AGLI

Recortes de Prensa     Martes 15 Abril  2003
Sobran los chistes
Germán Yanke Libertad Digital 15 Abril 2003

Los nacionalistas van en serio
EDITORIAL Libertad Digital  15 Abril 2003

Millones de argumentos
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo  15 Abril 2003

Pero siguen prefiriendo Cuba a los USA
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  15 Abril 2003

LA GUERRA DE IRAK Y LA DERIVADA SIRIA
Editorial ABC 15 Abril 2003

ESPAÑA ESTUVO EN SU SITIO
César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 15 Abril 2003

¡Dar la cara! El problema y la solución
Ignacio Villa Libertad Digital  15 Abril 2003

Francia, KO (técnico)
Carlos Semprún Maura Libertad Digital  15 Abril 2003

Más cuentos
Cartas al Director El Correo 15 Abril 2003

In memoriam
Cartas al Director El Correo 15 Abril 2003
 

Sobran los chistes
Germán Yanke Libertad Digital 15 Abril 2003

A mi juicio, al menos, sobran los chistes y las ironías de Zapatero sobre la cohesión constitucional de España. Sobran ante el Gobierno de la nación, ante algunos de sus compañeros de partido (como el alcalde de La Coruña) y ante los ciudadanos.

Ibarretxe sigue adelante con su plan y seguirá avanzando por mucho que el secretario general del PSOE considere que, por arte de su personal persuasión, el PNV va a detenerse. En septiembre tendremos una concreción articulada del proyecto independentista y se buscará el referéndum, por muy ilegal que sea, o la confrontación del mismo en las próximas elecciones autonómicas, sean o no anticipadas. Zapatero debe tener claro cómo impedir una farsa de consulta o qué hacer, ante el órdago nacionalista, con los partidos constitucionales. Debe tenerlo claro y explicarlo a los ciudadanos. La mayoría absoluta del PP, pese a los chistes, no es el resorte para impedirlo, sino la firmeza institucional, en la que es de esperar que no se cuente sólo con el partido gubernamental.

Al mismo tiempo, en Cataluña, PSOE por un lado y CiU por otro proponen reformas del Estatuto que, en muchos extremos, no son constitucionales. A Zapatero le parece bien cualquier exceso de Maragall porque cree que el “catalanismo” vende. El chiste peor es asegurar que con este líder de los socialistas catalanes, esa comunidad autónoma tendrá “gobierno constitucional”. Será, en todo caso, para cambiar la Constitución a partir de una amalgama que aúna al PSC con CiU (que es lo que Maragall quiere heredar) y ERC (que es lo que le tienta al pobre “progre”).

En Galicia, el BNG se ha hecho con los resortes de la protesta, tan exagerada como escalofriante, del Prestige. Pero saben los nacionalistas que, para mantener los criterios lamentables de la Declaración de Barcelona en esa comunidad, precisan a los socialistas, que ya han dado muestras más que suficientes de condescendencia, como demuestra el malestar casi permanente de Francisco Vázquez.

No debería reírse Zapatero. Si sigue manteniendo que todo vale lo mismo (Bono que Odón Elorza, Vázquez que Maragall, etc.) su proyecto va a ser un barullo en el que los vientos golpearán a la Constitución y la cohesión nacional. Y lo harán siendo la cuestión sólo un problema de políticos de cámara, ávidos de demostrar que son más nacionalistas que los nacionalistas, porque no creo que ni una de las mil encuestas que ahora el PSOE maneja demuestre que los catalanes, los gallegos o los vascos se levanten por la mañana con la necesidad de una reforma de sus Estatutos. Lo que, por el contrario, le dicen las encuestas es que, en cuanto aparece la cuestión nacional –que el PSOE ha querido evitar con la huelga, el Prestige y la guerra– es el PP el que ofrece más confianza. Menos bromas, entonces, y menos tranquilidad. No vaya a ser que, después de buscar afanosamente la disidencia en el PP, tenga que elegir él entre el partido y el proyecto.

