AGLI

Recortes de Prensa     Miércoles 1 Octubre  2003
Parásitos de las libertades
Pío Moa Libertad Digital  1 Octubre 2003

EL DIALOGANTE INGENUO
EDURNE URIARTE. ABC 1 Octubre 2003

La trampa del PNV
Editorial La Razón 1 Octubre 2003

LA SINCERIDAD DE ARZALLUZ
Editorial ABC 1 Octubre 2003

La insurrección legal
Lucrecio Libertad Digital  1 Octubre 2003

Ibarreche miente
Román Cendoya La Razón 1 Octubre 2003

Tira y afloja indignante
Germán Yanke Libertad Digital  1 Octubre 2003

Las intocables reglas del juego
Ignacio Villa Libertad Digital  1 Octubre 2003

«Good bye Spain»
Antonio Martín Beaumont La Razón 1 Octubre 2003

Vivir en la mentira
Editorial El Ideal Gallego 1 Octubre 2003

Viva Rusia
David Gistau La Razón 1 Octubre 2003

PUPA, MAMÁ
Alfonso USSÍA ABC 1 Octubre 2003

Aznar avisa a Ibarretxe de que las posibilidades de su plan son «literalmente cero»
LUIS AYLLÓN ABC 1 Octubre 2003
 

Nacionalismos totalitarios
Parásitos de las libertades
Pío Moa Libertad Digital  1 Octubre 2003

Una servidumbre del sistema de libertades es la necesidad de soportar a quienes lo utilizan con el fin de destruirlo. Los marxistas lo explicaban así, más o menos: “La burguesía consiente libertades hasta que el movimiento obrero cobra fuerza y amenaza su poder. Entonces viene la dictadura, el fascismo”. El comunismo, claro, llama “movimiento obrero” a un conjunto de reivindicaciones y conflictos sociales admisible en el sistema de libertades, pero que aquél se empeña en empujar contra el propio sistema y en pro de la dictadura, empleando la demagogia.

Bastantes enemigos de los totalitarismos caen en la trampa lógica de admitir el dominio de los comunistas, por ejemplo, si éstos alcanzasen mayoría de votos. Debido confusiones parecidas, la resistencia a los totalitarios ha sido a menudo vacilante. Pero las libertades políticas son un logro humano alcanzado penosamente en los últimos siglos, resultado de la creciente complejidad de las organizaciones sociales y de la reflexión ética y política. Un logro siempre amenazado y parasitado por quienes desean algún tipo de despotismo como solución simple a los problemas y conflictos propios de sociedades tan complejas como las actuales. La anulación de las libertades no puede someterse a votación, como no puede someterse a votación un supuesto derecho al robo. Es preciso tolerar a grupos liberticidas, pero si alguno de éstos conquistase o estuviese cerca de conquistar el poder, la rebelión o una enérgica actuación preventiva sería legítima y obligada, por mucho que aquellos consiguiesen gran número de votos, como los consiguió Hitler en su momento.

Tenemos ahora ante nosotros una situación semejante. En Vascongadas gobierna un partido, el PNV, con aspiraciones totalitarias visibles ya en su pretensión de representante único y auténtico de “los vascos”. Bajo ese gobierno, el asesinato se ha convertido en instrumento político aceptado (el PNV lo ha explotado sistemáticamente para avanzar en su dominación social), y la democracia apenas subsiste. Algo parecido, aunque con menor intensidad, cabe decir del nacionalismo catalán. Ello es, en parte, el fruto envenenado de muchas claudicaciones y concesiones equivocadas por parte de quienes debieran haber actuado con más energía y convicción. Por suerte, está habiendo una reacción del Gobierno y de quienes, defendiendo la libertad contra el crimen, defienden también el honor de los vascos frente a quienes usurpan cínicamente su nombre e intereses.

Hoy, tras un siglo de existencia de los nacionalismos vasco y catalán, podemos observar un panorama global. Esos nacionalismos han surgido y crecido en los períodos de libertades, parasitándolas y, junto con otros partidos, desestabilizando el sistema y llevándolo a crisis sucesivas que acabaron por dos veces en dictadura, una de ellas tras una cruenta guerra civil. Bajo las dictaduras de Primo de Rivera y de Franco, en cambio, los nacionalismos apenas hicieron oposición o resistencia. La excepción de la ETA tiene especial significado, porque su brutalidad terrorista nacía de una combinación de nacionalismo y marxismo-leninismo.

En otros tiempos los nacionalismos obraron en combinación con grupos revolucionarios. Hoy, estos últimos son secundarios, y los primeros se han convertido en el principal riesgo de desestabilización. El reto actual consiste en derrotarlos sin sacrificar a ello las libertades. No es nada imposible, si los partidarios de la democracia, y de la unidad española que la cobija, actúan con energía e ideas claras.

