AGLI

Recortes de Prensa     Martes 27 Mayo  2003
Las elecciones vascas
CARLOS MARTÍNEZ GORRIARÁN ABC 27 Mayo 2003

Una senadora en Maruri (II)
Iñaki Ezkerra La Razón 27 Mayo 2003

El líder sin atributos
CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC 27 Mayo 2003

Les liaisons dangereuses
JAIME CAMPMANY ABC 27 Mayo 2003

El espectacular triunfo del PNV
Germán Yanke  Libertad Digital 27 Mayo 2003

La sucesión de Aznar y la opción Rato
Lorenzo Contreras La Estrella 27 Mayo 2003

Vencedores o vencidos
SANTIAGO GONZÁLEZ/ El Correo 27 Mayo 2003

La noche del trasvase
VALENTÍ PUIG ABC 27 Mayo 2003

Reto para el socialismo
Editorial El Correo 27 Mayo 2003

Apuesta fuerte
Cartas al Director El Correo 27 Mayo 2003

Carta de Canarias: PP gana, la izquierda nacionalista pierde
Víctor Gago Libertad Digital  27 Mayo 2003

Los proetarras atacan con explosivos la vivienda de uno de los fundadores de Basta Ya
EFE Libertad Digital  27 Mayo 2003

«El plan Ibarretxe hará aguas porque se ha confirmado que Álava no es nacionalista»
AITOR ALONSO/VITORIA El Correo 27 Mayo 2003

Las elecciones vascas
CARLOS MARTÍNEZ GORRIARÁN ABC 27 Mayo 2003

Como se había previsto, las elecciones municipales en el País Vasco han servido a modo de test sobre dos importantes preguntas implícitas, y también para evaluar el estado actual del constitucionalismo vasco tras la relativa derrota del 13-M.

Comencemos por el doble test. Trata, naturalmente, del futuro de Batasuna (y por tanto de ETA), y de la respuesta al Plan Ibarretxe. Pues bien, estas elecciones han dejado bastante claro que Batasuna no tiene futuro fuera de las instituciones de las que ha sido expulsada con una ilegalización más que acertada. Aunque ha retenido como voto nulo casi la mitad de los votos de 1999, ha fracasado porque éstos no superan a los válidos en ninguno de sus feudos importantes, como Hernani, Mondragón, Lekeitio o Llodio. En las ciudades ha sido clarísimo el voto útil en beneficio de PNV-EA. En Vitoria, por ejemplo, donde había tres concejales de EH, los nulos no han llegado al 5%, dato que subraya la importantísima reválida de Alfonso Alonso. Todo señala una tendencia inexorable a la disolución del capital político etarra en el nacionalismo gobernante, y en mucha menor medida en Aralar, cuyos resultados en Navarra le permiten jugar la prórroga. La cosa es qué hará ETA -aparte del previsible comunicado triunfal- para reaccionar contra el desmoronamiento de su tinglado. Su suerte está echada: ir al basurero de la historia, y ya sólo por eso estas elecciones son una victoria memorable.

En conjunto, todo apunta a que los vascos pronto soportaremos un partido nacionalista unificado. Lo más probable es que se acelere la absorción de EA por el PNV, pues la coalición ha obtenido un resultado agridulce: bueno, sin duda, en Bilbao y con subida imprevista en la margen izquierda -gracias sin duda a la habilidad del aparato socialista vasco para ganar enemigos y perder votantes tradicionales-, pero frustrante en Álava, Vitoria y San Sebastián. A pesar del triunfalismo el voto nacionalista ha vuelto a bajar en bloque, porque PNV-EA sube a costa de la descomposición de Batasuna: los pronósticos acertaron al coincidir en que iba a beneficiarse de la denostada ilegalización del partido etarra. De modo que el PNV consolida su hegemonía en el campo abertzale, pero no consigue ni mucho menos la masa social necesaria para lanzar el proceso constituyente llamado Plan Ibarretxe. Aunque, dado el autismo reconocido de los promotores, no cabe esperar rectificación alguna, lo que augura nuevos choques del PNV con el Estado de Derecho.

La indudable frustración registrada en Bilbao, donde se ha rozado el triunfo sin atraparlo, debería hacer recapacitar a los estrategas de sillón que apostaban por el crecimiento de un PSE más «vasquista» a costa del nacionalismo más tibio, lo que justificaría el alejamiento del PP. En realidad, la suma de los votos constitucionalistas de Bilbao da un 45% contra un 41% de PNV-EA. Quizás hubiera sido posible ganar con una coalición local como la propuesta sin éxito por Mayor Oreja; en cualquier caso, la ejecutiva de Patxi López no tiene muchas razones para tirar cohetes: el PP les ha superado en las principales plazas, excepto en San Sebastián, donde sin embargo María San Gil ha ganado otro concejal y varios miles de votos.

La recuperación del constitucionalismo más comprometido ha sido espectacular en pueblos tan maltratados como Andoain y Zumárraga, ambos con mayoría absoluta constitucionalista, o Leiza en Navarra, antiguo feudo batasuno donde UPN es la fuerza más votada y pasa de dos a cinco concejales. Si añadimos el excelente resultado de Maite Pagazaurtundúa en Urnieta, municipio muy representativo del sueño nacionalista de convertir el país en una sidrería de diseño con internet, llegamos a una conclusión: el trabajo local serio y bien hecho siempre rinde resultados. Me parece que el mejor constitucionalismo vasco está muy bien representado por las campañas de San Gil o Pagazaurtundúa.

