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Recortes de Prensa     Viernes 12 Septiembre  2003
LA BESTIA Y LOS CORDEROS
RAFAEL BARDAJÍ ABC 12 Septiembre 2003

La bestia de siempre
Cristina Losada Libertad Digital 12 Septiembre 2003

Plan Ibarreche y procedimiento
Luis María ANSON La Razón 12 Septiembre 2003

MÁS QUE DESLEALTAD
ALFONSO USSIA ABC 12 Septiembre 2003

Desfachatez criminal
Aleix Vidal-Quadras La Razón 12 Septiembre 2003

Canción protesta
FERNANDO SAVATER/ El Correo 12 Septiembre 2003

LA EMESIS DE ODÓN
Carlos HERRERA ABC 12 Septiembre 2003

EL ARTE DE URIARTE
Carlos HERRERA ABC 12 Septiembre 2003

Detenido en Gerona un argelino integrante de la cédula de Al Qaeda en Cataluña, acusado de crear un grupo armado terrorista
Efe - Madrid.- La Razón 12 Septiembre 2003

Garzón acusa al periodista de Al Yazira de ser miembro «relevante» de Al Qaida en España
F. Velasco - Madrid.- La Razón 12 Septiembre 2003
 

LA BESTIA Y LOS CORDEROS
Por RAFAEL BARDAJÍ. Subdirector del Real Instituto Elcano de Estudios Internacionales y Estratégicos ABC 12 Septiembre 2003

RESULTA muy difícil, si no del todo imposible, borrarse de la cabeza las imágenes de los dos aviones comerciales impactando contra las Torres Gemelas, así como el caos y la confusión en Washington de ese día. La reciente publicación, transcritas en cientos de páginas, de las angustiosas conversaciones mantenidas entre las víctimas de los atentados y la Autoridad del Puerto, propietaria de ambas torres, hace más vivo si cabe el dolor por los más de tres mil mujeres, varones y niños, funcionarios y trabajadores inocentes, fría y brutalmente asesinados. Tal vez la caracterización más apropiada para aquel día la ofreció Juan Pablo II con su frase «un horror indescriptible».

El problema es que sí hay palabras para explicar lo que Bin Laden y sus secuaces cometieron aquel día y para comprender la amenaza que representa Al Qaeda y su particular guerra santa: terrorismo de alcance global, megaterrorismo, hiperterrorismo... Expresiones es lo que no falta, de hecho, para dar cuenta de las sangrientas ambiciones y métodos de los terroristas. El alcance de los ataques del 11-S, no obstante, llevó a poner el énfasis en el grado de destrucción empleando medios nada convencionales, en el terrorismo como un arma de destrucción de masas. Sin embargo, que los suicidas de Bin Laden creyeran que la atrocidad que estaban cometiendo estaba justificada por una guerra santa contra los infieles, y que su muerte se vería recompensada en el más allá, es igualmente importante.

Bin Laden declaró a mediados de los 90 su guerra santa, la tristemente célebre Jihad, contra los americanos, judíos, infieles y paganos y desde entonces ha ido exhortando a los musulmanes a que se responsabilicen individualmente de causar el mayor número de víctimas a sus enemigos, esto es, todos aquellos que no comulgamos con su interpretación del Corán, que no somos fundamentalistas islámicos y que creemos en la separación entre política y religión, en los derechos de las personas, en la igualdad entre hombres y mujeres, en la libertad y en la economía de libre mercado. El historiador de la John Hopkins, Eliot Cohen, y el primer director de la CIA con Clinton, James Woolsey, han llamado al post 11-S la IV Guerra Mundial (siendo la tercera la Guerra Fría). Y en el sentido de lo que está en juego, dos visiones y concepciones de la vida irreconciliables y el deseo de Bin Laden de acabar con la nuestra, el terrorismo de Al Qaeda supone una amenaza existencial tan importante e intensa para nuestros valores como lo fueron en su día el nazismo y el comunismo.

A Bin Laden se le puede atribuir el macabro éxito de haber forzado un cambio en nuestras vidas. Desde lo más nimio, como coger un avión de línea, a nuevos planteamientos sobre la seguridad, el esfuerzo antiterrorista y sus ramificaciones sobre la privacidad, libertad y derechos de los ciudadanos. Es verdad que el 11-S nos hizo conscientes, de manera dramática, de la vulnerabilidad en la que viven las sociedades abiertas como las nuestras, pero también, tras el shock inicial, ha obligado a movilizar los recursos necesarios e idóneos para combatir a los terroristas allí donde se encuentren y, a ser posible, antes de que golpeen de nuevo. En un mundo donde un solo individuo puede masacrar a tantos casi con total impunidad, no es posible seguir concibiendo el fenómeno terrorista como un asunto criminal donde la policía interviene o actúa después de cometerse el delito. Sobre todo si se piensa que será cuestión de tiempo que los terroristas se doten y empleen armas no convencionales, químicas y bacteriológicas, baratas y relativamente simples de obtener.

