AGLI

Recortes de Prensa     Martes 15 Julio  2003
Otra trampa nacionalista
Editorial La Razón 15 Julio 2003

La cosa tiene nueces
Lorenzo Contreras La Razón 15 Julio 2003

Uso a conveniencia
Cartas al Director El Correo 15 Julio 2003

A Miguel Ángel
Cartas al Director El Correo 15 Julio 2003

Aznar, los nacionalismos y los hispanos
JOAQUÍN ROY  El Correo 15 Julio 2003

El TSJ vasco se «saltó» a 18 jueces que estaban antes que los dos afines al PNV elegidos para el caso Atucha
J. Prats / F. Velasco - Madrid.- La Razón 15 Julio 2003
 

Otra trampa nacionalista
Editorial La Razón 15 Julio 2003

En el proyecto ideado por el nacionalismo vasco no cabe hacer otra cosa que seguir religiosamente la senda marcada por Arzallus e Ibarreche. Y esto es válido para todos en el País Vasco, incluidos los jueces que sólo merecen el calificativo de «independientes» cuando siguen el camino, apoyan la causa de una «justicia vasca». Al contrario, se hacen merecedores de persecución política, amenazas tácitas, intimidación y descalificaciones cuando los magistrados son realmente independientes y no están dispuestos a prevaricar y aceptar los intereses nacionalistas como una prueba de cargo en sus sentencias. Sus bravatas, sus insultos y acusaciones de manipulación no son más que una queja-trampa que no persigue una justicia independiente, sino que ante todo busca evitar que su plan de control de la judicatura, su propia manipulación, quede oculta entre el volumen del griterío.

El fiscal del Estado es garante de la legalidad y estaba obligado a recurrir al Consejo General del Poder Judicial al considerar que el nombramiento de nuevos magistrados para dirimir la querella contra Atucha se hacía de forma torticera o sin las mínimas garantías. Por eso el máximo órgano de los jueces ha actuado con prontitud y con acierto, sin dejarse intimidar, ha suspendido cautelarmente la llamada Sala de Discordia. Era la única forma de impedir la formación de un tribunal bajo sospecha, que olía a politización y daba pie a una posible anulación de la causa.

La cosa tiene nueces
Lorenzo Contreras La Razón 15 Julio 2003

Jaime Mayor Ore ja sostiene que la secesión de País Vasco está ya incoada y, por tanto, prácticamente en marcha por vía de desobediencia institucional continua. Se ha oído algún clamor contra esas palabras, pero las críticas no han arreciado mucho, tal vez porque Javier Arzalluz, en declaraciones a un periódico nacionalista catalán, repite que la independencia llegará y que es mejor hoy que mañana. Además, no hace falta que Arzalluz haya manifestado tal cosa, porque la sensación de evidencia que late, tras un mundo de intenciones independentistas, ahorra un exceso de explicaciones sobre un futuro que se va atisbando. Mientras tanto, Manuel Pimentel, ex ministro de Trabajo y pionero en dimisiones dentro de la Administración Aznar, considera «estrategia demencial» la política que iguala al PNV con ETA, lo cual no es tan demencial en punto a objetivos, aunque a escala de procedimiento pueda pensarse que no hay equivalencia posible. Cosas de Pimentel. Ha olvidado que fue el propio presidente del partido nacionalista quien, en su día, fabricó y lanzó la metáfora del árbol que unos agitan y las nueces que otros –ya se sabe quiénes– recogen. Cabe imaginar que para el señor Pimentel es la banda terrorista la que agita el nogal, salvo que atribuya esa operación al PP, al PSOE y a cuantos razonablemente observan la realidad, la temen y la describen.

En una situación de sistemáticas mentiras y deformaciones, ya no procede asombrarse. Por ejemplo, a propósito del conflicto surgido entre el Poder Judicial y el Tribunal Superior del País Vasco por la querella contra Atucha, Emilio Olabarría, parlamentario nacionalista y antiguo miembro del Consejo General del Poder Judicial, ha declarado que existe «un pulso entre una justicia vicaria y sumisa al Gobierno y una justicia de verdad, independiente y configurada por magistrados de experiencia y neutrales».

