AGLI

Recortes de Prensa     Miércoles 11 Junio  2003
Iñaki Ezkerra: «No hay nada bueno en Sabino Arana»
Amilibia La Razón 11 Junio 2003

Vicente Blasco Ibáñez; su gran república
Manuel Marín Campos La Razón 11 Junio 2003

Alta tensión
Aleix Vidal-Quadras La Razón 11 Junio 2003

El consejero de Zapatero
Germán Yanke Libertad Digital 11 Junio 2003

Tontos o locos
Román Cendoya La Razón 11 Junio 2003

El enroque de Atutxa
José Luis Manzanares Estrella Digital 11 Junio 2003

La dignidad herida del ciudadano Atutxa
MIKEL BUESA El Correo 11 Junio 2003

El valor de Zapatero
JOSÉ MARÍA CALLEJA La Voz 11 Junio 2003

Madrid, escaparate de la crisis del PSOE

EDITORIAL Libertad Digital 11 Junio 2003

Deserción y crisis en el PSOE
Editorial ABC 11 Junio 2003

Terroristas callejeros atacan por segunda vez el comercio de una concejala del PP en Zumárraga
Efe Libertad Digital  11 Junio 2003
 

 

Iñaki Ezkerra: «No hay nada bueno en Sabino Arana»
Amilibia La Razón 11 Junio 2003

Presenta ahora su libro «Sabino Arana o la sentimentalidad totalitaria» (Belacqua), y dice que en el fundador del PNV está el origen de la tragedia vasca por la carga de odio y violencia que hay en sus escritos, que Arana recoge la peor herencia del siglo XIX, los peores fantasmas de la España integrista: «Es todo lo que hemos superado».

-«Sabino Arana o la sentimentalidad totalitaria». Un libro con el que se propone profanar los huesos doctrinales del fundador del PNV. ¿Para qué?
-Para saber. El nacionalismo no tiene mucho interés en que se conozca el pensamiento de Sabino. Es bueno saber que en él está el origen de la tragedia que vivimos en el País Vasco por la carga de violencia y odio que hay en sus escritos.

-Con la calavera dogmática de Sabino en la mano, ¿no ha dudado como Hamlet?
-Tratándose de este personaje no cabe ninguna duda, ni la hamletiana. No hay nada bueno en Sabino Arana.

-¿Qué fue Sabino, además de racista y xenófobo?
-Antidemócrata, antiliberal... Recoge la peor herencia del siglo XIX, los peores fantasmas de la España integrista. Es todo lo que hemos superado.

-El PNV ha sacralizado pero también ocultado el pensamiento sabiniano. ¿Por vergüenza o...?
-Más por instinto de conservación, por inteligencia táctica, por imagen, por marketing: intuyen que hay «algo» que no está bien.

-Dice usted que sabiendo quién era en verdad Sabino Arana se entenderá mejor la forma de actuar del nacionalismo vasco...
-Sí, entenderemos mejor por qué es un escándalo permanente, por qué van de burrada en burrada, por qué dicen lo que dicen. El escándalo está en el origen, y en el origen está Sabino.

-No hay en su biografía, cuenta, el menor dato que resulte humano, simpático o desenfadado...
-Qué podemos esperar de un hombre que va de luna de miel a Lourdes y en vez de volver curado de algo, coge allí una malaria.

-Podría ser el patrono de los gafes. La falta de humor o de ironía es propio de fundamentalistas, ¿no?
-Sin duda. Sólo con que se hubiera reído un poco, no habría escrito todo lo que escribió.

-¿Era sobre todo un sentimental?
-Un sentimental totalitario, un hombre de malos sentimientos, un sentimental gélido. Probablemente no funcionaba bien en la cama.

-El nacionalismo vasco es, sobre todo, un fenómeno sentimental...
-Sí, pero ellos creen que son los únicos que tienen sentimientos. Y apelan poco a la razón.

Ideología
-¿Por qué Sabino Arana, siendo tan obsesivo y paranoico, estúpido y timorato, tiene tanto éxito entre los vascos?
-Porque sólo propone que seas vasco. Se lo pone fácil a alguien sin muchas capacidades. Es la ideología de los que no tienen ideología, el pensamiento sobre el que no hace falta pensar.

-Perdone, pero creo que no va a lograr que ningún nacionalista abjure de Sabino...
-A los nacionalistas los doy por perdidos. Son impermeables: puedes estar toda la vida dándoles argumentos, pero no vas a lograr que cambien.

-La desmitificación no es posible entre los mitificadores...
-Claro, no pueden entrar en contradicción consigo mismos.

-Era Sabino un defensor ultra del nacional-catolicismo, como Franco. ¿También lo adoran en la izquierda abertzale?
-Leyendo a Sabino se entiende por qué existe ETA. Tanta carga de odio tenía que reventar por algún lado...

-Ya, pero le adora la izquierda nacionalista o...
-Esa izquierda, aunque no lo haya leído, aunque no esté de acuerdo con sus planteamientos, es la heredera inconsciente del pensamiento de Sabino.

-Leyó o releyó todo Sabino Arana para escribir este libro. Dice que se aburrió mucho...
-Sí, fue tedioso. El lector no tiene por qué pasar por esto: he tratado de hacer ameno lo plomizo. Es el reto del libro que ahora presento.

-Otro reto: escribir sobre un personaje que le produce tanto rechazo...
-Sí, me produce una mezcla de asco y pena. Lo peor es su falta de piedad.
-Con los maketos...y con sus lectores.