¿Dónde estamos ahora en la guerra contra el terrorismo? La respuesta inmediata a los atentados del 11-S fue la guerra en Afganistán, donde no sólo se derrocó el sangriento y arcaico régimen de los Talibán, sino que se privó a Bin Laden de un tranquilo santuario en el que reclutar y formar a nuevos terroristas. No olvidemos que por sus campos de entrenamiento pasaron más de diez mil potenciales jihadistas en los últimos años. Privados los miembros de Al Qaeda de su base geográfica, comenzó una segunda fase en la lucha contra el terror, mezcla de operaciones especiales, policiales, judiciales y militares. Tendentes siempre a desbaratar la logística y el apoyo a los líderes de Al Qaeda, a privarles de los fondos necesarios para operar y, como dijo el presidente Bush, a mantenerles permanentemente acosados y en fuga, «on the run». Estas operaciones se han sucedido en diversas partes del mundo, en los propios Estados Unidos, y desde Europa al Sureste Asiático -incluida España- y el resultado ha sido un número significativo de detenciones, más de 3.000 en total, así como la captura de importantes dirigentes de Al Qaeda, entre otros Khalid Shaykh Mohammed, el cerebro tras los atentados del 11-S.

Sin embargo, a pesar de todos estos éxitos, Bin Laden sigue sin aparecer, como tampoco su número dos, Ayman Al Zawahiri y los expertos no logran ponerse de acuerdo sobre la habilidad y capacidad de Al Qaeda para regenerarse y seguir actuando. En la medida en que Al Qaeda es más bien un movimiento que una organización, es previsible que atentados con coches bombas, como el de Bali, o con suicidas, como en Casablanca, vuelvan a repetirse. Pero aunque para el terrorismo no perder es ganar, Al Qaeda necesita otro gran ataque para seguir disfrutando de su influjo entre los musulmanes radicales y poder seguir existiendo. Que Al Qaeda llegue a dar pruebas concluyentes de su operatividad entre sus posibles fieles depende en gran medida de lo que consiga hacer ahora en Irak.

Bin Laden ha llamado ya a los iraquíes a luchar y matar americanos, a quienes tilda de cobardes. Su esperanza es echarles de Irak antes de que el cambio de régimen efectivo pueda tener lugar y dar paso a una sociedad próspera y libre. La causa contra los infieles ha encontrado su campo de batalla en el Irak de hoy, porque un Irak democrático sería un golpe mortal para el fundamentalismo. De ahí que ganar esta tercera fase de la guerra contra el terror sea tan importante, porque no tener éxito en Irak es, para nosotros, mucho más que Irak. Sería subrayar nuestra debilidad frente a la Jihad y sus seguidores. Estaríamos perdiendo ante el terror de Bin Laden.

Desde el 11-S el terrorismo nos obliga a replantearnos las viejas concepciones y hacer cara a un fenómeno con el que no hay entendimiento posible. Bin Laden ve el mundo en dos bandos antagónicos y de coexistencia imposible, el suyo y el de los infieles, nosotros. Las promesas cristianas del paraíso terrenal nos han hecho creer durante siglos en el león y el cordero durmiendo juntos. Pero como Martin Luther King ya avisó ácidamente, «en nuestra Tierra, si el león y el cordero yacen juntos, habrá que cambiar de cordero muy a menudo». Y no nos confundamos, por mucho músculo militar que poseamos las sociedades democráticas, Bin Laden es la bestia y nosotros los corderos.

El éxito en la lucha contra el terror no vendrá finalmente por el número de terroristas encarcelados o eliminados, sino por la prevención de nuevos ataques y eso requiere una estrategia global, de largo alcance y anticipatoria, que lleve la batalla al terreno del enemigo. Esperar que el león venga a lamernos no es opción.

11-S
La bestia de siempre
Cristina Losada Libertad Digital 12 Septiembre 2003

Una de las primeras personas con las que hablé después de los atentados del 11 de septiembre de 2001 y que era, como yo, de izquierdas de toda la vida, respondió a mis expresiones de duelo y preocupación con estas palabras: “A ver qué hace ahora ese animal”. El animal era George Bush, el presidente elegido por el pueblo que acababa de ser víctima del mayor atentado terrorista de la historia. La bestia seguía siendo la de siempre: el gobierno de los Estados Unidos, no el terrorismo islámico que había perpetrado el ataque. Así que tranquilidad en las gradas de la izquierda: la sede del Mal continuaba en la Casa Blanca. Tranquilidad dentro de la zozobra. Porque zozobra había.

El diario El País expresó aquel temor más finamente en el titular que sacó el día 12: “El mundo en vilo a la espera de las represalias de Bush”. No era del todo exacto. Una parte del mundo, entre la que me contaba yo, seguía en vilo por los atentados mismos y por lo que éstos nos decían: que estábamos amenazados. Todos. Todos los que no fuéramos aquellos fanáticos. Pero es cierto que otra parte del mundo no quiso verlo así y que, ante la amenaza brutal, irracional, casi inimaginable, apartó la mirada y transfirió su miedo: el peligro no eran aquellos musulmanes dispuestos a morir matando, y de los que se sabía poco –porque ¿quién prestaba atención a los atentados en Israel?–, el peligro eran aquellos liantes y prepotentes americanos.

El mismo día de los atentados, la izquierda ideológicamente más vetusta, la progresía menos avispada, se embarcó en una de sus aventuras más estúpidas e inmorales. Los que entonces formábamos parte de aquella familia asistimos repugnados a la culpabilización de las víctimas, a la justificación de los atentados, y a aquella transferencia del miedo que condujo casi de inmediato a oponerse a combatir el terrorismo con determinación. No, no había que provocar a los terroristas. En todo caso, buscar a Ben Laden y atraparlo, pero no tomar “represalias” de gran alcance, no atacar a un país, ¡eso era lo que estaban esperando! El terrorismo, ¿no nacía del odio y de la pobreza? Pues lo que había que hacer era ayudar más a esos países, ser más tolerante con su cultura, no ponerse del lado de sus enemigos, como Israel. Lo que había que hacer era contentar al enemigo.

