AGLI

Recortes de Prensa     Miércoles 14 Mayo  2003
La tregua-trampa
José María Carrascal La Razón 14 Mayo 2003

La tregua de la debilidad
JOSÉ MARÍA CALLEJA La Voz 14 Mayo 2003

Ibarretxe se crispa
Editorial ABC 14 Mayo 2003

Aprendices del infierno
Juan Alberto Belloch La Razón 14 Mayo 2003

Unidad de acción Eta-PNV
Román Cendoya La Razón 14 Mayo 2003

El libro de Setién
José Luis Manzanares La Estrella 14 Mayo 2003

Los años del plomo
Esther Esteban El Ideal Gallego 14 Mayo 2003

Maragall rebaja el seny catalán
M. MARTÍN FERRAND ABC 14 Mayo 2003

Una piedra en el estanque
Aleix Vidal-Quadras La Razón 14 Mayo 2003

Garantiza a los navarros que preservarán su identidad y que fracasará el «pacto de Estella-2»
Carmen Morodo - Tudela (Navarra) / Oviedo.- La Razón 14 Mayo 2003

Drástico descenso del terrorismo callejero desde que Batasuna paga las facturas de los destrozos
Libertad Digital  14 Mayo 2003

Guevara dice que el lehendakari desea proclamar la independencia en quince años
VITORIA EL CORREO 14 Mayo 2003

Basta Ya rinde homenaje a la lucha de Ibarrola por la libertad
BILBAO EL CORREO  14 Mayo 2003

El Constitucional dice que anuló las 225 candidaturas por querer «reactivar» Batasuna
F. Velasco - Madrid.- La Razón 14 Mayo 2003

Garzón advierte de que ETA y el PNV pueden reeditar el Pacto de Estella
MADRID / PAMPLONA. ABC / C. DE LA HOZ ABC 14 Mayo 2003

La historia de la tregua trampa se repite
D. MARTÍNEZ / J. PAGOLA ABC 14 Mayo 2003

Riad, capital de Al Qaeda
Lucrecio Libertad Digital  14 Mayo 2003

Ataque terrorista en Arabia Saudí
Editorial La Razón 14 Mayo 2003

De Chechenia a Arabia Saudí
Editorial ABC 14 Mayo 2003

Terrorismo suicida en la cuna del Islam
LUIS IGNACIO PARADA ABC 14 Mayo 2003

La tregua-trampa
José María Carrascal La Razón 14 Mayo 2003

Las dos cosas que más teme el PNV son que ETA pierda la batalla y que los vascos pierdan el miedo. Que, en el fondo, viene a ser lo mismo. El día que el miedo desaparezca del País Vasco, ETA habrá perdido la batalla que viene dando desde hace más de treinta años y que ha causado cerca de un millar de muertos. Podría pensarse que un partido que se declara democrático estuviese interesado en que desapareciese el miedo, ya que con miedo no hay democracia.

Pero el único miedo que parece tener el PNV, y ahí están las palabras de sus dirigentes para certificarlo, es que ETA y sus distintas caretas, desde Batasuna a Bilgunea, desaparezcan. Es tal su pavor que, en cuanto la ven en peligro, hacen cuanto está en sus manos para sacarla del apuro en que se encuentra. ¿A qué esa inquietud, por qué tales desvelos? Pienso que se debe a dos razones muy distintas, pero igualmente poderosas. La primera es el instinto natural. A fin de cuentas, el PNV es la madre de ETA y las madres acuden en ayuda de sus hijos, no importan las fechorías que hayan cometido. La segunda es cálculo político. Con ETA en un extremo del nacionalismo vasco, el PNV puede ocupar su centro, presumir incluso de moderado, cosa bastante fácil teniendo a su izquierda a unos bárbaros que no tienen el menor inconveniente en asesinar, secuestrar y sembrar el terror para alcanzar sus objetivos. Unos objetivos que, no lo olvidemos, son los mismos que los del PNV.

Es por lo que el PNV necesita que ETA siga existiendo y por lo que acude en su ayuda siempre que la ve en un apuro. Parece que se dispone de nuevo a hacerlo, con una táctica tan vieja como burda: declarar otra tregua. Como si no supiéramos qué son y para qué sirven las treguas de ETA. A estas alturas todos sabemos que ETA echa mano de las treguas cuando se ve acorralada, para recuperar fuerzas, reagrupar efectivos y hacer bajar la guardia a las fuerzas de orden. Lo que le permitirá golpear con más violencia cuando lo crea oportuno. Tregua, para ella, significa sencillamente trampa, engaño, escotilla de escape, argucia para salir del atolladero. Lo comprobamos con la última que declaró, con enorme fanfarria, firmando un pacto con el PNV. Para enunciarlo unos meses más tarde y proclamar en voz alta que todo había sido una treta. ¿No tiene el PNV bastante con un pacto de Lizarra? Pues parece que no, que quiere otro, para poder presentarse en las municipales como un partido de orden, como un partido moderado, como un partido serio. Y, encima, pretende que, por esa trampa, por ese engaño, se les recompense con la aceptación de un referéndum soberanista. Uno no sabe ya qué pensar, si nos creen tontos o si lo son ellos. Aunque puede que ni lo uno ni lo otro. Que todo se deba a que empiezan a estar desesperados, al ver que nada les sale como creían, que ETA no gana la batalla y que el pueblo vasco empieza a perderle el miedo. Sólo hay que oír a Arzallus últimamente.

La tregua de la debilidad
JOSÉ MARÍA CALLEJA La Voz 14 Mayo 2003

QUÉ CASUALIDAD que cuando la policía española golpea con mas fuerza y eficacia al grupo terrorista ETA, éste levanta la mano y, como un ciclista al que se le pincha la rueda o como un boxeador sonado, levanta la mano y pide tiempo y ayuda al partido guía. Qué casualidad que cuando más nítidamente perciben los etarras que su tiempo se acaba, acudan en su ayuda dirigentes del PNV y de EA, cargos institucionales, con discursos que insultan a los medios de comunicación -«GAL mediático»- y que sostienen, muy serios, que aquí no hay libertad.

La ventaja que tiene el espectáculo de los últimos días es que se percibe con claridad que ETA y el PNV y EA forman una unidad de destino en lo universal, en la que cuando uno afloja -golpes policiales, ilegalización, fin del chollo universitario, desprestigio social, etcétera-, sale el otro en su ayuda con discursos de grueso calibre -muerte civil de los vascos, ataque a la identidad, democracia putrefacta, insultos con diana-. Es un trabajo complementario que permite hablar de vascos comunicantes , que funciona como la teoría de los vasos, pero tiene mucha menos gracia. El caso es que gracias a la extrema debilidad de la banda terrorista hoy se puede hablar de una tregua que, de producirse, sería un triunfo de todos aquellos que durante años llevamos insistiendo en la necesidad de llamar a las cosas por su nombre, aplicar la ley y tratar a los que matan como criminales y no como a ovejas descarriadas. Pero, cuidado, ETA ya nos quiso engañar con la falsa tregua de 1998, cuando se vistió también como rasgo de generosidad lo que no era sino evidente síntoma de debilidad. Ahora se quiere hacer un cambalache en el que ETA se quiere mostrar con un perfil amable, y el PNV asume el trazo grueso del discurso de la banda, todo con un mismo fin: seguir en el poder, mantener los votos, o aumentarlos, y que el negocio siga en pie.

Es curioso. El insultador Ibarretxe dice que el PP y el PSE-PSOE quieren desalojarle del poder. ¡Pues claro!, ese es el juego político, ese es el juego democrático: acumular fuerzas para ganar unas elecciones y llegar al poder para desde él poner en practica un programa que se considera mejor que el del rival. Esta obviedad -que puede llegar a entender, si se le explica bien, incluso Ibarretxe- es la esencia de los sistemas democráticos. Lo que ocurre en el País Vasco es que no hay democracia y hasta ahora había chulería de quienes la impedían a base de sangre y miedo. Por suerte, poco a poco, los violentos empiezan a sentir las consecuencias de su desprestigio social y eso parece que provoca más alarma que el hecho cierto de que las gentes del PSE-PSOE y del PP vivan en una especie de clandestinidad, no puedan dirigirse a sus convecinos en condiciones normales y tengan sobre sus cabezas la pena de muerte con tiro en la nuca que establece el terrorismo nacionalista para los que se salen del rebaño.

