquier consideración en términos de seguridad nacional, Marruecos es un capítulo a considerar como lo es la influencia de Washington sobre Rabat.

Con su gran sabiduría histórica, Gabriel Maura escribe antes de la Gran Guerra que, desde el Tratado de Frankfurt que puso término a la guerra franco-prusiana hasta el entonces de 1914, «los problemas que preocuparon a las cancillerías de Europa no afectaban directamente» a España. Con la voladura del «Maine», España estaba sola en Europa: Maura no niega que hubiese culpa de los gobernantes «pero en los pueblos de robusta constitución social la política por sí sola no integra el elemento director, y la prensa, la cátedra y el libro influyen también, con mayor eficacia a veces que el parlamento mismo, en la vida de las naciones».

Por eso, en las últimas semanas no ha quedado claro que, a pesar de Francia, Europa en su conjunto no se desvinculaba de la intervención para derrocar a Sadam Husein. Blair ha implicado el ejército británico en la operación y los líderes de la Europa postcomunista -entre ellos Vaclav Havel- han coincidido en la necesidad de intervenir. Con toda la aprensión humana ante la tragedia de la guerra, la caída de Bagdad introduce un elemento clave en el nuevo orden mundial y, sobre todo, en el Oriente Medio. En estas circunstancias, Aznar no se ha ido por su cuenta a echarle una mano a Bush jr. Su referente ha sido cumplir con los pactos y alianzas, sin perder de vista los intereses nacionales y, fundamentalmente, la seguridad de España. Puesto que la seguridad europea continúa necesitando la protección de los Estados Unidos, el gobierno de Aznar opta decididamente por las tesis del euroatlantismo. De alguna ventaja servirá ponerse en primera línea de lo que va ser la evolución inmediata de la realidad europea. Esa es una partitura no del todo escrita y la configuración de la Unión Europea no tiene como fondo musical unívoco la supremacía franco-alemana. Aún así, la Unión Europea acostumbra a nutrirse de sus crisis más aparatosas. Hablaremos más que nunca de defensa europea.

Al describir los caracteres de la política exterior española en el siglo XIX, el profesor Jover insiste en la «sorprendente pasividad político-internacional de un pueblo fatigado por tres siglos de activa y abrumadora política europea, y privado casi permanentemente, desde 1789, del indispensable instrumento primario de toda política exterior: un Estado sólidamente establecido, regido por unas minorías identificadas con los intereses permanentes del pueblo del que forman parte». En los sistemas europeos, entre el Congreso de Viena y la fundación de la Sociedad de Naciones, «la política exterior de España no pasa de ser un elemento muy secundario que apenas matiza el juego resuelto y decisivo de las grandes potencias». España cuenta como «pequeña potencia», se llega a la política de «recogimiento» canovista y acaba el imperio colonial.

En los preámbulos del siglo XXI, la doctrina Aznar traduce en instrumentación exterior el gran cambio que ha hecho España en las últimas décadas. Ese cambio seguramente va a conllevar matizaciones cualitativas en la opinión pública, en ejercicio del derecho y deber del ciudadano a fiscalizar la política exterior de su gobierno. También se aquietarán las aguas. Es más obligado que nunca que la política atienda al conocimiento. Quizás sea así como la opinión pública desentrañe mejor la complejidad.

Ganan la libertad y el trío de Azores, pierden la dictadura y el terrorismo
LA RAZÓN analiza con varios expertos las consecuencias del conflicto
Toda guerra deja vencedores y vencidos o, cuando menos, posiciones que resultan fortalecidas en contraposición a otras tantas que se ven perjudicadas. Desde este aparente axioma, LA RAZÓN analiza junto a varios expertos los efectos de la guerra en Iraq y el desmoronamiento del régimen de Sadam Husein. La opinión generalizada es que Francia, Rusia y Alemania pagarán, de una u otra manera, su oposición a las tesis de Bush.
H. Montero - Madrid.- La Razón 13 Abril 2003

Resulta cuando menos sintomático que, en los disturbios que sacuden Bagdad desde la entrada de las tropas estadounidenses el pasado miércoles, los saqueadores se hayan ensañado con los bienes y enseñas de las embajadas de Francia, Alemania y, ayer, de China, todas ellas naciones contrarias a los planes bélicos del presidente de Estados Unidos, George W. Bush. Mientras, los marines miraban hacia otro lado sin poder impedir una mueca de satisfacción ante la caída de quienes ¬en su opinión¬ se aliaron con el enemigo en las fases previas a la guerra. El hecho concreto es que, con la entrada de las fuerzas de la coalición en la capital iraquí, valores que Washington utiliza como estandartes de su campaña militar han ganado la batalla a Sadam Husein y sus «aliados». Dos expertos analizan la batería de vencedores y vencidos del conflicto.

Vencedores

La coalición: Bush y Blair
«Es obvio que Estados Unidos y Reino Unido han adquirido un mayor peso en la región en detrimento de franceses y rusos, partiendo de la bese de que todos estaban de acuerdo en la necesidad de presionar al régimen de Sadam Husein», afirma Rafael Calduch, catedrático de Relaciones Internacionales de la Universidad Complutense de Madrid y director del Instituto Complutense de Estudios Internacionales. Por su parte, Carlos Taibo, director del centro de Estudios Rusos y autor de «Estados Unidos contra Iraq» (La esfera de los libros), estima que «Bush ha salido fortalecido en términos de control político, pero debilitado respecto a la opinión pública en los países árabes».

