AGLI

Recortes de Prensa     Miércoles 21 Mayo  2003
Francisco Vázquez: «Los nacionalistas vascos están planteando un golpe de Estado institucional»
ALFREDO AYCART ABC 21 Mayo 2003

El sectarismo no tiene remedio
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 21 Mayo 2003

Casablanca: una meditación sobre la naturaleza del terrorismo
MIKEL BUESA ABC 21 Mayo 2003

Terror e hipocresía
JUAN PEDRO QUIÑONERO ABC 21 Mayo 2003

Aznar-González: respuesta a Euskadi
Iñaki Zaragüeta La Razón 21 Mayo 2003

Un desliz
ÁLVARO DELGADO-GAL ABC 21 Mayo 2003

Errores y extravíos electorales
JOSÉ MARÍA LASALLE ABC 21 Mayo 2003

ET(A)B
Román Cendoya La Razón 21 Mayo 2003

Saturnal Palestina
Lucrecio Libertad Digital  21 Mayo 2003

El terrorismo en televisión
JESÚS MARÍA SANTOS VIJANDE ABC 21 Mayo 2003

Regresión económica en la Euskadi nacionalista
Enriqueta Benito La Razón 21 Mayo 2003

De terrorismos y otras maldades
Joaquín Marco La Razón 21 Mayo 2003

Verdades como puños (y rosas)
María Ruiz La Razón 21 Mayo 2003

El repugnante integrismo
Editorial El Ideal Gallego 21 Mayo 2003

La burbuja terrorista
José Javaloyes La Estrella 21 Mayo 2003

El compromiso de Ibarrola
JOSÉ MARÍA CALLEJA La Voz 21 Mayo 2003

¿Un bozal para Maragall

Editorial La Razón 21 Mayo 2003

«Un bozal para Maragall»
J. Abenza - Madrid.- La Razón 21 Mayo 2003

«¿Basta Ya!» dice que romperá con el PSE si Elorza pacta con el PNV en San Sebastián
J. Abenza - Madrid.- La Razón 21 Mayo 2003

Basagoiti dice que el nacionalismo fomenta «la diáspora laboral» de los jóvenes
BILBAO EL CORREO  21 Mayo 2003

Francisco Vázquez: «Los nacionalistas vascos están planteando un golpe de Estado institucional»
ALFREDO AYCART ABC 21 Mayo 2003

El más votado de los alcaldes socialistas critica la «cobardía» de PP y PSOE ante la ofensiva nacionalista y reclama que ambos partidos suscriban «un pacto de hierro» constitucional

SANTIAGO. Tan seguro de la mayoría absoluta que le vaticinan todos los sondeos que incluso aporta la receta de su éxito («mi disciplina se llama La Coruña»), Francisco Vázquez reprocha al PP que no haya «tenido tiempo» en ocho años para reformar la ley electoral y así homologar los ayuntamientos españoles a los europeos. En una intensa conversación con ABC Vázquez presume de haber acudido a hacer campaña a Lasarte, en el País Vasco, donde cree que «se ha puesto a la zorra a cuidar el gallinero»; recuerda que el secretario de Organización de su partido, José Blanco, «se ha criado a mis pechos», y augura una escisión en el BNG como consecuencia de un nuevo fracaso electoral.

-El debate municipal parece enterrado por las grandes cuestiones nacionales e internacionales.
-Sí, y está mal. Para los municipalistas convencidos, es un insulto y una humillación, porque poco puede hacer un Ayuntamiento ante la crisis del «Prestige» o para parar la guerra de Irak. El debate no está siendo el que debiera, sobre los proyectos municipales, pero afortunadamente los ciudadanos, que casi siempre van por delante de los políticos, saben que ni Aznar ni Zapatero van a ser alcaldes de su pueblo y votarán en consecuencia. Sí es importante sin embargo conseguir un clima de diálogo institucional que permita avanzar a la ciudad. En La Coruña se ha hecho y los grandes proyectos para la próxima legislatura, el puerto exterior o la ampliación del aeropuerto, surgen por un compromiso del Gobierno, en el que tienen un papel relevante el ministro de Fomento, Francisco Álvarez-Cascos, el vicepresidente Rajoy y el propio presidente Aznar. Yo creo en un estilo de política municipal que conlleva anteponer los intereses de la ciudad a cualquier otra consideración política, partidaria o ideológica. Por eso los proyectos no son ni de izquierdas ni de derechas. son coruñeses.

-Bien, ¿pero coruñeses de La Coruña o de A Coruña?
-Sin duda de La Coruña cuando como ahora hablamos en español y nos regimos por las normas de la Real Academia. Pero yo no hago bandera de la confrontación lingüística o idiomática. Defiendo la tolerancia, que cada uno hable lo que quiera como quiera, y ningún poder puede prohibir el mandato constitucional del derecho y el deber de utilizar la lengua española. La persecución por ejercer esa tolerancia es la demostración de la intolerancia y el fanatismo del mundo nacionalista, empeñado en un aislacionismo que le lleva a posturas como la del fascismo idiomático de intentar imponer como sea la lengua gallega. Hay talibanes idiomáticos que hablan de que se haga toda la enseñanza en gallego, una cuestión ajena a una sociedad que tiene en el bilingüismo un importantísimo factor enriquecedor. En Galicia, por la permisividad, la dejación o la ignorancia de los que tienen la responsabilidad de gobernar, en este caso el PP, se ha puesto la política lingüística y educativa en manos de los hipernacionalistas. Aquí no se respetan los derechos de los castellano-parlantes. Todos los documentos oficiales están en una sola lengua.

-Pero su partido parece dispuesto a pactar con el BNG y contra el PP en Galicia, una actitud contradictoria con la del País Vasco
-Mire, en Galicia vamos a aspirar a gobernar nosotros y si somos la lista más votada en la mayor parte de las ciudades no harán falta pactos. Todo parece indicar que en La Coruña, Lugo y Santiago seremos los más votados y avanzamos para serlo también en Vigo, donde el BNG ya está descartado. En esas circunstancias no se vislumbra ningún horizonte de pacto. En ese sentido, creo que es más preocupante la política de acuerdos del PP de Galicia con candidaturas de independientes que obedecen a intereses confusos. También le reprocho al PP que no haya tenido tiempo en ocho años para haber pactado una nueva ley electoral que permita que los ayuntamientos sean homologables a los del resto de Europa con gobiernos mayoritarios y estables y que no sean necesarias las coaliciones que la mayoría de las veces no hacen más que entorpecer. Sea la lista más votada, la elección a doble vuelta o la elección directa del alcalde, cualquier sistema sería mejor que el actual.

-Sus discrepancias con la dirección del partido...
-Mire, la gente de La Coruña vota a su alcalde porque sabe que no soy sectario a la hora de dirigir la ciudad. Mi disciplina es La Coruña. Pero yo levanto la bandera tradicional del PSOE, y no lo hago en solitario. Los grandes referentes institucionales del partido -Ibarra, Bono, o Chaves- tenemos una idea muy clara de cual es el papel del PSOE. Además, estoy muy tranquilo con Rodríguez Zapatero y mucho más con José Blanco, que le he criado a mis pechos, como a muchos dirigentes socialistas gallegos y me siento muy satisfecho de hasta donde han llegado. Blanco es una persona orgánicamente muy capaz que lo hará muy bien desde el punto de vista orgánico y desde el punto de vista político es una persona prudente al que le gusta siempre escuchar y aprender. En el puesto que ocupa irá madurando.

Ofensiva nacionalista
-Usted comentó la posibilidad de disolver las instituciones vascas.
-Mire, estamos viviendo un momento político caracterizado por la ofensiva del nacionalismo vasco negándose a cumplir las sentencias del Tribunal Supremo refrendadas por el Constitucional. Estamos sufriendo un golpe de Estado institucional y todo el mundo se pone una venda delante de los ojos. Igual que se ha llegado a un acuerdo en materia antiterrorista o de justicia debería haber un gran pacto de hierro entre PSOE y PP en materia constitucional. Tiene que quedar muy clara la caja única de la Seguridad Social para toda España, y que la Constitución no se reformará salvo para convertir al Senado en una cámara territorial. El objetivo final de los partidos nacionalistas es la independencia. Lo pueden enmascarar o dilatar en el tiempo, pero es su meta final, y los partidos estatales tienen una actitud yo creo que cobarde al mirar hacia otro lado y sentar las bases a un grave problema político en diez o quince años, por el sectarismo con que se enseña la historia de España a generaciones de estudiantes y por el grave problema de permitir que la competencia de seguridad en el país vasco la gestione el PNV. Estamos metiendo la zorra dentro del gallinero, algo inconcebible.