Ibarretxe se crispa
Editorial ABC 14 Mayo 2003

LA reacción del lendakari Ibarretxe a la información publicada por ABC sobre los contactos del PNV con ETA ha sido una demostración de impostura que abunda en la convicción de que el nacionalismo se ha visto sorprendido haciendo trampa. No es para menos. El último comunicado de la banda terrorista ofrecía muchos indicios de un entendimiento subyacente con el nacionalismo vasco en torno al proyecto de nación libre asociada abanderado por Ibarretxe. El consenso cordial -familiar, podría decirse- entre los mundos nacionalistas se reflejaba tanto en lo que decía el comunicado -la alegría de los terroristas por la consulta que propone el lendakari- como en lo que callaba. ETA ya no insiste -tampoco cabe decir que haya renunciado a ellas- en condiciones que en anteriores comunicados y declaraciones parecían innegociables, como la territorialidad o el «censo» electoral vasco. De hecho, el pacto de 1998 suscrito por ETA y el PNV no superó las diferencias entre la territorialidad «progresiva» que proponía el partido de Arzalluz -primero la Comunidad Autónoma Vasca, luego Navarra y finalmente las provincias francesas; las «tres velocidades» que Egibar marcó en 2000 para renegociar Estella- y la territorialidad «absoluta» de la banda terrorista. El guión del acuerdo actual entre ETA y el PNV habría superado estos obstáculos. ETA no está condiciones de exigir y el PNV, como dijo Arzalluz, la quiere «quieta, no rendida».

Con estos elementos de prueba sobre la mesa, la respuesta del lendakari es pobre, crispada y temeraria. Eludir un desmentido o una confirmación ya no sirve al nacionalismo para distraer la atención. Tampoco crea ningún misterio, sino el peor de los presagios, porque no es ninguna «barbaridad» ni ninguna «especulación» informar de que ETA y el PNV están pactando. Ya lo hicieron en 1998, de forma clandestina, y, por eso, un nuevo Lizarra es la interpretación histórica y política que merecen los últimos movimientos internos del nacionalismo. Ayer mismo, el juez Baltasar Garzón, entre otros, advertía de que el pacto de Estella «puede reeditarse», lo que sería la certificación de que el modelo de pacificación elegido por el nacionalismo se basa en la retribución de la violencia con la autodeterminación. El lendakari no debería indignarse tanto con los medios de comunicación y sí preocuparse por presidir el único Gobierno democrático occidental -no democráticos y no occidentales hay unos cuantos- que anda menudeando con terroristas ejercientes. Aún más, debería evitar el contagio de las formas extremas que utilizan los portavoces de los intereses etarras, porque hablar del «GAL mediático» para descalificar a este periódico es ganarles por muchos cuerpos de ventaja y acuñar lemas que luego aparecen en los papeles de ETA.

Son «sentencias de muerte», como señaló ayer el profesor Antonio Elorza en la presentación de su libro «La hora de Euzkadi», quien recordaba que la banda terrorista ha matado y amenazado a periodistas y ha atentado contra medios de comunicación no nacionalistas. No es extraño que desde los medios próximos a ETA ayer mismo alentaran con entusiasmo al lendakari a que señalara con el dedo a los epígonos periodísticos de esa banda de asesinos. Sería rematar por la cúspide el trabajo que hasta ahora hacían otros «fontaneros» del nacionalismo y de ETA para que se pudiera dudar de la inocencia de la víctima. Con declaraciones como éstas, Ibarretxe se sale del modelo de gobernante democrático y entra de lleno en el capítulo de políticos ultranacionalistas que repelen la libertad de información y repugnan la discrepancia. Ellos, los que giran alrededor de la banda terrorista, saben mejor que nadie -tanto como ETA- lo bien que les viene asociar a un medio de comunicación con la guerra sucia.

Aprendices del infierno
Juan Alberto Belloch La Razón 14 Mayo 2003

El PNV no sale de su asombro, aún menos de su alegría. Y no sabe cómo ocultar uno y otra. Desde que, felizmente, PP y PSOE rubricaron el pacto antiterrorista se han ido sucediendo acontecimientos que han producido ese doble y paradójico resultado.

El proceso más relevante ha sido, sin duda, la ilegalización operativa a través de la Ley de partidos y las sucesivas decisiones del Tribunal Supremo y del Tribunal Constitucional, del brazo político de ETA.

Siempre sostuvieron y, aunque cueste comprenderlo, lo siguen haciendo, que los demócratas debíamos tolerar sin inmutarnos el convivir con la parte emergente del iceberg terrorista. Ni un solo dirigente, de cualquier nivel, del PNV alberga la menor duda de la función que cumple la mutante, sólo en el nombre, Batasuna. Es más, si algo les preocupa de la nueva situación, es precisamente que hayamos tenido la audacia de ilegalizar a ETA, pues de eso se trata. Si fuera un grupo independentista radical y de izquierdas, desconectado de los pistoleros, hubieran apoyado decididamente sacarlo de la ley por cuanto, en ese caso, eliminar un competidor que se mueve en el campo del nacionalismo sólo les hubiera reportado ventajas. Sólo el hecho de ser un ataque al corazón y al cerebro de ETA les produce asombro, les inquieta y les obliga a esconder su alegría.

Comprender, aunque produzca cierto hastío o hasta un hastío cierto, ese mecanismo, tan PNV, tan auténtico en un sector importante del pueblo vasco, ayuda a entender qué es lo que está pasando en ese rincón de España, absurdamente condenado a ser víctima justo por tener tantos verdugos.

Están acostumbrados, como un pobre cliente de una multinacional intangible, a sentirse indefensos frente a una manifestación del poder absoluto. ETA mata y, por lo tanto, manda. ETA es un diablo menor que requiere de un cierto culto, de un callado reconocimiento, de un acatamiento sin argumentos. El participar de una precaria divinidad, aun en su variable maligna, les dota de un escudo invisible. Atacarla de verdad, sin disimulo, genera asombro pues como piensan, no es prudente encolerizar a los aprendices del infierno cualquiera que sea su rango. Venganzas insondables, horrores sin nombre, aguardan al mortal que ose levantar el velo que cubre su rostro impenetrable.

Si los asesinos fueran pobres hombres y no diablejos de discutido rango, ¿a cuento de qué sería cuestionable criminalizarles? Sólo su miserable pertenencia a la clase de los inmortales detiene el aliento de los apesadumbrados adoradores del templo, de los bienpensantes militantes del nacionalismo vasco. ¿A quién se le ocurre desafiar su cólera? Los pobres diablos toleran muy mal que se les tome el pelo. Son capaces de desatar pandemias sin tasa, tragedias memorables, si algún iluso se atreve a desafiarles. Constatar que los inauditos constitucionalistas les condenamos a ser vulgares criminales de vía estrecha rompe los esquemas. Si profanar la tumba de un episódico faraón de Egipto era cruelmente castigado con un estigma de maldición y muerte, ¿qué destino les espera a quienes se atreven a decir y demostrar que el terrorista batasuno está desnudo, además patéticamente abandonado de sus atributos? El asombro viene luego, al comprobar que la cosa no era para tanto, que al día siguiente de su ilegalización no llovieron sapos pestilentes del cielo, no se quemaron las cosechas, no fueron violadas las gentiles damas de la burguesía acomodada. Contra sus predicciones no pasó nada digno de mención, ni siquiera reseñable en las notas a pie de página de la más universal enciclopedia de la infamia.

¿A qué negar el razonable asombro de los burlados sacerdotes del becerro de sangre? Sus repelentes ídolos menores, fehacientemente, eran un solemne fraude. Convertir el asombro en clamor indignado, por ejemplo diciendo que el dejarles fuera de la ley es un pucherazo electoral, no pasa de ser una tibia respuesta de quienes, sodomizados por el aliento nauseabundo de esas bestezuelas, despiertan sabiendo demasiado tarde que hacían ofrendas a un santón equivocado.