Vicente Blasco Ibáñez; su gran república
Manuel Marín Campos, de la Real Academia de Córdoba La Razón 11 Junio 2003

Vicente Blasco Ibáñez creía en la unión de todos los pueblos de origen ibérico en una gigantesca comunidad afianzada por la cultura, la sangre, el pensamiento y el idioma. Uno de los lazos que con más firmeza funde a los pueblos y a los hombres, es el idioma. Entre los ideales que destacaban en el más grande novelista del movimiento naturalista español se encontraba su veneración por la estructura de una gran república. El año 1927, cuando era uno de los grandes novelistas de Europa, se autodescribió en una carta que dirigió al periodista Isidoro López Lapuya con estas frases: «Nací en Valencia, patria de Sorolla y de Benlliure, y soy hijo de un comerciante de familia aragonesa, como el propio Sorolla. A la edad de 12 años comencé a ejercitarme en el arte de escribir. A los 14 años tenía escrita una novela. Fue cuando vine a Madrid huyendo de la casa paterna. Sufrí hambre y miseria; mas di con el viejo novelista Manuel Fernández y González, el cual me tomó como secretario, colaborando entonces con él en sus últimas novelas». A través de estas palabras quedó reflejada la futura personalidad del gran narrador naturalista. Vocación fuerte, sensibilidad aventurera, sed por aproximarse a la mentalidad de los hombres y ansias por conocer el desenvolvimiento de los pueblos. La mentalidad de Vicente Blasco Ibáñez estuvo en contactos con los hechos más significativos de la historia de la España de los siglos XIX y XX, como dos centurias cargadas de interés para el estudioso de la historia contemporánea.

El pensamiento de Blasco Ibáñez se formó en contactos con los virajes políticos-ideológicos que se generaron, en España, desde la eclosión de la Revolución Gloriosa de 1868 hasta la Quiebra de 1898 como el ocaso de un siglo que había mostrado grandes anhelos de renovación. En sus ideas influyeron, con la filosofía de aquella época, dos corrientes distintas; la sed de renovación que alboreó en la Revolución Gloriosa y la expansión de una marejada de pesimismo que irradió, de las entrañas de la Quiebra de 1898, como destellos de una nueva época. En ese ciclo histórico libó el viejo novelista levantino y el contexto del ideario que quedó, vivo y latente, en sus mejores novelas.

En 1909, en el reinado de Alfonso XIII, cuando había compuesto las novelas «Arroz y tartana», de 1.894;»Flor de Mayo», de 1895; «La barraca», de 1898; «Entre naranjos», de 1900; «Cañas y barros», de 1902; «La catedral, de 1903; «El intruso», de 1904; «La bodega», de 1905; «La maja desnuda», de 1906; «Sangre y arena», de 1908; se trasladó a Buenos Aires, para pronunciar un ciclo de conferencias, en el Teatro Odeón, sobre la historia de la literatura española. Entusiasmó al novelista español el ambiente de progreso y prosperidad que estaba viviendo aquella Argentina emprendedora del presidente José Figueroa Alcorta donde se representaban las grandes comedias burguesas de Jacinto Benavente y los dramas en verso de Francisco de Villaespesa, las óperas de José Verdi y Ricardo Wagner y se traducían las novelas de Honorato de Balzac, Emilio Zola y Anatole France, y se sintió seducido por el crecimiento económico de Argentina. Se sintió vinculado al sueño de incorporarse a aquella sociedad que se alzaba ante sus ojos, con sus campos ubérrimos y su ganadería voluminosa donde se interpretaba un canto de esperanza para un futuro que se aproximaba con pasos decididos. Desde los años de la Presidencia de Manuel Quintana, Argentina, encarnó una ilusión y un sueño para los europeos.

Consiguió unos terrenos en las márgenes del Río Negro que riega un sector rural de Patagonia. Allí cambio cambió la pluma y el pensamiento del escritor por el arado y el almocafre del labrador. La rica agricultura morisca, todavía viva en las huertas de Valencia, la transplantó a las tierras argentinas. Se entregó, con pasión, a la colonización. Fundó las colonias denominadas «Cervantes» y «Nueva Valencia». A través de sus denominaciones expresó un aliento del hondo españolismo que se movilizaba en su pensamiento. Soñó con trasplantar la riqueza hortofrutícola de las huertas valencianas hasta los campos argentinos. Aquel bello proyecto se hundió al imponerse las restricciones crediticias que nacieron con el realismo económico de la presidencia de Roque Sanz Peña.
El año 1914, durante el reinado de Alfonso XIII y Eduardo Dato como presidente del Consejo de Ministros, se esforzaba para que las potencias centrales reconocieran el derecho a la neutralidad de España en medio de una Europa azotada por por la I Guerra Mundial. En aquella España existía un bello movimiento literario. El naturalismo seguía siendo la doctrina literaria cultivada con devoción por los novelistas de la época. En la narrativa de aquel momento brillaban los escritores Benito Pérez Galdós, José Ortega Munilla, Emilia Pardo Bazán, Armando Palacios Valdés, Alejandro Pérez Lugín, Jacinto Octavio Picón, Ramón Pérez de Ayala, José Zahonero, Eduardo Zamacoi, Ramón del Valle Inclán, Pío Baroja, Miguel de Unamuno, Salvador Rueda, Luis Coloma, El Caballero Audaz, Ricardo León, Augusto Martínez Olmedo, Pedro de Mata y Gabriel Miró.

Argentina vivió dos hechos que alcanzaron una repercusión en su pensamiento y en su producción de escritor occidental. El primero se centró en el grado de admiración que sintió por los viejos españoles que participaron en la expansión de la civilización occidental, la cultura hispánica, la religión católica y la lengua castellana. El segundo hecho que despertó admiración en el pensamiento de Vicente Blasco Ibáñez, durante su estancia en la Argentina, elegante y luchadora de principios del siglo XX, fue la permanencia del idioma castellano. Argentina, Bolivia, Colombia, Cuba, Chile, Ecuador, Guatemala, Honduras, México, Panamá, Puerto Rico, Perú, Paraguay, Salvador, República Dominicana, Uruguay y Venezuela propugnaban la presencia y permanencia del idioma castellano como bello instrumento para el entendimiento y la comprensión. Ya Hispanoamérica había ofrecido defensores del castellano, tan caracterizados como Andrés Bello, de Venezuela; Rufino José Cuervo, de Colombia; Ricardo Palma, de Perú; Victoriano Lastarria, de Chile y Domingo Faustino Sarmiento y Rosa María Lida, de Argentina. Desde Tijuana, en México, hasta las Tierras del Fuego. En Argentina, admiró, Blasco Ibáñez, la existencia de un bloque de pueblos que se entendían a través de los transparentes vocablos del idioma castellano. En la presencia y permanencia del castellano encontraban, aquellos hispanoamericanos, el futuro de una unidad que se forjaría con la integración de todas esas naciones en una gigantesca comunidad de destinos. Frente a este bloque, de pueblos hispanohablantes, cabe preguntarse... ¿No resultaba prodigioso admirar como tantos pueblos, independientes y soberanos, se entendía y comprendían a través de las bellas palabras del idioma castellano...? ¿No resultaría admirable comprobar cómo aquellos pueblos defendían el castellano a través del que se transmitían las ideas y en el que rezaban cada día?

