AGLI

Recortes de Prensa     Jueves 18 Septiembre  2003
IBARRETXE: NO HAY MEJOR GESTO QUE RETIRAR EL PLAN
Editorial ABC 18 Septiembre 2003

Ojos limpios de odio
Germán Yanke Libertad Digital  18 Septiembre 2003

Los gestos de Ibarretxe
Editorial El Ideal Gallego  18 Septiembre 2003

El PP y Franco
Iñaki Ezkerra La Razón 18 Septiembre 2003

El lehendakari y la Constitución
Opinión EL PAÍS  18 Septiembre 2003

Sin ganas de acabar
Cartas al Director El Correo 18 Septiembre 2003

Palacio reunió a Basta Ya con embajadores «para honrar a los que no tienen libertad»
AGENCIAS/MADRID El Correo 18 Septiembre 2003

Análisis de editoriales
Libertad Digital  18 Septiembre 2003

El lema de la UE
Antonio García Trevijano La Razón 18 Septiembre 2003

Sin novedad en el País Vasco
Antonio Casado El Ideal Gallego 18 Septiembre 2003
 

IBARRETXE: NO HAY MEJOR GESTO QUE RETIRAR EL PLAN
Editorial ABC 18 Septiembre 2003

LA presencia del Ibarretxe en la recepción ofrecida por el Rey al Comité de Honor de los actos conmemorativos de XXV aniversario de la Constitución hay que enmarcarla en la política gestual que requiere la propuesta de libre asociación del lendakari. Siempre será mejor su presencia que su ausencia, porque las formas y el respeto son esenciales en la vida institucional. Sólo por esto hay que reconocer que la asistencia de Ibarretxe dio lugar a una imagen positiva, tanto más valiosa por lo que podría representar que por lo que realmente significa. Por desgracia, sólo se puede hablar de una imagen, porque sería un error extraer conclusiones desproporcionadas sobre un cambio de actitud del lendakari hacia el orden constitucional. La experiencia desaconseja precipitarse con el PNV, porque está demostrado que al nacionalismo no le supone coste alguno realizar gestos que confunden a los extraños y dejan indiferentes a los propios. Éste es uno de ellos, con el que el lendakari no despista a ningún nacionalista de dentro o fuera de su partido, porque lo que tiene escrito y defendido es un plan que se opone frontalmente a los valores que representan la Corona y la Constitución, símbolos presentes en el acto de ayer.

El lendakari se está moviendo en los últimos meses por las necesidades de marketing y de viabilidad de su propuesta de libre asociación. Ibarretxe sabe que su delirante plan de confederar a Euskadi con España necesita una intensa campaña de publicidad en la que hay que utilizar mensajes tan contradictorios como los escenarios en los que, en un futuro, debería discutirse su propuesta. Por eso, su Gobierno no muestra pudor en, primero, defender judicial y financieramente a Batasuna a través de recursos y subvenciones y luego, sin solución de continuidad, presentarse en un acto presidido por Su Majestad el Rey con motivo del aniversario de la Constitución para provocar la ocasión que le permita decir que su plan no es de ruptura, sino de convivencia. A la vista está que si se trata de convivir con el resto de la sociedad y de las instituciones españolas, al lendakari no le hace falta su plan. Con la Constitución y el Estatuto le basta para ocupar en España, en nombre de los ciudadanos vascos, a los que representa, un espacio político propio y privilegiado por el orden constitucional, por primera vez en la Historia. Sin embargo, hasta sus asesores reconocen que la propuesta del lendakari cambia las bases de la convivencia en el País Vasco y que esto supone, realmente, una reforma constitucional.

Son los hechos y los objetivos del nacionalismo, no la amabilidad aparente de la visita de Ibarretxe, los que perfilan la dimensión de lo que realmente buscaba ayer el lendakari. Y lo que buscaba era, razones formales aparte, aprovechar la autoridad constitucional y moral de la Corona para limar su plan ante la opinión pública del resto de España e inducir a la confusión a quienes estarían dispuestos a dar un nuevo voto de confianza al nacionalismo vasco. Por eso, en el gesto de Ibarretxe subyace la perversa motivación de mostrar un anticipo de lo fácil que sería la convivencia si se aceptara su plan secesionista. El acto elegido le era propicio, porque no se aparta del viejo planteamiento nacionalista -defendido por expertos constitucionalistas muy significados- del pacto con la Corona. La designación del lendakari por el Rey es, de hecho, la única vinculación relevante del País Vasco con España prevista en el Estatuto que se mantiene en la propuesta de Comunidad Libre Asociada, cuyo texto publicó ABC. Entendida con esta clave, la visita de Ibarretxe no tiene nada que ver con la Constitución, a la que tanto él como su partido desprecian como marco institucional de España y del País Vasco. El mejor gesto de normalidad es, e Ibarretxe lo sabe, retirar su propuesta secesionista.