Los nacionalistas van en serio
EDITORIAL Libertad Digital  15 Abril 2003

La tradicional actitud claudicante de los partidos nacionales –sobre todo del PSOE– para con los nacionalismos ha desembocado, como señalan tanto Mayor Oreja como Nicolás Redondo Terreros y Francisco Vázquez, en un serio peligro de ruptura de la unidad nacional. Y, paradójicamente, esa constante claudicación ante el chantaje permanente de los nacionalistas –en la vana esperanza de que, algún día, se sintieran cómodos en España–, ha coexistido con una actitud despreocupada hacia las soflamas independentistas que los líderes del PNV y de CiU pronunciaban de cuando en cuando. Durante demasiado tiempo, los partidos nacionales han interpretado esas proclamas separatistas bien como arengas de cara a la parroquia en época electoral o como medida de presión para acelerar el traspaso de transferencias o de atraer inversiones públicas hacia el País Vasco y Cataluña.

Sin embargo, PNV y CiU iban en serio; solamente que su estrategia era de largo plazo. Lo prioritario, hasta hace muy poco, era consolidar un entramado clientelar a la sombra de las instituciones autonómicas y al servicio de la “causa”, con el objeto de acostumbrar a la ciudadanía vasca y catalana –principalmente a través de la falsificación de la Historia– a ver al resto de España como un ente opresor y un freno al desarrollo de sus regiones. Y una vez conseguido un clima más o menos favorable a sus intenciones, promover la separación de facto y apelar al “pueblo” para que refrende –por vía legal o ilegal– el proyecto independentista.

Ciertamente, no puede decirse –aun a pesar de la calculada ambigüedad con que PNV y CiU han abordado siempre la cuestión nacional– que los nacionalistas hayan obrado “a traición”. Hitler dijo en una ocasión que no conocía a ningún político que hubiera expresado en público más veces y con más claridad sus intenciones, por lo que –y en esto no hay más remedio que darle la razón– nadie tenía derecho a sorprenderse de la minuciosidad con la que llevó a cabo su criminal programa –presente punto por punto en Mein Kampf– en la medida en que el resto de las naciones se lo permitió. Salvando las distancias –prácticamente inexistentes en el ala radical del nacionalismo vasco–, con el PNV y CiU ocurre lo mismo. Aunque también hay que señalar que muy pocos podían creer en la transición que los nacionalistas iban a corresponder a la buena fe y la generosidad de los constituyentes del modo en que lo han hecho.

Con todo, el freno constitucional a la deriva secesionista es bien evidente; y llegado el momento, la ruptura con España ya no puede camuflarse con más eufemismos. Y este es el momento más peligroso para los nacionalistas. De ahí el Pacto de Estella, la Declaración de Barcelona y la oposición a la Ley de Partidos, cuyos objetivos son aunar fuerzas y eliminar todas las “diferencias secundarias” –incluidos los asesinatos, los chantajes y las coacciones de ETA-Batasuna– en aras del fin común.

Consciente de que el PSOE carece de una postura uniforme en torno a la cuestión nacional y de que Zapatero ha demostrado estar dispuesto a todo con tal de llegar a la Moncloa, Ibarretxe ultima los detalles de su plan separatista, hace públicas encuestas precocinadas y prepara reuniones secretas con los partidos del ámbito vasco, incluida la ilegalizada Batasuna, para asegurarse una mayoría suficiente en la Cámara vasca que le permita lanzar el órdago secesionista en otoño. Esto, unido al oportunismo de Maragall, quien deseoso de heredar políticamente a Pujol no vacila en añadir más leña al fuego con su “federalismo asimétrico” –una contradicción en los términos que Zapatero, quien debe la secretaria general del PSOE al líder del PSC, y Chaves excusan con la entelequia de la “España plural”–, el entreguismo de Elorza al PNV y las imposibles equidistancias de Patxi López, crea el caldo de cultivo ideal del “plante” al Estado ofrecido por Joseba Egibar a ETA-Batasuna para sumar esfuerzos en pos de la secesión.

