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Recortes de Prensa     Lunes 18 Agosto  2003
¿Se descompone el Estado de Derecho
Gabriel Albendea es escritor La Razón 18 Agosto 2003

Estado(s) de las autonomías
José María Carrascal La Razón 18 Agosto 2003

Engañabobos y realidades
FLORENCIO DOMÍNGUEZ/ El Correo 18 Agosto 2003

Balza y Zorrilla: las manos bajo la mesa
Lorenzo Contreras Estrella Digital 18 Agosto 2003

El otro error de Zapatero
Editorial El Ideal Gallego 18 Agosto 2003

Contradicción de Zapatero
Editorial La Razón 18 Agosto 2003

Un día en Guecho
Cartas al Director ABC 18 Agosto 2003

Cultura teatral en Cataluña
Cartas al Director ABC 18 Agosto 2003

Los populares vascos echan en falta más ideas como las de Redondo Terreros
Servimedia - Madrid.- La Razón 18 Agosto 2003
 

¿Se descompone el Estado de Derecho?
Gabriel Albendea es escritor La Razón 18 Agosto 2003

El artículo de un diario nacional atribuía a Jiménez Villarejo la afirmación de que en España el Estado de Derecho se está descomponiendo. No sé si ha sido él el inventor de la frasecita, pero con seguridad lo ha dicho Arzallus («el Estado de Derecho está en plena descomposición») y también varios nacionalistas, si no con esas palabras con parecidas, como que tenemos «una democracia de baja calidad». En realidad la expresión revela el secreto deseo de que así sea para facilitar el descabellado proyecto de Ibarreche. Pero lo peor es que semejantes declaraciones u otras que tienen parecido significado las han hecho últimamente también los socialistas. Y aún más grave que jueces y fiscales se hayan lanzado al ruedo público ostentosamente, olvidando aquello de que deben hablar por sus actuaciones y sentencias. Creo que ni en los momentos más delicados de la historia democrática española se había llegado a una situación tan perversa en que la demagogia ocultara de tal modo la realidad y sometiera a semejante enfrentamiento a los poderes del Estado y a los partidos. Es tal el cúmulo de sandeces y despropósitos que quienes los pronuncian debieran quedar automáticamente descalificados. Es tal la sarta de insultos, injurias gratuitas, mentiras, interpretaciones partidarias de los hechos, deformaciones interesadas de lo real, desinformaciones dentro de lo que, grosso modo puede calificarse de política que si nuestras instituciones no estuvieran situadas en un contexto europeo democrático correrían serio peligro. Pero no porque realmente se esté descomponiendo el Estado de Derecho, que no es sino el estado de legalidad previo a la democracia, sino porque parece que se lo estuviera atacando desde muy diversos frentes con la intención de echarlo abajo.

Empezando por los socialistas, lo más llamativo y lamentable ha sido la descalificación que han hecho de la desestimación de su querella contra los desertores Tamayo y Sáez y los acusados sin pruebas del PP. Que un catedrático de Derecho Constitucional, como López Aguilar, diga que «si la querella presentada se archiva con hechos claramente delictivos España será como la Guinea de Obiang o la Italia de Berlusconi» indica que el PSOE es un partido enfermo en el que algo esencial sigue sin funcionar. Aparte de lo antidiplomático de hablar así de la Italia de Berlusconi, accionista, por cierto, mayoritario de una cadena televisiva española que pone a diario a parir al Gobierno, si España se convirtiera en una República Federal bananera sería por obra y gracia de la absoluta miopía política socialista y no por los autos de los Tribunales que no les dan la razón. Caldera, que no es novato en las lides de la corrupción, pues gozaba de un escaño con F.G., acusa a Cardenal de «tapar la corrupción del PP» (¿se acuerda de Eligio Hernández?), porque no deja que investigue Jiménez Villarejo, el fiscal que quiere su cargo vitalicio y que está obsesionado con echarle una mano al PSOE, saltándose plazos y normas con total desvergüenza.
Para más confusión, tras la incapacidad manifiesta para resolver la crisis de Madrid y perder estrepitosamente el debate de la nación, Zapatero aclara por fin su relación con Maragall, aplaudiendo entusiasmado su Estado Federal asimétrico y demostrando con ello que no sabe lo que es un Estado Federal ni otras muchas cosas. Y para añadir algo a esta lista, que sería interminable, de desatinos de un PSOE que pretende gobernar España: el apoyo de Maragall a la declaración catalana a favor de la mesa del Parlamento vasco en su desacato al Supremo o la inestimable ayuda de esa pobrecita proletaria llamada Porta, la de los veinte inmuebles heredados.

