AGLI

Recortes de Prensa     Lunes 21 Abril  2003
NUESTRO GRAN PROBLEMA
CARLOS DÁVILA ABC 21 Abril 2003

Siempre tratando de dignificar el crimen
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  21 Abril 2003

EL PEOR NACIONALISMO
Editorial ABC 21 Abril 2003

Reescribir la historia
FLORENCIO DOMÍNGUEZ/ El Correo 21 Abril 2003

¿Por qué un Estatuto de Autonomía
Ernesto Ladrón de Guevara La Razón 21 Abril 2003

Arzalluz, la cruz y la espada
EDITORIAL  Libertad Digital  21 Abril 2003

A URNA ABIERTA
Jaime CAMPMANY ABC  21 Abril 2003

El cura y la madre
Iñaki Ezkerra La Razón 21 Abril 2003

Soberanismo y exclusión
Editorial El Correo 21 Abril 2003

Lacayos y audacias
Pío Moa  Libertad Digital  21 Abril 2003

El amigo sirio
Juan Carlos Girauta  Libertad Digital  21 Abril 2003

Chávez, el Sadam tropical
Aníbal Romero Libertad Digital  21 Abril 2003

El pícnic de Arzalluz
Editorial El Ideal Gallego 21 Abril 2003

UA prepara la «emancipación» de Álava y reta al PNV a plantear la consulta sobre el «Plan Ibarreche»
Servimedia - Madrid.- La Razón 21 Abril 2003

La Junta Electoral frena a Elorza y le prohíbe tres revistas y una exposición de «autobombo»
D. Mazón - Madrid.- La Razón 21 Abril 2003

El apoyo de independientes permite a PP y PSE presentar más listas que nunca
ABC 21 Abril 2003

NUESTRO GRAN PROBLEMA
Por CARLOS DÁVILA ABC 21 Abril 2003

Hora es ya de ocuparnos de nuestro gran problema. Nuestro gran problema que no es -lo diga quien lo diga- Bush. Tampoco la cuarentena de esbirros que guardaron hasta hace muy poco, la fortuna, las armas y los desvaríos sanguinarios de Sadam. Nuestro gran problema son los nacionalismos exacerbados que se han puesto las botas mientras España intentaba salvarse del «Prestige» -otra vez quiere reflotarlo Llamazares- y condolerse con la desgracia de un tirano que, en poco más de veinte años de satrapía, se había merendado, literalmente, a un millón de iraquíes. Ayer mismo, día de la inventada patria vasca, se decantó, de nuevo, nuestro gran problema. Cualquier observador imparcial que haya leído el manifiesto previo del PNV, o que haya conocido la locura del aquelarre -así lo anticipó Carmelo Barrio- de atrocidades dialécticas quemado en la campa nacionalista, creerá que el País Vasco es una tierra sojuzgada por un implacable enemigo exterior, aterrorizada por feroces extranjeros, y sometida a una dictadura totalitaria foránea. Dios mío, ¡qué cosas han dicho estos permanentes desaforados!

Aseguran sin rubor, ni pudor, que Aznar y todo el PP no pueden quejarse, a pesar de los muertos que llevan encima, de que ETA pretenda asesinarlos porque -recalcan- eso mismo es lo que ha hecho Aznar en Irak. Difícil es incurrir es mayor villanía, pero se ha manejado durante meses tanta propaganda procaz y falaz sobre el papel de España en la felizmente acabada guerra contra Sadam, que aún hay ciudadanos que asimilan la posición de Aznar, de su partido y de su Gobierno, con la criminal actividad de ETA. Convengamos en que el citado Llamazares y su compañero de ruta -no escribamos viaje, no hiramos sensibilidades- han contribuido eficazmente, aunque sea sin querer -¡por Dios!- en el caso del siempre moderado Zapatero, a que el desmán propalado ayer por el PNV, pueda resultar al menos soportable. Pero ahora, dichas todas las barbaridades posibles sobre el belicista Aznar, nos queda la realidad de nuestro gran problema: los nacionalismos. Pensamos que éstos se hallan en la estación final de su recorrido. Ya no pitan pidiendo ambiguos reconocimientos de su identidad, ni siquiera amplio estatutos; chiflan, en el caso vasco, exigiendo independencia ya, y, en el catalán, independencia a noventa días, que es un plazo tan breve como irreversible. Los vascos del PNV, con su apéndice de Eusko Alkartasuna agitado en la reivindicación feroz, y la broma irreverente y pesada de Izquierda Unida, palmeando el «Eusko Gudariak», esperan únicamente el resultado de las próximas elecciones para plantear, con la ayuda inestimable de ETA, la escisión. Los catalanes de Convergencia , y Maragall , que son lo mismo (Zapatero lo sabe, pero es un rehén de su mecenas), han abandonado ya el «poco a poco», la estrategia de Pujol, para culminar gráficamente un proceso que se podría describir así: «Vamos a tener todo para, cuando lo tengamos, decir: si ya lo tenemos todo, para qué seguir con quien no nos puede dar más, porque ya todo se lo hemos arrancado».

A unos y a otros, nacionalistas de Arzalluz e Ibarreche, y nacionalistas de Más (¿también de Durán?) y Maragall, España les resulta ya una realidad prescindible, casi puede decirse que les importa un real bledo. Terrible es que la izquierda no se cuenta de ello, en el caso supercitado de José Luis Rodríguez, o le parezca bien, como ocurre en el caso decidido y nítido del castrista Llamazares. La «guerra social» (eslógan que ha aparecido en todas, todas, las manifestaciones pasadas) es algo más que la encendida vesanía de unos jóvenes violentos; ha sido la advertencia, no descalificada por los asistentes templados a las concentraciones, de quienes apuestan por una sociedad clónica de los antiglobalizadores, y por una España partida en mil pedazos. En el PSOE ha habido, y hay, más de un dirigente que se ha asustado con este doble cariz, aunque hasta ahora, se haya callado disciplinadamente. Una sociedad volcada a la izquierda, con la compañía de los comunistas que para nada rechaza el secretario del PSOE, es, sería admisible desde el respeto absoluto a las urnas; una España aligerada de trozos tan definitorios de la personalidad global como el País Vasco y Cataluña, sería algo más que una anacronía; sería un bochorno histórico, una bofetada intolerable a la mayor de la ciudadanía que quiere seguir unida. Unida, además, en el momento de mayor esplendor político, social, cultura e internacional, que haya tenido nunca nuestra vieja, constitucional e incontrovertible Nación.

De seguir por estos pasos, olvidando nuestro gran problema nacional, no quedarán siquiera las selecciones deportivas como ejemplos de nuestra común territorialidad. La Monarquía, atrozmente atacada en estos meses por el nacionalismo vasco y por dirigentes, Madrazo y Llamazares, de Izquierda Unida, está encontrando en el PSOE un apoyo auténtico que, sin embargo, debería ser más explícito y, sobre todo, menos considerado con los juicios de sus acompañantes, muchos de los cuales se han lucido una y otra vez enarbolando banderas republicanas por doquier. No es extraño que algún socialista se encuentre incómodo en ese escenario. Terminada la guerra que todavía se quiere artificialmente prolongar, y sin un barco más para hundir, hay que preguntarse con responsabilidad: ¿empezará la izquierda a ocuparse y preocuparse con nuestro gran problema? Los síntomas no son esperanzadores,apuntan a que el PSOE no parece dispuesto a seguir al Gobierno del PP en su política de plantar cara democrática a los nacionalismos. El «hasta aquí hemos llegado» no es la mejor receta para un PSOE que depende más de Maragall que Maragall de la propia dirección del PSOE. De Izquierda Unida, no hay ni que hablar: está en la algarada y en la soflama revolucionaria. Pregunta: ¿puede molestar que se diga así de claro?

