AGLI

Recortes de Prensa     Sábado 27 Septiembre  2003
BAJO EL ARBITRIO DE ETA
Editorial ABC 27 Septiembre 2003

El doble estado de Ibarreche
Editorial La Razón 27 Septiembre 2003

Ibarretxe presenta la Constitución vasca
Carlos María de Urquijo Libertad Digital  27 Septiembre 2003

OBSESIONES SABINIANAS
FRANCISCO JOSÉ LLERA RAMO ABC 27 Septiembre 2003

De Constitución, nada
Germán Yanke Libertad Digital  27 Septiembre 2003

El Plan Ibarretxe
Editorial Heraldo de Aragón 27 Septiembre 2003

Un plan abocado al conflicto
Opinión EL PAÍS  27 Septiembre 2003

EL ESPÍRITU TRAICIONADO DE ERMUA
Ignacio SÁNCHEZ CÁMARA ABC 27 Septiembre 2003

GRAN FARSA EN VITORIA
CARLOS MARTÍNEZ GORRIARÁN ABC 27 Septiembre 2003
 

«¿Hemos ganao, la hostia!»
Iñaki Ezkerra La Razón 27 Septiembre 2003

Paz por territorios
Miguel Ángel Rodríguez La Razón 27 Septiembre 2003

Manifiestamente empeorable
Lorenzo Contreras La Razón 27 Septiembre 2003

Reafirmación soberanista
Editorial El Correo 27 Septiembre 2003

PLAN PARA LA DECADENCIA
EDURNE URIARTE ABC 27 Septiembre 2003

¡IBARRETXE AURRERA!
MIKEL BUESA  ABC 27 Septiembre 2003

La dictadura del PNV
Editorial El Ideal Gallego 27 Septiembre 2003

Otro año de balde
SANTIAGO GONZÁLEZ/ El Correo 27 Septiembre 2003

Los spainators
David Gistau La Razón 27 Septiembre 2003

Matar marcianitos españoles
Julián Lago La Razón 27 Septiembre 2003

Reflexionar
Cartas al Director EL Correo  27 Septiembre 2003

Mayor Oreja acusa a Ibarretxe de traicionar a España y usar a ETA para imponer su plan
Libertad Digital  27 Septiembre 2003

Jueces, partidos y colectivos ven el desafío «ilegal» y «aberrante»
Redacción - Madrid.- La Razón 27 Septiembre 2003

Basta Ya! rechaza el proyecto porque es un «chantaje» a los vascos atemorizados
J. J. S. ABC 27 Septiembre 2003

El Gobierno no negociará e impedirá en el TC que la propuesta tenga efecto jurídico
C. M. - Madrid.- La Razón 27 Septiembre 2003
 

BAJO EL ARBITRIO DE ETA
Editorial ABC 27 Septiembre 2003

JUAN José Ibarretxe escenificó ayer en el Parlamento vasco la extremada fragilidad de su plan independentista. Se abstuvo de presentar un texto articulado como anunció en su momento -y que ABC desveló en su integridad el pasado día 23 de julio- y dejó asomar algunos aspectos -poder jurisdiccional propio, Seguridad Social autónoma, reserva de competencias en las relaciones exteriores- que no ofrecen dudas sobre la inconstitucionalidad de la pretendida Comunidad Libre Asociada de Euskadi que el presidente del Gobierno vasco pretende constituir.

La aprobación del proyecto definitivo la remite Ibarretxe al mes de octubre, y plantea un calendario posterior absolutamente abierto, que culminaría con un referéndum en la «primavera de 2005», en la que, por cierto, acaba la legislatura actual. Naturalmente, no aclaró si la consulta se produciría antes o después de las elecciones autonómicas; tampoco el procedimiento de tramitación -en modo alguno puede encauzarse como una reforma del Estatuto-, menos aún qué haría si las Cortes no accedieran, como no lo harán, a tramitar su propuesta, ni, en fin, con qué apoyos cuenta para apadrinar el vuelco del estatuto político del País Vasco.

LAS posibilidades del plan secesionista de Ibarretxe son, desde el punto de vista jurídico-constitucional y político, nulas. No así desde el punto de vista social. Cuando Ibarretxe asegura que la consulta popular deberá producirse en «una situación de ausencia de violencia» viene a transmitir un mensaje claro a los vascos: el plan tendría la virtualidad de paralizar las acciones terroristas de ETA. Ibarretxe trata así de imponer un proyecto estrictamente independentista en el convencimiento de que la «ausencia de violencia» que conllevaría haga desistir la enorme resistencia que la propia sociedad vasca ofrece a su plan. Es posible que Ibarretxe acierte y que la mayoría de los vascos puedan estar dispuestos a desistir con tal de que la banda criminal desaparezca. Pero esta estratagema entrega a los terroristas el arbitraje de la situación vasca en los próximos dos años porque de ellos dependerá que Ibarretxe goce de la única baza con alguna consistencia ante la conciencia de la sociedad vasca. Lo que acredita que el plan del lendakari entrega su suerte, la de su partido y la del País Vasco en su conjunto a la voluntad de ETA. La comprensión del representante de la organización criminal en el Parlamento vasco -Batasuna ha sido declarada como parte de ETA- hacia el plan Ibarretxe y su reclamación de un nuevo pacto de Estella-Lizarra, abre el portón a un proceso negociador con la banda de similares características a las que acompañaron el acuerdo de PNV, EA, IU, sindicatos nacionalistas, Batasuna y ETA en 1997, cuando el nacionalismo perdió definitivamente el rumbo democrático tras una reacción ciudadana -el espíritu de Ermua- que marcó un hito histórico cuyas consecuencias aún estamos viviendo.

EL plan Ibarretxe se reduce, en consecuencia, a un partida de póquer entre el PNV y ETA que tratarán de alcanzar un acuerdo que garantice los intereses de ambas partes -la hegemonía en la sociedad vasca- y que, de lograrse, conduciría a un enfrentamiento más radical con el Estado. La ausencia de legitimidad democrática del propósito del lendakari y del PNV es tan obscena y manifiesta que, lejos de invitar a cualquier irritación, debe hacerlo a la confianza en el Estado de Derecho y en la sociedad vasca y española en su conjunto. Como el Gobierno ha anunciado, se utilizarán los recursos judiciales que correspondan y se opondrá a ese propósito la voluntad de convivencia general que pasa por la derrota policial de la banda terrorista, sin posibilidad alguna de transaccionar con sus dirigentes otra cosa que no sea la entrega de las armas, la aplicación de la ley y la reparación de las víctimas. En esa reacción serena y en su propia indignidad moral se condensa el fracaso de Ibarretxe que, sobre su ya sabido mesianismo, ha añadido una perversión ética en función de la cual, el acuerdo amigable con los terroristas se convierte en la única de sus escapatorias posibles. Al PNV, implicado en esta responsabilidad, no le temblará el pulso si el castillo de naipes erigido por Ibarretxe se viene abajo como ya amenaza hacerlo. Pero el nacionalismo ha dado pasos de connivencia con la banda terrorista ETA de tal envergadura que la rectificación posterior parece obra casi imposible. Porque la inevitable revisión de esta alocada carrera del nacionalismo exigirá en su momento la profunda e irreversible modificación de las bases teóricas e ideológicas en las que se fundamenta su visión de la sociedad vasca y de su relación con el resto de la española. La vigencia de los postulados de Arana, en los que el etnicismo se defiende con saña de resentimiento histórico, ahogan el discurso y la acción de sus herederos, incapaces de reformular su nacionalismo y sólo idóneos para volver atrás en la historia. La propuesta de futuro del PNV y del lendakari es el regreso a la unidad con los terroristas de ETA, en torno a cuya acción criminal -ellos lo llaman «conflicto»- se ha basado el discurso victimista y desleal del nacionalismo vasco en los últimos treinta años. En estas circunstancias, y junto a la normal inquietud que Ibarretxe provoca con su plan, la sociedad española debe ser consciente de que con esa iniciativa, el lendakari y el PNV, han fracasado históricamente.

El doble estado de Ibarreche
Editorial La Razón 27 Septiembre 2003

El nacionalismo vasco, por boca de su presidente autonómico Juan José Ibarreche, escenificó ayer en la Cámara regional su reto a la Constitución, al Estado y al propio Estatuto en el que se basa su legitimidad. En conclusión, su desafío a España y su propuesta de creación de un estado vasco separado. Hubo pocas novedades en un discurso especialmente tedioso, construido en la acostumbrada clave de rebuscado confusionismo repleto de conclusiones debidas a premisas disfrazadas o directamente falsas, como las referencias al «Prestige» o a la guerra de Iraq para justificar la secesión. Así, la «construcción del estado vasco» es para Ibarreche un hecho y nada, y mucho menos el Estado de Derecho, se puede oponer a su peculiar concepto de democracia, de legitimidad y a la ausencia de sentido común y decencia en sus postulados.

Llama poderosamente la atención que el que debía ser el presidente de todos los ciudadanos que residen en la comunidad autónoma, indique que sólo quiere serlo de los nacionalistas, de los que comulgan con su senda excluyente hacia la independencia, aunque, con generosidad, está dispuesto a acoger en su seno a quienes rectifiquen, silencien su oposición y acepten compartir su sueño independentista. Y es que, hasta cuando el PNV y EA, de acuerdo con el discurso de Ibarreche, hablan de víctimas, está claro que no todas son iguales para Ibarreche y los etarras presos gozan de repugnante predilección.