Zapatero ha de ser consciente de que la estrategia del “todo vale” contra el PP tiene ciertos límites, algunos de los cuales su partido ha traspasado irresponsablemente durante la crisis de Irak. Pero el principal de todos, el consenso de los partidos nacionales en torno a la cuestión nacional y la unidad de España, no puede ser transgredido sin dar lugar a una era de peligrosísima inestabilidad política e institucional, con algunos síntomas muy parecidos a los de los prolegómenos de la Guerra Civil. Para evitarlo, es urgente que José Luis Rodríguez Zapatero, en lugar de bromear y dar por hecho que la unidad nacional está a salvo o de acusar al PP de utilizar esta cuestión como arma electoral, desautorice públicamente los proyectos de Maragall y aborde junto con el PP una estrategia de acción conjunta para detener las serias amenazas que los proyectos de Ibarretxe y Maragall –a las que, desde luego, CiU se apunta en última instancia– constituyen para el futuro de España.

Millones de argumentos
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo  15 Abril 2003

Como le digo una cosa le digo la otra, lehendakari, por más que me empeño en ello, no le entiendo. Hará casi un mes escribía usted una carta a Kofi Annan para explicarle nuestra posición contra la guerra de Irak. Si tenía el viaje a Nueva York en la agenda, ¿por qué no esperó hasta la semana pasada para llevarle la carta a Kofi en mano? Ya son ganas de gastar en sellos. Podría haber aprovechado la ocasión y dar una clase magistral en Harvard sobre nuestra posición en la guerra de Irak.

No me cabe en la cabeza,-y no es por falta de tamaño--, que haya desaprovechado la ocasión para cantar las cuarenta en la Universidad de Nueva York, en la sede de la ONU, en el Rockefeller Center o en la Grand Central Station. El domingo, en un acto electoral de su partido en Vitoria, usted y los suyos se hicieron proyectar un vídeo con las imágenes más cruentas de la guerra, incluyendo niños iraquíes con la cara ensangrentada.

Es de preguntarse por qué no han proyectado en campañas anteriores vídeos de otras criaturas más próximas, (geográficamente hablando), como Fabio Moreno, Koro Villamudria, los de la casa-cuartel de Zaragoza, Silvia Martínez y así hasta los 22 asesinados por ETA en estos años. ¿Quizá para no crispar?

He leído también en estos días que su gobierno ha concedido créditos por 156 millones de euros (26.000 millones de pesetas) a Fidel Castro, a los que deben añadirse los seis millones de euros que corren por cuenta de Javi Madrazo, qué puestazo. Estos créditos se gestaron durante su viaje a Cuba de hace un año y en la devolución de la visita que hizo algún tiempo después el vicepresidente cubano, José Ramón Fernández.

Recuerdo que en ambas ocasiones dijo usted a sus interlocutores que, al igual que los vascos y las vascas «los cubanos y las cubanas serán lo que quieran ser».

Pues mire, no. Enrique Copello, Bárbaro Leodán Sevilla y Jorge Luis Martínez ya no van a ser nada, porque ese tirano cuya amistad cultiva su Gobierno les fusiló en plan sumarísimo la madrugada del pasado viernes, por un delito en el que no dispararon un solo tiro, ni causaron herida alguna a pasajeros o tripulantes del ferry que habían secuestrado nueve días antes. Ellos querían ser libres, pero ya explicó William Munny, el asesino que encarnaba Clint Eastwood en 'Sin perdón', que cuando se mata a un hombre se le quita todo lo que tiene y todo lo que podría llegar a tener, lo que es y lo que podría llegar a ser.

Me llama la atención, lehendakari, que ni usted, ni su consejero de Vivienda hayan presionado a Castro para que no consumara su bárbaro castigo sobre los tres desdichados. Tenían ustedes 162 millones de argumentos, lehendakari. ¡Que lástima y qué vergüenza!

Pero siguen prefiriendo Cuba a los USA
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  15 Abril 2003

Basta comparar el tiempo que han tardado y el tipo de condena que han hecho las izquierdas españolas –políticas, mediáticas y titiriteras– de los últimos asesinatos oficiales del régimen castrista para ver que Cuba sigue siendo su dictadura favorita y Estados Unidos la democracia que odian. De hecho, comparar la pena de muerte en algunos estados de los USA –con todas las garantías del Estado de derecho– y el asesinato político de unos señores cuyo delito ha sido tratar de huir de la Isla-Cárcel muestra que para esta izquierda inmoral en lo ideológico, desvergonzada en lo político y esquizofrénica en lo cultural, siempre poniendo una vela a La Habana y otra a Hollywood, es tan superior el socialismo al capitalismo que un asesinato político ordenado personalmente por Castro les provoca el mismo rechazo que la pena de muerte a un violador y asesino de niños o de ancianas en Texas decidida por un jurado en un juicio presidido por un juez y en cumplimiento de las leyes vigentes.

