AGLI

Recortes de Prensa     Martes 26 Agosto  2003
Maragalladas
ALFONSO USSÍA ABC 26 Agosto 2003

Fin de carrera y reválida
Editorial ABC 26 Agosto 2003

La nueva Corona de Aragón
José María CARRASCAL La Razón 26 Agosto 2003

Ídolos como Fernando Alonso
CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC 26 Agosto 2003

Fernando Savater: «El plan Ibarreche es una indecencia y un gran chantaje político»
Antonio Sempere - Santander.- La Razón 26 Agosto 2003

Más turbación
SANTIAGO GÓNZALEZ/ El Correo 26 Agosto 2003

Aznar denuncia la inconsistencia de Zapatero y le acusa de anteponer sus intereses a los de España
Agencias Libertad Digital  26 Agosto 2003

Gotzone Mora advierte del coste electoral
ABC 26 Agosto 2003

Maragalladas
Por ALFONSO USSÍA ABC 26 Agosto 2003

A las chorradas que de cuando en cuando suelta Maragall las ha bautizado Jordi Pujol «maragalladas». Maragall es el último jefe de la vieja «Gauche Divine» de Barcelona, que se ha convertido con el paso de los años en la «Gauche Cretine». A Maragall se le alaba y vitupera en la gran ciudad, pero no creo que en la Cataluña rústica terminen de entenderlo. Resulta sorprendente su antología del esnobismo. El dirigente socialista -mejor, nacionalista-, es un divertido y agradable esnob de salón y tertulia que se ha topado con los más cagapoquitos -Cela dixit- socialistas de Madrid, aunque no sean de Madrid, porque Zapatero es leonés, Caldera salmantino y Pepiño Blanco gallego. Y a los tres les ha metido el miedo en el cuerpo. Y los tres han tragado todas sus frivolidades haciéndolas suyas, para no perder a quien creen ganador de las próximas elecciones autonómicas catalanas. Pero esas frivolidades preocupan a los socialistas más serios, y Bono, Alberdi, Redondo Terreros, Vázquez y compañía han encendido la luz roja de alarma. El PSOE se desmorona porque no sabe qué quiere y lo que busca, y con Maragall, Elorza, el de Galicia -que no me entra su nombre, y mucho que lo siento-, Antich y ahora Chaves, están haciendo del Partido Socialista Obrero Español una menestra de estúpidas deslealtades a la Constitución y al principio de territorialidad de España. Y Bono apunta con elegancia y dispara con suavidad, pero ya le ha advertido a Zapatero que con esas cosas no se juega.

Las «maragalladas», que en ocasiones parecen surgidas de la mente privilegiada del escritor y ex esposo de Chabeli, Ricardo Bofill, suenan más a camaradería nocturna entre copas y requiebros que a desenlace de trabajo en el despacho. Se sabe lo que piensa Pujol, pero nadie intuye lo que va a decir Maragall a la mañana siguiente de una noche bien regada. Para meter un voto en su enigmática alforja es capaz de decir la mayor tontería, o lo que es más grave, el más frívolo mensaje de irresponsabilidad. Los propios nacionalistas catalanes se sienten superados en ambiciones de autodeterminación, e incluso de independencia, por este socialista que tiene sometidos a los supuestos líderes del PSOE. Lo que para Pujol es una «maragallada», para Zorí, Santos y Codeso -Zapatero, Caldera y Pepiño- es una interesante idea que merece ser analizada y asumida por todos los socialistas.El problema es que una buena parte de los votantes socialistas, como dice Bono, se sienten profundamente españoles y constitucionalistas, y Maragall, Elorza, Pachi López, Antich y compañía les producen una desconfianza que bien puede reflejarse en las urnas, las primeras y últimas del blando y bastante mentiroso dirigente leonés.

