AGLI

Recortes de Prensa     Sábado 5 Julio  2003
El Tour debe quedarse sin premio
Ignacio Villa Libertad Digital 5 Julio 2003

Centenario ensombrecido
Editorial La Razón 5 Julio 2003

El Tour y la serpiente etarra
Editorial ABC 5 Julio 2003

Al aire libre
EDURNE URIARTE ABC 5 Julio 2003

¿Basta ya!
Gabriel Albendea La Razón 5 Julio 2003

Anasagasti
JAIME CAMPMANY ABC 5 Julio 2003

El Tour de los terroristas
Editorial El Ideal Gallego 5 Julio 2003

Leblanc, sangrante
Cartas al Director ABC 5 Julio 2003

Maculada concepción.
Carlos Luis Rodríguez El Correo Gallego 5 Julio 2003

El Tour firma un acuerdo con Batasuna para evitar sabotajes durante la carrera
PARÍS. J. CARLOS CARABIAS ABC 5 Julio 2003

España transmite a Francia su malestar por la cesión ante los proetarras
ABC 5 Julio 2003

Amenazas en Andoain contra Fernando Savater
Agencias / San Sebastián El Ideal Gallego 5 Julio 2003

Democracia cuestionada
Editorial El Correo 5 Julio 2003

Paz jurídica y conflicto político
EDUARDO VÍRGALA FORURIA  El Correo 5 Julio 2003



 

El Tour debe quedarse sin premio
Ignacio Villa Libertad Digital 5 Julio 2003

La impresentable decisión de la organización de Tour de Francia de firmar un acuerdo con Batasuna para promocionar el euskera, durante una etapa de la vuelta francesa, debe de provocar una decisión inmediata desde distintas esferas de la vida española. No es admisible que el director general del Tour, Jean-Marie Leblanc, ceda a la presión de los terroristas y que aquí no pase nada.

Una pregunta es suficiente para que esas decisiones se tomen de inmediato. ¿Se figuran el próximo mes de noviembre, en el Teatro Campoamor de Oviedo, al Príncipe Felipe entregando a Leblanc el premio "Principe de Asturias" del deporte? Pues sinceramente, prefiero no imaginármelo y no pensar en una imagen que no debería producirse: El Príncipe Felipe premiando a alguien que ha llegado a un acuerdo con los terroristas, con el partido político que sustenta a la banda terrorista ETA. Es evidente que esa fotografía no debe de existir, por lo que se hace urgente que la organización de los premios "Principe de Asturias" retire de forma inmediata el premio al Tour de Francia en su centenario. Sería lamentable que por unas falsas componendas, que nadie entendería, ese premio se concediera dejando manchado el nombre del Príncipe Felipe ¿Se figuran a un Teatro Campoamor lleno hasta la bandera y protestando por una concesión de la que el Tour, es evidente, no es merecedora?

Además, el Gobierno español debe tomar cartas en el asunto. Desde el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte se debería realizar no sólo una protesta formal, sino una exigencia para que ese acuerdo con los terroristas de Batasuna se rompa de cuajo. El secretario de Estado para el Deporte, Juan Antonio Gómez Angulo, tiene una ocasión de oro para intentar demostrar una capacidad política puesta en duda por muchos y desde hace mucho. No estamos para guardar las formas, sin más. Estamos para exigir un cambio radical de la organización del Tour en algo que es capital para la convivencia democrática en España.

Por último, los directivos de los equipos españoles que tiene comprometida su participación en el Tour de Francia no pueden mostrarse indiferentes. Ellos no son políticos, en efecto, pero ha sido la organización de la vuelta francesa la que se ha metido a jugar con fuego, con un fuego que quema. Por lo tanto, estos directivos, aún a sabiendas que se juegan mucho económicamente, deberían tomar también drásticas decisiones, incluida la retirada, si Leblanc no rectifica. No hacerlo así, provocará que su propias marcas comerciales queden marcadas y manchadas por la cobardía de la organización del Tour.

La cesión de Jean-Marie Leblanc a los terroristas y a Batasuna no puede quedar, bajo ningún concepto, como una anécdota. Es una cesión grave en una cuestión altamente sensible para España, para su gobierno y para todos los ciudadanos. Y un gesto de esta cobardía no puede dejarse pasar. Si los que deben tomar medidas no lo hacen, estaremos perdiendo credibilidad en una cuestión fundamental. Y no estamos para bromas.

Centenario ensombrecido
Editorial La Razón 5 Julio 2003

El 1 de julio de 1903, a las 15 horas y 16 minutos de la tarde, comenzó en París, a la puerta del café Le Revéil Matin, la aventura ciclista por excelencia, el experimento que Henry Desgrange, en compañía de Géo Lefèvre, periodista apasionado del ciclismo, puso en marcha para lanzar el periódico L Auto que, en 1933, año en que se creó el Gran Premio de la Montaña, conquistado por Vicente Trueba, llegó a tirar 845.000 ejemplares gracias al Tour, que ahora cumple cien años.

El Tour ha pedaleado acorde con los tiempos sin perder, a causa de la revolución tecnológica, un ápice de la épica y la lírica que lo han convertido en el tercer acontecimiento más importante y más visto del universo, después de los Juegos Olímpicos y el Mundial de fútbol.

Cada día de carrera, cerca de un millón de personas ocupa las cunetas de las carreteras por donde discurre la etapa para ver el Tour en toda su extensión, 15 kilómetros de longitud desde el primer motorista hasta el coche-escoba, sin olvidar los cerca de doscientos vehículos integrados en la caravana publicitaria que preceden a los ciclistas en medio del alborozo general. Y además, la televisión, que en España alcanzó máximas audiencias cuando a finales de los ochenta Perico Delgado irrumpía en la tradicional siesta para gestar sus hazañas en los Pirineos y en los Alpes; de igual forma sucedió con el reinado de Miguel Induráin, entre 1991 y 1996.

