AGLI

Recortes de Prensa     Jueves 29 Mayo  2003
PP y PSOE cayeron en la trampa
Luis María ANSON La Razón 29 Mayo 2003

«No pasarán»
CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC 29 Mayo 2003

Ortuella como símbolo
Germán Yanke Libertad Digital  29 Mayo 2003

Basta Ya desmonta los argumentos de Arzalluz tras el 25-M
Basta Ya Libertad Digital  29 Mayo 2003

Un embarazo de penalty
Julián Lago La Razón 29 Mayo 2003

Malabares electorales
Editorial El Ideal Gallego 29 Mayo 2003

La rebeldía nacionalista vasca
Lorenzo Contreras La Estrella 29 Mayo 2003

Ahora, Cataluña
Editorial ABC 29 Mayo 2003

PP y PSOE cayeron en la trampa
Luis María ANSON La Razón 29 Mayo 2003
de la Real Academia Española

Populares y socialistas han aceptado el resultado de las elecciones en las Vascongadas como si fuera democrático. No es verdad. El País Vasco padece bajo la dictadura del miedo. El ciudadano medio está coaccionado, presionado, vandalizado. No tiene libertad ni para hablar abiertamente en el bar mientras se toma un chiquito. Teme que le escuche un batasuno camuflado y le denuncie. En algunos pueblos pequeños la coacción es tan bárbara que nadie se atreve a rechistar. El País Vasco está matoneando por un sistema dictatorial que se extiende también a la educación, a los medios de comunicación públicos, a la Universidad.

El voto en aquella región española no es libre. Considerar los resultados como si fueran los de Murcia o Extremadura constituye un error descomunal. Es la trampa en la que han caído el PP y el PSOE. Los resultados en las provincias vascongadas no derivan de la voluntad popular libremente expresada. Si allí hubiera libertad como en el resto de España, las cifras habrían sido distintas. La farsa electoral en el País Vasco es inaceptable. No sería mala idea que el ministro del Interior al hacer públicos por televisión los resultados de las elecciones dijera al llegar al País Vasco: «Ofrecemos estos datos sabiendo todos los partidos democráticos que muchos ciudadanos vascos no se atreven a expresar su opinión real».

«No pasarán»
Por CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC 29 Mayo 2003

EL PSOE no tiene dirección. No sabe adónde va. Avanza -o retrocede- a tientas. Marcha con quien puede. En Madrid, en coalición con los comunistas; en Barcelona también y con los republicanos de izquierda; en Galicia gobernará ayuntamientos con los independentistas del BNG; en el País Vasco aspira secretamente a desbancar a Madrazo en los favores al PNV... Donde ya no podrá seguir haciendo oportunismo es en Baleares...

Por supuesto que el PSOE juega con España y con su unidad al jugar peligrosamente con el sistema de partidos. No hay que ser apocalíptico para denunciar esto. Sólo los bobos, sean o no analistas políticos, profesores o barrenderos, pueden tomarse a chacota la degradación de un partido «nacional», y los demás seríamos demasiado piadosos si, por nuestra parte, intentáramos definir esta descoordinación como una estrategia basada en políticas locales. Lo de ahora es la caricatura de aquel reparto de poderes territoriales con el que González pensó que podría eternizarse en el poder. ¿Qué derecha sería capaz de desbancarle si se lo montaba bien con Pujol y Arzalluz? Fue Pujol quien inició el derribo cuando se negó a votar los presupuestos del 93. No se le había pasado a González por la imaginación una traición semejante quizá porque nunca supo de qué son capaces los nacionalistas. Ahora, una vez caído él, está con ellos para lo que sea. Que lo que funcionó para su destrucción, funcione para los demás, para el PP. Desde entonces González perdió el interés por España como idea y pasó a tenerlo por España como empresa y, a partir de ahí, no supo transmitir a los suyos más que rencor, rencor al enemigo, al PP, a Aznar. Este es el patrimonio que les ha dejado. Conseguir el poder allá donde esté y con quien se pueda, incluso con aquellos con los que él jamás se habría juntado, con los comunistas...

Zapatero es el continuador de la ausencia de política, de la inanidad ideológica, de la incapacidad estratégica. En estas condiciones, ¿cómo iba a despreciar la coalición con Llamazares y las movidas con los sindicatos y los grupos de la antiglobalización? Entre todos le hicieron creer que el poder estaba en la calle. Y la legitimidad. Es posible que aún no haya salido de ese sueño tan poco democrático. Zapatero creyó que iba a utilizar a Izquierda Unida como si se tratara de una «claque» pero ésta se hizo, en unos días, con la función. Fue Zapatero quien se convirtió en la «claque» y quizá aún no se haya percatado de que la victoria en la Comunidad de Madrid es una piedra de molino en el cuello del Partido Socialista. Es posible que -enloquecido por tocar poder y así justificarse ante sus mayores- no sea consciente del inmenso fraude que supone entregar la Comunidad a un partido del seis por ciento. ¿Está tan ciego como para no caer en la cuenta de que el pueblo madrileño ha rechazado de forma clarísima a Izquierda Unida y que meter esta de matute en el Gobierno de la Comunidad es un desafío antidemocrático por mucho que se revista de legalidad?

