AGLI

Recortes de Prensa     Lunes 26 Mayo  2003
«Su nombre es democracia...»
BENIGNO PENDÁS ABC 26 Mayo 2003

El juego del avestruz
ANTONIO ELORZA  El Correo 26 Mayo 2003

La derecha democrática, pese a todo
Editorial ABC 26 Mayo 2003

Aznar no hace milagros, pero casi
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  26 Mayo 2003

El PP se mantiene
Editorial La Razón 26 Mayo 2003

Mandato de normalidad
Editorial El Correo 26 Mayo 2003

Por higiene
Cartas al Director El Correo 26 Mayo 2003

Proetarras atacan con cócteles molotov la vivienda del número dos del PSE en Rentería
EFE Libertad Digital  26 Mayo 2003

«Su nombre es democracia...»
por BENIGNO PENDÁS. Profesor de Historia de las Ideas Políticas ABC 26 Mayo 2003

HERMOSO rito, urnas y papeletas, sondeos y primicias, grandeza y servidumbre de la noche electoral, iconos en el museo de la democracia, esa utopía fecunda (incluidos sus defectos) que es la única fórmula civilizada de la vida en sociedad. Los españoles hemos votado con ganas: ahí están los datos sobre participación. Muchos hemos pensado en ti, querida Silvia, pequeña heroína de Torrevieja. Esta vez los asesinos no se van a reír de nosotros. Han hecho trampas con no sé cuántos votos en blanco y otras argucias estúpidas, pero la gente decente siempre triunfa en la batalla moral, allí donde se juega en el terreno fértil de la conciencia. Los resultados en el País Vasco muestran la solidez de la opción constitucionalista, éxito del poder constituyente renovado que expulsa del espacio público a Batasuna y sus hijuelas, la otra forma de ser ETA. Tras el recuento en las capitales vascas, habrá que ver la actitud del PNV. De momento, mañana se reune la Mesa del Parlamento. No caben más pretextos ni maniobras de leguleyo... Hablan algunos de «dignidad», cuando la libertad bajo el imperio de la ley es la única forma digna de la condición humana. Cúmplase la sentencia y luego... el que quiera, que dimita. Por ahora, mientras recordamos la distinción de Ortega entre lo irritante y lo lamentable, el 25-M es -ante todo y sobre todo- un día feliz para los amantes de la España constitucional, porque no habrá terroristas en las instituciones.

Víctima de la memoria efímera, queda atrás una campaña crispada, con exceso de improperios y sabor a «primarias» anticipadas. Llega la hora de los pactos y es urgente plantear las reglas del juego. No todo vale en política, diga lo que diga la letra de la ley: sólo son legítimos los acuerdos que permitan reconocer la voluntad popular según la lógica del sentido común. Las afinidades electivas, diría Goethe, exigen un aliento conjunto: víctimas frente a verdugos; izquierdas agrupadas entre sí; populares con regionalistas cercanos. No es lícito, en cambio, pactar con nacionalistas excluyentes en trance de aventuras contrarias a la Constitución. Tampoco debería repetirse, ni allí ni en otro lugar, la fórmula anómala de Baleares. Es cierto que la rigidez en favor de la lista más votada no encaja con la dinámica del régimen parlamentario. Pero cabe apuntar soluciones imaginativas para el futuro. Por ejemplo: establecer, por vía de convención, que se pongan en claro los acuerdos eventuales, en forma de compromiso público y vinculante. Con mayor audacia: la segunda vuelta electoral tiene acreditada su eficacia como garantía del «dictum» inapelable, «la mayoría gana». El Estado de partidos debe limitar su afán expansivo para la salvaguarda de la «virtud cívica», en el sentido de Montesquieu. No hay que ser optimistas, sin embargo. Los nuevos jacobinos, centralistas a escala autonómica, han conseguido bloquear el «pacto local» y, por tanto, la segunda descentralización y la reforma del sistema electoral. Aunque sea, para qué vamos a engañarnos, en perjuicio de la mejor gobernanza de Ayuntamientos y Diputaciones.

Hacia las cosas mismas. He aquí la percepción intuitiva de la voluntad popular, antes de la inmersión en la marea estadística. Resultado interesante del Partido Popular, con notable esfuerzo personal de Aznar, que ha conseguido enderezar una situación de origen muy difícil. Muchos ciudadanos no han llegado a entender las claves de su postura ante la crisis de Irak: ética y pragmatismo, esto es, convicciones y apuesta por el interés nacional. Levantada esa carga, la gestión autonómica y local permitía sustentar expectativas razonables. La campaña, en todo caso, se ha planteado con eficacia, aportando medidas concretas sobre inmigración, familia, vivienda y otras realidades de cada día. Se mantuvo la velocidad de crucero, sin aspavientos ni improvisación. Faltó, tal vez, capacidad para buscar un golpe de efecto. Lo mejor, sin duda, la coherencia: discurso homogéneo, España como proyecto común. ¿Y ahora? Conviene siempre entender el mensaje de los electores, corregir el rumbo en sectores sensibles y saber quién aporta y quién se limita a vivir de las rentas. La sucesión debe enfocarse con serenidad, pero ningún calendario es inamovible: las ventajas al adversario tienen que reducirse al mínimo. El triunfo de Ruiz Gallardón revela que el desgaste natural y la fiebre antibélica no han sido suficientes para que el PSOE consiga su objetivo principal. Nadie debe engañarse por símbolos ni precedentes: todo está por decidir para las próximas elecciones generales y la campaña empieza hoy mismo.