Evidentemente, si creemos que en su almita de fastuosos farsantes cabe la sinceridad, para Almodóvar y toda la patulea progre que en la Puerta del Sol aplaudió a Cuba, Venezuela e Irak mientras llamaba “asesinos” a los norteamericanos antes de empezar la guerra, el mismo delito debe de ser asesinar ancianas para robarles o matar niñas después de violarlas que el de asaltar un ferry para huir de la Isla, puesto que la pena de muerte les produce el mismo rechazo en ambos casos. Y ellos insisten una y otra vez en repetirlo, equiparando el Poder Judicial independiente de una democracia como la norteamericana con los fusilamientos por razones políticas de una dictadura comunista.

En rigor, las condenas a los crímenes de Castro son para la izquierda comunista, socialista y polanquista una simple ocasión de atacar al Gobierno, como ha demostrado una vez más la tripleta Zapatero-Caldera-Llamazares. Lo atacan porque los soldados norteamericanos y británicos derriban una dictadura y también porque una dictadura aprovecha ese derribo para seguir matando y encarcelando, como ha hecho siempre. Están que braman porque se han cargado a Sadam Husein y porque Castro les obliga a condenarlo un poquito, sólo un poquito, ningún izquierdista se echará a la calle por los crímenes de Fidel Castro que vienen repitiéndose desde hace cuarenta y tres años (esos son los valores de la revolución cubana a que se refiere el sicario castrista Martínez) y han sido capaces de convocar una huelga general para lamentar que se habían acabado los de Sadam Husein.

Para Madrazo y Llamazares, Cuba sigue siendo el referente del País Vasco que, con la ayuda de Ibarreche y de la ETA, quieren imponer a España. Para Zapatero, es un pequeño estorbo en su estrategia antiamericana y antidemocrática para llegar al Poder. Para el PP... ¿alguien sabe cuál es la política del PP con respecto a Cuba? Si alguien se entera, por favor, comuníquese. No se gratificará, pero se agradecerá.

LA GUERRA DE IRAK Y LA DERIVADA SIRIA
Editorial ABC 15 Abril 2003

Siria e Irak siempre han estado unidas por el hilo de la historia, a veces más tenue, a veces más fuerte, pero siempre tenso en cada extremo. Fue así en el pasado remoto y es así desde los tiempos de la expansión del Islam, cuando los califatos Omeya, desde Damasco, y Abasí, desde Bagdad, pugnaban por la dirección política y religiosa del movimiento. Y es así ahora, cuando la doctrina que ha gobernado en Bagdad hasta la semana pasada es la misma que, al menos oficialmente, alienta en Damasco sostenida por una organización política, el partido Baas, que comparte la misma denominación a un lado y otro de la frontera. Esta organización fue la plataforma para que Sadam Husein se hiciera con el poder y fue el instrumento de Hafez el Assad en Siria para tomar el poder en 1970 mediante un golpe militar que le situó en la cúspide, apoyado por la minoría alauita, una secta del chiísmo que agrupa a menos del 12 por ciento de los habitantes de un país de mayoría musulmana sunnita. Ambos dictadores quisieron aparecer como reencarnaciones de Saladino o reflejo de su común rival Ataturk, que lideró la modernización de Turquía con un programa nacionalista. Pero la corrupción y la ineptitud arruinaron ese proyecto. Ambos regímenes han acabado siendo verdugos de sus pueblos y muñidores del terrorismo internacional. Sadam acaba de ser derrocado y Hafez el Assad dio paso a su hijo Bashir, el último de la familia en la línea de sucesión, que ha heredado un país desgarrado, fraccionado étnicamente, débil y entrampado en una política de interferencia en el Líbano y Palestina de la que no sabe cómo salir.