Maragall tiene sobredosis de sí mismo, y sus alucinaciones han alcanzado un nivel preocupante. Lo del Reino de Aragón tiene gracia con un güisqui en la mano y unos tontos de la «Gauche Cretine» en un establecimiento del Puerto Olímpico. Grandes carcajadas que rompen el silencio de la noche. Antonio Burgos y yo, en una gélida noche moscovita templada por el vodka, nos autoproclamamos príncipes del Volga y del Don, respectivamente, pero al despertar al día siguiente -jaqueca aparte-, no llamamos a nuestras casas para anunciar nuestro nueva situación social. Maragall, en cambio, se lo ha creído, y eso tiene mejor remedio médico que político. Puede solicitarle una consulta a Llamazares, que posee licencia para ejercer la medicina en Cuba, ya que en España los doctores del tribunal consideraron que confundir el hígado con el esternocleidomastoideo no era digno de buena nota.

Lo malo es que al trío humorístico que manda en el PSOE las «maragalladas» le gustan. Y así van.

Fin de carrera y reválida
Editorial ABC 26 Agosto 2003

JOSÉ María Aznar abrió anoche el nuevo curso político, el de su fin de carrera como presidente del Gobierno, con el esperado discurso-denuncia de las debilidades de su adversario, José Luis Rodríguez Zapatero, como jefe de la oposición y como secretario general del PSOE. Pasqual Maragall, desde Barcelona, con sus desprecios a la Constitución, y el fracasado intento del PSOE en la Asamblea de Madrid por probar la existencia de una «trama» político inmobiliaria para justificar la desafección de dos de sus diputados, han facilitado en grado sumo a Aznar la «turbonada» con que irrumpe el jefe del Ejecutivo desde Menorca. Se acabó la calma chicha instalada en la política española -terrorismo y secesionismo nacionalista vasco aparte- desde que el PP llegó al poder. Aznar se retira, pero se fija ante todo el objetivo de dejar ganadas las elecciones a su sucesor. Zapatero tiene ante sí una reválida general. Tiene que demostrar a los ciudadanos y a los propios militantes socialistas que posee capacidad para formar equipos solventes, elaborar una alternativa programática y poner orden en su partido.

La despiadada descalificación que Aznar hizo anoche de su adversario está sobrada de argumentos. «Este Partido Socialista camina a toda marcha hacia la inconsistencia política, hacia la nada programática; camina hacia la irrelevancia propia de quienes no tienen posición política propia, sino tan sólo ambición de poder». Las palabras pronunciadas por Aznar son el principio de una campaña electoral de facto que tendrá una primera etapa en los comicios autonómicos de Madrid el 26 de octubre -repetición que los ciudadanos deben achacar a la falta de control de Zapatero sobre su partido y sus listas-, una segunda en las elecciones catalanas de noviembre -que puede ganar un Maragall que presenta su perfil más nacionalista y al que Zapatero tampoco parece controlar- y que termina en las generales de la primavera.

Y en medio de toda la vorágine electoral está la sucesión y el plan secesionista de Ibarretxe, que está a la espera de los demás acontecimientos para adecuarlo en tiempo y procedimiento con el objetivo de tener ventajas de la confusión. Como todo se mezcla en el denso curso político que empieza, ya han comenzado los nacionalistas vascos a aprovecharse de la incoherencia, las dudas o simplemente el desconcierto de los socialistas. Ibarretxe espera la entrevista de Zapatero para tomar oxígeno mientras Arzalluz alaba el desmarque del PSOE de la que debiera ser obligada unidad con los populares frente al proyecto secesionista planteado.

