AGLI

Recortes de Prensa     Sábado 31 Mayo  2003
SANGÜESA Y VITORIA: DOBLE GOLPE DE ETA
Editorial ABC 31 Mayo 2003

CRIMEN Y POLÍTICA
EDURNE URIARTE ABC 31 Mayo 2003

ETA sigue donde siempre
Editorial La Razón 31 Mayo 2003

GROSERÍA CRIMINAL
JON JUARISTI ABC 31 Mayo 2003

La hora de la verdad
Germán Yanke Libertad Digital  31 Mayo 2003

LA ORTOTANASIA DE ETA
JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS ABC 31 Mayo 2003

EL PODER DEL VOTO... DE LA BOMBA LAPA
LUIS IGNACIO PARADA ABC 31 Mayo 2003

Sangüesa
David Gistau La Razón 31 Mayo 2003

Sangüesa,
Faustino F. Álvarez La Razón 31 Mayo 2003

El día que IU rechazó a las víctimas
Miguel Ángel Rodríguez La Razón 31 Mayo 2003

De los comunicados al asesinato: ETA «impulsa un proceso político» a tiros
ABC 31 Mayo 2003

Palabras y bombas
Editorial El Ideal Gallego 31 Mayo 2003

El análisis de ETA
JOSEBA ARREGI/ El Correo 31 Mayo 2003

ETA, arma nacionalista
Nota del Editor 31 Mayo 2003

El hierro encima de la mesa
ANDONI UNZALU GARAIGORDOBIL/ El Correo  31 Mayo 2003

La más cruda realidad
RAFAEL AGUIRRE/ El Correo 31 Mayo 2003

¿Qué más hacer
Director El Correo 31 Mayo 2003

SANGÜESA Y VITORIA: DOBLE GOLPE DE ETA
Editorial ABC 31 Mayo 2003

AYER ETA golpeó dos veces. La primera, en el Parlamento vasco, donde las víctimas fueron nuevamente humilladas. La segunda, en Sangüesa (Navarra), donde ETA asesinó con una bomba lapa a dos policías nacionales. En la Cámara de Vitoria, los nacionalistas y Madrazo se opusieron a que la televisión pública vasca (ETB) emitiera el vídeo de la campaña por las víctimas del terrorismo, que todos los demás medios de comunicación han difundido generosamente. Mejor suerte habían tenido los terroristas en ETB. La grabación de los tres encapuchados etarras que especularon con la muerte de los constitucionalistas y las geometrías soberanistas que ofrece el plan Ibarretxe circuló libremente -veremos si también con impunidad- por las televisiones de las familias vascas. El gobierno tripartito no encontró entonces problema alguno para que los delincuentes perseguidos por todo el mundo tuvieran en ETB la propaganda que los Tribunales de Justicia no permitían al entramado ilegalizado de ETA.

No ver en esta diferencia de trato una opción moral y política en el dilema de la violencia -con el asesino o con la víctima- es cegarse voluntariamente y renunciar a la reacción que merece la corrupción ética del nacionalismo. Una reacción que compromete a toda la clase política española también en lo que a Izquierda Unida se refiere, pues Madrazo y su avalista Llamazares han llegado en el País Vasco a un nivel de violación de los valores democráticos con el que no es posible la coexistencia. La responsabilidad de que la coalición de izquierda sienta las consecuencias de su proceder empieza por aquellos que les tratan políticamente. Desde ayer, el PSOE tiene la obligación no sólo de cerrar el capítulo de ambigüedades postelectorales en las instituciones vascas -la pauta firme y contundente es del propio Zapatero en ABC: «No hay margen ni horizonte para un acuerdo con los nacionalistas vascos»- sino también de empezar a incluir en la agenda compartida con Izquierda Unida en el resto de España un pronunciamiento previo sobre la situación en el País Vasco. Es seguro que dentro de IU habrá quienes estén dispuestos a abanderar el «basta ya» que necesita esta coalición, porque en algún momento tendrán que hacerse visibles las diferencias morales que, sin necesidad de declaraciones solemnes, son notorias entre líderes inequívocos como Rosa Aguilar y comparsas del nacionalismo como Madrazo.

LA infamia parlamentaria perpetrada por el tripartito en Vitoria no es, por tanto, una simple anécdota. Representa la desvinculación del nacionalismo frente a cualquier compromiso para erradicar incondicionalmente a ETA. Cierto es que entre la decisión de no emitir el vídeo de la víctimas y el doble asesinato de Sangüesa no hay relación de causa-efecto, pero tan cierto como que en el ánimo de los asesinos está contabilizada como un activo ideológico propio la definitiva apuesta soberanista del PNV y su pretensión de convertir el plan Ibarretxe en un proceso de autodeterminación y no de paz. El nacionalismo no ofrece hoy ninguna razón a ETA para que deje de matar. Al contrario, su ruptura del pacto constitucional le anima a hacerlo para impulsar el desafío al Estado. Por eso, frente a este rebrote del terrorismo etarra, la respuesta sigue donde estaba, en manos del Estado y de las fuerzas políticas firmantes del Pacto Antiterrorista, con la oposición de un nacionalismo insolidario y ya sin sentimientos básicos de compasión por las víctimas.

EL doble asesinato de Sangüesa no es un fracaso de la política antiterrorista del Gobierno ni un síntoma de recuperación de ETA. Hace pocas semanas, el ministro del Interior, Ángel Acebes, advirtió de nuevos atentados cuando la sucesión de éxitos judiciales y policiales contra la banda terrorista aceleró con euforia los pronósticos de la derrota de ETA. Ahora tampoco hay razón para incurrir en el pesimismo, sí para el dolor por los policías asesinados, porque ETA sigue inmersa en un proceso de desarticulación permanente, que desgraciadamente no impedirá la comisión de atentados tan alevosos como el de Sangüesa. Ya no hay «empate» entre ETA y el Estado, pero toda organización terrorista como ETA sólo se siente justificada cuando condiciona la vida social y política a través de sus atentados; más aún si sus entramados políticos se han quedado sin presencia en los Ayuntamientos y en las Diputaciones forales y han demostrado una notoria incapacidad de respuesta. Todo esto no lo puede permitir ETA, porque sería un síntoma de debilidad en la pugna interna del nacionalismo y un retroceso de posiciones en cualquier negociación sobre una futura tregua. Gracias al PNV, ETA se siente un interlocutor político acreditado en la cuestión vasca, con las pistolas sobre la mesa.

CRIMEN Y POLÍTICA
EDURNE URIARTE ABC 31 Mayo 2003

El último atentado de ETA no constituye una sorpresa. Era un crimen anunciado, en el último comunicado de la banda, en su show televisivo en la ETB, y en la naturaleza misma de ETA. Sabemos que, aunque muy debilitada, ETA mantiene «comandos» con capacidad de matar, y la pregunta que nos hacíamos las últimas semanas era cuándo y dónde.

La cuestión que debemos plantearnos, y con más pertinencia que nunca a tenor de los últimos acontecimientos, es por qué quedan todavía esos comandos, por qué ETA no ha podido ser desmantelada en su totalidad cuando hay una altísima eficacia de la Policía Nacional y de la Guardia Civil, una decidida acción judicial y más colaboración internacional que nunca. Y la respuesta nos lleva a los lazos entre el crimen y la política en el País Vasco, esos lazos que se hicieron descarnadamente patentes en Estella y que han vuelto a emerger con toda su crudeza en los últimos meses.