El PSOE ha pagado un alto precio por seguir a Izquierda Unida en su antiamericanismo y pagará el ensayo social-comunista en la Comunidad de Madrid.

Pero, ¿acaso no se trataba de tocar poder y cerrar el paso al PP en Madrid o en el País Vasco? Lo ha dicho Llamazares con un eslogan de guerra, de nuestra guerra del 36: «El PP no pasará, nuestra misión histórica es no dejar pasar al PP». Pero lo peligroso no es que esto lo diga el dirigente de un partido que es desde hace tiempo el negativo de aquél que hizo de la reconciliación una bandera, que asumió la monarquía parlamentaria y que hoy se dedica a desenterrar cadáveres y eslóganes de guerra... Lo grave es que ese partido sea el que dirige a este PSOE desnortado, sin rumbo, a la deriva.

Ortuella como símbolo
Germán Yanke Libertad Digital  29 Mayo 2003

El Partido Popular, como era de esperar, ha anunciado que votará a los candidatos socialistas en los municipios vascos que precisen su apoyo para ser elegidos alcaldes. Lo hace sin pedir por ello contrapartidas, incluso en el ayuntamiento de San Sebastián, votando a Odón Elorza, si no suscribe, como a veces amenaza, acuerdos con los nacionalistas previos al pleno del próximo 14 de junio. Más que generosidad, que tampoco hay que despreciarla, el gesto es, sobre todo, la constatación de que el PP apoya sin fisuras las mayorías constitucionales y el entendimiento con el PSOE para la defensa de la legalidad y los derechos individuales en el País Vasco.

Por el contrario, el señor López, secretario de los socialistas vascos, ha indicado que no habrá pactos globales y que cada candidato socialista, allí donde pueda, es libre de establecer los acuerdos que considere oportunos para lograr el mayor número de alcaldes. Esta decisión merece una doble consideración y una coda.

En primer término, el objetivo de conseguir el mayor número de alcaldes no es exactamente lo mismo que una apuesta decisiva por mayorías constitucionales y no responde, además, a la promesa electoral de los dirigentes nacionales del PSOE que, bien es cierto que presionados por las preguntas de sus adversarios políticos, señalaron que pactarían con el PP y utilizarían cada voto para oponerse a los planes excluyentes y antidemocráticos de Ibarretxe. En segundo término, esta decisión de López y sus seguidores hace un flaco servicio a Rodríguez Zapatero manteniendo, en contra de sus promesas citadas, la duda acerca de la actitud del PSOE en el País Vasco y ante el embate totalitario del nacionalismo. Parece que los socialistas se niegan, sorprendentemente, a cerrar, ninguno de los frentes y problemas que hicieron que el pasado día 25 no consiguieran dar el vuelco electoral que presagiaban.

En esta ambigüedad socialista, en la que un supuesto pragmatismo (que interesa a sus cargos más que a los ciudadanos) se coloca por encima de los principios (que interesan a los ciudadanos y deberían interesar a los políticos del PSOE), hay un hecho significativo y hasta simbólico. En el municipio de Ortuella, los votantes castigaron más que lo que el PSOE esperaba, al actual alcalde, el señor Pastor, también secretario de los socialistas vizcaínos, receloso atrabiliario de los pactos constitucionales, socio de Eusko Alkartasuna hasta sin necesitarlo. Cuando parecía que tenía que dejar la alcaldía, el último recuento proporciona al PP en Ortuella un concejal con el que el señor Pastor, tan suyo, será de nuevo alcalde.

Pero vayamos con la coda, que no es la peripecia de este socialista. Lo lógico habría sido un serio y permanente acuerdo del PSOE con el PP, pero la decisión de López y sus consejeros coloca en un brete a Javier Rojo, secretario de los socialistas alaveses y miembro del Comité Ejecutivo del PSOE por decisión expresa de José Luis Rodríguez Zapatero. El señor Rojo quiere ser diputado general de Álava aunque quedó en las elecciones siete puntos por debajo del candidato popular, Ramón Rabanera. Ahora, el señor Rojo no podrá alegar un pacto global ni una negociación mediando el apoyo a otras candidaturas del PP. Para su absurda pretensión, sólo podrá decir que es lo que le apetece, por encima de la realidad electoral, del entendimiento entre partidos constitucionales y de la defensa conjunta de la Constitución. Además del sentido común, la calculada ambigüedad socialista ha dejado en mal lugar al paradójico señor Rojo. Como en Ortuella al señor Pastor.

"Basta Ya" desmonta los argumentos de Arzalluz tras el 25-M
Libertad Digital  29 Mayo 2003

Poco le va a durar a Arzalluz el análisis que hizo del 25-M en el País Vasco y Navarra. Dijo que el PP perdía el "trofeo de Bilbao" y no lograba mantener el "rehén de Álava", afirmando que "estamos preparados para sacar adelante el Plan Ibarretxe". Sin embargo, la plataforma "Basta Ya" ha hecho su propio análisis, que tira por tierra las palabras de Arzalluz.

