AGLI

Recortes de Prensa     Lunes 25 Agosto  2003
Elogio de la Constitución
BENIGNO PENDÁS ABC 25 Agosto 2003

Por qué Jaime Mayor
Iñaki Ezkerra La Razón 25 Agosto 2003

El almogávar
Antonio Pérez Henares La Razón 25 Agosto 2003

Otoño caliente
José María Carrascal La Razón 25 Agosto 2003

La euro-región
Luis González Seara La Razón 25 Agosto 2003

La herencia de Salaburu
GOTZONE MORA  El Correo 25 Agosto 2003

Bono augura que las urnas castigarán las veleidades de Maragall
MADRID. ABC 25 Agosto 2003

Elorriaga: «El Estado sólo asumirá competencias vascas en caso extremo»
ALBERTO SURIO/SAN SEBASTIÁN El Correo 25 Agosto 2003

Ramón Rabanera: «Ibarretxe no dispone de instrumentos para obligar a Álava a aceptar su plan»
J. J. SALDAÑA ABC 25 Agosto 2003

Elogio de la Constitución
Por BENIGNO PENDÁS ABC 25 Agosto 2003

UNA tormenta de verano anticipa la tempestad que nos aguarda. La Constitución, en vez de recibir el homenaje merecido por su cumpleaños vigésimo quinto, se sitúa en el epicentro del terremoto. Extraño país el nuestro. Hemos concluido el proceso descentralizador más avanzado de Europa. El Estado de las Autonomías está por fin en condiciones de ofrecer un rendimiento eficaz. Antes de estrenar el edificio, algunos quieren derribarlo. Actitud absurda, a juicio del tribunal implacable de la opinión pública. Todo se entiende, sin embargo. Primero, porque el nacionalismo sólo existe en virtud de la reivindicación permanente. Segundo, porque algunos aceptaban el modelo autonómico cuando el Estado era débil, una máquina generosa para transferir competencias y recursos: como se acabó el invento, toca romper la baraja. Ahora inventan el neocentralismo, la «regresión autonómica», resucitan incluso al Conde-Duque. Es todo mentira. La Constitución era sólo un pretexto «transitorio». Quieren ahora nuevos privilegios, porque ser diferente significa ser «más» que los otros. En Teoría Política esto no cabe en la democracia; desde los griegos, se llama oligarquía. Llega la paradoja. Los nacionalistas puros presentan un Estatuto Político que rompe la Constitución en mil pedazos, pero no se atreven a proclamar su poder constituyente. En cambio, el socialismo periférico proclama sin rubor la ruptura del sistema. Entre todos quieren condenarnos otra vez al heroísmo absurdo de Sísifo, víctima eterna de la inutilidad de sus esfuerzos. Esta vez, sin embargo, no nos vamos a dejar.

La Constitución de 1978 es la mejor de nuestra Historia y refleja con la forma solemne de la ley de leyes la incorporación de España a la modernidad, de manera definitiva e irreversible. Con sus muchas ventajas y también, no nos engañemos, con inconvenientes y servidumbres. Estamos, por fin, donde nos corresponde, esto es, en el núcleo mismo del Espíritu de la Época. Vivimos los españoles una prosperidad sin precedentes. Está arrinconada en el museo de los prejuicios la imagen -tal vez injusta, pero operante- del país atrasado, exótico y complaciente. Cuentan nuestras Comunidades Autónomas con un nivel de competencias que deja muy atrás a los Estados federales, simétricos (o sea, todos) o asimétricos (es decir, imaginarios). ¿Por qué no les gusta, entonces? Comprendo que molesta la fórmula constituyente: «La Nación española, en uso de su soberanía...»; pero sobre este asunto no hay nada que negociar. Imagino que no están cómodos con el principio de igualdad ante la ley, pero tampoco este punto está sobre la mesa: lo siento, somos demócratas. Puedo entender, como buen liberal, que vean a la libertad como un azar peligroso, pero sólo cabe recomendar la lectura atenta de Tocqueville, de Stuart Mill o de Ortega, para que aprendan a ser libres. Es un gran avance respecto de Rousseau: en este último caso, la voluntad general les «obligaría» a ser libres... ¿Qué les disgusta, insisto, de nuestro proyecto sugestivo?

Llegará el otoño. Vendrán elecciones y sucesiones, pero el eje principal será el desafío nacionalista. Desvelado en ABC su plan articulado, Ibarretxe ha procurado enfriar el ambiente de bochorno. Apenas unas declaraciones de compromiso y una promesa angelical: con la futura «Constitución vasca», podemos estar tranquilos durante veinte o veinticinco años. Es de agradecer, aunque no parece excesivo para quien hunde sus raíces en el Neolítico. CiU no ha dicho casi nada, pero ya advirtió el delfín Mas que los votos en el Congreso costarán otro Estatuto. Es tema para otro día. El más activo, tal vez el más nervioso, es el candidato Maragall, autor de las frases del verano. La dirección socialista, visto que no hay otra cosa, acepta que se abra la caja de los truenos. Ya de paso, he aquí un buen consejo literario. Me refiero al libro maravilloso del matrimonio Panofsky sobre «The Pandora´s Box». Una delicia. Concluida la lectura, echan cuentas en Ferraz: si pierde Maragall, malo; si gana, quizá peor. ¿Cuántos votos pierde el PSOE en el conjunto de España cada vez que habla de la Corona de Aragón? Muchos socialistas inteligentes son conscientes del peligro.

¿Qué busca el líder del PSC? Más burgués que socialista, cosmopolita y postmoderno, mira con suave desdén a sus compañeros (a medias) del PSOE. Juega, no sin nostalgia, con aros olímpicos, fuentes multicolores, arquitectura de diseño... En el recuerdo, izquierdismo divino de salón un poco recargado; bohemia de ida y de vuelta; Barcelona, la isla más feliz. Porque Madrid, lo ha dicho muy claro, era y es «el problema». Todo Maragall se comprime en aquel artículo polémico de hace un par de meses. Supongo que la revelación sucedió en Roma, durante el breve exilio dorado. La Prensa habla de la Liga Norte y sus desmesuras: Roma, ladrona; Padania, industriosa y activa; el sur, holgazán y adormilado. No son de los suyos, ni socialistas ni siquiera burgueses. Pero la influencia está ahí. Siempre moderno, prefiere la Baja Edad Media para estar más cerca del siglo XXI que su rival Pujol, carolingio confeso y no visigodo como Aznar...: otra curiosa sesión de historicismo.