-¿Y en Galicia?
-Estas elecciones van a tener algo bueno, van a representar la escisión del BNG. Ahora hay una tregua interna por las elecciones, pero hay un sector galleguista, positivo para el futuro, que no aguanta más la convivencia con el radicalismo marxista-leninista de la UPG y el fanatismo de Beiras

El sectarismo no tiene remedio
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 21 Mayo 2003

Da exactamente igual que El País obligue a rectificar un poquito, sólo un poquito, a su candidato Zapatero por achacar los atentados de Casablanca al apoyo de Aznar a la coalición internacional liderada por Bush, que fue capaz de liquidar en tres semanas el régimen genocida de Sadam Husein y con la menor pérdida de vidas que se haya producido nunca en una guerra similar. En realidad, aunque exagerado y torpe, el argumento zapateril no es más que la adaptación de esa inmensa mentira repetida por la izquierda en general y cierta derecha en particular de que “el mundo es más inseguro después de la guerra de Irak”. En rigor, lo que ha hecho Zapatero no es distinto de lo que estos últimos meses, hasta la caída de Bagdad, ha hecho la secta polanquista, la tribu comunista y la compañía de tirititeros metidos a filósofos, que se han cansado de llamar “asesinos” a Aznar y Bush, de ningunear las instituciones representativas y parlamentarias, de deslegitimar al Gobierno democráticamente elegido y de justificar el terrorismo o el vandalismo desatado en toda España contra las sedes y candidatos del PP, justificación natural porque previamente esos medios y esos políticos de Izquierda habían inducido a la violencia manipulando los datos, hechos y razones de la guerra.

Zapatero ha manipulado de forma repugnante los atentados de Casablanca para arrojar cadáveres sobre la candidatura del PP, culpando a Aznar de ser el responsable político de esos crímenes en vez de respaldar la lucha de España, los USA y la mayoría de los países civilizados contra el terrorismo islámico que los produce, como correspondería a una oposición responsable y con títulos justificados para llegar al Gobierno. Pero no otra cosa han hecho con la niña mutilada de Irak ciertos medios de comunicación y ciertos políticos sin escrúpulos, o con las muertes de Couso y Anguita Parrado.

La condición del sectario irreprimible e incondicional se resume en que cualquier argumento le sirve para exterminar política e incluso físicamente al enemigo político. Si el argumento es real, como en el “Prestige” lo exagera al máximo, para negar al adversario electoral el derecho a respirar y hasta a vivir en la blanda atmósfera del Poder. Y si no es verdad, como en la guerra de Irak, segunda guerra del Golfo, se lo inventa. Sucede que el sectarismo perfecto sólo puede funcionar en el vacío, y por eso Zapatero disparata y levita, borracho de oxígeno sectario, en la burbuja de opinión que le ha creado el polanquismo. Pero cuando hay que contrastar argumentos, programas y sobre todo, resultados de la acción de Gobierno, demasiado sectarismo puede ser contraproducente. Esperemos que en este caso sea así y que la rectificación, por parcial e insincera, además llegue tarde. No merece otra cosa quien despreció la posibilidad de ser el Sagasta de Aznar a cambio de convertirse en un muñegote bien tratado en Canal+.

Casablanca: una meditación sobre la naturaleza del terrorismo
Por MIKEL BUESA ABC 21 Mayo 2003

LOS terribles atentados de Casablanca, con sus secuelas de muerte y destrucción que han afectado directamente a más de un centenar de seres humanos, han recibido una especial atención en nuestro país, pues no en vano uno de los escenarios de ese apocalipsis se ha situado en la Casa de España, donde han perecido o han salido heridos varios compatriotas. Pero éste no ha sido quizás el motivo principal de aquel interés, pues por medio ha terciado la contienda electoral y, con ella, la instrumentalización del acontecimiento para sustentar, principalmente desde la izquierda, la crítica al partido del Gobierno. Así, se ha podido oír a Rodríguez Zapatero que «teníamos razón cuando dijimos que el arma de destrucción masiva más preocupante era el odio y el fanatismo que podía crear la guerra (de Irak)» o que «Aznar ha conseguido que estemos en la lista del terrorismo internacional», frase ésta coincidente, casi de manera literal, con otra de Llamazares según la cual «Aznar ha hecho que España esté en el punto de mira del terrorismo internacional».

Estas expresiones dan a entender que el atentado contra los intereses españoles podría haberse evitado si la política exterior de España hubiese sido otra distinta a la que ha desarrollado el Gobierno; por ejemplo, repudiando al Estado de Israel y apoyando decididamente la causa palestina según la interpretación de Arafat, o negando a Estados Unidos el apoyo a sus acciones bélicas hoy en Irak y ayer en Afganistán. Lógicamente, la base de semejante argumentación se encuentra en la idea implícita de que el terrorismo islamista se gesta en los conflictos que atenazan a las naciones árabes y que encuentra su razón de ser en la causa de la liberación de los pueblos que habitan en ellas. El terrorismo encontraría así una base para su justificación moral por muy repudiables o lamentables que fueran sus efectos.

Esta visión de las cosas denota, en mi opinión, una evidente incomprensión del fenómeno terrorista por parte de nuestros dirigentes de izquierda. El terrorismo es una forma de acción política, de naturaleza bélica, cuya esencia radica en la realización impredecible de actos violentos de muerte y destrucción contra la población civil, organizados para provocar la adhesión de ésta a su causa -o al menos su inhibición- a través del miedo, la inseguridad y la intimidación. Ello significa que las organizaciones terroristas ponen en cuestión uno de los fundamentos básicos de la sociedad moderna, como es la transferencia al Estado del ejercicio legítimo de la violencia para, bajo el imperio de la ley, resolver los conflictos individuales y colectivos, incluso mediante la imposición de acciones coercitivas. Y, al hacerlo, eliminan todo asomo de respeto al derecho con relación a sus víctimas, pues, para producir terror, como ya señaló Hannah Arendt, es necesario que éstas se seleccionen de manera arbitraria, «que sean objetivamente inocentes, que sean elegidas sin tener en cuenta lo que puedan haber o no haber hecho».

Desde este punto de vista, el terrorismo encierra dentro de sí una inmoralidad radical que se deriva de su enraizamiento en el Mal; es decir, en la capacidad humana para asumir, sin límite alguno, el poder de decidir acerca de la vida o la muerte de los otros y, de esta manera, romper voluntariamente ese vínculo esencial que nos hace esperar a todos los seres humanos el respeto, la ayuda y el amparo de los demás. Ese poder surge, a derecha e izquierda, de la elaboración de ideologías maniqueas que enfrentan un mundo bonancible y paradisíaco con otro maligno y repudiable, y que construyen un orden armonioso en un imaginario para cuya realización se exige el exterminio del oponente. Por ello, todos los terrorismos, se hayan inspirado en el nihilismo, el nacionalismo o el islamismo, son iguales en cuanto a su naturaleza y no se explican por el contexto histórico o geográfico en el que surgen -aunque éste pueda proporcionar argumentos de legitimación-. Y por ello también, todos los terrorismos son igualmente condenables.

Los mencionados dirigentes de la izquierda española no han sabido reconocer todo esto. Para obtener un dudoso rédito electoral, han preferido instalarse en el confuso espacio de quien, simultáneamente, condena la acción violenta y la entiende, dándole significado político y proporcionándole, por ese peligroso sendero, razones de justificación. O peor aún, han sugerido que la mejor respuesta contra el terrorismo islamista es ser condescendiente con él y no participar en ninguna actividad internacional que pudiera chocar con sus aspiraciones de dominación. Es como si se quisiera adquirir, por esta vía de aparente apaciguamiento, la señal de Caín; esa señal que Yahvéh puso al primero de los asesinos de la historia -a quien se consideraba a sí mismo como portador de una «culpa demasiado grande para soportarla»- para que, en su exilio al oriente del Edén, «nadie que le encontrase le atacara»; esa señal que, como ha señalado Patxo Unzueta con respecto a ETA, distingue a los que se rinden a la causa defendida por los terroristas porque éstos no les matan.

