AGLI

Recortes de Prensa     Viernes 9 Mayo  2003
La Lista de Bush
Germán Yanke Libertad Digital 9 Mayo 2003

La Universidad del País Vasco y los falsos «alumnos-presos»
CARLOS MARTÍNEZ GORRIARÁN ABC 9 Mayo 2003

Gracias, yanquis
CARLOS HERRERA ABC 9 Mayo 2003

Cambio de mensaje
ALFONSO USSÍA ABC 9 Mayo 2003

Elecciones bajo coacción
Editorial La Razón 9 Mayo 2003

Carteles desde Vitoria
BENIGNO PENDÁS ABC 9 Mayo 2003

Miseria de los intelectuales
Carlos Semprún Maura La Razón 9 Mayo 2003

A quienes se les ve el plumero
Julián Lago La Razón 9 Mayo 2003

Nacionalismo carroñero
Aleix Vidal-Quadras La Razón 9 Mayo 2003

Y todavía les apoyan
Ramón Villota Coullaut Libertad Digital  9 Mayo 2003

Terrorismo
José Javaloyes La Estrella 9 Mayo 2003

HB, en el saco negro
José Cavero El Ideal Gallego  9 Mayo 2003

Manifiesto contra el crimen
ALFONSO DE LA VEGA La Voz  9 Mayo 2003

Cita en libertad
Editorial El Correo  9 Mayo 2003

«No les basta con matar, tienen que echar basura»
J. P. ABC 9 Mayo 2003

UGT denuncia la pasividad de Ibarretxe ante el acoso nacionalista que sufren en el País Vasco
EFE Libertad Digital  9 Mayo 2003

Del Castillo ve inexplicable que el PSOE pida la retirada de las 4 horas semanales de castellano
EFE Libertad Digital  9 Mayo 2003
 

La Lista de Bush
Germán Yanke Libertad Digital 9 Mayo 2003

La postura del PSOE ante el tema vasco es doble, es decir, varía según a quien se consulte. Hay una corriente, importante aunque no esté sentada (alguno sí, la verdad) en los despachos de Ferraz, que se siente desamparada sin los nacionalistas, que ha pergeñado una suerte de teoría “vasquista” de nulo calado intelectual y que cree que el PNV, en vez de ser un problema, es la solución de los males vascos y hay que pactar con ellos aunque sea cediendo en cuestiones fundamentales. Otra, la oficial, se puede definir en la frase “lo mismo que el PP, pero menos”. Ese “menos” es el desideratum, a su vez, de un doble complejo: no molestar a la otra corriente y una estrategia de oposición de la que no se quiere eliminar nada, incluida sorprendentemente la “indignación” que produce la situación política en el País Vasco que analizan los firmantes del manifiesto “Aunque”. A mí, sinceramente, me produce, ya que me están saliendo estas líneas tan “binarias”, una doble pena: conceptual, ante lo que nos jugamos, e histórica, porque hace no mucho, cuando Nicolás Redondo tenía las riendas del socialismo vasco, la iniciativa era suya: salida del Gobierno vasco, denuncia de la deriva soberanista, defensa rigurosa de la legalidad y los derechos individuales, mociones de censura a Ibarretxe, entendimiento de los constitucionales, Pacto por las Libertades. La postura del PP, entonces, era “lo mismo que el PSE, pero desde el Gobierno”.

La reacción de José Luis Rodríguez Zapatero ante la inclusión de Batasuna y otros “alias” de ETA en la lista de organizaciones terroristas del Gobierno de los Estados Unidos, pertenece a ese “lo mismo que el PP, pero menos”. Hay que poner pegas y se le ocurren (otra vez) dos: el valor simbólico con pocas consecuencias prácticas y la relación que se atribuye a Aznar entre esta orden ejecutiva del Departamento de Estado y el apoyo a la guerra en Irak. La verdad es que Aznar no vinculó literalmente la guerra y la lista, sino esta con las buenas relaciones entre los dos países y la defensa que ha venido haciendo del vínculo atlántico. De todos modos, parece un poco ingenuo querer desvincular la cooperación norteamericana en la lucha contra ETA de una buena sintonía entre ambos países y de una coincidencia en los criterios que deben regir la lucha internacional contra el terrorismo.

La política internacional es así, aunque diga Zapatero que Francia y la UE no piden nada a cambio. El propio Felipe González, que acaba de recoger en libro algunos de sus artículos de prensa, cuenta como fue cambiando la actitud francesa para negar la impresión de que en ello algo tuvieron que ver los atentados en ese país. Según el ex presidente, en 1986 la cooperación mejora sensiblemente “por razones fáciles de entender”: “España era ya parte de la Comunidad Europea, se sentaba en el mismo consejo, había resuelto el referéndum de la OTAN. Era, en fin, un socio y un aliado al que no se podía seguir tratando como en el pasado”. La política internacional, insisto, es así y Zapatero debería saberlo. Para buscar, al menos, otro guión de oposición.

En este contexto, la inclusión de los “alias” de ETA en esas listas –en la de Bush y en la de la Unión Europea, gestión que sabemos que avanza– no es, al menos en el sentido que quiere darle Zapatero (“pocas consecuencias prácticas”), simbólico. No es, desde luego, retórico y, si es en algo simbólico, lo es porque representa y hace que se visualice una realidad, la de que la “tolerancia cero” con el terrorismo internacional incluye a ETA y sus diferentes caretas. Las consecuencias prácticas son evidentes, aunque nadie pretende que los grupos criminales de ETA desaparezcan como por ensalmo después de su inclusión en ambas listas: la financiación de ETA y sus métodos de extorsión no son ya una reunión clandestina en un bar de Hendaya, sino complejos sistemas económicos internacionales que ahora pueden contar con la vigilancia y la prohibición de los países socios y aliados, los movimientos de los criminales se dificultarán aquí y allá, las opiniones públicas de esos países conocerán con más exactitud la barbarie totalitaria de la banda, que a menudo ha sido difícil de explicar. Asimismo, la cooperación y las relaciones de la UE y Estados Unidos con otros países –no hay que olvidar que ya sólo Cuba se resiste a una cooperación contra ETA– darán sus frutos.

En definitiva, se trata, por fin, de convertir la lucha contra ETA, que es una lucha por las libertades de los españoles, en una batalla internacional, lo más amplia posible. Si Zapatero no quiere ver las “consecuencias prácticas” es sólo por el empeño de insistir (estrategia equivocada, incluso en lo electoral) en el “pero menos”.

La Universidad del País Vasco y los falsos «alumnos-presos»
Por CARLOS MARTÍNEZ GORRIARÁN. Profesor de Filosofía Universidad del País Vasco ABC 9 Mayo 2003

ES habitual que Arzalluz amenace con hacerles pagar su osadía a los ciudadanos, a los jueces y al mismísimo Papa de Roma, y también que pretenda dictar lo que todos deben decir y hacer a mayor gloria y beneficio de su nacionalismo troglodita. Por fortuna, muchos de los amenazados pasan del célebre energúmeno y sostienen, con mayor o menor acierto, sus propias ideas y legítimos intereses. No es el caso, ¡ay!, de la Universidad del País Vasco, cuyo rector -que es mi rector- ha corrido a satisfacer el chulesco diktak de Arzalluz por el que ordenaba a la UPV rebelarse contra la reforma que en lo sucesivo privará de escandalosos privilegios a los etarras en activo matriculados en esta universidad gracias a una artimaña administrativa. Una reforma tan simple como de sentido común, a saber: que los presos encarcelados por terrorismo que deseen cursar estudios universitarios lo hagan, sí, pero en las mismas condiciones de igualdad, rigor y exigencia reclamadas a los alumnos corrientes, incluyendo a los presos en proceso de rehabilitación. Que los hay, sí señor, pero muy pocos en ETA.