Los socialistas afirman, si atendemos a las cifras abslutas, que han logrado prolongar la gloria fugaz de la calle, «no a la guerra», «no en nuestro nombre», a cargo -probablemente- del voto joven y del voto desengañado. Son dos sectores que no permiten excesiva garantía a largo plazo. El Partido Popular debe hacer un esfuerzo intenso respecto de los nuevos votantes. En general, su lenguaje está más cercano a ellos en el plano ideológico, porque el PSOE maneja restos descafeinados de doctrinas que ya no les dicen nada y aporta una estética más cerca de la Transición que de la postmodernidad. A su vez, el limitado voto de castigo tiene su sede natural en este tipo de elecciones intermedias y es muy probable que pueda dirigirse otra vez hacia su lugar de origen si desaparecen las causas (objetivas o subjetivas) de las que depende. Ha querido Zapatero plantear su campaña a la defensiva, guardando como un tesoro la ventaja demoscópica del mes anterior. Los electores han valorado en conciencia el mal uso del atentado en Casablanca y las maneras autoritarias de la cultura de uniforme. El optimismo inmoderado por la cifra global no está justificado. No hay cambio de ciclo en la política española. Pancartas y griterío, igual que muchos sufragios locales y autonómicos, reflejan el malestar en la epidermis, no una renovación en las capas profundas. Lo mínimo para el líder socialista es la consolidación de su liderazgo interno. Prudencia y mesura en todo caso: el año que viene ya se verá. Otros apuntes a vuelapluma. Mejora Izquierda Unida a costa de forzar el discurso radical. También repunta el BNG, beneficiario, sin grandes méritos, del estado de ánimo en Galicia, y reaparecen ciertos grupos que combinan izquierdismo y nacionalismo. Son datos preocupantes para la estabilidad política y la vertebración territorial de España. Nada definitivo, pero conviene tenerlo muy presente.

Buen ambiente electoral. El procedimiento, como siempre, ha funcionado con eficacia. Muchos Ayuntamientos y alguna Comunidad Autónoma dependen para su definitiva configuración de un escaso número de sufragios: desafío importante para nuestro Derecho electoral. No hubo problema de chapas ni de pegatinas, una vez despejadas las dudas por la Junta Electoral Central y por la razón práctica. En general, el Estado constitucional ha salido reforzado de la expresión pública del pluralismo. «Tenemos una forma de gobierno que no envidia las leyes de otras ciudades, sino que es un ejemplo para las demás. Su nombre es democracia, porque el gobierno no depende de una minoría sino del número mayor...» Habla el gran Pericles, líder ateniense, en la página más atractiva de la historia del pensamiento político. Por cierto: lo mejor de la democracia es que ofrece siempre una nueva oportunidad.

El juego del avestruz
ANTONIO ELORZA /CATEDRÁTICO DE PENSAMIENTO POLÍTICO DE LA UNIVERSIDAD COMPLUTENSE El Correo 26 Mayo 2003

La ceguera voluntaria en lo que concierne a Euskadi no es patrimonio exclusivo de la opinión política. Tuvimos ocasión de apreciarlo en el filme bien reciente que La 2 de TVE nos ofreció la pasada noche del viernes. En 'La voz de su amo', de Emilio Martínez Lázaro, se mezclaban dosis de 'thriller' con la presión de los atentados de ETA en aquel año horrible de 1980, cuando las víctimas mortales se contaban por decenas. Ante la extrañeza que el desarrollo del argumento pudiera suscitar en el espectador, Martínez Lázaro se cura en salud, advirtiendo en la entrevista posterior a la proyección de que para él lo importante era lo primero y que si situó la acción en el País Vasco es porque allí había «muchos muertos» y eso hacía creíble el relato. Pero él, por Dios, no pretendía contar a nadie lo que allí sucedió. Neutralidad completa, en apariencia. Sólo que al repasar el filme, nos encontramos con una trama de especuladores fraudulentos, en colusión abierta con un jefe de policía y sugerida con el Ejército español, en tanto que las bombas-lapa y los subfusiles de ETA son los instrumentos de la justicia de un pueblo contra los capitalistas estafadores. Encarna éste el mocetón con uniforme de abertzale que protagoniza la acción violenta contra el txakurra privado, pero antes encabeza la protesta en la asamblea contra los especuladores, para luego calmarse ante la intervención del juicioso líder del MLNV, un señor muy respetable, lo mismo que el amigo jatorra del protagonista. Ciertamente, ETA quiere cobrar el impuesto revolucionario, pero la víctima es un auténtico enemigo del pueblo que además acaba engañándoles. No en vano el autor agradece explícitamente la colaboración de «jóvenes de la izquierda nacionalista». Así que el problema vasco reside en especuladores y policías corruptos, en tanto que ETA es la expresión violenta de una reacción popular contra la injusticia sembrada por aquellos. Menos mal que Martínez Lázaro no quiere contarnos lo que ocurría en Euskadi.

