AGLI

Recortes de Prensa     Viernes 4 Julio  2003
El «Plan Ibarretxe» y la fractura social
Editorial ABC 4 Julio 2003

El laberinto del PNV
ARTURO MANEIRO La Voz 4 Julio 2003

Reforma de la ley electoral
Luis María ANSON La Razón 4 Julio 2003

Zapatero, Estella y la conspiración
CARLOS HERRERA ABC 4 Julio 2003

Cinco alcaldes navarros insumisos
Alberto CATALÁN HIGUERAS La Razón 4 Julio 2003

La confusión vasca
Editorial El Ideal Gallego 4 Julio 2003

Corrupción en el PSOE, problema de Estado
ANTONIO ROMEA  El Correo 4 Julio 2003

Coño qué beso, el beso de Maragall
Julián Lago La Razón 4 Julio 2003

Puertas
Cartas al Director El Correo 4 Julio 2003

Los vascos rechazan el Plan Ibarretxe por considerar que genera división e inestabilidad
ABC 4 Julio 2003

El terrorismo callejero se redujo un 65 por ciento en los seis primeros meses del año
R. L. Vargas - Madrid.- La Razón 4 Julio 2003

El catalanismo sigue rechazando la españolidad de El Quijote, dice Riera
Daniel Vázquez - San Lorenzo de El Escorial.- La Razón 4 Julio 2003
 

El «Plan Ibarretxe» y la fractura social
Editorial ABC 4 Julio 2003

LA conocida metáfora sobre las nueces de la autodeterminación que los nacionalistas vascos recogen a medida que el terrorismo sacude el árbol de la paz está sufriendo una sensible metamorfosis a medida que es el propio nacionalismo el que comienza a zarandear el ramaje de la convivencia con el proyecto soberanista del lendakari Ibarretxe. Así parece desprenderse de la última oleada del Euskobarómetro, que detecta en la sociedad vasca un profundo malestar democrático, cuyo registro más inquietante es la consolidación de la fractura civil que separa a los nacionalistas de quienes defienden un marco acorde con la Constitución.

El estudio sobre la opinión pública del País Vasco refleja en su última entrega un panorama de pesimismo preocupante. Desconfianza en las instituciones, temor a los problemas que pueden derivarse del «demarraje» soberanista, fractura social y una intensa sensación de descontento con el sistema son factores mayoritarios que revelan un estado de enorme y atemorizada crispación. Como consecuencia de esta generalizada zozobra, una importante porción de ciudadanos, en torno al 44 por 100, recela del llamado «plan Ibarretxe» al entender que compromete la ya endeble estabilidad de la vida pública vasca.

Aunque la mayoría de los consultados apoya soluciones que no rompan las reglas de juego constitucionales, el estudio constata la consolidación de un potente malestar entre la población nacionalista, más cohesionada en detrimento de la no nacionalista, que según el director del barómetro, el catedrático Francisco Llera, ha sufrido en los últimos meses síntomas de desmovilización. De este modo, el sondeo halla la existencia de dos opiniones públicas bien diferenciadas, lo que genera una incertidumbre tal que dos de cada diez personas está pensando seriamente en abandonar el territorio.

La complejidad del panorama político derivado de la estrategia soberanista del PNV y sus socios ha provocado, además, un sensible desconcierto en la sociedad, que se manifiesta en opiniones contradictorias. Así, mientras la mayoría se pronuncia satisfecha con el Estatuto o contempla un horizonte federalista como evolución natural de este sistema, son políticos claramente significados por su apuesta de autodeterminación los que reciben una mayor valoración popular. Es el caso de Juan María Atutxa, defensor a ultranza de la desobediencia frente al pronunciamiento expreso del Tribunal Supremo sobre la ilegalización de Batasuna.

En semejante magma en ebullición, la ya tradicionalmente compleja sociedad vasca presenta síntomas desoladores, ya que hasta un 56 por ciento de los ciudadanos está poco o mal informado del proyecto sobre el que Ibarretxe ha cimentado el eje de su actuación política. Al mismo tiempo, el respaldo a la Constitución alcanza un mínimo histórico del 30 por ciento, aunque el plan destinado a superarla no logra suscitar en modo alguno el respaldo de la sociedad.

En el plano positivo, aumenta el rechazo a la violencia terrorista, incluso entre el electorado filoetarra, y se detecta un estado tranquilizador sobre las consecuencias de la ilegalización de Batasuna, pese a que la mayoría no la aprueba.

En conjunto, el estado de opinión pública revela un serio desconcierto y un rechazo de las instituciones. En este sentido, resulta manifiesto que la deriva emprendida por el PNV sólo ha logrado tensionar la convivencia hasta un intranquilizador extremo de desasosiego.

