AGLI

Recortes de Prensa     Jueves 24 Julio  2003
Ni libres, ni asociados
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 24 Julio 2003

El precio de la secesión de Euskadi
MIKEL BUESA  ABC 24 Julio 2003

El disparate
Germán Yanke Libertad Digital  24 Julio 2003

Ruptura obligatoria

FRANCISCO JOSÉ LLERA ABC 24 Julio 2003

El grano y la paja
CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC 24 Julio 2003

Comunidad Libre Asociada Panocha
JAIME CAMPMANY ABC 24 Julio 2003

Eta y olé
David Gistau La Razón 24 Julio 2003

Plan Ibarreche e impavidez de Aznar

Lorenzo Contreras La Razón 24 Julio 2003

ETA: no sólo la solución policial

EDITORIAL Libertad Digital  24 Julio 2003

Estatuto de libre secesión
FERNANDO ÓNEGA La Voz 24 Julio 2003

La dictadura del PNV
Editorial El Ideal Gallego 24 Julio 2003

Propuesta de ruptura
Editorial El Correo 24 Julio 2003

Hagamos ruido
ANTONIO ELORZA El Correo 24 Julio 2003

Comunidad libre asociada de Euskadi
José Cavero El ideal Gallego 24 Julio 2003

Estamos preocupados
JOSÉ MARÍA DOMINGO El Correo 24 Julio 2003

Ibarretxe-1 Alicante-0
Francisco García Diego La Razón 24 Julio 2003

Señas de identidad

Cartas al Director ABC 24 Julio 2003

Los terroristas y las palabras
Amando de Miguel Libertad Digital  24 Julio 2003

Fundamentalismo
Cartas al Director ABC 24 Julio 2003

Sobre el Plan Ibarretxe

Cartas al Director ABC 24 Julio 2003

Tocata y fuga de Ibarretxe

IGNACIO CAMACHO ABC 24 Julio 2003

La endogamia de ETA
VASCO PRESS/BILBAO El Correo 24 Julio 2003

¡Viva el Québec canadiense!
PEDRO RODRIGUEZ ABC 24 Julio 2003

Cambio de planes
Cartas al Director El Correo 24 Julio 2003

Campaña de verano
Cartas al Director El Correo 24 Julio 2003

Que escuchen
Cartas al Director El Correo 24 Julio 2003

«España vive la descentralización más fuerte de Europa», asegura Álvarez Junco
Marta Borcha - Santander.- La Razón 24 Julio 2003

Aznar y Zapatero tildan de «disparate» e «inaceptable» el plan de Ibarretxe

MADRID / BILBAO. C. DE LA HOZ / M. ALONSO ABC 24 Julio 2003

Aznar dice que el «disparate» del plan Ibarreche tiene «cero» posibilidades de salir adelante
Carmen Morodo - Madrid.- La Razón 24 Julio 2003

Todos los constitucionalistas rechazan la ofensiva del PNV y Mayor Oreja recupera el artículo 155

J. Arias Borque - Bilbao.- La Razón 24 Julio 2003

UPN pide a los nacionalistas que «dejen en paz a Navarra»

ABC 24 Julio 2003

José Juan Toharia: «El plan de Ibarretxe olvida que no sólo son vascos los nacionalistas»
JESÚS LILLO ABC 24 Julio 2003

El Gobierno exige la restitución de la bandera de España en el Ayuntamiento de Manresa
EFE Libertad Digital  24 Julio 2003

El CGPJ anula la composición de la Sala de la Discordia por la falta de objetividad de Zorrilla

EFE Libertad Digital  24 Julio 2003

Ni libres, ni asociados
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 24 Julio 2003

El proyecto totalitario del PNV, inseparable del de la ETA, ha dejado de ser una idea más o menos clara en la mente de los que contemplan el desarrollo del nacionalismo vasco para convertirse ya en un articulado coherente que dibuja con absoluta claridad el futuro del País Vasco y de España. Si nos dejamos, claro. Porque el modelo de sociedad de lo que el PNV llama Comunidad Libre Asociada, no puede ser más tenebroso. Ni Comunidad, porque desde el principio se expulsa de la comunidad política a los vascos que no sean separatistas; ni Libre, porque si ya ahora los no nacionalistas carecen de libertad, en el futuro separado aún tendrían menos libertad que ahora; ni Asociada, porque España dejaría de existir como tal si aceptase el órdago de Ibarreche, de forma que los nacionalistas no tendrían con qué asociarse.

Por supuesto, a ellos les importa muy poco esa situación. En rigor, es lo que buscan, aunque el estropicio causado por el envite separatista pudiera producir tal cantidad de cascotes autoritarios que quedarían automáticamente sepultados. Pero es necesario que en España la ciudadanía entienda que estamos ante algo que no cambia radicalmente la vida cotidiana de los españoles del País vasco sino de los españoles en general. Si se acepta la disolución de la soberanía nacional, desaparece la base del orden constitucional. Y si desaparece el orden constitucional, ninguna legalidad es posible ni ninguna libertad está garantizada por la Ley.

Si el Plan Ibarreche triunfara, no sólo los vascos serían segregados, esclavizados y aislados de España, Francia y el resto de Europa. Tampoco los españoles seríamos libres, ni podríamos asociarnos entre nosotros, porque el vínculo nacional, inseparable de nuestras libertades, habría desaparecido. Conviene tener claro este principio si se quiere evitar el trágico final que nos reserva el plan de los hijos de Sabino Arana y que no es otro que el de la antigua Yugoslavia.

El precio de la secesión de Euskadi
Por MIKEL BUESA. Catedrático de Economía Universidad Complutense de Madrid ABC 24 Julio 2003

DICHO sin tapujos y huyendo de cualquier eufemismo, el Plan Ibarreche, tal como se expresa en el texto articulado del «Estatuto político de la Comunidad Libre Asociada de Euskadi», no es sino un proyecto para la secesión del País Vasco, para hacer de él un nuevo Estado. Se trata de un proyecto en dos tiempos: el primero, que ahora conocemos en la precisión de su formulación jurídica, configura ese Estado en prácticamente toda su extensión, aunque mantiene un delgado hilo de conexión con España a fin de preservar la inserción de Euskadi dentro de la Unión Europea; el segundo, que vendrá después de no mucho tiempo, una vez asegurada la presencia institucional del País Vasco en Europa, implicará lisa y llanamente la ruptura de ese hilo y su definitiva independencia.

La motivación básica de este alambicado procedimiento para llegar a la declaración de independencia, es bastante simple. Los nacionalistas consideran que su separación de España no puede pasar por su segregación de la Unión Europea, pues, en tal caso, la secesión se saldaría con un coste económico demasiado elevado para que pudiera ser pacíficamente asumido por los habitantes del País Vasco. Ello es así porque la imbricación de la economía vasca con la española -y con las de los demás países europeos- es muy intensa. Y, lógicamente, cualquier ruptura de esa relación o cualquier elemento que viniera a dificultarla, puede perjudicar la actividad productiva, generar desempleo y alimentar el descontento en la sociedad.

En los estudios que he realizado sobre este asunto, se pone de relieve que la secesión del País Vasco, acompañada de su exclusión como territorio de la Unión Europea, ocasionará una importante reducción de la producción como consecuencia de los aranceles y de los costes de transacción que conlleva la existencia de fronteras. A este efecto directo se añade el que aparece como derivación de las estrategias que pueden adoptar las empresas para no perder mercados. Tales estrategias pueden ser muy variadas, como ocurre con las campañas de promoción, la diferenciación de marcas o el ajuste de costes, pero las que resultan más atractivas son las que pasan por el abandono del País Vasco y el traslado de las actividades a otras regiones de España. Según los resultados provisionales de una encuesta que todavía no está cerrada, esta última sería la solución preferida por la cuarta parte de las mayores empresas ubicadas en la región.

Por otra parte, al constituir un nuevo Estado, el País Vasco tendría que asumir el coste de ejercer las competencias en materia judicial, de regulación monetaria, de representación internacional y de protección social, pues, en todos estos ámbitos, el proyecto de Ibarreche aspira a ejercer su dominio y sólo deja fuera de él a la defensa, aunque ello no excluya que la Ertzaintza acabe desempeñando funciones de seguridad. Ese coste, debido a que desaparecería la actual transferencia neta de recursos que vierte el Estado sobre Euskadi, tendría que ser financiado con mayores impuestos y cotizaciones sociales, disminuyendo así la renta disponible de los vascos y su nivel de bienestar.

Las consecuencias de todo esto para la economía del País Vasco serían devastadoras. La reducción del empleo haría subir la tasa de paro hasta niveles que duplicarían sobradamente el actual y podrían llegar a situarse en más de la cuarta parte de la población activa. Por tanto, las oportunidades de trabajo serían aún menores que las actuales. Conviene recordar a este respecto que, debido a que en el País Vasco se crea poco empleo, durante las dos últimas décadas se ha registrado un saldo migratorio negativo de alrededor de cuatro mil personas al año. De ellas, siete de cada diez están en edad activa y se han ido para buscar oportunidades de rehacer su vida en otras regiones de España. Con la secesión este saldo acabará multiplicándose; y no sería sorprendente que, en un tiempo relativamente corto, un cuarto de millón de vascos tuvieran que abandonar su lugar de origen para poder sobrevivir.

Por tanto, como se ve, preservar la conexión europea resulta esencial para que los nacionalistas, al materializar institucionalmente su independencia, puedan eludir el penoso coste que, de no ser así, inevitablemente se derivaría de ella. El papel que se le reserva a España en el proyecto de Estatuto que lidera Ibarreche, es precisamente ese: Euskadi se define en la práctica como un Estado independiente cuya inserción en Europa se realiza a través de España, aunque sin ninguna posibilidad de que el Gobierno o las demás instituciones estatales españolas puedan intervenir en la relación correspondiente. Y así, el País Vasco estaría directamente representado en el Consejo de Ministros, tendría voto en la gestión de los fondos europeos, accedería sin mediación alguna al Tribunal Europeo de Justicia y elegiría sus propios diputados en el Parlamento de Estrasburgo.

Para dar satisfacción a estos deseos nacionalistas, los españoles tendríamos que violentar la Constitución, pues es evidente que las aspiraciones competenciales del proyecto de Ibarreche no encajan dentro de los límites de la Carta Magna. El caso más llamativo a este respecto es el que alude a la ruptura del actual sistema judicial unitario, pero no son menos relevantes los menoscabos que se proponen para la legislación penal, mercantil y civil, o la desaparición del principio de unidad de caja en la Seguridad Social o, en fin, la disgregación de la potestad supervisora y reguladora del sistema financiero.

La Constitución se vería así modificada, por la vía de los hechos, para dar solución al conflicto planteado por el nacionalismo vasco. Y tal modificación, de seguirse la técnica Ibarreche, nada tendría que ver con los procedimientos establecidos, sino más bien con los cambalaches políticos que pudieran acordarse al margen de las instituciones. Nuestro sistema democrático se vería así herido de muerte y España correría un serio peligro de disgregación. Si nos miramos en el espejo de otros países europeos que se han embarcado en cambios de esta naturaleza, podríamos comprender que casi nada de esto puede hacerse sin violencia; que el afán diferenciador de unos pocos acaba desencadenando los conflictos civiles; y que estas aventuras siempre terminan perjudicando a todos, incluyendo a quienes las promueven. Por ello, el verdadero precio de la secesión de Euskadi no será sólo el que razonablemente podemos calcular los economistas con nuestro instrumental analítico, bajo la hipótesis de que todos los acontecimientos discurren pacíficamente, pues a ese precio se añadirá sin duda el de una desolación que hoy ni tan siquiera visualizamos.

El disparate
Germán Yanke Libertad Digital  24 Julio 2003

Dice el presidente Aznar que el borrador de Ibarretxe para seguir con su plan secesionista es un disparate. Acierta, sin duda, pero es un disparate totalitario y antidemocrático, no una ocurrencia extravagante. Desde la aniquilación de la ciudadanía en un Pueblo Vasco étnico hasta la secesión para el control totalitario de los vascos se trata de un plan meditado, elaborado, precedido por el control social y la búsqueda del desistimiento de los demócratas. Es, por tanto, un disparate que no se puede dejar de lado, como si fuera una ensoñación sin más de un político o un partido averiados.

Dice también el presidente Aznar que las posibilidades de éxito de un plan de esta naturaleza son cero. Ojalá acierte, pero, ante la contundencia de un reto continuado hay que ponerse a la faena para que, también en esto, el presidente del Gobierno acierte. El plan no es solamente una concepción del futuro del País Vasco, por muy disparatada, ruinosa y enemiga de las libertades que sea. Es una realidad cotidiana en la que la ofensiva contra los ciudadanos es constante. Y se necesita, por tanto, toda la fuerza del Estado de Derecho y el acuerdo de los partidos nacionales para impedirla.

Llevamos treinta años diciendo que una barbaridad así no iba a ser posible, que nunca los nacionalistas se atreverían a tanto. Y en ese trecho de espera y contemplación, el nacionalismo ha ido haciendo de las suyas hasta convertir el País Vasco en una vergüenza para cualquier demócrata. Para que las posibilidades de éxito de Ibarrtexe sean cero, cero debe ser también lo que hasta hoy se ha hecho en contra de las libertades.

Ruptura obligatoria
Por FRANCISCO JOSÉ LLERA, catedrático de Ciencia Política y director del Euskobarómetro ABC 24 Julio 2003

El proceso constituyente de la democracia española y del autogobierno territorial que ésta ha desarrollado fue posible gracias al pacto reformista, basado en la voluntad de consenso de las fuerzas democráticas españolas y en el espíritu de reconciliación nacional. Sólo las minorías autoritarias nostálgicas o violentas irredentistas se autoexcluyeron del consenso masivo, en tanto que los nacionalistas vascos mantuvieron una ambigüedad calculada. Ésta fue la que les permitió a éstos últimos asentar un poder territorial de privilegio mediante un compromiso instrumental de escaso coste político y, sobre todo, que esquivase su choque frontal con el terrorismo, inspirado en su mismo ideario nacionalista. Lo que algunos interpretaron como semilealtad a nuestra democracia constitucional, ahora se revela como lo que ha venido siendo en realidad, una deslealtad democrática en toda regla, que nos deja a todos los que creímos en su buena voluntad (casi todos los demócratas y los principales actores políticos) en una posición insostenible por más tiempo. El fiasco político se revela con meridiana claridad en el texto articulado sobre el «Estatuto Político de la Comunidad Libre Asociada de Euskadi», que ha obtenido este periódico y que, por lo demás y en palabras de Arzalluz (ese perverso predicador del odio étnico), no colma las aspiraciones del nacionalismo vasco y es la última oportunidad que éste nos concede a los españoles para perdonarnos la vida.

Se trata de un texto plagado de aberraciones constitucionales y políticas,lugares comunes, trampas retóricas y procedimentales, fabulaciones historicistas y, sobre todo, mucho voluntarismo, que lo único que revela es la voluntad de ruptura de las reglas del juego de nuestra democracia y de imposición homogeneizadora y autoritaria de la minoría nacionalista sobre la sociedad vasca plural. Es el último intento desesperado de imposición de la comunión nacionalista sobre la sociedad vasca, a base de aprovecharse del aturdimiento moral y político causado por el miedo generado por la violencia nacionalista y del ventajismo institucional y clientelar de un sistema constitucional que tratan de deslegitimar todos los días. Lo único que buscan es la ruptura unilateral del contrato democrático, que encarnan Constitución y Estatuto, decidida hace mucho tiempo, para la que necesitan de la provocación contínua que les provea de justificaciones de ocasión, además de su inconfesable relación con las nueces de la violencia, que esperan terminar de cosechar.

