AGLI

Recortes de Prensa     Lunes 29 Septiembre  2003
DURO, PERO CIERTO
Editorial ABC 29 Septiembre 2003

Raíces del problema vasco
PABLO MOSQUERA La Voz 29 Septiembre 2003

La vía muerta del PSOE
Alejandro Muñoz-Alonso La Razón 29 Septiembre 2003

El engendro de Ibarretxe y Arzalluz
EDITORIAL Libertad Digital  29 Septiembre 2003

Una realidad dramática
Editorial El Ideal Gallego 29 Septiembre 2003

El parto nacionalista
Germán Yanke Libertad Digital  29 Septiembre 2003

Los terribles simplificadores
Luis González Seara La Razón 29 Septiembre 2003

Ultimátum a la sociedad
Editorial El Correo  29 Septiembre 2003

IBARRETXE SE SALE DE SCHENGEN
Valentí PUIG ABC 29 Septiembre 2003

EL AMIGO COMUNISTA
Jorge TRIAS SAGNIER ABC 29 Septiembre 2003

Política y candilejas
Editorial La Razón 29 Septiembre 2003

La monserga vasca
Consuelo Sánchez-Vicente El Ideal Gallego 29 Septiembre 2003

No vinieron los escamots
Pío Moa Libertad Digital  29 Septiembre 2003

Zapatero acierta
Miguel Ángel Rodríguez La Razón 29 Septiembre 2003

Euskadi: la vuelta al cole
Iñaki Ezkerra La Razón 29 Septiembre 2003

PROYECTO TOTALITARIO
Germán Yanke ABC 29 Septiembre 2003

El plan Ibarretxe a la basura
Cartas al Director ABC 29 Septiembre 2003

Arenas pide al PSOE que colabore en la creación de una alternativa democrática al nacionalismo
EFE Libertad Digital  29 Septiembre 2003

«Las víctimas jamás deberemos nada a los actores y al festival de San Sebastián»
Redacción - Madrid.- La Razón 29 Septiembre 2003

Los jueces obligan a un Ayuntamiento vasco a colgar diariamente la bandera española
MANUEL MARÍN ABC 29 Septiembre 2003
 

DURO, PERO CIERTO
Editorial ABC 29 Septiembre 2003

AL presidente del PNV, Xabier Arzalluz, no le ha gustado que este periódico informara a sus lectores de que el lendakari ponía en manos de ETA el futuro de su plan soberanista. Arzalluz mostró ayer su disgusto con ABC en el discurso del Alderdi Eguna, o Día del Partido, resumiendo probablemente todas las contrariedades que le han producido las publicaciones de los principales documentos de la propuesta soberanista, el texto normativo y el dictamen de los expertos. El malestar de Arzalluz no es preocupante pero sitúa correctamente a su partido ante una realidad incómoda, dura, pero cierta. El PNV y el lendakari sólo cuentan con ETA para dar una salida al plan soberanista. La prueba está en que el plan del lendakari no ha ganado un solo adepto fuera de las filas nacionalistas y, sin embargo, el nacionalismo sigue adelante con la propuesta. Sólo la expectativa de lograr el aval de la banda terrorista infunde ánimos a la estrategia fracasada del lendakari, quien presentó su plan soberanista ante el Pleno de la Cámara vasca con datos inequívocos en la mano. PP y PSOE rechazan el plan; los sindicatos no nacionalistas, también; y los empresarios han alertado sobre las nefastas consecuencias de la secesión en el desarrollo económico del País Vasco.

El último comunicado del Círculo de Empresarios es contundente. Si busca la integración de la sociedad vasca bajo el manto de su propuesta, el lendakari ya sabe que no la va a tener; pero si se empeña en proseguir con el plan, es evidente que únicamente busca asegurar la reunificación del nacionalismo y su hegemonía en el País Vasco. Le guste o no a Arzalluz, este objetivo sólo lo puede alcanzar el PNV con el apoyo de ETA, y lo está buscando afanosamente. El falseamiento de la realidad es imprescindible para disfrazar la propuesta como una oferta democrática, pero como la realidad se impone, la ecuación del chantaje paz por soberanía apareció nítidamente en el preámbulo del discurso del lendakari. La aprobación de la propuesta de libre asociación acabará con la violencia de ETA, dijo el lendakari. No hacía falta que explicara las razones de tan contundente afirmación. Esta tarea intelectual corrió a cargo de Arnaldo Otegi, quien, en la misma tribuna parlamentaria y consciente de que PNV y ETA se necesitan más que nunca, declaró a la izquierda abertzale vencedora del debate que siempre ha querido ETA: el de condicionar el fin de la violencia al reconocimiento y ejercicio de la autodeterminación. Por eso repetía Otegi ayer en el diario «Gara» que la consulta al pueblo vasco «era la solución del conflicto», descartando además que ETA pusiera obstáculos a una consulta que es la culminación del trueque que la banda terrorista pactó en Lizarra con el PNV.

Por si al señor Arzalluz le hicieran falta más pruebas de la realidad que se obstina en negar, bastaría recordarle que la mayoría absoluta del Parlamento vasco sólo la alcanzará el nacionalismo gobernante con la suma de los siete votos de Socialistas Abertzales, marca parlamentaria de ETA. Por tanto, la confianza del lendakari en que su plan será aprobado por el Parlamento vasco no es ilusión sino certeza de que la banda terrorista acabará ordenando a Otegi y compañía que voten a favor de la propuesta. Los intereses se cruzan y el nacionalismo gobernante pasará factura por todos estos años de oposición política y judicial a la lucha antiterrorista del Gobierno. Los últimos ingenuos pueden ahora comprender los afanes del Gobierno vasco en impugnar la Ley de Partidos o la disolución de Batasuna como favores a cuenta del envite soberanista que ha tramado el nacionalismo. El tripartito necesita el apoyo de Batasuna tanto como ésta coger el último tren que le ofrece Ibarretxe para garantizarse un mínimo papel en la vida política del País Vasco. El nacionalismo vasco, otra vez por su propio y exclusivo interés, como hiciera en 1998, ha vuelto a lanzarse al rescate de la izquierda proetarra y de ETA, en vez de colaborar con el Estado en el golpe definitivo a la banda terrorista.

Raíces del problema vasco
PABLO MOSQUERA La Voz 29 Septiembre 2003

CULTURAL. Resulta complicado entender a los vascos cuando hablan de derechos históricos del pueblo vasco, como si los demás no tuvieran patrimonio histórico.

Resulta complicado entrar en su mundo cultural, viejo y arraigado, que convierte un idioma en instrumento para diferenciarse y afirmar su condición de nación.

Resulta complicado ponerse de acuerdo con sus ideólogos a la hora de explicar palabras como: paz, violencia, diálogo, democracia, derechos, o incluso, quiénes son los sujetos de los derechos fundamentales (pueblo o personas).

Imagino las discusiones en el seno de la Iglesia universal para entender el precio del cese de la violencia que asesina al disidente con la doctrina para la construcción nacional del Estado vasco, sostenida por religiosos nacionalistas como Setién. Hace años que sabemos de la instrumentación educativa e informativa del conflicto entre los vascos y los españoles, en el seno del sistema que forma a los jóvenes ciudadanos vascos.

Cuando nos relacionamos con vascos nacionalistas, descubrimos que son: encantadores, hospitalarios, generosos, ilustrados, emprendedores. Todo va bien, hasta que surge la discusión sobre las razones del conflicto con España. Se va transformando el interlocutor hasta descubrir a una persona «iluminada y dogmática», capaz de ilusionarse y emocionarse con el sueño de la soberanía.

A pesar de haber viajado por el mundo haciendo negocios, siguen considerándose distintos a los demás y de alguna manera contraria a la mistura de las razas.

Sólo entendiendo cuestiones como éstas nos podemos aproximar a las razones por las que: siguen considerando a Sabino Arana como un precursor profético; se sienten emocionados con Ibarretxe, al que cada día ven más como el hombre que estaban esperando para emprender el camino de la soberanía en la nueva Europa; sus héroes son esos patriotas (abertzales) que para los demás son terroristas; son capaces de responder, como lo hicieron, en las últimas elecciones vascas del 2001, en cantidad y sentido de los votos.