Con semblante tembloroso y voz desmayada, el portavoz del Gobierno Vasco Josu Jon Imaz anunciaba ayer que la prioridad de su Gobierno es acabar con el terrorismo. La incongruencia que había entre la letra de su mensaje y las evidencias físicas con las que era comunicado mostraban la situación imposible en la que se encontraba este político, encargado de emitir unas palabras que sabía no tenían ninguna correspondencia con la actuación de su partido y de su Gobierno. Pero Josu Jon Imaz, un político de perfil amable y moderado que en una situación democrática normal pasaría por uno de esos buenos chicos en los que todo el mundo confía, ha decidido acompañar a su partido en el nuevo Estella que los nacionalistas están negociando con ETA. Y probablemente ayer era consciente del patetismo humano y ético de su posición.

Porque ETA sería historia si los nacionalistas vascos y si el Gobierno Vasco estuvieran realmente combatiendo a ETA. Con toda probabilidad, hoy no estaríamos llorando a los dos policías asesinados y a todos los heridos. Ciertamente, ETA tiene plena autonomía respecto al PNV y EA y podría seguir asesinando durante algún tiempo incluso con una clara confrontación de los nacionalistas, pero esas posibilidades serían a muy corto plazo y de extremada debilidad.

Si ETA persiste, si todavía puede captar nuevos asesinos, es porque recibe legitimación y también apoyo explícito, a través de Batasuna, de los partidos nacionalistas. Es imposible concebir el fin de una banda terrorista cuando los dos partidos en el poder, PNV y EA, con el beneplácito de IU, desean llegar a acuerdos con ella. Este periódico informó hace días de las negociaciones de los nacionalistas con ETA que el Lehendakari no fue capaz de desmentir. Y ha vuelto a informar esta semana de la mediación del sacerdote irlandés Alec Reid entre los nacionalistas y ETA. Tampoco ha sido desmentido.

Y es que los nacionalistas vascos ya no se molestan en negar lo que sus actos y declaraciones nos muestran todos los días, es decir, la colaboración con el entramado político del terrorismo para la búsqueda de la unidad nacionalista. La noche electoral, Arzalluz interpretó la imposibilidad de concurrencia electoral de ETA como una muestra de inexistencia de sufragio universal en el País Vasco. El martes, Atutxa volvió a desobedecer al Tribunal Supremo y a reivindicar la defensa de la presencia de ETA en el Parlamento. Anteayer, el PNV y EA mostraron su disposición a buscar fórmulas para que ETA también esté en los ayuntamientos. Ayer, los nacionalistas impidieron en el Parlamento Vasco que la ETB emita los anuncios de la Fundación de Víctimas del Terrorismo, permitieron la intervención del batasuno Salaberria y se negaron a la petición de PP y PSOE de suspensión del Pleno tras el atentado.

Tanto el PP como el PSOE se han congratulado de que por primera vez ETA no haya concurrido a estas elecciones. Pero ambos partidos saben que sus declaraciones describen una realidad formal bajo la que se agazapa otra realidad mucho más inquietante. Porque una buena parte de los votos de ETA está ahora con el PNV, EA e IU, y si han ido ahí no es porque hayan decidido rechazar el crimen, sino porque esperan que esos partidos trabajarán en la misma línea de objetivos que ETA y lo harán a través del acuerdo con ETA. Ni siquiera los votos nulos de AuB están solos. Saben que tendrán la colaboración de los nacionalistas, que acudirán, que han acudido ya, en su auxilio y protección.

No hay causas políticas que expliquen la existencia del crimen terrorista, pero sí hay factores políticos que explican su persistencia. Y esos factores se resumen hoy en la decisión del nacionalismo vasco de buscar un nuevo Pacto de Estella con ETA. Esta es la raíz del terrorismo o de la persistencia del terrorismo en la actualidad. Y es el elemento político fundamental en el que debemos enmarcar el terrible atentado de ayer.

ETA sigue donde siempre
Editorial La Razón 31 Mayo 2003

Era sólo cuestión de tiempo, de oportunidad, que ETA volviese a asesinar. Ni hay tregua posible con los terroristas ni ETA la quiso nunca, como ya anunció la propia banda mafiosa en sus boletines internos o en la polémica entrevista emitida por la televisión autonómica vasca, y como ayer ratificó en la localidad navarra de Sangüesa con el atentado con una bomba contra tres policías nacionales.

El análisis de lo ocurrido es sencillo, porque los pistoleros etarras no harán nunca otra cosa que seguir matando, y precisamente para eso robaron ayer tres centenares de pistolas en Francia. Y así hay que tenerlo en cuenta al condenar su enésima carnicería, y evitar cualquier explicación en clave política que sólo favorece a ETA y a la infame estrategia de la equidistancia nacionalista, por la que el PNV se autocoloca en un inexistente y beatífico centro, entre un extremo terrorista y otro constitucionalista. Una equidistancia tan falsa como hipócrita que ayer mostró de nuevo su verdadera cara en el Parlamento autonómico de Vitoria, cuando los nacionalistas y su gran aliado de la coalición comunista de Izquierda Unida dieron voz a los proetarras y votaron en contra de una propuesta para forzar a la televisión regional (la misma que emitió libremente la entrevista con ETA), a difundir el anuncio de la Fundación de Víctimas del Terrorismo que rechazó por «parcial». Fue una votación para figurar en la historia de la infamia que retrata a PNV-EA y a IU, y convierte en mera pose, en un acto carente de creíble sinceridad, los minutos de silencio guardado por los policías asesinados.

ETA ha vuelto a matar porque, en primer lugar, ha podido hacerlo, porque nos tiene tristemente acostumbrados a recordar que sigue activa después de unas elecciones donde ha aportado su granito de arena para facilitar la causa independentista. Y mata a pesar de que sabe que no podrá triunfar, que el Estado de Derecho es cada día un poco más fuerte,y que sus pistoleros caen, uno tras otro, en manos de la justicia dentro y fuera de España. Es gratificante, y muy significativa, la rápida reacción de condena ante los asesinatos por parte de las instituciones europeas, como la Comisión, la Convención y el Parlamento. Y reconfortantes las palabras del presidente de la Eurocámara, Pat Cox, cuando se solidariza con las víctimas y un Gobierno y un pueblo español que «se han hecho acreedores de la admiración de Europa por la tenacidad y valentía con la que hacen frente al terrorismo y por su constante defensa de la democracia».

Con cada atentado, ETA y el independentismo con que siempre se ha revestido fuera de España ponen un clavo más en su ataúd y despiertan la beligerancia de la comunidad internacional. Porque, aunque tarde para un millar de víctimas, los etarras son ya mundialmente reconocidos como parte del bando enemigo de la libertad en la guerra declarada contra el terrorismo internacional.

GROSERÍA CRIMINAL
Por JON JUARISTI ABC 31 Mayo 2003

TAL como están las cosas, es prácticamente inevitable que algún cretino piense que los asesinatos de Sangüesa le van a sacar de apuros en el País Vasco al partido del Gobierno. Y es casi seguro que se escribirá -e incluso se publicará- algo parecido. En el presente escenario postelectoral, donde tantos se han apresurado a decretar la desaparición de ETA para ir abriendo camino a los cambalaches municipales con el nacionalismo y donde Haro Tecglen, por poner un solo ejemplo, ha abierto la veda periodística de los «pensadores de escolta» (y, aquí, «de» es un miserable eufemismo de «con»), la irrupción sangrienta de la banda le habrá parecido una intolerable grosería a más de un apóstol del amor a Ibarreche. Resulta lamentable, pero es precisamente eso lo que ha sucedido. Una grosería criminal. Grosería, por cierto, era hace ya bastantes años el término con el que la jerga etarra designaba los atentados que ponían fin a las vacaciones terroristas. Ignoro si tal vocabulario sigue en vigor entre los matarifes abertzales. Lo que no ha perdido vigencia es la grosería en sí: es decir, esa entelequia del terrorismo nacionalista -al parecer, tan irreal como el Coco-, que Aznar y los suyos han utilizado para instar a algo tan absurdo y pasado de moda como la alianza de los partidos constitucionales frente al proyecto independentista del más que proyecto de frente independentista, el nunca resucitado (porque nunca murió y, desde luego, nunca fue enterrado) Pacto de Estella, que incluye, hoy como ayer, a ETA. A una ETA activa, letárgica o una cosa y otra a tiempo parcial, pero siempre a ETA como ingrediente indispensable. Y, por supuesto, a Batasuna, su plasma nutricio.

