AGLI

Recortes de Prensa     Domingo 28 Septiembre  2003
EL ASALTO
César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 28 Septiembre 2003

Ibarretxe: ¿paz por territorios
EDITORIAL Libertad Digital  28 Septiembre 2003

PAZ POR INDEPENDENCIA
Jaime CAMPMANY ABC 28 Septiembre 2003

Una nota de pesimismo
Germán Yanke Libertad Digital  28 Septiembre 2003

Piedra y sangre
ENRIQUE VILLAR MONTERO El Correo  28 Septiembre 2003

Firmeza ante Ibarreche
Editorial La Razón 28 Septiembre 2003

El plan Ibarretxe no soluciona nada
Enriqueta Benito Bengoa  La Razón 28 Septiembre 2003

¿Euskadi a oscuras
José María Carrascal La Razón 28 Septiembre 2003

¡No sólo el lendakari tiene ideas!
ROBERTO L. BLANCO VALDÉS |La Voz 28 Septiembre 2003

Javier Arenas: «Ibarreche insulta a todas las víctimas al citarlas en un plan que da oxígeno a ETA»
Inmaculada G. de Molina La Razón 28 Septiembre 2003

Los empresarios vascos alertan sobre los peligros del «plan Ibarreche»
J. A. B. - Vitoria.- La Razón 28 Septiembre 2003
 

EL ASALTO
Por César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 28 Septiembre 2003

EL mismo Ibarretxe que el viernes presentó el proyecto de un Estado vasco independiente, cometiendo así la mayor agresión que puede concebirse contra la Constitución, había sido alabado pocos días antes por haber asistido a los actos conmemorativos de aquélla. ¿Por qué Zapatero calificó ese gesto de Ibarretxe como de «gran trascendencia histórica» cuando sabía que se trataba de una exhibición hipócrita ya que el día 26 iba a presentar su plan separatista? ¿A quién quiso engañar Zapatero? y ¿por qué hay gentes que tienen que justificar siempre a los nacionalistas incluso en momentos de graves agresiones a la Nación española y a la convivencia?

Este episodio es muy expresivo de lo que han sido las relaciones entre los partidos estatales y los nacionalistas durante este cuarto de siglo y las que -me temo- van a seguir siendo en el futuro a pesar de todo. La experiencia me dice que los socialistas y comunistas no van a cambiar de actitud. Desde la promulgación del Estatuto de Guernica hasta hoy en que los nacionalistas ya la dan por muerto (Otegi dixit), la actitud de la izquierda ha sido de cesión, de entreguismo. Con la excepción de algunos como Redondo, la izquierda ha concedido siempre un plus de legitimidad a los nacionalistas y no ha sido capaz de imaginar un País Vasco sin la hegemonía de los nacionalistas. Por todo eso hemos llegado a este punto. Y por errores tan graves como considerar democráticos a los nacionalistas y distinguir entre ellos según el papel que conceden a la violencia. El hecho es que el proceso que arrancó con la concesión del Estatuto de Guernica no ha servido para aplacar las exigencias nacionalistas y afianzar el Estado sino que ha sido utilizado para debilitarlo, liquidar el imaginario colectivo español e inventar otro a la medida del odio. Los 25 años de Estatuto han servido para preparar el asalto al Estado.

EN todo este tiempo los llamados constitucionalistas fueron aceptando el proceso hasta el pacto de Estella, es decir, hasta el momento en que los nacionalistas no pudieron seguir representando la ficción de moderados y violentos, institucionalistas y partidarios del terror y aún después seguimos asistiendo a pactos como los de Álava entre el PSOE y el PNV... en vísperas de la presentación del plan separatista. Y ciertos medios periodísticos siguen pidiendo «diálogo».

Se dice que este Plan es inviable porque tiene enfrente al Estado de Derecho. Pero ¿hay alguien que puede creer esto cuando ve a Otegi, al ilegalizado Otegi, en el Parlamento vasco? ¿Se les puede pedir a los ciudadanos españoles que tengan confianza en el Estado de Derecho cuando ven en qué queda la Ley de Partidos y asisten a esta humillación institucional?

PERO si la presencia de Otegi en el Parlamento vasco es ominosa, ¿qué decir de la exhibición de debilidad de los constitucionalistas a la hora de formular sus argumentos en contra del Plan? En vez de acudir a la idea de Nación como expresión de la voluntad de todos los españoles y a la aplicación de los medios que dota la Constitución al Gobierno para hacerla respetar, se recurre a argumentos técnicos, a posibles recursos jurídicos a argumentos anecdóticos relacionados con la inviabilidad económica de un Estado vasco independiente o la imposibilidad de su incorporación a la Unión Europea... Como señalaría un escolástico, demasiados y demasiado variados los argumentos para que no se desconfíe de ellos tratándose de una causa tan clara.

Los nacionalistas «nos» conocen bien. Tienen el tiempo a su favor. Y una estrategia clara. Han matado el Estatuto de Guernica y van a jugar con la independencia «como si» ya la tuvieran. Esperan la división de los contrarios y el apoyo de otros nacionalistas. Están en el poder y, como digo, tienen a su favor el tiempo, el que necesita su programa máximo. Si les dejamos.

Ibarretxe: ¿"paz" por territorios?
EDITORIAL Libertad Digital  28 Septiembre 2003

En el debate sobre política general en el Parlamento Vasco que tuvo lugar el viernes, Ibarretxe no ha añadido ningún elemento nuevo al borrador de su plan que ya publicó el diario ABC: nacionalidad vasca y asunción de todas las competencias del Estado, incluidas la Justicia y la Seguridad Social, salvo la de Defensa. Es decir, el Euskorrico nacionalista que Arzalluz e Ibarretxe prometieron justo después de mayo de 2001, cuando anunciaron que esta sería la legislatura en que la vía soberanista recibiría su impulso definitivo. Quizá la única novedad es que el PNV-EA prefiere esperar al resultado de las próximas elecciones generales, con la esperanza de que el PSOE acaso las gane en minoría, para pisar a fondo el acelerador con el debate del proyecto secesionista en la Cámara vasca, al que seguirá su posterior presentación en el Congreso y la convocatoria de un referéndum, sea cual sea el resultado de las negociaciones. Aunque lo más llamativo es la insistencia, no tanto en aspectos económicos como la fiscalidad o la Seguridad Social como en la creación de la “nacionalidad” vasca, de una Justicia exclusivamente vasca y de una legislación propia sobre partidos políticos.

