AGLI

Recortes de Prensa     Lunes 9 Junio  2003
Ibarreche tiende una trampa
Editorial La Razón 9 Junio 2003

¿Quién es Ibarreche para negociar nada
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  9 Junio 2003

Nacional-comunismo «abertzale»
VALENTÍ PUIG ABC 9 Junio 2003

Terrorismo contra la paz
GUSTAVO DE ARÍSTEGUI ABC 9 Junio 2003

Ibarretxe y el PSOE
Germán Yanke Libertad Digital  9 Junio 2003

Cumplimiento o negociación
Editorial El Ideal Gallego 9 Junio 2003

Sufrimos con las víctimas, luego vivimos
JOSÉ IGNACIO CALLEJA  El Correo 9 Junio 2003

El experimento del abismo
CHARO ZARZALEJOS ABC 9 Junio 2003

El anuncio
IÑAKI EZKERRA/ El Correo 9 Junio 2003

Minigolpistas y leguleyos
Iñaki Ezkerra La Razón 9 Junio 2003

El victimismo como argumento
Miguel Ángel Rodríguez La Razón 9 Junio 2003

El PNV en primer plano
Fernando González Urbaneja La Estrella 9 Junio 2003

Ibarreche tiende una trampa
Editorial La Razón 9 Junio 2003

Entra dentro de la lógica que el PNV, inmerso en su proyecto de construcción nacional de un País Vasco independiente, considere que toda la sociedad vascongada debe convertirse en rehén de su dislate, sin que importen demasiado las reglas del juego democrático, claramente establecidas en la Constitución española.

De ahí que el presidente del gobierno autónomo vasco, Juan José Ibarreche, se haya descolgado con una absurda propuesta de negociación política sobre el asunto de la disolución de Batasuna, obviando que el Estado de Derecho español se basa, como la inmensa mayoría de las democracias occidentales, en la tradicional separación de los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial. Por lo tanto, no hay nada que los políticos puedan discutir sobre el cumplimiento de una sentencia del Tribunal Supremo. Como es difícil que el señor Ibarreche desconozca estos principios jurisdiccionales, que se estudian en el Bachillerato, hay que sospechar de una trampa, que no es otra que la pretensión del lendakari de extender el discurso del dialogo como una nueva cortina de humo.

La idea de que todo puede ser discutido, siempre y cuando favorezca el proyecto soberanista vasco, ha sido una de las bazas políticas que con mayor inteligencia han jugado los nacionalistas del PNV. Pero no todo puede ser negociado. Por ejemplo, una sentencia del Tribunal Supremo. Ibarreche debería explicárselo claramente a los vascos.

¿Quién es Ibarreche para negociar nada?
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  9 Junio 2003

El PNV lleva tanto tiempo junto a los terroristas que ha acabado repitiendo sus mismos métodos de atraco y extorsión. La ETA, como toda mafia que se precie, sólo pasa a cobrar “protección” a los empresarios , tenderos o rectores que previamente ha asaltado en sus personas o bienes. Primero, la agresión; luego, la oferta de “mediar” entre agresores y agredidos; finalmente, el acuerdo sobre el chantaje. El único problema de pagar una vez el chantaje es que ya no puedes dejar de hacerlo, salvo desaparición de una de las dos partes. El único problema de sentarse a negociar una cierta paz con el PNV es que nunca vas a poder levantarte de la mesa, porque ya se encargará él de que no haya paz para seguir negociando, o sea, extorsionando.

El PNV, en una de sus manifestaciones que es el presidente del parlamento regional Atutxa, desobedece abiertamente al Supremo y se niega a disolver la facción etarra cobijada bajo unas siglas parlamentarias. El PNV, en otra de sus manifestaciones, que es el presidente del gobierno regional o autonómico Ibarreche, se ofrece a “sentarse” para “negociar” la desobediencia de Atutxa nada menos que con Aznar y Zapatero. No es posible imaginar otro modelo más acabado de bombero pirómano que este del PNV. Con una sola excepción, claro está: la ETA, que primero mata y luego dice que quiere negociar y, luego, si alguien cae en la trampa de negociar con ella pero no acepta sus condiciones, vuelve a matar, y después a ofrecer negociación, y así hasta la derrota de una de las dos partes. Exactamente igual que con todas las mafias del mundo.