La fábula es útil para darse cuenta de los despropósitos a que puede conducir la negativa consciente a encarar la realidad, una actitud tan extendida en el País Vasco de hoy que en muchos aspectos parece que nos encontremos en medio de una jaula de avestruces políticos. Es como si después de la confrontación abierta del 13-M unos y otros hubiesen decidido servirse de tácticas más sinuosas y disimuladas, de manera que los objetivos de cada cual pudieran ser alcanzados con menores costes. El galimatías político de los dos últimos meses ha sido el resultado.

De entrada, el Gobierno vasco, el PNV y EA, con Madrazo en su puesto habitual de acólito, decidieron enrocarse en su doble juego, por una parte cerrando los ojos a la vinculación entre ETA y Batasuna, algo que conocen mejor que nadie, y por otra poniendo en práctica la escalada de la insumisión frente al Gobierno de Madrid, fuente de todos los males, 'el enemigo' que designa la señora Errazti. En lo primero, el silencio es obligado, como si no fuera una pura y simple indignidad negarse a esclarecer ante la sociedad vasca la premisa mayor del argumento sometido a debate. Si Batasuna no es ETA, el resto sobra: ilegalizarla constituye un gravísimo atentado contra la democracia. Pero si Batasuna es ETA, como Ibarretxe y el PNV saben de sobra, lo único que puede discutirse es si la Justicia ha de subordinarse a criterios de oportunidad política. Y por lo que toca al juez Garzón, con el antecedente de los GAL, la simple sospecha está fuera de lugar. En cualquier caso, el Gobierno y sus partidos podían protestar en nombre de esa famosa 'crispación' que en cambio no alteraban los atentados, no lanzarse a una cruzada en defensa de los partidarios del crimen político, por bien que ello les venga para su estrategia soberanista frente al Estado central y les traiga votos en las elecciones.

A su vez, no resulta fácilmente comprensible la vía media elegida por Batasuna, en medio de las vacilaciones en torno al plan Ibarretxe de la propia ETA. Arzalluz tiene razón: no era tan difícil burlar la Ley de Partidos en una sociedad donde los mensajes políticos circulan incluso sin necesidad de pasar por los medios y con los recursos humanos de que dispone cuantitativamente el sector. Tampoco eligió la prueba de fuerza. Y la consecuencia es la ruleta rusa en cuanto a los resultados electorales para el campo abertzale. El curioso beneficiario sería a corto plazo la EB de Madrazo, convertido en buque insignia de la Izquierda Unida de Llamazares, actualmente una formación demagógica 'atrapalotodo', dispuesta en toda España a hacer lo posible para encaramarse con quien sea a una brizna de poder. Con el PSOE, con Unión Mallorquina, con el PNV, da igual. Lastimoso, pero a río revuelto, eficaz.

En el campo estatutista o constitucionalista, las cosas no han ido mejor, ya que tanto Aznar como Zapatero se han equivocado de elecciones, desde el punto de vista de Euskadi, lanzándose a una campaña propia de las generales. Además, han olvidado en exceso lo que esta consulta vasca representa en el camino del plan soberanista de Ibarretxe. Y si hace dos años se mostraron en exceso unidos PP y PSOE, ahora la fosa abierta entre ambos puede tener el mismo efecto negativo. Igual que su patrón Bush, Aznar confía en las virtudes del antiterrorismo generalizado, como si eso permitiera encubrir todas las insuficiencias de la gestión popular en el último periodo. De cara al País Vasco, y a pesar de la mesura dominante en las intervenciones de Mayor y de los principales candidatos populares, esa actitud del centro sólo puede producir efectos negativos y pérdida de votos, tal vez a favor de un PSOE afectado por la escasa claridad de ideas a la hora de precisar los grados de relación y oposición ante PP y PNV. La expansión poslectoral del municipalismo pronacionalista de Odón Elorza, quien sólo declara 'contra natura' la alianza con alguien tan razonable como María San Gil, podría abrir una brecha insuperable entre los defensores de la legalidad.

