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Recortes de Prensa     Martes 19 Agosto  2003
Zapatero: doctrina y disolvente
Germán Yanke Libertad Digital  19 Agosto 2003

Zapatero no aprende la lección
EDITORIAL Libertad Digital  19 Agosto 2003

PASADO, FUTURO, ARZALLUZ Y PIQUÉ
M. MARTÍN FERRAND ABC 19 Agosto 2003

NO LE CONVENCE
Alfonso USSÍA ABC 19 Agosto 2003

Los límites del cabreo
José María Carrascal La Razón 19 Agosto 2003

Patxi López y Redondo se gritan sus verdades
Lorenzo Contreras Estrella Digital 19 Agosto 2003

El melón de Olabarría (II)
Iñaki Ezkerra La Razón 19 Agosto 2003

Redondo califica de tontería el ataque de Patxi López a los críticos con el plan alternativo del PSE
Libertad Digital  19 Agosto 2003

El PSOE también se resquebraja en el País Vasco al exigir los redondistas ir con el PP contra Ibarreche
L. R. N. - Madrid.- La Razón 19 Agosto 2003

Juaristi: «El español quiere ser el segundo idioma en EE UU, no competir con el inglés»
Redacción - Madrid.- La Razón 19 Agosto 2003

Juaristi dice que la demanda de enseñanza de catalán, euskera y gallego disminuye
EP ABC 19 Agosto 2003

Zapatero: doctrina y disolvente
Germán Yanke Libertad Digital  19 Agosto 2003

La “doctrina Zapatero” sobre el Plan Ibarretxe ha quedado perfilada por dos elementos: el PSOE se opone a las pretensiones del presidente del Gobierno vasco y, al mismo tiempo, no quiere hacer, en esta cuestión, “frente común” con el Partido Popular. Paradójicamente, en este esfuerzo por sostener una posición propia, distinta de la del partido gubernamental, está el disolvente de la del PSOE.

Rodríguez Zapatero, seguramente, no haría ascos a hacer un frente común con el Partido Popular, y con cuantos partidos y grupos sociales quisieran sumarse, para defender los derechos individuales, la libertad, el Estado de Derecho, el sistema constitucional y la vida y la seguridad de los ciudadanos. Si no lo hace contra el Plan Ibarretxe es, desgraciadamente, porque piensa que los objetivos del mismo no son precisamente, como realmente ocurre, lo contrario de todo lo que deberían defender, de la mano, todos los partidos democráticos. Ibarretxe pretende la independencia eliminando la ciudadanía en beneficio de un Pueblo étnico, cambiando las libertades y los derechos por las exigencias de una nación todopoderosa convertida en una inmensa máquina burocrática controlada por los nacionalistas. Para conseguirlo, establece una estrategia que no sólo se opone a la Constitución española sino al sistema constitucional en general y viene, en el camino, buscando el desistimiento de los adversarios (curiosamente socialistas y conservadores) desoyendo las voces de los perseguidos y apoyando a los perseguidores, asesinos incluidos. Si Rodríguez Zapatero no ve eso, si cree que a una ofensiva totalitaria de esta naturaleza hay que oponerse estableciendo diferencias entre los demócratas, y hasta poniendo zancadillas, vamos aviados. Primero, el PSOE. Después, todos nosotros.

Presa de ese error, cree el secretario general de los socialistas que hacen falta “alternativas”, cuando no hay otra alternativa que esta: o se defiende el Estado de Derecho y la democracia, o se trata de destruirlos, que es el núcleo fundamental del Plan Ibarretxe. Nada hay en la base de esta ofensiva de más o menos autogobierno o autonomía, aunque de eso se disfrace en algunos apartados, no en todos. Lo que hay es un proyecto de dictadura nacionalista, ante el que no se debe oponer más o menos dictadura y más o menos nacionalismo, para ver si no le confunden con el PP, sino la democracia ciudadana.

El PSOE hizo “frente común” con el comunismo en contra de la reforma educativa del Gobierno. No lo quiere hacer ahora con el PP en contra de los enemigos de la democracia. Es como si pensara que, contra la reforma educativa, sólo hay una alternativa, pero, contra los dictadores etnicistas… hay distintas interpretaciones, grados, componendas varias. A veces, cuando uno pide que no lo confundan, es que está muy confundido.

Zapatero no aprende la lección
EDITORIAL Libertad Digital  19 Agosto 2003

Iñaki Anasagasti, viejo zorro de la política y gran conocedor de los tradicionales complejos y debilidades del PSOE en lo que toca a la cuestión nacional, ha dado, desde su orilla, un certero diagnóstico de la posición política de Zapatero en torno al plan Ibarretxe. Según el veterano portavoz del PNV en el Congreso, Zapatero “pone una vela a Dios y otra al diablo”; es decir, “quiere jugar con todas las cartas encima de la mesa y que ese debate no le perturbe ni las elecciones en Madrid, ni en Cataluña, ni lo que a él más le interesa: sus propias elecciones legislativas del año que viene”. Y, naturalmente, aprovecha la ocasión para incidir en el talón de Aquiles del líder del PSOE: “en lugar de haber mantenido durante años una distinción muy clara entre sus posicionamientos y el PP, se ha entregado de ideológicamente de tal forma al PP, que ahora no tiene margen de maniobra”; es decir, la patraña del “seguidismo del PP”, el “argumento” con el que Prisa y la vieja guardia “recondujeron” la política del PSOE respecto al nacionalismo y retiraron de la escena a su principal inspirador, Redondo Terreros.

