AGLI

Recortes de Prensa     Jueves 15 Mayo  2003
La guerra contra el terrorismo debe continuar
EDITORIAL Libertad Digital  15 Mayo 2003

¿Contra el terrorismo o contra los USA
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  15 Mayo 2003

La ofensiva terrorista
Editorial ABC 15 Mayo 2003

Respeto y mesura
Germán Yanke Libertad Digital 15 Mayo 2003

El PNV, bajo el estigma de Hitler
Editorial La Razón 15 Mayo 2003

«La hoja de ruta» de Ibarretxe»
Julián Lago La Razón 15 Mayo 2003

Tregua, pacto y utopía
Carmen Gurruchaga La Razón 15 Mayo 2003

Amilibia
Iñaki Ezkerra La Razón 15 Mayo 2003

¿Añoranza de las inmunidades del poder
LUIS ÁNGEL GARRIDO BENGOECHEA  El Correo 15 Mayo 2003

Acebes alerta de que ETA anunciará una nueva tregua «trampa» para «reorganizarse»
OLATZ BARRIUSO/ANDOAIN El Correo 15 Mayo 2003

Un país increíble
ROSA DÍEZ  El Correo 15 Mayo 2003

La guerra contra el terrorismo debe continuar
EDITORIAL Libertad Digital  15 Mayo 2003

Durante la década de los 90, y aprovechando que los servicios secretos occidentales habían bajado la guardia tras la caída del muro de Berlín, Ben Laden organizó y entrenó una ejército de terroristas cuyo núcleo inicial estaba formado por ex combatientes de la guerrilla afgana antisoviética y que hoy, según algunas fuentes, podría sumar hasta 18.000 fanáticos dispuestos a seguir ciegamente las enseñanzas de su líder, cuyo poder de convocatoria y conexiones con otras organizaciones terroristas es también notable. Por ello, los atentados en Arabia Saudí y Chechenia, que tuvieron lugar ayer, la masacre de Bali el pasado 12 de octubre y las más de veinte acciones terroristas que han tenido lugar desde el 11-S en todo el mundo contra ciudadanos e intereses occidentales son una prueba evidente de que la guerra contra el terrorismo no ha hecho más que empezar.

El atentado de ayer en Riad, además, refleja una pauta muy clara del terrorismo islámico en general y del de Al Qaeda en particular: el deseo de “purificar” el Islam en los países musulmanes y el de exterminar a los infieles, especialmente a los hijos del “gran satán” norteamericano. Por ello, conviene no olvidar que el problema palestino no es más que una mera excusa con la que los terroristas pretenden “justificar” los crímenes que cometen en pos de sus objetivos: la restauración del Islam medieval en una primera fase –algo que, por cierto, concierne directamente a España, a cuya pérdida para el Islam Ben Laden ha hecho referencia más de una vez en sus discursos como la “gran tragedia”– y su extensión a todos los países del mundo en última instancia.

Luego no cabe engañarse buscando excusas peregrinas en el problema palestino, en la política exterior de EEUU –como, insensatamente, ha hecho Caldera al explicar el atentado de Riad como una “consecuencia” de la guerra contra Sadam–, en razones políticas coyunturales o en la desesperación de los pobres y oprimidos del mundo. No hay esperanza de paz o de negociación con quienes sólo desean la destrucción del infiel y la imposición universal de su fanatismo religioso. Y tal es la razón por la que la guerra contra el terrorismo será larga –en la medida en que sigan existiendo fanáticos organizados– y penosa, pues los terroristas aprovecharán cualquier debilidad, división o vacilación de Occidente para atacar con renovadas fuerzas. Como, de hecho, ha sucedido durante treinta años en España con el terrorismo de ETA.

¿Contra el terrorismo o contra los USA?
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  15 Mayo 2003

La sucesión de atentados terroristas islámicos en Arabia y Chechenia han dejado en evidencia a los medios de comunicación y a los políticos que en muchos países europeos, entre ellos España, proclaman su voluntad de lucha contra el terrorismo en todos los países y por todos los medios, pero disfrutan culpando a los judíos, a los norteamericanos y a los países que les apoyan del terrorismo que padecen. La pauta insuperable de esa actitud intelectual que justifica y disculpa (ellos lo llaman “explicar”) el terrorismo contra Occidente la marcó El País tras el 11-S con su titular a toda página: “El mundo en vilo a la espera de las represalias de Bush”. Después de la guerra de Irak, esa izquierda “pacifista” que se pasea bajo la fotogénica jeta del sanguinario Che Guevara no se toma siquiera la molestia en disimular su simpatía por el terrorismo islámico, con tal de poder rendir culto a su antiamericanismo patológico.

