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Recortes de Prensa     Viernes 11 Julio  2003
Que vuelva Redondo
CARLOS HERRERA ABC 11 Julio 2003

Maragall no se ha ido
ALFONSO DE LA VEGA La Voz 11 Julio 2003

Paradoja diabólica vasca
RAFAEL ITURRIAGA NIEVA  El Correo 11 Julio 2003

El modelo Paco Vázquez
Antonio Jiménez La Razón 11 Julio 2003

Europa y el Bloque
ARTURO MANEIRO La Voz 11 Julio 2003

Rojo asume definitivamente su papel en Ferraz y dice que Oreja es uno de los problemas de Euskadi
Libertad Digital  11 Julio 2003

Acebes dice que todos cumplen contra ETA, menos el PNV
ARANJUEZ. ABC 11 Julio 2003

Estados Unidos: la hora del español
Julio Aguilar La Razón 11 Julio 2003
 

Que vuelva Redondo
Por CARLOS HERRERA ABC 11 Julio 2003

NO sé lo que pensará Gallardón, que tanto revolotea en todas las flores y que tanto juega al despiste, ni sé lo que pensarán los humildes hermanos franciscanos, tan soberbios ellos, que han sugerido cristianamente a un concejal amenazado por ETA, con suaves maneras de Fray Escoba, que no vuelva a su comedor a ayudar a los pobres porque «la presencia de un escolta incomoda a los demás» -¡cómo serán, entonces, los demás!-, ni sé lo que pensará Maragall, que tras su última barbaridad acerca de lo dura que le parece la política antiterrorista del Gobierno igual pide la aministía para los presos etarras, pero dos de las cabezas políticas más sensatas que los vascos han regalado a los demás españoles acaban de sugerir la necesidad de que los dos grandes partidos suscriban un nuevo pacto de carácter nacional en el que se comprometan a hacer frente a los diferentes desafíos nacionalistas que nos esperan, que no son pocos. Mayor Oreja tiene suficiente autoridad moral dentro de su partido y las probabilidades de influenciar en las decisiones del mismo son cuantiosas, pero Redondo Terreros no, y, conociendo cómo se las gastan los socialistas vascos del amigo López, es seguro que su propuesta vaya a caer en saco roto. Una lástima, claro, ya que, antes o después, los socialistas tendrán que afrontar la seria realidad que amenaza al Estado. No es la primera vez que se señala que si el PSOE quiere gobernar España va a tener que revisar a fondo las propuestas de alguno de sus miembros: las estupideces de Maragall, por ejemplo, pueden gustar mucho a un determinado sector nacionalista del PSC, pero en el conjunto territorial español gusta más Redondo y sus redondeces. Con las cosas de Pascual no se gana en Toledo o en Almería; con las de Redondo sí. Y eso no porque en Toledo o en Almería vivan en un retraso histórico o porque no tengan una conciencia nacional inmediata que llevarse a la boca, sino porque en esos lugares las prioridades son otras que jugar al monopoly de las naciones (aunque bien pensado, con las cosas de Pascual tal vez no se gane ni en Cataluña: puestos a elegir nacionalismos, los votantes catalanes pueden quedarse con la opción de siempre y más desde que Mas dice las cosas esas que dice de los inmigrantes).

Redondo Terreros, del que está de más decir -y dale con lo de «más»- que fue apartado del poder socialista vasco con la insana intención de acercarse al PNV y beneficiarse no sé cómo de ello, brinda a diario muestras de una sensatez política no excesivamente usual en territorios ideológicos de la «margen izquierda»: con una serenidad que exaspera a sus contrarios -fundamentalmente de su propio partido-, adelanta lo que habrá de ser el gran debate nacional de aquí a unos meses, cuando Ibarreche y sus secuaces lleven a la práctica sus amenazas. Llegará un momento en el que no cabrán más componendas circunstanciales y en el que no serán de recibo las excentricidades de algunos y los silencios de otros: eso lo saben los Bono, Chaves, Ibarra, Rubalcaba y compañía, es decir, los que no están de paso en estas cosas, los que no parecen turistas extraviados en el túnel de la risa. Todo el tiempo que pierda el PSOE en afrontar ese dilema entre la seriedad o el funambulismo es tiempo que deberá recuperar más tarde. Y puede que más tarde sea ya tarde: tarde para arrebatarle un espacio político a una derecha española a la que han dejado muy cómoda en su proyecto nacional. Que es, insisto, con lo que se ganan las elecciones.