Ese inmenso escaparate mediático es el que, una vez más, intenta manipular para sus propios fines la banda terrorista Batasuna, tal y como la define la Unión Europea. Tras la defensa del vascuence, se oculta una campaña de propaganda con unos fines que para los españoles están meridianamente claros, pero que pueden llevar a la buscada confusión en amplios sectores de la opinión pública europea. El director del Tour, Jean-Marie Leblanc, debe explicar ese acuerdo y tener la gallardía de afrontar un problema, el de la presión de las minorías violentas, que afecta a todos los demócratas del mundo. Tal vez, con especial deferencia hacia España, porque la grandiosidad del Tour en estos cien años se la han proporcionado los deportistas, y entre éstos, los 358 corredores españoles que han tomado la salida desde que, en 1910, Vicente Blanco, «El Cojo», se atrevió a competir en una carrera ciclista sin parangón en aquellos tiempos.

Deferencia que tampoco se ha dado en el terreno deportivo. Y así, el Tour, que no debe olvidar que una parte de su grandeza la ha adquirido a este lado de los Pirineos, y que no ve un triunfador francés en París desde 1985, transige con que «L Equipe», su periódico, en una clasificación histórica más que discutible, aloje a Miguel Induráin en un octavo lugar que no se corresponde con sus conquistas, pues sólo él ha ganado cinco Tours consecutivos, algo que, por el momento, sólo está al alcance de Armstrong, que suma cuatro, pero que, sin embargo, es séptimo, por delante de Miguel, como Louison Bobet (sexto), Bartali, Coppi, Anquetil, Hinault y Merckx, no todos indiscutibles.

El Tour y la serpiente etarra
Editorial ABC 5 Julio 2003

EL Tour ha elegido el año mítico de su primer centenario para hacer trizas su prestigio, su arraigo social entre los aficionados de medio mundo y los afectos logrados a lo largo de un siglo. Los organizadores de la prueba -la misma en la que se han escrito algunas de la más bellas gestas del deporte, del afán de superación del ser humano y que ha sido capaz de conmover a millones de personas- han decidido inmolar su espíritu y su leyenda al entrar en tratos con una organización terrorista, Batasuna, con la que han pactado la puesta en escena de una de las etapas, bajo el envoltorio de ocasión de una presunta «promoción del euskera». Obviando su inclusión en la lista del entramado del terror aprobada por la Unión Europea, el Tour ha cedido a la presión proetarra y permitirá, incluso, el reparto de un comunicado por parte de los batasunos (junto a los que acude como corifeo un grupo francés en defensa del euskera) que contendrá reivindicaciones que no admite el Gobierno francés. Además del disparate ético de andar en tratos con grupos ilegales, el Tour no sólo ofende a España sino que compromete al Gobierno de París ante Madrid y las instituciones europeas. Provoca, pues, un problema al palacio del Elíseo en el cuarto de estar de su casa. Y todo ello cuando los ojos de todo el planeta detienen su mirada en Francia con motivo de la carrera ciclista.

De la misma manera que el cierre judicial del periódico «Egunkaria» no ha de ser tomado como una ataque a la lengua vasca sino producto de las sospecha de sus conexiones con ETA, las críticas que reciba la decisión no deben ir orientadas a que el Tour conceda la cooficialidad lingüística a este idioma en la etapa 16 de la carrera gala. Hablamos de una cuestión previa y que holla en el sendero por donde deambulan las conductas irresponsables, ofensivas y ajenas al sentido común. Sea cual fuere el contenido de la reivindicación, el Tour nunca debería haber accedido a pactar nada con el «comando político» de una banda terrorista.

Más perverso aún es el fondo que parece traslucir este despropósito y que apunta al pago de una «tranquilidad» (hablamos de un entramado criminal, asentado en territorio francés y con tremenda capacidad destructiva) a cambio de la concesión de una credencial para ofender libremente a todo un país desde el corazón mismo de la carrera. Ni el chantaje, de confirmarse su existencia, justifica trágala tan hostil.

La organización del Tour intentó ayer poner paños calientes a las heridas abiertas, alegando la existencia de intermediarios en la negociación. Una carta remitida por el propio director general de la carrera, Jean-Marie Leblanc, a la sede de Batasuna en Saint Palé, desmiente cualquier tipo de confusión. Y triste es que, descubierto el pacto, se confiese «timado» y se justifique asegurando que conoce «mejor a los corredores y a los equipos que a las organizaciones políticas», chascarrillo más propio del organizador de una carrera de barrio que de un evento internacional de tan colosales dimensiones. Si se considera engañado lo primero que ha de hacer es romper el acuerdo, como se le ha urgido desde el Gobierno español. De poco valen los sollozos.

El Tour, que este año ha sido distinguido con el premio Príncipe de Asturias del Deporte con motivo de su centenario, ha metido a la serpiente etarra en la llamada «serpiente multicolor», enfangando los valores y entusiasmos que han hecho de esta carrera un símbolo del deporte y agraviando a un país cuyos corredores han contribuido de manera notable a una grandeza que -de no corregirse el despropósito- ayer mismo comenzó a perder.

Al aire libre
Por EDURNE URIARTE ABC 5 Julio 2003

LOS vascos constitucionalistas no sólo se movilizan contra el terrorismo. Además, reivindican con fuerza creciente los espacios sociales donde estaban ausentes o, lo que es lo mismo, donde se ocultaban en el silencio. Antes, el constitucionalismo permanecía en la discreción del ámbito privado. Ahora, también se muestra en la calle, sea en Vitoria o Bilbao, en Ondarroa o Andoain.

El aspecto más interesante del concierto de «Suburbano» en Andoain es que representa esa nueva reivindicación del espacio público de los vascos que quieren recuperar la palabra. Incluso el medio de expresión, la música, y el ambiente, festivo y alegre, tienen un importante simbolismo. Porque el constitucionalismo no es sólo un movimiento contra el terrorismo, o un proyecto político, sino también la defensa de la normalidad de formas de vida cotidianas o de expresión lúdica diferentes a las dictadas por el nacionalismo.