El laberinto del PNV
ARTURO MANEIRO La Voz 4 Julio 2003

EL PARTIDO Nacionalista Vasco siempre está metido en un laberinto: recorridos sinuosos, estrecho margen de maniobra, salidas equivocadas, callejones sin salida y finales inciertos. Lo malo es que el laberinto del PNV afecta a todo lo que vive y existe en el País Vasco. Es el rompecabezas de Arzallus, Atutxa e Ibarretxe: están contra ETA pero no paran de provocar acciones que dan pie y razones para que los terroristas encuentren justificación para sus delitos.

El nacionalismo vasco, como otros nacionalismos, siempre han necesitado sentirse víctimas de la opresión de un gobierno centralista. Si la opresión no existe la provocan, la inventan, la sueñan, la difunden. Ante este temor, las masas nacionalistas se aglutinan, se hacen fuertes, se agrupan para frenar al enemigo común. Por eso el PNV no pierde oportunidad de afirmar que la ilegalización de HB es el primer paso para ilegalizarles a ellos. Si no son víctimas, se preparan para serlo. Y van poniendo los medios, dan los pasos para que la Administración central «Madrid» acabe actuando contra ellos.

Y éste es el laberinto en el que están metidos actualmente por no ejecutar la sentencia del Tribunal Supremo. Una sentencia que les obliga a la disolución del grupo parlamentario de ETA. Si no ejecutan la sentencia, la justicia tendrá que actuar contra Atutxa. Si ejecutan la sentencia saldría muy perjudicado el grupo de Izquierda Unida que es socio de gobierno, ya que el grupo mixto en el que viven se vería incrementado en muchas bocas con las que repartir sus ingresos. Atutxa dice que prefiere ir a la cárcel antes que ver violada la soberanía del Parlamento Vasco. Si el TS actúa contra el presidente del parlamento vasco, los nacionalistas se verán agredidos. Al sentirse agredidos, amenazan con provocar manifestaciones de protesta en todas las calles del País Vasco. Si hay manifestaciones de protesta a ellas se unirán los etarras por ser el objeto de la sentencia judicial de disolución. Y así, el PNV estaría alimentando un caldo de cultivo ideal para que ETA se sintiera en la obligación de matar para preservar a su pueblo de la opresión. Cuando ETA asesine, el PNV saldrá nuevamente a lamentar la violencia en el País Vasco y pedirá a ETA que desaparezca, al mismo tiempo que seguirá dándole razones para existir. Y ya tenemos el laberinto sin salida.

El PNV alcanzaría mucha credibilidad y honorabilidad si, en lugar de provocar la amenaza del Gobierno central, se plantase contra ETA y le dijese que no acepta ni un privilegio autonómico más en tanto no desaparezca. Incluso si dijera que devolverá a Madrid competencias autonómicas si ETA no desaparece. Porque es necesario reconocer que todos los logros autonómicos alcanzados por el PNV están manchados de sangre. Aunque sea muy duro decirlo, sin esa sangre de guardias civiles, policías, militares, obreros, empresarios, políticos, niños, periodistas, y amas de casa, la autonomía vasca nunca sería lo que es ahora. Y creo que puedo decirlo porque he visto nacer, una por una, todas las instituciones autonómicas vascas. El laberinto se abrirá cuando el PNV actúe en política con las manos limpias, devolviendo lo adquirido bajo chantaje y sin aceptar nada manchado de sangre.

Reforma de la ley electoral
Luis María ANSON La Razón 4 Julio 2003
de la Real Academia Española

Para autonomías y ayuntamientos, la fórmula más razonable sería, con algunos matices, la establecida en Francia. La lista más votada en una región o en una alcaldía gobernaría con la mitad más uno de los diputados o de los escaños. Se acabaron los tránsfugas y, sobre todo, se habría terminado con las piruetas políticas de los partidos inventados para hacer de bisagras. La fórmula electoral española ha hecho que, aparte lo que es lógico, Cataluña, Vascongadas y Galicia, se hayan creado partidos nacionalistas muchas veces artificiales en Andalucía, Canarias, Navarra, Aragón, Cantabria, Murcia, Valencia...

La explicación es sencilla. El político con ambición que no se siente bien colocado en un gran partido, funda su capillita particular. Si obtiene uno o dos parlamentarios, uno o dos concejales, su partido se puede convertir en bisagra y obtener una suculenta tajada de poder. El sistema francés sortea, en gran parte, esta deformación de la vida política que acaba de tener en Cantabria alarmante prueba.

La reforma electoral, en la que no entraría el sistema de elecciones generales, beneficiaría en algunos sitios al PSOE y en otros al PP, en todos al pueblo español y a la dignidad de la política, zarandeada hoy por tanto chalaneo, tanta incongruencia, tanta frívola ambición. Socialistas y populares tienen la palabra. Los parches antitransfuguismo no resuelven casi nada. Hay que meter el bisturí hasta el fondo.