Así las cosas, es posible que los cambios tengan menor alcance de lo esperado. En Álava y en Vitoria, resulta impensable que la coalición PP-PSOE, reequilibrada, no se mantenga, y en Donosti gobernará Odón Elorza en minoría mayoritaria, a no ser que acabe cuajando un apoyo encubierto del PNV que tuviera su correspondencia en Bilbao, con lo cual la alianza estatutista saltará por los aires. Claro que Azkuna puede salvar la situación gracias al siempre servicial Madrazo, ahora en plural familiar. ETA tendría que reelaborar su estrategia de cara al futuro; las lealtades simbólicas tienen un valor político muy limitado y menos mal que las próximas elecciones en 2004 son las parlamentarias, por lo cual no ha de preocuparse demasiado en remediar las insuficiencias de la táctica ahora utilizada. De momento, no aceptará la «tregua definitiva» (sic) que le ofrece Ibarretxe (por cierto, si una tregua es definitiva no es tal tregua, a no ser que se trate de un nuevo engaño a dúo).

Y el Gobierno vasco con el tripartito seguirá apostando, pase lo que pase, por la estrategia de la tensión, con el objeto de presentar la consulta sobre el plan Ibarretxe como un acto de defensa de la identidad política vasca contra las agresiones de Madrid. Lo más probable es que se encierren en la condición de víctimas, poniendo sobre el altar de los sacrificios a Atutxa. Así que con buenos resultados, adelante el plan. La coartada en caso contrario ya esta lista: la culpa es una Ley de Partidos antivasca; y adelante también. La pugna sigue, aunque las alianzas poselectorales dibujen el futuro.

La derecha democrática, pese a todo
Editorial ABC 26 Mayo 2003

LAS elecciones municipales y autonómicas que se celebraron ayer confrontaban las dos incógnitas políticas que, en todo caso, terminarán de resolverse en las generales de 2004: si el PSOE se consolidaba como alternativa de gobierno y si el PP tenía la fortaleza suficiente para superar los efectos de su «annus horribilis». Los resultados no pueden considerarse definitivos para despejar esas incógnitas, lo que es coherente con el carácter local de estas elecciones, en las que el número de votos recibidos, por un lado, y el reparto de poder, por otro, pueden apuntar en sentidos diferentes, como sucedió en los comicios de 1999, en los que el PSOE se situó a un palmo del PP. Luego, en 2000 llegó la mayoría absoluta. Ahora, el PP y el PSOE prácticamente han igualado sus resultados a nivel nacional, lo que no era lo que esperaban los socialistas. El PSOE. sin porcentajes cerrados, tenía más votos que el PP, pero era éste el partido que tenía mayor número de concejales. En todo caso, el hecho de que los alcaldes de algunos de los principales Ayuntamientos dependerán de alianzas con partidos minoritarios, que no concurren a las generales, es un advertencia contra las extrapolaciones automáticas.

La posición de los partidos resultante de las urnas tendrá que valorarse en función de las expectativas con las que cada uno partía. En conjunto, los resultados son beneficiosos para el PP, pues en la situación política más desfavorableque ha atravesado en dos legislaturas, ha sabido conservar los principales gobiernos locales y ha frustrado las apuestas más importantes de los socialistas. Los populares han superado el martilleo constante de la guerra en Iraq, el «Prestige», la huelga general del 20-J, el Plan Hidrológico Nacional -aunque éste también a jugado a su favor, como en Murcia- y las movilizaciones de estudiantes contra las reformas de la enseñanza. Con razones de diverso calibre, ha sido mucha gente en la calle durante mucho tiempo como para no crear un ambiente de movilización que finalmente ha provocado leves desplazamientos del poder hacia el PSOE. Pero también se constata que estos movimientos no se han producido, en absoluto, con una eclosión del PSOE ni con una debacle del PP, Incluso es notorio que la fuerte presión de los partidos de izquierda ha provocado en Madrid una reacción de respuesta de los electores de la derecha tradicionalmente confiados por la inercia de las últimas victorias. La victoria de Alberto Ruiz-Gallardón ha desactivado la gran apuesta personal de José Luis Rodríguez Zapatero con Trinidad Jiménez y este es un fracaso que perjudica seriamente el proyecto personal de Zapatero como candidato a la Presidencia de Gobierno. La batalla por el Ayuntamiento madrileño se planteó como las primarias de las generales y, con esta premisa, habrán de rendir cuentas unos y otros.

A nivel nacional. los populares han confirmado casi todas las mayorías absolutas y relativas alcanzadas en 1999. Al PP le han respondido sus feudos tradicionales como Castilla-León, La Rioja, Murcia, Valencia y Navarra. En Baleares, la candidatura de Matas ha ganado al «pacto por el progreso», aunque el gobierno insular tendrá que negociarse nuevamente. Málaga, Huelva y Cádiz se mantienen en poder del PP con holgas mayorías. La disputa por las capitales se ha resuelto con un saldo global favorable al PP, que le permite considerar asentado su voto urbano para afrontar las elecciones generales de 2004.