Democracia
En opinión del profesor Calduch éste es uno de los aspectos más positivos que se pueden extraer de la resolución de la guerra y de la caída del régimen de Sadam. «La democratización de la región ha ganado claramente, aunque es algo que veremos a medio plazo, no inmediatamente. Los gobiernos de la zona, por ejemplo Arabia Saudí, van a tener que modificar las bases de legitimidad de sus regímenes». Sin embargo, añade que la democratización de la región dependerá en buena medida de la «capacidad para solventar el contencioso árabe-israelí», potencialmente desestabilizador, según la unánime percepción de los expertos. En este sentido, Taibo expresa el escepticismo ante una solución que respete la autonomía y libertad de Iraq. Taibo mantiene que «será necesario aguardar y evaluar qué tipo de régimen se instaura en Iraq y si se fundamenta en una tutela exterior o no».

Seguridad
«La seguridad en la región plantea muchas dudas y dependerá de si Iraq se convierte en un remanso de paz o de si, por el contrario, las tropas norteamericanas y británicas padecen el hostigamiento de grupos de iraquíes contrarios a la presencia de las fuerzas aliadas. Si la victoria supone un reforzamiento de las posiciones que mantiene el Estado de Israel, la seguridad será inviable», asegura Taibo. Por contra, la opinión de Calduch difiere al sostener que el desenlace bélico favorable a Estados Unidos y Reino Unido traerá una «mayor seguridad colectiva». «La mayor seguridad regional es algo que está por ver y que variará en función de la actitud de EE UU y del problema palestino», añade.

Estabilidad energética
Los entrevistados por este diario responden afirmativamente al considerar que el desmoronamiento del régimen de Sadam y la nueva situación que ello provoca favorece una mayor estabilidad de los precios del crudo. Así, para Calduch la actual situación va a «reducir las fluctuaciones con unos precios que se moverán entre los 15 y 20 dólares el barril». De cualquier forma, esta estabilización tardará al menos un año en producirse y estará íntimamente relacionada con la capacidad de recuperación de la producción iraquí, que no ha resultado especialmente dañada, explica. Taibo corrobora esta tesis ¬«uno de los elementos básicos de partida para EE UU, inundar los mercados de crudo»¬, pero difiere sobre la bondad de la bajada de precios de los combustibles. «Sólo beneficiará a las economías del Norte», mantiene.

Los Kurdos
En opinión de los expertos aún está por definir el pago a los servicios prestados a los aliados de los rebeldes kurdos. Un Kurdistán independiente parece lejano, por la oposición turca, pero los kurdos podrían gozar de una autonomía que les reportara parte de los beneficios petroleros del norte de Iraq.

Vencidos

Sadam Husein: la dictadura
«Él es el gran y neto perdedor». La coincidencia es abrumadora.

El eje: chirac-putin-schröder
«Washington ha extraído sus conclusiones. Ellos afirman: Hemos asumido los costes de la guerra, ahora asuman ustedes el resto . Estados Unidos estima que la condonación de la deuda a Iraq por parte de los acreedores ¬entre ellos Francia (8.000 millones de dólares), Rusia (8.500 millones) y Alemania (4.000 millones)¬ es un requisito para mejorar las condiciones de vida de los iraquíes. La postura está clara: hay unos países que están con la coalición y otros que han quedado al margen», explica Calduch. «Es evidente que Francia, Rusia y Alemania salen debilitadas», replica Taibo, quien cree que París, Moscú y Berlín «buscan recuperar posiciones con una crítica poco severa a los planes de Washington y Londres».

Terrorismo internacional
Los expertos consultados vinculan directamente la reducción de la actividad terrorista en la región con la resolución del contencioso palestino-israelí, aunque Calduch cree que el derrocamiento del régimen de Sadam Husein provocará una reducción de las amenazas para Washington. Taibo discrepa: «No hay ganancia alguna en este sentido, ahora existe un mayor caldo de cultivo para la extremismo árabe».

Siria e irán
Los gobiernos de Teherán y Dasmasco han sido situados en el punto de mira de EE UU por el secretario de Defensa estadounidense, Donald Rumsfeld, pese a lo cual, la opinión general es que Bush frenará el ímpetu de los halcones del Pentágono y «ralentizará» la actual beligerancia militar norteamericana. «Siria e Irán están en una posición incómoda, pero la actitud de Washington va a tener que ver con si se analiza o no de forma triunfalista la actual victoria», manifiesta Calduch. «EE UU sólo va a presionar a Siria», añade Taibo. Respecto al papel de Naciones Unidas y su posible debilitamiento, aún quedan demasiadas incógnitas por despejar.

La revitalización de la relación transatlántica
Por HENRY A. KISSINGER ABC 13 Abril 2003

Ahora que la atención comienza a centrarse en la reconstrucción del Irak de posguerra, Estados Unidos debe enfrentarse a un problema todavía más profundo: cómo abordar los cambios tectónicos en el seno de la Alianza Atlántica puestos de manifiesto por la diplomacia anterior al conflicto. Los dos aliados más fuertes de EE.UU. en el continente europeo, Francia y Alemania, se manifestaron activamente por todo el mundo en contra de una política por la que el presidente de EE.UU. estaba dispuesto a arriesgar vidas estadounidenses. Ese cisma tentó a Rusia a enfrentarse a EE.UU. más explícitamente que en cualquier otro momento desde el final de la Guerra Fría. Y este patrón se repite en la controversia con estos aliados respecto al papel de Naciones Unidas en el Irak de posguerra. La continuación de estas tendencias supondría una progresiva erosión de la Alianza Atlántica, el elemento central de la política exterior estadounidense durante medio siglo. El final de la Guerra Fría y de una amenaza común había ido socavando gradualmente muchas de las premisas subyacentes de la OTAN. No obstante, durante una década, EE.UU. siguió siendo una potencia dominante por hábito y por impulso; aunque bajo la superficie, muchos europeos se irritaban por el creciente desfase en cuanto a poderío militar y crecimiento económico entre los dos lados del Atlántico y por la nueva y férrea afirmación del interés nacional por parte del Gobierno estadounidense.