Condiciones que sencillamente la UPV no puede garantizar, porque no está materialmente preparada para ese trabajo -que corresponde a la UNED o a las universidades por Internet-, y por la probada capacidad de intimidación y corruptela que ETA ha demostrado en mi Universidad. En mi propio departamento (Filosofía de los Valores y Antropología Social) hay cinco profesores a los que el rectorado rogó y facilitó que dejaran de dar clase, para no dar facilidades a ETA y por recomendación policial. Supongo que el rector Montero no pretende justificar el suplicio de llevar escolta a todas partes, que él mismo padece, por la manía irracional de los alumnos suspendidos o algo parecido... Al contrario: el hecho irrefutable de que el rector y numerosos profesores y alumnos de la UPV tengan que vivir escoltados, por no hablar de los desterrados (como Mikel Azurmendi, Francisco Llera, Chema Portillo y muchos otros), ni de los eximidos de dar clase o bajo excepciones similares, demuestra de modo incontestable el poder de amenaza e intimidación de los terroristas. Negar tal cosa es una simple estupidez. Y salvo los estúpidos incurables -o los cínicos, tan abundantes-, nadie en sus cabales puede pretender que una universidad donde buena parte de su claustro carece de libertad también sea la más apropiada para evaluar con ecuanimidad el trabajo de supuestos estudiantes que, ¡vaya por Dios!, son los mismos verdugos que privan de libertad a sus profesores y al mismísimo rector. Para casos así idearon Montesquieu y otros la separación de instancias judiciales y de poderes, porque las víctimas no están capacitadas para juzgar a sus victimarios, ni menos todavía para convertir en jueces a los amigos y cómplices de éstos últimos. ¿Es esto tan difícil de comprender?

De modo que esta reforma que según la consejera Iztueta, esa señora que nunca se ha dignado a comunicarse con los muchos universitarios amenazados por ETA pero que defiende ardientemente a los etarras matriculados, esa reforma que pondría bajo sospecha al conjunto del profesorado -vaya boutade- es, precisamente, la única que puede poner a salvo el buen nombre y la credibilidad de la UPV. Su lógica es similar a la que aconsejó sustraer los delitos de terrorismo de los juicios con jurado popular, sobre todo tras el caso de Mikel Otegi, asesino a sangre fría de dos ertzainas, absuelto contra toda evidencia por un jurado de amedrentados ciudadanos guipuzcoanos. De hacer caso a los que protestan, no sólo los profesores de la UPV amenazados serían los mejores jueces académicos de sus alumnos terroristas, sino que deberíamos encargar la inspección fiscal a los mejores defraudadores de impuestos, o quizás la protección de menores a los pederastas más aplicados.

Lo cierto, lo que se puede demostrar con testimonios y documentos -algún juez puede encargarse de ello, si alguien se empeña en negar la evidencia-, es que los alumnos de ETA gozaban de privilegios como libros y matrículas subvencionadas, mediadores designados por ellos mismos y pagados por los centros, visitas particulares y subvencionadas de profesores, aprobados obtenidos con trabajos prefabricados y no solicitados por el docente, exámenes sin vigilancia rellenos en la celda tras intimidar al maestro de la prisión, etcétera. La mayoría de los profesores de la UPV están encantados de haber sido liberados por el Gobierno español del riesgo personal que significaba rechazar esas excepciones. Hace algo más de dos años, la policía encontró en poder de varios etarras información para atentar contra un profesor de una carrera técnica que, simplemente, había suspendido reiteradamente a cierto miembro del comando... La propia UPV reconocía esta irregularidad al aceptar implícitamente que ciertos profesores, algunos muy conocidos, se negaran a evaluar a tales «alumnos» peculiares.

Que solamente una minoría de profesores de la UPV haya denunciado este escándalo es un reflejo, y este sí que resulta escandaloso, de que otros docentes aseguren su buena vida aceptando esta corrupción, alabándola cínicamente como presunto ejemplo de rehabilitaciones tan exitosas como la de Josu Ternera. Este es el problema, y en esto debería centrarse, creo, el rectorado empeñado en defender el buen nombre de su universidad. La oscuridad que envolvía muchos asuntos relativos a los «alumnos presos» -ejemplo de retorsión del lenguaje, pues en todo caso son «presos matriculados»- era y es en la UPV el secreto de Polichinela. Me consta que preocupaba, y mucho, al primer equipo rectoral de Manu Montero, en el que muchos confiábamos para enmendar estas malas prácticas. Pero el rectorado se queja de haber sido marginado de un proceso del que en realidad ha preferido estar ausente. El mayor error sería tratar de cobrar el flaco favor de apretar filas con Iztueta y Arzalluz a un gobierno como el vasco de hoy, mezquino y antiuniversitario, fanático y sectario, que está estrangulando la liquidez financiera de la UPV, que tiene las arcas vacías y el cajón de las facturas lleno, que desde enero carece de fondos para pagar siquiera el escaso 2 o 3 por ciento de aumento anual de los sueldos que corresponde a sus empleados. Que no puede afrontar las inversiones ordinarias de cualquier universidad mucho más pequeña que ella -becas y presupuesto ordinario, instalaciones, dotación de grupos de investigación, residencias- a causa del filibusterismo neolítico del nacionalismo gobernante, aliado con las privadas y filonacionalistas de Deusto y Mondragón -cuyo rector actual es el antiguo ex consejero de educación de EA Inaxio Oliveri, sin doctorarse a la sazón.

En fin, lo sucedido muestra la fragilidad del sistema público de educación, y en concreto de la universidad, cuando es sometida a presiones extraacadémicas como las que estos días han prodigado Arzalluz, el Gobierno Vasco y la trama mafiosa de la todavía muy ominosa ETA-Batasuna. No lo olvidemos.

Gracias, yanquis
Por CARLOS HERRERA ABC 9 Mayo 2003

HE acudido a no pocas fuentes intelectuales para poder comprender desde mis indudables limitaciones el fenómeno del antiamericanismo en España. No me acaba de convencer -bien que lo siento- el manido argumento de la pérdida de las colonias allá por el final del diecinueve: una transmisión tan musculosa de indignación es altamente improbable entre tres generaciones tan distintas. Las maniobras de los norteamericanos para provocar a un imperio agotado y viejo como el español y hacerse con un par de perlas difíciles de mantener no justifica ese acceso de vómito que han compartido abuelos, padres e hijos en lo formal. Y digo bien en lo formal ya que, fiel a su costumbre contradictoria, en aquello que trasciende a lo meramente postural, la sociedad española no ha escatimado signos de fascinación por la cultura veloz que llega de los Estados Unidos. Mi generación se educó con su música y sus iconos, la anterior emigró valerosamente a abrirse paso por aquellas tierras y la actual sueña con poder estudiar un par de cursos en alguno de sus colegios, cosa que, en determinados status, consigue sin dificultad. La Cocacola se bebe, las películas se ven, las zapatillas deportivas se calzan y a Nueva York se viaja así se tenga una oportunidad. Sin embargo, en reacción opuesta -y la utilización del término «reacción» no es casual-, flota un inconfundible desprecio entre los diferentes complejos con los que los viejos europeos -y nosotros debemos andar entre ellos- despachan a los «yanquis». Ese desapego intelectual no lo ha evitado, ni siquiera, el número de muertos que los norteamericanos ha enterrado en Europa a lo largo de dos guerras. Da la impresión de que su obligación fuera esa: salvar a los estupendos y muy superiores franceses y a los no menos corajudos alemanes que cometieron el desliz de votar a una bestia y que, mira tú por donde, pusieron en peligro al mundo entero.