De hecho, la influencia de «¡Basta Ya!» es tan relevante porque, además de la movilización social contra ETA, ha liderado la salida al espacio público de los constitucionalistas. Todas sus actividades tienen siempre las dos vertientes: combate al terrorismo y conquista del derecho al pluralismo. Y por eso «¡Basta Ya!» molesta tanto a los nacionalistas, porque pone de manifiesto, y no en los libros sino en la calle, la profunda manipulación de esa identificación entre vascos y nacionalistas que tanto ha calado, también fuera del País Vasco.

«Suburbano» es un grupo que gustaba a Joseba Pagazaurtudua; Andoain, su pueblo, donde vivió y fue asesinado. Y el concierto, el lugar, la fiesta, han sido inspirados por él y por toda la familia Pagazaurtundua. Porque simbolizan, con una fuerza especial, el sentido de la movilización constitucionalista, contra el terrorismo, sí, pero también a favor de otra forma diferente de ser vasco y de vivir en el País Vasco.

¿Basta ya!
Gabriel Albendea es escritor La Razón 5 Julio 2003

Hasta ahora lo políticamente correcto para prácticamente todo el espectro político era considerar al PNV como un partido demócrata, pese a que ya se había producido su escapada al monte de Lizarra. Pero se seguían ignorando las consecuencias desastrosas del pacto directo con la banda terrorista. Porque por mucho que se disfrazara de diálogo por la paz, es claro que su ocultamiento y la lectura del acuerdo que proponía la liquidación política del adversario en otro espacio europeo sin tanto complejo seudodemócrata se hubiera interpretado como pura colaboración con banda armada. La bula que una y otra vez se otorga a los nacionalistas para hablar con los «hermanos descarriados» terroristas y hacer apología de sus hazañas en la tele parece gracia abusiva de un Estado democrático, portador del monopolio legítimo de la violencia y que ha repetido machaconamente que con ETA no hay otra conversación posible que la que lleva a su rendición.

Es esa claudicación continua ante el nacionalismo, radicada en la dejación de las funciones del Estado de derecho, la que ha permitido que aquél llegue a la rebelión actual contra el Supremo, que acuse a éste, al Constitucional, al fiscal general y a quien se oponga a sus pretensiones descabelladas de prevaricación sin que la Justicia mueva un dedo. Es esa claudicación también la que permite a Arzalluz y demás miembros de la secta gobernante en Euskadi, incluido Madrazo, eructar barbaridades con impune alegría, como que «vienen a desbancarnos de las instituciones» como si fuesen sus propietarios. Bajo la careta de partido democrático de cien años, la estrategia del PNV ha sido desde la ambigüedad de la transición y su negación de la Constitución (¿se puede esperar algo de un partido que no acepta reglas de juego comunes?) a la presente confrontación dar pasos inequívocos hacia la soberanía del plan Ibarretxe, «que colme la razón de ser de la diferencia vasca», en sublime expresión filosófica de una tal Urkullu. A quien la querella contra Atutxa, en el colmo del despropósito, le parece «un golpe de estado político y judicial». Entre bravuconadas, estupideces y delitos tendrá que habérselas el fiscal general y los jueces, actuando sin contemplaciones, para que la bola de la insumisión a la democracia no alcance proporciones incontrolables.

Es tarde para rasgarse las vestiduras. Y el no haber advertido antes que los nacionalistas son tales antes que demócratas, siguiendo la táctica del avestruz de no darse por enterado de la gravedad de lo que pasaba, es lo que ha beneficiado y sigue haciéndolo la estrategia de aquéllos. Desgraciadamente el PSOE cedió y sigue cediendo a los cantos de sirena del PNV, permitiéndole gobernar cuando no ganó las elecciones, gobernando con ellos luego, sirviéndose de él, como el PP, sin ser necesario, y ahora, de nuevo, en Navarra para disfrutar del poder. En vez de combatir con contundencia a un nacionalismo insaciable, se creyó que el monstruo se apaciguaría con concesiones dudosamente constitucionales. Pero lo peor es que no sólo han cedido los políticos, sino que la propia Justicia no ha intervenido muchas veces como esperaban la mayoría de los ciudadanos ni aún lo hace a tiempo. De modo que se le pueden plantear una serie de interrogantes ingenuos, entre otros muchos, que aquí resumo. ¿Qué hacen los Tribunales cuando los nacionalistas les acusan tranquilamente de prevaricación? ¿Por qué el TC puso en libertad a la mesa de HB en extrañas circunstancias? ¿Qué hace el fiscal general con las continuas injurias nacionalistas al presidente del Gobierno y a él mismo? ¿Qué hace el CGPJ que no dice ni pío ahora, cuando tan quisquilloso se ha mostrado otras veces en asuntos de menor calado? ¿No debió haberse procesado a quienes pactaron con ETA en Lizarra, estampando su firma junto a la de los asesinos?

¿Qué pasó con los escandalosos vídeos de ETA en la tele vasca? ¿Por qué permitió la Junta Electoral que Batasuna estuviera presente en los informativos y programas de ETB, pese a estar recién ilegalizada? ¿Por qué presumir de que las elecciones vascas, celebradas en un clima antidemocrático, fueron democráticas? ¿Por qué si los dirigentes y parlamentarios de Socialistas Abertzales son terroristas hasta para la UE no están en la cárcel en lugar de servir de ariete del nacionalismo contra la democracia? ¿Qué casualidad que nadie del PNV haya sido procesado, mientras lo han sido cargos de los otros partidos, pese a haber financiado a espuertas al terrorismo! Porque Batasuna no es terrorista ahora por haber sido ilegalizada, sino que ha sido ilegalizada porque era terrorista hace tiempo. ¿Por qué Atutxa puede escudarse en las declaraciones insensatas del fiscal general que ahora pone la querella? ¿Por qué se permite que un cambio de nombre legalice dos periódicos clausurados por terroristas: «Berria» por «Egunkaria» y «Gara» por «Egin»? ¿Y por qué el mismo director encarcelado sale corriendo de la cárcel para ponerse al frente del diario sustituto? ¿Cuántos fraudes de ley podrá seguir soportando nuestra democracia? ¿Durante cuánto tiempo habrá que seguir diciendo ¿basta ya!?