Es decir, por el bien de todos, que vuelva Redondo. Que vuelva la sensatez.

cherrera@andalucia.net

Maragall no se ha ido
ALFONSO DE LA VEGA La Voz 11 Julio 2003

MARAGALL parece que ha iniciado su peculiar campaña para las próximas elecciones catalanas con un artículo, en su estilo sectario, criticando a Madrid a la federación socialista madrileña y al PP. Opina que el escándalo provocado por sus compañeros de partido en la Asamblea de Madrid puede pasarle no sólo factura al PSOE, y como ya se sabe que esto de España no da más de sí, la cosa no importaría demasiado, salvo en que lo pueda repercutir en su sagrada franquicia catalana que él disfruta. Y viene a decir que aunque Madrid no «se regenere políticamente» Cataluña está salvada si le vota en las próximas elecciones. Pero nuestro prohombre socialista a la catalana también se atreve a decir más: la deriva del gobierno popular ha devuelto la bandera republicana a las calles.

Resulta pintoresco esto de que los intentos gubernamentales de aplicar la legalidad constitucional tengan por consecuencia un auge del «republicanismo». Pero es que las ideas «republicanas» de Maragall y sus amigos del PNV, Ezquerra, etcétera, no tienen nada que ver con el genuino republicanismo histórico: laicismo, derechos civiles y sociales, igualdad ante la Ley de todos los ciudadanos de una única nación, justicia social dentro de un régimen capitalista liberal, y en consecuencia: jacobino. Sus ideas son más bien las del nacionalismo disgregador y antiliberal, de carlismo reconvertido. Se permite citar a Tarradellas, un republicano auténtico y por ello, leal a España, para criticar a la FSM. Pero un problema de la Segunda República fue precisamente que buena parte del PSOE, abandonando los planteamientos democráticos y constitucionales, se echó al monte del brazo de los comunistas o del separatismo. Si considera a Aznar como una amenaza, no debe ser por recoger el testigo de un Azaña capaz de gritar en el balcón del palacio de san Jaime: «¡catalanes, viva España!».

Paradoja diabólica vasca
RAFAEL ITURRIAGA NIEVA /PROFESOR DEL DEPARTAMENTO DE CIENCIA POLÍTICA DE LA UPV/EHU El Correo 11 Julio 2003

Podemos analizar la política vasca como un proceso circular del que se derivan, una y otra vez, resultados dañinos, es decir, como un 'círculo vicioso'. Ello implica que no establecemos una causa o 'culpa originaria'. Hecha, pues, esta advertencia comencemos por un episodio significativo: el nacionalismo introduce en la agenda política vasca, con el Pacto de Lizarra, una propuesta de ruptura del actual marco jurídico y político. Al hacerlo, es consciente de dos hechos de capital importancia: que el titular de la arquitectura constitucional cuya ruptura pretende, el pueblo español, va a oponerse a tal pretensión y que tampoco cuenta con un suficiente respaldo social entre los vascos que permita la escenificación de un conflicto Euskadi-España.

Los efectos de esta 'toma de conciencia' son, fundamentalmente, dos. El primero, la instauración de un comportamiento político irresponsable: dado que sé de antemano que mi proyecto no va a sufrir el inapelable 'test' de la realidad, puedo hacer cualquier propuesta con la tranquilidad de que no habrá de seguirse consecuencia alguna, lo que, por cierto, no es del todo así. Para empezar, al generarse expectativas destinadas conscientemente a su frustración, aumenta la insatisfacción y se refuerza un sentimiento identitario que encontrará la causa de sus males tanto en 'Madrid' como (y esto es lo peor) en el resto de ciudadanos, convertidos en el negativo espejo 'nacionalista español'.