¿Quién es Ibarreche para negociar nada, salvo un cómplice más del delito cometido por el grupo parlamentario de su partido y encabezado por Atutxa? Este hombre, presa del mal de altura y de su propio vértigo fuguista, se ha creído que es ya el presidente de la república soviético-bananera de Eusko Rico y aspira a tratarse de igual a igual con sus “homólogos”. Pero su “homólogo” no es el Rey, ni el Presidente del Gobierno de España, ni siquiera el diputado Zapatero. Su homólogo es Mayor Oreja en el Parlamento vasco y Rodríguez Ibarra en otra comunidad autónoma española. Y Mayor le ha dicho con toda claridad lo que hay que hacer con las sentencias: cumplirlas.

Nacional-comunismo «abertzale»
Por VALENTÍ PUIG ABC 9 Junio 2003

EL caso Madrazo configura una predisposición ideológica que conecta de forma directa con los demonios históricos de la conciencia comunista, en su figuración más antediluviana. No hace falta dedicarse a la caricatura para ver en Madrazo un agolpamiento de tradiciones como son el asambleísmo o la ruptura por la ruptura. Por ese atajo, una sentencia del Tribunal Supremo puede ser revocada por el procedimiento de a mano alzada y toda la historia de España merece un desmentido radical y absoluto. Se procede a la confusión entre vías constitucionales y acciones «manu militari» y todo encaja en una nueva versión de la apoteosis del mito de la revolución. Hace poco, Gaspar Llamazares escribía que, comenzado el siglo XXI, «seguimos las izquierdas políticas de casi todos los países contándonos y recontándonos». Contarse y recontarse: extraña forma de buscar respuestas a los retos, constante melancolía de las revoluciones que quedaron para siempre aparcadas, contraste voluminoso de respuestas sociales vigorosamente contundentes ante lo que significa esa tradición política de asambleísmo y ruptura.

Es en el País Vasco donde el nacional-comunismo ha podido hincar el diente en carne fresca. Colaborar en el desafío al orden constitucional se toma como una gran aventura. Madrazo invoca la factura del artículo 155 de la Constitución de 1978 sin matizar que, en su caso, cualquier admonición gubernamental a un desacato autonómico requiere la aprobación de la mayoría absoluta del Senado, teniendo en cuenta que tal Cámara -como parte de las Cortes Generales- representa al pueblo español y se pronuncia en nombre del interés general. Tal vez por eso Gaspar Llamazares cita a Walter Benjamin cuando dice en los años treinta -tan propicios para el comunismo que pescaba a río revuelto- que los parlamentos ofrecen «el lamentable espectáculo que todos conocemos porque no han sabido conservar la conciencia de las fuerzas revolucionarias a que deben su existencia».

Es Madrazo quien le explica a Llamazares a qué «fuerzas revolucionarias» debe su existencia el Parlamento autonómico vasco, y en qué manera el Estado opone un pavoroso artículo 155 a la posibilidad del nacional-comunismo «abertzale». Las fuerzas revolucionarias están significadas en el grupo parlamentario Sozialista Abertzaleak y la Constitución es pura plastilina en mano de José María Aznar. Ahí ya no puede uno hablar en términos de más o menos lealtad constitucional porque esa es una terminología ajena al nacional-comunismo «abertzale» que propugna Madrazo.

En su combate contra el capitalismo, Izquierda Unida ha agregado la Constitución a sus objetivos de ruptura. En consecuencia, se han alineado con el desafío nacionalista. Ahí se suma todo: Porto Alegre, el descrédito de la política, la acción directa. Ese nacional-comunismo asume el maximalismo ecologista, la crítica al sistema representativo, el movimiento «okupa» y el culto a Sadam Husein. Al mismo tiempo queda entubado en las esencias de Sabino Arana y parece reaproximarse a viejas complicidades rupturistas con ETA. Del integrismo carlista a la línea Madrazo no podrá decirse que el nacionalismo «abertzale» no tenga un menú del día.