A todo esto, el favor que el Gobierno de los EE.UU. acaba de hacer a España, aunque parezca que se ha demorado en exceso, no es menudo: Batasuna, su entorno, sus parlamentarios, sus cómplices, toda su chusma, queda englobada entre lo que aquella administración considera unos indeseables. No pudo ser antes por la sencilla razón de que no se había tomado la valiente decisión en España de poner fuera de la ley a la representación política de ETA, y mal puede hacer otro país lo que no se atreve el propio. Pero, mal que le pese a los nacionalistas vascos y a los comunistas de Llamazares y Madrazo, los cómplices de los asesinos ya no podrán pasearse por Idaho con la misma naturalidad que por Bilbao. Una medida así ya la hubiéramos querido, siquiera como intención, en la vecina Francia a la que tanto mira Zapatero y a la que tanto pone de ejemplo de colaboración antiterrorista. Si la Francia de la momia venenosa de Giscard hubiera tomado decisiones decentes, muchos de los familiares que protagonizan el último e imprescindible libro de Isabel San Sebastián no habrían enterrado a los suyos y ETA habría comenzado a pasar los apuros que pasa hoy muchos años atrás. Los malditos yanquis, esos bobos aniñados, esa pandilla de memos arrogantes, mira tú por donde, son los que se han atrevido a decirle al mundo que todo lo que rodea a la banda criminal es la misma canalla. Lo cual, como es evidente, va a hacer que el antiamericanismo aumente en aquellos que llevan años mirando hacia otro lado o justificando lo injustificable con el miserable mensaje que hoy mismo podemos leer en las declaraciones de los anasagastis, los arzallus o los madrazos.

Por mi parte, conste en acta, no me avergüenzo de agradecer al Gobierno de los EE.UU. un paso como el dado. Incluso pienso personarme en la Embajada a hacerlo personalmente.   cherrera@andalucia.net

Cambio de mensaje
Por ALFONSO USSÍA ABC 9 Mayo 2003

NOCHES atrás, dando saltos por los canales de televisión, me topé con un programa sobre cine en el que intervenía Juan Diego Botto, ese apuesto chico que quiere ser actor. El emprendedor joven llevaba a la altura de su tetilla izquierda una galleta con la leyenda «No a la guerra». En la fiesta celebrada en Vigo con motivo de la entrega de los premios «Mix» o «Max», que organizó el director de Finanzas e Inversiones de la Sociedad General de Autores, Teddy Bautista, y en la que se galardonaba con carácter especial a un colaborador del terrorismo, Alfonso Sastre, casi todos los premiados portaban la pegatina «No a la guerra» y al recoger el chisme que les regalaron, ratificaron el mensaje en sus interesantes intervenciones. La candidata a las elecciones municipales de Madrid, Ana Botella, esposa del actual presidente del Gobierno, José María Aznar, fue recibida con abucheos en la Feria de la Solidaridad, en la que participan numerosas organizaciones no gubernamentales, que, como es sabido, en su gran mayoría, son las organizaciones que más dependen del Gobierno. Los chicos de las ONG llevaban camisetas y portaban pancartillas con la leyenda «No a la guerra». Mi pregunta es sencilla y bien intencionada. ¿A qué guerra se refieren todos los supuestos pacifistas coincidentes? Me figuro que será a la guerra del Congo. En tal caso me uno a su campaña.

Porque en Iraq ya no hay guerra. La guerra en Iraq ha durado muy poco tiempo, ha caído el régimen de Sadam Husein y lo que acontece por allí es que se ha iniciado la reconstrucción de una nación mucho más destruida por la corrupción de un régimen tirano que por los bombardeos de los ejércitos ocupantes. Un país cuyas reservas fueron saqueadas días antes del inicio de los ataques aliados por un hijo de Sadam Husein, que se presentó en el Banco de Iraq con un talón de papá por importe de mil millones de dólares americanos. Decir hoy «No a la guerra» en Iraq es una tontería sólo comparable a la intención manifestada por el PNV de movilizar a sus militantes para hacer recuento de los votos nulos de esa plataforma batasuna el día de las elecciones. Contar los votos que no sirven es la mayor gilipollez que se puede hacer en unas elecciones. Es como reunir a decenas de miles de personas para contar las hojas de los castaños del valle de Loyola. ¿Cuántas hojas de castaño hay en el valle de Loyola? «Catorce millones seiscientas sesenta y seis», responderá orgulloso Arzallus. «Lo malo es que ayer se desprendieron de las ramas unos cuantos centenares, por culpa del viento». «Pues ¡hala! a contarlas de nuevo». Y las cuentan.

El «No a la guerra» no tiene cabida ni en el surrealismo más ramplón. Oponerse a lo que no existe es empresa sólo al alcance de los necios. Cuando las tropas americanas ocuparon Bagdad sin apenas resistencia, algunos diputados socialistas y comunistas fueron sorprendidos en los pasillos del Congreso en pleno coro de lamentaciones. Zapatero y Llamazares estaban deseando que la guerra fuera más larga y sangrienta, porque les importaba un rábano la guerra, no así las elecciones. Y prepararon una campaña electoral extensa, sin contar con la fulgurante victoria de las tropas aliadas, y se han quedado en calzoncillos silvestres. Como los de «Nunca máis», que están indignados porque el «Prestige» no suelta ya chapapote desde el fondo de los mares. La mejor noticia para Pepiño Blanco, Beiras y los de «Nunca máis» sería que se hundiese otro petrolero junto a las costas de Galicia. Lo escribo sin un ápice de broma, que en tal caso rebasaría el límite del mal gusto.

La cosa es que los chicos de «No a la guerra», y los no tan chicos, tendrían que cambiar el mensaje. Esas pegatinas están anticuadas. Es como si algunos nos ponemos galletas y pegatinas con la leyenda «Sí a Ingrid Bergman». O sea, que estaría bien, pero sin sentido.

Elecciones bajo coacción
Editorial La Razón 9 Mayo 2003

Intelectuales, políticos, sacerdotes y periodistas de todas las tendencias vienen denunciando que la violencia de persecución que padecen los no nacionalistas en el País Vasco es una merma clara de la libertad de expresión y, por lo tanto, que no se dan las circunstancias democráticas elementales para ejercer el sufragio. Ayer, los juzgados de San Sebastian sufrieron una auténtica avalancha de ciudadanos, elegidos aleatoriamente para ser presidentes de mesa electoral o vocales, con la pretensión de que se les exima de ese deber. Las excusas para conseguir la sustitución legal son variopintas, pero la razón es una sola: el temor a las presiones de los proetarras en el recuento de papeletas.

El ciudadano de a pie en el País Vasco percibe perfectamente esa situación de acoso y, ante su presumible indefensión, prefiere abstenerse de participar en el proceso electoral. Desafortunadamente, se puede votar por correo, pero la ley es clara respecto a los presidente y vocales de mesa: salvo causa de fuerza mayor, todos los designados están obligados a ocupar sus puestos el próximo 25 de mayo.