EL DIALOGANTE INGENUO
por EDURNE URIARTE. Catedrática de Ciencia Política de la Universidad del País Vasco ABC 1 Octubre 2003

MIENTRAS el pasado día 21 observaba el regocijo del público que asistió a la proyección de «La pelota vasca» y la sonrisa angelical y satisfecha de Julio Medem, pensé por unos largos, muy largos, momentos, que la rebelión social contra el terrorismo tenía un futuro dudoso. Porque la ruptura social que representa la rebeldía antiterrorista es demasiado revolucionaria para tantos y tantos ciudadanos conformistas, temerosos y acomodados al poder nacionalista. Y Julio Medem, el dialogante ingenuo, es, inevitablemente, su héroe, el chico bueno e inocente que embellece y redime tanta pasividad, tanto coqueteo con los terroristas y tanta pulsión por la supuesta superioridad de la raza vasca.

Y, por supuesto, el dialogante ingenuo es también subido a los altares en otros lugares, como entre esa izquierda radical que en el resto de España todavía no se ha decidido a rechazar con rotundidad a Batasuna y que recibe con alborozo cualquier acusación de totalitarismo contra la derecha. Esa izquierda se ha aprestado a defender «la libertad de expresión» de Medem. ¡Qué falsificación de la polémica! Como si alguien hubiera negado esa libertad de expresión.

Quienes criticamos el documental de Julio Medem no cuestionamos su libertad de expresión, sino el mensaje que Medem transmite con esa libertad. Lo que criticamos es la interpretación de Medem sobre lo que ocurre en el País Vasco. Y el problema no es que falten testimonios. El problema son los que sobran, los de los etarras y de quienes los apoyan. Porque muchos renunciamos previamente a ese testimonio después de que el planteamiento inicial de Medem nos mostrara lo que, en efecto, ha sido la tesis final. Y la tesis del documental es la siguiente: es bueno dialogar con los terroristas, las víctimas sufren pero también los verdugos, y los vascos somos un pueblo peculiar sometido a los ataques del exterior.

Los apologistas de Medem deben sincerarse consigo mismos y enfrentarse a esa tesis. Aquí no discutimos la libertad de expresión sino la bondad, la ética, la aceptabilidad democrática de esa lectura de Medem sobre el terrorismo que a Arnaldo Otegi le ha parecido objetiva.

Pero me temo que estos apologistas seguirán eludiendo el centro de la tesis y volverán a quedarse con la superficie, con la belleza de la apariencia de ese diálogo limpio y universal de Medem. Porque más allá está el límite del barranco, allí donde es preciso saltar hacia la incertidumbre, el rechazo social y el peligro cuando uno destapa la trastienda de ese dialogante ingenuo que todos llevamos dentro y que tanta paz vital nos da.

Y es que Julio Medem es lo que se dice un buen chico, y me temo que ni siquiera es consciente de las consecuencias políticas y éticas de su planteamiento. Él es y quiere ser ese dialogante ingenuo, un alma cándida que apela a la bondad infinita de todos los seres humanos, incluidos los asesinos y sus jaleadores, para llegar a la armonía de la Euskadi feliz.

El éxito de este dialogante ingenuo, en realidad, también nos enfrenta a los ciudadanos movilizados contra el terrorismo con la cara más oscura de toda esta historia. Y no nos viene mal, porque nos muestra un retazo de algo que también nosotros nos resistimos a ver, y es que una buena parte de la sociedad, sobre todo la vasca, prefiere al dialogante ingenuo que al rebelde antiterrorista.

Porque, en primer lugar, el dialogante ingenuo evita el enfrentamiento claro con el terrorismo. Mientras defiende «el dolor de unos y otros» («He sido respetuoso con la gente que sufre y con las víctimas. He demostrado cómo sufren. También muestro a una chica torturada», dice Medem en este periódico) se coloca en una orilla cómoda y segura. Los terroristas no se van a molestar, ni mucho menos, porque ellos también sienten mucho el sufrimiento y lo reiteran una y otra vez. Y quién puede decir que el dialogante no es un alma sensible que sufre por las víctimas, por todas ellas sin distinción, incluso por esos pobres asesinos víctimas de su propia locura.

Y en esta historia lo complicado es precisamente enfrentarse a los terroristas, hacer un documental de denuncia de ETA y de su entramado. Ha dicho Medem que es muy difícil ser vasco en Madrid; pero, como le ha escrito Santiago González en El Correo, «pues fíjate, Julio, lo difícil que es ser vasco en Bilbao». Y no digamos si haces documentales contra ETA. Entonces sí que se acabó la libertad de expresión.

Y no sólo eso; es que, además, es muy conveniente ser un dialogante ingenuo para ser vasco en Bilbao. Por eso se apunta tanta gente, porque te permite vivir sin conflictos con el medio ambiente dominante que es el nacionalista, ése al que no le gusta ETA pero que, sin embargo, desea llegar a un acuerdo con ella para construir el futuro estado libre asociado.

La ingenuidad es incluso simpática, y ofrece, además, una tercera ventaja que es la de no enterarte de que existe un terrorismo que persigue a miles y miles de españoles y quedarte tan tranquilo. De hecho, Medem comenzó a angustiarse con este problema cuando en el 2001 asistió a la horrible campaña de la derecha totalitaria de Madrid contra los vascos.