Siguiendo con los nacionalistas en esta carrera de velocidad hacia la insensatez, en la que van sin duda a la cabeza, tenemos las ya sólitas declaraciones del capo vasco contra todo lo habido y por haber que venga de España, como los jueces, por ejemplo, «a los que hay que vigilar a ver para qué vienen» (a Euskadi). Con esa advertencia, ¿no hace el capo Arzallus una amenaza «sibilina», un guiño a ETA? Como aquel otro: «Si Batasuna no va a las elecciones la van a pagar» Parece que el nacionalismo se ha empeñado en volar los puentes que lo unen aún al Estado de Derecho. Ha invadido las competencias centrales en el caso del AVE; se niega a devolver treinta y dos millones que debe al Estado; se resiste a acatar los autos del Supremo para que disuelva un grupo terrorista y se reúne con éste para tramar más acciones contra la democracia. La respuesta del Tribunal es tan timorata que sólo dos de dieciséis magistrados proponen sanciones coercitivas contra Atucha. Mientras, el lehendakari sigue erre que erre con su plan soberanista contra tirios y troyanos, como si fuera sordo y ciego. Por su parte, Azcárraga, ¿consejero vasco de Justicia!, una mezcla de clérigo fascista y de ujier servil, sorprende una vez más acusando de «mafiosa» a la Justicia española, declaración freudiana exculpatoria que delata la pesadilla sectaria del PRINV que sueña con el poder eterno. Y de nuevo la reacción comedida del CGPJ, que protesta con una cartita a lbarreche, diciéndole lo mal educado que es su consejero. Entretanto el capo y cocinero mayor de la Organización separatista se ha servido de otro pinche para su nuevo plato de nacional social i sino: el «golpe de estado» del que acusa el pinche Urkullu al Supremo por aplicar la ley es, otra vez freudianamente, el golpe de Estado contra España con el que lleva soñando el PRINV toda su vida.

Es el procedimiento proyectivo ya habitual de ese partido: acuso a los demás de lo que me acusan a mí. Parece que lo del «golpe de Estado» se ha puesto de moda. Simancas y demás también siguen con «el golpe» en lo de Madrid, casi como el del 36, vamos. Aprovechando el río revuelto, tampoco el Honorable, que no lo parece tanto, se calla: «El PP y su líder tienen una actitud agresiva, nacionalista excluyente, que agrede a las identidades.» ¿No suena la técnica del PRINV? «Aznar tiene una idea de España, la de antes, la de Franco, homogénea y radial». Es que los españoles son muy zoquetes. Creen que ha pasado algo nuevo desde la Transición. Puro espejismo: Franco resucita a diario como un dios inmortal.

Las cosas se están poniendo aún peor al entrar en tromba jueces y fiscales, como monstruos en cacharrería, en los medios, olvidando que su función consiste en aplicar las leyes y no en opinar sobre su bondad. Parece que muchos no fuesen conscientes de la necesaria separación de poderes. Así, con absoluto desparpajo, el portavoz de la Unión Progresista de Fiscales (¿no sé por qué tenemos que sufrir tales engendros!), un tal Antonio Camacho, que merece el mismo respeto que él tiene a quienes votaron por mayoría absoluta al PP y al Parlamento, a propósito de la entrada en vigor del Estatuto del Ministerio Fiscal, lo critica como «el intento más serio de control del Poder Judicial por parte del actual Gobierno» («ABC», 27-6-2003). Por lo visto ha sido ahora y no antes un problema «saber dónde empieza la Fiscalía General y dónde acaba el Ministerio de Justicia». Por lo visto los ceses practicados no estaban previstos por la ley, sino que como son de fiscales que no tienen empacho en declararse «de izquierdas» y son «muy capaces profesionalmente» todos ellos y tan humildes tienen la desfachatez de quejarse porque no los hacen vitalicios. ¿Qué casualidad que son siempre jueces y fiscales progresistas los que protestan ahora por todo, los mismos que no han rechistado durante catorce años de gobierno del PSOE!

