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Recortes de Prensa     Miércoles 4 Junio  2003
Arrojar la cara importa
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 4 Junio 2003

El escándalo de Rojo
Germán Yanke Libertad Digital  4 Junio 2003

El hacha y la serpiente

José Luis Manzanares La Estrella  4 Junio 2003

Políticas muy personales
Lucrecio Libertad Digital  4 Junio 2003

Rojo

Román Cendoya La Razón 4 Junio 2003

Ambiciones en torno a Álava
Editorial La Razón 4 Junio 2003

Zapatero, Simancas, Llamazares, Madrazo
Luis María ANSON La Razón 4 Junio 2003

El olor del miedo

Miguel Ángel Rodríguez La Razón 4 Junio 2003

El palo desnudo
Aleix Vidal-Quadras La Razón 4 Junio 2003

Arrojar la cara importa
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 4 Junio 2003

El espejo no tiene la culpa. PSOE e IU son abucheados en los funerales de las víctimas de ETA porque Llamazares colabora activamente con el PNV en el respaldo a ETA y porque el PSOE prefiere pactar con el partido de Madrazo antes que con el de Mayor Oreja. Y es tal su sectarismo, su odio al PP y su indiferencia por la lucha antiterrorista que aceptan darle la parte del león del Presupuesto de la Comunidad de Madrid a un partido que no tiene más que el 7% de los votos y que, a cambio, no es capaz de darles siquiera la alcaldía de Bilbao, porque para Llamazares y/o Madrazo es más importante pactar con el PNV que con el PSOE y prefieren el Pacto de Estella al Frente Popular.

Arrojar la cara importa, que el espejo no hay por qué. El PP no tiene la culpa de que el sectarismo del PSOE empiece a pasarle factura y que la estrategia criminógena de IU se vea recompensada con la desaprobación popular. Del pueblo del PP y del pueblo en general. ¿O es que piensan Zapatero, Caldera y compañía que Madrazo puede ser un líder político más valorado que Redondo Terreros o Rosa Díez? Ni en el País Vasco ni en ninguna parte de España. Y Aznar y los suyos hacen muy bien en señalar y subrayar el carácter oportunista, sin principios o abiertamente liberticida que comunistas y socialistas están demostrando desde hace meses. Antes del 25-M y después.

Si no quieren que les censuren su política, la solución es fácil: cambiar de política. Y si no quieren, ya saben: a aguantar y a prepararse. Porque esto de ahora no es nada al lado de lo que les espera en las Elecciones Generales del 2004. Las del 2000 también les cogieron juntos, juntísimos. Y el resultado no pudo ser más elocuente. Pero que no se quejen. A ellos aún no les han asaltado trescientas sedes.

El escándalo de Rojo
Germán Yanke Libertad Digital  4 Junio 2003

El próximo día 14, como ya han anunciado, los concejales del PP en el País Vasco van a votar al candidato socialista allí donde, teniendo mayor representación que ellos, lo precisen para lograr la alcaldía. Es de esperar, aunque no se haya confirmado oficialmente, que los socialistas hagan lo mismo en los pocos municipios en los que el PP está en similar situación.

No está garantizado –porque el PSOE mantiene en algunos casos una ambigüedad paradójica– que los alcaldes socialistas resultantes de ese apoyo integren a concejales del PP en los equipos de gobierno. Algunos de sus candidatos se han limitado a agradecer el apoyo sin ninguna propensión a gobiernos constitucionales y otros, como Odón Elorza, han manifestado que prefieren otras opciones. El objetivo, según su secretario general, Patxi López, es, sencillamente, tener el mayor número de alcaldes y los principios, o la búsqueda de un consistente entendimiento entre partidos constitucionales no parece tener un papel importante en el panorama –¿intelectual?– de los socialistas vascos. Al menos en el de muchos de ellos.

Siendo esto sorprendente –y fundamentando el cambio de política del PSOE en el País Vasco, el cambio siempre negado tras la persecución a Nicolás Redondo–, dejémoslo a un lado ante el escándalo mayor de la temporada, que no es otro que el de Javier Rojo.

