AGLI

Recortes de Prensa     Martes 8 Julio  2003
Privilegios de la izquierda y los nacionalistas
Pío Moa Libertad Digital 8 Julio 2003

Con la boca pequeña
Ignacio Villa Libertad Digital  8 Julio 2003

ACIERTO DEL TOUR
Editorial La Razón 8 Julio 2003

DIMITA SEÑOR LEBLANC...
Faustino F. ÁLVAREZ La Razón 8 Julio 2003

Arzalluz pide aguantar y resistir
José Cavero El Ideal Gallego 8 Julio 2003

Contra el futuro
Editorial El Correo 8 Julio 2003

Extorsión etarra
Cartas al Director ABC 8 Julio 2003

Insulto francés
Cartas al Director El Correo 8 Julio 2003

El laberinto corso
Editorial ABC 8 Julio 2003

Los independentistas corsos contestan el «no» del referéndum con bombas
PARÍS. JUAN P. QUIÑONERO, CORRESPONSAL ABC 8 Julio 2003

Virginia Ródenas recibe el Premio Víctimas del Terrorismo
ABC 8 Julio 2003

Fusi: «Es un error minimizar la fuerza de los sentimientos nacionales»
M. ELENA GAYA ABC 8 Julio 2003

El Consejo de Europa denuncia que algunas ikastolas inculcan el racismo a sus alumnos
Agencias Libertad Digital  8 Julio 2003

Consecuencias económicas del terrorismo y el nacionalismo excluyente
Libertad Digital  8 Julio 2003

El primer ministro marroquí apoya la enseñanza del español en su país
RABAT. LUIS DE VEGA. CORRESPONSAL ABC 8 Julio 2003

Francia y el euskera
IGOR AHEDO GURRUTXAGA El Correo 8 Julio 2003

Privilegios de la izquierda y los nacionalistas
Pío Moa Libertad Digital 8 Julio 2003

La concepción de la política como chantaje es viejísima en el PSOE, y se manifiesta ahora en su pretensión de que el suceso de Tamayo y Sáez constituye una “burla a la voluntad de los ciudadanos” y un “golpe de estado” comparable al del 23 F, y otras amenazas típicas, peligrosas a pesar de su escaso impacto en la opinión pública.

Por el contrario, las justificaciones con que Tamayo ha defendido su boicot a Simancas son muy coherentes: la forma como se estaban repartiendo el poder su partido y los comunistas —el partido del Gulag y de Castro, no se olvide—, eso sí constituía una burla escandalosa, típicamente partitocrática, a la voluntad de los ciudadanos. Otra cosa es que tales justificaciones fueran sinceras, y que la plausible indignación ética de Tamayo y Sáez no encubriera intereses corruptos o espurios, como tan a menudo pasa en política. Sin embargo quien quisiera acusarlos debería aportar pruebas, y el PSOE se ha permitido, y se le ha permitido, descartar su propia estafa a los ciudadanos para acusar a los dos disidentes, sin prueba alguna, de corrupción, es decir, para calumniarlos, cubriéndolos al mismo tiempo de injurias. Eso no debiera tolerarse en una democracia sana, pero a la izquierda se le conceden tales privilegios, y la propia derecha los tolera y aun se solidariza con ella, como ha hecho Ruiz Gallardón.

Es cierto que la absurda querella presentada por el PSOE contra sus disidentes ha sido rechazada, pero eso no basta, y de la pasividad derechista se aprovecha el parcialísimo y politizado fiscal Villarejo para poner en duda la imparcialidad de Cardenal, y para hacer chantaje político sugiriendo que el Gobierno puede tener algún miedo a la investigación, ampliando la calumnia y como si fuera obligatorio investigar las acusaciones histéricas de un partido enloquecido por haber perdido un poder que ya creía en sus manos. Villarejo, si fuera coherente, debería exigir la investigación de otras diversas tramas posiblemente delictivas del PSOE que están aflorando con motivo de este escándalo. Después de todo, ese partido protagonizó hace pocos años la oleada de corrupción más espectacular, probablemente, del siglo XX español, y nadie puede tener una seguridad razonable de que haya cambiado: no se conoce ningún esfuerzo socialista serio en pro de la regeneración.

Y ese estilo no cesa de ofrecer nuevo casos. Acaba Maragall de hacer un análisis político de la situación, en clave chantajista una vez más. A su juicio, la “dureza antiterrorista de Aznar” debe retroceder. ¿Por qué? No puede estar más claro. El terrorismo ha sido durante muchos años una fuente de beneficios políticos directos o indirectos para Maragall, como para CiU o el PNV, y el acoso y los golpes que sufre actualmente les tienen preocupados. Pero el político socialista quiere desviar la atención de esa evidencia mediante la advertencia de que la política antiterrorista y antisecesionista del Gobierno puede “dar al traste con unos equilibrios que han funcionado bien durante 25 años”. En realidad esos equilibrios sólo han funcionado a medias, como prueba el hecho de que en Cataluña el nivel de libertades y pluralismo político sea inferior al del conjunto de España, mientras en las Vascongadas simplemente no puede hablarse en serio de libertades, lo cual se debe en medida muy principal a la simbiosis nacionalista-terrorista.

Y son precisamente el PNV, CiU y sectores del PSOE representados por Maragall quienes intentan dar al traste con los equilibrios en lo que tienen de aceptables, es decir, intentan romper la Constitución y los estatutos para dar un gran paso hacia la balcanización de España. Es muy sintomática la amenaza de los chantajistas: si no se aceptan sus condiciones, “España perdería el norte, y nunca tan bien dicho”. Recuerda la típica exigencia terrorista: si las autoridades democráticas no se doblegan a sus exigencias, ellas serán las responsables de lo que ocurra.

Es absolutamente necesario poner a las izquierdas y a los nacionalistas ante las consecuencias de sus provocaciones. Hace poco Mayor Oreja señaló, con toda razón, que las maniobras desestabilizadoras de Ibarreche y compañía podían arruinar la autonomía vasca, obligando al Gobierno a suspenderla de acuerdo con la ley. Sin embargo el apoyo a Mayor Oreja ha sido escaso en su propio partido, pues al parecer muchos siguen ignorando que el cumplimiento de las leyes es un principio sin el cual la democracia no funciona. La izquierda y los nacionalistas siguen teniendo tales privilegios, y mientras ello siga así, la democracia española no será estable.