Una senadora en Maruri (II)
Iñaki Ezkerra La Razón 27 Mayo 2003

Lo conté la semana pasada y podía pensarse que era una anécdota pintoresca: por primera vez los vecinos de Maruri (localidad célebre por tener un párroco señalado y escoltado) iban a poder votar una candidatura constitucionalista, la que presentaba la senadora del PP Ascensión Pastor. Pues bien, la mujer que hizo la travesía del desierto en el Ayuntamiento de Bilbao durante la década de los noventa ha vuelto a realizar una hazaña: ha salido elegida concejala en ese pueblo donde vota Jone Goiricelaia, la «compa» de Otegui y de Josu Ternera en el Parlamento vasco, y donde ésta tiene una mansión como de Falcon Crest pero en versión autóctona o sea con frontón particular y ristra de pimientos colgada en el porche.

La llegada de Ascensión Pastor al Ayuntamiento de Maruri no es sólo la única alegría que me dio la triste noche de las municipales vascas. Es también un símbolo del lentísimo y exasperante avance del constitucionalismo en Euskadi. El PP no ha pagado el precio político que algunos vaticinaban por la guerra de Iraq y por la ilegalización de Batasuna. Mantiene el alcalde en Vitoria aunque quizá tenga que ceder al PSE-EE la presidencia de la Diputación de Álava, ha ganado un concejal en San Sebastián y sube 4.000 votos en Bilbao aunque obtenga los mismos ocho concejales que en la anterior legislatura. Pero que no haya pagado el precio vaticinado no significa que todos esos gastos de energías le hayan salido baratos. Ha pagado el precio de no convertirse en esa alternativa al nacionalismo que es la más largamente deseada de la etapa democrática. Pensar que hace un mes estos resultados habrían sido un milagro no es un consuelo para quienes agotamos dia- riamente el milagro de que no haya un atentado. A la peña constitucionalista de Euskadi los milagros ya nos parecen una cosa normal.

Ni la guerra ni la ilegalización de Batasuna han causado los estragos previstos. Los nazis de Otegui no se han levantado. Han aprendido a votar al PNV y a IU. Es un paso importante. No estamos peor que en el 13-M. Estamos mejor pero el problema es que aún no se ven los resultados del gran trabajo realizado. El problema es que en vez de ir por el atajo de ganar al PNV estamos yendo por el camino más difícil de ganar primero a ETA y su entorno. Estamos comiendo, en fin, el melón por la parte más dura, la cáscara, pero luego llegará el fruto. Sin ETA ni Batasuna, el nacionalismo se irá desinflando como el miedo y la arrogancia que hoy le votan. Antes o después se verán los resultados. Aprendamos la lección de esa senadora que ya es concejala en Maruri. Su lección no es haber llegado a concejala en territorio comanche. Es haber creído que podría serlo.

El líder sin atributos
Por CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC 27 Mayo 2003

LOS análisis que está haciendo José Luis R. Zapatero de estas elecciones se han dirigido más al interior de su propio partido que a la sociedad: no han tratado tanto de demostrar la debilidad del PP cuanto la fuerza de su liderazgo. Él mismo, su personalidad como líder, era «lo que se trataba de demostrar» en estas elecciones. Lo que se ventilaba el 25 -para el núcleo duro del PSOE y para el propio Zapatero- era su capacidad para conseguir el vuelco del poder en las generales.

Este era el desafío del domingo, y en esa clave hay que interpretar a Zapatero cuando dice que «por vez primera en diez años» el PSOE ha conseguido invertir las tendencias del voto. Está hablando de sí mismo, de su forma de dirigir el partido y se lo está diciendo no tanto a la sociedad o sólo a la sociedad sino a Felipe González, a quienes depositaron la confianza en él, a los equipos anteriores en la dirección socialista, a las bases; se está comparando indirectamente con Almunia y se está reivindicando como digno sucesor de González. La preocupación de Zapatero era salir mejor librado de esta prueba que sus predecesores, incluido el propio González en su tranco final. Por esa razón también ha dicho que los resultados han sido «un buen comienzo» para la contienda de las próximas legislativas. ¿Cabe una claridad mayor? La obsesión de Zapatero era despejarse a sí mismo como incógnita ante los suyos.

Este líder a prueba que ha sido Zapatero decidió pasar de la blandura de su primera etapa, de la sonrisa angelical y la oposición galante («el cambio tranquilo») a la estrategia de la desestabilización, a la oposición «salvaje» que diría alguna cantante. Bajó a la calle, se rodeó de pancartas y sindicalistas, encabezó una jauría humana en nombre de la paz, amparó la violencia, verbal y física. Y si hizo todo esto fue porque se sabía a prueba. Siendo poco de fiar como líder sensible a la cuestión nacional para los Paco Vázquez, José Bono, Rodríguez Ibarra y Nicolás Redondo... tenía que convencerlos, a ellos y a los González y Maragall, de que sería capaz de arrancarle espacio al PP en este ensayo general como promesa de la victoria en las generales. ¿Había que aliarse para ello con Llamazares? Y con el diablo si hiciera falta.

Yo no creo que Zapatero haya convencido en «la casa». Los resultados no han sido tan positivos para el coste que han tenido. Éxito habría sido conseguir la Comunidad de Madrid por mayoría absoluta. Con Llamazares es otra cosa. Y no ya por razones éticas o estéticas sin por razones de eficacia electoral. Si la «coalición social-comunista» resulta pasable en unas municipales puede ser mortal en unas legislativas. Recordemos a Almunia. Difícilmente se puede llegar a La Moncloa con el antiamericanismo zafio de Llamazares, con su prédica antiglobalizadora, con la reducción del atlantismo al entreguismo lacayuno, con su incapacidad para entender Europa en claves culturales o en claves militares o en cualquier tipo de claves porque sencillamente IU está en la prehistoria del Muro de Berlín... Difícilmente un partido democrático puede presentarse con credibilidad con semejante socio en unas generales y resulta del todo imposible que se pueda cohabitar en la Comunidad de Madrid con los hermanos de Madrazo mientras Ibarretxe presenta su plan independentista.