Mal asunto, enquistado, en el que «su lendakari» lleva la iniciativa y actúa como el guía del pueblo elegido hacia la tierra prometida. Suponiendo que el Estado de derecho pueda detenerlos, será difícil someterlos y casi imposible convencerlos.

Necesitamos, en Euskadi, una revolución cultural y otra generación.

La vía muerta del PSOE
Alejandro Muñoz-Alonso La Razón 29 Septiembre 2003

La inmensa mayoría de la sociedad española estima, con práctica unanimidad, que el mayor problema con que se enfrenta nuestra democracia es el aventurismo rupturista e irresponsable del PNV, concretado en el demencial Plan Ibarreche, presentado oficialmente el pasado viernes. Algunos incluyen, con no escaso fundamento, las tendencias revisionistas del statu quo autonómico mantenidas en Cataluña no sólo por los nacionalistas «oficiales» sino por esa relevante tendencia del socialismo catalán representada por Maragall y sus peregrinos proyectos de resucitar la Corona de Aragón.

Con el pretexto de revisar el «modo de encaje» en el conjunto de España de algunas de sus regiones, ni más ni menos respetables que las demás, lo que se pretende no es otra cosa que sustituir la España autonómica de la Constitución de 1978 por una vaga confederación centrífuga, formada por una serie de componentes obsesivamente empeñados en subrayar sus «hechos diferenciales» mientras se encubren los muchos más numerosos elementos comunes que se comparten. Aquella histórica solución supuso el arreglo definitivo ¬sí, definitivo¬ de un problema secular y, no nos engañemos ¬consúltense las hemerotecas¬, le dio a los nacionalistas mucho más de lo que pedían y esperaban. Otra cosa es que la nueva generación de los Ibarreche, los Maragall y los Mas haya resucitado la congénita insaciabilidad nacionalista, al grito de «todos contra el Estado».

Sería inútil rebajar la gravedad de estos proyectos que, sin el menor atisbo de exageración, lo que pretenden es dinamitar la misma idea de España para poner en su lugar una serie de nuevas soberanías que, contra toda posibilidad, aspirarían a encajarse directamente en la UE manteniendo con Madrid unos vínculos que no serían mayores que los que conservan con Londres los países de la Commonwealth. La pretensión es tan descabellada ¬para cualquiera que no haya perdido el sentido común¬ que, por absurdo e irrealizable, el supuesto problema pierde peligrosidad, lo cual no quiere decir que no pueda y vaya a producir dificultades y disgustos de toda clase.

Sólo hay un aspecto por el que este problema conserva un alto grado de gravedad y es por la ambigua actitud hacia el mismo del PSOE, el primer partido de la actual oposición y uno de los dos únicos partidos «nacionales», por lo menos en principio, que existen en España. Ese sí es el más grave problema de nuestra democracia: la falta de unidad en lo fundamental, la carencia de la más elemental cohesión y del indispensable liderazgo, la persistencia, en suma, de los viejos demonios en el único partido, el PSOE, con capacidad teórica para convertirse en alternativa de gobierno. Se añade a todo ello la obsesión por volver al poder a toda costa, a cualquier precio, y el horror a parecer que sigue la senda del PP, incluso en aquellas cuestiones en que los partidos democráticos pueden y deben coincidir. La incoherencia del PSOE quedó a la vista el viernes en el Parlamento de Vitoria: Patxi López hizo un discurso correcto y acertado, pero no da ni un paso para defender junto con el PP el marco constitucional que ambos partidos comparten. Todos estos elementos y, seguramente, muchos más han incapacitado gravemente al PSOE para estar a la altura de las presentes circunstancias y presentar un perfil de partido con recursos y condiciones para ocupar el poder con ideas y responsabilidad

Después de tres años, la dirección zapaterista del PSOE ha tenido tiempo suficiente para madurar y generar un discurso coherente. Pero no lo ha hecho y sólo con un exceso de optimismo se puede esperar ya que lo consiga. Nadie responsablemente se puede alegrar de esta situación porque en los tiempos de fronda nacionalista hacia los que vamos será muy necesario que los dos grandes partidos constitucionalistas sean capaces de mantener un mínimo frente común para poner freno a las vanas pero peligrosas pretensiones de los diversos nacionalismos, incluidos los que vivaquean entre las filas socialistas. Durante todo este tiempo, el PSOE no ha tenido más línea política que la de apuntarse y «ponerse al frente de la manifestación» (en sentido figurado y literal) de cualquier iniciativa que pudiera desgastar al PP, a la búsqueda del voto fácil, más esquivo al final de lo previsto. El invierno empezó con el «Prestige» y terminó con Iraq y después vinieron la primavera y el verano con Madrid, Marbella, Navarra y todo lo demás. Desentenderse del Pacto de la Justicia y amenazar con dinamitar el de Toledo (los micrófonos dan testimonio del caos socialista) son las últimas aportaciones del PSOE al progreso de España.

Alguien ha dicho que, en estos momentos, el PSOE se parece a algo así como una «confederación de izquierdas o socialismos autónomos». Aunque hay que hacer la salvedad de que ni siquiera en cada región el discurso socialista es uniforme, como muestra abiertamente el caso vasco y, más encubiertamente, el caso catalán. No hay más que oír hablar a Zapatero para constatar que en el PSOE no hay ideas claras ni sobre su propia definición ideológica ni sobre el programa ni, menos aún, sobre el modelo de Estado o, si se quiere, más solemnemente, sobre el concepto de España. Se aceptan las machadas de Maragall y todavía creen algunos que se puede responder a la ofensiva anticonstitucional del PNV dialogando con el lehendakari y manteniendo la equidistancia entre el nacionalismo y el PP. Signos inequívocos de que el PSOE, o esta dirección del partido, ha perdido definitivamente el norte: no está en la «tercera» ni en la «cuarta vía» sino en la vía muerta. La España del PSOE es una jaula de grillos que, indefectiblemente, se transformaría en una Caja de Pandora. Ese es el proyecto para España de la actual «dirección» (¿?) del PSOE.

El engendro de Ibarretxe y Arzalluz
EDITORIAL Libertad Digital  29 Septiembre 2003

Cuando aún no se había fundado la nueva ciencia de la Genética, los legisladores, al definir a la persona física, creyeron oportuno incluir algunas previsiones que hoy son completamente innecesarias. Así, el Art. 30 del Código Civil establece que “Para los efectos civiles, sólo se reputará nacido el feto que tuviere figura humana y viviere veinticuatro horas enteramente desprendido del seno materno”. Es decir, sólo pueden ser personas las que nazcan de mujer y tengan aspecto humano. En el siglo XXI sabemos que esto es, evidentemente, un pleonasmo; sin embargo, en el siglo XIX quizá aún se creía posible que, por algún azar de la naturaleza o por algún ayuntamiento contra natura, una mujer podía concebir y dar a luz, por ejemplo, un centauro, o que de una vaca podría salir un minotauro.

Pero la Ciencia aún no ha logrado, por desgracia, erradicar la posibilidad de que la zoofilia política produzca monstruos. Según dijo Arzalluz en el día de su partido, la sociedad vasca –nacionalista, se entiende, pues para él no existe otra digna de ese nombre–, que se ha encargado de gestar el engendro que llevará el apellido de su padre –Ibarretxe–, ya ha roto aguas. El feliz abuelo todavía no sabe si será “niño” o “niña”, pero sí tiene muy claro que en su bautismo político está dispuesto a hablar con ETA y con todo el mundo... ¡Hasta con Aznar y el PP!, a tanto llega la generosidad fruto de su alegría.

Es difícil predecir qué aspecto final tendrá la criatura fruto del cruce entre la democracia cristiana nacionalista y la víbora etarra; pero de lo que no cabe duda es de que el engendro no tendrá, en modo alguno, ni aspecto legal ni virtudes democráticas. Más bien, reunirá los peores vicios de sus progenitores: concebido en Estella contra natura y en pecado político, en el plan Ibarretxe, del que ya se poseen nítidas ecografías, pueden apreciarse con claridad las escamas y la cola de la serpiente de ETA rematada en una cabeza que semeja la del furibundo racista Sabino Arana, en la que destacan ya unos colmillos repletos de veneno político destinado a neutralizar o aniquilar a todo aquel que se atreva a negar legitimidad y carta de naturaleza al todavía nonato monstruo.