A continuación, reproducimos íntegro el análisis realizado por la plataforma "Basta Ya", que deja en evidencia las interpretaciones de los nacionalistas sobre su triunfo en las elecciones del pasado domingo:

ANÁLISIS DE LOS RESULTADOS:
1. Parón del Plan Ibarretxe: no hay mayoría electoral para poner en marcha los planes soberanistas, aunque sin duda Ibarretxe, el autista, irá a lo suyo. La coalición PNV-EA necesita más que nunca a IU -que según dice no comparte el Plan Ibarretxe-, sobre todo en Bilbao. Habrá que hacer un análisis mucho más detallado, pero en estas elecciones el conjunto del voto nacionalista, voto nulo inclusive, ha experimentado otro retroceso.

2. El fin de Batasuna: aunque ha habido un número considerable de votos nulos de AuB, hay que destacar la fuga en las grandes ciudades hacia PNV-EA, como en Bilbao, Vitoria y Pamplona. En ninguno de los pueblos importantes que antes eran feudos de Batasuna han conseguido que los votos nulos superen a los válidos, casos de Oiartzun, Hernani, Arrasate-Mondragón, Lekeitio o Llodio. Respecto a Aralar, también ha conseguido resultados suficientes para garantizarse algún futuro, con cuatro parlamentarios en Navarra. Pero da la impresión de que en el País Vasco ya sólo hay sitio para un partido nacionalista.

3. En algunos pueblos, especialmente castigados en los últimos tiempos, se ha notado una respuesta más que notable a las llamadas a favor del voto constitucional: es el caso, particularmente, de Zumárraga (PSE-EE es la fuerza más votada y hay mayoría absoluta constitucionalista) y Andoain (donde el PSE-EE empata con PNV-EA e igualmente hay mayoría constitucionalista).

4. El Partido Socialista: no ha sido muy inteligente al rechazar la oferta de coaliciones locales que hizo el PP. El caso de Bilbao ha sido, en este sentido, muy elocuente, pues la suma de votos de PP y PSE-EE (más del 45%) podría haber dado la mayoría constitucionalista en Bilbao, donde PNV-EA ha obtenido en torno al 41%.

5. Mención especial: se la merecen algunos candidatos socialistas muy de Basta Ya, como Maite Pagazaurtundúa, cuya candidatura Urnieta ha pasado de 2 a 5 concejales, o Ana Urtxuegia, Carlos Torotika y Mikel Cabieces, que mantienen o mejoran su mayorías absolutas o relativas. En cambio, se ha producido el lógico retroceso en Baracaldo (con una pérdida de más de 2.000 votos), tras la desfenestración de Carlos Pera. Parecido es el caso de UPN en Navarra, donde se ha convertido en la lista más votada. En Leitza, UPN ha pasado de dos concejales (tras el asesinato de José Javier Múgica), a conseguir cinco concejales. Los ejemplos de Urnieta y Leitza muestran que el trabajo local bien hecho consigue buenos resultados.

6. Los resultados de Vitoria y San Sebastián: son sin duda muy buenos, con amplia mayoría absoluta de la suma PP y PSE-EE. Y seguramente suficientes para, a pesar de la manipulación interpretativa que llegará, asegurar que hemos dado un gran frenazo al Plan Ibarretxe. Y asegurado que los candidatos constitucionalistas que han mejorado sus resultados, como María San Gil, tienen un gran futuro por delante.

ANÁLISIS EN CIUDADES CLAVE:
Andoain: El partido de Joseba Pagazaurtundua -el PSE/EE- es la segunda fuerza más votada con 38,81%, mientras que los votos nulos, es decir el supuesto voto de sus asesinos, se queda en el 18,51%. PNV-EA queda como la fuerza más votada con el 40,49, mientras que el PP obtiene un 11%. Una hipotética alianza entre PSE/EE y PP podría conseguir la alcaldía: PNV/EA tendría 7 concejales mientras que PSE/EE y PP sumarían 9. IU saca un concejal.

Zumárraga: Si el año pasado Zumárraga tuvo que ser gobernada por una Gestora municipal debido a que ETA impuso su ley de muerte provocando la defección de varios concejales constitucionalistas y algún nacionalista, en estas elecciones el PSE/EE obtiene 8 concejales, el PP, 1, mientras que el PNV-EA obtiene 7 concejales e IU, uno.

Urnieta: Tras los casos de corrupción cometidos por el PNV y denunciados por el PSE/EE, el PNV consigue no obstante mantener la mayoría, con 6 concejales pero el PSE pasa de dos concejales a cinco.

Getxo: A pesar de que la coalición PNV IU obtenga la alcaldía con 13 concejales (IU obtiene 2), hay que destacar el ascenso del PSE, con nuestra compañera Gotzone Mora, que pasa de 2 a 3 concejales, que con los nueve del PP suman 12.