Y como el dialogante ingenuo es inofensivo y no molesta a nadie, incluso se puede permitir una buena dosis de ignorancia, ésa que consiste en aplicar el concepto de totalitarismo a un gobierno y un partido democráticos. Totalitario es el régimen nazi o el estalinista y las ideologías que los sustentaban, que, casualmente, tienen mucho que ver con la etarra. Entre otras cosas, se caracterizan por defender la liquidación física de todos los que disientan. Exactamente como ETA, ese extremo del conflicto político vasco que, según Medem, se complementa con el otro extremo que es el Gobierno de Madrid: el primero mata y el segundo no dialoga y los dos practican el pensamiento único (El País, 22 de septiembre de 2003).

Y sí, insisto en creer que estamos ante un dialogante ingenuo, alguien que ni siquiera es consciente de la barbaridad ética y democrática que acaba de defender. Ni él ni muchos de esos ciudadanos que lo han abrazado como su referencia. Ha escrito Ignacio Ruiz Quintano que «el poeta añora ignorar, añora la infancia, añora la inocencia». Y también el ciudadano desea la ignorancia y la infancia cuando la otra alternativa es el compromiso antiterrorista. Es costoso y peligroso ser un rebelde antiterrorista. Para qué si puedes alcanzar el estado perfecto de infancia, de ignorancia y de inocencia con ese dialogante ingenuo que ahora incluso se ha revestido de forma artística.

La trampa del PNV
Editorial La Razón 1 Octubre 2003

No es en modo alguno descartable que se produzca un movimiento «táctico» dentro del entremado etarra con respecto al llamado Plan Ibarreche. Los expertos en la lucha antiterrorista consultados por LA RAZÓN coinciden en que el PNV está manteniendo contactos con la banda para pedirles una «tregua técnica» y el apoyo más o menos entusiasta a la opción soberanista. No está clara cuál será la respuesta de los pistoleros, pero, en cualquier caso, lo que importa es la postura que debe adoptar el Estado frente a unos movimientos nacionalistas que no pretenden otra cosa que presentar la secesión de una parte de España como hecho consumado.

Está demasiado reciente en nuestra memoria el grave retroceso que supuso la tregua trampa de ETA. Gracias a ella, la banda etarra, acosada, consiguió tiempo para reorganizarse. Hoy, tras las impecables actuaciones de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y los acuerdos antiterroristas suscritos por los dos principales partidos políticos españoles, atraviesa uno de los peores momentos de su ya larga historia. Sería, por lo tanto, un error grave rebajar un ápice la presión política y policial sobre los asesinos.

Sólo desde la firmeza de las instituciones del Estado, y con la aplicación serena de la ley, se podrá conjurar con éxito el desafío nacionalista a la unidad de España. Cualquier otra vía, aunque venga envuelta en una oferta tan tentadora como una tregua en el terror, trae consigo el riesgo cierto de reforzar a la banda.

LA SINCERIDAD DE ARZALLUZ
Editorial ABC 1 Octubre 2003

DESDE su discurso en el Alderdi Eguna o Día del Partido, un locuaz Xabier Arzalluz está desvelando el trasfondo del plan soberanista del lendakari, ofreciendo una explicación transparente y esclarecedora de las verdaderas intenciones de su partido. Quizá, para el lendakari Ibarretxe, el presidente del PNV esté incurriendo en un exceso de sinceridad que compromete la publicidad de la «amable» relación de Euskadi con España, que, según dijo en el Parlamento de Vitoria, es el objetivo de su propuesta de libre adhesión. Nada de esto es creíble desde el momento en que Arzalluz, asumiendo el timón doctrinal del PNV con una fuerza impropia de un cesante, ha desnudado el plan Ibarretxe para mostrarlo como es realmente, es decir, el argumento que justifica la concertación de todas las ramas del nacionalismo en un único frente, que garantice al PNV la hegemonía y a la izquierda proetarra, su supervivencia política.

Todo el contenido de la acción política del nacionalismo se explica por esta finalidad gregaria, que desmonta el doble lenguaje del lendakari y lo sustituye por el discurso primario de Arzalluz. Mientras Ibarretxe habla de diálogo y negociación para mantener la imagen suave que le gusta prodigar, Arzalluz se ahorra sutilezas dialécticas y directamente pide el frente nacionalista, la unidad de los abertzales para la construcción nacional vasca. Es el presidente del PNV, y no los maledicentes a los que fustiga, quien ha demostrado con sus palabras que el plan de Ibarretxe ni se apoya en el diálogo con los no nacionalistas, a los que excluye de partida salvo para adherirse incondicionalmente, ni busca la convivencia pacífica en la sociedad vasca, porque la somete a un futuro particionista.

Lo más grave de todo es que Arzalluz no habla por sí solo. El proyecto de ponencia política que se presentará en la próxima Asamblea del PNV, titulada «Los desafíos del nacionalismo vasco en la primera década del siglo XXI», recoge íntegramente el programa máximo de ese frente nacionalista, basado en el reconocimiento del derecho a la autodeterminación, la reivindicación de los siete territorios que integran Euskal Herria -principio siempre reclamado por ETA al PNV- y la configuración del Pueblo Vasco como un sujeto político con derechos propios, por encima y al margen de los derechos individuales de los ciudadanos. Además, el documento aboga por crear el Consejo de Partidos, foro integrado por formaciones nacionalistas, con el que se pretende la marginación de los partidos constitucionalistas, en términos que, de hecho, son similares a los que ya pactó el PNV con ETA en 1998.