Dentro de esta cuadrilla partidista de progres, en cuyas manos tengamos la suerte de no caer, hay estrellas justicieras internacionales, como Garzón. Otros son estrellas nacionales más modestas, pero destacan aún más por su furia destructiva y «cainita», y sonriendo, que es peor. A cualquier ciudadano timorato o simplemente incauto puede asustar un juez llamado Joaquín Navarro, pero, por lo visto, deja impávido al CGPJ, que no le abre un expediente, la misma institución que expulsó de la carrera judicial al inocente J. Gómez de Liaño, por atreverse a buscarle las cosquillas a Polanco. ¿Será porque Navarro acierta a desdoblarse en juez y articulista, el primero mansurrón, equitativo y risueño, y el segundo, amparado en la libertad de expresión, «cainita» y demencial, y cuando el CGPJ busca a uno se topa con el otro? No se puede oír sin estremecerse al articulista furibundo, que no al juez pastueño: «el poder asesina impunemente a los antropoides inmigrantes sin derecho alguno» (LA RAZÓN, 10-7-2003) ¿Dios santo! El mismo juez que no recibe ni una reprimenda paternal es el articulista que se siente perseguido, al parecer, por «disidente de cimientos y dogmas al servicio del Imperio».

Navarro relata cómo «los nacionalistas estatales de la patria común e indivisible» se liquidan a los pobres «nacionalistas que aman su patria, la integridad de su tierra, su lengua, su cultura y su libertad». ¿Qué malos son los españoles, coño, y qué buenos los terroristas de ETA y los que los amparan y defienden por todos los medios!
El articulista, que no el juez, se siente acosado porque no acepta esta «monarquía de la dictadura convertida en monarquía parlamentaria de partidos oligárquicos, de oligarquías cerradas y tribales, condenado por el poder a ser fugitivo y errante». ¿Caramba!, ¿creíamos que los errantes eran los doscientos mil vascos exiliados de su tierra por el terrorismo? Pues, no. ¿Cómo no tragamos tantas verdades alumbradas por tan eximio representante de uno de los poderes del Estado, que ayuda con ellas a su defensa?

Estado(s) de las autonomías
José María Carrascal La Razón 18 Agosto 2003

Qué es Cataluña, Euskadi, Galicia, Andalucía, Aragón, Navarra, etc., etc., lo sabemos perfectamente. Lo que no sabemos con precisión es qué es España. Nuestro gran problema se reduce a esa paradoja. El Estado de las Autonomías debía, y esperemos aún deba, ser su solución, la cuadratura del círculo, la fórmula milagrosa que reconciliase unidad con pluralidad. Una fórmula compuesta a partes iguales por imaginación y realismo, por audacia y cautela. Una vez que los viejos reinos (no me atrevo a llamarles regiones, pese a ser etimológicamente lo mismo: del latín regio-onis) vieran reconocida su personalidad y les fueran devueltas prácticamente todas las funciones de administración interior, no tendrían inconveniente en formar parte de una unidad llamada España. Al revés, estarían encantados al poder gozar de las ventajas que trae la autonomía doméstica y un marco mucho más amplio, al que acudir en caso de emergencia o para tener más peso en la escena internacional.

Desgraciadamente, no todo está saliendo así, aunque también hay que decir que no todas son desgracias. El Estado de las Autonomías funciona, mal que bien, en la mayor parte del territorio nacional. Pero le han salido dos vías de agua que si no se taponan a tiempo lo pueden enviar a hacer compañía al «Prestige». La primera de ellas es la de los nacionalismos excluyentes, que rechazan esa fórmula intermedia. El nacionalista radical, sea vasco, catalán, gallego o de cualquier otra parte, no se contenta con la autonomía. Quiere la soberanía. Quiere la representación exterior, el pleno control de su hacienda, jus- ticia, seguridad, sanidad, educación, inmigración, industria, turismo y el resto de las actividades ciudadanas, como ya está pidiendo. Quiere, en fin, vaciar el Estado español, para trasladar todas sus funciones a las autonomías. Ya me dirán ustedes qué quedaría de aquél. En el mejor de los casos, una corona simbólica, sin el menor poder, sobre todos ellos. En el peor, adiós muy buenas.