No creo que Zapatero haya despejado la incógnita ante el núcleo duro de su partido. Baleares está ahí como una seria advertencia. Detrás de las operaciones desvergonzadamente realistas viene el castigo. Pero a estas alturas, ¿cómo desembarazarse del «líder»?

Les liaisons dangereuses
Por JAIME CAMPMANY ABC 27 Mayo 2003

RODRÍGUEZ Zapatero y Gaspar Llamazares parecen hermanos de sangre o pareja política de hecho. Han comenzado una aventura de «liaisons dangereuses». Me parece una amistad peligrosa, sobre todo para Zapatero, que acaba de llegar y no sabe de la misa la media. Ese apaño, barbilleo, compadreo y cohabitación que se trae con el bolchevique terminará pagándolo caro. De momento, le servirá para ganar el poder en algunos municipios y sobre todo en la Comunidad de Madrid, donde siguen contando y recontando votos. Pero esos polvos políticos traerán lodos electorales para un socialismo que descolgó el retrato de Carlos Marx y se declaró demócrata.

Felipe González huyó de esa compañía como de la peste bubónica, y eso que la estatura intelectual, política y humana de Julio Anguita deja tamaño a Gaspar Llamazares. Los socialistas pactaban con los comunistas donde tenían necesidad de ello, pero dentro de un terreno acotado y sin meterse en la misma cama para toda la legislatura. Este Zapatero tiene prisas, y las prisas son casi tan malas consejeras como ese negro de apellido Blanco y el Caldera sin lañar. Si no se le ofusca la vista, lo habrá comprobado Zapatero en estas elecciones. La desmesura en las voces y en las acusaciones, la tormenta de manifestaciones y pancartas se han vuelto, al final, en contra suya. En total, Barcelona ha sufrido un desastre, cinco capitales andaluzas son peperas, han perdido las islas rubenianas de la ecotasa y han puesto, por sólo un puñado de votos, al más ceporro de los guerristas en la Comunidad de Madrid. En comparación con lo que esperaban, el parto de los montes.

A Zapatero le ha sucedido lo que es frecuente cuando un moderado se alía con un radical. Puestos a votar radicalismo, algunos electores no se andan con tiquismiquis, desechan escrúpulos y votan directamente a los radicales. Zapatero no ejerció su autoridad para sujetar la extravagancia federalista de Maragall, y ahí tiene la cosecha de su cobardía. Aragón no ha votado al socialismo de Zapatero, sino a la oposición insolidaria al Plan Hidrológico. No se atrevió el novato a mantener en límites razonables las acusaciones por el chapapote, y el Bloque ha rentabilizado aquella histeria sin sentido. Tampoco moderó el «No a la guerra» de Iraq, y los desaforados y violentos se le han subido, no ya a las barbas, sino hasta las cejas mefistofélicas.

Ahora, ya no puede echar a Llamazares de la cama matrimonial porque tendría que bajarse él y entregar el campo de plumas. Zapatero se ha condenado a sí mismo a una pena de cuatro años acostado con el bolchevique, adorador de Fidel Castro, que es lo que queda, y lo peor vendrá el año próximo cuando se presente ante los electores socialistas, ya no con su «oposición tranquila» y el cambio paciente, sino con el balance radical impuesto por su pareja de hecho. Izquierda Unida es el ejemplo de un largo y catastrófico fracaso y Llamazares es un superviviente del «hombre revolucionario y sagrado» de Bakunin: su misión es destruir. El hermano de sangre terminará por asesinar a Abel.

El espectacular triunfo del PNV
Germán Yanke  Libertad Digital 27 Mayo 2003

Leo en los periódicos de hoy: “Los nacionalistas rentabilizan la ausencia de Batasuna”, “Espectacular subida del PNV en Vizcaya”, “Ibarretxe consigue un nuevo triunfo para el PNV”, “PNV-EA barren en Vizcaya”, “PNV-EA avanzan posiciones”.

Los triunfos “espectaculares” del PNV son últimamente de naturaleza óptica, es decir, según las intenciones del que mira. Si tomamos las tres elecciones forales del pasado domingo (la elección de las Juntas Generales de las tres provincias, que son a su vez circunscripciones para las autonómicas y generales), la suma de votos obtenidos por la coalición PNV-EA y el propio PNV en aquellos lugares que se ha presentado en solitario ascienden a 511.416. No está mal y, ciertamente, ha conseguido arrastrar antiguos votos de Batasuna-ETA como en la propia noche electoral decía su presidente, Xavier Arzalluz.

Pero sumemos ahora los votos de las opciones constitucionales que, a diferencia de la coalición entre PNV y EA, comparecían por separado y con programas propios a estos comicios. Entre PSOE, PP y UA suman 471.319 votos. Es decir, la diferencia de los nacionalistas es tan sólo de 40.097 votos. Eso es el triunfo “espectacular” de PNV-EA: tener 40.097 votos más que las opciones constitucionales en un censo que supera los 1,8 millones de votantes.

Son estas, las elecciones forales, más favorables a los nacionalistas que otras, aunque para el efecto óptico de las valoraciones intencionadas da igual. En las últimas autonómicas la diferencia fue tan sólo de 24.094 votos y también se produjo, a la prensa me remito, un triunfo espectacular de Ibarretxe y sus cuates.

En Vizcaya (que supone la mitad de la población del País Vasco), leo una y otra vez, la coalición nacionalista “barre”. Pero, otra vez, la diferencia entre PNV-EA y los partidos constitucionales alcanza únicamente a 43.363 votos. Es cierto que PNV-EA tendrán desde ahora 27 junteros en Vizcaya y la suma de los de PP y PSOE sólo es de 21. Sin embargo, es efecto del sistema electoral, no de la “espectacular” diferencia de votos. Cada juntero cuesta a los nacionalistas 10.966 votos y a los constitucionales 12.034. O, lo que es lo mismo, la representación de los constitucionales es similar al porcentaje de votos conseguido (41%) mientras que los nacionalistas obtienen el 53% de los escaños con el 47% de los votos.