En este entendimiento progresivo entre los nacionalistas, ya cerrado en la trastienda, la suerte final del plan Ibarretxe es cuestión secundaria frente al objetivo prioritario -más asequible e inmediato- de reconstituir la comunidad abertzale. El nacionalismo sabe perfectamente que la propuesta del lendakari nunca se verá realizada política ni jurídicamente y sólo la angustia colectiva que provoca ETA mantiene vivo un debate que, sin la banda terrorista, nunca se habría iniciado en los términos y con los objetivos con los que está planteado. El interés del PNV se encuentra principalmente en la conservación hegemónica del poder institucional, motivación suficiente para explicar, retrospectivamente, la actitud moral de un partido que hasta 1998 fue capaz de gobernar con los socialistas vascos y, sin solución de continuidad, acordar con ETA la estrategia de Lizarra. Lo que está sucediendo ahora no se diferencia de ese planteamiento, salvo en la correlación de fuerzas, que sitúa al PNV como formación absorbente y a Batasuna como formación absorbida.

Desvelados los propósitos de fondo de los nacionalistas vascos, importa menos qué haga Ibarretxe y más la certeza de que el Estado y los partidos políticos nacionales actuarán como manda la Constitución. El presidente Aznar volvió a dejar clara la posición de su Gobierno en el sentido de no dar margen alguno al plan del lendakari, criterio que comparte la sociedad española precisamente por la razón esgrimida por el jefe del Ejecutivo, porque detrás de ese plan hay «víctimas y bombas humeantes».

La insurrección legal
Lucrecio Libertad Digital  1 Octubre 2003

Existen dos vías para inventar una nación por fragmentación de otra. Dos sólo. La que recorre las instancias legales de autodestrucción de la nación preexistente y la que resulta del desenlace de una guerra. De esta segunda hay, a su vez, dos variantes: que la desmembración provenga de una guerra perdida ante contrincantes exteriores (el paradigma sería, en la Europa del siglo XX, la desmembración del Imperio Austro-Húngaro tras la guerra del 14), o que sea el resultado de una insurrección local triunfante (la República de Irlanda es, probablemente, el único caso claro).

La turbiedad del proyecto secesionista del PNV viene precisamente de su calculadísimo juego de indefiniciones y ambigüedades en cuanto a la peculiaridad secesionista propuesta. Y del efecto de parálisis con que espera gravar la inevitable respuesta del Estado.

Al cabo de cuarenta años de armamentismo cada vez más delirante, ETA es, de facto, un residuo casi arqueológico. Políticamente, su momento actual es el más crítico de su historia. No porque haya perdido capacidad ofensiva, aunque eso pese. El verdadero problema para ETA es otro: el PNV le ha arrebatado por completo reivindicaciones, programa y mitologías.

Ha sido un éxito espectacular de Arzallus e Ibarreche. El problema, para ellos, empieza ahora: ¿cómo administrar, bajo una tradición tan inequívocamente reaccionaria cuanto lo es la sabiniana, la alucinada retórica castrista en la cual se ha ido enrocando la agónica izquierda abertzale? Sólo hay un modo: mediante la absoluta equivocidad de las consignas. El proyecto de constitución independentista de Ibarreche es la consagración de esa retórica, sin cuya ambigüedad, el abismo se abriría ante los pies del PNV.

La ficción cristaliza en la fórmula que promete una modificación constitucional mediante consulta al pueblo vasco. Ni siquiera Ibarreche es tan tosco como para ignorar que una modificación constitucional requiere, sí, un referéndum; pero que este referéndum sólo puede legalmente ser propuesto al sujeto de la Constitución actualmente existente, la de 1978; y que, por supuesto, la global decisión del electorado español así convocado –tras los complejos trámites parlamentarios que el texto constitucional fija inequívocamente– sería condición ineludible para abrir paso a cualquier consulta específicamente vasca.

La convocatoria de un referéndum vasco con capacidad decisoria acerca de la estructura constitucional del país vasco es –sin equívoco posible– un acto insurreccional. Y, en la medida, en que capitaneado por una parte del Estado español (eso es, lo quiera o no, la administración autónoma vasca), un golpe de Estado.

Una nación se inventa, a fin de cuentas, con las leyes en la mano o con las armas en la mano. No hay vías mixtas. Por más que Arzallus e Ibarreche quieran fingir eso que saben imposible: la insurrección legal.