Lo más irritante de todo es la persistente negativa de un sector amplio de la oposición a encarar algo muy sencillo, algo que Arzalluz sabe muy bien, con la certeza que proporcionan las verdades evidentes: que ningún programa independentista podría sostenerse en el País Vasco, ni siquiera por espacio de un día, sin el concurso implícito de ETA. Otra cosa es que el PNV y EA -y, faltaría más, Madrazo- prefieran que dicha participación, además de implícita, sea tácita, lo que es pedir nueces al roble de Guernica, porque si a la banda, en el 98, el horizonte del soberanismo le ilusionaba, hoy le produce una inmensa alegría. Pretender que se mantenga al margen de la ofensiva frentista contra la Constitución supone no haberse enterado de lo que es ETA, y eso puede resultar comprensible, aunque no disculpable, en ciertos progres acomplejados que jamás entendieron de qué va esto del nacionalismo, pero no en la coalición que gobierna desde Vitoria ni en los sindicatos secesionistas, que son de la familia. Ahora bien, a éstos no cabe reprocharles semejante despiste: ¿Por qué Atucha se resiste a disolver el grupo de Batasuna en el Parlamento Vasco? ¿Por qué PNV y EA ofrecen cooptar gestoras controladas por miembros de Batasuna en los ayuntamientos que el brazo político de ETA dominaba antes del 25 de mayo? Porque la desaparición de la ilegalizada formación, su desvanecimiento del paisaje parlamentario y municipal, equivaldría a la supresión de toda mediación exculpatoria entre PNV/EA y la organización terrorista, y tal perspectiva, en el contexto de un desafío radical a la legalidad constitucional desde el gobierno autónomo y los ayuntamientos de mayoría nacionalista, angustia a los partidos de Arzalluz y Errazti porque se haría demasiado evidente la coincidencia de objetivos entre el plan Ibarreche y el plan de ETA. El nacionalismo necesita desesperadamente a Batasuna como cabeza de turco si quiere sacar adelante su programa frentista. Izquierda Unida-Ezker Batua no le sirve de mucho en esta situación. Es un acólito perfectamente inútil y prescindible desde el punto de vista de la estrategia independentista. Madrazo será un oportunista sin escrúpulos, pero no es intercambiable por Otegui.

Si Batasuna se eclipsa por completo, sin dejar referencia visible alguna, el PNV y EA se verán fatalmente puestos ante la disyuntiva de comparecer en adelante como la única expresión política de un movimiento separatista apoyado en el terrorismo de ETA o asumir plenamente su responsabilidad en la lucha antiterrorista, lo que, se mire por donde se mire, resultaría a corto plazo incompatible con el mantenimiento del plan Ibarreche. Porque Batasuna desaparecerá, pero no es previsible que desaparezca tan rápidamente la red social de complicidades que permite a la banda cometer sus atentados. Y esa red -los dirigentes del PNV y EA deben ser conscientes de ello- incluye sin duda a muchos de los fascistas abertzales que han engrosado el voto municipal y espeso de ambos partidos. Ya no se puede huir hacia delante, por lo menos en determinadas direcciones, porque ETA siempre te alcanza. El riesgo de competir en radicalidad con los terroristas estriba en que nada supera en radicalidad a la erogación arbitraria de la muerte.

El asesinato, el 21 de enero de 2000, en Madrid, del teniente coronel Pedro Antonio Blanco, que puso fin a la farsa de la tregua etarra, reveló toda la basura moral del Pacto de Estella, en la que el PNV y EA (mencionar nuevamente a Madrazo me produce una fatiga inmensa) decidieron seguir emporcándose. Tres años y medio después, la matanza de Sangüesa deshace la visión idílica del nacionalismo que algunos (¿por qué no decirlo?) socialistas comenzaban a alimentar. Hoy por hoy, no hay nacionalismo sin ETA, y esto debería disuadir, tanto a los ingenuos como a los cínicos, de cualquier tentación de pactar con quienes se empeñan en llevar a todos los vascos y vascas a las dudosas praderas de la soberanía étnica. No incluyo entre aquellos a Madrazo, que pertenece a un género moral menos honorable. Ni a Haro Tecglen, al que sólo le falta decir que la «presión» del Gobierno «sobre jueces y fiscales», además de aumentar «la persecución y el aislamiento» de «los ciudadanos no nacionalistas» -que es exactamente lo que afirma-, fue lo que puso en la lista de ETA los nombres de Bonifacio Martín Hernando y de Julián Envit Luna. Claro que uno respira por la herida, como Pensador de Escolta que es. Con Escolta, quiero decir.

La hora de la verdad
Germán Yanke Libertad Digital  31 Mayo 2003

Ahora hay que demostrar la indignación. Ahora sí. Quiero ver a los partidos, a los pacifistas, a los artistas y cantantes, a los periodistas “independientes” mostrando la rabia, la indignación y la voluntad de aportar el esfuerzo que haga falta para terminar con ETA y sus secuaces. Ahora hay que demostrar la coherencia, la defensa del Estado de Derecho, la seriedad ante esta barbarie totalitaria. Ahora es el momento de desquitarse de los complejos, dotar a las Fuerzas de Seguridad del Estado de todo el apoyo y los medios, denunciar a los que, de un modo u otro, colaboran con el fascio-comunismo de la banda terrorista. Ahora, ya que se ha venido demostrando tanta “valentía” y tanto “compromiso”, es el momento de rebelarse contra el totalitarismo nacionalista que, mientras ETA asesinaba de nuevo, facilitaba el trabajo parlamentario de sus empleados de Batasuna y se negaba a que el Patrlamento vasco instara a la televisión pública de esa comunidad autónoma a emitir el anuncio institucional en memoria de las víctimas.

Ahora es también el momento de que el PSOE, impulsor del Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo, indique a sus candidatos a alcalde (a uno o a varios) que debe renunciar, ya, sin negociaciones previas, sin concesiones a los enemigos de la democracia, a cualquier entendimiento con el nacionalismo vasco. Ahora tiene la oportunidad de exigir a la balbuceante Izquierda Unida que no colabore con el terror antidemocrático y el fascismo nacionalista si quiere colaborar con los socialistas en otras instituciones. Ahora, cuando ETA mata, es, otra vez, el momento de la verdad. Veremos quiénes son los que ahora se esconden.

LA ORTOTANASIA DE ETA
JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS ABC 31 Mayo 2003

QUISO la casualidad -bien desgraciada por cierto- que ayer, poco antes de las 13 horas, estuviera el que esto firma con el presidente Aznar en el palacio de la Moncloa formulándole las preguntas de una entrevista que aparecerá mañana domingo en las páginas de ABC. Su ayudante, de forma discreta y sin dibujar en su rostro aviso alguno del alcance de la noticia, pasó al presidente una nota. Aznar la leyó y se levantó con rapidez. Se apartó hacia el lado del jardín que mira a la carretera de La Coruña. Le proporcionaron un teléfono móvil. Sólo escuchaba, o al menos, no fui capaz de detectar movimiento alguno en sus labios. Regresó ensombrecido. «Han asesinado a dos policías nacionales en Sangüesa», nos dijo. «Dadme unos minutos y continuamos la entrevista».