En este caso, no se puede atribuir la responsabilidad exclusiva al llamado entorno de ETA. El PNV, con sus mensajes y guiños a los batasunos, ha contribuido decisivamente a enrarecer el proceso de elecciones, uno de los puntos fundamentales de la democracia. Las colas en los juzgados son un claro exponente del déficit de libertad.

Carteles desde Vitoria
Por BENIGNO PENDÁS ABC 9 Mayo 2003

Discute la buena gente acerca de la primera foto de los populares en campaña electoral. Unos apuestan por Aznar en la Casa Blanca; otros, por el tradicional cartel de medianoche, opción que reciben con alivio no pocos afines. Extraño país el nuestro, entre el orgullo y el despiste, capaz de dejar en la penumbra al presidente de los Estados Unidos de América. Ni siquiera la lucha contra ETA basta para superar prejuicios. El nostálgico cree de buena fe que la superpotencia nos debe pleitesía. El seudointelectual prefiere al dictador de algún Estado «gamberro». El aprendiz de líder pide más chapas con el «no a la guerra» y en contra del imperio. La opinión inmadura necesita con urgencia debates razonados sobre geoestrategia y teoría de los juegos. Por ahora, dicen los entendidos, no conviene hablar de Bush, no sea que el protagonismo internacional reste votos al partido del Gobierno. Muy extraño, en efecto.

Pegar carteles es un rito encantador. El PP ha preparado 225.000 con fotos de candidatos y 325.000 pidiendo el voto. Mensajes sencillos y convincentes, como exige la democracia de masas. Miradas fijas, perfil sereno, ánimo confiado: así se ofrece el candidato, ídolo (presunto) y prisionero (real) de sus electores durante los días interminables de campaña. ¿Por dónde empezar? La decisión expresa una prioridad. En el País Vasco, sobre todo en Vitoria, está en juego mucho más que la distribución del poder territorial. Hay «un rincón de Europa», cierto es, donde ejercer el voto no constituye una rutina saludable, sino el reflejo del conflicto entre democracia y totalitarismo. Lo dice muy bien el «manifiesto de los doce» y algún otro que se adhiere. Una vez más -ya hemos perdido la cuenta- el terror totalitario secuestra el proyecto histórico de la España constitucional, nos impide pensar y discutir sobre lo que importa por culpa de sus pasiones obsesivas. Nunca les vamos a perdonar porque se llevan sin merecerlo el tiempo y el talento de los mejores. Algún día tendremos que exigir que nos devuelvan la energía dilapidada.

Será algún día, pero todavía es pronto. Defender la senda constitucional, la vida y la libertad de los candidatos y la decencia (pulcritud sería mucho decir) de las elecciones en aquella parte de España se convierte en objetivo capital. Allí se estrena el PP. Obligado a la esquizofrenia; al cambio de adversario; a renunciar a la genuina política local en nombre del debate eterno sobre las esencias. Los demócratas hemos desarrollado una paciencia infinita: Si Arzalluz dice «guerra», nosotros decimos «libertad»; donde Ibarretxe inventa soberanía, hablamos de Constitución y Estatuto; cuando amparan a los terroristas, llamamos al Estado de Derecho. Y así, todas las veces que haga falta.
Ojalá tengamos que hablar lo menos posible de aquella situación excepcional. porque los amantes del pluralismo estamos deseando comentar la doble batalla democrática de Madrid. Las ambiciones de unos y de otros en Baleares o la Comunidad Valenciana, el panorama incierto de Galicia y tantas disputas electorales que prometen emoción y polémica. Será aquí mismo, a partir de hoy. En libertad, como nos gusta a la gran mayoría.

Miseria de los intelectuales
Carlos Semprún Maura La Razón 9 Mayo 2003

Carlos Marx era inteligente y se equivocó. Los marxistas fueron menos inteligentes, pero se equivocaron mucho más. Los residuos, supervivientes de la catástrofe totalitaria, la sopa boba social-burócrata y anticapitalista, no son inteligentes y no se equivocan, mienten. La reciente campaña de «acoso a Bush», como la de «acoso a El País», y prácticamente con las mismas firmas, ha demostrado, una vez más, que el término de intelectual, antaño sinónimo de inteligencia, espíritu crítico y duda permanente, se ha convertido en imbecilidad y servidumbre voluntaria. O empleando un término más castizo: borreguismo. No es que me indignen las opiniones discrepantes y las polémicas, al revés, son el oxígeno de las democracias; ni siquiera me extraña que escritores, artistas, actores, se declaren «partidarios de la paz». ¿Por qué no? Me imagino que también estarán contra el hambre, el Sida y las catástrofes naturales. Lo que me inquieta es la pobreza de sus argumentos, y su sometimiento a una moda, porque es «de izquierdas», y durante un momento fue, o pareció ser, mayoritaria. Resulta confortable y rentable aparentar ser rebelde, y seguir la corriente.

Los intelectuales, bueno, no todos, repitieron como loros que había que dejar tiempo a los inspectores de la ONU, sabiendo que habían sido elegidos por Sadam, con la complicidad de Francia y Rusia, y Hans Blix, en primer lugar; se dijo que los norteamericanos no han encontrado armas de destrucción masiva (están en Siria); se dijo que no existían lazos evidentes entre Sadam y Ben Laden, como si Al Qaeda fuera la única organización terrorista islámica, como si Iraq no hubiera ayudado desde hace por lo menos 25 años a grupos terroristas palestinos (como a otros), a menos que se considere a dichos terroristas como «senderistas luminosos»; se dijo que había otras dictaduras, algunas incluso más peligrosas que Iraq, como hay muchas, no hay que atacar a ninguna, o ¿para qué luchar contra el cáncer, ya que el Sida es tanto o más peligroso? Pues algunos pensamos que hay que luchar contra todas las enfermedades, como contra todas las tiranías, estados y organizaciones terroristas. No necesariamente al mismo tiempo, ni siempre militarmente, pero eso sí, luchar.

Lo más extravagante con nuestros famosos intelectuales, algunos con indudable talento, fue cuando, para demostrar su independencia de espíritu, declararon que desde luego Sadam era un monstruo, nadie le odiaba más que ellos, pero más monstruoso sería atacarle. Algo parecido se ha dicho a propósito de Castro, quien acaba de fusilar a tres balseros (jóvenes negros, para más inri) y a encarcelar con duras penas a una nueva tanda de «delincuentes de opinión». Protestamos, dicen, pero que nadie se meta con el socialismo cubano. Ni con sus jineteras y Varadero. Da asco, pese a que uno ya esté acostumbrado a que tantos intelectuales consideren que un crimen, si es socialista, podrá ser criticado, pero nada tiene que ver ontológicamente con un crimen capitalista. Lo más espeluznante y «orwelliano» es que todos emplean los mismos sofismas, como si en lugar de Stalin, o de Mao, existiera un Gran Ordenador Central, que les dictara por internet sus proclamas.