¿Por qué gusta la Constitución a la inmensa mayoría de los españoles? Creo que está muy claro. Amamos con naturalidad a la patria, esta vez generosa y abierta. Exigimos vivir en paz y en libertad. Sabemos que el Estado constitucional es mejor que cualquier tiranía o despotismo. Queremos derrotar al terror totalitario con las armas del Estado de Derecho. Por eso preferimos la Constitución y la vamos a mantener viva y activa frente a aventuras soberanistas y oportunismos irresponsables. Nos gusta porque dice que la soberanía reside en el pueblo español. Porque reconoce símbolos que merecen respeto y aprecio. Porque configura una Monarquía parlamentaria que establece un sabio equilibrio de poderes y funciones. Porque asegura la existencia de un poder judicial único e independiente. Porque garantiza nuestros derechos fundamentales al más alto nivel. Porque ha contribuido a crear una forma civilizada de pensar y de sentir la política. Lo principal, quizá: porque contiene preceptos y conceptos que no nos gustan pero que -amantes de la concordia- admitimos para preservar el pluralismo y la disidencia.

Empieza el curso político y aparece el desafío, frontal o sesgado, contra la Constitución de todos, incluidos -cómo no- la inmensa mayoría de votantes del PSOE. No vale decir, porque no es verdad, que el proyecto Maragall cabe dentro de la norma fundamental. Requiere más bien, casi tanto como el proyecto Ibarretxe, una revisión sustancial en el plano jurídico ya que supone una ruptura en el marco político. No se juega con la España democrática y nadie va a poner en peligro el éxito colectivo. Antes de terminar: la Constitución también nos gusta porque, sabia y previsora, estableció un mecanismo exigente para su propia reforma. Los constitucionalistas lo llaman «rigidez». Sirve, ya lo saben, para preservar el criterio de la mayoría social frente a ocurrencias, falacias y sinsentidos.

Por qué Jaime Mayor
Iñaki Ezkerra La Razón 25 Agosto 2003

No me cansaré de insistir en que la batalla contra ETA y el nacionalismo que se sirve de ETA no es política sino moral y que, por eso mismo, no cabe la táctica de acercarse al enemigo, mimetizarse, fingirse él o «un poco él» para derrotarlo, porque nos habría vencido por el camino y eso supondría reconocer como modelo a imitar lo que es un modelo a rechazar.

El principal argumento por el que uno desea sin disimulos que sea Jaime Mayor el sucesor de Aznar tiene que ver con este planteamiento y la apuesta ética que él significa. El PSOE, con su táctica de combinar el GAL y las concesiones políticas, la guerra sucia por detrás y el entreguismo por delante, había vaciado moralmente de sentido esa lucha en el terreno policial y en el de las urnas a mediados de los años noventa. Es en ese momento cuando Jaime Mayor entra en la escena política e inicia un milagro: el de hacerse un ministro prestigioso y querido desde un Departamento como el de Interior, que es tradicionalmente impopular en todas las democracias y que se había vuelto maldito en la nuestra gracias a Barrionuevo y a Corcuera. Jaime Mayor conjuró la maldición del Ministerio de Interior, le dio un brillo del que goza todavía y que, después, han sabido mantener vivo Rajoy y Acebes. Jaime Mayor hizo que ese Departamento fuera el alma del gobierno Aznar y nos devolvió la ilusión de que podíamos ganar la batalla contra el chantaje del nacionalismo. Ganar porque merecíamos ganar.

Hay algo que suelen repetir los detractores incondicionales del PP y es que sus aciertos en la cuestión terrorista y la nacionalista le han servido para tapar los de- saciertos en otras cuestiones. Es verdad. Es lícito y no hay por qué ocultarlo, sino tenerlo muy en cuenta a la hora de pensar en un próximo presidente del Gobierno. El PP ha sabido atraer gentes y votos ajenos a su ideología y a su talante gracias a su coherencia frente a ese problema. No es raro ni es poco porque el tema del terrorismo y el de la estructuración de España nos afecta a todos. Lo que sería ridículo, además de malo para España, para el constitucionalismo vasco y para el propio PP, es arrojar ese capital moral a la basura y ver en esa virtud un defecto.

Que Jaime Mayor sea la bestia negra para el nacionalismo debe hacer reflexionar a cierta prensa que le hace la cama por otros intereses. Por otra parte, la adhesión a Jaime Mayor de los constitucionalistas vascos y no vascos en razón de la ética que él encarna es también posible porque no representa una cara del PP explícitamente incompatible con la procedencia izquierdista de muchos de éstos. Que nadie piense que esa adhesión es incondicional a ese partido. Porque se equivoca.

El almogávar
Antonio Pérez Henares La Razón 25 Agosto 2003

A Pascual Maragall lo tenía entrevisto de muchas maneras, incluso alguna buena. No fue mal alcalde y supo estar a la altura en las Olimpiadas convirtiendo a Barcelona en referencia mundial de progreso y modernidad.

Pero, de un tiempo a esta parte, sea por la edad, la fiebre nacionalista o el insomnio, tiene pinta de dormir bastante mal, el hombre se ha ido trasmutando en un ser político cada vez más endeble y más risible. Ya era preocupante aquello tan antiguo y tan mentira de un Madrid siniestro y opresor y ese victimismo antiespañol de quienes en realidad victiman todos los días e impunemente la idea de España, pero ahora el desempolvar la Corona de Aragón y los impulsos imperiales de Pedro El Grande nos ha hecho entrar en la perplejidad y en la carcajada. Maragall de almogávar y «desperta ferro» es hilarante. Tanto que el hombre no se atreve del todo con su delirio y se queda corto. Porque, ya puestos, por qué conformarse con la Comunidad Valenciana, Aragón, Balerares, el Rosellón y la Cerdaña. Hay que ir mas allá. Hasta los ducados de Atenas y Antiopatria, hasta Nápoles y Sicilia. En Palermo ya deben de estar tocando a vísperas.