PARA el PSOE, los resultados reflejan muchas de las contradicciones de su política de desgaste del Gobierno y de alianzas con los nacionalistas. Es significativo que allí donde el socialismo ha mantenido pactos de gobierno con formaciones nacionalistas han sido éstas las que más han aumentado sus votos, su representación y, por lo general, su influencia para la formación definitiva de algunos gobiernos locales. Así ha sucedido con el Bloque Nacionalista Gallego, la Chunta Aragonesista y Esquerra Republicana de Cataluña. Incluso ese incremento nacionalista se ha producido a costa del propio PSOE, como en Barcelona, donde el candidato del PSC, Joan Clos, ha perdido cinco concejales, nutriendo a la izquierda nacionalista radical. Este desenlace no puede satisfacer a Rodríguez Zapatero, cuyo discurso sobre la cohesión nacional encuentra una seria impugnación en las simbiosis que ha establecido con los nacionalismos . Donde no se han producido sorpresas para los socialistas ha sido en las comunidades gobernadas por los barones socialistas. Castilla-La Mancha y Extremadura han renovado para el PSOE las mayorías absolutas, estabilizando una situación de bloqueo para el PP que adquiere ya un carácter endémico.

LAS estrategias de desgaste con cargo a la guerra de Iraq y del «Prestige» no han sido tan rentables como esperaba el PSOE y menos aún Izquierda Unida. El PP. como organización política, ha demostrado estar más consolidado en la sociedad de lo que pensaban los socialistas. El contador se ha puesto a cero, porque los argumentos están amortizados, lo que para el PSOE es un fracaso. Lo mismo que para Izquierda Unida, cuyo envite en la capital de Madrid, prueba de fuego de la movilización de la izquierda en su conjunto, ha terminado con una reducción de apoyo electoral, en términos de votos absolutos y de concejales. La crispación no ha surtido efecto y la posibilidad de que el PSOE pudiera compartir el poder con una izquierda radicalizada en sus modos y maneras ha sido contraproducente para la candidatura de Trinidad Jiménez. Es evidente que la foto con Izquierda Unida no es buena para el PSOE, pero a pesar del antecedente del año 2000 -con el pacto de Almunia con Frutos- los socialistas volvieron a incurrir en el error de perder la referencia de la moderación, que es la que siempre ha valorado el electorado madrileño, más aún con una lista encabezada por Ruiz Gallardón.

Con estos resultados no se ha producido el primer día de una nueva etapa política, ni se ha marcado el punto de inflexión para el gobierno del PP.Pero es cierto que los populares tendrán que rectificar las formas que le han llevado a enfrentarse inncesariamente con sectores sociales que no han entendido algunas de sus decisiones políticas más controvertidas. Le resulta preciso mejorar su interlocución con una sociedad que no le ha penalizado sus errores, como reclamaba la oposición, pero le ha advertido seriamente de que su confianza no es ilimitada. Esa sociedad, en conjunto, también le ha ratificado como una opción política democrática, pese a que la guerra de Iraq le sumió en un debate complicado en términos éticos. Otra vez ha fracasado la demonización de la derecha tanto como la radicalización de la izquierda, que deberá tomar nota de que los sentimientos y las emociones exarcebadas no se traducen en criterios políticos ni en reacciones radicales de los ciudadanos, sustitutivas de una valoración racional de las gestiones y los resultados del gobierno. Aznar y el PP pueden respirar tranquilos pero deben asumir que el esfuerzo que han tenido que realizar para mantener sus posiciones es muy superior que el que se correspondía con el juicio sobre la eficacia de sus gobiernos. El Ayuntamiento de Madrid compendia todos estas interepretaciones cruzadas.

FINALMENTE, junto a Madrid, las elecciones locales se jugaban también en el País Vasco. La conclusión de los resultados en las municipales es que Vitoria siguen manteniéndose al margen del plan soberanista de Ibarretxe. Junto con la victoria del PSE en San Sebastián y el avance de los constitucionalistas en Bilbao, los resultados en Vitoria constituyen un fracaso del PNV, que confiaba plenamente en recuperar las instituciones alavesas para enfrentarse en Septiembre al debate sobre la propuesta de nación libre asociada con apoyos reforzados. El «voto útil» reclamado a los simpatizantes del entramado batasuno no ha surtido efecto. La solidaridad entre nacionalistas ha funcionado a medias y esta realidad sí abre nuevas expectativas reales para un cambio político, que sólo será posible si el pacto entre constitucionalistas se mantiene íntegra y lealmente, sin vacilaciones ante un PNV que hará, como después de las autonómicas de 2001, cantos de sirena y aproximaciones al PSE. La posibilidad de que el lendakari anticipe las elecciones autonómicas es más cierta en estas condiciones, más aún con los datos de unos partidos constitucionalistas que han mejorado sus posiciones globales.