Anasagasti
Por JAIME CAMPMANY ABC 5 Julio 2003

EL discurso de Anasagasti en el debate sobre el estado de la Nación constituyó un brillante muestrario de insolidaridad con las restantes tierras de España, de desdén al Estado, de desafío a la división de poderes y de victimismo estúpido, es decir, sin sentido. La dirección actual del nacionalismo peneuvista, que todavía se precia de democrático, los arzalluz, ibarreches, atuchas y anasagastis, sufre una borrachera de soberanismo e independentismo tan intensa y continuada que le ha producido un delirium tremens cada vez más grave y más frenético.

No parece sino que el peligro cada día más cierto y cercano de perder el apoyo de ETA les haya sumido en un estado de irritabilidad y de exaltación. Hace bastante más de veinte años que el PNV gobierna en el País Vasco sin que haya hecho nada visible ni efectivo para acabar con el cáncer etarra. ETA sigue moviendo el árbol para que ellos recojan las nueces y «arreando» para que ellos puedan negociar con el pistolero a las espaldas. «Ustedes practican el victimismo, pero las víctimas las ponemos nosotros», le respondió Aznar con dialéctica tan certera como dolorosa. Y es que ETA excluye de sus ataques mortíferos, de sus asesinatos continuados al PNV y a sus miembros. Los nacionalistas no mueren y encima se quejan ante los que ponen los muertos en este trágico juego del terror. ETA se comporta como aliada del PNV, como amiga del PNV, como hermana del PNV.

Dijo Anasagasti que Aznar les había «echado de España». Y eso es precisamente lo que andan buscando ellos, apoyados por el terror: irse de España, no ser España, quedarse solos en su vasquedad excluyente. Más bien sucede que son ellos los que contemplan con más complacencia que resignación cómo tienen que abandonar ese pedazo de España que es el País Vasco tantos y tantos vascones españoles buenos y laboriosos, dignos, honrados y pacíficos. Se van huyendo de la muerte, del secuestro o de la extorsión, de la falta de libertad para pensar por su cuenta y para defender sus ideas. Se van a la España «perezosa y blasfema».

Presume Anasagasti de pertenecer a un partido que tiene más de cien años de existencia. «Alguna vez hablaremos del fundador de su partido», le respondía Aznar. No estaría mal estudiar mejor los orígenes del peneuvismo. Sabino Arana recuperó la razón, como don Quijote, poco antes de morir. Antes de eso dejó una desdichada herencia al pueblo vasco, amasada de insultos a España, a la tierra de España y a los españoles, de sueños irrealizables, de soberbias desdeñosas y de petulancias étnicas y raciales. Tan enloquecida y a veces risible es la doctrina de Sabino Arana que el propio nacionalismo exaltado esconde con vergüenza algunos de sus postulados.

Instalado ya en la sublimidad del absurdo, decía Anasagasti que en aras de la separación de poderes del Estado democrático, el Parlamento vasco desobedecía al Tribunal Supremo. ¡Bravo, Anasagasti! En virtud de la división de poderes, un legislativo regional desobedece la sentencia del judicial nacional. Que instituyan para su señoría el Premio Montesquieu.

El Tour de los terroristas
Editorial El Ideal Gallego 5 Julio 2003

El Tour que hoy se inicia es el del centenario, pero a la vista de como se comportan sus organizadores, es casi un milagro que la carrera ciclista haya sido capaz de alcanzar las cien ediciones. Someten a persecución a los corredores con la excusa del dopping, relegan a Indurain al octavo puesto de su ránking pese a que ganó la ronda en cinco ocasiones consecutivas (cosa que sólo lograron otros tres profesionales) y, ahora, firman un acuerdo con Batasuna “en defensa de la lengua vasca”. Los responsables de la vuelta francesa aseguran que tienen una gran preocupación por el euskera, cosa que resulta hasta loable, pero no deja de ser un insulto a la inteligencia que lleguen a un pacto con los proetarras que incluye la lectura de un comunicado “siempre y cuando sea redactado en términos comedidos”. No les ha importando a los galos que Batasuna esté incluida en el listado europeo de grupos terroristas. Les llega con afirmar que fueron engañados y, la verdad, es que pocos se lo llegan a creer.

Leblanc, sangrante
Cartas al Director ABC 5 Julio 2003

Demencial y repugnante la reacción de Leblanc, director del Tour de Francia, por aceptar el chantaje etarra-batasuno, apoyando «un día por el Euskera». Parece que no se ha informado de que Batasuna y los pistoleros de ETA son lo mismo. Tampoco debe saber que esos asesinos han acabado con la vida de compatriotas suyos. Patrocinando este tipo de eventos, el «prestigioso» Tour no hace más que arrojarse piedras contra su tejado. Asimismo resulta patética la reacción de los ciclistas, que se han limitado a no decir nada al respecto. Ya que el director del Tour mezcla política y deporte, los deportistas deberían bajarse de sus bicicletas y negarse a correr esa etapa, por lo menos para dejar claro que ellos están con la democracia, el respeto y la libertad y no con la extorsión, la amenaza, el separatismo, el fanatismo y el desprecio a los iguales que practican ETA-Batasuna.

Enrique Pascual González-Babé. Madrid.

Maculada concepción.
Por Carlos Luis Rodríguez El Correo Gallego 5 Julio 2003

¿Pero no habíamos quedado en que era un movimiento espontáneo? ¿No nos dijeron que expresaba la dignidad colectiva de Galicia? ¿No se acusó de mendaces a quienes veían tras el telón una dirección partidista? Así es. En torno a Nunca Máis se fabricó un mito, que todavía anteayer le sirvió a Maná para demostrar en el gran concierto de A Coruña su compromiso social.

Pues resulta que mientras los mejicanos afinaban voces e instrumentos, el BNG hacía público un documento que es en realidad una confesión. En él se contienen varios aspectos interesantes, pero destaca su estimación de las protestas del 'Prestige'. Según los nacionalistas, tuvieron un impacto positivo en las elecciones, al corregir la tendencia a la baja del Bloque. Qué sinceridad.