Paradójicamente, en el caso del Partido Socialista, estas actitudes frente a los atentados de Casablanca contrastan con su firme compromiso de combate al terrorismo doméstico, expresado tanto en el inicial pacto sostenido con el Partido Popular, como en el extraordinario desarrollo de medidas legislativas y políticas que se ha derivado de él para restar espacios de impunidad a ETA y sus epígonos, y para gestar un ambiente social de auténtica solidaridad con sus víctimas. No ha sido así en Izquierda Unida, cuyo alineamiento con el nacionalismo hoy gobernante sirve para poner obstáculos en aquel combate y para alargar el sufrimiento de los que ven peligrar su vida o sienten cercenada su libertad. Por ello, sería bueno que, en este momento electoral, se clarificaran las diferencias entre ambas formaciones políticas con respecto al terrorismo y se delimitara el alcance que, en este ámbito, pudiera tener su cooperación futura en el ámbito local, pues cualquier ambigüedad en este asunto sólo puede beneficiar a los que, en la clandestinidad, esperan algún aliento para reforzar su lucha.

Terror e hipocresía
Por JUAN PEDRO QUIÑONERO ABC 21 Mayo 2003

EN su edición de ayer tarde, con fecha de hoy, «Le Monde» comenta la campaña electoral española, subrayando, en titulares, que «los candidatos independentistas vascos de izquierda han sido puestos fuera de la ley». En sus páginas interiores, todavía se destaca otra crónica, en la que se afirma que las acusaciones en las que se basan varias demandas de extradición contra dos presuntos terroristas habrían sido obtenidas «recurriendo a la tortura» en una comisaría española...

Tal orquestación de opiniones permite eludir, ocultar y manipular realidades mucho más dramáticas. El calificativo «independentistas de izquierdas» tiene un perfume palmario a «descolonización» que el «recurso a la tortura» viene a apuntalar con perversidad: la hipocresía del lenguaje ideológico oculta la realidad de los candidatos constitucionalistas (conservadores y socialistas) amenazados de muerte, silencia el bandidaje de las bandas armadas persiguiendo a quienes no se pliegan al imperio del terror, oculta la corrupción de un modelo electoral víctima del chantaje criminal.

Desde hace años, Le Monde hace muchas contorsiones verbales para no llamar por su nombre a criminales convictos y confesos, cediendo a un penoso filisteísmo. Y su retórica oculta cuando no manipula una realidad pavorosa: un proyecto de orquestación del terror, la violencia y el crimen, que va mucho más allá de las fronteras españolas. «Euskalerría» es un arma estratégica que también afecta a Francia, como territorio mesiánico de una organización totalitaria.

Le Monde parece ignorar que el País Vasco español es el último territorio europeo donde la libertad de expresión, la discusión pública, el debate democrático, están amenazados por bandas organizadas de matones, criminales y terroristas. Quienes murieron por ser libres, quienes denunciaron, desmantelaron y juzgaron los crímenes del GAL, quienes están amenazados por matones armados, imponiendo la ley del terror, también sufren de nuevas formas de filisteísmo hipócrita, cuando los ideólogos manchan las tumbas y las calles con el manto sombrío de sus palabras envenenadas.

Aznar-González: respuesta a Euskadi
Iñaki Zaragüeta La Razón 21 Mayo 2003

Nadie podrá discutir que la política antiterrorista de José María Aznar -ese asunto como el de Exteriores lo marca el presidente, no Jaime Mayor Oreja - tiene trazas de culminar en éxito, ojalá, con el desmantelamiento de ETA. Los logros policiales, judiciales y financieros así parecen indicarlo.

No discurre por tan optimista perspectiva la deriva política. La tesis de que en Euskadi sólo existía un problema terrorista se ha hecho añicos a juzgar por cómo se encuentran las relaciones entre Gobierno-PP- PSOE y los nacionalistas democráticos. El tiempo ha demostrado que, además de la acción de ETA, el PNV y Eusko Alkartasuna están decididos en el órdago de la autodeterminación, como así lo indica el prefacio del plan de lehendakari Juan José Ibarretxe, con referéndum incluido. Por más que los criminalizaran, algo de razón tenían los Obispos vascos cuando, en aquella célebre pastoral, anunciaban que el fin de ETA no anulaba la otra cuestión.
Ante los importantes avances en materia antiterrorista, que han diezmado hasta la mínima expresión la operatividad de la banda, Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero se han embarcado en una dinámica legislativa que ofrece serias dudas sobre el final deseado.

No me extrañaría que Xabier Arzallus se sienta feliz por la ayuda que dan desde Madrid en favor de sus fines políticos. No me sorprendería que se encuentre a la espera de recoger el gran botín electoral de la mayoría absoluta al margen del radicalismo «borrokero» y cómplice de ETA.

Si ello sucediera, a ver quién le impediría plantear desde el nacionalismo político, ajeno al crimen y la extorsión, todas sus tesis. La filosofía de los llamados partidos constitucionalistas de las ideologías se defienden en las urnas, le otorgaría todo el derecho.

Se lo digo a mi amigo Rogelio. Me gusta cómo está con el PP de Aznar la situación con ETA, pero añoro la de Felipe González en las relaciones con el nacionalismo. Si la primera pudo ser distinta para acertar ¿por qué la segunda no?.

Un desliz
Por ÁLVARO DELGADO-GAL ABC 21 Mayo 2003

Rodríguez Zapatero ha acumulado una batería impresionante de argumentos contra el apoyo de Aznar a Bush en lo de Irak. Tantos, que no logran ser consistentes entre sí. Es lo que trae consigo la sobreabundancia dialéctica. No es posible decirlo todo, absolutamente todo, y escoger lo que se dice. Hagamos... un pequeño ejercicio de memoria.

El argumento inicial, fue que la paz era un bien que se encontraba por encima de cualquier otra cosa, incluida la legalidad internacional. Así abrió Zapatero su campaña antibélica en el Congreso. A la fase radical/pacifista, siguió una fase legalista. El pecado de Aznar habría residido, más que nada, en la índole ilegal de la intervención. Esto empezó a parecerme raro. Es como si le reprocháramos a alguien no haberse casado por amor, para echarle en cara a continuación un defecto de forma en la elección de los padrinos. Vino lo del Aznar lacayuno y todo lo demás, agravado por la inexplicable prosodia mexicana del Presidente, allá en Tejas. Y ahora está lo de los atentados de Casablanca. Rodríguez Zapatero ha afirmado que de aquellos polvos vienen estos lodos, y que estamos pagando, con muertos, la política proamericana del Gobierno.

El secretario del partido socialista se equivoca, por varias razones. Uno, porque no está claro que exista una conexión causa/efecto. También se ha atentado contra intereses belgas, habiendo sido Bélgica una de las naciones más proiraquíes durante las refriegas pasadas. Dos, todas las naciones -Francia y Alemania, las últimas- están virando hacia posiciones de complicidad con los americanos. No es evidente que hacerlo tarde sea mejor que hacerlo pronto. Y queda lo más importante. Lo más importante, es que el mensaje de Zapatero es ambiguo, o mejor, encierra consecuencias indeseables. La premisa es: por enseñar la gaita, nos han zurrado. Pero la conclusión suena más bien: no hay que dar motivos de enojo a los terroristas.

Ahora bien ¿es posible no darlos? O mejor: ¿estamos realmente dispuestos a abrazar el tipo de política que los terroristas considerarían aceptable o no ofensiva? Me temo que no. El PP se ha apresurado a hacer una lectura interna de la metedura de pata de Zapatero: el que es flojo contra el terrorismo islámico, lo será también contra ETA. Se trata de una interpretación claramente abusiva. Pero Zapatero se la ha puesto en bandeja a sus rivales.

Errores y extravíos electorales
Por JOSÉ MARÍA LASALLE ABC 21 Mayo 2003

Se veía venir. No podían morderse la lengua. Tenían que empecinarse en el error electoralista y en el extravío demagógico. Unos y otros al unísono, con estilos y formas distintas, es cierto, pero en el fondo con la misma intención: aprovechar la coyuntura del dolor provocado por los atentados de Casablanca. Manejar electoralmente la brutalidad del horror era un argumento que no podía dejarse pasar de lado.

Las maneras lo dicen casi todo y la falsedad instrumental con la que se ha esgrimido la noticia pone de manifiesto la torpeza de quienes lo han utilizado. Sobre todo porque la proyección del argumento sobre la realidad española es tan vergonzosa que no merece la pena siquiera sacarlo a relucir. A buen seguro que las palabras dichas este fin de semana a raíz de la masacre de Casablanca habrán alegrado a los entornos proclives a la justificación del terrorista etarra. Enhorabuena. Se ha recuperado esa política mezquina y cobarde del avestruz que consiste en dejar hacer a los asesinos para no verse en la mirilla de sus objetivos. Desde luego que con ese argumentario no podrá pedirse nunca solidaridad antiterrorista a nadie. Mirar a otro lado es tanto como pedir impunidad para los terroristas que sufren los vecinos, olvidando con ello que el único compromiso leal en materia antiterrorista es estar al lado de quienes ponen sin quererlo la «lista negra» de las víctimas.