Con la boca pequeña
Ignacio Villa Libertad Digital  8 Julio 2003

Cuatro días han pasado desde que irrumpiera en la actualidad la increíble información de que la organización del Tour de Francia había pactado con Batasuna, para utilizar una etapa de la Vuelta francesa, con el objetivo de promocionar el euskera. El viernes nos sorprendía a todos este acuerdo con los terroristas. El Gobierno español reaccionaba de forma inmediata. También desde los distintos partidos políticos españoles también se reaccionaba con soltura. Una cuestión que, por cierto, es de agradecer por todos los ciudadanos españoles. La última reacción clara y nítida ha sido la del Parlamento Europeo que nos llegaba este mismo lunes; señal inequívoca de que las cosas están cambiando en Europa.

Así pues, todos han reaccionado con cierta rapidez. Todos menos el que debería haberlo hecho en primer lugar: Jean Marie Leblanc. El director del Tour de Francia se ha intentado refugiar en una larga lista de excusas y de ignorancias, que le parapetan en la misma trinchera que los terroristas. Leblanc, que sabe perfectamente de que va la historia, ha hecho el más solemne de los ridículos en una Europa donde la lucha contra el terrorismo cada vez aglutina más voluntades. Leblanc, que no es la primera vez que pacta con los terroristas a cambio de paz en el Tour de Francia, se creía que otra vez más iba a pasar desapercibido otro nuevo pacto. Pero las cosas están cambiando en España y en Europa, y pactar ahora con Batasuna es pactar con los mismos terroristas. En ese terreno no hay letra pequeña, ni matices para el consenso. El terrorismo se condena o no se condena; se pacta o no se pacta con los terroristas. Esta vez la presión internacional ha sido decisiva y la organización del Tour de Francia ha rectificado a regañadientes, con la boca pequeña y con argumentos poco convincentes.

Jean Marie Leblanc, durante estos últimos días, ha ido pasando por los más diversos estados de ánimo. Desde el engaño a las buenas palabras, desde la queja a la excusa vacía. Para terminar de arreglarlo, Leblanc dice que se suspende el acuerdo con Batasuna por "la conmoción que ha provocado en España". Habrá que decir al señor Leblanc, que se supone que el acuerdo se suspende no "por ninguna conmoción", el acuerdo se suspende por ser una grave equivocación. Una organización como la del Tour no se puede permitir, bajo ningún concepto, pactar con los terroristas. Desde el viernes, Leblanc ha intentado escurrirse con buenas palabras, aunque le ha fallado un pequeño detalle: en la lucha contra el terrorismo no hay buenas palabras. Con el terrorismo sólo se puede actuar con claridad y Leblanc se ha vuelto a equivocar. Ha rectificado –de acuerdo– pero con un tono de tibieza que a la hora de hablar de terrorismo, no se puede consentir.

Por cierto, seguimos esperando desde el viernes otra voz que no ha sido escuchada: los Premios Príncipe de Asturias no han dicho, por el momento, esta boca es mía. La suspensión del acuerdo no cambia mucho las cosas para el Premio puesto que Leblanc no termina de reconocer su culpa. Insistimos, el Príncipe Felipe no debería entregar su premio en noviembre al Tour de Francia. Ya veremos en que queda la cosa.

ACIERTO DEL TOUR
Editorial La Razón 8 Julio 2003

La anulación del acuerdo entre el Tour de Francia y Batasuna para que el euskera fuera lengua oficial junto al francés en la decimosexta etapa de la carrera ciclista es un triunfo de la razón y un acierto final del director de la prueba, Jean-Marie Leblanc. Sin embargo, la primera paupérrima excusa ofrecida por el propio Leblanc, quien aseguró que el acuerdo con Batasuna se consideraba nulo «por la gran conmoción que ha provocado este asunto en España», confirma en todos sus extremos una triste realidad: la coacción terrorista es un arma poderosa. Que nadie se llame a engaño, ni siquiera voluntariamente como hacen los nacionalistas vascos desde su ya crónico victimismo. Sólo desde el chantaje y desde el temor se puede entender que una institución de tanto prestigio, último premio Príncipe de Asturias del Deporte, pudiera acceder a los deseos de un grupo terrorista perseguido por la Justicia de las principales democracias del mundo.

Esto, la realidad terrorista de Batasuna y no «la conmoción que ha provocado en España», tuvieron que recordárselo ayer a Leblanc, a instancias del Gobierno de España, de nuestros parlamentarios en Europa y de los principales partidos españoles, el presidente de la comisión de Cultura y Deportes del Parlamento Europeo, Michel Rocard, así como el ministro francés de Asuntos Exteriores, Dominique de Villepin.

A esas alturas, y en una carrera en la que compiten más ciclistas españoles que de cualquier otra nacionalidad, la dirección del Tour no podía continuar con sus esperpénticas excusas sobre la promoción del euskera. Esta lengua española no ha necesitado jamás que el terrorismo la patrocine. Es más, el nacionalismo vasco que se define como «democrático» debería ser el primero en comprender el daño que Batasuna podría haber infligido al euskera con su promoción terrorista en suelo francés y con el escaparate mediático de primer orden que representa la carrera ciclista más importante del mundo.

A los desmemoriados les convendría recordar que el euskera, como cualquier otra lengua española, está respaldada por instituciones honorables capaces de protegerla y darle el esplendor adecuado. Si, como es previsible, en años venideros el euskera sigue necesitando promocionarse en el sur de Francia, hay un interlocutor de primer nivel al que recurrir: la Academia de la Lengua Vasca. Una institución, por cierto, con subsede en la localidad francesa de Bayona.

DIMITA SEÑOR LEBLANC...
Faustino F. ÁLVAREZ La Razón 8 Julio 2003

Lo mejor que podría hacer Jean Marie-Leblanc, después de anular (algo que en el momento en que escribo aún no ha hecho) los acuerdos tomados bajo el chantaje batasuno, es esperar discretamente a que termine esta edición centenaria del «Tour» y jubilarse o dimitir o, en cualquier caso, marcharse para casa por una metedura de pata que ha sido una ofensa para todos los ciudadanos que están contra el terrorismo. Es obligación de Leblanc negociar con fuerzas sociales y políticas y económicas que puedan tener intereses o discrepancias con la histérica prueba deportiva.