El día 15, en lo que a formaciones de mayorías en el País Vasco, quedará un único caso. Ese día, sin pactos previos ni otros compromisos, se habrán elegido los alcaldes y quedará pendiente la elección del diputado general de Álava, territorio en el que la lista de la coalición PNV-EA ha obtenido más votos que las demás aunque bastantes menos que la suma de PP y PSOE. Rojo, aunque quedó siete puntos por debajo del candidato popular, Ramón Rabanera, quiere ser, porque sí, diputado general y amaga con no plegarse y no votar a aquel. No se si es porque sí o por molestar al PP haciendo un favorcito al PNV pero, a estas alturas, es decir, teniendo en cuenta lo que todos los ciudadanos nos jugamos en el País Vasco, es un escándalo.

Hace cuatro años, Fernando Buesa puso, tras duras negociaciones, un punto de sentido común y el PSOE, a cambio de concesiones (aunque ahora se diga falsamente que fue gratis), apoyó a Rabanera. Si Rojo se ha dejado llevar por el desvarío, la vanidad, la inconsistencia política y el travestismo ideológico, el único que puede ahora poner el necesario punto de sentido común es José Luis Rodríguez Zapatero. Han pasado suficientes días para que el tema sea bochornoso y es hora ya de que el líder del PSOE, en vez de mosquearse porque le silben algunos indignados, demuestre con hechos lo que dice con palabras.

El hacha y la serpiente
José Luis Manzanares La Estrella  4 Junio 2003

La ETA ha sido desde su nacimiento mucho mas que una banda asesina. En su escudo figura, junto al hacha del matarife, la popular encarnación de la insidia, la doblez y el engaño: la serpiente. Tan bien ha cumplido su papel el reptil, con tantas ayudas ha contado y tan ingenuos fueron los políticos nacionales, que todavía encuentra cobijo en el Parlamento Vasco. Increíble pero cierto. El último refugio del terrorismo en Europa, perfectamente identificado, ahí, a la vuelta de la esquina, en Vitoria, protegido por quienes dicen rechazar la violencia venga de donde venga, difunden en la televisión publica los mensajes de aquellos cuyos fines comparten y censuran las campañas de apoyo a las víctimas. Esas víctimas inevitables para conseguir a través del miedo lo que nunca lograrían en una sociedad libre.

La situación es esperpéntica. El Tribunal Supremo “acuerda declarar la disolución del grupo parlamentario” y expide el oportuno requerimiento para que “por la Mesa de aquella Cámara, sin demora, se lleve a efecto la disolución del citado Grupo Parlamentario que así ha sido acordada”. Léase bien. No se ordena que se acuerde la disolución tras los trámites oportunos, sino que la disolución ya está acordada y sólo resta que lo decidido surta efectos allí donde procede, es decir, en el Parlamento Vasco. Y desde la cúpula del Poder Judicial se recuerda que el art. 410 del Código Penal tipifica el delito de desobediencia. Todo depende ahora de lo que el Tribunal Supremo entienda por demora. Se encuentra en juego la credibilidad de nuestro Estado de Derecho. Tan aconsejable es la prudencia como indigna sería la claudicación -encubierta o no- frente a los valedores de la serpiente. Goethe aconsejaba no golpear avisperos, pero añadía que, si fuera necesario hacerlo, debería utilizarse cuanta fuerza fuera precisa.

Huelgan los informes para ganar tiempo. Si hubiera dudas sobre lo acordado por el Tribunal Supremo, bastaría con solicitar una aclaración. Y, dicho sea de paso, ni la Ley Orgánica de Conflictos Jurisdiccionales contempla otros distintos a los suscitados entre la Administración en sentido estricto y los Tribunales, ni estos mismos Tribunales son parte en los conflictos constitucionales que la Ley Orgánica del Tribunal Constitucional regula. Las instituciones democráticas trenzan sus cestos con los mimbres que le proporciona un ordenamiento jurídico cuyo intérprete último es el Tribunal Supremo. Herri Batasuna -con ese o con otro nombre- ya no existe. Se acabaron los mimbres. Mientras tanto, dos cadáveres más. Y un Ministro de Justicia que, indignado, dice en voz alta lo que piensa y reclama la inmensa mayoría del pueblo español: el grupo parlamentario de los asesinos no debe mantenerse ni un minuto más”.