Lo único que se le ha ocurrido a Caldera después de la masacre de Ryad es culpar a los USA y a los países que acabaron con la dictadura de Sadam Hussein del terrorismo salvaje, como si estos atentados no fueran precisamente la prueba de que la guerra contra el terrorismo debe continuar hasta aniquilar al grueso de los fanáticos. Dice el demóstenes zapateril que hay más inseguridad que antes de la guerra, como si no hubiera habido antes atentados islamistas más salvajes que estos. Culpa a Bush y la actual política de los USA de la fuerza de Ben Laden, como si ésta no se hubiera manifestado precisamente antes de esta política y como fruto de la inacción de Clinton. Pero sobre todo olvida que Putin tuvo una actitud en la guerra de Irak tan miserable como la de Chirac, Schroeder y Zapatero (y Caldera), lo cual no le ha ahorrado dos masacres en dos días. Y es que, aunque muchos no puedan creerlo, y sabemos que resulta difícil asumirlo, para Ben Laden y sus secuaces tan infiel y tan occidental, es decir, tan digno de ser asesinado es Caldera como Rumsfeld, Zapatero como Blair, González como Aznar, Putin como Bush.

Es difícil que una táctica tan inmoral como la de la “coalición Zapatero-Llamazares” para destruir electoral y políticamente al PP desaparezca de repente tras varios meses de pancartismo desatado, pero cuando el terrorismo islámico se muestra en toda intensidad, la izquierda tendrá que elegir: o con los terroristas o con los USA. Y si dicen que ni con los unos ni con los otros, que es lo más probable, ya sabemos que valoran del mismo modo la dictadura sadamita y la democracia americana, y que ponen al mismo nivel a los asesinos de Riad y a sus víctimas. Que no hablen luego de moral, de coherencia y del necesario apoyo internacional en la lucha contra el terrorismo antiespañol. Mientras justifiquen a Ben Laden con tal de atacar a Bush lo único que va a estar claro en España es que hay que votar a Aznar con tal de que no gane Zapatero. No es lo ideal para España, pero esta izquierda está poniendo imposible la política nacional.

La ofensiva terrorista
Editorial ABC 15 Mayo 2003

EL terrorismo islamista parece haber decidido una ofensiva en todos los frentes posibles. No hay que descartar que en las próximas horas asistamos a otra acción criminal de envergadura. La acción de ayer en Chechenia, la segunda en veinticuatro horas, perpetrada por mujeres suicidas, en medio de una multitud -con el propósito aparente de matar al jefe de la administración chechena que colabora con los rusos pero con la voluntad de asesinar a cuantas más personas mejor-, revela que la trama terrorista del fundamentalismo islámico tiene un centro de acción clave en la república caucásica, de la misma manera que tiene, o al menos ha tenido hasta hace muy poco, sus fuentes financieras en Arabia Saudí. Con la acción de ayer no sólo se ha acabado de un plumazo el plan ruso de pacificación que pasaba por institucionalizar una relación nueva entre chechenos y rusos, frenar el fundamentalismo y gestionar conjuntamente los recursos energéticos de la región, supone un desafío a toda la comunidad internacional.

Mientras tanto, los datos que se van conociendo de los atentados en Arabia Saudí recuerdan cada vez más la acción brutal del 11-S. El número de terroristas, la coordinación entre ellos, la elección de víctimas entre occidentales -militares, ejecutivos, gestores o asesores- y la misma acción suicida es una réplica de los ataques sufridos por Nueva York o Washington o de algunos ataques cometidos en ciudades israelíes. Hay un mismo modus operandi, como dicen los policías, una misma filosofía, una misma voluntad homicida, una misma escuela y unos mismos alumnos.

Pretender que los ataques criminales de las últimas horas es una consecuencia de la acción en Irak no es solamente una falsedad. Es, además, una irresponsabilidad que entra de lleno en la cadena de coartadas del terrorismo. El terrorismo de corte islamista, la principal amenaza criminal en estos momentos aunque no la única, atentó en Dar Es Salam, Nairobi, Nueva York, Washington, Tel Aviv, Jerusalén y Balí, por citar sólo algunos de los hitos sangrientos mas significativos, antes de la intervención en Irak. Culpabilizar a los atacados de las acciones de los verdugos es una canción ya conocida en España.

Pero el terrorismo islamista no es sólo una amenaza para Occidente, sus libertades y su bienestar. Todos aquellos dirigentes de países islámicos, incluidos los que han caído en la tentación de instrumentalizar al terrorismo para conseguir concesiones occidentales o mejorar su posición estratégica están igualmente amenazados. Esto no es nuevo pero en estos momentos es más evidente que nunca. La lógica de este tipo de terror es la destrucción de toda modernidad, toda institución que no sea teocrática, toda idea que no nazca de sus verdades absolutas.