Aparte de que estas cuestiones tienen valor propio para el PNV, es demasiado evidente que la insistencia en ellas por parte de Ibarretxe es reflejo del pacto al que llegaron Egibar y Otegi sobre el “plante conjunto” al Estado hace unos meses: el PNV se comprometería a no disolver SA, a relegalizar Batasuna en el futuro, a asumir la reivindicación proetarra del “DNI vasco” y a embotar el filo de la Justicia cuando ésta pretenda aplicarse a quienes ejercen el terror contra los no nacionalistas. A cambio, ETA-Batasuna apoyaría –o, al menos, no pondría dificultades– a la aprobación del plan Ibarretxe –que necesita los votos de SA en la Cámara vasca para salir adelante– y garantizaría la celebración del referéndum secesionista en un ambiente de no violencia, como no se cansa de repetir Ibarretxe.

No obstante, uno de los rasgos más característicos de los totalitarios son su mesianismo y, por tanto, su previsibilidad. Por ello, nadie puede engañarse respecto de las últimas intenciones de los nacionalistas vascos, ya sean los del PNV-EA o los de ETA-Batasuna, como tampoco nadie debió engañarse con Hitler. Para los nacionalistas vascos, no hay vida plena ni digna de ser vivida mientras no se construya un Estado vasco, completamente independiente y a su imagen y semejanza. Poco les importa la limitación del poder y los derechos y libertades individuales. Sólo les interesa construir una utopía tribal donde no tengan cabida quienes no desean formar parte de la secta nacionalista. Así, para ellos, cualquier concesión o pacto no es más que un jalón en el camino hacia el objetivo final. Jaime Mayor Oreja expresó esto muy bien el viernes en el Parlamento vasco, cuando afirmó que el PNV “se ha aprovechado de España para traicionarla después” y que Ibarretxe pretende asumir “la herencia política de ETA”.

Desde un punto de vista maquiavélico, el plan Ibarretxe habría tenido mucho más sentido hace quince o veinte años, cuando ETA asesinaba casi un centenar de personas al año. Sin embargo, el proceso de “euskaldunización”, es decir, de creación del pueblo vasco en el sentido nacionalista a través de la educación, de los medios de comunicación y del terror aún no había avanzado lo suficiente y al PNV le interesaba presentarse como la solución “moderada” dentro de la legalidad. Paradójicamente, hoy, cuando puede decirse que ETA-Batasuna está fuera de la esfera política y contra las cuerdas en el ámbito “militar”, es cuando Ibarretxe quiere ofrecer “paz por territorios”. Ibarretxe ve con toda claridad que el fin de ETA-Batasuna, más próximo que nunca, es también el fin de sus aspiraciones; pues mientras no haya consolidado su poder, necesita a los etarras del mismo modo que Hitler necesitaba a las SA.

Por todo esto, hoy más que nunca es preciso oponerse con toda energía a las pretensiones de Ibarretxe, sin equidistancias, medias tintas, planes alternativos o modificaciones en el Estatuto de Guernika, como propone el PSE. Cualquier muestra de debilidad sólo hace concebir mayores esperanzas a quienes ven cómo la única forma de salvar su utopía totalitaria es huir hacia delante atropellando al Estado de derecho, con la esperanza de que su temeridad haga retroceder a quienes tienen la obligación de defender, como ha exigido Fernando Savater, la única garantía de libertad e igualdad ante la ley que todavía les queda a los vascos no nacionalistas.

PAZ POR INDEPENDENCIA
Por Jaime CAMPMANY ABC 28 Septiembre 2003

LA propuesta última y el objetivo final del Plan Ibarreche estaban muy claros incluso antes de anunciar el Plan. Son los mismos objetivos y la misma propuesta del nacionalismo vasco de Arzalluz, que baja rodando desde hace años por los montes del Aberri Eguna y por los pactos con los representantes políticos de la banda etarra. Ahora, con la primera exposición del Plan, lo que era sospecha o adivinación se convierte en constancia.

En definitiva, se trata de ofrecer un trueque perverso: la paz a cambio de la independencia. Ese planteamiento no es nuevo, pero hasta ahora no había sido planteado de una manera formal, ante el Parlamento y ante la opinión pública. Arzalluz lo había adelantado en varias ocasiones, en frases sueltas aunque significativas. Sólo hay que recordar algunas de las más elocuentes. «Ninguna independencia se ha conseguido sin que unos arreen para que otros negocien». Queda claro que en el País Vasco los terroristas tienen que arrear para que los peneuvistas negocien. O la famosa y siniestra metáfora de las nueces. «Alguien tiene que agitar el árbol para que nosotros recojamos las nueces». La metáfora arzallusina resulta macabra porque «agitar el árbol» equivale en este caso a agujerear cabezas o sembrar bombas entre las gentes pacíficas.

Desde siempre, en las intenciones del nacionalismo radical de Arzallus, impera la intención de aterrorizar primero a la sociedad, combatir y debilitar al Estado, y por último ofrecer la paz a cambio de la independencia. Es decir, conquistar el objetivo común de ETA y del PNV, difícilmente alcanzable por métodos democráticos si no hay alguien que «arree». Por eso, se ha venido condenando el terrorismo con la boca pequeña, compadeciendo y favoreciendo a los verdugos y despreciando a las víctimas. El desprecio a las víctimas ha alcanzado a veces el grado impío de negar o regatear el consuelo de la despedida religiosa y de las últimas bendiciones. Esa es grave responsabilidad que le cabe a la jerarquía de la Iglesia vasca, y en primerísimo lugar al obispo emérito de San Sebastián, monseñor José María Setién. Los pastores del pueblo que «ora et labora» en el País Vasco todavía no se han aclarado del todo en esa confusión que viene de tan lejos.

Lo que sucede es que esa violencia que ofrece detener el lendakari (consulta al pueblo en «situación de ausencia de violencia» son sus palabras) se encuentra más cerca de desaparecer cada día que pasa. Pero no porque Ibarreche la detenga a cambio de la independencia, sino porque lenta pero inexorablemente el terrorismo se halla combatido por el mundo civilizado, y es considerado como peligro común. La solidaridad de los gobiernos con los países golpeados por el terror crece de manera evidente. Obtener una situación política en Europa con las armas del terrorismo es ya un sueño siniestro imposible de realizar en la Europa de hoy. Ni en la España democrática ni en la Europa unida cabe la esquizofrenia o la estupidez del tándem Arzalluz-Ibarreche. Así que a mí el Plan, plin.