Por otro lado, a nadie ha sorprendido que se produjera lo de Casablanca. La hipótesis era sabida de antes. Incluso de que España apoyara a los EE.UU en la crisis iraquí. Conocer el norte de África es saber que la región padece unos riesgos estructurales que la convierten en un polvorín de inestabilidad. El peso del integrismo islámico crece en la región. También en Marruecos. La causa es el resentimiento. Pero no el provocado por la derrota del régimen de Sadam Husein tras la reciente crisis iraquí. El resentimiento integrista islámico es de otra naturaleza. Nace del odio que provoca culturalmente la cercanía de Occidente, su amenaza. Y es que ser frontera con éste supone asomarse cotidianamente a una sociedad abierta y plural, secularizada y técnica, en la que la mujer es una igual y la religión una cuestión privada.

Precisamente el integrismo nace de este hecho: de ver cómo el contacto con Occidente debilita los fundamentos morales sobre los que se asienta una interpretación totalitaria y cerrada del Corán. Algo por lo que algunos no están dispuestos a pasar. De ahí que los españoles, como los belgas -por cierto, también víctimas del atentado de Casablanca a pesar de la actitud seguida por Bélgica en la crisis iraquí-, hayamos padecido el odio asesino de quienes nos ven como agentes nocivos de una secularización malsana y agresiva que desea liquidar la herencia del Profeta.

En este sentido, Marruecos es uno de los países más afectados por la enfermedad occidental. Los integristas de Al Qaeda lo saben. Primero, porque a sus ojos la monarquía alauí es un paradigma de lo que el Islam no debe ser religiosamente debido a su moderantismo en la interpretación coránica y a su tolerancia hacia otros credos. Segundo, porque, a pesar de sus desequilibrios, su apertura a la modernización occidental ha transformado progresivamente sus estructuras sociales y económicas, demostrando así que el respeto al Corán no es incompatible con la democracia, el desarrollo y la libertad del mercado.

Marruecos es una de las puertas por las que Occidente está entrando en el Islam a través de la globalización. De ahí la necesidad que sienten los integristas de obturarla con el fanatismo y el terror. Este ataque se temía. Gravitaba como una amenaza... Que se haya golpeado no ha sido casual. Lo mismo que los integristas hayan decidido localizar su violencia terrorista en quienes somos vistos -debido a nuestra pecaminosa vecindad- como uno de los causantes más directos de la corrupción moral que Occidente inocula en Marruecos. Y así, para las redes de Al Qaeda en el norte de África, los españoles hemos sido, somos y seguiremos siendo unos satanes corrompidos y corruptores debido a nuestras inversiones, nuestro turismo e, incluso, nuestras televisiones, que se ven, y mucho, al otro lado del Estrecho con asiduidad.De ahí que, aunque algunos no se enteren o, mejor dicho, no quieran hacerlo, España venga siendo desde hace años una bestia a abatir no sólo para los descendientes brutales del integrismo aranista sino, también, para los que, como éstos, quieren desde las filas de Al Qaeda atajar mediante el terror la gangrena modernizadora y antitribal que significa para el norte de África la cercanía de una España comprometida con la libertad y la sociedad abierta.

ET(A)B
Román Cendoya La Razón 21 Mayo 2003

La Euskal Telebista se convirtió, por voluntad de sus dirigentes, en la ETA Telebista o en la Euskal Terrorbista. La emisión del espacio electoral gratuito de ETA, en los principales informativos de la televisión pública, es otra muestra más de los favores que el nazionalismo (con z) del PNV hace a sus socios terroristas. Esa emisión es una prueba más del pacto duradero ETA-PNV. ¿Acaso alguien cree que puede emitirse algo así en esa casa sin la aquiescencia de Xabien Etxea y la lehendakaritza?

El lehendakari nos toma por tontos y tontas a los vascos y vascas si piensa que la crítica a su plan y la petición del voto nulo para AuB es la prueba de su distancia con ETA. Hay que recordar al lehendakai que ETA asesinó a un funcionario de prisiones, afiliado a ELA, para probar la firmeza de las conversaciones preparatorias del pacto de Lizarra. Estos días estamos viendo cómo el Gobierno vasco se salta sus obligaciones con una trampa formal. Declara ilegales las manifestaciones de AuB pero luego deja que se celebren. Cometido el acto, la Ertzaintza actúa a modo de «atrezzo» para que parezca lo que no es. Hay que acabar con esta ficción. A mí me gusta lo que está haciendo la fiscalía.

Saturnal Palestina
Lucrecio Libertad Digital  21 Mayo 2003

Que el poder no se comparte es un axioma. De Maquiavelo a Lenin, todo el mundo que haya circulado alguna vez por la política sabe eso. No creo que Abú Mazen lo ignore. A Arafat, desde luego, será lo último que su alzheimer le borre de la postrera ensangrentada neurona.

Hay paréntesis de tránsito. Son momentos delicadísimos. Cuando aún no se sabe cuál de los litigantes hará suyo el control hermético del conjunto de máquinas que garantizan el dominio. Los clásicos llaman a eso crisis. Y, prolongada, fase revolucionaria. Uno de los contendientes destruirá al otro o a los otros, al final de esa prolija esgrima. No hay alternativa en ese punto: matas o mueres.

Cuando Mazen, Dahlan y los más realistas de entre los por igual dictatoriales dirigentes de la OLP llegaron a la conclusión –venían maquinándolo desde hace al menos tres años– de que, fuera del uso mínimo de sus facultades mentales por una senilidad terrorífica, el viejo déspota Arafat debía ser desplazado, sabían que sería inevitable enfrentarse a esto. Ni podían entonces ni pueden ahora llamarse a error. Valoración moral aparte –hablemos ahora sólo de esa cosa desalmada que se llama política–, Arafat ha sido, sin discusión, el asesino masivo más profesional de la segunda mitad de ese siglo funesto que fue el veinte. Lo fue, en tanto que fundador y caudillo de la más importante organización terrorista del siglo: la OLP, a través de todas sus máscaras y alias, sin la cual el posterior despliegue de cosas más modernas, como Al Qaeda, hubiera sido inviable. Lo fue como mentor y proveedor logístico de la totalidad –digo la totalidad– de los grupúsculos terroristas que consumaron la descomposición del izquierdismo europeo de los años 70. Lo fue como cerebro de matanzas judías y europeas (Múnich no es sino la forma límite de aquella barbarie). Lo fue también –y eso Mazen y Dahlan no pueden olvidarlo– de la práctica totalidad de sus posibles competidores en la jefatura de su banda de asesinos.

De una banda de matarifes puede surgir un Estado. No será la primera vez. Pero es preciso, para eso, una cierta ruptura con el pasado. Dahlan y Mazen no son menos asesinos que Arafat. Pero sus neuronas están en mejor estado. Saben lo que, para cualquiera que no tenga el cerebro reducido a puré de creencia, es evidente: que ha llegado el momento de cerrar una guerra perdida. Eso o ser militarmente aniquilados. El golpe de Estado que dieron al babeante Rais, montados en la ola de la derrota iraquí, partía de esa hipótesis. Pero fue un golpe a medias: liquidar a Arafat no era posible, después de décadas de identificación religiosa entre su nauseabunda persona y la nación palestina. Optaron por un viejo recurso: el de la hornacina, que trueca a un dirigente material en santón reverencial y simbólico; al fin, un muerto en vida.

Era quizá la solución más económica. Siempre que el santón aceptase quedarse quietecito en los altares. Los atentados de estos últimos días revelan que el cálculo era muy ingenuo. Y que la hornacina de Arafat es demasiado permeable.

El poder no se comparte. Es difícil prever qué harán ahora Mazen y Dahlan. Si tapiar ellos mismos al coleteante muerto en su mausoleo o si suplicar a Sharon que les haga discretamente el trabajo para el cual ellos no parecen capaces. Pero algo sí esta claro: o desaparece el Padre o devorará a sus hijos.

