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Recortes de Prensa     Sábado 13 Septiembre  2003
11-S, dos años después
EDITORIAL Libertad Digital 13 Septiembre 2003

LA EQUIDISTANCIA
IGNACIO SÁNCHEZ CÁMARA Libertad Digital  13 Septiembre 2003

Democracia apagada o fuera de cobertura
JOSÉ MARÍA CALLEJA/ El Correo 13 Septiembre 2003

Un año no es nada
TONIA ETXARRI/ El Correo 13 Septiembre 2003

Derechos humanos e Ibarretxe
Esther Esteban El Ideal Gallego 13 Septiembre 2003

El debate más tenso
José Cavero El Ideal Gallego 13 Septiembre 2003

Las subvenciones
Cartas al Director El Correo 13 Septiembre 2003
 

11-S, dos años después
EDITORIAL Libertad Digital 13 Septiembre 2003

La tragedia de las torres gemelas ha servido en estos dos años de test para comprobar hasta qué niveles pueden llegar el odio, la incomprensión y la falta de humanidad de muchísimos intelectuales, políticos y periodistas de todo el mundo que han hecho oficio de la diatriba y de la difamación contra los EEUU. El ya famoso titular de El País del 12 de septiembre de 2001 –“El mundo en vilo a la espera de las represalias de EEUU” sirvió de ejemplo y modelo a toda una antología de la infamia antiamericana que justifica –cuando no aplaude– las masacres perpetradas por Ben Laden y su camarilla de fanáticos asesinos. Desde el falso tópico de “es la consecuencia lógica de no ayudar a los países pobres, la miseria produce terroristas”, pasando por el “se lo merecían por prepotentes, imperialistas y capitalistas” hasta el grado máximo de retorcimiento –“fueron Bush y la CIA quienes organizaron los atentados para tener un pretexto que les permitiera llevar a cabo sus guerras para dominar el mundo”–, un antiamericanismo visceral y patológico –combinado con un resurgimiento del antisemitismo– ha recorrido el mundo, especialmente en Francia y Alemania, que tanto deben a EEUU. Y precisamente cuando los estadounidenses más necesitados estaban de comprensión y apoyo moral.

Hasta tal punto llega la ceguera antiamericana en los creadores de opinión, que la solución que proponen muchos de ellos al desafío que los terroristas han lanzado contra la civilización occidental es atender puntualmente las demandas de los asesinos, que toman como pretexto de su barbarie anticivilización el conflicto israelo-palestino. Quieren poco menos que los estadounidenses permanezcan callados y cruzados de brazos, y que pidan perdón a los asesinos por ser un país próspero y una sociedad abierta, donde los valores supremos son la libertad y el respeto a la vida. Exactamente lo mismo que exigen a los israelíes, quienes, por cierto, llevan varias décadas luchando contra el mismo enemigo al que hoy se enfrenta el mundo libre rodeados de la incomprensión, el desprecio y el odio de casi todos.

La guerra contra el terrorismo –que ya ha cosechado sus primeros éxitos en Afganistán e Irak, destruyendo dos atroces regímenes que promovían el terrorismo o colaboraban activamente con él– es un imperativo moral, tanto por el más elemental sentido de la justicia como por la necesidad de preservar al mundo de la misma barbarie que hoy azota a Israel. La falacia de que no es posible declarar la guerra al terrorismo porque las guerras se declaran y se luchan entre estados, no es más que una treta dialéctica para confundir a la opinión pública. Es evidente que los terroristas necesitan santuarios –Francia, para su vergüenza, lo fue durante muchísimos años en relación con ETA–, y que es precisamente en esos santuarios –como Afganistán e Irak– donde hay que librar las batallas. Pero, como dijo George Bush hace dos años, la guerra contra el terrorismo será larga y difícil: sólo podrá darse por terminada cuando los terroristas no encuentren ni un solo lugar donde esconderse y planear sus masacres. Mientras tanto, los ciudadanos honrados y de buena fe no pueden menos que alegrarse de que sea EEUU y no la mezquina Europa –tan acostumbrada a bailar el agua a Arafat y a otros como él– quien lidere la lucha contra el terrorismo. Las alternativas son, sencillamente, desoladoras.