La ilegalización de la izquierda proetarra y su exclusión de las urnas ha supuesto para el País Vasco un apaciguamiento de la convivencia y del ejercicio de los derechos políticos y las libertades individuales. La tranquilidad con la que han podido votar los candidatos populares y socialistas, sin el acoso de los proetarras, es la imagen de una política de firmeza y de aplicación de la ley.

Aznar no hace milagros, pero casi
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  26 Mayo 2003

La recuperación de las Baleares compensará seguramente la dolorosísima pérdida de la Comunidad de Madrid y, en conjunto, puede dejar al PP en un estado de beatitud cercano al éxtasis, porque, además, Álava sigue en manos de los nacionales y la lectura política del resultado balear refuerza la credibilidad de todo lo nacional y desprestigia las aventuras de la olla podrida progresistas-nacionalistas, que es la apuesta estratégica del PSOE para las generales de Marzo del 2004. Aznar, por tanto, sale ileso del envite zapateril y puede presumir de ciencia infusa, presciencia y adivinación, porque cuando hizo candidato a la alcaldía madrileña a Gallardón era evidente que daba por perdida la Comunidad. Pero, a la vista de los resultados, es evidente que Gallardón hubiera conservado cómodamente la Comunidad y Esperanza Aguirre o el propio Manzano hubieran conservado el Ayuntamiento de la capital. Tendrán que explicar Arenas, sus arriolas, sus malos y sus werts de dónde sacaron aquellas encuestas catastróficas de antes del verano, que tantos estropicios estratégicos han producido. Sin el repeuzno de entonces, hoy hablaríamos de una victoria moral y material del PP casi aplastante.

Sin embargo, sería injusto culpar a Aznar de lo que sin duda es culpable sin reconocer los méritos que sin duda tiene. Él ha tomado sobre sí el peso de la campaña electoral, él ha sabido drenar la pérdida de apoyo que supuestamente provocó su apoyo a Bush y Blair en la guerra de Irak. Él ha llevado la inciativa de la campaña y no puede decirse que partiendo de donde partía hace tres meses su resultado sea mediocre. Al contrario: el PP está en mejores condiciones que antes del 25-M para continuar en la Moncloa con otro inquilino. Aznar no hace milagros, como prueba el fiasco de Madrid, pero casi, como prueba el resto de los resultados nacionales. Zapatero es, quizás, el que peor parado sale de este plebiscito que han ganado los que tenían que irse y han perdido los que llegaban a quedarse. Zapatero y Polanco, porque ya se ve que la influencia de la SER en la opinión pública española sigue siendo como en el 2000, cercana a cero.

La gran cuestión ahora es ésta: ¿volverá el PSOE a plantear una estrategia de guerra civil en la calle como alternativa a las urnas? ¿Hará la “oposición salvaje” que ha anunciado en Madrid? ¿Seguirá la coalición Zapatero-Llamazares, con el inestimable apoyo de Arzallus, presentándose como la alternativa de Gobierno al PP? Pronto podremos verlo. O padecerlo.

El PP se mantiene
Editorial La Razón 26 Mayo 2003

El Partido Popular no ha sufrido el descalabro electoral que muchos anunciaban tras dos meses de una larga campaña de acoso de la izquierda y de los nacionalismos radicales. Los populares no han perdido la confianza de su electorado, aunque se han tenido que enfrentar a una gran movilización del voto socialista y comunista que, en anteriores consultas había preferido quedarse en casa. Esa ha sido la principal baza de la oposición, aunque, cuando se termine el análisis sereno de los datos, los líderes del PSOE descubrirán que la excesiva radicalización de sus mensajes ha beneficiado en mucha mayor medida a Izquierda Unida y a los grupos nacionalistas que a su propio partido, como se observa claramente en Galicia . De cualquier forma, José Luis Rodríguez Zapatero ha demostrado un buen instinto político y se ha garantizado su permanencia al frente del socialismo español, al menos hasta la cita de 2004.

También el Partido Popular puede mirar con satisfacción los resultados de las urnas. Su campaña electoral, liderada personalmente por José María Aznar, le ha permitido remontar unos sondeos extremadamente negativos, aún cuando siempre se debió tener en cuenta su amplio voto oculto. Gana en Madrid y en la mayoría de las capitales de provincia y en las autonomías donde ya era dominante. Recupera el voto en Balares y mejora posiciones en Cataluña. Puede que haya perdido el poder en algunas ciudades importantes a causa de la descontada coalición de las izquierdas, pero, de cara a las próximas elecciones generales, sigue siendo una fuerza a la que el desgaste de muchos años de gestión pública no ha llegado a tocar gravemente. Hay, sin embargo, fracasos evidentes, como en Extremadura y, especialmente, Castilla-La Mancha, que deberían hacer reflexionar profundamente a los líderes del centroderecha español.