Siempre tratando de dignificar el crimen
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  21 Abril 2003

Si la mitad del nacionalismo vasco no fuera terrorista, podría pensarse que Arzallus tiene una afición pintoresca e irrefrenable por las metáforas bélicas. Pero cuando la mitad de los representantes de los ciudadanos del País Vasco tienen que acudir al Parlamento con escolta, porque en cuanto pueden los nacional-terroristas los asesinan, jugar a la guerra de boquilla o proclamarse “casi en guerra” testimonia una querencia siniestra, una turbia voluntad de afirmarse en la violencia y cobrar los créditos que ese chantaje pueda recabar en España y Francia, pero negando que el PNV tenga nada que ver con ella. Es decir: recogiendo las nueces pero proclamándose ajenos a los que sacuden a tiros el árbol.

A estas alturas, el PNV ya no engaña a nadie. La “guerra” es el terrorismo etarra y el “casi” es la complicidad con los terroristas de la tribu sabiniana. Y si llamarle guerra al tiro en la nuca testimonia tanto desprecio por los militares como aprecio por los terroristas, el “casi” conserva toda la vileza de la inmoralidad, toda la duplicidad de un partido que siendo de Gobierno va contra las leyes, que siendo de todos los vascos va contra la mitad de los vascos, que diciéndose demócrata y amigo de la libertad, por lo menos de la “libertad de los pueblos”, compite con los etarras en esclavizar a la mitad de su pueblo, la que no comulga con las ruedas de molino nacionalista. La que no se rinde pese a la “guerra” de ETA y el “casi” del PNV.

Arzallus es “casi” demócrata, “casi” pacífico y “casi” europeo. Le falta el “casi”. Para ser demócrata debería defender que los vascos que no piensan como él y los etarras, es decir, los vascos no nacionalistas, tuvieran el mismo derecho al futuro que los demás. Pero no es así: hoy viven bajo el terror y mañana, si Arzallus se saliera con la suya, se morirían de asco en su casa o de pena en el exilio, como doscientos mil vascos ya. Para ser pacífico, Arzallus debería estar con las víctimas del terrorismo, ayudándolas, y no con los verdugos, justificándolos. Pero su única preocupación en materia terrorista es que los criminales participen de sus merendolas tribales en la campa. Y para ser europeo en términos políticos, Arzallus debe ser demócrata y pacífico y su proyecto político no cabe en Europa porque no es una cosa ni la otra. Es un monstruo totalitario que nunca se hará un hueco en la Unión Europea. La diferencia de Arzallus con los líderes de Ucrania o de Moldavia, aparte de las diferencias radicales entre sus países de origen, es que ni ucranianos ni moldavos tienen a Cuba como “modelo de referencia” ni piensan construir su futuro europeo de la mano de una banda criminal y a expensas de la mitad de sus poblaciones. Por mucho que el PNV trate siempre de dignificar el crimen, en crimen se queda. Y por mucho que trate de hacer indigna a Europa, la UE es demasiado digna para que junto a la democracia española pueda aceptarse la dictadura euskaldún. Los cursis de la tribu aranista llaman ahora “espadas” al tiro en la nuca. Puestos a manipular el Evangelio en clave europea, deben de llamar “arado” a la subvención. O una cosa o la otra. Y como a la complicidad con el terrorismo nunca renuncian, olvídense de Europa.

EL PEOR NACIONALISMO
Editorial ABC 21 Abril 2003

EL PNV celebró ayer el Aberri Eguna como una prolongación del discurso visceral que ha mantenido en las últimas semanas y que lo sitúa fuera de cualquier esquema racional de la acción política. El partido de Arzalluz ha mostrado su versión más extremista, glosada en el documento previo al Aberri Eguna, con el que difícilmente podrá en el futuro presentar unas credenciales democráticas aceptables. Lo peor de ese documento -y del pensamiento nacionalista actual- no es tanto la sucesión de insultos al presidente del Gobierno, la disculpa del terrorismo o la deslegitimación del régimen constitucional y estatutario -signos constantes desde el Pacto de Estella-, como la afirmación de una identidad vasca basada en los peores argumentos conocidos en la historia del nacionalismo: el pueblo perseguido, el acoso de enemigos exteriores, la nación por mandato natural y la preservación de raza y lengua -«monumento vivo del neolítico», afirma sin rubor el PNV- aparecen de manera constante en un documento que define la identidad vasca con rasgos exclusivamente nacionalistas, segregando a los que, con lenguaje digno de la mejor soflama castrista, califican como «partidos de obediencia exterior».

Es evidente que el PNV ha suplantado políticamente a Batasuna en los planteamientos soberanistas más radicales; también en cómo se ha de llegar al final de la violencia, que el PNV sólo desea mediante «la distensión y el diálogo». Es el camino inverso que aconsejarían las experiencias irlandesa y quebequés, escaparates del fracaso de los ultranacionalismos. La explicación de que se trata de un discurso coyuntural ante las próximas elecciones no atenúa el dislate. Al contrario, lo agrava porque supone utilizar el debate electoral -por tanto, la propia democracia, en su sentido etimológico- para consolidar la radicalización de un partido gobernante, que se dice europeísta y democristiano y que, sin embargo, está reviviendo la imagen y los discursos de los nacionalismos que tanto daño han hecho a Europa desde 1914. No es un desahogo aranista de la vieja guardia del PNV, sino la ejecución continuada del guión del Pacto de Estella, que mezcla todos los denominadores comunes de las familias nacionalistas -autodeterminación, independencia y territorialidad- con las tensiones internas por la hegemonía del frente abertzale, que les obliga -ETA incluida- a discrepar dentro de la concordia de fondo que, como hicieran antes de los pactos de 1998, han expresado mejor que nadie los sindicatos nacionalistas, ELA-STV y LAB, vanguardia de los movimientos de reagrupación del nacionalismo.

Pero a pesar de que el discurso del PNV aparezca rodeado de múltiples claves que afectan al mundo nacionalista, la crispación de sus formas y de sus contenidos expresa, puertas afuera, una profunda inseguridad por el resultado de la propuesta soberanista de nación libre asociada. Siendo ésta la gran oferta del nacionalismo para un consenso sobre el futuro del País Vasco, el fracaso de Ibarretxe se hace incuestionable desde el momento en que amenaza con elecciones si el Parlamento no aprueba su propuesta. ¿Es consenso o adhesión sumisa lo que busca el lendakari? Conviene recordar cómo reaccionaron los nacionalistas al rechazo de la patronal vasca. Lo que el PNV y el lendakari han constatado después de casi un año de especulaciones sobre la libre asociación, es que han embarcado a la sociedad vasca en un debate sin salida, de lo que son tan conscientes que buscan fórmulas para endosar a los demás su responsabilidad exclusiva por el fracaso cosechado. Para justificarse, están provocando al Estado y refugiándose en un victimismo que aumenta continuamente porque la respuesta que reciben -y deben seguir recibiendo- no es la que anhela Arzalluz con sus profecías apocalípticas, sino la que viene dada por la aplicación firme y serena de la ley y de la Constitución y por el imprescindible acuerdo político entre el PP y el PSOE, únicas alternativas al desquiciamiento nacionalista.