Una nota de pesimismo
Germán Yanke Libertad Digital  28 Septiembre 2003

Tras la aberrante propuesta de Juan José Ibarretxe, las reacciones. Todos, salvo los nacionalistas vascos, parecen preferir la retirada del plan. El PP y su Gobierno hacen referencia a las previsiones constitucionales y piden a los ciudadanos tranquilidad, como si el problema fueran los ciudadanos, ante este intento de ruptura de la “mayoría estatutaria”. El PSOE cree que debe ser sustituido por otro tipo de acuerdo que, en base a lo que llaman posibilidades de desarrollo del Estatuto, haga que todos se sientan cómodos. El Círculo de Empresarios Vascos advierte de la inestabilidad e incertidumbre que el proyecto nacionalista introduce, aunque manifiesta su respeto a la legitimidad del lehendakari para plantear propuestas. Izquierda Unida, que gracias al PSOE juega un papel importante en la política española, un papel que no le corresponde ni por votos ni por sentido común, está encantada. Los periódicos hacen cábalas acerca de si las previsiones de Ibarretxe se cumplirán o no y trata de discurrir sobre si hay o no resquicios jurídicos para ello.

Y, ante todo esto, yo sumo mi nota de pesimismo. No se trata de romper una mayoría, ni de sustituir un plan por otro, ni de apuntar la teórica imposibilidad del plan (“pero no es posible...”, “pero cómo se van a atrever...”, etc.), ni de preocuparse a estas alturas por la creación de riqueza. De lo que se trata es de que estamos ante una ofensiva totalitaria, que no tiene nada de democrática, que rompe las bases de cualquier sociedad moderna, que trata de controlar el poder y hacer desistir a los adversarios. Si a los empresarios les parece legítimo hacer este tipo de propuestas, si el PP nos habla del Tribunal Constitucional y de la mayoría estatutaria, si el PSOE quiere cambiar el plan por otro proyecto para que hasta los antidemócratas nacionalistas estén a gusto, si IU está feliz... al PNV no le hace falta más que tiempo.

Así de triste.

Piedra y sangre
ENRIQUE VILLAR MONTERO /DELEGADO DEL GOBIERNO EN EL PAÍS VASCO El Correo  28 Septiembre 2003

Vistos los acontecimientos que están produciéndose en los últimos días, da la impresión de que no podemos sacudirnos esa especie de castigo que supone vivir todas las semanas sobresaltados por la desgracia de la muerte y por la rutina de polémicas estériles. Sigue oliendo a gasolina y a sabotaje en nuestras calles, por las que vuelven a pasearse impunemente personajes despreciables que nos amenazan con puños de hierro y azuzan a sus cachorros al asesinato y a la destrucción.

Va saltando la actualidad sobre las piedras de la Sierra de Cantabria (también de Toloño, que la toponimia no es un campo yermo para el nacionalismo, sino motivo para marcar las diferencias), escenario en esta ocasión de una tragedia, la permanente tragedia, que tan cotidiana y habitual nos resulta en el País Vasco. Se deja caer también por Madrid. Capital, centro imaginario para los nacionalistas de una falsa opresión. Cueva de lobos y refugio de serpientes para algunos, donde el lehendakari Ibarretxe, según cuentan, pretendió un gesto. Y sobrevuela como un pájaro (¿de mal agüero? ¿Paloma de la paz?) la Donostia-San Sebastián del cine y del glamour. Se ha hablado estos días de piel y de piedra. De cine y emboscada. Se ha vuelto a derramar sangre y se ha vuelto a señalar erróneamente al enemigo.

Curioso país el nuestro -si tienen a bien permitirnos que así lo sea-, en el que un joven terrorista que planifica e intenta ejecutar a dos ertzainas, muriendo luego en el intento, es tratado como héroe. Como un joven vasco al que alguien ha confundido y lanzado por una pendiente equivocada. Confundido país el nuestro en el que la presencia del máximo representante del Estado en una comunidad autónoma en un acto de Estado ha de ser explicado por sus portavoces con tantos adjetivos. Cuántos inútiles meandros. Pobre país el nuestro en el que un cineasta, nada más y nada menos, es jaleado hasta el llanto por poner en imágenes la eterna y repugnante historia de que tan perverso es el terrorismo de ETA como la acción de las instituciones; tan doloroso el dolor de una víctima del terrorismo como el largo viaje para visitar al asesino encarcelado.

Me alegró que el lehendakari Ibarretxe participase en Madrid en el acto que, en torno a la Constitución española, reunió a todos los estamentos del Estado. Eso es lo normal. Es simplemente una demostración de respeto y de decencia institucional que los nacionalistas vascos, en demasiadas ocasiones ya, han regateado.

Es por eso que no entiendo que personajes como Iñaki Anasagasti se lancen tan fácilmente al insulto y a la descalificación. Me van a disculpar la frivolidad de recordarlo, pero al portavoz nacionalista en el Congreso de los Diputados no le gustaron los canapés que se sirvieron en el citado acto protocolario. Según confesión propia, el tentempié madrileño y constitucional no tenía «ni color con los de un batzoki». Será por la mala digestión o por la frustración gastronómica que podamos entender mejor que Iñaki Anasagasti arremetiera contra una de sus brunetes preferidas.

Acusó al Partido Popular de no ser un partido democrático y de llevar a cabo una confrontación de «trinchera aguardentosa». Tuvo también un recuerdo, le llamó «facha», para el presidente del Consejo General del Poder Judicial. Afeó unas declaraciones de la ministra de Educación y Cultura en las que, según él, opinaba «por consigna», y tildó de «broncas» a dos miembros del Foro de Ermua. Para ser tan pobres los canapés, dejaron muy mal sabor de boca en la del siempre dispuesto portavoz nacionalista en Madrid.

El Partido Nacionalista Vasco, el nacionalismo gobernante, no está del todo seguro del terreno que pisa. No tiene del todo claro que su proyecto soberanista esté siendo entendido, no por los otros , sino por sus propias bases, muchas de ellas con una posición material en la vida muy bien asegurada gracias fundamentalmente a un empleo público bien remunerado y mejor considerado socialmente.

Al lehendakari Ibarretxe me permito decirle, por lo que pudiera valerle, que en el acto del Palacio Real estuvo en su sitio, en el lugar que nunca deberían haber abandonado los nacionalistas vascos: junto a todos los demócratas. No le dé más vueltas. Pero al lehendakari, me permito plantearlo, hay que exigirle mucho más. Es por la vía de la colaboración y no por la de la aventura y la ruptura por donde se puede avanzar en la solución de los problemas. Sumando y no disgregando.