La segunda brecha a ese Estado es más sutil, pero no menos peligrosa. Creíamos que, al sentir plenamente reconocida su personalidad, los habitantes de las distintas autonomías se sentirían más propicios a reconocer los lazos que le unen a las restantes y las ventajas que trae pertenecer a un ente mayor. No es así, sino al contrario. Lo que estamos viendo es un distanciamiento cada vez mayor entre las comunidades autonómicas, que va desde el plano individual al administrativo. Se viaja a ellas, pero como se puede viajar a cualquier otro país. Ha desaparecido hasta la movilidad que existía de los funcionarios, confinados ahora a su comunidad. Con lo que el distanciamiento aumenta. De seguir por este camino, más que un Estado de las Autonomías, tendríamos unos Estados de las Autonomías, que serían de hecho soberanías. No creo que fuera eso lo que pensaron los diseñadores del invento.

Engañabobos y realidades
FLORENCIO DOMÍNGUEZ/ El Correo 18 Agosto 2003

El presidente del PNV, Xabier Arzalluz, calificaba la semana pasada de engañabobos las tesis de quienes sostienen que la aplicación del plan Ibarretxe y la independencia del País Vasco tendrían un coste económico difícil de asumir. También negó que la independencia, el fin político del PNV , fuera a dejar a Euskadi al margen del marco político y económico europeo. Aunque no lo mencionó, parecía estar pensando en el catedrático Mikel Buesa, la persona que con más detenimiento y rigor ha estudiado los efectos económicos de la aventura independentista vasca. Buesa ha alertado del retroceso económico, con un aumento brutal del paro, y de los costes para las empresas que supondría la ruptura con España.

Las proyecciones económicas pueden ser discutidas siempre que se aporten otros datos y otros supuestos alternativos. No basta con la descalificación política ni con frases insustanciales del tipo «por cada empresa que se vaya vendrán siete». Sin embargo, las realidades económicas son mucho más difíciles de rebatir, porque no se trata de futuribles que pueden ocurrir o no, sino de hechos que ya se han producido. Realidad es que hay empresas vascas, importantes, que en privado admiten que están perdiendo oportunidades y negocios en el mercado español por la tensión política que se vive en Euskadi.

Realidades son también los pronunciamientos políticos de las instituciones europeas contrarios a cualquier experimento rupturista. En su día fue la Comisión Europea la que dijo que el plan Ibarretxe no tenía encaje en el marco comunitario. El reciente proyecto de Constitución europea es todavía más claro y rotundo al rechazar la ruptura de las fronteras internas de cualquier Estado miembro.

La caída del muro de Berlín, el desmoronamiento del antiguo Bloque del Este y la aparición de nuevos estados entre sus ruinas espolearon el ánimo independentista de algunos líderes del nacionalismo vasco, que se planteaban por qué si Eslovenia, Eslovaquia o Lituania eran independientes no podía serlo Euskadi. Tras aquella remodelación del mapa continental, a menudo, a costa de mucha sangre, la Unión Europea ha llegado a la conclusión de que ya es suficiente, que ha llegado el tiempo de la estabilidad y que no pueden ponerse en peligro estados consolidados.

Quien abogue ahora por el independentismo estará al margen de la Unión Europea, con todas las consecuencias. Esto no es un engañabobos sino otra realidad, como lo es el aislamiento internacional en que ha quedado el PNV durante los últimos años a medida que se ha ido radicalizando.

Balza y Zorrilla: las manos bajo la mesa
Lorenzo Contreras Estrella Digital 18 Agosto 2003

Del circo marbellí a la comedia vasca. Por dos veces sucesivas, con carácter inmediato, dos marchas ilegales proetarras han podido celebrarse, pese a la prohibición del Gobierno de Vitoria. La primera, como se recordará, recibió el "non placet" de la consejería de Interior, pero esa desautorización fue desautorizada, a su vez, por el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco. Su presidente, Manuel María Zorrilla, contra Javier Balza.