Reescribir la historia
FLORENCIO DOMÍNGUEZ/ El Correo 21 Abril 2003

No hay Aberri Eguna que no esté precedido por una discusión retórica e insustancial acerca de la unidad de los nacionalistas, de la difusión de un comunicado de ETA y de un manifiesto del PNV. 'Ilusión por hacer' es el título de la declaración de este año del PNV que incluye descalificaciones al adversario que Ibarretxe calificaría de insultantes, admoniciones con moralina de parroquia, evocaciones bíblicas, análisis políticos de brocha gorda -¿qué tendrá que ver lo que ocurra en Chechenia o Filipinas con la voluntad homicida de ETA?- y visiones épicas de la historia propia.

El manifiesto de este año, al margen de otros aspectos, hace suya la idea del Estatuto como carta otorgada que hace tres años expuso Joseba Egibar en el Parlamento. El PNV sostiene ahora que la Constitución y el Estatuto se hicieron bajo la presión militar y llegaron hasta donde unos misteriosos «ellos» franquistas permitieron que llegaran.

Esta declaración devalúa el Estatuto y supone darle la razón de forma retrospectiva a ETA que siempre ha sostenido que tanto el texto de Gernika -llamado Estatuto de la Moncloa por la izquierda abertzale- como la Constitución eran una imposición de lo que denominaba entonces «poderes fácticos}. En octubre de 1979, dirigentes de ETA señalaban en la revista 'Punto y Hora' que el Ejército «viene moviendo los hilos de la política española} y que el referéndum estatutario estaba apoyado «por el Gobierno y las Fuerzas Armadas».

La declaración del PNV reescribe la historia para justificar su estrategia soberanista actual, pero para que este esfuerzo tenga credibilidad hay que olvidarse de lo que este partido ha dicho y hecho desde 1977 hasta 1998. Hay que olvidarse de aquel dirigente del PNV que en 1979 afirmó que «el Estatuto es un paso hacia la independencia». Habrá que censurar el libro 'El péndulo patriótico. Historia del PNV II 1936-1979' para que no conste que el EBB, al día siguiente del referéndum, consideró que el PNV salía reforzado y que la situación era «desfavorable para el PSOE y UCD». ¿Por qué 'ellos', los del régimen franquista y la derechona, iban a hacer ese regalo al PNV?

Habrá que borrar de las hemerotecas que Ardanza, en el Aberri Eguna de 1997, decía «ahora estamos con un Gobierno propio, con un sistema educativo propio, con una televisión propia, con un Concierto económico propio que está a punto de actualizarse para conseguir una Hacienda propia, tan soberana como la que pueda tener cualquiera de los quince países de la Unión Europea». También habrá que expulsar de la memoria que durante dos décadas el PNV ha sostenido que el Estatuto era un pacto entre Euskadi y España, porque o nos han engañado durante este tiempo o nos quieren engañar ahora.

¿Por qué un Estatuto de Autonomía?
Ernesto Ladrón de Guevara es candidato a diputado general La Razón 21 Abril 2003

Es un fenómeno curioso el complot de todos los partidos, constitucionalistas y nacionalistas en el ninguneo a nuestra propuesta de Autonomía a la alavesa.

Estoy convencido de que no es porque sea un planteamiento frívolo, ni porque no tenga consistencia su formulación, sino porque aterroriza a quienes viven la política como un modo de subsistencia particular y no como una forma de dar respuestas a los problemas. El compromiso siempre es difícil. Es necesario coger el toro por los cuernos y dar una respuesta en positivo, sin componendas ni paños calientes. Es preciso buscar caminos para devolver la paz, la tranquilidad y la confianza en las propias posibilidades a los alaveses, independientemente de las aspiraciones e intereses de cada cual. Quien quiera estar en política que dé respuestas y resuelva los problemas. Y si no que se quede en su casa.

Solución al problema vasco
Un Estatuto de Autonomía para Álava es una fórmula de solución al problema vasco en positivo. Por un lado resuelve el llamado conflicto vasco, basado en un enfrentamiento tenido sobre paradigmas de una gran inconsistencia política y en litigios históricos inexistentes y falsos mitos.

Por otro, da respuesta, de una sola vez, a la dificultad que tenemos los alaveses de no poder gestionar nuestras propias necesidades, preocupaciones y problemas, por nosotros mismos, sin tener que estar pendientes de decisiones ajenas adoptadas desde instancias más pendientes de producir un nuevo centralismo y uniformismo ¬esta vez de esa Albania cantábrica que nos preparan los nacionalistas que busca un modelo de Estado-nación «ex novo»¬ que de dar respuestas en positivo.

Si los alaveses tuviéramos un Estatuto de Autonomía como Navarra resolveríamos nuestros problemas por nosotros mismos sin tener que depender de las decisiones ajenas a las de los propios alaveses. De esta manera resolveríamos el problema de las inundaciones del Zadorra porque no estaríamos pendientes de la autorización del Consorcio de aguas de Bilbao para desahogar los embalses cuando están al límite de su desbordamiento.

Sin exigencia del euskera
Además, dispondríamos de una sanidad y una educación como siempre ha tenido Álava, punteras y exentas de exigencias desmesuradas e impositivas de euskera para los funcionarios impidiendo el tener a los mejores y más capaces para el destino que desempeñan, y dificultando el acceso a esos desempeños públicos a alaveses que no tienen el euskera como lengua materna.

Si tuviésemos un Estatuto de Autonomía como el que existe en Navarra, sólo para Álava, no perderíamos el control del dinero que nace de nuestro esfuerzo y trabajo y lo destinaríamos a actividades productivas y al bienestar de los ciudadanos en lugar de a fines que están en las antípodas de lo que queremos los alaveses.

Si los alaveses tuviéramos un Estatuto de Autonomía no estaríamos constantemente mirándonos al espejo en una crisis de adolescencia política permanente y nos dedicaríamos a resolver los problemas y preocupaciones reales de los ciudadanos que son el único objeto de una política que se considere un servicio al pueblo y que no esté a merced de los intereses de unos pocos que generan políticas oligárquicas y sectarias.

Si tuviéramos un Estatuto alavés podríamos desarrollar decisiones estratégicas para el desarrollo del territorio sin depender de las condiciones y obstáculos que nos imponen los nacionalistas en su objetivo de perpetuarse beneficiando a las zonas con el voto cautivo y que son ajenas al interés general del conjunto de los ciudadanos alaveses.

Si los alaveses dispusiéramos de nuestra capacidad de autogobierno no habría connivencias ni devaneos vergonzantes con los que se dedican a construir una nación inexistente sobre la base del terror, ni habría concesiones de ningún tipo a los que intentan implantar una mafia al estilo más camorrista para extorsionar a los ciudadanos y someternos a una dictadura del miedo denigrante y degradante de la moralidad pública.
Si los alaveses dispusiéramos de nuestra capacidad de autogobierno que fundamenta la larga trayectoria foral de nuestro territorio se acabaría la sangría económica que ha situado al País Vasco en el antepenúltimo puesto en las tasas de variación interanual de actividad económica, según un informe reciente de la FUNCAS (Fundación de Cajas de Ahorro).

Sociedad en crecimiento
Y, por el contrario, caminaríamos a un modelo parecido al navarro que está en el segundo puesto en el ránking de evolución económica, gracias a que sus políticas no están destinadas a generar desasosiego, incertidumbre y constante desequilibrio político, social y económico, sino al servicio exclusivo del pueblo al cual sirven. Y por eso, es una sociedad próspera y en crecimiento.