Entre este otoño de 2003 y la primavera de 2004, los dos grandes partidos no se juegan sólo el poder. También se enfrentan al cuestionamiento del marco democrático y de la propia Constitución, piedra angular sobre la que se ha sostenido el más largo y quizá el único periodo de libertades, paz y desarrollo económico que ha conocido España. El desafío del nacionalismo vasco estaba en el guión, pero no el desistimiento del principal partido de la oposición ni que su representante en Cataluña considere la Constitución y los estatutos de Autonomía «disposiciones transitorias». Tampoco que un barón como Manuel Chaves se apunte a la subasta y ofrezca por su parte una reforma del Estatuto de Andalucía. Hasta en los tiempos del más feroz enfrentamiento PP-PSOE, con Felipe González aferrado al poder y Aznar en la oposición más dura, se respetó el acuerdo de que la política autonómica y la defensa del Estado ante los retos nacionalistas era asunto de las dos principales fuerzas políticas, asunto nacional. El presidente de la Junta de Castilla-La Mancha, José Bono, y la ex ministra Cristina Alberdi han dado la voz de alarma desde el propio PSOE. La principal fuerza de la oposición no puede hacer dejación de sus obligaciones y compromisos como partido nacional.

EL PP tiene ante sí la tarea de relevar a quien le llevó al poder en 1996. Aznar ha pilotado la nave del centro derecha español durante trece años y con evidente éxito. Ahora acomete el más difícil todavía de proponer sucesor, ganar las próximas elecciones y seguir al frente del Gobierno como si no se fuera a retirar porque la etapa de estabilidad política y crecimiento económico que él mismo inauguró debe prolongarse por encima de los intereses de su partido y de la indigencia general de la oposición.

La nueva Corona de Aragón
José María CARRASCAL La Razón 26 Agosto 2003

Cuando oí por primera vez lo de revivir la Corona de Aragón, se lo juro, creí que era un chiste. Una gracieta de Pascual Maragall para poner en ridículo aquellos Païses Catalans de Jordi Pujol, de los que nunca más se supo. No me cabía en la cabeza que en el 2003, un político, socialista por más señas, hablara en serio de desenterrar el Reino de Aragón, intento comparable al de desenterrar el Reino Suevo en Galicia o el Califato de Córdoba en Andalucía. Pero resulta que no, que Maragall habla en serio e incluso repite y puntualiza su oferta, acicalándola para adaptarla a los tiempos actuales. Dice que es un proyecto únicamente económico ¬como si la economía pudiera deslindarse en nuestros días de la política¬ y plenamente compatible con «las preocupaciones y prioridades de la Unión Europea», como si la Unión Europea no hubiera dejado claro, no una vez sino ciento, la última en el borrador de constitución que maneja, que las únicas instituciones operativas que admite son los Estados-naciones actuales.

Las incongruencias se multiplican cuando nos enteramos de que Maragall no ha tenido esa cortesía mínima con los demás componentes de la asociación que pretende, Aragón, Valencia, Baleares, el Rosellón y el Midi Pyrinies, que es preguntarles si desean unirse proyecto. Por no hablar ya de su estructura práctica: ¿qué normas la regirían? ¿cuáles serían sus relaciones internas y las que sostendrían con los Estados a los que pertenecen? ¿Quién llevaría la voz cantante en ella? Pregunta sobre pregunta sin respuesta ninguna de ellas. Al revés, lo que traen a su vez son nuevas preguntas. Al ¿qué hace un socialista desenterrando viejas coronas?, se une el ¿no sabe ese señor que, en nuestros tiempos, lo primero que se necesita para llevar a cabo un cambio político es contar con la anuencia de los afectados? Y el acabose llega cuando oímos a los dirigentes de esos territorios, los valencianos especialmente, pero no creo que los aragoneses y los mallorquines estén muy lejos, rechazar indignados la aventura. En cuanto a los departamentos franceses, ni siquiera se han molestado en considerarla. Puede ser lo más sensato. El proyecto desborda la política-ficción para entrar en el terreno de lo delirante. Hay un detalle que lo confirma. «El País» y todo el grupo Prisa, que vienen apoyando incondicional y sistemáticamente la línea de la oposición, aunque con bastante más inteligencia que ésta, no ha dicho palabra de la Corona de Aragón que quiere desenterrar Pascual Maragall. Le prestan sus páginas pero comentario, cero. Se dan cuenta mejor que nadie de que no es un error. Es una majadería, que puede dañar al partido socialista más que ayudarle.