El lehendakari Ibarretxe, que ostenta la más alta representación del País Vasco y la ordinaria del Estado, debe ser el primer ciudadano en ser respetuoso con la legalidad vigente y el primero en, llegado el caso, responder por sus incumplimientos. Quien dirige por elevación la Policía autonómica, la enseñanza, la sanidad. Quién es responsable último de disposiciones legales, administrativas, de la firma de convenios, de autorizar inversiones, deudas, pagos... etcétera, es quien debe ser, escrupulosamente, fiel a las leyes. Seguir insistiendo (¿amenazando?) con consultas y referéndum puede ir contra la Ley y el ordenamiento jurídico. Ley y Justicia, con mayúsculas, que son las herramientas, y no las armas, que nos van a permitir vivir en paz y libertad.

Firmeza ante Ibarreche
Editorial La Razón 28 Septiembre 2003

El Gobierno no está dispuesto a que el nacionalismo vasco imponga su proyecto independentista por la vía de los hechos. Ni quiere ni puede consentir una ilegalidad manifiesta como es el llamado Plan Ibarreche, por más que se vista con el cinismo del «diálogo». Y tiene toda la razón el vicepresidente segundo, Javier Arenas, cuando, en una entrevista con Inmaculada G. de Molina, afirma que «el Gobierno no dialoga sobre cómo y cuándo se rompe España y el pacto de convivencia que nos dimos hace 25 años con la Constitución». Porque no otra cosa es lo que propone el nacionalismo vasco con una maniobra que supone «un paso más en su proyecto de ruptura e independencia... que coincide con los fines que ETA defiende desde hace muchos años».

Javier Arenas es consciente de que su partido, que sigue como favorito ante las próximas elecciones generales, hace frente a uno de los mayores retos planteados desde la Transición. Sus declaraciones ratifican que el Gobierno mantendrá la firmeza ante el ataque frontal al Estado, pero también que lo hará desde la serenidad y la confianza en la Justicia. A ella recurrirá el Ejecutivo si los nacionalistas y sus socios de EA y de la coalición comunista de Izquierda Unida aprueban en la Cámara de Vitoria el documento del despropósito de Ibarreche. Como recuerda el propio Arenas, «el Estado de Derecho ofrece posibilidades suficientes para impedir un referéndum ilegal», para restaurar la legalidad, sin tener que recurrir a las medidas excepcionales que autoriza el artículo 155 de la Constitución.

El plan Ibarretxe no soluciona nada
Enriqueta Benito Bengoa es secretaria general de Unidad Alavesa La Razón 28 Septiembre 2003

He de decir que no discutimos el derecho de los nacionalistas a presentar lo que quieran ante el Parlamento Vasco. Es ahí donde corresponde discutir las propuestas políticas, no en las cuevas o en los montes como lo hacen los terroristas, ni mediante la extorsión o el chantaje.

He de decir que no nos asusta el debate. La discusión, el contraste de pareceres, los foros de análisis son necesarios y son la evidencia más clara de que la democracia funciona. El pensamiento único, el control de los medios de comunicación y de los poderes del Estado, la estigmatización del distinto son expresiones de degradación del funcionamiento democrático.

Por tanto, no voy a cuestionar el derecho de los nacionalistas a plantear su modelo de sociedad y su modelo de acción política. Sí voy a poner en solfa la vulneración de los mecanismos políticos que se basan en reglas de juego libremente aceptadas por todos y respaldadas por la mayoría de los vascos tanto en 1978 como en 1979, cuando nos dimos la Constitución y el Estatuto. Se me puede cuestionar que ya son normas caducadas y que las cosas han cambiado, con lo que puedo estar hasta de acuerdo. Sin embargo lo que no es de recibo es que se haga tabla rasa y se empiece del punto cero, sin respetar los propios mecanismos de reforma contenidos en las leyes en las que se basan nuestra convivencia, y que tan buenos frutos han dado hasta ahora después de 25 años de democracia tras la desaparición del régimen totalitario de Franco.

A nosotros nos parece que poner patas arriba el sistema no produce ningún efecto positivo. Crea graves incertidumbres que impiden el clima propicio para el desarrollo económico. No hay más que ver que en 2002, con estas milongas, la inversión extranjera ha caído un 90 por ciento en el País Vasco mientras que en España creció. No hay más que ver que instituciones como la Fundación de Cajas de Ahorro han puesto al País Vasco en el penúltimo lugar de las comunidades autónomas en el desarrollo del PIB interno en los últimos años. No hay más que escuchar a las asociaciones empresariales que avisan con alarma de las consecuencias de empobrecimiento y de alejamiento del dinero de nuestra Comunidad, etc. Pero además la profundización de la fisura entre el mundo nacionalista y el no nacionalista produce un mayor enconamiento y división social que no facilita un clima de bienestar ni mucho menos de cohesión, lo cual puede adquirir tintes dramáticos de seguir en esta dirección.

Consideramos que el Plan Ibarretxe es un ultimátum unilateral al Estado de Derecho y al marco jurídico. No nos oponemos a revisar o a cambiar la Constitución ni a buscar un nuevo marco de entendimiento, lo que nos oponemos es a que se nos imponga ¬incluso por la fuerza de las armas de ETA¬ un nuevo marco, y que se nos haga comulgar con las ruedas exclusivas del nacionalismo, negando la posibilidad de cualquier tipo de consenso. Lo que se nos presenta como solución para la convivencia y como un nuevo contexto de diálogo y negociación es ficticio. Es un planteamiento exacerbado y cerrado, hecho desde el fundamentalismo nacionalista sin buscar lugares de encuentro ni plantear fórmulas de entendimiento. Si se hubiera querido llegar a un planteamiento común entre todas las fuerzas políticas no se hubiera planteado un texto tan radical como el que se difundió por la filtración que se hizo en el mes de julio, sino una reforma posibilista y razonable donde cupiera la mayoría de los postulados de las fuerzas políticas y no sólo los del nacionalismo en su programa máximo. Se busca pues una situación de ruptura y enfrentamiento, no lugares de encuentro.