Otro efecto colateral es la consolidación de una hegemonía política nacionalista que, sin embargo, es vivida como un indeseado subproducto. Se supone que para un partido cuyo proyecto implica una quiebra radical con el estatus político vigente lo lógico es una actitud de no participación, algo que deslegitimaría el sistema en mucha mayor medida. ¿Alguien podría imaginar una larga vida al Estatuto de Autonomía si las fuerzas nacionalistas estuvieran fuera del Parlamento vasco y al margen de los mecanismos normalizados de participación política? Curiosamente no es así. El PNV gestiona 'el sistema' para llevar a cabo una política 'antisistema', lo que produce dos nuevos efectos encadenados: por un lado que toda propuesta política eternamente frustrada, tiende a su mitificación. Más aún en un discurso político nacionalista, donde la proporción de elementos de naturaleza mitológica es ya sustancial desde un principio. Por otro, ocurre que en Euskadi, paradójicamente, es el propio discurso oficial el que lejos de afianzar la confianza en las instituciones, emite un desasosegante mensaje de permanente insatisfacción, centrando la atención en las deficiencias del sistema político autonómico y olvidando lo que tiene de esplendorosa realidad (Concierto Económico incluido).

Lo dicho no sería tan grave si los vascos fuéramos ciudadanos bien informados y dotados de espíritu crítico. ¿Es esto así? ¿Separamos el (poco) grano de la (mucha) paja? ¿Distinguimos entre información y propaganda? ¿Entre educación y adoctrinamiento ? Porque lo dramático es que entre los destinatarios de ese mensaje victimista hay personas que terminan por comprender, justificar, apoyar y, finalmente, practicar el terrorismo. Que el terrorismo sea una consecuencia no deseada del discurso nacionalista no exime de calibrar las derivaciones previsibles de tal política. Ésa es la ética de la responsabilidad.

El fenómeno terrorista provoca, por su parte, una potente reacción de las fuerzas políticas que son objetivo de ETA. Esta reacción tiene dos vectores : uno antiterrorista y otro antinacionalista. Es lógico que frente a propuestas nacionalistas surjan otras de cariz contrario, pero las políticas 'de respuesta', máxime cuando son excitadas por fenómenos como el terrorismo, corren el riesgo de incurrir en lo que prodríamos denominar 'sobrerreacción'. ¿Cuál es el resultado conjunto de estos cuatro fenómenos: insatisfacción, mitificación, terrorismo y sobrerreacción? El incremento del nivel de malestar o, dicho en el lenguaje político al uso, 'la crispación', algo que todos rechazan formalmente, pero que constituye un elemento sustancial de nuestra 'arena política' al que cada fuerza adapta su 'juego'. Curiososamente, cada uno de los actores parece tener una penetrante capacidad para detectar los 'aprovechamientos', las ventajas, de los demás ,es decir, lEn términos generales diríamos que un incremento de la tensión política será mas favorable para aquellos que a paja en el ojo ajeno.

planteen una salida radical que para quienes propugnen menores modificaciones del 'statu quo'. Aunque pueden rastrearse ventajas parciales a corto plazo. Así, por ejemplo, una cierta sobrerreacción antiidentitaria en Euskadi puede ser percibida en el resto de España como una manifestación de firmeza o puede ser de utilidad para anular matices entre fuerzas políticas constitucionalistas (estrategia de 'cerrar huecos'). La sobrerreacción (real o imaginaria) por seguir con ella, terminará por ser utilizada en la elaboración del discurso nacionalista, tanto del moderado como del violento. La mitificación político-cultural etnicista, por su parte, alimenta la paranoia social en la que fermenta el terrorismo, permite una identificación partidaria emocional (suficiente para muy amplias capas del electorado) y elimina el espíritu crítico, con lo que minimiza el desgaste del gobernante.

¿Y bien, entonces? ¿Es que en este laberinto diabólico que es la política vasca nadie podría encontrar un equilibrio mejor que el bloqueo en que vivimos? Posiblemente sí. En cualquier caso, la multidimensionalidad de la arena política vasca ( los partidos que confrontan entre sí compiten poco -no 'pescan' en los mismos pozos de votos- y los partidos que compiten se ven -por ello- obligados a no confrontar demasiado) hace que las propuestas más radicales sean atendidas en silencio (el 'seguidismo') o superadas en una espiral irresponsable.