Nada más escrita la última frase me siento asaltado por las dudas. ¿Es posible que Pascual Maragall no se haya dado cuenta de todo eso? ¿O, sino él, alguno de sus muchos y buenos asesores? Imposible. Tienen que haberse percatado de la imposibilidad de ese proyecto, de que resucitar el Reino de Aragón, incluso en los términos que pretenden, es una utopía, aparte de una torpeza. ¿Por qué insisten entonces?

La única explicación es que Maragall, aparte de llevarse unos cuantos votos nacionalistas ¬el nacionalismo no se ha caracterizado nunca por la racionalidad y está siempre dispuesto a tragarse las mayores fantasías en torno a sus glorias pasadas¬ puede estar intentando una jugada de mucho mayor calado: acabar con la actual estructura del PSOE, quitarle al menos la E de sus siglas. Hacer de él lo que se está intentando hacer con España: pluralizarla hasta extremos de que apenas haya cohesión entre sus distintas partes. En el caso del PSOE, sería trocearlo, convertirlo en una federación suelta de partidos, con plena autonomía entre ellos, aunque respondan a una vaga conciencia socialista, que en cada parte se interpretaría como mejor pareciese. En Cataluña ya lo han conseguido en buena parte. El PSC es precisamente eso, un partido socialista catalán, no español. En el País Vasco van por ese camino, tras haber purgado el PSV de aquellos sospechosos de «españolismo», como Redondo Terreros. Pero para que el plan tenga pleno éxito, se necesita que todas las ramas del partido hagan lo mismo, o sea que existan el Partido Socialista Extremeño, el Partido Socialista Andaluz, el Partido Socialista Manchego y así sucesivamente. No sé si los demás dirigentes socialistas se dan cuenta del riesgo de ello, tan obsesionados están en combatir al PP por todos los medios y modos posibles. Parece que no, a la vista de como reaccionan al plan Maragall. Pero el riesgo existe, lo vean o no.

En cualquier caso, lo de desenterrar la Corona de Aragón, que podría alargarse hasta los ducados de Atenas y Neopatria ¬¿por qué no? Puestos a reclamar, hasta allí llegaron los almogávares¬, no puede llevar a ningún sitio por pura lógica histórica. Cuando se preguntaba a Jordi Pujol a comienzos de su andadura política qué era lo que quería para Cataluña, contestaba que «volver a antes de 1716», es decir, a la situación anterior a los Decretos de Nueva Planta, que arrebataron al Principado sus fueros e instituciones. En una cabriola todavía mayor, Pascual Maragall va bastante más lejos y quiere devolver no ya Cataluña, sino España entera a antes de 1479, cuando las coronas de Castilla y Aragón quedaron unidas bajo Isabel y Fernando. En este país siempre hay alguien que va más lejos que el más chulo.

Sin olvidar una cosa, en la práctica baladí, en teoría importante: que desenterrar la Corona de Aragón equivale a anular la Corona de España.

Ídolos como Fernando Alonso
Por CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC 26 Agosto 2003

EL deporte está favoreciendo la re-nacionalización de España. El triunfo de Fernando Alonso es un golpe a favor de la cohesión. Con él subió al podio del circuito de Hungaroring una generación de españoles que se reconocen en sus deportistas y en la bandera que representan. Mientras Otegi quema el oro y gualda en un acto de odio, Alonso se los pone para su hazaña épica.