Proponer innovaciones en la Constitución y en los estatutos de autonomía como respuesta al golpe de Estado institucional con el que amenaza el PNV es, como ya han repetido hasta la saciedad Nicolás Redondo y Rosa Díez, dar alas a los nacionalistas. La aguda crisis de liderazgo del PSOE no se tapa con reformas institucionales que, en el orden de prioridad de la inmensa mayoría de los españoles –incluidos los votantes del PSC, salvo, naturalmente, Maragall–, se encuentran en el último lugar. Ni tampoco con teorías ad hoc como las de Fernando López Aguilar, el secretario de libertades públicas del PSOE, quien, haciendo profesión de fe en el “federalismo asimétrico”, sostiene que el Estado de las autonomías es sobre todo “dinámica”, es decir, que el marco institucional debe estar en constante evolución y no “se puede quedar parado nunca”. Justo lo contrario, por cierto, de lo que sucede en los países más prósperos y con mayor tradición democrática del mundo, como EEUU, Suiza o, incluso, el Reino Unido.

Un equipo de fútbol, cuando atraviesa una crisis, procura resolverla, en primer lugar, cambiando el sistema de juego y realizando nuevos fichajes. Y después, si es preciso, sustituyendo al entrenador, o bien al presidente. Y no se le ocurre exigir que se modifiquen a su conveniencia las normas de la competición o el reglamento del juego. Del mismo modo, un partido democrático y responsable, que aspire a ejercer funciones de gobierno, no puede convertir sus problemas internos en problemas de Estado, precisamente cuando el Estado se enfrenta a uno de sus mayores desafíos. Ni debe esperar, lógicamente, que las instituciones que garantizan la unidad nacional y la convivencia pacífica tengan que ajustarse constantemente a sus exigencias y necesidades coyunturales... sobre todo cuando éstas no coinciden con los deseos y necesidades de los ciudadanos y sí con las de quienes desean y necesitan la inestabilidad política e institucional en España para sus propios fines.

Ni la sosegada reflexión vacacional ni las conversaciones del líder socialista con Mariano Rajoy han logrado sacar a Zapatero de su insensata obstinación en la equidistancia respecto al nacionalismo separatista. Una postura ésta tan carente de responsabilidad, de lógica y de rentabilidad política como la que le impulsó a “mediar” entre Mohamed VI y el Gobierno bajo un mapa donde Ceuta, Melilla y las Canarias eran parte del territorio marroquí. El clamoroso ridículo –aparte de la deslealtad hacia el gobierno de España– en que incurrió el leonés parece que no le ha servido de lección para abordar el problema del desafío nacionalista, ni tampoco para terminar de aprender una de las lecciones fundamentales de la política española: los nacionalistas jamás se contentarán con medias tintas, y cualquier concesión que se les haga únicamente incrementará sus apetitos.

PASADO, FUTURO, ARZALLUZ Y PIQUÉ
Por M. MARTÍN FERRAND ABC 19 Agosto 2003

ANTES, cuando éramos niños, el futuro resultaba tan invariable como el pasado. El futuro era siempre un viaje a la luna, como el de Julio Verne, y el pasado, algo parecido a la toma de Granada por los Reyes Católicos; pero ahora, al menos aquí, el pasado se integra en la capacidad caprichosa de quienes lo enseñan y modifican según sus necesidades y/o fantasías mientras que el futuro se ha vuelto cambiante en razón del vértigo del presente. Ambos resultan imprevisibles y de ahí buena parte de nuestros desasosiegos e incertidumbres.

Iñaki Anasagasti, en un intento de modificación del pasado, no quiere que Xabier Arzalluz, ya setentón, se retire del primer plano de la política vasca. «Lo que nos interesa -ha dicho- es su cerebro, no sus piernas». Como si Arzalluz utilizara las unas y lo otro según su previsión anatómica funcional. Pero quizás tenga razón el portavoz del PNV en el Congreso: prescindir del Arzalluz en el panorama vasco sería tanto como hacerlo del zorcico. Forma parte del folclore antes que de la Historia y es el máximo ejemplar vivo del caciquismo nacional e irredento. Su rareza anacrónica le convierte en grande y merece los mismos honores del estudio antropológico que un hipotético y vivo poblador de Atapuerca.