Otoño caliente
José María Carrascal La Razón 25 Agosto 2003

Hemos tenido un verano caliente. Pero no va a ser nada comparado con el otoño. Piensen en las tormentas que nos esperan: elecciones catalanas, repetición de las elecciones madrileñas, plan Ibarreche para una «Comunidad vasca asociada con el Estado español», designación del sucesor de Aznar, cada una con trilita suficiente para hacernos volar, políticamente, por los aires. Incluso si Ibarreche decide, como dicen, no convocar un referéndum sobre su plan. Ya lo convocará. Sencillamente, «no están maduras».

Si se tratase de meras trifulcas políticas, no sería grave. La democracia está llena de ellas. Pero está en juego algo mucho más profundo y peligroso: el actual ordenamiento constitucional español. Es lo que hay detrás de las propuestas de Ibarreche y Maragall: una revisión a fondo de las reglas que nos habíamos dado con la Constitución de 1978. Creíamos que con el Estado de la Autonomías habíamos dado con la fórmula mágica para reconocer la personalidad de las distintas comunidades que forman el Estado español, al tiempo que se mantenían la unidad de la nación española. Pero resulta que no. Que algunos piensan que no basta, que tanto la Constitución como los estatutos de autonomía necesitan reformas, profundas dicen unos, parciales dicen otros, pero absolutamente necesarias. Y esas son palabras mayores. Significa reabrir el proceso constitucional, romper el difícil equilibrio alcanzado en 1978 para contentar a unos y a otros. Habiendo la casi certeza de que, esta vez, no volvería a alcanzarse el consenso. Con todo lo que eso significaría.

El argumento que esgrimen los partidarios de la reforma es el de la «interinidad» de la Constitución del 78, redactada, dicen, bajo la presión de las fuerzas del antiguo régimen, los militares especialmente. Un cuarto de siglo más tarde, continúan, es hora de ajustarla a la verdadera realidad de España, la vasca y la catalana especialmente, que desborda con mucho sus actuales estatutos.

Pero eso no es lo peor. Que los nacionalistas vascos y catalanes se sientan constreñidos en sus actuales estatutos, pese a gozar, sobre todo los primeros, de más competencias que ninguna otra región autonómica de Europa, no debe extrañarnos. Ellos sólo se sentirán cómodos en la plena independencia, en otro caso no serían nacionalistas. Lo grave es que los socialistas están en la misma línea. No sólo apoyan el Plan Maragall y se niegan a unirse al PP contra el Plan Ibarreche, sino que Chaves adelanta que él también quiere cambiar el estatuto andaluz. Si lo hace por ese mimetismo que ha caracterizado la entera ordenación autonómica de España, por echar un capote a su colega catalán ¬«No es tan grave lo que hace Maragall, ¿veis? Yo hago lo mismo»¬ o, simplemente, porque el PSOE empieza a ser la casa de Roque o de como te llames, no lo sabemos. En cualquier caso, ¿qué otoño, Dios mío, qué otoño!

La euro-región
Luis González Seara La Razón 25 Agosto 2003

Al fin, ya tenemos a mano lo que Ortega llamaba un proyecto sugestivo. Estaba Europa atravesando horas bajas y, de pronto, llegó Maragall. Si nos dejáramos llevar por el fondo cristiano de la civilización europea, habría que saludar en Maragall el advenimiento de un hombre providencial, de los que aparecen en situaciones difíciles y dan pie a la invención de los poetas. «La naturaleza yace en tinieblas. Dijo Dios: ¿Hágase Newton!, y todo fue luz». Así cantaba Pope la hazaña científica del sabio inglés. Aunque, después de todo, no era más que una hazaña de la humana condición.

Ahora, lo que se tiene delante para el elogio poético es más que una hazaña: es un milagro. Maragall ha hecho resucitar al Reino de Aragón de su tumba del medievo, para situarlo a la cabeza de un proyecto, que él considera prioritario para España y la Unión Europea, y que se encarna como una «euro-región», constituída por las comunidades autónomas de Cataluña, Aragón, Valencia y Baleares, más los territorios franceses del Languedoc, el Rosellón y el Midi-Pirineos. Lo que se dice una preocupación central de la UE, aunque se les olvidara tenerla presente a los redactores de la Convención que ha elaborado el proyecto constitucional de la Europa unida.

Lo cual carece de la menor importancia pues, según la doctrina innovadora de Maragall, tanto la Constitución española como los estatutos de autonomía son «meras disposiciones transitorias para pasar de un Estado dictatorial a otro democrático y autonomista». Y la Constitución francesa ¬que los gobernantes gabachos tendrán que considerar a la hora de entregarle a Maragall el Languedoc, la Cerdeña, el Rosellón y los derechos sobre Milán y Córcega¬ no puede constituir un impedimento para que se frustre tan colosal empresa histórica.

En cambio, no se comprende cuáles son las razones para que Maragall no reivindique territorios tan señeros de la Corona de Aragón como Nápoles y Sicilia. O los ducados de Atenas, Neopatria y Egina, que la Gran Compañía organizada por Roger de Flor, un antiguo templario natural de Brindisi, conquistó en Grecia.

Alguien debería dejarle a Maragall, a toda prisa, en su mesa de noche, un ejemplar de las crónicas de Muntaner, Bernat Desclot y los reyes Jaime I y Pedro IV, para que recuerde todo lo que tiene que resucitar en la definitiva configuración de ese espacio europeo de la Gran Cataluña.

Y, de paso, podrá comprobar que, ya los estatutos escritos que la Compañía redactó en catalán para los ducados de Grecia eran tempranas constituciones que recogían la teoría medieval del pacto entre el gobernante y su pueblo. De ahí la inmensa ligereza de querer ver, en una moderna Constitución normativa como la española de 1978, una mera disposición transitoria.

Con hombres providenciales, como Maragall, el PSOE puede encaminarse, lleno de fe, hacia el juicio final. Allí podrán reencontrarse y reconocerse todos los que hoy abarrotan el limbo y sus antesalas del federalismo asimétrico, empezando por las eurorregiones y las padanias.