Por todo eso nos gusta el modelo navarro y queremos un Estatuto de Autonomía para Álava.

Arzalluz, la cruz y la espada
EDITORIAL  Libertad Digital  21 Abril 2003

El PNV, que ha moldeado las instituciones vascas a su imagen y semejanza desde la transición –incluida la bandera–, es un partido fuertemente confesional; hasta tal punto que, desde Sabino Arana, los nacionalistas del PNV creen que los únicos habitantes de España verdaderamente católicos son los vascos –aunque, curiosamente, Vasconia fue una de las regiones de España que más tarde se cristianizó. Por ello, no resulta extraño que el Domingo de Resurrección, el día en que se celebra la victoria de Cristo sobre la muerte y el pecado, sea también el Aberri Eguna, día de la patria vasca que, simbólicamente, se redime de la mancha de la “dominación” española y “resurge” de sus cenizas con una conciencia nacional renovada y pura.

Fiel a la cita de la Pascua Florida, Xabier Arzalluz –ex jesuita– no ha perdido ocasión de dirigirse de nuevo a la parroquia nacionalista, esta vez en lenguaje veterotestamentario, para exhortar como Moisés a sus fieles a construir con Josué-Ibarretxe la “tierra prometida” vasca con una mano en el arado –es decir, en la política– y otra en la espada –o en la pistola–, rodeándola de gruesos muros de intolerancia y racismo que no permitan la entrada a nadie que sea ajeno a la tribu. Y a los ojos de los nacionalistas, ese sueño de una tierra prometida totalitaria “va por buen camino” gracias a la “debilidad” de España y Francia, que, según Arzalluz, hay que estudiar con atención. Especialmente en el caso de España, donde el PP, único partido nacional que defiende sin eufemismos la unidad de España y la vigencia de la Constitución, sufre la oposición de trinchera de un PSOE carcomido por el ansia de llegar al poder y por sus fuerzas centrífugas (Patxi López, Odón Elorza, Pasqual Maragall, etc.) que carece de la visión de Estado necesaria para hacer causa común con el partido del Gobierno en la defensa de la Constitución contra la ofensiva separatista de los nacionalistas.

No es extraño, pues, que, con ocasión del plan de Ibarretxe, con los intentos de reeditar Estella, con un PSOE dividido y con las elecciones del 25 de mayo a la vista, Arzalluz se permita echar capotes a ETA-Batasuna comparando, al igual que Madrazo, al presidente del Gobierno con los terroristas de ETA. Ni tampoco que dijera el domingo que de ahora en adelante se abrirán “muchos caminos para cambiar las cosas” y que “por eso está nervioso París, y con Madrid casi estamos en guerra”.

Aunque Arzalluz también debería explicarle a su feligresía que en una Europa democrática no podrían aceptar –sobre todo si le afecta a Francia–, por mucho que quiera compararlo con Estonia, ese bantustán a la inversa que el PNV, con la inestimable ayuda de los votos y de las pistolas –o las espadas– de ETA-Batasuna, pretende crear con retales de España y Francia. Menos aún cuando el “modelo referencial” de la arcadia euskérica prometida por Ibarretxe es la Cuba de Castro.

A URNA ABIERTA
Por Jaime CAMPMANY ABC  21 Abril 2003

VAN transcurriendo los días de la posguerra y poco a poco llegan noticias, aparecen documentos y emergen datos que confirman algunas sospechas fundadas y algunos indicios vehementes de esta debatida y contradictoria historia de la guerra del Iraq. Cada día está todo un poco más claro. Se descubren las fosas con los miles de cadáveres amontonados que demuestran la terrible represión de Sadam sobre su pueblo. Salen a relucir las formales promesas de concesiones petrolíferas de Sadam a Alemania a cambio de que ésta no apoyara en las Naciones Unidas la intervención armada. Se conocen datos de las concesiones a Rusia y China y las negociaciones con Francia. Conocemos las instrucciones del dictador de Iraq a su embajada en Madrid para preparar atentados en España. Se van añadiendo cifras al inventario de la inmensa fortuna acumulada por la familia Husein. Quien verdaderamente cambiaba «sangre por petróleo» sangre y hambre de su pueblo para enriquecerse con el petróleo, era Sadam. Y cuando caigan en manos americanas los wanted de la famosa baraja contarán y cantarán más cosas.

Cada vez iremos viendo con mayor claridad hasta que punto muy buena parte de todas las acusaciones que la izquierda ha echado sobre Aznar y el Gobierno del PP estaban fabricadas de infamia por un lado y de estupidez por el otro. Quien se preparaba para la guerra, después de haber invadido por dos veces a sus vecinos, no era Bush, sino Sadam. Allí tenían que haber ido todas las comparsas organizadas por Zapatero y Llamazares a gritarle a Sadam el «No a la guerra». Allí tendrían que haber ido los actores de la pegatina y la manifestación y allí tendría que haber ido Saramago a leer su alegato antes de que se cayera del burro cubano. O sea, como si Fidel Castro acabara de bajar de Sierra Maestra y se estrenara ahora de carcelero y de verdugo.

Ahora conocemos los motivos de la dulce Francia y la piadosa Alemania para oponerse a la petición norteamericana y llevarse detrás a más de medio Consejo de Seguridad. Hacia esa entente interesada París-Berlín nos empujaba la izquierda porque ese eje -dijeron- representaba la vieja y sabia Europa. Entre la estatua de Sadam y la figura de la Libertad, entre Bagdad sojuzgada y Nueva York libre, pretendía nuestra izquierda que Aznar se alineara con la dictadura, la represión, la esclavitud y la guerra. Apenas Norteamérica planteó la necesidad de cumplir los mandatos de la ONU y tomar medidas enérgicas frente a Sadam, y en cuanto nuestra izquierda observó que Inglaterra y España, Blair y Aznar, apoyaban la pretensión americana, se lanzaron contra el Gobierno, contra su presidente y contra su partido «a urna abierta». Creyeron hallar la lámpara maravillosa de Aladino que les concedería el favor del poder.

Tal vez se lo conceda todavía. Pero cuando las cosas se hacen con tanta falta de razón, tanto exceso de infamia y tal evidencia de oportunismo, suelen salir mal. Regresa el bumerang y nos descalabra, y el tiro nos sale por la culata y nos deja chamuscados. A veces, tirarse así, a urna abierta, conduce a quedar despancijados en la urna. Lo que nuestra izquierda ha hecho en esta ocasión tiene un precio. Tarde o temprano, en las urnas lo veremos.

El cura y la madre
Iñaki Ezkerra La Razón 21 Abril 2003

Begoña Errazti ha regañado a Arzalluz hace unos días por faltarle el respeto a la madre de los Pagazaurtundua. Yo creo que el motivo de esa reprimenda de consumo interno en el hogar nacionalista no se debe a lo que podríamos pensar el resto de los mortales: que alguien dentro de esa casa de locos por fin se da cuenta de que es una innombrable atrocidad dudar de las facultades mentales de una mujer mayor que se pronuncia sobre un hijo recién asesinado. A juzgar por el texto del Aberri Eguna y por todo el largo historial de indicios de los últimos veinticinco años, mucho me temo que Begoña Errazti y la mayoría de los nacionalistas no tienen exactamente los mismos sentimientos y valores que los demás humanos. La tardanza en esta regañina delata que no es fruto de una indignación natural y espontánea. Begoña Errazti simplemente sabe poner la oreja en las conversaciones de los alkartetxes ¬los batxokis de Eusko Alkartasuna¬ y ha reparado en que la madre es una institución sagrada en la propia imaginería sentimental del nacionalismo. Begoña Errazti se ha dado cuenta ¬creo yo¬ de que esa falta de respeto a una amatxu no ha gustado siquiera en sus propias filas porque atenta contra la sentimentalidad tradicional de la parroquia de Sabino.