Zapatero, Estella y la conspiración
Por CARLOS HERRERA ABC 4 Julio 2003

EN el seno, en los centros, en las mismas entrañas del PSOE debe existir una diabólica conspiración para no ganar las elecciones. Si no, no se explica. Tanta torpeza junta no es imaginable de no ocultar en su revés un perverso plan encaminado a que los españoles se olviden de su alternativa y a que, de nuevo, los votantes elijan a una derecha que jamás lo ha tenido más fácil. El PSOE no pareció aprender la lección del año 2000. Cuando los electores otorgaron al proyecto de Aznar una insospechada mayoría absoluta, sesudos intérpretes de la realidad quisieron ver en ello el aplauso surgido de la comodidad de quien ganaba más dinero y pagaba menos impuestos, sin querer aceptar que en ese voto masivo al PP había algo aún más importante que el estado de sus bolsillos: la cuestión nacional. El mensaje que los populares habían transmitido a la ciudadanía consistía en hacerse cargo de un asunto fundamental en la conciencia de muchísimos españoles y que parecía haber sido abandonado por otras fuerzas políticas, especialmente la socialista: la solidez del Estado, la fuerza de la Nación, no podían estar sujetas a las veleidades circunstanciales de una negociación política con partidos nacionalistas o independentistas. Eso pareció entenderlo Zapatero; tanto que su primer mensaje político contuvo un innegable acento nacional. Sin embargo, las baronías insaciables y los analistas inconsistentes han propiciado que se desdibuje lo que fue una buena intención primera y que se brinde al electorado la impresión de que, en ese carajal de partido, cada uno dice y hace lo que quiere. No hubo de pasar demasiado tiempo para que el bravo leonés diera muestras de extraordinaria fragilidad y debilidad: en cuanto pudo eliminó a Nicolás Redondo Terreros y comenzó a propiciar todo el derrumbamiento de su castillito ideológico.

El reciente caso de las alcaldías navarras es un perfecto ejemplo de su rigor y su firmeza. Aseguró que expedientaría a los discípulos de Lizarbe que han aceptado encantados los votos de independentistas y de antiguos colaboradores de Batasuna para arrebatar las alcaldías a UPN, la lista más votada en esos municipios -en Estella no es la primera vez que lo hacen-, desoyendo los pactos por las libertades y otras hierbas. Tanto y de forma tan severa lo afirmó, que quienes conocemos el percal sabíamos que en ningún momento iba a expedientar a nadie. Efectivamente, aprovechando un lance parlamentario y haciéndose la señorita ofendida anunció teatralmente que no tomaría medidas con los díscolos navarros. Tras ello, ya sabe cualquier candidato socialista que en su partido se puede hacer de todo con tal de trincar el poder; tal y como ha sucedido en Estella -punto más delicado por su simbolismo-, unos desahogados concejales dan la espalda a su propio ideario -si es que lo tienen, que tengo mis dudas- y prefieren la compañía de quienes quieren acabar con la misma Navarra con tal detentar el poder. En este caso digo bien «detentar» y no «ostentar».

A quién puede extrañar, por tanto, que en el seno de una población ciertamente preocupada por el futuro más o menos sólido de una Nación sometida a los más abyectos chantajes -como el Plan Ibarreche, que tanto va a acabar gustando a la alcaldesa de Estella-, vaya larvándose, no ya la desconfianza, sino el rechazo por un asomo de proyecto político al que le falta una pata. Si de aquí a marzo, Zapatero no resuelve con decisiones claras las incongruencias elementales de su partido, puede confiar el sustituto del César Laureado en ganar los comicios con cierta holgura. Los estrategas, si es que los hay, del Partido Socialista deben saber que a los españoles que se tienen por tales -la inmensa mayoría-, no les acaba de gustar que se juegue con las cosas de comer.

cherrera@andalucia.net

Cinco alcaldes navarros insumisos
Alberto CATALÁN HIGUERAS La Razón 4 Julio 2003

La crisis desatada en el PSOE con motivo de la deserción de dos de sus diputados en la Asamblea de Madrid puede calificarse como un hecho político grave, pero no menos lo es la situación generada en Navarra después de que cinco representantes socialistas hayan alcanzado las alcaldías de varias localidades de la Comunidad Foral gracias al apoyo de los firmantes del Pacto de Lizarra y los defensores del plan soberanista de Ibarreche. Sólo que en el caso de Navarra el PSOE no va a poder inventarse ninguna trama política orquestada por nadie ni echar balones fuera de su tejado. En Navarra no hay excusa que valga, señor Zapatero.