El País Vasco
También se pueden mirar con optimismo los resultados en las principales capitales vascas, pese al aumento de votos registrado por el nacionalismo y por Izquierda Unida. El PNV ha conseguido recoger buena parte de los votos radicales batasunos, pero sin que suponga un cambio dramático en la correlación de fuerzas entre constitucionalistas y nacionalistas. Ahora, sin Batasuna en las instituciones, empieza una nueva etapa en la que se podrán corregir los déficits democráticos que tanto perjudican a PP y PSOE.

A tenor de los resultados de municipios gallegos, la campaña del «Prestige» ha tenido en aquella Comunidad un efecto parecido al del «no a la guerra», reflejado en una movilización del voto de la izquierda. El mayor beneficio, en términos relativos, ha sido el nacionalismo del BNG, que ha capitalizado buena parte del esfuerzo del PSOE por sumarse a las manifestaciones de «Nunca Mais», por más que los socialistas se apunten algunas victorias significativas.

La batalla de Madrid
En Madrid los últimos resultados también parecen haber hecho saltar la mayor parte de las encuestas. El Partido Popular ha obtenido una rotunda victoria y se han superado las mayores esperanzas que podían esperarse en la sede de los populares. Al contrario, las primeras alegrías de la noche electoral se han transformado en pesar en la casa de los socialistas madrileños. Faltan datos a la hora de cierre de edición, pero se confirma ya que la lista del candidato a la Alcaldía, Alberto Ruiz Gallardón, obtiene el apoyo más que sobrado para gobernar con mayoría absoluta y mantener la bandera de la gaviota izada, y más alta que ayer, sobre la Casa de la Villa, mientras que su compañera de filas, Esperanza Aguirre, ha visto, impotente, depender de un puñado de votos la posibilidad de mantener el mismo pabellón sobre la Casa de Correos en la Puerta del Sol. Habrá que estudiar con todo detenimiento los datos concretos pero, y en términos generales, se puede decir que lo ocurrido en Madrid es un formidable triunfo para el Partido Popular y la constatación de que los ciudadanos, que han votado en masa, han defendido sus opciones y ha pesado, y mucho, la experiencia en la gestión a lo largo de los últimos años.

Los datos de Madrid contradicen la impresión, de ayer mismo, de que el PP estaba, por primera vez, «tocado»: las manifestaciones del «no a la guerra» y las agresiones contra las sedes de los populares, lograron el gran éxito de despertar la conciencia de lucha de una izquierda que estaba adormecida y veía, impotente y elección tras elección, cómo desde hace casi 20 años el voto popular subía en la región y en la capital a medida que los sucesivos gobiernos del PSOE e IU naufragaban en el laberinto de la gestión y declinaba la estrella de Felipe González. Este era el panorama que se ofrecía a los electores a principios del pasado invierno: una gestión eficaz y una corta oposición, auguraban repetición del triunfo para el PP, aunque reforzado con el cambio de escenario de Alberto Ruiz Gallardón para asegurar un previsible descenso de intención de voto debido, más que nada, a un lógico desgaste después de tres legislaturas con mayoría absoluta en la ciudad y dos en la región. Pero, al final, la verdad de las urnas ha dicho lo contrario: ni el el PP estaba «de baja», ni la suma de PSOE e IU estaba tan «en alza», como se dijo.

Mandato de normalidad
Editorial El Correo 26 Mayo 2003

Los resultados de las elecciones atestiguaron ayer lo que ya evidenció la propia campaña: que su importancia trascendía el ámbito local y autonómico para convertirse en unos comicios de interés político general. El hecho de que la participación ciudadana aumentara tan apreciablemente demostró -como ya ocurriera en 1995, en vísperas de la primera victoria popular- que la ciudadanía percibía en la convocatoria de ayer una disputa por la mayoría entre las dos principales formaciones españolas. El escrutinio electoral confirmó la tendencia que avanzaban las encuestas, atenuado el ascenso socialista por la reacción mostrada por el partido de Aznar durante los días de campaña. Tras diez años de derrotas frente al PP, el PSOE logró ayer superarlo por una diferencia de 200.000 votos en el conjunto de España. Dicho resultado no colma las expectativas que los propios dirigentes socialistas habían alimentado a lo largo de los últimos meses. Sobre todo porque no han permitido al partido de Rodríguez Zapatero ampliar su presencia institucional.

El resultado de ayer convierte las próximas elecciones generales en una igualada contienda a la que el PP concurrirá con un nuevo líder. Es esto último lo que conferirá al próximo período político un claro rasgo de novedad, al tiempo que realzará la incertidumbre sobre su desenlace final. Pero sería de desear que la inevitable prolongación del clima electoral vivido hasta ahora no contribuya a deteriorar las relaciones políticas, en especial en torno a aquellos temas que -como la política internacional o la lucha contra el terrorismo- requieren del máximo consenso entre los partidos democráticos.