¿Encontronazo institucional? En modo alguno. Balza y Zorrilla, Zorrilla y Balza, se daban la mano por debajo de la mesa. En la primera prohibición de la consejería de Interior, la orden estaba tan mal argumentada, con tales carencias de datos, que Balza le proporcionaba a Zorrilla, en bandeja de plata, la posibilidad de adornarse ante el amenazante abertzalismo radical con una autorización judicial que le tranquilizará, como buen chico que ha sido, durante una larga temporada. Y en el segundo caso, cuando Balza nuevamente ha prohibido otra concentración batasuna, ¿qué ha ocurrido? Sencillamente que la movilización ha cambiado de escenario físico, desplazándose a otro lugar cercano.

Obsérvese, todos cumplieron con los ritos formales: Balza prohibiendo dos veces las concentraciones, el Tribunal Superior autorizando la primera por falta de datos y prohibiendo la segunda por sobra de ellos y la Ertzaintza absteniéndose de intervenir en la segunda movilización porque ya ésta no se desarrollaba físicamente en el lugar concretísimo señalado por la orden prohibitiva.

La tomadura de pelo, el fraude de ley o de norma, la connivencia de autoridades, los valores convenidos se han dado cita en la orquestación de esta desafiante insolencia. En realidad, por parte del Gobierno vasco, la pérdida de autoridad es simplemente dejación de ella dentro de un marco de complicidades entre nacionalismo soberanista y abertzalismo radical e ilegalizado. Y encima, para vestir mejor el muñeco, los radicales ponen verde a Javier Balza, que, por si algo faltaba para perfilar la comedia, notificó la prohibición de la convocatoria fuera de plazo y al margen del procedimiento legalmente establecido.

O sea, que Balza está en su papel, la Ertzaintza en el suyo, la Justicia vasca donde le corresponde, y nadie realmente en su sitio. La bola de nieve del conflicto vasco va creciendo, engordando, porque se usan armas tácticas que son peores que las otras, las de fuego. Si los convocantes de una manifestación o concentración ilegal, que se presume será prohibida, quieren obviar este fastidio formalista, encargan a un individuo o individua que la solicite personalmente, dentro de los baremos constitucionales que garantizan el derecho a la libertad de manifestación. Y ni la consejería de Interior, en el caso de la primera manifestación, señala a la autoridad judicial cuál es la vinculación batasuna de esa persona, ni el Tribunal Superior se mete en averiguaciones ni en presunciones de delito por des´rodenes más que probables, como en efecto se demostró con la apología del terrorismo y la quema de la bandera española. Y ahora, en el caso de la segunda "marcha", no hay indicios de que vaya a deducirse ninguna responsabilidad, del mismo modo que el día de la quema de la bandera y de los gritos pro-etarras nadie fue identificado en ausencia de fuerza pública.

Y así siguen las cosas, por más que el ministro del Interior, Angel Acebes, diga que hay que usar "toda la diligencia para no dejarse burlar por ETA". ¿Sólo por ETA?.

El otro error de Zapatero
Editorial El Ideal Gallego 18 Agosto 2003

Agosto está resultando un mes atípico, al menos en el plano político. Habitualmente, aprovechando que el país pone el cartel de cerrado por vacaciones y las costas se llenan de ciudadanos deseosos de sol, playa y poco más, los representantes del pueblo echaban mano de las bermudas, desterraban la corbata y se dedicaban a la noble ocupación de cultivar el ocio. Sin embargo, España, al menos en el plano político, se encuentra en una encrucijada. Los asuntos de capital importancia son muchos y, en estos días, están todos ellos en juego. La resolución del conflicto de Madrid y la moción de censura de Marbella son dos focos de constante atención. Pero hay otros asuntos, si cabe más importantes, que extienden su sobra sobre el panorama nacional. De un lado, el asunto de la sucesión de José María Aznar entra ya en su fase final. Septiembre es el mes elegido para conocer el nombre del delfín, del próximo cabeza de lista del partido que gobierna, por lo cual, la decisión que el presidente y sus colaboradores más allegados tomen, afectará a todos y cada uno de los españoles.