Volvió a apartarse. Informó a S. M. el Rey, habló con el vicepresidente primero, Mariano Rajoy, y con el ministro de Interior, Ángel Acebes, ya de camino hacia la localidad navarra escenario del atentado terrorista; dio las instrucciones para que se cancelase su viaje a San Petersburgo -tenía previsto salir a las 14:20- y solicitó comunicación telefónica con Vladimir Putin para excusar su asistencia que previamente había restringido en señal de duelo y homenaje por el fallecimiento en accidente de aviación de sesenta y dos militares españoles en Turquía. Después, con el aplomo que le caracteriza, la entrevista continuó y los lectores de ABC podrán leerla mañana, realizada al hilo de la corriente emotiva que impuso el doble crimen de Sangüesa.

Quiso también la casualidad y la actualidad que el jueves pasado tuviera ocasión de hablar tanto con el ministro de Interior, Ángel Acebes, como con José Luis Rodríguez Zapatero, que ayer constataba en ABC la distancia sideral de los socialistas con el PNV («No hay margen ni horizonte para un acuerdo con los nacionalistas vascos»). Al secretario general del PSOE le agradecí la entrevista elaborada por Gonzalo López Alba por ser la primera a un medio escrito tras las elecciones municipales del pasado domingo e intercambié algunos puntos de vista que me reafirman en el criterio de que el líder socialista es un hombre estrictamente leal a los valores constitucionales pero que está obligado a difíciles equilibrios que, conociéndole, admitirán muchos márgenes, pero ninguno en lo que afecta a la unidad constitucional de España.

Sus palabras de ayer en ABC son decididas y rotundas en cuanto al plan Ibarretxe se refiere: el PSE-PSOE «cada día es un muro más fuerte ante esa iniciativa porque el PSE ha subido de manera significativa en Euskadi». Así que nadie pierda esa referencia cuando del PSOE y el País Vasco se trate. El que tenía referencias extraordinariamente exactas de las intenciones de la banda terrorista era el ministro de Interior. Acebes me resumió la situación en una sentencia: «Estamos en unos días críticos». El diagnóstico me lo formuló exactamente a las 20:15 del pasado jueves. Ayer, a las 12:30, se confirmaba de forma brutal y sangrienta. No es revelar secreto alguno que la banda terrorista ETA se encuentra enormemente debilitada en sus posibilidades criminales. Y que, por lo tanto, debía ofrecer, antes o después, una exhibición macabra de su «fortaleza». Lo intentó en diciembre del pasado año, cuando quiso introducir un comando estable en Madrid inmediatamente después de haber puesto en situación de alarma a la capital de España mediante explosiones simultáneas en lugares estratégicos. La policía abortó el plan. Y volvió a abortarlo cuando la Policía francesa, en coordinación con los servicios de información españoles, capturó a Ainhoa García Montero. Esta detención -calificada de «decisiva»- aceleró tanto la debilidad de ETA como su exasperación. Porque, al mismo tiempo, se sucedían, paso tras paso, las zancos del Estado de Derecho: ley de partidos, ratificación de la misma por el Tribunal Constitucional, ilegalización por el Tribunal Supremo de Batasuna y de las listas subsiguientes de AuB, comicios municipales sin presencia pro terrorista en las listas, ayuntamientos, diputaciones y juntas sin la eufemísticamente denominada «izquierda abertzale»... mientras en la calle no pasaba nada o, al menos, nada parecido a las profecías catastróficas que algunos sugerían.

La banda terrorista ETA asesina ahora para morir después, pronto. Se trata de una ortotanasia, término que etimológicamente significa «bien morir». Desaparecer con cuidados paliativos, si así se entiende mejor. Los dirigentes de ETA tienen dos frentes abiertos. Uno, externo, con el Estado de Derecho y la sociedad española. Y en ese frente externo ya saben que la única actitud es la implacabilidad. El mensaje del Congreso de los Diputados, precisamente el pasado jueves, es nítido: cumplirán los terroristas las penas en su integridad y hasta cuarenta años y se acabó la pamema -y es mejor que Manuel Montero, rector de la Universidad Pública Vasca, mantenga la dignidad del silencio- de salir hechos catedráticos de la cárcel a costa de la benevolencia, cómplice o miedosa, de determinados profesores. En lo que confía ETA es en obtener algunas victorias en su frente interno: con el resto del nacionalismo vasco. Unos y otros son caínes, lo han sido siempre en su desgraciada historia. Llegan a herirse, pero jamás a eliminarse. El PNV y EA -con el patetismo de la IU del inmoral Madrazo de apéndice de la estratagema- sacarán tantas cuantas ventajas estén en su mano de la ilegalización de Batasuna, pero no hasta el punto de ahogarla, porque a los etarras de dentro y a los de fuera les necesitan para alguna variante del plan de Ibarretxe. Atutxa se resiste a que los dineros públicos de Sozialistas Abertzaleak mermen en el Parlamento; es muy posible que, en determinados pueblos, tanto el partido de Arzalluz como el de Errasti propongan a las Diputaciones de Vizcaya y Guipúzcoa la disolución de sus corporaciones locales para formar gestoras e incrustar en ellas a gente de AuB.

Seguirán defendiéndoles como han hecho siempre pese a los crímenes. Pero acabarán convergiendo para que ETA tenga un final «honroso» e Ibarretxe pueda seguir amagando con su propuesta de «libre asociación con el Estado» en un «escenario sin violencia». Mientras tanto, el sacerdote irlandés, Alec Reid -qué espeso silencio el del nacionalismo sobre el deambular del clérigo redentorista de despacho en despacho, de cita en cita- intenta -claro que por mandato ajeno aunque próximo en propósitos y pegado a los objetivos del nacionalismo radical- hacer una labor de engrase, de mediación que, aunque de dudosos resultados, es una iniciativa que los que le apadrinan creen tiene «más cuerpo» que las andanzas de Pérez Esquivel. Y en último término, si todo fracasa -Reid, el plan de Ibarretxe, el plante al Supremo- los nacionalistas intentarán provocar al Estado para que sea él, a través de una suspensión de la autonomía, el que cargue con la culpa de su centésimo fracaso político y moral. Así se refugiarían otra vez en la impotencia del victimismo.

Pero las cosas han cambiado. Porque el Estado no va a suspender el régimen estatutario, aunque los tribunales encausarán a los que lo desobedezcan. Porque la ortotanasia de ETA que el nacionalismo -pro domo sua- pretende mediante un «alto el fuego táctico» de los etarras en el momento oportuno y no antes de exhibiciones criminales como la de Sangüesa -qué asesinatos tan fáciles y cobardes-, tampoco la va a consentir el Estado que, con o sin tregua, va a seguir deteniendo a los delincuentes. Y porque, en fin, hace ya tiempo que, mientras ETA y los nacionalistas siguen con sus imposturas, la sociedad española, los dos grandes partidos nacionales, el Gobierno y los Tribunales no son lo que eran. La ortotanasia de la banda terrorista hubiese sido posible -sin precio político alguno- cuando Antza y sus secuaces en 1998 tuvieron enfrente a los representantes del presidente del Gobierno. Perdieron esa oportunidad y voló para siempre. Ya no es posible «el buen morir» de ETA -aquel que también le ofreció el Pacto de Ajuria Enea en 1988- sino su erradicación pura y simple, con la ley en la mano y a despecho de las complicidades del PNV, de EA y de Madrazo (por respeto a muchos militantes de Izquierda Unida, no me refiero a la coalición) y de Gaspar Llamazares.