Anoto todo esto porque, con la típica manipulación nacionalista, ya se oyen voces, entre ellas la de Xavier Arzalluz, señalando que los resultados “permiten poner en marcha con garantía el plan Ibarretxe”. Los resultados, en cuanto a los números, son los señalados más arriba. Y, además: Alava seguirá gobernada por los constitucionales, como los ayuntamientos de Vitoria y San Sebastián (a la espera, claro, de Odón). En Bilbao gobernará el PNV, pero porque tendrá el apoyo necesario de Izquierda Unida, como en Getxo y otros municipios. En la Margen Izquierda del Nervión, el apoyo del PP permitirá que siga habiendo ayuntamientos constitucionales, como en otros de los principales municipios de Guipúzcoa, algunos de los cuales estrenarán alcaldes constitucionales. En Ermua y Lasarte, dos ejemplares alcaldes socialistas han revalidado su mayoría absoluta, como en Laguardia el PP. Seguirán diciendo que el escenario es “espectacular”.

La verdad, sin embargo, es que el único modo de “afianzar” el Plan Ibarretxe es atendiendo a su contenido esencial: la exclusión de los no nacionalistas. Los votos, el poder foral y municipal, dicen lo contrario.

La sucesión de Aznar y la opción Rato
Lorenzo Contreras La Estrella 27 Mayo 2003

Hay que insistir en el efecto que los resultados electorales del 25 de mayo pueden ejercer en la sucesión de Aznar. Los datos del País Vasco, por mucho que se edulcore su significado como reflejo de igualdad de fuerzas, representan la dureza pétrea de ese dique político que es el nacionalismo vasco consolidado. No se ha perdido para los nacionalistas Bilbao, con su ayuntamiento y su Diputación, aunque los populares no hayan a su vez perdido municipalmente Vitoria, del mismo modo que San Sebastián ha permanecido en manos del PSOE-PSE, que es tanto como decir bajo el control de ese personaje sospechoso llamado Odón Elorza. El desplazamiento de los votos batasunos ha funcionado, corroborando lo que temía Arnaldo Otegui en vísperas de los comicios: "al tripartito (coalición PNV-EA-IU) le interesa una izquierda abertzale débil para poder pactar en claves de regeneración estatutaria y no en claves de soberanía".

Pero, volviendo a la cuestión de la sucesión de Aznar, Euskadi justifica con su realidad política y su nacionalismo inconmovible una preocupación española de fondo. Y esa preocupación habrá de ser asumida y "administrada" por un nuevo rpesidente del gobierno que, si el PP ha de repetir mandato de cuatro años después de las elecciones de 2004, tiene que ofrecer unas connotaciones personales y políticas muy concretas. Jaime Mayor Oreja ha quedado fuera de juego. Mariano Rajoy es un gallego con cierta propensión a la tristeza del naranjo. Queda como valor apreciable a los efectos de un protagonismo políticamente idóneo, Rodrigo Rato, tan cargado de hipotecas de imagen personal como dotado de historial solvente en el orden financiero y económico. Y esa característica es muy importante, aunque requiera complementos serios de habilidad política, que a Rato no parecen faltarle.

Ayer hice referencia a lo que podría aportar con su indudable capacidad el alcalde electo Alberto Ruiz-Gallardón. Pero sus posibilidaes de auparse a la Moncloa como solución práctica frente a los retos del nacionalismo vasco y su voluntad de desobediencia insitutcional y civil, tropieza con un problema de coherencia política: si ha de convertirse en el sucesor de Aznar y candidato a la presidencia del Gobierno en las futuras elecciones generales habría que arrostrar desde la dirección del PP un grave inconveniente: la sensación de estafa para el electorado, que elige un alcalde, como ha sido el caso, pero sólo para unos meses, que no es precisamente el caso que podría esperar.

Cuando Aznar decidió instalar a Ruiz-Gallardón en la candidatura a la alcaldía de Madrid lo hizo por una razón obvia: temía perderla a manos de cualquier candidato combativo del PSOE. Y ese candidato, que resultaba ser la candidata Trinidad Jiménez, ofrecía una peligrosidad frente al deteriorado Alvarez del Manzano. Tan era así que Aznar, cuya opción inicial favorecía la candidatura de Esperanza Aguirre, también sopesó el riesgo de que la antigua ministra de Cultura y presidenta del Senado no fuera la mejor designación.

Ahora puede el presidente plantearse cuál haya de ser lo más conveniente para garantizarse una sucesión sin riesgos. Y ahí está el problema. La candidatura del nuevo alcalde presenta el problema ya indicado. Rodrigo Rato asoma su figura política con posibilidades razonables.

Vencedores o vencidos
SANTIAGO GONZÁLEZ/ El Correo 27 Mayo 2003

Pocas dudas pueden caberle a nadie sobre los resultados de las elecciones del pasado domingo en el País Vasco. La coalición PNV- EA ha obtenido cien mil votos más que en las últimas municipales. La ilegalizada Batasuna obtuvo 228.147 votos en las elecciones del 99. Los votos nulos, atribuibles en su práctica totalidad a los radicales, rondaron en 2003 los 128.000. Los 100.000 votos que se les han escapado a ETA han ido a parar a la coalición felizmente gobernante y, en menor medida, a Izquierda Unida y a Aralar. El campo del constitucionalismo, integrado por populares y socialistas y Unidad Alavesa ha aumentado en 36.000 su número de votos y se ha visto reforzado en Guipúzcoa.