El plan expuesto ayer en la Cámara de Vitoria considera ya superado el debate del llamado «ámbito vasco de decisión» y el derecho de autodeterminación. Desde el momento en que Ibarreche introduce el concepto de dos nacionalidades diferenciadas, o de doble nacionalidad, no puede referirse a otra cosa que a la existencia de dos estados diferentes. Ésta es su conclusión, y la realidad es que puede variar el método y cambiar los tiempos y las formas, pero no el fin, claro y conciso, y que sus aspiraciones territoriales se extienden igualmente a Navarra y el sur de Francia. Poder Judicial propio, voz independiente en Europa y el mundo, y otros puntos del discurso son tributarios de esta declaración de «nuevo estado». Ibarreche reeditó ayer en Vitoria las conclusiones del siniestro pacto de Lizarra con ETA, con quien sigue compartiendo objetivos.

El presidente autonómico abomina del terrorismo en su discurso y reclama el fin de «la violencia» y la «resolución del conflicto» insinuando que si ahora ETA carece de argumentos para matar es porque existe el Plan de Ibarreche, lo que es tanto como decir que antes sí tenía justificación su sangrienta actividad criminal. Hay, en la intervención del «lendakari», una esperanza de que ETA conceda una tregua, un pacto de Lizarra-II, que apoye su proyecto y pueda hacer calar en el electorado que la paz tiene un precio, que es lícito o inevitable pagarlo, y que para acabar con el terrorismo lo mejor, lo único posible, es acatar el plan independentista, reforzado por otra tregua trampa.

Ibarretxe presenta la Constitución vasca
Carlos María de Urquijo Libertad Digital  27 Septiembre 2003

Adelantándose en un mes a la aprobación formal en Consejo de Gobierno, Ibarretxe ha desgranado este viernes el articulado de su nuevo proyecto político. Un proyecto que lejos de ser un nuevo Estatuto se convierte en una suerte de Constitución vasca para la Euskal Herría nacionalista del siglo veintiuno. La presencia reservada a España en el Plan es, para ser benévolo, residual, asumiendo la nueva Euskadi los tres poderes que determinan tradicionalmente la existencia de un Estado. Por tanto cuando Ibarretxe habla de un nuevo Estatuto dentro del Estado y califica su Plan como proyecto de convivencia amable no hace sino faltar a la verdad.

El debate que se nos presenta por delante es un debate tramposo y antidemocrático. Tramposo porque el Lehendakari sabe perfectamente que quienes nos vemos concernidos por el mismo no disponemos de igualdad de condiciones para defender nuestras posiciones. El Lehendakari se convierte pues en un ventajista que se aprovecha además de la presencia de una banda terrorista que impide a la parte que se opone a su Plan defenderlo sin jugarse por ello la vida. Asimismo, el debate es también plenamente antidemocrático. No respeta las reglas de juego. El Lehendakari respeta los mecanismos de reforma en tanto en cuanto le den la razón, si no se la dan, si no obtiene la mayoría necesaria en el Congreso de los Diputados para su proyecto de reforma estatutaria, seremos los vascos quienes decidamos en referéndum. Esa apelación al pueblo obviando los mecanismos establecidos en la Ley para proceder a su reforma, recuerda mucho al comportamiento de ciertos líderes de regímenes totalitarios.

Queda por último el señuelo del proyecto de convivencia amable con España. ¿Qué proyecto de convivencia es posible con el resto de España cuando el Plan excluye de partida a seiscientos mil vascos que no somos nacionalistas? Estamos ante una mera operación de marketing para personas ingenuas o despistadas. El Plan Ibarretxe es cualquier cosa menos convivencia y, desde luego, si la hubiere no sería amable.

Para terminar debo decir que me ha preocupado el tono de la intervención del Plan. Parecía un hombre poseído por un objetivo, por una idea al servicio de una misión histórica, veo una persona que se siente ungida por su pueblo con la obligación de llevarlo, cual nuevo Moisés, a la tierra prometida abriendo las aguas del cantábrico para llegar a Iparralde. Pese al oscuro horizonte que se nos presenta espero que, finalmente, con la ayuda de toda España, la cordura y el sentido común se impongan y estos augurios de hoy no dejen de ser un mal recuerdo.

OBSESIONES SABINIANAS
FRANCISCO JOSÉ LLERA RAMO. Catedrático de Ciencia Política de la Universidad del País Vasco ABC 27 Septiembre 2003

LOS planes de tanteo de las ocurrencias de Ibarretxe y sus mariachis, que tanta y tan ridícula expectación mediática promueven, han agotado en el Parlamento Vasco otro tedioso episodio de escenificación del aderezo retórico-propagandístico de lo que no es más que una obsesión sabiniana, con todo lo que ello implica de anacronismo, integrismo ideológico y populismo autoritario. Lo extravagante de tal obsesión está en que ya no vivimos en los estertores críticos del S. XIX, en Europa no impera, de momento, el caldo de cultivo del racismo nacionalista y del totalitarismo ideológico y España es hoy una respetada y desarrollada nación plural y una democracia constitucional consolidada, integrada con éxito notable en una Unión Europea que está a punto de dotarse de una constitución sobre la base y el consenso de los actuales Estados nacionales. La iluminación de Ibarretxe, que él cree salvífica cuando es claramente dolosa y autodestructiva para la ciudadanía democrática vasca, no es más que el fruto de la neurosis sabiniana, de la que el nacionalismo vasco no ha sabido curarse. Hasta el propio fundador fue capaz de recapacitar al final de sus días, al percatarse de las graves consecuencias de su desvarío emocional e ideológico. Sin embargo, esta nueva hornada de nacionalistas, borrachos de un poder tan artificial como omnímodo y socializados en la neurosis de la frustración, el complejo agraviado de inferioridad y el irredentismo, en la arbitrariedad de una historia (y hasta prehistoria) inventada y acientífica de una nación que no existe más que en el imaginario castrante de una minoría radicalizada y hasta violenta, pretende destruir la convivencia democrática y plural que tanto nos está costando cultivar y practicar. Todo y sólo para intentar asegurarse el poder que les da pánico ceder en la normal alternancia democrática. ¡Qué poca confianza tienen en «su» nación! Será por su virtualidad imaginaria, claro, por lo que tienen que imponerla a tiros o a la fuerza.

Sabino Arana, al menos, fue consciente de que sus afirmaciones básicas eran la semilla de la guerra futura y de que romper con la tradición de lealtad con la Corona, primero, y la Constitución, más tarde, solo podía traer perjuicios al desarrollo de un país, Euskadi, por construir y del que él se creía fundador. La agravante de esta extravagancia neosabiniana, sin embargo, ha sido y es la guerra imaginada y practicada por el totalitarismo nacionalista, que, finalmente, está obnubilando y corrompiendo lo que el nacionalismo vasco podría haber tenido de democrático, echando por la borda lo mejor del capital político acumulado en los últimos cien años. No señor Ibarretxe no puede engañarnos. Sus ensoñaciones serán de paz, pero en realidad son de guerra, porque, en el mejor de los casos, solo lo serían para los suyos, en el supuesto de que la sociedad vasca cediese al chantaje totalitario de los violentos, que es la coartada que sus planes legitiman a pesar de sus jaculatorias falsamente pacifistas. Serán un engañabobos demasiado dramático. No podemos confiar, de ninguna manera, en sus candorosas palabras sobre víctimas, violencia o derechos humanos, si provienen de tales obsesiones y de la inconfesable cesión al chantaje de los violentos, en que se basa su trayectoria política y que ya está pagando toda la sociedad vasca, aunque una parte, la suya, crea que se va a beneficiar o librar. El de ayer no es el estado de la Comunidad Autónoma del País Vasco o Euskadi, sino el suyo. Mire, la sociedad vasca no está preocupada, ni mucho menos atormentada, como Ud. parece estarlo, por su autogobierno, con el que se muestra más que razonablemente satisfecha. Tampoco está estresada u obsesionada con su ambivalencia identitaria vasca y española, o viceversa. No, señor Ibarretxe, son la violencia terrorista y los devaneos que los nacionalistas tienen con ella las que agobian a la mayoría de vascos de buena fe. Y es este devaneo y este agobio el que a Ud. le interesa perpetuar con sus ocurrencias.

Señor Ibarretxe, ¿cómo puede Ud. embarcarse en esta revolución de salón si no es capaz de gobernar (que no es lo mismo que administrar los dineros públicos) con la normalidad que lo hace cualquier gobierno representativo elegido democráticamente? ¿No le resulta sospechoso e indeseable contar con los aplausos de quien lleva oprimiendo violentamente a su sociedad durante cuarenta años? o ¿es que ésta no será «su» sociedad? Señor Ibarretxe le sobran obsesiones, iluminaciones y malos consejos y le falta talla para gobernar y hacer política en nuestra democracia representativa. Vamos, que le queda grande este traje y por eso prefiere uno más a medida, con el que nos quiere llevar al populismo plebiscitario. Mire, por responsabilidad cívica, estamos obligados a denunciar sus trampas y decir que su paz no es paz, su diálogo no es tal y que no tiene credibilidad su retórica de edulcoración a plazos. Es Ud. demasiado contumaz u obsesivo en sus errores. No tiene Ud. autoridad moral ni crédito democrático, no solo por su pasado no corregido de ignominiosos pactos, sino también por sus ocurrencias de paz-trampa. Solo los «suyos» y los violentos pueden confiar en su falsa pose de responsabilidad (tan gravemente irresponsable). Al fin y al cabo, unos y otros comparten la misma obsesión sabiniana y conjugan en la práctica de cada día métodos, solo en apariencia y retóricamente incompatibles. No en vano, celebraba el demócrata Otegi que, por fin, Ud. había extendido el acta de defunción del Estatuto de Autonomía, es decir se les había rendido a ellos, sin percatarse de que él y Ud. lo que están haciendo es poner encima de la mesa el suicidio plebiscitario de la propia sociedad vasca democrática. Lo más chusco no es que le apoye su partido, EA, Otegi o el movimiento nacionalsindicalista, sino que compartan sus «bases» gentes tenidas por progresistas, moderadas o de izquierdas, algunos de ellos con una larguísima y rica herencia ideológica marxista ¿Es que para Ud., después de cuarenta años de opresión totalitaria del nacionalismo terrorista, el «escenario libre de violencia y exclusiones» (?) se consigue en días, semanas o meses? ¡Qué poco han sufrido y sufren Ud. y los suyos! ¡No es creíble que sea Ud. tan angelical! ¡Qué daño les hace y nos hace la fantasía irrealizada e irrealizable de su fundador! ¡Escuche y déjese dialogar señor Ibarretxe, por el bien de todos, incluido el suyo!

