AGLI

Recortes de Prensa     Lunes 28 Abril  2003
Cuatro horas de castellano
Francisco Muro de Iscar El ideal Gallego 28 Abril 2003

Una nueva política exterior
Editorial ABC 28 Abril 2003

Imperialismo tonto
FLORENCIO DOMÍNGUEZ/ EL Correo 28 Abril 2003

Sondeos y certezas
Editorial ABC 28 Abril 2003

Estar en Babia
Luis González Seara La Razón 28 Abril 2003

PNV y Batasuna
Cartas al Director El Correo 28 Abril 2003

«La ciudadanía empieza a despertar porque hay un hartazgo profundo»
J. J. CORCUERA/VITORIA El Correo 28 Abril 2003

Cuatro horas de castellano
Francisco Muro de Iscar El ideal Gallego 28 Abril 2003

Algunas autonomías, especialmente la catalana y la vasca, han montado en cólera por la imposición del Ministerio de Educación de que los centros de Primaria y Secundaria deberán impartir un mínimo de cuatro horas semanales en castellano “para asegurar un correcto aprendizaje de la lengua”, frente a las dos y media que algunos reciben ahora. No parece un disparate más si tenemos en cuenta que nueve de cada diez profesores imparten las clases en catalán y que un alumno recibe en el colegio una media de treinta horas semanales. Y que, cuando llegan a la Universidad, la totalidad de las asignaturas se imparte en catalán.

Sin embargo, el problema es mucho más serio. La Generalitat decidió una inmersión educativa en el catalán, especialmente desde que gobierna Pujol. Y así seguirá, seguramente, gane quien gane las próximas elecciones. Sus argumentos eran que una lengua que había tenido dificultades para desarrollarse, necesitaba ser protegida y, además, era básico para fortalecer la identidad autonómica. Veinte años de protección y de aparcamiento del castellano no han servido para nada. Según la última encuesta de la Diputación de Barcelona, el cincuenta por ciento de los barceloneses considera que su lengua es el castellano y casi un veinte por ciento más utiliza los dos idiomas indistintamente.

La tendencia catalanista no sólo no aumenta desde 1995, sino que disminuye, lo que debería hacer reflexionar a los políticos sobre lo que los ciudadanos quieren de verdad, que es lo que ellos deben buscar. Además, según los datos, ni la inmigración ni los jóvenes apuestan por el catalán. Dos catalanistas insignes como Joan Sol` y Quim Monzó aseguran que tal vez haya que preparar “un buen funeral o la eutanasia para el catalán”, quizás porque “los políticos han usado el catalán como un símbolo y han pasado el muerto a la ciudadanía”... que, según los datos, les da la espalda.

Salvar una lengua maravillosa, como el catalán o el gallego, una cultura propia, no puede hacerse contra otra lengua propia, bella, que nos identifica como pueblo. Ser bilingüe es una suerte, pero no se puede imponer una educación cuyo mayor logro, por lo que se ve es no haber logrado que se hable suficientemente el catalán y comprobar que cada vez hablemos peor el castellano. Cuatro horas semanales no es mucho. ¡Si algunos políticos dedicaran, al menos, cuatro horas semanales a reflexionar...!

Una nueva política exterior
Editorial ABC 28 Abril 2003

EL día después de la caída de Sadam ha llegado. Las opiniones públicas de los Estados hasta ahora concernidos directamente con el orden mundial se preguntan cuál será el nuevo escenario que surgirá de todas las crisis que se han manifestado con motivo y ocasión de la guerra de Irak. La respuesta se está planteando con forma de dilema entre voluntarismo y realismo; entre los que creen que, finalmente, no habrá rupturas definitivas en los equilibrios preexistentes a la guerra -que para algunos países consiste, simplemente, en que Estados Unidos no pase factura- y los que pronostican un diseño mundial coherente con las apuestas y los intereses que cada uno ha puesto sobre la mesa, es decir, administrando con resultados nítidos los protagonismos emergentes y decadentes iniciados desde la caída del bloque comunista y confirmados tras la II guerra del Golfo.