LA EQUIDISTANCIA
IGNACIO SÁNCHEZ CÁMARA Libertad Digital  13 Septiembre 2003

EXISTEN ya tantas interpretaciones sobre el impacto del crimen terrorista de las Torres Gemelas que, sin duda, alguna acertará. A falta de otra mejor, tal vez se trate del primer episodio de la guerra mundial entre Occidente y el terrorismo fundamentalista islámico. Después de la derrota del nazismo y del comunismo soviético, la civilización occidental se enfrenta al tercer gran reto.

No conviene confundir el diagnóstico. Más allá de los errores de Estados Unidos en la gestión del conflicto, le asiste la razón. Quien se equivoca en el tratamiento de un mal sobrevenido puede contribuir a agravarlo, mas nunca es el responsable del mal. Tampoco cabe aquí la equidistancia. Bush no es el mejor presidente posible para la gravedad de los tiempos, pero la razón está de su lado. Los defensores de una equidistancia, inviable moralmente, apenas ocultan su alineamiento contra la libertad. Los enemigos de la democracia están donde siempre han estado. A partir de aquí, del reconocimiento de su razón y de la superioridad moral sobre sus enemigos, será posible criticar a Estados Unidos y a sus aliados.

Uno de los tópicos que se escucha estos días afirma que Bush ha dilapidado el crédito del atroz suceso del 11 de septiembre. No parece que el crédito fuera tan generoso. Al día siguiente del horror, ya se hablaba de gajes del imperialismo y de temor mundial ante su reacción. Escaso crédito. Otros esgrimen la ausencia de las armas de destrucción masiva como prueba de la ilegitimidad de la intervención militar, olvidando que la existencia de las armas estaba probada por la ONU y que la carga de la prueba de la destrucción correspondía al régimen de Bagdad. No faltan quienes estiman que el terrorismo se nutre del fanatismo y de la miseria, y omiten que la financiación del terror incumbe a algunos de los países más ricos del mundo. También hay quien se empeña en ignorar que el triunfo del ordenamiento jurídico internacional entrañaría de hecho el triunfo de los valores democráticos occidentales, y que la tolerancia, por su propia naturaleza, no puede ser unidireccional. Y no deja de ser curioso que quienes rompen la unidad de acción occidental invoquen la división, que ellos contribuyen a provocar, contra los que piensan y actúan de manera distinta. La responsabilidad de la división sería, al menos, compartida.

Sabemos que estamos ante una nueva época, pero ignoramos todavía sus rasgos. Como ante toda guerra, cabe distinguir tres grupos: los partidarios de la victoria de cada uno de los contendientes y los neutrales. Quienes equidistan entre la democracia y el terrorismo, favorecen, lo quieran o no, a este último. Entre las críticas a la actuación de los aliados, cabe distinguir con bastante exactitud las que proceden de los defensores de la libertad y las que cabe cargar en la cuenta de sus enemigos. Y no es necesario asentir a todos los aspectos de la estrategia de Estados Unidos y Gran Bretaña para reconocer que, con sus errores y torpezas, combaten en el lado correcto. En cualquier caso, su acierto nunca consistirá en la claudicación sino en la victoria.

En gran medida, Bush ya ha rectificado al promover la devolución de parte del protagonismo a la ONU. Pero parece evidente que esto no será posible sin una reforma de la organización internacional y, especialmente, del Consejo de Seguridad. Mientras no exista una efectiva fuerza legítima internacional, es decir, un auténtico Derecho Internacional, los Estados vivirán en un mundo hobbesiano. Todavía ignoramos el impacto histórico del 11 de septiembre. Acaso tardemos aún bastante tiempo en saberlo.

Democracia apagada o fuera de cobertura
JOSÉ MARÍA CALLEJA/ El Correo 13 Septiembre 2003

No parece que haga falta constatar más datos de la realidad para certificar que existe de hecho una coalición de intereses entre el nacionalismo vasco que gobierna y el nacionalismo vasco que mata; no parece necesario hacer acopio de más argumentos para que quede claro para la mayoría que los nacionalistas que gobiernan quieren mantener con respiración asistida a los que matan, no parece que sea una cuestión de linces sagaces ver que la jugada consiste en crear una sociedad de apoyos mutuos, bendecida por la Iglesia, con un mismo objetivo: descoyuntar la convivencia, relegar a los constitucionalistas, imponer una dictadura de hecho que aburra y haga desistir a quienes se oponen a ella. Llevamos casi treinta años de democracia en España y ya tenemos abrumadoras evidencias de lo obvio: el nacionalismo que gobierna se apoya en el nacionalismo que mata porque lo necesita para sus fines, el nacionalismo con corbata se apoya en el nacionalismo con pendiente en la oreja porque los dos quieren lo mismo: la independencia, la creación de un régimen que aniquile a los distintos, que entronice a los que se sienten vascos de una forma excluyente y aniquiladora de los otros.

