AGLI

Recortes de Prensa     Viernes 26 Septiembre  2003
EL PASO QUE EL PNV SIEMPRE EVITÓ
JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS. Director de ABC 26 Septiembre 2003

LA ESTELA DE ERMUA
EDURNE URIARTE ABC 26 Septiembre 2003

Treinta y cuatro razones contra el delirio
JOSÉ MARÍA CALLEJA La Voz 26 Septiembre 2003

EL SOBERANISMO INSENSATO
M. MARTÍN FERRAND ABC 26 Septiembre 2003

Seis años después del Espíritu de Ermua
Libertad Digital  26 Septiembre 2003

Más vale prevenir
Aleix Vidal-Quadras La Razón 26 Septiembre 2003

Javier Rojo ya no arrima su caldero
Fernando Juan Santos La Razón 26 Septiembre 2003

AL SEÑOR MARTÍN PALLÍN
Alfonso USSÍA ABC 26 Septiembre 2003

Las víctimas de ETA alzan su voz para rechazar la «ruptura» que propone Ibarretxe
MADRID. D. MARTÍNEZ ABC 26 Septiembre 2003

Alberdi critica al PSOE por sus últimos acercamientos a los nacionalistas
Redacción - Madrid.- La Razón 26 Septiembre 2003
 

EL PASO QUE EL PNV SIEMPRE EVITÓ
Por JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS. Director de ABC 26 Septiembre 2003

EL pasado mes de julio me permití opinar que Ibarretxe sometía a su partido, el PNV, a un grave riesgo con su empeño de sustituir el Estatuto de Autonomía de Guernica de 1979 por un fantasmal e inviable texto constitutivo de una comunidad libre asociada con España mediante la presentación en su momento de un texto articulado que ABC publicó en su integridad el pasado 23 de julio. Las razones que el lendakari viene aduciendo para seguir adelante en su iniciativa son jurídicamente menesterosas como sus propios asesores le han advertido en un informe que ABC publicó, también íntegro, el pasado día ocho de septiembre. En la fase previa de consultas, el presidente del Gobierno vasco se ha ido tropezando con reticencias, incluso de sus más próximos, y con negativas rotundas de sectores sociales y económicos definitivos, por su entidad, en el porvenir del País Vasco.

Ibarretxe, sin embargo, no ha atendido a razones y, aunque ha ralentizado notablemente el ritmo de puesta en marcha de su iniciativa, hoy reafirmará sus líneas maestras en el Parlamento Vasco que quiebran por el eje el Título Preliminar de la Constitución, rompen el pacto que la sustentó en 1978, deslegitiman el Estatuto en el que se ha fundamentado la construcción de la Comunidad Autónoma Vasca y que ha reportado al nacionalismo vasco una hegemonía de más de dos décadas. No cuenta Ibarretxe con mayoría en el Parlamento y tendrá que granjearse los votos de Batasuna, partido ilegalizado por su integración en la banda terrorista ETA, lo que implica la segregación del PNV de la interlocución democrática. El presidente del Gobierno vasco, además, traiciona a la sociedad vasca por partida doble: porque pretende abrir una especie de periodo constituyente sin mandato electoral para tal menester -en las elecciones de mayo de 2001 el plan secesionista no se planteó en el programa- y la traiciona también porque sabe que ahonda en una división ciudadana que se había suturado con el gran consenso que generó la autonomía de 1979. Por si fuera poco, Ibarretxe da la espalda a hitos históricos del acervo nacionalista: desdice la propia obra del PNV en los albores de la transición y de los Gobiernos de Garaikoetxea y de Ardanza que nunca llegaron a plantear la actual disyuntiva. Tampoco atiende el Ejecutivo vasco a la realidad económica y cultural de los vascos y desprecia las gravísimas consecuencias que su tozudez puede deparar en órdenes muy distintos, desde el internacional al interno, en los que el desgarro de ese planteamiento inviable aumentará el sufrimiento y la inestabilidad que ya padece el País Vasco y, por esa situación, el conjunto de España.

No es inútil subrayar, aunque resulte obvio, que Ibarretxe entrega a la banda terrorista ETA el protocolo de la legitimación a posteriori de sus casi mil crímenes porque la secesión que pretende es la formulación de la convergencia con sus fines, por más que se rechacen sus métodos, aunque los entienda en el escenario del «conflicto». Esta proximidad de intenciones últimas con ETA han llevado al Gobierno vasco y al PNV a una política de decisiones, encubiertas unas y ostensibles otras, de asistencia a los terroristas que le han reportado un aislamiento internacional inédito en la trayectoria del nacionalismo vasco, su exclusión de la Internacional otrora democristiana y ahora representativa del centrismo reformista y la nula audiencia que le dispensan otras instancias de la Unión Europea e, incluso, formaciones políticas de carácter nacionalista.