Los acontecimientos aconsejan pensar que estamos más cerca de esta segunda opción que de la primera, no tanto por la dureza de algunas declaraciones políticas de la Administración Bush -como las advertencias de Powell a Francia- sino por la trayectoria reciente de las principales instituciones surgidas desde 1945, como Naciones Unidas y la OTAN. Es evidente que seguirá existiendo un foro mundial de naciones, pero no necesariamente tendrá que estar a cargo de una pentarquía perpetua e inalterable, resultado de una guerra mundial; también será necesaria una estructura de seguridad multilateral integrada por estados democráticos, pero con un principio de corresponsabilidad efectivo en las cargas financieras y militares y con un sentido operativo verificable más allá de los discursos

El futuro de este orden mundial es un desafío que España afronta objetivamente en condiciones de prestigio y autoridad. La oposición interna a la guerra, trabada por los mejores sentimientos de paz y las peores tácticas de la manipulación sectaria, encontrará nuevos enfoques para esta crisis, gracias, entre otras cosas, al desarrollo de unas relaciones internacionales necesariamente modificadas, que darán a las decisiones tomadas por el Gobierno de José María Aznar en relación con el conflicto en Irak todo el contexto ético y político necesario para legitimarlas definitivamente ante los ciudadanos. La expectativa abierta en Palestina es un primer y significativo apunte. Para lograrlo, España dispone no sólo de una posición reafirmada y progresiva en los tres grandes foros internacionales -Naciones Unidas, Unión Europa y OTAN- y en el vínculo con Estados Unidos, sino también de unos valores propios, cultivados por su determinación política y su identidad histórica, que inciden directamente en las dos grandes cuestiones que han sustituido a la confrontación de los bloques: la lucha contra el terrorismo y la interlocución entre civilizaciones.

EL 11-S no marcó para España el día D de su compromiso antiterrorista, sino la confirmación de un discurso y de una política que estaban siendo defendidos en Europa y en aquellos países -especialmente iberoamericanos- que aún contemporizaban con una imagen legítima del terrorismo etarra. El resultado de la constancia con que el Gobierno español advertía de la amenaza global que representaba el terrorismo -fuera local o internacional, religioso o separatista, revolucionario o sectario- se encuentra en las posiciones comunes y reglamentos de la Unión Europea, en la excelente colaboración con Francia, en el desmantelamiento de los santuarios iberoamericanos y, como ejemplo muy significativo, en el reconocimiento internacional que supone la actual presidencia española del Comité de lucha contra el Terrorismo del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

TAMBIÉN España tiene criterio propio en la otra vertiente de la agenda mundial que ahora se subraya con alarmismo interesado, aunque no está exenta de motivos objetivos de preocupación. Quizá no estemos aún en el choque de civilizaciones por el que se preguntaba Samuel Huttignton en 1993, pero se ha extendido la idea de que el 11-S fue el precio que pagaron las democracias occidentales por sus políticas en el mundo islámico y en el Tercer Mundo. Esta perversa atenuante de lo que no fue más que un brutal crimen de macroterrorismo enturbia la percepción de un riesgo mucho más cierto: que los pueblos del mundo islámico interpreten como una amenaza a su modelo de civilización la determinación de las democracias occidentales de actuar contra el terrorismo islamista. Para evitar que esto ocurra, el poder militar exhibido hasta ahora por Estados Unidos debe dar paso a la persuasión diplomática y a la complicidad de los gobiernos de la zona, retos en los que la política exterior española debe tener toda la ambición para aspirar a un papel principal. Hay razones para confiar en que así será. El tópico de las buenas relaciones de España con los países árabes y musulmanes se ha hecho más cierto que nunca en las intensas gestiones realizadas en los últimos días ante el Gobierno de Siria para proteger la región de nuevos conflictos. También durante la crítica negociación entre Arafat y su primer ministro, Abu Mazen. El protagonismo de Aznar en la nueva coalición atlántica no sólo no ha mermado su capacidad de interlocución con estos países, sino que es probable que se incremente, por la mayor influencia que tendrá España en las tomas de decisión que se avecinan. Se trata, en definitiva, de empezar una nueva política exterior.