Ibarreche miente
Román Cendoya La Razón 1 Octubre 2003

Ibarreche dice que su Plan cuenta con el apoyo de la sociedad vasca. Miente. Los vascos votantes del constitucionalismo y los empresarios no le apoyan. Ibarreche dice que su Plan es para la paz. Miente. Es para asegurar el fruto del terrorismo que su gobierno defiende y financia. Dice que es constitucional. Miente. Es anticonstitucional. Dice que es un compromiso con los derechos humanos. Miente. Consagra con la exclusión el que los derechos fundamentales de los vascos, no nazionalistas, continúen vulnerados como en su gobierno pasado, presente y futuro. Dice que es un compromiso con la justicia. Miente. Es la forma de garantizar la injusticia aniquilando la separación de poderes con la institucionalización de una Injusticia Vasca. Ibarreche dice que lo presentado es su Plan. Miente. El Plan es el resumen de las distintas «alternativas» propuestas por ETA. La excepción a tanta mentira es que el lehendakari dice que Euskadi es un país en marcha. Es verdad. Es un país en desbandada con 200.000 exiliados, con el capital en huida permanente y con un tercio de la juventud, criada en el Régimen Nazionalista, que afirma que se quiere marchar. Su modelo es una copia mala y resumida de tiempos felizmente pasados. Ahora, del Frente de Juventudes y del Movimiento Nacional se inventa el Frente Nazional. «Heil». Ibarreche es un iluminado mentiroso patológico.

Tira y afloja indignante
Germán Yanke Libertad Digital  1 Octubre 2003

El plan totalitario de Ibarretxe (que es el de IU y los partidos nacionalistas) necesita el apoyo de ETA-Batasuna. Está hecho contra el resto del Parlamento Vasco, es decir, contra los ciudadanos demócratas que representan PP y PSOE, y precisa los votos y la intimidación de la banda terrorista. Por ello asistimos ahora al intercambio de pareceres y cromos entre el nacionalismo del Gobierno vasco y el de ETA-Batasuna: ofertas, negociaciones que van desde los plazos y los contenidos a las ayudas para la supervivencia de la banda, amenazas, etc.

Pero no es ese el tira y afloja que ahora me interesa, sino aquel en el que se pretende que entren PP y PSOE ante las dimensiones y el fondo totalitario de la ofensiva nacionalista. Espero que no caigan en la trampa y ese espero lo subrayo porque parece que les duele no hacerlo. Cada día que el PSOE mantenga la ambigüedad práctica (acuerdos con los nacionalistas, ataques absurdos al PP en esta materia, falta de disposición para enfrentarse con los promotores del plan…) junto a teóricas declaraciones, se irá hundiendo en la indignidad y se alejará de ser una alternativa creíble al actual Gobierno de España. Como lo apuntó ya la semana pasada Nicolás Redondo, como lo acaba de decir el Foro de Ermua, el PSOE no puede ir de la mano de Izquierda Unida en estas circunstancias.

Tampoco el PP, que debe romper algunos acuerdos municipales con IU con urgencia, entre otros lo que sostienen ayuntamientos en las mismas cercanías del País Vasco. Y el partido gubernamental, al que los ciudadanos agradecen la contundencia con que se enfrenta al nacionalismo, tiene que recuperar, cuando menos, las competencias que se ejercen en la Comunidad Autónoma Vasca por delegación, más allá de las competencias del Estatuto. Y tiene que sustituir a los nacionalistas que todavía mantienen cargos públicos fruto de los acuerdos parlamentarios de comienzos de la anterior legislatura. Y tiene que ayudar, material y políticamente, a las asociaciones cívicas que defienden el Estado de Derecho en el País Vasco y constituyen la punta de lanza de la batalla intelectual y cultural contra el nacionalismo rampante. Cuando se comience a hacer todo esto, me parecerá más creíble que el plan de Ibarretxe tiene, literalmente, cero posibilidades de seguir adelante.

Aznar / Plan Ibarretxe
Las intocables reglas del juego
Ignacio Villa Libertad Digital  1 Octubre 2003

Este martes, el presidente Aznar ha aclarado punto por punto la verdad y el fondo del Plan Ibarretxe, fijando meridianamente al Ejecutivo ante la iniciativa de los nacionalistas vascos. Es esta una actitud, en efecto, que ya conocemos y sabemos; pero no está de más que desde el Gobierno central se recuerde expresa y públicamente cuál debe de ser el camino de la rectitud institucional ante la ofensiva que el nacionalismo vasco está diseñando, con el visto bueno de todo el entramado etarra.

Aznar ha sido muy claro, incluso hay quién dirá que ha estado muy duro. Pero ha hecho lo que tenía que hacer. Y es que habrá que decir a los acaramelados que se esconden en muchos rincones de nuestra democracia que a estas alturas no se puede seguir con paños calientes en cuestiones de capital interés.

Aznar ha repasado punto por punto las claves de una propuesta que pretende poner "patas arriba" a toda la España constitucional. El presidente del Gobierno ha puesto, con acierto, el dedo en la llaga al decir que el plan Ibarretxe es secesionista, rompe con España, es una profunda deslealtad, es un chantaje institucional y además se alimenta, se ampara y da la razón al terror. Es, en definitiva, una iniciativa de una gravedad tal que no se puede intentar amortiguar con palabrería aparente pero vacía.