A diferencia de quienes se encogen de hombros, Izquierda Unida aporta a la crisis vasca una deliberada porción de desentendimiento. Da cobertura a las ambivalencias del PNV, acoge la estrategia «abertzale» y confunde aposta el Estado con el Gobierno. Ese nacional-comunismo nunca ha sido favorable a la dinámica de las sociedades abiertas. En realidad, es un enemigo histórico de esas sociedades dispuestas a la vitalidad de lo plural y a la libertad del conflicto. Quién sabe qué plazo en el tiempo se estaba dando el comunismo español cuando no dijo que no a la democracia, a la monarquía y a la Constitución de 1978. Tal vez Llamazares no lo sepa y Madrazo, por supuesto, no tiene ni idea.   vpuig@abc.es

Terrorismo contra la paz
Por GUSTAVO DE ARÍSTEGUI ABC 9 Junio 2003

Hamas y sus sanguinarias Brigadas Ezzedine Al-Qassam han declarado la guerra al proceso de paz. De hecho nunca les había interesado otra cosa que dinamitar, en todos los sentidos de la palabra, todo atisbo de esperanza; de hecho cada vez que se intuía la luz al final del túnel, inspiraban los unos y cometían los otros, un terrible atentado terrorista. El problema es que no hay monopolio de la barbarie. La Yihad islámica y sus Brigadas Al-Quds han tratado de convertirse en los más aventajados alumnos de una de las más temibles escuelas del terror, la de aquellos que procuran someter a la mayoría a la dictadura de la amenaza y la muerte. La alianza de estos dos con las Brigadas de los Mártires de Al-Aqsa -brazo armado de Al-Fatah- sólo demuestra que también existe el terrorismo laico.

Los agoreros poco avezados se empeñan en tratar de convencer a la opinión pública de que el fenómeno es nuevo, o como poco, que se ha recrudecido. El reguero de desolación y muerte que el fanatismo islamista radical deja tras de sí en las últimas décadas, desmiente esos apresurados, y quizás interesados análisis. Los atentados de Riad, Casablanca, Kabul, Israel o en los Territorios Palestinos, son prueba de que el terrorismo internacional, no sólo es el peor enemigo de la paz y de la libertad, sino que tiene una especial habilidad para detectar los puntos más frágiles de la esperanza y cebarse con ellos. Si hemos descubierto su perverso juego, sería imperdonable que les permitiesemos vencer.

Ibarretxe y el PSOE
Germán Yanke Libertad Digital  9 Junio 2003

Habló Ibarretxe y explicó a los ingenuos qué entiende por negociación, palabra mágica a la que el nacionalismo vasco acude una y otra vez para mostrar su “buena voluntad” y denunciar el “inmovilismo” del Gobierno y los partidos constitucionales. Negociación, en el lenguaje nacionalista, significa que, como no quieren cumplir las leyes ni respetar el Estado de Derecho, los demás deben acomodarse a sus intenciones antidemocráticas. Lo hacen siempre chantajeando, esto es, ofreciendo un problema menos si se les da la razón, pero el verdadero problema son ellos y su ideología totalitaria.

Pasma que lo hagan con tal desvergüenza, la verdad, y no tanto por ellos (los nacionalistas han sido reaccionarios y enemigos de la libertad desde sus albores), sino por la tolerante recepción de sus barbaridades. Si Ibarretxe propone ahora el absurdo de negociar una salida a su negativa a cumplir una sentencia es porque, antes, reiteradamente, propusieron barbaridades semejantes y lograron un acomplejado “consenso”.

El plan del PNV, me parece, es mantener, en el caso de la disolución de ETA-Batasuna y en cualquier otro de los pendientes o los que surjan, la tensión contra la democracia y la legalidad. Y esperar, como esperaron antes de las últimas elecciones, un triunfo socialista para ver si así el chantaje obtiene mejor resultado que con los populares. Por eso es importante, en estas circunstancias en las que se pretende suspender en el País Vasco las libertades que garantizan las leyes y su cumplimiento, la reacción del PSOE, la negativa a cualquier entendimiento con ese magma antidemocrático y antiespañol, la verificación práctica del contenido del Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo. La ley debe cumplirse contra este golpismo nacionalista pero, en la política diaria, deben saber que, sea cual sea el partido gubernamental, seguirá cumpliéndose de la misma manera.