Imperialismo tonto
FLORENCIO DOMÍNGUEZ/ EL Correo 28 Abril 2003

Uno de los fenómenos intelectualmente más sorprendentes de la radicalización nacionalista es que la huida hacia adelante se lleva a cabo echando mano de viejos conceptos ideológicos manejados por ETA tiempo atrás. Parecen lo último en modernidad política, pero tienen décadas de historia a sus espaldas.

Uno de esos conceptos que ha surgido en los últimos días es el del imperialismo español. «ETA es la punta de lanza del imperialismo español y francés», se afirmó durante la celebración del Aberri Eguna de Eusko Alkartasuna. El PNV, por su parte, aseguraba que no iba a estar del lado de «una prepotencia neoimperial ni con un acomplejado jefe neofalangista».

Cuando ETA se moceaba, allá por los primeros años sesenta, sus miembros ya debatían sobre el imperialismo y el colonialismo de España y en la discusión terció Krutwig con su Vasconia. Aunque aceptaban que Euskadi era un país colonizado por los españoles, el debate planteaba algunos problemas de coherencia. El imperialismo tiene como nota característica en lo económico la explotación de las riquezas del país colonizado en beneficio de la metrópoli. Pero esa tesis era difícil de conciliar con el hecho de que el País Vasco fuera mucho más rico que la mayoría de las regiones españolas y que miles de ciudadanos vinieran a Euskadi no para explotar sus riquezas sino para ganarse la vida siendo explotados por los supuestos colonizados que, no contentos con ello, extendían sus tentáculos económicos por toda España. Debía ser un imperialismo tonto. Igual que el actual, por cierto, que no ha dudado en aceptar para el País Vasco un instrumento económico, el Concierto, que le ofrece unas posibilidades de desarrollo que no tienen el resto de las regiones.

Pero para tonto, lo que se dice tonto, el imperialismo francés, de ser ciertas las afirmaciones del presidente del PNV durante el acto celebrado en San Juan de Luz con motivo del Aberri Eguna. Dijo Arzalluz que París se negaba a conceder el departamento vasco «no por desprecio, sino porque nos tiene más miedo que a Córcega». Además, el Gobierno francés trata de impedir que se capte Euskal Telebista en su territorio porque «nos tienen más miedo que a ETA».

Hay que ver a la República francesa echándose a temblar ante un partido como el PNV (el PNB en su versión gala) que en las elecciones del 11 de marzo de 2001 obtuvo el 2,62% de los votos emitidos en el cantón de Hendaya, el 3,25% en el de Ustariz y el 7,06% en el de San Juan de Luz. En los otros ocho cantones del País Vasco francés ni presentó lista. En total, 1.480 votos que traen al recio jacobinismo parisino por la calle de la amargura.

Sondeos y certezas
Editorial ABC 28 Abril 2003

UNA amplia mayoría de los ciudadanos no cree que el PSOE pueda ganar las próximas elecciones generales. Perciben en José Luis Rodríguez Zapatero, el secretario general de los socialistas, a un político demasiado atento a los estados de ánimo de la opinión pública, cambiantes en función del escenario internacional y de la catástrofe del «Prestige», pero poco dado a los rigores de transmitir un discurso homogéneo en toda España. Así, cuestionan tanto la apuesta atlantista del Gobierno -que requeriría mayores dosis de explicación- como la propensión socialista por aparecer en bloque en casi todas las manifestaciones y al lado de un socio, Izquierda Unida, que agita banderas inconstitucionales y demuestra en el País Vasco que por encima de la coherencia se aferra a los arrabales del poder con su pacto con el PNV y EA. Si bien este factor no pasa factura a Izquierda Unida por el voto joven movilizado contra la guerra de Irak y la falta de reflejos del Gobierno en el «Prestige», sí que limita, y mucho, las expectativas electorales del PSOE.

