AGLI

Recortes de Prensa     Domingo 11 Mayo  2003
Reconocimiento a Francia
Editorial La Razón 11 Mayo 2003

Los «amigos» del País Vasco francés
J. P. QUIÑONERO ABC 11 Mayo 2003

Francia, también contra ETA
Editorial ABC 11 Mayo 2003

El encantamiento
ANTONIO ELORZA  El Correo 11 Mayo 2003

Hablando de muertes
JAIME CAMPMANY ABC 11 Mayo 2003

Las diversas formas del cansancio
PABLO PLANAS ABC 11 Mayo 2003

Las razones de Atutxa
EDITORIAL Libertad Digital  11 Mayo 2003

Elecciones locales
José Luis Manzanares La Estrella 11 Mayo 2003

Setién
Cartas al Director ABC 11 Mayo 2003

La campaña electoral etarra
Editorial El Ideal Gallego 11 Mayo 2003

A pesar de todo
CARMELO BARRIO BAROJA El Correo 11 Mayo 2003

Se engañan
Cartas al Director El Correo 11 Mayo 2003

La Policía detiene en Francia a la responsable del «aparato militar» de ETA y a otros tres terroristas
BAYONA. ABC 11 Mayo 2003

Candidatos de UPN y PSN reciben cartas amenazantes de los proetarras por su apuesta genocida
EFE Libertad Digital  11 Mayo 2003

«Asesinos, pero hijos predilectos de su pueblo»
J. P. ABC 11 Mayo 2003

Ovejas olvidadas
RAMÓN RODRÍGUEZ ARRIBAS ABC 11 Mayo 2003

Beristain, premio Covite, replica a Setién que el silencio ante ETA puede ser «delito»
JORGE SAINZ/SAN SEBASTIÁN El Correo 11 Mayo 2003

Cuatro años de inmóvil agitación
J0SÉ LUIS ZUBIZARRETA/ El Correo 11 Mayo 2003

Reconocimiento a Francia
Editorial La Razón 11 Mayo 2003

Pese a las evidentes, y reconocidas, diferencias de opinión en política exterior mantenidas por los gobiernos de Francia y España, hay que reconocer que la colaboración francesa en la lucha contra el terrorismo etarra no sólo no ha sufrido merma alguna, sino que se intensifica y mejora con el tiempo. Las detenciones de ayer, fruto de una larga investigación conjunta entre los servicios de información policiales de ambos países, gana en perspectiva si se recuerda que son ya 17 los presuntos terroristas de ETA capturados en territorio galo en lo que va del presente año.

También ha mejorado mucho la colaboración en el ámbito judicial, donde las antiguas reticencias han dado paso, como no podía ser de otra forma, al reconocimiento del sistema jurídico español como plenamente democrático e, incluso, más garantista que el francés. Son buenas noticias. Si los terroristas pudieron pensar que las diferencias franco-españolas en la crisis iraquí iban a darles un respiro, han visto que se equivocaban. No hay tregua posible contra el terror.

Todas los servicios de Información coinciden en afirmar que la banda etarra atraviesa uno de sus peores momentos de debilidad, dentro y fuera de España. Tiene capacidad para seguir matando, de eso tampoco hay duda, pero las consecuencias de la política de firmeza en todos los ámbitos seguida por el Gobierno y respaldada por el PSOE está dando sus frutos.

Los «amigos» del País Vasco francés
J. P. QUIÑONERO ABC 11 Mayo 2003

PARÍS. Entre los detenidos de Saintes, el francés Thierry Idiart subraya un aspecto que inquieta profundamente en París y contribuye a ahondar las relaciones antiterroristas hispano-francesas: la existencia de etarras franceses, que sirven de «puente» entre la banda terrorista y una sólida red de apoyos situados en el departamento de los Pirineos Atlánticos, entre los que se encuentran respetables eclesiásticos, eficaces cooperativas, sin olvidar la «tapadera» del millar de benévolos enseñantes del euskera.

El enfriamiento relativo de las relaciones Madrid-París no ha afectado significativamente al diálogo policial muy intenso, que ha permitido detener a 17 miembros de ETA a lo largo de 2003. El diálogo policial diario funciona con eficacia para ambas partes desde hace años.

Y los riesgos de extensión a territorio francés de la violencia terrorista sólo favorecen esa cooperación antiterrorista. Thierry Idiart, huido y en la clandestinidad desde hace meses, forma parte de un núcleo de etarras de nacionalidad francesa, integrados en la organización con misiones y responsabilidades propias. Los etarras franceses prestan para la banda etarra misiones muy variadas: robo de vehículos, cobertura de prófugos perseguidos por la policía, facilitar la localización y utilización de lugares de refugio, alquiler de pisos y casas, oficinas de «intermediarios» con algunas empresas, organizaciones, congregaciones eclesiásticas y asociaciones culturales que prestan a ETA una ayuda inestimable.

Esas maniobras inquietan al gobierno francés, que no desconoce esas relaciones y «puentes». La gran mayoría de los alcaldes y concejales que han vuelto a pedir, recientemente, la creación de un departamento vasco-francés, son personajes muy respetables. Pero algunos de ellos tienen entre sus colaboradores más directos a simpatizantes próximos a organizaciones que no ocultan sus simpatías por ETA. Hoy se espera la participación de 60.000 personas, francesas y españolas, para celebrar en Saint-Pée treinta años de «lucha a favor de las ikastolas». Entre ese público habrá muchos simpatizantes franceses de ETA. Thierry Idiart, detenido ayer, y algunos de sus familiares, militaban desde hace años en algunas de esas organizaciones. Entre los organizadores y participantes se encuentran, así mismo, algunos eclesiásticos franceses que eran accionistas del diario Egunkaria, cerrado el mes de febrero pasado. Los sacerdotes vasco-franceses reunidos en la asociación Herriarekin eran accionistas de Egunkaria e hicieron, hace poco, varias declaraciones afirmando que preferían creer antes a los etarras encarcelados que a los ministros español o francés del Interior.

Francia, también contra ETA
Editorial ABC 11 Mayo 2003

LA detención de cuatro etarras cerca de Burdeos es una noticia que merece una lectura más amplia que la que se enmarca en la lucha antiterrorista. En este plano, la detención de Ainhoa García Montero, jefe de los «comandos» de la banda, es un nuevo golpe a la cúpula de ETA, objetivo permanente de las últimas actuaciones policiales conjuntas en suelo francés. La información entre ambos Gobiernos fluye con rapidez y su eficacia ha aumentado de forma sensible desde la cumbre de Perpiñán, en la que se establecieron mecanismos bilaterales de cooperación judicial, como el acceso inmediato a la documentación incautada, la entrega temporal para enjuiciamiento de los terroristas por los Tribunales españoles y la denuncia oficial, que permite juzgar con prioridad los delitos más graves cometidos en el otro país por el detenido.

Francia sigue comprometida con España en la erradicación del terrorismo, lo que para Europa es un ejemplo de colaboración y de definición de un verdadero espacio de seguridad, libertad y justicia. La presión francesa se suma a las decisiones del Supremo y el Constitucional de ilegalización del frente político y electoral de ETA y a la larga cadena de desarticulaciones y detenciones realizadas por las Fuerzas de Seguridad. La banda no tiene respiro y la falta de expectativas empieza a hacer mella en algunos destacados terroristas, como ayer informaba ABC en relación con Zaldúa Corta y Fuentes Villota. Ambos habrían comunicado a la dirección etarra su intención de abandonarla. Esto no es fruto de la casualidad, ni de una buena racha de la policía, sino de la decisión estratégica del Gobierno de combatir a ETA en todos sus frentes, incluidos aquellos que parecían vedados a la acción del Estado.

No cabe duda de que el Gobierno está respaldado por el PSOE en la lucha contra ETA y de que el Acuerdo por las Libertades y contra el Terrorismo es un pacto de Estado insustituible para afrontar el desafío de la banda terrorista y la deslealtad del PNV. Pero, precisamente, este comportamiento del PSOE es lo que hace incomprensible que ahora utilice el terrorismo para enfrentar al Gobierno español con Francia y despreciar la colaboración de Estados Unidos. Decir, como afirmó ayer el secretario de organización del PSOE, José Blanco, que la cooperación francesa contra ETA ha sido incondicional y que no ha necesitado una guerra es un argumento falaz. Primero, porque estuvo precedido, en boca de destacados socialistas, de una tesis contraria; ahora la detención de los cuatro etarras desmiente lo que la oposición predijo sobre los riesgos que corría la cooperación de Francia contra ETA por culpa de las divergencias sobre la guerra de Irak. Esto sí era poner precio a la colaboración contra ETA. Segundo, porque a este nivel actual de colaboración se ha llegado después de superar los duros tiempos en que Francia concedía asilo político o estatuto de refugiado a los etarras, denegaba sus extradiciones y consentía que su suelo fuera un santuario logístico de la banda terrorista. Ya es impropio, por sí mismo, destacar que la colaboración con Francia es incondicional, pero ¿habría sido admisible que no lo fuera? Por el contrario, esa colaboración que hoy celebramos justamente es también un desagravio histórico y moral con un Estado democrático, principal socio comercial y copartícipe en el gran proyecto europeo.