Por una parte, los cinco alcaldes navarros insumisos han dado con su actitud en la línea de flotación del Pacto por las libertades y contra el terrorismo; han dejado tambaleando, por no decir, destrozados, sus postulados en relación con el nacionalismo vasco. Y por otra, han puesto en evidencia la hipocresía del discurso del cuestionado líder del PSOE sobre los pactos con los nacionalistas, que ya no es creíble. No se puede decir que no se va a pactar, bajo ningún concepto, con el nacionalismo y luego aceptar su voto para alcanzar unas cuantas alcaldías.

Cualquier analista político puede llegar a la conclusión, sin penetrar demasiado en el fondo de la cuestión, de que la rebelión municipal que se ha producido dentro del socialismo navarro es un reflejo de la crisis de identidad y el desconcierto que padecen las filas socialistas. Cuando el barco navega sin rumbo claro y a la deriva, la anarquía puede apoderarse de los tripulantes y dar lugar al amotinamiento. La imagen que está dando el PSOE, donde cada uno hace lo que más le conviene según sus intereses, pone de manifiesto la falta de liderazgo y, lo que es peor, la ausencia de un proyecto político coherente en un partido claramente descohesionado, llamado a gobernar España, ahora más tarde que pronto.

Pero lo ocurrido en Navarra es la consecuencia lógica de una estrategia denunciada desde hace tiempo por Unión del Pueblo Navarro (UPN) y que tiene en el máximo dirigente socialista regional su principal responsable, sin olvidar que ha contado con el beneplácito de Ferraz. El señor Lizarbe, secretario general del Partido Socialista de Navarra, ha llevado a cabo durante los dos últimos años un acercamiento a las tesis nacionalistas, rompiendo con UPN el tradicional pacto en beneficio de la gobernabilidad de Navarra, hasta el punto de que durante la reciente campaña electoral ha pregonado por todos los rincones de Navarra que el PSOE pactaría con todos menos con UPN.

La tripulación del barco no ha hecho sino seguir las órdenes y el pensamiento de su capitán, quien se ha quitado la careta y ha llevado a la práctica en el terreno municipal lo que ha pretendido hacer en el Parlamento de Navarra: posibilitar un pacto de todos contra UPN y apartarle de sus responsabilidades en las instituciones a cualquier precio. La respuesta de los ciudadanos navarros todos la conocemos, otorgando al PSOE unos estrepitosos resultados sólo coincidentes con los de la etapa convulsa de la corrupción de Urralburu, Roldán y compañía. Una estrategia que ha apartado de las filas socialistas en Navarra a muchos dirigentes y a gran parte de su electorado.
El comportamiento de los ya alcaldes socialistas no ha producido ningún sonrojo en la dirección regional del partido. Es más, las reacciones de alegría protagonizados por algunos de sus más destacados dirigentes hablan por sí solos, como la del que fuera presidente del Parlamento de Navarra en la legislatura que ahora acaba. José Luis Castejón, que ya gobernó Estella con los nacionalistas, se ha encargado de felicitar a los compañeros que van a ser expedientados por su valentía al asumir, dice, el «frente» de la política municipal. Y el señor Llamazares declarando que con estos acuerdos entre nacionalistas y no nacionalistas «se rompe el frentismo y se acaba con la división entre hermanos». ¿Quién se supone entonces que queda a cada lado de la línea del frente?
Varios de los acuerdos alcanzados por socialistas e independentistas han sido auspiciados por la formación que lidera Llamazares, que se ha convertido en una imprescindible correa de transmisión para posibilitar las alianzas. Pero qué se va a esperar de una coalición que en la Comunidad autónoma vasca es cómplice de la política sectaria y excluyente practicada por Ibarreche y se lava las manos como auténticos «pilatos» a la hora de aplicar medidas legales contra los que amparan a los terroristas.

Los cinco socialistas insumisos han justificado su deslealtad a las directrices de Zapatero con argumentos que rompen todos los esquemas. «Si faltamos nosotros, si no hacemos de puente, creamos una sociedad crispada», ha dicho el nuevo alcalde de Burlada, José Muñoz, quien no comparte que se traslade el debate nacional sobre el nacionalismo a los municipios. Como si lo de la Asamblea de Municipios Vascos, constituida por sus «socios de votación», fuese una idea ingenua de los independentistas. ¿Ha cambiado el PSOE la actitud firme frente a los partidos que desprecian la legalidad y plantean aventuras soberanistas por una actitud de «puente»? «Que hagan lo que quieran con mi carné. Socialista, yo, más que Rodríguez Zapatero», aseguró el tal Muñoz tras recibir los apoyos nacionalistas en la sesión constitutiva del Ayuntamiento de Burlada.