A poco menos de un año para las próximas generales, el PSOE no logra una distancia respecto al PP lo suficientemente amplia como para creer en sus posibilidades. En terminología ciclista, diríase que los populares practican la goma, especialidad que consiste en mantener la vista sobre el lomo de un escapado al que le quedan muchos kilómetros por delante y, previsiblemente, pocos escenarios propicios para aumentar la brecha. Cinco puntos y medio es la distancia que separa al PP del PSOE, poco si se tiene en cuenta que en los últimos meses el Gobierno ha soportado una gran presión parlamentaria, las desesperantes imágenes de la marea negra en Galicia, la ausencia de candidato para la contienda de marzo de 2004, los movimientos tácticos del PSOE en el País Vasco tendentes a deconstruir la alternativa constitucionalista y las críticas a su apoyo a la intervención aliada en Irak, con una contestación popular cuyas claves de fondo están aún por definir y contextualizar.

La encuesta que ABC ha publicado en tres entregas predice un escenario muy apurado para el PP, tanto para las elecciones generales como en la cita autonómica y municipal en Madrid del próximo 25 de mayo. Sin embargo, el hecho de que Alberto Ruiz-Gallardón mantenga intactas las expectativas de mantener la mayoría absoluta en la Casa de la Villa avalan la tesis de los estrategas populares de que lo peor ya ha pasado. Diametralmente opuesto es el panorama que perfila en la Comunidad de Madrid, donde la alianza entre el PSOE e Izquierda Unida lograría emplazar a Simancas en la presidencia. Ese reparto de poderes define a la perfección el estado de incertidumbre electoral con el que comienza la precampaña del 25-M. No obstante, del recuento de los problemas más acuciantes para los españoles no cabe deducir que la escena internacional vaya a tener un peso relevante en el sentido del voto, salvo para una horquilla de nuevos votantes. El paro, el terrorismo, la inseguridad y la vivienda son los grandes asuntos que más preocupan a los españoles.

Respecto a la credibilidad de los sondeos, más allá de las interpretaciones sesgadas de los «afectados» y el oportunismo mediático, está la fiabilidad de los métodos, el número de encuestados, la solvencia del diario que las publica y la publicidad que se da a las fichas técnicas, requisitos que en el caso de ABC están a la vista.

Estar en Babia
Luis González Seara La Razón 28 Abril 2003

Si se diera carta de naturaleza a lo que se dice en la mayoría de los sondeos de opinión, en gran parte de los medios y en las multitudinarias manifestaciones, habría que deducir que la mayoría de los españoles están en Babia y no se enteran de lo que está pasando. En cuanto al mundo exterior, incluso después del desenlace bélico en Iraq, tan distinto de los resultados y los Apocalipsis que aquí se había pronosticado, se pretende continuar al margen de la realidad tozuda de los hechos. Y, así, podemos ver que, en una encuesta, a la pregunta de quién debe pagar los gastos de la reconstrucción de Iraq, un 54% dice que Estados Unidos, mientras sólo un 15% lo atribuye a la ONU.

En cambio, los mismos entrevistados, a la pregunta de quién debe dirigir la reconstrucción de Iraq, sólo un 13% dice que Estados Unidos, mientras el 33% considera que debe ser la ONU. De modo que, según la lógica realista y la manera de ver las cosas de tales opinantes, la alianza anglonorteamericana hizo y ganó una guerra en Iraq, para que sus tropas se queden pescando en el Tigris, mientras la ONU, es decir, Rusia, Francia, Alemania y algún otro aprovechado, hacen su agosto con la reconstrucción del país, pagada por los americanos. El argumento es fascinante y revela un grado de ignorancia y simpleza de las cosas de este mundo, que ni siquiera cabe considerarlo cinismo. Lo cual nada tiene que ver con ser amante de la paz, virtud noble y digna de elogio.

En la vida política interior, la falta de percepción de los riesgos más graves es aún mas notoria. Un asunto como el del «Prestige» ¬que es un accidente desgraciado, gestionado con errores y aciertos, en medio de un notable quebranto ecológico y económico¬ no justifica una movilización tan desmesurada como la que aquí hemos vivido.

 Mientras políticos, informadores y ciudadanos se sumergían durante meses en el chapapote, sin mirar más allá de su negrura, el auténtico problema que los españoles tienen que abordar con energía y decisión se ha ido agravando hasta extremos peligrosos.