La pregunta es obvia: ¿cómo un movimiento espontáneo que trabaja por la dignidad colectiva puede producir ese resultado electoral? El fenómeno sólo se entiende si se asocia espontaneidad y dignidad con nacionalismo. En cualquier caso la falacia queda al descubierto, y Nunca Máis aparece como un cebo, uno de los muchos reclamos que usa la organización para sus batidas.

O sea que el debate sobre la inmaculada concepción de la plataforma acaba de concluir. Uno de los dogmas más firmes de la socio-política galaica ha caído, y además de una forma insólita. Los propios dogmáticos admiten su falsedad, dejando a los fieles sinceros sumidos en el desconcierto. Nunca Máis fue concebido con pecado original y destinado a corregir esa tendencia a la baja que inquietaba a los líderes del BNG.

Cumple aquí un sincero tributo de admiración a quienes trabajaron y aún trabajan en el movimiento pensando que nació por la gracia del Espíritu Santo. Forman parte de una gran legión de buenas personas que, a lo largo de la historia, han sido estafadas por organizaciones que prometían una lucha limpia contra injusticias varias.

Detrás siempre encontramos lo mismo. Partidos que no quieren dar la cara, o ideologías que precisan de una segunda marca para captar adhesiones. En el medio, los mismos intelectuales y artistas que colaboran (a sabiendas o no) para que el engaño le resulte a la gente más atractivo. A ellos les compete el papel malabar de convertir la manipulación en dignidad colectiva.

Cumplido el objetivo, satisfecha la dirección del BNG por los servicios prestados, ya no hay inconveniente en dejar a Nunca Máis en evidencia ante la sociedad. Usar y tirar. Estas plataformas son como tiendas de campaña que se montan y levantan con facilidad. Quedará durante un tiempo algún tenaz activista a la intemperie, pero ya se ha dado la orden de levantar el campamento.

¿Por qué ahora? Aparte de que la Plataforma está dañada en su credibilidad, quienes tienen en el nacionalismo la sartén por el mango se están justificando. Los resultados electorales son una decepción para el BNG en general, pero sobre todo para los que apostaron por el 'modelo Allariz', o sea por una agitación callejera que desbordara a las instituciones y se reflejara en las urnas.

Lo que en el municipio ourensano dio resultado, fracasó en Galicia. Se cortó en cambio la prometedora vía de colaboración iniciada por Fraga y Beiras al comienzo de la legislatura. En fin, que los ortodoxos necesitan demostrar que las plataformas que se sacaron de la chistera atrajeron a más público del que ahuyentaron. De ahí que se admita con desparpajo la paternidad de Nunca Máis, y se valore su ayuda en las urnas. Sea como fuere, un dogma perece a manos de sus creadores: la inmaculada concepción de Nunca Máis.

El Tour firma un acuerdo con Batasuna para evitar sabotajes durante la carrera
PARÍS. J. CARLOS CARABIAS ABC 5 Julio 2003

Antes de que el Tour de Francia comience, la polémica se ha adueñado de la prueba ciclista, distinguida este año con el Premio Príncipe de Asturias de los Deportes. La chispa la ha encendido el director de la carrera, Jean Marie Leblanc, por aceptar las exigencias de Batasuna -organización ilegalizada en España e incluida en la lista de la Unión Europea de organizaciones terroristas- para que el euskera, junto al francés, esté presente en la decimosexta etapa de la «Gran Boucle», que se disputará el próximo 23 de julio entre las localidades francesas de Pau y Bayona. Desde diferentes medios se interpreta el acuerdo como una especie de «impuesto revolucionario» asumido por la organización de la carrera para evitar que elementos proetarras provoquen altercados durante la prueba.

La «liebre» la levantó el portavoz de Batasuna, Jean-Claude Aguerre, quien en una rueda de prensa en Bayona, anunció los compromisos adquiridos por Leblanc y que horas más tarde fueron confirmados por los organizadores del Tour.

El punto de partida del compromiso de Leblanc con Batasuna arranca el pasado 24 de junio cuando el director del Tour de Francia se reunió con los proetarras en Montrejeau para llegar a un acuerdo sobre el paso de la prueba ciclista por Pau y Bayona. Un día después, el día 25, Jean Marie Leblanc dirigió, con el membrete de Tour de Francia, una carta a la sede de Batasuna en Saint Palais, en la que exponía su acuerdo.

En la misiva, el director delegado de ronda francesa acepta que en la decimosexta etapa haya un « «speaker» designado por ustedes que podrá operar al lado de nuestro «speaker» oficial, Daniel Mangeas, para dar informaciones en lengua vasca. Les pido que me envíen sus datos de contacto en el menor plazo posible». Asimismo, señala que Batasuna podrá «distribuir en la sala de prensa, el miércoles 23 de julio tras la llegada de la 16 etapa Pau-Bayona, un comunicado indicando sus reivindicaciones en favor de la lengua vasca, con la condición de que este comunicado esté redactado en términos moderados».

Leblanc también indica en la misiva que «aceptamos que un cierto número de nuestros elementos de señalización funcionales para los seguidores del Tour, el público y los invitados, sean redactados en francés y en vasco (la lista que haya sido confirmada por ustedes y nosotros). Para ello, nuestra responsable de logística espera de su parte la traducción en vasco de los elementos concernidos. Haremos igualmente figurar en francés y en vasco el nombre de la ciudad de Bayona en los elementos de la llegada (lugar de cronometraje y tribuna protocolaria). Se entiende que estos elementos correrán de nuestra cuenta».

Responder a las expectativas
Por último, Leblanc dice: «Creo que con esto he respondido a sus expectativas al máximo de nuestras posibilidades. Estén seguros de que la suerte de la lengua vasca no nos es indiferente. Pero comprendan también que la responsabilidad del Tour de Francia, que es la mía, me conduce a mantenerlo en su línea nacional y republicana. Habiendo apreciado el tono de nuestras discusiones consensuales, les cito el 23 de julio en Bayona». La carta, firmada por Jean-Marie Leblanc, se despide con «Atentamente».