Por aquí va la guerra de símbolos y por aquí va la pugna de arquetipos. Hay otra vía, que es la de quienes estando en contra de la quema de banderas defienden la necesidad de dialogar con los que la practican. Es contradictoria, por emplear un eufemismo. Por un lado, no pueden resistirse ante el triunfo del asturiano; por otro, reprimen sus sentimientos por entender que pueden favorecer la estrategia de los «españolistas». ¿No sería mejor que nuestros deportistas dejaran de ponerse los colores de la bandera, tan separadores, tan duros para la convivencia que diría Caldera? Para la izquierda hay que administrar con cuidado victorias como la de Fernando Alonso porque potencian el rearme nacional y suponen un apoyo político para Aznar o para Bono; nunca para Zapatero y Maragall. Para la izquierda es necesario desvincular el deporte del hecho nacional. Eso pudo admitirse en los Juegos de Barcelona porque se trataba de Barcelona, pero ahora triunfos como el de Alonso provocan un subidón del espíritu nacional. Algo ruinoso políticamente. Tan intolerable como que en España la canícula no haya matado tanta gente como en Francia.

Para estos españoles de perfil bajo, próximos siempre a la traición, la victoria de Alonso debería haber sido vivida de una forma más fría, como una gesta sin duda pero de forma más abstracta. Como si el asturiano fuera francés. Sin cesiones instintivas. Estos pobres diablos que no quieren admitir que las causas nacionales siguen siendo decisivas en el sistema democrático y nunca son extrañas a las expresiones culturales de los países, quedarán arrumbados por la Historia, pero de paso -hay que reconocerlo- nos meten en dramas espantosos.

A buen seguro estos pobres diablos pensarán que mi lectura de la hazaña de Fernando Alonso es excesivamente política. Pero si en otros tiempos la crítica de izquierdas llegó a algunas conclusiones políticas a partir de la pobre realidad del deporte español, ¿por qué renunciar ahora al método? ¿Acaso porque la actual circunstancia política no sale mal parada gracias al magnífico momento del deporte español, nada coyunturalista o dependiente de la personalidad como quieren algunos comentaristas cuando hablan del caso Alonso?

El deporte no es inocente. El deporte es un espejo. Y el momento es espléndido. Reconciliador con la realidad política, favorecedor de la cohesión nacional. ¿Por qué rebelarse contra esto? Es indudable que el Real Madrid, como fenómeno de masas, resulta tan insoportable para la ya frágil estructura psíquica de Maragall como lo son el crecimiento económico y el peso cultural de la capital de España que, según él, «ha entrado en una espiral loca, en una huida hacia adelante, en una persecución desmedida de riqueza y poder». Maragall se resiste a reconocer que Madrid no es un invento burocrático sino que es la región que más contribuye al Estado, y que España no es la nación coplera y perezona que necesita la locomotora catalana para ir adelante. La realidad es que los camioneros de Murcia y Alicante ponen en Europa los productos españoles sin que nadie tenga que atenerse a «ejes» geográficos propios de arbitristas; las comunicaciones españolas cumplen el sueño regeneracionista de Azorín; nadie se imagina que esta nación dejó alguna vez de tener pulso, el presidente del Gobierno se reúne con Bush y Blair en las Azores para organizar el Imperio y los deportistas españoles consiguen triunfos en todas las especialidades incluida la Fórmula 1.

Todo esto explica que a los españoles les hayan vuelto las ganas de serlo. Arquetipos como Fernando Alonso ayudan a ello.

Fernando Savater: «El plan Ibarreche es una indecencia y un gran chantaje político»
El escritor reconoce en Santander que su papel público va en «detrimento» de su obra
Fernando Savater regresó al Palacio de la Magdalena para completar la autobiografía de reciente publicación. Si en ésta traza su itinerario vital a través de sus principales lecturas, en el curso que imparte en la UIMP, «Mis principales libros: mi otra autobiografía», se centró en los títulos que ha generado su ya copiosa trayectoria como escritor, que abarca el ensayo filosófico, la pedagogía e incluso el teatro. Savater calificó el plan Ibarreche para el País Vasco como «una indecencia y un chantaje político», en tanto que «no haya desaparecido la violencia y el grupo que la impone».
Antonio Sempere - Santander.- La Razón 26 Agosto 2003