El terrorismo en televisión
Por JESÚS MARÍA SANTOS VIJANDE. Catedrático de Derecho Procesal ABC 21 Mayo 2003

La Fiscalía investiga si hay delito en los responsables de la televisión pública vasca (ETB) que hayan autorizado la emisión de un vídeo donde tres encapuchados, con los símbolos de ETA a sus espaldas, expresan la voluntad conminatoria de la banda terrorista: su apoyo al voto nulo en las próximas elecciones del día 25, esto es, a las candidaturas anuladas por el Tribunal Constitucional, al tiempo que la banda, como de costumbre, amenaza a los ciudadanos y anuncia «que no existe un alto el fuego táctico»: en román paladino, que ETA, si puede, seguirá matando...

En términos jurídicos el comportamiento del fiscal general está siendo irreprochable: ha impulsado una investigación que tenía la obligación de promover «en defensa de la legalidad», como le encomienda la Constitución (art. 124.1). Es preciso comprobar, por ejemplo, si, al emitir ese vídeo, se ha incurrido en una conducta prohibida por el Código Penal, como es «llevar a cabo un acto de colaboración con las actividades o las finalidades de un grupo terrorista» (art. 576.1).

El informador tiene la obligación, moral y jurídica, de no subvenir, directa o indirectamente, a los fines del terrorismo, uno de los cuales es, de modo preeminente, acceder a los medios de comunicación para, desde esa plataforma, buscar apoyo o, simplemente, ejercer su actividad propia y específica: la dominación mediante la amenaza.

En este caso se dan varias circunstancias de singular gravedad que los responsables de ETB no podían ignorar: 1ª) el mensaje de ETA tiene lugar en plena campaña electoral, cuando la libertad de los ciudadanos ha de gozar de la máxima protección; 2ª) es un mensaje que propaga ideas tan profundamente antidemocráticas como favorables a la causa terrorista: ETA dice que va a seguir matando e intenta «reventar» unas elecciones democráticas auspiciando el voto nulo, el voto en que ETA va a apoyar su pretendida legitimidad; 3ª) se trata de una grabación y no de un programa en directo, es decir, los responsables de ETB sabían perfectamente lo que iban a difundir, hasta el punto de que dicho medio anunció repetidas veces y con la conveniente antelación cuándo iba a emitir el vídeo; 4ª) la difusión por medios audiovisuales es mucho más impactante que mediante la prensa escrita: esto hace que se intensifiquen los deberes y responsabilidades inherentes a la libertad de información (v.gr., Sentencia del TEDH de 22-8-1994), y máxime cuando «la derrota del terrorismo constituye un objetivo público de primera importancia en una sociedad democrática» .

La pregunta surge de inmediato: desde un punto de vista objetivo, ¿cabe pensar que la difusión de un vídeo semejante «ha favorecido las finalidades de un grupo terrorista»? Mi respuesta es «sí» y tiene fundamento en jurisprudencia de tribunales internacionales en materia de derechos humanos. Valga como botón de muestra la citada Decisión de 16 de abril de 1991, donde la CEDH declaró ajustado a Derecho «negar a los representantes de conocidas organizaciones terroristas y a sus valedores políticos la posibilidad de utilizar la radio y la televisión como plataforma para sostener su causa, solicitar apoyo para sus organizaciones o para trasladar una impresión de legitimidad...».

La razón que justifica esta Decisión es igualmente contundente: «la protección imperativa del Estado y de los ciudadanos contra conspiraciones armadas cuyo objetivo es hundir el orden democrático, garante de la libertad y de otros derechos humanos».

En definitiva: la defensa de la libertad, incluida la de información, exige que el periodista sea absolutamente parcial en la defensa de los valores democráticos, bien distanciándose sin lugar a equívoco de informaciones contrarias a esos valores bien impidiendo que la noticia se transmita de forma tal que favorezca causas o planteamientos carentes de toda legitimidad. Estos son, entre otros, los criterios de que se vale el Tribunal de Estrasburgo (TEDH) para verificar la intención, dolosa o no, de quien lleva a cabo actos informativos inequívocamente favorecedores, en este caso, de los fines terroristas.

Regresión económica en la Euskadi nacionalista
Enriqueta Benito es secretaria general de Unidad Alavesa La Razón 21 Mayo 2003

Lo dice el sentido común y la intuición. Euskadi no puede ir bien económicamente si constantemente se la zarandea y se introducen factores de incertidumbre y de inestabilidad política, poniendo en cuestión su pertenencia a España y anunciándonos tonterías inasumibles en la Europa que está en vías de construir un nuevo concierto internacional sobre la fórmula de una Constitución europea.

Europa se seguirá construyendo con estados nacionales. Es imposible que se configure con más de trescientas comunidades regionales y locales. Es de locura: Euskadi se quedará fuera de Europa sobre la base de constituir un Estado propio, por muy asociado a España que se quiera. No hay posibilidad de que Euskadi sea independiente en Europa, no sólo porque Euskadi no será aceptada por incumplir unos mínimos de funcionamiento democrático que el propio Gil Robles, comisario europeo de Derechos Humanos, cuestionó en su dictamen con ocasión de su visita al País Vasco hace algo más de un año, sino porque supondría abrir la espita de la descomposición de Europa y de su balcanización.

Pero, además, los efectos económicos de esa aventura serían letales. Hay que recordar que más del 55 % del mercado económico está en el resto de España, y que el resultado derivado de una gestión de la Seguridad Social y de las pensiones en Euskadi arrojaría un saldo en cuenta imposible de sostener con unos ingresos propios limitados.

Pero esas previsiones corresponden a una prospección de futuro en el caso de seguir así. La realidad es que el resultado de estos 25 años de gobierno casi hegemónico del nacionalismo en Euskadi, con sus veleidades secesionistas y complicidades con el mundo violento, nos han traído regresión económica e involución en los parámetros de desarrollo. No lo decimos nosotros. Lo decía hace unos días el FUNCAS (Cajas de Ahorro de España) y ahora mismo un informe del Instituto de Estudios Económicos (IEE) que sitúa al País Vasco en el anteúltimo puesto de las Autonomías en el desarrollo económico en estos 25 últimos años.

El dato es preocupante. No sólo no hemos conservado el grado de desarrollo económico que teníamos cuando se constituyó la Comunidad autónoma Vasca, es decir, antes de la llegada de los nacionalistas al poder en el Gobierno vasco, sino que se ha retrocedido puestos y ahora estamos en cola en las tasas de variación económica. Comunidades geográficamente colindantes que tienen una autonomía uniprovincial como pueden ser Murcia, Rioja o Navarra están en cabeza.

Eso nos da una idea de cómo podríamos haber estado hoy de no haber pasado por esa aventura mesiánica del nacionalismo que nos ha mantenido en una búsqueda constante de nuestra identidad en esa crisis de adolescencia que nos ha tenido tan ocupados. El IEE habla de que esta situación es debida a la violencia y al marco institucional tan inestable y voluble, por culpa del nacionalismo mutante hacia fórmulas cada vez más abertzalizadas. En definitiva, nos va muy mal, por mucho que se trate de carmuflar la situación, y de seguir así iremos a mucho peor y conoceremos algo inaudito en el País Vasco que es situaciones de pobreza, de paro creciente, etc.

Quien siembra vientos recoge tempestades, y quien no es capaz de poner soluciones a tiempo tendrá que enfrentarse con una desolación económica y paro en un futuro que se adivina próximo. En el supuesto de que la cosa no vaya a más y se produzca un deterioro también en los aspectos de relación y convivencia entre los propios ciudadanos.

Esta cuestión no exige grandes análisis. Es obvio. ¿Quién está dispuesto a mantener contra viento y marea el tipo y conservar una empresa en un marco incierto y con una violencia estructural que no termina? ¿Quién está dispuesto a traer aquí inversiones cuando se le anuncia que se va a cambiar el marco de relaciones institucionales, jurídicas y políticas con el resto de España? En economía nadie juega a la ruleta rusa. El asunto es cómo abordar la situación. Hay varias opciones: una posibilidad es esconder la cabeza bajo el ala y ocultar la realidad, planteando seguir como estamos, lo que significa seguir dando pábulo a los nacionalistas para que sigan sus derroteros de desestabilización.

Otra posibilidad es la de ganar democráticamente al nacionalismo, lo cual no se vislumbra a corto plazo, con lo que las secuelas, de seguir pasando el tiempo en este estado de postración, serán irreversibles. Otra es suprimir la autonomía (artículo 155 de la C.E.), y aplicar la respiración asistida a una economía traumatizada, a una degradación de la moral pública, derivada de la pérdida de los referentes más elementales de la convivencia, a una violencia en estado puro que imposibilita la normalidad política.