Laguardia: Interesante es el caso de este pueblo, que fue el segundo hogar de Joseba Pagazaurtundua, donde el PP ha obtenido la mayoría absoluta mientras que los votos nulos alcanzan el 2,17 %.

Estella/Lizarra: El lugar donde se concretó el pacto entre PNV y ETA, los votos nulos, es decir, los atribuibles a los batasunos, alcanzan el 7,47 %, mientras que UPN logra un 38,03%.

Alsasua: En este feudo del integrismo batasuno, el voto nulo ha alcanzado el 14,80%, Aralar ha conseguido el 19,23 y EA el 6,46. Eso es todo.

Arrasate-Mondragón: En 1999 EH obtuvo 4884 votos. 2799 se han ido al voto nulo, el resto a Aralar y a PNV/EA. ¿Marcará la tendencia?

Leiza: UPN el partido del concejal asesinado José Javier Múgica ha conseguido una mayoría que puede ser desvirtuada por la suma de Aralar y EA.

Segunda parte del análisis de Basta Ya sobre los resultados electorales

Tras desmontar el triunfalismo de Arzalluz, la plataforma Basta Ya añade argumentos para analizar los verdaderos resultados de las elecciones municipales y a Juntas celebradas el pasado 25 de mayo. A continuación reproducimos textualmente el documento.

1. EL FUTURO DE BATASUNA
Del voto nulo al voto útil abertzale. En 1999, EH obtuvo 275.799 votos en la CAV y Navarra (el 19´2 % del total). En esta ocasión habrían obtenido, vía voto nulo (con las reservas que ello implica), 120.512 (7'8%). Aralar y otras candidaturas menores se habrían llevado el 4'4%, 68.415 votos. ¿Y el resto? Hay que buscarlos en el crecimiento de la coalición EA-PNV, que en 1999 obtuvo 418.477 votos (29'1%), y ahora ha conseguido 534.143 (34'5%), esto es, 115.666 votos adicionales. Algunos han ido a Aralar, y también pueden haber caído en IU.

El voto nulo fue la "lista más votada" (concepto abusivo, pero inevitable en esta situación) en 14 municipios: Aizarnazabal (censo de votantes, 456), Ajangiz (c., 362), Altzo (c., 259), Hernani (c. 15.506), Hernialde (c., 248), Irura (c., 851), Itsasondo (c., 468), Leaburu (c., 324), Lizartza (c., 518), Oiartzun (c., 7.650), Orendain (c., 137), Pasaia (c., 13.366) y Usurbil (c., 4.575); salvo Ajangiz, todos son guipuzcoanos. Hasta las elecciones, EH o Batasuna gobernaban en 44 municipios. Por lo tanto, habrían "perdido" nada menos que 30. Además, los votos nulos no han superado a los válidos en ninguna población, lo que corta de raíz cualquier intento de impugnar la validez de las elecciones ... y demuestra que buena parte de los votantes proetarras han aprovechado la oportunidad de desertar que se les ofrecía.

Porque lo más importante es que más de la mitad de los votantes de EH en 1999 han desoído a ETA y preferido votar otra opción nacionalista: voto útil. Esto es todavía más claro cuando se observa que la conversión de votos nulos en útiles es mayor allí donde las elecciones eran más disputadas, como las grandes ciudades. Así, en Bilbao, EH tenía 4 concejales con 23.740 votos, pero los votos nulos se han quedado en 11.116; y en Vitoria EH obtuvo 3 concejales, con 13.088 votos, logrando ahora 6.267 nulos. Lo que significa que la mayoría de sus votantes han emigrado al voto útil, señalando seguramente la evolución futura.

La primera conclusión obvia es que la ilegalización de Batasuna no sólo era necesaria y jurídicamente fundada, sino que comienza a mostrar algunas de sus bondades al permitir a mucho voto cautivo de Batasuna aprovechar el voto secreto para reciclarse. Que los más beneficiados sean los nacionalistas de PNV-EA, y en segundo término de Aralar e IU, que han protestado con bastante hipocresía contra esta medida, no disminuye el valor que a medio plazo tiene integrar a esos votantes en un juego electoral más normal. De manera que puede afirmarse que la ilegalización de Batasuna, lejos de provocar una hecatombe, ha demostrado servir como inicio muy firme de la normalización política vasca.

La segunda conclusión es que Batasuna, AuB o cualquier otra hijuela política de ETA no tienen futuro ni dentro ni fuera del sistema democrático. Su futuro inmediato es la disolución en elecciones sucesivas en otras candidaturas nacionalistas, en candidaturas locales "independientes" o en IU. Una pésima noticia para ETA y todo su entramado.

2. EA-PNV Y EL PLAN IBARRETXE
La unión de PNV y EA no sólo ha demostrado ser muy útil para los propósitos nacionalistas, sino también la fórmula del futuro -aunque presa de sus propias limitaciones-, donde va dibujándose un gran partido único nacionalista en torno al PNV. Puede haber sitio para Aralar u otras siglas menores, pero siempre como pequeños satélites, quizás con cierta presencia en Navarra -compensando la escasa de PNV-, y poco más.