Enfrentado a la mayoría sunnita y a su fracción más radical, la Hermandad Musulmana, sumido en una crisis económica galopante y con un Ejército anticuado y descontento por asuntos presupuestarios, Bashir el Assad tuvo el torpe sueño de unir sus destinos a Sadam Husein cuando éste entraba en su declive final. Y de aquellas lluvias estos lodos. Hace tiempo se sabe que ambos países han compartido proyectos comunes y se sospecha que Siria era el depósito de retaguardia del caído tirano de Bagdad.

Sin embargo, pese a lo anterior, Siria no es un caso comparable al del Irak en cuanto a la amenaza que representa. A pesar de su apoyo a Hezbollah y a la Yihad Islámica, sus posibilidades de agresión y sus ansias de dominio regional se quedan por ahora en la retórica de los discursos, tan caros a los dirigentes musulmanes. Es evidente que es necesaria una reordenación geoestratégica de la región para asegurar su estabilidad. Pero conviene medir las fuerzas, sosegar los ímpetus y poner límites a las escaladas verbales, porque el ardor guerrero de algunas declaraciones de Estados Unidos no conduce a serenar precisamente los ánimos en un momento convulso. Una acción militar es una opción excepcional, cruel y quirúrgica que permite neutralizar o eliminar males mayores.

Terminada prácticamente la guerra en Irak, es hora de empezar a ganar la paz en una región devastada que está reclamando soluciones desde el consenso y la diplomacia. La intervención en Irak ha encontrado una amplia contestación en la opinión pública europea, que sólo muy lentamente va cediendo. Las llamadas a la cooperación de Siria y las peticiones de que no se involucre con los restos del régimen iraquí no deben adoptar tonos de ultimátum o de reclamo militar porque difícilmente mejorará la imagen de la coalición y, concretamente, de Estados Unidos, que en los últimos días ha elevado el listón de la presión a Dasmasco en un tono admonitorio que hay que enmarcar en sus justos términos, pues existen pocas dudas sobre cuál es el fin último de la advertencia: que Siria se abstenga de recoger el testigo del régimen de Sadam, derrocado por la fuerza militar aliada. Los británicos, bastante más sutiles en el manejo de las formas, han señalado que Siria no es el próximo objetivo, aunque tiene que dar muchas explicaciones de su actitud. Ese es un lenguaje más oportuno que aquel que da la sensación de que el teatro de operaciones militares se extiende, sin límites, por toda la región.

ESPAÑA ESTUVO EN SU SITIO
Por César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 15 Abril 2003

La guerra de Irak pasará como el momento de mayor protagonismo que ha tenido España, en los últimos siglos, en política exterior. Por el contrario, es difícil imaginar que un partido nacional pueda quedar tan descolocado como lo está el PSOE en esta circunstancia. Mientras el Gobierno de España ha apoyado a la coalición angloamericana, junto a la mayoría de países europeos, el partido de José Luis R. Zapatero ha quedado sin referente internacional alguno. Ni siquiera le queda como tal la troika Putin/Chirac/Schröder que ahora intenta quitar hierro a la propia reunión que han tenido en San Petersburgo: «No estamos intentando crear ningún movimiento «anti»», ha querido explicar Schröder. Los dirigentes del PSOE repiten las reivindicaciones de franceses y alemanes pero ni siquiera del todo. Así, están con Chirac cuando dice que «la ONU sea respetada» pero no le siguen cuando añade: «Y si debe ser reformada, lo será con nuestro concurso».

Dentro de muy poco tiempo quedará el hecho de que el Gobierno de España estuvo con quien debió y a la altura que merecía la nación, mientras el Partido Socialista se lanzó por la vía de los marginales y radicales hasta el punto de desbordar las posiciones franco-alemanas. «Zapatero se quedará solo», anuncié en el titular de esta columna, días antes de la guerra. No me arriesgué mucho. Zapatero había ido demasiado lejos. Estaba obsesionado con la posible cosecha electoral. Aún lo sigue. No dejará de amotinarse con Llamazares «contra la guerra» hasta que lleguen las municipales.