Desde UA también apostamos por la reforma, y por eso planteamos un Estatuto Alavés de Autonomía, sin embargo estamos dispuestos al consenso, ¿cuál es la posición de los nacionalistas ante nuestra actitud? Sin duda, el desprecio más absoluto. No muy distinto a la actitud del Partido del Sr. Aznar. Las ideas no deben rechazarse por sistema, se ha de posibilitar su discusión y contraste. Eso enriquece, lo que no impide cuestionar su oportunidad o su valor para resolver situaciones. Entendemos que el Plan Ibarretxe, tal como lo conocemos hoy, no ayuda a resolver nada y sí a empeorar las cosas.

Debemos buscar la verdad de las cosas. Euskal Herria o Pueblo Vasco es una formulación abstracta, sin base histórica, jurídica ni precedente alguno en el pasado político o institucional. Los derechos históricos radican en los territorios forales. No existen derechos del pueblo vasco, ni desde el derecho positivo ni desde el derecho natural, pues su formulación parte de una abstracción y como tal de una tautología. Cuando se mezcla el sofisma con la política se puede entrar en el surrealismo y desarrollar dinámicas basadas más en el sentimiento que en la razón y por tanto alejadas de las realidades concretas.

Entendemos que el Plan Ibarretxe rompe radicalmente con los mecanismos constitucionales, no es respetuoso con los derechos históricos reales ni con los mitológicos inventados por el mundo nacionalista, crea un Estado bajo el falaz planteamiento de la libre asociación sin posibilidades reales de que subsista en la Europa constitutiva que se está formando ni en el entorno económico regido por reglas implacables que no tienen nada que ver con la melancolía romántica en la que nos embarca el nacionalismo.

Otegui lo refleja muy claro en la película de Médem. Dice Otegui: «No queremos vivir en un mundo dominado por el inglés y por internet. No merece la pena». A lo mejor sin quererlo el propio Otegui ha definido el problema del nacionalismo que es que se cierra al progreso, a la apertura de miras, a volar, a buscar una libertad constituida por la rotura de las ataduras. Ése es el problema de lo que se encierra en el proyecto de Ibarretxe. Por eso lo rechazamos, no porque no creamos en la libertad y en la necesidad de contrastar puntos políticos de vista.

¿Euskadi a oscuras?
José María Carrascal La Razón 28 Septiembre 2003

Tuve la suerte, y el honor, de compartir mesa en la cena-homenaje de nuestro periódico al juez Garzón con una serie de vascos que han hecho de la defensa de la libertad el eje de sus vidas. Por lo que viven eternamente amenazados, no pudiendo dar un paso sin la sombra fiel pero importuna del guardaespaldas. ¿De donde sacarán fuerzas para resistir? ¿De qué madera están hechos estos hombres y mujeres que, pudiendo venirse al resto de España para gozar de lo mucho que aquí se ofrece, se quedan en su tierra aguantando los desplantes de su gobierno, las amenazas de los terroristas, los insultos en la calle, el vacío de una sociedad acogotada por el miedo y deslumbrada por las fantasmagorías nacionalistas? A algunos, hasta sus familiares les han prohibido visitarles, tan marcados están. Quienes vivimos del Ebro para acá nunca podremos hacernos idea de lo que es vivir día y noche en el filo de la navaja o de la bomba, del temple que han adquirido estos vascos y vascas en la confrontación diaria, de las presiones que sufren, de las dudas que de tanto en tanto tienen que surgirles, de la forma como las vencen. Estas cosas hay que vivirlas para conocerlas. Pero siempre se puede admirarlas y, desde luego, agradecerse, pues son soldados sin armas en la más cruel, injusta y desproporcionada de las guerras, la que se está librando en Euskadi entre la libertad y la tiranía.

En estas circunstancias, la propuesta de Ibarretxe, aparte de todos los adjetivos que ha cosechado, merece el de sangriento sarcasmo. Decir que su puesta en marcha significaría la desaparición de ETA es un insulto a la inteligencia y un atentado a la moral. El lehendakari quiere acabar con ETA dándole todo lo que pide. Así, cualquiera. Naturalmente que habría tranquilidad en el País Vasco una vez alcanzados todos los objetivos nacionalistas. También la hubo en Alemania cuando Hitler consiguió todos los resortes del poder. A partir de ese momento, los SA no tuvieron necesidad de asaltar establecimientos judíos, asesinar socialistas y pegar palizas a cuantos no acataran su modelo de Estado. Ya estaba el aparato policial y judicial para encargarse de ellos. Pues, que no se engañe nadie, eso es lo que ocurriría en Euskadi de ejecutarse un plan que empieza con Ibarretxe y acaba en ETA, con los «españoles» merecedores del «puño de hierro» del que habla Otegui, al que al menos hay que agradecer la sinceridad. Ibarretxe quiere concederles la nacionalidad vasca. También tenían la nacionalidad alemana los judíos, izquierdistas y «demás ralea», lo que no les libró de acabar como acabaron. Y aquí, una pregunta muy seria a Izquierda Unida: ¿Va a colaborar con este plan para apagar las luces en Euskadi, va a venderse por una migajas de poder y ventilar su resentimiento o va a ser fiel a los postulados de la izquierda, que nunca fue nacionalista, ni xenófoba, ni ambigua en este terreno? La respuesta la tiene ella, sólo ella.

¡No sólo el lendakari tiene ideas!
ROBERTO L. BLANCO VALDÉS |La Voz 28 Septiembre 2003

IMAGINEMOS que Ibarretxe fuera un político normal. Sí, un político que reivindica sus ideas asumiendo como punto de partida de su acción en defensa de las mismas que no podrá verlas realizadas de no contar con el apoyo necesario para ello. Es decir, imaginemos que fuera lo que habitualmente llamamos un demócrata.

¿Qué ocurriría en tal supuesto? Pues que Ibarretxe reconocería que, por mucho que le guste a él y al PNV, su plan soberanista no tiene ninguna posibilidad de prosperar, porque tal cosa exigiría que estuvieran dispuestos a aceptarlo por las buenas quienes han demostrado estar decididos a que nadie se lo imponga por las malas.

Tal negativa, heroica vistas las inicuas condiciones de violencia en que sus partidarios han debido mantenerla, sólo le parece, sin embargo, al lendakari una muestra de la incapacidad para el diálogo de los malos vascos y de los españoles (términos, según Ibarretxe, equivalentes) que rechazan su proyecto. La perversión del lenguaje apenas esconde una, peor, de la idea democrática: pues la misma mayoría que es para Ibarretxe inobjetable cuando la tiene a su favor, le resulta una inaceptable imposición cuando está lejos de obtenerla.