EN cuanto a Estados Unidos, el PSOE está proyectando el desenfoque político de la guerra sobre la valoración de la cooperación antiterrorista del Gobierno de Bush, lo que ya es negar evidencias tan incontestables como que la Administración estadounidense tenía incluida a ETA en la lista del Departamento de Estado de organizaciones terroristas antes de que hiciera lo propio la Unión Europea en diciembre de 2001. Entonces no había guerra contra el régimen de Sadam Husein. Y lo mismo ha hecho Bush con Batasuna, hace unos días, adelantándose nuevamente a Bruselas.

Lo esencial, en cualquier caso, es no mezclar debates y que toda la comunidad internacional comparta esa aspiración esencial de terminar con el terrorismo.

El encantamiento
ANTONIO ELORZA /CATEDRÁTICO DE PENSAMIENTO POLÍTICO DE LA UNIVERSIDAD COMPLUTENSE El Correo 11 Mayo 2003

Tanto en sus orígenes como en los últimos años, el nacionalismo vasco descansa sobre la invención de una memoria selectiva. Toda ideología política o social supone una cuidadosa revisión de los aspectos del pasado que pudieran cuestionarla y potenciar como contrapartida aquellos que apuntalan su contenido. Así, el bombardeo de Gernika constituye un referente espléndido a la hora de legitimar las aspiraciones nacionalistas, siendo lógicamente evocado una y otra vez; en cambio, a los mismos efectos conviene cubrir con un tupido velo los tratos posteriores con los fascistas italianos que desembocan en el vergonzante episodio de la rendición de Santoña. Nada hay que objetar. Muchos movimientos políticos del siglo XX han sufrido ese tipo de oscilaciones pendulares y proceden de la misma manera con el fin de obtener de la Historia un aval y no un descrédito. A los historiadores toca poner las cosas en su sitio.

Pero una cosa es moldear la memoria y otra bien distinta tratar de imponer, como aquí ocurre, una visión mítica. Presentar la historia contemporánea en forma de una continuada agresión de España a los derechos de Euskadi. Ignorar las consecuencias institucionales de la vinculación a Castilla, y en consecuencia a España, desde hace más de ocho siglos. Mirar con fe del carbonero al régimen foral como una situación de independencia. Creer que existe una línea recta que genera desde el Neolítico, no ya derechos históricos, sino prehistóricos a la independencia vasca, la cual por consiguiente ha de imponerse a toda costa, digan lo que digan las encuestas al respecto. Sacralizar el idioma como si éste, por más de un siglo minoritario entre los vascos, confiriera un aura de excepcionalidad al colectivo euskaldun. Asentar como artículo de fe que sólo los nacionalistas han hecho, hacen y son capaces de hacer en el futuro política vasca. Falsear la imagen de la Guerra del 36 como si se tratase una guerra de España contra Euskadi. Y, en el fondo de todo, hablar de Euskal Herria como si hubiera sido y fuese en la actualidad un sujeto histórico realmente existente, con 'el milagro' (sic) de un Pueblo, con mayúsculas, homogéneo y poseedor del euskera batua desde el citado Neolítico, el cual, por encima de asechanzas de enemigos e invasiones políticas o demográficas, ha conservado nada menos que una conciencia unitaria a partir de la cual proyecta hoy su exigencia de soberanía política.

El viejo dicho debería modificarse en 'abertzale fededun' con el fin de dar cuenta de esa concepción mítica que sirve de arma contra todos aquellos demócratas vascos que no la comparten y que, en palabras del lehendakari, no ofrecen una alternativa. Sí la ofrecen y bien clara: defender la democracia, encarnada en la Constitución y en un Estatuto reformable, y utilizar todos los medios legales para acabar con el terror. Obviamente, esto no basta para ninguna de las variantes del nacionalismo sabiniano. Ambas comulgan con la misma religión política y son conscientes, como lo fuera hace un siglo Sabino, de que la violencia, en los actos o contra las instituciones, es el único cauce para alcanzar su sueño, la famosa 'ilusión' que como el hada de Peter Pan hizo brillar Lizarra. Hay que imponer una fe, propósito nada extraño para una sociedad con tanto lastre de religiosidad como la vasca, y, al tiempo, sustituir la realidad por el sueño.

La razón de ello es evidente. Para que la sociedad vasca acabe aceptando la disneylandia a la sombra de ETA en que consiste el plan Ibarretxe, resulta preciso sustituir ciudadanía vasca por comunidad de patriotas, olvidar que un Gobierno español no puede aceptar un poder constituyente vasco, ignorar que está en juego la presencia en Europa y dejar de lado la que les espera a los 'españolistas' en el Estado Libre. Con echar siempre la culpa al Gobierno central, atizando más y más una espiral de odio al modo del manifiesto para el Aberri Eguna, el Gobierno vasco y el grupo dirigente del PNV tienen suficiente. Soñemos, pues, con ese país feliz, regido por tecnócratas euskaldunes venidos en línea recta en su mentalidad de la edad de piedra. En el fondo, 'Madril kanpora', y todo irá hacia lo mejor en el mejor de los mundos. Cualquier parecido con la trabajosa y positiva labor de construcción nacional vasca de la era Ardanza es pura coincidencia. Cabe aplicar desde el punto de vista político a Euskadi hoy el diagnóstico que un incipiente economista de 1600 hiciera para España en lo que Pierre Vilar llamó el tiempo del Quijote: «No parece sino que se han querido reducir estos reinos a una república de hombres encantados que vivan fuera del orden natural».

Claro que cuando esos hombres encantados elaboran sus juicios sobre una realidad tan dura como la vasca, marcada por el terrorismo y por una intimidación de tipo nacionalsocialista sobre los ciudadanos no abertzales, su mundo de sueños segrega una mezcla de mentira y de injusticia. Pensemos en el documento que acaban de suscribir cientos de clérigos con el propósito de ganar al Pontífice para la causa de la autodeterminación. «Nosotros, Santo Padre, reprobamos toda clase de terrorismo -dicen- y de manera especial el ejercido desde el poder y dirigido por los Estados». ¿Qué terrorismo de Estado existe aquí y ahora? ¿Saben ustedes que quien existe es ETA? ¿Sus víctimas no les merecen siquiera una mención? Y añaden nuestros curas patriotas que «las violencias terroristas entre nosotros» proceden de la rebelión militar del 36. ¿Han leído ustedes algo de ese Sabino Arana por quien seguramente dirán pronto misas y cuya foto ven colgada en los muros de los batzokis? Para rematar la faena, se atreven a denunciar ante Juan Pablo II nada menos que la vigencia actual de «la represión de la lengua y de la cultura vascas». Como si el País Vasco fuera el Kurdistán turco. 'Pater noster, gezurra laister!' era un aforismo anticlerical que escuché alguna vez dirigido a quien desde tan privilegiado estatus conculcaba la verdad. Pero más allá del rechazo, lo que cuenta es la angustia de pensar que en manos de tales ideólogos se encuentra la siembra de una conciencia de paz en Euskadi.

Afrontar la verdad, respetar el Estado de Derecho y asumir los valores de la democracia parecen aquí tareas imposibles. Hay como un contagio general de ese recurso a la descalificación gruesa del oponente, sobre todo si es gubernamental o constitucionalista, que ha puesto de moda Arzalluz, al estilo Le Pen. Todo menos mirar de frente a la realidad. Recordemos las declaraciones, de Arzalluz primero, y del rector de la UPV luego, sobre los exámenes a los presos de ETA. La reforma, afirma el segundo, es nada menos que «inquisitorial». El rector olvida analizar y exponer los datos que convalidaran o desmintieran el diagnóstico de favoritismo emitido por Gotzone Mora y sus colegas. No es cuestión de dignidad del profesorado de la UPV: nada tiene de extraño que un profesor tiemble antes de suspender a un personaje que cumple una condena por varias muertes. Los números, las calificaciones, hablarán. Si las de los presos son claramente superiores a la media, algo pasa. De ser normales, hecha una comprobación de las condiciones y resultados de las pruebas, tendrían razón quienes protestan en nombre de los encarcelados. ¿Es tan difícil? Aunque si, como afirma Arzalluz, la eliminación de las candidaturas de AuB supone nada menos que la conversión en «muertos civiles» de los electores independentistas y va a hacerse todo lo posible por mantener al grupo parlamentario batasuno en la legalidad, cabe concluir que en Euskadi todo es lícito con tal de que nuestros hombres encantados avancen hacia su objetivo político.