Cuando los que matan estaban fuertes, los que no matan recogían los frutos en forma de poder político y en sacas de botín económico. Ahora que los que matan aflojan, los que han llenado las alforjas les tramitan los sueldos, les pagan los viajes a la cárcel, les defienden ante organismos encargados de velar por los derechos humanos en la democrática Europa, les dan el hisopazo de la legitimidad y se la restan al Gobierno democráticamente elegido y a los poderes del Estado que representan la garantía de la democracia en el seno de una Europa moderna. Los que han transitado por moquetas y presupuestos bendicen a los que en la calle defienden lo mismo que ellos porque, en el fondo, les une un idéntico aliento autoritario, un clónico afán por acabar, política o físicamente, con los otros, con los que están fuera de la tribu, con los que no comparten los principios inefables de la exclusión.

Para que no falte de nada en la creación de este frente nacional, en la instauración de este régimen nacional católico, la Iglesia española que trabaja en la Comunidad Autónoma Vasca --que trabaja a favor del nacionalismo, se entiende--, vuelve a reiterar su rancio discurso de deslegitimación del poder civil democrático, vuelve a revestir de valores la posición de los que matan mientras cubre de impiedad a los que mueren, porque ni los nombra ni los apoya cuando son perseguidos, caso del cura de Maruri.

La jugada parece obvia a estas alturas del partido: unión de los nacionalistas, patada al tablero de la convivencia y recogida de beneficios electorales de la exhausta trama civil de la muerte, todo ello aderezado por el apoyo de la jerarquía eclesial en la comunidad y alimentado por el imbatible argumento de que lo que es bueno para el convento político, también es bueno para el convento económico.

Posiblemente la guinda con la que se quiere adornar tan nefando pastel sea el anuncio de una tregua o así, algo que permita edulcorar la cucharada sopera de aceite de ricino que se nos quiere hacer tragar y que, de paso, permita a los violentos presentar como éxito y generoso gesto lo que no es más que evidente derrota.

Frente a este ataque por tierra, mar y aire, no queda más que ahondar en la eficacia policial, asumida ya incluso por Balza, que tiene a los violentos escuchimizados y perplejos, mantener el Estado de Derecho como garantía para los vascos acosados por el régimen nacionalista y confiar que en el democrático ámbito europeo, donde resulta un delirio tamaño atropello, les digan a los nacionalistas vascos que sus casposas iniciativas no se compadecen con la democracia y que no tiene legitimidad quien coloca etarras con apellidos carniceros en comisiones de derechos humanos y luego reclama estos para quienes son etarras en comisión de servicios.

Éste es el plan Ibarretxe : el que triunfa en Maruri, el que hace de enlace sindical en la tramitación salarial para etarras en espera de destino, el que defiende los derechos de los que matan y pasa por encima, como el buey, de las victimas; el que exhibe falta de piedad para quienes peor lo pasan y se presenta, con su victimismo habitual y después de llenar las alforjas, como jefe de prensa de quienes matan, como acusador particular de la democracia.

Que no venga nadie con historias, que no venga nadie con la milonga hipocondríaca de que el problema está en nosotros, que hay que hacer lo que sea con tal de que los nacionalistas se sientan cómodos en España; están tan cómodos que han puesto los pies encima de la mesa, se han calzado una copa y se fuman un puro con la seguridad que otorga el haberse aprovechado reiteradamente de debilidades anteriores. Ahora se trata de dejar claro que ya no valen las añagazas de antes, que ya no cuelan los ardides de quien se presentan como solución para eternizar el problema y beneficiarse de él sin límites.

La eficacia policial de inevitables consecuencias políticas, que siga poniendo a los que matan en su sitio, subrayando su debilidad, dejando claro que pueden ser derrotados; la actuación democrática del Estado de Derecho en el contexto de una Europa que no traga con delirios totalitarios y la movilización ciudadana en defensa de la democracia son los antídotos más eficaces, los que hasta ahora han dado resultados positivos, para acabar con esta pesadilla que, si no fuera porque hay muertes, provocaría hilaridad y que es hoy el resultado del plan de un lunático alejado de la realidad y que quiere imponer sus delirios totalitarios a un ciudadanía que ni entiende ni siente la llamada de la tribu. Con este plan, la democracia estará apagada o fuera de cobertura.