Ningún otro dirigente de los que el PNV ha tenido a lo largo de su historia había conducido al nacionalismo a la situación a la que ahora le aboca Ibarretxe. El propio Sabino Arana terminó sus días propugnando la «Liga de Vascos Españolistas» y cuando, después, surgieron discrepancias de concepto, las siglas del PNV retuvieron siempre un cierto patrimonio de pragmatismo, dejando que el programa de «máximos» (independentismo, estatalidad) se comportase como la coreografía de una política de tensar pero no romper, desplazando a otras formaciones ancilares las formulaciones más radicales. Ardanza, en su tiempo, rompió la coalición con Eusko Alkartasuna cuando el partido de Garaikoetxea propugnaba mociones independentistas en los municipios; Arzalluz -que en 1996 votó la investidura de Aznar y visitó la sede central de los populares- entonó el «mea culpa» en el ya célebre discurso del Teatro Arriaga de Bilbao en 1988, año en el que se construyó trabajosamente el Pacto de Ajuria Enea. Es cierto que en todo ese tiempo la banda terrorista perpetraba crímenes audaces y crueles, barbaries impensables. Ibarretxe, de un modo irracional y transido de un vértigo derivado de la inseguridad en el propio nacionalismo, ha decidido que a la declinante banda terrorista debía sucederle la extremosidad del nacionalismo. Con el abandono de la reformulación de unas tesis que hunden sus raíces en el etnicismo y el teocentrismo -al que Otegi acaba de añadir el indigenismo-, el lendakari muestra toda la debilidad del PNV en una encrucijada en la que su partido y su Gobierno debieron elegir la contemporaneidad de la democracia, la libertad, el progreso y un correcto entendimiento del apego telúrico en una sociedad con ansias de paz y estabilidad.

Ibarretxe, bien alejado de los más sólidos liderazgos del nacionalismo vasco, ignorante de las experiencias amargas de sus precedesores, atacado de un mesianismo incandescente y abducido por una misión salvífica en la que no distingue el mito de la realidad, se dispone a dar el paso en el vacío; ese paso último -y por lo tanto terminal- que jamás dio el PNV. No lo hizo Sabino Arana ni su hermano Luis; no lo hizo Aguirre; tampoco Ajuriaguerra. Que su plan independentista sea «del tripartito» -que ya lo veremos si lo es- como ha dicho Egibar en un postrero quiebro que distancia a la Ejecutiva nacionalista del error del lendakari, no releva al conjunto del nacionalismo de la grave responsabilidad que contrae. Una responsabilidad más respecto del País Vasco que del resto de España, porque, siendo el plan soberanista inviable en todos los órdenes, el Estado dispone de fortaleza, decisión y autoridad legal y democrática para evitarlo, pero ¿cuánto de maltrecha quedará con esta estéril polémica la sociedad vasca? ¿por qué añadir la exclusión que ese plan significa al sufrimiento histórico de los vascos en estos últimos cincuenta años? ¿por qué optar antes por las tesis de Otegi y de ETA que por las de cientos de miles de honrados ciudadanos vascos que concilian sus identidades con equilibrio y buen sentido?

El PNV se ha asemejado en toda su trayectoria a un aparente suicida: ingiriendo las dosis suficientes de barbitúricos a fin de alertar del despropósito para que otros eviten el óbito. Siempre ha recorrido con cálculo el borde del precipicio, pero nunca dio el paso que le arrojase al vacío. Ibarretxe transmite la inquietante sensación de no reparar en que el juego no va más, que la simulación no impresiona, que si ingiere la dosis letal que pretende nadie va salvarle como otras veces en el pasado cuando unos u otros rescataron a su partido. Algunas ambigüedades preelectorales, determinados apoyos ocasionales y tácticos, interesadas palmaditas en la espalda, el marasmo sucesorio en su partido, puede que le produzcan espejismos. Pero espejismos son y no otra cosa. Consulte a sus ancestros ideológicos y partidistas el lendakari, mire la historia de los vascos y encontrará en el pasado lecciones para el presente si no quiere que su futuro y el de su partido -y, especialmente, el de la sociedad vasca que es lo que importa- acabe en la frustración inabarcable de la soledad excéntrica e indigna.

LA ESTELA DE ERMUA
Por EDURNE URIARTE ABC 26 Septiembre 2003

ES una coincidencia significativa. Ayer comenzaba el juicio contra uno de los acusados del secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco, Ibon Muñoa, y hoy presenta el lendakari en el Parlamento su plan independentista. Y es que ese plan comenzó a forjarse entonces, en aquella movilización ciudadana que tanto asustó a los nacionalistas. Descubrieron que había un constitucionalismo social y político con ansias de decidir y gobernar y no pudieron resistir el camino de la radicalización y del acercamiento a Batasuna. Aquel crimen marcó el curso de la historia de estos últimos años. En muchos sentidos. La movilización ciudadana impulsó el fortalecimiento de las políticas antiterroristas del Estado y hoy los asesinos de Miguel Ángel Blanco y de otros tantos están en su mayoría en la cárcel o en el banquillo.

En estos años ganamos libertad. Y, sin embargo, el nacionalismo decidió profundizar su cara más conflictiva y rupturista, en la percepción de que su control social se resquebrajaba.

Parece una incongruencia, pero en la estrategia de los dirigentes nacionalistas no lo es. Mientras Muñoa se sienta en el banquillo y ETA está rodeada y acosada, Ibarretxe nos presenta su «solución para la convivencia». Como si no se hubiera enterado de los grandes avances logrados contra el terrorismo, o como si hubiera decidido caminar justo en el sentido contrario del progreso y de los espacios de libertad que surgieron del trauma colectivo de aquella terrible tragedia.

