AGLI

Recortes de Prensa     Domingo 18 Mayo  2003
 

 

 

IBARRETXE Y EL EXCESO DE REALIDAD
José Antonio ZARZALEJOS ABC 18 Mayo 2003

No me llames iluso
FERNANDO SAVATER/ El Correo 18 Mayo 2003

El patriotismo inconstitucional
Gabriel Albendea La Razón 18 Mayo 2003

Terrorismo y guerra, otra vez combustible electoral
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 18 Mayo 2003

TERROR EN MARRUECOS
Editorial ABC 18 Mayo 2003

BALANCE A UNA SEMANA DE LAS URNAS
Editorial ABC 18 Mayo 2003

Cuestiones políticas
Amando De Miguel La Razón 18 Mayo 2003

La paradoja ETA
ANDRÉS MONTERO GÓMEZ El Correo 18 Mayo 2003

UN SINVERGÜENZA
Alfonso USSÍA ABC 18 Mayo 2003

Savater critica que se hable del «Prestige» e Iraq y no de ETA
Redacción - Valladolid.- La Razón 18 Mayo 2003

Ibarrola denuncia que los vascos viven «bajo la dictadura del nacionalismo»
J. J. SALDAÑA ABC 18 Mayo 2003

TERRORISMO ISLAMISTA RADICAL
GUSTAVO DE ARÍSTEGUI ABC 18 Mayo 2003

IBARRETXE Y EL EXCESO DE REALIDAD
Por José Antonio ZARZALEJOS ABC 18 Mayo 2003

Antonio Muñoz Molina, nuevo y brillante premio Mariano de Cavia, escribe en el texto premiado por el jurado «Lecciones de septiembre», traduciendo un verso de T. S. Eliot, que «los seres humanos no somos capaces de soportar un grado excesivo de realidad». Es verdad. Eso es lo que ocurre a personajes como Juan José Ibarretxe, que no puede soportar la realidad en que se mueve. Es demasiado sectario para reconocerla. Hacerlo, además, sería tanto como dar la razón a Fernando Arrabal, Alfredo Bryce Echenique, Michel Burleigh, Paolo Flores D´Arcais, Carlos Fuentes, Nadine Gordimer, Juan Goytisolo, Carlos Monsivais, Bernard Henry-Lévy, Paul Preston, Mario Vargas Llosa, Gianni Vattimo, a los que se han unido Günter Grass y Susan Sontag, que en el mejor estilo de «GAL mediático» (según el presidente del Gobierno vasco) han denunciado sin contemplación alguna la barbarie de ETA y «de sus cómplices nacionalistas» y han pedido a los ciudadanos europeos que el próximo domingo sea declarado en el País Vasco «el estado de indignación general». En la compañía de esos intelectuales y de otros muchos españoles de la misma alcurnia es más fácil padecer el exabrupto del lendakari del PNV, «el GAL mediático».

En todo caso, en ABC hicimos una cosa más modesta que la de los intelectuales citados: nos limitamos a informar con toda solvencia de las conversaciones entre el PNV y ETA para alcanzar un pacto a fin de que Ibarretxe tenga las facilidades mínimas para lanzar en septiembre el texto articulado de su plan soberanista, con la coartada de una tregua que la banda terrorista le ofrecerá en el momento oportuno, seguramente antes de fin de año. Ambas partes, unos y otros, en complicidad como hace poco más de cuatro años, salvarán sus respectivos intereses con un propósito común: poner precio al cese de la violencia terrorista a costa de, al menos, la mitad de los vascos y de la inmensa mayoría del resto de los españoles, y al tiempo, «salvar los muebles» de una estructura de poder político y otra de poder coactivo que se desvencijan por momentos.

Este acuerdo entre los nacionalistas y la banda es tan real como lo fue el reiteradamente ocultado de 1998 que se plasmó en Estella-Lizarra y que los propios terroristas, frustrados, se encargaron de acreditar mediante la publicación de textos incontrovertibles. Estamos en las mismas. Tanto lo estamos que cuando este periódico, a modo de espejo, le devuelve a la realidad, a su dura realidad, Ibarretxe se descompone con expresiones pedestres y no se atreve a desmentir ese nuevo entendimiento con los terroristas porque sabe -y sabe bien- que se puede encontrar en cualquier momento con demasiados detalles como para que su versión resulte todavía más inverosímil de lo que ya es. Es muy probable que esos detalles y otros datos los pueda leer en estas páginas a no tardar mucho. Se repetirá así, paso por paso, el engaño que precedió a Estella-Lizarra. En abril de 1998, los terroristas criticaban como ahora al PNV, y el PNV desmentía cualquier negociación. Cuatro meses después el pacto entre ambos se destapaba y luego Ibarretxe accedía a la presidencia del Gobierno vasco con los votos etarras de Euskal Herritarrok.

Y sin embargo, yo comprendo a Ibarretxe. Comprendo muy bien que el exceso de la realidad que le rodea y en la que se mueve sea tan viscoso, tan inmoral y tan irresponsable, que huya de él, que lo reconvierta, que se ampare en un discurso virtual para encontrarse mínimamente digno. Es la única manera para sortear con palabras hueras las tozudas realidades: él y su partido llevaron al terrorista «Josu Ternera» a ocupar plaza en la Comisión de Derechos Humanos del Parlamento Vasco; fueron él y su partido los que pactaron con ETA en 1998 porque temieron que el «espíritu de Ermua» los arrollase; es él, su partido y su Gobierno los que se oponen a la ilegalización de los cómplices activos de casi mil asesinatos; son ellos también los que amparan a los miembros de Batasuna, es decir, de ETA, y evitan que se apliquen las sentencias del Tribunal Supremo y del Tribunal Constitucional; es él y su Gobierno y su partido los que consienten con agrado que se celebren manifestaciones previamente prohibidas; son ellos los que computarán los eventuales votos nulos que representarán la opción de ETA en las urnas; es él y su partido los que siguen financiando el entorno etarra a través de los presupuestos públicos; es él y su partido los que sirven desde la televisión pública vasca la propaganda etarra y su particular campaña electoral.

Por eso comprendo al lendakari del PNV: le ahoga en exceso su realidad y cuando se la encuentra de bruces en un periódico sólo le queda la opción del exabrupto. Claro que no cualquier exabrupto, sino aquél que conlleve más carga intimidante, aquél que, metafóricamente, advierta al discrepante que puede ser víctima porque se comporta como un delincuente al que ETA tendría derecho a balear. Antonio Elorza, en su arrojo semántico, lo ha dicho mejor y antes que nadie: imputar a medios o periodistas constituir un «GAL mediático» es tanto como «una sentencia de muerte». Veinticuatro horas después los terroristas le dan la razón a este catedrático amenazando a los medios y periodistas que no son de su agrado. Este simulador permanente que es Ibarretxe ha mejorado en mucho a la «Brunete mediática» de Iñaki Anasagasti, expresión que tanta fortuna hizo y que recogió con profusión la banda terrorista en sus comunicados para «argumentar» alguno de sus crímenes. No sé si Anasagasti se ha arrepentido ya de aquel despropósito, pero quiera Dios que Ibarretxe no tenga necesidad de hacerlo. En todo caso, lo ha dicho y dicho está. Y dicho y escrito está que el PNV y ETA han pactado una nueva tregua. En ABC tenemos larga experiencia de desmentidos inmediatos que se convirtieron en realidades posteriormente: adelantamos en julio de 2001, con gran alteración de Ibarretxe, el núcleo de su plan que ocho meses después estaba sobre la mesa; hemos adelantado el documento de estrategia que maneja el lendakari para anticipar las elecciones autonómicas y el tiempo también nos dará la razón porque desde estas páginas se practica un periodismo solvente y profesional.