Salvo en las diputaciones de Vizcaya y Guipúzcoa, en las que PNV y EA han alcanzado mayorías absolutas, en la de Álava y en la mayor parte de los ayuntamientos harán falta pactos para gobernar. El mapa resultante, se ha dicho hasta la saciedad, pero no conviene olvidarlo, es plural y para pastorear los rebaños va a hacer mucha falta la práctica de la elegancia social del acuerdo.

¿Cómo queda el plan Ibarretxe a la luz de los resultados? ¿Está el partido-guía «muy bien preparado para sacar adelante el plan Ibarretxe», según la expresión con que Arzalluz hizo su valoración electoral la noche del domingo? Examinada la cuestión con prudencia hay que concluir, con la sabia apreciación de Teo Uriarte, que inmutable: «si (las elecciones) las gana el PNV, se radicalizará y si las pierde, se radicalizará aún más». Algo demuestran, sin embargo, estas elecciones y es que ese voto autonomista que se expresa en nacionalista viene a ser un conjunto vacío. El lehendakari ha hecho mención explícita de su plan, en lugar de escamotearlo. No es que en el partido-guía no haya voto autonomista, pero no tiene autonomía de criterio. Votará por lo que se le proponga.

Los socialistas no han obtenido malos resultados, pero sus votos vienen con un mandato implícito para poder capitalizarlos; el argumento de campaña según el cual el PSE se iba a convertir en la fuerza necesaria para los pactos de gobierno es cierto, pero sólo si esos pactos son con el PP. Acuerdos con el PNV en favor de la lista más votada supondrían la pérdida de la casi totalidad de las alcaldías de la margen izquierda.

Otro gran triunfador de la jornada fue Javi Madrazo, con casi 39.000 votos más que en las anteriores municipales. ¿Qué mejor ocasión para un abrazo? Es, quizá, la opción que en mayor medida ha capitalizado el 'no a la guerra'. Más en el País Vasco que en el resto de España. ¿Se convertirá Madrazo en un modelo para Llamazares? ¡Virgen Santa!

La noche del trasvase
VALENTÍ PUIG ABC 27 Mayo 2003

El alcalde de Barcelona anunció prontamente «una dirección más a la izquierda». Ese fue un trance de gran levedad, revelador de un instinto político avezado a las superficies. Casi a pie de urna, Clos ya entregaba poderes a los republicanos independentistas y a los eco-comunistas, como si el cuarto de millón de votos que los barceloneses le habían otorgado, con nota de insuficiente, contasen menos que los ciento ochenta mil que sumaban ERC e ICV-EA. Precipitadamente, esbozaba un cartapacio municipal de concesiones a sus aliados, ambos en avance electoral -ERC, con ganancia de dos concejales e ICV-EA, de tres-. De veinte que tenía, el PSC-PSOE perdió cinco concejales en Barcelona y su retroceso en el conjunto de Cataluña explicaría la reacción tan precipitada de Clos, como quien intenta taponar una hemorragia con cualquier cosa que tenga a mano.

La sombra de Pasqual Maragall apareció en el tercer acto, mientras en Baleares y Valencia se hacía imposible ese «frente de progreso» que había sido el antepenúltimo paradigma político del maragallismo, después de haber querido convertir el socialismo catalán en el partido demócrata americano. Las pérdidas electorales del socialismo catalán en Barcelona, Lérida y Gerona en algo van a incidir en la secreción de paradigmas -modelos de España, de la izquierda europea, del País Vasco- que es propia del maragallismo, aunque eso no quiere decir que en los elecciones autonómicas de otoño no pueda recuperar los votos que se le fueron a ICV-EA, del mismo modo que CiU no tiene porque dar por perdidos los votos soberanistas que se le han ido a ERC.

Lo más curioso es que la ciudad que quiso ser capital protestataria contra la guerra de Irak aproveche la postguerra para dar un concejal más al PP, pasando de seis a siete. El alcalde Clos, mientras tanto, ha redescubierto el consenso. En Barcelona, incluso los feudos son de diseño. vpuig@abc.es

Reto para el socialismo
Editorial El Correo 27 Mayo 2003

El cierre de los colegios electorales el pasado domingo dio paso a la carrera electoral que desembocará en los comicios generales de marzo de 2004. Las elecciones locales y autonómicas demostraron que la alternancia política no puede sustentarse únicamente en el lógico desgaste que experimenta todo partido en el gobierno. La oposición política se convierte en alternativa real cuando, además de atraer el descontento que suscita toda acción de gobierno prolongada, es capaz de generar la confianza suficiente como para que la ciudadanía estime que el cambio redundará en su propio beneficio. No es ésta una necesidad estratégica que ataña en exclusiva al partido aspirante, en este caso al PSOE. Son la sociedad y la propia democracia las que requieren de proyectos políticos sólidos, creíbles y contrastados como garantía de que cualquier propuesta de cambio no altere ni ponga en peligro los logros conseguidos hasta el momento. La réplica dada por el PP al anunciado avance socialista constituye su mejor ejemplo.

La eventualidad de una alianza entre formaciones como el PSOE e IU no puede ser objeto de estigma alguno, ni siquiera en medio de la refriega de una campaña electoral. Pero parece indudable que tal supuesto tampoco resulta inocuo a los ojos del electorado, tal y como ha quedado reflejado en los resultados del pasado domingo. Probablemente porque denota carencias de representatividad y solidez en el primer partido de la oposición, y porque genera dudas razonables respecto a los postulados programáticos de quienes aspiran a gestionar asuntos de indudable interés público. El previo anuncio de que dos opciones que se presentan por separado ante las urnas tienen el propósito de aliarse después suscita desconcierto e incluso desconfianza en el electorado. El hecho de que, en unas circunstancias aparentemente propicias, la formación liderada por Llamazares no haya obtenido un mejor resultado que el logrado en 1999 demuestra que la escenificación de una disputa maniquea entre izquierdas y derechas no logra seducir a esa parte de la sociedad que pudiera secundar la alternancia.