Treinta y cuatro razones contra el delirio
JOSÉ MARÍA CALLEJA La Voz 26 Septiembre 2003

DELIRANTE. Ibarretxe cuenta hoy al Parlamento de Vitoria su brillante idea para crispar el país, descoyuntar la convivencia y prescindir legalmente de la mitad de la población. Como lo hace con ese aire curil, de jefe de estudios voluntarioso de un internado de jesuitas, hay algunos que se creen que no es para tanto. Pero sí lo es. El principal problema de este sujeto lunático es que se cree que sus ensoñaciones son lo mejor para el país y constituyen un progreso para la humanidad. Por eso no las dialoga con nadie, ni con su propio partido, como se han encargado de recordarle incluso destacados dirigentes del partido guía. En el delirio de Ibarretxe no hay ni un minuto de diálogo, de diálogo entendido en el sentido etimológico y político, es decir, la plática entre dos o más personas que alternativamente manifiestan sus ideas o afectos. Aquí no hay plática, aquí no hay alternativa y, sobre todo, aquí no hay afectos. Solamente un regusto rancio, predemocrático y prepolítico.

Se quejan los socialistas vascos, con sobrada razón, de que la Comunidad Autónoma vasca (CAV) es la región de España en la que menos se habla de paro, de malos tratos a mujeres, de educación, de vivienda, de convivencia con los ciudadanos venidos de otros países, de empleo precario o de acoso laboral en el trabajo; sencillamente, el nacionalismo opaca los problemas realmente existentes, distorsiona la agenda, pone como urgentes asuntos que son irrelevantes pero que se perciben como esenciales por culpa de la obsesiva presión nacionalista. Presión nacionalista que se siembra en los centros de enseñanza, se difunde en los medios de comunicación y se amartilla en los discursos de los jefes de la tribu. (Todo ello, adobado por la producción estajanovista de terror).

Y es que este delirio de este lunático sería imposible de plantear en una región que no estuviera previamente macerada por la muerte y el miedo. Sólo en unas provincias paralizadas por el pánico, sólo entre personas clausuradas como ciudadanos por el terror, se puede proponer semejante disparate. Un desatino que establece que los jueces estén controlados por el PNV hasta el punto de que sus resoluciones no puedan ser revisadas en instancias judiciales de ámbito estatal o europeo, que pretende otorgar la nacionalidad vasca a los ciudadanos que viven en Hispanoamérica, mientras niega su condición de vascos a quienes han tenido que abandonar su tierra en contra de su voluntad para instalarse en otras partes de España, que trata de imponer de hecho la independencia, aunque semejante disparate no esté en el imaginario ni siquiera de todos los nacionalistas; y así hasta la extenuación.

Quizá hay que preguntarse por qué en la CAV no se habla de corrupción, cuando establecer las relaciones entre los empresarios que ayudan económicamente al PNV y los que son luego privilegiados por los ayuntamientos controlados por este partido, es casi tan sencillo como consultar la guía telefónica. No se entiende muy bien que en todas partes haya corrupción: tranquila, sin alharacas, bien repartida, como en Cataluña; o estridente, como en Marbella, y aquí parezca que la gente orina Chanel 5 y se ducha con agua bendita. El nacionalismo es, ante todo, un régimen, un inmenso pesebre, un gigantesco negocio, y ese estado de cosas es el que viene a alicatar hasta el techo el delirio de éste lunático que hoy se verbalizara en Vitoria.

Los socialistas vascos han presentado «34 razones que hacen inaceptable políticamente, y negativo económicamente el plan Ibarretxe». No esta nada mal enfocado el asunto. Sostienen los socialistas vascos que el deliro de Ibarretxe es la mayor embestida contra el Estatuto -que ha permitido, por otra parte, los mayores niveles de bienestar económico y autogobierno político jamás alcanzados por los vascos-, que se trata de un plan etnicista y antidemocrático, que deteriora las instituciones democráticas, que devalúa el alcance del autogobierno, deslegitima el marco político, desacredita el sistema, no es un plan para la convivencia, divide, disgrega, no respeta la pluralidad, quiere suprimirla, no busca el diálogo, no une ni suma: resta y divide. Así hasta veintinueve enjundiosos folios.

Conviene leer con detalle las 34 razones para mantener la dignidad y frenar al delirio nacionalista porque representan el argumentario mejor enhebrado por los constitucionalistas contra este plan para partir la CAV en dos. Un plan que sólo se puede plantear en un país atenazado por la muerte y el miedo, macerado por treinta años de crímenes sin el suficiente castigo, un país con la autoestima democrática decaída por la pervivencia de un régimen en el que se excluye a los que no son nacionalistas, aunque se apelliden Pagazaurtundua.

EL SOBERANISMO INSENSATO
Por M. MARTÍN FERRAND ABC 26 Septiembre 2003

HOY puede ser un mal día para todos los españoles y, muy especialmente, para una mayoría de los vascos a los que no se les ha evaporado el sentido común. Para hoy está previsto, y anunciado con trompetas y tambores, que el lendakari Juan José Ibarretxe presente, aunque sólo sea en sus líneas maestras, su proyecto de reforma del Estatuto de Guernica, el sostén de su «plan» para convertir el País Vasco, en traición a la Historia, en una Comunidad Libre Asociada al Estado español: un despropósito constitucional, una insensatez política, una desmesura procedimental y, sobre todo, algo que no cuenta con el respaldo social suficiente. No olvidemos, al margen de más enjundiosos reparos, que el Estatuto fue refrendado por el noventa por ciento de los votos emitidos y que, en una democracia, por separatista que fuese, sólo se cuentan los votos que entran en la urna.