Es la última ocurrencia de un peligroso visionario populista, que trata de esquivar a la sociedad vasca real y a las reglas democráticas del pluralismo constitucional. Apelar a un imaginario Pueblo Vasco neolítico o a un inventado sujeto político vasco preexistente y titular de unos derechos históricos, interpretados unilateralmente y reencarnación de manipulados privilegios tradicionalistas, denota el fracaso político y la impotencia ideológica de un ideario político, el nacionalista, incapaz de adaptarse a las condiciones históricas y que sabe que solo puede alcanzar sus objetivos, absurdos y anacrónicos, mediante la imposición autoritaria y la instrumentalización de la perversión de las voluntades y los principios que ocasiona la propia violencia nacionalista. Este visionario se asomará cariacontecido al chiringuito audiovisual al servicio de su régimen,llenándose la boca de jaculatorias y lugares comunes de condena universal de la violencia, solidaridad abstracta y ritual con las víctimas, apelaciones al diálogo-monólogo o falsas propuestas de pacto-trágala. Al mismo tiempo, tratará de narcotizar a los muchos ingenuos que aún quedan con su machacona lista de agravios, que solo denotan su escaso apego al pluralismo y a la crítica democrática. Pero, sobre todo, él, su partido y la coalición que apoya sus aventuras, seguirán deslegitimando todas las instituciones democráticas (incluidos los partidos políticos representativos) que no controlan para abonar el terreno más cutre del populismo, que tanto gusta a las vanguardias autoritarias y, sobre todo, a los violentos. Por eso, este visionario ha fraguado su ocurrencia adornado o alentado por el mal leído y frustrado pedigrí, dudosamente democrático, de trostkistas y maoistas reciclados, así como algún que otro frívolo y vergonzante representante de la más rancia aristocracia vasca con pretensiones populeras, que le han acompañado en su «eating tank». ¡ Qué se puede esperar de semejante conjunción de necios y cobardes agradecidos ! Tienen prisa, porque intuyen y temen que se les acaba el tiempo o el chollo del engaño y la instrumentalización interesada del poder democrático. Acostumbrados al uso del engaño y las maniobras de distracción o provocación, no es descartable que estemos ante un experimento y que, por lo tanto, éste sea uno de los, al menos, cinco escenarios con los que nos amenazan, incluida la convocatoria inmediata de elecciones plebiscitarias, que sustituyan al prometido referendum, para alcanzar la mayoría que no tienen aprovechándose políticamente de su tan denostada ilegalización de Batasuna. Todo depende de cómo nos vean reaccionar a su provocación y cuál sea el pulso de la sociedad vasca.

Hemos entrado, en todo caso, en el acto final de la dramática y vergonzante opereta iniciada en Lizarra hace ya un lustro, por la que el etnicismo autoritario y violento, conjuntamente, tratan de imponer su proyecto de exclusión a la mayoría de la sociedad, sin importarles su sufrimiento, su intranquilidad o que ésta se desestabilice o se rompa, porque, al fin y al cabo, ellos viven muy bien y muy tranquilos. En realidad, no les importa lo que piensa, siente o demanda la sociedad vasca, solo les preocupan las frustraciones y ensoñaciones de una minoría nacionalista radicalizada.

Les queda grande la sociedad vasca abierta y plural y le temen a la democracia representativa, por eso prefieren un espacio público solo para la comunidad nacionalista basado en sus métodos plebiscitarios y populistas, que aseguren su monopolio institucional a base de excluir a los que no se plieguen a su voluntad autoritaria. Temen a los violentos como el que más, pero en lugar de luchar contra ellos sin complejos ni reservas, tratan de contentarlos y, a ser posible, instrumentalizarlos mediante subterfugios seudopacificadores.

Su obnubilado y enquistado irredentismo ideológico les hace perder el sentido histórico, aún a sabiendas de que se engañan con la sociedad vasca o, por ello mismo, tratando de engañarla y moldearla mientras que cuenten con el cincel y el martillo de la violencia.

Ante este arrebato de desesperación gratuita del nacionalismo vasco, que otros intentarán aprovechar de forma oportunista, sólo cabe reaccionar con firmeza democrática, consenso e iniciativa política por parte de las fuerzas políticas mayoritarias. Tenemos que estar seguros de nuestras potencialidades y previsiones constitucionales, incluidas las reformistas.

Tenemos que potenciar la visión plural de la nación que inspira nuestra Constitución. Podemos contar con una ciudadanía vasca mayoritaria sensata, que anhela un camino de estabilidad, moderación, libertad y seguridad.

Hay que huir de polémicas estériles o competiciones absurdas de patriotismo. Lo mucho que está en juego depende de nuestra capacidad de compartir más que de competir. Los éxitos atesorados y reconocidos mundialmente en nuestra consolidación democrática y el alto precio en vidas y sufrimiento que muchos siguen pagando, todavía en estos días, deben servir de aliento para reavivar nuestro espíritu fundacional de consenso democrático. No podemos permitir que las pequeñas reyertas cotidianas por un puñado de votos o el normal juego de la competición política democrática den facilidades a una minoría fanatizada y, paradójicamente, de «satisfechos» para arruinar el futuro de la mayoría, tanto vasca como española. Desde la sociedad civil,creo que estamos en el derecho y el deber de exigir a nuestra clase política que esté a la altura de las circunstancias que el momento y el desafío exigen, pero también en la sociedad civil, sobre todo sus élites empresariales, intelectuales, religiosas o sociales de cualquier tipo tienen la obligación moral y política de alzar su voz y parar lo que puede ser una auténtica catástrofe para nuestra convivencia democrática en paz y libertad.

Unos y otros estamos obligados a desarrollar una auténtica pedagogía cívica y a librar a la ciudadanía vasca democrática de la sensación de horfandad política que pueda estar padeciendo.

El grano y la paja
Por CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC 24 Julio 2003

ANTES de ayer llamé la atención sobre el nihilismo en el que están instalados una buena parte de los españoles y puse como ejemplos la actitud insolidaria ante la pacificación de Irak, «ni un solo soldado», y la que presumo que tantos van a tener ante el Plan Ibarretxe, «la paz a cambio de la unidad de España». ¿Quién puede hablar de comunidad internacional cuando tan sólo es un Imperio?, se dice desde el pacifismo. Y ¿qué se puede defender en nombre de algo tan sospechoso como es la idea de patria y aún más si se trata de la española?, se dice desde el progresismo. Telebasura, y a correr que son dos días. Si acaso, por lo único que merecería la pena trabajar sería por el poder a través de un partido laico, descargado de todo tipo de creencias, abierto a todo tipo de experiencias de «progreso», sin valladares morales y culturales, sensible a las opiniones y gustos mayoritarios de cada lugar.

Y en éstas llega el test vasco. Gracias a la publicación del texto del Plan Ibarretxe en ABC -un gol digno de Zidane- ha adelantado un par de meses el debate sobre el nuevo asalto nacionalista al Estado. En estas primeras horas hemos tenido algunas muestras de las actitudes que cabía esperar: los aspavientos de la periodista que viene apoyando al PNV y que ahoara se cae del guindo, la palabrería del socialista de Vitoria, la imbecilidad de los dialogantes (unos que con el PNV, otros que con ETA...). Reconozco que, ante lo que se nos avecina, tengo sentimientos contradictorios que me producen el drama por un lado, y por otro el morbo que despiertan en mí la falta de inteligencia política, la cobardía, la ausencia de principios... Es decir, todo lo que venimos viviendo desde hace años, sólo que ahora de forma concentrada y quizá histórica. Y digo histórica porque la resolución de este problema, en un sentido o en otro -a favor de la unidad y del constitucionalismo o a favor de la disgregación- va a poner fin al tenso equilibrio que se ha venido manteniendo desde el final de Ajuria Enea hasta hoy.

Y es obvio que la situación límite va a obligar a muchos a decantarse. A muchos digo porque la condición de otros es la emboscadura permanente. Se trata de aquellos a los que les interesa más el fuero que el huevo. Así que en buena medida hay que agradecer al PNV que plantee ya su programa máximo (no lo es para el loco de Arzalluz) y de esa manera podamos aclararnos todos. Esta situación límite va a permitirnos ver la real relación de fuerzas dentro del campo de los nacionalistas pero también la que hay entre los constitucionalistas. Quiero decir hasta qué punto algunos o muchos de estos han ido jugando a lo largo de estos años dentro del campo políticamente correcto, aunque en el fondo estaban con los enemigos de lo que podríamos llamar la realidad histórica y actual de España. En buena medida hemos llegado a este punto por culpa de esta quinta columna que ha tratado de limar la imagen del PNV de todas sus características etnicistas y antidemocráticas; que ha trabajado por la distensión política cuando lo que se necesitaba era la confrontación; que, en definitiva, han ido apoyando desde el lado del constitucionalismo al nacionalismo «pacífico y democrático» hasta ese punto en que se revela como el hegemónico en el lado del separatismo. Tanto que quizá ni siquiera se vea obligado a recurrir a la tregua de ETA. No sería de extrañar que el PNV presentara su Plan sin tener que recurrir a ningún tipo de «concesiones» a la paz.

El Plan Ibarretxe va a tener algo muy positivo: va a permitir separar el grano de la paja. Quizá un test demasiado duro para quienes conciben una existencia muelle, basada en oportunismos, en las descreencias, en la inexistencia de principios. Se habían olvidado de que eso tiene unos costes altísimos.

Comunidad Libre Asociada Panocha
Por JAIME CAMPMANY ABC 24 Julio 2003

A todos los ciudadanos y ciudadanas de la Comunidad Murciana, incluidas las behetrías y feudos de La Paca, Churra, Aljucer, el castillo de Aledo, Pliego, Lo Pagán, La Manga, Los Dolores, Los Martínez del Puerto, Algezares, patria del insigne Saavedra Fajardo, Balsicas, Torreagüera, cuna del no menos insigne Antonete Gálvez, fundador del Cantón de Cartagena, Cieza, Perla del Segura, donde nació el por tantas razones ilustre José Antonio Camacho, gloria tozuda del Real Madrid y de la Selección Nacional de Fútbol, y otros lugares igualmente autárquicos e históricamente gloriosos, comunico que me encuentro en estos momentos retirado en tierras del Piamonte, a la orilla del Lago Maggiore, elaborando el Estatuto de la Comunidad Libre Asociada Panocha.

Terminado que sea el Estatuto lo someteré al beneplácito del Panochari Ramón Luis Valcárcel, cuyo apellido enlaza con lo más ilustre de la nobleza murciana, y más tarde a la aprobación del Parlamento panocho, que podrá someterlo, si le sale del alcacil, a referéndum popular universal entre todos los residentes dentro del término comunitario. De momento, no se amplía este referéndum a los territorios del antiguo Reino de Murcia, que hoy se reivindican por medio del presente Estatuto, que al norte penetran en la artificiosa provincia de Alicante hasta más arriba de Orihuela, también conocida como Orihuelica del Señor, la Oleza del ínclito escritor Gabriel Miró y cuna del poeta Miguel Hernández, cuyos versos venían amasados de rayos y colmenas. Tampoco se convocará el referéndum en tierras que ahora figuran como de Almería, hasta más debajo de Vera, donde por cierto nació mi ilustre bisabuela doña Laura de Vicente y Selgas, q.e.p.d y de Dios goce. Ni pretenderemos por ahora ascender hasta los bordes de la meseta castellano-manchega, donde un día conquistaremos las fábricas de los famosos caramelos de Hellín, típicamente murcianos.

En este Estatuto que tengo en elaboración se propone al panochari Ramón Luis Valcárcel que acometa la empresa de cultivar un pimiento gigante, de al menos vara y media de largo, un palmo de ancho y hasta kilo y medio de peso para obsequiar a las demás Comunidades Libres Asociadas al Estado español, empezando por la que ha dado el primer ejemplo de asociación libre, o sea, la Comunidad Libre Asociada del País Vasco. El pimiento, que llevará una inscripción que rece: «Panocha os saluda» será entregado en acto solemne por el panochari al lehendakari para que él se lo coloque donde le pete. Naturalmente, la Comunidad Panocha gozará de las mismas competencias y libertades que se expresan en el «Estatuto Ibarretxe», y su soberanía judicial tendrá como sede el palacio de la antigua Urdienca, frente al río, donde serán bañados todos cuantos desobedezcan las normas que aquí quedarán establecidas. Cuando la desobediencia sea muy grave la inmersión se efectuará metiendo al desobediente dentro de un saco atado por la boca. Ni que decir tiene que el panochari, asistido por sus asesores panochos, podrá hacer en todo momento lo que le salga del haba, sin necesidad de autorización estatal.

Eta y olé
David Gistau La Razón 24 Julio 2003

Si hace tiempo que Sevilla no da un gran torero de la cantera del Norte, en cambio, no paran de salir nuevas hornadas de su propio arquetipo folclórico: el terrorista. Que el dinamitero que acaba de tomar la alternativa en Alicante sea hijo de una de las alimañas de Hipercor demuestra que, como es costumbre en el ámbito taurino, también en el oficio del crimen se establecen dinastías ensalzadas en las tertulias tabernarias: cada pueblo escoge los héroes que corresponden a su propia naturaleza –los Gallo o los Troitiño, que podrían haber sido los nuevos «Bombita»–, y a pesar de las manos pintadas de blanco aún persiste en el País Vasco un rescoldo humano, un residuo social, que se siente retratado en el terrorista y le hace murales como bisontes pintados en la bóveda de la caverna.

Las campañas de verano de Eta, por tanto, consagran a la banda en la única dimensión –inercias patológicas aparte– en la que aún puede hacerse perdurable: la folclórica. Paletos desbordados por el vértigo de la globalización, asesinos que buscan la redención en la causa, qué hacer de los etarras sino incluirlos en la lista de cuanto es al mismo tiempo pintoresco y españolísimo. «Sangría, torero, terrorista», trinidad del folclor español abriendo como titular los telediarios alemanes. Que en llegando julio el guiri reglamentario puede escoger entre que le arree una cornada un «cebada-gago» en la Estafeta o que le abra la cabeza una esquirla de metralla en Levante. De ahí que el propio guiri, cuando se le pregunta, tenga la creencia confusa de que por Sevilla va todo el mundo con patillas en forma de hacha y vestuario goyesco como en Hernani no hay hombre que salga de casa sin su AK-47 colgado de la espalda, en plan talibán.

Así las cosas, y cuando por fin España derrote a Eta, no quedará, para evitar la nostalgia, sino meter a un hombre mecánico con pasamontañas en cualquiera de los túneles del terror de los parques temáticos levantinos, donde los anti-taurinos querrían ver al último torero haciendo de ratón Mickey.