Los resultados electorales en Euskadi destacan el triunfo de la coalición PNV-EA como la opción que supo activar nuevamente el voto de la comunidad nacionalista frente a las aspiraciones del constitucionalismo. Junto a ello, el anulado eco alcanzado por los herederos de Batasuna representa la culminación de la mayor derrota política infligida por la democracia a ETA. Esos dos datos, como rasgos más relevantes de las elecciones locales y forales en el País Vasco, dan paso a un panorama ambivalente. La sociedad vasca hizo ayer ejercicio del voto en un clima de libertad arrancado paulatinamente a la barbarie etarra. La progresiva reducción de los espacios de impunidad a través de los que la intolerancia extrema había envilecido la propia conciencia de muchos vascos ha dado como resultado que el terrorismo y sus adláteres no tengan ya cabida en ayuntamientos e instituciones forales. El veredicto de las urnas constituye el enésimo emplazamiento que la sociedad vasca hace para que los terroristas dejen de matar y extorsionar. Aun a pesar del cruel empecinamiento del que la banda terrorista hizo gala durante la propia campaña, no sería aventurado afirmar que hoy los vascos se sienten más libres del cautiverio atroz a que trata de someterlos ETA.

Pero junto a esta visión esperanzadora, el resultado de ayer invita también a una preocupada reflexión. La alta par-ticipación hace del veredicto electoral un dato incontrovertible. Pero sería especialmente penoso que el nacionalismo gobernante, claro vencedor de los comicios de ayer, interpretara su éxito como la convalidación directa del Plan Ibarretxe y como estímulo para imprimir el definitivo impulso al proceso soberanista que auspicia el lehendakari. Ello conduciría al País Vasco a una secuencia desgarradora de acontecimientos y decisiones que, por legítimas que pudieran resultar, acabarían trasladando a la propia sociedad la incompatibilidad y la fractura que existe entre los proyectos que albergan el nacionalismo y el constitucionalismo.

Ayer los ciudadanos vascos eligieron a sus representantes en ayuntamientos y juntas generales. La primera obligación de los recién electos deberá ser dotar a sus instituciones de mayorías suficientes capaces de garantizar la gobernabilidad y de superar un prolongado período en el que municipios y territorios históricos han estado gestionados desde la minoría y la precariedad. Probablemente ésa sería la vía más idónea para que la normalidad institucional y la inexcusable prioridad que los problemas del ciudadano han de tener en la acción política acaben rebajando la crispación y el enfrentamiento a que conduce la sistemática puesta en cuestión del vigente marco de convivencia.

La confianza otorgada a través del voto ciudadano resultaría sin duda defraudada si a partir de hoy sus depositarios lo emplearan como argumento para enconar aún más las relaciones políticas en Euskadi. Especialmente si el inequívoco resultado de las urnas es utilizado por el nacionalismo gobernante para cuestionar la naturaleza plural y diversa de la sociedad vasca.

Por higiene
Josu Cascales/Muskiz-Vizcaya Cartas al Director El Correo 26 Mayo 2003

Anda el lehendakari subido en su 'eusko-nube' particular, quizás por ello no se ha enterado de que el único pacto excluyente que se ha firmado en este país, el de Lizarra, lo protagonizó su partido junto al resto de nacionalistas, incluidos los más salvajes, con el añadido de los que, sin rubor, se autodenominan 'parte roja' del Gobierno tripartito, esto es, los neonacionalistas de Madrazo (el nuevo Rappel de la política, que incluso firmando ese pacto no se enteró de que el PNV iba camino del monte y parece que todavía no se ha enterado). Tienen, sin duda, el temor a que un acuerdo PSE-PP pueda dejarles fuera del gobierno de importantes instituciones. Posibilidad ésta que, en mi opinión, sería necesaria en términos de higiene democrática. Esto es así porque, tras muchos años en el ejercicio del poder, se tiene tendencia a olvidar las esencias democráticas y a ejercer el poder tal y como lo haría un mesonero de batzoki: reservándose el derecho de admisión.

TAMBIÉN TERRORISMO CALLEJERO EN OYARZUN
Proetarras atacan con cócteles molotov la vivienda del número dos del PSE en Rentería
EFE Libertad Digital  26 Mayo 2003

El socialista Juan Carlos Merino, teniente de alcalde del Ayuntamiento de Rentería y número dos de la lista que el PSE/EE presenta a esta corporación guipuzcoana, reside en la vivienda atacada en la madrugada de este domingo con tres cócteles molotov.

Los artefactos incendiaros, que los proetarras arrojaron contra el balcón de la vivienda del concejal sobre las 1.55 horas, impactaron en la fachada del edificio y causaron escasos daños. No es la primera vez que Merino es objetivo de los terroristas callejeros: en febrero de 1998, cuando ocupaba los cargos de secretario general del PSE/EE de Rentería y de coordinador de Cultura del Ayuntamiento de esta localidad, dos encapuchados quemaron su coche.

Unas horas antes de este ataque, a las 22.20 horas se produjo otro con dos cócteles molotov contra un cajero automático del BBVA, que resultó calcinado, en el vecino municipio de Oyarzun.

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