Pero haberse prestado a servir de altavoz no a un idioma merecedor de todos los respetos sino a un entorno mafioso y criminal es mucho más que el error de un ingenuo, como quiere que se considere su decisión: es el pacto entre una institución que ha de fomentar la deportividad y el respeto con un grupo de malhechores que se pretenden enmascarar mudándose de denominación, o tapando con pretextos de libertad lingüística lo que siempre termina en un baño de miedo y de sangre. Los ciudadanos europeos, y especialmente los franceses y los españoles, así como el «Tour» como gloriosa y ejemplar competición ciclista, nada tienen que ver con la errática decisión del señor Leblanc, y no merece la pena ir muy lejos en la argumentación de lo evidente, incluso considerando que el director general de la carrera no es en absoluto tonto, por mucho que ahora quiera quitarse el problema de encima comportándose como un extraterrestre que ignora los tentáculos y las tácticas de una banda de asesinos.

No se trata de que la televisión pública española o las emisoras de radio o los periódicos suspendan sus informaciones sobre el «Tour», hurtándoles un derecho, a tantos ciudadanos interesados en su desarrollo, ni tampoco de que los ciclistas de nuestro país se retiren en la etapa decimosexta de la ronda gala, ni de cuestionar el acierto de los premios Príncipe de Asturias galardonando al «Tour» en su centenario... En este último caso el acta del jurado matiza exquisitamente el objeto del premio: «El Tour es uno de los acontecimientos deportivos más importantes del mundo, y desde hace cien años simboliza toda la grandeza del ciclismo. Ha encarnado, desde su nacimiento los valores más nobles: el esfuerzo personal y el trabajo en equipo y el espíritu de superación. En él se han consagrado figuras legendarias que están en el recuerdo de todos. Asimismo, el «Tour» de Francia ha contribuido, de manera extraordinariamente relevante, al perfeccionamiento, cultivo y difusión del deporte». Evidentemente, nada de lo que se predica en ese párrafo tiene relación alguna con el error que ha cometido Leblanc, a quien se le pueden atribuir ignorancia, cobardía o un extraño sentido de la diplomacia, pero jamás que, hasta ahora, haya pronunciado la frase: «El Tour soy yo».

Dimita, señor Leblanc, y tengamos el «Tour» en paz con toda la grandeza de sus héroes, y pongamos las cosas en su sitio.

Arzalluz pide aguantar y resistir
José Cavero El Ideal Gallego 8 Julio 2003

Tenemos dos declaraciones heroicas y de llamamiento a la resistencia en el siempre complicado escenario vasco. De un lado, las de Otegi, quien asegura que “el conflicto sigue abierto, por lo que hay cientos de jóvenes dispuestos a morir y a matar”. Dice también que en Euzkadi “la tentación de echarse al monte es muy grande, y eso no se supera haciendo apelaciones éticas ni diciendo que la lucha armada es inútil. Aquí tenemos a cientos de jóvenes que piensan que no hay más camino que ese”.

La segunda declaración pertenece a Arzalluz, también en actitud de combate y de resistencia ante el enemigo españolista. El dirigente del PNV proclama que no teme que sea clausurado el parlamento vasco “y si lo hacen, veremos cómo reaccionamos, no vamos a dar pistas. Pero en ningún caso reaccionaremos como gallinas asustadas. Que hagan lo que les dé la gana, a ver cómo lo arreglan. Hemos vivido muchos años sin parlamento en Euzkadi”. Y hace un llamamiento a los militantes para que no tengan miedo ni piensen en tirar para atrás. “No hay que tener miedo al Estado en su ofensiva contra lo vasco”. Dice también: “No me importa que nos ataquen. La gente nuestra espabila con los ataques”.

El victimismo de Arzalluz no tienen fin: “Hoy somos el enemigo y no quieren hablar con nosotros ni con el lehendakari, ni permiten a otros, como Zapatero que hable con nosotros... Nuestra economía va bien y también les molesta. Se llevan el BBV e Iberdrola, pero sabemos trabajar y seguiremos bien, hagan lo que hagan. No nos pueden ver y yo no tengo interés en que nos vean. El PP sólo busca que el PNV reconozca su españolidad, pero ni nos sentimos ni queremos ser españoles”. Arzalluz recuerda que él había llegado a acuerdos con el PSOE o con el PP de los primeros tiempos, pero se rompió aquel entendimiento el día que Arzalluz le anunció a Aznar su deseo de iniciar conversaciones con ETA. Cuando le previno que iba a arrojarse a la piscina de la negociación con ETA para comprobar si tenía agua. Repetidamente ha comprobado que aquella piscina “para nadar juntos” sigue vacía, pero, como Arzalluz indica a sus correligionarios, se trata de no dar marcha atrás jamás. Por ningún concepto o a ningún precio...

Contra el futuro
Editorial El Correo 8 Julio 2003

El atentado de la madrugada del domingo contra Azkar, como los anteriores contra Iberdrola y el hotel Los Tamarises, indica hasta qué punto los comportamientos mafiosos, que siempre estuvieron presentes en ETA, dominan en una banda criminal que sólo existe para extorsionar y asesinar. ETA ha hecho de su supervivencia la razón última de su funcionamiento y eso supone llevar el chantaje y la amenaza hasta sus límites extremos en la búsqueda de fondos. En ese círculo delictivo el empresariado siempre ha sido un objetivo preferente por tratarse de un sector vulnerable que necesita paz y estabilidad para desarrollarse y porque su amedrentamiento encuentra cabida en los demagógicos y alucinados planteamientos 'revolucionarios' de los terroristas. Y es por eso ahora, cuando la actuación del Estado de Derecho está llevando a la banda a la marginalidad y estrangulando sus complejas tramas de financiación, cuando ETA ha intensificado su campaña de presión mediante el uso de la bomba y la destrucción directa.

El artefacto colocado en las instalaciones de Azkar en la localidad vizcaína de Bedia no es sólo un atentado contra una empresa significativa de Euskadi o un brutal aviso a un sector clave de nuestra economía, es una agresión contra toda la sociedad, contra el modelo de desarrollo y convivencia que los vascos llevamos creando durante generaciones. ETA, además de sustento, quiere desestructurar el País Vasco, romper cualquier base que genere riqueza y progreso, acabar con toda iniciativa emprendedora y erradicar el mínimo núcleo de resistencia a su ideología totalitaria. Y no hay peor enemigo de sus intereses caóticos que quien es capaz de hacer brotar en la sociedad recursos y porvenir.