Hablando de muertes
Por JAIME CAMPMANY ABC 11 Mayo 2003

SALTA a la vista que el Espíritu Santo no ha adornado a Javier (o Xabier) Arzalluz con el Don de Entendimiento, escrito así, con mayúsculas, tal y como lo escribía el famoso y consabido padre Astete. ¡Demontre de hombre! Pero, hombre, Arzalluz, ni al demonio se le ocurre nombrar la soga en casa del ahorcado y hablar de muertos civiles con ese asunto de la ilegalización de Batasuna.

Y es que Arzalluz, tal vez iluminado con la aparición de monseñor Setién, acaba de decir que esa ilegalización de las organizaciones políticas etarras supone «la muerte civil de miles de vascos». Sólo el éxtasis que puede producir la solidificación y encarnación del ectoplasma del obispo Setién, ocurrida tan pronto como ha desaparecido el Papa Juan Pablo II de la tierra española, justifica una afirmación tan desafortunada. Pudo haber empleado Arzalluz otra expresión cualquiera para indicar lo mismo. Pudo haber dicho, por ejemplo, que la ilegalización deja a miles de vascos perplejos ante las urnas, o privados de usar las papeletas como arma mortífera, o imposibilitados de votar a favor del crimen y los que lo ejecutan. Pues, no, señor. Ha tenido que utilizar la frase «muerte civil de miles de vascos».

Mire usted, Arzalluz, lo que aquí tenemos que lamentar no es la muerte civil de miles de vascos, sino la muerte física y violenta de cientos de españoles, unas veces vascos y otras veces no, españoles de Vasconia y de fuera de Vasconia. Esos miles de vascos «muertos civiles» según su Presidencia Reverendísima, se quedarán sin votar, gracias a la Justicia, a los «criminales políticos» etarras, bendecidos por usted y absueltos por Setién. Y ya habrá visto vuesa merced que los ilegalizados, con ser muchos, se han quedado cortos. Porque la ceguera, la malicia o el canguelo de dos señores magistrados del Tribunal Constitucional, una y uno, más el proverbial pasteleo de Javier Delgado, más y mejor pastelero que el de Madrigal y el que sale en el Cyrano de Bergerac, y mucho más que aquel Martínez de la Rosa a quien llamaron sus contemporáneos «Rosita la Pastelera», ha logrado «indultar» unas cuantas candidaturas. Y las ha indultado con tan mala suerte que a las pocas del «indulto» ya ha tenido la policía que trincar a uno de los candidatos por pertenencia o colaboración con la banda etarra.

Lo que puede hace Su Presidencia Reverendísima, señor Arzalluz, es pedir a Su Ilustrísima el señor obispo José María Setién que celebre inmediatamente funerales solemnes con gorigori cantado por el Orfeón Donostiarra o similar, por esos «miles de muertos civiles». De paso que celebre rogativas, rece rosarios y pronuncie homilías para que escapen de la justicia esos cuatro dirigentes etarras que acaban de caer en manos policiales. Y sobre todo, que se salve del «terrorismo de Estado» y de la «tortura de los perros maketos» esa chica Ainhoa García, ese angelito, vaso de inocencia, flor de pureza, fuente de caridad, que cayó del cielo para dirigir los comandos etarras y procurar beneficiar con la vida eterna, cuando antes mejor, a unas sucesivas docena de amados prójimos. Mire usted, Arzalluz, «los muertos no se tocan, nene».

Las diversas formas del cansancio
Por PABLO PLANAS ABC 11 Mayo 2003

El espectáculo de las campañas electorales muestra evidentes signos de agotamiento, pero ese detalle no es precisamente novedoso. Tras las espectaculares manifestaciones contra la guerra de Irak (o contra los «americanos», o el PP o Aznar), las primarias entre Zapatero y el equipo del Gobierno despiertan un interés relativo. Eso ocurre, en parte, porque las campañas se construyen bajo el signo del formato televisivo y éste ha cambiado tanto que la retransmisión de un mitin cuadra poco con los alaridos de Pocholo Martínez, aunque las dos imágenes compartan informativo.

Además, las deliberaciones del Tribunal Constitucional sobre los recursos contra la exclusión de las listas batasunas, el manifiesto de los intelectuales contra ETA y los silencios (cómplices o no), la deserción de dos etarras y la detención de otros cuatro han centrado la atención de la campaña en el País Vasco, lo que tampoco es una excepción, pese a que, desde hace un tiempo, las noticias del norte contienen muchas dosis de optimismo. ETA lleva un cierto tiempo sin matar y eso clarifica mucho el panorama, porque aleja de los análisis de situación el factor de la sangre. El manifiesto, con firmas de tanto relieve como las de Günter Grass, Vargas Llosa, Carlos Fuentes, Arrabal y otros, ha roto la nebulosa que existía sobre los terroristas fuera de España y Francia. Quien tenga contactos con los terrroristas, sus ideólogos o sus portavoces sabe que tiene delante el peso de personalidades como las citadas, algo que en la izquierda internacionalista es un dato no precisamente menor. Que Batasuna esté en la lista negra de organizaciones terroristas de los Estados Unidos es importante, pero quienes aprecian esos gestos tenían, por decirlo de algún modo, más de una idea previa sobre las funciones reales de ese grupo.

Así, el texto «Aunque» -que publicó este periódico en su portada- marca verdaderamente un antes y un después, algo que muchas organizaciones de Venezuela, Uruguay, Argentina, México, Republica Dominicana y Cuba (si es que allí llega a trascender) deberán anotar en sus previsiones. El compromiso de los firmantes es, también, un «airbag» intelectual para los componentes de plataformas como !Basta ya!, el Foro de Ermua o la Fundación para la Libertad. A muchos pensadores, profesores, escritores y actores les podría llegar a pasar factura en sus elitistas mundos una apuesta «ideológica» tan firme al respecto de que la gente pueda vivir y decir como quiera y lo que quiera. Todavía hay quien no cree en el valor social del pensamiento e incluso quienes entienden que relacionar arte y utilidad es conservador. En ese contexto, alivia que creadores como Edwards o Gordimer digan que lo que han dicho -en síntesis, que todavía hay un lugar en la Unión Europea en la que pensar distinto se paga, como mínimo, con la invisibilidad social-. Y eso, que para muchos es incompatible con las leyes de mercado si se quieren vender libros o películas, no es más que una parte del problema.

La solución, por su parte, puede tener una raíz física. Resulta que la clandestinidad cansa, y cansa mucho más cuando no hay una herriko taberna cerca en la que rodearse de símbolos de contenido fascista, estética revolucionaria y consistencia histórica menos cero. También debe cansar eso de decidir a quién se mata más allá de que sea muy fácil matar. Cansa. Y cansa mucho más cuando se constata que la clandestinidad en un país libre o contra un país libre no es heroica sino misserable. Así que dos cabecillas etarras se lo han pensado y han dicho a los que mandan que ya están cansados, que no hay salida, que las masas no han tomado la calle en respuesta a que no haya listas proetarras, que a muy pocos les importa la suerte política que puedan correr los diputados, concejales, alcaldes y prebostes locales que enmudecen de súbito cada vez que en el pueblo se oye el golpe seco de un disparo. O sea, que se puede constatar que a los verdugos también les tiembla el brazo cuando levantan el hacha, aunque sólo sea por cansancio.

De otra naturaleza muy distinta es el cansancio de los ciudadanos. Tal vez sea que en el plano estético-conceptual los políticos tienen muy pocas ideas originales, muy poco que ofrecer, un «show» electoral cuya única sorpresa es si un muchacho se levanta para lanzar una consigna en medio de la grey. Tal vez -o más bien seguramente- las campañas se deban plantear de un modo radicalmente distinto para que el esfuerzo de atenderlas tenga más que tanto que ver con lo que las campañas ofrecen como con la responsabilidad electoral de los ciudadanos.

Entre tanto, lo que se consigue es mantener el debate político bajo unas formas que tienen más que ver con el agasajo a los líderes que con una tarea «evangelizadora». Igual se trata de eso y sólo de eso, como con las promesas. Por fortuna, no sólo se cansan los ciudadanos. Se cansan los terroristas y ahora incluso podría ocurrir que se cansaran Arzalluz y Setien, Anasagasti y Egibar y también alguno del otro lado, sector catastrofista.