Las consecuencias de los ataques terroristas del 11-S contra EE.UU. hicieron salir a la superficie resentimientos latentes, bajo el estandarte de unilateralismo frente a multilateralismo. La solidaridad inicial, basada en que EE.UU. era la víctima, se debilitó cuando este país dio al ataque un giro militar, y declaró la guerra contra el terrorismo. Y desapareció con la elaboración de una estrategia preventiva. Aunque se había hecho necesaria por las amenazas contra la seguridad presentadas por grupos particulares, a los que resulta imposible contener mediante la disuasión porque no tienen territorio que defender y son inaccesibles para la diplomacia porque buscan la victoria total, unidas al peligro de que puedan caer armas de destrucción masiva en manos de terroristas o de Estados rebeldes, la prevención iba contra los principios de soberanía establecidos. Dichos principios sólo justificaban la guerra como resistencia a la agresión o a la inminencia de un ataque. Por mucho que en la ruptura se haya honrado dicho principio, a lo que se resistían algunos europeos aliados era a la implicación de que EE.UU. pudiera modificar por decreto los principios establecidos.

Pero aunque admitiésemos que en las condiciones de emergencia posteriores al 11-S EE.UU. economizó esfuerzos en lo que a consulta se refiere y, en ocasiones, pareció demasiado propenso a las pretensiones de superioridad moral, el placer con el que Francia y Alemania se enfrentaron al marco de alianza que había ayudado a Occidente a superar la Guerra Fría tiene causas más profundas. El que Francia y Alemania anunciasen que votarían en contra de EE.UU. en el Consejo de Seguridad era algo sin precedentes. Pero esto se quedó pequeño al lado de su intensa campaña diplomática en remotas capitales en contra de la política estadounidense, pasando por alto medio siglo de tradición aliada; llegando incluso a provocar la impresión entre los dirigentes de Europa del Este de que la cooperación con EE.UU. en la guerra podría complicar aún más su ingreso en la UE. Con una actitud de desafío casi jubiloso, los ministros de Exteriores francés y alemán invitaron a su homólogo ruso, en otro tiempo adversario de la OTAN, a ponerse del lado de París, al tiempo que repudiaban públicamente una política de alta prioridad del que había sido su aliado durante medio siglo. Era un gesto tomado directamente del manual de Richelieu, el cardenal del siglo XVII que luchó con la superpotencia de entonces, el imperio de los Habsburgo, con una serie de coaliciones siempre cambiantes, hasta que Europa Central quedó dividida y Francia adquirió la hegemonía. Pero esto fue anterior a la era del terrorismo y de las armas de destrucción masiva, y cuando Francia todavía tenía recursos para respaldar su crueldad táctica. La irritación por las tácticas estadounidenses no podría haber causado tal revolución diplomática si los tradicionales puntales de la alianza no hubieran sido erosionados por la desaparición de una amenaza común, todo ello agravado por la subida al poder de una nueva generación que creció durante la Guerra Fría y da sus logros por sentados. Esa generación no participó en la liberación de Europa durante la II Guerra Mundial, ni en su reconstrucción bajo el Plan Marshall. Recuerda, por el contrario, la protesta contra la guerra de Vietnam y contra el despliegue de misiles en Europa. En Alemania, esta generación está frustrada por una crisis económica aparentemente permanente, y por el proceso de unificación que ha hecho que muchos habitantes de la antigua República Democrática Alemana se sientan más ocupados que liberados. El gaullismo, que insistía en establecer una Europa con una identidad definida y diferente a la estadounidense, no fue respaldado por ninguno de los principales países europeos hasta que la crisis de Irak permitió al presidente Jacques Chirac reclutar a Alemania -al menos temporalmente- para la versión gaullista de Europa. Chirac ha aprovechado el temor al aislamiento que el canciller alemán Gerhard Schröder sentía debido al enfrentamiento con EE.UU. por su campaña electoral pacifista y antiestadounidense para atraer a Alemania hacia un rumbo evitado por todos los cancilleres anteriores, los cuales insistieron en solucionar las diferencias entre Europa y EE.UU..

Esta conmoción diplomática ha dividido a Europa entre países que buscan la identidad europea mediante el enfrentamiento con EE.UU. y aquellos, como Reino Unido y España, que ven en ella un instrumento de cooperación. Estos múltiples cismas han producido al menos un cambio de rumbo temporal en Moscú. Llegado al poder casi al mismo tiempo que George Bush, el presidente Vladimir Putin intentó superar el catastrófico hundimiento de la posición internacional rusa tras la Guerra Fría concentrándose en la economía nacional, y desempeñando lo poco que le quedaba a Rusia de su condición de gran potencia mediante consultas demostrativas con EE.UU., especialmente sobre el tema del fundamentalismo islámico. Sin embargo, la armonía interna eclipsaba para algunos estadounidenses la dolorosa experiencia por la que atravesaba Rusia: la pérdida de su categoría de superpotencia y la desintegración de su imperio histórico. Aunque Rusia no tuvo más remedio que aceptar su nueva debilidad, simbolizada por la anulación del tratado ABM y la expansión de la OTAN hasta sus fronteras, lo hizo rechinando los dientes.