Aquella izquierda, y con ella, buena parte de la población europea, regresó a los años treinta, al appeasement frente a Hitler. Lo que con aquel enemigo y con éste, equivale al harakiri. Pero los atentados del 11-S nos mostraron que teníamos entre nosotros a muchos suicidas, la mayoría de ellos, inconscientes, otros, en cambio, deseosos de que alguien, aunque sea un grupo de fanáticos religiosos, destruya “el sistema” que tanto odian. El rechazo al libre mercado y a la democracia unió a extrema derecha y extrema izquierda en la celebración de los atentados. Ambas percibieron correctamente contra qué iban los ataques.

No es fácil aceptar la existencia de una amenaza terrorista global, impredecible, que puede atacar en cualquier lugar, en cualquier momento, a cualquier tipo de personas, ricos y pobres, negros y blancos, cristianos o hindúes. Tranquiliza más pensar que esa amenaza sólo se cierne sobre los americanos, que únicamente hay dos contendientes: los terroristas y los Estados Unidos. Puede que la gente duerma mejor pensando tal cosa, pero esa idea conduce a la estrategia suicida. A creer que nos salvaremos si hacemos lo contrario de lo que hacen los EEUU, si aplicamos el paño caliente, ponemos la otra mejilla y rendimos pleitesía al que nos quiere liquidar. Y ese es el programa de una izquierda que es incapaz de renunciar a la superstición según la cual todos los males proceden del capitalismo, en especial, del norteamericano, y cree que este nuevo peligro ha nacido de ese mismo huevo.

Plan Ibarreche y procedimiento
Luis María ANSON La Razón 12 Septiembre 2003
de la Real Academia Española

En los primeros setenta estábamos contra el terrorismo pero también contra la arbitrariedad de la dictadura agonizante. La ley derivada de la voluntad del general se aplicaba a su antojo con garantías de indefensión y se completaba, además, con la atrocidad de la pena de muerte. Al terrorismo de Eta, al desaparecer Franco en 1975, había que darle una solución política, no policial.

Y así se hizo. La Monarquía restaurada siguió al milímetro lo que defendía Don Juan. Su hijo actuó sabiamente en contra de las Leyes Fundamentales de Franco, arrumbando el Movimiento Nacional en los desvanes de la Historia. La amnistía y la Constitución enviaban a los terroristas un mensaje inequívoco: se parte de cero, se ha establecido el Estado de Derecho, si ustedes los militantes de Eta no se salen de él pueden defender pacíficamente lo que se les antoje.

Pero Eta, aprovechándose de la debilidad de unos gobiernos formados por antiguos falangistas que babeaban por conseguir credenciales democráticas, siguió matando para obtener concesiones, cosa que consiguió demasiadas veces. Eta y sus cómplices, en fin, tomaron el Estado de Derecho por el pito del sereno. El Plan Ibarreche, una finta más en el camino de la secesión del País Vasco, es perfectamente defendible por aquellos que quieran hacerlo. Igual que si un grupo de diputados murcianos proponen un plan para la independencia de Cartagena o si un partido andaluz decide que lo bueno para Andalucía es separarse de España e integrarse en Marruecos.

Todos esos disparates se pueden defender, sin violencia, claro. Los ampara la libertad de expresión. Incluso cabe la posibilidad de que salgan adelante si se ciñen al procedimiento que señala nuestro Estado de Derecho. El Plan Ibarreche sólo es viable tras una reforma constitucional. Nada habría que rechazar si la marioneta de Arzallus, junto a la exposición del disparate, añadiera: los diputados del PNV propondrán en el Congreso de los Diputados la reforma de los artículos de la Constitución que establecen la unidad de España, siguiendo el procedimiento desarrollado en el título X: si consiguen el apoyo de los dos tercios de ambas Cámaras, conforme al artículo 168, entonces se disolverán las Cortes y se celebrarán elecciones generales; si las nuevas Cámaras aprueban por dos tercios la reforma constitucional, se someterá ésta a referéndum nacional; si el pueblo la aprueba por mayoría absoluta, entonces quedaría constitucionalmente despejado el camino para alcanzar el Estado libre asociado de Ibarreche, la independencia de Cartagena o la anexión por Marruecos de Andalucía.

La Constitución española es democrática y, por eso mismo, reformable. Pero hay que salvar, eso sí, el pequeño escollo del procedimiento establecido para su reforma por el propio Estado de Derecho, que deriva de la voluntad general libremente expresada.

MÁS QUE DESLEALTAD
Por ALFONSO USSIA ABC 12 Septiembre 2003

EL presidente del Gobierno ha prometido la derrota del terrorismo «a pesar de la deslealtad de algunos». La política impone esas prudencias semánticas. Camuflados bajo el adjetivo están los que todos sabemos. El Partido Nacionalista Vasco, Eusko Alkartasuna e Izquierda Unida, los cómplices de Batasuna. Si Batasuna es la ETA, que lo es, los cómplices de la ETA. Muy duro y muy áspero, pero tan indiscutible como que el otoño llega.