El mensaje de Aznar en la comparecencia pública de este martes está directamente dirigido al mundo nacionalista. Es verdad que no hay que engañarse, los nacionalistas son los culpables de lo que está pasando; pero la ambigüedad de la que el Partido Socialista está haciendo gala es muy preocupante. Es por ello que, aunque los mensajes de fondo del Jefe del Ejecutivo están dirigidos al nacionalismo vasco, los socialistas deben de tomar muy buena nota. El PSOE no puede, en esta cuestión esencial, mostrar duda alguna, contentarse con buenas palabras para terminar con repentinos e inexplicables cambios de actitud. En esta historia no vale refugiarse en estrategias partidistas y electorales, están jugando con fuego y la dirección socialista debería fijar su posición con claridad.

Es una ocasión irrepetible para que Rodríguez Zapatero sepa estar a la altura de la circunstancias, algo que por cierto no ha hecho desde hace meses. Esta vez no tiene margen para el error. El nacionalismo vasco esta empeñado en despeñarse. El presidente Aznar ha dejado claras las reglas del juego. Zapatero mantiene sus idas y sus venidas tibias e melifluas que le convierten en un líder peligroso por su indefinición política. Un lujo que no nos podemos permitir. El PSOE tiene que ser más claro, más contundente. Todos nos jugamos mucho y ellos mismos se lo juegan todo. Decir no al plan Ibarretxe está bien, pero ahora hay que articular y razonar esa negativa con iniciativas.

«Good bye Spain»
Antonio Martín Beaumont La Razón 1 Octubre 2003

El «Alderdi Eguna» del domingo fue aprovechado por el líder del PNV, Xabier Arzallus, para lanzar una de sus habituales reprimendas. La fiesta del nacionalismo vasco en las campas de Foronda se desarrolló entre la excitación y alegría típica de los momentos anteriores a los nacimientos. Esa es la nueva estrategia del PNV. De hecho, Arzallus indicó en su discurso que «el pueblo vasco ha roto aguas; no sabemos si es niño o niña, pero viene la criatura». Las camisetas y chapas en la solapa con inscripciones como «independentzia» o «Good Bye Spain» dejaban claro cuáles son las intenciones del Gobierno vasco y del nacionalismo.

El líder máximo nacionalista advirtió de que la independencia es la única alternativa al plan separatista de Ibarretxe. Nada nuevo bajo el sol: para Arzallus sólo hay dos opciones: que España acepte el acuerdo propuesto por el lendakari, o que el País Vasco, unilateralmente, declare la secesión. Es decir: independencia por las buenas o «independentzia» por las malas.

Mientras, sólo el PP vasco se ha mantenido en su línea de firmeza. Mayor Oreja es una garantía de claridad dentro de los populares en esta cuestión y es consciente que a ETA ¬el principal problema español¬ hay que vencerla, también, democráticamente; y eso pasa necesariamente por arrebatarle el Gobierno Vasco al PNV.

Tampoco Rajoy ha querido esta vez dejar pasar la ocasión de expresar con rotundidad que en el tema vasco no piensa variar un ápice la política hasta ahora impulsada por José María Aznar. Para el secretario general popular, el PNV camina cuesta abajo y sin frenos a estrellarse contra una independencia que no tiene cabida en el marco constitucional español.

Una vez más las palabras de los líderes nacionalistas han sido una invitación a que ETA siga con su campaña de terror. El reparto de papeles está claro: unos mueven el árbol y los otros recogen las nueces. Decir, como han dicho Arzallus e Ibarretxe, que si ETA sigue atentando y el Gobierno no consiente que el País Vasco cambie su estatus sólo permite el camino de «la declaración unilateral» de independencia sólo puede interpretarse como una invitación para que la banda terrorista continúe en su desesperada carrera asesina.

Vivir en la mentira
Editorial El Ideal Gallego 1 Octubre 2003

Es difícil vivir permanentemente instaurado en la mentira. Sin embargo, pese a que la mayoría de los mortales sería incapaz de convivir con el embuste, hay determinados políticos que no sólo sobreviven en él, sino que lo han convertido en su leitmotiv. Este es el caso, por ejemplo, de Arzalluz. El presidente del PNV, a base de repetir desde hace años mentiras como la de las peculiaridades sanguíneas de los vascos, la existencia de Euskal Herria o la pureza de la raza, ha terminado con creérselas.

Por eso, a nadie debe escandalizar que cinco días después de que el lehendakari repitiera hasta la extenuación que jamás se realizaría su ilegal referéndum si se seguían produciendo atentados, cinco días después, el ex jesuita le enmiende la plana al presidente vasco para asegurar que la consulta podría realizarse aunque ETA no deje de matar. Es más, Arzalluz podría proponer que las papeletas de apoyo a la independencia fueran azules y las de quienes se opongan rojas, así los pistoleros lo tendrían mucho más fácil a la hora de elegir sus víctimas.

Cuando Ibarretxe presentó su plan secesionista hubo quien acusó al lehendakari de padecer una locura transitoria, incluso se le tachó de estúpido y orate por pretender dar tintes legales a una manifiesta ilegalidad. Sin embargo, al final es posible que ni una cosa ni otra. El PNV ha lanzado un órdago, una apuesta a la grande, pero que esconde una trampa, el poder que le da la violencia de ETA. La presencia de los terroristas que Arzalluz y los suyos saben usar tan bien. Al fin y al cabo, son los asesinos quienes les están allanando el camino que lleva hacia su quimérica Euskal Herria, su Camelot soñado e imposible.