Quizá si las consultas con EE.UU. hubieran sido de mayor alcance y hubiesen estado menos centradas en la agenda estadounidense, Rusia podría haber encontrado un grado de compensación por su disminución de estatura y habría sido más reacia a cambiar de rumbo. Dada la situación, la oferta francoalemana de establecer un frente unido contra EE.UU. respecto a Irak resultaba atractiva para el nacionalismo ruso y fomentaba la perspectiva de establecer nuevas opciones que no dependieran de la buena voluntad estadounidense. Seis meses después de que la OTAN se ampliara y admitiera a tres repúblicas ex soviéticas, el ministro de Asuntos Exteriores ruso pudo demostrar a su pueblo la aparente vacuidad de la OTAN poniéndose del lado de sus homólogos francés y alemán en un gesto proclamado como la emancipación de la política estadounidense.

Si la tendencia de las actuales relaciones trasatlánticas continúa, el sistema internacional se verá fundamentalmente alterado. Europa se dividirá en dos grupos definidos por su actitud hacia la cooperación con EE.UU.. La OTAN cambiará su carácter y se convertirá en vehículo para quienes siguen afirmando la relación trasatlántica. La ONU, tradicionalmente un mecanismo por el que las democracias reivindicaban sus convicciones contra el peligro de la agresión, se convertirá en un foro en el que los aliados aplicarán teorías de cómo poner un contrapeso a la «hiperpotencia» estadounidense. El debate sobre el Gobierno de Irak en la posguerra ilustra estos peligros. Tras un periodo necesario para restaurar la seguridad y buscar armas de destrucción masiva, a EE.UU. le interesa no insistir en desempeñar un papel exclusivo en una región situada en el centro del mundo islámico, e invitar a otros países a compartir el Gobierno: al principio socios de coalición, progresivamente otras naciones, y un papel significativo para la ONU.

Pero la propuesta del ministro de Exteriores francés, tácitamente respaldada en Berlín, de que la presencia estadounidense en Irak carece de legitimidad mientras no sea apoyada con procesos diplomáticos similares a los que precedieron a la guerra aumentaría las fisuras existentes. La reconstrucción del Irak de posguerra tendrá que reconocer que es conveniente establecer una amplia base internacional, pero también que es una imprudencia usar el multilateralismo como lema y a la ONU como institución para aislar a EE.UU.. Han sucedido demasiadas cosas que impiden una vuelta a la normalidad. Para que las instituciones mundiales funcionen eficazmente y el mundo evite deslizarse hacia un retorno a las políticas de poder del siglo XIX, es imprescindible una revitalización de la relación atlántica.

Y esa revitalización debe basarse en un sentimiento de destino común, en lugar de intentar convertir la alianza en una red de seguridad a la carta. Si no se consigue encontrar un punto medio -si la diplomacia anterior a la guerra en Irak se convierte en pauta- EE.UU. se verá empujado a forjar coaliciones «ad hoc» junto con el núcleo de la OTAN que permanece fiel a la relación trasatlántica. Sería un triste fin para medio siglo de alianza. Ha llegado el momento de poner fin al debate sobre unilateralismo frente a multilateralismo, y de concentrarse en el fondo de la cuestión. Nuestros adversarios europeos en las recientes controversias deberían dejar de favorecer la tendencia de sus medios de comunicación a describir al Gobierno estadounidense como unos «rambos» sedientos de guerra, y a EE.UU. como si fuese institucionalmente un obstáculo para el cumplimiento de los propósitos de Europa, en lugar de un aliado para conseguir objetivos comunes. La política estadounidense, por su parte, tiene que acortar las diferencias entre la filosofía general presentada por la Presidencia y las tácticas a corto plazo de la diplomacia diaria. Para que los socios puedan predecirse mejor unos a otros, es necesario realizar más consultas, especialmente en lo que concierne a los objetivos a medio plazo. Y hay una enorme agenda esperando: frenar la proliferación de armas de destrucción masiva, abordar las consecuencias políticas de la globalización, acelerar la reconstrucción de Oriente Próximo.

Hace tiempo que debió mantenerse una discusión sobre los principios que reconocen la necesidad ocasional de prevención sin permitir que cada nación la defina por su cuenta. Estas tareas tienen que proyectarse más allá de la región atlántica. Es probable que el eje Francia-Alemania-Rusia demuestre ser transitorio. Los cálculos que llevaron a Putin a buscar una estrecha relación ruso-estadounidense seguirán ahí, y ya han encontrado expresión en diversas declaraciones recientes del presidente ruso. Cuando las tentaciones de la crisis de Irak hayan pasado, Rusia las considerará un caso especial, y la cooperación ruso-estadounidense seguirá siendo de interés prioritario. Lo difícil será dar a estas convicciones un carácter recíproco, menos dependiente de consultas especiales para cada caso.

Debe establecerse un diálogo sistemático sobre cuestiones mundiales. Puede que la reunión de la asesora de seguridad nacional estadounidense, Condoleezza Rice, con Putin sea un primer paso en esta dirección. El país que menos ha alterado su política bajo el impacto de Irak es la República Popular China. Los inacabados procesos de reforma interior y los cambios masivos de dirigentes han provocado que China procure establecer un largo periodo de paz, libre de tensiones. De esta forma, el país que en los primeros días del Gobierno de Bush muchos consideraban un adversario estratégico podría convertirse a la larga en un constructivo aliado. Esto será especialmente cierto si China y EE.UU. llegan a un acuerdo respecto a un planteamiento multilateral del problema nuclear coreano y evitan los errores de cálculo respecto a Taiwan. La superioridad militar estadounidense es un hecho en las relaciones internacionales para el futuro predecible. Una política de equilibrio de poder por parte de los aliados no puede cambiar esa realidad. Pero EE.UU. puede aspirar a traducir su dominio en un fomento sistemático del consenso internacional. Si sus aliados europeos se unen a EE.UU. con el mismo espíritu, podrá evitarse que los debates sobre unilateralismo y multilateralismo se conviertan en profecías que acaban cumpliéndose.