Si los resultados de PNV-EA son indudablemente buenos desde la perspectiva del partido, son totalmente insuficientes para la pretensión de acumular una mayoría social en torno al Plan Ibarretxe. Una cosa es ser el partido más votado, y otra que el programa soberanista sea absolutamente mayoritario en términos electorales. De hecho, el progreso del voto de PNV-EA es básicamente a costa del retroceso ya comentado de Batasuna. Si consideramos únicamente los votos válidos, en 1999 los nacionalistas consiguieron en la CAV el 55´4% de los votos, y los constitucionalistas (PP, PSE-EE, UA), el 39%. En las autonómicas de 2001, los nacionalistas sumaron el 52'8%, y los constitucionalistas el 41%. En las últimas, los nacionalistas consiguen el 46%, y los constitucionalistas el 42'4%. Ciertamente, si añadimos todos los votos nulos (a beneficio de inventario), el voto nacionalista asciende a 54'8%. En este cálculo los votos de IU quedan en la zona ambigua -de refugio de progres atribulados- que ellos mismos prefieren: ni carne ni pescado.

Estos resultados dibujan una tendencia conocida: un suave descenso del voto nacionalista y un lento aumento del constitucionalista. En este aspecto, estas elecciones aportan más novedades locales que globales. Entre las locales, podemos subrayar el ascenso nacionalista en la margen izquierda -que comentaremos luego-, donde PNV-EA gana en localidades como Portugalete, Santurtzi y Sestao. En estos pueblos aprovechan a fondo el voto útil de Batasuna. En Guipúzcoa, en cambio, la mejora de PNV-EA no compensa el retroceso global nacionalista, aprovechado por el PSE-EE. En las juntas generales de 1999, los nacionalistas tuvieron 33 junteros con el 62'3 % de los votos, mientras que en 2003 hay 28 junteros nacionalistas respaldados por el 52'4% de los votos. Añadir los nulos atribuidos a Batasuna corrige al alza el resultado nacionalista, pero no compensa el indudable avance constitucionalista, por lento que sea.

En resumen, PNV-EA puede seguir subiendo en el futuro inmediato gracias al desmoronamiento de Batasuna, pero tiene en frente una oposición que no comparte sus objetivos estratégicos (PP y PSOE) y un socio que sólo los comparte de modo oportunista (IU-EB). Insuficiente para lanzarse a aventuras soberanistas, aunque se sostenga y se haga lo contrario.

3. POPULARES Y SOCIALISTAS
El balance de populares y socialistas no es tan distinto del nacionalista. Comenzando por los socialistas, estos han obtenido buenos resultados locales en Guipúzcoa y algo menos en Alava (donde han fracasado en el intento de desbancar al PP como primera fuerza constitucionalista), y sin duda malos en Vizcaya, con el retroceso en la margen izquierda y el fracaso en Bilbao, compartido con el PP.

Los malos resultados vizcaínos pueden atribuirse a la política interna del aparato comandado por el tandem Rodolfo Ares - Patxi López (recuérdese el caso de Carlos Pera), que ha enajenado votantes tradicionales sin incorporar otros nuevos. Algunos de los primeros pueden haber ido -sobre todo en Bilbao- a IU. En claro contraste, los buenos resultados socialistas en Guipúzcoa, que no distinguen entre vasquistas (como Iñaki Arriola, alcalde de Eibar, o Miguel Buen) y el resto (como Ana Urtxuegia o Maite Pagazaurtundúa), se deben seguramente al trabajo pegado a la tierra y el vecindario de estos alcaldes y concejales socialistas. Mención especial merecen los éxitos de Zumárraga, Andoain -donde se ha producido la famosa "rebelión democrática en las urnas" tantas veces evocada y pocas vista- y Urnieta.

En este último pueblo, Maite Pagazaurtundúa ha demostrado que en el País Vasco también pueden producirse conversiones a la quebequesa: electores tradicionales nacionalistas que cambien su voto por una candidatura más sugestiva y honrada, sin necesidad de cambiar las propias simpatías ni las convicciones del candidato (o dicho de otra manera: un "vasquismo" genuino, como el de los candidatos de UPN de Leiza).

Respecto a Álava, el ascenso socialista no supera al PP ni al PNV-EA. Un buen resultado, pero muy lejos de las aspiraciones de hegemonía que algunos socialistas como Javier Rojo siguen tratando de fundamentar con más argumentos que votos.

El fracaso de Bilbao es el que mejor muestra los límites de una política demasiado estática. Los cálculos socialistas de atraer votos nacionalistas moderados se han revelado ingenuos, y la operación del PP consistente en elaborar listas con personalidades famosas tampoco ha dado el resultado apetecido, quizás porque las personalidades complementan, pero no sustituyen a la movilización social. La subida real de ambas fuerzas -de los 78.482 de 1999 a los 88.735 de 2003- supera los 82.153 de PNV-EA, pero el reparto en concejales (PNV-EA con 13, PP con 8 y PSE con 5) penaliza la falta de coalición constitucionalista mientras favorece la nacionalista y premia a IU-EB, cuyos 20.921 votos valen 3 concejales.