Sin embargo, al igual que el Código Civil deniega –innecesariamente– la inscripción de los monstruos en el Registro Civil, la Constitución también prohibe –esta vez muy oportuna y necesariamente– las criaturas políticas que carezcan de forma y sustancia legal. Es más, provee los instrumentos necesarios para hacer que los padres “aborten” de grado o por la fuerza; de modo que el engendro no llegue a vivir “veinticuatro horas enteramente desprendido del seno materno”. Sólo es necesaria la voluntad política para emplearlos y librar al conjunto de la sociedad vasca –no sólo la nacionalista– de un monstruo llamado a completar y superar las “hazañas” políticas de sus padres, quienes han amenazado con huir y parirlo fuera del techo constitucional y estatutario, al raso y en los montes de la ilegalidad.

El Gobierno y el PP están dispuestos a emplear esos instrumentos llegado el momento. El PSOE, en principio, también... Sin embargo, Zapatero y López siguen insistiendo en que antes es preciso presentar una criatura propia al bautismo político, eso sí, con alguna anomalía o deformidad menor que sirva de consuelo a los nacionalistas cuando tengan que renunciar a su engendro totalitario. Olvidan irresponsablemente que los nacionalistas no se contentarán con un niño humano sin brazos o con seis dedos. Ellos quieren la serpiente con cabeza de Sabino Arana, y si aceptan el niño deforme será sólo para seguir gestando mientras tanto su propio monstruo.

Una realidad dramática
Editorial El Ideal Gallego 29 Septiembre 2003

No le debe resultar nada fácil a Xavier Arzalluz ser capaz de superar la imaginería dialéctica de sus disparatadas y esquizofrénicas intervenciones cada año en el Alderdi Eguna. Y sin embargo, el ex jesuita, el ideólogo de esa locura bautizada como plan Ibarretxe, lo ha vuelto a hacer. Porque, por muy raro que parezca, ha sido capaz de dejar a su partido como víctima de una conjura. Justo dos días después de que se presentara el proyecto secesionista del PNV, un ataque directo contra la soberanía del Estado, contra la unidad de España y contra la Constitución, pues, pese a ello, para Arzalluz, los vascos, mejor dicho, sus vascos -hay que tener en cuenta que los que no piensan como él no tienen derecho a serlo y, además, son imbéciles o vendidos- son los agredidos por quienes les niegan la posibilidad de ser un pueblo.

En realidad, las constantes salidas de tono del viejo y trasnochado político no dejarían de ser un mero chiste si no fuera que, en su locura, está dispuesto a llevar a todo un pueblo a una confrontación directa. Además, no se puede olvidar que mientras Arzalluz juega a ser la víctima, hay miles de vascos, de esos que para él no cuentan, que viven amenazados por sus nuevos aliados, los etarras y su brazo político. Mejor le iría a Euskadi si sus responsables políticos, en lugar de pretender entrar en el libro Guinness de las sandeces, se dedicaran a corregir el déficit democrático que padecen sus conciudadanos. Sin embargo, no son capaces de ello. Buscan la confrontación, la llevan en la sangre, entre ceja y ceja, tal y como se demuestra en la terminología bélica a la que recurren cada vez que pronuncian un discurso. Así de dramática es la realidad vasca.

El parto nacionalista
Germán Yanke Libertad Digital  29 Septiembre 2003

Xabier Arzalluz ha sido siempre muy amigo de las metáforas, quizá por su pasado jesuita o por su familia franquista, no sé. Ahora sale con lo de que el “Pueblo Vasco” ha roto aguas y va a tener una nueva criatura, que no sabe si va a ser niño o niña. Si ese “Pueblo Vasco” –que es la antítesis de la sociedad democrática pero que parece un buen eufemismo para el nacionalismo rampante– ha roto aguas es porque ETA le ha embarazado. Todo se reduce a dar satisfacción a los violentos, lo que no es difícil desde el totalitarismo que se ha hecho dueño del PNV y sus compañeros de viaje.

Todo se reduce a que ETA no moleste la tranquilidad del nacionalismo, porque este ya ha demostrado que puede vivir muy tranquilo mientras se vulneran los derechos más elementales de los ciudadanos vascos. Basta con que se dejen en sus manos los resortes del poder para abusar día tras día de los adversarios. Basta con que se reparta con ETA-Batasuna, como se hace ya en el Parlamento Vasco y en las ayudas a otros alias de la banda.

Da igual que Arzalluz se vaya o no. La enfermedad moral es de todo el PNV, incapaz de la más mínima discrepancia seria ante una aberración como la que se viene desde hace tiempo forjando. Y da igual que sea niña o niño, en todo caso va a ser un monstruo.

Los terribles simplificadores
Luis González Seara La Razón 29 Septiembre 2003

El historiador Jacob Burckhardt veía con gran pesimismo el futuro de la «vieja Europa», en virtud de la preponderancia que estaban alcanzando los «terribles simplificadores», un tipo o casta de gobernantes apegados a las fórmulas abstractas, ajenas a la herencia cultural de Occidente y guiados por el más absoluto pragmatismo en la conquista y disfrute del poder.

Es el caso del PNV y sus ibarreches, que llevan un cuarto de siglo gobernando en el País Vasco gracias a la Constitución de 1978, elaborada y refrendada por todos los españoles, y que se sirven de tal hecho, único legitimador de sus prolongadas acciones de gobierno, para traicionar su propia legitimidad en nombre de una simplificación grosera de los actuales derechos de los vascos y las vascas, y de la invención de un pasado histórico, que nunca existió pero que, si fuese cierto, privaría a Ibarreche de legitimidad y competencia para proponer su plan soberanista.

Esta doble o triple traición que el PNV viene perpetrando contra la democracia española y vasca se sirve estratégicamente de los atentados y la violencia criminal de ETA, que persigue los mismos fines por otros medios, confluyendo todo ello en uno de los episodios más sórdidos y disparatados de la vida política europea de los últimos tiempos. Ante ello, debe advertirse que la simplificación o la inconsciencia, según se mire, también se observa en las respuestas que se han ido dando por buena parte de las fuerzas políticas españolas a tales desafíos de las reglas del juego democrático.

No debe perderse el tiempo en lamentar los muchos actos de vileza cometidos por quienes sacuden el árbol de la violencia y por quienes recogen las nueces de la sacudida. Apelando a la serenidad de ánimo del viajero, los versos de Goethe piden que «nadie se lamente/ de lo que es vil,/ pues, por más que se diga,/ lo vil es siempre poderoso».

Procede, en cambio, dejar las cosas claras a los protagonistas de la vileza, sin dejarse llevar por otras abstracciones confusas, como las de hablar de federalismos asimétricos y de proyectos oníricos con más «Estatuto» y mucha miel, que se dejan oír en el pastel o panal del PSOE.

Ya no caben más circunloquios ni pasteleos. El plan secesionista de Ibarreche está en contradicción flagrante con lo establecido en la Constitución española y en el proyecto de la posible y futura Constitución europea. Sólo podría llevarse adelante, y con varias limitaciones, después de haberse reformado la Constitución de 1978, por el procedimiento que ella misma establece.

Cualquier decisión o medida que se adopte por Ibarreche, el PNV o los órganos de la Autonomía vasca, en contra de la legitimidad constitucional, tiene que ser recurrida y anulada por las instituciones pertinentes: Gobierno, Parlamento, Tribunales de Justicia y Tribunal Constitucional. Si se produjera una desobediencia a sus resoluciones, entonces habría que aplicar el artículo 155 de la Constitución, pensado precisamente para que el gobierno legítimo obligue a los infractores autonómicos en rebeldía a que cumplan la ley. Y aquí no cabe diálogo ni componenda alguna. La simplificación ha terminado.

Ultimátum a la sociedad
Editorial El Correo  29 Septiembre 2003

El multitudinario Alderdi Eguna del PNV, celebrado dos días después de que el lehendakari Ibarretxe reiterara su firme propósito de continuar adelante con el proyecto soberanista, se convirtió ayer en la enésima repetición de una secuencia que se escenifica hasta la saciedad, y por la que los burukides del PNV, temerosos de que el clima partidario se relaje, vuelven a demostrar que precisan mantener a sus gentes en estado de ebullición. Las muestras de lealtad absoluta al partido y de ciega confianza en el plan Ibarretxe reflejan, a la vez, la indiscutible fortaleza y las evidentes debilidades que encierra la primera formación política del País Vasco. La cohesión mostrada resulta extraordinaria, pero depende del curso de los acontecimientos en torno a un plan cuyo futuro sigue siendo incierto, incluso para esos pocos nacionalistas que están dispuestos a contemplarlo sin apasionamiento.