Si no se hubiera extendido la desconfianza más absoluta entre las fuerzas políticas -que prefieren no arriesgar posiciones ante la más que posible deslealtad del resto- y si existiera un potente liderazgo social y político de alguien, como ocurrió en su día con el lehendakari Ardanza y la mesa de Ajuria Enea, que forzara un 'primer movimiento', otro gallo nos cantaría. Desgraciadamente no es así.

El modelo Paco Vázquez
Antonio Jiménez La Razón 11 Julio 2003

Tiene 57 años, es alcalde de La Coruña desde hace veinte, y dice que aspira a seguir 30 ó 40 años más en la Alcaldía. Sus triunfos electorales y su libertad de criterio le convierten en uno de los personajes de referencia del PSOE, distinto y distante a compañeros como la inquietante Ruth Porta o el desnortado Maragall, a quien sugiero que le escuche si no quiere dejarse los pelos del bigote en la gatera de las próximas elecciones catalanas: «El modelo de España está perfectamente definido en la Constitución y Maragall se empeña en marear la perdiz diciendo tonterías». Vázquez, como Redondo Terreros, opina que al nacionalismo hay que plantarle cara con un pacto en defensa de la Constitución y no ceder al chantaje de peneuvistas y convergentes que no dudarán en vender caros sus apoyos en Madrid. Contrasta la posición firme de estos cualificados socialistas con la de algunos compañeros que, como Maragall, se empeñan en llevar al PSOE a territorios que ya ocupa el nacionalismo, por tanto impropios para su estrategia, en vez de trabajar en los ámbitos de la igualdad y de la solidaridad siempre ligados al socialismo. Esto que defiende Vázquez con claridad de ideas y que seguro que comparte su secretario general ¿por qué no se lo traslada Zapatero a Maragall para que deje de enredar con reformas constitucionales innecesarias y modelos de Estado imprecisos?

Europa y el Bloque
ARTURO MANEIRO La Voz 11 Julio 2003

DESDE QUE está en el Bloque y es parlamentario europeo, Camilo Nogueira no para de presentar preguntas en la Cámara legislativa de la Unión Europea. Sus iniciativas quedan registradas en el Diario Oficial como el que se ha publicado el día 10 de julio. Allí aparece una recopilación de las realizadas en el período de un año. Camilo Nogueira pregunta, pregunta y pregunta en Europa con el mismo entusiasmo y constancia como lo hacía en Galicia cuando era parlamentario gallego. Sólo hay una diferencia, en Galicia las preguntas eran más pertinentes. Se dirigían a las personas y a las instituciones adecuadas. En las instancias europeas parece que está un poco descolocado.

Un recurso constante de los nacionalismos españoles es pretender que las instituciones europeas legitimen sus aspiraciones de diferenciarse de los Estados a los que pertenecen. Por eso plantean en el Parlamento europeo cuestiones que casi siempre deben resolverse en las respectivas naciones. En este sentido, es curioso ver como estos parlamentarios preguntan en Bruselas por las medidas que se van a tomar para paliar los efectos del Prestige, o por el trazado del AVE a Galicia, o de las modificaciones de la Constitución española, o sobre las operaciones urbanísticas del Real Madrid, o cuando no recomienda abrir negociaciones para un nuevo tratado con Marruecos aprovechando que dejan faenar a 64 barcos españoles para ayudar en la catástrofe de la marea negra.

No deja de llamar la atención que el parlamentario del Bloque se una a otros nacionalistas para poner en cuestión las recalificaciones urbanísticas que benefician al Real Madrid y tratar de implicar a las instituciones europeas en el proceso. O que trate de implicar a Europa en el trazado del AVE a Galicia. Llama la atención porque en casi todas las respuestas que reciben, la contestación siempre les remite a los gobiernos de sus respectivas naciones, les reafirma la legitimidad que tiene cada Estado para tomar decisiones en estas materias, les vuelve a indicar una y otra vez que todo lo que plantean en Europa se debe resolver en sus Administraciones.