Porque ellos sólo han hecho «lo que el pueblo demandaba», reconocía el flamante alcalde de Sangüesa, que incluso ha llegado a afirmar que «no tiene nada que ver la política municipal con la de altas esferas»; en estos momentos, con las alcaldías en su poder, el PSOE reconoce que se equivocó al mantenerse firme ante las reivindicaciones y la política excluyente de los independentistas en los Ayuntamientos de la Comunidad Autónoma Vasca y Navarra.
A pesar de que han manifestado que no hay acuerdos con los independentistas para alcanzar las alcaldías, su estrategia común, las reuniones mantenidas, algunas de ellas en las sedes de UGT, como en Estella, el reconocimiento a IU por actuar de mediador con los independentistas, o afirmaciones como las de la nueva alcaldesa de Tafalla en el sentido de que «con EA no hay un pacto escrito aunque sí un compromiso de palabra», les delatan. Y es que para algunos la palabra dada es algo muy serio, más que un trozo de papel.

La situación es preocupante, porque la actitud de estos alcaldes insumisos abre una nueva etapa en la vida municipal navarra y, tal vez, un laboratorio de pruebas para la Comunidad autónoma vasca, un camino para tender «puentes», como dicen, al independentismo vasco. Una etapa caracterizada por la cohabitación entre PSOE y quienes les han aupado a las alcaldías, esto es, los mismos que prometen su cargo por imperativo legal, desprecian la Constitución Española, no acatan las decisiones judiciales que tratan de salvaguardar nuestro Estado de Derecho, rechazan la Ley de partidos políticos y postulan un plan soberanista para Euskadi y Navarra. Ahí es nada.

Alberto Catalán Higueras es secretario general de UPN

La confusión vasca
Editorial El Ideal Gallego 4 Julio 2003

La sociedad vasca es el fiel reflejo de la confusión errática que alimenta el nacionalismo y en la que los radicales separatistas se regodean con suma comodidad. Según arroja el “Euskobarómetro”, la mayoría de ciudadanos rechaza el plan secesionista de Ibarretxe, pero el apoyo a la Constitución alcanza su cuota mínima, incluso por debajo de los resultados del referéndum de 1978. Apenas tres de cada diez vascos se sienten identificados con el modelo de Estado de la Carta Magna. No obstante, más de la mitad opina que las intenciones del lehendakari son una fuente de división e inestabilidad. Caldo de cultivo perfecto para la manipulación torticera del sentir popular, herramienta en cuyo manejo el PNV y sus aliados proetarras son especialistas. La ensalada de principios con que los unos y los otros bombardean un día sí y otro también la conciencia ciudadana no conduce más que a un escenario en el que se representa un futuro cuyas consecuencias son, cuando menos, peligrosas y preocupantes.

Corrupción en el PSOE, problema de Estado
ANTONIO ROMEA/UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID El Correo 4 Julio 2003

Les decía a mis estudiantes extranjeros que aún hoy se conservan en mi patria huesos y cuerpos incorruptos de santos, pero también políticos inmobiliarios corruptos hasta los huesos ya en vida. Paradojas españolas.

A todos los que jamás hemos votado -ni al paso que va votaremos- al PSOE, nos hace gracia (tragicómico debate, patéticos discursos en el Parlamento de la Comunidad de Madrid) la debacle de ese club privado de empresarios, ex cargos públicos y allegados a González (Mister X) . Club empresarial insisto que mediante una sabia 'OPA' ha ido adueñándose de las cotizadas siglas 'socialista obrero', merced a las cuales aún hoy en día sigue obteniendo el voto de verdaderos trabajadores honrados y funcionarios gruñones, eternamente descontentos de tener salario y horario vitalicios, en definitiva de ciudadanos incapaces de robar en grandes almacenes y sí de devolver un objeto perdido.

Lo que me deja atónito es que a estas alturas del siglo XXI, muchos votantes bienintencionados, continúen pensando que dentro de un sistema capitalista parlamentario aún existen izquierdas y derechas reales. Y más aún me deja estupefacto que confundan con izquierda socialista obrera, al grupo de empresarios, políticos y malos administradores del erario público que constituyen las listas del PSOE.

En mi opinión lo único que de verdad existe son dos clubs de candidatos a convertirse en administradores del tesoro público, o sea de nuestros impuestos. E ideologías aparte, cuando de elegir un administrador se trate, ya sea de mi comunidad de vecinos, de una empresa o un Estado, yo prefiero al más honrado. En nuestro sistema político las ideologías son sólo referencias al pasado, de las cuales se sirven esos clubs y al igual que de la publicidad los fabricantes de coches, a fin de que votemos (compremos) a unos y no a otros, sin conocer las 'debilidades de sus motores'.

Lo que ocurre es que el motor del PSOE, más ocupado en rentas personales que en un proyecto de Estado, nos ha dejado tirado en carretera varias veces -la última en esta no investidura de Simancas en Madrid- y antaño consumía mucha más gasolina para dar menores prestaciones, por mucho que me lo hubiesen pintado de rojo.

A la mañana siguiente de la traición de los dos diputados en mi Comunidad madrileña, mi teléfono sonó; era un amigo conservador de Sevilla que me decía con sorna: «Soy Simancas y busco dos diputados que se me han perdido...»