En el origen de su carrera situó Fernando Savater ayer en Santander al anterior jefe del Estado, a quien responsabilizó irónicamente de que se decantara por escribir. «Franco me echó de la universidad. Yo me vi con 22 años, casado y sin trabajo, y de algo tenía que vivir. Entonces comencé a escribir, a publicar en revistas, a hacer lo que podía, y así comenzó mi carrera de escritor. De casi todos los dictadores se puede sacar algo bueno», declaró.

El autor de «Mira por donde: autobiografía razonada» (Taurus), reflexionó además sobre la figura del intelectual en la sociedad contemporánea. «Ya no existe la imagen del intelectual poeta. Hoy por hoy se trata de personas que tienen un acceso privilegiado a los medios y cuentan con una determinada responsabilidad por el eco que generan sus declaraciones. He conocido a intelectuales que dicen que van de rebeldes pero que se las arreglan para estar siempre en nómina. Lo bueno es el riesgo de realizar declaraciones que puedan desagradar a alguien».

Intervención cívica
De hecho, ayer distinguió entre la actitud de los pensadores: «El intelectual es aquel que tiene vocación de intervención cívica. Hay profesionales muy buenos en el terreno de la investigación que por lo que sea no quieren defender sus ideales políticos, mientras otros se convierten en los verdaderos protagonistas de los espacios de debate». Él, sin duda, es uno de estos últimos, pese a que considera que su «excesiva presencia pública» ha sido «reductora» para su obra: «Antes de Basta ya , tenía 40 libros escritos; pero, sin embargo, un sector no te conoce por eso sino por una presencia publica excesiva, y en un país en el que se lee poco va en detrimento de tu obra», recalcó el autor de «Ética para Amador».

El compromiso de Fernando Savater es, aún así, manifiesto con la plataforma «Basta Ya» y con la libertad en el País Vasco. Sus palabras sobre el plan Ibarreche fueron contudentes. «Es indecente; una forma de gran chantaje político, que con el pretexto de decir que es un camino para la no violencia dice firme usted aquí abajo lo que yo quiera». Y añadió además que «ninguna propuesta política, ni siquiera algunas más sensatas que la de Ibarreche», son aceptables mientras no acabemos con la situación que atraviesa el País Vasco en la actualidad: «Mientras haya asesinatos, mientras haya amenazados y mientras que no puedan volver todos los que se han tenido que ir del País Vasco. Lo demás es una coacción y un chantaje», precisó el escritor y filósofo vasco.

Savater, que publicará el próximo otoño un ensayo sobre la libertad, «El valor de elegir», citó a sus autores de cabecera. Tras mencionar como referencia inexcusable las aveturas de «El capitán Trueno» de su infancia, destacó, en narrativa, a Stevenson y Melville; en filosofía, a Schopenhauer, Spinoza y Nietzsche, y en poesía a Borges, Dante y Rilke. Resaltó la influencia de la formación: «Es más importante el maestro que el líder, un maestro es aquel que hace pensar a las personas por sí mismas».

Para Fernando Savater, «se puede concebir la vida sin escribir pero desde luego no sin poder leer». Y de esa experiencia habló ayer en Santander: «La lectura multiplica la vida», dijo mientras recordó que él fue un voraz lector desde niño, fundamentalmente gracias a sus padres, que le contagiaron el vicio de la lectura. «Mi madre me leía cuentos desde muy pequeño y yo me los aprendía de memoria, y luego los miraba como si supiera leer, y así fui aprendiendo todas la palabras, y cuando llegué al colegio ya sabía leer. Por eso yo reivindico la memoria como base de todo ejercicio intelectual».