Paradójicamente, el nacionalismo vasco pierde los papeles en la medida en que vuelve a sus fuentes sabinianas y remueve en sus papeles viejos. Los está perdiendo desde el proceso de acoso y señalamiento al que sometió al párroco de Maruri y que convirtió a éste en objetivo de ETA. En muy poco tiempo, y coincidiendo con su batasunización, el PNV ya ha tocado a dos instituciones que había erigido como intocables: el cura y la madre. Este fenómeno de profanación de su propia mitología sacro-doméstica denota su nerviosismo y su desnorte pese a la tozudez ¬o precisamente por la tozudez¬ de su apuesta soberanista, que va a hacer muy diferente la campaña electoral de estas municipales a la de las pasadas autonómicas, aunque las invoquen a todas horas para serenar los ánimos con el recuerdo de su relativo éxito. En el 13-M, el constitucionalismo tuvo que elevar el tono para denunciar con una claridad inédita la dramática situación vasca, mientras el nacionalismo optó por bajarlo metiendo a Arzalluz amordazado en un armario de Sabin Etxea. Como esa situación dramática no ha cambiado pero hoy es el nacionalismo el que grita, toca al constitucionalismo rentabilizar el discurso moral del 13-M pero en un tono sereno y señalar todo el peligro real de la ofensiva nacionalista, que sí es para dar miedo y que esta vez parece además que viene adobada con la actividad de ETA.

Soberanismo y exclusión
Editorial El Correo 21 Abril 2003

Los nacionalistas vascos conmemoraron ayer el Aberri Eguna, setenta y un años después de que se celebrara por primera vez. La de ayer fue, además, la vigésimo sexta edición desde que se restablecieran las libertades. Tras la transición, en la medida en que el autogobierno vasco se iba haciendo realidad y el propio nacionalismo asumía la tarea de encabezar sus instituciones, el Aberri Eguna pasó de ser una jornada eminentemente reivindicativa a mostrar la faz satisfecha de aquellos nacionalistas que habían optado por la vía del Estatuto. Por eso mismo, hace veinte años hubiera sido imposible pensar que en 2003 el PNV acabaría convocando esta jornada con los argumentos que ha expuesto en su último documento, con el patético victimismo de quien olvida su propio pasado y con el tono apasionado de quien presenta el futuro como si se tratara de una epopeya pendiente.

El Aberri Eguna ha sido siempre una fiesta celebrada únicamente por los nacionalistas. Pero nunca los nacionalistas habían prescindido tan abiertamente de quienes no celebran su fiesta como en estos últimos años. En la explicación de su plan, el lehendakari Ibarretxe ha afirmado más de una vez que «el tren se ha puesto en marcha» y que «el que se quede en la estación lo perderá definitivamente», en una metáfora tan elocuente como deplorable de lo que el nacionalismo entiende ha de ser el proceso soberanista: una secuencia de acontecimientos en los que los abertzales asumen un papel tractor respecto a una sociedad que no tendría otro remedio que dejarse arrastrar hacia la meta nacionalista.

El recurso bíblico con el que el PNV da inicio a su convocatoria de Aberri Eguna, rememorando la reconstrucción de Jericó por los judíos «con una mano en el pico y otra en la espada», denota hasta qué punto la falacia política de los dirigentes trata de alimentar de ignorancia a las bases nacionalistas. La obsesiva pretensión del nacionalismo gobernante, que presenta el autogobierno como un logro exclusivamente suyo y que dibuja el porvenir como una tarea propia de su heroicidad, olvida las dos grandes verdades en las que se ha basado la convivencia durante el último cuarto de siglo: que la sociedad vasca es hoy una comunidad política llamada Euskadi como fruto de un esfuerzo común de todos sus ciudadanos; y que su defensa no depende de la «espada» que los jeltzales dicen estar dispuestos a esgrimir, sino de las leyes emanadas de un orden constitucional que permite disfrutar de tan singular autonomía conformada como una realidad irreversible.

Ayer el nacionalismo echó su enésima paletada de tierra sobre el Estatuto de Autonomía. ¿A cambio de qué? A cambio de nada. En la sugestión propia de una fiesta celebrada en un clima de franca endogamia, aquéllos que administran los recursos públicos que aportamos los contribuyentes vascos, y que sostienen su actuación sobre la estabilidad que les procura el Estado constitucional, recrearon nuevamente la ficción de que nos hallamos en una interminable fase de tránsito hacia su propia aspiración soberanista. Poco les importa que ese horizonte no sea compartido por la mitad de la población vasca, o que genere una honda inquietud en el resto de los españoles, que con razón se sienten involucrados por la peripecia que está protagonizando el nacionalismo vasco. De ahí que no pueda contemplarse la actitud del nacionalismo gobernante como meramente ingenua o sólo irresponsable.

Es precisamente ese choque de voluntades lo que aconseja recuperar el común denominador del que hasta ahora se ha dotado el País Vasco: su Estatuto de Autonomía. Por eso mismo, cabe concluir que quien pretende suplantar ese común denominador de la pluralidad por un acuerdo limitado a la participación de las formaciones nacionalistas prefiere la fractura al consenso y la división a la solución. El lehendakari recuperó ayer el recurso a la equidistancia, advirtiendo de que él no está ni al servicio de ETA ni al servicio del PP. Pero precisamente es esa equidistancia, esa falsa centralidad, la que pervierte el sentido democrático en el nacionalismo y coloca las intenciones del Gobierno vasco y de los partidos que lo sostienen como abono de la intolerancia extrema. Probablemente la jornada de ayer enardeció a algunos abertzales que, en las distintas convocatorias, se sintieron partícipes de una vivencia mezcla de una extraña añoranza y de un cónclave reivindicativo. Pero resulta necesario que los principales protagonistas de esos mismos actos se fijen hoy no en aquéllos que secundaron la llamada y aplaudieron las encendidas palabras de sus dirigentes, sino en las miles y miles de personas que en Euskadi sienten un más que comprensible temor cuando se ven excluidas de la construcción de su propio país.

Lacayos y audacias
Pío Moa  Libertad Digital  21 Abril 2003

Cuando el tirano marroquí forzó por su exclusiva cuenta una crisis con España, Rodríguez Zapatero quiso entenderse con el tirano, al margen del Gobierno español y saboteándolo, fue a retratarse bajo un mapa que incluía en Marruecos a Ceuta, Melilla y las Canarias. ¿Cómo describir el comportamiento del líder socialista? ¿Como el de un lacayo de Mohamed VI, quizá?