Pero insisto, comprendo a Ibarretxe, le asfixia su propia realidad. ¿Cómo no vamos a disculpar a un político que, según un ramillete de intelectuales europeos y americanos, preside una región de Europa -la única- en la que «el miedo y la vergüenza oprimen a los ciudadanos»? ¿Cómo no vamos a entender sus crispaciones y sus insultos, si esos mismos intelectuales le acusan a él y a su partido de condenar «a la humillación» a los candidatos de los «ciudadanos libres del País Vasco»? ¿Cómo no vamos a ser capaces de entender que Ibarretxe se haya sumido en un pozo séptico cuando desde la literatura, la filosofía, el ensayo y la historiografía, que avalan a catorce intelectuales de dos continentes, se propone que sea declarado en la región vasca que este hombre preside nada menos que «el estado de indignación general» en la jornada más simbólica y efectiva de la democracia que es la electoral? Verdaderamente, qué exceso de realidad, qué apabullante exceso de realidad, qué repelente realidad es esa en la que vive Juan José Ibarretxe. Vuelvo a Muñoz Molina en el texto de ByN Cultural de 7 de septiembre de 2002, premiado con el Mariano de Cavia, cuando escribe que «sólo es terrorismo el que a uno le toca de cerca; basta una cierta distancia para que a la palabra se le difuminen sus aristas de horror, y se convierta en otra cosa, violencia o rebeldía, por ejemplo». De nuevo tiene razón Muñoz Molina porque ¿han escuchado ustedes en alguna ocasión a Ibarretxe hablar de terrorismo y de asesinatos? Les aseguro que no, para él los asesinatos son muertes y el terrorismo, conflicto. Necesita cambiar las palabras para recrear su propia e indigna realidad. Un exceso de realidad.

No me llames iluso
FERNANDO SAVATER/ El Correo 18 Mayo 2003

Casualmente tropiezo en un periódico con una entrevista a Fernando Hierro, a quien le preguntan si es cierto que su equipo está «en su peor momento». Responde el futbolista: «No lo entiendo, ¿el peor momento es haber ganado la Supercopa, la Intercontinental, estar en semifinales y a un punto de la Liga...? Sí, el año está resultando fatal, horrible». Como no entiendo ni una palabra de fútbol, ignoro si el equipo de ese digno caballero (creo que es el Real Madrid, pero no me hagan mucho caso) atraviesa un momento fatal, regular o excelente. Lo que en cambio comprendo muy bien es su desazón ante la pregunta derrotista del entrevistador: ¿qué es 'estar en el peor momento'? ¿no haber obtenido nada o conseguir mucho pero algo menos de lo que el más ambicioso o el más malicioso pretenden que era debido?

He oído muchas veces un lenguaje semejante en campos que nada tienen que ver con los de fútbol. Por ejemplo, al referirse a los resultados obtenidos por PP y PSE en las elecciones autonómicas pasadas. Obtuvieron más votos que nunca, dieron por primera vez la impresión de una alternativa viable a la hegemonía nacionalista, consiguieron que decenas de miles de radicales dirigieran el sentido de su voto hacia opciones más institucionales por miedo a que las instancias gubernamentales que les amparan cambiasen de manos... pero según algunos fue un terrible fracaso. Como no se obtuvo todo, resulta que no se consiguió nada. Ése es siempre el lema de los perezosos o de quienes pretenden desanimar a su adversario.

Ahora también se escuchan voces lúgubres (¡hay que ver lo fácil que es encontrar listos que nos expliquen lo mal que están las cosas y lo difícil que es encontrar valientes que ayuden a mejorarlas!) dispuestas a informarnos sobre nuestras deficiencias ante las elecciones municipales. Pero al día siguiente de los comicios seguro que no valorarán los logros obtenidos como conquistas arrancadas contra la adversidad, sino que moverán tristemente la cabeza diciendo «¡nada, lo que yo te decía! ¡esto no hay quien lo arregle...!». Son los eternos adoradores de 'Operación Triunfo'. Fuera del premio gordo, ya nada vale la pena. Y los que menos se han esforzado y nunca han dado un palo al agua son los primeros en decir lastimeramente: «¿y para ésto tanto trabajo?».

Sin que ello sirva de precedente, me gustaría hacer de optimista por una vez. No de optimista que cree que va a ganar y luego a echarse de una vez por todas a descansar (ése no es optimista sino imbécil), sino del optimista que valora como victorias aplazadas las derrotas parciales en una lucha evidentemente desigual. Por supuesto, no hay igualdad democrática en las próximas elecciones, como no la ha habido en las anteriores ni en las que las precedieron, etcétera... No hay equilibrio paritario entre los que se juegan en los comicios el poder y los que se juegan la vida: eso lo ve y lo entiende cualquiera. Tampoco es verdad, como aseguran los melifluos sinvergüenzas (que no están en ninguno de los dos casos), que sea lo mismo la situación de quienes han sido declarados objetivos de una banda terrorista por ejercer sus derechos políticos y la de quienes no ven reconocido su derecho político a apoyar a los terroristas que no dejan expresarse libremente a los demás.

Hay que ser canalla para decir que los jueces que no reconocen el derecho colectivo a vulnerar los derechos de los adversarios son como los GAL: el que dice éso, en cambio, sí que es idéntico a todos los que han justificado durante años los GAL o han negado sus vínculos con grupos políticos en el Gobierno. No, las elecciones no se celebran en condiciones realmente democráticas y no por culpa de los jueces, ni de Aznar, sino por culpa de ETA y de quienes pretenden proclamar las ideas de los que apoyan a ETA tan decentes y respetables como cualesquiera otras. Conviene no olvidar esta obviedad para cuando el día 26 de mayo algunos se pongan en plan txapeldun... Ellos han elegido pelota, frontón, y el contrario tendrá que jugar con la mano derecha atada.

Sin embargo, a las elecciones se presentan más listas constitucionales que nunca. Pueblos que no han tenido jamás la posibilidad de votar nada fuera del menú de la casa, impuesto por los cocineros locales y sin rechistar, reciben una oferta distinta por primera vez. Personas de colectivos sociales muy diversos, familiares de figuras nacionalistas destacadas en distintos campos de la política, la industria o la cultura, representantes profesionales que se hacían oír con discreción pero no llegaban a mojarse personalmente, se han incorporado testimonial o activamente a las listas del PP y del PSE-EE. Nadie se ha escondido, nadie ha tirado la toalla: menos que nunca. Y en contra de las habituales majaderías sobre la 'cruzada antivasca', en todas esas listas electorales constitucionalistas abundan como es natural los euskaldunes de pura cepa, que saben muy bien quiénes son los que de verdad pretenden quitarles sus derechos políticos a los vascos. De modo que ya hemos ganado, en cosas muy importantes. Lo demás... ya veremos lo que pasa. Pero no me llames iluso porque tenga una ilusión.

El patriotismo inconstitucional
Gabriel Albendea La Razón 18 Mayo 2003

Hace ya tiempo, desde el momento en que el PP y el PSOE decidieron gestionar la Ley de partidos buscando la ilegalización de HB y sus posibles sustitutos, que los partidos nacionalistas pusieron el grito en el cielo, acusando a los constitucionalistas de cercenar las libertades políticas clásicas, entre ellas las de asociación y expresión. Incluso Arzalluz profetizaba que luego «irían a por ellos». Lo decía con ese perenne gesto victimista y amenazante, a un tiempo, que padece, pero también seguro que sin creerlo. Sin embargo, su profecía empieza a no ser tan descabellada, teniendo en cuenta el disparatado rumbo que ha escogido el nacionalismo vasco al tomarse a beneficio de inventario la Constitución, el Estatuto, las leyes y las sentencias judiciales.