El lendakari carece hoy de la mayoría absoluta necesaria para que el Parlamento Vasco apruebe la reforma estatutaria, aceptado, claro, que su plan sea tal cosa y no, como es, una simple voladura del Estatuto de Guernica. Pero es posible que poniendo a los vascos ante el chantaje del fin de la violencia pudiera Ibarretxe obtener la mayoría que hoy no tiene. En tal caso, Ibarretxe proclamaría de inmediato que la voluntad del pueblo debe ser respetada por todos los demócratas.

De poco valdrá entonces recordarle que las reglas del juego no son esas, y que cualquier reforma estatutaria ha de ser aprobada también por las Cortes Generales, exigencia sin la cual la unidad de España, proclamada en la Constitución, sería sólo una quimera. Ibarretxe, sabedor de que nunca contará con ese apoyo, optaría por aplicar entonces un principio opuesto al previamente proclamado: y la voluntad del pueblo pasaría a ser así una mera imposición.

Con ese aire infantil, de niño que no está dispuesto a que le nieguen sus caprichos por impertinentes que aquéllos puedan ser, Ibarretxe lo explicaba muy bien hace unos días: «No se puede pedir a nadie que retire sus propuestas, sus ideas», decía en defensa de las suyas, olvidando, claro, que esa aceptación obligaría a renunciar a sus ideas a, cuando menos, la mitad de los vascos, y a la inmensa mayoría de los ciudadanos españoles. Pero para entender eso habría que ser un político normal. Vamos, un demócrata.

Javier Arenas: «Ibarreche insulta a todas las víctimas al citarlas en un plan que da oxígeno a ETA»
Javier Arenas considera el plan de Ibarreche un paso en su proyecto de independencia y de ruptura con el resto de España. Además, «coincide con los fines de ETA»
Inmaculada G. de Molina La Razón 28 Septiembre 2003

Su comportamiento recuerda algo al que fue, un hombre dialogante y con bastante mano izquierda en las distancias cortas. Semanas después de estrenar cartera, comienza a quitarse la careta de Alfonso Guerra que le ha tocado llevar los últimos cuatro años, aunque él nunca se ha sentido el Guerra del PP. «Su estilo es irrepetible y nadie lo ha querido imitar». Pero no oculta que el papel de secretario general de un partido no es nada grato. Es el castigador de su formación política y el mensajero de las malas noticias. En el desempeño de su responsabilidad se ha visto obligado a comunicar a más de uno su cese en el puesto. Sin embargo, lo más duro de estos años han sido los entierros de sus compañeros. Ahora, lejos ya de Génova 13, madrileña sede popular, se le ve encantado de la vida. Más cómodo después de todo lo que ha llovido y de lo mucho que se ha mojado.

Preámbulo constitucional
¬El Gobierno tiene ahora diversos frentes abiertos. ¿Retirará a nuestras tropas de Iraq antes de las generales?
¬Es una decisión que no está tomada.

¬¿Si hay un muerto español, le pasará factura a Rajoy en marzo?
¬Nadie quiere que los haya. El PSOE fue irresponsable cuando dijo que llegarían féretros de soldados españoles. No obstante, siempre hay riesgo aunque se participe en una misión de paz.

¬¿Le perjudicará a Rajoy la posición inmovilista de Aznar, cuando todos los líderes internacionales están suavizando sus posturas?
¬Los discursos de Blair, Annan, Bush, Schröder y Chirac se están aproximando. El único que se está quedando aislado en el mundo democrático es el del PSOE.

¬¿Bush apostará por España para instalar la central de fisión nuclear como pago al apoyo de Aznar a la guerra?
¬España no ha hecho ningún pacto concreto como compensación a una decisión basada en la convicción de que siempre serán necesarias alianzas contra el terrorismo internacional.

¬¿Francia se llevará, al final, este proyecto a cambio de su participación en la reconstrucción de Iraq?
¬No se trata de saber quién se lleva el gato al agua. Lo importante es que la UE comparta pronto una decisión sobre Iraq. Esta postura será un paso más en la integración de los europeos y un buen preámbulo para la Constitución.

¬¿Aznar se sintió excluido de la reunión entre Blair, Schröder y Chirac?
¬No hubo ninguna una exclusión. De hecho, no fue convocado Berlusconi, cuando Italia ostenta la Presidencia de turno de la UE. Tanto es así, que pocas horas después Aznar se reunió con Blair para realizar un análisis conjunto del que nadie se ha sentido excluido.

¬Por cierto, ¿el viaje de Aznar a Libia se explica por la colaboración del régimen de Gadafi en la lucha contra el terrorismo integrista?
¬Los países comprometidos con la libertad y la lucha contra el terrorismo tenemos que apoyar a los que dan un giro de 180 grados. Sus reformas van en la buena dirección. Por eso, han merecido la comprensión de Aznar.

¬Precisamente, otro frente abierto es la UE. ¿Antes de llegar a La Moncloa la imagen de Rajoy en Europa ya está deteriorada por el enfrentamiento de Aznar con el eje París-Berlín?
¬La posición española sobre Iraq ha sido compartida por muchos países de la UE. Este conflicto no supondrá ningún obstáculo en el camino de la ampliación y en la aprobación de la Constitución europea.

¬¿Cómo se superarán las malas relaciones que mantiene España con Francia y Alemania?
¬Se están superando día a día. La comunicación nunca se ha roto. Hemos sufrido una polémica sobre el Pacto de Estabilidad, que es imprescindible para la economía europea.

¬Los desafíos nacionalistas constituyen otro escollo. ¿Cuál es más peligroso para la unidad de España, el de CiU o el del PNV?
¬Ibarreche ha lanzado un desafío en toda regla que supone romper la Constitución y la sociedad vasca. La víctima de su plan es la sociedad vasca, que perdería gran parte de su futuro. Además, en España y en la UE es inviable en términos económicos, políticos y jurídicos. CiU propone una reforma del Estatuto, que no responde a ninguna demanda de los ciudadanos y que tiene que ver con la cercanía de las elecciones. Lleva meses empeñada en radicalizar su discurso. Actitud que sólo beneficiará a ERC y a los que estamos en el centro político.

¬¿En el caso del País Vasco, los ciudadanos sí reclaman ese cambio?
¬Hoy no hay ninguna demanda mayoritaria en la sociedad para romper los Estatutos de autonomía y la Constitución. Ni siquiera en el País Vasco.