Y con el asombro justificado, el indisimulable jolgorio. No aciertan los analistas políticos cuando aventuran que el acopio de votos resultantes de la no presencia en las urnas de los terroristas, colme de satisfacción a la camada nacionalista. No niego que eso les ocurra a los pequeños contables apenas contaminados por los sagrados misterios de la vieja religión en trance de ser abandonada. Un alcalde más o menos, un insustancial incremento de votos, puede calmar las ansias de un político normal nada devoto. El terror por la alegría, reflejado en la cara descriptible y demasiado humana de un Arzallus o en la robotizada y futurible expresión de un Ibarreche, responden a motivos más hondos. Ellos, pontífices de tan sangrante doctrina caída en desgracia, hacen otras cuentas.

Barruntan, con asombro y alegría, que hay otra salida. Que sus cuitas pueden tener remedio a poco que, el sumo pastor teórico, les deje un hueco para, indignadamente ¬¿faltaría más!¬, volver al rebaño. Si Aznar, por un momento, fuera tocado por el rayo de la inteligencia, podría vislumbrar, entre trueno y trueno de su banal cháchara, que abandonados de su religión, los nacionalistas vascos esperan un milagro, a la altura de un santo de la edad media. Alguien que les quite el temor pero no la rabia. Si ETA les ha obligado a ser separatistas contra sus intereses reales y sin más argumento que el terror, es obvio que, caído de su peana tan bárbaro señor, están pidiendo a gritos un nuevo dueño menos excluyente, menos parecido a ellos mismos, aunque lo hagan, hay que reconocerlo, en un idioma extremadamente extranjero. Si no lo hace Aznar, lo hará Zapatero.

Unidad de acción Eta-PNV
Román Cendoya La Razón 14 Mayo 2003

La unidad de acción nazionalista (con z) vasca está consolidándose con la convergencia entre ETA y el PNV. Hemos llegado al punto en el que el nazionalismo (con z) tiene totalmente definido su modelo. El último comunicado de ETA refleja que unos han aceptado el objetivo mientras que los otros han asumido el método. El PNV ha aceptado el objetivo político de ETA para Euskadi, mientras que ETA ha asumido que el método para conseguirlo es el del PNV. Es decir, el objetivo es la independencia y la construcción excluyente de Euskal Herria (asumido en el Plan Ibarre-txe) y el método es la utilización indebida de las instituciones y de los presupuestos públicos (referéndum). El pacto terrorista-nazionalista firmado en Estella ha seguido vigente desde el día que se firmó. La legítima defensa que el Estado ha puesto en marcha y los acontecimientos están forzando el proceso. Por primera vez el nazionalterrorismo se enfrenta a una defensa del Estado que va más allá de la detención de comandos. Las legítimas modificaciones legislativas, la actuación implacable de la justicia, la colaboración internacional, la acción ciudadana de denuncia permanente, el reconocimiento y el ejemplo de las víctimas han provocado que al final el PNV y ETA compartan el árbol y las nueces.

El libro de Setién
José Luis Manzanares La Estrella 14 Mayo 2003

El obispo emérito de la diócesis de San Sebastián, José María Setién, ha publicado ahora, cuando la banda etarra pasa por su peor momento, un libro titulado De la ética y el nacionalismo. Como era de esperar, se trata de la defensa del nacionalismo vasco frente a la “opción política españolista”. Un soberanismo que nada tendría que ver con el

coche-bomba o el tiro en la nuca, pero que es condenado desde Madrid como responsable de aquella violencia no deseada. El libro se inserta, igualmente sin sorpresa alguna, en la línea político-propagandística a la que nos tienen acostumbrados su autor y una parte importante del clero vascongado.

Se pretende impartir doctrina en el terreno de la moral. Muchos razonamientos y argumentos cuidadosamente hilvanados pro domo sua pero, en el fondo, un salvoconducto ético para quienes, amén de compartir los fines de los terroristas, recogen, alborozados, las nueces del nogal que aquéllos golpean. Naturalmente que no todos los nacionalistas piensan así, pero el símil de las nueces tiene padre bien conocido. Los locos y los niños son proclives a decir la verdad, y lo mismo sucede con los fanáticos en sus momentos de levitación. Los frutos secos del terror son negros o vienen manchados de sangre. Algo muy lamentable y condenable, pero que se podría evitar fácilmente si no hubiera violencia institucional y ruines provocaciones, entre ellas la “utilización política de las víctimas”.

Lo que silencia monseñor Setién es que los asesinos etarras han contado con el apoyo tácito, y en ocasiones con el auxilio expreso y directamente criminal (ahí están las condenas judiciales), de pastores más preocupados por la suerte del lobo que por el dolor de las ovejas necesitadas de amparo. Y que en muchas ocasiones las honras fúnebres han servido preferentemente para honrar a los matarifes, mientras que a los muertos se les despachaba de tapadillo. No perdamos la memoria. Mil ciudadanos han perdido la vida por no someterse a un pensamiento único o como daño colateral sin demasiada importancia. Todo lo que ocurre en el País Vasco sucedió ya en la Alemania hitleriana. Unos prelados se enfrentaron al delirio racial y otros, quizá más numerosos, prefirieron los paños calientes e incluso prestaron su apoyo incondicional a unas ideas que hicieron suyas. No tema el obispo Setién. La inmensa mayoría de los españoles sabemos distinguir entre el nacionalismo bávaro, por seguir con el ejemplo alemán, y el nacionalismo de la raza superior. La llamada por Dios a las grandes empresas sin mezcla foránea alguna. El autor del Mein Kampf gustaba de invocar en sus discursos al Dios Todopoderoso. Es una pena que el libro comentado silencie la contribución del ideario de Sabino Arana en la “exasperación” de amplios sectores del nacionalismo vasco. Aquí, a estas alturas, nos conocemos todos, pero cuanta más claridad, mejor.

Los años del plomo
Esther Esteban El Ideal Gallego 14 Mayo 2003

Sigo sobrecogida y sin apenas aliento tras leer “Los años de plomo”, el último libro de Isabel San Sebastián donde se recogen diez historias desgarradas, durísimas de víctimas de ETA. Su lectura coincide en el tiempo con la noticia de que la Universidad del País Vasco acaba de hacer profesor titular al etarra Garmendia y cuando suenan los ecos de una nueva tregua ¿trampa? de ETA. Me pregunto una vez más en qué momento de nuestra historia hemos tenido la cobardía de intercambiar papeles, de convertir a las víctimas en verdugos y a los verdugos darles el privilegio y la protección que deberían tener las víctimas y llego a la conclusión de que sólo una perversión generalizada, incrustada hasta la medula en nombre de una falsa ideología, hace que una sociedad permita que sus muertos por la libertad sean enterrados de puntillas, mientras quienes les descerrajaron un tiro en la nuca tienen una vida por delante.

Isabel, haciendo gala una vez más de su periodismo de raza, presenta un libro durísimo, con formato de entrevistas con personajes de muy variada procedencia: desde la madre de Pertur a Álvaro Cabrerizo, el hombre que perdió a su esposa y dos hijas en Hipercor o el funcionario Ortega Lara. Todos ellos tienen en común la pena que aún anida en su corazón y la esperanza de que, al menos para las generaciones venideras, la muerte de los suyos no haya sido un sacrifico inútil y algún día la libertad no sea sólo una palabra. ¡bendita palabra! en el peculiar diccionario de Euskadi.

A lo largo de sus 300 paginas, de obligada y recomendable lectura se habla de lo que ella denomina “los años de plomo” esa época entre 1975 y 1997 de memoria infausta, pero imprescindible, donde -según afirma la autora- el miedo se abatió sobre las conciencias y una amnesia, tan deliberada como colectiva, relegó al olvido el profundo sufrimiento de las víctimas abandonadas a una suerte casi siempre mísera.

Han pasado los años y hubo de suceder la pasión de Ortega Lara y la ejecución de Miguel Ángel Blanco para que se despertara la conciencia colectiva de los españoles, que, sin embargo, de nuevo parece adormecida, abandonada a la suerte de un nacionalismo que recurre a la confusión y al deseo anhelado de paz para tender puentes a quienes sólo entienden la razón de la fuerza y desprecian premeditadamente la fuerza de la razón. “Los años de plomo” nos invita a todos a entonar el mea culpa. Es un libro que habla de silencios cómplices e indiferencias cobardes, es un libro políticamente incorrecto, que, sin embargo, abre una puerta a la esperanza. Si después de leerlo uno no grita alto y fuerte ¡basta ya! o no tiene sangre en las venas o simplemente es un cobarde. Y el miedo ha anidado en su conciencia y en su corazón.