El mundo occidental, el que se ha asentado sobre las libertades, disfruta del mayor nivel de bienestar del planeta y se sustenta sobre sociedades en las que la mayor parte de la humanidad quisiera vivir tiene que reaccionar con serenidad, firmeza, cohesión y claridad de ideas en defensa de los derechos humanos, la legalidad internacional y el rechazo a la violencia terrorista tenga la coartada que tenga.

El terrorismo es con más claridad que nunca la principal amenaza a las libertades y como en otros momentos en que éstas han peligrado debe ser la comunidad democrática internacional, con todos los instrumentos legales a su alcance, los que garanticen la democracia, la seguridad y la estabilidad internacional. La guerra contra el terrorismo no es sólo policial o militar. Es también financiera, política y, sobre todo, ideológica. Destruir las mentiras admitidas como tópicos y acabar con la comprensión de la «desesperación» terrorista es comenzar a vencer el terror.

Respeto y mesura
Germán Yanke Libertad Digital 15 Mayo 2003

Respeto y mesura. El Consejo del Poder Judicial pide a los nacionalistas vascos, sin citarlos expresamente, respeto y mesura. Está muy bien, al estilo de aquel diputado socialdemócrata alemán que, para enfrentarse con los nazis, escribió un tratado sobre Platón para debatir “con la versión más inteligente” de la ideología de sus enemigos. Respeto y mesura. Es como pedir que pague la pensión al delincuente que pega a su ex mujer. Está muy bien, cómo no.

Pero el problema principal del nacionalismo vasco actual (amalgamado todo él entre ETA, Batasuna, EA y el PNV, disputándose en familia quién manda, quién conduce la barbarie) no es la falta de respeto y de mesura, sino su enfrentamiento con el Estado de Derecho, con la Ley y las libertades ciudadanas. Conviene tenerlo en cuenta porque las declaraciones que al parecer ha tenido el Consejo sobre la mesa no son sólo insultos al Tribunal Supremo o al Constitucional, sino el enfrentamiento de una ideología totalitaria contra las instituciones de la democracia occidental.

Quedan todavía restos de la acomplejada observación de las barbaridades nacionalistas. Hay quienes todavía creen que el nacionalismo vasco tiene un problema “de encaje en España” y, dejando de lado los principios y los derechos individuales, tratan de darle la vuelta a la nación, o de destrozarla, para que encajen de una vez. Pero la falta de adecuación del nacionalismo vasco es con las instituciones democráticas, con la modernidad, con el Estado de Derecho. No hubo ese problema cuando, aprobada la Constitución de Cádiz, los representantes forales vascos mostraron su entusiasmo porque el texto liberal y moderno aprobado cumplía sus aspiraciones, ciudadanas y forales. Fue el nacionalismo el que se formalizó después en base al etnicismo y comprobó que no encajaba en el marco democrático de las naciones europeas.

Está bien, por tanto, que el Consejo, en su papel (aunque sin citar a los responsables), pida respeto y mesura. Pero los ciudadanos, y los responsables políticos, deben saber que el PNV y el Gobierno vasco no tienen, ahora, en este momento, ante esta decisión concreta, un problema con los tribunales que despachan con estilo chabacano, sino uno más grave con la democracia. El que se manifiesta una y otra vez, el que les pone del lado de los verdugos y no de las víctimas, el que les enfrenta al concepto de ciudadanía (española o francesa) y al sistema de libertades. Todos les llaman a la mesura cuando hay que llamarles al orden de la ley y exigir su cumplimiento.

El PNV, bajo el estigma de Hitler
Editorial La Razón 15 Mayo 2003

El lema «Álava despierta» o «Vitoria despierta», utilizado hoy en sus carteles por el Partido Nacionalista Vasco de Arzallus e Ibarreche en su campaña electoral para intentar obtener la mayoría absoluta, es la nueva versión de un viejo eslogan utilizado con triste éxito por el partido nazi de Hitler, que imprimía «Alemania despierta» en sus carteles y lo bordaba en los estandartes de sus grupos de asalto. No se trata de una simple coincidencia, de una desafortunada casualidad, que los herederos del pensamiento de Sabino Arana piensen en lemas empleados por los nazis en su lucha por alcanzar el poder absoluto y comenzar su campaña genocida contra el pueblo judío.
Y no lo es, por más que los autores del lema electoral hayan actuado de la forma más inocente e inconsciente posible, y al margen de la historia, porque el nazismo, en su versión más destructiva, aquella que se basa en proclamar la pureza de la raza y en la negación de cualquier diferencia, está en la base misma de la estrategia del nacionalismo vasco para justificar la independencia en tanto que pueblo completamente distinto y separado de todo lo que pueda sonar a español.