EL PODER DEL VOTO... DE LA BOMBA LAPA
LUIS IGNACIO PARADA ABC 31 Mayo 2003

TODO el mundo sabía que ETA no cometería un atentado durante la campaña electoral para no ofrecer ventajas a las fuerzas políticas constitucionalistas del País Vasco. Y todos nos temíamos que lo intentaría unos días después para demostrar que no está tan desmantelada como creemos y, de paso, para poner precio a los votos en blanco. Necesitaba un golpe eficaz para que los militantes, protectores y beneficiarios de su objetivo final, recuperasen la «moral» tras los reiterados fracasos de sus últimas acciones y las continuas detenciones de sus dirigentes en los pasados meses. Por eso atentó sólo cinco días después de que hablasen las urnas. Y lo hizo con todas las ventajas: en un pueblo pequeño; en Navarra; contra fuerzas de la Seguridad del Estado; sin los riesgos de hacerlo en una gran ciudad, como amenaza a quienes no se sienten vascos y menos secesionistas; contra gentes sin especiales medidas de seguridad.

El atentado va a poner a prueba el pacto entre el PP y el PSOE; refuerza la estrategia de Aznar aunque no la de Mayor Oreja; compromete a Izquierda Unida en su vergonzoso apoyo al Gobierno vasco, y deja en ridículo a Arzallus e Ibarretxe tras sus ampulosos rechazos al terrorismo, del que se benefician, mientras urden un pacto secreto entre PNV-EA y ETA. El portavoz del Gobierno de Vitoria dijo ayer que el Ejecutivo vasco acabará, de una vez por todas, con el terrorismo. Seguramente lo hará con el habitual procedimiento de ponerse al frente de las manifestaciones y actos de repulsa en las entidades y en las calles del País Vasco. Convendría ahora que el dolor y la repulsa del voto de la bomba lapa no nos hicieran olvidar las antidemocráticas estrategias de los pactos municipales. Ni el desafío del Parlamento de Vitoria a la Justicia. Ni la batalla por la sucesión de Aznar. Ni otros asuntos de actualidad, como el imparable crecimiento de la nariz del ministro de Defensa.

Sangüesa
David Gistau La Razón 31 Mayo 2003

Anacrónica en su atolladero histórico, aferrada a una violencia casi folclórica porque estigmatiza cuanto es vasco, ETA podría responder, a la pregunta de por qué mata, lo mismo que el escorpión de la fábula: «Es mi naturaleza». Un instinto, una pulsión, una patología, un aguijonazo en un círculo de fuego. Pero mientras, otra vez un atentado. Otra vez hombres corrientes consagrados a su pesar como héroes por un golpe casual que les convertirá en mera estadística, en todas partes salvo en ese hogar en el que a partir de ahora no serán sino ausencia. Y otra vez nosotros cumpliendo con el trámite, retórico e inútil, de la elegía, como si esta guerra pudiera ganarse mediante esta terapia de grupo que es amortajar con prosa a nuestros muertos, intentando al mismo tiempo construir un «Nosotros» que nos diferencie de la Bestia.

Lo malo es eso: que no es tan identificable, la Bestia, como lo querría ese maniqueísmo de cuento infantil en que un ogro es un ogro y le delata la verruga o el pasamontañas. A los policías de Sangüesa los delató un informador ¬otro hombre corriente¬ que, con los cadáveres todavía en la acera, estaría tomándose un café a apenas un par de manzanas de distancia antojándose él mismo un héroe y sin sospecharse, por tanto, lo que es: un hijo de mala madre. Tampoco lleva verruga ni pasamontañas ¬también son hombres corrientes¬ ese colchón social que en el Norte todavía arropa a ETA y acepta como verdaderos los mitos tribales contados, como alrededor de la hoguera, en las «ikastolas». Tampoco llevan verruga ni pasamontañas, acaso incluso sepan hacerse el nudo de la corbata, los programadores de ETB: los que se han negado a emitir un anuncio institucional en homenaje a las víctimas del terrorismo y en cambio, hoy mismo, ceden espacio a Otegui para que pueda gruñir una frase en la que queda retratada toda su vesania de psicópata, de miserable: «A los policías de Sangüesa los ha matado el Gobierno de España». No. ETA no es sólo esa colección de rostros lombrosianos que aparecen en los carteles de «Se busca». Es el nacionalismo todo, es su naturaleza.

Sangüesa,
Faustino F. Álvarez La Razón 31 Mayo 2003

No caben ambigüedades ni vanas ilusiones con respecto a los terroristas etarras, y ni siquiera aporta novedad alguna a ese convencimiento moral el terrible atentado de ayer en Sangüesa. Al lado de la condolencia hacia los familiares de los policías nacionales asesinados es necesario mantenerse en la firmeza de que la inmensa mayoría de los españoles está del lado de la paz y de la libertad y que, en la otra orilla, hay una minoría de criminales que no perderá ocasión para atentar contra vidas humanas. No es que hayamos aprendido a convivir resignadamente con la lacra terrorista, sino que una dura experiencia colectiva nos enseña que, en estos casos, no se puede hablar de sorpresas ni basar el rechazo a la vileza en tal o cual espíritu circunstancial: las convicciones necesitan constancia y firmeza, que son compatibles con el dolor, la emotividad y los días negros que en el almanaque señalan los terroristas.

Hace una semana que se llamaba a los españoles a la reflexión ante todas las urnas municipales y algunas autonómicas. La jornada electoral se celebró ejemplarmente, cada uno a su papeleta y a sus libertades, y era la primera vez en que terroristas disfrazados de candidatos habían quedado fuera de juego. Ahora es muy fácil decir, a toro pasado, que la reacción asesina era previsible. Pero lo era. Y, por desgracia, lo sigue siendo. Frente a la evidencia de grandes pasos hacia adelante en la lucha contra ETA no caben negativas interesadas ni escepticismos tibios. Tampoco debe estar presente el triunfalismo, ni el juego partidista sectario, ni la convicción de que los servicios secretos norteamericanos o los inciertos apoyos franceses nos van a dar el problema resuelto. Más vale que tomemos conciencia de que queda un largo camino por recorrer, y que otros terroristas serán llevados ante la Justicia, y que pueden producirse nuevas víctimas. Si cada español se siente apoyado colectivamente en su particular análisis del hecho terrorista habremos ganado un amplio territorio psicológico, político y ético. Por ello, cuando alguien es asesinado por un coche-bomba o por un tiro en la nuca a todos nos han arrancado algo de nuestro aliento y de nuestra sangre. Es cierto que, ante unos cadáveres de cuerpo presente, decir que con ellos también ha muerto algo de cada uno de los que los lloramos puede parecer un recurso demagógico ante quienes, por haber expirado, ya no conocen su propia muerte: «cuando ella está, tú ya no estás», según los estoicos. La tarea, ahora, está reservada a quienes quedamos aquí, clamando contra esos periódicos desgarros enloquecidos en que las víctimas siempre son inocentes.

El atentado de Sangüesa nos devuelve a la cruda realidad. Pero nos ha de llevar también a la serenidad y a la firmeza para unirnos aún más, siendo tan distintos, en favor del derecho a vivir en paz.

El día que IU rechazó a las víctimas
Miguel Ángel Rodríguez La Razón 31 Mayo 2003

Pocas horas después de que IU, el socio que tiene ahora Zapatero para demostrar que ha ganado poder, votara contra la emisión en la televisión vasca de un anuncio que recuerda a las víctimas de los terroristas, un coche bomba segó la vida de los policías nacionales. Así se escribe la historia. Horas después, los líderes de IU salían por televisión a dar el pésame a las familias de los muertos y el PSOE mantenía sus pactos con ellos. Qué dura es la traición cuando se ve tan clara. IU traiciona a las víctimas de la Democracia y el PSOE se tapa la nariz para conseguir poder. Qué asco.