La polémica ha surgido un día después de que el ministro de Justicia francés, Dominique Perben, informara de investigaciones en curso «en territorio francés» sobre Batasuna. Este partido, que está ilegalizado en España, fue incluido el pasado mes en la lista europea de organizaciones terroristas. Pero ello no ha afectado a Batasuna en Francia, cuyo estatuto está regido por la ley de asociaciones de 1901. Fuentes judiciales citadas por Efe han señalado que no había un vínculo automático entre la inclusión de Batasuna en la lista de la Unión Europea y una prohibición de la «asociación Batasuna en Francia».

El Tour es la empresa estrella de un macroorganización privada, Amaury Sport Organisation (ASO), que engloba entre otros al único periódico deportivo del país, el diario «L´Equipe». Su antiguo presidente era un personaje misterioso, Jean Claude Killy, un antiguo esquiador olímpico que se hizo multimillonario con los negocios. Ahora el máximo mandatario es Patrice Clerc, también presente en el Tour de Francia.

España transmite a Francia su malestar por la cesión ante los proetarras
ABC 5 Julio 2003

Gómez-Angulo califica el acuerdo con los etarras de «tapadera» para evitar atentados terroristas durante la celebración de la vuelta ciclista

MADRID. La decisión de los organizadores del Tour de ceder a las pretensiones de Batasuna provocó ayer un profundo malestar en el Ejecutivo español, que se puso en contacto con las autoridades francesas para transmitir su indignación.

El secretario de Estado para el Deporte, Juan Antonio Gómez-Angulo, fue mucho más lejos al calificar este hecho de «tapadera» y evitar así un problema «tan grave» como sería la amenaza terrorista en el transcurso de la cita ciclista más importante.

«Estamos ante una falta de valor cívico de los organizadores del Tour de Francia que tratan con este tipo de acuerdos volver la espalda a un problema que es de todos. Espero que el señor Leblanc no se escude en sus explicaciones en términos legales o jurídicos, porque los españoles entendemos muy bien qué significan este tipo de acuerdos que son la tapadera para evitarse un problema tan grave como es el del terrorismo que nos afecta a todos los demócratas», afirmó en un comunicado.

Para Gómez-Angulo, el terrorismo «es un problema reconocido como internacional y, por tanto, es de todos y también de los organizadores del Tour». Tras conocer la noticia, explicó que se desarrolló una ronda de contactos tanto políticos como deportivos, que le llevaron a hablar con varios miembros del Gobierno y con la ministra responsable del Deporte, Pilar del Castillo. Además, algunos ministros expresaron a sus colegas franceses su preocupación por este acuerdo. «Desde el Consejo Superior de Deportes hemos tenido contacto con los directores de los equipos españoles, que han entrado en contacto con Leblanc», declaró.

Ofensa
Gómez-Angulo, que hoy estará en San Sebastián presenciando el concurso hípico internacional de saltos y en el que entregará la Copa del CSD, aprovechará la ocasión para solidarizarse «con todos los ciudadanos vascos de uno u otro partido o apolíticos en contra de esta lacra del terrorismo y que, en el día de hoy, se han sentido ofendidos por el acuerdo firmado por el Tour de Francia con organizaciones próximas a bandas terroristas».

Por su parte, el vicepresidente primero y apasionado del ciclismo, Mariano Rajoy, comentó tras la rueda de prensa del Consejo de Ministros que «el Gobierno francés tiene un problema que debe resolver».

El miembro de la Ejecutiva Federal del PSOE, Diego López Garrido, declaró que resulta cuanto menos «insólito y sorprendente» que la organización del Tour haya llegado a un acuerdo con Batasuna, tratándose dicha formación de una de las incluidas en la lista de organizaciones terroristas de la UE. López Garrido agregó que transmitir en euskera una o más etapas es algo lícito, para lo que no era necesario llegar a un acuerdo con Batasuna, ya que parece que con ello se quiere dar cierto apoyo o relevancia a dicha formación, ya ilegalizada.

Por ello, señaló que el Gobierno español debe requerir al francés para que le informe de las condiciones del acuerdo y de las iniciativas que piensa adoptar al respecto.

Amenazas en Andoain contra Fernando Savater
Agencias / San Sebastián El Ideal Gallego 5 Julio 2003

Desconocidos han lanzado en varias calles de la localidad guipuzcoana de Andoain octavillas con la foto del filósofo y miembro de la plataforma ¡Basta Ya! Fernando Savater, enmarcado en una diana, donde se le tacha de “fascista”. Este ataque podría ser la reacción de los radicales a un acto de de la plataforma ciudadana en homenaje a las víctimas de ETA.

Los panfletos contra Savater incluyen frases como “Alde Hemendik” (“Fuera de aquí”) o “Utzi pakean Euskal Herria” (“Deja Euskal Herria en paz”), según informó ayer el concejal del PSE de la localidad, Estanis Amutxastegi.

El edil explicó que las octavillas han aparecido en diferentes sitios, como la plaza del Ayuntamiento y en las cercanías de la Casa del Pueblo. Se trata de hojas “pequeñas y del tamaño de una libreta”, algunas de ellas escritas en euskera y castellano, y otras sólo en lengua vasca. Amutxastegi se mostró convencido de que su aparición responde a que ayer mismo habría en la localidad un acto de ¡Basta ya! para homenajear a las víctimas de ETA.