Cuando un esperpéntico Arana equiparable a Hitler, coincidía con el partido alemán incluso en los símbolos, la historia reciente y el desastre que para la humanidad supuso la demencia nazi debió aconsejar a Arzallus y a sus más inmediatos colaboradores renegar abiertamente de tan destructivas armas y relegar al fundador del nacionalismo a mera figura decorativa. Lejos de hacerlo, hemos visto que el estigma de la obra de Hitler sigue vigente tanto en los discursos como en los gestos de los jerarcas nacionalistas. Se aprecia en muchos casos como ¬y son sólo algunos ejemplos¬, la importancia del «factor Rh negativo», los estudios sobre apellidos «vascos», la falsificación de la historia, la búsqueda de una raza pura de «gallina vasca», la limpieza étnica para expulsar del País Vasco a todos aquellos que no piensen como ellos. Es el subproducto infame de un nacionalismo biológico, que aparca a un lado o, simplemnte destruye, los principios democráticos más elementales en cuanto dificultan o impiden su camino hacia un estado vasco y sólo vasco.

Acierta el dirigente alavés del PSE-EE, Javier Rojo, cuando denuncia la obscenidad del lema, recuerda que tiene «propietario y derechos de autor» en el partido nazi alemán, y pide que se retire de las calles. Que es, ni más ni menos, lo que debería hacer, sin perder un solo día el Partido Nacionalista Vasco. A menos, claro está, que no sientan ni molestia ni vergüenza alguna por aceptar como propio el estigma de un nacionalsocialismo que acometió una espantosa limpieza étnica al amparo del lema infame que hoy revive en los carteles con los que el PNV empapela las calles alavesas.

 que tiene que ver con Amilibia y porque no quiero que ese restaurante se llene de gente y me lo estropeen.

«La hoja de ruta» de Ibarretxe»
Julián Lago La Razón 15 Mayo 2003

De la Brunete mediática, a la que se refiriera Anasagasti para definir a la prensa no filonacionalista, especialmente la madrileña, al Gal mediático al que acaba de recurrir Ibarretxe media un abismo, un abismo conceptual, formal e incluso metafórico, aunque de entrada no lo parezca tanto. Desde luego, la famosa Brunete, que constituyó una amenaza contra el constitucionalismo, 23-F incluido, fue sin embargo un instrumento constitucional y, por tanto, lícito. El Gal, por el contrario, fue anticonstitucional y, consecuentemente, ilícito, torticero y criminal.

De tal guisa Ibarretxe pretende ahora, en un ejercicio de cinismo, descalificar a aquellos medios que relacionan una posible tregua de ETA con la celebración del referéndum anunciado por Ajuria Enea. «Yo no voy a dar pábulo a tanta falsedad», ha eludido manifestarse el lendakari, muy digno él, lo cual resulta lo mismo que si a la Berrocal, también muy digna ella, le preguntáramos sobre si satisfizo o no a Dinio con su práctica onanista en el autocar del «Hotel Glam».

Obviar tal cuestión (no lo de la Berrocal sino lo de Ibarretxe) carece de importancia alguna para lo que se trata, que ya en su día el jefe de la cosa, léase Arzallus, desmintió que el PNV hubiera negociado «Lizarra» con la banda, ni que fuéramos imbéciles, vamos. O sea, el nacionalismo vasco, su dirección más exactamente, siempre ha tenido una concepción instrumental de la violencia, dado que la considera, a la violencia, plenamente compatible con la democracia, lo cual supone una aberración moral.

Así que, tras cuarenta años de terror, la situación para ETA es la que es. Verbigracia, su entramado político ha dejado de gozar de la laxitud legal de que gozaba, las últimas detenciones de sus comandos han fragilizado su estructura criminal y, finalmente, ha perdido la empatía internacional de movimiento de liberación nacional con que enmascaraba sus conductas criminales, amén de haber fracasado en el intento de «palestinizar» las calles de Euskadi a base de la kale borroka, que ésa es otra.

De ahí que no haga falta ser profeta para prever que, ya, antes del 25-M incluso, ETA decrete su adiós definitivo a las armas a cambio de rubricar el plan de Ibarretxe, «la hoja de ruta» del secesionismo vasco, la cual pasa sin duda por: uno) poner fecha al referéndum, o consulta, que da igual como se llame; dos) adelantar las elecciones autonómicas; y tres) incorporar a algún etarra, más o menos de rostro «amable», al próximo gobierno vasco, llegado el caso, y si no al tiempo. ¿Qué podría decir la Berrocal sobra la gallarda a Dinio? Pues lo mismo que Ibarretxe sobre el Gal mediático, cuya invocación como espantapájaros para afear cualquier conducta anticonstitucional no deja de ser una paradoja, una contradicción, una miseria en suma en quien, como él, madruga cada día para cagarse en la Constitución, lo cual es a lo que se dedica mayormente.