Josep Piqué, el ministro al que le quedan veinte días de cartera -afortunadamente para la Ciencia y la Técnica, días vacacionales-, es un protagonista para la modificación del futuro. Parece inevitable que, con él a la cabeza de la lista del PP para las elecciones autonómicas catalanas, el primer partido del país pase a ser el cuarto en el Parlament. Eso tendrá consecuencias notables tanto en la política regional como en la nacional. La tercera posición que ocupa en la actualidad el partido de Aznar en Cataluña le confiere la muy deseable y decisiva condición de bisagra y puede otorgarle, como ocurrió en 1996, un poder definitivo de convicción frente a CiU para alcanzar una mayoría suficiente en la Carrera de San Jerónimo. ¿Para qué renunciar a priori a tan confortable situación?

Una previsible mayoría socialista en Cataluña, seguramente con la ayuda de ERC, además de significar un gran empuje para la potencialidad electoral de José Luis Rodríguez Zapatero, es tanto como encender la tea con que prenderle fuego a las naves del PP para el crucero de su próxima y deseada mayoría y, además, dejarle sin la hipótesis de un refuerzo catalán, tan útil y provechoso como recuerda la experiencia. No es tanto como quemarlas directamente, pero sí dejarlas dispuestas para la pira. ¿No valdría la pena considerar una candidatura con mayores posibilidades de las que ofrece Piqué? Aunque el pasado y el futuro hayan perdido su sentido y valor tradicionales, el primero sigue teniendo fuerza didáctica y el segundo continúa entregándose a quienes resultan capaces de preverle.

NO LE CONVENCE
Por Alfonso USSÍA ABC 19 Agosto 2003

EL diario preferido del alcalde de Madrid, don Alberto Ruiz-Gallardón, ha sido informado por el entorno del regidor de la Villa y Corte de su intención de quitar la Bandera de España de la Plaza de Colón. Se puede tratar de un rumor, de un sondeo o incluso de una sugerencia, pero los tres supuestos se me antojan preocupantes. La bandera de España no merece depender de un rumor, y tampoco de un sondeo, y menos aún de una sugerencia interesada. Cabe la posibilidad de que la noticia no responda a la realidad y sea fruto de los deseos de los correveidiles que todo alcalde tiene a su alcance. Pero mucho me temo que el tábano es certero. A don Alberto no le gusta nada la herencia de don José María Álvarez del Manzano, y parte de esa herencia -la más testimonial y simbólica- es la enorme y bellísima Bandera de España que ondea en el centro de la Plaza de Colón.

Como don Alberto es tan moderno y rupturista quizás tenga preparada una sorpresa para sustituirla por algo más «cultural» y «progresista», siguiendo las siempre sabias recomendaciones de doña Alicia Moreno, su oráculo particular. A don Alberto no le gusta ni el bastón ni el collar de los alcaldes de Madrid y los ha depositado en el almacén de reliquias innecesarias. Es lo moderno. A don Alberto no le gusta la Casa de la Villa, bellísimo edificio del Madrid de los Austrias, y se quiere acomodar en la inmensa mole de los buzones para tener más metros cuadrados para patinar. Es lo moderno. Y a don Alberto no le convence la Bandera de España. Es lo moderno. El exótico Mendiluce propuso arriar la bandera de España e izar en su mástil la enseña del movimiento homosexual. Y Trinidad Jiménez, siguiendo las instrucciones de Caldera, se manifestó en plena campaña electoral -la de su posterior batacazo- partidaria de encontrar un «acomodo en lugar más discreto» a la bandera. Es decir, esconderla lo más y mejor posible para que ningún madrileño se sintiera herido ante su presencia. Porque en esta sociedad atiborrada de imbéciles que es la nuestra, todavía hay cretinos a los que daña la visión de la bandera de todos. Y hay políticos que dicen y hacen imbecilidades para caer bien a los imbéciles. Claro, que también hay políticos que hacen y dicen las imbecilidades porque les sale con toda naturalidad de su manera de ser.

A Llamazares, la gran Bandera de España de la Plaza de Colón le parece un «signo de confrontación». A Llamazares le gusta más la efímera tricolor que tremolan sus tontitos en las manifestaciones o la roja con la hoz y el martillo que se compra en los mercadillos para turistas en Moscú, entre «matrioshkas» y collares de ámbar. Lo estoy viendo. Doña Alicia que ingresa en el despacho del señor alcalde y le dice: «Alberto, que tenemos que quitar la bandera de Manzano, porque a los modernos les parece excesiva». «¿Y si la cambiamos por otra más pequeña?». «No. Alberto, seamos modernos y valientes. La quitamos y ya está. Seguro que Eduardo Haro-Tecglen nos dedica una columna elogiosa». «Pues no se hable más. Filtra la noticia. Y llama personalmente para decírselo a Sabina, Echanove, Aitana Sánchez-Gijón y a Ramoncín. A los Bardem que se lo comunique por «fax» una de tus secretarias, para que no pierdas demasiado tiempo. La Cultura se resentiría, Ali». «Gracias, Alber. Eres un alcalde progresista». «Lo sé, Ali, lo sé».

Así que a la Bandera de España de la Plaza de Colón le quedan tres telediarios. Todo sea por el progreso de Madrid y de España. Todo sea por la «Cultura» y las nuevas tendencias. Todo sea por satisfacer el resentimiento de los estúpidos que creen que la Bandera de España es un invento de Franco. Lo que sucede es que contentar a los estúpidos con una estupidez equivale a caer en ella de plano y en pleno.