Un año no es nada
TONIA ETXARRI/ El Correo 13 Septiembre 2003

Ya no hay quien calle en torno al plan mágico de Ibarretxe. Habría sido preferible esperar al próximo día 26 para entrar en detalles en el Parlamento, pero dado que la propaganda de verano no lograba despejar las dudas, quienes recomendaban no meter tanto ruido han ido soltando prenda aprovechando que la disputa por la sucesión de Arzalluz está suponiendo, dentro del PNV, un verdadero calvario. De momento el lehendakari no tiene prisa -entre otras cosas porque no tiene apoyo parlamentario- para someter su proyecto a la aprobación de sus señorías. Tiempo al tiempo. Volverá a entretenerse con el desarrollo de la idea que él tiene para lograr la convivencia y que nos avanzó hace exactamente un año. Han sido trescientos sesenta y cinco días en los que ha tenido la oportunidad recurrente y machacona de propagar su sueño. Después de que él mismo dijera, en el último párrafo del último folio de su documento, que el referéndum se haría «en un escenario de ausencia de violencia», poco ha avanzado si, a estas alturas, alguien todavía juega con la perversa posibilidad de que la consulta se vaya a hacer con ETA en activo. Un debate que, para todo demócrata que se precie, debería estar ya superado; que no toca como diría el nacionalista sin complejos Pujol, y que a las víctimas del terrorismo les parece que el mero hecho de plantearlo, supone «una tomadura de pelo».

Desde la oposición democrática, al ver por qué vericuetos transcurre el último coletazo de la serpiente de verano, le preguntan al lehendakari. «¿Quién se está poniendo más nervioso?». Y no lo dicen, precisamente, por el numerito de Anasagasti pidiendo en el Congreso que le detengan si el PNV es sospechoso de ser abogado de Batasuna; no le dan importancia porque creen que este portavoz, ante su incierto futuro político dentro del PNV, pierde los papeles. El caso es que Ibarretxe, una vez enterado de que los socialistas no le van a apoyar en el hemiciclo (lo que no debería ser un obstáculo para que les recibiera en sus rondas), está decidido a ampliar su lista de adhesiones. Aunque sean personales. Por eso, los desfiles por Ajuria Enea son de lo más variopinto, desde Carrillo al periodista Miguel Ángel Aguilar, mientras se toma su tiempo -¿otro año sabático en la gestión, quizá?- para ver si, a fuerza de insistir, vence.

El PSE, por si acaso no les quiere convocar, ya le dice que su plan es el que está crispando, aún más, el ambiente. Desde la dirección socialista preparan un homenaje a Mario Onaindía a quien, en vida, sus compañeros de partido no hicieron demasiado caso cuando se mostraba tan contundente con el PNV y sin complejos a la hora de coincidir con el PP en la lucha contra ETA. Ni González ni Zapatero estuvieron en la ceremonia de su despedida. Le homenajearán en Vitoria el próximo día 27. Se lo deben. Por muchas razones.

Derechos humanos e Ibarretxe
Esther Esteban El Ideal Gallego 13 Septiembre 2003

Más que despropósitos que lo son, yo diría que las últimas actuaciones del Gobierno vasco buscan la provocación y pretenden que tanto sus adversarios políticos, como el Gobierno de la nación y las instituciones, caigan en el desistimiento. Tarea inútil. Su anuncio de que ha interpuesto una demanda contra España ante el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo, no sólo es un paso más en el camino de la insensatez sino que pone en evidencia lo que todos sabemos: que el PNV a la hora de elegir ha preferido a los amigos de quienes colocan la pistola en la nuca.

El PNV y sus socios de Gobierno siguen amparando a una organización no sólo ilegalizada sino, lo que es peor, cierra los ojos ante lo que es un hecho comprobado y constatado: que HB, Batasuna o ¡como se llame ahora! forma parte del entramado de ETA, es decir, es ETA, una banda terrorista incluida como tal en todos los listados internacionales. La pregunta que hay que hacerle a Ibarretxe es si ETA no vulnera, pisotea y fulmina los derechos humanos de muchos españoles hasta arrebatar el más humano de los derechos: el de la vida.