Y es que no sólo entre los nacionalistas, sino también entre sesudos contertulios y seudointelectuales de todo pelaje ha cundido la especie, ya casi convertida en un latiguillo conceptual, de que todas las ideas son igualmente racionales, equiparables y, por tanto, dignas del mismo respeto. Un tópico que resulta comprensible si se pretende que existe un abismo entre las ideas y la realidad y se alía uno con el relativismo cultural tan en boga, que cimenta la explosión nacionalista contemporánea.

Pero ninguna opinión más zafia, por extendida, que la que juzga que hay un lugar de residencia de las ideas, incontaminado de toda grosería mundana, en donde aquéllas se intercambiarían unas por otras en un mercadeo intercultural de equivalencias, una especie de limbo asépticamente amoral y al margen de la razón, en el que la convicción subjetiva de la fe no podría ceder terreno a la fortaleza de los argumentos. Al fin, como sobre los gustos, de acuerdo a la sentencia popular, tampoco sobre las ideas valores y costumbres habría nada escrito ni nada por escribir o discutir, tratándose del reino privado o colectivizado en el que cada uno gobierna a sus anchas. Despojadas las ideas de su almendra mental, que las diferencia cualitativamente, sólo a su carga emocional deberían su capacidad cuantitativa de promover adhesiones inquebrantables de los individuos y las masas. Tales ideas vagarían vírgenes por el éter, limpias de polvo y paja, o sea, de odio y sangre, aún en el remoto supuesto de que hubieran sido enseñadas desde la escuela a los parvularios aprendices de asesinos. ¿Ah!, pero ellas no delinquen. Son ideas de la razón pura, no de la sinrazón práctica. Son ideas nacionalistas, con el mismo derecho que cualesquiera otras.

Sin negar que la demagogia a que se aplica con celoso talento, el nacionalismo nada como pez en el agua en la suposición expuesta y que las razones que pueden esgrimirse en la discusión política no son del tipo de las evidencias matemáticas, es claro que no todas las ideas sobre la dirección de la cosa pública son equivalentes, ni igualmente admisibles desde el punto de vista político y moral. No desde la perspectiva política, es decir, democrática, porque sería contradictorio, por utilizar aproximadamente la argumentación kantiana sobre el imperativo moral, admitir ideas particulares, cuyo propósito sea destruir la misma norma universal, democrática, que las ampara y las hace posibles. Pero a la esencia del nacionalismo pertenece el que sus fines particulares no estén de acuerdo con una legislación universal, democrática, válida para todos, la Constitución, lo que forzosamente tiene que generar el conflicto social.

Por eso, cuando se dice que en el País Vasco no hay otro problema que el terrorismo, se está ocultando una realidad que da miedo al dudar de los medios para combatirla. Porque el terrorismo no es la violencia desnuda, sin ideas, sino que se enraiza en la ideología nacionalista. Y si en otro artículo he hablado de las actitudes que hacen a los partidos nacionalistas dudosamente democráticos, ahora vemos que las conductas actuales contra la legislación y la justicia españolas sólo son la consecuencia absolutamente lógica, pospuesta provisionalmente, y no meramente casual del postulado nacionalista de independencia, postulado per se antidemocrático, por cuanto ignora la opinión de la mayoría que legisla.

Sin embargo, que había de llegar este momento, independientemente del terrorismo, sólo podía ocultarse a una política ciega desde la Transición, que creía ingenuamente en un nacionalismo moderado que podía renunciar a la exigencia fundamental que indicaba su propio nombre y que veía el terrorismo de un modo ambiguo o incluso contradictorio, como un medio para su proyecto separatista y como un seguro para la unidad de España, tal como el propio Arzalluz no se ha cansado de repetir. Como, por otra parte, aunque mucho más dolorosamente, lo veían los constitucionalistas.

Por tanto, no sólo el terrorismo es políticamente delictivo y moralmente repudiable, sino que muchas ideas nacionalistas que lo sustentan también: las ideas excluyentes del «otro» (erdera); las ideas racistas, de las que tanto ejemplo nos da el presidente del EBB, siguiendo al fundador del invento; las ideas xenófobas, discriminatorias para los propios vascos, reaccionarias, por etnicistas, perversas, por participar en el juego terrorista (¿se nos ha olvidado ya el pacto con ETA?) y antidemocráticas, por su intención de conculcar las leyes. Escuchar a 530 curas de «la Iglesia de Euskal Herria» ofrecer una justificación política del asesinato etarra, en carta al Papa, sin ninguna reconvención episcopal, porque «la raíz de la violencia está en la falta de reconocimiento de los derechos colectivos del pueblo vasco», produce, a la vez, asco, compasión y pavor. Ésta es una idea nacionalista incursa en la figura del Código Penal que se llama «apología del terrorismo» y no una mera explicación sociológica, aunque sólo fuera por el contexto se advierte, de las causas de la actividad terrorista. Pero el nacionalismo nos tiene tan acostumbrados a ello que la intervención del Fiscal General sería un milagro. Esa idea de los susodichos curas vascos no merece ningún respeto moral ni merece expresarse porque induce directamente a la comisión de nuevos atentados, aparte de ser una disimulada y cínica orientación pastoral hacia el voto nacionalista en pleno periodo preelectoral, una orientación paranoica que antepone un derecho colectivo al derecho a la vida, dirigida a una feligresía ya enferma que ve en Arzalluz a un «Cristo entre dos ladrones».

Contradictoriamente, el nacionalismo aprovecha el relativismo cultural, que se ha extendido como la peste, y que declara que todas las ideas y valores son equivalentes y tienen el mismo derecho de expresión, pese a considerar que sus ideas y valores realmente son superiores a los de «los otros». Aunque tampoco sea capaz de debatir a fondo sobre ello, porque sus ideas se asientan en simples creencias fanáticas sin pruebas. Ante la pasmosa falta de argumentos y su refugiarse en la voluntad del plebiscito, los nacionalistas piensan que combatirles intelectualmente es demonizarlos, dado que se encuentran mucho más a gusto profiriendo amenazas en las homilías campestres que razonando en una mesa o escuchando la admonición reciente de los doce intelectuales europeos.

Como no sólo hay que reprochar a los nacionalistas el que abunden en ideas antidemocráticas e inmorales, sino también advertir a la gente sobre las consecuencias prácticas nefastas de votar una opción soberanista que los llevará a la ruina, harían bien los economistas, ya lo han hecho algunos, en apuntarse con presteza y entusiasmo a esa tarea de denuncia, ya que en estas elecciones se juega más el porvenir de Euskadi que el de la propia España.

Gabriel Albendea es escritor

Terrorismo y guerra, otra vez combustible electoral
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 18 Mayo 2003

La masacre de Casablanca, encadenada con la de Chechenia y la de Riad, han puesto de nuevo en el primer plano informativo y político al terrorismo islámico y, puesto que esa amenaza es la clave de todo lo que ha sucedido en el mundo desde el 11-S, resulta lógico que acabe siendo herramienta de debate electoral. Ahora bien, cuando un partido se plantea una situación en la que el terrorismo ocupa un papel central debe elegir entre dos posturas:
combatirlo o negociar con él. Opere bajo las siglas de ETA o de Al-Qaeda, del separatismo o del islamismo, cualquier partido político occidental debe definirse ante lo que, sin duda, es la cuestión esencial que se plantea hoy en el mundo y que va seguir planteándose en los próximos años. Cuál será el resultado de esta guerra, no lo sabemos. Pero que esta guerra terrorista contra Occidente y de Occidente contra el terrorismo islámico continuará, no ofrece la menor duda.