Ante el Tribunal de Derechos Humanos en Estrasburgo ha presentado el Gobierno autónomo vasco una demanda contra el Estado, es decir, contra España, por la Ley de Partidos que aparta de la legalidad a Batasuna y todos sus disfraces posteriores. El Parlamento de Vitoria, presidido por el cínico de Atucha, mantiene sus pagos y subvenciones a los parlamentarios terroristas. El Gobierno de Ibarreche sufraga los gastos de los familiares de los asesinos para que acudan a visitarlos. Todo esto va mucho más allá de la deslealtad. Complicidad entusiasta, comunión de fines. Las identidades de los cómplices no se ocultan. Por el Gobierno vasco, el «lehendakari» Ibarreche. Por el PNV, Javier Arzallus. Por Eusko Alkartasuna, Begoña Errazti. Por Izquierda Unida, Gaspar Llamazares. Madrazo es un títere, un mandado. Por el Parlamento vasco, Juan María Atucha. Por la Iglesia vasca, los obispos de Bilbao, Vitoria y San Sebastián, con su Emérito incluido.

Entre todos, con la ayuda inconmesurable de la ETA, quieren pulverizar el Estado, su Constitución y su libertad. Ya la han pulverizado, la libertad, en los territorios vascongados. Para ello han contado durante décadas con la ayuda de los terroristas. Sin la sangre, sin la herida, sin los chantajes, sin la coacción, sin el miedo, sin la angustia de la ciudadanía pacífica, nunca habrían alcanzado este nivel de chulería aldeana. Sin ellos, sin los terroristas, el nacionalismo vasco sería minoritario y hasta testimonial.

Entre todos, con el apoyo impagable del terror, han establecido un sistema político perfectamente diseñado por la perversidad. Pero todos, políticos, obispos, sacerdotes, parlamentarios, juristas, empresarios afines y vascos apesebrados han llegado hasta aquí porque detrás de ellos estaban los terroristas, los chantajistas, los violentos y los comisarios políticos del estalinismo etarra. Sólo con la palabra y la idea serían lo más inmediato a la nada.

Claro que para llegar a este punto inadmisible contaron con la gilipollas colaboración de la UCD primero y del PSOE después, más aún de los segundos, que regalaron el gobierno a los nacionalistas habiendo ganado las elecciones y gobernaron con ellos en diferentes legislaturas. Sin esa ingenua y estúpida generosidad, el camino de los cómplices no hubiera sido tan sencillo. Y hoy nos encontramos con una quiebra en el socialismo vasco. Los leales sin tapujos a la Constitución y el Estatuto están siendo machacados. Los tibios disfrutan del poder, de los mimos nacionalistas y del amparo del señor Rodríguez Zapatero. Redondo Terreros, Gotzone Mora, Totorica y Rosa Díez a la hoguera. Pachi López, Elorza y demás compinches, en la comodidad...

Por lo tanto, la prudencia del presidente del Gobierno, que muchos comprendemos, no puede ser recibida con cautelas excesivas por quienes no tenemos responsabilidades públicas. Lo políticamente correcto se topa de golpe con la tradicional cobardía que la ciudadanía, al fin, rechaza. Un presidente del Gobierno tiene que medir sus palabras, pero la sociedad a la que pertenecemos no se resigna ante esa obligación. Y aquí no hay deslealtad. Aquí hay complicidad. Es decir, colaboración para seguir contando con la ayuda de quienes les han llevado hasta la cumbre. Dependen de ellos. De los terroristas y de su entorno. Todos son cómplices. Y chimpón.

Desfachatez criminal
Aleix Vidal-Quadras La Razón 12 Septiembre 2003

El recurso presentado por el gobierno vasco ante el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo contra el Ejecutivo español, con el propósito de que esta alta instancia judicial europea invalide la Ley de Partidos y la ilegalización de Herri Batasuna decretada por el Tribunal Supremo, vuelve a encender nuestra indignación y a llevar al límite nuestra capacidad de asombro ante la impudicia con la que los nacionalistas prodigan los gestos públicos de apoyo a ETA.

Y digo los nacionalistas, así, en general, porque en su reciente reunión en la capital catalana los partidos firmantes de la Declaración de Barcelona han manifestado, como no podía ser de otra manera, su total acuerdo con estas iniciativas de sus homólogos abertzales. El PNV y sus dos acólitos del tripartito persisten en llevar al País Vasco a la ruina material y moral, y no cejan en su desafío al Estado y en su empeño insensato de tensar la cuerda de la paciencia del resto de España, sin advertir, o sin querer advertir, que el día que consigan romperla los primeros en precipitarse al vacío serán ellos.

Pero el estupor y la repugnancia alcanzan su clímax cuando se leen y se escuchan los argumentos del portavoz de Ajuria Enea, Josu Jon Imaz, para justificar su apelación al Consejo de Europa y la no menos asombrosa actuación del presidente del Parlamento vasco, Juan Mari Atutxa, al someter a la Mesa de la Cámara un escrito reconociendo al grupo liderado por Arnaldo Otegi su correspondiente subvención, a pesar de la resolución del Tribunal Supremo ordenando su bloqueo. La invocación de «el derecho de la ciudadanía vasca al pluralismo político, a la libertad de asociación y a un juez imparcial» con el fin de proteger a los desalmados que asesinan fríamente por la espalda a víctimas indefensas, produce escalofríos. ¿Qué respeto tienen los matarifes de ETA al pluralismo y a la libertad? ¿De qué juez independiente han dispuesto centenares de personas de toda edad y condición a la hora de ser sentenciados a muerte por la banda mafiosa? Los abismos de abyección a los que se ha tenido que descender para poder lanzar semejantes apelaciones contra uno de los Estados de Derecho más escrupulosos del mundo en orden a facilitar el trabajo de una organización terrorista de la peor ralea, no tienen parangón.