Plan Ibarreche e impavidez de Aznar
Lorenzo Contreras La Razón 24 Julio 2003

El contenido sustancial del Plan Ibarreche, adelantado como una rigurosa novedad por el «ABC» vocentista, aunque sus líneas ya habían sido anticipadas por la prensa nacionalista vasca, sugiere de entrada el recuerdo de una canción publicitaria: «No me llames iluso porque tengo una ilusión». No es porque esa canción o mensaje pertenezca a la ONCE, pero sus posibilidades a medio plazo «no se ven». Constituye el citado plan un «wishful thinking» cuya inviabilidad es lo primero que salta a la vista. El proyecto, evidentemente, bajo la apariencia de una «comunidad libre asociada» al Estado, según el varias veces frustrado modelo quebequés, denuncia, eso sí, un intento de rebeldía que, para empezar, no podría revestirse de legalidad. El método político en «braille» utilizado por el Gobierno de Vitoria necesitaría en el Parlamento vasco un quórum que no podrán alcanzar los nacionalistas. Lo que ocurre es que sirve en principio para ir creando ambiente, si es que ya no está creado.

Subrayar la inviabilidad del proyecto no significa que deje de ser preocupante. Por mucho que Aznar haya dado muestras de firmeza en diversos aspectos de la acción de gobierno frente al terrorismo, ese complemento de la disolvente política nacionalista, no por ello cabe afirmar que el Estado español es fuerte. Es un Estado vacilante basado en la energía de las palabras y en una operatividad que sugiere la escritura sobre arena. Sobre arena del desierto. La Constitución tiene prevista la potencial aplicación del artículo 155, que el Plan Ibarreche en su actual configuración declara inaplicable. Eso sí que es un desafío. Un razonable reto basado en la realista presunción de una debilidad del Estado. Un sarcasmo que preludia la continuidad del cachondeo, cuya primera formulación equivale a decir que se pasan el citado artículo por el arco del triunfo. Es anunciar que no será necesario suspender la vigencia del Estatuto de Guernica porque ya se encargarán ellos, los independentistas combinados, de disolverlo por la vía fáctica.

Mientras tanto, ETA continúa actuando, ahora mediante el empleo de activistas de tercera o cuarta generación. Aznar, con su clásica impavidez, nos dice que se trata de la «cuota veraniega» de la banda. Claro, como de costumbre. Pero eso no es un consuelo ni una inyección de moral más o menos retórica. Simplemente es decir que, para la aventura de esta democracia, ya llegará el verano. Otro verano. ¿Con bombas o sin ellas?

No vale insinuar que lo importante es evitar toda sombra de derrotismo. Lo esencial es utilizar las indispensables dosis de realismo. ¿Cómo? Ésa es la tarea del gobernante: descubrir los procedimientos. La impavidez es la elegancia de la impotencia.

ETA: no sólo la solución policial
EDITORIAL Libertad Digital  24 Julio 2003

ETA ha empleado de nuevo, al igual que en Santa Pola hace un año, sus cada vez más escasos medios materiales y humanos –si es que puede calificarse de humanos a los etarras– en sembrar el terror y el desasosiego en nuestras playas, el destino preferido por la mayoría de los españoles y de los extranjeros que visitan nuestro país para disfrutar del merecido descanso vacacional. Los etarras hicieron estallar dos bombas, en hoteles de Alicante y Benidorm, antes de las 12.30. Hora que, en comunicación al diario Gara, el conducto habitual por el que ETA anuncia o reivindica sus fechorías, la banda había fijado para los atentados; por lo que todo indica que el objetivo principal de los etarras, además de aterrorizar y asesinar veraneantes y de perjudicar al sector turístico, era tender una trampa a los policías encargados de desalojar los hoteles y de desactivar las bombas. Aunque, afortunadamente, no hay que lamentar víctimas mortales, las bombas-trampa han causado trece heridos. Cuatro de ellos son policías, y una de las víctimas, ciudadano holandés, se encuentra en estado de coma.

Puede decirse que el atentado de Santa Pola del pasado mes de agosto, aun a pesar de no haber sido uno de los más sangrientos, colmó la paciencia de los españoles e hizo decidirse al Gobierno, con el apoyo del PSOE en el seno del Pacto Antiterrorista, a intensificar la lucha contra ETA más allá de la esfera estrictamente policial, cuya eficacia, por otra parte, ha reducido espectacularmente la capacidad asesina de la banda. Una vez descartado cualquier intento de negociación con ETA –que jamás debió producirse– tras la ruptura de la tregua-trampa, era evidente que al mal llamado "aparato militar" de ETA sólo se le puede combatir en el día a día con la ley en la mano y con la eficacia policial. Y una vez que la Justicia ha demostrado que Batasuna y sus ramificaciones no son más que tapaderas de ETA, era imperativo privar a los pistoleros de los beneficios de las instituciones democráticas.

Sin embargo, para que la lucha contra el terrorismo etarra –una letal combinación de leninismo y de fanatismo nacionalista– sea plenamente eficaz, aún queda una tarea no menos importante que en 25 años de democracia jamás ha sido abordada: erradicar del sistema educativo vasco –controlado por nacionalistas radicales y por proetarras– las mistificaciones, las falsificaciones de la Historia y el desprecio y el odio racistas contra todo lo que significa. España. Aunque la práctica totalidad de las patrañas que a diario se inculcan en las ikastolas, las escuelas, los institutos y las universidades vascas, al igual que las que inculcaban los nazis en las führerschules carecen de base racional –no digamos de base histórica–, no hay que desdeñar los poderosos efectos que, de cara al reclutamiento de nuevos terroristas –cada vez son más jóvenes–, tiene un constante adoctrinamiento en el odio y el desprecio a la “potencia extranjera opresora” –esto es, España y también Francia– y en el descabellado mito de Euskalherria, que incluye a Navarra y al país vasco-francés.

El PNV se ha aprovechado al máximo del chantaje “democrático” al que ha venido sometiendo a España desde los inicios de la transición. El punto quizá más importante del quid pro quo que “acordaron” entonces las fuerzas democráticas con el PNV para alejar a éste último de ETA y atraerlo hacia la orilla constitucional era la no “intromisión” del Gobierno central en los asuntos de la política vasca, especialmente en lo que toca a las competencias de educación. Una imperdonable –y a todas luces ilegal– dejación de responsabilidades en la que han incurrido tanto el PSOE como el PP, cuyos resultados están a la vista: aun a pesar de las dificultades, ETA sigue reclutando jóvenes terroristas inflamados de un odio fanático contra España. El delirante proyecto de Ibarretxe, que hace tan sólo unos años nadie hubiera tomado en serio y que verá la luz en septiembre, es el principal punto de la agenda del PNV, del que el “diálogo” con ETA-Batasuna y el “plante” al estado de derecho son partes imprescindibles.

Precisamente ayer, el presidente navarro Miguel Sanz reclamaba a Aznar en La Moncloa que ejerciera las competencias de inspección educativa que la Constitución reconoce al Gobierno central y pusiera coto al imperialismo de Ibarretxe, adaptando “a la realidad histórica y social” autonómica y del conjunto de España los contenidos que se imparten en las escuelas vascas. Aunque Javier Arenas aseguró que el Gobierno “hará lo que esté en sus manos para que se respeten los contenidos educativos y sean fieles a la realidad institucional y política”, lo cierto es que el Gobierno, una vez el PNV rompió abiertamente en Estella ese impresentable quid pro quo al que los nacionalistas jamás tuvieron intención de atenerse, tenía que haber tomado ya las medidas necesarias para erradicar la mentira, el racismo y el odio de las aulas vascas. Esperemos que la muy sensata y oportuna petición de Miguel Sanz, así como la inquietud de la Comisión Europea contra el racismo y la intolerancia por los contenidos “a veces xenófobos y racistas” de las ikastolas, animen por fin al Gobierno a ejercer las competencias que la Constitución le confiere. Porque es precisamente en el área educativa donde con más fuerza imponen los nacionalistas su pensamiento único totalitario.

Estatuto de libre secesión
FERNANDO ÓNEGA La Voz 24 Julio 2003

TENEMOS GUERRA a la vista. Guerra política, se entiende. El borrador del «Plan Ibarretxe» que ayer se difundió es, en términos de unidad nacional, mucho peor de lo esperado. Bieito Rubido hablaba el sábado en la radio de «golpe de estado». Lo es. Creo que es la mejor definición del proyecto. Contiene todos los ingredientes para ser aceptado sólo por los nacionalistas. Y no por todos, puesto que Joseba Azkárraga dijo que su partido (EA) tenía su propio proyecto, y Madrazo acaba de anunciar que Izquierda Unida saldrá a la subasta con la aportación del modelo federal. Es decir, que ni dentro del Gobierno vasco hay unanimidad.

Personalmente, no quiero hacer sangre sobre el papel publicado. Ibarretxe aprendió en algún lugar que allá en la Edad Media los señoríos vascos se asociaban o se aliaban entre sí y con terceros según su propia voluntad. Y quiere traspasar al siglo XXI aquella experiencia. De ahí que busque el horizonte de una «comunidad libre asociada», que decidirá periódicamente, en consulta popular tipo Québec, si desea estar «arrimada» al Estado español o proclama su independencia.

Después, tenemos el capítulo de las ambiciones. El papel que se ha filtrado -uno de los ocho en que se trabaja- es el fruto de la ilusión, del sueño de un visionario. El señor Ibarretxe tiene, probablemente, la ambición de pasar a la historia como el creador de la nación vasca. Y así, cita como territorios de la Comunidad Libre Asociada las actuales tres provincias vascas; pero también Navarra y los territorios del estado francés, aunque se conforme con Alava, Guipúzcoa y Vizcaya para empezar a andar. De hecho, lo único que le unirá a España será el título de su Estatuto -más bien una Constitución-, porque el resto es rupturista. Entre los símbolos, no figura la bandera española. Los ciudadanos tendrán doble nacionalidad. La Justicia será vasca. Habrá selecciones nacionales deportivas. Las leyes autonómicas tendrán prioridad sobre las españolas. Euskadi tendrá embajadas y representación propia ante Europa¿

Estamos ante un ejercicio de colegiales que juegan a estadistas. E importa, sobre todo, la intención. Así como en todos los ámbitos se contempla un horizonte de pactos, con el Estado español sólo se marcan distancias. No es un estatuto de libre asociación, como se dice, sino un estatuto de libre retirada. O, utilizando un concepto usado por Mayor Oreja, un estatuto de libre secesión. Que Dios nos coja confesados si están dispuestos a sacar eso adelante.

La dictadura del PNV
Editorial El Ideal Gallego 24 Julio 2003

Es duro que el presidente de una comunidad autónoma, el elegido como representante de todos los ciudadanos de una región, demuestre por escrito -prueba irrefutable- que es un dictador, que se valió de la democracia para llegar al poder y que una vez alcanzado el único afán que le mueve es imponer sus ideas, gusten o no a la mayoría de la sociedad que gobierna. Juan José Ibarretxe ha quedado retratado como un tirano en el borrador de “Constitución” que se ha conocido, ya que de manera unilateral rompe con todas las normas de las que los españoles -y, por lo tanto, también los vascos- se han dotado a través de las urnas.

El proyecto secesionista del lehendakari es una cadena de disparates que atenta tanto contra el ordenamiento nacional como contra el internacional, puesto que hasta contraviene el proyecto de Carta Magna de la Unión Europea. Los delirios del jefe del Gobierno de Euskadi llegan hasta el punto de que admite que está dispuesto a discutir su plan con los representantes del “Estado español”, pero añade que si no le gusta la respuesta impondrá unilateralmente su texto. Semejante afirmación es lo que los juristas denominarían “confesión de parte”, ya que supone el reconocimiento de que carece de la mínima voluntad de diálogo y que su único objetivo es implantar su voluntad. El intento de traicionar a la democracia no puede ser más repugnante; aunque tienen la ventaja de dejar al descubierto que a los dirigentes del PNV, cuyos instintos totalitarios recuerda mucho al de los terroristas. Sólo los distinguen las pistolas.

Propuesta de ruptura
Editorial El Correo 24 Julio 2003

La propuesta de conversión de Euskadi en «comunidad libre asociada», auspiciada por el lehendakari Ibarretxe, rompe con el consenso que diera origen a la Autonomía vasca en 1979 y con los vínculos constitucionales que han garantizado la convivencia de la sociedad vasca en la España democrática. El nacionalismo gobernante ha justificado su despegue soberanista por el incumplimiento de determinadas previsiones contenidas en el texto estatutario. Pero la existencia de competencias pendientes de transferencia no guarda correspondencia alguna con la decisión de redactar unilateralmente un nuevo Estatuto que sitúa al País Vasco más cerca de la independencia que de la autonomía.

Desde que el pasado mes de septiembre hiciera público su plan, Juan José Ibarretxe ha permanecido absolutamente indiferente a las críticas e inquietudes que su contenido suscitó tanto en el ámbito político como en sectores significados de la propia sociedad. El hecho de que tras diez meses de tan profundas desavenencias haya decidido barajar el borrador publicado entre los ocho textos que al parecer maneja demuestra hasta qué punto la unilateralidad nacionalista ha dado lugar a una suerte de ensimismamiento atroz para la concordia y la normalidad institucional en Euskadi. Es un sarcasmo que, tras conocerse el borrador articulado, Ibarretxe pretenda jactarse de la existencia de un «debate sosegado». Probablemente se refiera a las conversaciones privadas que él mantiene con los redactores de los borradores que maneja como si fueran las cartas intercambiables de un mismo órdago. Pero lo que resulta demencial es que el lehendakari prosiga negando las nefastas consecuencias generadas por su plan, las insalvables diferencias que suscita y la irreversible fractura política en que, de seguir así, desembocará el propósito nacionalista.

Sólo la irresponsabilidad puede invitar al sosiego ante un proyecto que por encima de todo entraña desasosiego. Sólo la obstinación soberanista o la mera desfachatez pueden presentar dicho texto como «propuesta para la convivencia». El nacionalismo está tratando de allanar un terreno imposible a medio camino entre la autonomía en virtud de la cual gobierna y la segregación del País Vasco respecto al resto de España. Imposible porque ningún sistema constitucional puede ser sometido a semejante tensión. Imposible porque entre la autonomía y la independencia no puede ser construido más que un mundo de ficción. Pero, más allá del texto redactado para la constitución de una «comunidad libre asociada», la estrategia nacionalista está dando lugar a una situación insostenible tanto desde el punto de vista del consenso político que la sociedad vasca requiere especialmente frente al chantaje terrorista como desde el punto de vista del clima de confianza y estabilidad que el resto de los españoles tienen derecho a demandar de la actitud de las instituciones de Euskadi.

La estrategia nacionalista se basa en la concatenación de hechos consumados que se suceden a impulsos de la reacción que las propias iniciativas soberanistas provocan tanto por parte de las fuerzas constitucionalistas como por parte de las instituciones centrales del Estado constitucional. La impasibilidad nacionalista, encarnada en la actitud personal de Ibarretxe, refleja la comodidad de quienes apuntalan su plan soberanista sobre el gobierno de las instituciones autonómicas, cuya legitimidad descansa precisamente en el consenso que les dio origen y que es revalidado en cada nueva elección. El nacionalismo ha optado por deshacerse de dicho consenso para colmar sus propias aspiraciones. El PNV y sus representantes institucionales son plenamente conscientes de que su plan en ningún caso alcanzaría el respaldo político y social logrado en su día por el Estatuto de Autonomía. Las reiteradas palabras de Ibarretxe, expresando su convicción de que la apertura de su plan a las aportaciones de los demás dará lugar a un amplio acuerdo, no representan más que un gesto fingido.