Viva Rusia
David Gistau La Razón 1 Octubre 2003

Al equidistante de guardia, Julio Medem, San Sebastián no le parece el lugar adecuado para expresarse contra Eta. Tiene razón. Si te expresas contra Eta en San Sebastián, existe un riesgo bastante elevado de que te saquen de la ciudad a hostias, lo cual es un precio demasiado alto por conseguir una pegatina de solapa ¬sobre todo estando a mano la del antiamericanismo, mucho más confortable¬, que una cosa es ir de comprometido por los cenáculos para perdonarse a uno mismo ante el espejo ¬espejito, espejito, ¿quién hay más «inteletual» que yo?¬ y otra acabar en Urgencias.

Además, el equidistante de guardia ha arrojado una reflexión que delata todas esas confusiones cosmogónicas que impiden a la izquierda condenar a Eta: «Soy de izquierdas -¬dice el "inteletual"¬, y por lo tanto estoy a favor de cualquier autodeterminación». Atiza. Nos encontramos de nuevo con la coacción urdida por los «inteletuales» periféricos, y expandida por la meseta desde la nueva checa de Bellas Artes, según la cual la autodeterminación de las provincias secesionistas ¬como los patriotismos vasco y catalán¬ es de izquierdas y tiene prestigio «inteletual», luego la unidad de España ¬y el patriotismo español¬ es forzosamente de derechas y contrario a cualquier prestigio «inteletual», luego defender a España es de fachas, luego no nos expresamos contra Eta en San Sebastián como lo hacemos contra la guerra en Iraq, que un niño muerto en Bagdad es de izquierdas, pero un guardia civil reventado junto a una cuneta, no sé yo si no va a ser de derechas, con esa bandera española tan sospechosa cosida en la manga.

No en vano, conviene recordar aquí que las milicias comunistas, de una bondad rusoniana según sus apologistas, desfilaban hacia el frente cantando aquello de «Viva Rusia y muera España». No debe extrañar, por tanto, que sus herederos ideológicos estén por cualquier autodeterminación que traiga vinculada la desintegración de España, que lo del «Viva Rusia» ya lo rescatará Eta cuando, independiente el Norte, se ponga a dar paseos a la burguesía vasca como ocurrió en Madrid durante el tiempo terrible del «paqueo»: qué bueno es Carrillo que nos lleva de excursión a Paracuellos.

PUPA, MAMÁ
Por Alfonso USSÍA ABC 1 Octubre 2003

JULIO Medem dice que no es nacionalista pero sí partidario de la autodeterminación. Este chico tiene unos pensamientos rarísimos. Es como decir: «No soy violento, pero me encantan los asesinatos». No voy a caer de nuevo en la tentación de hacerle publicidad. No obstante, su frágil personalidad merece un punto final. Ha dicho el equidistante que el Festival de Cine de San Sebastián no era el escenario oportuno para denunciar a la ETA. Para Medem, el rechazo al terrorismo se ajusta a oportunidades. Nada más oportuno, en mi opinión, que hacerlo en el Festival de Cine por ser el acontecimiento con más proyección nacional e internacional de la ciudad donostiarra. Nada más oportuno, y sigo con mi opinión, que hacerlo en la capital de la provincia mejor dotada de terroristas y cómplices del terrorismo. Nada más oportuno que hacerlo días después de haber sido desmantelado un comando de la ETA a punto de cometer otra de sus salvajadas. Para Medem sí fue oportuno lo del «No a la guerra», pero del «No a la ETA» nada quiso saber. Y a eso se le llama complicidad o miedo. Complicidad miserable o miedo insuperable.

Ella estaba radiante cuando le fue entregada a él la Concha de Plata a la mejor interpretación. Ella estaba feliz y él se hallaba a dos palmos del escenario, en éxtasis de sobreactuación. Ella no llevaba ninguna pegatina, ni mensaje ni símbolo contra el terrorismo. Él, tampoco. Ella parece que ha superado su crisis emocional y económica por no haber sido nombrada para desempeñar un alto cargo «cultural» en Madrid como consecuencia del pacto entre Simancas y el comunista con barbas de la Visa Oro. Todo quedó en aguas de borrajas. Él, tan agresivo con Aznar cuando el desastre del «Prestige», tan contundente a favor de la solidaridad durante la guerra en Iraq, no consideró oportuno -siempre la oportunidad- ponerse del lado de las víctimas de la ETA y de la ciudadanía pacífica luciendo una pegatina al respecto. Ella es Pilar Bardem y él, Luis Tosar. A eso se le llama complicidad o miedo. Compliciddad miserable o miedo insuperable. Bueno, ya se sabe que el comunismo y la ETA jamás han padecido excesivos desencuentros, pero al menos, podrían disimular. También es posible que tanta prudencia sea consecuencia de algún consejo filiar. «Con la ETA ni una broma, que hacen pupa, Mamá».