Los buenos resultados de María San Gil en San Sebastián -única candidata del PP que mejora resultados- y de Alfonso Alonso en Vitoria apuntan quizás en una dirección diversa: la relativa "normalidad" en términos políticos -que no de seguridad- en las ciudades mayores, donde el antagonismo es mayor entre personalidades como la de María San Gil y Odón Elorza, que entre sus respectivos partidos y el nacionalismo en general. En el caso donostiarra, es obvio que el ascenso del PP en circunstancias adversas se apoya en la notable movilización constitucionalista de la ciudad. De todos modos, es innegable que el PP sigue siendo para muchos vascos algo demasiado remoto, que cuesta votar pese a coincidir al 100% en la política sobre ETA.

4 - CONCLUSIONES
¿Sigue habiendo dos bloques en la política vasca? Aunque las elecciones también señalan que la transferencia de votos entre nacionalistas y constitucionalistas, y viceversa, es poco importante, y que la tendencia parece mantenerse en un lento aumento constitucional y un lento declive nacionalista, la tendencia nacionalista a la baja se ve compensada por la formación de un bloque único nacionalista y la división real de sus oponentes. Esto deja poco lugar para fuerzas marginales, como UA o Aralar, y un resquicio sobrevalorado para IU. Pero esa misma distribución sugiere pensar de otro modo la habitual representación en dos bloques antitéticos, esquema quizás sustituido en tres: un partido nacionalista mayor que el resto pero menor que la suma de sus oponentes, con penetración desigual (fuerte en Vizcaya y Guipúzcoa, excepto en San Sebastián, Irún, Eibar y otras poblaciones medianas; mucho menor en Álava; marginal en Navarra); y dos partidos grandes cuya suma puede superar en ocasiones y localidades importantes al nacionalismo, pero incapaz por ahora de articularse como una alternativa en función del temor socialista a ser absorbido por el PP, y por las limitaciones del PP a la hora de convertirse en un partido con gran arraigo social.

Salvo una derrota espectacular de ETA, o algún otro seísmo político que modifique este panorama, a medio plazo ni el nacionalismo tiene fuerza para convertir en hechos su retórica desquiciada, ni parece que pueda forzarse una alternativa constitucionalista con el PP y el PSE actuales. No se trata, parece, de un juego de "suma cero", sino de una especie de pantano político que obliga a los contendientes a grandes esfuerzos para conseguir pequeños pasos.

En conclusión: los movimientos cívicos como el nuestro tendremos que pensar a fondo cual va a ser nuestro papel en este panorama político, quizás antes formado por un bloque y medio que por los dos bloques diferentes que estamos acostumbrados a reconocer. Quizás este sea el primer efecto, inesperado, del arrinconamiento de ETA y su expulsión de las instituciones. Que sigue siendo el principal resultado de estas elecciones.

Un embarazo de penalty
Julián Lago La Razón 29 Mayo 2003

Lo de Zapatero sí que ha sido un embarazo no deseado, cuyo desarrollo veremos a lo largo de los próximos nueve meses hasta el momento del parto, es decir, hasta marzo de 2004, fecha en que han de celebrarse las próximas legislativas. De forma que Zapatero, que creía que iba a joder a Aznar en estas elecciones, y bien jodido, se ha encontrado con la sorpresa de que ha sido a él mismamente a quien le han preñado, y de qué manera, pese a que la Comunidad de Madrid le haya salvado la cara, con los suyos, de momento. Desde luego, si la popular Aguirre hubiera retenido el Gobierno regional capitalino, a estas horas estaría en Ferraz haciendo las maletas con Pepiño, Lacalle y demás augures del catastrofismo, que los pobres no dan una.

A nadie se le oculta, obviamente, el elevado coste de su alianza en Madrid con Izquierda Unida, tras el boca a boca a Llamazares cuando prácticamente estaba en la UVI y, más aún, el complicado encaje de bolillos del socialismo en el puzzle vasco, que ése sí que es el gran lío perejil de Zapatero. Así que, el 25-M Zapatero entró a por uvas y ha salido trasquilado, más bien en Madrid donde, efectivamente, Trinidad puso cachondo al personal pero sin rematar faena, cosa que resulta muy frustrante, y más cuando se habían despertado tantas pasiones a base de confundir pacifismo emocional con votos, calle con urnas, culo con témporas, que diría el clásico.

No hay, por tanto, que ahondar mucho en el análisis para adelantar la fragilización en que a partir de ahora declinará el liderazgo de Zapatero, más ortopédico que otra cosa, tal cual hemos comprobado, a causa de la falta de programa alternativo y, sobre todo, de su indefinición sobre el modelo de Estado. Resulta obvio que prostituta y virgen no se puede ser a la vez, o lo que es lo mismo, contemporizar con la desagregación territorial de Maragall y el soberanismo componedor de Elorza, de un lado, y de otro con Bono, Ibarra y Chaves, que son como los tres mosqueteros con el alcalde Vázquez de D Artagnan, dispuestos los cuatro a dejarse matar en defensa del constitucionalismo.