Más turbación
SANTIAGO GÓNZALEZ/ El Correo 26 Agosto 2003

Usted perdone el calambur, mi señor Zapatero, pero es que hay frases que llevan acuñada la impronta del genio, como la de Odón Elorza en El País: «la masturbación es algo necesario que los políticos deberían practicar con más frecuencia. Deberían masturbarse más. Les aliviaría de muchas tensiones».

¿Creerá Odón Elorza que masturba es un acrónimo de master en urbanismo? Aún así, no se entiende la tercera persona del plural, el deberían , en vez de deberíamos. Ver la paja en ojo ajeno, podría llamarse la figura, si me permite la aliteración. O él es ya un virtuoso de la autocomplacencia o es que no se tiene por político.

¿Es la masturbación una de las bellas artes? Masturbarse es hacer el amor con alguien a quien se quiere de verdad, decía Woody Allen en Annie Hall. Es, además, una expresión natural del narcisismo, rasgo distintivo de nuestro héroe, por incomprensible que pueda parecer. Es lógico, en cambio, que Onán Elorza confiese en la misma entrevista que le gustaría llevarse a una isla desierta a Leyre Pajín, por la que debe de sentir, supongo, una irresistible atracción onomástica.

El alcalde Onán yerra, sin embargo, al decir que los políticos no se masturban lo suficiente. Ahí está su amigo Pasqual Maragall, sin ir más lejos, que ha reducido la Constitución y los Estatutos a sendas disposiciones transitorias. Eso es capacidad de síntesis y no lo del Avecrem. Pero es que, además, ha anunciado su intención de hacer una eurorregión integrando al antiguo reino de Aragón, Languedoc-Roussillon, Midi Pyrenées, y no sabemos si también Cerdeña, Nápoles y Sicilia.

La masturbación era en el Mediterráneo un manifiesto cultural. El gran masturbador se llama un cuadro de Dalí; El peso de la paja , se titula parte de las memorias del malogrado Terenci Moix. Maragall ha hecho de ella un manifiesto político. Turbados y aún más turbados, yerran los populares al acusarle de buscar la destrucción de España. Todo es cosa de extender el procedimiento: si Lizarbe forma otra eurorregión con Albania, conquistada por los navarros en el siglo XIV y Fraga una tercera con Argentina, so pretexto de que Buenos Aires es la ciudad del mundo donde viven más gallegos, la España de las Autonomías volverá a ser un Imperio en el que no se pondrá el sol.

Ahora, apenas a siete meses de las elecciones, se van a reunir ustedes en brain storming (o así) con el fin de armonizar la ipsación maragalliana con las posiciones de Ibarra y Bono. Aunque Onán Elorza no hable a humo de pajas, recuerde los versos de Juan Ramón: «no os la toquéis más, que así es la cosa». Perdone la inexactitud de la cita, pero está hecha de memoria, otra gayola.

Aznar denuncia la "inconsistencia" de Zapatero y le acusa de anteponer sus intereses a los de España
Agencias Libertad Digital  26 Agosto 2003

En un acto con militantes del PP con el que puso fin a sus vacaciones en Menorca, el presidente del Gobierno ha dicho que el PSOE ha emprendido "una carrera vertiginosa hacia la inconsistencia" y no tiene ni programa, ni proyecto, ni dirección. Aznar acusó a José Luis Rodríguez Zapatero de anteponer sus intereses a los de España.

Acompañado del presidente de Baleares, Jaume Matas, entre otros, el jefe del Ejecutivo pidió al PSOE que explique cuál es su idea de España y consideró sorprendente que haya dirigentes socialistas, como Pasquall Maragall, que conciben la Constitución como "un instrumento de usar y tirar" y que este tipo de planteamientos sean asumidos por dirigentes nacionales del PSOE. Tras preguntarse cómo no van a extrañar propuestas como las de Maragall sobre la antigua Corona de Aragón, pidió también explicaciones a los socialistas por su pacto en Navarra con los "residuos" de Batasuna. "El PSOE ha emprendido una carrera vertiginosa hacia la inconsistencia; no tiene programa, ni proyecto, ni dirección", añadió Aznar, quien se planteó cómo no va a haber gente preocupada por ello, si el Partido Socialista se supone que es la única alternativa para el Gobierno de España frente a los populares.