Las razones de Atutxa
EDITORIAL Libertad Digital  11 Mayo 2003

La tenaz negativa de Atutxa a disolver el grupo parlamentario sustituto de Batasuna, apoyada en rebuscados resquicios legales que no fueron obstáculo alguno para que el Parlamento navarro tomara por su parte esta lógica decisión en cumplimiento de la sentencia del Supremo, tiene fecha de caducidad. En el momento en que el Supremo dicte la oportuna providencia, haciendo constar expresamente que el grupo parlamentario vasco “Socialistas Abertzales” (SA) debe ser disuelto, con el pase de sus diputados al Grupo Mixto de esa cámara, Atutxa no podrá seguir poniendo obstáculos sin incurrir en delito de desobediencia.

Cabe, pues, preguntarse por qué esa obstinación cuando, al fin y al cabo, la sentencia del Tribunal Supremo que ilegaliza Batasuna ha de surtir más temprano que tarde todos sus efectos legales. Y, teniendo en cuenta la lógica política y los objetivos del PNV, sólo puede haber una respuesta: en el marco de esa tradicional necesidad que el PNV tiene de ETA y sus pantallas para poder seguir vendiendo “paz por soberanía”, el proyecto de Ibarretxe de “estado libre asociado a España”, si ha de cubrir las apariencias legales, implica una modificación del Estatuto vasco que, antes de ser confirmada por las Cortes y sometida a referéndum, ha de ser aprobada por mayoría absoluta del parlamento autonómico. Habida cuenta de que tanto el PP como el PSE se oponen al Euskorrico de Ibarretxe, el tripartito gobernante en Ajuria Enea (PNV, EA e IU) necesita los votos de los diputados de la ilegalizada Batasuna para proponer a las Cortes una modificación del Estatuto vasco que contemple el proyecto de Ibarretxe.

Así, el descarado apoyo que el PNV y EA están prestando a ETA y sus pantallas tendría como contraprestación el apoyo de los diputados batasunos –en principio reacios a aceptar el plan de Ibarretxe por “insuficiente”– en esa votación para la reforma del Estatuto. El principal escollo, sin embargo, para que el proyecto de “estado asociado” prospere es que la modificación del Estatuto, como toda ley orgánica, ha de ser aprobada por mayoría absoluta del Congreso y el Senado. Y tal cosa sólo puede suceder en el caso de que el PP pierda la mayoría absoluta en las próximas Generales y de que se impongan en el PSOE las tesis de Maragall y Elorza. De ahí que Joseba Egibar, el interlocutor oficioso del PNV ante ETA, ofreciera a Otegi un “plante conjunto al Estado Español” cuya principal manifestación sería la celebración del referéndum sólo con la aprobación de la Cámara vasca, aun a pesar de la previsible negativa de las Cortes. Ni qué decir tiene que ello podría obligar al Gobierno y al Parlamento a decretar medidas extraordinarias, como la suspensión del Estatuto de Autonomía, en virtud del Art. 155 de la Constitución, cuya aplicación reclamó Francisco Vázquez el pasado viernes alegando que el Gobierno británico suspendió cuatro veces la autonomía de Irlanda del Norte en un plazo de 10 meses sin que ello supusiera una tragedia.

No cabe duda de que el PNV y sus asociados presentarían la suspensión del Estatuto de Autonomía como un atropello a la voluntad del pueblo vasco “soberano” representada en el parlamento autonómico, e intentarían divulgar a través de sus órganos de propaganda internacional las especies habituales de que en España no se respetan los derechos de las minorías o que el Estado Español tortura y oprime a un pueblo que suspira por su liberación.

Probablemente, los nacionalistas, acostumbrados a colgar el estigma de “nostálgico del franquismo” a todo aquel que se atreviera a criticarlos, todavía creen, juzgando por la impunidad de la que han gozado en España, que esos “argumentos” surtirán efecto una vez más en la esfera internacional. Pero España, después de 25 años de democracia, ha salido de su aislamiento y marginalidad internacional y ha ocupado al fin el lugar que le corresponde en el grupo de cabeza de la comunidad internacional. Por ello, hoy, ningún gobierno del mundo está dispuesto a apoyar o dar crédito –excepción hecha, naturalmente, de Castro, Chávez y similares– a las patrañas de los nacionalistas. Sobre todo cuando destacados escritores e intelectuales han denunciado en un manifiesto el apartheid nacionalista y su complicidad pasiva con los crímenes de ETA, cuyas pantallas políticas ya están inscritas en las listas de organizaciones terroristas de EEUU y Europa.

El PNV y sus aliados etarras pueden, ciertamente, llevar la política nacional a extremos de crispación y ruptura institucional nunca vistos anteriormente, con la esperanza de doblegar a un futurible Gobierno en minoría que no tenga muy clara la cuestión nacional. Pero en su fuero interno saben perfectamente que, aun cuando lo consigan, ni Europa, ni probablemente EEUU, aceptarían la separación del País Vasco de España

Elecciones locales
José Luis Manzanares La Estrella 11 Mayo 2003

Nos acercamos a las elecciones autonómicas y municipales arrastrando a trancas y barrancas el “nunca más” del chapapote y el “no a la guerra” de los norteamericanos —que no de España— contra la dictadura de Sadam Husein. Se puede discrepar de la forma con que el Gobierno afrontó la catástrofe del Prestige, aunque nadie haya explicado bien el porqué, y se puede ser pacifista de veinticuatro quilates, hasta el extremo de rechazar de antemano el beneplácito, que finalmente no se produjo, del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Hasta ahí, de acuerdo. Lo que no se entiende ni poco ni mucho es lo que ambas cuestiones tengan que ver con la próxima llamada a las urnas. Las competencias marítimas y las relaciones internacionales no son de las Comunidades Autónomas o de los Ayuntamientos, sino del Gobierno de la nación.

Lo lógico sería votar a los candidatos que mayores garantías ofrezcan para el desempeño de su cargo como administradores del municipio, manejando bien los dineros de la ciudadanía y preocupándose de los servicios públicos. Una cosa son los posicionamientos políticos en los temas generales, como expresión de la libertad personal, y otra invertir los términos de lo que debe esperarse y cabe exigir de un mandatario concreto en el marco de una institución también determinada. Esto parece lo razonable, pero si se optase por una extrapolación de méritos y responsabilidades, o sea, por una especie de comunión de los santos en versión laica, es obvio que nuestros grandes problemas no son el chapapote ni la guerra de Iraq, que pertenecen al pasado, sino la vertebración presente y futura de España. Tan obvio, como que el Estado Libre Asociado del País Vasco y el federalismo asimétrico catalán pugnan radicalmente con la Constitución que los españoles nos dimos por abrumadora mayoría hace veinticinco años.

Aquí no valen las tan traídas y llevadas relecturas, ni las tibiezas, ni el oportunismo político, ni los subterfugios, ni las manifestaciones callejeras. Nuestra Carta Magna puede reformarse, pero sólo conforme a lo que señala su Título X. Y no necesariamente en un único sentido, porque quizá haya españoles para los que en algunas materias —la enseñanza, por ejemplo— las transferencias debieran reconsiderarse. En todo caso, el artículo 2 de nuestra Ley Fundamental proclama que “la soberanía nacional reside en el pueblo español” y afirma la “indisoluble unidad de la Nación Española”. El texto es de una claridad meridiana.

Repitámoslo, las elecciones locales son eso, locales, pero si se quiere introducir en ellas otras cuestiones que nos afectan a todos, sea cual sea nuestro lugar de residencia, sépase que muy por delante del chapapote o de la guerra de Iraq está la convivencia pacífica de los españoles. No vaya a ser que mientras discutimos sobre galgos y podencos nos olvidemos de los perros de presa.

Setién
Cartas al Director ABC 11 Mayo 2003

Como era de esperar, ante el acoso legal que sufre no sólo la rama terrorista del nacionalismo vasco, sino también la política e institucional, que se siente desamparada sin sus matones, la rama clerical salta a la palestra a recordar que el asesinato, el chantaje o la extorsión son elementos de la lucha política que, si bien condenados en abstracto, no desnaturalizan ni menos ilegitiman un soberanismo, autodeterminismo o secesionismo como el vasco. Tan canalla tesis es sostenida por Setién, que conoce a la perfección que el odio del nacionalista no termina siquiera con la muerte de su enemigo asesinado, sino que se extiende posteriormente a la profanación de su tumba, la tortura de sus familias, la jactancia de los asesinos y la indiferencia de todas y cada una de las instituciones vascas.  J. C. Antón Nárdiz. Bilbao.