La meditación y el análisis de este hecho condujo a Blasco Ibáñez a comprender tanto a España como a Hispanoamérica, como dos almas fundidas en una comunidad idiomática de dimensiones universales. En esta idea libó la mentalidad que sostenía sobre la grandeza y trascendencia de la gigantesca república lingüística donde se encuentran integrados España y los pueblos hispanoamericanos. Venerando este pensamiento en 1927 confesó a Julio Cejador con la fuerza íntima de sus convencimientos: «Nuestra provincia no es más que una península de una España espiritual y verbal, que tiene 20 naciones como departamentos, gran república tendida sobre la mitad del planeta, al borde de todos los mares, bajo todos los cielos y latitudes y cuyo presidente ideal e inamovible se llama Miguel de Cervantes».

Pronto hará un siglo que Vicente Blasco Ibáñez admiró la masa humana de las naciones que se extienden desde el Rio Bravo hasta el Cabo de Hornos entendiéndose y comprendiéndose en la transparente lengua castellana. Hoy forman este bloque de hispanohablantes, junto con España, cerca de 500 millones de almas. Blasco Ibáñez creía que aquella unidad idiomática que reunía en un solo cuerpo, tan compacto como espiritual, las nociones hispanoamericanas, un día señalado en el futuro, podía inspirar el desarrollo de otros aspectos de los relaciones de este grupo de pueblos que tienen un origen común y una cultura compartida. Las formas de expresión imponen sistemas de pensamientos.

Los soportes o columnas donde descansó la gran república, espiritual y lingüística que definió Vicente Blasco Ibáñez, fue el idioma castellano como instrumento de entendimiento y comprensión de todos los pueblos que se extienden desde California hasta Patagonia. ¿Ésta fue la gran república blasquista! La gran república de Blasco Ibáñez, ensamblada por todos los pueblos del hemisferio andino, que conservan el idioma castellano como vehículo de expresión, de entendimiento y comprensión, que guarda, todavía en sus entrañas, la impronta secular de la vieja España. A través de sus palabras se puede encontrar en el pensamiento de Vicente Blasco Ibáñez una visión del futuro de la unidad de España y de los pueblos hispanoamericanos, fundidos en una gigantesca comunidad regida por el idioma, la cultura, el pensamiento, la economía, la producción y la expansión industrial.

Alta tensión
Aleix Vidal-Quadras La Razón 11 Junio 2003

El fraude de ley cometido por el presidente de la Cámara vasca con el fin de no dar cumplimiento a la resolución del Tribunal Supremo que le daba un plazo de cinco días para proceder a la disolución del grupo parlamentario Sozialista Abertzaleak, demuestra que el PNV sigue desarrollando su estrategia rupturista sin que le importe demasiado entrar en terrenos cada vez más peligrosos. La ilegalización de Batasuna ha eliminado el escudo protector que separaba al partido de Arzalluz del enfrentamiento abierto con el Estado. Hasta la eliminación de la sucursal institucional de ETA del mapa democrático español, la cúpula peneuvista venía utilizando a Batasuna como fusible que impedía que los picos de tensión con los dos grandes partidos nacionales afectaran a su integridad física y política. Sin embargo, una vez desaparecido el elemento que enmascaraba sus choques con el marco legal vigente, la corriente circula directamente a su través y el episodio protagonizado por Atutxa al negarse a obedecer a la autoridad judicial demuestra hasta qué punto la formación aranista se ocultaba tras el independentismo violento en su labor de permanente hostigamiento al sistema.

La pregunta que cabe plantearse es si existe un límite que los habitantes de la Sabin Echea no se atrevan a traspasar y que sirva de freno a su alocada carrera hacia el abismo. Porque el Pacto de Estella, la Declaración de Barcelona, la oposición en el Congreso a la Ley de Partidos o los gestos públicos de apoyo moral a los socios de la banda han sido en el pasado formas más o menos descaradas de desafiar al ordenamiento constitucional, pero la nueva dinámica que se abre obliga al nacionalismo oficial a quitarse la careta y mostrar su rostro más montaraz e irresponsable introduciendo un cambio cualitativo cuyo alcance resulta difícil ponderar. Nunca los analistas se habían planteado seriamente, como está sucediendo estos días, la posibilidad de recurrir al artículo 155 de la Constitución. La grotesca oferta del lehendakari Ibarreche de «negociar» con Aznar el cumplimiento de una resolución del Tribunal Supremo pone de manifiesto que los dirigentes del PNV parecen dispuestos a provocar una situación cuya única salida sea el conflicto abierto, traumático e irreversible con el Estado.

Llegados a este punto, el Partido Popular y el Partido Socialista han de tomar conciencia conjuntamente de la gravedad del problema y hacer piña frente al ataque insensato que se avecina contra la estabilidad y la cohesión del país. La técnica del avestruz sólo conseguirá acelerar el desastre y el discurso confuso y las actitudes equívocas de la actual dirección del PSE, que se reunía recientemente con los nacionalistas para estudiar posibles pactos municipales, descorazonan al más optimista. Si ha sonado la hora del asalto final, por lo menos que nos coja mental y políticamente preparados.

El consejero de Zapatero
Germán Yanke Libertad Digital 11 Junio 2003

El anuncio de Rodríguez Zapatero de que su partido apoyaría al PP en Álava coincidió el lunes con la noticia de que ese mismo partido, el PSE-PSOE, se estaba reuniendo con la coalición PNV-EA. No era un encuentro cualquiera ya que, además del secretario general de Eusko Alkartasuna, estaban los presidentes del PNV en las tres provincias vascas y los secretarios generales de los socialistas en los mismos territorios, además del miembro de la ejecutiva de los socialistas vascos encargado de las relaciones institucionales.