La herencia de Salaburu
GOTZONE MORA /PROFESORA DE LA UPV-EHU. MIEMBRO DEL FORO DE ERMUA El Correo 25 Agosto 2003

El pasado 14 de agosto apareció publicado en este diario un artículo de opinión firmado por el anterior rector de la Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea, en respuesta a una carta de apoyo del Foro de Ermua a las iniciativas impulsadas por la Plataforma Profesores por la Libertad con respecto a los presos de ETA que estudian en la UPV-EHU. Para comenzar desearía mostrar mi perplejidad con el citado artículo del señor Salaburu ya que denotaba, cuanto menos, un marcado talante frentista, frentismo del que no hizo gala cuando buscó apoyos entre sectores constitucionalistas para erigirse en rector. Lo decepcionante, a tiempo pasado, es que personas con este perfil hayan ostentado cargos de la máxima responsabilidad en nuestra institución, sobre todo cuando ello fue debido a la buena voluntad (o debo decir ingenuidad) de sectores a los que hoy desprecia, dispuestos durante mucho tiempo a apoyar a rectores nacionalistas creyendo que con ello se podía normalizar la situación en nuestra Universidad.

Centrándonos en el artículo de Pello Salaburu, en el mismo aparecen dos apartados claramente diferenciados. En el primero se dedica a insultar al Foro de Ermua con una argumentación carente de fundamento y en el segundo reitera su confianza en los datos aportados por el actual equipo rectoral, en virtud de los cuales se niega la existencia de tratos de favor hacia los presos de la banda terrorista ETA matriculados en la UPV-EHU. No obstante, y comenzando por el segundo punto aludido, el señor Salaburu admite que se hayan podido producir tratos de favor, argumentando que «ello no impide, por supuesto, que algo de lo que se denuncia pueda haber sucedido, de modo más bien excepcional». Con el ánimo de centrar el debate, le pediría al señor Salaburu que aclare su posición: o afirma que se han producido tratos de favor o lo niega, lo que no se puede hacer es admitir algo y a la vez su contrario. En este caso, como en tantos otros, ocurre que cuando no interesa que salga a la luz pública un tema conflictivo más vale cubrirse las espaldas, ámbito en el que el señor Salaburu parece un consumado especialista, no vaya a ser que las investigaciones que están siendo llevadas a cabo por las autoridades competentes lleguen a demostrar la existencia de los referidos tratos de favor, como es probable que así ocurra.

Decía anteriormente que la pretensión inicial del señor Salaburu consiste en menospreciar a los integrantes del Foro de Ermua y de la Plataforma Profesores por la Libertad con una argumentación carente de fundamento, más propia de tertulias de batzoki que del razonamiento y responsabilidad de un ex rector universitario. Su arenga contra el Foro de Ermua y Profesores por la Libertad se basa en la idea de que tales movimientos cívicos mantienen «relaciones privilegiadas (...) con la derecha española más rancia», afirmación que me parece totalmente irresponsable y salida de tono. En nuestro país todos sabemos que una imputación de este tenor, y teniendo en cuenta el problema al que nos referimos, coadyuva a poner a los integrantes del Foro y de la Plataforma en la diana de ETA. Pero, además, también sabe, y no deja de ser cómplice, del linchamiento moral al que se ven sometidas las personas que manifiestan cualquier disidencia con el nacionalismo. Cuando una persona pierde de semejante manera las formas en un foro público (como es en este caso la tribuna de opinión de un periódico) ya poco más queda por decir.

Respecto a la polémica central, la existencia de tratos de favor hacia los presos de ETA, el señor Salaburu continúa sin aportar un solo dato que apoye su argumentación. En su exposición se limita a mostrar su confianza en la información aportada por el actual equipo rectoral sin justificar el porqué de dicha confianza. Como el propio señor ex rector se puede imaginar, cuando en el marco del Pacto Antiterrorista se adopta la decisión de apoyar una reforma de la Ley Orgánica General Penitenciaria, con el fin de acabar con la actual situación académica en la que se encuentran los presos de ETA, será por algo. ¿O cree el señor Salaburu que una actuación de este tenor se emprende por parte del PP y del PSOE sin dato alguno que la avale y en virtud únicamente de la opinión de personas aisladas? Evidentemente no, y lo que debería hacer el rancio nacionalismo vasco soberanista y frentista es dejar de dar pataletas y aceptar las normas por las que se rige la democracia y la fuerza de los argumentos.

Si la citada modificación legislativa no era del gusto de los nacionalistas, su oportunidad tuvieron los representantes de PNV y EA de ponerla en tela de juicio en sede parlamentaria. Lo que no se puede decir gratuitamente, como hace el señor Salaburu, es que «la Universidad ha presentado pruebas, hasta el momento no refutadas, que indican que la capacidad de obtener titulaciones o superar cursos por parte de los presos nada tiene que ver con lo que sucede con los alumnos normales». ¿Dónde están tales pruebas? ¿Se ha encargado el señor Salaburu de cotejar los argumentos del actual equipo rectoral con los del Foro de Ermua y de la Plataforma Profesores por la Libertad ? Es más, ¿se preocupó el señor Salaburu durante su mandato de conocer la situación de los presos de ETA que estudiaban en la UPV-EHU? ¿Se ha molestado por conocer el caso de Belén González Peñalva, que, estando huida de la justicia, siguió recibiendo ayudas para el estudio? Este hecho, que fue reconocido hace unos meses por el propio Gobierno vasco en sede parlamentaria, tuvo lugar durante los años en los que el señor Salaburu fue rector.

Para concluir con esta primera cuestión me gustaría ponerle de manifiesto al señor Salaburu que la actuación emprendida con el fin de acabar con los presuntos tratos de favor de los que gozaban los presos de ETA en la UPV-EHU en ningún caso mancha el nombre de la institución, ni el de sus docentes, que en su inmensa mayoría realizan su labor con absoluta profesionalidad. Por el contrario, de esta manera se está poniendo fin a situaciones que únicamente contribuyen al desprestigio de nuestra Universidad y a cuestionar sus fines más nobles.