La ministra de Educación, Cultura y Deportes tuvo que soportar estoicamente toda suerte de insultos y groserías de los pegatinos en diferentes escenarios. El actual alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, les abrió su casa -y la de todos los madrileños- para que los pegatinos le insultaran mejor. Pero en San Sebastián, entre el público se sentaban etarras y batasunos, y con éstos hay que tener más educación y cuidado. Y ella y él son muy educados y cuidadosos con la ETA y con Batasuna, y no era el momento, que Medem pensaba que no era el momento y a Medem hay que respetarlo mucho, porque hace películas subvencionadas con dinero público que después se ofrecen por TVE, que está en manos de esos canallas del Gobierno que tratan tan mal a los genios de nuestra cinematografía, como son ella, él y Medem.

Y muchos más pegatinos se han olvidado de la ETA en el Festival del Cine. El lujo niebla las realidades. Y también se han olvidado, con lo que les gusta viajar, presentarse en París -bien por Almodóvar y Marisa Paredes-, donde se reunían gentes del cine y del teatro de todo el mundo para exigir la libertad de Cuba y de los cubanos, entre ellos los poetas disidentes y los artistas encarcelados por el tirano. Tampoco era oportuno el viaje. Cínicos hasta la médula. Falsos hasta el hígado. Mamarrachos. Pupa, Mamá.

Aznar avisa a Ibarretxe de que las posibilidades de su plan son «literalmente cero»
LUIS AYLLÓN ABC 1 Octubre 2003

El jefe del Ejecutivo recuerda que el Estado de Derecho tiene mecanismos para hacer que la Constitución, los Estatutos y la ley sean respetados

MADRID. José María Aznar aseguró ayer que las posibilidades de que el «plan Ibarretxe» prospere son «literalmente cero» y afirmó que la iniciativa del lendakari que conduciría a la separación del País vasco de España «se ampara en el terror y se alimenta del terror».

Durante una rueda de prensa conjunta con el presidente de Polonia, Aleksander Keasniewski, el jefe del Ejecutivo se pronunció por vez primera, desde que fue presentada públicamente, sobre la propuesta independentista auspiciada por los nacionalistas vascos. Y lo hizo para descalificarla sin ningún tipo de reservas en una intervención cuidadósamente elaborada.

Aznar señaló que la iniciativa de Ibarretxe es «un plan de secesión y ruptura» y criticó que, además, sus promotores aseguren que la van a llevar adelante de cualquier forma «ocurra lo que ocurra».

Bombas y víctimas
El presidente del Gobierno indicó que el plan sería «para tomárselo a broma», si no fuera porque detrás «hay bombas, pistolas humeantes y víctimas». «Es un plan que se ampara en el terror, se alimenta del terror y da la razón al terror», denunció, al tiempo que se preguntó qué pasaría en el mundo si se aceptara en cualquier parte que para acabar con el terror la forma elegida fuera darle la razón a quienes lo practican.

Aznar manifestó que la propuesta del Ejecutivo vasco es «un acto de deslealtad profunda combinado con un acto de chantaje inaceptable» y subrayó que la democracia española no aceptará ningún tipo de imposición ni de chantaje». Al tiempo que enfatizó que «las posibilidades de prosperar de ese plan son literalmente cero», recordó que el Estado de Derecho tiene todos los mecanismos y resortes necesarios para que la unidad cosntitucional, el Estatuto de Autonomía y la ley sean respetados».

Por lo que respecta a la actitud del PSOE, que ha manifestado su rechazo al «plan Ibarretxe», Aznar que consideró positiva esa manifestación, recordó, no obstante, que los socialistas «desecharon» una propuesta de actuación conjunta en relación con los objetivos de los nacionalistas vascos que les fue presentada por el Partido Popular antes del verano. «Desgraciadamente -dijo- la respuesta fue negativa y yo lo lamento mucho».

Asimismo, criticó que sólo cuarenta y ocho horas antes de que fuera presentado el «plan Ibarretxe», el PSOE pactó en Álava con el PNV, hizo una oferta formal en Guipúzcoa para llegar a otro acuerdo con los nacionalistas en la Diputación y, tras las últimos comicios municipales, llegó a pactos con lo que se calificaba de residuos» de Batasuna.

También se refirió al anuncio de los socialistas de romper el Pacto de la Justicia, precisamente, junto al Partido Nacionalista Vasco e Izquierda Unida, las dos formaciones que en el País Vasco se oponen a que se aplique la sentencia del Tribunal Supremo que ilegaliza a Batasuna.

Aznar acogió positivamente, y lo agradeció, que el PSOE haya dicho que apoyará las iniciativas del Gobierno contra la estrategia de Ibarretxe, pero pidió al partido que dirige José Luis Rodríguez Zapatero, que tenga «un poco de coherencia política a la hora de ejercitar las decisiones que le corresponden».

«Trabajar por una alternativa específica en el País Vasco me parece una obligación de los demócratas, y espero y deseo que algunos dirigentes del Partido Socialista acaben por entender eso algún día», señaló el presidente del Gobierno.

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