Si a eso unimos lo de Matas en Baleares y lo de Camps en la Comunidad Valenciana, que ha sido otra machada habida cuenta la dificultad de mantener la herencia de Zaplana tras la transitoriedad institucional de Olivas, un caballero por cierto, a Zapatero le ha salido por la culata el tiro de la guerra, y el del «Prestige», y el de la huelga general, y el de etcétera. Luego la verbalización de los resultados podrán manejarse a la carta, como ocurre siempre, pero más allá del bla-bla-bla postelectoral lo que no puede impostarse es el metalenguaje gestual de los sentimientos, el de la depresión socialista y la euforia popular respectivamente, que por algo la cara es el espejo del alma. O sea, que a Zapatero las elecciones estas le han dejado embarazado y, además, de penalti, cosa que pasa en cuanto una se descuida mayormente.

Malabares electorales
Editorial El Ideal Gallego 29 Mayo 2003

Una de las claves del éxito en la política es la habilidad de dar cuantas vueltas haga falta a las promesas para convertirlas en un discurso a medida sin que se note demasiado. Un vez que las urnas han recogido y rebotado el mensaje de los electores, llega el momento de que unos y otros se repartan el pastel de acuerdo con una interpretación libre de los resultados. Si hay un lugar en España en el que la doble lectura de los escrutinios es complicada, éste es el País Vasco. Con los proetarras fuera de juego, la opción era clara y diáfana: nacionalismo o no nacionalismo. Hágase memoria. Uno de los eternos roces entre Aznar y Zapatero a lo largo del redoble de campaña fue a propósito de los pactos que se pudiesen alcanzar en Euskadi. En un momento dado, ya recurriendo a su último aliento, el líder socialista se lamentó de la “presión” de su oponente al preguntar sin descanso por el destino de los votos del PSE. “Servirán para frenar a Ibarretxe”, sentenció Zapatero.

¿Y ahora qué? Resulta que a la oferta de Mayor Oreja de apoyar a los socialistas en aquellos ayuntamientos donde lo necesiten, Patxi López responde dando libertad a los candidatos para negociar con quienes quieran. El tal López comete dos errores, a cada cual más imperdonable. Por una parte, deja en evidencia al líder de su formación, al que ahora se le puede imputar la traición a su palabra. Zancadilla trapera en plena carrera hacia La Moncloa. Por otra, deja la puerta abierta -incluso lo ha insinuado de forma explícita- a los acuerdos con el PNV. De nuevo la ambigüedad se instala en su trono vasco para enrarecer un ambiente siempre cargado. Los socialistas tendrán ahora que emplear todas sus artes malabares para que las actitudes en las que se parapetan no desemboquen en un nuevo “uppercut” de derecha de sus votantes.

La rebeldía nacionalista vasca
Lorenzo Contreras La Estrella 29 Mayo 2003

La actitud asumida por el Parlamento vasco, negándose a acatar, al menos por ahora, la sentencia del Tribunal Supremo que ordena la disolución del grupo parlamentario Sozialista Abertzaleak, plantea sin duda un gravísimo incidente político y jurisdiccional cuya solución no puede demorarse, aunque la Cámara de Vitoria, con el presidente Atucha a la cabeza, practique con absoluta osadía y espíritu de desobediencia una táctica dilatoria que recuerda los peores métodos del filibusterismo. Es patente que el citado grupo está integrado por los antiguos parlamentarios de Batasuna, formación ilegalizada por la Ley de Partidos y cambiada de nombre para eludir, si es que eso fuera posible, su desparición como tal grupo. Los abertzales tienen en su mano relativizar las consecuencias de la ilegalización mediante la aceptación de ser adscritos al Grupo Mixto de la Cámara. Pero es precisamente Atucha quien cuestiona esa medida, aduciendo que el Tribunal Supremo viola la autonomía del Parlamento vasco. Incluso, como se sabe, amenaza con dimitir antes que obedecer y aplicar la resolución del Tribunal.

Por ahora lo que pide la Mesa de la Cámara de Vitoria, con el apoyo del voto cualificado del presidente, es una semana de estudio o de reflexión para asesorarse jurídicamente respecto a la medida. Pero en relaidad hay poco que deliberar en tal sentido. La norma está clara. Una norma que ya fue acatada y aplicada por el Parlamento de Navarra respecto a los abertzales de allá.

Se supone que la situación no pasará a mayores y que la sentencia del Supremo acabará prevaleciendo. Pero si así no fuese, el Gobierno central tendría que intervenir con el instrumento que le brinda la Consittución en su artículo 155, tantas veces citado de inveitable trasncripción ilustrativa. Su contenido es el siguiente: "Si una Comunidad Autónoma no cumpliere las obligaciones que la Constitución u otras leyes le impongan, o actuare de forma que atente gravemente al interés general de España, el Gobierno, previo requerimiento al presidente de la Comunidad Autónoma y, en el caso de no ser atendido, con la aprobación por mayoría absoluta del Senado, podrá adoptar las medidas necesarias para obligar a aquella al cumplimiento forzoso de dichas obligaciones o para la proteccíón del mencionado interés general".