Democracia cuestionada
Editorial El Correo 5 Julio 2003

Hay una persistente erosión, cada vez más palpable, en la sociedad vasca que está desgastando el sustrato compartido que permitió edificar una comunidad de ciudadanos y una entidad política. Y ese desgaste imparable amenaza con dejar en carne viva los disensos, los enconamientos, los proyectos divergentes que fueron arrumbados en función de un consenso superior, de una realidad viable que sirviera de escenario de desarrollo a una sociedad plural y heterogénea. Ese proceso de descarnamiento, contaminado y marcado por el terrorismo de ETA, sufrió un acelerón con el acuerdo de Lizarra, que entendía que el camino hacia una hipotética construcción nacional era más importante que sus actores, que en su desarrollo se podía prescindir de la parte escéptica de la sociedad y de sus representantes, y que los pilares en que se fundamentó el autogobierno eran una simple palanca hacia mayores cotas de soberanía. Desde ese momento empezó a cuajar una distinción meramente identificatoria, pero que pronto saltó peligrosamente de la política a la realidad social con toda su carga fraccionadora. En Euskadi había partidos nacionalistas y partidos constitucionalistas, en un perverso ejercicio que desgajaba la estructura institucional vasca de su entronque con la Constitución y el Estado español. Una quiebra que, junto a la superación del Estatuto, empezó a abrir un abismo cada vez mayor, hasta llegar al Plan Ibarretxe y el abierto contencioso entre todo cuanto significa Euskadi, y lo representa, y lo que encarna la idea común de España. Un frentismo hiriente por cuanto obvia la realidad plural de la sociedad vasca y, sobre todo, el azote de un terrorismo que invalida y convierte en ventajista cualquier política superadora de consensos.

El último Euskobarómetro, como todos los estudios sociológicos de amplio espectro, ha sido utilizado por las distintas formaciones políticas para justificar su cuota de verdad. Pero hay un indicador que va más allá de las valoraciones subjetivas o de las interpretaciones interesadas, y es el descrédito que la democracia tiene para la ciudadanía. El hecho de que el 65% de los vascos esté descontento con el funcionamiento democrático da muestra de esa erosión política e institucional que está llevando a nuestra sociedad a un espacio sin soportes ni asideros donde anclar la convivencia. Que dos de cada tres ciudadanos, por distintos motivos, no se sientan cómodos con las reglas comunes evidencia el destrozo producido por los encargados de conducir el país, primeros responsables como tales de evitar poner en crisis el marco institucional y de impedir que se usen sus desajustes como herramienta aglutinadora o partidaria. Una mala pedagogía ciudadana y cívica, difícil de contrarrestar y más si en la política de confrontación una de las partes está mediatizada por la persecución y la amenaza y es diezmada por el terrorismo. El propio Euskobarómetro recoge que el 60% de los ciudadanos cree que existe una regresión autonómica y el 75% valora negativamente al Gobierno central. Unos datos que satisfarán con seguridad a quienes vean en el enfrentamiento una confirmación de sus estrategias. Pero que, en realidad, lo que ratifican es el deterioro de ese espacio común sobre el que crece el mayor período de democracia y autogobierno de Euskadi.

Paz jurídica y conflicto político
EDUARDO VÍRGALA FORURIA/CATEDRÁTICO DE DERECHO CONSTITUCIONAL UPV/EHU El Correo 5 Julio 2003

El incumplimiento de diversas resoluciones judiciales por parte de los órganos rectores del Parlamento vasco, desde la primera del Juzgado central de instrucción nº 5 de 26 de agosto 2002 hasta la última del Supremo (TS) de 18 de junio de 2003, resulta especialmente llamativo. En un Estado de Derecho los conflictos jurídicos los resuelven en última instancia los tribunales, con el Supremo y el Constitucional a la cabeza, sometiéndose todos los demás poderes a sus resoluciones. Entender que la colaboración en la ejecución de las resoluciones judiciales menoscaba la dignidad de la institución parlamentaria supone un verdadero desenfoque de la cuestión, ya que tales resoluciones van dirigidas contra el Grupo parlamentario de Araba, Bizkaia eta Gipuzkoako Sozialista Abertzaleak (ABGSA) y no contra el Parlamento vasco. Esta inadecuada comprensión conduce también a argumentar que no hay salida posible al conflicto, conclusión que es criticable porque existen vías jurídicas para impugnar las resoluciones del TS. Pero los sujetos legitimados para su utilización son los propios afectados y no los órganos parlamentarios que intentan asumir su defensa.

El argumento de que la Ley de Partidos no ha previsto la extensión de la disolución de un partido a sus grupos parlamentarios sólo puede utilizarse formalmente. El art. 12.1.a de la Ley de Partidos, aunque no hace mención expresa de los grupos parlamentarios, sí señala que tras la disolución «procederá el cese inmediato de toda la actividad del partido político disuelto». Esto significa que es ilícita toda actividad que sea expresión directa o indirecta del partido disuelto, incluida cualquier personificación jurídica o agrupación de hecho que encubra la actividad del mismo, a lo que parece referirse el siguiente apartado del mismo artículo cuando llama a impedir el «abuso de personalidad jurídica». Ésta parece ser la críptica interpretación que utiliza la STS de 27-6-2003 cuando dice que «la extinción de sus respectivas personalidades jurídicas (de HB, EH y Batasuna) que la decisión de disolución conlleva producirá, en primer lugar, plenas consecuencias sobre todas aquellas esferas de la vida jurídica sobre las que se hayan extendido en el pasado. En consecuencia, serán ineficaces cuantas relaciones deriven de aquella relación de pertenencia o representación de los partidos disueltos. Pero también aquella desaparición de personalidad impide que a partir de la fecha de esta sentencia puedan constituir situaciones o relaciones jurídicas de clase alguna. Todo ello con plena independencia de que el estatuto singular de los miembros de dichos partidos siga la suerte prevista para ellos en las normas jurídicas que resulten de aplicación». Esta argumentación jurídica es aplicada por el auto de 20-5-2003 cuando afirma que la declaración de ilegalidad de un partido político, «su consiguiente disolución y el acuerdo de cese de sus actividades conlleve también la disolución del grupo parlamentario y el cese de sus actividades como tal».

Nadie niega, y tampoco el TS, que corresponde al Reglamento del Parlamento regular quién puede constituir un grupo parlamentario, con qué requisitos formales y bajo qué condiciones, cuándo se constituye y cuándo se disuelve, cuáles son sus facultades y atribuciones, con qué medios cuenta, etcétera. Pero eso no impide que el legislador no pueda establecer, en su ámbito de competencia, determinados efectos jurídicos que sean parlamentariamente relevantes, como, por ejemplo, hacen el art. 384.bis de la Ley de Enjuiciamiento Criminal (suspensión automática de todo parlamentario procesado por terrorismo y en prisión provisional) o la Ley vasca de 1994 reguladora de la Comisión Arbitral (suspensión de la tramitación de un proyecto de ley en el Parlamento vasco debido al planteamiento por una diputación foral de una cuestión de competencia ante la Comisión Arbitral).