Los límites del cabreo
José María Carrascal La Razón 19 Agosto 2003

Entiendo perfectamente el cabreo de la izquierda. Un año largo viendo cómo al gobierno del PP todo le sale mal, cómo tropieza aquí y allá, cómo reacciona tarde ante un petróleo partido ante las costas gallegas, cómo adopta una actitud contraria a la de la mayoría de la población en la guerra de Iraq, cómo se le cae un avión lleno de soldados que nunca debió ser contratado y toda una serie de desgracias grandes y pequeñas, que auguraban un tortazo electoral y, ¿zas!, el 25 de mayo apenas acusa desgaste en las urnas. Y eso no fue lo peor. Lo peor fue que el único triunfo de verdad conseguido por la izquierda en esas elecciones, la Comunidad de Madrid, se evaporó por la traición de dos sujetos, que, por oscuras razones, decidieron no apoyar a su candidato, dando con ello la vuelta a los resultados electorales. El estrambote llegó luego, en Marbella, donde otros concejales socialistas decidieron unirse a Jesús Gil, para deponer al alcalde que éste había dejado en su lugar. Quitando con ello toda autoridad moral a las alegaciones que su partido venía haciendo contra el transfuguismo. Es comprensible el cabreo, la amargura, el fastidio, el calentón incluso de la izquierda. Haber tenido el triunfo al alcance de la mano, haberse hecho todo tipo de ilusiones, para que, en el último minuto, se le escape. Cualquiera en sus circunstancias hubiera sentido lo mismo.

Pero tamaña desilusión no autoriza a la izquierda española a inventarse conspiraciones, a poner en entredicho nuestro sistema constitucional, a dudar incluso de nuestra democracia, como están haciendo algunos de sus intelectuales, alegando que la derechona está de nuevo haciendo uso de su derecho de pernada en nuestro país y que, poco menos, hemos vuelto al franquismo con otro nombres, aunque con los mismos apellidos. Lean cierta prensa, escuchen ciertas emisoras y comprobarán que no exagero lo más mínimo. Hay colegas que sin ningún rebozo piden la rebelión ciudadana, como ya la pidieron por lo del «Prestige» y la guerra de Iraq, por considerar que el gobierno está actuando como si esto fuera una república bananera o una dictadura enmascarada. Y eso, no, eso es pasarse una docena de pueblos por lo menos. El gobierno ha cometido errores, que está pagando, y Aznar exhibe modales que dan grima. Pero de eso a decir que en España se están apagando las libertades hay un enorme trecho. Se acepta el cabreo de la izquierda, se admite su calentón, pero ni el uno ni el otro justifican tamaña desmesura. Y no se justifica, primero, porque la culpa principal de las desventuras de la izquierda la tiene ella misma. Lo ocurrido en la Asamblea de Madrid germinó en la Federación Socialista Madrileña, Tamayo y Sáez son sus hijos y la traición es producto de sus luchas intestinas. ¿Que el PP se aprovechó luego de ello? Sin duda alguna. Pero eso entra en la refriega política. Lo que no entra es el cuestionar el sistema entero, como está haciendo parte de la izquierda, incapaz de reconocer sus errores y aceptar las realidades.

Y eso no es lo más grave. Lo más grave es que esa actitud, en cierto modo infantil ¬«Yo no he sido», dice el niño con los morros llenos de mermelada y el tarro roto en el suelo¬ está repercutiendo en nuestro mayor, diría casi único gran problema: el vasco. Tan obsesionado está el PSOE con sus problemas internos que parece haberse olvidado de que donde nos jugamos todos el futuro es en aquella esquina. Personalmente, no soy partidario de que PP y PSOE hagan allí un solo bloque. Ya lo hicieron y salió mal porque provocó la formación de un frente nacionalista. Cada uno tiene que tener su propia línea y sus propios candidatos. Pero sin olvidar nunca una cosa: que el verdadero enemigo es el nacionalismo violento, racista y totalitario. Sin embargo, muchas veces el PSOE da la impresión de que considera que su mayor enemigo es el PP. O, por lo menos, que lo considera tan enemigo como los que están poniendo en duda la existencia de una nación española y desafían sin rebozos el actual ordenamiento constitucional español. En prácticamente todas las declaraciones oficiales de la oposición y en todos los artículos e informaciones de los medios de comunicación que le son afines se busca la equidistancia entre el PP y el nacionalismo, se equipara el Plan Ibarreche con la actitud de Aznar, lo que aparte de falso es suicida. Suicida para quien lo hace y suicida para todos los españoles, ya que el PSOE es parte fundamental de la estabilidad de España.