El hecho de que un representante político supuestamente democrático comparezca ante las cámaras de televisión y exhiba tal muestra de desprecio a tantos seres humanos vesánicamente eliminados y torturados sin que le tiemble un músculo del rostro nos da una idea de la gravedad del problema al que nos enfrentamos. O sea, que está la cosa como para empezar a suministrar más armas institucionales a estos caballeros como propone seráficamente el bueno de Zapatero. No se sabe qué es mayor, si la desfachatez criminal de unos o la boba irresponsabilidad de otros.

Canción protesta
FERNANDO SAVATER/ El Correo 12 Septiembre 2003

En una época como la que vivimos, cuando muchos menores de treinta años apenas leen un libro al año pero oyen música varias horas al día, no cabe duda de que un cantante tiene más oportunidades de convertirse en ideólogo de la juventud que un novelista o un sociólogo. Pero incluso hace más de treinta años, en la supuesta edad de oro en la que los jóvenes leían mucho más que hoy (permítanme que lo dude), Bob Dylan, Pete Seeger o Joan Báez eran emblemas de contestación política más eficaces que el poco frecuentado doctor Marcuse. Puedo dar testimonio de ello, porque aunque fui un joven demasiado lector también me apasioné por ellos: la única vez que recuerdo haber tenido el coraje de asistir al concierto multitudinario de un ídolo fue cuando Pete Seeger cantó en Madrid, quién sabe ya hace cuántos años.

Mis preferencias, sin embargo, iban hacia los cantautores franceses y sobre todo me decantaba por George Brassens, aquel ácrata ácido y tierno al que sigo considerando uno de los más genuinos poetas del pasado siglo. Sobre Brassens y sus canciones escribió un libro -que guardo ya muy sobado- Ramón Chao, cuyo apellido ha hecho mundial y antiglobalizadoramente célebre su hijo Manuel. Disculpen estas superfluas disquisiciones personales: sólo pretendo acercarme por vía autobiográfica al suceso que motiva esta nota, es decir, a la protesta de la Asociación de Víctimas del Terrorismo que ha traído la suspensión en Málaga y luego en alguna otra ciudad española de los conciertos conjuntos que iba a dar Manu Chao con Fermín Muguruza, el cantante vasco que se ha presentado varias veces por las listas electorales de Batasuna y luego -tras su ilegalización por complicidad con ETA- por su grupo sustitutorio AuB. Con amistosa lealtad, Manu Chao ha criticado estas denuncias como «ataques agresivos, hostiles e injustos» y se ha solidarizado con Muguruza. Otros lo han hecho también (entre ellos el concejal de Cultura del Ayuntamiento donostiarra, Ramón Etxezarreta) porque las prohibiciones por razones ideológicas no suelen resultar simpáticas. Pero el suceso es lo suficientemente significativo como para merecer un análisis más detenido.

Para empezar, las ideas políticas de Manu Chao o Muguruza no son algo meramente privado sino parte de su mismo espectáculo: no son como Pavarotti o Manolo Escobar, para entendernos. El Ayuntamiento catalán de Rubí, que ha mantenido a pesar de todo la invitación a los cantantes, justifica su decisión diciendo que quiere separar «la música de la política», pero tal asepsia no parece precisamente convincente en este caso. Además, el concierto de Málaga iba a efectuarse en el polideportivo Martín Carpena, así denominado por el concejal del PP no hace mucho asesinado por ETA en esa localidad. Nadie puede decir que a Muguruza le pareciese bien ese crimen, pero tampoco nadie le ha escuchado condenarlo o poner en cuestión por su causa el apoyo que desde hace tanto brinda a una formación política obviamente vinculada a la legitimación de tales fechorías. ¿Es incomprensible entonces que los familiares de Martín Carpena o los de otras víctimas semejantes no quieran verle hospedado en ese recinto? Ramón Etxezarrreta atestigua que Muguruza le ha dado muestras de solidaridad en diversos momentos de hostigamiento que ha sufrido, y así será cuando él lo dice. Pero el caso es que no se le recuerdan manifestaciones más públicas en el mismo sentido, que tan importantes habrían podido ser por su relevancia social. Lo más explícito que le recuerdo en ese sentido lo recoge una entrevista en Gara hace unos meses, donde el cantante aseguraba que «la lucha armada ya no vende fuera» o algo así. Francamente, aunque uno no sea demasiado exigente, resulta poco.