Lo que hoy conocemos como plan Ibarretxe tuvo su inicio en 1997 cuando, meses antes del secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco y de las multitudinarias movilizaciones a que dio lugar aquel horrendo crimen, el PNV decidió desentenderse de la política de consenso para trazar una vía unilateral. A partir de entonces, los dirigentes del nacionalismo gobernante dejaron de dirigirse a la sociedad en general para orientar su discurso únicamente hacia las filas nacionalistas a la búsqueda de un reagrupamiento de fuerzas en torno al partido fundado por Arana. Por eso su estrategia ya no persigue extender las ideas nacionalistas o aumentar el reconocimiento social hacia ellas gracias al poder autonómico que ostentan. Su objetivo es ahora otro: se trata de fortalecer la comunidad nacionalista a la espera de que los proyectos que se albergan en su seno vayan abriéndose paso a costa del desistimiento de los no nacionalistas y del aturdimiento general.

Cuando Ibarretxe invita al diálogo en torno a un plan que pretende abierto y flexible está en realidad conminando a sus eventuales interlocutores y a toda la ciudadanía a enfrentarse a una disyuntiva: o se admiten los términos de la discusión por él propuesta, o el nacionalismo gobernante proseguirá el camino en solitario. El trasfondo del plan constituye un ultimátum que ninguna sociedad o sistema político democrático podría soportar sin verse violentado en sus entrañas. Esta vez, además, ese ultimátum ha sido expreso. Egibar el viernes y Arzalluz e Ibarretxe ayer han mostrado satisfechos las cartas que guardan para el caso de que PP y PSOE -y con ellos sectores nada desdeñables de la sociedad- pretendan frenar el proceso puesto en marcha por el lehendakari. El nacionalismo considera que, ocurra lo que ocurra, saldrá ganando. Si la oposición no nacionalista en Euskadi y las instituciones centrales del Estado le dejan hacer, sin más, llegará un momento en que su estrategia de huida hacia delante resultará imparable. Si por el contrario el Gobierno central o los partidos constitucionalistas recurren a las vías judiciales correspondientes para evitar que la marcha nacionalista se desboque y desbarate la normalidad institucional, el nacionalismo vasco convertirá tal afrenta en razón añadida para alimentar su victimismo y continuar impulsando la huida soberanista.

En ese ultimátum con apariencia de reforma estatutaria cobra especial significación la distinción entre ciudadanía y nacionalidad que el plan Ibarretxe pretende introducir como propuesta para el restablecimiento formal de la identidad vasca. Tal pretensión revela la anómala concepción de la libertad y de la democracia que el nacionalismo alberga y alienta. Es verdad que hay ciudadanos vascos que no se sienten españoles. Pero lo que el plan propugna como libre decisión invita, en realidad, al conjunto de la ciudadanía al encuadramiento y a la distinción entre identidades; entre vasco-vascos, vasco-españoles y españoles a secas. Los sentimientos de pertenencia o la diversidad de tradiciones que concurren en una sociedad plural como la vasca se ven obligados a su formalización legal. Como si la identidad subjetiva de cada cual tuviera que plasmarse en un carnet. Como si a los ciudadanos vascos les resultara imposible seguir siendo, a la vez, iguales y diferentes mediante la simple y fundamental consideración de ciudadanos común a todos ellos.

En la recta final de su carrera política, Xabier Arzalluz parece haber llegado a la conclusión de que «con independencia nos iría mejor» -tal como se lo indicó a los jóvenes de EGI el sábado, en vísperas del Alderdi Eguna-, pero eso no da derecho para que ni él ni su partido sigan obstinándose en conducir a la sociedad vasca hacia una meta que la mitad de los ciudadanos no comparte y que genera en la otra mitad dudas más que razonables. Es a la sociedad vasca a la que corresponde decidir su futuro. Pero no es el plan Ibarretxe el que le concede tal atribución, sino que se lo hurta mediante el ultimátum. Es el vigente marco de convivencia quien brinda a la ciudadanía la oportunidad de ser lo que desee sin que se vea conminada a desembocar en el inquietante estuario que el nacionalismo ha previsto como ineludible final.

IBARRETXE SE SALE DE SCHENGEN
Por Valentí PUIG ABC 29 Septiembre 2003

LA iniciativa de Ibarretxe va a rebotarlo de ese ámbito de libertad y seguridad que llamamos Schengen. Una de las falacias más voluminosas del nacionalismo vasco, compartidas por el secesionismo escocés y por sectores del nacionalismo catalán, consiste en prometer un paraíso desligado de España y con todos los provechos de la pertenencia a la Unión Europea. En el mejor de los panoramas, se obvia la realidad laboriosa de un reingreso muy dudoso y las negociaciones de adhesión. Ahí el olvido de la naturaleza de los Estados-nación y la contundencia de las fronteras intocables es una elisión tan manifiesta que sólo puede definirse como engaño. Tantas otras cosas como Schengen, como sean el euro y el mercado común, quedarían fuera del alcance de la ciudadanía de lo que institucionalmente fuese la consecuencia final del plan Ibarretxe.

Es un dato vital que a la Unión Europea uno se incorpora sumando y no restando: ese fue el caso de la Alemania reunificada. Ahora el Foro de Ermua ha formulado cincuenta preguntas sobre los postulados de la iniciativa del plan Ibarretxe. Para la conducción de un debate ecuánime, en manos de ciudadanos libres, ese medio centenar de cuestiones debieran quedar grabadas en mármol en las plazas del País Vasco. Muy al contrario, lo previsible es que sean estigmatizadas. Digánselo los gobernantes del PNV a los estudiantes vascos con beca Erasmos. Lo mismo ocurre con el libre movimiento de personas resultante del área de Schengen: instituye un territorio europeo sin fronteras internas y por ahí circulamos a nuestro antojo los ciudadanos de los países que ratificaron el tratado.

EL plan Ibarretxe permite constatar que el europeísmo de los nacionalistas vascos fue una añagaza más que un valor. Europa les iba a permitir lo que España les negaba, cuando en realidad el pueblo soberano había votado una constitución para todos de la que iba a dimanar un estatuto de autonomía de competencialidad antes impensable. Entre las cincuenta preguntas del Foro de Ermua, todas razonables, las hay de notable contundencia. Por ejemplo: ¿volvería Batasuna a ser un partido legal pese a haber sido declarada asociación terrorista en la Unión Europea? Otra hipótesis interrogativa del Foro de Ermua es aplastante: en la suposición de que, después de un referéndum afirmativo, surgiera un partido a favor de la reincorporación a España, ¿podría llevar en sus listas electorales a terroristas vinculados a un grupo pro unionista que practicase la lucha armada?

FRENTE al irrepetible consenso constitucional y estatutario, el «status» de libre asociación del País Vasco con España es una plasmación dolorosa de la irracionalidad política. Su edulcoración no mengua su naturaleza, ni haría más llevadera la trayectoria de Ibarretxe, basada en la voluntad de imponer un todo o nada, aunque sea en el disimulo de un referéndum de «naturaleza consultiva». En manos del lendakari Ibarretxe está el calendario de una impostura anunciada. Salgámonos de Schengen -dice el PNV- y tendremos selecciones deportivas de carácter nacional vasco. Ese es un futuro agrio y reducido a la condición de espécimen conservado en un frasco del formol destilado por Arana. Aunque sólo fuera a enquistarse para la erosión permanente del Estado, el mal causado es casi irreversible, con o sin treguas de una ETA que el Estado ha sido capaz de ir reduciendo a mínimos -con todas las cautelas que esa afirmación implica-. Uno se pregunta a quién le corresponderá recomponer las piezas descompuestas por Ibarretxe y la respuesta es más o menos obvia. De nuevo padecen las buenas gentes que cada mañana van a por pan.            vpuig@abc.es