ETA, una vez más, intenta poner a los empresarios ante una doble disyuntiva de supervivencia, personal y económica. Y es misión de la sociedad y, sobre todo, de sus dirigentes, cerrar filas en torno a estos ciudadanos capaces de arrostrar el peligro individual y familiar y el riesgo profesional por oponerse a la barbarie y creer en las potencialidades del país en donde quieren y eligieron vivir para contribuir a su progreso. Euskadi no puede ni debe pagar peaje a ninguna mafia por mucho que se camufle de ideología. Y en la batalla contra el chantaje, el empresario, como todo ciudadano amenazado, debe encontrar un respaldo solidario y sin fisuras.

Extorsión etarra
Cartas al Director ABC 8 Julio 2003

Estamos asistiendo a un recrudecimiento de la extorsión a los empresarios del País Vasco, sin duda consecuencia de la asfixia financiera del entramado batasuno. En estas condiciones es previsible que intenten extender esa práctica a otras autonomías limítrofes, pero es imposible prácticamente que puedan recuperar el nivel económico que han perdido de las instituciones públicas.

Tal situación les va a obligar a ponerse a las ordenes del PNV en el proceso que pretende abrirse en septiembre. La viabilidad del proyecto que presentará Ibarretxe gravitará sobre la posibilidad de extender a Navarra el modelo de actuación que ha seguido el nacionalismo en el País Vasco, obteniendo y consolidando el Gobierno y la ocupación de todas las instituciones mediante la expulsión del censo electoral de los desafectos.

Y ello no es posible sin la existencia de una fuerza de choque como ETA ni de formaciones tipo Batasuna que actúen coactivamente sobre la sociedad bajo una apariencia de legalidad que permita su generosa y voluminosa financiación; sólo posible desde las instituciones. Es esta necesidad mutua la que obliga al PNV a asumir el coste de no ejecutar lo ordenado por el Tribunal Supremo.

Si la inclusión del País Vasco francés en el discurso era mera concesión a la parte más ignorante de su electorado, la posibilidad de asociar una economía como la Navarra en el proyecto otorga a este sentido y profundidad.

El PNV no puede en el momento actual plantear una federación vasco-navarra (libertad de establecimiento de vínculos políticos en la jerga de Ibarrretxe) proscrita en el artículo 145 de la Constitución, pero se propone de momento acercarse a la Caja. Del éxito de su empeño depende la obediencia de mucha gente. J. C. Antón Nárdiz.  Bilbao.

Insulto francés
Vitoria-Gasteiz/ Cartas al Director El Correo 8 Julio 2003

El acuerdo entre la organización del Tour y Batasuna, con la excusa del apoyo al euskera, es un insulto a la democracia, a España, a Francia y, sobre todo, una ofensa brutal a las víctimas del terrorismo y a los que sufrimos todos los días la amenaza de ETA-Batasuna.

¿Qué ignorante irresponsable ha promovido y suscrito desde el Tour un acuerdo con terroristas? ¿En qué piensa el señor Leblanc a la hora de permitir semejante golpe bajo a los valores de la paz, la tolerancia y la democracia? ¿De esta macabra forma agradece el premio Príncipe de Asturias otorgado este año al Tour?

Parece que una mano negra, en forma de incompetente, ignorante o malintencionado dirigente deportivo, ha aparecido en la organización de una carrera que en sus tiempos ya trataba de ofender a nuestro país y que hoy lo ha logrado humillando a las víctimas de ETA, haciendo un lamentable y repugnante pacto con los verdugos.

Sólo cabe revocar el acuerdo, rectificar, pedir disculpas públicas y cesar al responsable de que terrorismo y deporte hayan sido injustificablemente unidos. De no ser así que el jurado del premio Príncipe de Asturias se plantee seriamente una reconsideración. Hoy en los corros proetarras estarán brindando por este balón de oxígeno que un incompetente con multimillonarias dietas les ha dado con el disfraz del apoyo al euskera.  Carmelo Barrio

El laberinto corso
Editorial ABC 8 Julio 2003

EL resultado del referéndum celebrado en Córcega sobre la propuesta autonomista del Gobierno de Jean Pierre Raffarin no tiene una lectura sencilla ni unívoca. En todo caso sólo permite dos constataciones inmediatas, en cierta medida obvias. La primera es que el rechazo al tímido plan autonomista es un serio tropiezo del primer ministro, Raffarin, y del ministro del Interior, Nicolas Sarkozy, directamente comprometidos con la propuesta derrotada. El fracaso incumbe también al Partido Socialista, no sólo porque apoyó el sí en el referéndum, sino porque éste ha sido el epílogo de un proceso que impulsó, con graves errores y costes políticos, el primer ministro Lionel Jospin. Realmente, el problema corso ha sido para los socialistas una fuente de problemas desde que Jospin ideó la cesión de poder legislativo a la Asamblea corsa. En febrero del pasado año, el Tribunal Constitucional francés abortó el proyecto autonomista de Jospin al considerar que era inconstitucional la transferencia de competencias legislativas a las instituciones de la isla. Para entonces, ya había dimitido el ministro del Interior, Jean Pierre Chévènement, por su desacuerdo con una descentralización que, a su juicio, vulneraba los principios de la unidad republicana de Francia.

Por otro lado, a pesar de la heterogeneidad de intereses tanto en el sí como en el no expresados en el referéndum -que han agrupado a ideologías opuestas y a sectores sociales muy diferentes- el rechazo por la mínima tiene un valor global de reafirmación de la identidad francesa de Córcega. No era esto, ni mucho menos, lo que estaba en juego con el proyecto autonomista de Raffarin, pero la conclusión política que merece el resultado apunta claramente al deseo de no empezar a hacer concesiones a un nacionalismo dispuesto a abrir una dinámica de reivindicación creciente. De hecho, los nacionalistas corsos habían definido su apoyo a la propuesta autonomista como un primer paso en el camino a la independencia. La detención de Yvan Colonna, presunto asesino del prefecto Claude Erignac, puede haber sido la causa del cambio al voto negativo en algunos sectores nacionalistas. Si así fuera, no sería más que la comprobación del efecto condicionante que el terrorismo nacionalista siempre provoca sobre el nacionalismo político.