En estos días de altísima tensión hemos oído muchas tonterías. Por ejemplo, que José María Aznar ha desmontado la política exterior española. Pero ¿acaso existía alguna? ¿Acaso tuvo alguna política exterior Felipe González? Todo lo que sabemos es que éste convocó un referéndum sobre la OTAN tan innecesario como desestabilizador, que mantuvo unas relaciones tan serviles y acomplejadas con Francia que ni siquiera las conversaciones sobre ETA se llevaban de Estado a Estado y que tanto para Giscard como para Mitterrand el terrorismo etarra era una prueba de las insuficiencias de la transición española; que, como todo el mundo sabe, Europa ha comenzado a tener conciencia de la necesidad de una política antiterrorista común gracias a los Gobiernos de Aznar; que el entendimiento entre los presidentes americano y español comenzó por una común sensibilidad antiterrorista; que en relación con EE.UU., el gran triunfo de González consistió en estar muy bien visto por Bush padre («es un chico moderado», decía).

González tuvo una visión muy personalista de las relaciones internacionales. Por ejemplo, utilizaba a Kohl para dar achares a Lafontaine y exhibía sus relaciones con políticos mafiosos como Febres Cordero, Alan García o Salinas de Gortari mientras se vendía caro a los líderes de la izquierda hispanoamericana. Excepto en el caso de Castro. En Cayo Largo se fumaba sus grandes cigarros mientras el tirano (¡qué joven estás, Fidel!) hacía pesca submarina.

Aznar mal podía desbaratar lo que no existía. España ha comenzado a tener una política propia en Europa con las relaciones de Aznar con Blair y no por sus intentos de diseñar «la tercera vía», sino por concebir una periferia europea (con Portugal e Italia) frente al eje franco-alemán. Hacer tal no ha supuesto debilitar a la Unión Europea a no ser para quien tuviera una idea muy limitada de ésta. Blair es el político británico más decididamente europeísta y por tanto es fundamental implicarle en el proyecto de la Unión. Es también la garantía para las relaciones con EE.UU. La charnela entre éstos y Europa (especialmente la del Este) es esta línea periférica representada por británicos y españoles... Esto es, en todo caso, lo que podría llegar a desbaratar Zapatero. Si gana.

¡Dar la cara! El problema y la solución
Ignacio Villa Libertad Digital  15 Abril 2003

Este fin de semana en Segovia, el Presidente Aznar insistía y pedía a todos sus militantes que salgan a la calle con la cabeza bien alta, sin ninguna vergüenza y con la convicción de que el Partido Popular y el Gobierno han actuado como tenían que hacerlo durante la guerra de Irak. En Segovia se pudo ver al Aznar más enérgico, más seguro y más convencido de su gestión y de sus decisiones. En Segovia se pudo ver al Aznar que necesita el Partido Popular después de haber vivido las semanas más duras desde que llegaron al poder en el año 96.

Semanas duras por la ofensiva, sin razones, de toda la oposición. Semanas duras por la agitación vivida en las calles azuzada por toda la izquierda. Semanas duras por las agresiones que han sufrido decenas de sedes del Partido Popular. Semanas duras, también, por la lentitud con que dirigentes del PP han reaccionado ante estas brutales provocaciones. Por todo esto, que la militancia del PP pueda percibir a un presidente del Gobierno seguro y firme, implicado e ilusionado en la campaña electoral, dispuesto a seguir arriesgando, es una excelente noticia para todos los candidatos populares que van a concurrir a las próximas elecciones municipales y autonómicas.

La implicación del presidente Aznar es una buena noticia. Lo que no es una buena noticia es que, ahora que el ambiente político está volviendo a su cauce, algunos dirigentes del PP busquen un desmarque de la dinámica del partido, y tampoco es una buena noticia que un amplio número de ministros, aterrorizados ante una posible equivocación, sigan “desaparecidos en combate”.

En este sentido, de entre los dirigentes políticos del PP, llama la atención los puentes que Gallardón quiere tender con la oposición para que las heridas que ha dejado la guerra cicatricen. No estaría de más recordar al todavía presidente de la Comunidad Autónoma de Madrid, que las heridas no las ha provocado el Gobierno. Esas heridas, que son muchas y variadas, están provocadas por la violencia, por las agresiones, por las piedras, por la intolerancia de la izquierda española. Desde la izquierda, con la guerra de Irak como excusa, se ha fomentado la fractura y la división. Y por lo tanto, sobra que el señor Ruiz Gallardón vuelva a recuperar los "eternos" complejos de la derecha y se ponga de rodillas pidiendo perdón. El PP no ha hecho nada malo, y no se entienden estos "paños calientes" fruto de los miedos personales más que de la realidad política.