El nacionalismo vasco, y de forma especial el PNV gobernante, han emprendido una huida hacia delante, en pos de un soberanismo contrario a la Constitución y a la integridad de España. Los españoles parecen no enterarse de que esa marcha hacia la secesión parte de considerar el Estatuto como una carta otorgada por los «fascistas» del Estado español, y se está orientando hacia una declaración constituyente, que considera las próximas elecciones municipales como una especie de plebiscito legitimador de la convocatoria de un referéndum independentista. Este soberanismo tribal, que está ya desobedeciendo al Tribunal Supremo, tendrá que ser frenado por los órganos constitucionales del Estado español, pero las ambigüedades del PSOE aumentan la confusión reinante. Está llegando un momento crucial, donde tal vez tenga que suspenderse el Estatuto vasco, como establece la Constitución para esos casos. Y eso sí que justificaría una necesaria movilización de la ciudadanía. Los españoles no pueden seguir estando en Babia.

PNV y Batasuna
Cartas al Director El Correo 28 Abril 2003

El lendakari ya ha confirmado nuevamente que no tiene la más remota intención de prescindir de un cuerpo social como el batasuno, tan útil y fructífero para un PNV que fía su futuro tan sólo en una limpieza electoral, que no étnica, propiciada por el asesinato de políticos, la diáspora de los desafectos y el amedrentamiento y la abstención silenciosa de los que por diversas razones se ven obligados a soportar o revivir el franquismo de los años cuarenta. La voluntad nacional de acabar con el terrorismo tanto de los vascos, en primera fila, como del resto de los españoles ha obligado al lendakari a adelantar la postulación de un referéndum sin contar con una mayoría que tan sólo la actuación de ETA y Batasuna le hubieran proporcionado cómodamente.

A nadie se le oculta el carácter infantiloide de unas propuestas que tan sólo pretenden dejar las cosas como están mientras el lendakari pueda pavonearse y codearse con jefes de Estado y presidentes. Pero la carencia de escrúpulos del actual PNV ha tenido la osadía de incluir entre sus propuestas la anexión de Navarra y el País Vasco Francés. Un pequeño partido fundado por Sabino Arana y expulsado de los foros internacionales de su propia ideología pretende incluir en su régimen realidades históricas, sociales y políticas que se insertan ya desde el primer milenio. Sería de risa si no fuera por la peligrosidad intrínseca de las reivindicaciones territoriales, acrecentada por la irrelevancia institucional del propio lendakari, su gobierno y su partido. Su pavoneo se limita a los 7.200 kilómetros cuadrados de su territorio y debe saber que la táctica de los pucheros en los funerales y el aprovechamiento de los cadáveres de los adversarios no le van a dar ya más resultados.   J. C. Antón Nárdiz.  Madrid.

NATIVIDAD RODRÍGUEZ, PRESIDENTA DE LA FUNDACIÓN FERNANDO BUESA
«La ciudadanía empieza a despertar porque hay un hartazgo profundo»
«Tenemos que dar a nuestros hijos una educación amplia, todo lo contrario al adoctrinamiento»
La viuda de Buesa dice que «no son demócratas» los que niegan la vasquidad a los no nacionalistas
J. J. CORCUERA/VITORIA El Correo 28 Abril 2003

Dice que no sabe de política, que hay cosas que no entiende pese a haber convivido muchos años junto a uno de los políticos más lúcidos de este país. Pero los razonamientos de Natividad Rodríguez Lajo, viuda de Fernando Buesa, están cargados de esa mezcla de sabiduría y de sentido común que tanto abunda entre la gente de a pie. Cuando se cumplen tres años del asesinato de su marido, parece haber entrado en una frenética actividad al frente de la Fundación Fernando Buesa; jornadas sobre el Estatuto, la inmigración o el euskera, actos de apoyo a las víctimas, acuerdos de colaboración con la UPV, premios, publicaciones y exposiciones marcan el trabajo de esta plataforma abierta y plural. Psicóloga y pedagoga de profesión, su objetivo, ahora, es buscar fórmulas que ayuden a fomentar los valores de la tolerancia, la democracia y la libertad entre los escolares vascos. «Tenemos que dar a nuestros hijos -sostiene- una educación amplia y adaptada a la realidad, que es lo contrario del adoctrinamiento. Adoctrinar es poner orejeras y hacer estrecha la realidad».