Por eso, aunque resulte lamentable que la izquierda española y una abrumadora mayoría de medios de comunicación hayan convertido las elecciones municipales y autonómicas del 25-M en un plebiscito sobre la política del Gobierno Aznar en la guerra de los países occidentales contra el terrorismo islámico, cuyos últimos episodios han sido la guerra de Afganistán y la de Irak, es inevitable que a la hora de depositar su voto en las urnas los ciudadanos españoles lo hagan pensando en esa amenaza, que está al otro lado del Estrecho y a éste, que no puede soslayarse y que tampoco cabe camuflar o disimular.

Si Aznar quería darle la vuelta a la opinión pública nacional, entre miedosa y atemorizada por la Izquierda “pacifista”, los atentados de Casablanca actualizan sus razones para respaldar a los USA en la guerra contra el terrorismo islámico. Si Zapatero y los comunistas querían que el odio a los USA y el miedo al terrorismo islámico, presentado por ellos como justa venganza contra Occidente, fuera el catalizador del voto, también pueden volver a hacerlo. Por supuesto, es mentira que los atentados de Casablanca, Chechenia o Riad sean una respuesta a la guerra de Irak, ni siquiera a la de Afganistán. El 11-S es muy anterior y mucho más salvaje que cualquiera de las masacres posteriores, incluida la de Bali. En ese sentido, la utilización contra Aznar y contra Bush del miedo al terrorismo islámico, como si fueran ellos los que lo producen, es repugnante, miserable e inmoral.

Pero tiene lógica. Si Llamazares prefiere unirse a ETA y al PNV antes que al Gobierno de España en la lucha contra el terrorismo y el separatismo vascos, es lógico que defienda o disculpe a los terroristas islámicos y culpe a Bush, Blair y Aznar de los atentados de Casablanca. Y si el PP cree que hay que luchar sin cuartel contra ETA, es lógico que se una a los USA contra los terroristas islámicos de ayer, hoy y mañana. Es el PSOE el que tiene que
aclararse. Y es evidente que tiene una última oportunidad para cultivar la demagogia pacifista del “No a la guerra” frente a la firmeza en la lucha contra el terrorismo, incluido el recurso a la guerra cuando sea menester.

Si a ocho días del 25-M las cosas estaban particularmente complicadas, los nuevos atentados islamistas acaban de complicarlas todavía más. La gran cuestión es si dentro de siete días los votantes españoles acabarán eligiendo el águila o el avestruz. Pero que van a tener que elegir, ya no cabe duda. Ah, y de paso, concejales.

TERROR EN MARRUECOS
Editorial ABC 18 Mayo 2003

LOS atentados de Casablanca han sido los más brutales de la historia de Marruecos y representan un acto más de la estrategia terrorista de desafío a la comunidad internacional democrática. Que se hayan dirigido contra intereses marroquíes, españoles, israelíes, norteamericanos y belgas refleja la escala de valores de los criminales, su voluntad de negación de la democracia y todo lo que representa la civilización occidental. No se ha tratado, es imprescindible insistir una vez más, de una reacción contra la intervención en Irak ni contra la política exterior de Estados Unidos y sus aliados. Es mucho más que eso. La forma de ejecución de los actos criminales, la coordinación entre los terroristas, el sitio mismo elegido para colocar las bombas o dónde se situaron los suicidas revela una larga preparación, una labor de información previa y una planificación detallada lejos de la improvisación de un acto de venganza, de desesperación o de rechazo. Es una continuación coordinada de lo ocurrido en Arabia Saudí, como aquello fue continuación del 11-S, Bali y Nairobi por citar sólo algunos casos.

Sí sorprende un poco el escenario. Es verdad que algunos de los suicidas hablaban «árabe oriental», es decir el árabe propio de Oriente Próximo, aunque dos detenidos y un suicida que no resultó muerto serían marroquíes, según todos los datos. Hace años que la seguridad marroquí sigue la pista al número importante de jóvenes de su país que van a estudiar a madrassas egipcias y saudíes con todos los gastos a cargo del Gobierno de Ryad y ese control, junto a la colaboración con servicios de seguridad occidentales, dio como resultado el desbaratamiento de una célula de Al Qaida el pasado junio, cuando se preparaba para llevar a cabo atentados contra barcos de países occidentales en el Estrecho presuntamente utilizando como bases las ciudades españolas del norte de África.

PERO el Islam marroquí está alejado de los parámetros fundamentalistas que son alimentados, explicados y financiados en Oriente Próximo. El del Marruecos es un islam sunní con la característica especial de que el Rey es considerado Comendador de los Creyentes. Este hecho da al Monarca un margen político-religioso nada despreciable a la hora de equilibrar las situaciones, arbitrar algunas disputas religiosas y contener el fundamentalismo. Pero es verdad también que la crisis económica del vecino del sur, el crecimiento de barrios marginales en los límites de las grandes ciudades, la ineficacia de los servicios públicos y el crecimiento demográfico han facilitado la labor de algunos imanes radicales que han pescado en el río revuelto de los desheredados y algunos jóvenes universitarios. Es evidente que el fundamentalismo está creciendo en Marruecos, y dentro de él los aspirantes al martirio terrorista, pero también es cierto que estas corrientes radicales no tienen nada que ver con la tradición religiosa marroquí.

Sin embargo, desde el punto de vista de la seguridad es conveniente hacer otra reflexión. Los actos criminales se han producido a pocos kilómetros de la frontera española, en una ciudad de raíces españolas y contra intereses españoles, entre otros. Eso nos obliga a mirar lo ocurrido en Casablanca con atención y serenidad. Lo más urgente ahora mismo es la colaboración entre los servicios de inteligencia de ambos lados del Estrecho para hacer frente a la amenaza. El desafío del terrorismo es global y la reacción frente al mismo o es global o no es.

LA colaboración de seguridad entre Marruecos y España es ya importante y se ha estrechado en las últimas horas para el esclarecimiento, la evaluación y el seguimiento de los atentados de Casablanca y para la prevención de nuevos actos criminales. Parece claro que estamos inmersos en una guerra global con características nuevas. No hay ejércitos convencionales, ni frentes, ni vanguardia ni retaguardia. El enemigo es difuso, tiene voluntad de asesinar y desprecia su vida tanto como las de los demás. Neutralizar este tipo de amenaza exige una respuesta compleja, en muchos frentes. Pero el más importante es el de la cohesión del bloque de países que está dispuesto a defender unos mismos valores, de libertad, derechos humanos y bienestar general. Y no sólo por intereses propios o por conveniencia, sino, sobre todo, por pura convicción en esos principios que el terrorismo internacional se empeña en destruir.

BALANCE A UNA SEMANA DE LAS URNAS
Editorial ABC 18 Mayo 2003

AUNQUE parezca una obviedad, conviene tener muy presente que el 25 de mayo se celebran en España elecciones locales, en más de 8.000 Ayuntamientos, y Autonómicas, en trece Comunidades Autónomas, así como en Ceuta y en Melilla. Los grandes partidos contribuyen, sin duda, con el protagonismo casi exclusivo de sus líderes nacionales a situar al ciudadano ante un anticipo de las elecciones generales o ante una especie de referéndum acerca del desgaste del Gobierno en los últimos meses. Aznar, en un esfuerzo valiente, afronta su última campaña como líder. Zapatero actúa por vez primera en el papel estelar. Uno y otro se juegan mucho, pero la clave está en el reparto del poder territorial, cuestión de máximo relieve en nuestro Estado de las Autonomías. Más allá de tópicos sobre la cercanía entre gobernantes y gobernados, la vida diaria depende decisivamente de la gestión de los responsables locales y regionales.