Quien conozca someramente el modo de actuar del PNV sabe que una reunión así, sin ningún miembro del máximo órgano del partido (el EBB), no se celebraría sin su consentimiento. En el PSE-PSOE debería ocurrir lo mismo pero el desastre organizativo es tal que ya no se puede afirmar. Lo apunto porque, además de la reunión, es importante saber cómo se fraguó, si hubo previos contactos entre ambas ejecutivas o se preparó como el antiguo encuentro entre Rodríguez Zapatero e Ibarretxe (a pesar de que el primero haya dicho recientemente que él nunca se ha reunido con dirigentes del PNV). Es decir, si en este intento de recomponer relaciones ha tenido algo que ver la química entre químicos, las relaciones entre Rubalcaba y el portavoz del Gobierno vasco José Jon Imaz.

El señor López, secretario general o casi de los socialistas vascos, ha apuntado que su partido se reúne con todas las fuerzas democráticas y que no hubo acuerdo alguno en ese encuentro. Valga, para el PNV, el favor del elogio de democrático justo cuando se entrega de lleno a la batalla contra el Estado de Derecho. Pero los nacionalistas que estuvieron en la reunión han comunicado ya a sus jefes y colegas que los socialistas, muy amables, hablaron de la recomposición a medio plazo de las relaciones y pidieron comprensión para acuerdos con otras fuerzas, el PP, en función de una presión social y del impulso del PSOE, señalando que las cosas podrían muy bien cambiar el próximo año, es decir, tras las elecciones generales. Es paradójico: para López y sus amigos del PSE las indicaciones de Rodríguez Zapatero son sólo sugerencias o declaraciones previamente pactadas, pero ellos pueden anunciar al PNV el cambio de política gubernamental respecto al nacionalismo si el PSOE gana las próximas elecciones, por más improbable que sea cada día que pasa.

El “error vasco” de Rodríguez Zapatero es doble, o triple. Primero, aceptó el consejo (¿de quién?) de que Nicolás Redondo había acabado su carrera política el 13 de mayo de 2001, justo el día en que los socialistas vascos obtuvieron el mejor resultado de su historia. Segundo, dio carta blanca a Ramón Jáuregui para rehacer el partido en el País Vasco y no pudo impedir que López y Eguiguren se hicieran con las riendas del mismo, obligándose asimismo a defender una y otra vez lo indefendible, es decir, al mismo tiempo, el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo y la tesis de López de que el entendimiento con el PP es, en principio, frentismo. Tercero, se dejó convencer (¿por quién?) de que hacía falta un partido “más vasquista” resultándole imposible definir lo que eso significaba. El resultado, el caos, por mucho que Rodríguez Zapatero quiera reconvertirlo en un modelo de coherencia y cohesión nacional.

Los que quieran que el secretario general del PSOE sea presidente del Gobierno deben averiguar con urgencia quién es el muñidor de todo eso, o el consejero maldito, y alejarlo de Ferraz.

Tontos o locos
Román Cendoya La Razón 11 Junio 2003

Fortaleza frente a locura. Las inverosímiles propuestas del lehendakari han recibido la respuesta que se merecen. Ninguneo y legalidad, lo único posible. Sólo a un tonto o a un loco se le ocurre resolver una sentencia del Tribunal Supremo, a través del diálogo y la negociación con el presidente del Gobierno y el líder de la oposición. Sólo el lehendakari no sabe que, debido a la separación de poderes, ni Aznar ni Zapatero pueden hacer nada. Sólo el lehendakari no sabe que los Parlamentos democráticos tienen límites competenciales. Atutxa, con el apoyo del lehendakari, hace caso omiso y dejación de sus funciones teniendo en cuenta el artículo 24.3 del Reglamento de la Cámara. Y continúan con el estúpido pulso por el que amparan y defienden a un grupo ya inscrito en la lista de organizaciones terroristas de la UE. Y lo hacen pensando que así, un día, Euskadi será independiente y podrá formar parte de la UE. ¿Alguien piensa que amparando terroristas se puede entrar en algún sitio? O son tontos o están locos. Maltratan al Parlamento y por tanto a sus ciudadanos. Menos mal que Zapatero, al final, ha puesto en su sitio las ambiciones de Rojo, y el constitucionalismo seguirá avanzando en ese trozo de España llamado Euskadi.

El enroque de Atutxa
José Luis Manzanares Estrella Digital 11 Junio 2003

Recordaba yo hace sólo una semana, en este mismo diario, que quizá el problema del terrorismo etarra no habría llegado hasta hoy si, dejando de lado los paños calientes, hubiéramos seguido el consejo de Goethe: procura no golpear un avispero, pero si lo golpeas, golpea fuerte. Todos sabíamos que ETA era bastante más que una partida de bandoleros, aunque prefiriéramos referirnos sólo a una banda armada. Insinuar siquiera la existencia de un cáncer social resultaba de mal gusto y pecaba de políticamente incorrecto. ETA era ETA, y nadie, si siquiera los más furibundos nacionalistas, la apoyaría jamás de forma directa o indirecta. Curiosamente, la mayor tolerancia con el terror, la comprensión traducida a veces en complicidad criminal, se encontraría en el nacionalcatolicismo del clero vasco y no en los partidos nacionalistas con representación parlamentaria. La ignorancia oficial de la metástasis permitió la extensión del mal y su afianzamiento en las instituciones.

Se reaccionó por fin, pero quizá se arrastren todavía demasiados posos de aquella buena fé no correspondida. La Ley de Partidos Políticos reguló la ilegalización de los contrarios a la convivencia constitucional, pero prescindió de la simultánea inhabilitación de sus miembros para continuar desempeñando los correspondientes cargos públicos. Se acuerda la ilegalización de un partido, pero los mandatos personales se respetan hasta su natural agotamiento. Una cierta incongruencia a favor del partido ilegalizado, puesto que sólo a través de éste y en representación del mismo se accedió a las instituciones. Las Cortes Generales hubieran podido evitarlo.