En ausencia de atentados les es fácil ponerse la pegatina de «no a la guerra» y aparecer como los más solidarios del planeta con los iraquíes y los palestinos. Ayer tuvieron que decir «no a ETA» y su credibilidad está por los suelos. Izquierda Unida no pestañea en su intento de desestabilizar nuestra convivencia pactando cualquier cosa con el nacionalismo vasco, y el PSOE no se avergüenza de sentarse con ellos a negociar.

La televisión vasca no será obligada a hacer un anuncio de homenaje a las víctimas de Eta, pero qué se creen que está pensando la gente cuando ve las noticias del atentado de ayer. ¿En su plan de independentxia?

El PSOE ha dado muestras estos días de preferir la mano de IU y PNV a la del PP. Su equivocación será duramente juzgada por los ciudadanos. Su radicalización será el final del liderazgo de Zapatero. Ya no hay excusas. Todo el mundo sabe dónde está IU y dónde el PNV. Hasta el pasado domingo, parecía que en el PSOE se prefería la Democracia al chantaje de los nacionalistas. Pero por un poquito de poder están dispuestos a venderse.

De los comunicados al asesinato: ETA «impulsa un proceso político» a tiros
ABC 31 Mayo 2003

Joseba Egibar, el portavoz nacionalista, aseguró que con el atentado de ayer se demuestra que no hay conversaciones entre los nacionalistas y la banda

MADRID. Tras un comunicado de ETA hecho público por los diarios «Gara» y «Egunkaria» (domingo, 11 de mayo) y la rueda de Prensa emitida parcialmente por ETB (viernes, 16 de mayo), la tercera aparición de los terroristas ha sido el asesinato ayer en Sangüesa. Según la izquierda abertzale, tanto la nota como la comparecencia televisiva venían a demostrar que si bien ETA no iba a renunciar a las armas, mostraba el camino para la pacificación. La celebración de una consulta popular es, para la banda, la clave para resolver el «conflicto». Según el Ministerio de Interior, ETA intentaba llamar la atención, participar en la campaña electoral y superar su momento de debilidad -la última gran operación policial se llevó a cabo el 9 de mayo en Francia con la detención de Ainhoa García Montero, una de las máximas responsables de la banda, junto a las de Asier Aranguren, Aitor García Justo y Thierry Iriart- con el señuelo de un hipotético debate sobre el abandono de las armas.

Advertencias
En paralelo, el ministro Ángel Acebes advertía sobre la inminencia de un atentado y en Madrid se redoblaban los controles aleatorios en previsión de que la banda hubiera logrado introducir un comando. La última vez que ETA se hizo notar en Madrid fue con el asesinato del guardia civil Antonio Molina Martín, quien interceptó a dos terroristas en un control rutinario de tráfico. A raíz de la detención de uno de los etarras, la Policía evitó una campaña de ataques con coches bombas destinados a centros comerciales de Madrid. La intención de ETA era hacerlos explotar en las horas de máxima afluencia en plenas navidades. Frustrado este plan, la última víctima de ETA fue Joseba Pagazaurtundúa, jefe de la policía local de Andoain y militante socialista, el 8 de febrero de este mismo año.

Desde entonces y hasta ayer, todas las noticias relacionadas con ETA (al margen de comunicados) han estado relacionadas con detenciones, extradiciones y abandonos, lo que ha provocado un gran nerviosismo entre los terroristas. De las comunicaciones intervenidas y los papeles incautados, la Policía llegó a la conclusión de que los cabecillas de ETA estaban obsesionados con la presencia entre sus filas de un infiltrado que proporcionaba la información a los agentes españoles para las detenciones en Francia.

La última operación contra ETA, en la que se detuvo a Ainhoa García, evitó la irrupción en España de varios comandos entre cuyos objetivos figuraba la «tradicional» campaña de verano contra objetivos turísticos. La «reaparición» ayer de ETA es contemplada por fuentes de la lucha antiterrorista como una advertencia de que los plazos para la unidad nacionalista no se cumplen, así como tampoco se cumplen sus expectativas de que un «frente amplio» -sindical y político- obligue al Gobierno a una negociación. Joseba Egibar, el portavoz del PNV, interpretó que el atentado es un «mentis macabro» que demostraría que no hay conversaciones entre nacionalistas y el entorno etarra.

Palabras y bombas
Editorial El Ideal Gallego 31 Mayo 2003

Las diferencias entre un hombre de bien y un etarra son evidentes. No hace falta ser un estudioso del comportamiento humano o animal para saber que no existe el mínimo parecido entre uno y otro; de todas formas, si alguien albergase una duda habrá podido disiparla con el atentado cometido ayer en Sangüesa por los nacionalistas vascos asesinos. Ésa es la forma de expresarse de los terroristas, que no tiene nada que ver con la de las personas, que, como quedó demostrado el domingo, prefieren las urnas para hacer públicos sus deseos. Los criminales -los que empuñan las pistolas, los que colocan las bombas y los que les dan cobertura desde las instituciones públicas, todos son lo mismo- sólo saben de muerte y dolor, de perpetrar una barbaridad y correr a esconderse, para disfrutar del espanto que se apodera de la sociedad.

El silencio se convierte entonces en la prueba irrefutable que los delata y que ni siquiera rebaten las tonterías que se encarga de decir Arnaldo Otegi, el único con derecho a hablar después de cada atentado. Sin embargo, los demócratas no quieren callar, han perdido el miedo a ETA y lo demuestran un día tras otro utilizando todos los recursos que les facilita la ley, que son muchos y de los que no hay que apartarse jamás, pues gracias a ellos siempre se tendrá a favor la baza de la razón, que será la que acabe triunfando. La combinación de las acciones políticas, judiciales y policiales resultará infalible, pero nunca se podrá sucumbir a la tentación de negociar con los terroristas. Ellos mismos se han confirmado que son incapaces de dialogar como las personas

El análisis de ETA
JOSEBA ARREGI/ El Correo 31 Mayo 2003

ETA acaba de hacer pública su valoración de los resultados electorales: ha asesinado a tres policías nacionales en Sangüesa. Esta valoración de los resultados electorales está en línea con la actuación de siempre de ETA, está en línea coherente con lo anunciado por ETA en su comparecencia durante la campaña electoral: ETA no renuncia a su proyecto, un proyecto que incluye una meta a alcanzar y un método para llegar a esa meta, la violencia. Una violencia que está tanto en la meta a alcanzar como en el método. Ambos se implican mutuamente. ETA puede mostrarse más o menos contenta con lo que los demás partidos nacionalistas van alcanzando. Pero no renuncia a su meta y a su camino.

ETA ha roto dos vidas, dos esperanzas, dos familias, creando víctimas. ETA ha roto también con una sorda esperanza que empieza a asentarse en el corazón de muchos vascos cada vez que, por las razones que sea, sus actuaciones se espacian en el tiempo. Y ETA ha roto también con innumerables elucubraciones sobre sus estrategias, sobre los cambios que se pueden producir en ella a causa de los cambios que se producen en la vida política vasca. ETA rompe con todo, porque ésa es su finalidad, a pesar de que, sin tener que hacer mucho esfuerzo, nos convence a los demás de que está inmersa en un proceso de reflexión que puede conducir a no se sabe dónde.