Y de los ministros del Gobierno, ¿qué decir? Pues que es una pena. La gran mayoría de los ministros han estado desaparecidos durante la guerra de Irak; y los que han dado la cara ha sido, en la mayoría de las veces, para estropearlo. El Gobierno ha vuelto a dar muestras de una clara deficiencia en el tono político en los momentos clave. Gobernar no es sólo gestionar, es saber dar un impulso político equilibrado en cada momento. Otra vez más, un buen número de ministros han dejado, más sólo que la una, al presidente Aznar, que ha tenido que cargar con todo el desgaste político de la situación. Si hubiéramos tenido un Gobierno que apoye a su presidente, que le ampare y que sepa amortiguar los golpes, la situación habría sido otra muy diferente.

Con todo, parece interesante la petición de Aznar este fin de semana en Segovia:"¡Salir a la calle, dar la cara, no tenemos motivos para la vergüenza!. Pero este grito, esta petición, además de en los mítines, Aznar debería de pronunciarla en dos sitios concretos, a puerta cerrada: ante el Consejo de Ministros y ante el Comité Ejecutivo de su partido. En esos lugares es donde hay más escondites y más dosis de vergüenza. Cuanto más se sube en el escalafón del poder, salvo raras excepciones, se encuentra más miedo. Y son los dirigentes del PP los que tienen que movilizar a los suyos, y deben de hacerlo en primer lugar con el buen ejemplo, con el ejemplo de la valentía y del convencimiento. Aznar ha pedido a los suyos que salgan a la calle, este mensaje dirigido a todos debería ser puesto en práctica por los dirigentes del PP y por los ministros del Gobierno. Ese es el problema, ahí está la solución.

Francia, KO (técnico)
Carlos Semprún Maura Libertad Digital  15 Abril 2003

Durante una de esas tertulias televisadas o radiofónicas que nos agobiaban y agobian en torno al conflicto irakí, y en las que regimientos de expertos, especialistas militares jubilados al haber perdido todas sus batallas, salvo la de sus pensiones, periodistas que pasaron 15 días de vacaciones en Madagascar y por ello se convierten en especialistas del Tercer Mundo, en medio de toda esa ralea, las declaraciones de un diputado de la mayoría UMP, me hicieron gracia. Estábamos durante la intervención militar, y ese señor dictaminaba que los norteamericanos no sabían combatir, y que incluso si intervenían militarmente en Francia para imponer sus aviones o su Coca Cola (sic) no había que asustarse, porque no sabían combatir, eran unos cobardes, y eso no sólo hoy, siempre, eran genéticamente cobardes. En la misma tertulia, jovenzuelos recién graduados de la Escuela Superior de Comercio, y por lo tanto, expertos militares, afirmaron que efectivamente los británicos combatían mejor, combatían casi tan bien como los franceses. ¡Los franceses!

Desde 1940, Francia ha perdido todas sus guerras, y en 1940, precisamente, por negarse a combatir, incluso contra los nazis. Luego hubo la racha de guerras coloniales y las perdieron todas. Puede que las virtudes militares no sean lo más importante de una nación, pero presumir de ellas cuando no existen es grotesco. Durante la Segunda Guerra Mundial, los norteamericanos combatieron solos contra el tremendo ejército japonés, en el Pacífico, y vencieron. Combatieron, a veces furiosamente, en Europa (Monte Casino, Ardenas, etcétera), y vencieron. Claro, se piensa en la guerra de Vietnam, pero su derrota fue esencialmente política. La actual intervención militar en Irak, intentando evitar al máximo las víctimas civiles y la muerte de sus propios soldados, no demuestra cobardía, sino inteligencia. Tampoco fue demasiado difícil, debido a la poca resistencia iraquí.