Ojos limpios de odio
Germán Yanke Libertad Digital  18 Septiembre 2003

Perdón por la expresión pero lo peor después de cagarla es decir que son flores. Julio Medem, reputado director de cine, se sintió molesto porque durante la campaña electoral de mayo de 2001 se atacaba al nacionalismo vasco, que parece ser el suyo y decidió que había que hacer algo. Ese algo es la cagada, la película “La pelota vasca” en la que quiere analizar “el conflicto” vasco con las voces de unos y otros. Son muchos los que no quisieron participar, a la vista del planteamiento, y no sólo líderes políticos principales, sino también concejales del PP y PSOE. Quienes mostraron mejor voluntad, como Iñaki Ezkerra y Gotzone Mora, piden ahora que les quiten del bodrio, que no están dispuestos a que su imagen aparezca en una cinta al servicio del nacionalismo vasco del que Medem se siente tan sentimentalmente próximo. Si el cineasta tiene la más mínima dignidad, lo haría, pero parece que no ha demostrado hasta ahora mucha sensibilidad con las víctimas del terror que es lo que son los dos intelectuales citados…

Independientemente de la cagada, tres anotaciones. La primera es la imbecilidad de colocarse en una especie de tribuna virtuosa ante lo que pasa en el País Vasco, que es la quintaesencia del terror fascista, y plantear el trabajo como una suma de voces. Quizá Medem, si hubiera elegido como tema de su película el exterminio de judíos llevado a cabo por Hitler, se habría buscado una víctima para, a continuación, decirle que espere un momento, que aquí todo el mundo tiene derecho a hablar y cada cual su punto de razón y que vamos a tratar por igual al nazi. Quizá lo habría hecho, la verdad. La segunda es la cursilada, propia de los disimulos fascistas, de contarnos, tras cagarla, que mira todo, y hasta lo que hace, con ojos limpios. Añadir el sarcasmo me parece ya insoportable. Y la tercera, ¿quién financia “La Pelota vasca”? Lo que yo quiero saber es quién financia la película. A ver si me echan una mano y lo averiguamos.

Los gestos de Ibarretxe
Editorial El Ideal Gallego  18 Septiembre 2003

De las pocas cosas que le faltaban a Juan José Ibarretxe por manipular en defensa de su plan soberanista era precisamente al soberano del Estado. Pretender que alguien vea un gesto de buena voluntad en el hecho de que el lehendakari haya acudido a La Zarzuela a una recepción real es considerar que el resto de la Humanidad sufre algún tipo de atrofia mental. Nadie en su sano juicio y con un mínimo conocimiento de la situación puede sostener que el proyecto secesionista no supone un intento de ruptura y se presenta en un marco de convivencia y de normalidad en las relaciones institucionales. Nadie, excepto el PNV. En su afán por mantener la pretendida equidistancia de cualquier rival -sin importar que éste utilice como armas de su lucha un revólver o la Constitución- los nacionalistas vascos totalitarios se alejan tanto de la realidad que cada vez que abren la boca, y quizá sin ser plenamente conscientes de ello, faltan al respeto a todos los españoles, incluida la gran mayoría de los vascos. Lo que a Ibarretxe le falla, a pesar de contar en su región con dos plazas de primera categoría, es la vergüenza torera necesaria para actuar con coherencia. Si su meta es pisotear la Carta Magna, prescindir del orden estatal establecido por sufragio universal y desligarse del régimen monárquico no puede presentarse ante el Rey y ante el resto de presidentes autonómicos con rictus de inocencia. Un político que goza del beneplácito y apoyo de los terroristas, para lo que sea, no es, ni mucho menos, inocente.