Si el momento, tanto político como económico, fuese de mayor sosiego y estabilidad, lo del «plan» podría resultar estimulante; pero no están los tiempos para muchas bro-mas y menos aún, latente la violencia asesina en el territorio, para que el lendakari «de todos los vascos» usurpe una iniciativa que, de ser procedente, le correspondería a la dirección del PNV y, de ningún modo, al jefe del Ejecutivo. El Estatuto de Guernica que ahora se cuestiona es víctima de su propia eficacia. Lo ha sido tanto en sus resultados que ya puede decirse, salvo que trabajemos con decimales, que ha posibilitado la transferencia de todas las competencias transferibles a un territorio autonómico. Ahí está la génesis del problema, en que la Constitución no fija límites con la suficiente precisión y, sobre todo, ¿qué puede hacer un partido nacionalista que, agotado el proceso transferencial, no tiene mejores argumentos para seguir clamando contra el «centralismo opresor»?

Desde las últimas elecciones autonómicas vascas las relaciones entre Madrid y Vitoria no es que se hayan deteriorado. Se ha levantado entre los dos Gobiernos un muro de silencios y desencuentros. El soberanismo vasco no cabe en Europa, menos en España y muchísimo menos aún en el propio y atribulado País Vasco, en donde la renta decae al ritmo que crecen los enfrentamientos. Dos pueden pegarse entre sí aunque uno de ellos no quiera pero la pelea está garantizada si se cierran los caminos del dialogo y no se atienden las razones del contrario. Tampoco se trata de elaborar una lista de agravios padecidos por cada una de las partes porque no estamos hablando de dos ramas de un mismo tronco, sino de las hojas de una misma rama. Habrá que hacer un doble ejercicio de humildad para no dejar que se malogre la vigente y única oportunidad presente para conseguir que España, lejos de cualquier forma de demencia, continúe haciendo sus deberes europeos para colocarse en el muy selectivo pelotón de cabeza a la UE.

Seis años después del Espíritu de Ermua
Familiares y compañeros del concejal del PP en Ermua Miguel Ángel Blanco, asesinado por ETA en 1997, destacaron la vigencia, seis años después, del llamado "espíritu de Ermua", gracias al apoyo y la solidaridad con las víctimas del terrorismo. El nacionalismo selló entonces su alianza con ETA en el Pacto de Estella como respuesta a la apabullante unidad de los constitucionales. En estos seis años han cambiado muchas cosas.
Libertad Digital  26 Septiembre 2003

Hace seis años, tras 48 horas de extorsión a toda España, ETA asesinó a un concejal del PP en Ermua, Miguel Ángel Blanco. Desde que se tuvo noticia del secuestro, la reacción ciudadana fue contundente. La amarga cuenta atrás dispuesta por el terrorismo acabó en todas las calles y plazas de España con las manifestaciones más multitudinarias que se recuerdan, mezcla de tristeza, rabia y, sobre todo, repulsa a todo lo que significara ceder al terror.

La sobrecogedora y espontánea unidad asustó al PNV, a los terroristas y a todo el mundo nacionalista. Su reacción fue cerrar filas en torno a Estella, un pacto que cobijaba a ETA y planteaba el diálogo sin retirar las pistolas de encima de la mesa. El llamado espíritu de Ermua amenazaba con echar abajo los planes que por entonces construía Ibarretxe y que ahora tienen fecha de presentación, articulado y hasta socios. Desde el año de la muerte de Miguel Ángel Blanco, ETA ha asesinado a 63 personas. Salvo en el año 1999 en el que la banda aprovechó una trampa para rearmarse y tender sus lazos, en el resto hubo muertos: 13 en 1997, 4 en 1998, 22 en 2000, 16 en 2001, 5 en 2002, y 3 en este año 2003.

Pero también se ha golpeado policial y judicialmente la estructura etarra, desde los pistoleros hasta sus empresas y representantes políticos. Desde entonces, siguiendo las estadísticas del Ministerio del Interior hasta el balance del años 2002, las Fuerzas de Seguridad del Estado han detenido a 507 personas relacionadas con ETA. Además, se han desarticulado 51 grupos operativos de ETA, muchos de ellos, sin antecedentes policiales. Las cifras se quedan cortas ya que las memorias no recogen la intensa actividad antiterrorista de este año o las detenciones practicadas por la Ertzaintza.

Batasuna, algo así como el NIF de ETA, es ya un partido ilegal tras una Ley de Partidos avalada en España por los tribunales Supremo y Constitucional e inscrito en las listas de bandas terroristas de la Unión Europea y del Departamento de Estado de EEUU. Sus cuentas y sedes están bloqueadas y algunos de sus veteranos representantes, como Xabier Alegría, han decidido tirar de la manta ante un juez y poner en la cúpula de ETA a sus compañeros, desde Joseba Permach y Jon Salaberria hasta el propio Arnaldo Otegi. No faltan otros nombres, hasta entonces ligados a lo que se conocía como "entorno". Olarra, Díez Usabiaga y Altuna, subdirector del diario GARA, también han sido acusados de pertenecer a la estructura de ETA por el veterano Alegría y a preguntas de un fiscal. Las tapaderas del terrorismo y su alimentación financiera también han sido abiertas, en la mayoría de las ocasiones, desde el despacho del juez Baltasar Garzón contribuyendo a sacar a ETA de debajo de los muchos paraguas que la cobijaban.