Tampoco hay que extrañarse demasiado, porque nada de todo esto es nuevo; hace tiempo que muchos intelectuales, considerando que era necesario y rentable «ser de izquierdas», se bajaron los pantalones ante el totalitarismo comunista. Estoy hablando de los intelectuales de aquí, en Occidente, porque en los países comunistas, muchos intelectuales, que sufrían el totalitarismo en sus carnes y en su libre albedrío, fueron los abanderados de la lucha por la democracia, o sea contra Moscú, y no contra Washington, y lo pagaron con la muerte, o largos años de cárcel y de Gulag, mientras que sus colegas occidentales se forraban de derechos de autor y de Premios Nobel, y hasta Concordia (¿a Santiago Carrillo!), por loar a sus verdugos y cantar la felicidad absoluta del socialismo triunfante. No es de extrañar, por lo tanto, si en esta «crisis iraquí», que yo preferiría calificar de batalla ganada por la democracia, tantos intelectuales de la Europa ex comunista, como Adam Michnick, Voslay Havel y otros, mucho más que en España en todo caso, pero es cierto que el panorama intelectual español es de aquelarre, se hayan manifestado claramente en contra de Sadam y apoyado la intervención militar. Ellos saben lo que es el totalitarismo (de izquierdas), lo han sufrido como el pan nuestro de todos los días, no como nuestros progres que estuvieron chupando del bote del franquismo durante años.Y no me refiero únicamente a Juan Luis Cebrián, aunque sea el más bailarín oso del circo.

También se ha dicho, para condenar a Bush, que muchos prestigiosos intelectuales norteamericanos manifestaban su «no a la guerra» como prueba evidente de que Bush era «malo». Para mí es exactamente lo contrario, eso demuestra que es «bueno», o hablando en serio, que los USA siendo una democracia respeta la libertad de expresión, incluso las más estrafalarias, incluso cuando una amplia mayoría de la opinión pública está detrás de su gobierno. Pero no seamos pesimistas, las cosas cambian las opiniones también. Esto se debe a la rápida y magníficamente conducida intervención militar aliada, como a las por ahora inteligentes medidas para permitir que nazca un conato de democracia en Iraq ¬donde jamás existió¬. Y me parece sintomático que el hombre político europeo más popular sea Tony Blair, y no Jacques Chirac. Hace un mes nadie hubiera apostado un duro por Blair. ¿Cómo analiza este hecho el profesor jubilado Felipe González?

A quienes se les ve el plumero
Julián Lago La Razón 9 Mayo 2003

Se les ve el plumero a quienes ignoran el manifiesto «contra la impunidad moral en el País Vasco», firmado por intelectuales europeos y americanos tan poco sospechosos como Günter Grass, Carlos Fuentes, Paul Preston, Vargas Llosa, Nadine Gordiner, Arrabal y Henry-Levy entre otros, que denuncian la opresión sufrida por los ciudadanos no nacionalistas en Euskadi.

Se les ve el plumero a quienes restan importancia a la inclusión de Batasuna en la lista de grupos terroristas del Departamento de Estado USA, consideran que tal registro significa lo mismo que si la hubiera realizado Nicaragua, por ejemplo, y se escudan en que distinto sería si la lista en cuestión la hubiera elaborado la Unión Europea.
Se les ve el plumero a quienes afirman que el Parlamento de Euskadi no está obligado a ejecutar la sentencia del Supremo sobre la deslegalización de Batasuna, entienden que su cumplimiento supone una invasión de la autonomía de la cámara y sostienen que, después de todo, la declaración de fuera de la ley referida a los batasunos no afecta a AuB, pese a que tal grupo parlamentario sea otro «policlonado» de ETA .

Se les ve el plumero a quienes insisten en la llamada «vía política», que no es sino la desagregación del Estado, llámese autodeterminación, soberanismo o independencia, insisten en hacer paralelismos históricos entre Irlanda del Norte y el País Vasco y critican la reformada Ley de los Partidos por cuanto suponen de limitación de los Derechos Constitucionales de asociación política.

Se les ve el plumero a quienes olvidan los catorce años de gobierno nacionalista sin haber conseguido erradicar la violencia sino más bien todo lo contrario, calificaron como mal menor inevitable a la kale borroka, que por cierto prácticamente se ha extinguido gracias a las reformas legislativas, y se fuman un puro con los hechos probados de las sentencias del juez Garzón, o de cualquier otro magistrado de la Audiencia Nacional, sobre la relación de Batasuna con el crimen organizado.

Se les ve el plumero a quienes subvencionan a las gestoras etarras, se muestran desde los púlpitos comprensibles con los crímenes etarras, exaltan, o permiten la exaltación, de terroristas muertos como si se trataran de héroes de un ejército de liberación e inoculan entre la juventud vasca el odio a lo español, a todo lo español, desde las ikastolas.
Se les ve el plumero a quienes se opusieron al Pacto de Estado a favor de las Libertades y contra el Terrorismo, mantienen que la defensa de la Constitución constituye la creación de un frentismo antinacionalista y sostienen que el Estado de Derecho nunca acabará rindiendo a ETA, con lo cual antes o después habrá de negociarse con la banda.
Se les ve, en fin, el plumero a quienes aunque no se atrevan a confesarlo, piensan que la democracia es compatible con la violencia.

Nacionalismo carroñero
Aleix Vidal-Quadras La Razón 9 Mayo 2003

Aunque la política nunca ha sido un reino angélico y en la pugna por el poder no se pueden aplicar exactamente las mismas reglas que en otros órdenes de las relaciones interpersonales, hay ocasiones en que determinadas maniobras orientadas a ganar elecciones sobrepasan cualquier límite y producen una náusea incontenible. No se trata del dilema provocado por la distinción clásica que hizo Max Weber entre ética de los principios y ética de las responsabilidades, sino de estrategias desaprensivas que desprecian los más mínimos escrúpulos con tal de alcanzar sus fines.

Tanto el Partido Nacionalista Vasco como Eusko Alkartasuna han venido oponiéndose sistemáticamente a las iniciativas conjuntas de los dos grandes partidos nacionales para neutralizar a Batasuna e impedir que el dinero del contribuyente acabe en manos del crimen organizado. Desde el mismo inicio del proceso parlamentario y jurídico que ha culminado afortunadamente en la ilegalización del brazo institucional de la banda terrorista, la cúpula nacionalista vasca no ha cesado de manifestar su rechazo a tan saludable medida, de defender con todo tipo de argumentos el derecho de los asesinos a cobrar del erario público, de presentar lo que no es sino un acto de elemental justicia como un ataque a la democracia y al pluralismo, y de prestar apoyo moral a un grupo de delincuentes que viven del vandalismo y la tortura.

Por supuesto, han seguido manteniendo de manera ostensible cordiales relaciones con los dirigentes de esta mafia sanguinaria, han sostenido con sus votos a no pocos alcaldes batasunos incluso después de alevosos atentados jaleados y disculpados por esos mismos que gobiernan con su apoyo y se han negado a disolver los grupos municipales etarras ilegalizados en los consistorios bajo su control, además de permitir que el grupo parlamentario liderado por el siniestro Otegi conservara sus subvenciones y prebendas en la Cámara autonómica.

En una muestra extrema de virtuosismo maquiavélico, han coqueteado hasta el último minuto con la posibilidad de ayudar a ETA a contar papeletas atribuidas a AuB, las nuevas siglas de la organización terrorista concebidas para burlar la ley.

Sin embargo, anteayer se han quitado por fin la careta. Tanto el portavoz del PNV como el de EA han declarado que se desentienden de la suerte que puedan correr las listas ilegales de ETA y que los comicios deben celebrarse tal como está previsto. En otras palabras, que agotados los gestos de complicidad y halago a los votantes radicales, ha llegado la hora de recoger las nueces. Primero se alimenta el terror y cuando la reacción del Estado de Derecho lo aparta de la mesa del juego democrático, se corre a devorar la pitanza abandonada por las fieras en su huida. El nacionalismo sedicentemente democrático muestra así su verdadero y repulsivo rostro de nacionalismo carroñero.