Todo ello nos obliga a recordar, una vez más, qué es ETA, cuáles son los elementos básicos que constituyen a ETA, su proyecto y su método. Nos obliga a recordar, por ejemplo, que la finalidad de ETA es actuar contra el sistema de Estados, contra todos los Estados en cuanto son sistemas de organización de la vida social, del poder y del derecho. Actúa contra el Estado español o contra el Estado francés porque está en contra del Estado como sistema político.

ETA se basa en su lucha contra el sistema de Estados en el sentimiento nacional, que considera que ha tomado el relevo de la lucha de clases como motor de la historia: son las naciones sin Estado las llamadas a producir la revolución definitiva, aquélla que va a acabar con los Estados. ETA es nacionalista no porque haya dejado de ser revolucionaria, sino que necesita ser nacionalista para poder seguir siendo revolucionaria. Lo uno no está en contra de lo otro, sino que lo necesita imperiosamente.

Para poder avanzar en esta lucha contra los Estados basándose en las naciones sin Estado, ETA necesita una sociedad vasca homogénea en el sentimiento de pertenencia. ETA actúa una y otra vez para dejar clara su voluntad de conseguir ese motor de la lucha contra los Estados que es una nación sin Estado: una sociedad nacional sin fisuras, sin dudas, sin símbolos que puedan indicar lo contrario, sin medias tintas, sin compromisos, sin personas que simbolicen la pluralidad intrínseca de la sociedad vasca precisamente en lo que al sentimiento de pertenencia exclusivo a la nación vasca se refiere.

Para que ese sentimiento nacionalista posea la carga y la fuerza revolucionaria exigida por el proyecto de ETA, el proyecto debe estar planteado con un maximalismo que lo haga prácticamente imposible: esa función juega la reclamación de la territorialidad de Euskal Herria en el planteamiento de ETA, dotar de la carga revolucionaria al sentimiento de pertenencia por medio del maximalismo de sus pretensiones, por medio de la práctica imposibilidad de su materialización.

En todas estas cuestiones ETA lo único que hace a lo largo de su historia es refinar las expresiones teóricas, pero no las modifica en su sustancia. Si lo hiciera, dejaría de existir. Pasaría a ser otra cosa. Podría ser el nacionalismo tradicional radicalizado. Pero ETA siempre se ha considerado otra cosa distinta. ETA ha querido ser un nacionalismo radicalmente distinto al nacionalismo tradicional A pesar de que el nacionalismo tradicional le haya hecho siempre el favor de verla como su imagen radicalizada, sin más.

Los cambios estratégicos, aquellos movimientos que hacen correr tanta tinta, que son motivo de tantas discusiones y de tantos debates, como el último que ha tenido lugar sobre si ETA se mueve hacia el plan de Ibarretxe, o si lo rechaza frontalmente, no son más que dudas de quienes no queremos ver el fondo de lo que ETA es. Porque, si lo viéramos, nos daríamos cuenta de que ETA siempre juega el mismo juego: empujar al conjunto del nacionalismo hacia una radicalidad creciente, y seguir manteniendo, por medio de la violencia terrorista, la presión para que el nacionalismo tradicional se radicalice cada vez más. Por eso puede decir: el camino de un referéndum está bien, pero hace falta mucho más.

Porque para ETA la meta no está en el referéndum. La meta está en contar con una sociedad identificada totalmente en el sentimiento exclusivo de pertenencia nacional que se convierta, al ser nación sin Estado, en la punta de lanza de la lucha contra el sistema de Estados. Por esta razón no hay modo de satisfacer las pretensiones de ETA por ninguna vía intermedia dentro del respeto al derecho y a la democracia: ETA y su proyecto son imposibles en un sistema de derecho.

Será inútil repetir que, con todas estas reflexiones en mente, lo que de verdad hace falta en la lucha contra ETA no es la condena de la violencia, por muy elocuente que sea. Lo que de verdad se requiere es la unidad de los demócratas frente a la negación pura y simple de todo lo que significa Estado, derecho y democracia. Y será inútil repetirlo porque parece que esa unidad ya la ha perdido la sociedad vasca para mucho tiempo, si no para siempre.

Pero valga una propuesta inútil: la unidad de los demócratas no será posible mientras algunos del llamado bloque constitucionalista no entiendan que el nacionalismo tradicional condena sin reservas la violencia, que intencionalmente no tiene nada que ver con el mundo de ETA, que no es cuestión de juzgar intenciones, de buscar una confrontación moral, de buenos y malos.

Pero la unidad de los demócratas tampoco será posible mientras el nacionalismo tradicional no entienda que, más allá de la cuestión de la bondad o maldad de las intenciones, se encuentran las cuestiones de lo que objetivamente, no en la intención subjetiva de los actores políticos, ayuda, permite, propicia la reproducción de ETA por medio de la formulación de un tipo de sentimiento nacionalista apropiable sin más por ETA. Unos tienen que entender que es posible ser nacionalista en Euskadi. No sólo que es posible, sino que es deseable que exista nacionalismo en Euskadi por mor de la pluralidad de la sociedad vasca. Y otros tienen que entender que es preciso llegar a una formulación del nacionalismo que impida su apropiación por ETA al servicio de su meta rupturista de todo sistema.

Mientras tanto seguirán muriendo personas, seguirán muriendo policías nacionales, guardias civiles, periodistas, concejales, ertzainas y personas que de alguna forma representen la no homogeneidad de la sociedad vasca, y por ello mismo el valor del Estado de Derecho como sistema de garantías de la libertad individual, de la libertad de conciencia, de la no normatividad de identidad alguna para los ciudadanos.

Cada asesinato de ETA es un aviso para que no nos llamemos a engaño. ¡Pero es tan cómodo vivir en un engaño dulce, en el mejor de los mundos posibles, si no fuera por esa minucia que olvidamos a las pocas horas de que haya sucedido!

ETA, arma nacionalista
Nota del Editor 31 Mayo 2003

¿ Quien apoya, financia y dirige ETA ?, ¿ Quien utiliza y se beneficia del terror de ETA ?: está claro que nosotros no, y está muy claro que los nacionalistas sí, así que ya saben lo que tienen que hacer, váyanse con sus monsergas a otro sitio, irse es muy fácil, sobre todo si no hay que incluir escolta en el traslado. Seguro que no les echaremos en falta.

El 'hierro' encima de la mesa
ANDONI UNZALU GARAIGORDOBIL/ El Correo  31 Mayo 2003

En los años setenta se contaba, como anécdota común, que cuando había una reunión y venía a la misma un 'mili', ponía de forma ostentosa el 'hierro' encima de la mesa como argumento incontestable. A partir de ahí se sentía más seguro, y en la discusión posterior siempre tenía razón.

Esa lapa asesina agarrada a los bajos de forma leve es el argumento del asesino: dos policías asesinados, otro grave y un trabajador grave. Sus caras y sus nombres no existen para sus asesinos, les dan lo mismo: el terrorista mata para amenazar a los vivos. Esa bomba lapa va dirigida a los que quedan vivos y no quieren renunciar a la razón y a la palabra. Y porque son muertos sin cara ni nombre para el asesino, yo aquí los pongo para reivindicar que son dos personas que tienen identidad: Bonifacio Martín Hernando y Julián Embid Luna.