Las elecciones en Euskadi han colocado al socialismo vasco ante un difícil dilema, que pondrá a prueba la cohesión interna del PSE-EE: constreñir el compromiso constitucionalista que mantiene con el PP al gobierno del Ayuntamiento de Vitoria y de la Diputación alavesa, o extender dicho compromiso al conjunto de las instituciones de la comunidad autónoma. Desde la clausura del congreso que eligió a Patxi López como nuevo secretario general en sustitución de Nicolás Redondo, el socialismo vasco no se había enfrentado a una situación tan determinante respecto a su propio futuro y al futuro de las relaciones políticas en Euskadi. La decisión que adopte el PSE-EE es privativa de sus órganos de dirección y, en última instancia, de los electos socialistas que conforman los consistorios. Pero por difícil que resulte la solución del dilema, es indudable que el socialismo vasco se halla comprometido por el mensaje dirigido a su propio electorado frente a los propósitos soberanistas del nacionalismo.

El nacionalismo gobernante ha presentado su éxito electoral como la victoria del diálogo frente a la imposición. Tal lectura representa, cuando menos, una versión sesgada e interesada de los hechos que han jalonado tanto la política vasca en general como la gestión de las instituciones locales y forales dirigidas por el nacionalismo. Por muchas que sean las razones que pudiera esgrimir el partido de Ibarretxe y Bilbao para criticar la actuación de populares y socialistas, resulta evidente que las decisiones adoptadas por los dirigentes de PNV y EA han sido marcadamente unilaterales, acompañadas de la correspondiente coletilla de que el acuerdo con los demás resultaba imposible. Ése ha sido el talante real con el que el lehendakari Ibarretxe definió su proyecto de «estatus de libre asociación» para Euskadi y estableció el calendario que de seguro se dispone a cumplir. Ésa ha sido también la actitud de quienes en nombre del nacionalismo han encabezado instituciones locales y forales en minoría, considerando que las condiciones que la oposición proponía para un posible acuerdo resultaban, simplemente, impresentables. Nadie podría hoy poner objeción alguna al resultado electoral allí donde una determinada formación haya obtenido la mayoría absoluta. Pero debería ser precisamente el diálogo entre los grupos representados lo que determine la composición del gobierno de aquellas instituciones en las que nadie haya alcanzado dicha mayoría.

El nacionalismo gobernante sabe que el denominado Plan Ibarretxe, la definición unilateral del horizonte que el abertzalismo depara al conjunto de la sociedad vasca, constituye el obstáculo principal para el diálogo entre nacionalistas y no nacionalistas en Euskadi. Y debería saber que la persistencia de dicho Plan compromete a las fuerzas constitucionalistas en su empeño común por evitar un escenario de ruptura de la convivencia entre los vascos. El nacionalismo gobernante ha de ser consecuente con su propia actuación, reconociendo que la mera existencia del Plan Ibarretxe desbarata el principio de que deba respetarse la primacía de la lista más votada si ésta no logra, mediante el diálogo, los apoyos suficientes para dotarla de una mayoría suficiente.

Apuesta fuerte
Begoña Angulo Fuertes/Bilbao Cartas al Director El Correo 27 Mayo 2003

Ana es una mujer como cualquier otra. Es hija, madre, esposa, compañera, amiga y mujer trabajadora. Además, Ana es concejal de un partido no nacionalista en un Ayuntamiento de la Comunidad Autónoma Vasca, y solamente por eso ETA le ha puesto una diana en la espalda. Ha sufrido pintadas amenazadoras en la puerta de su casa, ha padecido acoso telefónico y se ve obligada a cambiar continuamente de horarios y costumbres para distraer a sus perseguidores. Afortunadamente, Ana ve protegida su vida por sus guardaespaldas que, a modo de ángeles de la guarda, velan por su vida y su integridad física. La cuestión es que desde hace varios años y por la persecución etarra, Ana no puede tener un horario laboral regular, ni ir a ver a su abuela los domingos, ni salir a cenar con su marido los viernes, ni venir a las reuniones de amigas de los jueves, ni puede llevar a sus hijos todas las mañanas al colegio. Gracias a que, a pesar de la última amenaza de muerte de los terroristas, Ana vence el miedo y sigue adelante, nos hace a todos más libres. Gracias a ella y a sus compañeros y compañeras de los partidos amenazados por ETA el derecho de sufragio es una realidad. Gracias a que trabajan desde nuestros ayuntamientos, la democracia y la pluralidad siguen vivas a pesar de ETA y su entorno. Por eso, escribo estas líneas para que Ana y todas las personas amenazadas tras el último comunicado de ETA sientan apoyo, comprensión, solidaridad y el mayor agradecimiento por la apuesta tan fuerte que están haciendo por la ciudadanía y la democracia.

Carta de Canarias: PP gana, la izquierda nacionalista pierde
Víctor Gago Libertad Digital  27 Mayo 2003

Las Elecciones de este domingo han puesto patas arriba el alambicado equilibrio político del Archipiélago, en el que las cosas rara vez son lo que parecen. El triunfo de Coalición Canaria (CC) en el Parlamento regional encierra la paradoja de que es, ante todo, una derrota en toda regla, la más rotunda que ha sufrido esta formación, amalgama de partidos localistas y de retales de la izquierda.

Sus 22 escaños (dos menos que en la consulta de 1999) no son, siquiera, la victoria pírrica que aparentan, frente al empuje del Partido Popular (PP), que pasa de 15 a 17, y queda a tan sólo 15.000 votos de los insularistas. Pero no es ése el despeñamiento de CC, apenas amortiguado por un desquiciado sistema electoral como el que rige, excepcionalmente, en esta Comunidad, en el que el voto de un ciudadano de Las Palmas de Gran Canaria o de Santa Cruz de Tenerife vale menos que el de otro de Valverde (El Hierro) o de San Sebastián (La Gomera).