Tal y como demuestra el borrador conocido, el propósito del nacionalismo no es el acercamiento sino el alejamiento; su objetivo no es la coincidencia con los demás, sino el desistimiento de estos. Porque sólo el desistimiento de los no nacionalistas y el encuadramiento de todos los nacionalistas podrían hacer viable el proyecto soberanista. Sólo si la población vasca admitiera el falaz argumento nacionalista de que no hay otro proyecto sobre la mesa -olvidando la inapelable realidad que constituyen el autogobierno actual y su desarrollo futuro- cabría pensar en que el activismo soberanista puede acabar arrastrando tras de sí al conjunto de la sociedad. Pero la discusión del 'plan Ibarretxe' no se refiere a la definición de un horizonte más o menos lejano, porque sus efectos están ya presentes hoy en forma de enfrentamiento político e incertidumbre social. Resulta dudoso que el nacionalismo haya albergado alguna vez la idea de que dicho plan pudiera servir de solución para los problemas políticos y de convivencia que atenazan a la sociedad vasca. Pero la lectura del borrador articulado permite aseverar que la mera existencia del plan constituye un problema de primera magnitud que únicamente serviría para saciar la vertiente más extremista del apetito nacionalista.

Hagamos ruido
ANTONIO ELORZA/CATEDRÁTICO DE PENSAMIENTO POLÍTICO DE LA UNIVERSIDAD COMPLUTENSE El Correo 24 Julio 2003

Desde que se planteara la guerra contra Sadam Hussein, la política internacional viene desarrollándose bajo el signo de la mentira, con Bush y Blair, secundados por Aznar, en el papel de reyes mentirosos, lo cual en la estimación de los antiguos persas era tanto como decir reyes injustos. Pronto la política española se contagió de la enfermedad, con esa siniestra crisis poselectoral de Madrid, plagada de mentiras y confusiones deliberadas. Faltaba Euskadi, y ahí tenemos al bueno de Xabier Arzalluz, declarando a María Antonia Iglesias en 'El País' que Ibarretxe nunca habló de 'Estado libre asociado', que eso fue una mala jugada de los de siempre que cambiaron una palabra por otra, para dañar la imagen de la moderada propuesta del lehendakari. Como veremos, se trata de un curioso caso de denuncia de la supuesta mentira de otro apoyándose en la propia.

Dejemos la palabra al líder del PNV: «¿Pero por qué dice usted eso de 'Estado libre asociado'? ¿De dónde se lo ha sacado usted? Ibarretxe no discute el Estado español, ni es independentista, ni soberanista, ni pretende crear otro Estado. ¡Eso es así!, yo ya tengo el texto articulado y le aseguro que no hay nada de eso. Lo que pasa es que en Madrid se miente con desfachatez y se tradujo status por Estado, y se afirma que es un plan soberanista, cuando lo que propone Ibarretxe es una co-soberanía». Arzalluz siembra la confusión a sabiendas, ya que alcanzar una situación de co-soberanía, apoyada además explícitamente en la supuesta «soberanía originaria» del «pueblo vasco», tal y como explicó Ibarretxe en su discurso del 27 de septiembre, es ser soberanista; en cuanto al independentismo del lehendakari, le corresponde por formar parte de un PNV que lo es y por unanimidad: él nunca lo ha negado, y las declaraciones de burukides en meses pasados, empezando por Arzalluz, dejan bien claro que el plan no es sino la antesala de la independencia.

Por encima de todo, si el 'status de libre asociación', fórmula que empleara Ibarretxe, implica como él mismo subraya co-soberanía tras un pacto entre iguales, sólo existe una denominación ajustada a la propuesta: 'Estado libre asociado'. La ahora utilizada de 'Comunidad libre asociada' es un engañoso eufemismo. Carece de sentido que la entidad que se vincula a otra -un Estado- en plano de igualdad y reciprocidad, en pacto sinalagmático como hubiera escrito Pi y Margall, reciba una denominación de rango inferior, y lo de 'libre asociación' va de suyo. En fin, una cosa es que para el cambio propuesto se intente utilizar al máximo el marco legal vigente, partiendo del artículo 46 de reforma del Estatuto (al parecer, ni eso), o que se cite la adicional primera de la Constitución, y otra bien distinta que los objetivos ya declarados sean compatibles con el propio concepto de Estatuto de Autonomía y con la ley fundamental. Recordemos que Mussolini en 1922 y Hitler en 1933 aceptaron de partida los mecanismos constitucionales del texto de Weimar para proceder luego a su destrucción completa.

La publicación ayer del borrador de la 'propuesta de pacto político' a presentar en septiembre por Ibarretxe deja todavía en peor lugar a Arzalluz. De hecho, el antecedente de Québec se aprecia en la forma de la presentación, a modo de un pacto con el Estado cuya no aceptación sirve de coartada para la ruptura. En el último referéndum, los nacionalistas quebequeses actuaron de esta manera, planteando en su pregunta que Québec asumiría la soberanía de no alcanzarse un pacto con los demás Estados que ya lo habían rechazado de antemano. Todos las martingalas sobre el acuerdo con el Estado español, incluso una soñada segregación consensuada, tienen ese fin exclusivo, pues su redactores conocen perfectamente la anticonstitucionalidad del proyecto y el rechazo que va a provocar. Es el cuento del ladrón bien educado: vamos a pactar para que usted me entregue la cartera por su propia voluntad; si no lo hace, me haré con ella de todos modos. Así que las protestas de Arzalluz negando la presencia en la futura proposición de los objetivos de 'Estado libre asociado', soberanía o independencia, son una pura y simple cortina de humo para ocultar la realidad.

Ahora bien, aun cuando ya no quepa especular acerca de un posible retorno de Ibarretxe a la legalidad, cabe preguntarse por la razón de esta reciente insistencia de la dirección del PNV en desmarcarse de anteriores estridencias. En una frase confusa, apuntó tal actitud Anasagasti cuando intervino en el debate sobre el estado de la nación. Ahora Arzalluz es rotundo, y ello indica que las palabras pasaron a importar, y mucho, hasta que la filtración del borrador ha dejado al descubierto las verdaderas intenciones. Pudo intervenir en primer plano el cierre de perspectivas que determina la redacción del proyecto de Constitución europea, cuya estructura choca frontalmente con el soberanismo de nuestra pequeña nación transpirenaica y prehistórica. No estamos ante una Europa de los pueblos, cuya importancia es asumida sólo de cara al respeto la diversidad de sus culturas y tradiciones, sino de los Estados. La Unión asume la integridad territorial de los Estados que la componen e incluso legitima el apoyo militar en caso de ataque terrorista. El espacio para admitir el acceso a una forma de soberanía, coincidente con los objetivos de una organización terrorista, es nulo. Había, pues, que fingir que el proyecto se situaba en el marco del Estado español.

Tampoco reflejan las encuestas una aceptación clara, ni siquiera una comprensión, del proyecto Ibarretxe por parte de los ciudadanos de Euskadi, aunque los mismos hayan sido receptivos al mensaje central de que los vascos están siendo acosados por el Gobierno Aznar. En cuanto a los empresarios, el trabajo de Mikel Buesa pone de manifiesto que todo este barullo político sobre la autodeterminación les preocupa en términos negativos y que muchos prefieren, llegado el caso, sacar su capital de Euskadi. De ahí que el Gobierno vasco e Ibarretxe tuvieran todo el interés del mundo en presentarse como conciliadores. Hasta extremos deliberadamente ridículos: el camino de la soberanía es presentado una y otra vez, incluso en el libro del IVAP sobre el tema, en términos de una catequesis nacionalista, en calidad de 'proyecto de convivencia'. Menos mal que en el 'órgano nacionalista', Joseba Arruti nos permite entender lo que de veras lleva dentro el citado eufemismo: se trata de actuar «siempre en clave de soberanía y de búsqueda de un nuevo marco para la convivencia». Ahora sí encajan palabras y significados.

Y 'last but not least', estaba la búsqueda de un reencuentro con el PSOE, necesario para que la vía de reforma estatutaria prosperase, y que hasta ahora contaba con bazas inexistentes en años anteriores, gracias a la confusión reinante sobre el tema nacional en el grupo dirigente del PSE, por no hablar de la virulencia del enfrentamiento con el PP a escala nacional, atizada por la permanente exhibición de agresividad y prepotencia por parte de Aznar. Por si esto fuera poco, los datos del último Euskobarómetro mostraban una preocupante debilidad política de muchos socialistas vascos a la hora de percibir la importancia de la Constitución o de las medidas de ilegalización de Batasuna. Se aproximaba la hora de la transversalidad recomendada por Odón Elorza y auspiciada desde Cataluña por Pasqual Maragall. El PSE de Patxi López podía ser receptivo a un texto de ampliación de competencias que encajara como nuevo Estatuto. Arzalluz percibió la situación favorable, y esbozó el gesto de tender la mano a un PSOE que se mostrara comprensivo como en su día al parecer lo fue Felipe González -cuya sombra por lo demás es alargada- y hoy lo es Joaquín Almunia. Era la hora de templar las expresiones y alguien pudo prever una convergencia PNV-PSOE para este verano, similar a la PNV-ETA de 1998, bajo el signo de la moderación en las aspiraciones nacionalistas, ya que el pobre Ibarretxe se encontraba en un callejón sin salida.

Si es que existía, la maniobra ha quedado al descubierto con la publicación del borrador. Tal vez haya otros siete, pero el encaje con el discurso del pasado año es tan preciso y tan nítida la ideología sabiniana inspiradora del texto que por importantes que sean las variantes en otros borradores, no podrán escapar a la lógica política del 'pacto' revelado: estamos ante una Constitución de Euzkadi, fundamentada en una concepción esencialista, y por consiguiente, inmutable de ese sujeto histórico que se ha conservado como tal desde la prehistoria, cuya existencia como Estado es una meta a corto plazo, lo cual no sólo elimina los ordenes constitucional y estatutario, sino que de entrada hace imposible la presencia de esta Euzkadi, con zeta sabiniana, en la Unión Europea. Frente a semejante proyecto de fractura histórica, no hay otro remedio que recusar la admonición del lehendakari: hagamos todo el ruido posible en defensa de la legalidad democrática.

Comunidad libre asociada de Euskadi
José Cavero El ideal Gallego 24 Julio 2003

De acuerdo con sus más recientes declaraciones, el lehendakari pretende que su plan soberanista se convierta en futuro Estatuto para Euskadi. Y en este sentido, ha transformado aquella proclama autodeterminista en un anteproyecto de Estatuto, que aspira que sea aprobado en el tramo de legislatura que comienza en septiembre. Para disponer las cosas con su debido tiempo se ha producido ya una primera difusión del borrador así como declaraciones complementarias del propio lehendakari, en las que ha dicho que todo es negociable y que por su cuenta ha rebajado los primeros propósitos independentistas.

¿Cómo queda el texto así presentado en sociedad? Muestra las aspiraciones nacionalistas, que son sobradamente conocidas, y que no tienen final ni otra limitación que la de ser Estado de la Unión, que es la auténtica pretensión imposible. Pero en el resto, el Estatuto que plantean Ibarretxe y su PNV viene a ser “una Constitución para el País Vasco”, en la que se plantea que esta “Comunidad libre asociada” al Estado español pueda llegar a tener poder ejecutivo, poder legislativo y hasta poder judicial perfectamente autónomo e independiente de los que tiene España. Ejecutivo y legislativo ya lo tienen autónomo, y en el caso Atutxa se comprueba en qué medida el PNV aspira, también, a tener controlado a su Tribunal Superior de Justicia del País Vasco. Incluso en el capítulo de relaciones exteriores, se habla, en este borrador, de las relaciones con Europa y las relaciones externas, así como la cooperación al desarrollo.

Desde el comienzo, Ibarretxe presenta el texto como “propuesta de pacto político por el que se establece el marco de relaciones entre Euskadi y el Estado español basado en la libre asociación”. O sea, de igual a igual. Con seguridad, Ibarretxe ha tenido oportunidad de comprobar, desde que hizo explícitos estos propósitos, que la resistencia que tiene ante sí es formidable por parte de una serie de poderes políticos y de poderes fácticos, por igual: el Estado español, en primer lugar, y la Constitución que determina que una reforma del estatuto vigente debe ser aprobada por el Parlamento de la nación, pero también las instituciones de la UE, empezando por su Constitución ya en avanzada fase de elaboración, y los empresarios vascos, en buena medida, y los ciudadanos vascos, en medida tampoco despreciable. Mucha tarea, la que llegará con septiembre.

Estamos preocupados
JOSÉ MARÍA DOMINGO/ABOGADO El Correo 24 Julio 2003

Los ciudadanos vascos (los que no militamos en ningún partido) estamos preocupados, aunque naturalmente no excluyo que lo estén también los militantes de los diferentes partidos. Tenemos una preocupación creciente por el escenario de enfrentamiento y de aislamiento político verdaderamente agobiante que, por el momento, no se traslada a la sociedad salvo los casos ya conocidos del terrorismo y de sus colaboradores y partidarios con respecto a las víctimas.

Para nosotros esta situación se inicia con los pactos de Estella que mantuvo el PNV con los terroristas y que constituyó un completo fracaso. 'Post hoc, ergo propter hoc'. Siempre he creído que estas actuaciones han sido el mayor error cometido por un partido que, hasta ese momento, se podía calificar de democrático. Hoy el PNV y el Gobierno tripatito del señor Ibarretxe se han embarcado en un proyecto soberanista que aumenta ese enfrentamiento y que amenaza -si se persite en el desarrollo del plan- con la aparición de graves situaciones límite.

He seguido con mucho interés las reacciones diversas a ese plan y lo he hecho muy especialmente en las cenas-coloquio que ha mantenido con los diferentes líderes políticos y prestigiosos juristas la organización 'Res Pública' que preside mi querido amigo Ángel Gaminde y que terminan con la presencia del propio lehendakari el pasado 6 de marzo.

En estas reuniones he confirmado mis primeras impresiones sobre la inviabilidad de ese proyecto que ya un profesor de Deusto, Javier Elzo, poco sospechoso por su ideología nacionalista, consideró que «había nacido muerto por razones de forma y de oportunidad». Pienso, modestamente, que también por la cuestión de fondo. Sinceramente: a pesar de los esfuerzos imaginativos de Herrero de Miñón, algún catedrático de la Pompeu Fabra y poco más, la opinión generalizada de los expertos coincide en que el plan del lehendakari no cabe en absoluto en la Constitución.

¡Pero la Constitución española puede modificarse! ¡Sí! pero para ello son necesarios los 'quorums' del título X (artículos 168 y otros) y ello es imposible sin el consenso de los principales partidos nacionales PP y PSOE, que hoy por hoy, va en la dirección contraria.

No podemos extendernos en un artículo de periódico en muchas consideraciones doctrinales pero basta decir, a modo de ejemplo, que la consideración por parte de Herrero de Miñón del concepto 'marco de la Constitución' a que se refiere el apartado 2.º de la adicional primera se refiere no al articulado mismo del texto legal, sino a unas bases o filosofía jurídica y política subyacentes, lo que indudablemente no tiene ninguna consistencia desde el punto de vista práctio o de 'Lege Data'.

También resulta evidente que un principio de la Constitución tan claro y fundamental, como es el establecido en el artículo I, párrafo 2.º, que establece la soberanía para el conjunto del pueblo español es incompatible con otros 'corpus' o territorios forales, etcétera, dotados de una cierta soberanía originaria.