ANTE tanto riesgo, los partidarios del no, claramente mayoritarios en las dos grandes ciudades, Bastia y Ajaccio, han preferido no ceder al experimento descentralizador. Por eso no ha funcionado en Córcega la técnica de intentar apaciguar al nacionalismo y deslegitimar al terrorismo haciéndoles pequeñas concesiones, sin un previo compromiso de lealtad constitucional y de abandono definitivo de la violencia. Es en este sentido en el que podría apreciarse un cierto común denominador con Quebec e Irlanda del Norte, donde o bien se ha manifestado la saturación de un nacionalismo en permanente estado de reivindicación, como el quebequés, o bien el terrorismo ha aceptado implícita pero inequívocamente su derrota frente al Estado, como en el caso irlandés. Es probable que la mayoría de los corsos que se ha opuesto a la nueva autonomía viera en el proyecto de Raffarin el comienzo de nuevos problemas y no el final de los que ya estaban planteados. En todo caso, resulta cada vez más claro que los nacionalismos separatistas son una opción política con una influencia decreciente en los Estados democráticos occidentales y se les percibe más como fuente de perturbación que de estabilidad.

CUALQUIER análisis más profundo de los resultados en Córcega se toparía con la compleja estructura de la sociedad corsa. Los clanes tradicionales, el clientelismo en todos los órdenes de la vida social y política, el sentimiento insular, el terrorismo de corte mafioso, las discrepancias entre nacionalistas y la desmesurada administración pública instalada en la isla son caracteres de un territorio quizá no bien reflejados ni valorados en el planteamiento político de la propuesta autonomista. El problema previo no era únicamente encauzar las demandas nacionalistas y aplacar al nacionalismo, sino lograr estos objetivos trasladando a la isla un nuevo esquema administrativo que no se ajustaba a su realidad. El fracaso del Gobierno de Raffarin también se explicaría por no haber apreciado estos otros rasgos de la realidad corsa, que no tienen que ver sólo con el desafío nacionalista, aunque probablemente por esto mismo no fueran tenidos debidamente en cuenta.

Los independentistas corsos contestan el «no» del referéndum con bombas
PARÍS. JUAN P. QUIÑONERO, CORRESPONSAL ABC 8 Julio 2003

El referéndum ha ensombrecido los proyectos descentralizadores del Gobierno de Chirac y sus proyectos de reforma educativa y del sistema médico nacional

La onda de choque del referéndum corso ha dejado al descubierto un campo de ruinas políticas, un rechazo de fondo contra cualquier concesión a los nacionalistas, un malestar social grave, una hostilidad frontal contra todas las reformas avanzadas en nombre de la descentralización y una «balcanización esquizofrénica» significativa de toda la clase política nacional sobre el puesto de Francia en la nueva sociedad internacional.

A las pocas horas de conocerse el triunfo del «no» a la reforma del estatuto de la isla de Córcega, por menos de dos mil votos, el Frente de Liberación Nacional de Córcega (FLNC) hizo pública su primera reacción criminal: volar cuatro residencias secundarias de franceses «continentales»; un atentado terrorista sin derramamiento de sangre, para dejar clara su sola «confianza en la lucha armada».

El ministro del interior, Nicolás Sarkozy, había respondido anticipadamente a esa «reacción» criminal declarando que «la primera prioridad del Gobierno, hoy, es el restablecimiento del Estado de derecho». Como un eco, inmediato, Jean-Guy Talamoni, portavoz de Corsica Nazione (nacionalistas partidarios de la «independencia gradual»), declaraba ayer tarde: «Nosotros vamos a intentar que París ponga fín a su lógica puramente policial. La detención de Yvann Colonna, acusado del asesinato del prefecto Claude Erignac, no arregló nada. Si el gobierno proyecta una condena implacable, las consecuencias serán catastróficas».

Sarkozy y Talamoni habían hecho campaña en favor del «sí», por razones diametralmente opuestas. El ministro del Interior, haciendo concesiones para intentar pacificar la isla. El líder nacionalista, como primer paso táctico.

Sin embargo, los electores corsos percibieron con claridad el carácter esquizofrénico de tales relaciones perversas. Francis Pouseo, profesor de historia, explica de este modo su voto razonado: «Yo estoy por la reforma. Pero me parece odioso aprobar un estatuto que hubiera dado más poder político a quienes apoyan a los terroristas».

Imperturbable, a pesar de todo, Jean-Pierre Raffarin estima que «otras consultas de este tipo permitirán a los ciudadanos elegir libremente las modalidades de descentralización que les afecten en sus respectivas regiones». Horas antes, el presidente del Senado, Christian Poncelet, había ironizado con crueldad sobre los proyectos gubernamentales de construir una «República descentralizada», comentando: «Está por ver si las regiones quieren descentralizarse, y quizá fuese sensato estudiar antes un sistema claro y eficaz de financiación de las colectividades locales: porque ese problema inquieta mucho a los ciudadanos, que temen pagar más impuestos y tener peores servicios».

En otro tono, Jean-Pierre Chévènement, exministro, partidario del «no» a la reforma gubernamental, muy semejante a la reforma que ya provocó su salida del Gobierno de Lionel Jospin, denunciaba ayer tarde los empantanados proyectos descentralizadores del gobierno Raffarin, declarando: «Los corsos aspiran a la normalidad republicana. Los corsos han votado contra un estatuto que daba a los independentistas la llave de los futuros gobiernos de Córcega. Los franceses no quieren ser divididos en una multitud de feudos y baronías».

Golpe a la descentralización
A nadie se le escapa que la onda de choque del referéndum corso puede dinamitar prematuramente la reforma institucional que preveía construir una Francia «descentralizada». Al mismo tiempo, el voto corso también ha sido la expresión de otros conflictos inflamables. La mayoría silenciosa, perseguida por el fantasma de la violencia, ha votado contra las concesiones hechas a los nacionalistas. Muchos funcionarios corsos han votado contra el Gobierno, para denunciar la reforma de las jubilaciones. Una gran mayoría de maestros y profesores han votado contra el proyecto de descentralización del sistema educativo nacional. Muchos electores conservadores han votado contra un presidente y un Gobierno conservador, hostiles a cualquier descentralización. Bastantes electores comunistas y socialistas han votado «no» contra una descentralización que se aleja del modelo centralista tradicional.