Cumplimiento o negociación
Editorial El Ideal Gallego 9 Junio 2003

Dice el saber popular que el miedo es libre y como los nacionalistas vascos no temen -al revés de lo que le sucede a miles de personas de su comunidad autónoma- a los terroristas, lo que les asusta es que sobre ellos pueda caer el peso de la ley. Su maestría en el victimismo se debe a su costumbre de presentarse como mártires en cuanto el panorama se complica un poco. Y ahora el lehendakari ha debido darse cuenta de que unas nubes muy oscuras amenazan el cielo de Euskadi y por eso ha anunciado que está dispuesto a dialogar con José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero para solucionar el conflicto que se ha creado a raíz de la sentencia del Tribunal Supremo que ordenó la disolución del grupo de Sozialista Abertzaleak. Juan José Ibarretxe se equivoca -con toda la intención- de interlocutores, pero lo que es más grave, el jefe del gobierno vasco trata de desviar la atención sobre una cuestión en la que no cabe el menor diálogo. Las resoluciones judiciales se dictan para que se cumplan, no para que una de las partes se niegue a acatarlas y después apele a la necesidad de dialogar. El fallo del Supremo está muy meditado y se apoya en pruebas irrefutables, por mucho que los nacionalistas, convirtiéndose en cómplices de los proetarras, discutan la validez de los argumentos judiciales recurriendo a subterfugios con los que pisotear el Estado de Derecho. Ni el Gobierno ni el PSOE tienen nada que dialogar con Ibarretxe respecto a la disolución del grupo heredero de Batasuna, si acaso la única conversación posible sería aquella en la que se le recordase que todos los españoles están obligados a cumplir la sentencias judiciales y de forma especial un Parlamento.

Sufrimos con las víctimas, luego vivimos
JOSÉ IGNACIO CALLEJA/PROFESOR DE LA FACULTAD DE TEOLOGÍA DE VITORIA-GASTEIZ El Correo 9 Junio 2003

Se oye por doquier el grito de muchos vascos que nos exigen reconocer su sufrimiento. El reconocimiento es más que el simple tener noticia, es acercarse para hacerse cargo, sentir con ellos e impedir que se repita. Viene de lejos este grito y a fe cierta que nos conmueve. Es tan cierto que nos conmueve, que hasta nos hace llorar e intentamos olvidarlo, vivir como si no existiera, pensar que no carecerá de explicación. El sufrimiento propio nos resulta inaceptable, y el ajeno no cae en saco roto. Decir lo contrario sería una barbaridad.

Pero los sentimientos humanos no son tan puros como cabría suponer y yo he dicho. En el comienzo de la moral seguramente está nuestra capacidad innata de indignarnos ante el maltrato de los débiles. Es la inhumanidad del hecho y la indefensión de la víctima lo que nos acerca solícitos hasta ella y los suyos. No es difícil advertir, sin embargo, que enseguida calificamos a las víctimas de nuestras o ajenas, y, con el calificativo, el sentimiento pierde vida, y la vida se vuelve interés, y el interés, doble moral y silencio, y el silencio miedo.

No es fácil entrar en nuestro drama por esta vía y pretender, a la vez, que desdramaticemos. Lo que nos viene ocurriendo, lo que hacemos que ocurra, pues somos sujetos de nuestra historia, es un drama en toda regla. Yo lo considero un verdadero drama, sin excusa ni justificación posible. Matar y extorsionar es una indignidad moral y política, la primera de todas en una sociedad. En esto no puede haber eximentes, o atenuantes, ni para sus autores materiales, ni para sus mentores espirituales, ni para quienes se hermanen políticamente. Las cosas son así, por mucho afecto que sus personas o sus vidas nos despierten. En este sentido, entrar en consideraciones de estrategia política, o en comparaciones sobre agravios históricos o en recuento de deudas pendientes, es otra indignidad. Y en ambos casos la razón es relativamente sencilla: o compartimos algo que hace imposible el asesinato político de cualquier persona, o no hay ninguna razón que nos haga gente de fiar. Ya no es una cuestión de dignidad personal, sino de personas con dignidad. Y si no nos reconocemos ésta, ¿qué es la nación, o la liberación popular, o la libertad personal, o el euskera o la tierra? Un guiñol en manos de un comando.

Decía, además, que propongo desdramatizar nuestro drama. Para que me entiendan los que más injustamente están sufriendo, las víctimas de ETA y sus familiares. De tanto exagerar lo dramático de todo, nos estamos acostumbrando a no inmutarnos por casi nada. El asesinato, la extorsión y la amenaza son un drama insufrible y perverso. Una injuria absoluta. Los discursos partidistas, los planes políticos, las declaraciones improvisadas o los editoriales de prensa no son tan dramáticos, o no lo son en absoluto. Cada caso requiere su valoración, pero diferenciar es la matriz donde puede gestarse algo nuevo. Gritamos tanto, y tan seguido sobre todo, que no podemos ordenar una relación o jerarquía de verdades acerca del sufrimiento y la injusticia socialmente inaceptables. Queremos la misma adhesión incondicional a todo y a todos, y así terminan perdiendo las víctimas más estrictamente tales y débiles. ¡Si hasta los derechos humanos de los presos cobran toda su verdad cuando su conculcación se presenta con rigor y concreción individual! Es necesario, por tanto, hablar con claridad y decirlo todo; el silencio ante la injusticia es tan insoportable como la mentiría o la palabrería, pero ¿no ganaríamos algo dramatizando sólo lo que es trágico, que es muchísimo, separándolo de lo patético, de lo irrisorio y de lo cómico?