Y todavía les apoyan
Ramón Villota Coullaut Libertad Digital  9 Mayo 2003

Garzón vuelve a su idea de embargar las cuentas de Batasuna para que ésta pague por los estragos de la kale borrroka, EEUU incluye a Batasuna dentro de la lista de grupos terroristas y el Tribunal Constitucional ratifica que AuB, como sucesora de Batasuna, no puede presentarse a las elecciones del 25 de mayo. Pero el PNV como si nada, sigue impidiendo la disolución del grupo parlamentario Sozialista Abertzaleak (SA) en el Parlamento Vasco. Todo hasta que el Tribunal Supremo dicte una nueva providencia en la que expresamente mencione a SA. Parece que hay quien tiene dudas sobre que ese grupo parlamentario, formado exclusivamente por miembros de la extinta Batasuna, sea sucesor de ese partido político.

Pero esa falta de voluntad en ayudar en la lucha contra el terrorismo se plasma mucho mejor en las ideas sobre la soberanía parlamentaria que ha defendido reiteradamente Atutxa. Hasta el momento, el PNV esta utilizando criterios formales para no ejecutar la sentencia del Tribunal Supremo, pero cuando dicho Tribunal le notifique que debe disolver a SA tendrá dos opciones: plegarse a la voluntad del Tribunal Supremo o entrar en la ilegalidad.

Y la famosa soberanía parlamentaria que utiliza Atutxa como coartada no consiste en hacer caso omiso de las resoluciones judiciales. No está de más aquí recordar el artículo 118 de la Constitución, que dice: “Es obligado cumplir las sentencias y demás resoluciones firmes de los Jueces y Tribunales, así como prestar la colaboración requerida por éstos en el curso del proceso y en la ejecución de lo resuelto”. Así, la imaginativa idea de utilizar la soberanía parlamentaria en contra del cumplimiento de una resolución judicial rompe la división de poderes, aunque, todo hay que decirlo, la formulación de Montesquieu es muy posterior a los ancestrales orígenes del pueblo vasco.

Con este precepto constitucional y los artículos 410 y 411 del Código Penal –relativos a la desobediencia de autoridades y funcionarios públicos “que se negaren abiertamente a dar el debido cumplimiento a resoluciones judiciales, decisiones u órdenes de la autoridad superior, dictadas dentro del ámbito de su respectiva competencia y revestidas de las formalidades legales”– no hay ningún conflicto de competencias ni necesidad de cambiar el Reglamento de la Cámara Vasca. La única obligación legal que hay que hay es la cumplir una resolución judicial. Porque no hay duda de que la Sala VI del Tribunal Supremo ha actuado de conformidad con las atribuciones que la Ley Orgánica de Partidos Políticos le ha dado para hacer ejecutar sus propias sentencias. De esta forma, en su artículo 12 la indicada Ley Orgánica dice: “Corresponde a la Sala sentenciadora asegurar, en trámite de ejecución de sentencia, que se respeten y ejecuten todos los efectos previstos por las leyes para el supuesto de disolución de un partido político”. Más claro no se puede decir. Pero hay que agarrarse a algo para defender lo indefendible.

Terrorismo
José Javaloyes La Estrella 9 Mayo 2003

Sigue apurando José María Aznar, después en Washington y antes en Nueva York, en la Casa Blanca y Naciones Unidas, respectivamente, la lógica de su respuesta al terrorismo segregado por el nacionalismo vasco. Prometió que los etarras y sus cuates se enterarían, y a ello sigue aplicando el centro de sus esfuerzos, haciendo cuanto cree que es menester para lo mismo, en política nacional y en política exterior; aunque los esfuerzos realizados no reciben siempre el mismo premio. El representante británico en el Consejo de Seguridad, lo mismo que el representante sirio, aportaron observaciones al problema terrorista que fueron del todo razonables; principalmente, la que concierne al propio concepto de terrorismo. Podría valer una aproximación de mínimos al problema; una aproximación por el escenario que más nos afecta a los españoles: el escenario vasco. Sería definición de validez quizá general aquella que lo considerara como práctica violenta, contra las personas y los bienes, destinada a imponer un criterio político en ámbitos institucionales en los que existe libertad suficiente para defender ese criterio o cualquiera otro, e incluso para hacerlo prevalecer. En ese sentido, serían también responsables de ese terrorismo quienes, políticamente, esperan u obtienen beneficio de los efectos colaterales de la actividad terrorista.

Tan terroristas como los etarras son las envejecidas guerrillas que operan en las selvas y las montañas de Colombia, por más que su hibridación con el narcotráfico difume sus perfiles de estricta criminalidad política (concepto éste de único curso legítimo en las democracias, ajeno por tanto a la retórica y a la escolástica del totalitarismo comunista, por ejemplo el cubano). Ese bandolerismo colombiano, capaz de enfrentarse y resistir al Ejército – como ocurría en Angola con la guerrilla de Jonás Savimbi, que traficaba con diamantes en vez de hacerlo con cocaína – es sobradamente acreedor de un tratamiento internacional, aunque a otra escala, como el logrado por Aznar para los etarras. Pero lo que no es aceptable, ante lo conseguido en Washington contra el nutriente batasuno del nacionalismo vasco, es la calderilla dialéctica con que se ha descolgado el portavoz socialista en el Congreso de los Diputados. Hace falta una carencia superlativa de tacto para nombrar la soga en la casa del ahorcado y reprochar a Aznar la “inmoralidad” de conseguir la inclusión de Batasuna en las nóminas norteamericanas del terrorismo al precio de una guerra (la de Iraq), cuando, en tiempos españoles de democracia, la única guerra ilegítima e inmoral que se ha hecho al terrorismo ha sido la que se llevó adelante en los sabidos episodios de terrorismo de Estado, antes de que Aznar alcanzara la responsabilidad de gobernar. Un logro acaso derivado, en importante medida, de aquellas eficacias

Pero aquí, todo sea dicho, lo que pudiera estar ocurriendo es que se camine ya hacia el ataque de nervios por parte de quienes, con tan grande provecho a plazo inmediato, encabezaron las manifestaciones y protestas de indignación popular por las guerra de Iraq. Esa indeseada réplica de los atentados terroristas del 11 de Septiembre del 2001, está cambiando muchas cosas sobre la faz de la Historia. Muchas cambios a mal, pero otras a bien; como, por ejemplo, la inclusión de HB, sus precedentes y consecuentes, en los circuitos norteamericanos de información y alerta. Desde lo conseguido en Washington, la política española, por vía de las elecciones locales y autonómicas, camina hacia un test morrocotudo.    jose@javaloyes.net

HB, en el saco negro
José Cavero El Ideal Gallego  9 Mayo 2003

La alianza de España con EEUU tiene origen en el ataque de Al Qaeda contra las Torres Gemelas, y en la habilidad de Aznar, desde el primer momento, de sumarse a los propósitos de Bush de acabar con el terrorismo allí donde ejerza o se esconda. La búsqueda infructuosa de Bin Laden, y los ataques implacables sobre Afganistán fueron las primeras fases de esos propósitos, e Irak ha sido el paso siguiente.

Aznar, desde el primer momento, pretendió que ETA apareciera en la relación de las organizaciones terroristas internacionales. Y pronto comprobó que la erradicación y laminación de la banda hacía imprescindible la paralela extinción de su brazo armado, Batasuna y sus sucesivos nombres: HB, EH. Sozialista Abertzaleak o AuB. Y Jarrai, Gestoras, Ekin, o las herriko tabernas. Todo es igual, todo es lo mismo con distintas denominaciones. A la postre, todo es ETA y todo obedece a un mismo propósito, a la misma estrategia e incluso al mismo estratega y mando.