Es una evidencia que el proyecto más ambicioso del presidente Jacques Chirac y su primer ministro, la descentralización de la República, tras una sofisticada reforma de la Constitución, ha quedado empantanada «sine die». Pero, al mismo tiempo, el referéndum corso también lanza una larga sobra sobre varios proyectos anunciados, como la reforma educativa y la reforma del sistema médico nacional, que también tenían importantes capítulos «descentralizados».

En verdad, se trata de un debate de fondo sobre el modelo de Estado. Hace apenas quince días, Jean-Pierre Raffarin visitó Berlín para «inspirarse en el modelo federal alemán», convencido que los «länder» alemanes pudiera tener alguna «traducción» francesa, estimando que la modernización de Francia pasa por alguna forma de descentralización de un Estado burocrático muy centralizado. El referéndum corso y su onda de choque parecen sugerir que la Francia profunda contempla tales proyectos con una mezcla de inquietud, reserva y hostilidad a flor de piel.

Virginia Ródenas recibe el Premio Víctimas del Terrorismo
ABC 8 Julio 2003

La redactora de ABC Virginia Ródenas recibió ayer el Primer Premio de Periodismo que concede la Fundación Víctimas del Terrorismo por el reportaje publicado en Los Domingos de ABC con el título «Huérfanos de Hijos. Hablan las familias de los niños asesinados por ETA». Alejandro Fernández Pombo, presidente de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España y el director gerente de la FVT, Fernando Benzo, destacaron, en el acto de entrega del premio, que el reportaje de Virginia Ródenas fue distinguido por el jurado por su «sensibilidad, máxima calidad y extraordinario carácter periodístico». En la imagen, la redactora de ABC recibe el premio de manos de Ana Vidal-Abarca, vicepresidenta de la Fundación.

Fusi: «Es un error minimizar la fuerza de los sentimientos nacionales»
M. ELENA GAYA ABC 8 Julio 2003

Desde ayer y hasta mañana, el profesor Juan Pablo Fusi, catedrático de Historia de la Universidad Complutense de Madrid, aborda el curso «Nación y Nacionalismos del siglo XX» dentro de la programación de verano de la Universidad Internacional Menéndez y Pelayo SANTANDER.

-Cómo historiador, ¿qué grado de relevancia considera que han tenido los nacionalismos desde su nacimiento?
-A grandes rasgos, históricamente, el catalán fue el principal problema político de España entre 1900 y 1936 con los matices que se quiera. Y la cuestión territorial vasca, que no la violencia de ETA, constituye el principal problema de España, sin duda, en la transición.

-¿Qué futuro tienen los nacionalismos en un mundo cada vez más global?
-No me atrevo a contestar, pero existía una cierta percepción o convicción de que el nacionalismo es una cuestión de la primera mitad del XX y que el mundo cambiaría hacia formas de integración supranacionales y es posible que eso sea verdad, pero yo advertiría contra el error de minimizar la fuerza de los sentimientos nacionales como pertenencia, emotividad y política de la sociedad contemporánea.

-¿Los procesos de globalización podrían ser la causa de un resurgimiento nacional?
-No, no. La globalización es un proceso de integración progresiva de las economías, las sociedades unas dentro de otras, la ampliación del conocimiento... que no tiene fechas claras de cuando comenzó pero que ha cobrado una fuerza considerable en los últimos treinta años. Todo ello, en una gran movilidad de la población donde los sentimientos de identidad con una bandera o con unas tradiciones irán disminuyendo. Eso no es un proceso tan rápido y que, por lo tanto, los sentimientos cobran fuerza porque responden a cierta necesidad de pertenencia de forma inmediata a una comunidad y tiene un valor simbólico que, de momento, parece que tenemos todos. No sé decir si dentro de quince o treinta años serán más débiles o habrán desaparecido por completo.

-¿El nacionalismo enriquece o daña la cultura?
-Ambas cosas. En nombre de la identidad nacional o de la recuperación de las tradiciones de un territorio ha habido escritores, músicos, pintores... que han trabajado plasmando sentimientos nacionales fortísimos y de otra parte con los mismos objetivos ha habido una manipulación desaforada, una simplificación exacerbada y una cultura nacional deleznable al servicio de la xenofobia.

-¿En España podemos hablar de una unidad cultural?
-En nuestro país coexiste una cultura común con culturas particulares de distinta significación. Esto hace que el español medio esté instalado cómodamente en muy distintos hábitos culturales. Nos movemos fácilmente entre nuestra cultura y otras extranjeras como la americana o la china.

-¿Cuál es la cuestión vasca del siglo XX de la que usted hablará mañana en el curso?
-Es la aspiración de una parte de los partidos políticos y de la población de esas regiones a alguna forma de autogobierno. Esto es lo que se debe entender por la cuestión vasca.

-¿Cuáles son los principales motivos que han llevado al nacionalismo vasco a ser un elemento de disgregación de la sociedad?
-El nacionalismo vasco ha dignificado elementos de la cultura y los ha recuperado y eso es bueno porque sino la crisis de la lengua vasca hubiese sido más fuerte, por poner un ejemplo llamativo. La interpretación que de lo vasco hace el nacionalismo es identificarla sólo con lo eskaldún y mucho menos con lo urbano y moderno como puede ser la ciudad de Bilbao. Eso entra en conflicto con una parte de la sociedad, que es casi la mitad de la población del País Vasco, que participan de una cultura abierta que pugna con las características que ha podido afirmar el PNV.

INFORME CONTRA EL NACIONALISMO EXCLUYENTE:
El Consejo de Europa denuncia que algunas "ikastolas" inculcan el racismo a sus alumnos
Agencias Libertad Digital  8 Julio 2003

La Comisión Europea contra el Racismo y la Intolerancia ha expresado su “inquietud” por la existencia de un nacionalismo agresivo y excluyente en el País Vasco. Además de condenar los atentados de ETA contra los no nacionalistas, también denuncia la postura "a veces xenófoba y racista" de las ikastolas en su labor de transmitir el conocimiento.

 Se trata de un nuevo paso para que si quedaba algún europeo que no conociera la realidad del País Vasco se convenza. Con Batasuna inscrita en la lista de bandas terroristas europea y norteamericana (pero todavía increíblemente presente en el Parlamento Vasco) la verdadera dimensión del nacionalismo vasco ha sido objeto de estudio en el Consejo de Europa. Gracias a la falta de complejo del comisario para los Derechos Humanos, Álvaro Gil Robles, la educación pública que impulsa el PNV también se ha puesto bajo el microscopio.