EL AMIGO COMUNISTA
Por Jorge TRIAS SAGNIER ABC 29 Septiembre 2003

LA foto publicada el sábado en un diario de Barcelona del ex fiscal Anticorrupción Carlos Jiménez Villarejo en actitud sumisa y complaciente, junto al anciano estalinista del PSUC (Partido Socialista Unificado de Cataluña) Gregorio López Raimundo, sería suficiente para descalificar todas y cada una de las persecuciones políticas que este personaje inició, con mayor o menor eficacia, durante el tiempo que estuvo al mando de esa fiscalía especial inventada exprofeso para controlar de forma partidista la corrupción rampante que infectó el socialismo en la década de los ochenta y primera mitad de los noventa. No hay peor corrupción que esa de intentar dar gato por liebre o aquélla que tras la toga de defensor de la legalidad y promotor de la acción de la justicia se esconde el viejo militante comunista dispuesto a utilizar su cargo para imponer sus ideas. Afortunadamente la libertad tiene la virtud de desenmascarar la hipocresía y suele acabar mostrando la verdadera faz de cada uno. De este modo, ese encuentro entrañable entre los dos comunistas se produjo en el entorno de un homenaje que se le ofrecía al fiscal convocado por una asociación llamada «Cristianos y Cristianas por el socialismo», es decir, muy poco cristianismo y mucho comunismo. Los mismos que apoyan a los curas guerrilleros, que se fijan sobre todo en las causas del terrorismo pero que procuran mirar para otro lado con tal de no ver los efectos (las víctimas), que comprenden las dictaduras comunistas o similares aunque se hayan construido sobre pilares de millones y millones de muertos y de infinito sufrimiento, y que se les infla la boca llamando «fascistas» a quienes defienden la libertad y tienen la legitimidad democrática salida de las urnas; esos mismos, como Villarejo y algunos otros jueces o fiscales «para la democracia», como Martín Pallín, son los que han envenenado el poder judicial.

Pero hay otras fotos. La amplia y complicada sonrisa de Madrazo con Ibarretxe, contemplados por la angelical mirada de fondo de Idoia Zenarruzabeitia, nos da también la medida de cuáles son los verdaderos apoyos del nacionalismo vasco para llevar adelante su proyecto de secesión, de este nacionalismo de parque temático, de lendakari de Orlando (si no fuera por los casi mil muertos que claman desde la fosa común de la justicia), sustentado por comunistas y terroristas, repitiendo el mismo error histórico que cometió el PNV en nuestra guerra civil, cuando entró en el gobierno del Frente Popular. Y, también, esas fotos del pasado invierno de Zapatero codo con codo con el castrista y leninista Llamazares, mientras la canalla apedreaba las sedes de los populares durante la guerra de Irak o llamaban asesinos a sus dirigentes, en alianza espuria, retornando a sus orígenes al más puro estilo de Largo Caballero -«el Lenin español»- esas fotos, digo, son otro icono deplorable. Es como si hubiésemos vuelto a las andadas, como si no quisiéramos ser adultos, como si nos gustase retornar al fango. Besteiro, abrumado al final de la guerra, atribuía la derrota «por habernos dejado arrastrar a la línea bolchevique, que es la aberración política más grande que han conocido quizás los siglos». Ibarretxe, Zapatero o estos fiscales y jueces tan «democráticos» deberían reflexionar sobre sus amistades.

Política y candilejas
Editorial La Razón 29 Septiembre 2003

El marco del Festival Internacional de Cine de San Sebastián era una ocasión incomparable para que los mismos actores que convirtieron sus galas y actitudes públicas en un sentido «No a la guerra» expresaran su rechazo, personal o colectivo, a los crímenes de ETA, a la falta de libertad y demostrar un mínimo de simpatía por las víctimas. Pero no ha sido así y un cómodo «glamour» del olvido ha prevalecido en los premios, las entrevistas y los actos del festival. Ni un gesto, ni una pegatina o camiseta con un sencillo «ETA, NO», ni una palabra, para oponerse al terrorismo.

El triste silencio de este grupo de gentes del cine español contrasta con su anterior vigor a la hora de manifestarse en contra de la guerra de Iraq, con la exhibición pública de camisetas y mensajes, incluso con escándalo incluido en la tribuna de invitados en el Congreso de los Diputados. Cualquier momento, cualquier medio, fue adecuado para sumar sus voces a las de la oposición política, nutrir la cabeza de las manifestaciones, expresar libremente su rechazo o mostrar sus pegatinas, en los medios de comunicación. Se trató, sin duda alguna, de una protesta legítima, propia de un Estado de Derecho, en la que ejercieron su privilegio de apoyar la difusión de un mensaje político. Una colaboración partidaria que se confirmó cuando, en la lectura de un comunicado de apoyo a la izquierda madrileña del PSOE e IU, ante las elecciones municipales y autonómicas, el candidato de Los Verdes José María Mendiluce fue abucheado y no se le permitió hablar «más que para retirar su candidatura».

Cuando la actitud sectaria de ese grupo de actores en su «No a la guerra» fue puesta en evidencia desde las páginas de LA RAZÓN, llevó a alguno de ellos a expresar su postura personal en contra de ETA. Pero era en San Sebastián donde aguardaba a esos cómicos la hora de la verdad y, como era de temer, la «profesionalidad», el «respeto al festival» o cualquier otra razón han prevalecido sobre una oportunidad para la gallardía. Mientras Ibarreche hacía público un plan separatista tributario de Estella y del pacto con ETA, construido sobre el dolor, el miedo y la exclusión de la mitad de un pueblo, estos actores sonreían ante las cámaras, escenificaban una vida tranquila y ayudaban a crear esa sospechosa burbuja de «normalidad» en la que el festival se encierra para que nada de lo que ocurre en el País Vasco pueda afectarle. Tristemente, más que el dolor de las víctimas ha pesado allí la huelga del personal del hotel.

Con su silencio, este grupo de actores ha perdido una gran oportunidad, no ya de gritar por la libertad y mostrar solidaridad con los que sufren, sino de dar credibilidad a su «No a la guerra» y despojar de sectarismo y partidismo a un grito que parece que sólo se da cuando es un gobierno democrático el que está enfrente, y no unos terroristas que matan.

La monserga vasca
Consuelo Sánchez-Vicente El Ideal Gallego 29 Septiembre 2003

Dentro de la ley todo es posible. Y las leyes se pueden cambiar. Pero, mientras están vigentes, hay que cumplirlas. Todas y cada una de ellas. Y por todos y cada uno de nosotros: poderes públicos y ciudadanos. El imperio de la ley es la piedra angular de la democracia, esto es lo que queremos decir cuando hablamos de Estado de Derecho. Y la alternativa es la ley de la selva. ¿Sobre eso pretende asentar Ibarretxe su plan, sobre la ley de la selva?

Eso parece. Arzalluz lo repitió ayer, con todas las letras, durante el Alderdi Eguna, “si no puede ser a nuestra manera, a la manera que propone Ibarretxe, nos estableceremos por nosotros mismos (...) y no lo van a poder impedir”, dijo. Pero miente. Y lo sabe. En los Estados de Derecho no existe el derecho a la secesión. No lo reconoce el Derecho Internacional. Y la Nación española, de la que Euskadi forma parte, es un Estado de Derecho reconocido internacionalmente. En España porque choca contra la Constitución y en la UE porque choca con el derecho internacional, el Plan Ibarretxe es inviable. Sin la autorización de las Cortes la simple convocatoria de ese referéndum sería ilegal. Y, si aun así Ibarretxe pasara de las palabras a los hechos, el Gobierno estaría obligado a restablecer la legalidad por todos los medios. Incluido, caso de ser preciso, el recurso al uso de la violencia.

Hace ya un año, cuando Ibarretxe presentó su plan, todos nos hicimos la misma pregunta que hemos vuelto a hacernos la semana pasada: si las Cortes , depositarias de la única soberanía nacional que existe no autorizan ese referéndum, ¿seguirá adelante Ibarretxe? No lo duden: sí. Tampoco él (el PSOE haría bien dejárselo cuanto antes tan claro como se lo ha dejado el PP) debería albergar duda alguna de que, al margen de la ley, en ningún caso, gobierne quien gobierne, y aunque ETA siga moviéndole el árbol, lo conseguirá. El desistimiento: que el exilio interior y exterior de los no nacionalistas vascos vaya a más y el interés del resto de los españoles por la monserga vasca a menos, es la esperanza de Ibarretxe y de Arzalluz. Y resistir la esperanza de la democracia.