En su artículo, el ex rector reprocha al Foro de Ermua y a Profesores por la Libertad el ostentar conexiones políticas que explicarían el porqué se ha llevado a cabo la modificación legal referida. Precisamente de conexiones políticas, en este caso con el nacionalismo vasco, incluyendo en las mismas desde el PNV a Batasuna, puede hablarnos extensamente el señor Salaburu. Él fue el responsable, juntamente con otra persona de su equipo rectoral, de que bajo su mandato se retiraran las denuncias interpuestas por la UPV-EHU contra 5 ex profesores de la institución acusados de amenazar a compañeros en el marco del problema de los profesores asociados y de alterar el normal funcionamiento académico. No hay que hilar demasiado fino para deducir que este caso, que tanto daño hizo a la propia UPV-EHU y que dejó un conflicto latente que todavía hoy seguimos padeciendo (los cinco ex profesores, cuya relación con el entorno de Batasuna es de todos conocida, continúan en la puerta de la Facultad de Ciencias Sociales y de la Comunicación), tuvieron mucho que ver las conexiones nacionalistas del señor Salaburu.

Señor Salaburu, ni en los medios de comunicación ni en privado ha contestado a ninguno de los interrogantes que le planteé en mi artículo anterior, pero además sigue obviando en los suyos la situación real que se vive en la UPV-EHU. Por favor, contésteme también a las preguntas que hoy le planteo. Explíquenos sus razones para arremeter contra el Foro de Ermua y Profesores por la Libertad , cuando lo único que han solicitado es la investigación de los presuntos tratos de favor a los presos de ETA. Señor Salaburu, el ejercicio de cargos de responsabilidad en los últimos años y el posterior disfrute de algún periodo sabático u otro tipo de permisos en recientes fechas, que tanto le han alejado de las aulas y de su Facultad, no le permiten minimizar el problema. Tampoco admitimos su desconfianza en relación con lo que afirmamos muchos cientos de profesores, que nunca hemos descuidado nuestras responsabili- dades docentes e investigadoras y trabajamos a pie de aula, muchos a pesar de ser objetivos de la banda terrorista ETA.

Bono augura que las urnas castigarán las veleidades de Maragall
MADRID. ABC 25 Agosto 2003

La propuesta sobre un modelo de Estado que trata de consensuar el PSOE puede desembocar en otra importante crisis dentro del principal partido de la oposición. El presidente de la Junta de Castilla-La Mancha, José Bono, se convirtió ayer en el primer «barón» del partido que se aparta de las tesis de la Ejecutiva y critica abiertamente los planes nacionalistas del líder del socialismo catalán, Pasqual Maragall. En este sentido, Bono lanzó un aviso a su partido: el electorado no permitirá que ningún dirigente territorial actúe como un nacionalista.

De poco ha servido el principio de acuerdo que el secretario general del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, alcanzó en julio con los principales barones del partido -los citados Bono y Maragall, junto a Chaves e Ibarra- para fijar un «proyecto común» en el marco de «la España plural». A las primeras de cambio, el acuerdo ha saltado por los aires.

«No interesa a nadie»
Hasta ahora, la propuesta de Maragall -que considera la Constitución y el Estatuto de Sau «dos grandes disposiciones transitorias» y plantea una nueva región europea que abarcaría, además de Cataluña, parte de Francia y otras Comunidades autónomas españolas, como Aragón y Baleares- contaba con la voz crítica de la ex ministra Cristina Alberdi, que pidió un congreso extraordinario para que los socialistas diseñaran su modelo de Estado. A Alberdi se suma ahora José Bono.

Sin hacer caso de la opinión de la dirección socialista -que acepta por «constitucional» la reforma del Estatuto catalán que plantea Maragall-, el presidente de la Junta de Castilla-La Mancha criticó al ex alcalde de Barcelona. En una entrevista que ayer publico el diario «Avui», Bono advierte de que el electorado socialista no consentirá al presidente del PSC que actúe como un nacionalista. Para este «barón»socialista -que compitió con Zapatero por el liderazgo del PSOE hace tres años- Pasqual Maragall «es socialista, presenta un programa socialista y si gana, hará un gobierno socialista; lo que no puede hacer un socialista es comportarse como un nacionalista». «Cambiarse de chaqueta es una cosa que el electorado del PSOE no le consentiría ni a Pablo Iglesias, ni a Maragall, ni a nadie», avisa el presidente de la Junta de Castilla-La Macha. «Pero no hay peligro -añade-: Maragall está con el PSOE».

Bono siguió con sus criticas al presidente del PSC en «Onda Cero». «La referencia de Maragall a la Corona de Aragón es más bien histórica y poética, porque, a estas alturas de siglo, a los españoles lo que nos interesa son los hospitales para cuando estamos enfermos, la escuela de nuestros hijos o las carreteras por donde viajamos». Bono sostuvo, además, que «la Corona de Aragón nos interesa exactamente igual que la España de los Reyes Católicos. Eso no interesa a nadie. Lo que nos importa es la España del futuro y no la del pasado». Concluyó que «Maragall es una persona que siente y quiere a España. Lo que pasa es que cada uno se siente español a su manera».

Por su parte, la Ejecutiva del PSOE, por boca del portavoz en el Congreso, Jesús Caldera, mantuvo ayer la consigna de respaldo a Maragall. En declaraciones a Europa Press Televisión, Caldera defendió las propuestas del presidente del PSC, que en su opinión «encajan perfectamente» en la Carta Magana. A su juicio, las críticas del PP reflejan un «doble lenguaje» porque hablan de un acuerdo de Gobierno con CiU en Cataluña, cuando la propuesta de Artur Mas «se parece más a Ibarretxe que a Maragall».

Para Caldera, el fenómeno de las regiones en Europa es «muy importante» para facilitar la movilidad, las comunicaciones y las insfraestructuras y, de hecho, la UE hace diseños de programas operativos que abarcan a más de una región o Comunidad autónoma, por lo que «no hay motivo para rasgarse las vestiduras».