Lo que se anuncia para el próximo otoño puede colocar nuestra preocupación -la preocupación de todos- en cotas máximas. Las últimas declaraciones de algunos líderes del PNV de estos días pasados no es que vayan a aumentar la preocupación, pero, desde luego, no la disminuyen.

En una de las cenas-coloquio a que me he referido, el catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad de Sevilla, Javier Pérez Royo nos recordó la guerra de secesión americana en un caso semejante. Digo semejante porque allí se contraponían las pretensiones soberanistas de los Estados del Sur con la afirmación de la soberanía para todo el pueblo americano. Vamos, como aquí con respecto al artículo I, punto 2.º de la Constitución: soberanía del pueblo español versus soberanía del País Vasco. Naturalmente, en España y en el siglo en que vivimos, los problemas -por graves que sean- deben y pueden solucionarse de otra manera.

También se ha comentado hace pocos días por un importante líder del Partido Popular la posible aplicación en el supuesto o supuestos correspondientes del artículo 155 de la Constitución española. Sin duda, pocos serán, tanto en el País Vasco como en España entera, los que deseen la aplicación de este artículo que, por otro lado, contiene diversas fórmulas o interpretaciones. Pero, no cabe duda, de que los artículos de las leyes están para ser cumplidos cuando se dan los supuestos de hecho que les corresponden.

Como habrá apreciado el lector, el panorama que se acaba de describir es francamente pesimista y desalentador. Sin extenderme en más consideraciones que habrían de ser, en todo caso, objeto de otro escrito, confiemos que los motivos de esperanza se centren por una parte en el desarrollo del Estado democrático de derecho y por otra, pensemos que los órganos rectores de los partidos nacionalistas, principalmente el PNV, vuelvan, después de la próxima reestructuración en enero, a los caminos de cordura, sensatez, responsabilidad, sentido común y concepción realista de la política y de la sociedad plural vasca que fueron característicos de sus actuaciones, como hemos señalado anteriormente, hasta el deslizamiento por los peligrosos caminos de Lizarra.

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Francisco García Diego La Razón 24 Julio 2003

Hoy me pregunto qué papel juega la saga de los Troitiño en el plan del lehendakari del País Vasco para convertirse en estrella solitaria asociada con todos los demás. Me pregunto también qué sentido tiene hablar de autodeterminación o ensuciar la palabra «libertad» en medio de un desierto de bombas y de extorsión. Bien es cierto que alguna respuesta me dio el otro día el portavoz del Partido Nacionalista Vasco, Iñaki Anasagasti, cuando manifestó su descontento con la desarticulación del lumpen etarra en México.

Debo reconocerles una cierta habilidad a los políticos nacionalistas para hacer propuestas sólo avaladas por minorías que nos afectan a todos, sin consulta previa y que no pueden ser contestadas más que por ellos mismos sin temor de ser acusado de fascista, reaccionario u opresor de los derechos históricos de los demás. Sólo ellos tienen derechos históricos y sólo a ellos les corresponde reescribir la historia sin más debate que el que se pueda producir en sus batzokis.

Así las cosas, todos los que abrazamos una Constitución, la debatimos y la aprobamos por votación libre y universal somos unos invasores, pero los nacionalistas vascos que se proponen por escrito ocupar Navarra y parte del sur de Francia ajenos a la voluntad de sus ciudadanos pasan por ser unos libertadores revolucionarios. ¡Qué paradoja, amigo Voltaire! Si alguien me pregunta si estoy dispuesto a asociarme a la quimera de Ibarretxe le diré que no y que además defenderé mi derecho a oponerme democráticamente a sus propósitos, entre otras cosas porque su plan me suena al de algunos chavales que se marchan de casa para vivir en libertad, pero que vuelven cada semana al domicilio materno para que les laven la ropa sucia y les den unos duros para disfrutar de la fiebre del sábado noche.

Por cierto, ¿qué razones históricas tiene el atentado contra el holandés en Alicante? Será por la venta de Harlem a los imperialistas yankees.

Señas de identidad
Cartas al Director ABC 24 Julio 2003

Estos días, desgraciadamente, hemos podido comprobar cómo ETA ha vuelto a golpear con las bombas en Alicante y en Benidorm. También se han vuelto a ver las manifestaciones de repulsa al terrorismo en estas ciudades.

Hay algo más que he podido ver durante la retransmisión del Tour de Francia de TVE y que me ha sorprendido. Me refiero a la cantidad de banderas, pancartas y pintadas en el suelo a favor de la banda terrorista ETA. No he visto ninguna bandera española, a pesar de que había varias de otros países. Esto me llena de tristeza, sobre todo pensando en cómo estamos perdiendo nuestras señas de identidad nacional.  Mariano de Frutos.  Barcelona.

Los terroristas y las palabras
Amando de Miguel Libertad Digital  24 Julio 2003

El terrorismo gana por la palabra. Después de una generación larga (más de 30 años) de terrorismo vasco, seguimos sin decir que es vasco. Incluso decimos “acciones o comandos de ETA”, para disimular su verdadera catadura. Es más en la BBC siguen diciendo “grupos u organizaciones independentistas” para referirse a las bandas criminales de la ETA.

Por lo menos, en el caso del terrorismo vasco algo hemos avanzado. Dentro de España hablamos de “bandas terroristas”. Pero en el caso del terrorismo de los palestinos seguimos diciendo que “los suicidas se inmolan para defender los ideales de las organizaciones radicales palestinas”. Hay varias versiones, pero casi siempre evitamos decir que las bandas terroristas palestinas lo son. La realidad es que no son grupos políticos, sino literalmente bandas asesinas. Se puede criticar la política antiterrorista de Israel, pero los israelíes se agrupan en partidos políticos. Todos ellos son un remedo de bandas terroristas. Pues bien, en los medios de comunicación españoles esas cuadrillas de bandoleros palestinos aparecen casi siempre con un tono simpático.

Fundamentalismo
Cartas al Director ABC 24 Julio 2003

La «cruzada» contra el terrorismo que se está produciendo a nivel internacional, mediante los mecanismos legales, viene provocada por los fundamentalismos de algunas religiones o ideologías. Más en concreto me refiero a Al Qaeda y a ETA. Nos asombramos ante una postura tan radical que tiene como consecuencia el terrorismo.

Pero si partimos de que todos tenemos ideas de las que estamos convencidos, o tenemos valores que practicamos, no nos debe extrañar un cambio de actitud para bien o para mal (en el caso del fundamentalismo), ya que esto, gracias a la capacidad de ser educados, nos hace cambiar nuestra forma de ser y de pensar.

Por lo tanto no sólo hay que desmantelar los comandos o células terroristas y sus entramados financieros, sino también los sistemas que tengan para formarse en su doctrina.   Álvaro Gil Ruiz.   Granada.

Sobre el Plan Ibarretxe
Cartas al Director ABC 24 Julio 2003

Soy vasco y como tal español, por mucho que le pese a Arzallus y compañía. En concreto, soy donostiarra; pero vivo en Madrid desde que tenía siete años. Y no por gusto, sino por obligación. En 1976 mi padre fundó Guipúzcoa Unida (GU), la génesis de lo que hoy es el PP guipuzcoano, con la idea de participar en las primeras elecciones democráticas libres de 1977. Pero no le dejaron. Los compañeros de Azcárraga, el de las sentadas pro-reagrupamiento de los terroristas, le enviaron unas cartas llenas de amenazas e insultos que mi padre ignoró.

Como respuesta a su gallardía, los valientes gudaris le llamaron para comunicarle que condenaban a muerte a sus hijos de ocho y seis años. Así que, como muchas otras familias vascas carentes del salvoconducto de pertenecer al eusko-nazismo, tuvimos que emprender el exilio dejando atrás casa, vida, negocios... Y ahora Ibarretxe nos sale con su propuesta de Estatuto de Comunidad Libre Asociada, cuyo artículo 2.1 reconoce a los ciudadanos vascos la legitimidad democrática. Yo me pregunto: ¿es que no tenía legitimidad mi padre en 1977 por pensar diferente? ¿Se me va a dejar a mí y a los cientos de exiliados vascos votar en el referéndum que pretende Ibarretxe por vivir fuera del País Vasco se nos va a negar tal posibilidad?

Señor Ibarretxe: la verdadera diáspora vasca no es la que alude el artículo 8 de su proyecto, sino la de cientos de ciudadanos vascos no nacionalistas que por la dejadez gubernativa y connivencia política del Gobierno vasco tenemos que vivir a la fuerza fuera del País Vasco. Tan vascos como usted y Arzallus y que no queremos otra Constitución que la de todos los vascos: la española.   José Ramón Aparicio de Lázaro.   Madrid.

Tocata y fuga de Ibarretxe
IGNACIO CAMACHO ABC 24 Julio 2003

José Angel Cuerda: «La estrategia exige la normalización democrática previa del país, la superación del déficit democrático, un clima de paz y respeto. Estamos hablando de una reforma constitucional, no de una ley sectorial que se pueda sacar por mayoría»

BILBAO. «Cada cosa a su tiempo». El lendakari Ibarretxe abre una sonrisa fría y cortés mientras sube las escaleras de piedra azul del luminoso Palacio Euskalduna de Bilbao, pero se cierra en banda a comentar lo que llama «la filtración de uno de los ocho borradores» de su plan soberanista. Minutos antes, delante de un pequeño auditorio de dirigentes de federaciones deportivas, Ibarretxe ha remitido a septiembre para «un debate sosegado» sobre su propuesta, y les ha asegurado que «sea cual sea» el modelo que adopte, contendrá la creación de selecciones vascas. «A quién haríamos daño con ello», se ha preguntado en voz alta el jefe del gobierno autónomo de Euskadi.

La presencia de Ibarretxe en la presentación del Plan Vasco del Deporte se vio rodeada ayer de una inusitada expectativa política, pero el lendakari pretende mantener el ritmo del debate soberanista bajo su propio control, en paralelo a la estrategia que José María Aznar desarrolla sobre su proceso sucesorio. Pero, al igual que Aznar, rema contra corriente; la filtración le ha cambiado el paso, y es plenamente consciente de ello.

«Al menos esta vez parece que la dirección del partido se ha enterado antes», comenta un veterano simpatizante nacionalista; «en septiembre, Arzallus lo supo por la prensa». En los medios políticos vascos, incluso en los más próximos al PNV, se da por sentado que el plan es una iniciativa personal de Ibarretxe, que la ha ido moldeando a través de un equipo hermético estrechamente vinculado a su entorno.

«El plan se sustenta en la figura de Ibarretxe, que es el hombre que en estos momentos tiene más credibilidad en la sociedad vasca», afirma el sociólogo Javier Elzo Imaz, de la Universidad de Deusto, un intelectual próximo al nacionalismo moderado. «Y por lo que yo sé, no busca la independencia ni la secesión. La independencia no se tiene en pie, es un fantasma que, salvo en Guipúzcoa, está alejado del principio de realidad. Se trata de encontrar otra idea de España; lo que no sé es si eso resulta posible en el actual estado de cosas».

El actual estado de cosas, en el País Vasco, es la existencia de un déficit democrático unánimemente reconocido por todos, aunque cada cuál acomoda las responsabilidades a su punto de vista. Es también una evidente crispación y un patente desencuentro entre los dirigentes nacionalistas y los no nacionalistas, y es, sobre todo, el trasfondo de la violencia terrorista, el verdadero hecho diferencial del problema vasco. «Es chocante que en el texto filtrado no haya una sola palabra sobre las víctimas», admite Javier Elzo, que simpatiza con el fondo político de la propuesta del lendakari. «En eso tiene razón mi amigo Joseba». Joseba es Joseba Arregi, ex consejero del Gobierno vasco, que ayer ponía, en un artículo del diario «El Correo», el dedo de la denuncia en la llaga de la abstracción. «El debate político se está caracterizando en los últimos tiempos por la renuncia a tener en cuenta la realidad concreta en que se está llevando a cabo... Se discute de libertad y de autonomía en abstracto, y esa abstracción puede llegar a ser una gran mentira, porque oculta realidades que no pueden ser olvidadas, como la existencia de ETA, la existencia del chantaje y la amenaza, la existencia de víctimas...».

De un modo parecido lo ve también José Angel Cuerda, ex alcalde peneuvista de Vitoria, carismático político retirado artífice de una de las ciudades más equilibradas de España. Cuerda, como otros militantes del nacionalismo moderado, considera que Ibarretxe ha emprendido un camino cuestionable. «Yo hubiese preferido otra manera de plantearlo. Ésta me parece extemporánea, en el sentido de que el tiempo de la concordia, o al menos del desacuerdo respetuoso entre los vascos, aún no existe».

Para Cuerda, que comparte la idea de la profundización en el autogobierno, «la estrategia exige la normalización democrática previa del país, la superación del déficit democrático, un clima de paz y respeto. Estamos hablando de una reforma constitucional, no de una ley sectorial que se pueda sacar por mayoría. Un asunto de esta trascendencia tiene que alcanzar un acuerdo como el del Estatuto de Autonomía, que tenga las condiciones balsámicas para reconstruir este país. Y, sinceramente, yo no veo ahora mismo a los políticos de esta generación, a Arzalluz, a Mayor Oreja, a Patxi López, sentados alrededor de una mesa dialogando y escuchándose con serenidad».

El acuerdo estatutario, el consenso de la transición, aparece ahora como un moderno «bucle melancólico» al fondo de la actual dinámica política. Javier Elzo se muestra convencido de que «el proyecto necesita un acuerdo tan amplio y tan plural como el del estatuto. Si no, será un fracaso». Diversas fuentes nacionalistas apuntan a que Ibarretxe ha oído esta petición de forma casi unánime a lo largo de su ronda de consultas. Y algunos añaden que, en su fuero interno, espera alcanzar la anuencia de «al menos, una parte del PSOE, e incluso de gente del PP, con quienes ha hablado en Álava».

José Ángel Cuerda opina que «tal como está, se trata de un proyecto que viene de una parte de la sociedad y suscita el rechazo de la otra. Patxi López, Mayor Oreja, Aznar, lo han rechazado ya de plano. A mí me habría gustado que se discutiese el asunto primero dentro del partido, pero el lendakari ha optado por otra estrategia y le deseo todo el éxito, porque si la persona que al que hemos encargado el Gobierno se equivoca...».

«No se puede ir con un texto tan cerrado», opina otro simpatizante nacionalista, que admite haber hablado con Ibarretxe en los últimos meses. «El lendakari escucha, tiene hasta un correo electrónico abierto, pero luego toma sus decisiones». En ese sentido, algunos vascos de vocación soberanista temen que el plan encone la confrontación y aumente el resentimiento interno de la sociedad, patente en los datos del último Euskobarómetro. Y son pesimistas; saben que la propuesta de Ibarretxe obtendrá un no rotundo del PP y también del PSOE, máxime en vísperas de una confrontación electoral en el Estado.

«Busca un acomodo en el Estado»
«Yo creo que habría que capear el temporal y no ofrecer nada cerrado», manifiesta Javier Elzo, para quien la propuesta debería ser fiel «al principio de libertad para todos, acuerdo general, pluralidad y restauración democrática». El sociólogo defiende el carácter no secesionista del documento, que entiende «que busca un acomodo en el Estado, dentro del constitucionalismo útil de Miguel Herrero o de Ernst Lluch. Lo que pasa es que la presencia de ETA lo emponzoña todo, infecta a parte del mundo nacionalista y ofrece coartadas al inmovilismo del PP. Hoy, ser vasco es ser terrorista, si encima eres nacionalista, ni te cuento. Resulta imposible hallar un hueco para plantar otra idea de España».