En cuanto a la falsedad del planteamiento, salta a la vista. El Plan Ibarreche representa una clara ruptura con la Constitución. La actitud de Aznar representa, malos modos, todos lo más falta de sensibilidad. Decir o escribir, como se hace a diario, que «el gobierno vasco se ha propasado, pero al de Madrid le corresponde también buena parte de la culpa» es equiparar el conductor del coche con el peatón gruñón al que ha atropellado en un paso de cebra. Quien se está saltando todas las normas desde que decidió pactar con ETA en Lizarra es el PNV. El gobierno Aznar lo único que ha hecho es defender, con más o menos suerte, la legalidad constitucional. Ponerlos en el mismo plano, como se está haciendo desde la izquierda, aparte de erróneo es mezquino.

Mezquino porque antepone sus problemas particulares a los generales. Porque da preferencia a su batalla con el PP a la batalla que todos estamos librando para mantener este Estado de las Autonomías que nos hemos dado y que sufre hoy el más fuerte de los desafíos desde que fue establecido hace un cuarto de siglo. Bien está cabrearse cuando las cosas van mal. Pero de eso a romper la baraja y tirar la mesa media todo un abismo.

Patxi López y Redondo se gritan sus verdades
Lorenzo Contreras Estrella Digital 19 Agosto 2003

Que el PSOE de hoy es un guirigay no admite muchas dudas. El partido ha sido históricamente plural. Pero es peligrosos que ante situaciones graves se muestre disperso. Y es lo que ahora está ocurriendo cuando el problema vasco adquiere perfiles inquietantes. Pues bien, en esta tesitura, como para ofrecer un botón de muestra, dos socialistas significados del País Vasco, el actual secretario general del PSE-EE (la versión vasca del PSOE) y su predecesor, Patxi López y Nicolás Redondo Terreros respectivamente, se han manifestado en la prensa a través de sendas entrevistas, una el domingo 17 en La Razón, caso de Redondo, y otra al día siguiente en El País, caso de López.

La discrepancia entre ambos es algo más que una disparidad personal de criterios. Se trata de un choque, no diré que de trenes porque Redondo se encuentra actualmente fuera de órbita política y porque López es un líder de pura transición, sin relevancia ni fuste. Pero la fricción es importante en cuanto refleja la división del partido en Euskadi.

Patxi López ha declarado: "Me molesta cuando hay compañeros que expresan al cien por cien las posiciones del PP y las utilizan para criticar al partido socialista". Según el secretario general "lo hacen movidos por otros intereses ajenos al debate político, porque dentro del partido no se hacen oir". No hace falta aclarar que el debate se refiere a la discrepancia entre quienes, desde dentro del PSE-EE, buscan aproximaciones al PNV, y quienes rechazan ese experimento en las actuales circunstancia "soberanistas". Es la posición de Nicolás Redondo Terreros: "Las posibilidades de alianza entre ambos van a ser cada vez más incomprensibles para la sociedad española. Es más, todo lo que sea rozar con el PNV perjudica notablemente las expectativas del PSOE y de nuestro candidato José Luis Rodríguez Zapatero, porque la gente está orgullosa de este país y rechaza a partidos que ningunean al resto de España, que no quieren pertenecer al país".

Algo distinto ha manifestado en declaraciones a Deia, un periódico afín al nacionalismo vasco, el vicepresidente del PSE-EE de Guipúzcoa, Miguel Buen Lacambra, cuando dirige conceptos menospreciativos a quienes desde dentro del socialismo vasco califican de "ingenua, peligrosa e inadecuada" la idea de plantear una propuesta de pleno desarrollo estatutario como alternativa al Plan de Ibarretxe. En todo caso, Buen Lacambra recuerda que lo que plantean él y quienes como él piensan, no difiere mucho de lo que en algún momento planteó Redondo. Sin embargo, este dirigente guipuzcoano se cura en salud cuando dice que "una decisión de separación del Estado español no lo puede decidir únicamente el voto de los ciudadanos y ciudadanas del País Vasco", porque "siendo la soberanía compartida, como dice el propio Ibarretxe, no podrá ser el pueblo vasco el que decida unilateralmente su relación con España...".

Como puede apreciarse las opiniones dentro del socialismo vasco andan repartidas. Patxi López, en su entrevista a El País, habla de celebrar un comité nacional del PSE-EE en la primera semana de septiembre para definir la posición de los socialistas vascos, pero advierte que "tras esa posición tendrán que estar todos". Luego matiza que ello no significa un ejercicio de autoridad más o menos disciplinario, sino un "ejercicio de reflexión" con Redondo, Rosa Díez y demás compañeros mártires.

El melón de Olabarría (II)
Iñaki Ezkerra La Razón 19 Agosto 2003

Uno cree que se deben guardar las formas en el debate político mientras es debate y el adversario respeta ese código. Cuando el adversario quiere asesinarte o no le parece mal que quieran asesinarte o se dedica a calumniarte y señalarte todo lo que puede para que te asesinen; cuando el adversario no es adversario sino enemigo y usa el lenguaje, los argumentos, el código de los asesinos contra ti, guardar las formas es darles margaritas a los cerdos. Uno puede tener buen día y repartir margaritas por las pocilgas, pero puede no tenerlo y nadie posee autoridad moral para obligarle a ello. Es más, llegados a una situación como la vasca, se impone como imperativo moral dejar de dar a los puercos margaritas, ya que las devoran con tal ansiedad y velocidad que amenazan con extinguir esa bella especie botánica y desatar un desastre ecológico.