«Lo que plantea Maragall es mejorar las comunicaciones e infraestructuras en un espacio económico que supera a la Comunidad de Cataluña e incluye regiones francesas, pero para aprovechar del mejor modo posible sus capacidades económicas y de desarrollo, para generar más rentabilidad, y sin que haya detrás ninguna estructura política». Además, recordó que Maragall habla también de mecanismos de cooperación, como un Senado en el que puedan encontrarse las Comunidades autónomas. «Otra cosa es lo que diga el PP, que va a intentar siempre desnaturalizar lo que propone Maragall», concluyó.

Reunión del Consejo Territorial
Así las cosas, los socialistas tratarán esta semana de acercar posturas en una reunión que mantendrá en Cantabria el Consejo Territorial del partido. Cuando se convocó la reunión, el objetivo era ampliar el consenso sobre la propuesta de desarrollo autonómico a partir del pacto inicial de julio entre Zapatero, Chaves, Ibarra, Bono y Maragall. Ahora, el reto es acercar posturas e intentar que el diseño del modelo de Estado que quiere el PSOE no derive en bronca y crisis interna.

Mientras tanto, Maragall sigue en sus trece. El candidato del PSC a la presidencia de la Generalitat defendió ayer su propuesta de creación de una euro-región que incluya los territorios de la antigua Corona de Aragón y la Cataluña francesa, porque en los años 80, cuando se celebraron reuniones al respecto, «funcionó bien».

Dichas reuniones a las que se refería Maragall se celebraron en Barcelona, Tolosa de Llenguadoc, Montpellier, Valencia y Palma de Mallorca bajo la denominación de C-6. Según el líder de los socialista catalanes, «el C-6 funcionó relativamente bien y responde a un proyecto de futuro que no es tan político como económico». Maragall se refirió a la euro-región como una respuesta a la «necesidad de la talla mínima que se debe tener en la Europa de hoy para contar con las infraestructuras que nos tienen que conectar con el resto del mundo».

En alusión a las críticas de los populares, Maragall declaró que «es ahora, cuando el PP se ve amenazado de perder su primacía política en España, que utiliza todos los medios para meter miedo a los ciudadanos de la diversas Autonomías españolas para que se opongan a la España plural, en la cual Cataluña tendrá un peso importante».

SECRETARIO DE ESTADO DE ORGANIZACIÓN TERRITORIAL
Elorriaga: «El Estado sólo asumirá competencias vascas en caso extremo»
Elorriaga sostiene que «no nos debe preocupar» la consulta de Ibarretxe y recuerda que el Gobierno «no permitirá» una iniciativa «al margen de la ley»
ALBERTO SURIO/SAN SEBASTIÁN El Correo 25 Agosto 2003

Gabriel Elorriaga ha interrumpido su agosto «de guardia» para disfrutar de unas breves vacaciones en San Sebastián. El secretario de Estado de Organización Territorial y coordinador de Estudios y Formación del PP carga pilas en la capital donostiarra con la mirada puesta en el intenso otoño político que se avecina, articulado en torno al debate territorial, la unidad constitucional y el modelo de España.

-La política vasca va a vivir un momento crucial con la discusión del plan Ibarretxe . El lehendakari ha pedido un debate sereno y que se evite el «ruido». Pero ya se ha dicho casi todo. ¿O puede añadirse algo nuevo?
-Lo paradójico es que el lehendakari pida que no haya ruido cuando su estrategia política en los últimos años consiste en provocar debates que incrementan el nivel de separación entre los ciudadanos vascos. Hechos como que hace tres años concurriera a unas elecciones sin anunciar nada parecido a lo que está planteando, cuando poco después abrió un agrio debate sobre el incremento del autogobierno que terminó con una declaración sobre la asunción unilateral de competencias, o cuando más adelante ha abierto el debate sobre el plan Ibarretxe , hacen evidente que él es quien está provocando la confrontación y la disgregación. El último episodio ha sido la manifestación de Bilbao.

-El lehendakari insiste en que defiende un modelo estable de encaje en España para una generación; que eso es una salida política por la convivencia y la búsqueda de nuevos consensos mientras ustedes están siempre con la bandera del no
-El planteamiento del nacionalismo no ha obtenido ni una sola adhesión más de las que tenía al inicio del proceso. La dinámica que se ha abierto desde el Gobierno vasco no amplía en cada etapa el consenso existente, sino que más bien, al contrario, lo que hace es bunkerizar las posiciones de cada una de las partes y, por lo tanto, enconarlas más. Porque no hay alternativa al Estatuto.

-Aunque los nacionalistas creen que ha sido traicionado.
-Ése es un debate viejo sobre el que siempre volvemos. Cada vez que se habla de las carencias en el desarrollo del Estatuto regresamos a temas materiales muy puntuales e insignificantes en lo político. En torno al Estatuto hubo un amplio consenso. Es evidente que una parte muy significativa de la sociedad vasca y de los partidos que la representan no se han apartado de ese acuerdo. Otra cosa es que discutan sobre cómo lo interpretan o qué alcance le dan. Es evidente que es el PNV el que, habiendo aceptado ese camino, se separa unilateralmente de él.

«Suicidio político»
-¿No le sugiere nada que Ibarretxe diga que su proyecto deberá tener un mayor consenso que los anteriores y que necesitaría el apoyo mayoritario en cada uno de los tres territorios vascos?
-El señor Ibarretxe improvisa en cada ocasión que habla y quiere edulcorar sus propuestas tratando de hacerlas aceptables para algunos más que sus fieles. Y no lo consigue. En este momento se encuentra inmerso en un debate sobre cómo ha de refrendarse una iniciativa política que, dentro del marco institucional y legal vigente, no es posible someter a consulta. Eso es muy importante recordarlo. No es posible plantear a la sociedad vasca una oferta de futuro al margen de las instituciones y del ordenamiento jurídico vigente. Es ofrecerle a la sociedad vasca un futuro de incertidumbre, desorden y caos. Eso es lo que se está haciendo. Por un lado, se nos decía hace muy pocos meses que la pretensión era una reforma del propio Estatuto, del artículo 46, pero dentro del marco. Ahora, el señor Ibarretxe se reinventa semanalmente el procedimiento para la ratificación de la iniciativa. Que desde la máxima institución vasca se hagan planteamientos políticos al margen completamente del marco que lo sustenta es un permanente suicidio político.