Desde ese pensamiento, Aznar, con la ayuda de su mayoría absoluta y de la Audiencia Nacional, el Supremo y el Constitucional, avanza sin pausa. Y que su amigo Bush haya incorporado a Batasuna en la lista de las organizaciones terroristas, sólo ha sido cuestión de constancia y de tiempo. Le falta completar su tarea de hacer que esas listas de los indeseables con cualquier sigla terrorista las adopte también la ONU, y ha dado ya el primer paso con su intervención en el Consejo de Seguridad, por más que todavía deba superar, en este campo, algunas salvedades y la necesidad de afinar un poco más, por ejemplo, en definiciones, que le exigen sus propios socios europeos, Francia, Alemania e Inglaterra.

La Vieja Europa hila más fino en cuestiones procedimentales y en teorías jurídicas, y la que más y la que menos ha comprobado que el terrorismo inicial, con alguna frecuencia, se ha llegado a transformar en estados anticolonialistas... Por lo que procede actuar con prudencia y cautela.

En la lista a la que se acaba de añadir Batasuna hay, sobre todo, y por igual, grupos de extremistas islámicos o de nacionalistas palestinos, tales como Abu Nidal, Abu Sayaf, Mártires de Al Aqsa, Al Qaeda, GIA, Hamas, Al Yihad, Abu Abbas, Frente Popular de Liberación de Palestina, las FARC y el ejército de liberación nacional colombianos, el Sendero Luminoso peruano, los salafistas argelinos...

Todos están en el mismo saco americano, pero a más de un experto le podría repugnar esa mezcolanza e idéntico rasero para todos. Aznar coincide con Bush en el “café para todos”: la extinción general de cuantos grupos, en algún momento, han empleado, y hasta podrían emplear, la violencia en la búsqueda de sus propósitos.

Manifiesto contra el crimen
ALFONSO DE LA VEGA La Voz  9 Mayo 2003

UN GRUPO de intelectuales de varios países (Arrabal, Bryce, Burleigh, Flores d¿Arcais, Fuentes, Gordimer, Goytisolo, Levy, Monsivais, Preston, Vargas-Llosa y Vattimo) acaba de firmar un manifiesto en el que denuncia la barbarie nacionalista en las Vascongadas: «Aunque ciudadanos del País Vasco sean asesinados por sus ideas, y miles hayan sido mutilados o trastornados, los atentados se realizan y celebran en una penosa atmósfera de impunidad moral propiciada por las instituciones nacionalistas y por la jerarquía católica vasca». En una suerte de nuevo Holocausto nazi, «aunque parezca mentira: hoy los candidatos de los ciudadanos libres del País Vasco están condenados a muerte por los mercenarios de ETA y condenados a la humillación por sus cómplices nacionalistas».

Por ello, y en defensa de los españoles oprimidos por los nacionalistas, concluyen que «aunque sea frecuente la tentación de ignorar lo que sucede, pedimos a los ciudadanos europeos que el próximo 25 de mayo declaren el estado de indignación general: en memoria de las víctimas que en el País Vasco mueren por la libertad, en honor de los que hoy mismo la defienden con el coraje que un día no muy lejano conmoverá a Europa».

Amén, que significa así sea. Pero ojalá que también todas las instituciones españolas defiendan igualmente la libertad.

Cita en libertad
Editorial El Correo  9 Mayo 2003

Hoy comienza la campaña oficial para las elecciones municipales y autonómicas del próximo 25 de mayo. Desde el momento en que se restableciera la democracia, ésta es la séptima ocasión en la que los españoles son llamados a las urnas para elegir a sus alcaldes y concejales. Al mismo tiempo, serán votados los miembros de los parlamentos autónomos, con excepción de las cámaras legislativas de Euskadi, Cataluña, Galicia y Andalucía. Más allá de su carácter local o territorial, estos comicios han adquirido una dimensión netamente política. Recientes acontecimientos como la catástrofe del 'Prestige' y la guerra en Irak, que han contribuido a extremar las diferencias entre el PP como partido de gobierno y el resto de las opciones parlamentarias, han llegado hasta las puertas de la campaña. Junto a ello prevalece la impresión generalizada de que nos encontramos ante la primera vuelta de las legislativas previstas para marzo de 2004.

No es conveniente que los asuntos de política general acaben impidiendo la exposición de las posturas y alternativas que cada candidatura local o autonómica presenta para su ámbito. Pero aún resulta más deplorable que la confrontación política en España alcance los niveles de polarización y descalificación a que ha llegado estas últimas semanas. Es ésa la primera responsabilidad que atañe a los representantes políticos: su obligación de presentar las diferencias como muestra de la pluralidad ante una sociedad democráticamente madura, renunciando a la exclusión del adversario, a la caricaturización de sus intenciones o a reverdecer en él estigmas que no tienen cabida en una sociedad tolerante. Por acuciante que sea la perspectiva de un nuevo y crucial examen electoral a la vuelta de un año, la sociedad no se merece que sus representantes utilicen el tiempo que resta para destejer el clima de coincidencia básica en que ha podido afianzarse nuestra democracia.

En lo que a Euskadi se refiere, estas elecciones permitirán comprobar si se mantiene o no la tendencia hacia un mayor equilibrio electoral entre el nacionalismo y el no nacionalismo. Resulta evidente que el objetivo inmediato que persigue el nacionalismo gobernante es situar los resultados del 25 de mayo en línea con el triunfo obtenido por Ibarretxe hace ahora dos años, en las autonómicas del 13 de mayo de 2001. Paradójicamente, aquella fue también la ocasión en la que la opción constitucionalista se hizo más visible y se situó más cerca de la alternancia. De ahí que la del 25 de mayo sea una nueva oportunidad que se les presenta a las formaciones no nacionalistas para demostrar el arraigo de sus convicciones morales y políticas en la sociedad vasca.

Si en el resto de España resulta difícil rescatar los asuntos municipales y autonómicos del enconado debate político, tal propósito parece imposible en el caso vasco. Máxime cuando la conflictividad es, en gran medida, consecuencia de la sistemática vulneración de los más elementales derechos y afecta a aspectos básicos de la convivencia en libertad. Resulta inimaginable que la contienda electoral atempere la confrontación; como sería poco menos que demagógico apelar al entendimiento, sin más, en una tierra donde los proyectos políticos del nacionalismo y del no-nacionalismo son tan incompatibles. Pero a pesar de ello es obligación de los candidatos y de los líderes políticos exponer sus propuestas o críticas evitando los excesos y el recurso a la exageración en un país suficientemente angustiado porque la división política pueda derivar en fractura social.

Tras sucesivas sentencias judiciales, la izquierda abertzale se encontraba anoche desalojada del espacio de la legalidad en vísperas electorales. Su empecinamiento en brindar cobertura política al terrorismo y los indicios de dependencia respecto al dictado de ETA han desembocado en la ilegalización de las formaciones y agrupaciones de electores que constituyen una «sucesión operativa». Hasta hace tan sólo unas semanas esta cita electoral era descrita a través del dramático testimonio de electos o candidatos constitucionalistas, víctimas de la persecución y la coacción terrorista. Dicha amenaza pende todavía sobre la vida y la tranquilidad de quienes han decidido hacer patente su compromiso político con el PP o con el PSE-EE. Pero el Estado de Derecho ha introducido un cambio sustancial respecto a tan irrespirable situación: ha dejado fuera del amparo de la legalidad y del cobijo institucional a quienes jalean, secundan o justifican semejante barbarie. En esta campaña podrá discutirse todo, incluidas las mencionadas sentencias. Pero la contestación a la actuación de los poderes del Estado en ningún caso podrá convertirse en medio para perturbar el proceso electoral, y mucho menos para violentar la voluntad del electorado. Las instituciones responsables de garantizar el desarrollo normal de la campaña y la participación libre de los ciudadanos tienen encomendada, esta vez, una tarea ineludible: impedir que surja un ámbito de impunidad para el delito electoral.