La campaña electoral etarra
Editorial El Ideal Gallego 11 Mayo 2003

Ese circo de la muerte que es ETA escenificaba hasta ahora su campaña electoral en dos pistas: los tribunales -primero en el Supremo y más tarde en el Constitucional-, donde se acordó prohibir que se presentasen a los comicios locales casi todas las candidaturas avaladas por AuB, y en los despachos de las sedes de los partidos considerados nacionalistas moderados -el PNV y EA-, en los que se diseñaba la estrategia que pudiese hacerlos depositarios de los votos que anteriormente eran para Batasuna. La detención en Francia de cuatro etarras, entre ellos la jefa de los comandos de la banda, Ainhoa García Montero, ha añadido un tercer escenario: el de la vía policial, la mejor para acabar con la banda asesina. Ya se han escuchado voces que definen los arrestos como un intento del PP de interferir en la campaña, pero semejante afirmación sólo se puede calificar de tontería, epíteto que comparte con la declaración de Xabier Arzalluz de que la anulación de las listas es un “pucherazo” e implica la “muerte civil” de miles de vascos.

La captura de cuatro miembros de ETA no es nunca una ingerencia en la vida política; al revés, supone librar a la sociedad de quienes a través del asesinato y la extorsión impiden que la paz se imponga por encima de cualquier otro valor. Esa quiebra de los derechos fundamentales sí que acarrea muertes, aunque al presidente del PNV no le importe o, al menos, trate de dar esa impresión, lo cual aún sería casi peor, ya que significaría la confirmación plena de que su único anhelo es sacar adelante el plan secesionista de Juan José Ibarretxe, sin importarle las víctimas de la violencia que yacen en los cementerios del País Vasco.

A pesar de todo
CARMELO BARRIO BAROJA /SECRETARIO GENERAL DEL PP DEL PAÍS VASCO El Correo 11 Mayo 2003

Los hombres y las mujeres de las opciones no nacionalistas vascas han desarrollan un impresionante esfuerzo democrático para poder representar al 100% del territorio de la Comunidad Autónoma en las elecciones municipales y forales. Y ese esfuerzo se realiza a pesar de todo.

A pesar de que en Euskadi hoy no hay democracia y existe un déficit de libertades y una sistemática vulneración de los derechos humanos como en ningún lugar de Europa. La violencia de ETA se proyecta todos los días contra quienes manifiestan ideas de cercanía y afecto con España y quienes no comparten los idearios nacionalistas.

A pesar de tener un Gobierno, como el que preside el lehendakari Ibarretxe, que no pone sus prioridades en la consecución de la libertad para todas las personas que viven en territorio vasco sino obsesivamente en la táctica diferenciadora y separatista que expone el plan que ha presentado como solución privativa y tramposa, auténtico símbolo del neo-aparheid a la vasca. Un plan que, reconocido por el presidente del PNV, busca la marginación de los no nacionalistas en esta tierra.

Además teniendo que soportar constantemente los candidatos del Partido Popular, fundamentalmente, y las instituciones del Estado, como son el Gobierno y la Justicia española, la descalificación y el maltrato por parte de los portavoces de las formaciones nacionalistas e IU cuando insultan al presidente del Gobierno José María Aznar o se emplean a fondo contra la Audiencia Nacional o el Tribunal Supremo, e incluso cuando menosprecian a la Corona, como recientemente lo han hecho algunos destacados portavoces del tripartito.

A pesar de que todos los días la estrategia del 'o te rindes, o te callas, o te vas, o te mato' se configura como una de las fórmulas de discurso político y la búsqueda de la limpieza ideológica como práctica política hacia quienes no se muestran conformes con superar el marco político vigente y defienden realidades constitucionalistas y estatutarias desde la militancia y el compromiso.

A pesar también de que se adopta como criterio electoral por las formaciones nacionalistas la defensa a ultranza de los brazos políticos de ETA en las instituciones, como es el grupo parlamentario de Batasuna, llamado Socialista Abertzaleak, oponiéndose y descalificando las actuaciones judiciales y del Estado de Derecho que tratan de neutralizar la actividad política de quienes no condenan la violencia y forman parte de la estructura política y estratégica de una banda terrorista. O del reconocimiento de 'no sé qué democrático' en AuB auténtico alargamiento de Batasuna y ETA en fraude de ley.

Y, finalmente, a pesar de que hoy en el País Vasco no hay igualdad a la hora de concurrir a las elecciones, ya que los no nacionalistas estamos injustamente lastrados por la amenaza, el chantaje terrorista y el miedo a la violencia y los que forman parte de las opciones que presiden Arzalluz o Errasti están primados por las garantías obtenidas en Lizarra o en los pactos firmados hacia Udalbiltza y en favor del independentismo sin atender a condicionamientos previos y sin poner cláusulas democráticas y de exigencia ética.

Y a pesar de todo, en el 100% del territorio vasco existen candidaturas constitucionalistas, hay presencia vasca en la totalidad de Euskadi con referencias moderadas u estatutarias y se superan temores, amenazas y chantajes para dar una lección democrática que sin duda la historia y los ciudadanos reconocerán. Se le contesta a ETA con democracia, más candidaturas que nunca en pueblos y ciudades vascas y sentido de la libertad y de la convivencia en paz; se le dice al lehendakari que se olvide de sus obsesiones independentistas y sus planes de división y marginación y se concentre en garantizar a los ciudadanos de la Comunidad que gobierna los derechos humanos y civiles al completo y la seguridad; y se les contesta a los partidos nacionalistas y a Batasuna que ni nos callamos, ni nos rendimos ni nos vamos. Y a todos ellos les recordamos que el Estado de Derecho, las instituciones constitucionales y la esencia moral y ética de una Europa que se está construyendo en un sentido diametralmente opuesto al que pretende la comunión nacionalista nos amparan.

La estrategia de las falsedades y de los mitos, la teoría de las cinco 'c' no van a desmontar el recorrido sin precedentes que al amparo de la Constitución y el Estatuto nos ha desarrollado como la región de Europa con mayor nivel de descentralización, desarrollo político y capacidad institucional. Las cinco claves falaces o coyunturales que maneja el ideario nacionalista de la construcción nacional, imposible e inviable, el contencioso vasco que proyectan contra España y Francia, la convergencia del proceso político y de paz, la comunión nacionalista, definida política y sindicalmente en Lizarra, y ese conflicto contra las instituciones constitucionales que alimentan día a día de una manera magistral Arzalluz y Otegi. A pesar de todo, la clave de la convivencia constitucional seguirá siendo nuestra pauta y convicción.

Señor Ibarretxe ¿cómo puede usted calificar su plan como de paz cuando lo trata de imponer y además se apoya en la presión que ejerce ETA sobre quienes han de sufrir esa imposición? Su plan es marginación y apartheid. A pesar de todo aguantaremos.

Se engañan
Iñaki Agirre/Bilbao Cartas al Director El Correo 11 Mayo 2003

Hay tanta gente que vive sin libertad verdadera desde al menos 20 años en el País Vasco que cree que la vida es y tiene que ser así. Tanta gente -por ejemplo, profesores- acostumbrada a acatar imposiciones en los claustros que no se da cuenta siquiera de que eso es ser oprimido. Tanta gente -por ejemplo, jóvenes- acostumbrada a tener que afiliarse a sindicatos nacionalistas para poder encontrar trabajo y que no ve que eso es corrupto e inmoral. Tanta gente -por ejemplo, sacerdotes- acostumbrada a tener que firmar papeles simplemente por la presión ambiental nacionalista que les rodea, que no perciben que eso significa la muerte de su persona. Se engañan, creyendo que aguantando un poquito más las cosas irán a mejor. Esto es el aperitivo de la sociedad que nos espera si no nos rebelamos a ello. La libertad para vivir la pluralidad se conquista cada minuto, sufriendo miedos y soledades que se compensan con la convicción profunda de que no doblegarse ante una sola presión más es un bien necesario no sólo para uno mismo, sino para toda nuestra sociedad.

La Policía detiene en Francia a la responsable del «aparato militar» de ETA y a otros tres terroristas
BAYONA. ABC 11 Mayo 2003

De las deserciones a las detenciones. A las nueve y media de la noche de ayer, fuerzas especiales antiterroristas francesas, en colaboración con agentes españoles, comenzaban una importantísima operación al norte de Burdeos. La sospecha de que cuatro terroristas, a los que tenían bajo vigilancia desde hace tiempo, habían detectado el control policial dio pie a cuatro sonadas detenciones. Horas después, agencias y televisiones se hacían eco de una información de este periódico en la que se daba cuenta de que dos destacados etarras, José María Zaldúa Corta -integrado en el organigrama etarra en el aparato logístico- y Raúl Ángel Fuentes Villota, responsable de los denominados «taldes (comandos) de reserva», habían comunicado a la cúpula de la banda su intención de abandonar la actividad terrorista debido al «cansancio». En pocas horas, se constataba que ETA, según el propio ministro de Interior, Ángel Acebes, está en horas bajas, y la desaparición de la escena electoral de sus portavoces y representantes, según los fallos judiciales, en las instituciones vascas.