Conferencia en Barcelona
No vinieron los escamots
Pío Moa Libertad Digital  29 Septiembre 2003

El viernes pasado di una conferencia en la Universidad de Barcelona, convocada por Convivencia Cívica Catalana, con el tema “Una comparación entre los nacionalismos catalán y vasco”, algo así como un esbozo de un libro que preparo. Había, como de costumbre, bastante tensión por la previsible llegada de los escamots –los grupos de fanáticos nacionalistas catalanes herederos de los famosos de Dencás durante la república–, que han solido agredir o impedir con sus chillidos a coro conferencias de Gotzone Mora, Savater, Vidal Quadras y tantos otros. Pero esta vez no vinieron. El rector, cuya conducta en varias ocasiones anteriores fue muy turbia, mandó a su segundo a recibirnos, y, en cuanto a la conferencia misma, todo fue sobre ruedas.

En cierto sentido esto es un logro, pues implica que el respeto a la libertad de expresión, que debiera ser normal en una universidad democrática, empieza a serlo en la de Barcelona. Pero el fanatismo no se aquieta tan fácilmente, y pudiera tratarse de una excepción difícil de entender.

¿Qué habrá pasado? No puede descartarse que aquellos vándalos hayan terminado por comprender, a costa de muchas experiencias, o el rector se lo haya hecho ver, que con sus trifulcas daban a los actos una relevancia mucho mayor, obligando a hablar de ellos incluso a la no muy profesional prensa de Barcelona.

Y digo esto último porque los nacionalistas y social-nacionalistas han logrado imponer en la prensa una especie de ley del silencio para cuanto pueda discordar de sus tópicos. Por ejemplo, la convocatoria de mi conferencia fue enviada a todos los periódicos de la ciudad, y por dos veces. Ni uno solo la publicó. Esta muy notable unanimidad contra la disidencia constituye un logro nacionalista que el PNV no ha logrado imponer entre los periodistas vascos, ni siquiera con la amenaza subsidiaria del tiro en la nuca. En cuanto a los numerosos anuncios de la conferencia colocados en la universidad, fueron rápida y sistemáticamente arrancados. Estos métodos resultan sin duda más eficaces que acudir al acto a pegar berridos.

De este clima asfixiante me dieron algunos ejemplos mis anfitriones. Cuando Savater recibió golpes y agresiones físicas, ni un periódico de Barcelona informó de ello. Fue preciso acudir a las tertulias de la radio para denunciar el desmán, y sólo después, qué remedio, dieron la información los periódicos de la ciudad.

Estos comportamientos me recuerdan el de muchos falangistas, para quienes los discrepantes sólo podían ser “malos españoles” o “enemigos de España”. Ahora, quien no comulgue con las leyendas nacionalistas no es un buen catalán, o es un enemigo de Cataluña, y debe ser acallado en lo posible. No sé si Orwell homenajearía hoy a Cataluña.

Zapatero acierta
Miguel Ángel Rodríguez La Razón 29 Septiembre 2003

Sin ambages, Zapatero ha respondido al Plan secesionista del PNV con un «no». Si en otras ocasiones se ha criticado al líder del PSOE que prefiere caminos distintos a los del Gobierno para hacerse notar, en esta ocasión sus principios han estado por encima de sus intereses de partido y ha sido tajante en su oposición a la fórmula ideada por los nacionalistas vascos para armar bronca. No ha escuchado los cantos de sirena del «diálogo» que propone Ibarretxe, que es cosa graciosa: primero tira la piedra, rompe el escaparate, y sale diciendo que es mejor dialogar que enfadarse. El nacionalismo vasco parece más bien un partido extraterrestre, que filtra su «realidad» únicamente a través de los ojos de Eta. Pero en esta ocasión no se encuentra con la comprensión del PSOE, y esto es un dato relevante. Zapatero dice que el modo de terminar con Eta pasa por la unidad de los demócratas, no por la separación del País vasco.

La pregunta es si el PNV se encuentra entre los demócratas o usa la Democracia para sus fines totalitarios. Un partido que hace caso omiso al Tribunal Supremo, a las leyes del Parlamento y al significado de las votaciones en las urnas mientras se entrega a Eta y a Batasuna no es ejemplo de Democracia. El PNV está dispuesto a gobernar contra la mitad de los vascos y no le importa. Dicen públicamente que quien no piensa como ellos ni es vasco ni merece la pena, es un «españolazo».

Es capaz de mandar en la Administración autonómica poniéndole escolta a todos los diputados de la oposición en vez de trazar un plan serio para terminar con esa lacra de los asesinos a sueldo. Hace lo que en cualquier otro país se llamaría desprecio por la Democracia. Zapatero se ha opuesto al intento del PNV de desestabilizar la Democracia y quemar la Constitución. Zapatero acierta.

Euskadi: la vuelta al cole
Iñaki Ezkerra La Razón 29 Septiembre 2003

Viendo el panorama vasco, a uno le invade estos días la vieja y desagradable sensación de la vuelta al cole. Y no sólo porque estemos en septiembre, el mes post vacacional, sino por las actitudes y los caretos de la clase política, que es como la clase de la que a mí me expulsaban cada dos por tres cuando tenía doce años. A uno le expulsaron tantas veces que ya quedó inmunizado para toda la vida de las amenazas de los curas aquéllos, que son exactamente los mismos que ahora están en la política estropeando el País Vasco como entonces estropearon mi infancia. Los mismos curas pero con distintos collares. Los mismos curas salidos de curas y de franquistas para hacerse nacionalistas y seguir castigando al personal a quedarse en el aula de una luz oleosa y triste.

Ayer el castigo era quedarse a hacer potencias al terminar la clase y hoy es estudiar euskera al terminar el trabajo. La cosa es castigar y amenazarte con la expulsión: ayer del cole y hoy de mi tierra. Estos curas, que son aquellos, no saben otro rollo. Anasagasti ha dicho de mí que donde estoy siempre hay lío, Anasagasti ha soltado una frase clásica de prefecto de aquel colegio al que yo fui y donde no castigaban por ser vasco, como en la peli de Mierdem, sino por dibujar o hacer poemas, por ser distinto.

Y luego está el alumnado, que también es de echar a comer aparte en su mayoría. Está ese tipo de alumno que ayer usaba el recreo para quedarse a reírle las gracias al director del cole a ver si le daba una barra de regaliz manoseada y llena de pelusas de su bolsillo como hoy se queda a felicitar a Ibarretxe por su tedioso discurso tras la sesión. Está Madrazo que no es exactamente cura sino uno de aquellos alumnos envejecidos prematuramente que ponían de delegados y que tenían con los curas una relación especial e insana como de internos que no pagaban porque se estaban preparando para acceder al seminario. Están los Madrazos, sí, con sus galletas de internos pobres y los labios negros, vendiendo a sus compañeros a cambio de una barra de aquel regaliz asqueroso y hospiciano.

Está Patxi López, que tuvo una brillante intervención que ha sorprendido a todos y que suscita el mismo comentario que suscitaban los alumnos vagos cuando un día se aprendían bien la lección por algún misterioso motivo. «¿No ves cómo cuando quieres puedes?» Patxi López ha querido esta vez pero por pura táctica, porque es preciso negar el Plan Ibarretxe para ofrecer su pacto, pero debería aprender una lección a más largo plazo: la de lo fácil y lo gratificante que es sacar buenas notas. Hasta se le borró esa expresión que tiene de pillo precario, esa cara de estar dispuesto a matar por el puto regaliz dichoso.

PROYECTO TOTALITARIO
Germán Yanke ABC 29 Septiembre 2003

«Primero, la independencia, y luego ya se verá...». Como si se quisiese quitar hierro ideológico a los proyectos de secesión, hemos oído frases similares a lo largo de los últimos años. Servían para el consumo interno del nacionalismo vasco, para atemperar las diferencias de sus diversos sectores y convertirlo en un grupo social que pudiese realmente sentirse unido en torno a un plan de «construcción nacional». Y, después, «en familia», discutir sobre la ideología de cada uno.

Pero la realidad es que no hay proyecto de secesión aséptico, ajeno a un modelo de sociedad y a un sistema político. No fue aséptica la secesión de las antiguas repúblicas soviéticas que ahora se integrarán en la Unión Europea: querían, lejos de Moscú, establecer modelos occidentales, democráticos y de libertad económica. No lo fue la Guerra de Secesión en los Estados Unidos y así lo vio Lincoln, que se rebeló contra el fondo ideológico de las pretensiones secesionistas de los estados del sur: se sentían ajenos a las libertades democráticas que se imponían en la Unión y querían seguir sosteniendo la esclavitud. El escenario es parte del plan, pero se busca el escenario para un proyecto concreto.