De Constitución, nada
Germán Yanke Libertad Digital  27 Septiembre 2003

Siento discrepar de mi amigo y admirado Carlos María de Urquijo. Le entiendo, claro, y comparto todas y cada una de sus preocupaciones, pero lo que Ibarretxe presentó el viernes en el Parlamento Vasco no tiene nada de Constitución. Ibarretxe podría haber optado por inventarse un país, pretenderlo independiente y dotarlo, en su imaginación, de una Constitución. Sería una locura, un absurdo, una ruina, un factor de desestabilización, un imposible en la España y Europa actuales. Pero no ha sido eso lo que ha expuesto ante los parlamentarios vascos.

Una Constitución es un texto que garantiza los derechos de los ciudadanos ante el poder del Estado y establece que la homogeneidad jurídica son precisamente aquellos, los ciudadanos y sus derechos. Una Constitución es un texto que formaliza las reglas del juego para asegurar el imperio de la ley, la seguridad jurídica y las libertades individuales. Una Constitución determina límites a los poderes públicos y establece la división de éstos. Si no es así, no es una Constitución, es una burla totalitaria.

Lo que ha expuesto Ibarrtexe es la senda de la secesión, pero para llegar al totalitarismo. De la mano, además, de los terroristas, que deberán apoyar este descalabro tanto del sentido común como de la dignidad política. Ni se reconocen ni se garantizan los derechos individuales, sino una suerte de integración premoderna y antidemocrática basada en una comunidad nacionalista. Ni se formalizan reglas del juego, porque todo el proyecto está basado en la fuerza arbitraria del nacionalismo que controla los resortes del poder en la Comunidad Autónoma. La libertad no es un derecho de los individuos –ya se sabe que la tradición del PNV es terminar con ella con la velocidad que les dejen– sino, en esta falsificación vergonzosa, la posibilidad de que los nacionalistas puedan hacer lo que les plazca, como muy bien demuestra la majadera alusión a la lucha antiterrorista. Ni hay un atisbo de división de poderes, sino el empeño, vía particularismo, de controlarlos todos.

Tiene razón Carlos María de Urquijo en escandalizarse y rebelarse desde su sufrido escaño del Parlamento Vasco contra este proyecto calcado de las pretensiones nazis. Pero no es una Constitución, por extravagante que fuera, lo que defiende Ibarretxe, sino su contrario: el totalitarismo y el poder sin límites de los suyos.

El Plan Ibarretxe
Editorial Heraldo de Aragón 27 Septiembre 2003

HUIDA hacia adelante, para unos, retroceso , para otros, el plan "soberanista" (secesionista) del lendakari Ibarretxe fue anunciado ayer al Parlamento vasco.

Incluye un referéndum para 2005, pero avalaría la tesis de un cierto repliegue el de que hace un año anunciara esa misma consulta... para estas fechas. La exposición de Ibarretxe se atuvo a lo esperado: cifrar la paz en el reconocimiento por España de una nación vasca que sea su parigual y llevar la secesión a referéndum si el Gobierno no acepta el envite. Aspectos como una Justicia propia y no apelable chocan con la Constitución. El proyecto necesitaría de un clima de exaltación nacional que sólo puede nacer de una opresión que no existe, aunque el nacionalismo quiera fingirla. El vacío que el empresariado vasco ha hecho al lendakari muestra que sectores muy influyentes no desean el aislamiento empobrecedor que se adivina al final. La cerrazón y dureza de la mesiánica dirección del PNV, encastillada desde los Pactos de Lizarra, es un artificioso lastre más para la maltrecha libertad de los vascos y la paz entre españoles.

Un plan abocado al conflicto
Opinión EL PAÍS  27 Septiembre 2003

Tras un año de incubación que ha puesto de manifiesto las debilidades de su planteamiento, el lehendakari no retrocedió ni un milímetro en los contenidos de su propuesta de reforma del Estatuto; la única novedad fue la insistencia en reclamar la participación de la oposición en el diálogo, con el argumento de que su propuesta es sólo "una parte de la solución". Ambas cosas son contradictorias: no se puede apelar al diálogo cuando no se toman en consideración las opiniones de los demás.

Los puntos débiles del plan del lehendakari siguen siendo los que eran: no existe el "escenario sin violencia" que permitiría discutirlo en igualdad de condiciones; no cuenta con la mayoría parlamentaria necesaria para superar el primer peldaño de la reforma propuesta; incluso si lo consiguiera (gracias al voto de Batasuna), quedarían fuera del acuerdo las fuerzas representativas de la mitad no nacionalista de la población, y, por ello, el plan no alcanzaría un consenso comparable al que respaldó en su día al Estatuto de Gernika.

Todas esas debilidades son consecuencia de la unilateralidad del planteamiento. No se ofrece un marco compartible, como lo era el anteproyecto de Estatuto planteado en su día por el PNV, sino uno sólo para nacionalistas. A los que no lo son se les invita a adherirse o al menos a prestar su aval al resultado, aceptando sumarse al debate en los términos definidos por el lehendakari. Es posible que piense que al extremar su propuesta se pone en condiciones de ceder más en un eventual proceso negociador. Pero lo que propone no es sólo una cuestión de cantidad (de competencias), sino la ruptura del marco y el conflicto institucional.

La pretensión de recorrer ese camino desde la legalidad se quiebra en cuanto esa legalidad frena la pretensión soberanista. Es seguro que un plan de esa naturaleza no sería convalidado por el Parlamento español, como expresamente exige el mecanismo de reforma del Estatuto. Para ese momento el lehendakari propone convocar un referéndum (ilegal) sobre el texto salido del Parlamento vasco. Es decir, provocar un conflicto institucional, enfrentando dos legitimidades: aplicando ya por vía de hecho el principio soberanista que permite prescindir del pronunciamiento de las Cortes.

Para legalizar esa situación de hecho sería necesario que los 40 millones de españoles aceptaran una reforma constitucional que, por afectar al título preliminar (entre otros), implicaría lo siguiente: aprobación por mayoría de dos tercios; disolución de las Cortes y nuevas elecciones; confirmación de nuevo por mayoría cualificada por parte de Congreso y Senado; ratificación en referéndum. Y todo ello, no para establecer un marco definitivo, sino sólo, como repitió ayer Ibarretxe, para una generación. O sea, unos 15 años; porque se trata de un proceso que se mueve siempre en la misma dirección, y que sólo cesa con la independencia. Como dijo hace dos días el diputado Anasagasti, "si no se aprueba a la primera, ya se aprobará a la tercera".

De momento, es evidente la voluntad de estirar el proceso, acercándolo a las próximas elecciones. Contra lo previsto hace un año, el texto del proyecto de reforma no se presentará hasta finales de octubre, y no se votará antes del otoño de 2004. Para que, si no prospera, pueda el lehendakari convocar elecciones con su plan como programa. Aunque consiguiera esa mayoría que ahora no tiene (recuperando otra porción de votos de Batasuna), no por ello sería un proyecto de consenso, como lo fue el de Gernika. La idea de cambiar el marco (e incluso de ir a una consulta) sin consenso previo es una grave irresponsabilidad.

Así se lo dijeron ayer el socialista Patxi López y el popular Mayor Oreja. El primero puso el acento en la distancia entre las obsesiones soberanistas de los nacionalistas y las preocupaciones reales de los ciudadanos, y advirtió al lehendakari que debía perder toda esperanza en contar con los socialistas, ganen o pierdan en marzo, para legitimar su proyecto. El mensaje de Mayor consistió en contraponer los avances del Estado de derecho plasmados en la ilegalización de Batasuna con la parálisis política, incertidumbre económica y división social provocada por el Plan Ibarretxe. Pero el año transcurrido desde el anterior debate de esta naturaleza también ha revelado un punto débil de la oposición: su incapacidad para compaginar ese rechazo del ventajismo nacionalista con la búsqueda de un marco de unidad democrática contra ETA. Otegi vino a recordar dónde debería estar la frontera cuando, tras afirmar que el cambio del PNV respecto al Estatuto da la razón a los suyos, volvió a invocar, esta vez en el Parlamento, el "puño de hierro" con que dijo contar.

EL ESPÍRITU TRAICIONADO DE ERMUA
Por Ignacio SÁNCHEZ CÁMARA ABC 27 Septiembre 2003

EL azar ha querido que sólo unas horas hayan separado el comienzo del juicio contra los presuntos asesinos de Miguel Ángel Blanco y la presentación en el Parlamento vasco del anticonstitucional plan secesionista de Ibarretxe. No es posible el olvido: un joven concejal del PP era secuestrado en un apeadero ferroviario, un ultimátum criminal y el tiro en la nuca. Un episodio más de un «conflicto político». Una vergüenza eterna. La inmensa mayoría de los españoles gritaron: ¡Basta ya! Por un momento pareció que todos, desde el PNV al PP, se unían para combatir al enemigo común, al terror. Pero fue un espejismo que sólo duró semanas. Y las responsabilidades no se pueden repartir entre todos porque corresponden al PNV, EA e IU. Ellos lo rompieron al firmar el Pacto de Estella, certificado de defunción del espíritu de Ermua. Se consumaba una traición política y un acto de inmoralidad. Pues no sólo los nacionalistas sino, incluso, los separatistas decentes debieron respetarlo. No hay reivindicación política que no deba aplazarse mientras impera el tiro en la nuca. Desde que murió de lesa traición el espíritu de Ermua, en el País Vasco la democracia es una palabra vacía de contenido y el totalitarismo un horizonte posible. ¿Hay democracia cuando la oposición necesita protección para acudir al Parlamento?