Tregua, pacto y utopía
Carmen Gurruchaga La Razón 15 Mayo 2003

Desde hace tiempo se va demostrando que el camino emprendido en la lucha contra el terror es el adecuado: endurecimiento de la normativa legal, incremento de la investigación y de las actuaciones policiales y decidida cooperación internacional. La de Francia es imprescindible. La de otros países refugio «dorado», como algunos de América , es enormemente positiva porque desalienta. ETA está paulatinamente más acechada y cada vez son más sus militantes apresados. Llega un momento en que un etarra, o es detenido con la posibilidad de pasarse buena parte de su vida en la cárcel, o es un prófugo de «zulo» o un proscrito errante con ocasionales cobijos en la oscuridad social. El panorama es tan inhóspito que ETA ha lanzado la sonda de la bandera blanca: tregua y negociación. Y se ha acercado a PNV- EA cortejando el plan soberanista de Ibarretxe.

Y como el PNV quiere seguir gobernando aunque sea a precios vergonzantes, busca las vueltas para abrazarse ¬hermanados ya lo están¬ con los batasunos, quienes ya se han quitado definitivamente la careta para enseñar su encastre, por otra parte conocido, en la organización terrorista. Sabedores de la hipocresía peneuvista que les palmotea la espalda y les pide los votos, han abierto estrategia para que sus sufragios, aun inhabilitados, se computen «dentro de casa» como propios para ulteriores chalaneos. Otegui ya ha agitado en público una papeleta ilegal y le ha dicho al juez Garzón que, pese a la anulación del Supremo, las encontrará a miles en las urnas vascas el 25 de mayo. Afortunadamente, tanta pataleta puede interpretarse como debilidad. La izquierda abertzale vasca, sin una ETA medianamente altanera por su eficacia, se encuentra disminuida. Sus sicarios son detenidos o están acurrucados, lo que no significa que cualquier día practiquen el instinto sanguinario del asesinato.

Y Batasuna sabe que sin el respaldo de pistolas y explosivos su «valentía» se achica y su peso social, ejercido por la coacción y el miedo, caduca. Su grito de guerra ¬«ETA, mátalos»¬ va inexorablemente camino de enmudecer o de tornarse en bravata. La posición de los batasunos resulta, por tanto, más que incómoda. Sin matones y sin poder votar a los suyos, marginados como organización terrorista o paraterrorista, les queda transitar por un erial político ¬el voto nulo¬ o aceptar la doblez zalamera de los «hermanos» en el nacionalismo, animados por muchos descarados con ropaje talar. De aquí a las municipales hay poco tiempo para recoger el fruto de las prédicas. Pero de aquí a las autonómicas, todo se andará. Así piensa el nacionalismo PNV- EA. Y en el horizonte, allá en los confines de la realidad donde nace la utopía, la Euskal Herría independiente y feliz, conversos los constitucionalistas, catecúmena Navarra y amputada una Francia resignada. Durante ese quimérico proceso, España silente y Europa genuflexa. Y colorín colorado este cuento se ha acabado.

Amilibia
Iñaki Ezkerra La Razón 15 Mayo 2003

Un ejemplo de que en Euskadi todo ocurre al revés es que en la televisión oficial ¬o sea la de Arzalluz¬ hay un programa de debate que se llama «Políticamente incorrecto» donde el 90 por ciento de los tertulianos hablan en un tono manso y jesuístico de la «necesidad del diálogo con ETA», de la «tristeza ante el cierre de Egunkaria,» o de «la arbitrariedad de la ilegalización de Batasuna y de AuB», o sea que son la corrección política personificada. Por desconocimiento o mala fe los responsables de ese programa identifican, sin ningún rigor, lo políticamente correcto con el discurso del Gobierno central. No saben que Aznar es políticamente más incorrecto que Ibarretxe. No saben que ser políticamente incorrecto es posicionarse contra el nacionalismo con buenas formas y la progresía que ha dejado de ser utópica para convertirse en simplemente tópica.

Pues bien, Jesús María Amilibia ha escrito una novela sobre el País Vasco que es políticamente incorrecta de verdad y que se titula «¿Gora Stalin!» (editorial Ikusager); un relato tan recomendable y bien escrito como honesto y descarnado. «¿Gora Stalin!» no es un libro complaciente sino la historia de un gudari derrotado por los dos bandos de la Guerra Civil. Derrotado por Franco, contra el que luchaba, y derrotado por el Gobierno Aguirre, que lo abandonó a su suerte en el monte Archanda y luego le obligó a rendirse sin honor en la playa de Santoña. Amilibia ha contado en este libro la larga posguerra etílica de un chiquitero cojo que podía haber fundado ETA y que soñaba con «una Euskadi comunista e independiente, verde y limpia, aldeana y jotera, aizkolari y pelotari». A mí esta descripción me parece canónica y lo más demoledor que he leído contra los patéticos y desastrosos guiños de la izquierda al nacionalismo vasco, que siempre la ha traicionado. El héroe-antihéroe de «¿Gora Stalin!» es un perdedor porque está no ya en un bando vencido sino en un bando que es imposible.