En sus referencias al problema del terrorismo, subrayó que "no hay diferencias entre volar la sede de las Naciones Unidas en Bagdad o volar una casa cuartel de la Guardia Civil", y afirmó que la actitud ante esa lacra debe ser siempre la misma: determinación para no ceder al chantaje. Tras calificar de "preocupante" que haya partidos políticos en España que crean que la respuesta internacional deba ser dejar el campo libre a los terroristas, lamentó también las actitudes de la oposición que, con tal de aprovechar cualquier desgracia, piden al Gobierno que cambie su política para apaciguar a los terroristas. En ese contexto rindió homenaje al capitán de navío español Manuel Martín Oar, muerto en el atentado de la pasada semana en Bagdad contra la sede de la ONU en una acción que dijo que pretende destruir la libertad de los iraquíes.

Respecto al "plan Ibarretxe", Aznar dijo que se trata de una propuesta que no es "ni vasca ni democrática", va contra el futuro del País Vasco y se ampara en el terror. "La democracia no se va a dejar tomar el pelo en ningún caso", añadió Aznar, quien reprochó la actitud del Gobierno vasco (que calificó de "inaceptable"), al tolerar y amparar actuaciones de Batasuna después de que este grupo ha sido ilegalizado por la Justicia. Tras pedir al Ejecutivo de Juan José Ibarretxe que "se deje de ambigüedades inaceptables en desafío al Estado de Derecho", consideró que se equivoca "de largo" el PSOE al no tener el "sentido común suficiente" para hacer frente al chantaje, ya que, ante ese plan, no debería haber socialistas o populares, sino un bloque compacto de demócratas decididos a no aceptar el chantaje, explicó Aznar, quien se mostró convencido de que ese frente común sí existe en las calles del País Vasco. En este contexto, el presidente acusó a Zapatero de anteponer sus intereses personales a los intereses de España.

Con respecto a la crisis de la Asamblea de Madrid, Aznar responsabilizó al PSOE y le reprochó algunas declaraciones de sus dirigentes que comparaban lo ocurrido con el 23-F. El presidente instó a los socialistas a que, ante los nuevos comicios en la Comunidad madrileña, digan si su aspiración sería gobernar con "los comunistas". Según Aznar, el PSOE "ha ejecutado en Madrid un auténtico esperpento del que tendrá que dar cuenta a los ciudadanos".

Gotzone Mora advierte del coste electoral
ABC 26 Agosto 2003

La portavoz de la «Plataforma para el debate», Gotzone Mora, se sumó a la petición de Cristina Alberdi de que el PSOE celebre un Congreso para definir su modelo de Estado. A su juicio, las propuestas de Maragall «no reflejan el sentir de la ciudadanía española en general y, más concretamente, de los votantes socialistas». Mora subrayó que «debe quedar claro que el PSOE, como partido de ámbito nacional, debe articular un discurso en relación al modelo de España que permita un desarrollo armónico de las diferentes Comunidades Autónomas sin cuestionar la unidad». Por ello, calificó de «totalmente coherente» la solicitud de un Congreso «donde se clarifiquen posturas y determine el sentir mayoritario del partido en relación con el modelo territorial». Lamentó que «el riesgo de posturas rupturistas como las de Maragall, y más cuando se manifiestan desde un partido de índole nacional, dan oxígeno a las reivindicaciones nacionalistas de todo tipo». En su opinión, «cabe poner de manifiesto que una política de indefinición absoluta, en cuestiones cardinales como la construcción del modelo de Estado, va a tener indudables consecuencias electorales y probablemente no sólo en el País Vasco».

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