Al principio, Zapatero tuvo algunas iniciativas loables, como la de acercarse al PP para frenar el secesionismo y el terrorismo en las Vascongadas. Pero desde entonces ha derivado a un entendimiento con el PNV, principal partido secesionista, amparo a su vez del terrorismo. Lógicamente, ha pasado a acosar y atacar sin descanso al principal partido que defiende la Constitución y la unidad españolas, el PP. ¿No es ésta la conducta de un lacayo de Ibarreche? ¿Y qué decir de cuando fue a Galicia a recibir huevos e insultos de los batasunoides de “Nunca Mais”, a escuchar gritos de “¡Españoles fuera de Galicia!”, para mostrar luego la más solidaria sumisión hacia los agresivos vociferantes que tanto han enturbiado la política gallega?

En su propio partido, Zapatero ha defenestrado a los socialistas vascos partidarios de la unidad constitucionalista —unidad de los demócratas, propiamente hablando—, y se ha hecho el loco ante la declaración de independencia partidista de Maragall, a cuyo separatismo hace reverencias y promesas de “respeto a una identidad nacional”, o algo parecido, como si no fueran los nacionalistas catalanes quienes faltan todos los días al respeto, y a otras cosas, a los no nacionalistas. ¿Cómo calificaría estas actitudes cualquier testigo imparcial?

La vocación lacayuna del jefe socialista resplandece, por decirlo así, en sus actos más significativos. Pero ello no le quita audacia: de pronto le ha dado por llamar a Aznar “lacayo de Bush”, empleando ese lenguaje tan cultivado por Fidel Castro. ¿Se ha vuelto Zapatero patriota de súbito, y le molesta cualquier signo de supeditación de España a otra potencia? Nada de eso. Ha marchado estas semanas en compañía indistinguible con los Ibarreche, Beiras, Llamazares, Otegui, Mas, Maragall y cuantos tienen por objetivo arruinar la Constitución y la unidad españolas, unos empleando la violencia, otros explotándola indirectamente, con hechos consumados y vulneraciones de las libertades. Lo ha hecho porque ha creído encontrar en la guerra de Irak un trampolín para llegar al poder, y esa esperanza le ciega a cualquier otra consideración. Así acrecienta los peligros para la convivencia en paz y en libertad en nuestro país. Por desgracia, muy por desgracia, estas políticas no son nuevas en la historia del PSOE. No vendría mal a los políticos socialistas reflexionar sobre la pendiente por la que se deslizan, antes de que sea tarde.

El amigo sirio
Juan Carlos Girauta  Libertad Digital  21 Abril 2003

La tragedia del once de septiembre cambió la percepción estadounidense acerca de la seguridad mundial y apremió la necesidad de luchar por ella y de asumir su coste. Por esa razón, sólo a los muy despistados se les puede escapar que Bush tiene para Oriente Medio objetivos más ambiciosos que los que ya ha logrado en Irak, objetivos que se pueden resumir en la estabilización de la región y en la disolución –por larga y difícil que resulte– de la amenaza terrorista.

Pero hasta los despistados pueden mirar un mapa e imaginar cómo se deben sentir los líderes de los estados canallas que flanquean a Irak. Es posible que además de despistados sean izquierdistas españoles y decidan seguir barbarizando hasta las próximas elecciones, a ver si sacan algo de tanta sobreactuación. O quizá no lo sean y busquen más información para formarse un criterio. Así llegarían a enterarse de por qué al concluir la guerra en Irak Bush empezó a lanzar mensajes a Damasco.

Siria, ese “amigo de España”, ha mantenido el sur del Líbano como plataforma de campos de entrenamiento de organizaciones terroristas. Posee un arsenal del agente nervioso sarín, ha facilitado la llegada de ayuda militar iraní a Hezbollah y ha acogido a los líderes de Hamas, Yihad Islámica y FPLP. Es un país de libre tránsito para todo tipo de grupos terroristas, como Al Qaeda, y lo está siendo para la cúpula del régimen de Sadam. Su antisemitismo supera todo lo imaginable, incluyendo apoyos a las actividades de los negadores del Holocausto Ervin y Ganudi y al criminal nazi Brunner. Su ministro de defensa llamó públicamente al asesinato de judíos en televisión: “Si cada árabe matara a un judío, no quedaría ninguno con vida”. Discrimina sistemáticamente a la población kurda y, por si todo esto fuera poco, fue incluida por el Departamento de Estado americano en la lista de países productores de droga.

Desde hace unos días, Siria siente la inquietante presencia de los soldados aliados en gran parte de su frontera oriental. Sería absurdo que la Casa Blanca desaprovechara la ocasión para aplicar una creciente presión sobre Bashar Assad. Una presión suficiente para que el correligionario de Sadam abandone la estrategia de mentor del terrorismo que heredó de su padre.

Más allá del retórico recurso a la amistad, si es cierto que Aznar mantiene relaciones fluidas con el presidente sirio, España sería –puede estar siendo– una baza crucial en la primera fase de la presión. Tras la lección de Irak, no hará falta mucho más. Y nuestro país habrá contribuido decisivamente a la estabilidad mundial, engarzando un nuevo eslabón en la cadena de aciertos que comenzó con el sostén a las tesis de Bush en la preguerra y que puede culminar con el protagonismo en la mediación israelo-palestina. Dentro de poco, y con España en el centro de la pantalla, el nuevo orden regional será la mejor oportunidad en varias décadas para convencer a los representantes del pueblo sin estado de que, para llegar a tenerlo, el terrorismo simplemente ha dejado de ser una opción.

Juan Carlos Girauta es abogado, MBA y consultor.

Chávez, el Sadam tropical
Aníbal Romero Libertad Digital  21 Abril 2003

La decisión judicial sobre los pistoleros del 11 de abril de 2002 ha ratificado que el régimen "revolucionario" de Hugo Chávez es criminal y canalla. Lo primero porque comete crímenes; lo segundo porque los encubre y convierte en héroes a los que ensangrientan sus manos en defensa del oprobio. Venezuela se ha hundido en un pantano de degradación moral y ruina socioeconómica, y el régimen avanza hacia la meta de colocar al país en la lista internacional de "Estados forajidos", todo ello ante la mirada impasible de una Fuerza Armada ya posiblemente destruida, o en todo caso incapaz de preservar el orden constitucional. Estamos en manos de un grupo de hombres y mujeres dispuestos a conducirnos al más profundo abismo, y el vigor de la resistencia democrática parece adormecido.

En tales circunstancias, resulta especialmente miope de parte de miembros de la oposición democrática asumir una posición ambigua, o abiertamente crítica, en torno a la guerra que Estados Unidos y Gran Bretaña llevan a cabo contra la satrapía iraquí. Es inconcebible que no caigan en cuenta de la vinculación entre esos eventos y la situación venezolana. La alianza sicológica, política y estratégica entre el régimen chavista y el "eje del mal" internacional es inequívoca.

Hugo Chávez se identifica con Sadam Husein, al igual que con Castro; su meta es el control total de la sociedad, y aferrarse para siempre en el mando. Sus ambiciones trascienden el ámbito venezolano y se insertan en un proyecto de transformación mundial, en alianza con los grupos que salen a las calles a vociferar contra Estados Unidos y apoyar al dictador de Bagdad, y que se solidarizan con un "proceso" que está dirigiendo a Venezuela al foso de una atroz pobreza y una ignominiosa opresión.