UNO DE LOS 55 HOMBRES MÁS BUSCADO DE LA BARAJA
Se rinde el asesor científico de Sadam mientras los aliados cercan la única ciudad en poder iraquí
EFE Libertad Digital  13 Abril 2003

El general Amir-Al Saadi es uno de los 55 hombres del régimen iraquí más buscado. Es el principal asesor en armamento de destrucción masiva de Sadam y ahora se ha rendido en Bagdad según ZDF Televisión. Aunque Bush dice desconocer el paradero de Sadam, los servicios de inteligencia creen que puede estar muerto. El martes EEUU iniciará la búsqueda de un nuevo gobierno para Irak mientras Francia, Rusia y Alemania exigen que la ONU dirija la reconstrucción.

El consejero presidencial iraquí, el general Amir-Al Saadi, ha presentado su rendición a las tropas estadounidenses en Bagdad, según ZDF, la televisión estatal alemana, que afirma haber grabado la rendición. El general Al Saadi estaba considerado como el principal asesor de Sadam Husein en armamento de destrucción masiva y junto con el general Husán Mohamed Amin fue el máximo interlocutor del régimen iraquí en las entrevistas con los equipos de inspectores de la ONU.

Al Saadi figura en la lista de los 55 dirigentes iraquíes más buscados publicada por el Mando Militar central estadounidense, el 7 de diamantes de la baraja y es el primer alto cargo del régimen iraquí que se entrega. En la citada lista de personas más buscadas se instaba a su captura "vivas o muertas".

El asesor de Sadam había pedido al equipo de la televisión ZDF y al corresponsal Ullrich Tilgner que le acompañaran en el momento de entregarse. Tilgner informó de que Al Saadi le había comunicado su decisión de entregarse después de escuchar en la BBC que figuraba en la citada lista. El periodista explicó que una vez que se reunió con Al Saadi, llamó a las tropas estadounidenses, que "al principio no querían creer lo que les estaba diciendo" y acordó con el oficial responsable un punto de encuentro en las cercanías del Hotel Palestina de Bagdad, en el que está alojado, como la gran mayoría de la prensa internacional.

En unas breves declaraciones en cámara, Al Saadi aseguró que desconoce el paradero de Sadam Husein y reiteró que Irak no cuenta con armas bacteriológicas ni químicas. Según Tilgner, el general Al Saadi, casado con una alemana, aseguró que "en todo momento había dicho la verdad" y le comunicó que había pasado toda la guerra en su casa en Bagdad. En las imágenes emitidas en exclusiva por la cadena pública, se podía ver a Al Saadi despidiéndose de su esposa y entrando en un vehículo militar estadounidense.

El paradero de Sadam
Por primera vez desde que comenzó la guerra, los servicios secretos estadounidenses han intervenido llamadas telefónicas de miembros del colapsado régimen iraquí en las que se hablaba de la muerte de Sadam Husein, según ha informado la televisión CBS.

A pesar de esto, se insiste en que las conversaciones no constituyen una prueba definitiva de la muerte del dictador iraquí porque no coinciden el lugar y el tiempo de la supuesta muerte de ese. Algunas llamadas interceptadas indican que murió en un ataque sorpresa con misiles crucero y en la primera noche de la guerra en Irak, pese a que Sadam Husein apareció después en varios vídeos emitidos en la televisión iraquí. Otras conversaciones telefónicas indican que murió el pasado lunes cuando un bombardero B-1 lanzó cuatro bombas de una tonelada sobre un edificio en el que se creía que estaba.

El Gobierno de George W. Bush no está suficientemente convencido y reitera que desconoce el paradero del dictador iraquí. “No se cuál es el paradero de Sadam Husein. No sé si está vivo o muerto. Sé que ya no está en el poder”, señaló este viernes Bush. El secretario de Defensa, Donald H. Rumsfeld, dijo que “personalmente no he visto bastante información de fuentes fiables que me permita decir que estoy convencido de que está muerto”.

Remiten los saqueos
Tras una noche de desórdenes y saqueos, la calma ha vuelto a Mosul y Kirkuk. Además, de esta ciudad norteña rica en petróleo han comenzado a retiarse los combatientes kurdos. En Basora, la policía iraquí va a colaborar con las tropas británicas para restablecer el orden en las calles.

Con el objetivo de imponer una rápida normalidad en el país, Estados Unidos iniciará el martes próximo en Nasiriya la búsqueda de un nuevo gobierno para Irak.

En Bagdad, este sábado se han producido enfrentamientos entre voluntarios árabes y tropas estadounidenses. Varias ráfagas de disparos de armas automáticas se oyeron en la orilla occidental del río Tigris. Según los testigos, voluntarios árabes lanzaron cohetes antitanque desde la zona de Karj, en el oeste del Tigris, contra los vehículos militares estadounidenses en el lado oriental del río, en el barrio de Rasafa. Las tropas norteamericanas respondieron y atacaron objetivos en los alrededores del palacio presidencial.