Existía una divisoria entre los asesinos y los demás. Ahora existe otra entre nacionalistas, criminales o no, y defensores de la Constitución. Sin duda existen nacionalistas respetuosos de la legalidad, pero no se encuentran, al parecer, entre los dirigentes del PNV. El nacionalismo vasco repudia el terrorismo, sin duda, pero no deja de aliarse con sus promotores. Acaso se trate de pescar los votos de la ilegalizada Batasuna.

EL Plan Ibarretxe es puro desatino. Sin la disolución de ETA, es algo peor. Por lo demás, guarda un evidente parecido con las reivindicaciones etarras de la «Alternativa KAS». Curiosa forma de combatir el terrorismo ésta que consiste en satisfacer las exigencias de los terroristas. Ignora además que la naturaleza del terror es totalitaria. Jamás el terror produjo libertad y democracia. Nada más natural que las víctimas del terrorismo y todos los ciudadanos de bien exijan su inmediata retirada. Poco importa que ahora se retrase un año su presentación para una aprobación que sería nula de pleno derecho. Lo relevante es la naturaleza anticonstitucional del proyecto. En realidad, estamos ante el anuncio de una futura acción ilegal por parte de un Gobierno autonómico que ni siquiera cuenta con la mayoría parlamentaria. Mas aunque la tuviera, poco importaría, pues ninguna mayoría parlamentaria tiene competencia para violar la Constitución.

EL fin es, a mi juicio, deplorable, pero defendible si se persigue con medios legales. Si Ibarretxe obrara de buena fe, seguiría el procedimiento de reforma constitucional que prevé la propia Constitución, y que incluye la posibilidad de una reforma total. Pero sabe que, por ese camino, nada puede esperar. Por lo demás, ¿cómo puede garantizar el cese del terror? La Norma Fundamental contiene mecanismos para su propia defensa. Ser liberal, como enseñó Marañón, consiste en creer que son los medios los que justifican el fin. El plan de Ibarretxe une a su intrínseca insensatez dos circunstancias perversas: la vulneración de la Constitución y la compañía del terrorismo. Casi todo es cuestión de perspectiva. Ensayemos la contemplación del plan secesionista desde la perspectiva del tiro en la nuca de Ermua. El diálogo es cosa buena, pero Miguel Ángel Blanco ya no puede participar en él.

GRAN FARSA EN VITORIA
CARLOS MARTÍNEZ GORRIARÁN ABC 27 Septiembre 2003

Finalmente, Ibarretxe ha preferido aplazar la exposición de su «Plan articulado», prorrogada para el 25 de octubre. Pero lo expuesto ayer se ajusta fielmente a lo adelantado en julio por ABC: doble nacionalidad, sistema judicial vasco, autodeterminación, relaciones exteriores propias. Por si hubiera alguna duda, Joseba Egibar, dantesco portavoz del PNV, descubrió por la tarde el otro secreto del Plan: si no se admite la libre asociación, los nacionalistas -«el Pueblo Vasco»- impondrán una declaración unilateral; ¿de qué?: de independencia, naturalmente. Ibarretxe remachaba el aviso polichinesco advirtiendo de que si no se negocia -es decir, si no se le da lo que pide-, acudirá a las «instancias internacionales». Ojalá sea así, porque sería divertido.

Y farfullaban todo esto ante una oposición amenazada de muerte y escoltada, que no puede moverse libremente, cuyas sedes son atacadas sin que nunca se detengan a los malhechores -27 veces la Casa del Pueblo de Rentería-, que ha pagado el peaje sangriento de cientos de atentados y docenas de militantes o cargos asesinados. Ibarretxe y su mariachi de iluminados, que disfrutan de la inmunidad conseguida mediante acuerdos con los asesinos para excluir a los asesinables, exigen valentía a esta oposición. Para Batasuna, único grupo terrorista del mundo protegido por un gobierno electo, pellizcos de monja, regañinas en tono menor, invitaciones a la unidad.

Quienes tienen cierta idea de lo que debe ser una democracia razonable han asistido en Vitoria a una farsa gigantesca. Puede que Otegi, el etarroide impune mimado por Atutxa, sea quien mejor la ha resumido: el discurso de Ibarretxe significa el entierro del Estatuto de 1979, y de lo que se trata es de que los abertzales se pongan de acuerdo para imponer algo que lo sustituya a su medida. No es casual que el autista de Ajuria Enea haya elegido el 25 de octubre, aniversario de la aprobación del Estatuto de Gernika, como día apropiado para desvelar un plan fúnebre suficientemente desvelado a estas alturas.

Eso sí, nadie podrá reprochar a los nacionalistas falta de claridad, ni siquiera quienes se empeñan en no ver ni entender nada. Ibarretxe pretende convertir la «política de declaraciones» en «política normativa», esto es, la conversión de un programa nacionalista radical en fundación de un Estado étnico basado en la exclusión de los ciudadanos no nacionalistas. Ibarretxe puede exponer cuantos planes quiera porque la Constitución que ataca garantiza su derecho a proponerlos.

Pero todo tiene un límite. No puede, en cambio, destruir la democracia mediante un chantaje apoyado en la amenaza de un grupo terrorista que asesina y persigue a quien no sea nacionalista, y lo diga. No nos engañemos: pronto llegará el momento de enfrentar a Ibarretxe y los suyos a las consecuencias judiciales de sus actos, ya que no de sus palabras. Ningún acuerdo es posible con gente que confunde la imposición y el chantaje con el diálogo y la razón.

«¿Hemos ganao, la hostia!»
Iñaki Ezkerra La Razón 27 Septiembre 2003

Eran las doce y diez. Ibarretxe había terminado por fin ese tedioso y espeso discurso que había comenzado a las diez en punto. Los primeros parlamentarios que dejaron el hemiciclo fueron los de la extinta Batasuna. Yo me hallaba ya en el pasillo recuperándome del sopor que me había producido, echando un pitillo, cuando me topé de frente con Jone Goiricelaia, Jon Salaberria y Arnaldo Otegi, que se metieron en su oficina a toda prisa. Desde fuera, y sin que les diera tiempo a cerrar la puerta, pude oir el grito: «¿Hemos ganao, la hostia!» Era, sin duda, la voz de Otegi. A los pocos minutos me crucé con Josu Jon Imaz, que hizo gala del mismo voluntarismo fantasioso al saludarme con dos palabras más falsas que la mala moneda: «¿Magnífico discurso!»

No. Ni habían ganado a nadie, como pretendía ese grito que demostraba, por cierto, una sintomática identificación de ETA con Ibarretxe, ni el discurso de éste había sido magnífico, sino un rollo macabeo. Uno se esperaba un tono arrebatado, un verbo encendido, una versión neovasca de Companys declarando la independencia de Cataluña en el 34. Pero se encontró con esa voz monótona de rosario rural que pone Ibarretxe cuando hace como que maneja cifras. Anunció su «independentzia» libreasociada con un tostón de balances presupuestarios y eso no es Plan. En ese Plan no va a ninguna parte.

La de Ibarretxe es una Revolución de funcionarios y eso históricamente no ha salido jamás. No se puede correr una aventura del siglo XIX con los óptimos datos de la Sanidad Pública Vasca, o sea, con un informe informatizado del siglo XXI. No se puede declarar la independencia ni nada que se le parezca trucando informes del crecimiento económico, que es lo que Ibarretxe hizo ayer. Aunque resulte risible, los argumentos más demoledores para justificar su Plan fueron Iraq y el «Prestige». Según esa lógica, los motivos para finiquitar el Estatuto de Guernica tienen menos de un año. Si no llega a haber ni Iraq ni «Prestige», Ibarretxe no se habría visto obligado a pensar en la libre asociación. En realidad, dio un paso atrás ayer. La misma forma irregular de espaciar los tiempos indica ese miedo a la realidad: el discurso a las diez de la mañana, las intervenciones de los otros partidos a las tres de la tarde, la votación el día 25 de octubre, el referendum dentro de dos años y en ausencia de violencia... Sí, habrá tregua de ETA. Habrá una ofensiva, pero toda esa dilatación temporal indica que «¿no han ganao, la hostia!»

Paz por territorios
Miguel Ángel Rodríguez La Razón 27 Septiembre 2003

Dice Ibarretxe que si se consigue el país que quiere Eta, con los territorios que quiere Eta y con las condiciones que pone Eta, que la banda terrorista desaparecerá ¿Y por qué van a hacer esa tontería? Lo lógico será que el día que Eta consiga el país que quiere, ETA gobierne.

ETA existe para conseguir un País vasco independiente al que se le anexione Navarra y una parte de Francia. El PNV no trabaja por cosa distinta. Lo que no cabe en este invento es la argucia de Ibarretxe de explicar que para que no haya más muertos hay que aceptar la independencia. Si las armas consiguen eso ¿por qué no van después a pedir La Rioja y Burgos? Ibarretxe pide cambiar paz por territorios y para eso ha elaborado un Plan locoide, que suena a golpe de estado, megalómano, y que tiene como fin armar bulla. Abre un falso debate que, además, destierra de su casa a la mitad de la población vasca.