De igual modo, el anuncio de que Ibarretxe llevará su plan independentista al parlamento vasco en el próximo curso ayuda a enturbiar unas aguas que, desde luego, no bajan ya demasiado claras. Zapatero reconoció ayer que ya ha mantenido contactos con Rajoy sobre el proyecto secesionista del PNV. Sin embargo, el líder de los socialistas anuncia que no habrá un frente común. Es evidente que Zapatero se equivoca. Y lo hace porque sólo piensa en la merma de votos que le puede producir ir de la mano del PP. Sin embargo, el asunto es lo suficientemente grave como para que el consenso esté muy por encima del posible rédito electoral que se pueda obtener de una acción conjunta entre los dos principales partidos del país.

Contradicción de Zapatero
Editorial La Razón 18 Agosto 2003

El secretario general del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, de vacaciones en Almuñecar (Granada), ha querido, sin duda, salir al paso de las opiniones que su compañero de partido, Nicolás Redondo Terreros, hizo públicas ayer en LA RAZÓN, y, en entrevista a Europa Press, advierte que, frente a la postura del veterano socialista vasco, su partido no va a mantener ningún frente común con el PP ante el desafío soberanista del llamado Plan Ibarreche. Eso no significa que el PSOE esté de acuerdo con la posición de los nacionalistas vascos, faltaría más, pero su líder cree que debe haber un espacio, una especie de tercera vía, entre el «inmovilismo autonómico» del Partido Popular y los planteamientos secesionistas del PNV. Hasta aquí poco hay que objetar, ya que forma parte de la estrategia política al uso la búsqueda de posiciones diferenciales cuando hay una convocatoria de elecciones a las puertas. El problema, a nuestro juicio, se plantea cuando el candidato socialista intenta explicar en qué consiste esa tercera vía autonómica.

Así, dice Zapatero, que tras 25 años de Constitución hay que establecer un proceso de mayor diálogo, participación e integración entre el Estado y las comunidades autónomas. Dejando a un lado el hecho de que, según nuestra Carta Magna, las comunidades autónomas son consustanciales al Estado y no entes aparte, discusión que nos llevaría lejos, la afirmación del secretario general del PSOE presupone que el modelo autonómico español tienen un déficit de diálogo, participación e integración. Déficit que, por lo visto, hay que cargar en el «debe» del Estado porque si no no se entiende su inconcreta propuesta de reforma autonómica.

Pues no. El PSOE lo que ha hecho es reaccionar a un desafío secesionista con una técnica, la del regateo, que no hace más que dar alas a un partido, en este caso el PNV y sus asociados, que ha expresado claramente sus últimos objetivos. Zapatero debería hacer caso a Nicolás Redondo y aceptar que ninguna reforma, dentro de la Constitución y el Estatuto de Guernica, servirá para contentar a los secesionistas.

Un día en Guecho
Cartas al Director ABC 18 Agosto 2003

En Guecho las elecciones del 25 de mayo dieron como resultado un empate a concejales entre las fuerzas constitucionalistas y el PNV-EA. Los constitucionalistas, PP y PSE, obtuvieron doce, los mismos que el PNV-EA, que, gracias a Madrazo y Llamazares (que obtuvo un solo concejal) gobernará nuevamente en el Ayuntamiento de la mano de Iñaki Zarraoa.

Una de las primeras medidas que Zarraoa tomó una vez constituido el Ayuntamiento fue subirse el sueldo un 12 por ciento y mejorar también las retribuciones de sus colaboradores más directos (que cobrarán casi 60.000 euros anuales). Los del PP y el PSE apenas cobrarán 8.000 euros anuales, negándose el tripartito siquiera a equiparar en sueldo a dos miembros de cada partido constitucionalista para que puedan ejercer, en calidad de liberados, las tareas de la oposición.

Y para confirmar el respeto y la consideración que le merecen sus adversarios políticos, y que representan a la mitad de los ciudadanos de Guecho, Zarraoa destinaba los despachos de los grupos del PP y del PSE en un sótano del Ayuntamiento.

El otro día, en Azpeitia, el obispo Uriarte manifestaba que era necesario «abordar de una vez por todas un debate político que permita alcanzar acuerdos entre los partidos», y Zarraoa intentó expulsar del salón de plenos a las ediles Marisa Arrúe (PP) y Gotzone Mora (PSE) durante la recepción a unos regatistas franceses que hicieron escala en Guecho, increpándolas en público y amenazándolas con enviar a la Policía municipal si volvían a acudir a algún acto municipal.