A nadie extraña, aunque afortunadamente no deja de escandalizar, que haya corruptos en el PSOE. Ya perdieron el poder por ello y se nota en su primera oportunidad de retomarlo que no han solucionado su endémico problema. Lo grave es que éste no es ya sólo un problema de su club privado, sino que en tanto en cuanto que en democracia nadie más puede crear un nuevo partido con opción de acceder al Gobierno, se ha convertido en un problema del Estado español. Ya que no hay alternativa no corrompible que releve al PP. Y éste -sin riesgo de perder el Gobierno-, se irá relajando, alejando de los intereses de la población y también corrompiendo, (no olvidemos la sabiduría de los antiguos: «el poder corrompe», aunque a unos más que a otros). Y cuando esto ocurra, no habrá relevo posible, salvo de nuevo 'el club de González', con el consiguiente peligro para el bienestar de las clases medias, el progreso económico, la estabilidad presupuestaria y la posibilidad de trabajar para las empresas medias y pequeñas y sus trabajadores. Recordemos que los mal llamados 'socialistas', solo beneficiaron -además de a algunos cargos públicos- a la gran Banca y las multinacionales extranjeras, arruinando con impuestos a las pequeñas empresas y destruyendo miles de empleos hasta que superamos los tres millones de parados, en cifras reales, no siempre coincidentes con las estadísticas.

Debemos aprender en barba ajena, de Argentina o de la URSS, donde la corrupción política, el expolio y despilfarro del erario público en favor de unos pocos políticos y sus empresas, carentes de patriotismo y de visión ni de Estado ni de futuro, han causado la desaparición de la clase media, el debilitamiento del aparato del Estado (más delincuencia y menos servicios sociales), la inestabilidad política y la ruina de todos: trabajadores e inversores.

Si el PSOE no se renueva, si no renueva a sus integrantes y no se aleja definitivamente del entorno González y de aquellos que estuvieron implicados en la corrupción de los años 1982 a 1995, sobre todos los españoles -socialistas o no- penderá una ya conocida espada de Damocles, porque tarde o temprano el PP se agotará y éstos volverán, y volveremos a ser un país pobre, ... o empobrecido.

Coño qué beso, el beso de Maragall
Julián Lago La Razón 4 Julio 2003

Se nos caían las lágrimas de emoción al ver la unción con que besaba Maragall la frente despejada de Elorza, con las manos asiendo la cabeza romana del alcalde de San Sebastián, durante su proclamación como candidato del PSC la Presidencia de la Generalitat. El beso, todos los besos, también éste, encierran en sí mismos un significado propio, que no es lo mismo un beso traidor, por ejemplo, el de Judas a Jesús dado casi de soslayo, que el beso negro del kamasutra, pecador y transgresor, que como su propio nombre indica resulta oscuro y profundo como el ojo de un túnel sin salida.

Así que hay besos y besos, que cada uno de ellos representa pasiones distintas, que éste a Elorza no es un beso gay, ni fraternal, ni amoroso sino un beso iniciático, jerarquizante y siciliano, del padrino que acepta el ingreso en la ornetta societá al miembro recién incorporado. Un beso, en suma, que sella el soberanismo, desvertebrador y fraccional, dentro del partido socialista (o de los partidos socialistas, mejor, que son varios) el cual encabeza Maragall, cuya última vuelta de rosca al reivindicar el antiguo Reino de Aragón empequeñece el proyecto independentista de quienes reclaman los «païssos catalans».

Aquí siempre se ha dicho que cuando besa la española es que besa de verdad, cosa que no acabamos de entender porque las españolas besan de verdad o de mentira, según y cómo, de acuerdo con sus intensidades, sus inhibiciones o sus convicciones más íntimas. En culturas distintas a la nuestra, como la somalí o la sewa, el beso resulta una manifestación absolutamente desconocida y en otras más primitivas se considera incluso un acto repulsivo, mientras que las gheisas practican el beso en los dedos de los pies en señal de sometimiento al varón.

De donde se deduce que, en cuanto a su intención, podríamos calificar a los besos de sumisos, amistosos, protectores, socioculturales, religiosos, deportivos, militares y un etecé tan prolijo como ustedes quieran, sin olvidar, claro, los besos políticos, éste a Elorza sin ir más lejos. No nos extraña, por tanto, que la foto besucona haya cabreado a Bono, Ibarra, Chaves y Vázquez, que son inequívocamente constitucionalistas, no por lo que tenga de provocación sino por lo que esconde de juramentación política, piense lo que piense Zapatero, que a Maragall y a Elorza lo que piense el secretario general se la trae floja, como se ve.