El núcleo del asunto es si hay obligación de protestar contra todos los crímenes o sólo contra los de Bush. En su nota de solidaridad con Muguruza, se lamenta Manu Chao de que «viejos y rancios tiempos están de vuelta, los mismos que hicieron que en vez de nacer en Bilbao o en Galiza tuviese que nacer en París». Pero precisamente esos tiempos rancios de guerracivilismo totalitario son los que perduran en el País Vasco gracias al grupo político apoyado por Muguruza. Y los hijos de miles de vascos no van a poder nacer en Bilbao o Donosti porque sus padres han tenido que exilarse de aquí, perseguidos por esos mismos fachas. Si le preocupa a Manu Chao la exclusión ideológica, y no me refiero solamente a las amenazas terroristas de ETA, que se dé una vuelta por estos lares dejando a un lado las anteojeras zapatistas. Que hable con Iñaki Arteta, director de un corto sobre las víctimas recientemente premiado en Nueva York, pero que no ha agradado a las autoridades de la Diputación de Vizcaya, donde trabajaba: ya está en el paro. O que hable con el periodista Santiago González y el ilustrador José Ibarrola, críticos del régimen nacionalista que han sido sustituidos en la revista Viandar por alguien más afecto como el ínclito Alvarez Solís; etcétera. Que se entere un poquito de lo que pasa y que no sólo escuche a Fermín Muguruza: verá cuánto aprende.

Ya está bien de contestatarios que viven seguros en casa y piden fuera de ella el respeto ideológico que en esta tierra se niega a la mitad de la población. También las víctimas del terrorismo creen que otro mundo es posible ... siempre que no se presenten como sus paladines los que hacen inaguantable éste. Después de todo, el mensaje que han enviado a Fermín Muguruza puede cantarse con música de Manu Chao: «Me gusta la solidaridad, me gusta la justicia, me gusta la Constitución democrática... no me gustas tú».

LA EMESIS DE ODÓN
Por Carlos HERRERA ABC 12 Septiembre 2003

SE le encoge el estómago, se contrae su musculatura, aumenta su presión abdominal, se abren sus válvulas gástricas -quién sabe si sus esfínteres-, se enrojece su prominente frontal, sus ojos se tiñen ensangrentados, le sobreviene un reflujo gastroesofágico... y vomita. No vomita por la mitad vasca amenazada y perseguida entre la que se encuentran tantos socialistas, no; no vomita porque Madrazo se alíe con los batasunos y les proporcione dinero que irá a parar a las arcas de ETA, con las que ETA tratará de extorsionar y matar; no vomita porque los cretinos del gobierno vasco le concedan el título de «Vasco Universal» al fundador de una revista ligada estrechamente al terrorismo; no vomita porque el Parlamento vasco se niegue a aplicar una sentencia del Supremo que le obliga a disolver el grupo político de ETA; no vomita por el título de periodista alegremente concedido a la etarra Elena Beloki; no vomita porque los ibarreches lleven al Estado español al Tribunal de Estrasburgo bajo la acusación de imperialista que atenta contra los Derechos Humanos; no vomita porque a Uriarte se le levante la sotana y se le vea la misma vergüenza que a Setién; no vomita por las ayudas económicas cuantiosas y jugosas que los correspondientes departamentos de su Gobierno amigo le conceden a los familiares de etarras asesinos para que les lleven el bocadillo ideológico y consuelen su apartamiento de las verdes praderas patrias... No vomita por todo eso.

La emesis de Odón viene motivada por la arcada ideológica que le producen algunos miembros de su propio partido, dice, que coinciden en exceso con los argumentos políticos del Partido Popular. Vaya por Dios: el hombre que de forma tan generosa ha comprendido a los miembros de todas las generaciones de Batasuna siente naúseas cuando un grupo de socialistas amenazados -entre los que no se encuentra él, evidentemente- hace causa común con otro grupo de amenazados populares y se enfrenta al nacionalismo cómplice. ¿Forma parte, de verdad, Odón Elorza del partido que ha visto morir a Fernando Buesa o a Fernando Múgica bajo el abrasador fuego de las pistolas de ETA? ¿Va a ser verdad que su aspecto de alienígena se corresponde con la realidad política que representa? ¿Es Odón una muestra verosímil del pensamiento oficial de la actual ejecutiva de los socialistas vascos? Es decir: ¿piensa así el fenómeno de Pachi López?

En el trasiego de ese fárrago por el que discurre la truhanería de la política vasca emerge, de nuevo, la infamia. Zapatero sabrá. Despacharon a Nicolás Redondo Terreros para que a ninguno de los odones les sobreviniera la infección ideológica y social de coincidir con la otra parte de las víctimas de ese holocausto diario que se vive en el norte. Los echaron con toda rapidez para ponerse a barrer de noche, con el mal fario que eso da, y dejar la casa limpia antes de que los nacionalistas llegaran a tomar café. Ahora, cuando aún hay voces en ese partido que reclaman decencia, surge de la contracción gástrica de algunos la mezcla clorhídrica y fermentada de su personalidad, de su cobardía, de su entrega a la mafia purista del PNV y sus mariachis.

En cada partícula del vómito del muchacho se esconde la desgracia de un partido de izquierdas atado como un fardo a su propio dogmatismo. De no resolver con cierta rapidez esa tibieza, ese no encontrar el sitio, ese no saber reaccionar como reaccionan los tipos de una pieza, de vómito en vómito pueden acabar deshidratados. Tanta depleción de iones no augura nada bueno: se pierde potasio, se pierde sodio y se acaba con contracciones tetánicas. Y ese desequilibrio hidroelectrolítico acaba trastornando, aún más, la lucidez mental.

Que le den Primperam.                                  cherrera@andalucia.net

EL ARTE DE URIARTE
Por JAIME CAMPMANY ABC 12 Septiembre 2003

QUIEN quiera poner puntos sobre las íes y añadir o quitar una coma en la homilía de monseñor Uriarte en el Santuario de Aranzazu, que se atreva a ello. No seré yo, que he leído y releído las informaciones que dan cuenta de esa obra de arte de monseñor, capolavoro que dicen los italianos, y no encuentro nada que objetar, nada que precisar, nada que aclarar, nada que preguntar. Coge uno frase a frase el texto de monseñor reproducido en los periódicos y puede ponerlo bajo la lupa o bajo el microscopio. Hala, y a buscar.