Maragall rebaja el seny catalán
Por M. MARTÍN FERRAND ABC 14 Mayo 2003

MUTIS por mutis, el de Jordi Pujol, salvando las distancias, recuerda el fallecimiento de Francesc Maciá, el primer presidente de la Generalitat. Han pasado setenta años; pero, al igual que ahora Pujol, Maciá, según Jesús Pavón, «parecía llenarlo todo en la vida pública y social de la Cataluña autónoma». Ese vacío, aunque prematuramente, se siente ya en las elecciones municipales que, como en un anticipo de las próximas autonómicas, bipolarizan Artur Mas y Pasqual Maragall. Es como si se hubiera rebajado en algún grado la concentración del seny que preside el ambiente. Suele suceder cuando los políticos quieren hacer méritos, que es una singular manera de hacer el ridículo.

Maragall, tan errático como siempre y mucho más distante que nunca del tronco socialista, se ha enzarzado con Mas en un debate sobre la emigración que, además de ofender a muchos integrantes de la base natural de los votantes socialistas, muchos de ellos inmigrantes en Cataluña, es un estornudo sintomático de la enfermedad nacionalista que se sustenta en la búsqueda y persecución de las diferencias. En uno de los mítines electorales, ante una concentración de andaluces y extremeños, el que aspira a suceder a Pujol en la Generalitat y es, como presidente del PSC, el brazo catalán del PSOE les dijo a los reunidos con evidente intención de halago: «Soy de los vuestros, no de los que practican la pureza de sangre y estirpe».

Aparte de la grave acusación que el dicho comporta contra CiU -Pujol siempre se ha referido a Cataluña como un sol poble-, de la irresponsabilidad que conlleva ese corte sociológico en una sociedad establecida en su pluralidad, Maragall, en busca de un voto étnico para los candidatos socialistas, se manifestó contra los que buscan esa «pureza de sangre» y reivindicó «los barrios que hicieron los murcianos». Malos serían semejantes planteamientos desde una posición de la «derecha españolista»; pero resultan aún más graves emitidos por una autoridad del socialismo que, además, no es ni en su procedencia familiar y social, ni en su conducta, ni en su expresión, menos nacionalista que los que ahora, en un arrebato de nervioso oportunismo, trata de zaherir.

El nacionalismo catalán clásico, el de Pujol para entendernos, nunca ha sido excluyente ni clasificador y es altamente irresponsable, en busca de un rédito electoral, sembrar ahora la semilla de la discordia como, sin ser desautorizado por sus mayores en el socialismo, está haciendo Maragall. CiU, por su parte, ha respondido al exceso socialista con otros de parecido rango y, entre unos y otros, se favorece el ascenso de ERC, desde donde Josep Luis Carod-Rovira, predica «sin preguntarle a nadie dónde ha nacido, se llame Rodríguez o Roig, ni qué lengua habla cada uno en su casa». Calma es una palabra que significa lo mismo en catalán que en castellano.

Una piedra en el estanque
Aleix Vidal-Quadras La Razón 14 Mayo 2003

Parecía que la campaña municipal en Cataluña iba a discurrir por los plácidos senderos de lo políticamente correcto, con los socialistas reprochando a los convergentes el haber gobernado en la Generalitat gracias al apoyo del Partido Popular y los convergentes denostando a los socialistas por depender de Madrid debido a su relación orgánica con el PSOE, además de las habituales promesas de atender a domicilio a los menos jóvenes, proporcionar entretenimiento a los más jóvenes, acabar con la delincuencia y dar a todo el mundo paz, trabajo y prosperidad. Pero, de repente, interrumpiendo bruscamente la soporífera sucesión de declaraciones tópicas, críticas rituales al adversario y autoalabanzas automáticas, Pasqual Maragall, el imprevisible, el soñoliento, el imaginativo, el caótico, el posmoderno, lanza sin previo aviso un pedrusco en el mismo centro del estanque principal del oasis y acusa a los pujoleros de cultivar un nacionalismo «de sangre y estirpe», o sea, de ser como Xabier Arzalluz en versión montserratina.

Como es natural, la hueste enemiga ha entrado al trapo en tromba y ha cubierto al ex-alcalde olímpico de improperios y descalificaciones. Una de las invectivas contra Pasqual que me ha sorprendido particularmente ha sido la arrojada por Artur Mas ¬se supone que surgida del magín del experto y escrupuloso sociólogo David Madí¬ comparándolo con Vidal-Quadras, que, como todo el mundo sabe, mientras presidió el PP de Cataluña, practicó regularmente uno de los mayores pecados que se pueden cometer en el predio del gran Ubú: llamar a las cosas por su nombre. Y me ha intrigado porque, francamente, creía que sus paisanos nacionalistas ya le habían olvidado después de cuatro años de completa ausencia de la escena pública de su Comunidad natal y de haber trasladado su residencia y su derecho al sufragio activo nada menos que a la capital del Reino. Es un hecho notorio que el nacionalismo pujolista se basa en la sacralización de la identidad lingüística y cultural y que su objetivo confesado y explícito es la construcción de una sociedad catalana homogénea fielmente ajustada al estereotipo estrecho y tribal que consideran la auténtica naturaleza de un país del que se consideran los únicos representantes legítimos. Y la peor transgresión que alguien puede realizar es recordárselo, sobre todo públicamente.

Su concepción no es integradora, es coactivamente asimilista, y la mejor prueba de su intransigencia la ha dado Duran i Lleida al decir, con motivo de este incidente, que si en su día «no permitieron» al PP «entrar» en Cataluña «con este lenguaje» tampoco se lo van a tolerar a Maragall. Es decir, que ellos deciden lo que se puede opinar y lo que no y quién entra y quién no entra en la tierra que ven como de su propiedad exclusiva. Una pandilla de trucaencuestas totalitarios de baja estofa, eso es lo que son.

Aznar avisa que no tocará la Constitución en un acto que los radicales reventaron cuatro veces
Garantiza a los navarros que preservarán su identidad y que fracasará el «pacto de Estella-2»
ETA y la estabilidad institucional marcaron ayer los mitines de José María Aznar en Navarra y Oviedo. Garantizó, en alusión a la reedición de Estella, que se acabará con el terrorismo sin necesidad de «pactos» que no son sino el «camino de la entrega y de la rendición», y logrado esto «se deberá bien poco» a los nacionalistas. Anunció la creación de 450.000 nuevas plazas de guardería en los próximos cuatro años y ayudas a las familias para la vivienda, las facturas de luz y de agua. La «mancha» de la jornada: los incidentes protagonizados por una veintena de «pacifistas».
Carmen Morodo - Tudela (Navarra) / Oviedo.- La Razón 14 Mayo 2003

Tudela, y no Pamplona, ha sido el punto navarro incluido en el periplo electoral del presidente del Gobierno en esta campaña. La agitación de los «abertzales», con motivo de la deslegalización de Batasuna, es uno de los condicionantes que ha llevado a La Moncloa a elegir esta ciudad mesetaria, que en cualquier caso apareció ayer tomada por las fuerzas policiales.

Tras el mitin, Aznar incluso se detuvo en ella, antes de salir destino a Oviedo, para almorzar con representantes de UPN, siglas con las que el PP se presenta en esta comunidad y en las que la guerra de Iraq ha provocado ciertas convulsiones internas. Estabilidad institucional, terrorismo y prosperidad económica fueron los tres ejes de sus discursos, con clara preeminencia de los dos primeros en Tudela ante la especial situación de Navarra en lo que afecta a los planes secesionistas de ETA. Ya había abierto ahí la senda en esa dirección el propio Sanz. Frente a las voces que se escuchan desde el País Vasco, y que hablan de propuestas de «unificación territorial», el líder de los populares comenzó su intervención garantizando que a Navarra no le va a quitar su identidad «nunca nadie».
No fue su única promesa en esta materia pues también reiteró que se derrotará a los terroristas, pero no por la vía de «pactos», en alusión a una reedición de Estella, que son el «camino de la entrega y de la rendición». Cualquier posible acuerdo de los nacionalistas con los violentos está condenado al «fracaso» porque con ETA «no se pacta, simplemente se la derrota». Estos argumentos, ya utilizados en la víspera, los completó con una dura acusación a los nacionalistas. «Derrotaremos definitivamente al terrorismo y, entonces, a alguien le vamos a deber bien poco».