Pero la realidad golpea al lehendakari en las narices: Eta desaparecerá gracias a la actuación policial y a los jueces de fuera del País Vasco. Ni planes de secesión, ni navarros convertidos en vascos, ni negociaciones políticas con los terroristas. El tiempo demuestra que el camino para erradicar la violencia está en la lucha decidida contra el enemigo, no en moldear sus planes para hacerlos nuestros. Por eso duele que Ibarretxe tuviera la caradura de hablar en nombre de las «víctimas», cuando suponemos que él entiende que las «víctimas» son tanto los terroristas como los ciudadanos. Duele porque ensucia la palabra, porque se ríe del dolor y porque viste de humanidad su acuerdo con los violentos.

Ayer destaparon la caja del conflicto social permanente, terreno en el que los nacionalistas se mueven con facilidad. Lo que pasa es que el resto de los españoles empiezan a cansarse de tanta bronca. Y eso es peor.

Manifiestamente empeorable
Lorenzo Contreras La Razón 27 Septiembre 2003

Llegó el «Día D» para Ibarreche, el día de la presentación de su plan al Parlamento vasco. Ayer fue la ocasión. Arnaldo Otegui, portavoz de la evaporada Batasuna, hoy reconstruida como «Socialistas Abertzales» con fuero en la Cámara de Vitoria pese a todos los pesares y con financiación del Gobierno vasco, comentó no hace mucho con sarcasmo este acontecimiento, escaso de proyección para él, anticipando que sería «la madre de todas las batallas». Muy original, muy en la línea de Sadam Husein. Pero ya se sabe. El «lehendakari» lo quiere todo, aunque vende su producto como «proyecto de convivencia». No es la primera vez que lo formula. En su última correría por Europa dijo en la Universidad de Oxford, hace meses, que su proyecto «no es para romper, sino para convivir». Y, por supuesto, negó que reclamase la independencia de Euskadi. Nada de eso. Sólo libre asociación. Y todo, en teoría, sin ETA, porque, según sus palabras de Oxford, «la inmensa mayoría del pueblo vasco detesta la barbarie de ETA y quiere arrojarla de una vez para siempre de sus vidas».

Ya vendrá el 25 de octubre para aprobar en el Parlamento vasco el proyecto de ley de aparente reforma estatutaria. Suena inocuo. Pero busca autodeterminación, libre relación con Navarra, Poder Judicial propio, presencia en Europa y en el mundo, con voz también propia. Rigurosamente inconstitucional. Ahora bien, las cosas pueden haber madurado. Javier Arzalluz decía en septiembre de 1992: «Éste no es un buen momento para apostar por la independencia». Era el Alderdi Eguna o Día del Partido. Y el presidente del PNV deslizaba este tranquilizante: «Liberaremos nuestro pueblo en su momento, pero poco a poco y sin pisar a nadie».

Arzalluz, pues, hablaba de independencia. Ibarreche ha suavizado los términos: proyecto de convivencia. Y siempre sobre la base de que la banda terrorista quedará extinguida, porque si no la convivencia pierde sentido. Salvo que se trate de convivencia para los cabales, sólo para los que estén en la ortodoxia nacionalista.
¿Creemos lo de la convivencia? Cuesta trabajo. Hace once años, Juan María Atucha, el mismo que como presidente del Parlamento autónomo se negó a disolver al brazo político de la banda, declaraba a los periodistas, al término de un funeral de aniversario por un agente de la Ertzaintza, que «las instrucciones para cometer atentados provienen no sólo de los dirigentes de ETA, sino también de su entorno, que tan desvergonzadamente viene apoyando el ejercicio de la violencia».

Eran los tiempos en que la banda quería eliminar a Atucha, consejero de Interior del Gobierno de Vitoria. Ya no pretende tal cosa. También Atucha ha ido cambiando su lenguaje. Es hombre razonable.

Reafirmación soberanista
Editorial El Correo 27 Septiembre 2003

El lehendakari Ibarretxe revalidó ayer el proyecto soberanista de un nuevo estatuto de libre asociación con el Estado español que presentara al Parlamento vasco justo hace un año. Durante estos doce meses el denominado plan Ibarretxe ha sido objeto de un debate público y de la consiguiente toma de postura por parte de las fuerzas políticas y organizaciones representativas de la sociedad. El lehendakari se mostró ayer convencido de que su plan ha sido recibido por la ciudadanía vasca como parte de la solución. Sin embargo, en este tiempo han quedado patentes la honda preocupación o la frontal oposición que el mismo suscita en aquellos sectores sociales y de opinión que no se sienten comprometidos con el proyecto nacionalista. De lo expuesto por Ibarretxe cabe concluir que ninguna de esas críticas e inquietudes ha merecido la consideración del lehendakari, sino todo lo contrario. Catalogadas como posiciones inmovilistas o de bloqueo, las discrepancias respecto a la nueva meta establecida por el nacionalismo gobernante chocan con la tenaz impermeabilidad del plan Ibarretxe . Pero lo más preocupante del caso es que el lehendakari, su Gobierno y su partido se niegan a admitir la evidencia más palpable: el hecho de que el mero anuncio del plan contribuyó a ahondar la división política y a subrayar la incompatibilidad de proyectos de futuro que hoy encarnan el nacionalismo y el no-nacionalismo en Euskadi, amenazando con trasladar dicha ruptura a la propia sociedad.

A la espera de su definitiva plasmación en un texto articulado, los propósitos del lehendakari siguen siendo los mismos que anunció en septiembre de 2002: dar paso a un nuevo modelo de relación entre Euskadi y el Estado español por el que el País Vasco deje de ser una parte más de dicho Estado para transformarse en una entidad política capaz de relacionarse en pie de igualdad con la España constitucional. El lehendakari trata siempre de desdramatizar el alcance de su propuesta, presentándola como el paso natural y necesario que Euskadi debiera dar para la mejora de su convivencia y de su bienestar. El ensimismamiento nacionalista traza así una estrategia que, a falta de una mayoría suficiente, intenta abrirse camino induciendo cansancio y desistimiento entre quienes disienten del proyecto soberanista. El lehendakari no se plantea obtener para su proyecto un consenso superior al que en su día representara el Estatuto. Por el contrario, parte del apoyo que le brindan las formaciones que constituyen su propio Gobierno concibiéndolo como consenso suficiente desde el que invitar a los demás partidos a sumarse a su inamovible propósito.

A tenor de lo que se pudo escuchar en boca de los portavoces nacionalistas, es cierto que -como advirtiera Arnaldo Otegi- en la sesión parlamentaria de ayer el soberanismo levantó acta de defunción del Estatuto de Gernika. La ausencia de la mínima satisfacción por lo que el País Vasco posee hoy en materia de autogobierno, la insistencia en aquello de lo que al entender del nacionalismo carece la autonomía vasca y el anuncio de la presentación de un texto de reforma del Estatuto que pretendería dar lugar a otro Estatuto erosiona hasta tal punto las bases sobre las que se asienta el vigente marco de convivencia que añade al panorama político un clima de incertidumbre difícil de soportar un año más. El desapego respecto al Estatuto, cuyo valor actual quedó reducido en palabras del lehendakari a que posibilita su propia superación, ha llevado al nacionalismo a fijar la presentación del proyecto articulado para el próximo 25 de octubre, coincidiendo con el vigesimocuarto aniversario del referéndum estatutario. Ello atestigua hasta qué punto el simbolismo nacionalista desea dejar claro que su plan pretende suplantar aquello que la ciudadanía refrendó como punto de encuentro entre los vascos y entre estos y el resto de los españoles.

La abierta oposición mostrada por el PP y por el PSE-EE al proyecto de un «nuevo estatuto de libre asociación con el Estado español» da a entender que el restablecimiento de un mínimo clima de entendimiento entre las fuerzas democráticas en torno al futuro del autogobierno exigiría la previa retirada de su plan por parte del lehendakari. Por otra parte, la única manera de que Ibarretxe cumpla con su propósito de ver aceptado su proyecto por parte de la Cámara vasca dentro de un año es que acabe siendo respaldado por los diputados de la extinta Batasuna. Ambos extremos invitan a pensar que hay en el horizonte nacionalista un objetivo real más prosaico que sus aparentes aspiraciones: imprimir al presente curso político un clima plebiscitario que se prolongue hasta las elecciones autonómicas de la primavera de 2005.

PLAN PARA LA DECADENCIA
EDURNE URIARTE ABC 27 Septiembre 2003

Ibarretxe ratificó ayer todo lo ya sabido sobre la naturaleza rupturista y antidemocrática de su Plan. No es necesario darle más vueltas a esa cuestión, y sí es el momento de llamar la atención sobre un aspecto que hemos descuidado hasta ahora y que es el siguiente: ¿en qué beneficia a los ciudadanos vascos, sean nacionalistas o no nacionalistas? Pues en nada, y ése es el segundo gran problema de este Plan. No sólo no nos beneficia, nos perjudica enormemente.

Ibarretxe ha justificado su conveniencia con el mensaje de que es «un plan para la convivencia»; es decir, para acabar con el conflicto, es decir, con ETA. Pero resulta que ETA ya ha sido enormemente debilitada, y no por concesiones a sus pretensiones sino por la labor policial y judicial. Hagamos comparaciones sobre la capacidad operativa de ETA y de todo el entramado en los últimos años y saquemos conclusiones. Y éstas no ofrecen lugar a dudas: son las medidas del Estado junto al nuevo clima internacional las que han logrado avances enormes en la solución del conflicto.