Dos frentes en Irak
Editorial El Ideal Gallego 13 Abril 2003

El general Amir Al-Saadi, el 7 de diamantes de la baraja de 55 cartas compuesta por los hombres más buscados del régimen de Sadam Hussein, se entregó ayer a las tropas estadounidenses en Bagdad. Su rendición puede ayudar a resolver muchos misterios, ya que se trata del principal asesor del tirano en armamento de destrucción masiva. Aunque el militar ya ha declarado ante sus captores que no sabe nada sobre Sadam, los interrogatorios a los que será sometido servirán sin duda para conocer datos verosímiles sobre los motivos por los que tropas iraquíes plantean una resistencia tan feroz junto a la frontera con Siria, aunque todos los indicios apuntan a que intentan facilitar la fuga de altos dignatarios del régimen e incluso el transporte de las armas prohibidas. No obstante, otros dos frentes permanecen abiertos en Irak: el bélico y el político. La campaña militar se centra ahora en Tikrit, la localidad natal de Sadam, que es ya el último reducto de la resistencia. Su toma permitirá proclamar la victoria, pero los leales al sátrapa no están dispuestos a claudicar y arrastran en su suicidio a centenares de civiles. Respecto a las cuestiones políticas, continúan las tiranteces por los planes que han diseñado Estados Unidos e Inglaterra para la reconstrucción del país, a los que se oponen Francia, Rusia y Alemania. El protagonismo que corresponderá a Naciones Unidas es el motivo de tensión, una tensión que habrá que rebajar porque la ONU está muy maltrecha desde los días previos al inicio de las hostilidades y es preciso evitar su hundimiento definitivo.

“SE ARROJAN EN LOS BRAZOS DE ETA”
El PP alerta de la estrategia nacionalista para reeditar Estella con tregua trampa incluida
EFE Libertad Digital  13 Abril 2003

El secretario general del PP del País Vasco, Carmelo Barrio, ha acusado a PNV y EA de "habilitar un escenario político previo a las próximas elecciones de mayo para reeditar el pacto de Estella y formar un frente común junto con Batasuna y ETA". Todo está servido, hasta la tregua trampa ofrecida por Otegi.

A juicio de Barrio, este "frente" perseguiría la "exclusión de la mitad de la sociedad vasca y la consecución del proyecto soberanista". El secretario de los "populares" vascos, por medio de un comunicado, sostuvo que las formaciones nacionalistas están "preparando el camino y dando los pasos convenientes para resucitar el pacto de Estella, con una tregua trampa de ETA incluida, tal y como ya se apresuró a anunciar recientemente el portavoz de la ilegalizada Batasuna, Arnaldo Otegi".

Consideró "muy grave e irresponsable" la postura de las formaciones nacionalistas gobernantes, porque, dijo, PNV y EA "se arrojan a los brazos de ETA, dejando que sea la banda terrorista la que marque el guión y la agenda política".

Añade Barrio que "el nacionalismo llamado democrático quiere un pacto de Lizarra dos (Estella) y apuesta otra vez por la fractura de la sociedad vasca y por la falta de libertad, en vez de poner los recursos de las instituciones y del Gobierno Vasco al servicio de la lucha contra ETA y de conseguir la paz, la libertad, la pluralidad y la convivencia en el País Vasco".

Barrio concluyó que el PNV está "más en el monte que nunca y apuesta por un plan cuyo guión lo escribe ETA, porque en vez de unirse a las víctimas, las fuerzas democráticas y potenciar el marco de convivencia y el Estado de derecho, prefiere situarse junto a Otegi, al margen de la legalidad, y compartir con ETA un proyecto político para esta tierra".

Poder sindical
KEPA AULESTIA/ EL Correo  13 Abril 2003

Desde 1998 la inclinación endogámica del nacionalismo vasco, su propensión a concebir el futuro político como un proceso imparable de expansión de sus propias fuerzas, comenzó a convertirse en una vivencia real. La exclusión mental de las fuerzas no-nacionalistas, convertidas en un mero obstáculo inmovilista ante los afanes soberanistas, persiste desde entonces en los rasgos estratégicos comunes al conjunto de las formaciones abertzales. Ello es especialmente visible en el caso del sindicalismo. La adscripción de prácticamente dos terceras partes de la representación sindical a las tesis que dan por agotado el marco del Estatuto brinda la sensación de que existe en Euskadi una masa crítica «de arrastre», capaz de desplazar al conjunto de la sociedad de la vía autonomista hasta colocarla en el espacio de la soberanía, prescindiendo para ello de ese 33,5% de representatividad que suman las centrales UGT y CCOO. El comunicado conjunto hecho público por ELA y LAB con motivo del próximo Aberri Eguna rememora explícitamente aquella otra declaración que en 1995 supuso el preludio de la unidad nacionalista posterior. Aunque en este caso encierra tres mensajes precisos.

En primer lugar, constituye una enmienda implícita a los planes que alberga Ibarretxe y que ambos sindicatos pretenden desbordar tanto en contenido como en ritmo. La tradición jeltzale de actuar «en representación» del conjunto del nacionalismo sin someter sus decisiones al expreso reconocimiento de éste puede verse en cierto modo frustrada por esa periódica insurgencia que se produce desde sus flancos más radicales. Máxime si la intención de Ibarretxe era la de consensuar prioritariamente la letra definitiva de su propuesta con Ezker Batua. En segundo lugar, la utilización por parte de ELA de ese elocuente eufemismo que es «el conflicto» -para evitar referirse a la violencia y asegurarse así la firma de LAB- afianza la idea ya suficientemente arraigada en el nacionalismo de que el hipotético escenario de ausencia de violencia ha de ser resultado de un pudoroso tratamiento del problema, basado en el silencio y la paciente espera.