Por estricto sentido de la moralidad me abstendré de darle margaritas a Emilio Olabarría, personaje siniestro al que el PNV logró en su día meter con calzador en el Consejo General del Poder Judicial y que hoy, desposeído de ese cargo para el que no estaba capacitado y reconvertido en leguleyo oficial del régimen de Arzalluz, se dedica a teorizar sobre melones en el «Deia», diario nacionalista que es un auténtico melonar del pensamiento. A Olabarría el PNV le ha concedido la dedicación exclusiva para hablar de melonadas y melones ajenos con una imprudencia sobrecogedora, dado el sudado cabezón del que es propietario. Y ahora, en ingrato pago a un artículo publicado en estas páginas ¬«El melón de Olabarría (I)» para ser exactos¬ en el que me limité a glosar con ánimo constructivo esas audacias metafóricas, dicho sujeto me acusa de traicionar mi identidad a cambio de premios literarios inducidos por el PP.

Confieso que me estimula para replicar a Olabarría el hecho curioso de que esos premios a los que se refiere me los dio el propio Gobierno vasco, primero en la época de Garaikoetxea y después en la de Ardanza, cuando ni existía el PP, por lo cual habrá que deducir que fue la AP de Fraga Iribarne quien indujo a ambos lehendakaris a que me galardonaran. Confieso que me he llevado una sorpresa ante esta revelación de hondo calado político. Yo creía que Ardanza y Garaikoetxea sólo obedecían órdenes de Gil y Gil a cambio de apartamentos en Marbella. Por cierto, ¿cómo no han dicho nada Garaikoetxea y Ardanza sobre todo el lío de la caída de El Pantojo, teniendo como tienen en Marbella su segunda patria?

Olabarría, calamidad: ¿qué melón eres! ¿A ver si tus jefes te van a dar un capón por no mirar bien hacia dónde eructas! Realmente, no hay miedo de que tú traiciones tu identidad.

Redondo califica de tontería el ataque de Patxi López a los críticos con el plan alternativo del PSE
Libertad Digital  19 Agosto 2003

Pese a que el sector crítico con las tesis de Patxi López está cada vez más apartado de los órganos del partido en el País Vasco y es blanco de los ataques de sus propios compañeros, no faltan las voces que siguen cuestionando la estrategia del PSE. Redondo Terreros cree que los socialistas vascos dan alas al PNV al negarse a construir una alternativa democrática con el PP.

Rosa Díez, Gotzone Mora o el propio Redondo Terreros son algunos de los socialistas vascos que han alzado la voz contra el plan alternativo del PSE a las propuestas rupturistas de Ibarretxe. Coinciden en que esa estrategia sólo conducirá a perpetuar al PNV en el poder y apuestan por una alianza ente PSE y PP, respetando las identidades de cada partido, para construir una alternativa democrática, no un frente contra el nacionalismo vasco. La dirección del PSE no sólo descarta esta posibilidad sino que arremete contra el sector redondista, al que acusa de “hacer el juego al PP”.

Defensa de la Constitución y el Estatuto
En declaraciones a la COPE, Nicolás Redondo Terreros ha contestado a Patxi López. Aunque sin nombrarle, no ha dudado en calificar de “tonterías de gente que no acepta las discrepancias”. El que fuera secretario general del PSE ha insistido en que los socialistas vascos tienen que defender “esta Constitución y este Estatuto”, que no se ha terminado de desarrollar “por las exigencias de máximos del PNV”. Ante el “Plan Ibarretxe”, ha dicho, “Estatuto y Constitución”, lo demás, en referencia al plan alternativo que prepara el PSE, “es favorecer las posiciones del nacionalismo vasco”.

Alternativa al nacionalismo vasco
Por eso, Redondo Terreros propone una alternativa al nacionalismo vasco: “sólo un acuerdo entre el PP y el PSE llevará al nacionalismo a la oposición, lo contrario será perpetuarle en el poder. Los socialistas hemos tenido una tendencia a intentar integrar al nacionalismo vasco, pero desde la tregua, el acuerdo de Estella y el Plan Ibarretxe es evidente que el nacionalismo tiene que ir a la oposición”.

Y de nuevo en clara referencia a Patxi López, le ha aclarado que “no tengo nada que ver con Mayor Oreja, pero tengo más en común con él que con Arzalluz. No me han comprendido mis compañeros, pero esto ni me impulsa a abandonar mi partido ni a no decir lo que pienso”.

El PSOE también se resquebraja en el País Vasco al exigir los redondistas ir con el PP contra Ibarreche
Bono recuerda que «España, de la que muchos sentimos orgullo, vale más que el PP y el PSOE juntos»
L. R. N. - Madrid.- La Razón 19 Agosto 2003

La portavoz de la corriente redondista del Partido Socialista, Gotzone Mora, mostró ayer su preocupación por la «falta de acuerdos» entre el PSOE y el PP y la «negativa» socialista a formar «un frente común» frente al nacionalismo. En este sentido, abogó por mantener una postura conjunta que garantice «la unidad de España y la cohesión territorial».