Zapatero-Llamazares
Las andanadas contra la coalición de Zapatero y Llamazares vinieron a renglón seguido, en unos términos que atienden al reparto político que existe en la comunidad foral tras las pasadas elecciones autonómicas y municipales de 1999. UPN gobierna en minoría porque los socialistas decidieron abstenerse, y ahora el PP teme una reedición de un tripartito, «o cuatripartito», citando palabras de Aznar, en el que el PSN-PSOE se alíe con los nacionalistas. «Pido un respaldo masivo para la candidatura de UPN», dijo en relación a esta situación. En riesgo está, como ya viene denunciando desde que empezó la campaña, la «estabilidad» y, particularmente en este caso, «las señas propias de Navarra», después de que esta comunidad haya logrado uno de los mayores índices de prosperidad de España. Una y otra vez, Aznar alertó de la amenaza que encierra la coalición de PSOE e IU. «No se pueden decir cosas diferentes en cada sitio y los de la coalición deben explicar si quieren estabilidad institucional o ponerla patas arriba», dijo.

Cuando entró en el apartado de vender gestión y programa volvió a las diatribas contra socialistas y comunistas -sus «recetas» son las del «desempleo» y la «quiebra de la Seguridad Social»-, mientras iba desgranando iniciativas ya adoptadas por su gobierno, como la bajada del IRPF, o que serán aprobadas en breve. Sobre la Ley de Familias Numerosas, adelantó en Oviedo que beneficiará a las familias con tres o más hijos, o con dos si uno es discapacitado, en materia de vivienda, en impuestos, en las facturas de la luz o del agua. También avanzó la creación de más de 450.000 plazas de guardería.

GRACIAS AL CERCO POLICIAL Y LAS REFORMAS LEGALES
Drástico descenso del terrorismo callejero desde que Batasuna paga las facturas de los destrozos
Libertad Digital  14 Mayo 2003

La batería de medidas políticas y reformas judiciales contra Batasuna y ETA da como primer resultado el descenso en un 86,4 por ciento de los actos de terrorismo callejero en lo que va de año respecto a 2002. Batasuna afronta el embargo de sus cuentas por cerca de 25 millones de euros. Pagan, como responsables solidarios, los daños ocasionados por sus militantes.

 Desde que quemar un cajero, volcar un autobús o incendiar contenedores de basura supone afrontar los gastos materiales y hasta la cárcel, los “chicos de la gasolina” –así les llamó Arzalluz– se lo piensan dos veces antes de enfundarse el pasamontañas y prender sus cócteles. Hasta hace dos años, el terrorismo callejero tenía hasta eufemismos oficiales como “jornadas de lucha”, o “lucha callejera”. Pero debilitar a Batasuna en los tribunales y en las cuentas bancarias se ha traducido automáticamente en un descenso de los actos de sabotaje y de los daños ocasionados por la cantera de ETA. La solución ha sido hacer la cuenta y pedir que la pague, por responsabilidad solidaria, la propia Batasuna.

Así, según los datos del Ministerio del Interior, el descenso del terrorismo callejero en el País Vasco y Navarra ha sido del 86,4 por ciento respecto al mismo periodo del año anterior. Para más detalles, sólo en febrero de 2002 se produjeron 87 actos de terrorismo frente a los 5 que se han contabilizado en el mismo mes de este año. Es uno de los meses más significativo, pero el resto también muestra la diferencia: En enero de 2003, se produjeron 9 sabotajes y destrozos, en marzo 8 y en abril 9. Un año antes, las cifras en los mismos meses fueron de 57, 35 y 49.

Las peores jornadas solían coincidir con actuaciones judiciales y policiales contra el vasto entramado etarra: Batasuna, Jarrai-Haika-Segi, herriko tabernas, etc. Precisamente fue en uno de estos arrebatos terroristas cuando el propio Arnaldo Otegi convenció a un ingenuo e improvisado portavoz de las juventudes etarras de Segi para que ofreciera una rueda de prensa en protesta por la ilegalización de esta organización decretada por el juez Garzón. El veterano le dijo al joven cómo tenía que dirigirse a las cámaras, “con arrogancia”. Y así lo hizo, llamando al terrorismo por las calles del País Vasco. Fue entre el 6 y el 11 de marzo de 2002. La factura, 600.000 euros. El 3 de julio de 2002 se ordenó embargar a Batasuna por más de 24 millones de euros para cubrir los daños ocasionados por el terrorismo callejero desde julio de 2001.

Guevara dice que el lehendakari desea proclamar la independencia en quince años
VITORIA EL CORREO 14 Mayo 2003

El ex diputado general de Álava por el PNV y ahora candidato del PSE-EE a las Juntas Generales de este territorio, Emilio Guevara, aseguró ayer que el lehendakari intenta lograr ahora el reconocimiento del derecho de autodeterminación con el objetivo de proclamar la independencia del País Vasco «dentro de 15 ó 20 años, de forma unilateral». Guevara denunció que la propuesta soberanista de Ibarretxe no es un plan para resolver ni zanjar «ningún conflicto, sino para mantenerlo desde una posición de ventaja que permita indudablemente ir a la secesión cuando interese».

En una rueda de prensa en Vitoria, Guevara consideró que la iniciativa del lehendakari «se descalifica por sí sola» desde el momento en que el propio Ibarretxe defiende que el plan es válido para dos décadas. «No tiene la más mínima seriedad presentar un plan y romper un marco jurídico tan importante como el Estatuto para hacer algo que sólo vale para otros 20 años», argumentó.

A su juicio, el plan supone «la mejor demostración de que no se pretende zanjar ni resolver el llamado conflicto vasco, ni se quiere establecer una fórmula estable y definitiva de amable convivencia como dice el lehendakari con España». «No es cierto -añadió- y lo reconoce él mismo. Si sólo le vale para 20 años quiere decir que no cumple sus últimas apetencias, que son pura y simplemente la independencia».

Para Guevara, la pretensión de Ibarretxe es «tratar de conseguir ahora el reconocimiento de un derecho de autodeterminación, para, dentro de 15 ó 20 años poder en ese momento, a partir de ese reconocimiento y de una forma unilateral, por ejemplo, producir la secesión».

Basta Ya rinde homenaje a la lucha de Ibarrola por la libertad
El colectivo organiza un acto en Bilbao para mostrar su solidaridad al artista
BILBAO EL CORREO  14 Mayo 2003

Basta Ya celebrará el sábado, a las 12 horas, en el Teatro Arriaga de Bilbao un homenaje al escultor Agustín lbarrola en reconocimiento a su defensa de las libertades democráticas, tanto en el pasado durante el franquismo como en los tiempos actuales, en los que sufre también la «persecución» de los violentos. El homenaje, según explicaron ayer sus organizadores, quiere ir más allá de la «solidaridad moral» con Ibarrola para reivindicar un «cambio político» en Euskadi que defienda «la libertad y la democracia» por encima de otras cuestiones como el proyecto del lehendakari lbarretxe.

Carlos Martínez Gorriarán, portavoz de la plataforma, recordó ayer las repetidas agresiones que ha sufrido el bosque de Oma, la última el pasado mes de marzo, y el «ensañamiento» de los radicales con el escultor como muestras de la «limpieza ideológica» que sufren aquellos «que se oponen a los designios del nacionalismo y, en particular, del nacionalismo terrorista de ETA».

Basta Ya considera que es necesario un reconocimiento público de la sociedad civil a la obra y figura de lbarrola porque el apoyo dado por las instituciones «no ha sido suficientemente claro, firme y preciso». El homenaje será un acto «sencillo» y «festivo» con sorpresa final, que contará con la intervención de amigos del artista, sindicalistas, compañeros de cárcel durante la dictadura, víctimas del terrorismo y representantes del mundo de la cultura. No tomarán la palabra representantes de partidos políticos ni de otros colectivos que no sean Basta Ya.