-¿Se ha refugiado en cierto modo en las actividades de la Fundación?
-Al contrario. Esto de la Fundación ha sido durísimo para mí. Nace de una experiencia muy cruel y de una vivencia personal muy fuerte. Si asumí la presidencia fue porque mucha gente, entre ellos mis hijos, me empujaron. Pero hasta hace muy poco tiempo era un suplicio, porque era estar metida en todo lo que has perdido. Ahora, tengo un recuerdo menos dolorido y he recuperado una cierta paz interior.

-¿Cree que el objetivo de mantener viva la memoria y el mensaje de Fernando Buesa se ha conseguido?
-No lo sé... Siempre habrá gente a la que le parezcan muy mal nuestras actividades. Para mí lo importante es encontrarme satisfecha con lo que hago. Los nacionalistas pretenden nuestro silencio, amedrentarnos e imponer su proyecto. Yo digo: no callar. Si de algo me he arrepentido es de las veces que hemos callado. Claro, que tampoco sabíamos lo que ahora sabemos.

-¿A qué se refiere?
-Hemos tragado, hemos tragado y hemos callado... Y si callas les haces pensar a los nacionalistas que todo el monte es orégano. Hemos transigido en tantas cosas... No hemos dicho con claridad cuál es nuestra verdad. Por ejemplo, permitimos que asociaran vasco con nacionalista, quizá desde el complejo. Y eso es mentira, aunque muchos se lo crean. Cuando oigo a líderes nacionalistas hablar del 'pueblo vasco' y soltar después su creencia personal, a mí me ofende. Además de perseguirnos, de asesinarnos, de ignorarnos, de polarizar toda la frustración del mundo contra los no nacionalistas, me niegan la capacidad de crítica y de tener un pensamiento propio. No son demócratas si no me reconocen como vasca. Dicen que hay que votar a los de aquí. ¿Y los demás qué somos?, ¿extraterrestres?

-Si algo definió a Fernando Buesa fue su capacidad de pactar y de llegar a acuerdos. Hoy son muchos los que hablan de diálogo, pero, ¿ve usted el diálogo por alguna parte?
-Tenemos un problema de líderes no adecuados. El diálogo es una actitud de llegar el uno al otro, de hacer un hueco en el interior de uno mismo, para que lo que tú me transmites me llegue. Los que hablan tanto de diálogo, lo único que proponen es que tú aceptes sus ideas. Eso no es dialogar. A mí me gustaría saber a qué están dispuestos a renunciar los nacionalistas para conseguir una convivencia pacífica en la diferencia y en la pluralidad. ¿A qué han renunciado ellos? Siguen con los objetivos de siempre, incluso más radicalizados. El diálogo es una palabra que ha perdido su sentido.

-Juan José Ibarretxe acude todos los años al acto central en recuerdo de Buesa. En ocasiones suele recibir fuertes reproches. ¿Cree que hace caso? ¿Ha cambiado?
-En absoluto, no ha cambiado para nada. Parece que va por la vida como si fuera un iluminado, como si fuera un elegido que tiene una misión que cumplir. Y está rompiendo el país.

-¿Le ha perdonado a Ibarretxe sus actuaciones posteriores al asesinato de su marido?
-Yo no tengo que perdonarle nada. Pero hay cosas que son curiosas. Hace dos años, cuando nos juntamos en el monolito de Fernando y de Jorge Díez -su guardaespaldas-, todos llevábamos una flor en la mano, incluido el lehendakari y Atutxa. Esa misma tarde se reunía la Mesa de Arkaute. Este año, en el mismo acto por el tercer aniversario, no había ningún nacionalista. No voy a decir nada más. Por puro equilibrio y salud personal y mental, prefiero no pensar en ellos.