La operación, que se desarrolló en la localidad de Saintes, se saldó con la detención de Ainhoa García Montero, considerada uno de los responsables del «aparato militar» de ETA; Asier Aranguren Urroz y Aitor García Justo, dos supuestos miembros de comandos, y el ciudadano francés Thierry Iriart, que había pasado a la clandestinidad para incorporarse a la organización terrorista.

Acebes aseguró que se trata de una operación «muy importante» que supone un «golpe muy duro al núcleo esencial del aparato operativo» de ETA.

La operación antiterrorista es el resultado de una investigación realizada de forma conjunta en los últimos tiempos por agentes de la Comisaría General de Información española y de la División Nacional Antiterrorista, de la policía francesa. Los agentes de los dos cuerpos policiales que participaban en la investigación habían localizado hace algunos días una vivienda situada en el número 14 de la calle Pern, en Saintes, donde estaban ocultos los cuatro sospechosos.

La Policía mantuvo la casa bajo vigilancia a fin de identificar a sus ocupantes, pero durante la tarde del viernes los agentes se dieron cuenta de que los sospechosos estaban cargando dos vehículos tipo monovolumen con mochilas y cajas que iban sacando del piso.

Los investigadores, que comprobaron que los vehículos habían sido robados, empezaron a temer que los supuestos etarras estuvieran preparándose para abandonar la casa, por lo que procedieron a su captura. Hacia las nueve y media de la noche, los cuatro sospechosos arrancaron los vehículos y se pusieron en marcha. Pocos minutos después, los vehículos eran interceptados y sus ocupantes, arrestados.

En el momento de la detención, a los tres etarras de nacionalidad española les fueron ocupadas sendas pistolas. Además, los agentes intervinieron los bultos que habían sido cargados en los vehículos. A lo largo de la mañana de ayer, la operación se completó con el registro de la vivienda que ocupaban los detenidos, en virtud de una orden de la juez Laurence Le Vert.

La Policía se ha incautado de documentos y diversos efectos que los activistas tenían en la casa. Entre el material intervenido hay algunos ordenadores que fueron localizados dentro de los coches.

Los detenidos llevaban documentos de identidad falsificados, lo que complicó su identificación. Uno de los primeros en ser identificado fue el ciudadano francés Thierry Iriart, del que la policía gala sabía que había pasado a la clandestinidad en octubre del pasado año. Después fueron identificados Aitor García Justo y Asier Aranguren, miembros de ETA en la reserva. En el caso de la mujer, se sospechó en seguida que era Ainhoa García Montero.

Candidatos de UPN y PSN reciben cartas amenazantes de los proetarras por su "apuesta genocida"
EFE Libertad Digital  11 Mayo 2003

Candidatos de UPN y PSN a los ayuntamientos navarros de Alsasua e Irurtzun han recibido en estos últimos días cartas anónimas en las que se les amenaza por su “apuesta genocida”.

El secretario general de UPN, Alberto Catalán, señaló que las amenazas son “una muestra más de la sin razón” pero aseguró que los afectados “mantienen la tranquilidad, la serenidad y la prudencia y ninguno ha planteado retirarse de las elecciones”. Desde el PSN, el diputado y secretario de Organización, Carlos Chivite, apuntó que para los amenazados esta situación “no es extraña” y por eso “no sólo mantienen la calma sino que están decididos a seguir adelante”, una “valentía” que cuenta con la “solidaridad de todos los socialistas de España”.

Chivite indicó en todo caso que “esto es un terrorismo psicológico porque la amenaza genera miedo y éste miedo no sólo se dirige a los candidatos al servicio de la democracia sino que también se extiende en sus entornos en todos los ámbitos de su vida cotidiana”, por lo que reclamó que “quien tiene que cumplir la ley y hacerla cumplir, quienes tienen el poder ejecutivo, den garantías plenas de seguridad a candidatos y familiares y garantía plena del derecho al ejercicio del sufragio”.

Las amenazas, llegadas a los domicilios particulares de los candidatos, llevan como firma “Euskal Herria. Primavera 2003” y en ellas se afirma que se les va a hacer a los destinatarios “insoportable el mantenimiento de vuestra apuesta genocida” contra el pueblo vasco. Los autores de las cartas señalan que para detener “vuestra ofensiva fascista” lucharán “con todos los instrumentos que tengamos a mano” y puntualizan que “vamos a dirigirnos de manera muy especial contra las personas que como tú ostentáis cargos”.

Estas amenazas han sido puestas ya en conocimiento de la Guardia Civil a través de una denuncia presentada por el Partido Socialista.

«Asesinos, pero hijos predilectos de su pueblo»
J. P. ABC 11 Mayo 2003

Salvador Ulayar tenía 13 años cuando presenció cómo un encapuchado mataba a su padre. El etarra, ya a cara descubierta, es ahora su vecino en Echarri Aranaz

MADRID. 27 de enero de 1979, en la localidad navarra de Echarri Aranaz. Salvador Ulayar recuerda la escena, a las puertas de su casa, como si fuera ayer. «Me encontraba junto a mi padre, cuando ví cómo un encapuchado se le acercó, separó las piernas y vació el cargador». Jesús Ulayar murió en el acto. Lo recuerda, y le duele, como si hubiera ocurrido hoy mismo: «La pistola era negra mate, sin brillo».

Salvador, que entonces tenía 13 años, corrió hacia su madre. «Nos hemos quedado sin padre», le dijo. Después, intentó seguir al pistolero, «hasta que dobló una calle y ví que no podía hacer nada». Entre tanto, su hermana se resistía a admitir la tragedia. «Le cogía del brazo y se lo estiraba, gritando, aita (papá) despierta». Fue la primera estación del vía crucis familiar.

Tras la detención de los miembros del «comando» asesino, vecinos de Echarri Aranaz, un pequeño pueblo «donde nos conocemos todos», HB convocó asambleas para exigir la libertad de todos ellos y calumniar a su víctima. «Mis tías Martina y Petra se presentaron en una de estas asambleas para defender la memoria de mi padre». No les dieron opción. Fueron insultadas, amenazadas y agredidas. Fue la segunda estación del vía crucis.

«Dejadles, ya se cansarán»
El Ayuntamiento tomó el relevo y desplegó en su fachada pancartas a favor de los asesinos. «Una situación paranoica», como la describe Salvador. Ante las protestas y denuncias de la familia Ulayar, los vecinos no batasunos, pero deseosos de no irritarles, les aconsejaban «dejadles, ya se cansarán». Pero lejos de cansarse, el Ayuntamiento nombró a los cuatro asesinos «hijos predilectos». Tercera estación del vía crucis familiar.

Años más tarde, un hermano de Salvador, José Ignacio, paseaba por el pueblo en compañía de su mujer e hijo de dos años, cuando se cruzó con Vicente Nazábal, el encapuchado que años atrás se acercó a su padre, abrió las piernas y vació el cargador de una piostola negra mate, sin brillo. Cuarta estación. «Eres un asesino», le dijo el hijo de la víctima. El etarra, que acababa de salir de prisión, alzó la pierna y le dio una patada a la altura del pecho. «Fue lo primero que hizo tras reinsertarse», afirma Salvador para quien el calvario de las víctimas no toca fin.

Ovejas olvidadas
Por RAMÓN RODRÍGUEZ ARRIBAS. Magistrado del Tribunal Supremo ABC 11 Mayo 2003

Por tercera vez en el espacio de un año tomo la pluma sin más título que mi condición de bautizado y desde mi fe y mi amor a Jesucristo para hablar, en esta ocasión, de la carta que 530 sacerdotes de las Diócesis de Bayona, Bilbao, Pamplona, San Sebastián y Vitoria han dirigido a Su Santidad el Papa Juan Pablo II cuando estaba a punto de llegar a España. No lo he hecho antes porque he esperado a que el Sumo Pontífice terminara su visita y a disponer del texto literal del documento.

Leída la carta con todo el respeto que desde que era niño he profesado a los sacerdotes, tengo que confesar que me ha producido sorpresa por la forma y tristeza por el contenido, pero sobre todo me han preocupado los clamorosos silencios de una parte muy significativa del clero de aquellas diócesis en el seno de la Iglesia Católica.

Sorprende un poco que la epístola se dirija al Santo Padre pero llamándole de Vd. y que se haya hecho pública inmediatamente. Sorprende algo más que al Obispo de Roma y sucesor de Pedro los firmantes le hablen de la «Iglesia que Vd. preside». Sorprende mucho el tono reivindicativo y político y su mezcla con apelaciones a las propias palabras del Papa reinante y de otros anteriores, para mostrar la preferencia de los firmantes por una concreta opción partidista.