El lendakari, mientras, sonríe y calla. La perspectiva de unas elecciones -«pienso que aguantará todo lo que pueda, quizá hasta después de las generales, pero desde luego él sabe que la propuesta no la puede sacar sólo con Batasuna, sería un fracaso», augura Elzo-, aparece al fondo del previsible encallamiento del debate a partir del otoño. «Esto no se puede sacar sólo con el 51 por 100», manifiesta otro destacado militante del PNV, que prefiere no ser citado, «e Ibarretxe lo sabe y lo comparte, creo. ¿Adónde quiere ir, entonces? Habría que preguntárselo...».

Pero no hay ocasión, porque él mismo da una pregunta como respuesta. Se lo ha dicho a los dirigentes deportivos, bajo la diafanidad de los cristales del Palacio Euskalduna, abiertos a la bruma de la ría, utilizando el deporte como una metáfora: Más alto, más fuerte... Más lejos. «Se trata -dice Ibarretexe- de sentarnos a una mesa y preguntarnos: ¿a dónde vamos, a dónde queremos ir? El debate ya por sí solo merece la pena...».

La endogamia de ETA
Aumenta el número de nuevos etarras que tienen vínculos familiares con antiguos miembros de la organización
VASCO PRESS/BILBAO El Correo 24 Julio 2003

Jon Joseba Troitiño Cira, de 23 años, era hasta ayer un desconocido, pero su apellido figuraba en los anales de ETA. De confirmarse su implicación en el doble atentado del martes, sería otra muestra de la endogamia que se refleja cada vez más en el seno de ETA. Hijos o familiares de miembros de la banda se enrolan en la organización para seguir los pasos de sus mayores, muertos o encarcelados.

Jon Joseba nació en 1980, al mismo tiempo que su padre, Domingo Troitiño Arranz, empezaba a dar sus primeros pasos en el 'comando Aizkora', en el que estaba también su hermano Antonio. El grupo quedó desmantelado en 1984, pero los hermanos siguieron su carrera terrorista, Domingo en el 'Barcelona' y Antonio en el 'Madrid'.

El caso de la saga de los Troitiño, a la que hay que añadir el cuñado de Antonio, que posteriormente se desvinculó de la organización, no es única. En los últimos años han aparecido varios casos similares. Uno de ellos es el de los Galarraga. El 23 de septiembre del pasado año moría en Bilbao Hodei Galarraga, miembro del 'comando Olaia', al estallar la bomba que transportaba en un coche. Seis días antes había sido detenida en Francia su prima Saroia, hija de un veterano activista de los años setenta, Juan Manuel Galarraga Mendizabal, 'Zaldivi'. Hodei y Saroia eran sobrinos del miembro del 'Donosti' Angel María Galarraga, 'Pototo', muerto en 1986 en un enfrentamiento con la Policía. Un hermano de Saroia, Haritza, es portavoz habitual de Segi en Francia y está reclamado por Garzón. Los hijos de 'Korta', 'Baldo' y una hija de Perurena, también han sido vinculados con ETA.

Algunos de los casos más característicos de endogamia han tenido lugar en territorio francés. Egoitz Urrutikoetxea, hijo del que fuera jefe de ETA 'Josu Ternera', es uno de los más significativos miembros de esta generación de hijos de activistas nacidos en el exilio, con nacionalidad francesa, que ha comenzado su militancia política en organizaciones juveniles. Un clan con nombre propio es el de la familia Guimón, siete de cuyos miembros han sido encarcelados en diversos momentos por pertenencia o colaboración con ETA. Cuatro están actualmente en prisión y otros tres han cumplido penas.

¡Viva el Québec canadiense!
PEDRO RODRIGUEZ ABC 24 Julio 2003

La sonada derrota electoral sufrida por los nacionalistas del «Parti Quebécois» ha sustituido la continua campaña separatista por un esfuerzo concertado para mejorar el sistema federal de Canadá dentro del marco constitucional vigente

WASHINGTON. Entre los momentos legendarios del contumaz pulso para imponer una interesada frontera entre la provincia francófona de Québec con el resto de Canadá destaca la histórica arenga separatista del general Charles de Gaulle desde el balcón del Ayuntamiento de Montreal el 24 de julio de 1967, con la traca final de «¡Vive le Québec libre, vive le Canada français, vive la France!». Pero este impulso independentista -pese a una estrategia de reivindicaciones contínuas y sucesivos referéndums en busca de una elusiva mayoría- ha envejecido bastante mal. Desde el sonado triunfo electoral logrado esta primavera por el liberal Jean Charest, este territorio con tres veces la extensión de Francia y siete millones de habitantes ha dejado de ser un feudo de separatismo, pasando a protagonizar un ejemplar esfuerzo para lograr que las dos principales esferas del gobierno canadiense dejen de tirarse los trastos a la cabeza y sumen esfuerzos en beneficio de sus ciudadanos.

Desde la garantía de cinco años de paz constitucional en Québec, Jean Charest ha empezado a liderar un esfuerzo concertado con el resto de los trece líderes provinciales y territoriales de Canadá para lograr un mejor reparto de recursos y responsabilidades con el gobierno federal de Ottawa. Dentro de este peculiar proceso, los diversos gobiernos regionales han aprobado la creación de un nuevo Consejo de la Federación, foro que aspira a orquestar un frente común para solucionar las deficiencias tan explotadas por los nacionalistas de Québec.

Para diseñar estas nuevas relaciones entre las administraciones de Canadá, los líderes regionales han solicitado encuentros periódicos con el primer ministro federal, reglas negociadoras uniformes que impidan otorgar privilegiadas ventajas a determinadas provincias, e insistencia en que el gobierno de Ottawa consulte a los gobiernos regionales en ciertos nombramientos federales. El Ejecutivo de Jean Chrétien ha acogido con cautela estas peticiones. La siguiente fecha clave para este calendario de reformas será la puesta de largo de este pionero Consejo de la Federación, prevista para el próximo 24 de octubre precisamente en la capital de Québec. La amurallada ciudad deberá convertirse entonces en un simbólico epicentro para este proceso de cambios encaminados claramente a lograr una mayor transferencia de fondos a las arcas de los gobiernos regionales. Las dos fórmulas barajadas contemplan la transferencia de ingresos fiscales reservados hasta ahora al Ejecutivo federal o un aumento en la versión canadiense de los fondos de armonización entre provincias ricas y pobres. Otra propuesta sobre la mesa es la discutida creación de un consejo nacional que supervise el gasto y prestaciones sanitarias, cuestión clave para una buena parte del electorado canadiense bastante inquieto por una bajada en la calidad de esta cobertura.

En todo este debate, lo que más llama la atención es el positivo protagonismo adoptado por Québec tras el abrupto final logrado hace tres meses por Jean Charest sobre el monopolio político de los nacionalistas liderados por Bernard Landry. Hasta ahora, todos los esfuerzos de reforma desde dentro del sistema y sin cuestionar el «status quo» legal en Canadá se habían visto obstaculizados por el Parti Québécois y su agenda separatista. Para el resto de líderes regionales ya era hora de que la provincia francófona dejase de ser una constante excepción.

Ahora, la bandera de Canadá vuelve a ondear sin problemas en el Parlamento de Québec. Y en colmo de las ironías, la misma provincia que ha venido amenazando frontalmente la unidad nacional durante el último cuarto de siglo actúa estos días como fuente de inspiración para lograr una Canadá mejor. En palabras del conciliador Jean Charest, «nuestros intereses no están en contradicción con los intereses de Canadá», aunque a su juicio haya llegado la hora de examinar a fondo las relaciones entre Ottawa y el resto de las provincias.

Cambio de planes
Robert Zimmerman/Florida- EEUU Cartas al Director El Correo 24 Julio 2003

A punto de partir para España para mis vacaciones en la tierra de mis antepasados, me entero de la última barbaridad de ETA en pro de la 'construcción nacional de Euskadi'. Lástima que mis amigos americanos que pensaban acompañarme al País Vasco hayan decidido quedarse en Madrid y Andalucía. Hace años hubo una campaña que decía 'ven y cuéntalo'. Mis amigos han pensado que ya nos lo cuentan la televisión y los periódicos, y no les apetece nada ir a un sitio, por muy bonito que sea, donde las ideas políticas se reivindican con bombas y tiros. Por mi parte, cambiaré de planes; esta vez mi visita al País Vasco será fugaz, y me iré al Levante español, mal que les pese a los que pusieron las bombas. Y si algún día el lehendakari se decide a acabar con ETA, le aseguro que tendrá muchos más turistas.

'Campaña de verano'
Juan Luis de León/Bilbao Cartas al Director El Correo 24 Julio 2003

En Benidorm y Alicante la banda asesina ETA ha estado a punto de inmolar varias vidas humanas en honor de su idolátrica ideología totalitaria y nacionalista. Esta vez no ha habido asesinados, sino heridos (varios de ellos agentes de policía que arriesgaron sus vidas). El objetivo de ETA era asesinar y sembrar el terror en su 'campaña de verano'. Mientras tanto, en muchos pueblos y barrios del País Vasco, las fiestas se sucederán con campañas orquestadas por algunas impresentables comisiones de fiestas que recordarán lastimeramente a los vecinos de ETA que están en la cárcel y que llegarán incluso a colgar anagramas de ETA en distintos lugares. Todo ello ante el aplauso de unos pocos, la indiferencia de muchos, la indignación callada por el miedo de otros muchos que tendrán que comulgar con ruedas de molino, y ante la pasividad de muchas autoridades locales nacionalistas. Ciertamente, 'Euskadi es increíble'.

Que escuchen
José Ignacio Calleja/Vitoria Cartas al Director El Correo 24 Julio 2003

Casi pensaba callarme ante los últimos atentados de ETA en Benidorm y Alicante. Al fin y al cabo, ¿qué supone una voz más o menos en la condena de la barbarie? Y, sin embargo, hay algo de ingenuidad irrenunciable en cada condena: el deseo de decir al corazón del terrorista, y esperar como un milagro que nos escuche, 'no en nuestro nombre, no con nuestro silencio cómplice, no para nuestro provecho, no por nuestras convicciones'. Inducen a algunos jóvenes para que extiendan el terror, mientras ellos se dedican a la ingeniería estratégica del movimiento popular. ¡Cómo me duele este cinismo en la pedagogía política de los viejos simpatizantes de ETA! Y su pueblo, la mayoría de este pueblo, hace mucho tiempo que sabe de su fracaso. Reniega de sus actos, maldice su barbarie, y todavía espera el milagro de su vuelta a la ciudad como hombres y mujeres de bien. Esto es lo que yo espero, deseo y exijo.

«España vive la descentralización más fuerte de Europa», asegura Álvarez Junco
El historiador explica en la UIMP su visión de los nacionalismos y la identidad española
El ensayista y catedrático José Álvarez Junco aseguró ayer que «la existencia, pervivencia y fuerza» de la identidad española está «despreciada y minusvalorada» por parte de los «nacionalismos alternativos». En su opinión, hay una proliferación de libros de historia de los diferentes nacionalismos, frente a los que hay sobre la identidad española, lo que está generando un «desequilibrio» que, a su juicio, «no es justo». Según el catedrático, el catolicismo fue y sigue siendo ahora uno de los factores esenciales de la formación de la identidad española, como institución que compite con el Estado.
Marta Borcha - Santander.- La Razón 24 Julio 2003

La identidad nacional se encuentra en una «fase de superación» ya que el ideal nacional de un estado que se corresponde con una sociedad homogénea culturalmente es «imposible». Esta es la tesis del catedrático de Historia y Pensamiento Político de la Universidad Complutense José Álvarez Junco, Premio Nacional de Ensayo con «Mater dolorosa», que estos días imparte un curso magistral en la UIMP sobre «La identidad española en la era de las naciones».

La concepción del estado nacional, asegura, ha cambiado «radicalmente» en los últimos años: «Hoy estamos insertos en una superación de los estados por arriba, como es el caso de la Unión Europea, que va quitando competencias a los estados. Pero por abajo se está viviendo un proceso de descentralización muy grande en España, el más fuerte de Europa en los últimos 25 años, por lo que el futuro de la nación es muy diferente al estado de nación clásico del siglo XIX, en que todo el poder era del Estado».

La evolución de la identidad española y su pervivencia en nuestros días está un «poco despreciada y minusvalorada» por los nacionalismos alternativos: «Tanto el nacionalismo vasco, el gallego, como el catalán han estudiado su propia historia frente a los escasos libros sobre el nacionalismo español». Un trato a su parecer «injusto y desequilibrado» porque estos libros potencian esos nacionalismos frente a un nacionalismo español, «que consideran que ni siquiera existe ya que sólo hablan del estado español».

Esta minusvaloración del nacionalismo español se debe «a que las elites políticas y culturales españolas han considerado que la manera de pedir una descentralización y mayores competencias para decidir sus propios asuntos era instituirse en entidades nacionales y entidades que venían de la noche de los tiempos», añade Junco. De ahí las exageraciones de todos los nacionalismos: «Todos los nacionalismos proyectan hacia atrás el sentimiento de identidad de una manera injustificada, empezando por el español, que decía que Viriato luchaba por España cuando todavía no sabía lo que era España». La identidad española del siglo XVI y XVII se funda en la «lealtad a la monarquía, al catolicismo y a la limpieza de sangre pura, el ser cristiano viejo». Un mito que, precisó, «heredan los vascos, que sostienen que son de sangre limpia y defienden que allí no hubo musulmanes ni judíos, cosa absurda porque San Ignacio de Loyola venía de familia conversa».

Para Álvarez Junco, el catolicismo es uno de los factores fundamentales de la formación de la identidad española, anterior a la era de las naciones, y lo sigue siendo en la era nacional. «En el siglo XIX se convirtió en un problema ya que el catolicismo significa lealtad a una institución como es la iglesia católica, una institución supraestatal que entra en competencia con el estado», explica el catedrático, quien se muestra contrario a la implantación de la religión como asignatura obligatoria porque «me parece una barbarie ideológica que traiciona el espíritu de consenso y de laicismo de la Transición».

Aznar y Zapatero tildan de «disparate» e «inaceptable» el plan de Ibarretxe
MADRID / BILBAO. C. DE LA HOZ / M. ALONSO ABC 24 Julio 2003

«Dislate», «disparate», «chantaje», «proyecto de ETA», «traición al país». Estos fueron algunos de los calificativos que se escucharon ayer desde las filas del PP y el PSOE al plan soberanista de Juan José Ibarretxe del que ayer ofreció ABC el texto íntegro de su articulado. La reacción de populares y socialistas fue perfectamente intercambiable, muestra del rechazo profundo que el proyecto de «Estatuto político de la comunidad libre asociada de Euskadi», que pretende la derogación del Estatuto de Guernica, genera entre los dos principales partidos del país y que contrastó, por ejemplo, con el silencio que mantuvieron los nacionalistas catalanes o con la tibieza de algunos dirigentes de IU, no así del líder del PCE, Francisco Frutos, que calificó el texto de «lamentable aventura política».