El PP y Franco
Iñaki Ezkerra La Razón 18 Septiembre 2003

El nacionalismo vasco está empeñado en dar un salto a la independencia por la ventana del Plan lbarretxe. Y para subirse a esa ventana, que le queda un tanto alta, necesita un taburete táctico: identificar al PP con Franco. Si la represión sufrida en la dictadura franquista le brindó al nacionalismo el taburete que legitimara sus demandas políticas y su salto al Estatuto de Autonomía en la transición española, hoy, ese nacionalismo necesita inventarse un nuevo Franco que justifique y legitime el nuevo salto que pretende desde 1998 y que se manifestó primero en la superación del Estatuto propuesta por el Plan Ardanza, luego en el pacto soberanista de Lizarra y hoy en ese eufemismo de la secesión que es el estado libre asociado.

Por irreal y amoral que resulte, se entiende que el nacionalismo ponga toda su carne en el asador de esta operación mediática y falseadora de la realidad que es reinventar a Franco a base de identificarlo con un partido democrático que, paradójicamente, es víctima de la violencia más nazi-fascista. Se entiende porque ese nacionalismo no tiene otros intereses ni valores a salvaguardar que no sean los de su proyecto secesionista. Lo que no se entiende es que entren en ese peligroso juego líderes de IU o el PSOE que, por encima de sus valores e intereses partidistas, deberían sentirse unidos con el PP en los valores constitucionales y en el interés general de España.
Como el nacionalismo vasco cree en el «todo vale» para dar pasos en su estrategia independentista, hay representantes de IU y del PSOE que creen en el «todo vale» para hacer oposición al Gobierno y conseguir votos. «Todo vale», incluso entrar en ese juego del nacionalismo vasco de convertir en el sucedáneo de Franco a un partido que podrá gustar más o menos, pero que fue creado tras la Dictadura y no guarda con ella ningún lazo ni en su ideología ni en su praxis, ni en su estilo ni en sus textos fundacionales y que en su último congreso supo votar una impecable ponencia sobre el patriotismo constitucional que abre la puerta a toda la sociedad española y la cierra a todas las mistificaciones patrióticas totalitarias y esencialistas de las que adolecen nuestros nacionalismos periféricos.

No se entiende que juegue a identificar al PP con Franco una izquierda que sufrió el verdadero franquismo ni que lo hagan unos socialistas que ven sufrir y morir a sus concejales junto a los concejales populares en Euskadi. No se entiende esta frivolidad que ha creado ya ambiente tanto en Cataluña como en Madrid, que ha hecho del disparate un tópico y que es catastrófica porque no olvidemos que para Arzalluz no sólo el PP es Franco sino también la democracia y la misma España.

El 'lehendakari' y la Constitución
Opinión EL PAÍS  18 Septiembre 2003

El 'lehendakari' Ibarretxe no ha participado nunca en los actos de celebración de la Constitución. Otros presidentes autonómicos, unas veces participan y otras no; pero hace muchos años que ni Ibarretxe ni sus antecesores en Ajuria Enea lo hacen. Por eso es significativo que ayer acudiera a la recepción ofrecida por el Rey al Comité de Honor de la celebración del XXV aniversario de la Carta Magna, al que pertenecen todos los presidentes autonómicos. Se trata de una iniciativa real que, por mucho que pudiera parecer desangelada -sin discursos institucionales ni grandes declaraciones-, tiene el valor de marcar la pauta de lo que debería ser la conmemoración por todas las fuerzas democráticas, sin exclusiones ni autoexclusiones, de las bodas de plata de la Constitución de 1978, el próximo 6 de diciembre.

El lehendakari tuvo interés en aclarar que su presencia intentaba "transmitir un gesto de normalidad institucional" y demostrar que su propuesta "no es de ruptura, sino de tolerancia y respeto". Hay motivos, por tanto, para celebrar el cambio de actitud. Un gesto similar habría sido improbable hace algunos meses. Si ahora lo ha habido es seguramente porque la firmeza de los partidos mayoritarios y sectores sociales representativos han hecho ver a Ibarretxe el aislamiento político en que se encontraba, y ha intentado romperlo. No es probable que Ibarretxe retire su plan, pero esa firmeza de las fuerzas democráticas ya ha provocado pequeños movimientos de repliegue, como el aplazamiento (por un año, de momento) de la votación de su plan en el Parlamento y la precisión de que la consulta tendría que ser aprobada en cada una de las provincias vascas.