En este plano el contenido del documento discurre en paralelo con los proyectos de secesión de los partidos nacionalistas del Pais Vasco y se produce con el mas absoluto olvido de aquellos feligreses que, formando también parte del pueblo cristiano a quien los sacerdotes dicen querer servir, no comparten esa ideología y precisamente por ello están abocados a tener que elegir entre el exilio y el riesgo de muerte.

Así, se atribuye el origen de la violencia a «un conflicto producido por la falta de reconocimiento de nuestros derechos colectivos», reclamándose «el diálogo» y «la negociación» para llegar a la «autodeterminación» y a la «independencia», como paso para «la reconciliación» y «la paz». Resulta durísimo que pueda entenderse que la paz sólo sería posible aceptando aquellas exigencias políticas.

También critican los sacerdotes la reciente Instrucción Pastoral de la Conferencia Episcopal Española, en cuanto calificó de «nacionalismo totalitario que quiere imponer con terrorismo e ideología absolutista las reivindicaciones de una mayoria vasca que, sintiéndose un pueblo, reclama sus derechos humanos colectivos». Y critican asimismo aquella Instrucción en cuanto «no mencionara y descalificara éticamente el exacerbado nacionalismo español y la represión de la lengua y cultura vascas tan vigentes hoy en día».

Reconocen «la complejidad de la situación en que vivimos, agravada a lo largo de estos años por las violaciones de derechos humanos fundamentales, con muertes, torturas, atentados, represiones, amenazas y recortes de las libertades democráticas, incluida la penosa situación de las presas y presos alejados de su tierra».

Es visible la alternancia en el mismo plano, entre las acciones terroristas y la respuesta del Estado.

No pretendo responder políticamente a ninguna de esas opiniones, cuyo derecho a expresarlas nadie discute a los sacerdotes que firman la carta, pero como hermanos en la fe hay que recordarles que por haberlo hecho, es decir, por tener esas ideas y expresarlas públicamente, no sufrirán ningún riesgo, no se van a encontrar su nombre en medio de una diana dibujada en las paredes de su casa, no tendrán que mirar debajo de su coche, nadie les va a disparar por la espalda ni les van hacer estallar una bomba a su paso, nadie les va a secuestrar y por eso no necesitan escolta ni van a pasar zozobra alguna si oyen unos pasos por detrás.

Esa es la realidad y todos debemos alegrarnos por ello, pero es de una insensibilidad tristísima que los mismos que disfrutan de esa libertad ignoren que tienen confiado el cuidado religioso de otros muchos miembros de su grey que por pensar de otra manera diferente y manifestarlo, incluso en privado, sufren todo un calvario de persecución, ofensas y extorsión y, en número que ya supera el millar, han sido asesinados.

Lo peor es que en todo el documento eclesial no aparece citada una sola vez la organización terrorista ETA, cuyos horribles crímenes aparecen silenciados, ocultados y hasta explicados al menos, sin más condena que la que aparece mezclada con la que merece el llamado terrorismo de Estado y la represión y alejamiento de los presos de la innombrada banda terrorista.

Una vez más, en un documento firmado por sacerdotes de la Iglesia Católica en el País Vasco se echa en falta alguna palabra de consuelo para las familias de las víctimas, una oración por el descanso de los asesinados, una admonición aunque fuera leve para los criminales.

Por el contrario se llega a decir que «en el origen de las violencias terroristas actuales entre nosotros están la rebelión militar, la guerra fratricida, bendecida como cruzada por la Iglesia y la dictadura franquista». Estremece advertir que la venganza por agravios pasados, ejercida sobre inocentes ajenos a lo sucedido, pueda ser justificada por los discípulos de Jesús de Nazaret y aún es mas terrible el abandono espiritual de quienes sufren esa arbitraria y cruel forma de revancha.

Beristain, premio Covite, replica a Setién que el silencio ante ETA puede ser «delito»
JORGE SAINZ/SAN SEBASTIÁN El Correo 11 Mayo 2003

El jesuita, criminólogo y catedrático emérito de la UPV Antonio Beristain replicó ayer al obispo emérito de San Sebastián José María Setién que no pronunciarse sobre el terrorismo de ETA puede ser «delito». Beristain, que recogió en San Sebastián un galardón del Colectivo de Víctimas del Terrorismo del País Vasco (Covite), hizo mención al libro de Setién, presentado el viernes, que sostiene que el silencio ante la barbarie de la banda no significa «necesariamente la aceptación del mismo».

Beristain respondió que dicho silencio «implica una omisión totalmente negativa de la moral elemental de todas las religiones, y es éticamente reprochable, quizás objeto de un delito a tenor del artículo 10 del Código Penal, artículo 11, 406, 408, 482, 450».

El criminólogo y catedrático fue distinguido con el II Premio Internacional de Covite en reconocimiento a «su apoyo intelectual, humano y solidario hacia las víctimas del terrorismo», en un acto celebrado en el Palacio Miramar. Beristain recibió, emocionado, el galardón de manos de Pilar Ruiz Albisu, madre de la última víctima de ETA, Joseba Pagazaurtundua.

«Estatus social»
En su discurso, el religioso glosó el papel de los damnificados por el terrorismo y criticó el papel de la jerarquía eclesiástica vasca, el PNV y el lehendakari. Beristain desarrolló el concepto de «macrovíctimas», que aplica a los afectados por ETA, para quienes reclamó «un estatus social» y un papel en la lucha contra la violencia. El criminólogo subrayó que «la justicia es más importante que el diálogo».

A la entrega del premio acudieron representantes políticos y de la judicatura como el dirigente del PP Jaime Mayor Oreja; la candidata del PP a la Alcaldía de San Sebastián, María San Gil; el líder del PSE de Guipúzcoa, Manuel Huertas; el presidente del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco, Manuel María Zorrilla; y miembros de Basta Ya.

También asistieron familiares de víctimas, como la viuda del columnista José Luis López de Lacalle; Maixabel Lasa, directora de Atención a las Víctimas del Terrorismo del Gobierno Vasco y viuda del ex gobernador civil de Guipúzcoa Juan María Jáuregui, además de responsables de Covite como Consuelo Ordóñez.

Por su parte, la madre de Pagazaurtundua afirmó que «es un honor entregar este premio a un hombre bueno que siempre ha estado del lado de las víctimas, especialmente cuando Arzalluz acaba de ofender la memoria de tantos muertos, cuando habla de muertos civiles después de apoyarlos durante tantos años, en listas llenas de asesinos».

Cuatro años de inmóvil agitación
Pese a la sucesión de acontecimientos, la sociedad vasca se encuentra estancada en las mismas actitudes
J0SÉ LUIS ZUBIZARRETA/ El Correo 11 Mayo 2003

EN SOCIEDADES políticamente agitadas, las elecciones no son nunca lo que parecen. Siempre se juega en ellas algo más de lo que la ley enuncia. Así, en la agitada Euskadi de mayo de 2001, las autonómicas se convirtieron en un plebiscito entre un nacionalismo que acababa de proclamarse soberanista y un constitucionalismo acusado de inmovilista. Siempre hay, en este sentido, un acontecimiento extraordinario que marca la contienda electoral y sirve a la vez de estímulo a la participación.

Las elecciones municipales y forales no suelen regirse por esta regla. En comparación con las generales y autonómicas, son de perfil político bajo, y las campañas que las animan, bastante anodinas. Los asuntos que en ellas se ventilan, por mucho que sean los que más directamente afectan a los ciudadanos, no despiertan en éstos el interés que merecen. El elector demanda, por lo que se ve, emociones fuertes para votar. Las últimas dos elecciones municipales y forales, sin embargo -es decir, las anteriores de 1999 y estas próximas de mayo de 2003-, han sido una excepción. También ellas han contado con su particular acontecimiento extraordinario que, desvirtuando su naturaleza eminentemente pragmática, las han marcado con una peculiar impronta ideológica y dotado de especial emoción.

La tregua y el pacto
Cuando los electores acudieron a las urnas hace cuatro años -el 13 de junio de 1999 para ser exactos-, lo hicieron convencidos de que en aquellas elecciones se ventilaba algo mucho más importante que el nombre de los diputados generales y de los alcaldes de las ciudades y pueblos de la comunidad. En el contexto más amplio de la tregua se acababan de producir dos hechos de indudable transcendencia política: el pacto parlamentario del gobierno nacionalista PNV-EA con la izquierda abertzale y el primer contacto directo entre la delegación del Gobierno central y la dirección de ETA. Ambos hechos tenían, sin duda, la importancia suficiente como para polarizar en torno a sí toda la campaña. Estaba en juego la paz o, por mejor decir, se dirimían dos procedimientos contrapuestos para alcanzarla.