Queda claro que no se trata de un beso entre gays, ni tampoco del beso de una noche de entrega, ni menos del beso de una despedida, sino del beso de la incorporación de Elorza a las tesis de Maragall, que no en balde Elorza ya ha dejado muy claro en el Consistorio de San Sebastián que no quiere saber nada con los populares y todo con los nacionalistas. Bienvenido, pues, al club de los separatistas, ha dicho Maragall a Elorza, y en lugar de decírselo con flores se lo ha dicho con un beso, y con qué beso, coño.

Puertas
J. I. Murua/Vitoria-Gasteiz Cartas al Director El Correo 4 Julio 2003

Todos utilizamos continuamente las puertas, tanto para entrar como para salir de los sitios. Pero el uso de la palabra puerta da mucho de si. En sentido figurado se suele decir, por ejemplo, que no se deben de poner puertas al campo. En sentido positivo, cuando alguien ha triunfado, se dice que ha salido por la puerta grande, y así muchas cosas mas. Pero la que me interesa hoy es la puerta trasera. Hace unos días el señor Abascal, concejal electo del Ayuntamiento de Llodio -lugar que vio nacer a nuestro lehendakari- relataba su odisea en la toma de posesión. Nos contaba cómo él y sus compañeros fueron insultados, zarandeados, escupidos, agredidos y amenazados por un numeroso grupo de 'patriotas' exaltados, cuando intentaban acceder a la Casa Consistorial. Tras una serie de aventuras y realizar la toma de posesión en dependencias ajenas, ya que la Policía autónoma debió de brillar por su ausencia, el alcalde -del PNV- les invitó a huir por la puerta de atrás. El señor Abascal cuenta que él y sus compañeros, en un rasgo de valentía que les honra, se negaron, argumentando que por la puerta de atrás salen los delincuentes o quienes tienen algo que ocultar, nunca los ciudadanos democráticamente elegidos. Al salir por delante fueron agredidos, insultados, escupidos, amenazados y zarandeados de nuevo.

Pues bien, inmediatamente me vino a la cabeza una situación similar que ocurrió en la catedral de Vitoria el día que asesinaron a un digno y querido representante político nuestro y a su escolta. Aquel día de triste recuerdo, nuestro máximo representante político se escabulló por la puerta de atrás antes que enfrentarse a un grupo de ciudadanos, ciudadanas y niños que, justamente enfadados, manifestaban su indignación, pero sin agresiones ni salivazos ni amenazas. Por si fuera poco, dicha gloriosa actuación no sólo precisó de la puerta de atrás sino que mereció un multitudinario acto público de desagravio que llego incluso hasta a eclipsar el duelo por las víctimas. Creo que no hacen falta más comentarios.

Los vascos rechazan el Plan Ibarretxe por considerar que genera división e inestabilidad
ABC 4 Julio 2003

El Euskobarómetro, que dirige Francisco Llera, revela que un 70 por ciento está satisfecho con el Estatuto de Autonomía, frente a un 25 por ciento de insatisfechos

BILBAO. «Hoy hay más pesimismo, peores expectativas, un malestar democrático sin precedentes, menos confianza institucional y más vascos dispuestos a abandonar el país que hace un año». Este es el diagnóstico que de la Comunidad autónoma vasca hace la última encuesta del Euskobarómetro. Y, además, añade que esta sociedad busca soluciones que no rompan el marco constitucional, por lo que ve con recelo el plan soberanista propuesto por el lendakari. Así, el 44 cuatro por ciento de los vascos considera que el proyecto de Juan José Ibarretxe va a traer más división e inestabilidad a la sociedad vasca. Sólo un 28 por ciento cree que, por el contrario, conllevará tranquilidad y estabilidad. Además, el 56 por ciento de los encuestados dice estar desinformado sobre la propuesta del lendakari, y también una mayoría afirma que no es oportuno este proyecto de cambio.

La encuesta desvela que los apoyos más intensos a las políticas del Gobierno de lbarretxe no proceden de su propio electorado, sino del ámbito electoral de Batasuna. Son los antiguos votantes de esta formación los que se muestran más optimistas respecto al efecto que pudiera tener la dinámica de ruptura y confrontación con el marco jurídico-político del País Vasco. Este optimismo alcanza al 79 por ciento de los proetarras, mientras que se queda en el 60 por ciento de quienes apoyan con sus votos al Gobierno de Juan José Ibarretxe.

Incertidumbre y crispación
Según Francisco Llera, director del Euskobarómetro, llama la atención el contraste entre el optimismo económico de los vascos y el pesimismo por la sensación de incertidumbre política de la sociedad. La crispación no se produce, no obstante, por el actual marco jurídico, sino por las expectativas de su cambio.