Yo oí el otro día a una señora, con voz estridente, diciendo que amenazar no amenazaba, que los que de verdad sufría las amenazas eran ellos. Ha comenzado la negociación de las gestoras. Y ese estruendo del coche destrozado ha puesto el 'hierro' encima de la mesa para agilizar la negociación y apoyar los argumentos. Yo me alegré cuando durante la campaña ETA hizo esa tosca representación -cierto que han mejorado un poco la estética de las máscaras; se ve que ven películas americanas de extraterrestres- que tanto alboroto causó. Por primera vez en una campaña electoral, ETA no ponía carteles ensangrentados. Alguno hubo que alabó, incluso, la habilidad de márketing de ETA. Hoy más de uno hará un análisis minucioso sobre las características y razones de este atentado; hablarán de Navarra, de Aralar. Recordarán la heroica lucha por el ENA. Es como buscar la razón última que provoca el disparo asesino en el arma elegida para afinar mejor la puntería. El terrorista que escoge un 'M16' o un 'AK 47' sólo tiene un motivo: matar al disidente y, sobre todo, amenazar y doblegar a los vivos. Ese estruendo que ha surgido en Navarra, y habrá resonado casi seguro en el monasterio de Leire, se ha oído sobre todo en los nuevos ayuntamientos guipuzcoanos aún no constituidos. Cuando, los que llevando el voto nulo en la mano como trofeo de guerra, se sienten a negociar -¿negociar? ¡qué poder tiene el lenguaje para ocultar la verdad!- ,los que estén enfrente tienen que taparse los oídos para no escuchar la explosión de esa bomba lapa.

ETA ha puesto el 'hierro' encima de la mesa del PNV y EA claramente y sin disimulos. A ellos corresponde no ceder al chantaje, y a todos apoyar a los cientos de concejales de pequeños pueblos a los que desde anoche les va a costar conciliar el sueño. De los otros cientos, que del insomnio han hecho costumbre, tampoco me he olvidado; a partir de hoy tienen más compañeros de desgracia; cierto que no es consuelo.

La más cruda realidad
RAFAEL AGUIRRE/ El Correo 31 Mayo 2003

La tensa espera se ha roto. No sabíamos ni cuándo ni cómo, pero ETA recientemente ya se había encargado de recordarnos que su amenaza seguía pendiente, más aún, que ampliaba el abanico de sus posibles objetivos. En Sangüesa hemos sido devueltos a la más cruda realidad. Esta vez las víctimas han sido unos funcionarios públicos, miembros de la Policía Nacional, objetivo bien fácil por cierto porque realizaban un trabajo muy necesario, pero rutinario y de carácter burocrático. Los asesinos medirán la grandeza de su hazaña precisamente por lo absurdo de su acción y por la indefensión de sus víctimas. En el baremo del fanático el timbre de gloria crece en virtud de su capacidad de asombrar a las más elementales reglas de la humanidad y de la civilización.

¡Qué secundarias y hasta mezquinas resultan tantas disputas políticas y electorales cuando nos encontramos con esta barbarie en medio de nuestra vida cotidiana! Las condenas y denuncias desgraciadamente nos unirán mal y por muy poco tiempo. Pero hay que repetir una vez más que hay una tarea urgente y prioritaria: la unión en unos principios morales y políticos prepartidistas básicos entre todos los demócratas en la lucha contra el terrorismo.Y que todas las demás reivindicaciones, por legítimas que sean, deben aparcarse si impiden esta unidad y, más aún, si implican convergencias ideológicas o estratégicas con los criminales.

Cuando el Estado de Derecho es atacado en algunos de sus baluartes fundamentales (judicatura, partidos determinados, policía) es una enorme irresponsabilidad deslegitimarlo desde dentro de las instituciones mismas que se controlan. La desobediencia civil, se vista de una u otra forma y aunque se haga con muy buena voluntad, contribuye a fortalecer las ideología de quienes recurren al terrorismo contra el Estado de Derecho porque niegan que exista entre nosotros una verdadera democracia y proponen como alternativa un maximalismo vasco. Sabemos distinguir muy bien entre demócratas y totalitarios, como también sabemos que todas las ideologías tienen sus propias e intrínsecas perversiones. Pero también hay que decir que los nacionalistas vascos deberían ver en estos actos no una expresión de la verdad pendiente de su causa, sino la aberración y degradación de su ideología. Y que deberían actuar en consecuencia, es decir, llevando la terapia a la raíz: a la degeneración ideológica, al adoctrinamiento en el patriotismo que fanatiza y bloquea los sentimientos más elementales de humanidad, a la superación del victimismo en la visión del pasado y del presente. No se puede coincidir en la visión de la historia y en los proyectos de futuro con quienes profesan un etnicismo excluyente y quimérico, y considerar que no se tiene ninguna responsabilidad con las barbaries que cometen. El fin condiciona los medios, como los medios contienen en germen el fin que se pretende.

La política es una dura lucha por el poder, a veces despiadada y hasta obscena, y no deja espacio para las exhortaciones y buenos deseos. Pero creo sinceramente que hay dos pasos inmediatos imprescindibles en la política vasca: primero, que el nacionalismo vasco no siga radicalizando su estrategia hasta el punto de no apoyar nunca ninguna de las iniciativas -ni legislativa, ni judicial, ni política- que se toman contra el terrorismo (¿se puede, de verdad, considerar a Garzón, que ciertamente no es infalible, un instrumento dócil al servicio del PP?, ¿es que siempre y en todo están todos los demás grupos políticos equivocados en este tema?); segundo, que se recupere el diálogo institucional entre el poder central del Estado y el poder autonómico vasco, exigencia de responsabilidad que debe estar por encima de las mayores o menores simpatías personales.

Mientras exista el terrorismo no se dan las condiciones de libertad y sosiego requeridas para replantear el marco jurídico de nuestra autonomía. No soy de los que invocan el diálogo hasta el amanecer como una receta mágica. El diálogo exige condiciones y reglas que tienen que estar bien claras. Pero los demócratas tenemos la obligación de desmontar las considerables dosis de tensión y crispación sobreañadidas a la sociedad vasca a las que, de por sí, ya introduce el terrorismo etarra.

Estas líneas escritas con prisa, con dolor e indignación, quieren, ante todo, transmitir solidaridad con las dos víctimas mortales, con los heridos y con sus familias, y con sus compañeros del Cuerpo Nacional de Policía. Las palabras valen poco en momentos tan límites, pero se las decimos con todo el corazón y son el vehículo de nuestra presencia y cercanía. Que sepan sus allegados que su dolor es el nuestro, que jamás olvidaremos esta villanía, que en sus seres queridos nos han atacado a todos los que no queremos ceder al chantaje de los terroristas y defendemos nuestra democracia. La solidaridad con las víctimas es un compromiso redoblado para que su memoria no sea olvidada y el futuro no responda al que sus verdugos quieren imponernos a todos extendiendo el terror. Las víctimas son un clamor por la libertad y por el respeto a la vida de todas y cada una de las personas.

¿Qué más hacer?
Robert Zimmerman Otegui/Vero Beach. Estados Unidos Cartas al Director El Correo 31 Mayo 2003

Desde Estados Unidos se ve con esperanza que en medio del desastre del 'Prestige' y de la guerra de Irak, los democratas vascos han sabido mantener el tipo ante el fascismo nacionalista que hace del País Vasco el único reducto de Europa donde no existe la libertad. Los fascistas ya no vivirán de los sueldos que les pagan las instituciones de los ciudadanos a los que amenazan. ETA, por su parte, se ha encargado de recordarnos en Sangüesa lo que opina del veredicto de las urnas Y mientras tanto 'The New York Times' sigue llamando a los terroristas «grupo separatista vasco». Me pregunto qué tal nos sentaría a los americanos que la Prensa espanola se refiriera a Al-Qaida en el 11-S como «grupo fundamentalista musulmán aerotransportado? Qué más tiene que hacer España, en su solidaridad con nosotros, para que nos tomemos en serio la amenaza terrorista, con todas las letras, que padece?

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