He aquí la clave: capacidad política y eficacia administrativa para afrontar asuntos como Sanidad, Educación o Medio Ambiente. El elector debe valorar con cuidado este criterio. Corresponden a las Autonomías y Ayuntamientos competencias y recursos muy relevantes, que no pueden quedar en manos de la improvisación, la inexperiencia, o, peor todavía, la demagogia. En democracia, los políticos están sujetos al escrutinio (difuso pero permanente) de la opinión y es fácil comprobar que el perfil público de cada candidato se ajusta a sus características reales. Los ciudadanos saben que el bienestar de todos está en juego y exigen programas y argumentos, no sólo promesas y buenas palabras.

Aunque cada elección es importante por sí misma, la percepción del resultado va a depender de tres o cuatro claves. Madrid asume la posición principal. En un marco de notable equilibrio, Ruiz-Gallardón parece más fuerte que su adversaria, Trinidad Jiménez, mientras que Esperanza Aguirre remonta posiciones día a día y las últimas encuestas reflejan una máxima igualdad entre su candidatura y la suma de escaños que alcanzarían PSOE e IU en la Comunidad. Si el PP gana en esta doble contienda, habrá cumplido, con creces, su objetivo, ya que parece confirmarse el triunfo de Camps en Valencia y de los candidatos que repiten en las Autonomías donde ya gobierna. Descontados los feudos tradicionales del PSOE, todo está por resolver en Baleares y no cabe esperar convulsiones en el mapa autonómico. En el nivel municipal, Burgos, Valladolid, Zaragoza o Toledo pueden servir de índice para medir la situación, pero nada decisivo se gana ni se pierde con un mínimo reajuste respecto del punto de partida. A día de hoy, los populares tienen motivos para un optimismo precavido. Irak queda lejos, el «Prestige» más todavía y la razón práctica se impone sobre las manifestaciones y las consignas. Téngase presente además que, si es que llega a producirse, cierto desgaste es natural en todas las elecciones intermedias y también que el partido del Gobierno se ve forzado en muchos casos a ganar por mayoría absoluta ante la coalición patente de la izquierda. El PSOE, a su vez, debe preguntarse si, en el contexto actual, los resultados previsibles confirman su optimismo -tal vez precipitado- de cara al año 2004.

Por último, la situación excepcional del País Vasco exige el empleo de otros parámetros para el análisis. La calidad democrática de los comicios mejora con la ausencia de Batasuna y sus herederos, parte constitutiva del entramado terrorista. El esfuerzo notable de populares y socialistas anticipa un buen resultado sobre todo en las capitales, sin que el PNV obtenga el rédito que esperaba de los votos del nacionalismo radical. Hay que hacer, en todas partes, una seria llamada a la participación ciudadana. Ejercer el derecho de sufragio exige por definición sensatez y buen criterio. En el País Vasco es, además, una prueba de responsabilidad cívica y moral frente a la aventura soberanista y el terror totalitario.

Cuestiones políticas
Amando De Miguel La Razón 18 Mayo 2003

Nada es más sano en la política democrática que la rotación de los líderes, la alternancia de los partidos. Por lo menos tenemos un presidente del Gobierno dispuesto a dejar voluntariamente el puesto al sucesor (todavía sin decidir). ¿Seguirá alguien más su ejemplo con sólo dos mandatos en el poder? En algunas Comunidades autónomas (País Vasco, Cataluña, Andalucía, Extremadura), después de cinco lustros de democracia, todavía no se ha producido la alternancia. No es casualidad que, en los casos citados, se trate más bien de regiones con escaso éxito económico. Cataluña va bastante bien, pero no tanto como Madrid.

La condición de la alternancia no debe ser algo inexorable o mecánico. El poder se desgasta, como todo lo que se mueve. Lo lógico es que el segundo partido de la oposición esté más preparado, más tranquilo. ¿Es esa la situación del PSOE respecto al PP? Me temo que no. El PSOE está dispuesto a ir del bracete de Izquierda Unida. Tenemos así a una especie de figura mitológica, como las sirenas o los centauros. Así se representan muchos a Zapatares o a Llamatero. ¿Cómo pueden unirse esos dos partidos si en el País Vasco, por ejemplo, representan posturas antagónicas? Por lo menos eso era así con Nicolás Redondo Terreros. Porque esa es otra. Al menos Izquierda Unida es bastante coherente en todas partes, pero el PSOE es más bien el dragón de las siete cabezas. ¿Qué tiene que ver Paco Vázquez con Pascual Maragall? Lo peor es que no se sabe con cuál de los dos está Zapatero. Encima, para gobernar, Zapatero tendría que dar un ministerio a Llamazares. ¿Educación? ¿Asuntos Exteriores? Es para echarse a temblar. En cambio, Paco Vázquez haría un buen ministro de Fomento. Pero, como puede verse, la confusión es notable.

Hay dos cuestiones políticas que acucian a la gran masa de españoles. Quien las sepa resolver mejor, gobernará. La primera es la cosa económica. De momento, parece ir bien, porque hay cada vez más empleos, declarados y no declarados. Ésa es la razón fundamental por la que suben tanto los precios de los pisos. La otra causa es el dinero barato, más que nunca. La única falla es que la producción y la exportación no se mueven tanto. Hay muchos turistas extranjeros (más que habitantes), pero gastan cada vez menos. Esa exportación invisible que es el turismo exterior ha llegado a su saturación. Menos mal que cada vez se mueve más el turismo interior. El interrogante es si, ante todos esos problemas de intendencia, el PSOE (con Izquierda Unida) lo va a hacer mejor que el PP. Personalmente, creo que lo haría bastante peor.

Cabe la esperanza de que el Gobierno alternativo de la izquierda resolviera el otro gran problema, el de la unidad nacional. Por ese lado la perspectiva es terrorífica. Huelga la demostración.

La paradoja ETA
ANDRÉS MONTERO GÓMEZ/PRESIDENTE DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE PSICOLOGÍA DE LA VIOLENCIA El Correo 18 Mayo 2003

Una enseña y un instrumento del desarrollo de la autonomía en Euskadi, su televisión autonómica, ha difundido el último mensaje de una banda, ETA, dispuesta a dinamitar la autonomía a base de asesinatos y coacciones terroristas. Configurada en la formación tradicional del comité ejecutivo de la banda, una tríada de encapuchados envuelta en la simbología mítica de su realidad paralela desmentía la existencia de un cese de las operaciones terroristas. Con el respaldo de la bandera de Navarra, las voces tras la indumentaria gudari aplaudían la consulta imposible del Plan Ibarretxe, pero lo rechazaban por ser instrumento del desarreglo del contencioso. La ETA clandestina de capucha amenaza con más violencia y en más frentes, al tiempo que pide el voto nulo para AuB y se suma a más votaciones, aquéllas de un hipotético sufragio para la autodeterminación. ETA aparece en campaña electoral con la pistola encima de la mesa pidiendo votos a una sociedad a la que coarta con sistemática alevosía su derecho al voto, su libertad política y derechos humanos. La ETA de hoy es el producto encapsulado de su propia paradoja. Es como entender una 'alternativa democrática' vinculada a la mutilación, secuestro y asesinato de demócratas. Así mismo.