Y la última es posibilitar la salida de Álava para recuperar este territorio del tiempo perdido y a la vez posibilitar el derrumbe del proyecto nacionalista que tiene en sí el mal que padecemos los vascos y que estanca cualquier posibilidad futura de desarrollo y progreso. No hay más. Que cada cual elija entre el abanico de soluciones. El tema es tan claro... Difícil pero claro. No nos equivoquemos.

De terrorismos y otras maldades
Joaquín Marco La Razón 21 Mayo 2003

Estamos viviendo un mapa de Europa y áfrica cada vez más parecido al de los años diez del pasado siglo que al que surgió tras la II Guerra Mundial, como aquellos antiguos trajes que uno arrincona en el armario porque han pasado de moda y, sin embargo, puede volver a aprovecharlos algunos años más tarde, porque las modas resultan cíclicas. Un acto terrorista fue la razón para desencadenar la I Guerra Mundial y el 11-S ha sido también el que nos ha conducido hasta la guerra de Afganistán, la de Iraq y las que puedan venir, porque el ciclo no parece cerrarse si el conflicto israelí-palestino no se resuelve de algún modo. Y nadie hace camino porque no se anda.

El terrorismo emponzoña la vida política que nunca es nítida. No hace falta ir muy lejos, llegar hasta las acogedoras tierras de Euskadi y analizar lo que convierte en drama hasta la vida de las familias, divididas en algunos casos por el odio de sus miembros. El terrorismo responde al culto a la violencia. Pueden respetarse las fórmulas políticas, cualquier ideología, las formas de pensamiento más exóticas, salvo en el caso de que justifiquen el daño físico y la aniquilación del adversario. Contra los fundamentos ideológicos del terrorismo, los fanatismos, se alzaron las voces más insignes del pensamiento ilustrado del siglo XVIII. Los peores son los de índole religiosa, porque no sólo configuran una pasión, sino que anatematizan al contrario, lo abandonan en el «otro lado», condenado a la nada o al infierno. El terrorista puede ser un idealista, una hermana de la caridad; pero, al tiempo, es capaz de las mayores atrocidades.

Aunque debamos hablar de grupos terroristas organizados, sus acciones deben considerarse como individuales. Actúan en grupo, pero no en grandes grupos. Constituyen minorías que se inscriben en sus fanatismos, que de ellos se alimentan, pero también de una infraestructura que ha de permitirles acceder a explosivos, armas de fuego o ingenios destructores. Nos admiramos del valor que supone sacrificar la propia vida para llegar a dañar a unas personas inermes que toman como símbolo de una sociedad o de un grupo. De hecho, el terrorismo es siempre simbólico. La muerte de otros seres humanos en aras de su propio fanatismo no deja de ser una acción simbólica o ritual. En el caso del islamista fanático sería caricaturizarlo conjeturar que entrega su vida en aras de un paraíso prometido de placeres y huríes. Todo es más complicado y la mentalidad de quien sabe de cierto que va a morir en plena juventud merece reflexiones menos superficiales. Como la desesperación de los niños palestinos que se enfrentan a los sofisticados tanques israelitas a pedradas. No son tan estúpidos para no entender que aquella piedra que puede costarles la vida no va a dañar al blindado. Su acción debe entenderse como simbólica. Del fanatismo nace la violencia, como ya advertían los ilustrados, la exclusión del otro: la maldad. También la guerra.

Verdades como puños (y rosas)
María Ruiz La Razón 21 Mayo 2003

Rosa dio hace pocos días un mitin en Ondárroa, localidad donde esta mujer valiente se presenta como cabeza de lista para las municipales del 25-M. Había 20 personas escuchando las verdades como puños que decía sobre los batasunos y, sobre todo sobre los nacionalistas del PNV y sus miserias. Pero ninguna de esas 20 personas era de Ondárroa. Ni, seguramente, ninguno de los 22 escoltas que se apostaron en la plaza para vigilar su seguridad y la de algunos de sus acompañantes. Sólo eran de allí quienes la insultaron, la llamaron «fascista» o pasaban corriendo por el lugar para no ser vistos en el acto. Parece que a Rosa, esta mujer brava, audaz y de una fortaleza mental inigualable, no la quieren los habitantes de una localidad vizcaína donde EH ganó las últimas elecciones (consiguió nueve escaños, casi tres mil votos, frente a las 100 papeletas que llevaban la rosa impresa). Los mismos que han presionado para evitar la presencia de candidaturas libres y constitucionalistas no pueden presentarse ahora porque han quedado fuera de la ley por su apoyo a los asesinos de ETA. Y eso es lo que ella se encarga de recordar a todo el que la escucha. Como les dice también que no se dan en el País Vasco las condiciones para celebrar unas elecciones en libertad. Ya nos dijo a todos que si le pasaba algo «el cobarde de Arzallus será el responsable».

Rosa es una de las muchas personas vascas con coraje que ha cogido el relevo de tantos hombres y mujeres que han caído en la larga lucha por las libertades. Ahora hace falta que sus propios compañeros de PSE se den cuenta de ello y la apoyen tanto como lo hacen, por ejemplo, con Elorza. Pero Rosa también les dice a sus compañeros del PSE verdades como puños, y eso no se lo perdonan.

El repugnante integrismo
Editorial El Ideal Gallego 21 Mayo 2003

Sería injusto -y falso- afirmar que el Islam está sembrando de bombas el territorio comprendido entre Oriente Medio y el Magreb. Tel Aviv, Ankara o Casablanca han sido los escenarios elegidos por los terroristas para sus últimas acciones criminales y es verdad que se trata de asesinos que profesan la fe de Alá, pero esa misma creencia la abrazan millones de personas en todo el mundo y no por ello se dedican a llevar la muerte a todas partes. Quienes lo hacen son unos fanáticos, unos integristas religiosos -en otros tiempos se cometieron atrocidades semejantes en nombre de Cristo-, contra los que hay que luchar, pero eso no da derecho a dictar una condena universal contra los mahometanos. En cambio, la comunidad internacional debe emitir esa sentencia contra el terrorismo, ante el que no cabe establecer distinciones. España lo sabe bien, pues ha padecido -y padece- grupos terroristas de muy distinta significación -ETA, los Grapo, el Exército Guerrilheiro, el FRAP, Terra Lliure...-, pero todos ellos unidos por las pistolas y los explosivos. El antisemitismo y el antiamericanismo son el nexo entre todas las organizaciones integristas islámicas y ningún país está libre de que unos locos invoquen el nombre de Alá y se inmolen asesinando al mismo tiempo a cuantas personas se encuentren en el radio de acción de sus bombas. La lucha contra esos criminales no admite flaquezas; el integrismo, sea del signo que sea, es intolerable ya que su objetivo no es otro que acabar con un grupo humano determinado; lo que lo convierte en una conducta tan execrable como el genocidio.

La burbuja terrorista
José Javaloyes La Estrella 21 Mayo 2003

Desde Riad a Casablanca, de Casablanca hasta Ankara –donde ayer moría una portadora de explosivos – y desde Ankara hasta, nuevamente, Riad. Allí, en la capital saudí, acaban los EE.UU. y Gran Bretaña de cerrar embajada y consulado. Pero es que la rueda terrorista de círculo menor, la palestina, cerraba en 48 horas ( por Hebrón, Jerusalén, Azula y Gaza) el suyo propio, para dinamitar, con los cuerpos y la sangre de suicidas y asesinados el camino casi imposible a una paz en la que resulta casi imposible creer. Restalla de esplendor la burbuja terrorista. Nunca tan pocos hicieron tanto contra todos.

Que la Administración norteamericana haya decidido echar el cierre a su representación diplomática y consular en la capital de Arabia, dice más que mucho. El propósito de perturbarlo todo, de desordenar y conducir al caos, es el resultado que se persigue con el ejercicio del terror. Se trata de algo relativamente fácil de obtener, aunque absolutamente difícil de sostener sino se dispone de unos medios extraordinarios, como los que Al Qaeda tiene en su mano. Unos medios que son abundantes en su punto de origen, al igual que en el orden de los medios aplicados para la consecución de su aberrante destino. Esa sopa teológica y biológica que se imparte en las Madrazas coránicas, de significado casi institucional, está en el principio del islamismo suní, lo mismo que los concretos magisterios de determinados ayatolás se encuentra en el origen del integrismo chií. Lo cierto es que la luz del Islam parece descomponerse en colores y sectas, como la del sol, cuando atraviesa los prismas de lo concreto y enhebra las gotas de lluvia. No hay en el Islam cuerpo de doctrina unitaria, sino un arco de descomposición de los mensajes coránicos, en sectas y en tendencias. El Sha del Irán Mohamed Reza Palhevi se permitió ignorar, quiso desentenderse, de cuánto era el poder que residía en la mano de los ayatolás, como procesadores y alquimistas del mensaje islámico, y su trono saltó por los aires. Despreció a esos clérigos del radicalismo musulmán y acabó en la calle.