Tampoco es aséptico, y mucho menos inocente, el Plan Ibarretxe. No lo es ni desde el punto de vista ideológico ni desde la perspectiva de las circunstancias prácticas. El presidente de la Comunidad Autónoma Vasca, con el apoyo de los partidos que forman su gobierno, dibuja claramente el futuro de su ensoñación: una suerte de «comunitarismo» en el que la integración de los vascos se fundamenta en derechos colectivos que trata falsamente de encontrar en la noche de los tiempos y en una concepción étnica del «Pueblo Vasco». Ni la retórica de la permanente negociación ni la trampa de plantear un diálogo que no podría ser sino la aceptación rendida de las pretensiones nacionalistas, hace que este proyecto tenga algo que ver con la integración de los ciudadanos libres en las sociedades modernas. Ibarretxe además quiere con la argucia de recuperar el poder para el «Pueblo Vasco» la eliminación radical de la división y los contrapesos de poder. Todo el plan está basado en el desprecio absoluto a la legalidad vigente, hasta el punto de anunciar un referéndum aun cuando sea ilegal. Y no podía ser menos si tenemos en cuenta que tiene en su raíz la búsqueda del entendimiento con una de las bandas terroristas más criminales de la historia reciente de Europa. Hace bien Ibarretxe en denominar su escenario futuro como «post-ETA». Lo que quiere, como ha repetido en tantas ocasiones, es que la banda desaparezca por la desaparición de las reivindicaciones que ha sostenido violentamente hasta ahora.

Todo esto se llama totalitarismo. No hay manera de acompasar su proyecto con la democracia y el Estado de Derecho. Y me parece fundamental subrayarlo porque es la verdadera cuestión con la que PP y PSOE se enfrentarán, mucho más allá de la inestabilidad, la ruina y la división que las pretensiones nacionalistas llevan consigo. He escrito en esta hora, y es así en buena medida por no haberlo hecho antes, ya que ni el documento de septiembre de 2002 ni las propuestas de Ibarretxe de la semana pasada, que son su continuación, surgen de la nada. Son un paso más, un instrumento, hacia la verdadera meta del nacionalismo: el control totalitario del País Vasco, en el que, por cierto, ya han avanzado demasiado.

En las reacciones políticas a esta barbaridad, en las declaraciones rotundas de que no se logrará lo que Ibarretxe propone, hay un tanto de desconcierto. Da la impresión de que nada, salvo poner en marcha -«en su momento»- los recursos jurídicos precisos, se puede hacer ante una ofensiva de la que se evita el adjetivo totalitaria para no reaccionar como se debiera. Estamos en la hora de la verdadera batalla política, que no es la de la alternativa que pide Ibarretxe (no hay alternativa posible a la libertad), sino la de la alternancia. Es la gran tarea de Rajoy. Zapatero cree que su futuro depende de las elecciones en Madrid y Barcelona. Me temo, sin embargo, que depende de su coraje democrático para unirse al PP y arrebatar democráticamente el poder a los nacionalistas vascos.

El plan Ibarretxe a la basura
Cartas al Director ABC 29 Septiembre 2003

El señor Ibarretxe, presidente aparente de todos los vascos y las vascas (¿por qué no de las vascas y los vascos? ) pero presidente real de una sola parte de la ciudadanía vasca, ha dado a luz, ¡por fin!, al engendro, largo tiempo incubado en el oscurantismo de sus meninges, y la criatura ha sido bautizada con la rimbombante vaciedad -de tal palo tal astilla- de Plan Ibarretxe. Esta criatura, o criaturo, ha nacido con todas las limitaciones de un extraño ser, destinado a la asfixia desde antes de su nacimiento, como fruto de sus propias limitaciones, empeñadas, desde la concepción, en establecer un marco pequeño para un pueblo que no se lo merece. Este parto, que bien pudiera ser el parto de los montes, se define por sí solo si consideramos los ámbitos en los que ha sido recibido con mal disimulado alborozo, como, por ejemplo, los propios del señor Otegi y compañía (mundo etarra) o los naturales de los ínclitos Arzalluz, Atutxa, Egibar, Ibarretxe y demás personajes de similar ralea, empeñados, todos, en llevar al pueblo vasco por los caminos de confrontación, pequeñez e irracionalidad por donde ellos palpitan y respiran. Pero, por fortuna, muchos tenemos la fundada certeza de que la Ley y el sentido común de la mayoría de la sociedad vasca no permitirá que se desarrollen semejantes ataduras, porque ello sería tanto como condenarla al desarraigo de su verdadera identidad, con el mal añadido de hundirla, sin remisión, en la indefensión y el ridículo. Los vascos son demasiado grandes para un marco tan pequeño y ellos serán los primeros en tirar el Plan Ibarretxe y cuanto ello significa por las alcantarillas que plan y planificadores se merecen.      Y si no, al tiempo.     Julia Rubio. Madrid.

ARZALLUZ HACE DE LA AMENAZA EL EJE DE SU DISCURSO
Arenas pide al PSOE que colabore en la creación de una alternativa democrática al nacionalismo
Los planes secesionistas del plan Ibarretxe han centrado el "día del partido" que el PNV ha celebrado en Álava. Arzalluz, con su discurso amenazante, no ha aclarado si éste ha sido su último Alderdi Eguna como líder de los peneuvistas. En Sevilla, Arenas ha reconocido que aprecia "muchas dudas" en el PSOE para ser capaz de formar con el PP una "alternativa" al PNV.
EFE Libertad Digital  29 Septiembre 2003

 No ha habido sorpresas y el día del partido que el PNV ha celebrado en Álava con su militancia se ha convertido en un acto de apoyo al Plan Ibarretxe. Cierre de filas de los peneuvistas, con Arzalluz como principal exponente ante un lehendakari que ha vuelto a exponer los mismos argumentos que los ya adelantados cuando el pasado viernes presentó su plan secesionista en el Parlamento vasco. Ibarretxe ha sumado a todo lo dicho ya una petición de diálogo de tono victimista: ha lamentado que PP y PSOE se hayan negado "de primeras" a hablar de su propuesta.

Como en otras ocasiones, el plato fuerte de los discursos ha llegado con Arzalluz. Su amenaza-advertencia de este año ha sido que "si no podemos ser españoles a nuestra manera, aunque Ibarretxe tampoco dice exactamente que vayamos a ser españoles, nos estableceremos por nosotros mismos". El todavía líder del PNV ha aclarado a su militancia que el plan del lehendakari "no es un plan independentista, es un plan sensato", que busca una relación "de tú a tú, en igualdad". También ha profundizado en la solicitud de Ibarretxe al mostrarse dispuesto a dialogar "con todos, incluido ETA y hasta con Aznar". En otra de sus advertencias explicó que el pueblo vasco "ha roto aguas. No sabemos si será niño o niña, pero está claro que saldrá una nueva criatura".

Zapatero ignora la invitación de Rajoy
En Madrid, Rodríguez Zapatero ha vuelto a pedir la retirada del plan y adelantó, en un acto de apoyo a la candidatura de Simancas, que "su primer empeño" si gana las elecciones en 2004 será acabar con ETA y lo hará "uniendo a todos los demócratas y procurando la convivencia en Euskadi de todos aquellos que quieran convivir en democracia, piensen como piensen". Dirigiéndose a los jóvenes presentes en el acto, les dijo que van a ser la primera generación que verá el fin de ETA en democracia, y "será muy pronto".

Arenas pide al PSOE más hechos y menos gestos
El PP ha exigido algo más al discurso de Zapatero. No quiere, como ha explicado Javier Arenas, que se quede sólo en la fase de "decir no a esta barbaridad política y jurídica" y le ha pedido que colabore en la creación de una alternativa democrática al nacionalismo. Hay "muchas dudas" de que el PSOE responda de forma conjunta en el País Vasco, ha reconocido el vicesecretario general del PP. En el PSOE "sobran también muchos gestos" y ha reiterado que en el País Vasco "lo que hace falta es tomar decisiones acertadas desde la firmeza, desde la serenidad".