También puede que se haya quedado corta la Sentencia del Tribunal Supremo acordando la ilegalización de Herri Batasuna (con esa o con otra denominación). Es obvio que cualquier jurista entenderá su parte dispositiva como una declaración de disolución que ha de ser ejecutada en sus propios términos y “sin demora”. No como una “petición” de disolución dirigida al Parlamento Vasco, según opina su Presidente, sino como una disolución acordada y, por ello, simplemente comunicada a sus efectos prácticos. Sin embargo, en el Derecho los matices tienen gran importancia, sobre todo para los interesados en defender interpretaciones indefendibles, de manera que quizá el fallo debiera haber sido aún más claro. El nacionalismo llamado democrático ya anunció en su momento la defensa numantina del brazo político de ETA. Ahora no hace sino cumplir su palabra y sus compromisos. El Presidente de la Cámara Vasca se enroca tras la Junta de Portavoces y así se cierra el círculo del absurdo: el representante del partido filoetarra (o etarra a secas) participa en la decisión sobre la disolución de su Grupo parlamentario. El pulso de Estado de Derecho continúa. Y al Tribunal Supremo le toca mover ficha. Y como no será la última jugada, convendría prever las siguientes.

La dignidad herida del ciudadano Atutxa
MIKEL BUESA/CATEDRÁTICO DE LA UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID El Correo 11 Junio 2003

Los avatares de la política han colocado al ciudadano Atutxa en la primera línea de la insurrección nacionalista contra el poder del Estado. Abanderando un Parlamento o más bien a un grupo de diputados que se consideran a sí mismos como la encarnación de la esencia del pueblo vasco, no sujetos a restricción alguna que no emane de su propia voluntad y portadores de inalienables derechos originarios, se resiste a dar cumplimiento a la sentencia del Tribunal Supremo que disuelve al brazo político de ETA y obliga a deshacer el grupo Sozialista Abertzaleak.

El ciudadano Atuxa ha declarado que la pretensión judicial hiere la dignidad del Parlamento vasco -y, de paso, la suya propia-; y que él, en tanto que su presidente, no hará dejación de sus funciones y defenderá a ultranza su independencia. Avalando sus palabras con los hechos, en los últimos días ha dado muestras de su virtuosismo trilero en el manejo de los asuntos políticos, logrando que dos órganos de la Cámara legislativa -la Mesa y la Junta de Portavoces- adopten resoluciones opuestas para así justificar que las cosas se mantengan inalteradas, que los voceros del terrorismo sigan contando con su grupo parlamentario y que, esto es lo verdaderamente importante, la institución no vea condicionadas sus decisiones por el poder judicial español.

De momento, las cosas están así, aunque seguramente no por mucho tiempo, y el ciudadano Atutxa parece haber salvado su dignidad. Curiosa dignidad ésta. La de un presidente parlamentario al que no parece preocuparle que sus acciones puedan ser calificadas como delictivas; al que obviamente no le quita el sueño que la institución cuya dirección ejerce sea, seguramente, la que menos leyes ha aprobado durante los últimos años y, por tanto, la que peor justifica el sueldo de sus diputados; al que no le incomoda desviarse de los procedimientos democráticos si con ello, como ha ocurrido con los Presupuestos, se da satisfacción al Gobierno de sus correligionarios. No; no se busque en hechos como éstos el menor atisbo de alteración de la dignidad del ciudadano Atutxa, porque él sólo parece indignarse cuando alguien pone en cuestión la política del nacionalismo gobernante y, en particular, su peculiar relación con las organizaciones que dan voz a ETA. Así ha ocurrido ahora con la pretensión del Tribunal Supremo de disolver el grupo parlamentario de SA; así lo constató Isabel San Sebastián, según ha relatado recientemente, cuando en 1998, en una conversación con nuestro personaje, dudó del carácter real de la tregua de ETA; y así lo pude verificar yo mismo cuando declinaba el verano del año 2000 y tuvo lugar el penoso episodio que, al observar estos días el comportamiento del ciudadano Atutxa, no he podido por menos que rememorar y que, para ilustrar todo esto, a continuación paso a relatar.

En aquel verano había saltado a los medios de comunicación la noticia de que, un mes después del asesinato de mi hermano Fernando Buesa, en el curso de las investigaciones judiciales sobre el 'comando Vizcaya' de ETA, había aparecido un dosier fotográfico en el que figuraba él, además de otras personalidades políticas, siendo notorio que las imágenes habían sido tomadas en el Parlamento vasco. El esclarecimiento de cómo algún activista o informante de la banda terrorista pudo actuar con impunidad en las dependencias de esa institución nunca ha podido establecerse, entre otros motivos, según consta en los autos judiciales, por la escasa colaboración que su presidente, a la sazón el ciudadano Atutxa, prestó a la investigación.

Mi reacción al ver difundida esa información fue preguntarme cómo era posible que nadie en la Cámara vasca asumiera la responsabilidad política por el notorio fallo de seguridad que el hecho evidenciaba y, más aún, que ni siquiera se hubiera emprendido una investigación al respecto; y esa pregunta la trasladé a una nota que se publicó en un periódico. Al día siguiente llegó la respuesta del ciudadano Atuxa en un artículo recogido por el mismo diario, en el que despachaba el asunto aludiendo a la entonces socorrida tesis de la descoordinación policial entre el Estado y la comunidad autónoma -una tesis que, por cierto, había servido poco tiempo antes para que el presidente del PNV, Xabier Arzalluz, desviara la responsabilidad del asesinato de mi hermano hacia el ministro de Interior, y de paso se la quitara a ETA-, consideraba además que entraba dentro de lo aceptable que un informador etarra, con su documentación en regla, hiciera su trabajo dentro de la institución parlamentaria, y dejaba en el aire la sugerencia de que, ante todo esto, era mejor callar. Mi ulterior intervención rechazó esta invitación, y también los argumentos del ciudadano Atuxa, para acabar evocando unas palabras del último discurso de mi hermano en las que, con relación al problema de la seguridad, señalaba que «el lehendakari y su Gobierno nos han defraudado» y que «la minoría nacionalista que le apoya ninguna voluntad tiene de enfrentarse con los grupos violentos».