Y si no está nada clara la necesidad de este Plan para acabar con ETA, los que si están claros son sus efectos negativos en todos los campos. Sobre el económico, ya lo han dicho los empresarios, nacionalistas y no nacionalistas. Sobre el político, el panorama es desolador: aislamiento de la Unión Europea, rechazo del resto de España, y creación de un clima interior irrespirable. Y en lo cultural y social, baste pensar en el éxodo ciudadano o intelectual que la realización del Plan provocará. Es indudable que los ciudadanos constitucionalistas no queremos este futuro de ruptura e independencia. Pero, ¿lo quieren los nacionalistas? Me cuesta creer que sí. Porque no hay ningún dato que permita defender su contribución a un futuro de progreso pero sí muchos que muestran el camino de la crisis y de la decadencia. Tan sólo interesa a las élites nacionalistas. Porque desean asegurar la prolongación de ese gran poder que tanto temen perder. Aunque sea a costa del empobrecimiento, el aislamiento internacional, la decadencia cultural y la degradación definitiva de las relaciones ciudadanas.

¡IBARRETXE AURRERA!
MIKEL BUESA. Catedrático. Universidad Complutense ABC 27 Septiembre 2003

Declinaba el mes de febrero del año 2000. Era, de hecho, su último sábado, pocos días después del asesinato de Fernando Buesa. En aquella tarde de recuerdo infame, cuando nosotros, los familiares de Fernando, esperábamos la hora señalada para poner en marcha, encabezándola, la manifestación de repulsa por aquel crimen, de pronto nos vimos desbordados por una masa de militantes nacionalistas -ikurriñas en ristre y ademán altivo- que, al grito de ¡Ibarretxe aurrera!, animaban al lendakari a sobreponerse a tan molesto acontecimiento, a hacer caso omiso del sufrimiento de «esos que no son de los nuestros», y seguir hacia delante con la construcción, ya diseñada en Lizarra, de la Euskal Herría independiente.

¡Ibarretxe aurrera!, le decían aquellos que, por no querer ser lo que eran, por no aceptar la ineludible realidad de ser españoles, se habían inventado una leyenda con la que evadirse de España. Y el lendakari, fiel sólo a los suyos, ha convertido esa leyenda en fundamento jurídico, ha transmutado la ensoñación nacionalista en proyecto de ley para, a través del subterfugio del estatuto de libre asociación, romper definitivamente las cadenas de la historia.

De nada ha servido que, desde todos los ámbitos de la sociedad vasca, se le haya advertido acerca de los estragos a los que su plan puede conducir. De nada ha valido que, con estudios solventes, se le haya dicho que su proyecto carece de encaje constitucional y que su ruptura con España lo es también con la UE. Y tampoco le tiembla la mano cuando, para llevarlo hacia delante, rompe con las reglas del sistema democrático e induce la rebelión del presidente del Parlamento vasco. El lendakari, con tenacidad rayana en el fanatismo, está dispuesto a todo para hacer realidad el plan desvelado en la Cámara de Vitoria. Conducirá así a los vascos hacia su independencia. Una independencia que la mayoría de ellos no desean, pero que se fundamenta en su miedo y en su hartazgo. Una independencia que soportará la ignominia de la sangre vertida por los centenares de víctimas asesinadas en nombre de la nación vasca. Una independencia que abonará, aun más, la violencia. Pero nada de esto conmueve al lendakari. Él sólo oye las voces de sus correligionarios, de la minoría nacionalista que, al grito de ¡Ibarretxe aurrera!, le anima a traspasar la frontera del abismo.

La dictadura del PNV
Editorial El Ideal Gallego 27 Septiembre 2003

España vivió ayer uno de los días más tristes desde el restablecimiento de la democracia. El discurso en el que el lehendakari esbozó su proyecto secesionista representa el ataque más duro lanzado contra la Constitución en sus 25 años de vigencia por un partido al que hasta ahora se había tenido por democrático, pero al que ya no se puede volver a calificar con ese adjetivo. Fueron más de dos horas -Juan José Ibarretxe aprende con rapidez de Fidel Castro, otro dictador especialista en alocuciones sin fin- durante las cuales quedó probado que el futuro que prepara para el País Vasco es el mismo que Hitler añoraba para Alemania, Lenin para Rusia o Idi Amín para Uganda, es decir, el pensamiento único, la sumisión al jefe iluminado y la marginación absoluta de quienes se apartan un milímetro de la doctrina oficial. Los afanes totalitarios de Ibarretxe quedan patentes con el método que ha fijado para alcanzar la “libertad”, puesto que, con un cinismo intolerable, asegura que negociará con el Estado, pero si éste no da el visto bueno a la independencia de Euskadi -el Congreso de los Diputados nunca aprobará la desmembración de España-, convocará un referéndum para aprobar su “Constitución” aunque el Gobierno no lo acepte. Los proetarras han sido los primeros en jalear el disparate presentado por el presidente del Gobierno de Vitoria, otro dato revelador de que el proyecto prepara el camino para que se imponga la tiranía. La defensa de la libertad obliga a que el Estado actúe de inmediato e impida que se perpetre ese atentado a la democracia.

Otro año de balde
SANTIAGO GONZÁLEZ/ El Correo 27 Septiembre 2003

Da la impresión de que nos hemos pasado un año de balde, lehendakari. Un año eta gero hau. Su discurso de ayer no ha cambiado en nada sustancial el del año pasado. Puestos a encontrar novedades, tal vez se pueda reseñar algún hallazgo literario en esa imaginería de las obras públicas que tanto debe a Jonan Fernández. Proponía usted en 2002 desterrar túneles, actividad tan apasionante como surrealista y ayer le tocó el turno a las barreras, unas «barreras invisibles que no nos dejen ver el dolor y el sufrimiento de nuestros semejantes». Lo característico de las barreras invisibles, mi admirado Juan Josué, es que no dejan pasar pero sí permiten ver a su través, gracias precisamente a su invisibilidad.

En todo este año no ha conseguido un solo apoyo más. Dijo que su Gobierno -y su plan- tienen el 47,7% del censo total de votos emitidos. Aclaremos conceptos. El 47,7% de los votos emitidos suponen el 37,6% del censo electoral. Ese apoyo a su plan es notablemente inferior al 53,1% de votos que sobre el censo obtuvo el Estatuto. Me gustaría que me explicara su sentido de las cuentas, lehendakari. ¿Cómo es posible que el 30,8% de votos que obtuvo la Constitución sea para su partido un rechazo inequívoco de la carta magna y el 37,6% de apoyo a su plan represente a «una amplia mayoría de la sociedad vasca?». Si extendemos el cálculo a Navarra, los tres partidos que soportan su Gobierno bajarían en el conjunto de Hegoalde al 34,2% del censo, «una amplia mayoría» que queda tres décimas por debajo del apoyo que obtuvo la rechazada Constitución española, el 34,5%.

Denunciaba ayer «un nuevo paso en la escalada de amenazas e insultos» y proponía como ejemplo: «se aplicará la ley con todas sus consecuencias» y expresaba su temor a que «ETA ( ) siga desoyendo la voz de su pueblo». ¿Qué barbaridad, lehendakari! Esas frases son un festín para un psicoanalista. Ha concretado usted el «no toleraré derechos de veto» que anunció el año pasado: su Gobierno aprobará el texto articulado y lo enviará al Parlamento, donde marearemos la perdiz un año más, para aprobarlo por mayoría absoluta o disolver la Cámara, eso ya lo indicarán las encuestas. Después se envía a las Cortes para que lo aprueben y nos convoque a referéndum. ¿Qué no lo aprueban las Cortes? Pues convoca igualmente el referéndum. Nos propone pasar otro año tontamente. ¿Qué pereza, lehendakari, qué pereza!

Los spainators
David Gistau La Razón 27 Septiembre 2003

Un diario catalanista regala a sus lectores un vídeo-juego en el que los pérfidos «Spainators» ¬usted y yo¬ son abatidos por un héroe con barretina. Es decir, por un paleto con boina y escopeta de postas, como en Puerto Hurraco, como el presidente Laporta, quien a pesar del traje y de su vago aire de haber probado el «sushi» está a apenas un eslabón evolutivo de subirse al campanario a tirar algo, que no en vano ha sido capaz de convertir un equipo de fútbol de hechuras universalistas en la herramienta propagandística de un proyecto xenófobo minimal, con boina o con barretina y con tumultos cuando en el estadio hay manduca gratis, jodó con el cosmopolitismo de Barcelona, ni que hubiera hambre. Y todo sin ganar un partido, eso sí.

En cualquier caso, uno celebra que el independentismo catalán, a diferencia del vasco, todavía sea capaz de proyectar en lo lúdico su apetencia de tiro en la nuca, un poco como yo cuando me redimo en la Play Station de no haber sido Delta Force. Su equivalente vasco, tal vez porque permanece extraviado en una época anterior a la electricidad, no encuentra el consuelo terapéutico de la ficción y tiene que salir a matar «Spainators» por las bravas, eso sí, olvidando el DNI en la escena del crimen, torpeza digna de Torrente que en un vídeo-juego seguro que la castigan con muchos puntos de penalización, serán tarados.

El juego «Spainators», donde usted y yo salimos convertidos en androides asesinos, no es sino la expresión más graciosa de una estrategia que sustenta y cohesiona el catalanismo: la creación de un enemigo mítico, amenazando la aldea, que en realidad no existe ¬como los gringos con sus tebeos de superhéroes durante la Guerra Fría¬ y que para Laporta es el Real Madrid, que seguro que Laporta en la Play Station se pone barretina antes de jugar y luego se dedica a romper una y otra vez la pierna de Raúl. Para mantenerse unida, Cataluña necesita encontrar excusas para tañer las campanas de alarma, como en los pueblos medievales cuando desembarcaban los vikingos, o los «Spainators», o Beckham. Que luego allá va el populacho, a encaramarse en la empalizada, cargadas las manos con cabezas de cochinillo. Y eso que han probado el «sushi».