Es decir, ante el empeño de los nacionalismos por abrir brecha en Europa y colarse como entes distintos a los de su nación, la respuesta constante de las instituciones europeas es ponerles en su sitio una y otra vez. Es decirles que sus planteamientos no son cosa de Europa sino de su propio país. En las respuestas se detecta una infinita paciencia de los responsables de la Comisión al contestarles con frases como: «Esto ya se lo hemos indicado en las contestaciones tales...», «como reiteradamente le hemos indicado por escrito...". Sin embargo, en el caso de Camilo Nogueira está bien elegido, nadie es más incansable que él en mantener los mismos planteamientos, para hacer las mismas preguntas, para insistir, insistir, insistir.

Rojo asume definitivamente su papel en Ferraz y dice que Oreja es "uno de los problemas de Euskadi"
Libertad Digital  11 Julio 2003

Si hay dos políticos vascos que no han cambiado su diagnóstico son Jaime Mayor y Nicolás Redondo. No ha ocurrido lo mismo con el socialista alavés Javier Rojo desde que ocupó el cargo de su compañero defenestrado en la Ejecutiva de Ferraz. Ahora dice que Oreja es parte del problema y que dudar del PNV va contra la Ley de Partidos. A Redondo le recuerda que para frenar al nacionalismo ya está el Pacto Antiterrorista. Olvida el episodio de Navarra.

En el origen de todo está la frustración de un político que quería convertirse en diputado general de Álava. De hecho, era la moneda de cambio para aupar a Alfonso Alonso a la alcaldía de Vitoria siguiendo la consigna del “no les va a salir gratis”. En nada se parece este clima al que se respiraba cuando Nicolás Redondo dirigía el PSE y se avistaba la alternancia real al nacionalismo vasco. Pero coincidir con Mayor Oreja en la defensa de la libertad le costó el puesto, sentenciado por PRISA y ejecutado por Ferraz –aunque Zapatero presumiera de suscribir la política de Redondo de cabo a rabo– en una campaña sin precedentes. Por aquél entonces, Rojo parecía el sucesor natural de Redondo junto a Rosa Díez y socialistas coherentes como Carlos Pera o Carlos Totorika. Pero en poco tiempo, Rojo ha sucumbido ante el propio Patxi López –que por cierto, parece desaparecido de la escena– y ante la tradicional ansia de gobernar del PSOE de Madrid. El puesto que dejó vacante Redondo en la Ejecutiva, lo ocupó Rojo.

Este miércoles, Mayor y Redondo volvían a poner el dedo en la llaga con los argumentos de siempre: la Constitución, el Estatuto y la unidad de España. En el otro lado, el peligro real de un plan que ya está en marcha y que supone la ruptura total de las instituciones, el Plan Ibarretxe. Por eso Mayor Oreja dijo en Aranjuez que el PNV “ya no actúa como un partido político sino como un movimiento nacionalista”. Y por eso, Redondo abogó –coincidiendo con él– por un “gobierno fuerte”, una mayoría absoluta que no esté tentada de pactos con los nacionalistas (también en Cataluña, que prepara un Estatuto igual de rupturista). Reconoció Redondo que la idea perjudica al PSOE, pero –en esto hace tiempo que perdió los complejos– beneficia a España.

Oreja es el problema y Redondo confunde a la opinión pública
Con este horizonte, Javier Rojo no ha dudado en arremeter contra los dos, su adversario y su ex jefe. De las apreciaciones de Oreja sobre el PNV dice que es "ir contra la ley de partidos que determina claramente que aquí no se persiguen ideas sino comportamientos y actitudes”. En declaraciones a la agencia EFE, explicó que "las ideas, cada uno las que quiera, más o menos radicales, pero todas democráticas, y lo que hay que hacer es que todo el mundo esté en los principios de nuestro ordenamiento jurídico, y si no, instrumentos tenemos".

Pero las acusaciones y reproches fueron creciendo: "no hace falta que (Oreja) nos aconseje tanto. Le pedimos que se comporte como un partido democrático, porque la pluralidad existe, aunque el señor Mayor Oreja no crea en ella". Empieza a coincidir con quien nunca antes lo había hecho. Hay más: "uno de los problemas que tenemos en Euskadi es él. Mayor Oreja es parte del problema, por esa actitud tan dogmática que adopta como presidente del PP, donde todo el que no piensa como ellos parece que no tiene sentido que haga política en Euskadi".