Eso he hecho yo, pobre pecador desconcertado, cristiano viejo y quizá achacoso. Y nada. Se toma esta frase, y la otra, y la otra, y se colocan por turno bajo la lente del microscopio. Nada. Sólo aparece allí, en cada frase y en cada afirmación de la homilía, una gota de agua clara y limpia, sin gusarapos y ni siquiera infusorios. Nada, todo impecable. Todo va a misa. Bueno, en misa estaba. Allí no aparece rastro de Fray Gerundio, ni del Padre Azúcar, ni del cura Basilio Álvarez («con estos labios que bendicen la hostia, yo os digo: matad»), ni del cura Merino, ni tampoco del obispo Gelmírez. Todo santo. Santa la Virgen. Santa la Iglesia. Santa la misa. Santo el obispo. Santas sus palabras. Santa la homilía. Casi se podría añadir que santo el lehendakari, que allí estaba, claro.

La ética. Monseñor venía armado santamente de la ética, pues claro, que exige la repulsa de toda violencia física «real o amenazante» (ya saben, los «violentos» de la banda etarra, por ejemplo), pues claro, pero también la condena de la violencia que puedan ejercer los tres poderes del Estado liberal, el Legislativo, el Judicial y el Ejecutivo, pues claro, pues claro y pues claro. Pues ¿y la violencia de aquéllos que no respetan exquisitamente los derechos humanos de los delincuentes, de los que extorsionan, secuestran y asesinan? Condenemos toda violencia, al mismo tiempo además una y otra, para que no quepan dudas, pues claro.

Monseñor Uriarte, con la ética total en las manos, ética contra la violencia física, «real o amenazante», y contra la violencia moral, real, legal, judicial, estatal o cualquiera, administró paternales advertencias a todos: violentos, legisladores, gobernantes, jueces, políticos en general y periodistas en particular, salvó a las víctimas, eso sí, Dios se lo pague, que todos debemos «buscar la verdad», hala, venid etarras, venga acá, lehendakari, y hala, todos juntos bajo la bendición pastoral del obispo, pues claro, todos metidos en el mismo saco para correr unidos el camino en busca de la verdad, Dios se lo pague, monseñor, porque todos somos hijos de Dios y herederos de su gloria, pues claro.

Y entonces, ¿dónde dice usted que está «el arte de Uriarte»? Quizá esté, digo yo, en la composición del dibujo, en la compensación de volúmenes, en el equilibrio dialéctico de luces y sombras. Y en la combinación de los colores, oh, qué bella, y qué difícil, y que artística, y qué engañosa combinación de colores. Una obra de arte, monseñor, un capolavoro. Y Setién, por allí cerca, pues claro.

Detenido en Gerona un argelino integrante de la cédula de Al Qaeda en Cataluña, acusado de crear un grupo armado terrorista
Efe - Madrid.- La Razón 12 Septiembre 2003

La Policía ha detenido a un ciudadano argelino, Youb Saoudi, acusado de crear un «grupo armado terrorista» y que fue ya detenido el pasado mes de enero en Cataluña por supuesta pertenencia a una cédula de Al Qaeda.
El arresto, según el Ministerio del Interior, se produjo sobre las seis de la tarde de ayer en Salt (Gerona), en cumplimiento de una orden de detención internacional con fines de extradición, emitida por las autoridades argelinas a través de Interpol.

Youb Saoudi, según las investigaciones desarrolladas en la operación que permitió su arresto en enero, era un «estrecho colaborador» de uno de los líderes de una célula de Al Qaeda desarticulada en Francia. El ahora arrestado podría haber propuesto, según el testimonio de otros supuestos terroristas argelinos, la colocación de una bomba de circuito electrónico.

Este individuo es uno de los detenidos el pasado mes de enero en Cataluña, en ejecución de una comisión rogatoria francesa, dentro de la llamada «Operación Lago», que consistió en la desarticulación de una célula de infraestructura y apoyo logístico a otra, radicada en Francia y vinculada a Al Qaeda, que se proponía, supuestamente, llevar a cabo atentados en el país vecino.

El atentado más inmediato se trataba de una acción con «coche bomba» contra la embajada de Rusia en París, explicó Interior. Varios de los activistas islámicos entonces detenidos en Cataluña pertenecían al grupo terrorista argelino D.H.D.S. (Grupo de Protectores de la Corriente Salafista), escisión del GIA (Grupo Islámico Armado) y tienen antecedentes en su país por terrorismo.

En su momento, se les ocupó, entre otros efectos, numerosa documentación falsa, equipo de transmisiones, componentes electrónicos, de los que se utilizan para confeccionar artefactos explosivos y productos químicos, con algunos de los cuales, según los últimos análisis efectuados por los laboratorios del FBI, se puede fabricar Napalm casero.
 
De acuerdo con las explicaciones de Interior, el argelino detenido, según las investigaciones desarrolladas en la citada «Operación Lago», era un estrecho colaborador de uno de los líderes de la célula de Al Qaeda desarticulada en Francia, Merouane Benahmed, quien se podría haber entrenado en Georgia en el manejo de productos químicos y venenos para cometer atentados en Europa. Benahmed fue detenido en Francia en diciembre de 2002 y Saoudi había participado en tareas de falsificación y habría facilitado transporte y alojamiento a otros activistas.