Cuando los progres que juegan a la equidistancia entre ETA y sus víctimas sienten que se les hace el vacío en la cabeza dicen que «la realidad vasca es muy compleja». Amilibia sabe que no es compleja sino políticamente incorrecta, como él, su vida, su libro y toda verdadera literatura. Hace un par de meses Amilibia estuvo en su ciudad, que es la mía, con Ernesto Santolaya, el editor. Nos llevó a mi mujer y a mí al sitio donde se come la mejor menestra del mundo, un lugar del Bilbao eterno (el de los años sesenta) que yo no recordaba ni que existía. No voy a decir cuál es porque es políticamente incorrecto como todo lo

¿Añoranza de las inmunidades del poder?
LUIS ÁNGEL GARRIDO BENGOECHEA/MAGISTRADO DEL TRIBUNAL SUPERIOR DE JUSTICIA DEL PAÍS VASCO El Correo 15 Mayo 2003

Resulta necesario referirse a la polémica que se viene produciendo en el seno del Parlamento vasco sobre la procedencia o improcedencia de disolver el grupo parlamentario de Sozialista Abertzaleak (SA), no sólo como consecuencia de la sentencia del Tribunal Supremo de disolución del partido político Batasuna y sus antecesores, sino por el hecho de que tales formaciones también se encuentran suspendidas en sus actividades por vía penal a través de resoluciones de la Audiencia Nacional.

Los miembros de la Mesa de la Cámara se encuentran divididos sobre cuál ha de ser su actuación y últimamente se han escrito en algunos medios de comunicación opiniones doctrinales al respecto favorables a considerar que el Parlamento vasco, por razones diversas, no debe ejecutar resoluciones judiciales que le impongan la disolución de un grupo parlamentario. Voy a razonar a continuación sobre la necesidad ineludible que tiene el Parlamento de dar cumplimiento a las resoluciones judiciales que puedan imponerle tal obligación tanto por el Tribunal Supremo como por la Audiencia Nacional, en su caso.

Se debe partir de que los parlamentos tienen autonomía para organizarse y hacerlo a través de sus reglamentos, pero siempre con subordinación a la Constitución, de forma que sobre estos reglamentos puede pronunciarse el Tribunal Constitucional si fueran recurridos, lo que hace que esta capacidad de autoorganización no sea ilimitada.

El artículo 118 de la Constitución impone la obligación de cumplir las sentencias y demás resoluciones firmes de los jueces y tribunales, sin que los parlamentos se vean libres de tal obligación, pues en su actuación no pueden infringir el ordenamiento jurídico e, incluso, si dictan leyes, éstas son controladas por la jurisdicción constitucional.

En este caso, hablamos de la posible disolución de un grupo parlamentario creado al amparo del Reglamento del Parlamento y señalaré que los grupos parlamentarios no dejan de ser emanación de los partidos políticos, siendo un instrumento a través del que éstos se expresan ante la Cámara. De esta forma, no cabe afirmar que el grupo parlamentario se encuentra desligado del partido político al que representa, quedando el grupo mixto para los partidos que no cumplen los requisitos exigidos para formar un grupo parlamentario o para parlamentarios independientes que no representen a partidos políticos (tránsfugas, por ejemplo).

Partiendo de esta reflexión, no cabe desligar la actividad de un grupo parlamentario de la del partido del que es instrumento. Así, si nos encontramos ante un partido político suspendido en sus actividades o, más aún, disuelto por el Tribunal Supremo como ocurre con Batasuna, sostener que pueda mantener un grupo parlamentario propio es tanto como afirmar que puede seguir con su actividad en el ámbito parlamentario, cuando no está legitimado para actuar en ningún otro ámbito, ni siquiera presentarse a procesos electorales, aunque adopte la forma de agrupaciones de electores, tal como recientemente ha declarado el Tribunal Supremo y confirmado el Tribunal Constitucional, pese a que algún consejero del Gobierno vasco haya acusado a estos tribunales de haber prevaricado, sin aportar prueba alguna al respecto, contribuyendo con ello a deslegitimar al Poder Judicial de forma escasamente responsable.