¿Cómo? ¿Mande? En el conflicto mencionado, ¿cuál es la justicia verdadera, independiente y neutral? No será la justicia vasca en su conjunto, tan mediatizada ella por la presión osmótica de la política nacionalista. Podrá haber, admítase, jueces –algunos– adornados con esas cualidades en el asunto concreto de la querella contra Atucha y compañía por la desobediencia al Tribunal Supremo. Puede ser, puede ser. Pero, ya que hablamos en términos botánicos, serán nueces contadas. Es decir, habas, que da lo mismo.

El señor Olabarría no ha dicho la verdad completa. Ha intentado distinguir lo indistinguible: jueces buenos en Euskadi y jueces malos fuera de la campaña neumática del País Vasco. Y si hay algún mundo político donde la justicia, como dijera el alcalde de Jerez, Pedro Pacheco, tiende a ser «un cachondeo», ese riesgo parece más acusado allí donde el miedo y la coacción abundan y proporcionan fisonomía al conjunto.

Uso a conveniencia
José Javier Solabre Heras/Pamplona Cartas al Director El Correo 15 Julio 2003

El Parlamento vasco, con Atutxa a la cabeza, lanza otro pulso al Estado español, del que forman parte, pero del que parecen no desear atender sus requerimientos judiciales fruto de sentencias justas. Se aprueba un documento, que lejos de retroceder en las intenciones de no acatar lo resuelto por los más altos tribunales, plantea defenderse de la intromisión del Estado. El Tribunal Supremo no se entromete en casa de nadie. Es Supremo por tener competencia para dirimir en cualquier casa. El Parlamento vasco, igual que en su día estuvieron haciendo los componentes de HB y batasuna, quiere hacer uso de las instituciones del Estado para lo que les conviene y no para lo que les obliga: a ejercer unas funciones de ejecución de una sentencia que les impone el deber de proceder a la disolución de la plataforma Sozialista Abertzaeak

A Miguel Ángel
Joseba Urízar Aldecoa/Getxo. Vizcaya Cartas al Director El Correo 15 Julio 2003

Miguel Ángel, han pasado ya seis años desde que unos 'valientes' gudaris te secuestraron, torturaron y asesinaron. Desde que los socios de los gudaris brindaron con champán y desde que los amigos de éstos cerraron los ojos para no ver la monstruosidad cometida. Seis años después de tu muerte los recolectores de nueces siguen a lo suyo. Hace tiempo que no disimulan sus intenciones, y hacen lo posible y lo imposible para que los que te mataron sigan moviendo el árbol, pues saben que sin su ayuda ellos no son nada, como saben los gudaris que sin la complicidad y ayuda del 'nacionalismo democrático' durarían dos días. Con este estado de cosas, Miguel Ángel, los vascos que pensamos como tú lo tenemos fatal. Tu muerte pudo haber cambiado las cosas en este país, pero Arzalluz se encargó de que eso no ocurriera, eligiendo el peor de los caminos, la huida hacia adelante. Mucho me temo que al final del camino haya un precipicio.

Aznar, los nacionalismos y los hispanos
JOAQUÍN ROY /CATEDRÁTICO 'JEAN MONNET' Y DIRECTOR DEL CENTRO DE LA UNIÓN EUROPEA DE LA UNIVERSIDAD DE MIAMI El Correo 15 Julio 2003

Toda política es local, dijo una vez un sabio presidente estadounidense. Nada tiene de extrañar que el presidente Aznar, en su gira por Centroamérica y algunos estados 'hispanos' de los Estados Unidos haya mandado mensajes en clave ibérica. Pero si algunos hubieran esperado que tratara el tema de la corrupción, pocos se podían imaginar que se descolgaría con aludir el tema de los nacionalismos usando como punto de referencia la, según su análisis, excelente integración de los hispanos en los Estados Unidos. En lugar de sentirse incómodos en una España coherente, los nacionalistas (se supone que vascos y catalanes) deberían observar el ejemplo de los hispanos, quienes sin renunciar a su origen se han integrado en el proyecto común.

De salida, lo primero que logró es que algunos de los 'hispanos' -por la comparación hecha por él- del Reino Desunido de España se sintieran aludidos. Jordi Pujol se encargó tempranamente, desde la Cataluña profunda, en restallar contra el modelo aznariano tildándolo de discípulo del Conde Duque de Olivares y franquista.