Cuáles serían esas "medidas necesarias". No parece vislumbrarse otras que las conducentes a la suspensión de la autonomía, tal y como ocurre de vez en cuando en Irlanda del Norte cuando el IRA perturba el proceso de pacificación con amenazas o mantenimiento de su arsenal de armas.

El artículo egundo del mencionado texto constitucional establece que "para la ejecución de las medidas previstas (...), el Gobierno podrá dar instrucciones a todas las autoridades de las Comunidades Autónomas".

La verdad es que el procedimiento se mantiene en una línea de vaguedad. Pero la salida del problema no puede ser otra que la suspensión de la autonomía. Con la desobediencia al Tribunal Supremo, la Cámara vasca le acusa en la práctica de prevaricador, aunque a costa de mostrarse ella misma como prevaricadora por incumplimiento de un fallo judicial al más alto nivel.

Es una desfachatez que se completa con el episodio de los abertzales cuando han querido hacer efectiva la conquista de un escaño del ayuntamiento de Bilbao por el expeditivo método de llevarse físicamente el escaño en cuestión. Consideran que ese opuesto ha sido ganado mediante el cómputo de los votos nulos registrados en las elecciones municipales. Un esperpento perfecto, pero también un desafío patente que deja dibujada a la perfección la crisis política y de autoridad en Euskadi.

Ahora, Cataluña
Editorial ABC 29 Mayo 2003

LOS resultados de las últimas elecciones en Cataluña revelan el crecimiento de dos partidos, ERC e Iniciativa per Catalunya (IC), que pueden condicionar los comicios autonómicos a celebrar en octubre. Ni los socialistas ni mucho menos los convergentes, han podido capitalizar las protestas contra la guerra o contra los proyectos educativos del Gobierno. En cambio, ERC e IC -que ha mejorado sensiblemente sus relaciones con el referente de IU en Cataluña- han explotado a la perfección los sentimientos de repulsa generados por la guerra y, además, una deriva independentista que ni el PSC ni desde luego CiU se muestran capaces -o incluso dispuestos- a modular, matizar o moderar. Parece claro que el crecimiento de estos dos partidos es obra conjunta de convergentes y socialistas. Los primeros, por la supuesta necesidad de generar sinergias con ERC de cara a mantener las opciones de Artur Mas.

Los segundos, por idénticas razones electorales pero también por el trato de favor que han gozado ambos partidos en el Ayuntamiento de Barcelona, gobernado por el PSC. Conviene recordar que hace cuatro años Joan Clos, el alcalde de la capital catalana, obtuvo mayoría absoluta, pero su partido decidió incluir a IC y ERC en el gobierno municipal, en parte para corresponder al apoyo de IC en los años en que el PSC no tenía mayoría absoluta y en parte también para mostrar bien a las claras su capacidad para gobernar con una fuerza de izquierdas pese a ser independentista, como es el caso de ERC. El acceso de estos dos partidos a los fondos públicos, a los espacios de los medios de comunicación financiados por las entidades locales, el protagonismo cedido por el PSC en la política municipal y, en cierta medida, la similitud de programas han contribuido a engordar las opciones de ambos partidos sin que se reflexionara sobre la incidencia que todas esas concesiones podrían tener en una contienda electoral. Ahora, con el problema sobre la mesa, la reacción espontánea de convergentes y socialistas es la de mostrarse más radicales que nunca para garantizarse el apoyo de ERC y de IC tras las elecciones autonómicas. Tanto Artur Mas, candidato convergente, como Pasqual Maragall, candidato socialista, ya han mostrado, sobre todo a ERC, su predisposición al pacto, lo que no puede querer decir otra cosa, dados los precedentes, que se someterán de grado a los criterios independentistas de ERC.

Resulta insólito que en el caso de CiU no se contemple un acuerdo de base electoral más amplia con el PP, pues durante los tres últimos años ambas formaciones, con sus más y sus menos, con notorios altibajos, pero con un cierto sentido de la lealtad, han mantenido una colaboración cuyo balance sólo es cuestionado por los radicales. Y en el caso del PSC, resulta un tanto lamentable que se pretenda gobernar con ERC, aún en el hipotético caso de no necesitarlo, cuando un porcentaje muy alto de sus votos correspoden a personas que no pueden ser consideradas ni siquiera catalanistas, por no hablar de parte de su dirección, de un buen número de alcaldes y concejales y de la militancia.

La lectura que Maragall y Mas han realizado de los resultados electorales no ha incluido ninguna reflexión sobre lo que CiU y el PSC no han hecho o sobre la incidencia que determinados mensajes -sobre todo de Maragall- ha podido tener entre unos electores que no aprecian el nacionalismo en versión maragalliana, que rechazan las tensión soberanista y que entienden que CiU y PSC deberían, en la medida de sus posibilidades, influir en la política nacional y no encastillarse en reivindicaciones imposibles.

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