Los tiempos son casi imposibles para estas distinciones, pero creo que es imprescindible mantenerlas, para que quede claro lo mil veces repetido: si ETA deja de asesinar y se pasa a la política, todo 'lo civilizado' está permitido, en los fines y en los medios; es cuestión ya de tiempo y oportunidad, reglas y pacto, propuestas y encaje, libertad y solidaridad. La rebelión cívica que las víctimas están exigiendo es legítima y necesaria; merecen todo nuestro apoyo; pero el objetivo, sin olvidar lo que exijan las leyes penales, sólo puede ser éste, la plena igualdad de todos los vascos en oportunidades para desarrollar su identidad de personas y ciudadanos. Y los políticos que representan la actual voluntad de los vascos tienen la obligación moral de elegir como primer objetivo público el final del terrorismo y, sólo por mejor servir este objetivo, cabe elegir estrategias que no parezcan preferirlo. Consta que el terrorismo y su condena sin matices ni descanso da votos en España; consta que el terrorismo y su condena, con la compañía de alguna propuesta política de recambio, da votos en Euskadi. Es muy tentador y sería muy injusto cambiar el orden de los objetivos. Sospecho que se hace y que no siempre sus autores pueden evitarlo. Pero nosotros, los ciudadanos, los que no queremos dramatizarlo todo, por respeto y solidaridad con la tragedia de las víctimas, debemos estar atentos y echar de la política a los que nos aterrorizan y, enseguida, a los que crecen a su sombra. Ésta es nuestra competencia y no la debemos evitar.

El experimento del abismo
CHARO ZARZALEJOS ABC 9 Junio 2003

Los nacionalistas cuentan con el eventual procesamiento del presidente del Parlamento vasco, Juan María Atutxa.
«¿Y qué?», se preguntan. «Él lo tiene asumido y no va a escurrir el bulto»

Cuando el pasado jueves la Mesa de la Cámara apoyó la propuesta llevada por Atutxa, ya estaba todo bien calculado y estudiado. En la reunión celebrada el lunes día 2 entre los responsables parlamentarios de la coalición nacionalista, se ultimó una decisión meditada desde muchos días antes. El acuerdo no fue otro que no facilitar una mayoría como la que en el Parlamento de Navarra había permitido la ejecución casi inmediata de la sentencia del Tribunal Supremo sobre la disolución del grupo liderado por Arnaldo Otegi. La mayoría nacionalista ha seguido los pasos procedimentales del Parlamento de Navarra, pero con un impulso político opuesto.

«No vamos a secundar ni facilitar una estrategia que rechazamos. El Gobierno Aznar podrá tener en España el ochenta por ciento a favor, pero en Euskadi está en minoría. Desde las instituciones, no desde una política callejera y con la ley en la mano, vamos a defender principios y criterios que no traicionaremos», aseguran desde el nacionalismo gobernante, que en esta como en tantas otras ocasiones ha demostrado no dar puntada sin hilo. «Nosotros no improvisamos y esta posición está meditada y estudiada y, además, creemos que tiene respaldo jurídico bastante».

Pero más allá de argumentaciones jurídicas que los propios nacionalistas esgrimen, lo cierto es que se ha planteado un pulso político inédito. No ha hecho falta esperar al plan Ibarretxe para que el temido «choque de trenes» pueda haber comenzado. «Pueden procesar a Atutxa». «¿Y qué?. Él lo tiene muy asumido, sabe que eso puede ocurrir, pero no va a escurrir el bulto y nosotros tampoco. La ciudadanía no lo entendería. Y eso ¿sabes lo que va a provocar?, pues una inmensa reacción de solidaridad. Para ser más claros: más mayoría absoluta». Quien así habla es un muy alto responsable de la coalición gobernante, que como todos los demás está a la espera de los acontecimientos que se puedan ir produciendo a partir de hoy mismo.