«No les basta con matar, tienen que echar basura»
J. P. ABC 9 Mayo 2003

MADRID. A partir de hoy ABC publica el testimonio de ciudanos que sufren la barbarie de ETA.

«El vía crucis de la víctima es largo, no conoce fin». Lo dice, por propia experiencia, José Javier Uranga. Su calvario particular comenzó el 22 de agosto de 1980, a las puertas del periódico «Diario de Navarra», que entonces dirigía. «Vi cómo un joven avanzaba hacia mí, se abrió el anorak, sacó una metralleta y me disparó una ráfaga. Después, con la intención de rematarme, se acercó una mujer y vació el cargador de su pistola. Me protegí como pude con las manos». Este movimiento insistintivo le salvó la vida, cuando se le daba por muerto, porque algunos de los 25 proyectiles que recibió le impactaron en los antebrazos, y no en órganos vitales.

Uranga tuvo que someterse a diez intervenciones quirúrgica y recibió el alta médica tras permanecer once meses ingresado en el hospital. «Pero el sufrimiento no acabó ahí», insiste. «A las víctimas que sobrevivimos se nos calumnia. No les basta con matar, tienen que echar basura». Antes de sufrir el atentado, «Diario de Navarra» había sido objeto de una campaña emprendida por los proetarras y por los nacionalistas vascos «porque defendíamos Navarra como una comunidad con personalidad propia». José Javier Uranga, además, fue víctima en una época que, afortunadamente, parece ya prehistórica, cuando «a los muertos se les ocultaba», con funerales en la clandestinidad, y «a los supervivientes se nos aparta en el olvido». Cuando pudo, y venció la tentación de abandonar, volvió a su periódico. «Si me hubiera ido sería como si ETA me hubiera matado».

Pero «los padecimientos no acaban», repite una vez más Uranga, que parece condenado a recordar en cámara lenta las secuencias del atentado. Demasiadas noches de insomnio en las que regresan las imágenes de sus asesinos frustrados, de los fogonazos. Transcurridos 22 años, sigue recibiendo amenazas. «El sufrimiento es eterno», no se cansa de repetir Uranga.

Por otra parte, el etarra Ignacio Javier Bilbao Goikoetxea volvió a amenazar ayer en su despacho al juez Baltasar Garzón, advirtiéndole de que le va a pasar «lo mismo que a Carrero Blanco», Este etarra protagonizó un incidente similar el pasado 17 en otra declaración ante el mismo magistrado.

UGT denuncia la pasividad de Ibarretxe ante el acoso nacionalista que sufren en el País Vasco
EFE Libertad Digital  9 Mayo 2003

El secretario general de UGT-Euskadi, Dámaso Casado, ha dicho en la sede de este sindicato en Mondragón atacada en la madrugada del jueves con cócteles molotov, que "hay demasiados del mundo nacionalista que están incitando a que todo el que no sea nacionalista no pueda expresarse y trabajar en libertad".

Casado condenó, en una conferencia de prensa junto con el secretario de Organización de UGT del País Vasco, Modesto Martínez, y la responsable en el Alto Deba, Maite Aliste, el ataque perpetrado esta madrugada contra la sede de este sindicato en Mondragón, que sufrió "daños cuantiosos" en dos de sus despachos.

El dirigente sindical vasco afirmó que tiene la impresión de que "para algunos del mundo nacionalista lo que dice UGT en los centros de trabajo parece que no es demasiado cómodo y bien visto", al tiempo que opinó que el Gobierno Vasco "no está haciendo lo necesario para garantizar la libertad y la actividad" de esta organización obrera.

Casado advirtió a los "fascistas y mafiosos" que atacaron la sede de que UGT "no se va a acobardar" por este sabotaje, que, según dijo, "no es un hecho aislado" sino que "está relacionado con los ataques que está sufriendo en los últimos meses" esta central, sin que haya habido "una respuesta o explicación de la Consejería de Interior del Gobierno Vasco".

"Exigimos al Gobierno Vasco, que es el que tiene que hacer cumplir que tengamos garantía de protección, que detenga lo más rápidamente a estos mafiosos, para que paguen y no sean impunes por los hechos delictivos que permanentemente se están produciendo", agregó el secretario general de UGT-Euskadi.

Recordó que UGT, que "lleva 115 años en el País Vasco", ha pasado "por momentos difíciles, siempre luchando por la libertad" y lamentó que durante los últimos 25 años su organización se haya visto obligada a "seguir luchando" porque "no todos tenemos las mismas garantías y libertades".

Del Castillo ve "inexplicable" que el PSOE pida la retirada de las 4 horas semanales de castellano
EFE Libertad Digital  9 Mayo 2003

La ministra de Educación y Cultura, Pilar del Castillo, declaró este jueves en Pamplona que le parece "inexplicable" que el PSOE pida la retirada del decreto de desarrollo de la Ley de Calidad, que establece un mínimo de cuatro horas semanales en Primaria de Lengua Castellana.

Tras reconocer que desconocía la petición formulada por los socialistas en ese sentido, al ser preguntada por los medios de comunicación sobre esta cuestión manifestó que "me parece inexplicable y no encuentro fundamento alguno a esa petición, a no ser que el PSOE quiera que las oportunidades para el conocimiento de la lengua castellana sean menores en unas comunidades que en otras".

Del Castillo, quien se pronunció en este sentido en la Universidad de Navarra, donde presidió la investidura de nuevos doctores, incidió en que "en este proyecto de decreto se establecen aquellos requisitos que permiten que la lengua castellana se aprenda el número de horas que dice la norma que tiene que aprenderse", algo que, según dijo, no sucede en la actualidad en algunas comunidades.

Tras recalcar que "se trata de que todos los alumnos de todas las comunidades de España tengan la misma oportunidad para aprender bien y sólidamente la lengua castellana", puntualizó que esto "no entra en contradicción con el hecho de que también tienen, también deben y también es obligación de las administraciones educativas garantizar las condiciones para que aprendan la lengua cooficial allí donde hay una lengua cooficial".

Fracaso escolar
Por otra parte, la ministra hizo referencia a las cifras de fracaso escolar conocidas recientemente, según las cuales el nivel medio de España, con más de un 25 por ciento en la Enseñanza Secundaria Obligatoria, supera la media europea (19 por ciento). Recalcó al respecto que el "fracaso escolar es la gran asignatura pendiente de nuestro sistema educativo y de nuestra sociedad", por lo que apuntó que "lo que tienen que hacer las administraciones educativas es establecer las mejores condiciones posibles para que el sistema educativo permita prevenir y combatir eficazmente el fracaso escolar".

En su comparecencia, la ministra comentó que de aquí al principio del verano estará listo el decreto por el que se establece el sistema europeo de créditos y el sistema de calificaciones en las titulaciones universitarias de carácter oficial y validez en todo el territorio nacional.

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