Sólo un régimen así es capaz de producir una distribución de escaños tan pervertidora de la voluntad democrática: la diferencia de PP y CC es de 1,6 puntos (favorable a CC), y los populares obtienen cinco escaños menos que los insularistas; PSOE ha cosechado 49.000 votos menos que PP (5,39 puntos de diferencia) y, sin embargo, obtiene un escaño más que los populares. Consciente de la fuerza que acaba de ganar en la política regional, José Manuel Soria, candidato del PP, ha anunciado que la reforma de la Ley electoral isleña será una de las prioridades de su partido, a la hora de pactar la gobernación del Archipiélago; un pacto que, previsiblemente, cerrará con CC, aunque ya no será la misma CC, ni tendrá tanta fuerza. La derrota de CC hay que medirla en el hundimiento de su facción de izquierda, ICAN, que ha sido barrida por el PP en Gran Canaria, una de las dos islas capitalinas.

CC se sostiene en una estructura de dos pilares: las AIC, o federación de partidos de ámbito insular y de corte moderado, cuyo centro de decisión se encuentra en Tenerife, y, por otro, ICAN, el partido del presidente del Gobierno saliente, Román Rodríguez, en el que confluyen desde ex comunistas como José Carlos Mauricio, hasta nacionalistas de izquierda como el propio Rodríguez, pasando por asamblearios rurales y partidarios de la teología de la liberación, sandinistas, castristas y amigos de variopintas tiranías. Las candidaturas de ICAN-CC acaban de ser devastadas por el electorado de Gran Canaria, su bastión.

Desde la propia candidatura de Rodríguez al Parlamento, el desmoronamiento ha sido en cascada. José Manuel Soria (PP) ha vapuleado al todavía presidente, doblándole en número de votos y de escaños ( 8 frente a 4). El presidente de los populares isleños, que también optaba al Cabildo Insular, infligió un castigo aún mayor al candidato de ICAN, Carmelo Ramírez (conocido popularmente como "subcomandante Ramírez"), y el PP gobernará por mayoría absoluta, por primera vez, esta institución clave en la estructura territorial del poder en Canarias. En el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, el PP renueva por tercera vez su mayoría absoluta y estrenará alcaldesa, Josefa Luzardo. En esta capital, ha fracasado la táctica de ICAN para presentar una candidatura con antifaz moderado, encabezada por la ex diputada del PP, Bernarda Barrios. Pero el derrumbe más catastrófico para la facción radical de CC se ha producido en Telde, Arucas, San Bartolomé (Maspalomas) o Mogán, municipios en los que ha gobernado desde hace quince años, aplicando el clientelismo más abyecto y un control totalitario de los resortes de la libertad individual y de la sociedad civil.

El final de la extremidad izquierda de CC es un hecho y obliga a la coalición insularista a cambiar de modelo de organización y a reconstruir su siempre delicado equilibrio interno, que el empuje del PP ha hecho saltar por los aires. Aunque las crónicas no lo reflejen, Canarias ha sido liberada, y se abre un tiempo nuevo, después de veinte años de atraso democrático, intervencionismo y miedo; un tiempo de libertad, que no es poco.

Los proetarras atacan con explosivos la vivienda de uno de los fundadores de "Basta Ya"
EFE Libertad Digital  27 Mayo 2003

Los proetarras han atacado con explosivos el domicilio de Yagoba Gutiérrez, militante del PSOE y fundador de la plataforma “Basta Ya”. Por fortuna, no se han producido daños personales. Este ataque se produce apenas unas horas después de que "Basta Ya" hiciera público su propio análisis tras las elecciones, dándole la vuelta a los argumentos nacionalistas.

Hacia la medianoche de este lunes, los proetarras colocaron en la puerta de la vivienda de Yagoba Gutiérrez, situada en la calle Cooperativa Unión Begoñesa, del Barrio de Santutxu, dos bombonas de cámping gas, una botella con líquido inflamable y tres artefactos pirotécnicos. Una primera explosión despertó al padre de Yagoba, que abrió la puerta y de un puntapié consiguió apartar los otros dos artefactos, con lo que evitó que explotaran las bombonas de cámping gas, según las mismas fuentes. La explosión afectó a la puerta de la casa y a un vehículo aparcado junto al domicilio de Yagoba Gutiérrez.

Este ataque de los proetarras se produce pocas horas después de que “Basta Ya” hiciera público su propio análisis tras las elecciones del 25-M. Para la plataforma, el dato más importante que se desprende de los resultados en los municipios vascos es que el Plan Ibarretxe sufre un grave “parón”, a pesar de que Xabier Arzalluz, el presidente del PNV, dijera que, tras los comicios, “estamos preparados para sacar adelante el Plan Ibarretxe”. Según “Basta Ya”, tras el 25-M “no hay mayoría electoral para poner en marcha los planes soberanistas, aunque sin duda Ibarretxe, el autista, irá a lo suyo. La coalición PNV-EA necesita más que nunca a IU –que según dice no comparte el Plan Ibarretxe–, sobre todo en Bilbao” Para la plataforma, “el conjunto del voto nacionalista, voto nulo inclusive, ha experimentado otro retroceso”.