En Arabia - donde la dinastía reinante venía doblemente programada para la inmunidad frente a los nuevos tiempos, con el wahabismo y el pragmatismo norteamericano -el primogénito de Saud incurrió, aparte de las incapacidades que le llevaron a su desplazamiento del poder, en el error de dar alas a lo que acabaría siendo, alentado por los ulemas, el primer islamismo político de exportación: los Hermanos Musulmanes,. que en Egipto se las tuvieron tiesas con el régimen nacionalista de Gamal Abdel Nasser. El Rey Feysal, hermano de Saud, formado en Gran Bretaña, de espíritu occidentalizado, monógamo, sobrio como un romano de Catón, se aplicó a templar el poder de los ulemas, a introducir reformas y suprimir arcaísmos. En los años setenta, lo asesinó un sobrino suyo, instrumento de una conspiración cuyas claves aun no se han desvelado. Después prevaleció la inercia y el poder de los ulemas no dejó de crecer, como la Luna Nueva. Las Madrazas llegaron a ser, y son, fábricas de levadura; de levadura islamica y de claves integristas; se encuentra instaladas en la estela nítida de una doctrina borrosa y confusa, que bascula indistintamente del sometimiento de la política a la religión al sojuzgamiento de la religión por la política. Esto es, al menos, de lo que acusa Ben Laden a los gobernantes saudíes – y a los marroquíes –, de apóstatas, de renegados y desertores de la pureza islámica. Para algunos de los muchos enemigos de los saudíes, Arabia es la fábrica de la pólvora islamista, y las gentes de Al Qaeda, puñados dispersos de talibanes, la mecha y el detonante.

Tras de las cuatro guerras de Oriente Medio – las dos de Afganistán y las dos de Iraq –no ha dejado de crecer la burbuja terrorista de base musulmana, acaso por el efecto boomerang de aquella legión islámica que combatió a los impíos soviéticos. Por ahí andan, a degüello y con la dinamita, “afganos” y salafistas de Argelia y de Marruecos, obedientes a las instrucciones de La Base, de Al Qaeda, en el apogeo de la burbuja y a la espera de que se acabe, de una vez y por quien corresponde, con las fábricas de la levadura terrorista, siempre gobernadas por gente de ropas talares. ¡Qué casualidad!.Sin las Madrazas, la burbuja terrorista se quedaría sin base, por mucho que Al Qaeda esté sobrada de medios.    jose@javaloyes.net

El compromiso de Ibarrola
JOSÉ MARÍA CALLEJA La Voz 21 Mayo 2003

AGUSTÍN Ibarrola tiene una cualidad poco común: está siempre del lado de los que reciben las bofetadas; camina siempre por la acera complicada de la vida, allí donde se colocan aquellos que actúan conforme a una conciencia comprometida, sin cálculos de interés personal, asumiendo los riesgos, pero sin vocación de héroes. Es un artista singular, un escultor, un pintor que ha estado en la vanguardia del arte español. Sus obras se pueden ver en distintos lugares de España: País Vasco, Asturias, Salamanca, Galicia y también en otros de Europa. En el terreno artístico es un creador que ha roto esquemas y que ha apostado por una estética renovadora, con el mérito añadido de hacerlo en un país en el que no había libertad y todo lo no oficial era considerado subversivo.

En tiempos de Franco, Ibarrola militó en el clandestino PCE, estuvo en la fundación de las entonces ilegales CC. OO. y penó seis años en la cárcel por su lucha en pro de la libertad. Algunos de sus cuadros eran extraídos de la prisión a escondidas y después se vendían. El dinero iba para el PCE. Ya entonces llevaba Ibarrola una enorme chapela negra debajo de la cual asomaban sus rizos. Durante años, decir Ibarrola significaba pensar en artista, en vasco y en comprometido. Con la llegada de la democracia en España, no llegó la libertad al País Vasco. Hoy Ibarrola es también un símbolo de la lucha por la libertad. Los terroristas nacionalistas han destrozado su bosque de Oma -un lugar mágico-, han talado brutalmente sus árboles, han arrancado a hachazos sus dibujos, pintados en el corazón del tronco de muchos pinos, han arrojado pintura encima. La imagen de Agustín flanqueado por dos guardaespaldas, subiendo cansinamente la cuesta a su bosque maltratado, es de las más conmovedoras y tristes de las muchas que se pueden ver en el País Vasco.

He tenido ocasión de charlar durante horas con este hombre ejemplar y con su mujer, Mari Luz, gemela en calidad humana de su marido. Sigue sin entender nada. No comprende cómo puede ser odiado, no entiende cómo jóvenes entrenados en el odio le destrozan sistemáticamente su obra, le duele que el alcalde de su pueblo, nacionalista del PNV, no haya tenido jamás ni un mínimo gesto de solidaridad, no ayude en absoluto a sacar adelante un bosque que cada año atrae a miles de visitantes, no le cabe en la cabeza que haya gente que no lo considere vasco por no ser nacionalista. Pero ahí sigue, como una roca. Ha levantado una espléndida escultura en memoria de las víctimas en la localidad vizcaína de Ermua, símbolo de la insurrección cívica de los vascos contra la dictadura y el miedo. Agustín es un hombre pegado a una pancarta y resulta casi impmosible ver una manifestación contra el terrorismo en el País Vasco en la que no aparezcan Agustín Ibarrola y su esposa Mari Luz en primera fila.

El pasado domingo Agustín ha sido homenajeado, primero porque se lo merece y, desde luego, para fijar una posición política clara: el apoyo a los partidos constitucionalistas en el País Vasco, al PP y al PSE-PSOE, con los que se identifica Agustín. Una de las imágenes más tiernas que tengo de Ibarrola es la del creador vasco de izquierdas, rodeado de jovencísimos concejales del PP que no han conocido en su vida otra dictadura que la de ETA. En el homenaje hubo gentes de la cultura, del PSE-PSOE, del PP, ningún nacionalista, y una ausencia estruendosa: nadie de IU; ningún representante de lo que queda del PCE de Euskadi tuvo un minuto para acercarse a devolver a este hombre una mínima parte de lo que él entregó a esa organización durante años.

Corren malos tiempos para los violentos en el País Vasco, verán como, más pronto que tarde, empiezan a aparecer miríadas de gentes que dirán a gritos que ya desde pequeños ellos lucharon contra ETA, será uno de los síntomas del final de la pesadilla. Lo cierto, como en tiempos de Franco, es que sólo un puñado de ciudadanos hemos estado contra la dictadura de ETA desde hace años, entre ellos, entonces y ahora, de forma destacada, Agustín Ibarrola y Mari Luz.

¿Un bozal para Maragall?
Editorial La Razón 21 Mayo 2003

El artículo segundo de la Constitución española deja poco lugar a la controversia, toda vez que afirma que la Carta Magna «se fundamenta en la indisoluble unidad de la nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas». La Constitución fue aprobada por la inmensa mayoría de los españoles, incluidos los catalanes y vascos, y, por supuesto, con el respaldo absoluto del Partido Socialista Obrero Español. De ahí que no se entienda fácilmente la existencia, dentro del PSOE, de algunos dirigentes regionales, como Pascual Maragall, quien desde hace años mantiene una actitud cuanto menos equívoca sobre el modelo de Estado.

Si las pretensiones y propuestas del dirigente socialista catalán hubieran sido avaladas por un congreso del partido, nada tendríamos que decir. Simplemente, responderían a un modelo político y serían los electores quienes decidirían en las urnas su aceptación o su rechazo. Pero ocurre que en este caso, como en el del País Vasco, los socialistas españoles no son capaces de mantener un discurso único, claro, que, en cierto modo, contribuiría a la estabilidad de la sociedad española de una manera decisiva. Porque no se trata de plantearse diversas sensibilidades autonomistas o regionales. La propia Constitución española garantiza la pluralidad del Estado y la autonomía administrativa de sus regiones. Es más, no considera los rasgos distintivos, como pudiera ser el idioma, como un inconveniente, sino como un patrimonio propio, objeto de especial respeto y protección.