Por último, conviene tener presente que el sindicalismo nacionalista, que en apariencia ha situado su particular utopía al final del camino, en realidad contabiliza día a día los resultados de su apuesta en forma de delegados, nuevas afiliaciones y ámbitos de negociación hegemonizados por él. En 1995 el reto lanzado por Elorrieta suscitó no poca inquietud entre quienes temían que tan arriesgado compromiso podía mermar la representatividad sindical de ELA. El tiempo ha demostrado que la irrupción de dicha central en estrategias de naturaleza política -respecto a las que históricamente se había mantenido a distancia- no ha impedido su paulatino crecimiento. Y mientras éste no se vea afectado, una de las dos organizaciones más poderosas del nacionalismo vasco -ELA- puede condicionar directamente la estrategia de ese otro nacionalismo -el del PNV- cuyo poder se basa en que gobierna.

El partido de la calle
Por CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC 13 Abril 2003

ANTIGLOBALES. Antiamericanos. Pacifistas comprensivos con los tiranos tercermundistas como Castro y Sadam Husein. Populistas admiradores de Chaves y Lula. Feministas menos para el mundo islámico. Batasuneros de la kale borroca nacional. Este es el perfil de este nuevo/viejo movimiento político, injertado en la izquierda tradicional, reanimador de unos partidos históricamente frustrados por la muerte de todos los modelos a los que habían apostado...

Este movimiento es, en realidad, la mezcla de las corrientes sociales que despuntaron en Mayo del 68, que se consolidaron en los ochenta y que hoy constituyen la gran clientela progresista. Vanguardistas y rebeldes hace treinta años representan ahora el pensamiento instalado, dominante, sofocante, con frecuencia totalitario, bien defendido cada mañana por los diarios condesionalmente progresistas, en realidad tan conformistas como el arte minimal o el diseño de Benetton. Una modernidad que tiene ya dos generaciones y media, padres e hijos que han clavado en sus estudios la estampa de «Novecento» en la que ya no pueden reconocerse simplemente porque el igualitarismo del modelo de libre mercado les ha hecho pasar de campesinos y metalúrgicos a funcionarios sindicales, cantantes y diputados.

Para estos nostálgicos de la revolución pendiente y no obstante comisarios de lo políticamente correcto, la tarea principal es la acción callejera: la toma permanente de la ciudad, la toma de los informativos de televisión. No hay día que no salgan a la calle, de forma más o menos multitudinaria, y no hay día sin citas en la Red. Por una razón o por otra bajarán a la calla Zapatero, Llamazares, Beiras, Méndez, Fidalgo, Madrazo, a veces Maragall, alguna vez Mas y nunca González. El jefe no baja. Él representó en su día la autonomía socialista. Otra cosa es que ahora no comprenda la necesidad de este contubernio de los suyos con los comunistas y los nacionalistas. Incluso no ve con malos ojos que castiguen a la derecha en sus sedes y llamen asesinos a los diputados «populares». ¿Acaso a él no se le persiguió con el Gal y la corrupción?

González no baja a la calle pero lo recomienda porque hay que parar -dice- a los halcones americanos y españoles que están preparando la tercera guerra mundial. Hay que seguir con el frentismo de la paz porque los halcones pueden caer de un momento a otro sobre Siria, sobre Irán y quién sabe si sobre Cuba. Sobre su amigo Fidel. Por si acaso el diputado socialista Martínez, viejo amigo de González, ha justificado las detenciones de los disidentes cubanos. Para él, los verdaderos enemigos, los provocadores, son los americanos con su embargo.

Este viejo/nuevo movimiento que se ha apoderado de los partidos tradicionales de izquierda, que no eran ya sino puras carcasas, ni es ni quiere ser revolucionario pero sí desestabilizador del sistema en la medida que ello puede llevarle al poder. En ese sentido ha comenzado a aplicar el terror en dosis no excesivamente escandalosas. La kale borroca de Seatle, Génova y Barcelona. En España juega a desgastar las instituciones porque tiene en ellas una quinta columna que los partidos no tienen en otros países. Han convertido la calle en Parlamento y éste en calle. Pueblo en vez de electorado, la legitimación del poder fáctico contra las urnas, la calle contra el Estado...

Si no lo teníamos claro, la lucha «por la paz» nos ha ilustrado suficientemente sobre este nuevo/viejo movimiento que echa por tierra el «fin de la Historia», no ya porque poponga un modelo de sociedad distinto sino porque supone la negación del capital social, moral y cultural de nuestras sociedades en nombre de la frustración. Se trata, en realidad, de una contra-revolución. De la parte más conformista y reaccionaria del «progresismo».

Chávez, patrocinador de la extrema izquierda
EDITORIAL Libertad Digital  13 Abril 2003

Aun a pesar del éxito logrado por el Foro Social Mundial en la organización de protestas y manifestaciones –que en España han cobrado una especial virulencia contra los cargos y sedes del Partido Popular–, lo cierto es que la limpia rápida y eficaz acción militar de norteamericanos y británicos contra el régimen de Sadam Husein pone de manifiesto que, en ausencia del poder soviético, la propaganda y las algaradas callejeras no son suficientes para detener a EEUU y sus aliados en el propósito de hacer del mundo un lugar más libre, más próspero y más seguro.

La lucha contra el capitalismo y las democracias liberales exige apoyos políticos y financieros. Por ello, los líderes de la nueva Komintern se reúnen en Venezuela estos días aprovechando un aniversario muy señalado. El viernes se cumplía un año del fallido intento contra Chávez, y con tal motivo, Ignacio Ramonet inauguró el pasado jueves el “I Encuentro Mundial de Solidaridad con la Revolución Bolivariana” –al que también asisten 150 representantes de la izquierda mundial entre los que se encuentran Danielle Mitterrand, José Bové, Bernard Cassen (ATTAC), Evo Morales y muchos otros– con una exposición sobre “La guerra en Irak y el nuevo orden mundial”. De las palabras de Ramonet se desprende cuál es la principal preocupación de estos huérfanos del Telón de Acero y, por tanto, cuál será su estrategia en el futuro.