La "kale borroka" ha pasado a llamarse –aunque algunos se resisten– "terrorismo callejero" que se paga con la cárcel y con el dinero suficiente para cubrir los destrozos. Antes se consideraba "terrorismo de baja intensidad". Ahora, se consiguen entregas temporales desde Francia para que tenga su castigo penal allí donde se ha perpetrado. Es el caso de Ander Gueresta Azurmendi. Pero también Canadá ha aprobado por los mismos motivos la extradición de Eduardo Plagaro y Gorka Perea. Apoyar a ETA quemando cajeros tampoco tiene fronteras judiciales.

Sin embargo, siguen quedando lagunas. Entre otras, conseguir que se respete la Ley en el Parlamento Vasco y que el grupo parlamentario de ETA deje de existir y no siga cobrando del dinero público. Falta también que ese dinero no vaya a parar a las familias de presos etarras cuando se les niega sistematicamente a las víctimas y a las familias de los asesinados. Tambien queda esperar que el espíritu de Ermua –y el Pacto Antiterrorista–se convierta en una alternativa al nacionalismo que tantas veces ha estado a punto de desbancarlo en un proceso electoral. El PSOE, en esto último, sigue teniendo la palabra. Desde el asesinato de Miguel Ángel Blanco, la acción civil contra el nacionalismo totalitario ha cobrado gran importancia. El Plan Ibarretxe ya ha sido contestado por todos estos foros, desde Basta Ya hasta la AVT o el Foro de Ermua.

Sostener el espíritu de Ermua
En declaraciones a los periodistas al término de la primera sesión del juicio al ex edil de HB en Eibar (Guipúzcoa) Ibon Muñoa, acusado de cooperar en el secuestro de Blanco, la hermana de éste, María del Mar, dijo que el "espíritu de Ermua" continúa vivo porque "las movilizaciones de la sociedad siguen bien, la gente se mueve, sigue manifestándose y sigue diciendo no a ETA". También el presidente del PP en el País Vasco, Carlos Iturgaiz, señaló que "seis años después, lo que trajo el espíritu de Ermua es una concienciación a favor de las víctimas del terrorismo, y eso no va a desaparecer jamás".

La hermana de Miguel Ángel concluyó así su intervención: "Se hace muy duro ver la cara de este criminal y recordar aquellos días, pero por otro lado tenemos la satisfacción de que el Estado de Derecho funciona y que estos criminales de ETA están donde todos los españoles queremos que estén: esposados, delante de un juez y pagando sus crímenes".

Más vale prevenir
Aleix Vidal-Quadras La Razón 26 Septiembre 2003

El interesante debate celebrado hace tres días en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York ha puesto de relieve de manera muy cruda el choque entre dos visiones globales en relación a la paz y a la seguridad planetarias. Suena muy bien, tal como proclaman el presidente de la República francesa y el secretario general de la ONU, la condena a la llamada «guerra preventiva» y la apelación al artículo 51 de la Carta, recomendando el multilateralismo y el respeto estricto a la legalidad internacional. Pero lo que olvidan estos campeones del derecho cuando se oponen al uso de la fuerza unilateral para atajar posibles amenazas es que la naturaleza de las mismas ha cambiado drásticamente en comparación con las existentes hace medio siglo. Reglas concebidas para arbitrar los conflictos entre Estados, con ejércitos regulares, autoridades identificables y fronteras bien definidas, resultan ineficaces frente a fenómenos como Al Qaeda. Si el enemigo de la libertad y de la democracia ya no es un poder perfectamente localizado, con bandera, capital y liderazgo dotado de rostro, nombre y apellidos, al que se puede llamar por teléfono, convocar a cumbres televisadas y con el que se puede razonar mediante una lógica compartida, sino que se oculta en cuevas, carece de domicilio fijo, cambia de cara a cada instante, no existen canales de comunicación fiables, no reconoce ninguna de las convenciones propias de la civilización, provoca masacres indiscriminadas de forma traicionera e imprevisible y actúa según esquemas mentales ajenos a cualquier valor ilustrado o a cualquier consideración racional, los intentos de enfrentarse a semejante monstruo con métodos propios de un contexto completamente distinto aparecen como muestras preocupantes de escapismo, de voluntarismo ciego o de pura y simple estupidez.

Es posible que Aznar sea menos simpático que Chirac y que Bush sea más tosco que Kofi Annan, pero los dos demuestran un grado de lucidez considerablemente mayor que sus escrupulosos oponentes. Ciertas admoniciones moralizadoras escuchadas el martes pasado en el salón de plenos de la sede de Naciones Unidas recuerdan las hipócritas homilías de los dirigentes nacionalistas vascos que mientras predican el diálogo y condenan compungidamente el terrorismo se empeñan en seguir financiando al brazo institucional de ETA y se resisten cual gato panza arriba a toda medida legal y penal destinada a combatir contra la banda. El discurso de que la ONU es la única fuente de legitimidad resulta inane si en paralelo se constata a través de la experiencia diaria que su capacidad de vigilar y de neutralizar a las nuevas modalidades de terrorismo globalizado es prácticamente nula. Y como Bin Laden no va a esperar sentado la reforma de Naciones Unidas que permita derrotarle con la ley en la mano, mientras tanto, como reza el viejo refrán, más vale prevenir.