La herencia de ETA
Mayor Oreja ha vuelto a desplegar su discurso clarificador para apuntar que el PNV "está condenado a entenderse con ETA" para llevar adelante su "plan de ruptura" hecho desde la "traición y la deslealtad". Mayor Oreja, que ha hecho estas declaraciones en el transcurso de un acto del PP en Madrid, ha explicado que el plan es la "herencia política de ETA", un "instrumento del nacionalismo para mantener el poder en el País Vasco" y supone un "esfuerzo para reagrupar a todo el nacionalismo". En su opinión, esta iniciativa soberanista confirma que el acuerdo de Estella de 1998 "era algo más", "el mayor desafío de la España constitucional". Por ello, ha pedido a los militantes del PP y a todos los españoles que no se contagien de su "miedo y desesperación".

«Las víctimas jamás deberemos nada a los actores y al festival de San Sebastián»
Ordóñez denuncia el silencio de los intérpretes ante la barbarie de Eta
Las víctimas del terrorismo no esperaban ayer que ningún representante del cine español hubiera tenido el coraje de decir «Eta no» delante del auditorio del Kursaal en la gala de clausura del Festival de San Sebastián. Desde asociaciones como la AVT o Covite se critica al cine español porque es «mucho más fácil decir Guerra no porque Iraq está lejos, mientras que aquí es muy difícil decir Eta no porque la banda está muy cerca».
Redacción - Madrid.- La Razón 29 Septiembre 2003

El 23 de enero de 1995 el teniente alcalde de San Sebastián, Gregorio Ordóñez, fue asesinado de un tiro en la nuca en el casco viejo de la ciudad. Desde entonces su hermana, Consuelo Ordóñez, no deja de repetir que la sociedad vasca es cobarde, muy cobarde. Y por eso relata con frialdad las denuncias que desde las asociaciones de víctimas del terrorismo han realizado en contra de la «hipocresía» del cine español: «Este año han intentado matar a dos ertzainas cuando estaba el festival en marcha, no ha habido ninguna condena. No nos extraña porque el pasado año también hubo un atentado y tampoco dijeron nada».

A esta fundadora de Covite (Colectivo de Víctimas del Terrorismo del País Vasco) le llama la atención que «en un certamen como en el de San Sebastián, donde hay películas de denuncia de fuera, precisamente no haya ninguna sobre la realidad que nos rodea aquí. Durante el transcurso del festival en sus diferentes ediciones jamás nadie nos ha pedido ninguna pegatina de Eta Ez (ETA NO). Nunca deberemos nada las víctimas a los actores y a la organización del festival». Y añade: «Es muy fácil decir Guerra no porque no pasa nada, porque tienes libertad democrática para decirlo y porque está de moda. Sin embargo, que un actor se atreva a condenar a ETA, eso tiene sus consecuencias: estás mal visto por la profesión y te colocas en el punto de mira». Y entonces recuerda el polémico filme de Medem, ella participó pero luego pidió que retirarán su testimonio de «La pelota vasca»: «Ha hecho un documental a la medida de lo que ellos quieren ver. Así tranquilizan su mala conciencia porque no quieren ver la realidad como es».

La otra cara de la moneda es la de Iñaki Arteta que entrevistó a más de una decena de víctimas en su documental «Sin libertad»: «¿Y sabes lo qué ha pasado?. Que ahora nadie le da ningún trabajo, que sus compañeros le han retirado la palabra. Y él es vasco y trabaja aquí mientras que Medem ha vuelto a Madrid».

«Iraq está lejos»
La misma opinión tiene el portavoz de la AVT, Daniel Portero: «Llevamos mucho tiempo desde las asociaciones de víctimas denunciando la falta de compromiso de los actores de nuestro país. Es más fácil decir Guerra, no porque Iraq está lejos mientras que a Eta la tenemos aquí». Y las causas, según Portero, son claras: «Hay miedo, es un compromiso muy grande y el que lo toma puede perder su protagonismo». Portero subraya que «Sting acaba de grabar un disco y se lo ha dedicado a las víctimas del 11-S, yo todavía eso no lo he visto en España». Y termina con un deseo: «Los actores de cine deben ser conscientes de que con su repercusión social podían concienciar que la lucha contra el terrorismo es de todos, no sólo de los políticos y de los policías, que le puede tocar a cualquiera».

Por otro lado, el director de cine, Antonio del Real, lamentó la ausencia en la clausura del festival donostiarra de una condena al terrorismo. «No esperaba que nadie dijera nada. Además por lo que intuyo al festival de San Sebastián no lo he visto especialmente reivindicativo con este asunto». A su juicio, «me parece terrible que ningún actor haya condenado a la banda terrorista y me produce desgarro es ver cómo se lucha en contra de Eta desde el País Vasco y los demás callados».

Los jueces obligan a un Ayuntamiento vasco a colgar diariamente la bandera española
MANUEL MARÍN ABC 29 Septiembre 2003

El Tribunal Superior vasco no duda de que la corporación alavesa evitó corregir «de una forma consciente una actuación palmariamente ilegal»

MADRID. El Tribunal Superior de Justicia del País Vasco ha anulado un acuerdo adoptado en julio de 2000 por el Ayuntamiento alavés de Alegría-Dulantzi, por el que se decidió prescindir de la bandera española en la balconada del consistorio con motivo de sus fiestas locales. La Corporación decidió colocar sólo la bandera de la población y la ikurriña, vulnerando así la ley de 1981 que regula el uso de la enseña nacional y que establece la obligatoriedad de hacerla ondear permanentemente en todos los edificios y establecimientos de las diferentes administraciones públicas.

El acuerdo del Ayuntamiento fue impugnado por la Abogacía del Estado, que ha visto cómo los magistrados del Tribunal Superior vasco le han dado la razón e, incluso, han impuesto el pago de las costas del proceso a la Corporación de Alegría-Dulantzi «dado que su conducta procesal es reveladora de que el proceso tiene origen en la asunción y sostenimiento consciente de una actuación palmariamente ilegal».

La sentencia, fechada el pasado 31 de marzo, recuerda que «la actuación municipal no tiene cabida dentro de los márgenes de la legislación vigente», según la cual «la bandera de España deberá ondear en el exterior y ocupar el lugar preferente en el interior de todos los edificios y establecimientos de la Administración Central, institucional, autonómica, provincial e insular y municipal del Estado».

«Lugar de máximo honor»
La sentencia añade que cuando los Ayuntamientos, por ejemplo, utilicen sus propias enseñas «lo harán junto a la bandera de España», de forma que esta guarde «lugar preeminente y máximo honor» entre las demás.

Los magistrados se remiten a una sentencia del Tribunal Supremo de 1988 en la que ya se asentaba doctrinalmente esta tesis en virtud de lo previsto en la propia Constitución y añaden que «la formulación constitucional debería haber bastado para el adecuado uso de la bandera» por cualquier corporación pública. «No obstante -recuerdan los magistrados a modo de reproche-, las reticencias de unos grupos y la inadecuada utilización de ella como símbolo de la nación por otros, así como las situaciones conflictivas surgidas, hicieron necesario el desarrollo legislativo de esta materia».

Fruto de ello, nació la ley de 28 de octubre de 1981, en la que se expone de manera meridiana cuándo y dónde debe ondear la enseña nacional. Y ateniéndose a la letra de la ley, el Tribunal Superior vasco mantiene que cuando el legislador afirma que «la bandera de España deberá ondear en el exterior...», tal expresión es un «imperativo categórico» que viene a poner de relieve la exigencia legal de que la enseña «ondee todos los días y en los lugares que expresa, como símbolo de que los edificios de las administraciones públicas del Estado son lugares en donde se ejerce directa, o delegadamente, la soberanía» de acuerdo con los valores constitucionales.

La sentencia afirma que «la bandera de España, sola o acompañada de otras -esto último es facultativo-, debe ondear diariamente en los edificios y establecimientos de las administraciones públicas del Estado español sin distinción de si los días son o no Fiesta Nacional, Fiesta Oficial, Fiesta Local o conmemorativas». «Dados los términos de la ley de 1981 -finaliza-, no se permite hacer distinciones que quebranten el sentido de permanencia o presencia que la ley exige e impone, con obligación de las autoridades de corregir en el acto (...) la legalidad conculcada». Algo que los responsables del Ayuntamiento no hicieron.

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