En consecuencia, la no disolución del grupo parlamentario de SA permite al partido político del que es instrumento (Batasuna), que ha sido disuelto, seguir actuando en el Parlamento de forma unívoca como tal partido político, convirtiendo a la Cámara en el único foro de expresión del mismo, desconociendo las decisiones del Poder Judicial, sin perjuicio de la integración de sus parlamentarios individualmente en el grupo mixto, que, como he señalado, es una realidad distinta. El Parlamento aparecería así como una isla inmune al control judicial, es decir, reeditaríamos la idea de las inmunidades del poder propias de regímenes autoritarios no respetuosos con el principio de separación de poderes. No cabe, en suma, que un parlamento incumpla las órdenes del Poder Judicial ni sirva de sede en la que partidos políticos disueltos realicen actividades ilegales. Obvio resulta decir que no habría problema alguno si el partido disuelto tuviera carácter racista, nazi o similar, pero aquí la cuestión de fondo no es otra que la de que parte de los grupos políticos quieren aparecer ante la opinión pública como contrarios a la ilegalización de Batasuna acordada por los tribunales de Justicia.

Se ha escrito que cabría plantear un conflicto de jurisdicción frente a eventuales órdenes de disolución del grupo parlamentario de SA, pero ello no evitaría la obligación de cumplir la resolución judicial, pues, aunque se declarase que la competencia para la disolución es parlamentaria, no se evitaría un control judicial futuro de su decisión, que se enmarcaría en el ámbito administrativo. La ventaja del conflicto, para sus promotores, sería la de enmarañar el problema y tratar de evitar posibles responsabilidades penales para quienes se hayan opuesto a cumplir las decisiones judiciales.

Finalizaré este artículo con una frase aparecida en un reciente estudio doctrinal que aborda este tema: «No hay palacio de Justicia en el que un juez pueda refugiarse para incumplir las leyes, pero tampoco el Derecho se para a las puertas del Parlamento».

Acebes alerta de que ETA anunciará una nueva tregua «trampa» para «reorganizarse»
Advierte a la banda en Andoain de que «no caeremos en su engaño ni detendremos la acción del Estado de Derecho» Cree que los terroristas sólo buscan «ganar tiempo»
OLATZ BARRIUSO/ANDOAIN El Correo 15 Mayo 2003

El ministro de Interior, Ángel Acebes, se mostró convencido ayer de que ETA anunciará una tregua «en las próximas semanas», pero alertó de que este nuevo alto el fuego responderá únicamente a una «trampa» o «maniobra» de la banda, que intentaría así «reorganizarse» y «ganar tiempo» ante la persecución a la que se está viendo sometida desde el Estado de Derecho.

El máximo responsable de seguridad del Gobierno eligió un lugar especialmente castigado por el terrorismo y el hostigamiento de los radicales -Andoain, donde la banda ha asesinado a José Luis López de Lacalle y Joseba Pagazaurtundua- para hacer este anuncio, durante su intervención en el mitin que celebró el PP en la localidad guipuzcoana. El primero, por cierto, que ofrecen los populares en Andoain en la historia de la democracia.

Ante un auditorio nutrido casi exclusivamente por periodistas y cargos del partido, Acebes hizo un exhaustivo repaso a los logros del Ejecutivo en todos los frentes de la lucha antiterrorista -tema único de su discurso- y se congratuló de que esta «ofensiva» del Estado de Derecho haya «debilitado» a la banda y la haya obligado a «retroceder». Ante esta situación, el ministro auguró un inminente «intento» de ETA de «frenar» la acción de los poderes públicos. «Asistiremos a todo tipo de trampas y maniobras», advirtió Acebes, que insistió en que los terroristas sólo pretenden «ganar tiempo» para reconstruir sus comandos.

Por ello, el ministro quiso dejar claro que este hipotético alto el fuego en ningún caso modificará la estrategia antiterrorista del Gobierno Aznar y advirtió a la banda de que «no detendremos la acción del Estado de Derecho ni caeremos en sus engaños», sino que, subrayó, la Ley continuará aplicándose hasta lograr su definitiva «derrota».

«No os lo creáis»
De hecho, el ministro insistió en restar credibilidad a cualquier pronunciamiento que haga la organización terrorista, incluida su última declaración. «De sus comunicados no os creáis nada», instó Acebes, a pesar de las sucesivas interpretaciones que otros dirigentes de su partido han hecho del texto hecho público el domingo. Según dijo, no es posible que ETA haya celebrado una asamblea, cuando «no tiene capacidad ni organización» para ello y atribuyó sus posicionamientos al interés en aparentar «una fortaleza que no tiene».

Tampoco olvidó el ministro la posibilidad de que la tregua suponga de hecho una reedición del Pacto de Lizarra y advirtió, en este sentido, de que profundizar en la senda soberanista del 'plan Ibarretxe' sólo traería a Euskadi «riesgos, desconfianza, incertidumbre y confrontación».

Acebes insistió en que el combate contra el terrorismo atraviesa un momento «histórico» y «decisivo», marcado por la aprobación de la Ley de Partidos, la subsiguiente celebración de «las primeras elecciones sin ETA» y «la disminución del terrorismo urbano en un 86,4%» en el último año.