El ministro del Interior atribuyó el gesto al "doble lenguaje" de los nacionalistas. Es posible, pero la experiencia demuestra que gestos y palabras en público acaban comprometiendo. Si Ibarretxe rechaza albergar cualquier voluntad rupturista tendrá que modificar una propuesta que lo es claramente. No sólo porque rompe con el marco autonómico que emana de la Constitución, sino porque expresamente acepta la posibilidad de llegar al conflicto institucional al proponer un referéndum si su plan no es convalidadado por las Cortes. Luego, más vale tomarle la palabra.

Si un día el nacionalismo decide romper con el rupturismo sobrevenido, podrá incluso acogerse al precedente de Arzalluz, que en 1978 declaraba que "la Constitución aprobada por el Congreso es para mí, lealmente, más positiva que la de la República en muchos aspectos, y concretamente en el autonómico. (...). No me parece racional decir no a esta Constitución, creo que debemos acatarla".

Sin ganas de acabar
José María López/Vitoria-Gasteiz Cartas al Director El Correo 18 Septiembre 2003

Mientras dos agentes de la Policía autonómica se recuperan del intento de asesinato que tuvo lugar el pasado domingo por la noche, los dirigentes del partido que ostenta el Gobierno vasco y la consejería que lo integra, tienen la ocurrencia de nombrar a los terroristas como jóvenes activistas arrastrados a las garras de ETA. Algo así como unos hijos de la patria descarriados, unos patriotas equivocados. La zafiedad y la nula experiencia de los criminales ha salvado la vida de los agentes. ETA está herida de muerte, no tiene militantes, la labor policial y la Justicia la está derrotando claramente. Pero parece que los nacionalistas no desean que la bestia sea derrotada, hay que darle una salida digna o más bien indigna. Acusan a la Prensa española de lanzar mentiras al aire sobre el guiño de ETA al plan Ibarretxe , cuando en realidad han sido los propios terroristas quienes en su revista han expresado su simpatía con el plan. Que un partido democratico de aire a los que arropan y alientan a quienes asesinan a sus policías es repulsivo. ¿Qué pensará la familia del ertzaina, y él mismo, cuando se recupere habiendo perdido un ojo y con un tiro de postas en la cara, cuando vea a los compañeros de partido de su responsable político sin ganas de derrotar a la bestia? ¿Merece la pena arriesgar la vida para esto?

Palacio reunió a Basta Ya con embajadores «para honrar a los que no tienen libertad»
Anasagasti acusa a la ministra de Exteriores de buscar «el deterioro de la imagen del PNV»
AGENCIAS/MADRID El Correo 18 Septiembre 2003

La ministra de Exteriores, Ana Palacio, replicó ayer al PNV que el encuentro propiciado por su departamento entre embajadores españoles en el extranjero y colectivos sociales vascos -entre ellos Basta Ya- pretendió «honrar y dar la palabra a quienes no tienen paz ni libertad» en Euskadi y en ningún caso ofrecer «versiones parciales» de la realidad vasca, tal como sostienen los peneuvistas.

La titular de Exteriores respondió, durante la sesión de control al Gobierno, a la pregunta formulada al respecto por el portavoz jeltzale en el Congreso, Iñaki Anasagasti, que acusó al Ejecutivo de pretender difundir una imagen «distorsionada» del País Vasco además de buscar «el deterioro» de la del PNV.

Para Anasagasti, el Gobierno actuó «con total ausencia de equilibrio democrático» al invitar a Basta Ya a la segunda Conferencia de Embajadores Españoles, celebrada la pasada semana en el Senado, y demostró, según dijo, que los representantes diplomáticos «son del Partido Popular» y no del Ejecutivo español. «Eso no es política de Estado, es política de establo», arremetió el portavoz nacionalista.

Palacio apuntó que la realidad del País Vasco «no necesita explicaciones, sólo abrir los ojos y mirar con buena fe». «La realidad es que los candidatos de los ciudadanos libres están condenados a muerte por los mercenarios de ETA y condenados a la humillación por sus cómplices», aseguró la ministra de Exteriores, que insistió en que con la invitación a la plataforma ciudadana quiso «dar la palabra al árbol, no a quienes menean el árbol ni a quienes se benefician de tan terrible vareo».