Esta cita debió de ser la gota que colmó el vaso de la indignación del ciudadano Atutxa, quien una semana más tarde me dirigía una extensa misiva en la que encerraba un ataque personal en toda regla. Su comienzo no parecía demasiado grave, pues se limitaba a acusarme de actuar con prejuicios y de no querer aceptar la versión verdadera de los hechos, es decir la suya: «No me ha preguntado nada. No ha creído conveniente llamarme». Pero más tarde iba elevando el tono hasta pasar a la acusación miserable de que para mí debían existir víctimas del terrorismo de varias clases, algunas de las cuales ni siquiera merecen ser consideradas. Y, así, el ciudadano Atutxa me recriminaba que hubiera olvidado «otro hecho rotundo, notable e incuestionable. ETA asesinó, junto a su hermano, a Jorge Díez Elorza, ertzaina»; y añadía que «por respeto a Jorge Díez, tan asesinado, tan muerto, tan digno de respeto y reconocimiento como Fernando Buesa, me resulta indecente que lo ocurrido se despache con un juicio de intenciones cuyo único objetivo es arrojar injustos reproches sobre la profesionalidad y voluntad que existe en la Ertzaintza». O sea que, según el ciudadano Atutxa, no sólo yo ignoraba dolosamente a quien perdió su vida protegiendo a mi hermano, sino que lo hacía deliberadamente para insultar al conjunto de la Policía autónoma vasca. Véase, para corroborarlo, la conclusión que extrae de su exaltada argumentación: «Su infundado veredicto es pues una injuria para Jorge Díez Elorza. Dudar frívolamente de su voluntad, de la de la Ertzaintza en su conjunto y de la de los responsables de la seguridad del Parlamento es inaceptable e insultante». Y, a continuación, descubría la verdadera razón de tan desmesurado ataque: «Injuriar de este modo es también un insulto y una ofensa personal para mí».

Retengamos esta última frase, pues expresa, otra vez, la dignidad herida del ciudadano Atuxa. Otra vez y por similar causa a la que he mencionado más atrás. Juan María Atutxa Mendiola se considera injuriado cuando alguien discute la pertinencia de sus decisiones políticas con respecto a los voceros de ETA. Es más, se considera a sí mismo como un perseguido, no por los terroristas, sino por los que vemos en sus acciones una débil reacción ante éstos. Y, así, señala en su carta que «en estos tiempos la defensa democrática y pacífica de ideas como las mías, igual de legítimas que las suyas, nos acarrea la injusta pena de aparecer como filoterroristas ante la opinión pública».

Pero esto no es todo. Porque el verdadero motivo de tan enrevesadas y paranoicas reacciones es que al ciudadano Atutxa le preocupa, por encima de cualquier otra consideración política, que se mantengan los lazos que unen a los miembros de las distintas facciones herederas del pensamiento de Sabino Arana y conforman la comunidad nacionalista. Es sólo en esta clave en la que cabe interpretar la enigmática frase que cierra el memorial de agravios contenido en su carta: «Penoso cargo siempre, pero más cuando se comparte con el estigma que nos obliga a algunos, desde hace bastantes años, a dedicar parte de nuestro tiempo cada día a evitar que esos supuestos amigos íntimos nos retiren definitivamente el uso de la palabra». Juzguen entonces los lectores si, de tan peculiar personaje, cabía esperar otra cosa que su rebelión contra el Tribunal Supremo, pues el sueño de la nación produce estos esperpentos.

El valor de Zapatero
JOSÉ MARÍA CALLEJA La Voz 11 Junio 2003

JOSÉ LUIS Rodríguez Zapatero ha tenido un gesto encomiable al anunciar a la opinión pública española que los socialistas alaveses apoyarán al PP para que este partido gobierne el Ayuntamiento de Vitoria, en el que fue el más votado, y la Diputación de Álava, donde fue la segunda fuerza. Con esta iniciativa, Zapatero ha tenido un gesto de grandeza política, defensa de la Constitución y cierre al plan independentista de Ibarretxe, pero también ha cortado en seco el acercamiento planteado por los socialistas vascos con las direcciones del PNV y de EA. El mismo día en que Zapatero comparecía ante los medios de comunicación, los tres secretarios provinciales del PSE-PSOE se reunían con dirigentes del PNV y de EA. Sin restar ni un ápice de mérito a la decisión de Zapatero, sí hay que subrayar que la urgencia por comparecer ha sido posiblemente espoleada por el conocimiento de esa reunión y por el temor a que de ella saliera una postura contraria al pacto con el PP en Álava.

Zapatero sabe que una posición tibia, no digamos ya de pacto abierto con el PNV, es insostenible en buena parte del País Vasco y cuenta con el rechazo mayoritario en el resto de España. De ahí la contundencia de su gesto. Pero lo cierto es que nada volverá a ser como antes del 13 de mayo del 2001 -elecciones autonómicas- en el socialismo vasco. Defenestrado Redondo Terreros, desplazado Mayor Oreja, y defraudado el PSOE en sus expectativas en las últimas elecciones municipales y autonómicas, los socialistas que propugnan romper con el PP y acercarse ahora al PNV son mayoría en el socialismo vasco. La apuesta de que el PNV moderaría su postura si sufría una derrota electoral ha sido desplazada por la consigna de que los socialistas deben volver a colaborar con los nacionalistas para impedir que sigan en su huida hacia la independencia, para cortar con el PP y para ofrecerse como alternativa. Zapatero cabalga a horcajadas entre su deseo de llevarse bien con Maragall, que le permitió ganar el congreso en el que fue elegido, y con los que mandan en el socialismo vasco; y su necesidad de enhebrar un discurso ganador en el conjunto de España, para lo que el rechazo al nacionalismo que incumple la ley y se acerca a los que matan es imprescindible.

Dos tensiones difíciles de conjugar, que provocan fricciones que quizá solo se puedan ventilar en las urnas. Hay medios de comunicación y sectores muy poderosos del socialismo que le acogotan a Zapatero para que no se acerque al PP ni un milímetro; de otra parte está la evidencia de que hoy, fuera de la Constitución, es muy difícil ganar unas elecciones generales en España. Por si fueran pocos los quebraderos de cabeza para Zapatero, la traición, sin paliativos, de dos diputados socialistas, que ha permitido la elección de Concepción Dancausa (PP) como presidenta de la Asamblea de Madrid, puede costarle al PSOE también la presidencia del Gobierno de Madrid. En este caso la avería para los socialistas sería demoledora.