Con estos antecedentes, no hay que cavilar demasiado para imaginar cuál sería el destino de los vascos no nacionalistas en el Euskal-Herrico totalitario de Ibarretxe, del que el Ayuntamiento de Guecho es avanzadilla y experiencia piloto.   Juan Martínez Goicoechea. Guecho (Vizcaya).

Cultura teatral en Cataluña
Cartas al Director ABC 18 Agosto 2003

Salvando todas las distancias, nuestra historia no difiere en mucho de aquellas otras que tantas veces hemos escuchado en boca de nuestros mayores.

Y es que, de igual modo como éstos hicieran en muchos momentos de nuestro devenir colectivo, nosotros, grandes enamorados del teatro de calidad, nos vemos obligados a traspasar los límites de nuestra ciudad para encontrar aquello que aquí de modo tan cicatero se nos deniega. Somos conscientes de no descubrirles nada si les referimos que de resultas de la política cultural de la actual administración catalana son muy pocas las salas comerciales que se aventuran a programar un espectáculo en lengua castellana por temor a perder la subvención de que disfrutan, primando así el factor lingüístico (¿o económico?) por encima de cualquier otro criterio de objetiva calidad. Se da la triste paradoja de que esta Barcelona vanguardista de tantas cosas se encuentra por completo excluida del circuito teatral, y aún cultural, español. Y aquí nos tienen ustedes, en la tesitura de emprender una continua peregrinación por nuestra geografía o bien de rendirnos sin presentar batalla. Con el lamentable añadido de que, a ojos de muchos compatriotas nuestros, la sola enunciación de nuestros argumentos nos convierte en sospechosos antipatriotas cuando no conspicuos retrógrados. Qué triste destino (¿el nuestro sólo?): dos simpatizantes de izquierdas que no están por la labor de acatar la dictadura de las cuotas lingüísticas que tanto contribuyen al empobrecimiento de nuestras manifestaciones culturales, haciéndonos cada día, pasito a pasito, un poco más provincianos. Pero eso sí: provincianos de capital de nación (¿o se dice nacionalidad?), faltaría...  Juan Vicente Romero y Ana Villar.  Barcelona. 

Los populares vascos echan en falta más ideas como las de Redondo Terreros
Servimedia - Madrid.- La Razón 18 Agosto 2003

El secretario general del PP vasco, Carmelo Barrio, manifestó ayer que su partido echa de menos en el Partido Socialista de Euskadi (PSE-PSOE) más planteamientos como los expresados por el ex secretario general de los socialistas vascos Nicolás Redondo Terreros, quien defendió en una entrevista publicada ayer en LA RAZÓN una política de alianza entre ambas formaciones ante el Plan Ibarreche.

Barrio dijo que Redondo Terreros «siempre se ha movido por el realismo, la claridad y la clarividencia» de lo que pasa en el País Vasco y «ha visto que hay que superar al nacionalismo y formar una alternativa que debe ser algo que una a PP y PSOE». La equidistancia que «algunos» dirigentes del PSE quieren mantener entre el PNV y el PP es «un profundo error, que se identifica cada día aquí y que fortalece al PNV», añadió.

Barrio recordó que frente a PSE y PP está «la irrealidad» que supone el Plan Ibarreche, «y eso lo identifica bien Nicolás Redondo, pero se escapa de la percepción de otros socialistas». El que dirigentes del PSE hablen de un documento de modificación del Estatuto «da alas y credibilidad al PNV».

Borradores del PSE
Precisamente, el PSE continúa elaborando su propuesta alternativa al Plan Ibarreche, para lo que los responsables de la formación están analizando durante estos días varios textos alternativos de cara a culminar su proyecto definitivo, que será presentado en la primera quincena de septiembre.
Su secretario general, José Antonio Pastor, manifestó que no se puede decir que «hay ocho borradores como en el caso del lendakari , pero sí que hay unos cuantos textos sobre la mesa», y explicó que su partido trata de hacer una propuesta «que se visualice rápidamente por la ciudadanía» y pueda estar recogida en unos diez o doce folios. Pastor calificó el proyecto como una propuesta de «autonomismo avanzado».

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