No, el problema de Maragall es que sus mensajes varían de acuerdo a los vientos electorales. Y hacer electoralismo con cuestiones tan graves con la unidad de España o la lucha antiterrorista merecería una actitud mucho más firme por parte de la Secretaría General de su partido que lo demostrado hasta ahora. Porque el dirigente socialista catalán ha pasado de pretender una reforma territorial que incluya en una macro región a los antiguos territorios de la Corona de Aragón, a prometer una presidencia itinerante de Cataluña, como antídoto contra el centralismo barcelonés; por no recordar sus reticencias a la ilegalización de Batasuna, hecho judicial que parte de una ley consensuada por su propio partido y el PP, o su «convencimiento moral» de que las Fuerzas de la Seguridad del Estado habían torturado al director de una publicación proetarra, frente a cualquier indicio razonable.

Ahora, a la búsqueda del voto, vuelve al discurso «murciano», de rancio españolismo, en una sociedad, como la catalana, que hace mucho tiempo que ha superado el problema de la integración de sus ciudadanos. Sin llegar a la petición de Artur Mas, que ruega que le pongan un bozal, a nosotros nos bastaría con un poco de coherencia. España lo agradecerá.

«Un bozal para Maragall»
Los continuos desplantes y desafíos del líder del Partido Socialista en Cataluña irritan a buena parte de los «barones» del partido
Algunos piden en privado seguir el consejo de Artur Mas y que Ferraz le «tape la boca»
Las declaraciones del candidato de CiU a la presidencia de la Generalitat, Artur Mas, en la que recomendó a los dirigentes del PSC que pongan un «bozal» a Pasqual Maragall para que deje de «sabotear» la convivencia en Cataluña han iluminado los despachos de dirigentes y barones del PSOE. En los últimos meses, la irritación de alguno de ellos con el líder del PSC se ha ido multiplicando hasta niveles insostenibles, pues la radicalización del discurso de Maragall ha perjudicado seriamente la imagen del partido en el resto de España. A pesar de que la Ejecutiva ha permitido algunos desmarques «populistas» del candidato, el doble horizonte electoral ha hecho que más de uno pida los derechos de autor a Artur Mas.
J. Abenza - Madrid.- La Razón 21 Mayo 2003

Pasqual Maragall sabe muy bien que para ganar las elecciones no puede presentar su PSC al electorado como una sucursal del PSOE en Cataluña. De hecho, y al margen del desgaste lógico de CiU, sus opciones de llegar a la Generalitat han aumentado de forma directamente proporcional en la misma medida que ha radicalizado su discurso, ocupando el espacio ideológico y electoral de los nacionalistas catalanes.

La Ejecutiva Federal del PSOE basa sus planes de futuro en la victoria de Maragall, y hasta ahora ha intentado mantener el equilibrio entre las maniobras populistas del candidato y la imagen del partido en el resto de España, que afecta en gran medida a «barones» como José Bono, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, Manuel Chaves y Francisco Vázquez. En algunos casos, las reacciones no se hicieron esperar. El alcalde de La Coruña ha criticado el llamado «federalismo asimétrico o cubista» que defiende Maragall y a los que de forma «permanente y frívola expresan insatisfacción con el actual modelo constitucional y amparan estrategias de los partidos separatistas, mal llamados nacionalistas». Las concesiones de Ferraz han llegado a tal extremo que Zapatero ha tenido que decir incluso que «la Constitución no puede ser un límite, una amenaza, no es algo que nos atenace, que nos tenga, es algo que tenemos, un cauce».

Sin embargo, los sondeos son muy claros en favor de Maragall y las encuestas que manejan los expertos de Gobelas contemplan desde hace tiempo el efecto nocivo que provoca el mensaje del candidato catalán en el resto de las comunidades autónomas, sobre todo cuando sus palabras abordan temas tan delicados como su Estatut (que prevé la anexión de Aragón, Valencia y Baleares), la deslegalización de los partidos batasunos por parte del Tribunal Supremo o la situación política y social que se vive en el País Vasco.

Tanto es así que, en las últimas elecciones generales, el PP hizo especial hincapié en las distintas posiciones que mantenía el PSOE sobre un mismo asunto dependiendo de la región donde hablasen sus dirigentes, y parece que los populares seguirán la misma estrategia que tan buenos resultados les dio. La huelga general, el «Prestige» y apoyo del Gobierno de Aznar a la guerra de Iraq no han hecho tanta mella en el PP como preveían los socialistas, y las constantes declaraciones de Maragall dejan una y otra vez en un brete a la dirección del PSOE.

La gran idea del bozal
Hace unos días, el candidato de CiU a la presidencia de la Generalitat, Artur Mas, recomendó, en plena refriega electoral, a los dirigentes del PSC que pongan un «bozal» a Pasqual Maragall para que deje de «sabotear» la convivencia en Cataluña con declaraciones que pretenden «prender fuego en todas las esquinas». Y, ¿vaya!, nadie habría supuesto que el candidato convergente iluminaría a dirigentes y barones socialistas con tan brillante idea.
Derechos de autor aparte, las circunstancias mencionadas y las elecciones del próximo domingo han hecho mover ficha a la dirección. Mensaje recibido por parte de Pasqual Maragall, que, de momento, se ha centrado en los temas domésticos catalanes y ha dejado sus grandes ideas para la campaña oficial de otoño.
Los resultados del 25-M darán y quitarán razones pero, sobre todo, marcarán el pistoletazo de salida para el asalto a la Moncloa.

«¿Basta Ya!» dice que romperá con el PSE si Elorza pacta con el PNV en San Sebastián
Redacción - Madrid.- La Razón 21 Mayo 2003

La plataforma ciudadana «¿Basta Ya!», que lidera el filósofo Fernando Savater, destacó ayer que sería «gravísimo» y «un motivo prácticamente de ruptura» con el PSE que la dirección de este partido permitiera que su cabeza de lista en San Sebastián y actual alcalde donostiarra, Odón Elorza, pactará con el PNV.

El portavoz de «¿Basta Ya!», Carlos Martínez Gorriarán, señaló que un acuerdo de estas características «sería absolutamente intolerable» para su colectivo, del que forman parte distintos militantes y representantes de los socialistas vascos. Martínez Gorriarán recalcó que si Elorza pacta con los peneuvistas, en «¿Basta Ya!» pedirán responsabilidades no al alcalde donostiarra, sino al propio PSE. A este respecto, señaló que los dirigentes socialistas han elegido para la capital guipuzcoana a un candidato que es popular, «pero obviando lo que significa políticamente», informa Servimedia.

El portavoz de la plataforma que lidera Fernando Savater hizo estas declaraciones en referencia a lo dicho por Elorza en una entrevista que ayer publicó el diario «El País», donde el primer edil donostiarra pide a su partido «flexibilidad» para los pactos y que no le obligue a realizar un acuerdo «anti natura» con el PP.

Basagoiti dice que el nacionalismo fomenta «la diáspora laboral» de los jóvenes
BILBAO EL CORREO  21 Mayo 2003

El candidato del PP a la Alcaldía de Bilbao, Antonio Basagoiti, considera que la única manera de crear empleo para los jóvenes en Euskadi es «una alternativa al nacionalismo y al plan de Ibarretxe, que es sinónimo de ruptura, incertidumbre, paro y pobreza. Tenemos que poner fin a la diáspora laboral», enfatizó.

Basagoiti, que llevó ayer su programa a la Universidad de Deusto, destacó que las instituciones académicas vascas «sacan muy buenos estudiantes, personas formadas y jóvenes muy bien preparados». Sin embargo, lamentó, «la mayoría no se quedan en Bilbao, sino que se tienen que marchar. Se van a Madrid, fundamentalmente, a Cantabria o a Barcelona porque aquí no hay oportunidades de trabajo».

El candidato denunció que «los puestos de trabajo que quedan en Bilbao y los bien remunerados suelen ser siempre para hijos de altos cargos de miembros del PNV». En este sentido, destacó que «se habla a veces de un exilio político y de ciudadanos que se tienen que marchar del País Vasco por este motivo. Pero se habla poco del exilio económico de todos aquellos que se van porque aquí no tienen oportunidades de trabajo». A su juicio, la prioridad del Ayuntamiento y de las instituciones vascas «tiene que ser dar empleo y conseguir que los que aquí estudian consigan trabajo aquí».

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