El documento, cuestionado tanto en el fondo como en la forma, mereció una seria advertencia de Aznar: «Las posibilidades de que prospere semejante disparate son cero». El presidente del Gobierno repitió por dos veces esta aseveración para que no quedara ninguna duda. Por su parte, el secretario general del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero hizo las mismas consideraciones a sus colaboradores, ratificadas por las declaraciones que durante el día de ayer hicieron otros dirigentes socialistas.

«El proyecto de Ley es un dislate, un disparate. No es que no quepa en la Constitución, es que es radicalmente incompatible con la misma y con la futura Constitución de la UE», manifestó Aznar ayer tras la publicación del documento que el lendakari quiere someter a consideración del Parlamento vasco en septiembre.

El presidente del Gobierno se explayó ayer sobre esa cuestión durante un acto celebrado por las Nuevas Generaciones del PP en El Escorial. Señaló que lo primero que hay que hacer es pensar en la sociedad vasca para sentenciar que «no vamos a aceptar que sea la primera víctima del radicalismo disparatado de algunos de sus dirigentes». Para Aznar, se trata de un proyecto de exclusión e imposición que expulsa a una parte del País Vasco y que podría resumirse en un sólo artículo con el siguiente texto: «La Constitución deja de ser válida en el País Vasco». En este sentido acusó de falta de coraje y decencia a Ibarretxe por no decir claramente que con este proyecto pretende «romper las reglas, la Constitución y el país» y a cambio se ampara en un lenguaje eufemístico, que pone de manifiesto, prosiguió, la paradoja de que «acusen a los demás de falta de diálogo y de espíritu constructivo» mientras presentan un proyecto en el que «acaban con todo».

«Chantaje inaceptable»
Aznar fue subiendo el tono conforme hablaba para hacer un repaso demoledor de lo que ha sido y significado el nacionalismo vasco desde que nació. «El PNV y el nacionalismo -dijo- han actuado siempre desde una posición de chantaje inaceptables tanto en el siglo XIX, en el siglo XX, durante la República como durante la Guerra civil, y ahora, en el siglo XXI».

«Ya está bien, ya vale», rogó Aznar para agregar que «no sería planteableni por asomo si detrás no tuviésemos el terrorismo actual». Y fue precisamente aquí donde lanzó la mayor carga de profundidad al comentar que la identidad de los objetivos entre el PNV y el terrorismo es «manifiesta», de modo que se «acabó el engaño» y terminado las «ensoñaciones». Ello explica, a su juicio, que los nacionalistas vascos «no quieren la derrota del terrorismo, sino el proyecto de ruptura que éste defiende». Esa es su actitud y su «profunda deslealtad», traducida en proyectos de ley como el que ayer revelaba este periódico, en otras iniciativas como el pacto de Estella o en en el malestar que produjo en el PNV las recientes detenciones de diez etarras en México.

Admitió que el martes hubo una «sentida condolencia» del PNV ante los atentados de Alicante y de Benidorm, pero, a continuación se preguntó dónde está la «acción contínua» del Gobierno vasco en la lucha antiterrorista, empezando por no compartir objetivos con los asesinos.

En definitiva, reiteró, las posibilidades de que este proyecto prospere «son cero», porque «las reglas, la legalidad y el Estado de Derecho se respetan y la Ley se cumple». «No vamos a permitir que la sociedad sea arrollada por un disparate», que lo único que provocará es el «empobrecimiento y el aislamiento del País Vasco» y «ese camino no lo vamos a recorrer».

A pesar de la gravedad del contenido del «Estatuto político» de Ibarretxe, el lendakari se permitió el lujo de reclamar a PP y PSOE que se abstengan de «meter ruido» hasta septiembre y que no se pongan «nerviosos» hasta que la propuesta no sea presentada en el Pleno de Política General en el Parlamento vasco.

«País con personalidad propia»
Ibarretxe explicó, durante su intervención en la presentación del Plan Vasco de Deporte, que el texto es uno de los ocho borradores con los que está trabajando su Gobierno en estos momentos y quiso dejar clara su intención de no desaprovechar ninguna oportunidad para explicar «al mundo que no somos un Estado, pero si un país con personalidad propia».

El lendakari dijo desconocer si en los borradores con los que está trabajando figuran las selecciones vascas y anunció que, en todo caso, estas selecciones constarían en la propuesta que va a presentar en septiembre, porque entiende que no «hacen daño a nadie» si compiten con otros países como, según aseguró, han hecho en estos días 17 selecciones que han participado en el campeonato del mundo de natación sin representar a estados.

Por otro lado, se negó a hacer declaraciones sobre la publicación del borrador, contestando con un «agur» a los requerimientos de ABC. Más prolija se mostro sobre este asunto la vicelendakari, Idoia Zenarruzabeitia, que comentó que lo único que se pretende dando a conocer ahora el proyecto es crear «confusión» y condicionar el debate, «cuando no impedirlo».

Aznar dice que el «disparate» del plan Ibarreche tiene «cero» posibilidades de salir adelante
El Gobierno usará «toda la ley» para proteger a los vascos de un proyecto que coincide con el de ETA
José María Aznar aseguró ayer que el «plan Ibarreche» es un «disparate» que queda fuera de la Carta Magna española y de la Constitución europea, y garantizó que usará todos los instrumentos del Estado de Derecho para evitar que los vascos sean víctimas del «radicalismo disparatado de sus dirigentes». «Tiene cero posibilidades de prosperar», proclamó, antes de incidir en la identidad de objetivos del PNV con «el terror» y trasladar un mensaje de responsabilidad al conjunto de la sociedad. Por otra parte, señaló que el proyecto del PSC supone volver «cinco siglos atrás».
Carmen Morodo - Madrid.- La Razón 24 Julio 2003

Aznar se desplazó ayer hasta la localidad de San Lorenzo de El Escorial para participar en la Escuela de Verano organizada por Nuevas Generaciones. En el coloquio posterior a su disertación, centrada en hacer balance de fin de curso, un joven, concejal de Irún desde 1995, puso sobre la mesa el asunto vasco para evidenciar sus temores ante el plan soberanista de Ibarreche y explicitar su gratitud a la política del Ejecutivo en esta materia. «Hay más libertad, hay menos miedo y hay menos complejos», le dijo al presidente.

Éste aprovechó para dar respuesta al proyecto articulado de reforma del Estatuto de Guernica que el «lendakari» presentará en septiembre, adelantado ayer por los periódicos del Grupo Vocento. Es un «disparate», incompatible con la Carta Magna española y con la Constitución europea. «La posibilidad de que prospere semejante disparate es cero», proclamó. El contenido del proyecto soberanista lo resumió en un único principio, que la «Constitución puede valer en toda España menos en el País Vasco», y, ante esto, garantizó que el Ejecutivo hará uso de todos los instrumentos legales a su alcance para evitar que la sociedad vasca sea la principal víctima del «radicalismo independentista de sus dirigentes». «Afortunadamente, tenemos un país más fuerte. No vamos a aceptar que los derechos de los ciudadanos, de las instituciones vascas, sean arrollados», afirmó.

El presidente contextualizó el citado proyecto secesionista dentro de la endémica estrategia de «presión» del PNV, que se sustenta en el terrorismo. Con él, además, queda de manifiesto que «la identidad de objetivos del PNV con el terror es la misma»: «El problema ya está encima de la mesa, no recomiendo a nadie que mire para otro lado». En su mensaje de defensa de la estabilidad institucional, introdujo también una crítica al proyecto de reforma del Estatuto catalán presentado por el PSC, pues la rehabilitación de la Corona de Aragón «significa un salto de cinco siglos atrás desde nuestra Constitución». «Estamos en un momento máximo de descentralización», afirmó antes de que, a raíz de otra pregunta, sentenciara que ETA será derrotada en breve. «No hay diálogo, no hay entrega, no hay rendición, no hay sumisión. Mienten los que dicen que no se puede acabar con el terrorismo».
Al margen de posicionamientos públicos, el Gobierno analiza el contenido del plan soberanista de Ibarreche sin perder de perspectiva la imposibilidad de que el PNV obtenga la mayoría absoluta que se requiere para que supere siquiera su primer trámite, la aprobación por la Cámara Legislativa vasca. El artículo 46 del Estatuto de Guernica, en su apartado 1.b, establece con claridad que cualquier reforma de su texto requerirá de ese quórum.

Todos los constitucionalistas rechazan la ofensiva del PNV y Mayor Oreja recupera el artículo 155
J. Arias Borque - Bilbao.- La Razón 24 Julio 2003

El presidente de los populares vascos, Carlos Iturgaiz, aseguró ayer que el «plan Ibarreche» deja «claro que ETA y el Gobierno vasco van de la mano» y aplican la táctica de «o te callas, o te vas, o te mato», y los vascos «deben darse cuenta que el PP no exageraba cuando anunciaba que el nacionalismo iba a lanzar un desafío rupturista». Para el dirigente popular, «el proyecto de ETA ha ganado dentro del nacionalismo» y los dirigentes del PNV quieren llevar a la comunidad vasca «al abismo y la ruina».

Ramón Rabanera. El diputado general de Álava y presidente de los populares alaveses calificó el plan secesionista del «lendakari» de «cúmulo de disparates y desacuerdos» y advirtió a Ibarreche de que «no cuente con Álava para llevarlo a cabo».

Jaime Mayor. El presidente del PP en el Parlamento vasco cree que el borrador del plan confirma que no exageraba «absolutamente nada» cuando recordaba la existencia del artículo 155 de la Constitución, en virtud del cual el Gobierno puede suspender el autogobierno de una comunidad autónoma si ésta incumple sus obligaciones.

Patxi López. El secretario general del PSE dijo que la propuesta de Ibarreche es «un planteamiento hecho desde el nacionalismo más radical e independentista» que «rompe pactos unilateralmente, quiebra la convivencia, vulnera la Constitución y el Estatuto y, por supuesto, no responde a las necesidades ni demandas de la sociedad vasca». Además, criticó que «mientras ETA lleva a cabo atentados, mientras pone bombas en el Mediterráneo, amenazando los intereses de la industria turística española, que son también intereses de los vascos, el “lendakari” nos presenta un proyecto cuyo objetivo final es la ruptura de España».

Carme Chacón. La portavoz del Comité Electoral Federal del PSOE consideró «inaceptable a todas luces» el borrador del plan, entre otras razones porque deroga el Estatuto de Guernica.

Miguel Sanz. El presidente del Gobierno de Navarra dijo que la propuesta tiene la «pretensión absurda» de incorporar a la Comunidad Foral en «esa entelequia denominada por los nacionalistas Euskal Herria».

Francisco Frutos. El dirigente de IU advirtió de que su formación «nunca» podrían respaldar la «lamentable aventura política» que, en su opinión, representa el Estatuto político para el País Vasco que prepara el «lendakari».

Foro Ermua. La plataforma ciudadana acusó a Ibarreche de comportarse como un «trilero», al tiempo que calificó el texto de «contrato de adhesión» para los vascos que deja fuera a aquellos que no lo respalden.

Begoña Errazti. La presidenta de EA mostró su esperanza en que el «plan Ibarreche» «no sea una serpiente de verano».
Patxi Zabaleta. El portavoz de Aralar en el Parlamento navarro criticó el proyecto del «lendakari» por considerarlo «inmovilista».

UPN pide a los nacionalistas que «dejen en paz a Navarra»
ABC 24 Julio 2003

UPN reiteró ayer a Ibarretxe «que deje en paz a Navarra y no la mezcle en aventuras secesionistas que están abocadas al fracaso por cuanto suponen una afrenta contra nuestro ordenamiento jurídico y el estatus institucional de la Comunidad foral». Los regionalistas señalaron a través de un comunicado hecho público ayer que «no les sorprende» la propuesta, que plantea la posibilidad de que Navarra se pueda incorporar a una nueva comunidad vasca, «porque son reiteradas las intromisiones de los nacionalistas en la vida política e institucional de Navarra y conocidas sus apetencias sobre la Comunidad foral y su falta de respeto por la voluntad del pueblo navarro, que rechaza las tesis nacionalistas». Así, consideran «inadmisible» esta «nueva injerencia» y exigen a Ibarretxe «respeto hacia la personalidad de Navarra como comunidad propia y diferenciada».

UPN sostiene que «el texto de la propuesta de los nacionalistas da muestras de una actitud absolutista y de imposición al pretender anexionar Navarra y despreciar una vez más la voluntad de los ciudadanos navarros, contraria a este tipo de planteamientos soberanistas».

También el acalde de Vitoria, el popular Alfonso Alonso, manifestó que su ciudad no se «someterá» al «plan Ibarretxe». Alonso señaló que «los vitorianos ya nos hemos pronunciado sobre el futuro que queremos: es decir, una Vitoria dentro del País Vasco, de España y de Europa».

José Juan Toharia: «El plan de Ibarretxe olvida que no sólo son vascos los nacionalistas»
JESÚS LILLO ABC 24 Julio 2003

El presidente de Demoscopia muestra su satisfacción por la publicación del texto que ayer reveló ABC sobre el contenido del plan soberanista de Juan José Ibarretxe. Toharia lo considera imprescindible para comprobar sus efectos sobre el actual reparto de fuerzas en la sociedad vasca

La publicación, ayer en ABC, del borrador del «Estatuto Político de la Comunidad Libre Asociada de Euskadi» elaborado por el equipo de Juan José Ibarretxe reabre la brecha social que en el País Vasco enfrenta a nacionalistas y no nacionalistas. Desde el preámbulo del articulado del texto, el proyecto hace residir en «el Pueblo Vasco» la responsabilidad de hacer valer su «derecho a la existencia y a preservar su propia identidad en el conjunto de naciones y pueblos europeos». Para José Juan Toharia, sin embargo, el planteamiento del lendakari «no parece responder a una necesidad de la sociedad vasca».

-¿Cuál cree que puede ser la respuesta de los ciudadanos vascos ante esta propuesta, ya definida y plasmada en un texto articulado?
-Los datos que tenemos revelan, por el momento, que en el País Vasco existe un profundo factor de división y no de cohesión para asimilar una crisis como la que impulsa Ibarretxe. Por las encuestas sabemos que este proyecto plantea en la sociedad más dudas que adhesiones y que no existe el consenso necesario para llevarlo a cabo. Según los informes que manejamos, la oferta del Gobierno vasco suscita el acuerdo de un tercio de la población y el desacuerdo de otro tercio, mientras que la porción restante se muestra perpleja y no llega a definirse. No hay mayorías claras sobre este asunto.

-Tampoco parece que vaya a haberlas a corto plazo, a tenor de la evolución de la respuesta popular en los últimos años.
-Casi la mitad de los vascos piensa que este plan va a dividirlos aún más y cuestiona su eficacia para pacificar la región. Dependiendo de a quién preguntemos, encontraremos respuestas diversas, y siempre encontradas, porque incluso dentro de los votantes del PNV se producen divisiones muy fuertes al respecto. Los no nacionalistas lo rechazan, y el entorno radical de Batasuna tampoco está conforme con un texto que considera de mínimos y que no satisface sus demandas.


-Sin embargo, es la sociedad, el «Pueblo Vasco», la excusa que argumenta el texto del proyecto de Ibarretxe para desencadenar la crisis.
-Este articulado no parece responder a una necesidad de la sociedad. Más que un factor aglutinante de los distintos sectores del País Vasco, creo que sólo conseguirá romper puentes y cauces de entendimiento.