Matar marcianitos españoles
Julián Lago La Razón 27 Septiembre 2003

Miren qué ocurrentes son los del diario «Avui» que se lo han montado de jueguecito de marcianos, en este caso de spaniators, es decir, de españoles, a los que hay que perseguir, disparar y matar cuantos más mejor, sólo virtualmente, non fotis. Vamos que, en lugar de educar a los jóvenes en dar caña a todo lo español a lo bestia, léase lo que ocurre en el País Vasco en las ikastolas, no en todas, claro, «Avui» ha optado por el chip, por la tecnología, por la cosa puntocom para su mensaje de exacerbación nacionalista, lo cual resulta más fino y pedagógico, naturalmente.

Así que en La Resistencia, que así se llama el juego o el ciberjoc, si lo prefieren, el héroe de Catalonia, un tal Joan Conoll, dirige un Once de Septiembre, conmemoración de la Diada, pero no del año 1714 sino del 2714, la lucha contra unos robots terroríficos procedentes de la Galaxia Génova, qué casualidad. Ni que decir tiene que al president Pujol debe hacerle mucha gracia el juego, que abrir no ha abierto la boca, y menos Maragall, lo que entendemos mayormente dado lo ocupado que anda el asimétrico con la revisión pancatalanista de la Corona de Aragón.

Hasta aquí todo entra dentro de la lógica mitológica, lo de Pujol y lo de Maragall, que uno y otro son más de lo mismo, pero no así la superioridad de los spaniators en La Resistencia, que siempre ganan frente a los catalonios que siempre pierden, situación ésta que sólo se explica desde la interpretación freudiana de la Historia, cosa que por otro lado les ha llevado a desarrollar una depurada administración de la derrota, vía precio. Que si me cedes un 15 por ciento del IRPF, que si me pasas un 5 por ciento más, que si me elevas las exenciones fiscales, que si me construyes unas buenas infraestructuras, en fin, que la pela es la pela.

Pero a lo que íbamos, verbigracia al correlato, técnica frecuentemente utilizada en la literatura, a partir del cual se establece no un escenario idílico de apoteosis final, que sería lo natural, sino de resistencia, a diferencia del secesionismo vasco empeñado en alcanzar como sea la Arcadia feliz de una Euskadi libre en la que, erre que erre, tanto insiste estos días Ibarretxe. O lo que es lo mismo, como vencer resulta un imposible metafísico tal cual ha quedado demostrado a la luz de la Historia con aragoneses, franceses y castellanos, La Resistencia persigue instalar una conciencia colectiva de resistencia activa desde el mito del eterno retorno, de la leyenda de Prometeo.
Visto lo visto, lo que subyace en el juego ése del «Avui» (periódico que, por cierto, sobrevive gracias a las subvenciones de la Generalitat, por si alguien no lo sabía) es un cierto complejo de inferioridad en el que no entramos, que a nosotros no resulta inverosímil, que decía el otro, aunque imagínense el tomate que aquí se habría montado si alguien hubiera inventado un ciberjueguecito a la viceversa, o sea, que matara a marcianitos nacionalistas catalanes, también con las pelas del Estado, eso.

Reflexionar
M.ª Bautista Bilbao/Bilbao Cartas al Director EL Correo  27 Septiembre 2003

¿Cuánto dolor! Un joven, licenciado en Derecho, 5 idiomas. Unos padres cristianos sufriendo angustiosamente, pero con la esperanza de la misericordia de Dios. Dos ertzainas heridos, uno con pérdida de un ojo. ¿Por qué? Balza decía que no sabe explicar quién llena de odio a los jóvenes; preguntad a ETA, dice. Yo creo que nos tenemos que preguntar todos. ¿Por qué no admitimos al otro, al que opina distinto? ¿Por qué hay que odiar a España? Se ha dicho a los jóvenes que nos oprimen.

Hace tiempo que Rafael Aguirre, profesor de Deusto, nos decía que cuando se habla a los jóvenes desde sentimientos, no desde la cabeza y la verdad, y se les dice que somos los mejores, los únicos, que tenemos derechos a todo... ¿no se siembra el odio que produce tantas víctimas? Hay tantos vascos honrados que dicen la verdad. ¿Por qué no reflexionamos? ¿Por qué aquí hasta el concejal más humilde debe llevar escolta si no es nacionalista? ¿Por qué soportamos que escriban cipayos, asesinos y que griten gora ETA .

LE PIDE QUE LANCE EL "ÓRDAGO" CUANTO ANTES
Mayor Oreja acusa a Ibarretxe de traicionar a España y usar a ETA para imponer su plan
El debate del plan Ibarretxe en el Parlamento vasco ha confirmado la postura de los partidos. Desde el PSE, Patxi López empezó con un discurso duro contra el nacionalismo que no tardó en perder vigor. Tras negarle su apoyo al plan, el socialista le brindó los argumentos para la réplica. Mayor Oreja huyó de los "contraplanes" y destacó el éxito del Estado de Derecho en el País Vasco. Al final, pidió al lehendakari que no espere a octubre para mostrar que su intención es "heredar a ETA".
Libertad Digital  27 Septiembre 2003

A las seis en punto comenzaba su intervención Jaime Mayor Oreja, presidente del Grupo Popular en el Parlamento vasco. Le precedió el secretario general del PSE, Patxi López que, aunque mantuvo cierta dureza contra el plan Ibarretxe y no ahorró apoyos a las víctimas de ETA, anuló toda su exposición por culpa de una contradicción fundamental: exigir la retirada del plan y negarle su apoyo para después brindarle un diálogo basado en el lema "unidos en la diversidad". Patxi López evitó pronunciar el nombre de Batasuna y no logró articular una verdadera crítica a las consecuencias económicas del plan Ibarretxe. Pese a defender el Estatuto y la Constitución, Patxi López prefirió basarse en un modelo propio, "Más Estatuto", algo que veladamente criticó Jaime Mayor Oreja para quien no hacía falta enfatizar el marco existente. Era la segunda contradicción del discurso socialista.

La herencia de ETA
La línea fundamental del discurso de Mayor Oreja fue defender que "el Estado de Derecho ha sabido estar a la altura sin necesidad de planes ni contraplanes". Así, en su opinión, "no se pueden esconder los éxitos del Estado de Derecho en este año". Algo fundamental: "ETA ya no está presente en los ayuntamientos. Ha terminado la excepción que se daba en toda Europa". Y para dejar claro el papel estabilizador del Estado de Derecho, recalcó que "Batasuna hoy está fuera de la ley y no ha sucedido absolutamente nada en el País Vasco". El argumento dialéctico de Mayor Oreja fue la simple comparación: "No habrá sido el plan de Ibarretxe el que ha reducido la violencia callejera". Siguiendo en su repaso del papel del Estado constató que "en este año ETA sigue debilitándose". También resaltó como positivo el cambio del ambiente internacional en torno al terrorismo y el papel "más intenso que nunca" de las víctimas. La mejor respuesta al triunfalismo electoral de Ibarretxe fue que "el 25 de mayo demuestra que no han conseguido un solo ayuntamiento que no tuvieran antes".

Lo más relevante, según Oreja, es que "cuando se aplica la ley no hay convulsiones sino que se hace retroceder a quienes empuñan las pistolas". En suma, cumplir la ley tiene efectos positivos. Y frente a todos estos avances indiscutibles, lamenta Oreja, "está su plan" que insiste en calificar como "la herencia política de ETA, el precio que ustedes quieren pagar". Para el presidente del grupo parlamentario popular vasco "pactar el final y al final con ETA, no es una necesidad de la sociedad vasca sino suya (del PNV)". El plan –o la parte de él–que este viernes se ha expuesto es, según Oreja, "un instrumento para sustituir a ETA cuando ETA no pueda presentarse a las próximas elecciones vascas". De hecho, hizo hincapié en las similitudes que presenta con lo que expuso la banda terrorista como argumento para la tregua trampa.

La segunda transición y las cinco coartadas de Ibarretxe
Mayor Oreja destacó que en ningún momento se ha hecho caso de las opiniones que han vertido los empresarios alertando del peligro del plan. Por el contrario, cuando lo hicieron, se produjo un brutal ataque "incluso en términos personales", añadió. En este sentido, el portavoz popular destacó que no hay planes ni programas políticos que sustenten el proyecto separatista "sino coartadas que se han ido desmoronando una a una". Pasó a detallarlas. La primera, el diálogo y la trasparencia. Según Oreja "no existen porque nos enfrenta radicalmente desde el principio. No hay trasparencia cuando lo conocemos (el plan) por entregas, ni siquiera hoy lo conocemos y ha incumplido su promesa de debatir un texto articulado". Aquí, Mayor Oreja reprochó a Ibarretxe su esfuerzo por explicar el plan y la labor pedagógica del PNV: "Si dedicase la cuarta parte del tiempo en erradicar la violencia y el terrorismo" cambiarían mucho las cosas. La segunda coartada a la que se refirió es la reforma. "Nada es verdad o todo es mentira, elijan ustedes la opción". Ante el argumento del PNV de que el Estatuto está superado y que hay que acometer la reforma, Oreja insiste en que "sirven a una estrategia que les exige heredar a ETA antes que acabar con ella". En este sentido, expuso su tesis de las dos transiciones y de cómo el PNV se ha intentado acomodar a ellas para mantener el poder: "el movimiento nacionalista buscó el poder en la primera transición en la que ETA no le servía. Ahora sí".