Según el director de Le Monde Diplomatique, después de observar cómo EEUU ha “violado” el derecho internacional al atacar Irak, “existe el peligro” de que países “como Cuba y Venezuela” puedan correr la misma suerte si no se “pliegan” a los intereses norteamericanos. Por ello, Ramonet expresó su solidaridad con la “democrática revolución bolivariana” y con Chávez, según él, un “gobernante democrático”, y acusó a EEUU de estar implicado en el “atentado criminal contra la democracia venezolana” del 11 de abril del pasado año... la cual, por cierto, no ha dejado de masacrar, por medio de pistoleros a sueldo entrenados en Cuba, a decenas de pacíficos manifestantes contra la protodictadura del alumno de Castro.

Los congregados en Caracas afirmaron que el evento tiene como objetivos fundamentales “difundir los logros de la revolución bolivariana en el ámbito internacional; consolidar y fortalecer la red mundial de solidaridad con la revolución –Almodóvar y la Plataforma Cultura contra la Guerra, en una de las manifestaciones que convocaron contra la guerra en Irak, se solidarizaron con la ‘experiencia democrática venezolana’–; además de promover el posicionamiento de Venezuela como uno de los epicentros de la lucha por la democracia participativa y protagónica, la equidad y la justicia, y contra la globalización neoliberal”.

Es decir, se trata de establecer en la Venezuela de Chávez y con su patrocinio financiero, una de las principales bases de operaciones en la lucha contra la verdadera democracia participativa –la liberal– y, por consiguiente, contra el capitalismo. En estos momentos, reivindicar a Castro –el modelo referencial de la extrema izquierda– cuando encarcela y asesina a opositores y disidentes podría dar muy mala prensa... y, además, los recursos financieros del coma andante son más bien escasos; aunque aún puede aportar sus instructores y campos de entrenamiento de represores, donde ya se están formando los cuadros de la futura policía política de Chávez.

Que el movimiento antisistema mundial pueda tener acceso a los beneficios del petróleo venezolano para seguir creciendo y organizándose debería ser motivo de seria preocupación para las democracias occidentales, especialmente para EEUU, habida cuenta de las excelentes relaciones de Chávez con Castro, con las FARC colombianas, con Gadafi, con Irán y, en general, con lo que Bush calificó como el “eje del mal”. Del enemigo, el consejo: una vez liquidada la amenaza de Sadam, los esfuerzos de EEUU y sus aliados deberían dirigirse, como apuntaba Ramonet, a neutralizar a Castro y a evitar que Chávez se consolide como futuro dictador.

Pagazaurtundua critica al Gobierno vasco por dejarles «desamparados»
Laguardia entrega la insignia de oro del pueblo a la familia del policía de Andoain asesinado «En estos pueblos se sintió arropado, a diferencia de otros lugares», dice la hermana
O. B. DE OTÁLORA/LAGUARDIA EL Correo 13 Abril 2003

Maite Pagazaurtundua recogió ayer en Laguardia la insignia de oro del pueblo, que las autoridades municipales le entregaron como homenaje a su hermano, el jefe de la Policía local y militante del PSE y Basta Ya, Joseba Pagazaurtundua. Al recibir la medalla, Maite declaró: «Nosotros que nos sentimos desamparados por el gobierno heredero de Lizarra, nos sentimos amparados por el gobierno municipal de Laguardia y no los vamos a olvidar jamás».

El paso de Joseba Pagazaurtundua por Laguardia se produjo en un momento crucial de su vida. La detención del 'comando Donosti' en 1997 permitió saber que era uno de los objetivos de ETA. Consiguió que le trasladaran a la comisaría de la Ertzaintza de la localidad alavesa por seguridad, pero durante la tregua, el Departamento de Interior le comunicó que debía regresar a Andoain. Tras su asesinato, cometido el 8 de febrero, la familia de 'Pagaza' denunció cómo le habían obligado a abandonar Laguardia. «En estos pueblos maravillosos, Joseba y su familia se sintieron arropados y pudieron dar mucho cariños a sus hijos, a diferencia de otros lugares y otras gentes», agradeció Maite Pagazaurtundua.

Ayer, el salón de plenos del Ayuntamiento estaba abarrotado para asistir a la entrega de la insignia de oro a Joseba Pagazaurtundua. Además de la madre, la viuda y los hijos del policía, en el acto estuvieron presentes el diputado general de Álava, el popular Ramón Rabanera, el secretario general del PSE-EE, Patxi López, dirigentes socialistas como Javier Rojo o Jesús Eguiguren, así como componentes de Basta Ya. Algunos de los ertzainas que habían estado a las órdenes de Pagazaurtundua en el pueblo acudieron de forma anónima.

Plantes a ETA
En un discurso pronunciado durante la entrega de la medalla, el alcalde de Laguardia, el miembro del PP César García de Olano, hizo una referencia a los plantes realizados por periodistas a miembros del Gobierno a raíz de la muerte de dos corresponsales en Irak. «Siento envidia de que eso no ocurra cada vez que ETA extorsiona o chantajea». «Todavía no he visto un plante de los medios ante el asesinato de un compañero suyo a manos de ETA, o una cacerolada frente a las sedes de quienes defienden las posturas de la banda», se lamentó. García de Olano afirmó que Pagazaurtundua «sí que era una de esas personas dispuestas a hacer manifestaciones, plantes y criticar».

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