Javier Rojo ya no arrima su caldero
Fernando Juan Santos La Razón 26 Septiembre 2003

En el programa de Canal Nou «Panorama de Actualitat», que presenta y dirige Julián Lago, columnista de La Razón, escuché a Javier Rojo una de las explicaciones más convincentes que he oído a un político sobre la necesaria e imprescindible colaboración entre socialistas y populares en el País Vasco. Aquella noche, Rojo para explicar la bonanza de ese entendimiento, recurrió a un cuento. Le dijo a Lago que se lo había contado una viejecita en una Casa del Pueblo durante una charla, en la que exponía a los socialistas del lugar la necesidad del pacto con los populares frente a los nacionalistas. La señora, con el sentido común del pueblo llano, que tan frecuentemente olvidan nuestros procers políticos, le dijo que en su pueblo, cuando se quema una casa, todos acuden a apagar el fuego y nadie rechaza el caldero del vecino. Se olvidan ante las llamas las cotidianas disputas por agrias que sean. Aquella sabia vieja le manifestaba a Rojo que entendía bien que lo importante era apagar el fuego secesionista vasco y que ella, pese a sus resquemores hacia la derecha, veía que era necesario que junto a los calderos socialistas estuvieran los calderos del PP. Por aquellos días el señor Rojo andaba de la mano con Redondo Terreros y con Rosa Díez, enfrentándose a las tesis de Ramón Jauregui, de Elorza y de Pachi López, que eran proclives a romper el pacto con el PP y a tender la mano al PNV.

En el momento en que Rodríguez Zapatero, mostrando una vez más su falta de personalidad política propia y siguiendo los consejos de Felipe González y los intereses de un grupo mediático, defenestró a Redondo Terreros y avaló las tesis de Pachi López, Rojo temió que le segaran la hierba y le movieran la silla; se olvidó del cuento del caldero y de todo lo que había dicho hasta entonces; traicionó a Redondo Terreros, se erigió en paci icador de las familias socialistas vascas y, sin pudor alguno, se sentó a la derecha de Pachi López.

El alavés hace algunos meses que ya se hacía el remolón en la cadena que en su día formaron socialistas y populares para apagar el fuego secesionista. Al votar con el PNV para copar las presidencias de las comisiones en las Juntas Generales de Álava y dejar fuera de ellas al PP, ha retirado definitivamente su caldero.

Los socialistas nos tienen acostumbrados a que, cuando hay próximas unas elecciones, los pactos no les sirven y tienen una tendencia natural a desmarcarse de ellos o a romperlos. Parece no importarles que la casa se pueda quemar. Al pueblo llano, si le importa. ¿Y éste, cuando vota, tiene en cuenta quien arrima el caldero y quien no!

AL SEÑOR MARTÍN PALLÍN
Por Alfonso USSÍA ABC 26 Septiembre 2003

MUY respetuosamente respondo al señor Martín Pallín de la asociación «Jueces para la Democracia». En su carta de réplica a mi artículo «La Cuchipanda» se manifiesta un buen estilo y una notable educación. Intentaré corresponderle con la misma cortesía. Me abruma con acusaciones de groserías e imputaciones calumniosas, pero sobrevuela el fondo de mi comentario, que no era otro que la invasión que ha protagonizado un colectivo de jueces en el ámbito de la política, con una carta coactiva y una exigencia de ruptura del Pacto de Estado de la Justicia.

No puedo aceptar que el calificativo de «espeluznante» aplicado a la gestión de doña Margarita Robles en su etapa de secretaria de Estado de Interior sea calumnioso. Es una suavidad definitoria, casi una caricia endulzada por el paso del tiempo. El señor Martín Pallín me ha obligado a leer mi artículo y las imputaciones calumniosas no aparecen por ninguna parte. En su escrito, el señor Martín Pallín no hace referencia al motivo de mis comentarios.

Que «Jueces para la Democracia» se ha opuesto siempre a la Ley de Partidos. Que «JpD» se ha opuesto por sistema a la reforma del Código Penal, al endurecimiento de las penas por terrorismo y al cumplimiento íntegro de las condenas. Que «JpD» se ha opuesto a la existencia del Juzgado de Vigilancia Penitenciaria en la Audiencia Nacional. Que «JpD» defendió expresamente a la juez Ruth Alonso, especializada en excarcelar terroristas a la primera oportunidad que disponga, y cuyas últimas actuaciones escandalizaron e hirieron a una buena parte de la ciudadanía, sin importar tendencias o ideologías. Que «JpD» se reunió con urgencia para redactar un alegato a favor del juez Zorrilla, el mismo que preside el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco, y autorizó, en unión de dos colegas, la celebración de una manifestación batasuna en la que se quemaron banderas de España y se sucedieron gritos de apoyo al terrorismo de la ETA. Nada de todo lo anteriormente expuesto le anima al señor Martín Pallín a recordar en su extensa carta de réplica.