Lo curioso de toda esta polémica, perfectamente medida en sus consecuencias por el propio presidente del Gobierno -de lo contrario no la hubiera lanzado- es que no se sabe bien si el ejemplo de los hispanos se refería específicamente a algunos de los 'nuevomexicanos' aludidos a en su discurso, a los 'chicanos' de raiz exclusivamente mexicana, o a los generalmente llamados 'hispanos' (quienes en muchos lugares prefieren ser llamados 'latinos'). En segundo lugar, Aznar no aclaraba qué tipo de nación los hispanos habían adoptado, ni siquiera qué modelo de nación pueden compartir Estados Unidos y España. Naturalmente, el discurso tampoco aclaraba cómo vascos y catalanes (y gallegos nacionalistas, y otros incómodos habitantes de la España aznariana) se comparaban con los 'hispanos', sin que el ejercicio de ponderación levantara resquemores.

Si la referencia a los 'nuevomexicanos' se hacía exclusiva o primordialmente con la mira puesta en los que en Nuevo México gustan de llamarse 'españoles', conviene precisar que comprenden un sector minoritario, notablemente conservador y nostálgico, de descendientes de los estrictamente españoles que luego de la conquista de Estados Unidos decidieron, o se les permitió, quedarse en los nuevos territorios de la Unión arrebatados a México. Con la excepción del reconocimiento orgulloso de su origen, son esencialmente tan 'estadounidenses' como cualquier ciudadano del sur de los Estados Unidos. Más proclives a las tesis del partido Republicano, están escorados a la derecha. Su 'integración', por lo tanto, no es tal, ya que su escenario natural es precisamente Nuevo México, desde que ese territorio se convirtió en Estado.

Aunque sería exagerado decir que están divorciados de ellos, los 'españoles' de Nuevo México mantienen una distancia, entre prudente y desdeñosa, de los 'latinos' en general, y sobretodo de los que fácilmente pueden ser etiquetados como 'chicanos', fácilmente rastreables en su origen a México. Para decirlo de alguna manera ibérica, en consonancia con el discurso aznariano, unos serían hispanos 'viejos' y otros 'nuevos'. Pero lo que distingue fundamentalmente a unos de los otros, es que los 'españoles' siempre estuvieron allí, mientras que los 'latinos' inmigraron en su mayoría recientemente.

Como que no se sabe si la comparación de Aznar se refería a los 'españoles' de Nuevo México, pero más parece ser que aludía a los 'hispanos' (o latinos) en general, resulta obvia la diferencia con los reticentes 'hispanos' de Iberia. Ahora resultaría que los 'xarnegos' no son los inmigrantes en Cataluña, sino todos los que tozudamente deciden mantener una identidad, y se sienten incómodos en el corsé de una España jacobina.

Pero lo que en rigor se distorsiona en el ejercicio comparativo es el concepto de nación al que de veras los hispanos, de buena gana u obligados por el hambre, se adhieren, bien que mal. Se trata de un nacionalismo de opción, de elección, pero no distinto del elegido por el resto de los estadounidenses. En un país sin ideologías, esta es paradójicamente su ideología: una nación de libre elección. Es el extremo de la étnica, cultural, racial, lingüística. Lo verdaderamente revolucionario es que si en el pasado se esperaba que el inmigrado se olvidara de su herencia, ahora se hace la vista gorda, con sentido pragmático. De ahí que los hispanos parezcan bien integrados, porque no olvidan su origen.

Este modelo, nada perfecto, también se halla en las antípodas de la nacionalidad impuesta, desde arriba. Lo curioso de la comparación entre esta variante, en comparación con la étnica (alemana) y la cívica (francesa, o norteamericana) es que en el fondo los ciudadanos creen en la fatalidad de la herencia o en la fuerza de la elección, mientras que en el nacionalismo que no se basa ni en una ni en otra tradición, nadie en el fondo se lo traga. Ya lo dijo una vez Cánovas del Castillo: «son españoles los que no pueden ser otra cosa». Ahora, al parecer, podemos ser 'nuevomexicanos'.