Invocar el Pacto Antiterrorista aunque se viole
Por otra parte, Rojo contestó también al ex secretario general del PSE Nicolás Redondo Terreros, que abogó por un pacto PP-PSOE en defensa de la Constitución y por un acuerdo entre ambos partidos para que tras las próximas elecciones ninguno de ellos pacte con partidos nacionalistas que quieran superar el marco constitucional. Rojo aseguró que "me parece un error que se pueda confundir a la opinión pública sobre los acuerdos que el PSOE tiene que hacer con el PP".

En este sentido, el socialista alavés recurre al Pacto Antiterrorista como la solución que se dieron PP y PSOE olvidando que desde entonces, el PSOE se ha encargado de ponerlo en la cuerda floja en situaciones muy concretas, la última, llegar al poder municipal en Navarra con el apoyo de independentistas, no ya del PNV sino hasta de plataformas abertzales. Dice Rojo que "el pacto por las libertades y contra el terrorismo garantiza plenamente el que van a prevalecer los principios constitucionales y el ordenamiento jurídico que tenemos. Está escrito todo ya, y no creo que el PSOE deba suscribir ningún nuevo pacto con el PP, porque ya está inventado lo que había que hacer".

Una vez que está "garantizada" esa unidad frente a una posible quiebra constitucional, Rojo matizó que "el PSOE es un proyecto autónomo, con su propia política, que lo que tiene que aspirar es a ser la alternativa al PP en España y ser la alternativa democrática al nacionalismo". El problema es que la premisa de que está garantizada la unidad se ha demostrada falsa.

Acebes dice que todos cumplen contra ETA, menos el PNV
ARANJUEZ. ABC 11 Julio 2003

El ministro del Interior, Ángel Acebes, sostuvo ayer que el entramado de ETA atraviesa por un momento de «desorientación», aunque advirtió que «sigue teniendo capacidad para cometer atentados y además, los cometerá», ya que «es la única forma en que una organización terrorista se hace presente».

En su diagnóstico de la situación, Acebes explicó a los estudiantes que asisten a un curso de la Fundación de la Universidad Rey Juan Carlos, de Aranjuez, que el Estado de Derecho «avanza y ETA retrocede». No obstante, quiso transmitir un mensaje de prudencia, ya que «mientras ETA no esté totalmente derrotadada, no cabe el más mínimo triunfalismo». Todo ello para recordar que ante los criminales no hay que ceder ni un «ápice» de las libertades.
Acebes tuvo palabras de crítica y reproche para los dirigentes del PNV. Así, recordó que tras la aprobación de la ley de Partidos, la formación de Arzalluz «enarboló la bandera del victimismo» para decir que «el objetivo» era «la ilegalización» del nacionalismo. Comentó asimismo que el Estado de Derecho ha permitido «avances» en la lucha contra el terrorismo «porque cada uno ha hecho lo que debería hacer». Todos «menos el PNV, que no ha estado a la altura de las circunstancias respecto de este proceso de avance contra el terrorismo», manifestó.

El ministro del Interior quiso tener un recuerdo para las víctimas del terrorismo que son las que «han dado el mayor ejemplo en España de fortaleza y de convicciones democráticas en el Estado de Derecho para derrotar a ETA». Con ellas, dijo, la sociedad tiene una «deuda permanente e indefinida».

Estados Unidos: la hora del español
Julio Aguilar es doctor en Historia La Razón 11 Julio 2003

La oportunidad del idioma español se llama Estados Unidos. Máxime cuando nuestro tiempo es el de la información y ése es el país de la información por antonomasia. Es el castellano la segunda lengua en su expansión por el mundo, empleada por unos cuatrocientos millones de hablantes. Su presencia en Asia, África y Oceanía es testimonial. España tiene unos cuarenta millones de habitantes. Así que nueve de cada diez personas que utilizan el español viven en América. Aparte de puntos dispersos (Miami, Nueva York), el mundo americano hispano hablante extiende su poderosa influencia desde el suroeste estadounidense hasta la Argentina, de manera ininterrumpida y con una homogeneidad ausente en otros idiomas.