«¿Por qué vamos a estar nerviosos. La situación es complicada, pero estamos tranquilos. ¿Cómo no vamos a estarlo si sabemos que la ciudadanía vasca, en su gran mayoría, está con nosotros?. En Álava el 13 de Mayo quedamos a 8.000 votos del PP y ahora a poco más de 1.000. ¿Es para estar preocupados?».

Por no preocuparles no les preocupa ni los ficticios desmarques de Javier Madrazo. «Cuidado con lo que dices», le advirtió Egibar y ha sido Madrazo el que ha dicho que el PNV está a gusto en la confrontación con el PP y que sabe que el Gobierno va a suspender la autonomía. PNV y EA saben que IU/EB «no está en condiciones de sacar mucho pecho» y eso no deja de ser una garantía, al menos hasta que logren «la mayoría absoluta que vamos a obtener en las próximas autonómicas».

La semana que hoy comienza no va a ser irrelevante. El Gobierno de Aznar no va a modificar su estrategia, en la que no se incluye la suspensión de la autonomía -«¿Cómo vamos a suspender la autonomía cuando asesinan a gente por defenderla?», ha dicho Aznar- y la mayoría nacionalista va a mantener su posición. A partir de ahí, el Gobierno presidido por Ibarretxe mantiene sus planes: en septiembre, presentación del texto articulado de su propuesta, cuya redacción está ya muy avanzada; y en esas fechas, presentación de Presupuestos, que «a lo mejor podemos aprobar y si no se prorrogan los que hay».

A partir de ahí, y coincidiendo en el tiempo, máxima atención a la sustitución de Arzalluz al frente del EBB -Josu Jon Imaz, portavoz del Gobierno, parece tener muchas papeletas a su favor-, expectación ante un eventual triunfo de Maragall en Cataluña, «y a ver qué pasa con la sucesión de Aznar. Si Zapatero quiere llegar a Moncloa, no lo va a poder hacer en solitario. Ya veremos».

Sólo cuando se tengan todas estas incógnitas despejadas se abrirán nuevos plazos y se establecerán nuevos planes. En la coalición nacionalista se subraya en rojo el mes de octubre de 2004 como mejor y más probable fecha de las próximas elecciones autonómicas, con el plan Ibarretxe, ya articulado y refrendado en el Parlamento Vasco, como programa electoral.

El abismo que ahora se abre, el pulso que se comenzará a dirimir a partir de hoy mismo, es sólo un experimento, porque el definitivo está aún por llegar y llegará. «No hay marcha atrás», aseveran los nacionalistas. «Responderemos», sentencia Javier Arenas.

El anuncio
IÑAKI EZKERRA/ El Correo 9 Junio 2003

Después de todo el jaleo que se ha organizado o gracias precisamente a ese mismo jaleo, la televisión oficial vasca va a emitir por fin ese anuncio de la Fundación de Víctimas del Terrorismo que nunca debió ser un motivo de polémica. ¿Qué polémica cabe en el derecho y el deber de la ciudadanía a mantener viva la memoria de quienes cayeron asesinados por una banda terrorista? Ahora que ese anuncio va a ser emitido por la ETB es preciso que lo veamos muy atentamente y que nos fijemos en cada detalle porque ese vídeo nos va a dar la medida exacta de hasta dónde se han tergiversado, retocado, subvertido y sustituido los valores morales en la sociedad vasca; hasta dónde puede ser hoy motivo de polémica y enfrentamiento lo que es sencillamente una verdad de Perogrullo: la simple realidad de las víctimas.

Cada vez que veamos ese anuncio será muy aleccionador y terapéutico que, después de fijarnos bien en los detalles, nos preguntemos: ¿Y esto es lo que no quería emitirse? ¿Y esto es lo que ha sembrado tanta dolorosa discusión? ¿La mera difusión televisiva de esta obviedad es la que nos ha hecho estar una semana enzarzados? ¿Para poder decir esto hace falta semejante movilización y tal desgaste de energías de unos, así como tanta concesión de los otros? ¿Cómo es posible que la evidencia se haya convertido en excepcional? ¿No será que vivimos en la perpetua excepcionalidad y por eso se presenta la normalidad como un logro sin precedentes?