-En este diálogo o monólogo de sordos, ¿hay alguna forma de mantener en pie esos puentes a los que se refiere?
-Considero útil el modelo holandés de Lipjhart, de sociedades consociacionales, un modelo que trata de articular piezas muy fragmentadas y sin cohesión, sociedades en las que cada grupo mantiene sus valores en compartimentos estancos. Para Lipjhart, son los líderes de las distintas facciones en conflicto los que, en vez de encerrarse en las diferencias que los separan y avivar la tensión, tienen que actuar como cemento unificador. El País Vasco es hoy un ejemplo de sociedad cuyos líderes tienen que dedicarse a canalizar formas para la convivencia, no romperlas. Lo que está sucediendo ahora es todo lo contrario: se buscan líneas de fractura y de confrontación.

-Pero quizá sean las bases las que pidan que se eche más leña al fuego para, desde uno y otro lado, mantener intactas sus aspiraciones.
-La única forma de conseguir la paz social es poner bálsamo en las heridas. No hay otra. Por supuesto que los distintos líderes políticos tienen que hacerse entender por sus bases para no parecer traidores. Este modelo ha funcionado en países como Holanda, una sociedad abocada al fracaso y que, sin embargo, ha conseguido materializarse en éxito.

-¿Fallan, entonces, los actuales líderes políticos?
-El País Vasco demanda una elite política con voluntad de alcanzar pactos, pero no como los que se produjeron durante los años en que gobernaron en coalición PNV y PSOE. Entonces una fuerza hegemónica se impuso a la otra. El País Vasco, después de veinte años de gobierno nacionalista, ha experimentado notables avances autonómicos, que de facto lo convierten en un Estado federal, pero la distribución del voto se ha ido desequilibrando hasta alcanzar el nivel de confrontación. De la proporción 60 a 40 de hace unos años se ha pasado a una práctica igualdad que revela la existencia de una sociedad más fragmentada todavía. Eso es responsabilidad de los políticos.

-Con esta evidente y patente división de la sociedad vasca, ¿resulta prudente realizar un oferta tan agresiva como la del lendakari?
-Sería lícita si cuando habla del «Pueblo Vasco» se refiriese a toda la sociedad, pero hay que partir de la base de que ésta se encuentra muy dividida. El proyecto de Ibarretxe parte de un preámbulo -«nosotros (...) proclamamos nuestra pertenencia...»- que remite exclusivamente al sector nacionalista de la población, por lo que resulta inválido por reduccionista. El borrador olvida que no sólo son vascos los nacionalistas: los no nacionalistas son y se sienten tan vascos como el resto. Éste es un dato que admiten todos los líderes políticos, procedan de donde procedan.

-Pero, ¿cree posible a estas alturas que alguien hable en nombre de todos los ciudadanos vascos?
-Al menos hay que intentarlo. Lo que no se puede hacer es pensar sólo en un sector de la población, el nacionalista. Ortega decía que el problema de los nacionalismos es que no tienen solución, porque ningún grupo puede obtener los fines que persigue y desea sin llegar a una fase de sometimiento. Es ahí donde se hace necesario el pacto y donde sobran los planteamientos maximalistas.

-Quizá el cansancio del pueblo vasco ayude a salir de este atasco. ¿Puede el agotamiento llevar a ceder y a desear un desenlace, aunque no sea el esperado?
-El ser humano se adapta a casi todo, no tenga dudas sobre eso. Además, en el País Vasco no creo que se den condiciones de vida extremas; al contrario, se vive bastante bien, con las comodidades propias del primer mundo. Es cierto que el coste directo de la situación de fractura social que se da allí lo experimenta sólo una parte de la población. El resto lo siente y lamenta, creo que sinceramente, pero los muertos siempre los ponen los mismos, los no nacionalistas. Cada uno siente un tipo muy distinto de dolor, un dolor que en un sector, el nacionalista, sólo es compasión. Sin embargo, hay que apreciar la voluntad de unos y otros para superar los problemas que los dividen.

-Volvemos a lo mismo, ¿son los políticos los que fallan y no están a la altura de esos deseos de integración de la sociedad?
-Los vascos comparten lazos muy estrechos, y en las cuadrillas de amigos se mezclan todos, nacionalistas y no nacionalistas. No se habla de política, porque es un elemento que los divide. Muestran su unidad por encima de las barreras ideológicas y mantienen lazos sociales muy fuertes. La elite política puede cambiar y moverse de un lado a otro, pero la sociedad civil está mucho más integrada y la convivencia resulta más llevadera que como la presentan en la esfera política.

-¿Van los políticos por libre?
-Como altavoces que son, expresan sus propios planteamientos, muy distintos a los de la sociedad. Creo que no hay sintonía total entre la ciudadanía y sus representantes. Los vascos quieren vivir en paz, pero el camino de la tensión y el maximalismo que algunos tratan de imponer no creo que sea el más adecuado.

-Siguiendo a Ortega, ¿quién tiene que ceder y quién someterse?
-En una sociedad en que la mitad de la gente no está en igualdad, como es el caso de la vasca, considero que representaría un gesto de generosidad y de buena vecindad no tratar de sacar ventaja sobre el más débil. En el País Vasco se disputa un partido de ping pong, pero uno de los jugadores tiene que devolver la pelota mientras, por detrás, ha de vigilar a alguien que intenta pincharle el trasero con una navaja. En semejantes condiciones no se puede hablar de victoria o de derrota. No hay que someter al rival, sino ayudarlo.

-La reducción de la intensidad de la ofensiva de una ETA en horas bajas, ¿hace más temibles las propuestas del nacionalismo que el propio terrorismo?
-Nadie tiene miedo a las ideas. El PNV es un partido democrático que puede gustar más o menos, pero el miedo físico sólo lo puede llegar a provocar una amenaza.

-Pero quizá las ideas sobre determinados hechos y planes sean consideradas como amenazas por quienes temen sus consecuencias.
-Creo que todas las ideas son legítimas y pueden ser expuestas en un contexto de libertad y de no coacción. Creo que ése es el único punto en discusión, si esas ideas pueden o no ser discutidas en libertad. Por lo demás, creo que en cualquier punto de España existen formaciones independentistas que no causan alarma social. Las ideas que no gustan y asustan no se votan. Quizá el programa de Izquierda Unida pueda provocarle miedo a los más conservadores, o el PP asustar a cierto sector de la población. Eso es lógico, pero en democracia la ideas pasan el «test» cada cuatro años.

-En el País Vasco, ese «test» se pasa cada vez que matan a alguien.
-En el País Vasco las libertades se dan de forma muy limitada, lo que introduce un sesgo difícil de valorar y que impide el debate de las ideas en condiciones de igualdad.

-Mucho se ha hablado y escrito sobre el sentir de los vascos respecto a determinadas derivas soberanistas, pero quizá falten datos sobre el estado de ánimo del resto de los españoles al respecto.
-Pese a lo que suelen decir los líderes del PNV, la sociedad española es enormemente tolerante y plural. Sabe aceptar las diferencias y asimilarlas sin excesivos traumas. Los españoles no manifiestan ningún tipo de hostilidad ante los planteamientos nacionalistas. La gente no se asusta con facilidad. Los españoles son sinceros y demócratas y saben aceptar de buen grado el resultado de cualquier consulta. Ahora bien, siempre que venga avalado por una elecciones limpias. Por lo demás, el mito de la España rota está olvidado.

-No parecen darse las condiciones necesarias para la discusión en libertad de distintas propuestas, pero ¿aceptaría en cualquier caso España la secesión del País Vasco?
-Resulta difícil aventurarse en una cuestión como ésta, de la que apenas tenemos datos. Primero habría que ver qué opinan los vascos. Imagino que si el proceso contase con garantías y fuese aprobado por el 70 por ciento de la población vasca, el resto de España no tendría problemas para aceptar sus decisiones. Con un aprobado por los pelos, las cosas cambiarían en España.

-Dada la actual situación de estancamiento en el volumen del sector nacionalista y no nacionalista, parece imposible prever un resultado tan abultado como el que usted apunta.
-Es el único posible para que el proyecto pueda seguir su curso. Creo que no basta con el voto de una mayoría para dar un paso semejante. Por sentido común, en estos casos es necesario contar con una mayoría suficiente, porque si para sacar adelante un proyecto de esta magnitud sólo se cuenta con unos cuantos votos de más sobre la opción que lo rechaza, en cualquier momento podría volverse atrás y planearse otro referéndum que dejara las cosas como estaban, y creo que eso no está especificado en este tipo de procesos.

-Una vez revelado el contenido del borrador que maneja el equipo de Ibarretxe, ¿comienza el tiempo de las encuestas y las cuentas?
-La publicación en ABC de este texto se ha producido en una época, en pleno verano, en la que no se pueden realizar encuestas fiables. Hasta hoy [por ayer] nadie conocía el plan de Ibarretxe... Hay que darle tiempo para que sea metabolizado por la sociedad, porque hasta ahora se trataba de una entidad fantasmal de la que se se hablaba mucho, pero que nadie conocía. Hay que saber esperar y darle tiempo a la sociedad para que lo asimile y pueda responder. De momento, lo más que se puede hacer es un «flash» de urgencia para comprobar el impacto que ha provocado la publicación de este articulado, pero conviene ser pacientes.

-Vuelta al principio. ¿Cree que tras la publicación de este texto pueden producirse cambios en la sociedad vasca?
-Creo que puede variar el ánimo de ese tercio de la población que no sabía qué contestar cuando antes se le preguntaba y que ahora puede desequilibrar el actual reparto de opiniones. Hasta ahora, el tema era una quimera, pero ya hay una materia consistente sobre la que definirse.

El Gobierno exige la restitución de la bandera de España en el Ayuntamiento de Manresa
EFE Libertad Digital  24 Julio 2003

La delegada del Gobierno en Cataluña, Julia García-Valdecasas, ha enviado un requerimiento al Ayuntamiento de Manresa en el que exige al alcalde que "restituya de inmediato la legalidad" y coloque de nuevo la bandera española en el balcón del consistorio. La enseña nacional fue retirada contra la opinión del alcalde socialista y a iniciativa de CiU y ERC, con los que gobierna.

 Desde la Delegación del Gobierno se recuerda la "obligación de reponer la legalidad" después de que un acuerdo municipal en Manresa, a iniciativa de CiU y ERC, obligase a retirar desde este martes las banderas de España y de la Unión Europea de la fachada del Ayuntamiento, en contra de la opinión del alcalde de la ciudad, el socialista Jordi Valls, que gobierna en minoría gracias al apoyo de ERC e ICV.

García-Valdecasas ha enviado este requerimiento a Valls después de hablar con el ministro de Administraciones Públicas, Javier Arenas, que declaró que el acuerdo del pleno municipal de Manresa es "ilegal a todas luces", por lo que el Gobierno acudirá a "todas las vías políticas y jurídicas disponibles" para que la bandera española pueda volver a ondear en Manresa. Arenas explicó que: "estamos seguros de la cooperación del alcalde (socialista) de Manresa (Barcelona) a esos efectos y no vamos a permanecer pasivos ante lo que es una vulneración de las leyes".

Por su parte, el consejero de Gobernación y Relaciones Institucionales, Josep Maria Pelegrí, ha declarado a EFE que en este caso la Generalitat sólo se limita a "respetar la autonomía local", ya que es la Delegación del Gobierno quien tiene competencias en este terreno. Consultado por el alcalde Manresa, Pelegrí se ha remitido a la "normativa vigente", en concreto a la ley que regula los símbolos españoles, que explica que "la bandera española deberá ondear en el exterior y en el interior de todos los edificios y establecimientos de la administración central, institucional, provincial y municipal del Estado". Respecto a la bandera europea, la normativa recuerda que su colocación es "optativa", según fuentes jurídicas de la consejería de Gobernación.

El CGPJ anula la composición de la Sala de la Discordia por la falta de "objetividad" de Zorrilla
EFE Libertad Digital  24 Julio 2003

El Consejo General del Poder Judicial ha anulado de forma definitiva la Sala de la Discordia, que debe pronunciarse sobre la querella contra Atutxa. Había irregularidades en la designación de sus componentes. El TSJPV tendrá que conformar una nueva sala en la que se respete el turno. El fiscal general había recurrido tras la maniobra para colocar a jueces afines al PNV.

El pleno del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) ha decidido anular el acuerdo del presidente del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco, Manuel Zorrilla, sobre la composición de la Sala de Discordia que debe estudiar la querella contra el presidente del Parlamento vasco, Juan María Atutxa. Según informó el portavoz del CGPJ, Enrique López, el pleno decidió anular el acuerdo por 17 votos a 3 al considerar que debe ser revocado ya que en el mismo se aplicaron criterios complementarios "erróneos" que no satisfacen las exigencias constitucionales de "objetividad y predeterminación".

López explicó que una vez que se notifique esta resolución, sólo recurrible por el Ministerio Fiscal, "se espera un nuevo llamamiento para conformar una nueva Sala conforme a los criterios utilizados en el último año por la Sala de Gobierno del TSJPV".

El acuerdo del Consejo se produce a raíz del recurso presentado por la Fiscalía contra la composición de la Sala de Discordia creada por Zorrilla para decidir sobre la admisión o no a trámite de la querella contra Atutxa por su negativa a disolver el grupo Socialista Abertzaleak (SA).

El pleno también decidió previamente ratificar el acuerdo de su Comisión Permanente de suspender cautelarmente la Sala de Discordia, constituida tras establecerse un empate en la Sala que debía decidir sobre la querella contra Atutxa, y para la que Zorrilla nombró a los magistrados Manuel Díaz de Rábago, Enrique Torres y María Abelleira.

El portavoz señaló que la mayoría del Pleno defendió la competencia de este órgano de gobierno de los jueces para abordar este asunto al considerar que la decisión de Zorrilla tiene un carácter gubernativo aunque se tomara a través de una providencia, criterio que no comparten los tres vocales que votaron en contra - Monserrat Comas, Félix Pantoja y Alfonso López Tena-.

Para el pleno, Zorrilla no utilizó el turno preestablecido por la Sala de Gobierno del TSJ del País Vasco y por eso se produjo lo que se ha calificado de error en los llamamientos de los magistrados que debían conformar la Sala de Discordia, con lo que la providencia "es nula de pleno Derecho" y está viciada de "nulidad radical", dijo López. Según el portavoz del CGPJ, para el llamamiento de estos tres magistrados el presidente del TSJ utilizó "criterios complementarios" que no satisfacen las exigencias constitucionales del derecho al juez predeterminado por la ley y que no son coherentes con los aplicados por la Sala de Gobierno de dicho tribunal en el último año y medio.

El criterio de la Sala de Gobierno, que "no está acordado expresamente pero si de facto", señaló López, establece que deben ser llamados los magistrados de las otras Salas -en este caso de lo Social y lo Contencioso- empezando por los más modernos y terminando por los más antiguos.

A partir de este criterio, los magistrados a los que les correspondería conformar la Sala de Discordia serían José Antonio Alberdi, quien se encuentra de baja; Fernando Torremocha y Agustín Hernández, y, en caso de que el primero continuara de baja, a Isidoro Álvarez. Por su parte, López Tena, uno de los vocales discrepantes que ha presentado un voto particular al acuerdo del pleno, indicó que en su opinión el fiscal no está legitimado para recurrir por vía administrativa una decisión del presidente del TSJ.

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