Madrid, escaparate de la crisis del PSOE
EDITORIAL Libertad Digital 11 Junio 2003

En la primera sesión de la Asamblea de Madrid tras las elecciones, donde la coalición tácita PSOE-IU tenía la oportunidad de traducir su mayoría absoluta en cuotas de poder institucional, dos diputados del PSOE, Eduardo Tamayo y Maria Teresa Sáez, han decidido no presentarse a la votación con el objeto de que PSOE e IU quedaran en minoría. Como consecuencia de ello, Concepción Dancausa (PP) ha sido elegida en segunda votación como presidenta de la Cámara madrileña en detrimento del candidato del PSOE.

Ambos diputados pertenecen a un sector –“Renovadores por la Base”, liderado por José Luis Balbás– de la siempre conflictiva y fuertemente dividida Federación Socialista Madrileña que, además de estar en frontal oposición al sector guerrista dominante al que pertenece Simancas, ve en la alianza con Izquierda Unida futuras calamidades electorales tanto para los socialistas madrileños como para el PSOE en su conjunto. Al menos este es el argumento con el que Eduardo Tamayo ha justificado su negativa a apoyar al candidato del PSOE a la presidencia de la Asamblea, señalando además que las exigencias de Izquierda Unida (50 por ciento del presupuesto y las consejerías de Educación, Sanidad y Vivienda) impiden aplicar la mayor parte del programa con el que el PSOE se presentó a las elecciones. Por ello, afirma que, en realidad, el tránsfuga no es él sino Simancas. No le falta razón objetiva a Tamayo –quien sostiene que informó de sus intenciones a Simancas el pasado domingo–, pues no cabe duda de que si el PSOE e IU hubieran concurrido en coalición a las elecciones con el programa que pretende imponer IU, la aritmética parlamentaria resultante habría sido bien distinta. Puede que, al final, lo más conveniente para el PSOE de cara al futuro sea pasar a la oposición y prescindir de la pesada hipoteca que Izquierda Unida impondría a Rafael Simancas.

No obstante, no cabe excluir de los motivos de Tamayo y Sáez intereses puramente personales –dentro del PSOE han denunciado negocios inmobiliarios supuestamente opacos en los que estarían implicados el matrimonio Balbás-Villar y el propio Tamayo–, incluida la venganza. Se da la circunstancia de que la corriente a la que pertenecen Tamayo y Sáez, el principal apoyo de Zapatero en Madrid para proclamarse secretario general del PSOE, fue marginada con la elección por parte de Zapatero de Trinidad Jiménez para la candidatura al Ayuntamiento de Madrid y también quedaría igualmente marginada en un eventual pacto de gobierno entre Rafael Simancas y Fausto Fernández. Tamayo y Sáez, bajo la atenta mirada de Balbás, han provocado un terremoto de imprevisibles consecuencias en la Federación Socialista Madrileña que ha hecho salir a Joaquín Leguina de su letargo para denunciar la “tradicional” inmoralidad del sector de Tamayo, que le retiró su apoyo en el último momento cuando en 1999 quiso ser candidato a alcalde de Madrid; aunque olvidó recordar que su último mandato al frente de la Comunidad de Madrid lo debió al tránsfuga Piñeiro, procedente del PP.

La reacción de Ferraz ha sido fulminante: ambos diputados han sido expulsados del PSOE el mismo martes, a todas luces de forma irregular y antiestatutaria... además de inconveniente para el propio PSOE, pues ahora ya no existe oportunidad alguna de hacer “entrar en razón” a los dos disidentes y crecen las posibilidades de que, finalmente, Esperanza Aguirre pueda proclamarse presidenta de la Comunidad si Tamayo y Sáez no votan en su contra. La posible “pérdida” de la Comunidad de Madrid a favor de Esperanza Aguirre –la verdadera ganadora de las elecciones– después de la insistencia de Zapatero en considerar Madrid como la “antesala de La Moncloa”, así como la dependencia de Izquierda Unida –un partido en plena deriva antisistema que no duda en pactar con el PNV-EA para mantener al PP y al PSOE fuera de las instituciones vascas– puede suponer un golpe letal para su ya precario liderazgo. En el editorial del lunes ya advertíamos de la endeblez del proyecto de Zapatero, otro hombre de partido quien, al igual que Simancas en Madrid, también representa un inestable equilibrio de fuerzas. Esa debilidad ha hecho pasar al PSOE casi sin solución de continuidad del plúmbeo y leninista el que se mueva no sale en la foto a una situación casi acéfala en la que cada vez más notables socialistas ceden a la tentación de reafirmar sus liderazgos personales y sus prebendas, haciendo caso omiso de las indicaciones del líder.

En el País Vasco, Odón Elorza opone sus simpatías por el PNV al pacto de gobierno con el PP en el Ayuntamiento de San Sebastián, y Javier Rojo antepone también sus apetencias personales por la Diputación de Álava a la formación de un gobierno constitucionalista basado en el principio de la lista más votada. En Cataluña, Maragall –nunca desautorizado por Zapatero pues éste le debe la secretaría general–, a pesar del descalabro en las municipales catalanas se proclama amo absoluto del PSC y persevera en “exportar”, con cierto éxito, su delirante e inconstitucional “federalismo asimétrico” a los socialistas de Aragón, Baleares, Galicia e incluso Andalucía. Los socialistas gallegos han cerrado acuerdos con el BNG para gobernar en 50 municipios; y los cántabros, con tal de desalojar al PP de la presidencia autonómica, han entregado ésta a los regionalistas, cuyo porcentaje de votos no llega al 20 por ciento.