Asombra que mentes lúcidas se dejen arrastrar por el anti-yanquismo, o por un sentimentalismo superficial e inútil, perdiendo de vista los parámetros geopolíticos en que se enmarca nuestra crisis, así como las duras realidades de una oposición desalentada, carente de líderes, de conducción política y estrategia de acción, enfrentada a un gobierno prepotente, dispuesto a todo, sin escrúpulos ni límites, armado hasta los dientes, propenso a la violencia y repleto de dinero. La alianza de Chávez con Sadam Husein, Castro, los Ayatolas iraníes y todo el elenco del "mundo del desorden" es una realidad de un peso y un significado cruciales. Si aparte de todos los errores que hemos cometido como oposición nos equivocamos también en la respuesta a la pregunta, ¿con quién estamos y contra quién estamos?, nos haremos merecedores del destino que nos tiene reservado la "revolución".

El régimen chavista es criminal y canalla; no ha llegado todavía tan lejos como la tiranía iraquí no porque no haya querido, sino porque el contexto internacional y la menguante resistencia interna se lo han dificultado. La derrota de Sadam Husein no solamente significa un mejor porvenir para el pueblo iraquí, un proceso de cambio democrático en el Oriente Medio, y un incentivo para la reforma de la oxidada ONU y de la hipocresía y cobardía que la afectan, sino que tendrá un poderoso efecto disuasivo sobre nuestro aspirante a tirano y su "revolución".

A pesar de todos sus errores, de la ceguera que ha caracterizado su política hacia Chávez, y de su lentitud en afrontar la amenaza que se perfila desde Venezuela para la seguridad de la región latinoamericana, Washington ha ido aprendiendo con el tiempo y la alianza chavista con Sadam Husein no debería dejar dudas sobre lo que está en juego. Hugo Chávez tiene la ambición, la estrategia, las motivaciones y la vocación para convertirse en el Sadam tropical. No tiene todos los recursos, pero puede llegar a tenerlos. La amenaza que se cierne sobre los venezolanos, su libertad y su democracia, es mortal. Chávez no cree en elecciones que puedan derrotar su sueño y jamás las admitirá. Que lo entiendan así la ONU, la OEA, Washington, los "países amigos" y una oposición que sigue en las nubes. Que lo entienda así lo que resta de la Fuerza Armada. En Venezuela se acabó la paz.
Aníbal Romero es profesor de ciencia política en la Universidad Simón Bolívar.  © AIPE

El pícnic de Arzalluz
Editorial El Ideal Gallego 21 Abril 2003

La vida no sería la misma sin las salidas de tono de Arzalluz, que aprovechando la celebración del Aberri Eguna (Día de la Patria Vasca), suele tirarse al monte. Sin embargo, este año tuvo que tragarse el duro comunicado de ETA en el que acusaba al PNV de servilismo frente al Estado español.

No hay cosa que le haya dolido más al ideólogo nacionalista que ver como esos muchachotes del tiro en la nuca, los que dan cobertura con sus armas y sus crímenes tanto a los de Ibarretxe como a Batasuna, reniegan de su diseño de Euskadi. Y lo rechazan no porque no quieran la autodeterminación, sino porque reniegan de cualquier iniciativa que no parta de ellos.

Tal vez por eso, buena parte de sus dos intervenciones -hasta tuvo una en Francia-, las centró en contestar a los terroristas. “Será un gran día aquel en que ETA celebre un pícnic con los demás y deje las pistolas”, aseguró. Un deseo que suscriben todos y cada uno de los demócratas porque que los asesinos “cuelguen” sus armas sería el mejor regalo para todos los bien nacidos.

Eso sí, antes de pasarse por el pícnic y compartir la tortilla y las croquetas tendrán que rendir cuentas con la justicia e ir ensayando en los patios de las cárceles. Porque lo que parece que se le olvida con mucha frecuencia a Arzalluz y los suyos es que cuando habla de etarras está hablando de asesinos, de criminales, extorsionadores, secuestradores, de una mafia que tiene amedrentada a la mitad de la población de Euskadi, algo que beneficia al PNV, que aprovecha, que explota el miedo, para crecer en las urnas.

UA prepara la «emancipación» de Álava y reta al PNV a plantear la consulta sobre el «Plan Ibarreche»
Servimedia - Madrid.- La Razón 21 Abril 2003

Unidad Alavesa (UA) abogó ayer por la «emancipación» de Álava del resto del País Vasco en respuesta a las tesis planteadas en el Aberri Eguna o Día de la Patria Vasca, donde el PNV ha reiterado su defensa del «plan soberanista» del «lendakari», Juan José Ibarreche.

El portavoz de UA, Ernesto Ladrón de Guevara, aseguró que frente a las intenciones nacionalistas, su partido lanza a estos partidos el «reto» de que consulten a los alaveses para ver si quieren sumarse al proyecto que plantean.
«Nosotros planteamos», subrayó, «un reto en positivo: que se nos consulte a los alaveses sobre cómo queremos estar en España, si con la Euskadi conflictiva o solos».

Ladrón de Guevara señaló que Unidad Alavesa considera que lograr la «emancipación» para los alaveses es un «reto ilusionante, esperanzador para dilucidar de una vez el grave conflicto vasco».

Por este motivo, añadió que si el Partido Nacionalista Vasco y Eusko Alkartasuna «quieren realmente resolver el problema (del País Vasco), que consulten a los alaveses de una vez, para ver si quieren ese Estado libre asociado que nos plantean o si quieren salirse de esta vorágine absurda y esquizofrénica para resolver de una vez los problemas de los ciudadanos». Estas declaraciones se producen después de que la secretaria general del partido, Enriqueta Benito, plantease un Estatuto de Autonomía para Álava que permita ubicar el territorio en el Estado de las Autonomías y establecer nexos de colaboración con Navarra y La Rioja.

A este respecto, Enriqueta Benito ha apostado por un cambio en el autogobierno de Álava que, «una vez libre de las ataduras que suponen el Parlamento y Gobierno Vasco, establezca no sólo un Concierto económico con el Estado» sino también la «ubicación definitiva» de Álava en el Estado de las Autonomías.

La Junta Electoral frena a Elorza y le prohíbe tres revistas y una exposición de «autobombo»
El alcalde donostiarra pagaba con fondos públicos los folletos que hablaban de sus proyectos
La Junta Electoral Provincial de Guipúzcoa ha decidido obligar al alcalde de San Sebastián, Odón Elorza, a suspender la publicación de tres revistas y al levantamiento inmediato de una exposición que versaban sobre proyectos actuales y futuros del primer edil donostiarra para la ciudad hasta que finalice el período electoral. Tras la queja del Partido Popular, la Junta Electoral determinó por unanimidad que debían ser retiradas las tres publicaciones ¬una no ha llegado a ver la luz¬ pero desestimó la petición de sanciones y de incoación de expediente al socialista Elorza.
D. Mazón - Madrid.- La Razón 21 Abril 2003

El alcalde de San Sebastián, el socialista Odón Elorza, tendrá que retirar de inmediato la exposición «Espacio cívico para el debate», que a través de la Alcaldía estaba realizando en el Mercado de San Martín donostiarra, por orden de la Junta Electoral Provincial de Guipúzcoa. La citada exposición muestra los proyectos actuales y futuros que el alcalde quiere desarrollar en la ciudad, a pesar de que algunos de ellos no han sido aprobados ni presentados a la corporación municipal. Aunque en un principio la muestra debía concluir a principios de abril, Elorza anunció recientemente su intención de que siguiera hasta finales del mes de mayo, fecha en la que se celebran las elecciones municipales. La Junta Electoral determinó que el alcalde debía retirarla por «incidir sus contenidos en el concepto de propaganda institucional».