Informaba EL CORREO de que la presencia del 'Zutabe' en el decorado televisivo impostado por ETA quiere representar la unidad de la banda, acallando interpretaciones de que pudiera tratarse de una iniciativa aislada del comité ejecutivo. Estoy de acuerdo, pero hay más. En realidad, el expositor 'Zutabe' esconde la fragmentación de la militancia terrorista, que sus cabecillas tratan de compensar apelando a una eventual consulta asamblearia. El orden del día de la supuesta asamblea de ETA habría concentrado discusiones sobre un par de puntos, a saber, el análisis de la situación en Euskadi y la viabilidad de la denominada por ellos 'lucha armada', esto es, del terrorismo. Ciertamente es harto improbable que la otrora ETA naciente de las asambleas pueda celebrar hoy en día una reunión comunal con la desestructuración de sus aparatos operativos y la inseguridad derivada de la vigilancia policial. Podrían haberse ido a Bélgica o haberla celebrado por videoconferencia, pero va a ser que no. Creamos que ha sido su tríada ejecutiva (que no estaba detrás de las capuchas), dificultosamente comunicada, la que ha puesto en escena un libreto que, al más puro estilo comercial, trata de vender el humo de la unidad y solidez.

Respecto a los debates sobre la viabilidad de la violencia, la historia de ETA es rotunda en traducirlos en reforzamiento del aparato militar (la banda de las pistolas) y aplastamiento o marginación de los sectores críticos. En este punto, no obstante, es significativa la mención a las «dificultades que tiene (la izquierda abertzale) para situarse en un nuevo terreno de juego político que ella misma ha contribuido a crear con su lucha».

ETA se asienta actualmente sobre un trípode representado por una minoría social que respalda y nutre a la organización terrorista, de un lado; por el grupo activo de asesinos a sueldo, de otro; y por un pilar externo que la favorece y que no es otro que la división de los actores políticos, estatales y vascos, respecto a cómo afrontar a una banda terrorista y sus repercusiones. Alrededor de este trípode, ETA ha organizado un entramado de corpúsculos que cumple, a su vez, la doble vertiente de anclarse en la sociedad vasca a través de la acción en una serie de frentes todos ellos relacionados con el mantenimiento de la violencia y su amplificación (político, social, penitenciario, 'kale borroka'), y de encapsular a la propia banda criminal aislándola del exterior. El aislamiento de ETA, y la subcultura que el denominado MLNV promueve para sus militantes, constituyen el mecanismo más potente para garantizar la pervivencia del ideario irracional que justifica el terrorismo. Dentro de esa cápsula delirante e impermeable, los gestores e ideólogos del terror, quienes lo politizan para vestir el asesinato de palabras, toman las decisiones para la supervivencia de la banda.

Desde la revisión de la alternativa KAS para denominarla 'alternativa democrática', la realidad paralela, la ideación delirante sobre la que se asienta el terrorismo de ETA, ha venido evolucionando de una manera crónica hasta llegar a su cúspide en el pacto de Lizarra, donde, en un error histórico, el PNV permitió que la banda se travestiera de actor político (ETA, un asesino politizado, convertida en un político que hace uso de la fuerza, lo que siempre había querido ser) para firmar acuerdos. En una maniobra a mi juicio inteligente pero arriesgada, sobre todo porque en el camino sacrifica vidas de ciudadanos, el PNV de Ibarretxe ha intentado articular sus propios intereses con la configuración de un escenario seductor para el abandono de la violencia por parte de ETA, el mito del 'Estado libre asociado'.

En este escenario, ETA reconoce dificultades de adaptación porque sabe que la única opción para converger en él es desactivar el asesinato, aunque prosiga con la coacción. La rumorología en torno a una tregua, que podemos denominar en puridad 'cese de atentados', es una expresión de estos estertores adaptativos que comenzaron en la banda en cuanto rubricó las contradicciones de Lizarra y que se han potenciado al ser privada por el lento pero inexorable estrangulamiento por parte del Estado de Derecho de su frente político (Batasuna), de parte esencial de sus finanzas, y han perjudicado sus esquemas de comunicación pública, nacionales e internacionales. ETA se revuelve porque reconoce en el Plan Ibarretxe la única salida plausible de una oscura habitación de los horrores en cuya otra única puerta está escrita la palabra derrota.

El desbordamiento planificado por el PNV es una compleja estratagema que, a costa de las víctimas, traza un doble horizonte secesionista. En primera instancia, promueve la ruptura institucional con aspavientos de legitimación social no para lograrla, pues es políticamente imposible teniendo que pasar por las cámaras de Madrid y el constitucionalismo de PSOE y PP, sino como golpe psicológico que afiance la identidad nacionalista de una parte de la población, extrayendo de paso algunos réditos autonomistas. El PNV no cree en la ruptura, pero la teatraliza porque sabe que mientras se represente la obra el público que asista a la función estará viviendo en ella. En otro drama de ese montaje, segundo paralelo del horizonte secesionista, ETA asiste a un futurible, su propia disolución pareciendo que, como dicen sus portavoces, ya han construido un «nuevo terreno de juego político». De momento, aislados y fragmentados, no pueden superar la paradoja de dejar de matar creyendo que asesinando han construido algo. Quizás ETA se disuelva entre esos nuevos frentes que postula intentando que miremos para otro lado, aunque nadie confía en que silencie las pistolas de asesinos que se expresan quitando vida.

UN SINVERGÜENZA
Por Alfonso USSÍA ABC 18 Mayo 2003

IGNORO, y en este caso la ignorancia es higiene y delicia, la identidad del director de la televisión pública «Euskal Telebista». Una simple consulta telefónica de dos minutos me facilitaría su nombre y apellidos. No me interesan ni su nombre ni sus apellidos, y menos aún su pensamiento, su ideología, su RH y la estructura de su culo, que como buen vasco debe tenerlo magro y estirado, es decir, como el de Begoña Errazti. Sólo me intriga su responsabilidad como director de una televisión financiada por el dinero de los contribuyentes. Su sentido de la equidad para decidir qué conviene emitir y qué se precisa censurar. Por ejemplo, entre las censuras, la alocución del Rey en Nochebuena. Por ejemplo, la emisión de un espacio en el que las víctimas del terrorismo etarra reivindican su condición de seres humanos sufrientes y despreciados por los nacionalistas.

Y entre las emisiones convenientes, por ejemplo, la publicidad de diez minutos de tres asesinos de la ETA haciendo público un comunicado de amenaza, odio y advertencia. Esos diez minutos sí se le antojan al director de «Euskal Telebista» interesantes y convenientes. Ignoro, e insisto en que la ignorancia es en la presente ocasión distancia calculada, la identidad del sinvergüenza que obedece consignas tan repugnantes. Ni el más atribulado, adulador y sumiso furriel de la información durante el franquismo hubiese aceptado la magnitud indigna de tamaña obediencia. Más bien, la decrepitud de semejante humillación. No se engañen. Franco, comparado con Arzallus e Ibarreche, era un peligroso político liberal. Se distanció de Hitler hace más de sesenta años.

Hoy, el mensaje político y electoral de estos racistas insufribles y depredadores es el del «Fhürer». No echan de menos a Himmler, porque tienen a muchos cumpliendo con su cometido. Y a la perfección, que hay que reconocer los logros de los enemigos de la libertad. Himmler está en la depuración de los vascos que se niegan a someterse al nacionalismo. Himmler está en el benéfico terrorismo. Himmler está en la desobediencia a la Justicia de un Estado de Derecho. Himmler está en Ibarreche, en Arzallus, en Atucha, en Otegui y en Errazti en la misma proporción que los cumplidores de sus exigencias.