Cuando veamos ese vídeo rebosante de tristes y necesarias obviedades deberemos recordar que para su emisión fue necesario el escándalo mediático, la demanda social y la presión política. Fue necesario que se pronunciara hasta Gesto por la Paz y que quedara desmantelada esa resistencia que como último argumento quería disfrazar su negativa de traba burocrática y catalogar ese anuncio como publicidad de hacienda o de camisetas. Fue necesario que esa presión obligara a Madrazo a dar a torcer el brazo y que COVITE emplazara a Maixabel Lasa a dimitir de su cargo en el Gobierno vasco. Recordemos todo eso y neguémonos a celebrar nada o a dar las gracias a nadie. Que no se nos intente vender como una gran concesión la emisión de lo evidente. Aunque se haya demostrado que decir lo evidente es una conquista democrática de cada día. Viendo ese vídeo y pensando que por poco no lo veamos en la ETB podremos hacer un diagnóstico muy aproximado de nuestro mal.

Minigolpistas y leguleyos
Iñaki Ezkerra La Razón 9 Junio 2003

Cuando Atutxa desobedeció el auto de Garzón que ordenaba la suspensión de Batasuna en el Parlamento Vasco, Cardenal salió diciendo que no había delito en la actitud del presidente de esa institución. Estaba cantado que ese capote del fiscal general a los nacionalistas no iba a servir más que para que éstos se frotaran las manos y se pusieran a perpetrar otro mínigolpecito de Estado ya que ése les había salido gratis. Eso es lo que hoy tenemos con este reincidente reto del mismo personaje a la orden del Supremo de disolver a Sozialísta Abertzaleak en la misma Cámara de Vitoria: otro minigolpecito de la señorita Pepis para ver si cuela y pasan al siguiente. El minigolpismo es la gran estrategia del nacionalismo vasco.

Lo practicaron con los sabotajes a la Constitución a finales de los setenta, con la votación ­también parlamentaria­ del ámbito vasco de decisión a comienzos de los noventa y en todos los intentos de convertir el Pacto de Ajuria Enea en una asamblea constituyente. Lo han practicado con el «Plan Ardanza», el «Plan Ibarretxe», Lizarra, los incumplimientos del Concierto Económico y ahora con esta treta improcedente y ridícula de someter al voto una sentencia del Supremo. Éstos son tan brutos que creen que se puede votar todo, hasta las sentencias judiciales. ¿Pero no clamaban por la separación de poderes? ¿Y qué otra cosa sino una incursión en el poder judicial es esa votación que viene del legislativo? «Todas las ideas, todas las personas, todas las votaciones...» Del diálogo sin límites han pasado a Parlamentarios Sin Fronteras. Cualquier día esta gente vota la absolución de Gil y Gil y se queda tan pimpante.

Lo parailójico de los nacionalistas es que desmienten todos los tópicos tradicionales que hay del vasco. Además de innobles, antidemócratas, traidores, charlatanes y cobardones, son leguleyos y están siempre intentando agarrarse torpe y malamente a alguna trampa de la legalidad para burlar a la Ley. El leguleyismo es la tosca clave de Jone Goiricelaia y los demás abogados de ETA así como de este Atutxa que delega su responsabilidad en una votación que de hábil no tiene nada y que es fácilmente desmontable. Háganme algunos el favor de no halagar el ego de estas malas bestias llamando «inteligente» a su simple mala fe. Y de no pasar tan pronto de reconocer como «maestra» esta grosera jugada a exigir la aplicación del 155. Ni lo uno ni lo otro. Contra el minigolpismo nacionalista, sólo cabe y urge el encausamiento penal de Atutxa o sea un susto proporcionado. Y no esperemos que monten lío contra su inhabilitación los que dijeron que iban a armarla el 25-M y callaron. Como cuando fue encarcelada la Mesa Nacional.

El victimismo como argumento
Miguel Ángel Rodríguez La Razón 9 Junio 2003

¿Qué buscan PNV e Izquierda Unida cuando animan al Gobierno a suspender la autonomía vasca expresándolo como temor? Una excusa para presentarse como víctimas de este centralismo que masacra la libertad y viola los sentimientos. Sin victimismo, no tienen ideología.

Bien creían ellos que la suspensión de Batasuna iba a conllevar grandes manifestaciones y gravísimos incidentes. Pero, vaya, aquí nadie ha visto un asomo de descontento social. Ni siquiera puede argüirse que el último atentado de los salvajes haya sido una respuesta, porque no lo era: es su trabajo macabro.