Zapatero sabe que su única oportunidad para consolidarse, poner orden y acallar las numerosas voces que dentro del PSOE cuestionan su liderazgo –Bono, Rodríguez Ibarra y Francisco Vázquez entre otros muchos– es tocar poder lo antes posible. Y creyó, azuzado por los medios de PRISA, que la mejor forma de hacerlo era aliarse con Izquierda Unida y los grupos antisistema en la desestabilización del Gobierno. Sin embargo, la “traición” de Tamayo y Sáez –una consecuencia política de esa alianza, que podría reproducirse en Cantabria– pone en serio peligro no sólo la única baza que podía esgrimir Zapatero para edulcorar los decepcionantes resultados del PSOE del 25 de mayo, sino también su liderazgo al frente del socialismo español y sus posibilidades de ganar las elecciones en 2004. El episodio de Madrid puede ser la gota que colme el vaso de la desconfianza de unos electores que, ante la alternativa de un partido dividido, sin un proyecto claro de gobierno y dispuesto a ceder grandes cuotas de poder a Izquierda Unida, probablemente prefieran quedarse en casa en las próximas Elecciones Generales o votar a lo “malo conocido” que representa el PP.

Deserción y crisis en el PSOE
Editorial ABC 11 Junio 2003

EL esperpéntico episodio vivido ayer en la Asamblea de la Comunidad de Madrid, donde la ausencia deliberada de dos electos socialistas entregó al PP la Presidencia de la Cámara, ejemplifica con ribetes de farsa la tragedia interior que corroe el proyecto de alternativa de Rodríguez Zapatero, y que no es otra que la coexistencia mal avenida de diferentes sectores, corrientes y círculos de influencia a los que la dirección nacional del partido es incapaz de someter bajo una mínima coherencia política.

Presentada por su protagonista principal, Eduardo Tamayo, como un «toque de atención a Rafael Simancas», la maniobra desestabilizadora de los críticos madrileños ha dejado en clara evidencia la debilidad de la organización socialista, cuyas contradicciones conforman un puzzle que Zapatero parece impotente para recomponer.

Basta fijarse en el debate entablado por el presidente de Castilla-La Mancha, José Bono, al instar a la dirección nacional a pescar votos en «los caladeros del centro» en vez de dirigirse hacia los arrecifes de Izquierda Unida, para apreciar las dudas que atenazan en estos momentos la deriva del PSOE. Las contradicciones expresadas por el secretario general de la organización en Euskadi, Patxi López, en torno a los pactos constitucionalistas; la autonomía empecinada del alcalde donostiarra, Odón Elorza; el errático rumbo nacionalista de Pasqual Maragall en Cataluña o los problemas suscitados en Andalucía por los pactos con IU y el PA ofrecen un panorama desquiciado en el que resulta imposible reconocer un proyecto político coherente, y ofrecen base sobrada para la definición de «guirigay» con que José María Aznar gusta de zaherir la debilidad de su adversario.

EL inesperado sainete madrileño -que desde luego deja en mal lugar a los dos diputados rebeldes, desaprensivamente dispuestos a aprovecharse de su privilegio en una lista cerrada- salpica ahora gravemente el interés que Rodríguez Zapatero ha puesto en la obtención de la Presidencia de la Comunidad de Madrid, que pretende convertir, con ayuda de IU, en un escaparate de su forma de gobernar con vistas a las elecciones generales de 2004. A nadie se le oculta que, por mucho que el responsable de organización del PSOE, José Blanco, o el propio Zapatero hayan quedado en clara evidencia, es el candidato socialista a la Presidencia autonómica, Rafael Simancas, el que sale más tocado de esta sorpresiva crisis, que le obliga a pactar con sus propios rebeldes antes de cerrar un difícil acuerdo con una Izquierda Unida dispuesta a rebañar parcelas importantes del presupuesto comunitario.

El proyecto de Simancas -supuesto que consiga llevarlo a cabo, para lo que primero debe amarrar su propia investidura, ahora comprometida- nace así con mal pie y escasa credibilidad. El ruidoso fragor de cuchillos que ayer era perceptible en los ambientes políticos de la capital del Estado pronostica malos tragos para un socialismo sacudido por viejos rencores, y compromete seriamente la autoridad de un líder que pretende constituirse en alternativa de gobierno frente al Partido Popular, cuya principal tarjeta de presentación viene dada por la solidez de su cohesión interna.

Es precisamente al PP, inesperado beneficiario de la pirueta parlamentaria de ayer, al que hay que exigirle que gestione correctamente la crisis sobrevenida. La mayoría de la Mesa de la Asamblea debe ser utilizada con responsabilidad, huyendo de la tentación ventajista que puede concederle el disponer de la Presidencia de la Cámara. Y desde esa responsabilidad, el PP haría bien en contribuir a devolver la estabilidad política rota por la deserción de dos electos del PSOE. Si al final Eduardo Tamayo y Teresa Sáez no renuncian a su escaño, el Partido Popular debería ayudar a encontrar una salida que ordene lo que han desordenado dos políticos concretos, a quienes habrá que exigir mayores y más poderosos argumentos. En último extremo, la disolución de la Cámara y la convocatoria de unos nuevos comicios permitiría a los madrileños juzgar en las urnas lo ocurrido desde el 25-M y expresar su voluntad de manera inequívoca.

SEA como fuere, el proyecto estrella de Zapatero ha nacido malformado. El «laboratorio» de alternativa que el líder nacional del PSOE pretende establecer en la Comunidad de Madrid tiene las probetas agujereadas y los ácidos de la inestabilidad han empezado a desprender humo. Mientras, la opinión pública asiste atónita y estupefacta a la exhibición de «amistades peligrosas» de la clase política.

Terroristas callejeros atacan por segunda vez el comercio de una concejala del PP en Zumárraga
Efe Libertad Digital  11 Junio 2003
El comercio de una concejala del PP de Zumarraga ha sido atacado en San Sebastián por segunda vez en menos de un mes. El departamento de Interior del Gobierno Vasco confirmó que un artefacto incendiario provocó daños en la tienda, ubicada en la plaza Biteri, en el barrio donostiarra de Gros.

La humareda provocada por la explosión motivó el desalojo temporal de los vecinos de un inmueble cercano, que volvieron a sus domicilios al finalizar el trabajo de los bomberos. El artefacto únicamente causó daños materiales en el escaparate del comercio, según Interior.

Los hechos se produjeron este martes por la noche. El local es propiedad de Julia Tercero, concejal del PP en la gestora nombrada en Zumarraga y que no ha sido reelegida en los pasados comicios. Su tienda ya fue atacada por radicales con un artefacto de fabricación casera el pasado 18 de mayo, durante la campaña electoral.

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