En declaraciones a Europa Press, Mora señaló que esta plataforma considera positivo el encuentro mantenido el pasado mes de julio entre el vicepresidente del Gobierno Mariano Rajoy y el secretario general del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, para abordar el denominado Plan Ibarreche.

No obstante, la edil del PSE en la localidad vizcaína de Guecho manifestó que les «ha preocupado la falta de acuerdos y las discrepancias» entre ambas formaciones y, especialmente, «esa negativa a formar un frente común».
En este sentido, indicó que, «en lo referido al País Vasco, el PP y el PSOE como partidos de ámbito nacional, tienen que ponerse de acuerdo y manifestar una postura conjunta que, por encima de las siglas, permita visualizar a la ciudadanía una idea que garantice la unidad de España y la cohesión territorial». Para Mora, es necesario defender «esa idea de España basada en la Constitución y lo que nos corresponde aquí, en el Estatuto» y, por ello, indicó que «no hay que hacer ningún cambio». España, añadió, «ha vivido los mejores años y mayores prosperidades durante estos 25 años y, en un momento en el que el Plan Ibarreche está sobre la mesa y el nacionalismo nos da sobradas pruebas de no cambiar nada, sino todo lo contrario, abogamos por esa unión entre Partido Popular y PSOE para hacer frente a ese nacionalismo soberanista que lo único que quiere es romper España», precisó.

Orgullo español de Bono
Por su parte, el presidente de Castilla-La Mancha, José Bono, expresó ayer su deseo de que «el planteamiento de Ibarreche quede en el ridículo», y afirmó que en el País Vasco «falta libertad», por lo que considera más importante ocuparse del presente antes que hacerlo del futuro. Bono se refería así al Plan Ibarreche, y aseguró que tanto el País Vasco como Cataluña «caben en España», al tiempo que recordó que «muchos queremos a un país, al que llamamos España, y sentimos afecto, cariño y orgullo por él». El presidente castellano-manchego, quien reiteró que no es nacionalista, «aunque quiero a mi tierra tanto como ellos a la suya», afirmó que la política antiterrorista no puede utilizarse para ganar votos y dijo que «España vale más que el PP y el PSOE juntos». A juicio de Bono, «el PNV ya se ha quedado con las ideas de HB y ahora lo que quieren son sus votos». El jefe del Ejecutivo autonómico también criticó que haya «criminales colocados en fotos en los ayuntamientos» y aseguró que «no se entendería la historia de España sin la historia del País Vasco», aunque contrapuso a «los grandes», entre los que citó a Blas de Otero, Unamuno o Pío Baroja con Sabino Arana y «los criminales que matan en nombre del País Vasco».

Juaristi: «El español quiere ser el segundo idioma en EE UU, no competir con el inglés»
Polémica tras la propuesta de Schwarzenegger de eliminar la enseñanza bilingüe en California
Para que no queden dudas, el director del Instituto Cervantes, Jon Juaristi, habla en esta entrevista de la convivencia entre el inglés y el español en los Estados Unidos. «Hay espacio en Estados Unidos para una segunda lengua de relación, que es el español, y lo que intentamos en los centros del Instituto Cervantes en este país es difundir esa idea», afirmó Juaristi. Pero ese objetivo está en peligro, después de que el actor Arnold Schwarzenegger, candidato republicano a gobernador en el estado de California ¬con 14 millones de hispanos¬ de eliminar la enseñanza oficial bilingüe.
Redacción - Madrid.- La Razón 19 Agosto 2003

El director del Instituto Cervantes, Jon Juaristi, quiere que el español se convierta en la segunda lengua de Estados Unidos, incluso entre los descendientes de hispanos y no desea que se haga una batalla contra la lengua inglesa en este país ni, mucho menos, que se abra la veda contra el castellano, como propugna el actor Arnold Schwarzenegger, candidato republicano a gobernador del Estado de California, quien propone eliminar la educación bilingüe español-inglés y las ventajas educativas que California le concede a la minoría hispana. «La forma de la integración hispana en Estados Unidos pasa por el aprendizaje de la lengua que da cohesión nacional a la sociedad americana», afirmó Juaristi, que coincide curiosamente con el actor de origen austriaco. El problema es que Arnold Schwarzenegger pretende relegar el castellano a idioma optativo en un Estado donde viven catorce millones de hispanos. Desde varias asociaciones hispanas, se han aplaudido la propuesta de integración de los hispanos pero han rechazado de plano la intención de reducir la enseñanza en castellano a una simple asignatura, además, no obligatoria.