Políticas muy personales
Lucrecio Libertad Digital  4 Junio 2003

No se debe minusvalorar el peso de la mezquindad personal en los hechos políticos. En don Javier Rojo, ese peso es aplastante. Que la ambición personal de un pobre don nadie, materializada en el loco amor por una jefatura de diputación foral, pueda dar al traste con la alianza de la cual pende algo tan grave como lo es un golpe de Estado institucional en el País Vasco, sería cosa de asombro en otros horizontes; en el nuestro, casi aburre por prevista.

Desde aquel día mismo en que Juanli Cebrián y su González obtuvieron –con el benévolo plácet de Don Jesús, que es quien tiene la chequera– la cabeza de Redondo Terreros, todo en el Partido Socialista vasco se ha jugado en fraternal guerra a navajazos en la tripa. Han sido demasiados años sin disfrutar del generoso saqueo a que el Gobierno vasco viene sometiendo los fondos públicos desde el inicio mismo de la transición y del intemporal imperio nacionalista. Quien más y quien menos tiene su corazoncito. Y su estómago. Y los corazoncitos y los estómagos de su familia.

No es que el principio sea muy distinto al aplicado en toda la malhadada “España de las autonomías”. Esa arbitraria mixtura, fruto de la incompetencia constitucionalista de Suárez y de la imbecilidad de sus opositores, era, desde el principio y en su esencia misma, una máquina pensada sólo para la corrupción. Ni siquiera nueva. Poco más que la puesta al día del viejo mecanismo caciquil de toda la vida, muy mejorado, eso sí, merced a la faraónica absorción de fondos públicos con que comprar votos y voluntades. El resultado, al cabo de un cuarto de siglo de experiencia, fija un apabullante protocolo de laboratorio. Con mayor o menor fortuna, la política nacional ha ido siendo modificada por los electores, y aun los políticos que se soñaran faraones inmutables, fueron cediendo a la implacable erosión del tiempo y del hartazgo del votante. En los gobiernos autónomos, quien gana una vez gana para toda la vida. Andalucía, Extremadura, Galicia, Cataluña y, sobre todo, Vascongadas son arquetipos de esa dinámica de esclerosis en las autodefensas ciudadanas.

Diferencia el caso vasco la explícita programación de un golpe de Estado: una parte de la Administración, la autónoma, ha anunciado ya su proyecto de convocar referéndum secesionista sin pasar a través de las condiciones que la ley regula. Y su inminencia –el golpe ha sido anunciado por el Presidente del gobierno local para el otoño próximo– fuerza a una excepcionalidad en la respuesta que, de momento, no es pensable en el resto de la nación. Esa respuesta estaba programada por los partidos mayoritarios españoles desde antes del proceso electoral. Era elemental aunque insuficiente: compromiso de apoyar, en todos y cada uno de los ayuntamientos vascos, a aquel de ambos candidatos (PP o PSOE) que hubiera logrado mejor resultado electoral. Era insuficiente, desde luego, porque sólo un acuerdo de candidaturas únicas hubiera dejado en minoría al PNV; en estas elecciones y, lo que es mucho más importante, en las autonómicas que vengan luego. Aun siendo insuficiente, permitía agrupar fuerzas y plantar línea de defensa sólida a una ofensiva nacionalista que, lejos de ser una más, se anuncia como la apertura de la mayor crisis política desde el fin de la dictadura.

¿Qué tiene el tal Javier Rojo que contraponer a eso? Su persona. Lo suficientemente alto autovalorada como para juzgar ofensivo no ser él –tercera fuerza electoral, tras PP y PNV– el Diputado General de Álava. Puedo entender que la vanidad de un cacique local llegue al punto de delirio en el cual ya no le importe dinamitar un engranaje clave en la máquina del Estado. Lo que no entiendo –mejor, lo que me niego a aceptar– es que su partido no lo expulse. Ipso facto.