Palacio acusó a la formación que dirige Xabier Arzalluz de querer «monopolizar las esencias del PaísVasco» y preguntó a Anasagasti si cree posible que las víctimas ofrezcan «versiones parciales».

Análisis de editoriales
Libertad Digital  18 Septiembre 2003

Ibarretxe, caballo de Troya
Todos los diarios dedican su principal editorial a la presencia de Ibarretxe en los actos presididos por el Rey en homenaje a la Constitución con motivo del XXV aniversario de su aprobación. Aunque no de forma absoluta, sí podríamos establecer una diferencia entre los editoriales que adoptan una actitud conciliadora y valoran muy positivamente esta presencia del lehendakari y los que la presentan como una muestra más del “doble leguaje” del nacionalismo vasco. En el primer grupo, podríamos situar a El Mundo, El País y La Vanguardia, mientras que en el segundo estarían incluidos los comentarios de ABC y La Razón.

El título del editorial de El Mundo —“El Estado debe responder al PNV con su misma sutileza”— ya es lo suficientemente expresivo para adelantar el alto grado de voluntarismo que impregna, no todo, pero sí buena parte del comentario de este diario. Para poder dejar en evidencia el grado de lo que los ingleses llaman “wishfull Thinking” que transluce El Mundo, conviene recordar que el PNV es un partido cuyo objetivo fundacional —como no ha parado de recordar su presidente Xavier Arzalluz— es lograr la autodeterminación. Es un partido que se negó a respaldar la Constitución que fue ampliamente respaldada tanto en el País Vasco como en Navarra. Recientemente ha materializado su propuesta secesionista con el llamado Plan Ibarretxe. También en este tiempo el Gobierno del PNV se ha negado a dejar sin financiación pública y sin representación política a una organización terrorista que estaría encantada de poder asesinar a quienes ayer compartían foto institucional con el señor Ibarretxe. Por seguir dando cobertura política y financiera a los terroristas, el Gobierno vasco ha incurrido en un delito de desacato al negarse a cumplir un auto nada menos que de nuestro Tribunal Supremo.

Pese a todo ello, el Gobierno del PP se resiste a aplicar el articulo 155 de la Constitución que contempla la posibilidad de suspender las facultades autonómicas cuando desde ellas claramente se quisiera vulnerar el ordenamiento jurídico. En lugar de eso, el Rey y el Gobierno invitan a Ibarretxe, como a los demás presidentes autonómicos, a celebrar el aniversario de la Constitución que los nacionalistas pretenden socavar.

Sin embargo, a la vista del editorial de El Mundo, todo esto no es una muestra de la exquisita “sutileza” con la que el Estado responde al PNV. No. La “sutileza”, según este diario, es mérito de Ibarretxe por aprovechar esta oportunidad para tratar de dar normalidad institucional a algo tan absolutamente anormal como pretender hacer saltar por los aires nuestro marco constitucional desde el poder autonómico. Ahora el Estado, según El Mundo, deber responder con la misma “sutileza” a este monumental acto de hipocresía política protagonizado por el lehendakari.

No vamos a negar que El Mundo señala las contradicciones de un PNV que, por una parte “pide al Rey que llame al orden a quienes critican el plan secesionista de Ibarretxe, lo cual es tanto como solicitar al Monarca que vaya contra quienes defienden la base constitucional de la propia Monarquía”, y por otro, “acude a la invitación del Rey y de todos los poderes de un Estado del que supuestamente se quiere separar”. Lo que criticamos de El Mundo es que afronte estas contradicciones no como un acto de hipocresía sino como un muestra de “sutileza”. Vamos, como si el paripé de ayer de Ibarretxe hiciera más tibia la clarísima voluntad rupturista de la legalidad emprendida por el nacionalismo vasco.

“El Estado debe responder con la misma finura calculada. Si el PNV maneja de forma tan elástica su disposición a subvertir el orden constitucional, el Estado tiene que administrar adecuadamente el premio o el castigo”. Como si la invitación de ayer no fuera ya bastante muestra de “finura calculada” por parte del Estado, ahora se pide al Estado algo más. Aquí lo único que cabe es el combate ideológico contra el nacionalismo cuando los nacionalistas cumplan la ley, y el combate judicial cuando se la salten.