Y Himmler está en el proceder de ese director de «Euskal Telebista», de cuyo nombre no puedo acordarme, ni quiero acordarme, ni me importa la punta del capullo acordarme, entre otras razones porque no tengo la intención de gastar ni un impulso de mi dedo meñique de la mano derecha o izquierda para averiguar su identidad. Porque no tengo la menor duda de que esa identidad no es la de un hombre, sino la de un sistema, no la de un periodista, sino la de un colaborador, no la de un director, sino la de un comisario político. No puedo humillar lo que me queda de integridad intentando averiguar la identidad de un esbirro, de un comisario político del fascismo más elemental, de un cobarde.

Porque de la elementalidad nace todo. El despacho, la mesa, el sueldo, las canonjías, los coches, los gastos, la recompensa y la bendición. También la bendición, que hay obispos y sacerdotes que insisten en establecer comparaciones entre los asesinos que cumplen su pena y la pena de los familiares de las víctimas que cumplen sus visitas a los cementerios. A esos familiares se les negó en «Euskal Telebista» que aparecieran llorando su incertidumbre y su futuro. Cosas de la política. Pero también, cosas de la política, se permitió que tres asesinos encapuchados se ofrecieran a la sociedad vasca para amenazarla, cohibirla e informarla de su pretensión futura. Pretensión que comparten con los que admiten que los asesinos aparezcan en las pantallas de televisión. Obediencia que obliga. Sumisión que se cumple. De ahí que no tenga interés alguno en conocer el nombre y apellidos de un cobarde sinvergüenza que se nutre de las consignas. Despreciable consignatario del fascismo. Gallina.

Savater critica que se hable del «Prestige» e Iraq y no de ETA
Redacción - Valladolid.- La Razón 18 Mayo 2003

El escritor y filósofo vasco Fernando Savater consideró ayer «escandaloso» que en España se diga que el problema más grave que ha padecido haya sido el «Prestige» y la guerra de Iraq, cuando hay personas que llevan más de 20 años luchando contra ETA.
Durante la presentación de su última obra, «Mira por donde: Autobiografía razonada» en la feria del libro de Valladolid, Savater comentó que le parecía «curioso» que algunos digan que los jóvenes salen ahora a la calle, «porque yo conozco a chicos de 22 años, que llevan ya tres con escolta por plantar cara a la banda terrorista ETA».

Ibarrola denuncia que los vascos viven «bajo la dictadura del nacionalismo»
J. J. SALDAÑA ABC 18 Mayo 2003

¡Basta ya! quiso hacer un reconocimiento público al artista, por su larga trayectoria en defensa de la libertad y como desagravio por el acoso de los proetarras

BILBAO. ¡Basta ya! entró en la campaña electoral con un homenaje al artista Agustín Ibarrola, en el que pidió el voto para las candidaturas constitucionalistas como «la manera de consolidar la libertad». Al acto no acudieron representantes del Ejecutivo de Ibarretxe ni de la Iglesia vasca, pese a haber sido invitados expresamente para desagraviar al artista bilbaíno, objeto en varias ocasiones de los vándalos proetarras. Tampoco hubo presencia de la Diputación Foral de Vizcaya ni del Ayuntamiento de Bilbao. Sí estuvo el alcalde de Vitoria, Alfonso Alonso, del PP. La representación del PSE se limitó prácticamente al sector «redondista», mientras que el alcalde donostiarra, Odón Elorza, excusó su ausencia.

¡Basta ya! quiso homenajear no sólo la larga trayectoria en la lucha por la libertad de este escultor de 73 años, amenazado por ETA, sino también su obra artística, ya que «el mundo nacionalista le ha negado» el reconocimiento por «no ser nacionalista» y por no rendirse a las «prebendas» del poder, según denunció su amigo, escritor y compañero en la larga lista de perseguidos, Raúl Guerra Garrido.

Tras sus palabras, un vídeo de Iñaki Arteta, en el que el artista confiesa que «por dignidad» no puede permitir que su obra salga del País Vasco, y que no se irá a vivir a otro lado «aunque me maten», hizo que el público rompiera en aplausos.

El esfuerzo diario para ser libre
Un apoyo que también sintió cuando habló del «esfuerzo que tengo que hacer todos los días para ser libre en mi profesión» y de la dureza que supone haber pasado del franquismo, donde «sufríamos una represión directa», a una situación en la que asesinan a los amigos, a la familia. «Para mí, trabajar es alcanzar las cotas de libertad que me niega el entorno político dominante», señaló, consciente del «odio» que suscita entre los nacionalistas por pensar diferente. «Es evidente que vivimos bajo la dictadura del nacionalismo», dijo el artista vasco, que acusó al PNV de vivir en «una burbuja» sin sentir el miedo. También reprochó, a través del vídeo, al partido de Arzalluz su «insolidaridad» con las víctimas e «incapacidad para acabar con el terrorismo».

Ya sobre el escenario, Ibarrola agradeció el reconocimiento que «me hacéis la parte esencial, libre y democrática de la sociedad vasca». Antes, lamentó que tras «haber roto fronteras» en su condición de artista «aquí no están algunos de los que las han creado», en alusión a los nacionalistas.

Por el escenario, decorado con diferentes imágenes -de su etapa en la cárcel con el franquismo, del Bosque de Oma, de los Cubos de Llanes....- desfilaron amigos y compañeros en su lucha por la libertad, como Vidal de Nicolás e Ignacio Latierro: sindicalistas como el secretario general de CC.OO., José María Fidalgo, y el ex dirigente de UGT Nicolás Redondo Urbieta. Entre los asistentes se encontraban también, por el PP, Jaime Mayor y numerosos candidatos mientras que por el PSE, Nicolás Redondo Terreros.

El jesuíta Imanol Beristain dijo que la obra de Ibarrola «limpia y limpiará la mancha sangrienta del terrorismo». Por parte de las víctimas de ETA, Consuelo Ordoñez y Pilar Ruiz, madre de Joseba Pagazaurtundua, agradecieron el «coraje cívico» del artista y de su mujer, Mari Luz, «renunciando al Edén vasco de la cultura oficial para acompañar a los perseguidos».

«La persecución que sufrió y sufre es política»
El portavoz de ¡Basta ya!, Carlos Martínez Gorriarán, justificó la necesidad de este homenaje a Agustín Ibarrola porque representa «lo mejor de este país», y explicó que se ha pretendido que fuera un «acto político» porque «la persecución que sufrió y sufre es política». Advirtió que esta persecución no se resuelve sólo con muestras de solidaridad, sino «tomando medidas que tienen que ser políticas y que tienen que venir de las instituciones». En este sentido, hizo un llamamiento para que la gente vote a las candidaturas constitucionalistas como «la manera de consolidar la libertad». En los aledaños del Teatro Arriaga, donde tuvo lugar el homenaje, no dejó de sonar la música electoral del PNV, mientras se repartía propaganda del candidato nacionalista a la alcaldía bilbaína, Iñaki Azkuna, uno de los «ausentes».

Al homenaje se sumaron, a través de mensajes de apoyo, escritores como Antonio Muñoz Molina y Elvira Lindo, el humorista Forges y el actor Imanol Arias.