Rojo
Román Cendoya La Razón 4 Junio 2003

Por sus acciones le conoceréis. Su verborrea en Madrid es radicalmente distinta a la que utiliza en Euskadi. Su evolución personal y política coincide siempre con una mejora de puesto. Desde la UGT de su pueblo hasta la Ejecutiva Federal en Madrid. Su legítima gran ambición es ser diputado general de Álava. Su problema que ha quedado el último entre los posibles. Derrotado. Pero su orgullo está por encima de los votos. Una vez más demuestra que lo suyo no son los principios, pero sí las ambiciones finales. Como hizo con sus compañeros de la UGT, como hizo con Nicolás Redondo. A él le dan igual los votos y el futuro de Álava, Euskadi y España. En el PSOE de Zapatero no hay ni principios ni coherencia. Nadie puede entender que en Madrid, para frenar a la derecha, impongan que el segundo gobierne con el apoyo del tercero, y en Álava, para frenar el Plan Ibarreche, digan que Rojo, el tercero, tenga que ser el diputado general porque si no la Diputación será para el PNV-EA de Ibarretxe. Así es Rojo. Pero lo peor es que le apoya Zapatero, quien pacta todo con IU, excepto lo importante, que éstos dejen de apoyar el «Plan Ibarreche». Así nos va.

Ambiciones en torno a Álava
Editorial La Razón 4 Junio 2003

El caso de la Diputación Foral de Álava, la disputa que mantiene el PSE-PSOE por hacerse con la Presidencia a cambio de dar su apoyo al representante del PP en el Ayuntamiento de Vitoria, es una triste historia de ambiciones personales, y de un impresentable reparto del poder, que recuerda más a viejas querellas de caciques que al comportamiento debido en un partido, por otra parte serio y responsable, como el que dirige Rodríguez Zapatero.
Debe partirse, ante todo, de la realidad nacida de las urnas: el Partido Popular es la lista más votada tanto en la diputación alavesa como en su capital. El PSOE ha sido la tercera fuerza política en el territorio y parece lo más ajustado al deseo de los electores que sea el candidato de los populares quien reciba el apoyo de todos los partidos constitucionalistas. El pretendiente del PSE, Javier Rojo, plantea un reprobable órdago, pues sabe que si no vota al PP, los apoyos sumados del PNV (reforzado electoralmente con la herencia batasuna) permitirían la investidura del candidato que debe poner en marcha en Álava el plan secesionista de Ibarreche.

Corresponde a la dirección del PSOE, la misma que sostiene el pacto antiterrorista y rechaza con acierto acuerdos con el PNV, imponer el sentido común en su partido alavés y, desde una perspectiva que Rojo parece incapaz de asumir, apoyar sin consideraciones personales a la lista más votada. No es de recibo imponer opciones personalistas cuando los demócratas tienen tanto que perder. Es más, si se aplica la misma teoría en San Sebastián ¬como bien explica María San Gil¬, el PP, tercera lista más votada, podría exigir la Alcaldía en un hipotético reparto de poder.

La postura del PSE alavés puede poner además en serios apuros a Zapatero cuando opte a la Presidencia del Gobierno y tenga que explicar a los electores que su proyecto no tiene la misma validez en toda España.

Zapatero, Simancas, Llamazares, Madrazo
Luis María ANSON La Razón 4 Junio 2003
de la Real Academia Española

Si Zapatero quiere regresar a la moderación y el equilibrio, desembarazándose del fardo de las vociferaciones junto a los comunistas en las manifestaciones callejeras, tiene ahora la gran ocasión: exigir a Simancas que su pacto con Izquierda Unida dependa de que esta agrupación comunista se sume a los partidos constitucionalistas en el País Vasco. Madrazo apoya el plan Ibarreche. Madrazo sostiene al Gobierno vasco. Madrazo se dispone a apoyar al PNV para que continúe al frente de la Alcaldía de Bilbao. Madrazo está con los aliados de Batasuna.

Zapatero, que se ha dejado jirones de prestigio en las alambradas de las elecciones, recobraría credibilidad ante la opinión pública nacional si condicionara las alianzas del PSOE con los comunistas de Izquierda Unida a que este partido abandone su posición en las provincias vascongadas a favor de los cómplices directos o indirectos de Batasuna.

No será fácil para el líder socialista consumar esta operación porque ni Zapatero ni Simancas, que es un guerrista, están por la labor. El think tank de Moncloa, a pesar de los días de vino y rosas de que gozan, a pesar de los amores volcánicos a los que algunos se han entregado, convertirá la alianza Simancas-comunistas, si Madrazo continúa apuntalando a los cómplices de Batasuna, en la mosca cojonera que zumbará hasta las elecciones generales en las orejas del líder socialista.