Se siente ofendido -y lo entiendo perfectamente- por una mención a su persona. No ha sido mi intención la recogida por el señor Martín Pallín. Acusar a un juez de prevaricación es un acto de extrema gravedad. Pero los jueces son libres de interpretar los artículos del Código Penal y, en una ocasión al menos, el señor Martín Pallín interpretó de forma más que amable el artículo 573 que considera el delito de exaltación del terrorismo.

Me invita el señor Martín Pallín a visitar las hemerotecas para encontrar las condenas que «JpD» hizo públicas contra el Gobierno del PSOE denunciando la trama de los GAL, es decir, del terrorismo de Estado. Visitar las hemerotecas es un tostón, y yo ruego al señor Martín Pallín que me evite el esfuerzo y tenga la amabilidad de orientarme y hacerme llegar los datos en cuestión. Una repulsa de los GAL por parte de «JpD» que haya sido publicada en cualquier medio de comunicación. Con el documento a la vista, con mucho gusto rectificaré.

Por último, reconozco un patinazo extremecedor. Atribuir al juez Zorrilla su pertenencia a «JpD». El señor Martín Pallín gasta más de la mitad de su extenso escrito afeándome el error. Asumo la equivocación de haber incluido al juez Zorrilla en la ilustre nómina de «Jueces para la Democracia», y les presento mis excusas por tan desagradable precipitación no contrastada. Es más, les doy mi cordial enhorabuena por no contar entre los suyos con tan desdichado juez. Y respecto a la herida que he podido producir en la sensibilidad de los lectores de ABC al calificar a la Justicia de «puta», ruego al señor Martín Pallín que respete mi libertad para excusarme. No lo voy a hacer, porque sigo pensando que las Justicia sería como una putilla si «JpD» tuviera mayoría en la carrera judicial. Muy atentamente.

Las víctimas de ETA alzan su voz para rechazar la «ruptura» que propone Ibarretxe
MADRID. D. MARTÍNEZ ABC 26 Septiembre 2003

Piden al PNV que abandone «cualquier iniciativa que suponga compartir, respaldar o apoyar los fines de quienes practican» el terror mientras no desaparezca

Todas las asociaciones de víctimas de ETA unieron ayer sus voces para rechazar «cualquier intento de ruptura de nuestro ordenamiento jurídico», así como las «iniciativas que no antepongan la lucha contra el terrorismo en todas sus fórmulas legales como prioridad de cualquier acción de gobierno». Los afectados por la barbarie etarra hicieron este pronunciamiento un día antes de la presentación del plan independentista del lendakari, Juan José Ibarretxe, ante el Parlamento vasco. Y, también, las víctimas se dirigieron «particularmente a la totalidad de la jerarquía de la Iglesia Católica en el País Vasco» para exigirle «un compromiso público e inequívoco» con ellas. Tampoco se olvidaron de los partidos políticos: «rechazamos la utilización partidaria de nuestro dolor».

Convocados por la Fundación Víctimas del Terrorismo, once asociaciones de afectados por las salvajes acciones de ETA se reunieron ayer en Madrid para analizar sus necesidades y exponer sus reivindicaciones. Todas ellas quedaron recogidas en un comunicado que, leído por Ana María Vidal-Abarca, vicepresidenta de la FVT, cuenta con el apoyo de ocho plataformas ciudadanas.

Los firmantes del escrito declaran, en primer lugar, su defensa del Estado de Derecho en un doble sentido: como «único» marco posible de ordenación de la vida en sociedad y como «único» instrumento legítimo de lucha contra el terrorismo. Por ello, expresan su respaldo a las actuaciones que, dentro de la legalidad vigente, se han tomado y se puedan tomar para acabar con ETA.

Tras exponer estos principios, las doce asociaciones de víctimas dan la espalda al plan soberanista de Juan José Ibarretxe. Aunque no citan en ningún momento con nombre y apellidos el proyecto del lendakari, el texto expresa el «rechazo» de los afectados a «cualquier intento de ruptura de nuestro ordenamiento jurídico», al tiempo que destaca su respeto a «cualquier iniciativa legal o política siempre y cuando se enmarque en los amplios límites que otorga la Constitución». «Las víctimas del terrorismo -puntualizan- nunca apoyaremos aquellas iniciativas que no antepongan la lucha contra el terrorismo en todas sus fórmulas como prioridad básica de cualquier acción de gobierno».

Exigencias a los partidos
Además de manifestar su rechazo al proyecto de Ibarretxe, los azotados por ETA exponen sus reclamaciones a los partidos políticos. Les piden que «mantengan y expresen públicamente su compromiso irrenunciable y su solidaridad activa con la defensa de los valores e intereses que representan las víctimas del terrorismo, sin servirse partidariamente de las mismas». Y, entre las formaciones políticas, el documento censura en especial la actitud del PNV, aunque no lo cita, al exigir que se «abandone cualquier iniciativa que suponga compartir, respaldar o apoyar los fines de quienes practican la violencia mientras no desaparezca de manera definitiva el terrorismo».

Otro objetivo del comunicado es «particularmente la totalidad de la jerarquía de la Iglesia Católica en el País Vasco y sus sacerdotes». De ellos, las víctimas de ETA «esperan» «un compromiso público e inequívoco acorde con la doctrina que representan y, en especial, que se eviten pronunciamientos que ignoran a estas víctimas y que generan confusión a la hora de identificar a quienes se sirven de la violencia para imponer sus ideas y objetivos».