No es, por tanto, extraño que en aquel proceso electoral comenzaran a adoptar su perfil definitivo las dos batallas políticas que vienen entablándose desde entonces en todas nuestras contiendas electorales: la batalla entre los dos bloques -por entonces aún no tan nítidamente definidos como en las autonómicas de 2001- del nacionalismo y del constitucionalismo, y la batalla interna entre los partidos que componen cada uno. En la primera, el nacionalismo partía -o creía partir- con ventaja. Los sondeos le atribuían la inciativa en el precario proceso de pacificación que acababa de abrirse. El constitucionalismo se encontraba, por el contrario, a la defensiva. Los socialistas todavía se mostraban perplejos ante la postura que debían adoptar, y los populares, aunque convencidos ya de su posición abiertamente antinacionalista, se sentían un tanto incómodos en unas conversaciones con ETA a las que nadie los había invitado y de las que muy pocos esperaban algo de provecho. La paz, o lo que aquello fuera, dependía -como todo el mundo sospechaba para entonces-, no de esas conversaciones gubernamentales, sino del devenir de aquella otra insólita alianza nacionalista-abertzale que se conocía con el genérico nombre de Lizarra.

En la batalla interna de cada bloque, el nacionalismo de tradición democrática, unido por primera vez en una coalición preelectoral desde su escisión en 1986, no albergaba duda alguna sobre su arrolladora victoria respecto a sus más recientes socios abertzales de EH, aún inciertamente rescatados para la democracia. En el otro bloque, los populares tenían claramente las de ganar. Confiados en los magníficos resultados obtenidos en las autonómicas de sólo siete meses atrás, podían contraponer su inquebrantable determinación constitucionalista a las vacilaciones de los candidatos socialistas, que todavía soñaban con recuperar algún tipo de transversalidad con los nacionalistas en los pactos postelectorales.

Adhesiones tradicionales
Los resultados pusieron -como siempre- a cada uno en su sitio. Ningún bloque arrolló. El electorado ni siquiera pareció darse cuenta de la transcendencia del momento. Pese al incentivo de la paz, su participación no pasó de un modesto 64%. Fue la primera sorpresa. La segunda llegó al constatarse que ese mismo electorado, más escéptico que ilusionado, volvía una vez más a repartir equitativamente sus preferencias entre el nacionalismo y el constitucionalismo. Con tregua o sin ella, Euskadi se revelaba fiel a su pluralidad y leal a sus adhesiones electorales tradicionales.

Por lo que se refiere a la batalla interna de cada bloque, EH fue el gran vencedor en el abertzale-nacionalista. Socialistas y populares, en el contrario, consolidaron sus respectivas posiciones. En cuanto a la recién estrenada coalición PNV-EA, dos más dos no sumaron cuatro. La tregua, de la que ambos partidos se consideraban coautores, no les resultó rentable. Su apuesta iba, sin embargo, como muy pronto habría de verse, mucho más allá de la paz. Pero su electorado no podía, de momento, entenderla. Le resultaba más acorde con los postulados tradicionales de la izquierda abertzale que con el moderantismo del que siempre había hecho gala el nacionalismo democrático.

Si los resultados no se correspondieron con las previsiones, las alianzas postelectorales no engañaron a nadie. A pesar de los guiños a la transversalidad que habían hecho durante la campaña los candidatos más ingenuos tanto del partido socialista como de la coalición nacionalista, y pese al veredicto del electorado a favor del entendimiento entre dispares, los pactos institucionales que siguieron a las elecciones confirmaron los presagios más clarividentes de quienes pensaban que la división en bloques ideológicos había sido ya decretada de antemano por las supremas ejecutivas de los partidos. Tal y como había quedado prefigurado en la constitución del gobierno minoritario nacionalista tras las elecciones autonómicas del otoño anterior, y confirmado después en el acuerdo parlamentario con EH de hacía sólo un mes, el pacto entre nacionalistas y abertzales era de hierro y respondía a una opción de largo alcance que no podía ser puesta en entredicho por los resultados de unas elecciones municipales y forales. La alianza tenía que seguir y, si todavía no podía ir tan lejos como para incluir a los radicales en el gobierno de las instituciones, los nacionalistas democráticos tenían muy claro que era preferible gobernar en minorías precarias a formar gobiernos mayoritarios con el apoyo de algún partido constitucionalista. Los bloques ideológicos se instalaron así en las instituciones, rompiendo con la tradición de transversalidad que había prevalecido desde 1985.

Rota la tregua y desbaratada la alianza abertzale-nacionalista, tres nuevos hechos vienen ahora a marcar con su impronta las próximas eleciones del día 25: el recrudecimiento de la llamada 'violencia de persecución' contra las candidaturas constitucionalistas, el 'plan Ibarretxe' como sustituto y sucesor de la Declaración de Lizarra y la ilegalización de Batasuna con la incierta participación de la izquierda abertzale en la contienda electoral. Los tres están de algún modo concatenados.

Más candidaturas
Muy difícil de evaluar resulta el efecto que tendrá en el electorado el renovado acoso terrorista al constitucionalismo. Su primer reflejo ha sido ya paradójico: el número de candidaturas constitucionalistas presentadas es mayor en éstas que en elecciones precedentes. Pero la experiencia enseña que, en este país nuestro, la compasión y la solidaridad con los perseguidos no suelen sobreponerse a las lealtades políticas tradicionales. El terrorismo en Euskadi es, sin duda, una pesada hipoteca, pero una hipoteca que está ya desde hace tiempo amortizada por el cuerpo electoral.

El 'plan Ibarretxe', por su parte, así como la exclusión legal de la izquierda abertzale respecto de la lucha electoral, ejercerán probablemente efectos contrapuestos y desembocarán en uno de esos procesos que se llaman 'de suma cero'. Ninguno de los bloques saldrá ganador ni perdedor por ellos. De hecho, ambos acontecimientos responden a sendas estrategias que, por caminos diferentes, persiguen el mismo objetivo: la liquidación del soporte político-electoral del terrorismo etarra. La ilegalización, por la vía de la exclusión de la izquierda abertzale. El 'plan Ibarretxe', por la de su incorporación progresiva al voto del nacionalismo democrático. Pero, si el objetivo es el mismo, los medios resultan incompatibles e interfieren uno con otro. La batalla electoral se centrará precisamente en esa incompatibilidad. Las dos estrategias de normalización y pacificación que se bifurcaron irremediablemente tras la ruptura del Acuerdo de Ajuria Enea o, mejor aún, las dos concepciones de país que con esa ruptura se pusieron de manifiesto vuelven de nuevo al tablero electoral. El resultado será, con toda probabilidad, el ya conocido: tablas. La gran incógnita que las elecciones no van, en cambio, a despejar girará en torno al comportamiento futuro de una izquierda abertzale condenada por primera vez a adaptarse a la clandestinidad institucional. El numantinismo y el resistencialismo serán la respuesta más previsible, al menos en el corto plazo, tanto frente a la estrategia excluyente del constitucionalismo como frente a la absorbente del nacionalismo. Sólo el tiempo dirá con qué consecuencias.

En cualquier caso, y por lo que a los partidos democráticos se refiere, la imcompatibilidad de estrategias con que se presentan excluye ya de antemano cualquier pacto postelectoral que apele a la transversalidad para justificarse. Alava y las tres capitales se presentan, por tanto, como los grandes campos de batalla tanto en el nivel simbólico como en el operativo. Nadie podrá reclamar en ellos el respeto a la lista más votada para hacerse con el gobierno de las correspondientes instituciones. En este aspecto, el nacionalismo lleva las de perder. A falta de aliados, sólo la victoria por mayoría absoluta le permitirá desbancar la segura alianza constitucionalista, que aquí, en Euskadi, difícilmente se verá afectada por el profundo desencuentro que hoy separa a populares y socialistas.

Cualquier observador externo que volviera ahora a Euskadi para seguir estas elecciones, después de haber sido testigo de las de 1999, se sentiría tentado a calificar de dinámica esta sociedad nuestra, en la que los acontecimientos se suceden a ritmo vertiginoso. Los que vivimos de continuo aquí tenemos, en cambio, la sensación de que, más que de dinámica, nuestra sociedad debería calificarse simplemente de agitada. La diferencia es importante. El dinamismo implica movimiento hacia un punto que está más allá de uno mismo. La agitación sugiere, por el contrario, circularidad, movimiento giratorio sin dirección ni sentido. La agitación disimula el estancamiento bajo la apariencia de dinamismo. Recorriendo la distancia que media entre aquel 13 de junio de 1999 y este 25 de mayo de 2003, uno diría que, pese a tanta agitación de acontecimientos, la sociedad vasca se encuentra estancada en las mismas actitudes. Alguien expresó esta misma idea hace ya tiempo: la vasca es una sociedad que se cree revolucionaria, pero que, en el fondo, no es más que revoltosa.

Recortes de Prensa   Página Inicial