«Esto no se arregla así»
-Este último año estrechó cordialmente la mano a Ibarretxe.
-Sí, le di la mano. Yo estaba muy sonriente cuando le dije: 'Esto no se arregla así'. El lehendakari tiene muy claro lo que yo pienso. Hay que hablar, pero hacerlo de verdad, y no aquí. No está en esa actitud. Ha actuado con mucha deslealtad.

-Fernando Buesa fue uno de los primeros en reivindicar una rebelión democrática. ¿Es una cuestión todavía pendiente?
-Recuerdo el día en que lo dijo en las Juntas Generales de Álava. Estaba muy enfadado por todo lo que estaba ocurriendo. A todos les pareció entonces un disparate, incluido al PP, y ahora cuántas veces se ha hablado de eso. Creo que la ciudadanía está empezando a despertar, porque hay un hartazgo profundo. Cuando oigo al lehendakari, a Egibar o a Otegi decir lo ilusionada que está la gente, yo me pregunto, ¿a dónde mirarán estos? ¿Será que viven en otra realidad? Yo veo tristeza y preocupación en nacionalistas y no nacionalistas.

-Decidió no acudir al juicio de los asesinos de su marido y del ertzaina Jorge Díez, en junio de 2002.
-Hay veces en que tienes que evitarte los mayores dolores posibles. Cuando veo esas pintadas por la calle... La de veces que he pensado en lo que tuvo que sufrir la viuda de López de Lacalle cuando aparecieron aquellas pintadas de 'José Luis, jódete'. Es increíble la maldad y la crueldad que hay en eso. Al juicio fue mi hijo Carlos como testigo y estuvo muy arropado por familiares y por gente del partido. Acordamos que el resto no iríamos.

-Los asesinos justificaron el crimen y se jactaron de militar en ETA.
-He pensado mucho en eso. En cómo unos chavales jóvenes que no conocían a Fernando pueden llegar a odiarle tanto o a tener las ideas tan confundidas como para acosarle y asesinarle. A un representante del pueblo y, encima, jactarse de ello y sentirse héroes. Ahí ha habido una gran deformación de la educación, y no me refiero sólo al sistema educativo. Además de los conocimientos, en la educación son importantes los valores, los sentimientos, las actitudes ante la vida. Por eso es importante dar a nuestros hijos una educación amplia y adaptada a la realidad, que es lo contrario del adoctrinamiento. Adoctrinar es poner orejeras y hacer estrecha la realidad. Esos jóvenes, que son una minoría, estaban adoctrinados, mal educados. Sabían cuatro eslóganes y si les hubieras puesto a debatir junto a otros chicos con espíritu crítico, capacidad de análisis, conciencia bien formada y educados en unos valores, no hubieran resistido el primer argumento.

-¿A qué achaca la práctica desaparición de la 'kale borroka'?
-Autoridad y responsabilidad. Se acabó cuando se pusieron unas normas y se empezaron a aplicar sanciones. Hay que poner límites a la impunidad.

-¿Se ha incrementado el número de socios o afiliados a la fundación?
-Hay más de un centenar de personas de muy diversa procedencia y muy preparada que colabora en lo que puede, pagando una cantidad ridícula al año; lo que te gastas en una cena. Queremos buscar ayudas privadas para no depender tanto de las instituciones. El patronato de la Fundación es plural y también pretendemos que la gente que quiera colaborar sea diversa. La diferencia es un valor. Si todos estuviéramos clonados como la oveja Dolly, ¡pobrecita!, no podríamos aprender nada unos de los otros. Quiero que la gente que se acerque a nosotros se sienta cómoda.

-Entre las actividades de la fundación destacó una exposición de viñetas periodísticas. ¿Es compatible conjugar el humor con las tragedias que encierran las acciones terroristas?
-El humor es importantísimo y no lo podemos perder. El humor te hace pensar, te despierta una sonrisa y el efecto es el mismo. Peridis publicó una viñeta cuando lo de Fernando en la que una persona le decía a la otra: 'Nos están matando..., a ellos'. Encima de que te persiguen y te matan, se hacen las víctimas. Es algo increíble.

más información: www.fundacionfernandobuesa.com

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