El TSJ vasco se «saltó» a 18 jueces que estaban antes que los dos afines al PNV elegidos para el caso Atucha
De acuerdo con la composición de las Salas de lo Contencioso y de lo Social del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco, y con el número que ocupan sus magistrados en el escalafón de la Carrera Judicial, hay en la actualidad 18 magistrados con menor antigüedad que dos de los elegidos por Manuel Zorrilla para decidir sobre las querellas contra Atucha. Según la Ley del Poder Judicial, para estos casos la preferencia para elegir es del magistrado más moderno frente al más antiguo en la Sala. Como ya adelantó el domingo este diario, el CGPJ suspendió ayer la composición de la «Sala de Discordia» nombrada por Zorrilla, ante su «presumible irregularidad», según dijo ayer Enrique López, portavoz del Consejo del Poder Judicial.
J. Prats / F. Velasco - Madrid.- La Razón 15 Julio 2003

El presidente del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco, Manuel Zorrilla, no tuvo en cuenta a la hora de elegir a dos de los tres magistrados que iban a componer la «Sala de Discordia», para decidir sobre las querellas presentadas contra Juan María Atucha, el criterio de antigüedad que marca la Ley Orgánica del Poder Judicial (LOPJ) en estos casos, es decir, la preferencia de los magistrados más modernos de la Sala frente a los más antiguos, según confirmaron ayer a LA RAZÓN fuentes del CGPJ. De acuerdo con la Ley del Poder Judicial y el número que ocupan en el escalafón de la Carrera Judicial los miembros de las distintas Salas, hay en la actualidad 18 magistrados con menor antigüedad que dos de los elegidos por Zorrilla. En concreto, el presidente de la Sala de lo Contencioso-Administrativo, Enrique Torres, ocupa el número 1 en el escalafón, y de hecho se jubilará el próximo mes de octubre. Asimismo, Manuel Díaz de Rábago es el magistrado de mayor antigüedad de la Sala de lo Social, de la que es presidente, ocupando el número 510. La única que cumple los criterios exigidos es María Abelleira, que, con el número 3.170, es la más moderna.

La LOPJ también indica que se debe tener en cuenta si los magistrados elegibles tienen o no señalamientos, aunque fuentes jurídicas precisaron ayer que este criterio, en la práctica, no se tiene en cuenta, pues todos los jueces tienen señalamientos pendientes. Como ya adelantó este diario el pasado domingo, la Comisión Permanente del Consejo General del Poder Judicial acordó ayer por unanimidad de sus cinco miembros la suspensión cautelar de la polémica «Sala de Discordia» por la «presumible irregularidad» de su composición, según aseguró ayer el portavoz del órgano de gobierno de los jueces, Enrique López, quien destacó el hecho de que Zorrilla acordase la composición del Tribunal a través de una providencia, cuando es un asunto netamente gubernativo o de organización interna, y no jurisdiccional.

La Comisión ha considerado necesaria la suspensión cautelar ante el hecho de que la Sala impugnada por el fiscal se iba a reunir ayer mismo para resolver las querellas contra Juan María Atucha. La suspensión se mantendrá hasta que el pleno del Consejo, previsiblemente el próximo día 23, decida sobre el fondo del recurso de alzada presentado por Fiscalía contra el acuerdo de Zorrilla. De momento, el presidente del TSJ vasco tiene 5 días para presentar las alegaciones correspondientes. Además de éstas, el CGPJ ha pedido al Tribunal los acuerdos de su Sala de Gobierno respecto a los turnos de llamamiento de jueces, para poder comprobar si la elección realizada se ajusta a la legalidad. Ésta no será la primera vez que el Consejo del Poder Judicial se pronuncie sobre los turnos del TSJ vasco. En julio de 2001, la propia Comisión Permanente ya advirtió a Manuel Zorrilla que debía atender «al turno a que se refiere el art.199 de la Ley Orgánica y, dentro de él, serán preferidos los magistrados que se hallaren libres de señalamiento y, entre estos, los más modernos», según el texto aprobado entonces por el Consejo del Poder Judicial.

Insultos de Azcárraga
Por su parte, el consejero de Justicia del Gobierno vasco, Joseba Azcárraga, acusó ayer al CGPJ de realizar «actuaciones mafiosas» y de estar supeditado al Partido Popular. «Esto funciona como la mafia, es decir, yo conformo el órgano que me va a dar la razón, porque si no me da la razón enseguida, lo cambio», dijo. En la misma línea, el PNV aseguró que la decisión es una «injerencia» y demuestra que las querellas contra Atucha tienen un carácter «político». Asimismo, Gaspar Llamazares (IU) acusó al Gobierno de sembrar «la discordia» en vez de buscar la solución institucional al problema entre el Parlamento vasco y el TS, y le acusó de vulnerar la división de poderes.

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