Integración
Sin entrar directamente en la propuesta de Arnold Schwarzenegger, Juaristi señaló que le parece «un poco inexplicable» la posición de ciertos hispanistas que llegaban a Estados Unidos y que se extasiaban de cómo habían conservado las comunidades mexicano-americanas el español en California y en Texas y no tenían ojos para ver que eso estaba en una relación muy directa con una ausencia de integración y con una situación general de pobreza de estas comunidades. «La integración a través del inglés ¬declaró¬ es una participación en la prosperidad general del país, que es importante. Lo que nos interesa es que el español sea la segunda lengua de los norteamericanos. No vamos a dar la batalla contra el inglés».

El director del Instituto Cervantes añadió que «hay espacio en Estados Unidos para una segunda lengua de relación, que es el español, y lo que intentamos en los centros del Instituto Cervantes en este país es difundir esa idea».
Por eso, Juaristi insistió en que «no es que estemos haciendo la guerra contra el inglés en Estados Unidos, sino luchando para que los descendientes de los inmigrantes hispanos conserven el español como segunda lengua y para que los americanos de otro origen aprendan el español como segunda lengua». El objetivo es idéntico al que han puesto en marcha los responsables educativos de los estados con mayor población hispana de Estados Unidos, como es el caso de California. Con el apoyo, incluso, del presidente George W. Bush.

A juicio del director del Instituto Cervantes, la comunidad hispana tiene que jugar un papel fundamental: que el español se prestigie como lengua cultural en Estados Unidos. «En eso es importante, el papel de los escritores de origen hispano que escriben allí ¬añade en una entrevista con Europa Press¬. En la medida en que el español vaya ganando prestigio como lengua de cultura».

Juaristi dice que la demanda de enseñanza de catalán, euskera y gallego disminuye
EP ABC 19 Agosto 2003

Para el director del Cervantes, la comunidad hispana tiene que jugar un papel fundamental: «Que el español se prestigie como lengua cultural en EE.UU.»

MADRID. «La forma de la integración hispana en Estados Unidos pasa por el aprendizaje de la lengua que da cohesión nacional a la sociedad norteamericana», comenta Juaristi. En su opinión, la integración a través del inglés «es una participación en la prosperidad general del país, que es importante. Lo que nos interesa es que el español sea la segunda lengua de los norteamericanos. No vamos a dar la batalla contra el inglés. Hay espacio en Estados Unidos para una segunda lengua de relación, que es el español, y lo que intentamos en los centros del Instituto Cervantes en este país es difundir esa idea». Y añade: «No es que estemos haciendo la guerra contra el inglés en EE.UU., sino luchando para que los descendientes de los inmigrantes hispanos conserven el español como segunda lengua, y para que los americanos de otro origen aprendan el español como segunda lengua».

Eliminar los estereotipos
A juicio del director del Instituto Cervantes, la comunidad hispana tiene que jugar un papel fundamental: que el español se prestigie como lengua cultural en Estados Unidos. «En eso es importante el papel de los escritores de origen hispano que escriben allí. En la medida en que el español vaya ganando prestigio como lengua de cultura, unida a una lengua ya conocida en Estados Unidos, a través de escritores hispanos que escriben en inglés, la posibilidad de que el español sea la segunda lengua de la mayoría de los americanos es cada día más real».

Jon Juaristi declaró que se trata de que el español pase de ser una lengua de pobres a una lengua de prestigio. «En Estados Unidos pesa mucho el estereotipo de que el español es lengua de inmigrantes, aunque cada vez es más débil esa imagen negativa y se fortalece más a través de autores como Oscar Hijuelos, que presentan el español como lengua vinculada a una cultura muy rica».

La enseñanza de las distintas lenguas de España, como el euskera, el catalán y el gallego en las distintas sedes del Instituto Cervantes, según su director, está en función de la demanda real existente. «He visitado recientemente Manchester y Londres y se están dando bastantes clases de catalán en ambos centros. Ahora bien, la demanda disminuye. El catalán y el euskera son dos lenguas que tienen una demanda mucho más selectiva, vinculada a las universidades. De hecho, el Instituto Ramón Llull en Cataluña ha adoptado esa línea: no tanto la oferta de grandes cursos de catalán en el exterior, como una oferta vinculada a las universidades». Reconoce que el catalán tiene muchas más posibilidades como lengua de vinculación y como lengua comercial. «No es el caso del euskera ni del gallego», puntualizó. Juaristi indica que «la demanda del euskera ha descendido. En el Instituto hemos sido extraordinariamente generosos en la estimación de la demanda. Hemos llegado a dar clases de euskera con dos alumnos. La rentabilidad económica no se sostiene».

Incluso en algunas ciudades, como Chicago, la demanda de enseñanza del euskera ha desaparecido. Insistió que el Instituto Cervantes mantiene la oferta allí donde hay demanda. «El Instituto Cervantes no tiene que hacer nada por la difusión mundial del euskera, pero si se puede hacer ese servicio, se hace», apunta Juaristi. «Desde el punto de vista de los propios agentes culturales en Cataluña hay una conciencia bastante clara de que el catalán no es una lengua de relación internacional -comenta-, aunque lógicamente puedan existir algunos sectores sociales interesados en el aprendizaje del catalán por intereses comerciales de relación con Cataluña. No es el caso del euskera ni del gallego».

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