El Constitucional dice que anuló las 225 candidaturas por querer «reactivar» Batasuna
F. Velasco - Madrid.- La Razón 14 Mayo 2003

El Tribunal Constitucional anuló las 225 candidaturas y de AuB y de las Agrupaciones de Electorales al considerar que existían datos que acreditaban que, en realidad, lo que pretendían era «reactivar» Batasuna tras su deslegalización por el Tribunal Supremo. Por contra, el Tribunal sostiene que la mera presencia de uno o varios miembros de la ilegal Batasuna en esas candidaturas no constituye, por sí mismo, un elemento definitivo para anularlas e impedirles concurrir a los comicios del próximo día 25, motivo por el que estima los recursos de 16 listas que fueron anuladas con anterioridad por el TS. Frente a ello, el tribunal constata que, en algunas listas, los candidatos batasunos llegan a copar el 50 por ciento del total.

En la sentencia del TC, de 707 páginas ¬la más extensa de las dictadas por este tribuna¬ se destaca que con la disolución de un partido político «no se perjudican los derechos individuales de sus dirigentes y afiliados» y que tampoco comporta «la privación del derecho de sufragio, activo o pasivo, de quienes fueron sus promotores, dirigentes o afiliados. Por otro lado, analiza detalladamente lo relativo al artículo 44.4 de la Ley Electoral General, en el que se impide la presentación de candidaturas por parte de «las agrupaciones de electores que, de hecho, vengan a continuar o suceder la actividad de un partido político declarado judicialmente ilegal y disuelto, o suspendido».

Al final, llega a la conclusión de que existe una «interpretación constitucionalmente conforme», cual es el tratarse de un «mecanismo de garantía institucional con el que pretende evitarse, justamente, la desnaturalización de las agrupaciones electorales como instrumentos de participación ciudadana». El Alto Tribunal justifica también las candidaturas anuladas por su «equivalencia funcional» con Batasuna. En este punto, se destaca que el TS ya constató una «trama orgánica-funcional ideada para la instrumentación de las agrupaciones electorales al servicio de la continuidad material del partido disuelto». La anulación, en este caso, es inevitable «si no se quiere propiciar conductas fraudulentas». Garzón advierte del peligro de otro pacto de estella.

El juez de la Audiencia Nacional, Baltasar Garzón, advirtió ayer de que el Pacto de Estella, firmado en 1998 por los nacionalistas vascos e IU, «corre el riesgo de reeditarse». «Todo es posible», afirmó el magistrado tras publicarse el domingo el último comunicado de ETA en el que la banda considera «motivo de alegría» la consulta popular incluida en el «plan Ibarreche».

Garzón advierte de que ETA y el PNV pueden reeditar el Pacto de Estella
MADRID / PAMPLONA. ABC / C. DE LA HOZ ABC 14 Mayo 2003

Los contactos del PNV con ETA en busca de una nueva tregua que permitiera a los nacionalistas vascos sacar adelante un pacto como el suscrito en Estella en 1998 estuvieron ayer también presentes en la campaña electoral y en actos como la presentación del libro «La hora de Euskadi», del catedrático de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense Antonio Elorza.

En Madrid, el juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón, que intervino en la presentación de ese libro, advirtió claramente de que el acuerdo suscrito por PNV, EA e IU hace casi cinco años, «corre el riesgo de reeditarse». Las ambiguas declaraciones del lendakari, Juan José Ibarretxe, tras difundir el pasado lunes ABC la existencia de los contactos, no parecen tener un gran poder de convicción, dadas experiencias anteriores, en las que desde las filas del partido que preside Xabier Arzalluz se desmintieron informaciones que después resultaron ser ciertas.

El magistrado basó su afirmación en la publicación el pasado domingo del último comunicado de ETA en el que la banda terrorista considera que la celebración de un referéndum en el País Vasco, incluida en el Plan Ibarretxe es un «motivo de alegría».

Garzón, además, denunció que las instituciones vascas no tienen ya recato alguno en «desentenderse de la legalidad y alinearse en una especie de islote de impunidad con los que quebrantan la legalidad».

Evolución del PNV

Por su parte, Antonio Elorza recordó la evolución del nacionalismo vasco desde 1991 hacia posiciones más radicales y, en concreto, cómo el PNV decidió, en expresión del portavoz del partido, Joseba Egibar, «sacar del pozo» a ETA, tras la caída de la cúpula de la banda en Bidart, en 1992.

Subrayó, asimismo, que los nacionalista vascos, en lugar de aprovechar el espíritu de Ermua, creado tras el asesinato de Miguel Ángel Blanco, hicieron posible el Pacto de Estella.

Elorza también comentó la expresión de «GAL mediático» utilizada por Ibarretxe tras la publicación de los último contactos entre el PNV y la banda terrorista. El catedrático señaló que una vez que ETA ha atentado contra periodistas y sigue dispuesta a hacerlo, con una expresión de ese tipo «se dictan sentencias de muerte».

Desde Pamplona, el presidente del Gobierno habló también de esa negociación para alcanzar un «Estella 2». José María Aznar insistió en que la única salida para el fin de la violencia es la derrota policial, judicial y política así como el acorralamiento internacional de los terroristas, y, refiriéndose a los nacionalistas vascos, aseguró: «Cuando derrotemos al terrorismo, a algunos les vamos a deber bien poco»,

Tras aseverar que «no vamos a parar hasta ver la derrota definitiva del terrorismo», recordó medidas como la ilegalización de Batasuna, el cumplimiento íntegro de penas o la reforma legal para que los terroristas encarcelados «no puedan ser catedráticos de universidad porque tienen pistola».

Aznar añadió que con esas iniciativas, «hacemos mejor nuestra democracia» para que pueda enfrentarse a esas «conversaciones y acuerdos con los terroristas» que mantiene el PNV. «Estamos -proclamó- en un compromiso de libertad y «Estella 2» estará condenada al fracaso porque con el terrorismo no se pacta, simplemente se le derrota».

Mientras, el PNV se pronunció ayer sobre los contactos con la banda terrorista por boca de Joseba Egibar, precisamente la persona que más se distinguió en 1998 en tratar de desmentir las negociaciones que desembocaron en el Pacto de Estella, también conocido como de Lizarra.

En una entrevista concedida a ETB, la televisión vasca, aseguró que su partido «no ha hablado» con ETA y que no es «parte actuante» en lo que podría ser un cambio de estrategia de la organización terrorista. Además, indicó que el PNV es «el objetivo político de la izquierda abertzale».

«La izquierda abertzale -afirmó Egibar- está en una encrucijada impresionante y toca que desaparezca ETA, pero nosotros no somos parte actuante; en 1998-1999 sí fuimos actuantes, aunque no contratantes porque no llegamos a un acuerdo».

El portavoz peneuvista dijo desconocer si existe una tregua táctica por parte de la banda terrorista, y añadió que, en cualquier caso, no es posible «ni Lizarra bis ni Lizarra tris», mientras ETA no deje la violencia o adopte lo que el llamó una «estrategia pacífica».

Acusaciones de Imaz
Desde el Ejecutivo vasco, a través de su portavoz, Josu Jon Imaz, se insistió ayer en acusar al PP de «mentir» a la sociedad cuando defiende la existencia de un pacto entre ETA y el PNV, y en asegurar que el Gobierno que preside José María Aznar mantuvo la misma tesis hace unos meses, pero que poco después la banda terrorista echó por tierra la teoría asesinando a dos personas en Santa Pola. Según Imaz, ETA no expresa en su último comunicado un apoyo al Plan Ibarretxe

La historia de la tregua trampa se repite
D. MARTÍNEZ / J. PAGOLA ABC 14 Mayo 2003

Durante el fiasco del «alto el fuego» de 1998 el PNV negó los acuerdos secretos con ETA para imponer un plan soberanista. La banda, molesta porque los nacionalistas se resistían a cumplir en su integridad los pactos, los aireó como venganza

MADRID. Bajo la trampa de la tregua de 1998, ETA/HB y PNV/EA mantuvieron reuniones secretas para imponer su compartido proyecto soberanista. Los terroristas -contra las cuerdas- y los nacionalistas -alarmados por el «espíritu de Ermua»- se necesitaban mutuamente.