Sin descontento social, PNV e IU no tienen nada que hacer, así que tendrán que fabricarse uno a medida. Por ello el empeño en amenazar a los vascos con que les serán retirados sus derechos utilizando un artículo de la Constitución en la que dicen no creer a través de una votación en el Senado, Cámara de representantes de la que dirían que no reconocen.

Por eso hace bien el Gobierno en tomarse esta afrenta con tranquilidad. Es tan tonto lo que están haciendo la ultraderecha y la izquierda vascas que caerá por su propio peso. En cambio, una radicalización del mensaje institucional les daría el triunfo que esperan: una nueva guerra de las banderas o cosa parecida.

Marear con sosiego en aguas turbulentas. Ellos quieren ser víctimas, pero con cada frase que expresan convierten en víctimas a los demás y en rehenes de su estulticia a los ciudadanos que quieren convivir en paz. Han perdido la batalla en la calle; ahora quieren revolverse en los despachos con artes rastreras. Ahí tienen a los profesionales del victimismo clavándose ellos mismos coronas de espinas para ver si alguno cae y le echa la culpa al Gobierno. Pero, por el momento, aquí no engañan a nadie.

El PNV en primer plano
Fernando González Urbaneja La Estrella 9 Junio 2003

Tras las elecciones municipales y la posterior, inevitable y compleja aritmética de pactos de gobierno parecía que la agenda política quedaba cerrada hasta las vacaciones, período en el que los movimientos para la sucesión de Aznar deberían ocupar todo el plano. Pero no parece que vaya a ser así. El PNV ha decidido llenar la escena y confrontar definitivamente la reciente ley de partidos que ha tenido como consecuencia (y tuvo causa) el extrañamiento de la vida democrática de los batasunos, considerados, con sobrado fundamento, extensión o terminal de ETA

Por las razones que hayan sido los nacionalistas del PNV y EA han decidido extender su manto protector sobre batasuna y confrontar la ley electoral y las instituciones españolas. No era una mera estrategia electoral para ganar voto batasuno (que apenas han obtenido en las pasadas elecciones) sino que parece que estamos ante un asunto de otra naturaleza, menos táctico y más estratégico. El PNV ha decidido la confrontación con el Supremo y no teme el riesgo de una querella contra el presidente del Parlamento de Vitoria y algunos de los portavoces nacionalistas. Todo indica que la querella conducirá a la condena por desobediencia y a la inhabilitación de los querellados. Y también que el Parlamento vasco, el gobierno Ibarretxe y el PNV y sus aliados de EA, no van a aceptar esa sentencia y condena. Por el contrario la van a utilizar como bandera de agitación política, como aceite a su victimismo y acicate de sus ensoñaciones.

De manera que estamos ante un conflicto institucional sin precedentes que va a poner a prueba las instituciones, las convicciones y el funcionamiento del Estado. Dar marcha atrás a lo que está en curso no parece que esté en el ánimo de nadie; para hacerlo se hubiera hecho antes porque el que pestañee y se aplane habrá perdido la confrontación.

Probablemente detrás de la decisión de los nacionalistas esté un calendario previsto para disolver la cámara y convocar elecciones anticipadas con el plan Ibarretxe como argumento central. Sólo desde esa lógica o pretensión puede entenderse lo que está ocurriendo.

Y simultáneamente para el Gobierno y el Parlamento español se encienden las señales de alerta de una situación excepcional que puede conducir a la utilización de resortes constitucionales (el artículo 155 que permite suspender derechos de autonomía) que nadie imaginó que podían llegar a ser utilizados.

La confrontación con el PNV en un plano institucional y con la desobediencia al Supremo como eje central es un asunto político extraordinario. Además se produce en un período preelectoral intenso que obligará a sobreponer debates y a aplazar problemas para atender a lo más urgente.

El PNV ha llegado mucho más lejos que nunca; seguramente sus viejos dirigentes, los del exilio y de los primeros años de la transición, verían con asombro la deriva actual de los acontecimientos. En la cabeza de ETA se deben estar frotando las manos; verifican la eficacia del pacto de Estella y de la falsa tregua de hace tres años al comprobar que han hecho rehén de su estrategia independentista o soberanista al actual equipo dirigente del PNV.

PP y PSOE, sin perder de vista a las demás fuerzas parlamentarias, tendrán que afinar argumentos y estrategias para hacer frente al desafío vasco.                fj.urbaneja@terra.es

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