-¿Se plantea el Gobierno impedir la consulta?
-Es evidente que no se puede celebrar ninguna consulta al margen de los supuestos legalmente previstos y es evidente que el Gobierno no va a permitir, en ninguna circunstancia, que se celebre una consulta al margen de los mismos. Todos los españoles y todos los vascos tienen esa certeza, pero tal y como lo propone Ibarretxe, es muy difícil saber qué consulta va a plantear, sobre qué, cuándo o a quién va dirigida. No creo que debiéramos preocuparnos mucho de esa eventualidad.

-¿El Gobierno contempla incluso la suspensión de la autonomía?
-El artículo 155 de la Constitución establece una asunción de determinadas competencias autonómicas por parte del Estado sólo bajo una serie de circunstancias extremas. Antes de este supuesto, hay muchos instrumentos que el Gobierno, las Cortes Generales y el Estado de Derecho pueden aplicar en defensa de la Constitución. En el momento en el que haya que reaccionar en el plano jurídico, se reaccionará.

-En este pulso de posiciones, ¿no termina siendo la estrategia del Gobierno del PP la mejor baza para la radicalización soberanista del nacionalismo?
-Mi análisis político es completamente distinto. Hace algunos años, el nacionalismo vasco percibió con razón que la idea de España era una idea crecientemente fuerte, que la España moderna, democrática, la ya consolidada después de 25 años de Constitución, tenía abierto un futuro de estabilidad y prosperidad para todos y, por tanto, habían concluido las oportunidades políticas que podía haber tenido una alternativa nacionalista en una coyuntura más inestable de transición. En ese momento en el cual el nacionalismo vasco asumió que se le estaba terminando su tiempo político, reaccionó y todos los pasos tomados desde entonces los conocemos: acuerdos con ETA y una estrategia maximalista de imposición de sus ideas al conjunto de la sociedad vasca. Ese análisis lo hace el nacionalismo a partir de la fortaleza de España y de una mala valoración de la debilidad coyuntural del Gobierno de la nación por la sucesión de los gobiernos en minoría en 1993 y 1996.

-Aunque en 1996, en plena luna de miel entre Arzalluz y Aznar, ese mismo nacionalismo proclamaba el derecho a la soberanía y a la autodeterminación
-En el discurso político ideal siempre, pero no en la acción política concreta.

-Además de lbarretxe, el Gobierno central parece muy preocupado con las posiciones del candidato socialista a la Generalitat de Cataluña, Pasqual Maragall. ¿Por qué?
-El primer problema que plantea Pasqual Maragall es la permanente contradicción entre sus postulados y los de su partido a nivel nacional. Y este mes ha sido paradigmático. Comenzó Zapatero diciendo que la propuesta de Maragall de reforma del Estatuto era de máximos. Fue inmediatamente contestado por el PSC replicando que era de mínimos. Zapatero siguió descartando la aplicación del artículo 150.2 que posibilita la delegación de competencias exclusivas del Estado a las comunidades autónomas. Inmediatamente fue respondido desde Cataluña por Maragall, quien, a pesar de decir que no era su modelo, señaló que era una previsión constitucional que no se podía descartar. Y la propuesta del PSC de reforma del Estatuto plantea una alternativa a esa vía que es la de los derechos históricos.

¿Y ahora ?
Ahora, en esta tercera etapa, nos encontramos con que, a juicio de Maragall y una parte del PSC, la Constitución y el Estatut son un inmenso territorio transitorio, cuando el PSOE minimiza a su vez la reforma del Senado como si fuera un mero perfeccionamiento del sistema autonómico. El problema básico que plantea el PSC es que rompe la posibilidad de una alternativa política sólida y uniforme a la actual mayoría del gobierno del PP. Y eso no es bueno: los ejecutivos y las mayorías fuertes, como la que tiene y probablemente tendrá el PP, deben encontrarse también con oposiciones fuertes como alternativas. El segundo problema es que Maragall y una parte del PSC poseen una visión sobre el País Vasco en la que se quiere privar a una parte de los ciudadanos no nacionalistas de un horizonte de alternancia constitucional. Ésa es la tragedia de ese planteamiento.

El «histriónico» Maragall
-Maragall ha dicho que con Aznar es imposible buscar una salida a la crisis vasca
-Maragall es un político histriónico y extravagante, que no mide sus palabras. Sería preocupante que se creyese lo que está diciendo. Tiendo a creer que su problema es que es poco serio, poco riguroso y poco fiable. Sus tesis, y eso es lo más preocupante, contaminan permanentemente el discurso del PSOE y hacen mucho más complicado el marco de estabilidad en el conjunto de España. Pero aunque allí el debate político tiene muchos ecos del vasco, recae sobre una sociedad como la catalana mucho más cohesionada y dispuesta a la búsqueda de consensos que, lamentablemente, la vasca.

-¿Qué le parece que Rodríguez Zapatero se entreviste con Ibarretxe para explicarle «a la cara» su oposición a su plan?
-No alcanzo a entender qué pretende hablar o negociar Zapatero con Ibarretxe. Hubo una cita similar de Almunia antes de las últimas generales que tuvo muy mala lectura entre los votantes del PSOE. Va a repetir el mismo error. No acierto a entender qué pretende sacar de la entrevista y qué mensaje pretende trasladar a sus votantes y a la opinión pública. Probablemente un mensaje confuso y equívoco que no va a ser respaldado. Quiero creer que el rechazo del PSE a una estrategia de acción conjunta no es definitivo, que el debate sigue abierto y no están tomadas las últimas decisiones. Si el Partido Socialista se resigna a no presentar una alternativa a la huida hacia adelante soberanista, los ciudadanos constitucionalistas no lo van a entender. Y menos en el actual contexto en el que hacen falta convicciones sólidas y claridad.