Además, en el informe difundido este martes, la ECRI “muestra su preocupación en particular por la dimensión xenófoba y étnica de los actos violentos cometidos por la organización terrorista ETA”.

Pero la Comisión también hace suyo un informe Álvaro Gil Robles que denuncia que las escuelas del País Vasco rozan “a veces posiciones racistas o xenófobas” en la transmisión de la cultura y el conocimiento a partir de una concepción legítima de posiciones nacionalistas. Basta echar un vistazo a los libros de Geografía que estudian los alumnos de algunas ikastolas. Allí no se habla de País Vasco o de Comunidad Autónoma Vasca como lo contemplan la Constitución y el Estatuto sino de una Euskal Herria que absorbe Navarra y llega hasta Francia.

Al final del capítulo sobre "violencia racial" en España, la ECRI afirma que "una parte importante de la población no nacionalista" en el País Vasco es "objeto de exclusión social, amenazas y violencia, que en algunos casos se cobran víctimas mortales".

Consecuencias económicas del terrorismo y el nacionalismo excluyente
Libertad Digital  8 Julio 2003

Los vascos son un 10 por ciento más pobres debido al efecto económico de la violencia terrorista, según se desprende de un estudio realizado por la universidad de Harvard y publicado por la revista American Economic Review. Este informe concluye que el terrorismo afecta a la producción, la cotización de las empresas y el crecimiento demográfico.

El estudio, titulado “Los costes económicos de un conflicto: Un caso de estudio en el País Vasco”, concluye que la Comunidad Autónoma Vasca ha crecido un 10 por ciento menos desde la década de los 80 debido al terrorismo de ETA. Para sus autores, cuando ETA empezó su actividad terrorista, en 1970, el País Vasco ocupaba la tercera posición en cuanto a PIB per cápita de España, mientras que a finales de los noventa había caído hasta la sexta plaza. El informe considera que el terrorismo de ETA ha sido devastador para la economía del País Vasco, llegando incluso a afectar a su composición demográfica. Entre 1980 y 2001, la población del País Vasco disminuyó un 2,8 por ciento, mientras que la de España aumentó un 7 por ciento. Según los autores del estudio, si el número de los habitantes del País Vasco hubiera crecido a un ritmo comparable al del conjunto de España, la pérdida de crecimiento per capita habría sido mucho mayor.

El informe también revela que la cotización de las empresas vascas en Bolsa sufre gravemente por la actividad terrorista. En este sentido, alude a que las acciones de las compañías radicadas en el País Vasco, que estaban peor que las empresas no vascas, se dispararon tras el anuncio de la tregua de ETA, en septiembre de 1998. Sin embargo, la alegría duró apenas doce meses, hasta que se anunció la ruptura de la tregua-trampa (en noviembre de 1999). En ese momento, la cotización de las empresas vascas empezó a caer de nuevo. El estudio ha sido elaborado por Alberto Abadie, de la Universidad de Harvard, y Javier Gardeazabal de la Universidad del País Vasco.

Asimismo, el País Vasco es, junto con Asturias, la Comunidad que menos ha crecido en el último cuarto de siglo. Según el Instituto de Estudios Económicos (IEE), esta pérdida de peso económico del País Vasco en España se debe a que hay un marco institucional "inadecuado" y al éxodo empresarial por razones de seguridad. En el caso del País Vasco, la "situación institucional" de la comunidad le ha hecho perder 40 puestos en el ránking europeo, pero "cuando las empresas en el País Vasco vuelvan a tener seguridad, entonces se volverá a recuperar la situación de los años setenta".

El primer ministro marroquí apoya la enseñanza del español en su país
RABAT. LUIS DE VEGA. CORRESPONSAL ABC 8 Julio 2003

El español es, junto al árabe y el francés, el idioma más extendido en Marruecos, donde se encuentra la mayor red educativa de España en el exterior

Además del árabe y el francés, las dos lenguas oficiales, el español sigue siendo el idioma más extendido en Marruecos. El propio primer ministro, Dris Yetú, aprovechó ayer su encuentro con la ministra española de Educación, Cultura y Deporte, Pilar del Castillo, para expresarle su deseo de que España se vuelque todavía más en la difusión del castellano entre los marroquíes. El jefe del Ejecutivo marroquí incidió en que así debe ser «no sólo en el norte», donde por los vínculos geográficos e históricos es normal encontrar ciudadanos que hablen nuestro idioma, sino en todo el conjunto del país. Yetú destacó la «importancia de preservar» el patrimonio cultural común.

Las palabras de la ministra al terminar el encuentro con Yetú fueron en esa dirección al comunicar su compromiso de «reforzar la cooperación en materia cultural y educativa» entre los dos países. No hay que olvidar que Marruecos es el país en el que España cuenta con una mayor presencia educativa, con una red de centros escolares repartidos en Alhucemas, Casablanca, Larache, Rabat, Tánger, Tetuán y Nador. En total hay matriculados más de 4.200 alumnos, la gran mayoría marroquíes, que tienen acceso directo a la Universidad española por haber cursado sus estudios dentro del sistema educativo español.

Anteriormente, la ministra se había reunido con su homólogo de Educación, Habib Malki, a quien dijo que «hay que aplicar todos los medios necesarios para que las relaciones con Marruecos sean siempre sólidas y estables».

Francia y el euskera
IGOR AHEDO GURRUTXAGA/DOCTOR EN CIENCIAS POLÍTICAS El Correo 8 Julio 2003

Por todos es conocido y reconocido el papel de la Revolución Francesa en la configuración de un nuevo orden político asentado en la extensión de los derechos individuales a nuevos sectores sociales. Sin embargo, el rostro benévolo de la nueva era que inicia el proceso revolucionario se ensombrece si se observa desde el prisma de los derechos colectivos, y más concretamente, de los derechos de las minorías culturales y lingüísticas.