El País, por su parte, también se mueve en esa línea voluntarista. Su editorialista empieza por señalar que “el lehendakari tuvo interés en aclarar que su presencia intentaba transmitir un gesto de normalidad institucional y demostrar que su propuesta no es de ruptura, sino de tolerancia y respeto”. En lugar de criticar que el lehendakari utilice la recepción de ayer para tratar de colar una falsedad tan monumental como es “la normalidad” de la anomalísima e ilegal situación a la que los nacionalistas han llevado a las instituciones autonómicas vascas, en lugar de contradecirle por sostener que su propuesta no es de ruptura, El País se felicita y considera que “hay motivos para celebrar el cambio de actitud”.

ABC considera, por el contrario, que la asistencia de Ibarretxe dio lugar a una imagen positiva, tanto más valiosa por lo que podría representar que por lo que realmente representa”. Aunque no entendemos como algo que no refleja la realidad puede ser considerado como positivo. El aspecto atractivo que todo engaño debe mostrar para ser fértil no hace positivo al engaño. En cualquier caso, ABC es claro al señalar que “sería un error extraer conclusiones desproporcionadas sobre un cambio de actitud del lehendakari hacia el orden constitucional. La experiencia desaconseja precipitarse con el PNV, porque está demostrado que al nacionalismo no le supone coste alguno realizar gestos que confunden a los extraños y dejan indiferentes a los propios”.

ABC es él único diario en recordar algo tan crucial como es que el Gobierno de Ibarretxe “no muestra pudor en, primero, defender judicial y financieramente a Batasuna y luego, sin solución de continuidad presentarse en un acto presidido por el Rey con motivo del aniversario de la Constitución para provocar la ocasión que le permita decir que su plan no es de ruptura, sino de convivencia”. “Son los hechos y los objetivos del nacionalismo —prosigue más adelante ABC—, no la amabilidad aparente de la visita de Ibarretxe, los que perfilan la dimensión de lo que realmente buscaba ayer el lendakari. Y lo que buscaba era, razones formales aparte, aprovechar la autoridad constitucional y moral de la Corona para limar su plan ante la opinión pública del resto de España e inducir a la confusión a quienes estarían dispuestos a dar un nuevo voto de confianza al nacionalismo vasco”.

El lema de la UE
Antonio García Trevijano La Razón 18 Septiembre 2003

Hace poco critiqué aquí la falta de sentido que supone aplicar el lema «Unidos en la diversidad» a la Constitución de la UE. Mi crítica descansaba en el hecho de que esa consigna es aplicable a todas las «universitas» que superan la diversidad en un principio unitario. Fuera del terreno cultural, en el campo estrictamente político, no puede haber «universitas» más que en aquellos Estados que han integrado, bajo una soberanía superior, la diversidad de las soberanías particulares que lo componen. El ejemplo clásico está en el Estado federal. La UE, que es «universitas económica», difícilmente puede constituir una sola comunidad cultural, y en modo alguno una «universitas política».

La unión económica europea es un hecho adquirido. Ése es el principal atractivo de la UE para todos los Estados nacionales que quieren formar parte de ella. No se puede decir lo mismo de la unión cultural. Ningún movimiento nacionalista sin Estado se considera integrado o representado en los valores estatales de la UE. Incluso es muy problemático que la diversidad cultural de las naciones europeas haya encontrado en la UE el camino de su integración en una unidad cultural de orden superior.

La cultura popular sigue siendo nacionalista, y la alta cultura, universalista. Entre ellas no hay una cultura europea intermedia. Pese a la uniformidad cada vez mayor de las costumbres, impuesta por la universalidad del consumo en masa, las telecomunicaciones, las modas y los modos de ocio, aún se puede hablar de cultura francesa, alemana o española a causa de su diferente escala de valores. No existe cultura europea distinta de las culturas nacionales. Una misma civilización se sostiene en culturas tan diversas como la portuguesa y la lituana.