Por este mismo motivo, el citado organismo anunció la suspensión de la difusión en período electoral de las revistas «Estamos renovando Bidebieta» y «Estamos modernizando Alza», que se referían a los proyectos actuales y futuros que el alcalde pensaba desarrollar en esos barrios de la capital donostiarra y que habían sido distribuidas entre todos los vecinos. Ambas revistas habían sido repartidas y nacían de la Alcaldía de San Sebastián.

La tercera revista prohibida por la Junta Electoral ni siquiera ha llegado a caer en manos de los ciudadanos de San Sebastián. Apenas hace un mes, el Gabinete de Prensa y la Alcaldía de San Sebastián presentaban un proyecto de revista de 76 páginas en papel couché, de alta calidad, con una tirada de 90.000 ejemplares, lo que supone la mitad de la población de San Sebastián, que debía salir a la luz a partir de esta semana. El Partido Popular había solicitado al organismo electoral que no permitiera la difusión y publicidad de esta revista durante el período electoral y solicitaba asimismo una incoación de expediente al alcalde. La respuesta del organismo sentencia que «estimando las especiales circunstancias que concurren en el período electoral imponen la necesidad de pronunciarse desde este momento sobre la pretendida publicación, en el sentido de hacer saber al Ayuntamiento de Donostia- San Sebastián la prohibición de la difusión de la misma sin el previo visado por parte de esta Junta Electoral Provincial».

Tras estas tres resoluciones, el organismo electoral acuerda «no haber lugar, de momento, a la incoación solicitada sin perjuicio de que se requiera al Ayuntamiento para que comunique a esta Junta las circunstancias de toda índole que han concurrido en la impresión, edición y publicación de los referidos folletos, debiendo comunicarse a esta Junta Electoral Provincial, a la mayor urgencia posible, el inmediato cumplimiento de lo acordado por la misma».

Precedentes socialistas
Para el PSOE, esta decisión de la Junta Electoral sobre el alcalde de San Sebastián no es algo nuevo, ya que si el miércoles decidían prohibir a Elorza la difusión de las tres revistas y la continuidad de la exposición, el martes, este organismo instaba al Gobierno balear, del socialista Francesc Antich, y al asturiano, de Vicente Álvarez Areces, a retirar sus campañas publicitarias al entender que no eran campañas institucionales ya que no informaban de actuaciones en concreto, sino de ventajas y beneficios de una serie de actuaciones puestas en marcha por ambos ejecutivos autonómicos.

Tras esta decisión, el Gobierno balear señaló que «en nuestra opinión, aportábamos información en las vallas, no era mera publicidad», y añadió que estudiaban interponer un recurso contra esta decisión de la Junta Electoral.
En Asturias, la campaña «Asturias adelante» incluía exposiciones y la edición de publicidad en la que se informa sobre la acción de gobierno en los concejos asturianos. Ambas decisiones, como la de San Sebastián, han sido celebradas por el Partido Popular, aunque en el caso de la capital donostiarra, el alcalde no ha hecho declaraciones.

El apoyo de independientes permite a PP y PSE presentar más listas que nunca
ABC 21 Abril 2003

Populares y socialistas contarán también con el apoyo de cuatro párrocos que se integrarán en las candidaturas en varios municipios vizcaínos

VITORIA. PP y PSE presentarán más listas electorales en el País Vasco que en los pasados comicios municipales y forales gracias al gran número de candidaturas independientes y simbólicas reunidas en las últimas semanas. La presencia más destacada la protagoniza el presidente del Gobierno, José María Aznar, que cerrará la lista del PP en Bilbao, sumándose así a las candidaturas independientes del presidente del Foro de Ermua, Vidal de Nicolás, la ex dirigente del PSE Edurne Uriarte, el escritor Iñaki Ezquerra y el columnista Germán Yan-ke.

El presidente del PP en el Parlamento vasco, Jaime Mayor Oreja, cerrará la lista de los populares en Vitoria, candidatura en la que también concurrirán el actual diputado foral de Presidencia, Alfredo Marco Tabar; la hija del presidente de la patronal vasca, Confebask, Pilar Knorr; la directora de la revista «Papeles de Ermua», Inmaculada Castillo Cortazar; José Ignacio Ustarán, hijo del dirigente de UCD asesinado por ETA; y el periodista Unai Urruela Mora, hijo de la profesora de la UPV Gotzone Mora.

Las candidaturas del PP en Vitoria contarán con la abogada y vicepresidenta de la asociación de jóvenes empresarios Ajebask, Idoia Garmendia, que ocupará el sexto lugar.

En las Juntas Generales de Álava, el PP ha incorporado a la ex dirigente socialista Carmen Asiain y, como gesto de apoyo, se sumará el ex parlamentario del PNV Javier Guevara.

El presidente del Gobierno riojano, Pedro Sanz, cerrará la lista del Ayuntamiento de Zumárraga y Juani Pérez, viuda de José Luis Caso, concejal del PP asesinado por ETA en Irún en 1997, integrará la candidatura popular en esta localidad, lista que cerrará la comisaria europea Loyola de Palacio.

Mari Mar Blanco, hermana del concejal del PP Miguel Angel Blanco, asesinado por ETA en 1997, se sumará a los candidatos del PP en Ermua.

En San Sebastián, cerrarán la lista del PP el presidente del Foro para la Inmigración, Mikel Azurmendi, la portavoz del Colectivo de Víctimas del Terrorismo (Covite), Cristina Cuesta, y el antiguo decano del colegio de abogados de San Sebastián José María Muguruza.

Tanto el Partido Popular como el Partido Socialista recibirán el apoyo de cuatro curas vizcaínos que integrarán sus listas en municipios de Vizcaya, entre ellos el sacerdote de Trucios, que sufrió amenazas después de conocerse su decisión de formar parte de la candidatura socialista de esta localidad.

El PSE de San Sebastián contará con la ex ministra de Asuntos Sociales y diputada socialista Cristina Alberdi y con Mirella Lluch, hija del ex ministro socialista Ernest Lluch, asesinado por ETA.

El periodista Gorka Landaburu, que también fue objeto de un atentado, cerrará la lista del PSE en este municipio, candidatura que contará con Andoni y Martín Arregi, hijos del ex consejero vasco de Cultura y militante del PNV Joseba Arregi.

El ex militante de IU José Luis Conde integrará la lista vizcaína del PSE de Portugalete y el catedrático de Ciencia Política de la UPV Francisco Llera se presentará en el puesto veinticinco en la lista del PSE en Vitoria.

El ex responsable de Sanidad José Manuel Freire formará parte de la lista socialista de Oyarzun y el portavoz del PSE en el Ayuntamiento de Ordicia, Iñaki Dubreil, que fue objeto de un atentado de ETA, será el candidato de los socialistas guipuzcoanos a la alcaldía de esta localidad.

La ex parlamentaria de IU Katy Gutiérrez concurrirá en el antepenúltimo lugar de la lista del PSE en Guecho. En segundo lugar, participará la profesora de la UPV Gotzone Mora. También en Guecho, el PSE contará con su parlamentaria Isabel Celaá en la lista y como independiente irá el ex vicerrector de la UPV Juantxu Rivas.

La concejal del PSE en el Ayuntamiento de Portugalete, Esther Cabezudo, que fue víctima de un atentado de ETA en 2002, ocupará el tercer puesto en la lista del PSE.

Por último, Daniel Portero, hijo del fiscal-jefe de Andalucía asesinado por ETA en octubre de 2000, Luis Portero, se integrará en las listas de UA.

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