Garzón acusa al periodista de Al Yazira de ser miembro «relevante» de Al Qaida en España
Ordena su prisión por captar, financiar y apoyar a miembros de la red terrorista de Ben Laden
El periodista de la televisión Al Yazira Taysir Alony, detenido el pasado viernes en Granada, se integró en la organización terrorista Al Qaida en 1995 y, desde entonces, realizó funciones en favor de la misma, a sus miembros, concretadas en apoyo financiero, acogida, reclutamiento y «donaciones». Así lo sostiene el juez Baltasar Garzón en el auto en el que ordena su ingreso en prisión provisional, comunicada y sin fianza, por considerarle un miembro «relevante» de la célula de Al Qaida en España, desarticulada en noviembre de 2001 y de la que era principal responsable «Abu Dahdah».
F. Velasco - Madrid.- La Razón 12 Septiembre 2003

El juez Garzón no tiene dudas de que Taysir Alony no era sólo un periodista de Al Yazira, sino que, por contra, utilizaba su profesión para realzar actos en favor de la célula de Al Qaida que se desarticuló en la «operación dátil», en noviembre de 2001, en la cual estaba integrado como uno de sus miembros «más relevantes». En concreto, «al margen de su actividad periodística, pero aprovechándose de la misma, ha realizado ¬Alony¬ actos de apoyo, financiación, control y coordinación, característicos de un militante cualificado de aquella organización criminal».

Estas son algunas de las acusaciones que el magistrado señala en el auto de prisión dictado ayer contra Alony, a quien imputa un delito de integración en la organización terrorista dirigida por Ben Laden.
La célula de Al Qaida en España se constituyó en 1994-1995, siendo uno de sus principales líderes «Abu Dahdah». En 1995 se integra Alony, quien, desde entonces, mantiene frecuentes relaciones con «Abu Dahdah» y otros responsables de la organización terrorista en España, además de coordinar y estructurar el «grupo de jóvenes» de Granada, ciudad en la que residía hasta el año 2000.

Además de ayudar a otros miembros de Al Qaida a obtener, de forma fraudulenta, la residencia en España, también aprovechó sus viajes a Afganistán para hacer llegar el dinero de la organización terrorista «a manos de los miembros de Al Qaida que lo precisen, coadyuvando en forma eficaz a que aquellos consigan la realización de sus fines».

No eran tertulias de amigos
En esta misma línea se encuadra la entrega de 4.000 dólares que hizo a un integrante de Al Qaida en Afganistán aprovechando el viaje que realizó tras incorporarse en ese país como corresponsal de Al Yazira. «Es decir, Taysir Alony, como miembro de la organización terrorista, y aprovechando su destino como periodista en Kabul, facilita medios económicos, absolutamente imprescindibles, a Abu Khaleb, responsables de Al Qaida, con quien mantiene una relación fluida, así como con su jefe» afirma el juez.

De esta forma, el magistrado considera que en la causa existen indicios suficientes de que Alony pertenecía, al margen de su condición de periodista, al grupo de «Abu Dahdah». Conexión e integración, afirma el juez Garzón, «que no se limita a la participación en simples reuniones o tertulias de amigos para la discusión política o religiosa , como afirma en su resolución judicial, sino que alcanza a la ayuda financiera, apoyo a otros miembros y captación de otros militantes para la causa que defiende, en el marco de la organización de Al Qaida en España».

Entrevista a Ben Laden
Incluso, añade la resolución judicial, cuando se marchó de España, en enero de 2000, tras se contratado por Al Yazira, continuó coordinando y estructurando el «grupo de jóvenes» creado por la célula de Al Qaida en esa ciudad andaluza.
Una vez comenzó a desempeñar la corresponsalía de Al Yazira en Kabul, ello no supuso «la paralización de la actividad aparentemente delictiva preexiste», sino que, por contra, la aprovechó para mantener las «relaciones orgánicas» con dos dirigentes de la organización terrorista de Ben Laden, a quienes entregaba el dinero recaudado por el «grupo de jóvenes» y el facilitado por «Abu Dahdah».

Esta actividad de favorecimiento de los fines de Al Qaida las realizó «al margen de su actividad periodística ¬independientemente de las sospechas que pueda despertar la entrevista a Osama Ben Laden y el hecho de que el llegara a su poder el primer vídeo de aquél, en octubre de 2001, circunstancias que aquí no se valoran¬, pero aprovechándose de ella», señala el juez en el auto.

De esta forma, las actividades de Taysir Alony en favor de Al Qaida, las resumen el magistrado en «apoyo financiero, de acogida de miembros de la red, de reclutamiento de militantes para ser enviados a campos de entrenamientos terrorista, así como las donaciones realizadas para entregarlas al sostenimiento de personas u organizaciones de aquél carácter, que nada tienen que ver con las limosnas que todo musulmán tiene el deber moral de hacer para fines benéficos, humanitarios o religiosos».

Junto a ello, el juez destaca que Alony no tiene relación directa con los asesinatos, secuestros y estragos cometidos por Al Qaida, aunque ésta se nutre no sólo de sus bases en Afganistán, sino de las «células durmientes del tercer nivel», a la que presuntamente pertenecería.

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