El olor del miedo
Miguel Ángel Rodríguez La Razón 4 Junio 2003

Ha publicado el periodista Matías Antolín la última entrega de su trilogía sobre ETA para describir descarnadamente qué ocurre en la mente de los asesinos que pusieron la bomba del otro día: «Soy de ETA y vengo a matarte. El olor del miedo». Por más que Antolín ha escrito un texto en el que parece que, más que conocer el tema, lo hubiera vivido en primera persona ¬gracias a los testimonios de Soares Gamboa¬, las claves que aporta mantienen a cualquier humano en la incomprensión de la mente de esas alimañas. Especialmente escalofriante es el capítulo que dedica a Ortega Lara. La narración de su secuestro cruel, la frialdad con la que sus captores le daban alimento como quien tiene un animal encerrado, las torturas para obligarle a escribir cosas que ni pensaba ni quería pensar Todo ello enmarcado el conocimiento de las vidas de esos terroristas que, verdaderamente, no creen que la vida tenga ningún valor. No la vida de los otros: sus propias vidas.

«El olor del miedo» es un testimonio de la brutalidad a la que han llegado éstos que han hecho de su revolución un negocio para sus jefes y un martirio para cualquier hombre de bien. Es un relato que retrata la esquizofrenia de estos taraos, capaces de preocuparse del mal sueño de uno de ellos mientras preparan la bomba para reventar a un grupo de escolares. Y al fondo queda el particular homenaje de Matías Antolín a las victimas del terrorismo.

El palo desnudo
Aleix Vidal-Quadras La Razón 4 Junio 2003

El pospujolismo anda desorientado y no acierta a interpretar los resultados de las recientes elecciones municipales en Cataluña. En una primera reacción en caliente motivada por el significativo crecimiento de Esquerra Republicana, Artur Mas y sus acólitos se lanzaron a una estrategia de colaboración con los independentistas buscando la configuración sistemática de mayorías soberanistas en los Ayuntamientos. Transcurrida una semana, se han alzado diversas voces en el seno de la coalición advirtiendo del peligro de pérdida de un electorado moderado al que una excesiva radicalización lanzaría ¬horror de los horrores¬ a los brazos del Partido Popular. Y ni corto ni perezoso, el conocido especialista en financiación creativa de partidos, Josep Antón Durán i Lleida, ha reflexionado en voz alta y ha expresado el firme propósito de conservar la «centralidad política», fórmula que al fin y al cabo es la que les ha proporcionado mayor rendimiento en el pasado.

En otras palabras, que no desean abandonar la práctica del noble arte del disimulo, la ambigüedad y la hipocresía, en el que siempre han sido reconocidos como reputados maestros. Pero para utilizar un lenguaje polisémico sin que se noten las inconsistencias, para disponer de una panoplia de discursos de la que se puede extraer ágilmente el que convenga al lugar, al auditorio y a la ocasión, para modular con la finura de un orfebre los registros y los tonos según interese y aconseje la coyuntura, para saber tranquilizar a los socios del Club Siglo XXI en Madrid y hacer aullar de excitación a las juventudes convergentes en Lloret de Mar, para conseguir disfrazarse de estadista responsable cuando se habla ante el Rey en celebraciones institucionales y trasvestirse a la velocidad del rayo en detractor exaltado del orden constitucional con los compinches firmantes de la Declaración de Barcelona, para ser una cosa y la opuesta, para seducir hoy a la clase media bienpensante y entusiasmar al día siguiente a los secesionistas más exaltados, y todo ello manteniendo la compostura y gozando de la admiración general, hay que ser un genio, un mutante único e irrepetible, un cínico cósmico como no han visto los tiempos, o sea, hay que ser Jordi Pujol. Y ni el prefabricado «conseller en cap» ni su democristiano rival interno pueden ni de lejos aspirar al virtuosismo de su jefe.

Por tanto, están condenados a la confusión y al desconcierto. En eso, aunque tampoco les va a servir de consuelo, estarán bien acompañados por Pasqual Maragall, célebre experto de fama internacional en caos mentales sucesivos. El panorama de las autonómicas pinta, pues, interesante. Al final, si la cosa sigue así, los grandes beneficiados serán los que transmitan un mensaje nítido, es decir, los partidos pequeños. El legendario «pal de paller» se quedará medio desnudo porque a sus nuevos y torpes cuidadores se les cae la paja de la horca.

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