El pacto de Estella y el anuncio de la tregua no fueron mas que «las puntas del iceberg» de esas conversaciones, tan clandestinas que el Gobierno vasco utilizó a la Ertzaintza para «blindar» los preparativos. En agosto de 1998, PNV, EA y ETA firmaron, con sus respectivos sellos, el primer acuerdo de mínimos, tras una reunión mantenida en Francia. Los nacionalistas se comprometieron a dar «pasos decisivos para crear una institución con una estructura única y soberana» que abarcara el País Vasco, Navarra y los tres departamentos del sur de Francia que reclaman. Y constituyeron Udalbiltza como embrión de una supuesta «asamblea nacional constituyente». PNV y EA se comprometían también a «abandonar los acuerdos que les unen a los partidos que tienen como objetivo la destrucción de Euskal Herria (PP y PSOE)». Ibarretxe fue investido como lendakari con los votos de EH.

Con «carácter acreditativo»
La tregua anunciada por ETA el 16 de septiembre cogió por sorpresa al Gobierno, hasta el punto de que ese día el presidente Aznar se encontraba en la selva de Perú. Desde allí, en una declaración, se mostró cauto, dejó claro que correspondía a la banda demostrar con los hechos el «alto el fuego» y no cerraba las puertas a contactos, que el 3 de noviembre autorizó con «carácter acreditativo». En el único encuentro, celebrado en Zurich, los interlocutores del Gobierno advirtieron a los terroristas que a cambio de paz sólo se hablaría de los presos. La banda no acudió a una segunda cita.

Mientras, ETA mantenía en secreto su negociación particular con el PNV y EA. Arzalluz o Anasagasti lo negaban cuantas veces se lo preguntaban. Lo desmentía también Egibar, pese a que encabezó la delegación del PNV que se entrevitó con dirigentes de ETA, por ejemplo, el 12 de julio de 1999. Al menos esa era la fecha del «acta» de la reunión que se le incautó al colaborador de «Mikel Antza», Jokin Echeverría, cuando fue detenido el 2 de agosto en Francia. Según el citado «acta», los nacionalistas subrayaron los logros obtenidos de cara a la «construcción nacional», como la creación de Udalbiltza. ETA, por su parte, les reprochó que tras su constitución, la asamblea de municipios había entrado en una fase de «impotencia».

La banda planteó además al PNV y EA la creación de un «parlamento de Euskal Herria» y la celebración de unas «elecciones vascas» que implicara la abstención en los comicios generales. Los nacionalistas, en un intento de «dar largas», no rechazaron la propuesta, aunque hicieron ver las dificultades. Así las cosas, «Mikel Antza» les comunicó que la tregua se encontraba «en suspenso», lo que no significaba que se rompiera de inmediato. En octubre, este cabecilla citó a los representantes del PNV y EA a Francia para «leerles la cartilla». Al encuentro esta vez no acudió el jefe del «aparato político», sino dos encapuchados que recriminaron a Egibar la estrategia de ganar tiempo. En esta reunión ETA confirmó a sus interlocutores que rompía la tregua. Pero los nacionalistas no informaron al Gobierno de esta circunstancia porque seguían negando sus contactos. Incluso responsabilizaron al Ejecutivo de Aznar de una posible reanudación del terror tras la captura, por aquellas fechas, de la etarra Belén González Peñalva, «Carmen». El 28 de noviembre la banda difundió lo que un mes antes había comunicado a sus interlocutores nacionalistas. Tras el anuncio, Aznar aclaró que con la vuelta a las armas «ETA se equivoca de nuevo».

Riad, capital de Al Qaeda
Lucrecio Libertad Digital  14 Mayo 2003

Que la voladura del World Trade Center fue un acto de guerra, pocos analistas en el sano uso de sus neuronas podrían negarlo. El término terrorismo, demasiado genérico, sólo daba cuenta del modo específico que habría de tomar su despliegue. Pero el bombardeo y destrucción de edificios urbanos con más de 5.000 bajas civiles sólo puede recibir un nombre acorde con los diccionarios: declaración de hostilidades.

Que esa guerra será larga y costosa, nadie que no sea un insensato puede ponerlo en duda. A diferencia de las dos grandes guerras mundiales explícitamente proclamadas, y, a diferencia de esa tercera eufemísticamente calificada de fría que las prolongó, la guerra que el islamismo declara el 11 de septiembre –culminando una dinámica que arranca de década y media atrás, en los últimos años de la decadencia soviética– a esa modernidad tejida de capitalismo y democracia que es la de las sociedades garantistas, es una guerra difusa, sin líneas claras de frentes ni fronteras. Larga, previsiblemente. Tanto, quizá, cuanto lo fue la guerra fría. Porque, mentiras piadosas o perversas aparte, no es cierto que sea ésta una confrontación entre pobres y ricos. Si el islamismo armado ha podido tejer una red operativa de envergadura mundial nadie será, espero, tan imbécil como para pensar que es cosa de milagro propiciado por el bendito Alá tan magnánimo él con los pobres de la tierra. La clave de ese ejército secreto, sin precedente comparable en los prolijos ensayos de organización clandestina que surcan como galerías el siglo XX, no es ni la religión ni el bárbaro entusiasmo del suicida. La clave se llama petrodólares. En cifras hasta hoy inimaginables para red subversiva de tipo alguno. Riad, ayer golpeado por los guerreros del Clemente y Misericordioso, es la clave mayor de ese proyecto. Y, junto a Riad, los sórdidos emires petroleros cuyo irracional flujo de dinero ha puesto en marcha este proyecto de regresión planetaria hacia los tiempos más oscuros del Medioevo teocrático, hacia un tiempo en el cual las mujeres sean sólo animales domésticos con función reproductiva y el conjunto de los infieles carne de matadero.

A diferencia de la pusilánime –o quizá, sólo suicida– Europa, Estados Unidos pareció entender, desde el primer minuto que siguió al desmoronamiento de las Torres Gemelas, la entidad de lo que estaba en juego. Una guerra con fases bien diferenciadas. La destrucción de los campos de entrenamiento afganos era previa a todo. Afganistán era una enorme plataforma para la planificación operativa de los comandos dispersos. No parecía demasiado difícil acabar con ese soporte. No lo fue, aunque el rechinar de dientes europeo comenzó ya a oírse. Irak, obstáculo esencial para cualquier plan de paz estable en el Cercano Oriente tras su violación formal del armisticio del 91, era el segundo frente. Más complejo militarmente, desde luego. Pero también previsiblemente solventable en breve plazo, a pesar de las jeremiadas de tanto delirante europeo empeñado en convertirlo en una letal mixtura de Vietnam y Líbano. Lo más largo había de venir luego. También lo más complicado, verosímilmente. El Golfo.

Las monarquía petro-teócraticas del Golfo son, hoy, el riesgo mayor para la estabilidad del planeta.

Lo son, en primer lugar, por causa de un demencial oligopolio que pone en manos de corruptos jeques de mente antediluviana los costes globales de la energía –esto es, de la producción– en el planeta. Que media docena de sujetos moralmente degenerados y mentalmente enfermos puedan decidir a su capricho sobre el destino de la economía mundial, esto es, sobre el destino de la humanidad a secas, es de una obscenidad más allá de lo calificable.

Lo son, además, porque, por convicción supersticiosa o por confort chantajeado, ellos, y sólo ellos, han cargado con la mastodóntica financiación de las milicias islamistas en todo el mundo: desde Arafat –que inauguró ese chantaje hace tres más de tres décadas– a Ben Laden.

Borrado Sadam del mapa, parece lo más inmediato solventar el problema nacional palestino, mediante un retorno a los términos del plan Barak-Clinton que un ya muy descerebrado Arafat procedió a volar en el año 2000. Sólo entonces se podrá entrar en la fase resolutoria: el fin de la hegemonía económica de los más impresentables reyezuelos del planeta.

Pero que nadie se engañe: será ésa una guerra larga y muy costosa.

Ataque terrorista en Arabia Saudí
Editorial La Razón 14 Mayo 2003

La pista de Al Qaida aparece detrás de los atentados de Arabia Saudí, y para los expertos en la lucha contra el terrorismo está claro que debe atribuirse la autoría de la matanza a la red del saudí Ben Laden. Los fanáticos, de acuerdo con sus objetivos habituales, han dirigido su golpe contra intereses extranjeros en general, y estadounidenses en particular, pero también lo han hecho contra el Gobierno saudí en un momento especialmente crítico para el régimen de la familia del rey Fahd.