ALFONSO ALONSO, CANDIDATO A ALCALDE DE VITORIA POR EL PP
«El 'plan Ibarretxe' hará aguas porque se ha confirmado que Álava no es nacionalista»
«Sería muy bueno para la ciudad que el PSE gobernara junto a nosotros», dice Alonso, el candidato más votado
AITOR ALONSO/VITORIA El Correo 27 Mayo 2003

Alfonso Alonso (Vitoria, 1967) liderará con toda probabilidad, por segundo mandato consecutivo, el Ayuntamiento de Vitoria, una de las dos grandes instituciones del País Vasco -la otra es el Consistorio de San Sebastián, con el socialista Odón Elorza al frente- donde el nacionalismo ha fracasado en su intento de recuperar el poder. Alonso, que ha gobernado en minoría durante cuatro años con UA y el apoyo externo del PSE, no oculta su satisfacción porque los constitucionalistas conserven la mayoría en Álava tras los comicios del domingo. «El nacionalismo ha conseguido sólo 19 de 51 procuradores de las Juntas Generales. Eso demuestra que Álava no es nacionalista. El 'plan Ibarretxe' hará aguas aquí», proclama Alonso. El alcalde en funciones y aspirante a la reelección por el PP queda ahora a la espera de si su partido formaliza o no un pacto con los socialistas -a quienes tiende la mano- para saber si disfrutará de cuatro años de mayoría y estabilidad en Vitoria, o si tendrá qu afrontar un cuatrienio mucho más problemático a la búsqueda de acuerdos diarios.

-El PP ha conseguido revalidar su histórica victoria de hace cuatro años en Vitoria, cuando apeó por primera vez al nacionalismo del poder. ¿Mantener los 9 concejales que tenía y retroceder un 0,34% en porcentaje de voto cuando las encuestas vaticinaban les vaticinaban ser segundos es un éxito?
-Hemos tenido un respaldo importante. Hemos subido en votos y creo que ningún alcalde ha tenido nunca tantos sufragios en unas elecciones en Vitoria, lo que coincide con los máximos históricos que han conseguido otros partidos. No sólo hemos aguantado bien, sino que hemos ganado. El objetivo se ha cumplido.

-¿A qué atribuye el respaldo de los vitorianos a un partido que parecía 'tocado' a nivel nacional?
-Eran unas elecciones muy complicadas para nosotros por tres factores. Primero, por la concentración de voto nacionalista. Ellos iban todos juntos, PNV, EA y Batasuna; segundo, por una situación nacional muy desfavorable para el PP; y, en tercer lugar, por la dispersión del voto constitucionalista. Los 5.600 votos de UA no han servido para nada, se han perdido y es una lástima. Frente a eso, creo que los vitorianos han entendido nuestro esfuerzo por elaborar un proyecto de estabilidad y de ciudad plural para el futuro.

Tres siglas diferentes
-El PNV ha recuperado la primacía en la provincia, pero previsiblemente no gobernará la Diputación. ¿Cómo interpreta lo ocurrido en Álava?

-Era una victoria previsible, porque todo el voto nacionalista se ha presentado en una opción, muy concentrado, mientras que los constitucionalistas hemos acudido a las urnas bajo tres siglas diferentes. Pero no hay que olvidar que todo el voto nacionalista en Álava son sólo 19 junteros de 51, y eso no es ninguna mayoría. Esta es la voluntad del pueblo y demuestra que estamos en una sociedad plural. Los nacionalistas han quedado primeros en número de votos, pero se trata de una victoria muy relativa.

-¿El 'plan Ibarretxe' puede quedar así frenado en Álava?
-Álava no es nacionalista. La amplísima mayoría de los representantes institucionales, tanto en las Juntas como en el Ayuntamiento de Vitoria, no lo son. No es sólo que el plan vaya a hacer aguas aquí, que las hará, es que no tiene ningún futuro porque conduciría a una fractura social muy grave y a una división profunda entre los vascos. No es un plan para la concordia, sino para el enfrentamiento. Por eso es un plan que no tiene ninguna posibilidad de salir adelante. Y mucho menos en Álava, donde hay una mayoría de constitucionalistas muy clara.

-¿Le entristece que los foralistas, con quienes ha gobernado durante cuatro años, se hayan quedado sin representación en Vitoria y con un solo juntero en Álava, lo que les pone al borde de la desaparición?
-Creo que ahora reconocerán que cometieron un error y que se lanzaron a una aventura sin salida que ha perjudicado a la representación de los constitucionalista. En cierta medida nos sentimos herederos del mensaje de UA. Por eso quiero decir a sus 5.600 votantes que el PP les representará en la Corporación vitoriana.

Triunfo de la democracia
-¿Aspira el PP alavés a mantener el Ayuntamiento y la Diputación, las dos grandes instituciones vascas que ha gobernado en estos cuatro años?
-Pienso que sí. Nuestro resultado ha sido bueno. Los vitorianos han hablado y debemos analizar y entender lo que han querido decir. Yo interpreto que no han querido grandes cambios, han entendido bien la desaparición de Batasuna y el triunfo de la democracia que ello supone, y creo que nos indican que el mandato es que profundicemos en un gobierno plural, para todos.

-Pero el PSE exige dirigir una de las dos instituciones, preferiblemente la Diputación, para pactar con el PP. ¿Es negociable?
-Lleva tiempo pidiéndola, ¿no? Ya la pedían antes de que hablaran los ciudadanos en las urnas. Pero el hecho es que el PP es quien ha ganado las elecciones y, por tanto, queremos asumir la máxima responsabilidad. Ellos piden ahora una de las dos instituciones. Nosotros les hemos ofrecido durante cuatro años formar parte de ellas, y no quisieron. Espero que esta vez estén dispuestos a asumir el compromiso.

-¿Se lo ofertarán de nuevo?
-La mano está tendida, lo he dicho y me reafirmo en ello, a quien respeta la Constitución, el Estatuto y nuestro modelo de convivencia. Y en esa situación es evidente que el PSE tiene posición de privilegio en nuestra elección.

-¿Desea la incorporación del PSE al gobierno municipal que presida?
-Sí. Deseo un gobierno de amplia base y sería muy bueno para Vitoria que pudiera haber un gobierno con una mayoría tan sólida.

-¿A cambio de ceder Diputación?
-No, no. No quiero aventurar ese tipo de cuestiones.

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