¬Pero CiU y PNV defienden un Poder Judicial propio y el derecho a la autodeterminación de sus pueblos.
¬No son comparables ambas situaciones. Hoy la propuesta de Ibarreche en su finalidad coincide con ETA. El nacionalismo catalán se ha caracterizado por su aportación a la gobernabilidad en España y por una posición muy constructiva. Por supuesto, no compartimos la reforma de Mas ni la de Maragall.

Ruptura
¬¿Qué le parece el plan presentado por Ibarreche en el Parlamento vasco?
¬No nos ha sorprendido. Supone un paso más en su proyecto de ruptura e independencia para el País Vasco. Coincide con los fines que ETA defiende desde hace mucho años.

¬Ibarreche plantea referéndum con su plan en primavera de 2005 en ausencia de violencia. ¿Ha pactado ya una tregua con ETA?
¬Tendría que contestar el «lendakari» a esta pregunta. Lo único que nos interesa es el cese definitivo de la violencia, que sólo se logrará con la derrota del terrorismo, que, desde luego, no propicia el PNV.

¬Previamente, el Gobierno vasco lo aprobará el 25 de octubre próximo.
¬Es un profundo error. La Constitución es un valor en alza y merece la pena que sigamos apostando por ella. Si tiene previsto un acuerdo el 25 de octubre con consecuencias jurídicas, lo impugnaremos de inmediato.

¬¿Qué hará el Gobierno para evitar el referéndum? ¿Aplicará el artículo 155 de la Constitución?
¬El estado de derecho ofrece posibilidades para impedir un referéndum ilegal sin tener que acudir a ese artículo.

¬¿Ibarreche puede quedarse ilegalmente con las cuotas de la Seguridad Social para romper la caja única?
¬No lo permitiremos ni es posible legalmente que rompa la caja única de la Seguridad Social, que es uno de los grandes elementos de solidaridad y cohesión de la sociedad española.

¬¿Qué le parece que haga una mención expresa de las víctimas de ETA?
¬Esa mención habrá sonado como un insulto para muchos familiares de víctimas del terrorismo. Se las menciona el mismo día que se presenta un plan que da oxígeno a ETA.

¬¿Ibarreche deja una puerta abierta al PSOE?
¬Quizás la explicación está en que el nacionalismo observa ambigüedades en el PSOE a la hora de hablar del modelo de Estado.

¬¿Cómo valora que quiera negociar con el Gobierno su plan?
¬Como un ejercicio de cinismo. El Gobierno no dialoga sobre cómo y cuándo se rompe España y el pacto de convivencia que nos dimos hace 25 años con la Constitución.

¬¿Si Rajoy es presidente del Gobierno, recibirá al «lendakari»?
¬Habrá políticas continuistas en la lucha contra el terrorismo y en la respuesta al desafío del nacionalismo vasco. Sobre el País Vasco no se debe esperar diferencias con las políticas de Aznar. Las relaciones institucionales tienen su marco habitual en el Parlamento vasco, Congreso y Senado.

El juego del PNV
¬¿Qué opina del deseo del PNV de tener como interlocutor a la Corona?
¬Es saltarse la Constitución y desconocer el papel que le otorga al Rey. El PNV ha jugado permanentemente con la figura del Rey.

¬¿Pero Ibarreche acudió al primer acto de homenaje del 25 aniversario de la Constitución por una llamada real?
¬Tomó la decisión de acudir por su propia iniciativa. Forma parte del comité de honor y como tal fue convocado. La asistencia de Ibarreche al acto no es más que un gesto. Desde hace mucho tiempo en el País Vasco sobran gestos y faltan decisiones. La que estamos esperando es que Ibarreche archive su plan de ruptura y su desafío al Estado.

¬¿De qué hablaron Aznar e Ibarreche tras el acto público?
¬En lo que contemplé, que fueron unos segundos, se saludaron con elemental cortesía e hicieron algún comentario sobre el descanso veraniego, pero no hubo ninguna conversación que se pueda calificar de política.

¬¿Tampoco por parte de nadie del Gobierno o del PP?
¬Tuve ocasión de saludar también a Ibarreche. Fue una conversación breve y correcta. Pero hoy el diálogo político del Gobierno con Ibarreche no es posible, porque intenta acabar con el pacto de convivencia de 1978.

¬¿Ibarreche retrasa la puesta en marcha de su plan hasta 2005 para conocer el resultado de las generales?
¬Hará todo lo que pueda para que el PP no tenga una mayoría amplia en las generales. A Ibarreche le gustaría un presidente del Gobierno que no fuera del PP. De hecho, en el Congreso el PNV, en multitud de ocasiones, se pliega a la estrategia del PSOE. El último ejemplo, la ruptura incomprensible del Pacto por la Justicia escenificada por el PSOE con el PNV, EA e IU, los tres partidos que integran el Ejecutivo vasco.

¬¿Zapatero busca gobernar con el apoyo de Ibarreche y Mas?
¬La única hipótesis pasa por una mayoría amplia de Rajoy.

¬Dicen en el PP que no está claro que revalide la de Aznar.
¬Los sondeos le dan una mayoría amplia. De aquí a marzo hay que mantener la tensión política y la intensidad del esfuerzo para que sea una realidad en las urnas. El peor consejero del PP es el triunfalismo.

Mayoría amplia
¬¿Luego, no le preocupa que Zapatero pueda gobernar con CiU y PNV?
¬A capacidad de diálogo y a coherencia no nos gana nadie, pero hoy con la única hipótesis que trabajo es con la de una mayoría amplia del PP.

¬Por cierto, ¿dónde se queda esa coherencia cuando el PP llega a acuerdos para mantener a alcaldes de ERC?
¬El PP es coherente en el ámbito municipal, pero en ocasiones los partidos no pueden impedir que en 4 o 5 ayuntamientos la dinámica local sea más importante que la nacional. Pero todo el mundo sabe que entre ERC y el PP hay un abismo. Estos acuerdos no me satisfacen, pero son puntuales y meras anécdotas.

¬¿Por qué no se expedienta a los ediles que apoyan a ERC?
¬Esa pregunta la tiene que contestar la dirección del partido. En Andalucía hay ayuntamientos gobernados por el PSOE con el PP y en otros por el PP con IU. Son pactos anecdóticos.

¬¿Las elecciones madrileñas son una prueba de fuego para Zapatero y Rajoy? ¿Subirá la abstención tras el espectáculo de la Asamblea de Madrid?
¬Esperanza logrará una mayoría muy sólida. No hay ningún votante del PP que tenga un solo motivo para dejar de confiar en nosotros. La clave estará en la participación.