La coordinación de los autores de los cuatro atentados, que recuerda a los perpetrados el 11-S, así como la brutalidad de los mismos al haber provocado decenas de muertos y dos centenares de heridos (aún se carece de un balance definitivo), suponen una escalada sin precedentes en el país clave para el equilibrio de Oriente Medio. Los ataques contra occidentales no son raros allí, pero nunca habían alcanzado tan grandes proporciones y cabe pensar que no se han producido precisamente por azar.

La situación del gobierno saudí, con un rey enfermo y dos sucesores que no son precisamente jóvenes, es muy distinta a la imagen que ofrece habitualmente. Han pasado los días en los que el dinero del petróleo llegaba a raudales y sobraba para llenar las arcas del Estado y las cuentas corrientes de una familia reinante de cuyos alardes de nuevo rico hemos tenido sobradas muestras en España. Hoy, el país que todavía es el mayor productor de crudo, pasa por apuros económicos y el descontento se generaliza en el interior, donde una creciente oposición denuncia la corrupción generalizada. El gobierno está, además, atrapado entre su tradicional papel de guardián de los santos lugares, y por tanto mantenedor de la fe, y su condición de aliado de Estados Unidos, deteriorada en los últimos meses por su negativa a apoyar los planes contra Sadam y por la certeza de que Al Qaida ha gozado del favor y de la ayuda económica de destacados miembros de la sociedad saudí. No es una casualidad que los atentados precedan a la visita de Colin Powell, ni tampoco lo es que coincidan con la salida de las tropas norteamericanas, británicas y francesas que permanecían en Arabia Saudí desde hace más de una década.

Los seguidores de Ben Laden han puesto en evidencia las dificultades del régimen saudí, que debe ahora responder con rapidez y eficacia para asegurar la estabilidad del país donde se halla la Meca, la ciudad santa de todos los musulmanes, y que posee además la cuarta parte de las reservas mundiales de petróleo. Son dos argumentos de peso, más que suficientes tras lo ocurrido en Iraq, para temer los efectos que puede acarrear una escalada de la violencia en Riad, y para que las luces de alarma permanezcan encendidas en los gobiernos de todo el mundo.

De Chechenia a Arabia Saudí
Editorial ABC 14 Mayo 2003

CHECHENIA y Arabia Saudí han vuelto a ser crueles escenarios de la nueva forma de guerra que el terrorismo islamista y antioccidental declaró el 11 de septiembre de 2001. El tipo de acción, la participación de asesinos suicidas, la búsqueda de objetivos y la extrema crueldad revelan toda una escuela del crimen que sobrepasa cualquier coartada. Es verdad, en el caso checheno, que la acción de las fuerzas de seguridad rusas no ha sido un modelo de eficacia y respeto a los derechos humanos y que puede discutirse que los rusos tengan mayores o menores derechos históricos para la presencia en Chechenia o en cualquier otro rincón del Cáucaso. Lo mismo puede afirmarse de la monarquía feudal que gobierna Arabia, de su corrupción, incluso de la perversa posibilidad de que los asesinos hayan sido instruidos, adiestrados y estimulados en madrassas fundamentalistas pagadas por el mismo Gobierno saudí, financiero principal del fundamentalismo salafista, el que alimenta Al Qaida. Pero eso no cambia nada. Cuando se empiezan a considerar las coartadas de los terroristas como fuentes de explicación sociológica del crimen comienza a perderse la batalla. El terrorismo, la acción criminal para protestar contra una supuesta o real injusticia, o para negociar determinados derechos, o para imponer una ideología, o para negar una acción excesiva y hasta criminal de un Estado, es malo en sí mismo, independientemente de cuáles sean las razones que crean tener los terroristas.

Si, sobre un mapamundi, señaláramos las zonas de mayor miseria, mayores injusticias sociales, mayores errores occidentales o mayores torpezas de las compañías multinacionales, por citar algunos de los supuestos orígenes de la violencia terrorista, descubriríamos que no coinciden esas zonas con las de mayor violencia política. El terrorismo es un fenómeno fundamentalmente europeo, nacido de una determinada concepción de la Historia, de una cultura de la transformación de la sociedad nacida de la suma de romanticismo, idealización del héroe y del voluntarismo, y de afirmaciones como «la violencia es la partera de la historia», o «el poder nace en la punta del fusil» u otras tantas zarandajas, simples pero criminales, que el marxismo codificó. Y fue el marxismo el que, a través de los llamados movimientos de liberación nacional, lo llevó a Iberoamérica y a Oriente Próximo donde encontró un extremismo religioso con tradición violenta que heredó métodos y redes y un odio al occidente de las libertades que está alimentando la ofensiva terrorista actual.

PERO éste es un terrorismo nuevo, organizado de otra forma y con otros métodos de matar que pueden hacer mas difícil su eliminación. El terrorismo fundamentalista islámico ha abandonado la organización centralizada, leninista, preocupada por la salvación del criminal y con cierta «racionalización estratégica». El terrorismo islámico desprecia la vida del criminal tanto como la de la víctima, es mas difuso y su causa está mas allá de lo terrenal, aunque sean perfectamente terrenales y hasta mundanos los que lo utilizan como instrumento. El terrorismo islámico es hoy un instrumento más de la política exterior de algunos Estados o entidades paraestatales y, si no se comprende esto, la lucha contra el mismo será mas compleja.

CIÑÉNDONOS a las acciones terroristas de Chechenia y Arabia, conviene señalar algunos elementos importantes al margen de las consideraciones morales o políticas. Hay un hilo conductor entre ambas acciones terroristas: el fundamentalismo islámico de orientación sunní, la mayoritaria en el Islam y cuya cuna espiritual y estimulante principal está en Arabia. En las detenciones de militantes islamistas integrados en Al Qaida que se han producido por todo el mundo, han aparecido siempre conexiones con Chechenia y con Arabia Saudí y, en Chechenia, los rusos han encontrado militantes islámicos de todo el mundo musulmán. Esto señala que sigue vigente la guerra internacional contra el terrorismo, que va a seguir siendo dura, que va a suponer dolor y representar desafíos importantes y que va a requerir una determinación y una unidad de los países democráticos cada vez mas sólidos. En algunos ambientes ideológicos europeos se invierte más en explicar el terrorismo que en combatirlo. Es lícito buscar la explicación sociológica del delito terrorista, como de cualquier otro. Pero es mucho más tranquilizador realizar el estudio académico con el criminal derrotado.

Terrorismo suicida en la cuna del Islam
LUIS IGNACIO PARADA ABC 14 Mayo 2003

LOS atentados suicidas contra viviendas ocupadas por extranjeros en Arabia Saudí tienen la marca de Al Qaeda. No porque el grupo terrorista los haya reivindicado, sino porque es la única organización capaz de sublimar el odio contra Estados Unidos con la inmolación de sus militantes. Dieciséis de los diecinueve terroristas que participaron en los ataques a las Torres Gemelas y al Pentágono procedían de Arabia Saudí. Allí nació, estudió y engendró su odio americano Osama bin Laden. George Bush, padre, utilizó una base saudí para dirigir la guerra del Golfo de 1991. Su hijo no pudo hacer lo mismo hace dos meses porque Arabia prohibió que los aviones americanos estacionados en su territorio fueran utilizados para bombardear Irak.

La amistad interesada entre Estados Unidos y Arabia Saudí se ha roto hace unos días con la retirada de las tropas norteamericanas destacadas en el país desde 1991. En respuesta, el rey Fahd ha nombrado un nuevo gobierno menos proamericano. Washington necesitaba a Riad por razones geoestratégicas. Y porque alberga la tercera parte de las reservas mundiales de petróleo. Pero, también, porque intentaba organizar desde allí la lucha contra la expansión del islamismo radical en la zona. Ahora, con la amistad con Qatar -país que utilizó como centro de operaciones para derrocar a Husein- y con Irak en su poder, ya no lo necesita.

Se discutirá si Huntington estaba en lo cierto cuando anunció en 1993, el choque de civilizaciones. O si la fuente de conflictos bélicos ha dejado de ser ideológica y económica. Pero parece indudable que el ascenso de los movimientos islámicos que recurren al terrorismo -como Al Qaeda- se debe a gente convencida de la superioridad de su cultura y su religión, obsesionada con la inferioridad de su poder y convencida de que debe morir matando porque los infieles ya son los dueños de Irak, y amenazan a Arabia Saudí, la cuna del Islam.

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