La síntesis cultural europea no la expresan los Estados nacionales, sino la pervivencia de los credos comunes legados por la antigüedad, en gran parte contradictorios, que la formación de las Naciones encarnó en unidades separadas. Cada Nación europea es una micro-Europa cultural y un foco de irradiación de cultura universal. De ahí que todos los intentos de restaurar la unidad de la cultura europea hayan sido antiliberales y reaccionarios. La dramática confusión entre cultura y política ha sido el pecado capital de todos los nacionalismos. La falta de «universitas cultural europea» no es, sin embargo, un hecho lamentable para el mundo ni perjudicial para la unidad política europea. Al contrario. El pluralismo cultural intereuropeo favorece la libertad política colectiva y la comprensión de las culturas extra-europeas.

A la diversidad cultural de Europa no la unirá un elemento común de orden civilizador procedente del pasado. Sin un nuevo factor de unidad, las culturas nacionales seguirán impidiendo o retrasando la formación de una conciencia europea. La guerra de Iraq, como antes la de Kosovo, pusieron de manifiesto que la falta de esta conciencia unitaria constituye ya un escándalo cultural, capaz de movilizar a las masas. Esto significa que el exceso de directivas comunitarias sobre los aspectos organizativos de la Unión Europea no tiene efectos apreciables sobre los aspectos sentimentales y políticos. Sobran eurócratas y faltan hombres de Estado.

Dándole un sentido político, los constituyentes de la UE han tomado el lema de «unidad en la diversidad» de los análisis culturales de Europa. Pero Eliot nos previno en 1948, en emisiones radiadas al pueblo alemán, contra el peligro de confundir política y cultura. La primera debe acometer la organización material europea (mecánica decía Ortega) sobre un principio de unidad espiritual. La segunda, proporcionar ese principio orgánico. La cultura no se construye ni fabrica, como no se construye ni fabrica un árbol. Sólo podemos plantarlo, regarlo y esperar que crezca. Y el árbol de la unidad en la diversidad cultural sólo puede plantarlo y regarlo la unidad de soberanía supranacional.

Sin novedad en el País Vasco
Antonio Casado El Ideal Gallego 18 Septiembre 2003

Los representantes sindicales de la Policía Autónoma del País Vasco piden más seguridad en su trabajo. Lógico. Sobre todo después de su último encontronazo con los “activistas”, según la denominación utilizada por el Gobierno Ibarretxe tras la emboscada en la que el comando intentó asesinar a dos agentes de la Ertzaintza.

Para los agentes, cuya profesionalidad ha terminado desbordando en el tiempo las intenciones políticas de sus jefes, está claro que los tres etarras son terroristas. Pero el PNV no puede olvidar la común estirpe nacionalista de los ya crecidos “chicos de la gasolina” (Arzalluz dixit). El lenguaje proyecta pensamientos y casi nunca traiciona.

Por tanto, estos profesionales del orden público nada tienen que ver con ETA, a parte de situarse en frente para intentar desactivar a los pistoleros. Cosa que no puede decirse del nacionalismo que gobierna respecto al nacionalismo que mata, unidos por el sustantivo. Efectivamente, les une la independencia de Euskadi y les separa el quinto mandamiento. En mi opinión, es más fuerte lo que les une, la llamada “construcción nacional”, que lo que les separa (la ley de Dios y el Código Penal).

A lo mejor lo del otro día en Álava pudo haberse evitado si los etarras se hubieran leído con atención el último “Zutabe”, boletín interno de la banda terrorista. De haberlo hecho sabrían que sus jefes políticos han decidido concederle el beneficio de la duda al plan Ibarretxe porque, al fin y al cabo, está en la hoja de ruta hacia sus delirantes aspiraciones secesionistas. Delirantes, pero verosímiles. Y ello gracias a ETA, como también se dice en el mencionado boletín.

Nada nuevo. Cuando el nacionalismo que mata (ETA) está débil es el nacionalismo que gobierna (PNV) el que tira del carro. Y cuando es al revés, el otro marca el camino. Ahora que ETA y Batasuna están asfixiadas, los que van por las buenas les echan una mano. Lo que haga falta siempre que la hoja de ruta hacia el objetivo común no se detenga.

Dos formas de ejercer el nacionalismo vasco y espero que nadie insulte mi inteligencia apelando a la perversión de equiparar al PNV con ETA. Se equiparan ellos en su objetivo, aunque sean dispares en los medios, lo cual les hace también dispares ante el Código Penal. Absténgase, pues, Anasagasti de hacer teatro pidiendo que le pongan las esposas si el Gobierno cree que es lo mismo.
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