No hay que olvidar, por otra parte, que una cosa es que partido y grupo sean entes jurídicamente diferenciados y otra que no exista ninguna conexión entre ellos a los efectos aquí comentados. Como ha señalado J. C. da Silva, «pretender, en un Estado de partidos, que los grupos parlamentarios son algo ajeno y extraño a éstos es empeñarse en mirar con los ojos cerrados». El Reglamento del Parlamento vasco (RPV) a la hora de regular los grupos parlamentarios no establece sólo que los parlamentarios individuales puedan, agrupándose, constituir grupos, sino que señala que «los parlamentarios de las formaciones políticas, grupos, coaliciones o partidos que no contasen con el número mínimo establecido en el párrafo anterior (cinco miembros) para la constitución de su grupo parlamentario, y no hubiesen decidido adherirse o incorporarse a otro, podrán integrarse en el Grupo Mixto» (art. 19). El Reglamento da por descontado que todo partido político va a constituir su grupo parlamentario, quedando los que no alcancen un mínimo obligados a que sus parlamentarios vayan al Grupo Mixto. De la misma forma, el Reglamento señala que «no podrán constituirse ni fraccionarse en grupos parlamentarios diversos quienes en las elecciones hubiesen comparecido bajo una misma formación, grupo, coalición o partido político» (art. 19 RPV). Esto es lo que expresa de forma clarividente el TC al calificar a los grupos como «emanación de los partidos políticos» y lo que se pone de manifiesto en el auto del TS de 20-5-2003, cuando indica que la subvención pública a los mismos se incluye en la de los partidos políticos en la Ley de financiación de estos últimos.

En definitiva, la relación partido-grupo no es irrelevante tampoco parlamentariamente hablando (como pone de relieve la propia página web del Parlamento vasco que, al referirse a los grupos parlamentarios existentes, compara en columnas paralelas a éstos con los partidos a los que representan). Las decisiones del grupo no pueden imputarse, sin más, al partido político, pero la naturaleza parlamentaria de aquél tampoco puede ser la excusa para negar toda relación con éste y así permitir que el partido encuentre un cobijo organizativo para seguir presuntamente cometiendo delitos o, cuando es disuelto, seguir existiendo parlamentariamente.

Una vez constatado que es ajustada a derecho la disolución judicial de un grupo parlamentario, debemos abordar el siguiente obstáculo. Se reclama que para la disolución del grupo parlamentario debería reformarse el Reglamento del Parlamento vasco. Pero la vía adecuada era la aceptación por parte de la Mesa del Parlamento de la integración automática de los miembros de ABGSA en el Grupo Mixto, pues ya no existía el partido político que era la base material del grupo parlamentario. Para ello, no hace falta ni reformar el Reglamento ni dictar una Resolución complementaria de la Presidencia, con las dudas que sobre los efectos de tales resoluciones ha establecido el TC. Esa solución puede perfectamente adoptarse a partir del art. 23.1 RPV que establece que corresponden a la Mesa las «siguientes funciones: 1ª. Adoptar cuantas decisiones y medidas requieran la organización del trabajo y el régimen y gobierno interiores de la Cámara» y «7ª. Cualesquiera otras que le encomiende el presente Reglamento, y las que no estén atribuidas a un órgano específico».

Finalmente, y volviendo a lo adelantado al principio, hay que señalar que el conflicto tiene cauces para llegar a instancias jurisdiccionales superiores. Si se parte de que el Parlamento es el destinatario directo de las resoluciones judiciales, es evidente que no tiene legitimación ni para el planteamiento de un conflicto de competencias Estado-comunidad autónoma (art. 161.1.c de la Constitución) ni de un conflicto entre órganos constitucionales del Estado (art. 73 LOTC). Tampoco parece viable un conflicto de jurisdicción previsto para las posibles controversias de los órganos judiciales con los administrativos, con lo que llegaríamos a un callejón sin salida. Pero la sentencia y los autos del TS van dirigidos contra el Grupo parlamentario ABGSA y no contra el Parlamento vasco, para lo que hay que recordar que los grupos no son órganos de la Cámara. El funcionamiento y la organización parlamentaria en nada quedan afectados por la existencia de seis grupos o de cinco, si desapareciera ABSGA. El único destinatario es el grupo, cuyos componentes, si lo estiman conveniente, tienen plenamente abierto el cauce del recurso de amparo, por presunta vulneración del derecho de acceso a los cargos públicos, en su vertiente de derecho al ejercicio pleno del cargo, y, en su caso, el del recurso al TEDH.

En definitiva, la soberanía parlamentaria o la autonomía sin límite alguno son inconcebibles en un Estado constitucional-democrático en el que todos los poderes públicos y los ciudadanos están sometidos a la Constitución y al conjunto del ordenamiento jurídico. Está en el núcleo indecidible de nuestro Estado de Derecho que la cláusula de cierre del sistema es la aceptación de que la última palabra en la resolución de los conflictos jurídicos la tengan los tribunales, siendo el Supremo superior en todos los órdenes salvo en materia de garantías constitucionales, en que lo es el Constitucional. Consustancial al Estado de Derecho es, asimismo, el principio de paz jurídica, que consiste en la búsqueda de una salida normativa al conflicto por medio de su traslado a una instancia decisoria que resuelva el enfrentamiento. En esta ocasión, la comprensión del problema como antagonismo entre el Parlamento vasco y el Supremo significa su anclaje en el terreno del conflicto y la negación del principio de paz jurídica, alternativa muy rentable para el enrocamiento político pero muy contraproducente para la solución jurídica. Rechazar la mera aplicación de los autos del Supremo (con los argumentos utilizados) equivale a desconocer los principios de paz y seguridad jurídicas establecidos a partir de la Constitución de 1978.

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