Sabido es que Chirac, Schröder y Putin estuvieron jugando al tute en San Petersburgo, no les quedaba otra cosa por hacer. Annan, invitado, no fue, por lo visto sólo le gusta el Poker. Pero cuando la administración norteamericana propone anular la gigantesca deuda exterior iraquí, para ayudar realmente a la reconstrucción del país, Francia se niega y se indigna. La “solidaridad con el pueblo iraquí” tiene sus limites. Es cierto que Irak tiene una deuda colosal con Francia, y esperan cobrársela con petróleo, pero si se anula la deuda, tendrán que comprar dicho petróleo, como todo quisqui, y de nada les habrá servido su “defensa de la paz”.

Desde que Raffarin declaró que “no había que equivocarse de enemigo” y, sobre todo, desde la victoria aliada, casi toda la clase política, y muchos medios, se declaran encantados de la derrota de la tremenda dictadura iraquí, derrota en la que tan activamente han participado, por lo visto. Esto es tan evidente que algunos, ahora muy minoritarios, se indignan: La posición de Francia y de su Presidente, era la justa, era una demostración de su grandeur, ya que defendía el derecho y la paz, la ONU y Total-Fina, y había dado un inmenso prestigio a Francia en el mundo entero, ¿cómo podéis echarlo todo por la borda tan rápidamente? La verdad es que Francia ha metido la pata, y no sabe como recuperarla.

En esta situación, desde luego tensa, ¿qué importancia puede tener el hecho de que Lionel Jospin siga plagiando a Miguel Hernández, con su “Me voy, me voy, pero me quedo”? Es más bien patético. Lo ha repetido en una larga entrevista radiofónica, ha jurado retirarse de la vida política definitivamente, pero, claro, si las masas exigen su sacrificio...

Más cuentos
Cartas al Director El Correo 15 Abril 2003
Juan Carlos Lazurtegui/Rødovre, Dinamarca

Tras leer el artículo del consejero Azkarraga sobre la ilegalización de Batasuna, tan sólo se me ocurre decirle que se deje de cuentos y camelos. Tengo la suerte de vivir en Dinamarca, y creo estar en condiciones de afirmar que aquí Batasuna hubiera durado dos telediarios. No veo a la sociedad danesa acogiendo en su seno o justificando un entramado político militar que reclama derechos que niega a todos los demás hasta llegar incluso a justificar, cuando no a participar de forma directa, el acoso y el exterminio del adversario político. Esto habla por sí mismo, y no muy bien, de la madurez democrática de la sociedad vasca.

Dinamarca garantiza las libertades de expresión, reunión, etcétera, y a la vez es implacable con los que intentan coartarlas. Hace unos meses, con motivo de un partido de fútbol entre Dinamarca e Israel, aparecieron unos pasquines firmados por una asociación 'cultural' en la que se justificaba el asesinato de judíos. Inmediatamente se entabló un debate público sobre la posibilidad de ilegalizar a dicha organización, de la que nunca más se ha sabido.

In memoriam
Cartas al Director El Correo 15 Abril 2003
Lucía Cristóbal/Portugale-Vizcaya

El sábado 12 de abril hubiera cumplido 34 años. Y el pasado día 2 se cumplió el primer aniversario de su muerte. Me refiero a Joseba Andoni Urdaniz, escolta de una concejal del PSE-EE. Sirvan estas líneas para trasladar a sus seres queridos mi reconocimiento y afecto. Esta maldita guerra no debiera hacernos olvidar que muchísimos convecinos nuestros (uno ya es demasiado) viven amenazados por ETA y no pueden dar un paso sin la presencia vigilante de los escoltas. Sombras permanentes cuya misión es salvaguardar la vida de sus protegidos, aún a riesgo de perder la suya.

Joseba Andoni murió defendiendo la vida que tenía encomendada, en la creencia de que ésta corría peligro. Un peligro que es real y que se ven obligados a soportar a diario cientos de ciudadanos, por el simple hecho de pensar de forma diferente a quien pretende imponer su ideario a sangre y fuego. Verán estas sombras más de una vez. Quizá sientan incomodidad por su presencia. Piensen que el único responsable del gravísimo déficit democrático que supone la falta de libertad tiene nombre: ETA.

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