También solicitan al Gobierno y al Ejecutivo vasco que impulsen con celeridad la puesta en práctica de las medidas que a favor de las víctimas han sido aprobadas por el Congreso de los Diputados y por el Parlamento de Vitoria. Asimismo, instan a los gobiernos de las Comunidades y de las administraciones locales a que se impliquen y colaboren en las iniciativas a favor de las víctimas y a que se «desmarquen de aquellas otras que sirvan para desacreditar su memoria o para exaltar a quienes establecen inaceptables equidistancias entre las víctimas y sus verdugos». Por último, agradecen a la Unión Europea la creación de una partida de ayuda en su presupuesto de 2004 y a Naciones Unidas por darles «voz oficialmente».

Una sola voz
Además de la Fundación de Víctimas del Terrorismo -su vicepresidenta, Ana Vidal-Abarca, desvinculó la presentación de este documento con la exposición que hará hoy el lendakari de su plan- el texto está firmado por las fundaciones Miguel Ángel Blanco, Alberto Jiménez Becerril, Tomás Caballero, Fernando Buesa, Gregorio Ordóñez, Manuel Broseta, Mayte Torrano y por las asociaciones de Víctimas del Terrorismo, Andaluza de Víctimas del Terrorismo y Jienenses de Víctimas del Terrorismo Verde Esperanza y por el Colectivo de Víctimas del Terrorismo en el País Vasco (Covite). Al comunicado se adhieren la Fundación para la Libertad, la Asociación por la Tolerancia de Cataluña, Asociación Universitaria Manos Blancas, Iniciativa Ciudadana Basta Ya, Foro de Ermua, Fundación Papeles de Ermua, Convivencia Cívica Catalana e Iniciativa ciudadana Libertad Ya.

Alberdi critica al PSOE por sus últimos acercamientos a los nacionalistas
La diputada dice que «Caldera y Blanco son jóvenes pero viejos en las formas»
La diputada socialista Cristina Alberdi, consideró ayer, durante una entrevista concedida a Telemadrid «un servicio al partido» el que muestre su desacuerdo con las últimas pautas de actuación que su formación está tomando recientemente. Los últimos acercamientos a las tesis nacionalistas en el País Vasco, además de las teorías «conspirativas» de su formación en el escándalo de Madrid siguen en el disparadero de la expedientada socialista.
Redacción - Madrid.- La Razón 26 Septiembre 2003

Alberdi también advirtió a su partido del apoyo indirecto que, a su juicio, está dando al nacionalismo, al «plantear una apertura del modelo de Estado, cuando los dirigentes de Euskadi estaban a vueltas con la modificación de la Constitución y la Independencia, al tiempo que Maragall hablaba de la Corona de Aragón». «Yo vi que estábamos dando alas al nacionalismo y que incluso se estaba cediendo un globo de aire al planteamiento de Ibarreche», dijo. No obstante, indicó que la reunión de dirigentes autonómicos socialistas en Santillana del Mar ayudó a consensuar un mismo modelo dentro del partido. «Hasta Santillana, Zapatero no era capaz de poner orden y dábamos una sensación de dispersión tremenda. Y esa era la acusación del PP, una acusación que era cierta porque Zapatero no infundía al partido una línea única y eso era muy perjudicial».

Cristina Alberdi calificó también como «un despropósito» la gestión de la crisis institucional de la Asamblea de Madrid por parte de la dirección del PSOE y aseguró que con sus críticas a estos planteamientos considera estar haciendo «un servicio» a su partido. Alberdi señaló que los dirigentes socialistas «han hecho algo muy gordo, como acusar a un partido (el PP) de una trama similar a la del 23-F, de un delito de cohecho, de comprar diputados y de presentar querellas» aunque, no obstante, mostró su satisfacción por que ya «se hayan rebajado esos planteamientos». La diputada aseguró haber escuchado a muchos de sus compañeros que «no están de acuerdo con el expediente» que le abrió la dirección socialista a raíz de sus críticas, y añadió que otros militantes del PSOE, «estando de acuerdo, pensaban que no era el momento de decirlo fuera, porque podía perjudicar al partido».
A juicio de Alberdi, «estos jóvenes que dirigen el partido, no Zapatero que está en sus funciones de la Secretaría General, sino el grupo de Caldera y Pepe Blanco, son jóvenes pero viejos de formas, porque son muy intolerantes y muy intransigentes». Desde su punto de vista, Blanco está «muy, muy cuestionado dentro del partido porque está llevando la Secretaría de Organización con un autoritarismo fuera de lugar».

La oferta de Blanco
La diputada indicó que Blanco le propuso dejar el escaño a cambio de no sufrir la apertura del expediente, algo que, según dijo, «no podía aceptar» porque «abrir un expediente por emitir opiniones es volver al delito de opinión del franquismo, y eso no se puede tolerar». Tras reconocer haber sido presidenta de la FSM con los votos de los «balbases», la diputada socialista aseguró que existe en el PSOE una toma de posiciones del sector guerrista que supone «un avance orgánico». «Primero hay que ganar dentro y luego fuera. Y dentro, en un nivel orgánico, están avanzando los guerristas de forma extraordinaria, porque están muy organizados y son muy trabajadores. Los renovadores son la desbandada».

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