Si el mundo habla hoy preferentemente inglés no es por la pequeña isla europea, sino por el empuje de la nación que representa el presidente Bush. Ésa es su única lengua oficial. Pero precisamente es en los Estados Unidos donde tiene el español un campo abierto a su expansión. Se calcula que hay actualmente unos 30 millones de personas que se expresan en castellano allí. Es una cifra aleatoria, en constante cambio al alza. Los hispanos de los Estados Unidos son más prolíficos que el resto de sus conciudadanos, con lo cual podemos suponer que su número irá creciendo en términos absolutos y relativos. El número de hispanos, aclaremos, no necesariamente el de hispano hablantes. Porque podría producirse una pérdida de las raices lingüísticas en las nuevas generaciones, que ven en el dominio del inglés una tabla de salvación para su inserción en el «sueño americano» (así llaman a lo que sólo es «sueño estadounidense»). Pero, con todo, los estudios de algunos expertos señalan que hacia el año 2050 casi la mitad de los pobladores de aquella gran nación hablará español.

Ese porcentaje altísimo supondría la condición bilingüe de la primera potencia mundial. El «peligro» hace tiempo que lo barruntan sus autoridades. Y quieren hacerle frente con la política del «English only». La sociedad anglosajona estadounidense, todavía anteayer por la noche racista hasta la médula, contempla con pavor esta evolución. La encaran como un problema, como una invasión intolerable. Y aquí no me resisto a realizar un comentario: la mayor parte de esa masa estadounidense que se expresa en español viene de México. Ahora bien, el México independizado de España, en 1821, ocupaba una superficie mayor del doble de la actual. Ese espacio que el cine ha mitificado, «el salvaje Oeste», fue, después de indio, español. Luego mexicano, y finalmente conquistado por los Estados Unidos a su débil, corrompido y desorganizado vecino. Su inmensa geografía está adornada por rientes nombres que delatan quiénes fueron los europeos que recorrieron aquellas tierras antes de que sus horizontes límpidos e interminables se abrieran al apetito de los americanos anglosajones: Nevada, Colorado, Florida, Los Ángeles, San Francisco, Fresno, Amarillo, La Joya, Monterrey, Las Vegas, Sacramento, Santa Fe, por citar sólo algunos de los más conocidos. La condensación de topónimos de raigambre castellana es incluso superior a la que presentan amplias zonas del mismo México, del Perú, de Colombia, porque en el Oeste los españoles actuaron sobre un escenario poco menos que virgen, en el que no existían fuertes comunidades indias ni por lo tanto ciudades. Eran espacios casi vacíos, habitados por una débil población nómada.

Valga este apunte histórico para decir que esos «espaldas mojadas» tratados como extraños tienen tanto derecho a residir allí como quienes los quieren «devolver a México» u obligarlos a dejarse por el camino sus señas de identidad lingüística si desean acercarse al «american way of life», siquiera sea para nutrirse de las migajas.

Porque la frontera de Río Grande es una vergüenza para México. Y su idioma natural, perdidas las raices indias, es el español. No se trata, pues, de una invasión, sino de una recuperación, aunque la Historia quiere que sea compartida con el inglés. Bien, es lo justo. Así deberá ser, en beneficio de todos. Si un reto del español es su encaje en la sociedad de la información, su presencia en los Estados Unidos supondrá un decisivo progreso para este verbo que nació en San Millán de la Cogolla. O en el mismo límite del actual País Vasco, si se aceptara su nueva cuna de Valpuesta (tesis de algunos investigadores de la Universidad Vasca), pueblecito burgalés casi rodeado por Álava. Curiosamente, sea riojano o burgalés, el origen está más cerca de Vasconia que de ese solar del purismo castellano que es Valladolid. No han de extrañar, pues, sus similitudes fonéticas con el euskera.

El dulce momento de la relación entre Bush y Aznar debería poner sobre el tapete esta cuestión del idioma, más decisiva a medio o largo plazo que el de las alianzas políticas y económicas.

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