Por ello, resumió Mayor Oreja que el PNV "se ha aprovechado de la autonomía y de España para traicionarla después. Convierten en reforma lo que es ruptura. Citan la legalidad y al mismo tiempo no la respetan". Y por ello, expresó su negativa a aceptar una segunda transición, precisamente "porque apoyamos la primera", la que gestó el Estatuto. La tercera cortada fue la vocación europeísta. Para Mayor Oreja, a los nacionalistas "nunca les interesó porque piensan que Europa debilita los estados, justo lo contrario que ustedes buscan". Destacó por contra que "el referéndum de la Constitución europea sí es real" y apunta a todo lo contrario que pretende el PNV y sus socios. La cuarta cortada es "la exterior". Recordó el líder popular vasco que Ibarretxe "quiso revestirse de experiencias ajenas. Irlanda del Norte ya no es un ejemplo agradecido. Había espejismo en Québec, pero aquí también se les ha caído". Y, por último, la quinta coartada, la paz. Según Oreja los instrumentos nacionalistas para alcanzarla "eran sucedáneos, cortinas de humo para aparentar un esfuerzo irreal". Recordó en este sentido que desde el Gobierno vasco "zarandean a los jueces de la Audiencia Nacional, especialmente a Garzón, recusan al Constitucional" y atacan al Supremo para no cumplir lo que dictan los tribunales. Tras ello, dijo que "sólo cabe preguntarse qué es más escandaloso en su plan". Y aquí llegó Oreja como resumen a la "ficción histórica de Euskal Herria" sobre la que se construye el desafío en plena consonancia con ETA.

"Le aceptamos el órdago pero que sea lo antes posible"
Al contrario que el portavoz socialista Patxi López, Mayor Oreja le dijo a Ibarretxe que "no le voy a pedir que lo retire porque es inútil. Le vamos a pedir que deje de amenazar y lo presente entero cuanto antes sin esperar a octubre". Para Mayor Oreja, el engaño de presentar el plan "por entregas" sólo provoca aburrimiento, sufrimiento y hastío: "lo peor es la incertidumbre, el sufrimiento que se acentúa cada mes y que se agrava con el pago político a ETA", explicó. Concluyó el portavoz del PP insistiendo en que el plan Ibarretxe "sólo prosperará con el apoyo de ETA y Batasuna". Y, dejando claro que lo que busca Ibarretxe es el desafío abierto, añadió: "Le aceptamos el órdago pero que sea lo más rápido posible".

El final del discurso de Jaime Mayor Oreja planteó las "dos opciones". La primera, "la suya (de Ibarretxe) que le gusta a ETA, no lo digo yo, es suficiente haber escuchado al portavoz de Batasuna", Arnaldo Otegi. Y la alternativa, "que tiene ocho siglos de historia en común", que es "apostar por España, por la fortaleza del País Vasco en España y el progreso de España en Europa. España no puede recorrer siempre una transición".

Jueces, partidos y colectivos ven el desafío «ilegal» y «aberrante»
Redacción - Madrid.- La Razón 27 Septiembre 2003

La Asociación Profesional de la Magistratura resaltó que la propuesta es «inconstitucional, ilegal, separatista y secesionista». «Es una secesión de España y está prohibida por la Constitución española. No está permitido por las leyes ni por la normativa internacional ni comunitaria».
 
La asociación Francisco de Vitoria dijo que la propuesta es «manifiestamente inconstitucional». «Lo que hace Ibarreche es ponerse la Constitución por montera» y pretender «crear un Poder Judicial» que ni está en la Carta Magna «ni puede estar». «Es aberrante, una locura y supone una fractura».

Jueces para la Democracia recalcó que la iniciativa «es incompatible con la Constitución». «No podemos aceptarla porque desde la Carta Magna se puede conseguir una mayor participación de la Comunidad Autónoma Vasca en la Administración de la Justicia».

El portavoz de Foro Ermua, Rubén Múgica, pidió al Gobierno que no dude en aplicar el artículo 155 de la Constitución, que permite suspender los gobiernos autonómicos que conculquen la Carta Magna.
El presidente de la Comunidad foral de Navarra, Miguel Sanz, aseguró que «Ibarreche no es quien para plantear un referéndum en Navarra, ni tan siquiera en la Comunidad Autónoma Vasca porque, conforme a nuestro ordenamiento jurídico, tendría que pedir autorización al Gobierno de España».

El secretario de Organización del PSOE, José Blanco, se mostró convencido de que el plan presentado «no va a salir adelante», y pidió a Ibarreche que presente otro «de verdad y que sea para acabar con ETA».

Basta Ya! rechaza el proyecto porque es un «chantaje» a los vascos atemorizados
J. J. S. ABC 27 Septiembre 2003

El portavoz de la plataforma cívica, Fernando Savater, reclamó a los dirigentes del PP y PSE que den una «respuesta conjunta» al plan soberanista

VITORIA. Basta Ya y El Foro de Ermua reclamaron ayer al Gobierno que ponga todos los medios a su alcance para frenar el plan independentista.

El portavoz de la plataforma cívica, Fernando Savater, que pidió a los dirigentes del PP y PSOE una respuesta conjunta, instó a Ibarretxe y a los partidos con representación en la Cámara de Vitoria que «se abstegan de cualquier propuesta» y que se concentren en «la lucha política, legal y policial contra los que ejercen la violencia, la encubren o la justifican».

A través de una declaración titulada «No al chantaje político del Plan Ibarretxe», el filósofo donostiarra exigió al Gobierno de España que «desautorice semejantes proyectos y haga cumplir las leyes vigentes, sin concesiones demagógicas a los que esperan rentabilizar los crímenes para sus fines políticos».

Según Basta Ya, el plan del lendakari es «una propuesta que rompe sustancialmente con el Estatuto vasco y la Constitución española desde planteamientos nacionalistas». «Aunque no sea rechazable por este motivo -matiza-, lo es porque se trata pura y llanamente de un chantaje político ejercido contra los ciudadanos atemorizados por la violencia terrorista, que se ven coaccionados a aceptar lo que se les presenta como el precio a pagar por los crímenes y extorsiones ejercidos contra ellos».

«Decir que la sociedad vasca puede discutir y elegir «con toda normalidad» democrática cualquier modificación de sus leyes fundamentales es una sangrienta burla oportunista contra los amenazados de hoy y contra la memoria de los asesinados ayer», denunció en otro momento Basta Ya.

Por su parte, el portavoz del Foro de Ermua, Rubén Múgica, pidió al Gobierno que no dude en aplicar el artículo 155 de la Constitución, que permite suspender los gobiernos autonómicos que conculquen la Carta Magna, si Juan José Ibarretxe sigue adelante con su plan de secesión. Múgica definió el proyecto como una «agresión contra la buena fe del pueblo español» ante la que hay que poner en marcha «todos los mecanismos legales» posibles.

Preocupación de las víctimas
La portavoz del Colectivo de Víctimas del Terrorismo del País Vasco, Cristina Cuesta, mostró su preocupación ante el plan Ibarretxe, que calificó de «lamentable», ya que «asume las tesis por las que algunos justifican el terrorismo». Se trata de una propuesta hecha a espaldas «de las víctimas del terrorismo».

El Gobierno no negociará e impedirá en el TC que la propuesta tenga efecto jurídico
C. M. - Madrid.- La Razón 27 Septiembre 2003

El Gobierno no dialogará ni negociará sobre el «Plan Ibarreche», ni siquiera en la hipótesis de un escenario sin violencia, debido a que considera que desborda clarísimamente el ámbito constitucional. Da por sentado que el proyecto no tiene ninguna posibilidad de prosperar porque se trata de un «imposible jurídico» no sólo en España, sino también en Europa.

De llegar el «lendakari» a intentar ponerlo en marcha, pese a no contar con la aprobación de las Cortes Generales, el Ejecutivo recurrirá ante los tribunales, vía contencioso-administrativa o vía TC, cualquier iniciativa con efectos jurídicos. Entretanto, se entiende que sólo hay un «debate político» bajo un «clima de tensión», alimentado por los nacionalistas porque en él se sienten cómodos. El calendario a largo plazo fijado por Ibarreche responde, precisamente, a esa estrategia de «tensionar la cuerda» el mayor tiempo posible para generar inestabilidad.

El Gobierno también considera un simple pretexto la reivindicación de la mejora del «autogobierno», pues los datos, a su juicio, demuestran que el País Vasco disfruta de una mayor descentralización y de más competencias que los estados federales o los cantones. El ministro portavoz, Eduardo Zaplana, fue ayer contundente al mostrar su rechazo a contenido del «Plan Ibarreche»: «Desde el punto de vista político, una vez más queremos dejar clara nuestra oposición más rotunda. Desde el punto de vista jurídico, todos los planteamientos de este plan que pudieran desbordar el ámbito constitucional serán recurribles por dos vías, bien ante el Tribunal Contencioso-Administrativo, bien ante el Tribunal Constitucional, y con esas vías es absolutamente suficiente. En cualquier caso, quiero resaltar que la pretensión de este plan es un imposible jurídico tanto en España como en Europa».
Zaplana subrayó que lo que realmente intenta Ibarreche es mantener un «debate vivo» en la sociedad vasca y en la española, sin «concretar para no comprometerse». «Se busca tensionar el debate político, las relaciones con el Gobierno vasco y con el resto de instituciones, y crispar aún más sabiendo que sus propuestas no pueden prosperar. Plantea un calendario a largo plazo para que permita que ese clima se pueda mantener», insistió.

Michavila habla de fracaso
En la misma línea se manifestó el ministro de Justicia, José María Michavila, presente también en la comparecencia informativa posterior al Consejo de Ministros. «El proyecto que se ha visto es la historia de un fracaso, del fracaso del PNV por ser capaz de generar un clima de convivencia y de acabar con el terrorismo en el País Vasco. Un partido democristiano que llega a necesitar de los votos de los comunistas y de los de un partido ilegalizado por terrorismo para tratar de sacar adelante un plan... Fíjense que difícil lo tiene en términos políticos», explicó, antes de resaltar el carácter «antijurídico» de la iniciativa nacionalista.

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