Es un insulto a la dignidad y la inteligencia que una institución como el Gobierno vasco se atreva a pedir amparo, ¡nada más y nada menos! que a un Tribunal de Derechos Humanos, para quienes todos los días demuestran el más absoluto desprecio por los mismos hasta límites como es la tortura, el secuestro, la extorsión y el asesinato.

Ibarretxe no sólo ha iniciado un camino hacia ninguna parte, plagado de incertidumbres para los ciudadanos a los que representa, sino que además, en su obsesión por tensar la cuerda, cree que las instituciones europeas en su lejanía no son conscientes de lo que es ETA, su entramado y su entorno. No hay que ser adivino para suponer que el Tribunal de Derechos Humanos no atenderá semejante demanda y todo quedará en papel mojado. Eso sí, el lehendakari seguirá marcando sus tiempos de confrontación esperando que el hastío por el tema termine por arrastrarnos a todos. Se equivoca. Si él tiene cuerda para rato los que nos sentimos constitucionalistas también.

El debate más tenso
José Cavero El Ideal Gallego 13 Septiembre 2003

Algunas fotos han recogido el momento en que Anasagasti ofrece sus muñecas para ser detenido. “Aquí tiene nuestras manos para que nos detenga”, decía al ministro de Justicia, probablemente en uno de los debates más tensos y ásperos de mucho tiempo. Michavila había sostenido su acusación de que el PNV viene actuando como “el espónsor de ETA, el patrocinador de Batasuna, abogado y hasta tesorero de Batasuna”, haciendo referencia a que hasta hace poco los ayuntamientos gobernados por Batasuna financiaban a las familias de etarras y ahora lo hace el gobierno vasco. Anasagasti replicó que si el ministro de Justicia cree eso, “¿por qué no se inicia la ilegalización del PNV. Si no, usted no tiene derecho a hacer esa acusación tan irresponsable. Eso no es propio de un ministro de Justicia de un Gobierno democrático, eso es propio de un legionario de Cristo Rey como es usted. Usted está poniendo bajo sospecha a partidos democráticos. Usted no tiene derecho a hacer esa acusación”.

El debate siguió incluso en los pasillos, cuando Michavila señaló que el PNV es un partido que va de la mano de Batasuna, se ha doblegado a la estrategia de los terroristas. Explicó que la democracia está asfixiando a ETA y la va a a derrotar y que todas las democracias europeas ayudan a la democracia española en esta lucha. Y en cambio, el gobierno vasco hace pinza contra el Estado de derecho, contra nuestra Justicia y nuestra democracia para que ETA siga teniendo voz en las instituciones.

Las actuaciones que el Gobierno vasco y el presidente del Parlamento vasco vienen manteniendo -la demanda ante Estrasburgo contra la ilegalización de Batasuna, las ayudas a las familias de presos etarras, el “pago de haberes” al grupo parlamentario batasuno, las manifestación probatasunas autorizadas- han situado al Gobierno español al borde de un ataque de nervios y con deseos de arremeter contra el PNV y su estrategia de radical resistencia a ese proceso de deslegalización del brazo político de la banda armada.

Las subvenciones
Patricia Álvarez/Vitoria-Gasteiz Cartas al Director El Correo 13 Septiembre 2003

El Gobierno vasco dará ayudas a los familiares de presos para que les puedan visitar gratuitamente. Con tristeza, veremos cómo los mismos familiares que adiestraron a su hermano, hijo o sobrino en la tarea de odiar y matar a quienes no piensan como ellos, podrán coger gratuitamente y cómodamente un avión, coche o tren para visitarles donde haga falta. Las víctimas, muchas de ellas habiendo escapado del País Vasco, solo tendrán derecho a regresar en silencio a los cementerios del País Vasco para honrar a los que les fueron arrebatados por el odio y la sinrazón nacionalista, siempre teniendo en cuenta que los asesinados nunca van a obtener el tercer grado, ni van a salir nunca en libertad.

Personalmente, no termino de entenderlo, ¿cómo es posible que los que ponen bombas y matan y sus familias tengan la misma consideración que los que son asesinados o mutilados por no pensar como el nacionalismo quiere?

El Gobierno vasco y el PNV se tienen que preguntar más a menudo por qué esos terroristas han ido a parar a la cárcel. La mayoría de ellos por asesinar y el resto por proporcionarles la logística y los medios necesarios para cometer los atentados. Mientras tanto, hay que recordar al Gobierno vasco y al PNV que los etarras son los verdugos y no precisamente las víctimas.

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