Ramón Rabanera: «Ibarretxe no dispone de instrumentos para obligar a Álava a aceptar su plan»
J. J. SALDAÑA ABC 25 Agosto 2003

VITORIA. Ramón Rabanera, diputado general de Álava, territorio con mayoría constitucionalista y minoría nacionalista, pide al lendakari Ibarretxe que recapacite y no presente, finalmente, su plan de Estado «libre asociado» a la cámara autonómica porque «puede llevar a la desvertebración del País Vasco».

-Tras la experiencia del pacto de Estella, ¿existen vías intermedias al proyecto soberanista de Ibarretxe?
-El proyecto de Ibarretxe es un reto, no al Gobierno de Aznar, sino al Estado. Particularmente, creo que algunos dirigentes del Partido Socialista de Euskadi se equivocan. Los demócratas, los que creemos que la Constitución y el Estatuto han sido claves para el desarrollo del País Vasco, no podemos tener ninguna debilidad ante ese proyecto que es el mayor reto a la democracia en España. Lamento que haya miembros del Partido Socialista que estén colaborando desde ese punto de vista con el PNV, templando gaitas. Lo único que hacen es fortalecer la postura del PNV.

-¿Ve un nuevo acercamiento PNV-PSE? ¿Juan José Ibarretxe renunciará a los votos de la ilegalizada Batasuna?
-Los dirigentes del mundo nacionalista han aprovechado toda faceta de encuentro que se ha intentado por los partidos constitucionalistas y, sobre todo, por el PSOE para sus fines secesionistas. ¿Si el PNV se puede aprovechar del mundo radical?, eso lo está haciendo continuamente. Los dirigentes del nacionalismo están, en estos momentos, en la misma línea que los dirigentes del mundo radical, no hay duda. En las últimas elecciones, el Partido Nacionalista Vasco pidió el voto al mundo batasuno y está atado a él. Lamentablemente, en estos momentos, existe un nacionalismo en conjunto que está definido por dirigentes del mundo nacionalista y del mundo radical. Las actitudes del Ejecutivo nacionalista y del parlamento vasco no son ni más ni menos que el encuentro del mundo radical y el mundo moderado nacionalista, que, desgraciadamente, ha seguido los derroteros de la radicalización. Por eso, los demás tenemos que estar muy unidos.

-¿Qué legitimidad tendría un pacto nacionalista de estas características en Álava, de mayoría constitucionalista?
-No tendría legitimidad en ningún sitio, porque todos tenemos unas reglas de juego y lo que tenemos que hacer es cumplirlas. Y en Álava menos que en ningún sitio. En las elecciones municipales fue el territorio que con más rotundidad dijo que «no» a ese plan. En las Juntas Generales la representación era antes de 27 junteros no nacionalistas frente a 24 nacionalistas. Y hoy es de 29 representantes contrarios al plan Ibarretxe y 22 proclives. El sentimiento mayoritario del País Vasco es de satisfacción con lo que tenemos y, en la calle, no hay ningún tipo de debate independentista. La gente no está preocupada por si se cumple o no una competencia, por lo que sí está preocupada es por la amenaza de Ibarretxe y su pretendido anteproyecto que no nos lleva a ningún sitio, salvo a la división y la crispación.

-¿Qué harán las instituciones alavesas a partir de septiembre? ¿Impugnarán el debate en el parlamento vasco o piensa que es el Estado el que debe intervenir?
-Ante esta situación, quiero ser muy prudente y serio. Esperaré a ver qué hace Ibarretxe, pero haré lo que tenga que hacer, que es servir a la sociedad alavesa. Y como la sociedad alavesa es mayoritariamente contraria a ese proyecto, actuaremos en consecuencia. Lo único que le quiero decir al lendakari es que no presente ese proyecto que puede llevar a la desvertebración del País Vasco. Álava no está por la independencia, por proyectos extraños. Los alaveses seguiremos estando donde estamos y si se van, se irán otros. El plan Ibarretxe no va a traer consecuencia alguna bajo el punto de visto jurídico-administrativo-político. Lo que sí está trayendo es división. El Estado tiene suficientes recursos para que eso no se lleve a cabo y para defender a la mayoría de la sociedad alavesa y del País Vasco, que creo que también está en su contra.

-Llegado el caso, ¿podría Álava plantear su exclusión del País Vasco?
-Nosotros no nos iremos nunca del País Vasco, se irán otros a otra cosa. Pero, insisto en que el plan Ibarretxe no es factible, no se puede realizar. Es una especie de cuento de hadas, mejor una pesadilla. Ibarretxe plantea una postura de futuro que no tiene salida y que está produciendo incertidumbre y daño a la sociedad. No se me pasa por la cabeza que ese «Estado asociado» que, al fin y al cabo, es un Estado independiente que nos separa de España y de Europa, pueda tener una materialización. Es que no lo veo. Álava está a gusto donde está. Por eso le pido al lendakari que no nos meta en problemas que no buscamos los alaveses y creo que tampoco los vizcaínos y guipuzcoanos.

-¿Confía en que, como ha dicho Ibarretxe, su plan no entrará en vigor si no es ratificado por los tres territorios vascos?
-El lendakari está muy acostumbrado a lanzar globos sonda como cuando dijo, tras filtrarse su plan, que era uno de siete u ocho borradores. Recuerdo también haberle oído decir que nunca presentaría un referéndum mientras exista violencia y a Arzalluz que la independencia no nos llevaría a ningún sitio. Esto no es serio. Pero es que, además, Ibarretxe no dispone de instrumentos para obligar a Álava aceptar su plan, en absoluto. Además, las Juntas Generales alavesas han dicho ya que no a su propuesta.

-¿Aceptará Álava un nuevo modelo de relación con el resto de España que salga del parlamento vasco sin escuchar a los territorios?
-Lo que está claro es que Álava no está por la separación de España, ni lo estará nunca. Esta tierra es un lugar de encuentro entre Castilla y el País Vasco y los alaveses nos sentimos muy vascos, pero también muy españoles. Que lo tenga claro Ibarretxe. Si en un momento el utópico Estado asociado se llegara a realizar, la sociedad alavesa no participaría. Por eso, insisto en que lo único que va a producir es crispación, enfrentamiento entre las instituciones y en la calle e incertidumbre en la clase empresarial y también en la trabajadora.

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