¬La siguiente cita electoral es la catalana. ¿Habrá un gobierno de coalición entre Mas y Maragall? ¿Será la llave de La Moncloa para Zapatero?
¬Los comicios madrileños tendrán más influencia en la política nacional que los catalanes. Nos preocupa una radicalización de la política en Cataluña por las posiciones de ERC. El mejor antídoto para evitarla es votar a Piqué.

¬¿Habrá debates televisados entre Zapatero y Rajoy?
¬Al final, dependen del momento electoral y del acuerdo de los principales partidos. En la campaña habrá mucho debate y aspiraremos a que sea de fondo sobre las preocupaciones de la gente y sin descalificaciones personales. Hay mucha gente que desconecta la tele si lo políticos están a la greña.

¬¿De aquí a las generales la escenificación del distanciamiento entre el PP y el PSOE será más evidente?
¬El único activo que tiene Zapatero son los pactos de Estado que ha firmado y ahora lo despilfarra. Un PSOE empeñado en romper el Pacto por la Justicia, en pactar con el PNV y EA en Álava... puede ser todo, menos alternativa de gobierno.

¬¿Puede romper el pacto anti-ETA?
¬Lo defenderemos. Hay posiciones del PSOE incomprensibles, como los pactos de Navarra o los de Álava.

¬¿Qué opina del último argumento esgrimido por Caldera para romper el Pacto por la Justicia, el caso de Coín?
¬El PSOE se apunta a todos los trenes. Si quiere ganar las generales sobredimensionando tragedias, se llevará una sorpresa mayor que la del 25-M.

¬¿Pero en este caso la Justicia no ha funcionado?
¬Debemos abrir una reflexión sobre el funcionamiento del jurado e introducir modificaciones para que haya mayor garantía procesal. Interior está analizando la investigación posterior al asesinato de Rocío Wanninkhof y por qué no se siguió esta pista.

¬¿Y la falta de intercambio de información entre Policía y Guardia Civil?
¬Hasta donde sé, hay buena comunicación. Son de los cuerpos del mundo con mayor índice de esclarecimiento de delitos.

¬¿Qué opina de las críticas contra Rajoy por su aparente apatía?
¬Si hacemos un balance de la sucesión, es favorable para Aznar, el PP y Rajoy. La capacidad de gobierno y experiencia de Mariano están muy por encima de las de Zapatero. Septiembre ha sido un mes brillante para él.

¬¿Y que haya dirigentes populares molestos por cómo Aznar acometió la sucesión?
¬Estos días he pensado mucho en esto. Por un lado, las críticas del PSOE, cuya nueva dirección ha acabado con las primarias. Aznar, después de oír a decenas de dirigentes, propuso al mejor, que luego sacó en las urnas 503 votos a favor de un total de 504. Es un procedimiento impecable en términos democráticos. Rajoy es un líder para muchos años y un gran elemento de cohesión del partido.

¬¿Si gana, tendrá las manos libres para formar su gobierno?
¬Tendrá plena libertad y todos estaremos a su disposición.

¬¿Sería una muestra de generosidad que ofreciera un puesto a Rato, Mayor y Arenas?
¬No estamos ninguno en esa dinámica, sino en la de ayudar a ganar las generales. Nuestras relaciones siempre han venido marcadas por la amistad y por apostar por el proyecto común, en el que es fundamental dejar claro los liderazgos.

¬¿Rato abandonará la política?
¬Sería muy bueno que él y Mayor siguieran vinculados a la política. ¬¿Y si Rajoy no cuenta con Arenas?
¬En política nunca he hecho planes. Estoy a disposición del partido y de Mariano. Llevo muchos años dedicados a la vida política y siempre con el deseo de ayudar y trabajar en equipo.

Los empresarios vascos alertan sobre los peligros del «plan Ibarreche»
Arzallus replica que «con la independencia estaríamos mucho mejor de lo que estamos»
Los empresarios vascos volvieron ayer a reiterar que el «plan Ibarreche» no beneficia en absoluto a la comunidad vasca debido a que «ahonda en la actual división social», algo que ya criticaron hace más de un año cuando el «lendakari» anunció la elaboración de la propuesta.
J. A. B. - Vitoria.- La Razón 28 Septiembre 2003

El Círculo de Empresarios Vascos (CEV) mostró ayer de nuevo su preocupación por el «plan Ibarreche», tras las propuestas realizadas el viernes por el «lendakari» en el pleno de Política General, al considerar que puede «ahondar la actual división social y el presente enfrentamiento institucional». Asímismo, recordó la «situación de persecución y amenaza» que pesa «sobre una parte muy importante de la ciudadanía vasca», advirtiendo de que solucionarla es «prioritario».

En un comunicado, el CEV reitera, «desde el mayor respeto a la institución representada por el lendakari », la misma preocupación que manifestó hace casi un año, cuando se anuncio la propuesta de Ibarreche.
En este sentido, señaló que «la filosofía del plan enunciado por el lendakari Ibarreche sigue siendo susceptible de ahondar la actual división social y el presente enfrentamiento institucional, además de generar una incertidumbre y una inestabilidad política que son perjudiciales para la actividad económica, el desarrollo empresarial y la generación de riqueza y empleo».

Además, recuerda que sigue pesando una situación «de persecución y amenaza sobre una parte muy importante de la ciudadanía vasca», considerando que «lo lógico es propiciar con carácter prioritario la recuperación de los derechos más elementales, con el objeto de que todos puedan participar en el debate con total libertad». Finalmente, reclaman a los partidos democráticos la creación de una «mayoría de consenso que permita recuperar la ilusión y la confianza entre todos los vascos. Una mayoría de consenso a la que con total lealtad desearía incorporarse» la asociación empresarial. En los mismos términos se expresó el ex presidente del CEV José María Vizcaíno, quien aseguró que «la prioridad del Gobierno vasco debe ser acabar con la lacra del terrorismo» y subrayó que la iniciativa de Ibarreche «presenta muchas incertidumbres».

Por su parte, el presidente del PNV, Javier Arzallus, replicó al Circulo de Empresarios Vascos que, «si realmente pudiéramos conseguir la independencia estaríamos mucho mejor de lo que estamos», y precisó que la propuesta de Ibarreche «no es independentista, ni nada parecido».

Recortes de Prensa   Página Inicial