La mayoría de los vascos, un 70 por ciento, se declara satisfecho con el Estatuto de Autonomía, frente a un 25 por ciento de insatisfechos. Esa mayoría incluye, por tanto, no sólo a PP y PSE, sino también a votantes de la coalición PNV-EA. El apoyo al Estatuto se compatibiliza, a pesar de su aparente contradicción, con la aceptación por parte de un 48 por ciento de los vascos del mensaje de la mayoría gubernamental en el sentido de que hay que superarlo. Este mensaje aglutina al 86 por ciento de los votantes de EH y sólo al 67 por ciento de los de PNV-EA.

En cuanto a los deseos de independencia, el 51 por ciento de los vascos muestra un interés pequeño o nulo por conseguirla, mientras que solo el 35 por ciento asegura tener «grandes deseos de independencia». Así es como se expresa el 95 por ciento de los votantes de EH y sólo un 55 por ciento de los de PNV-EA. Incluso hay un tercio de votantes nacionalistas y la mayoría de los de IU que no quieren la independencia.

Los vascos están divididos entre los que están de acuerdo -un 34 por ciento- y en desacuerdo -un 47 por ciento- con la idea de que un referéndum de autodeterminación en las actuales circunstancias de violencia y miedo, no sólo no resolvería nada, sino que produciría mayor división en la sociedad vasca. El acuerdo es muy mayoritario entre los votantes populares -un 73 por ciento- y socialistas -un 70 por ciento-, mientras que el desacuerdo destaca entre los votantes de EH -un 83 por ciento- y, en menor medida, de los partidos que apoyan al Gobierno de Ibarretxe, un 48 por ciento de IU, y un 67 por ciento de PNV-EA.

Malestar democrático
El estudio advierte que en los últimos meses se detecta en la sociedad vasca un «malestar democrático» con el funcionamiento de los instituciones. Sin embargo, Fernando Llera destacó que esta situación no se traduce en una «desligitimación del sistema democrático, sino en un profundo reproche al funcionamiento institucional. Agregó que es «tan agudo» que sólo es comparable con la crisis producida hace diez años en Italia, con el malestar generado por la corrupción en Grecia o con la crisis institucional registrada hace años en Bélgica entre valones y flamencos. Según Llera, el malestar es especialmente intenso entre los nacionalistas, que en los últimos seis meses se han cohesionado y fortalecido en detrimento de la sociedad no nacionalista, que ha enfriado su sentimiento de identidad y se ha desmovilizado.

El desgaste que sufren las instituciones y la política en general deriva en un mayor cuestionamiento de la Constitución. En caso de someterse a referéndum, la Carta Magna recibiría el mismo apoyo que hace 25 años.

El terrorismo callejero se redujo un 65 por ciento en los seis primeros meses del año
R. L. Vargas - Madrid.- La Razón 4 Julio 2003

El terrorismo callejero se redujo un 65 por ciento en los seis primeros meses del año respecto al mismo periodo de 2002, el mayor descenso desde 1999, según datos del Ministerio del Interior. Entre enero y junio, los proetarras perpetraron 98 acciones de «kale borroka», frente a las 284 del pasado ejercicio.

Al contrario de lo que habían vaticinado los nacionalistas, en febrero y marzo, en plena recta final del proceso de deslegalización de Batasuna, apenas si se registraron acciones de este tipo. Muy al contrario, en ambos meses tan sólo se contabilizaron 13 ataques de los proetarras, la cifra más baja de los últimos cinco años. Por el contrario, durante el mes de mayo, coincidiendo con la celebración de los comicios municipales y autonómicos, la «kale borroka» repuntó hasta los 60 sabotajes, volviendo a caer en picado el pasado mes, con sólo 7.

El catalanismo sigue rechazando la españolidad de El Quijote, dice Riera
Daniel Vázquez - San Lorenzo de El Escorial.- La Razón 4 Julio 2003

A partir del tema «Cuando los clásicos se cargan de ideología. La recepción de Cervantes en Cataluña en 1905», Carmen Riera, escritora y catedrática de Filología Hispánica, abordó en los Cursos de Verano de la Universidad Complutense una antigua controversia que todavía sigue vigente hoy en día: el rechazo nacionalista hacia la españolidad de la obra de Cervantes: «Entre los nacionalistas catalanes la identificación de Don Quijote con el pueblo español resulta desde principios de siglo una rémora que pesa más que el hecho de que la única ciudad que aparece en el libro es Barcelona, y que a ella dedica Cervantes los mayores elogios».

Según la catedrática, «los nacionalistas de entonces pensaban que El Quijote encarnaba los rasgos fundamentales de la raza española, que nada tenía que ver con la catalana». Esta actitud, que critica Riera, sigue hoy vigente entre los políticos catalanes, especialmente por «el presidente de la Generalitat, Jordi Pujol, que relaciona El Quijote con el espíritu nacional castellano». Espíritu que los nacionalistas «ven como algo negativo y hasta ofensivo», olvidando los verdaderos valores literarios y universales del libro.

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