La lógica de la construcción del Estado francés, en este sentido, se fundamenta en la extirpación de todo vestigio del Antiguo Régimen, identificándose las formas de organización tradicionales como particularismos antirrevolucionarios. Poco a poco se consolida una configuración en la que la pertenencia a la comunidad nacional es abierta a todos los individuos que viven en un territorio, donde todos son iguales ante la ley. Las libertades individuales se convierten, por lo tanto, en el centro, y precisamente a consecuencia de la doctrina de la soberanía popular no se consideran legítimas las formas de acción colectiva que no pasen por el Estado. En este sentido, la tradición roussoniana dota de un contenido cívico al nacionalismo francés, en la medida en que tiende a partir del individuo para edificar 'la nación'; pero posibilita una concepción que no deja espacio intermedio entre estas dos realidades: no hay lugar para una autoridad mediadora entre el Estado y el individuo. La democracia significa, por tanto, unidad nacional, centralización y uniformidad.

Pero ninguna construcción estatal se erige desde el vacío: es imprescindible aportar una argamasa colectiva desde la que fundamentar el proyecto sobre el que se asienta este artefacto soberano. Y esta selección de símbolos, identidades y lenguas se realiza y mediatiza por parte de las elites que dominan ese centro 'constructor'que somete a las periferias geográficas, identitarias, culturales y lingüísticas.

Por eso, contrasta la promoción revolucionaria de los derechos individuales frente al ninguneo de los derechos colectivos. Y quizá el término ninguneo sea benévolo a la luz de la política que llegó a ponerse en marcha tras la Revolución a partir de textos tan clarificadores como el Informe Gregorie: «Sobre la necesidad y los medios de aniquilar los 'patois' (expresión despectiva para calificar a las lenguas periféricas) y universalizar el uso de la lengua francesa». Una política de exterminio de las lenguas locales que pasa por su sustitución por la nueva lengua del Estado, que, no olvidemos, durante la Tercera República sólo era hablada por la mitad de la población, y menos del 20% de los habitantes de las zonas rurales del hexágono.

Podría argumentarse que la crítica a un Estado utilizando para ello textos y reflexiones de hace siglo y medio es reduccionista, demagógica, y hasta fácil. Pero también podría decirse que no por reduccionista, demagógica o fácil que sea la exposición, pueden ocultarse las responsabilidades de Francia cuando entidades como la UNESCO consideran que lenguas como el euskera se encuentran en un claro peligro de extinción a comienzos del siglo XXI.

Haciendo honor a la verdad, tampoco debe ocultarse que muchas cosas se han modificado. Y cuando se parte de cero, los cambios son más loables que cuando se parte de cien. Efectivamente, si comparamos un modelo de ordenación de lo local que se asentaba sobre claves matemáticas -tan racionalistas como que ningún departamento pudiese tener más distancia desde su frontera hasta su capital que la que podría recorrer una persona a caballo durante una jornada-, con las actuales orientaciones sobre las que descansa el proyecto descentralizador de Raffarin, parecería que se ha avanzado mucho. Si la lógica de una soberanía popular que fluye directamente de la ciudadanía hasta sus representantes en la Asamblea Nacional, sin detenerse en ninguna de esas paradas intermedias -departamento, región-, se compara con la posible cesión a corto plazo de poderes reglamentarios a las unidades descentralizadas, evidentemente no puede negarse que parece que algo ha cambiado.

Pero también es interesante observar si las elites del Estado han modificado su concepción sobre las lenguas a lo largo de ese siglo y medio que separa el inicio de la política de exterminio lingüístico tras el triunfo de la Revolución, y la actual y constatada situación dramática de los idiomas minoritarios -o minorizados- en Francia.

A este respecto, a nivel local pueden constatarse evidentes cambios de mentalidad. Quizá sea ejemplificadora la actual posición de uno de los grandes políticos del País Vasco, el presidente del Consejo de Electos, Alain Lamassoure. Este antiguo ministro de la UDF fue el 'alma máter' de la reforma constitucional que en 1992 posibilitó que el artículo 2 de la Carta Magna señalase que «la lengua oficial de la República es el francés». Y si este diputado justificaba esta reforma para garantizar la presencia del francés frente al inglés, hoy en día no puede ocultar lo premonitorio del clamor de aquellos sectores que anunciaban que este artículo sería utilizado en contra de las 'otras' lenguas de Francia. En este sentido, uno de los instrumentos más preciosos en la defensa de estos idiomas, la Carta Europea de las Lenguas Minoritarias, a pesar de haber sido asumida desde un punto de vista restrictivo el 7 de mayo de 1999 por la Asamblea Nacional, sería declarada inconstitucional semanas después por el Consejo Constitucional en virtud del citado artículo.

En consecuencia, la reforma constitucional se presenta ante los ojos de los electos locales como el punto de partida de una nueva política lingüística que acabe con la paulatina agonía de las lenguas periféricas. Y paradójicamente, el redactor del artículo 2, se convierte, diez años después, y en calidad de representante de un Pays Basque (institucionalmente) virtual, en el máximo defensor de un nuevo cambio constitucional que permita la oficialización del euskara.

Y si, como vemos, las cosas se mueven a escala local, el centro no se inmuta ante los efectos de la política que lentamente, pero sin pausa, quirúrgicamente, pero sin anestesia, viene desarrollando desde hace dos siglos contra el bretón, el corso, el euskera, el occitano, el gascón.

Por esta razón, el pasado 22 de noviembre, la Asamblea Nacional rechazó una enmienda a la Constitución que planteaba el reconocimiento de las lenguas regionales, ya que según el Ministro de Justicia, Dominique Perben, supondría «un riesgo de división de la República». Y aunque electos como Bayrou -portavoz de la UDF- apoyasen la propuesta, otros representantes de la UMP, como Pascal Clement, mostraban el más rancio rostro del jacobinismo apuntando que «el reconocimiento constitucional de los 'patois' supondría una regresión en la unidad nacional».

Mientras tanto, en Iparralde, la mayoría de la población se muestra favorable a la enseñanza del euskera en la escuela y apuesta por la oficialización de esta lengua. Y como refleja la encuesta dada a conocer por el Consejo de la Lengua, se constata una tímida -aunque no suficiente- ruptura en la tendencia en el retroceso del uso del euskera.

En definitiva, como va siendo la tónica en esta nueva era, la sociedad civil se adelanta al Estado. Lo que hace falta saber es si para cuando éste responda, como en otras ocasiones, ya no será demasiado tarde como para evitar la desaparición de una parte del patrimonio de la Humanidad.

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