Un país increíble
ROSA DÍEZ/EURODIPUTADA. PRESIDENTA DE LA DELEGACIÓN SOCIALISTA ESPAÑOLA El Correo 15 Mayo 2003

Persona o cosa fea y ridícula. Desatino, absurdo». Ésa es la definición que da el diccionario de la palabra esperpento. Y sí, un espectáculo esperpéntico es el juicio al que, junto a otros compañeros de mi partido, he asistido la pasada semana en Vitoria. Juzgaban a siete jóvenes socialistas alaveses que hace poco más de un año se encadenaban en las verjas del Parlamento vasco y que portaban una pancarta que decía: 'Lehendakari, estamos locos. Queremos libertad'.

La acusación partía -¡cómo no!-, del Departamento de Interior del Gobierno vasco, celoso siempre de que se cumpla la ley y se respete a la autoridad, siempre naturalmente que 'las autoridades' sean nacionalistas y que quienes, a su juicio, vulneran la legalidad no lo sean. Hemos oído declarar a los agentes de la Ertzaintza, números diez mil y pico y once mil y pico. Ambos estaban en la puerta del Parlamento vasco cuando llegaron los chavales. Ambos han declarado que no opusieron resistencia a la autoridad, que colaboraron con ellos. Han afirmado que «creían» que les pidieron las llaves para abrir el candado que cerraba las cadenas, que no estaban seguros de si los jóvenes les contestaron que no se las daban, o que no las tenían. Ambos han declarado que quienes portaban la pancarta accedieron a plegarla en cuanto fueron conminados a hacerlo. Acusados y agentes han coincidido en afirmar que no hubo ninguna alteración del orden público y que, aunque la cadena fue cortada con una cizalla por un tercer agente, todo transcurrió en un plazo de tiempo no superior a quince minutos.

Los chavales -me parece más real con su condición que llamarles acusados-, a preguntas del fiscal, declararon que tomaron la decisión de encadenarse para llamar la atención sobre la falta de libertad en que vive un gran número de ciudadanos vascos. A preguntas de la defensa, tres de ellos confirmaron que forman parte de los más de cuarenta mil ciudadanos amenazados que viven en el País Vasco.

Pues bien, a pesar de todo lo relatado, a pesar de las circunstancias que acompañaron la acción de protesta, la Fiscalía ha solicitado una condena por falta leve para los tres chavales que se encadenaron. El hecho de que sean diez días con una multa de 6 euros diarios no le resta importancia a lo esperpéntico del hecho en sí.

Si quieren que les diga la verdad, no pude dejar de pensar, durante los aproximadamente veinte minutos que duró el juicio, que aquello bien podía ser el rodaje de una película sobre lo absurdo. Lo absurdo de juzgar con toda solemnidad a unos jóvenes que querían llamar la atención con un encadenamiento simbólico -15 minutos en total-, sobre el verdadero drama que vive nuestra sociedad: la falta de libertad. Que una juez y una fiscal que viven con escoltas tengan que actuar, ante la demanda del Departamento de Interior del Gobierno vasco, contra unos chavales que denuncian la falta de libertad en que viven -entre otros, ellas mismas-; que los testigos de la acusación -para que me entiendan- sean dos agentes preocupados por su seguridad y por la nuestra, que no ven a los acusados como una amenaza sino como personas de riesgo a quienes quizá dentro de nada tengan que escoltar, no deja de ser un despropósito.

Un despropósito sólo posible en un país como Euskadi, en el que nuestro lehendakari y nuestro consejero de Interior están tan preocupados por defender a quienes los tribunales han declarado terroristas o cómplices de los terroristas que no tienen tiempo en pensar en lo vergonzoso que nos resulta soportar, no ya que nuestro Gobierno no nos defienda, sino que acuse a quienes no se resignan a callar. Están Ibarretxe y Balza tan obcecados en echar una mano a los de Batasuna -para aprovechar su ausencia en las urnas y quedarse con los votos del mundo radical-, que les parece 'normal' que los tribunales castiguen a los perseguidos y concedan impunidad a los perseguidores.

Yo es que no me resigno a aceptar que estos desatinos formen parte del paisaje político del país, que hayamos de aceptar la anomalía -lógica, ética, democrática, moral- como si fuera una singularidad de los vascos. Pero mucho me temo que los nacionalistas que nos gobiernan han decidido que la 'normalidad' de la sociedad vasca es ni más ni menos que la institucionalización de la anormalidad. Me malicio que así es. Más aún, acabo de descubrir que han elevado el concepto al eslogan de la campaña del turismo vasco: 'Descubre Euskadi. Un país increíble'. Y tanto. Como diría el lehendakari de los nacionalistas y de Madrazo, ¡qué barbaridad, qué barbaridad!

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