TERRORISMO ISLAMISTA RADICAL
Por GUSTAVO DE ARÍSTEGUI Portavoz del PP en la Comisión de Asuntos Exteriores del Congreso ABC 18 Mayo 2003

LOS atentados de Casablanca y de Riad han horrorizado a la opinión pública mundial y nos recuerdan que el terrorismo acecha y golpea con saña donde y cuando puede. Su finalidad resulta cada vez más clara: desestabilizar al mayor número de regímenes que ellos consideren «corruptos, impíos y apóstatas» y sustituirlos por dictaduras islamistas radicales con el objetivo final de establecer un califato de igual ideología, además de expansivo y agresivamente proselitista. Mucho se ha escrito sobre las conexiones entre el Islam más conservador y el islamismo, por lo que conviene hacer una sosegada reflexión sobre sus conexiones y diferencias.

La alianza forjada en el año 1744 entre Mohammed Abdel-Wahab y Mohammed Ibn Al-Saud ha hecho correr ríos de tinta entre historiadores y analistas. Hoy, más de uno se empeña en relacionar el islamismo radical con el wahabismo, sin hacer un análisis más sosegado de las fases intermedias que llevan del Islam conservador al islamismo, además de no entender la realidad religiosa, social e histórica de la península Arábiga. El Islam sunní, que practican el 80 por ciento de los creyentes musulmanes, está dividido en cuatro escuelas jurídicas (en realidad de interpretación teológica), que en orden de rigor son la hanbalí, malekí, hanafí y sha´afí. El wahabismo, por lo menos la parte más oficial del mismo, sigue de forma inflexible la primera escuela, que a su vez propugna la aplicación literal del Corán y demás fuentes del derecho Islámico.

A lo largo de la historia, el wahabismo ha sido acusado de proselitismo violento y de una extrema rigidez e intolerancia hacia otras formas y escuelas del Islam. Desde sus inicios contaron con una fuerza armada ágil y muchas veces brutal, llamada los Ijwan (la hermandad), que se dedicaba a intentar imponer sus ideas y su forma de ver el Islam al resto de los musulmanes. En ocasiones poblaciones enteras eran masacradas si no se sometían a sus dictados

Buena muestra de este talante fue la destrucción de la tumba del Profeta en el siglo XIX, así como de los restos del Iman Hussein (nieto del Profeta, mártir y héroe del chiísmo) en la ciudad santa chií de Karbala, en Irak. Para el wahabismo cualquier práctica del Islam que admita la veneración a personas, tumbas o «santos» se considera una expresión de idolatría incompatible con su interpretación de la fe musulmana y por ello perseguían a todo aquel que peregrinaba a la tumba del Profeta, puesto que, según ellos, sólo se puede adorar a Dios, del que el Profeta fue su mensajero. Para los wahabíes lo único importante es la revelación, y por mucho respeto que le tuviesen, ni el mismo Profeta debía rivalizar con el Dios único y su Revelación. La adoración, admiración a las personas, o la peregrinación a las tumbas se castiga severamente. Sirva como anécdota señalar la polémica suscitada entre los ulemas (doctores de la ley) cuando se instauró la televisión en Arabia Saudí o cuando se quiso grabar el retrato de los reyes de la dinastía Al-Saud en los billetes del rial, moneda saudí, puesto que en ambos casos ciertos ulemas consideraron estas manifestaciones como graves casos de idolatría.

Los terribles atentados de Arabia Saudí y Casablanca corroboran que Islam e islamismo no sólo son realidades distintas sino antagónicas. El islamismo radical es la negación del Islam. No obstante lo anterior, la frontera entre las formas y escuelas más conservadoras y rigoristas del Islam y los partidos y grupos islamistas son cada vez más difusas. Estamos ante un movimiento que pesca fantásticamente bien en las turbulentas aguas del radicalismo, el fanatismo y el ultra-rigorismo religioso. El Islam y los musulmanes, en consecuencia, son la primera víctima del islamismo. No es menos cierto que las formas más conservadoras del Islam son el mejor caldo de cultivo para generar brotes de islamismo radical y así reclutar a sus militantes y sus terroristas. Por eso, es especialmente lamentable que algunos países con concepciones muy rígidas y conservadoras del Islam hayan favorecido o tolerado la aparición de madrassas (escuelas coránicas) islamistas radicales, pensando que en realidad se trataba sólo de expresiones especialmente rigoristas del Islam, pero que no eran necesariamente violentas. En este contexto se ha producido la financiación y el apoyo por parte de algunos gobiernos e individuos a ciertos movimientos, partidos políticos de corte religioso, fundaciones y ONG que en realidad, más que conservadoras, eran claramente islamistas radicales. En algunos casos las contribuciones públicas y privadas fueron hechas de buena fe, sin saber realmente el destino que se iba a dar a ese dinero; en otros se hacía a sabiendas del carácter violento de esos grupos y de que entre sus fines se encontraba el terrorismo.

En el caso concreto de Arabia Saudí se ha practicado una peligrosa estrategia del avestruz, ignorando las consecuencias a medio y largo plazo que algunas ayudas a esos movimientos podrían acabar teniendo, no ya para el Islam en su conjunto, sino incluso dentro del propio Reino Saudí. En consecuencia, se produjo un curioso fenómeno que podría calificarse, quizá, de un «pacto de no agresión», permitiendo a los proselitistas más radicales ejercer sus labores en el extranjero siempre y cuando aceptaran no desestabilizar «en casa» con su doctrina, arengas y propaganda intolerantes y violentas. No conviene deducir automáticamente que las autoridades saudíes supieran de antemano de las verdaderas intenciones de estos grupos radicales, pero no parece aventurado inferir cuál era su verdadera naturaleza.

Por todas estas razones, hay que aplaudir como buena noticia la seria advertencia hecha a estos grupos por parte del Príncipe Heredero de Arabia Saudí, que, sin embargo, se nos antoja un tanto tardía. Sin embargo, los atentados de los días 12 y 16 de mayo no fueron los primeros cometidos en tierras árabes (recordemos la toma de la gran mezquita de la Mecca en 1979 o el camión bomba de Dahran, los atentados de Líbano, Argelia, Egipto y tantos otros). Mucho me temo que no serán los últimos.

El islamismo radical, por otra parte, es algo bien distinto al Islam conservador, aunque muchas veces beban en fuentes comunes. Se trata de un fenómeno que tiene orígenes históricos e ideológicos diferentes, que dista mucho de ser homogéneo y unívoco. Las diferentes tendencias en el seno del islamismo tampoco coinciden sobre los medios para obtener los fines que en apariencia son idénticos: la instauración de un califato islamista dictatorial y opresivo en toda la Umma (unidad de creyentes). Entre grupos islamistas de distinta naturaleza y origen se está produciendo una dura pugna por el poder y la influencia de los círculos más radicales del mundo musulmán.

Para diferenciarse del islamismo radical, el Islam moderado debería condenar enérgicamente la barbarie del terrorismo, dejar de denominar a sus partidos como «islamistas» (recordemos que tanto en Turquía como en Marruecos los partidos islámicos moderados se llaman «islamistas moderados»). En Occidente deberíamos huir de la tentación de demonizar a todo el Islam político, que por ser conservador o de inspiración netamente religiosa no tiene por qué ser considerado violento o ilegítimo.

Por último, no conviene perder de vista que muchos analistas y políticos se apresurarán a hacer lecturas prematuras y sin fundamento suficiente de lo ocurrido en Riad y Casablanca. El islamismo radical nunca ha necesitado excusa alguna para cometer brutales atentados; su historia lo demuestra más allá de toda duda. Ninguna democracia que se precie debe amedrentarse ante el chantaje del terror. No lo hemos hecho los demócratas españoles con ETA y resulta impensable que lo vayamos a hacer con Al-Q´aeda o la sanguinaria ideología que lo alimenta.

Recortes de Prensa   Página Inicial